Notas de la autora: Hola a todas. Aquí les dejo el capítulo trece. Como verán va con mucho retraso y lamento comunicar que la periodicidad de mis publicaciones a partir de ahora no será la misma. Por varios motivos personales y profesionales me encuentro en una situación de mucho estrés ahora mismo y no tengo tiempo para escribir ni mucha inspiración para hacerlo. No me gusta hacer mi trabajo a medias y prefiero publicar menos a bajar la "calidad" (si se puede llamar así, jajaja) de mis historias. Lamento mucho no poder hacer más, pero mi familia y mi trabajo son prioritarios. Dicho esto, espero que les guste la actualización (aunque no está al cien por cien cómo me gustaría) y nos seguimos escribiendo por aquí. Recuerden que les quiero y les agradezco infinito su gran apoyo. Un beso.

.

¡Recuerden que en este capítulo redacta Sakura y verán que dejo salir mi vena Friki a través de Tomoyo y Sak, jajajaja!

.

Mi fan número 246

.

Capítulo trece

.

Jaque mate a la reina

.

El ambiente estaba cada vez más cargado en la casa de Rika. Llevábamos discutiendo las estrategias para vencer a Hatsumomo y su séquito de locas desde hacía más de dos horas y aún no llegábamos a un consenso. Así que me estrujé la frente por novena vez ese día y dejé que mi mente volara a un lugar más tranquilo (cómo pensar en la cena de esta noche o el programa de televisión que vería en Netflix). O al menos lo intenté, porqué la voz insegura de Shaoran me devolvió a la tierra en menos de un minuto. No era común ver a Li confundido o tenso. Enfadado y borde, sí… ¿Pero inseguro? Eso era nuevo.

- No lo tengo muy claro Tomoyo... es una jugada muy arriesgada.

- ¿A qué le temes tanto Shaoran? Dijiste que harías cualquier cosa para proteger a Sakura. – vi sus ojos ámbar clavándose en los míos, y comprendí lo que tanto le atemorizaba.

- No tienes por qué hacerlo, Shaoran. Imagino que no quieres usar tu apellido ni tus influencias. ¿verdad? A fin de cuentas, ya llamas demasiado la atención sólo con tu apariencia.

- No Sak, no es eso. No me importa ser el centro de atención si es para ayudarte.

- ¿Entonces qué es, tío? Porqué esta estrategia es perfecta. – Eriol intervino en la conversación y se recostó en el sillón preferido del padre de Rika. Shaoran por su parte, lucía más nervioso de lo habitual. Lo sabía porque se estaba despeinando de forma brusca cada cinco minutos y su cabello desordenado lucía como un nido de pájaros. Aunque eso no le hacía menos atractivo para el género femenino, más bien todo lo contrario. Ese aire casual le quedaba bien. ¿Había pensado yo eso? Maldita medicación… Me acerqué hasta que pude alcanzar su hombro con mi mano derecha y noté como se tensaba bajo mi tacto.

- ¿Shaoran? ¿Qué te preocupa tanto?

- No lo sé muy bien, Sakura. Tan sólo es que… no sé… creo que con este plan sólo conseguiremos provocar a Hatsumomo. Será como despertar al gigante dormido. – Eriol rodó los ojos y se levantó airado.

- Perdona macho, pero creo que la muy zorra ya está más que despierta. Has leído los comentarios de los foros y lo del accidente de las porristas. Todos pensamos que esa idiota no se lesionó por decisión propia… Hatsumomo la amenazó o la obligó de algún modo. Y por si fuera poco, tú besaste a Sakura en público y no precisamente de una forma casta, eso añadió un montón de leña al fuego. – si… ese beso… aún temblaba sól de pensar en eso… nunca me habían besado así y lo cierto es que para ser en contra de mi voluntad… fue… fue… bueno… ¿apasionado? - Y como si con todo esto Hatsumomo no tuvieran ya material de sobra para hundir a nuestra flor de cerezo, Sakura va y abraza a ese tipo universitario en la línea de meta. ¡Frente a todo el puto instituto! Créeme si te digo que el "gigante" está despierto, furioso y con el garrote de púas cargado.

Aparté la vista, algo incómoda, y sentí el calor subir a mis mejillas. Sabía que abrazar a Yukito había sido una completa idiotez, pero en ese momento ni siquiera pensé en lo que hacía. Sólo me dejé llevar por mis sentimientos. Últimamente era un volcán descontrolado que explotaba en el peor de los momentos. Tomoyo me decía constantemente que era cosa de las hormonas, pero yo sabía que algo más estaba mal en mí. Algo que ni siquiera yo entendía. Sentí la mirada de todos y no pude evitar fijarme en la preocupación latente. Aún no estaba muy familiarizada con ese tal Hiraguisawa, pero sin duda el tipo era directo y nos había hecho una clara explicación de mi situación en tan sólo un instante. Y ahora todos parecían muy sombríos por el camino que debíamos recorrer.

- Mirad, chicos, no quiero ser el portador de las malas noticias…

- Pues parece que lo estas disfrutando… - una risita se me escapó al oír a Shaoran replicando a Hiraguisawa, pero nadie me siguió esta vez. Así que tosí incómoda, intentando disimular y me dediqué a seguir escuchando al chico inglés.

- "Pero" sabes que esa idiota irá a por todas. No es momento de quedarse quieto a esperar a ver que pasa.

- Yo no he dicho eso… pero con este… este plan, no sólo yo quedo expuesto a todo el jodido instituto, Sakura también. Jamás podrá volver a llevar una vida normal de estudiante. Fiestas, festivales, presentaciones… joder, incluso tendrá que presentarse a las candidaturas de reina del baile… - sentí mis piernas desfallecer y tuve que sentarme mientras analizaba sus palabras. Lo cierto es que el efecto de los calmantes empezaba a desaparecer (bueno… sólo un poquito) y la realidad me caía como un puto valde de agua fría. Vi el ordenador y los diferentes foros que se habían abierto sólo para insultarme y de nuevo contemplé la idea de Tomoyo, esta vez un poco más centrada en lo que se me venía encima.

- Yo… creo que Shaoran tiene algo de razón… jamás podré volver a pasar desapercibida si hacemos esto…

Noté todos los ojos en mí y me centré en la mirada ámbar del chico del momento. Li Shaoran, el dios chino que había puesto mi vida patas arriba con sólo un beso (aunque ahora ya llevábamos unos cuantos más…). Y me di cuenta de que, a pesar de todo, no podía odiarle como debería. Sólo había que mirarle una vez para darse cuenta de lo confuso y arrepentido que estaba. Pero, aun así, todo lo que me había pasado era cosa suya. Mi vida estudiantil estaba hecha una mierda por él, y sólo por él. ¡Y eso me cabreaba! ¡A mí y a mi orgullo de mujer! (bueno… chica… pero ya me comprenden) Así que… ¿Por qué le permitía estar cerca de mí entonces? ¿Por qué iba a dejar que entrara en mi vida aún más sólo porque él me lo pedía? ¿Por qué había aceptado ser su amiga con todo el daño que me había hecho? Ni siquiera yo lo comprendía. Suspiré, rendida y hablé con voz abatida.

- Bueno… siempre puedo cambiarme de instituto el año que viene…

- ¡No digas tonterías Sak! – oí la voz alterada de Chiharu y seguí la figura de Eriol al levantarse. Tenía una mirada astuta, pero cálida a la vez. Seguía diciendo que ese chico se parecía demasiado a Tomoyo.

- Sakura, sé que no me conoces apenas y que no tienes porqué confiar en mí, pero créeme cuando te digo que irte a otro instituto no funcionará. Hatsumomo es un mal bicho con muchas influencias, por decirlo de forma suave. Aunque aguantaras este año bajo sus calumnias y todas las gamberradas que tenga preparadas para ti… nada nos asegura que no siga con su tortura más allá de estas paredes. Los foros no son sólo de nuestro instituto… hay demasiadas entradas. Me juego lo que quieras a que hay muchos miembros externos del club de fans y ahora, con todo a su favor para destruirte, hará lo que sea para incrementar el número de chicas que quieran despedazarte viva.

- Eriol tiene razón, Sakura. El club de fans ha pasado de 249 miembros a 362 desde el festival. Y la cosa va en augmento. Hatsumomo tiene más poder que nunca.

- Pero… podemos hablar con el director y decirle lo que están haciendo. Hablaré con Yue…

- No servirá. No si Naoko no puede descifrar las identidades de sus alias y por lo que nos cuenta, todo está demasiado encriptado. – Esta vez fue Li quién habló y dictó nuestra sentencia. Todo estaba al borde del colapso. Joder… ¡Yo estaba al borde del colapso! Eriol me miró y suspiró con pesar.

- Daidouji tiene razón con este plan. Es la mejor estrategia y la más segura. Hay que llamar a Meiling e incluirla. Ella tiene tantas influencias como Shao o Hatsumomo. Podremos hacerlo si ella nos ayuda. Estoy totalmente convencido. – Tomoyo dio un paso al frente y juntó sus manos en una palmada alegre.

- ¡Sí! Podemos, y lo haremos. – miré a Tomy tras sus palabras, aún aterrada, pero su sonrisa me dio ánimos. - ¿Qué puedes perder Sak? Estoy convencida de que juntas podremos convertirte en la nueva chica del momento y destronar a la harpía. Sólo hay que demostrar a esas tontas a quién es más beneficioso jurar su lealtad. Somos mucho más listas que ellas y estamos más motivadas. – suspiré y me crucé de brazos con una sonrisa ladeada.

- Esto empieza a parecer juego de tronos…

- Sin bebés devorados por perros y puede que con menos víctimas quemadas… pero sí… - sentí esa mirada ámbar sobre mí una vez más y la encaré decidida.

- Bien, hagámoslo, Shaoran. Vamos a hacer un poco de competencia a esa Hatsumomo.

- ¡Así me gusta Sak! – sentí el abrazo de Chiharu y vi la sonrisa de mi mejor amiga detrás de Hiraguisawa, pero, aun así, seguía con el corazón en un puño. Además, me quedaba algo por hacer. Rika puso su laptop en la mesa y miró algunos comentarios que se habían publicado las últimas horas.

- Esta bien. Ahora que estamos todos de acuerdo, vamos a planear bien el día de mañana. No podemos dejar cabos sueltos. Ahora tenemos que…

- Yo… eh… perdona Rika… pero antes quiero hacer algo. ¿Shaoran? ¿Tienes un segundo? – noté a todos los presentes mirándonos, pero no me importó. Ya llevaba demasiado tiempo prolongando ese momento y ahora más que nunca debía hablar con él.

- Claro… ¿está todo bien?

- Sí, sólo necesito hablar contigo a solas. – le vi tragar pesado, pero le sonreí de vuelta para que estuviera tranquilo. – Vamos hombre, que no muerdo. El perro chino con malas pulgas eres tú. ¿Recuerdas?

- Puede, pero tú tienes garras de felino salvaje cuando quieres… - una vez más el silencio inundó la sala y todos parecían atentos a mis reacciones. ¿Es que últimamente tenía que ser yo el puto centro de atención allá a dónde iba? Joder…

- Vamos a dar un paseo. ¿Vale? Yo… esto… volvemos en un segundo, chicos. – todos asintieron pasmados y yo salí a toda prisa para evitar sonrojarme más de la cuenta. ¡Cálmate, Sakura! Sólo es una conversación… ¿qué puede salir mal?

.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

.

Podía oír los pasos de Li detrás de mí y sin darme cuenta mi cabeza empezó a rememorar todo el jodido plan de Tomoyo y Eriol. En realidad, no era complejo de entender, pero sí de llevar a cabo. Y es que ese par de instigadores habían pensado que para combatir a Hatsumomo, debía convertirme en la nueva abeja reina de Tomoeda. ¿Cómo? Con la ayuda e influencias de Shaoran y Mei, claro.

El plan (al que habían llamado cariñosamente "Jaque mate a la reina") era así de simple. Ofrecer a Li como premio. Había que exponerlo al público y aprovecharnos de su popularidad para atraer a las moscas. Sí… a partir de mañana, Shaoran, yo y nuestro grupo "feliz" (Meiling, Tomoyo, Chiharu, Rika, Naoko, Hiraguisawa y Yamasaki) comeríamos en la cafetería a la vista de todos. Justo en la mesa central (oficialmente conocida como la mesa de los populares) y nos mostraríamos la mar de alegres y cariñosos frente a todos. ¿El objetivo? Dar envidia a todas las niñas tontas que querían pasar tiempo con Li, pero que no podían por culpa de las normas restrictivas del club de fans de Hatsumomo. Sí, amigos, sí. Tomoyo quería romper con la regla de oro de "Shaoran se mira, pero no se toca" y hacerles ver que, si entrabas en nuestro grupo y eras amiga mía, tenías la convivencia con el dios chino asegurada. Eriol decía que caerían como abejas en la miel. Y conociendo su popularidad, yo también pensaba que pocas se resistirían. Ser del grupo de Li, era el deseo de medio instituto. ¡Qué digo medio! ¡Todo el instituto parecía enamorado de Li!

Por lo que este plan implicaba dos cosas: Primera, Li debería ser amable (en exceso) con todas las chicas que me trataran bien (empezando con mis amigas del alma Rika, Naoko y Chiharu). Y yo debería empezar a buscar socializar de forma activa como Mei o Hatsumomo, siendo la abeja reina del puto instituto. No por mi físico (era a fin de cuentas una chica del montón) ni por mi modo de vestir (no tenía dinero para eso) sino por mi estatus como "novia oficial" del dios chino. Eso implicaba ser suuuuuper melosa en público con Li y dar la bienvenida a cualquier niña tonta que quisiera aprovecharse de mis influencias con él. (Sí… lo sé…. hipócritamente genial… para ganar esta batalla y salir airosa, debía convertirme en aquello que más odiaba, es decir… una jodida falsa. ¿Cómo de irónico puede llegar a ser el maldito Karma?)

¿Resultados esperados de dicha estrategia? Substituir a Hatsumomo y desbancarla del tablero de juego. Proclamarme nueva presidenta del club de fans y hacer que esa psicópata se convirtiera en la nueva marginada de Tomoeda en mi lugar. En resumen, intercambiar los papeles con esa bruja. Lo que había dicho. Simple, pero nada fácil.

En mi opinión, había muchos huecos y también demasiadas cosas qué podían salir mal. Para empezar, tendría a un montón de traidoras flotando a mi alrededor. Chicas falsas e interesadas que sólo estarían conmigo para poder "hablar con Li". Y eso conllevaba a tipas que intentarían levantarme "el novio" en cuanto me girara. Así que tendría que vigilar mis espaldas más que nunca. Puede que dejaran de hacerme bromas pesadas públicamente… pero sin duda debía prepararme para la traición de muchas niñas de papá egoístas que hablarían mal de mí a mis espaldas (aunque eso ya lo hacían ahora). La pregunta no era qué podía salir mal… sino… ¿saldría algo bien? Cada vez que lo pensaba, más cuenta me daba de que Li tenía razón, sería como saltar de la sartén al fuego.

- ¿Vamos a ir mucho más lejos Sak? Porqué tengo agujetas por la competición de atletismo. No eres la única que está desentrenada… – miré a mi alrededor, aturdida y me di cuenta de que prácticamente habíamos llegado al parque pingüino. Y la casa de Rika quedaba bastante lejos… Me paré en seco y tragué el aire frío de finales de otoño.

- Lo siento, me había quedado absorta en mis pensamientos. Últimamente estoy en las nubes… aunque con todo lo que está pasando… ¿Quién puede culparme? – Li se situó a mi lado, apoyando sus manos en la barandilla del puente que daba entrada al parque Pingüino.

- No pasa nada, yo tampoco ando en mis mejores días. Pero odio el frío. ¿Sabes?

- Lo sé. He leído tu biografía – le sonreí y miré el lago. Aún no estaba congelado, lo que era una buena señal. Algunos peces de colores nadaban en sus aguas y sentí un escalofrío al imaginarme allí abajo con ellos. - ¿Prefieres ir a tomar algo en alguna cafetería? Estaremos calentitos y además sé que puedes permitirte invitarme. – oí el sarcasmo en su risa, pero una vez más no me pareció irritante. Hasta me gustaba oír el timbre melodioso de su voz cuando se reía. Sí… me estaba volviendo loca y tenía que centrarme.

- No, esta bien. Me aguantaré. Sólo suéltalo ya. Me tienes de los nervios. – no pude evitar carcajearme. Lo cierto es que tener a Shaoran en vilo era toda una hazaña. - ¿Se puede saber de qué te ríes tú ahora?

- Nada. Me parece gracioso que estés nervioso por mi causa. Empezaré a pensar que te importo un poquito…

- Claro que me importas. No estoy aquí temblando cómo una hoja por mero placer, Sakura. - abrí los ojos de puro asombro, pero de hecho no debería estar sorprendida. Li había dicho en varias ocasiones que le caía bien y que quería ayudarme, no sólo por culpabilidad, sino porqué le importaba. Pero por mucho que lo escuchara de su boca, seguía sin verlo claro. Simplemente no me fiaba de él. Y por eso le había llevado allí. Para hablar de cómo estaba "la situación" entre nosotros y de lo que cabía esperar a partir de ese punto.

- Es que… aún me cuesta creérmelo.

- Pues no voy a repetírtelo más. Si vamos a llevar a cabo este plan absurdo, deberás empezar a mostrarte más segura de ti misma o Hatsumomo se te comerá viva.

- Lo sé.

- Y también deberás pasar mucho tiempo conmigo en plan "novios" cariñosos – rodé los ojos y asentí en silencio. Otra maravillosa parte del plan… mostrarme "melosa" con él - ¿Estás dispuesta a eso?

- A duras penas…

- Sakura…

- Sí, sí. Lo sé. – Ambos nos quedamos callados, mirando el horizonte y observando el vaho que salía de nuestras bocas. Pasamos así varios minutos, sin saber cómo abordar la conversación.

- ¿Te duele la cabeza?

- No mucho. Pero me siento aún algo rara. Será la medicación…

- Ya… puede ser. Una vez combiné antibióticos con cerveza y el resultado fue una noche en blanco. Cuando Mei me enseñó las fotos de la velada, me quería tirar de un puente.

- ¿Qué hiciste?

- No importa. – levanté las cejas de forma interrogante y curiosa y Shaoran dejó ir el aire de sus pulmones, rendido. – Es que al parecer me vuelvo un oso de peluche cuando bebo… así que salía abrazando a todo el mundo… lo sé, nada que ver con mi personalidad sobria. – dejé escapar una risita tonta y tosí, incomoda al darme cuenta de lo fácil que caía a sus encantos.

- ¿Sabes? Voy a tomar nota de esa información.

- ¿Para qué?

- Eso ya se verá… pero tomo nota.

- Entonces mantendré el alcohol a cero cuando estés cerca.

- Oh… mejor que lo hagas…

A pesar de la conversación casual, el ambiente estaba totalmente enrarecido y ni siquiera sabía por qué. Por algún motivo, me había olvidado de como empezar el discurso que tenía preparado y todo mi cuerpo permanecía rígido haciendo mis movimientos antinaturales. Ni siquiera sabía qué hacer con mis manos. ¿Siempre habían estado colgando al lado de mi cuerpo sin utilidad alguna? ¡Por dios! Y eso que me había pasado la noche repasando todo lo que le diría en mi loca cabeza, cómo un bucle.

Oí a Shaoran coger aire y sentí como se acercaba. Cosa que aún me puso más nerviosa, nunca era bueno tener a Li tan cerca. Me quedaba bloqueada y tensa. Y sabía que era por sus feromonas de dios chino y esos malditos ojos tan intensos… ¿De dónde los había sacado? ¿Eran herencia familiar? Por qué nunca había visto un color parecido. Eran demasiado penetrantes y parecían leer tu mente. ¿Sabría hipnotizar con la mirada? Porqué a veces creía ver un brillo dorado en sus pupilas que no me parecía muy natural…

- ¿Sabes Sak? En algún momento, tendrás que soltarme a voz en grito que soy un idiota. También deberás decirme que ni se me ocurra volver a besarte así y luego tendrás que soltar algo así como que si vuelvo a actuar como un capullo vas a patearme el culo hasta que no pueda sentarme del maldito dolor. – Me giré totalmente pasmada y vi esa sonrisa ladina que tantas veces había maldecido. Pero esta vez no me molestó. Al contrario, me hizo sonreír embobada. ¡Putas hormonas adolescentes! ¡Que fuera guapo no significaba que no fuera idiota! ¡Grávatelo en tu puta cabeza, Sakura tonta!

- Eres un memo…

- ¿No es el discurso que tenías preparado para mí?

- En parte.

- Oh… madre. ¿Hay más? ¿Vas a darme un puñetazo? Porqué hace frío y mi nariz no resistirá el golpe si está congelada… - golpeé su hombro juguetonamente y gruñí hastiada.

- ¿Quieres dejar de hablar y darme un poco de espacio? Grrr…Por dios… eres odioso.

- Vale, vale. – levantó sus manos a modo de rendición y le vi apoyar el codo en la barandilla para luego dejar que la mejilla reposara en la palma de su mano. Incluso con el rostro sonrojado por el frío y los labios secos, era el chico más atractivo que jamás había visto. Sí, Li era toda una tentación. Pero yo era una chica lista, preparada para eludir sus encantos de macho alfa. (o eso me decía a mí misma…) Así que hice de tripas corazón y saqué a la luz el discurso que me había tenido toda la noche en vela.

- Mira Shaoran… es que… Yo… no quiero seguir así. Siempre como el perro y el gato. ¿comprendes? – asintió en silencio y me vi en la obligación de proseguir. – Pero a la vez no puedo simplemente olvidar todo lo que ha pasado y empezar a ser amigos como si nada sólo porque tú me lo pidas.

- Lo comprendo.

- No, no lo haces. No eres consciente de todo lo que he tenido que hacer por ti. He mentido a mi familia, soportado bromas pesadas y absurdas, he pegado a tres de mis compañeros y ahora me enfrento a miles de comentarios hirientes en las redes sociales, sólo porqué tú decidiste creer que era una acosadora y quisiste realizar una "vendetta".

Vi como el buen humor desaparecía poco a poco de su rostro, apagando la luz de esos preciosos ojos y me mordí el labio sintiéndome demasiado culpable. Pero no podía volver a caer por sus encantos. No si quería conservar mi orgullo. Debía sacar todo lo que llevaba dentro o explotaría. Tenía que vomitar toda la bilis acumulada para poder olvidar, perdonar y avanzar. Era el único modo de ser amigos. Amigos de verdad.

- Y no es sólo eso… también es tu forma de ser…

- ¿Mi forma de ser?

- Sí… Te burlas de mí, me das ordenes todo el tiempo y parece que tenga que besar el suelo que pisas sólo por ser el chico que todas las tontas del club quieren como novio. Tú no pides las cosas, impones tu opinión y demandas obediencia como si fueras un dios o algo parecido. Y puede que te haya funcionado hasta ahora porque eres guapo, tienes dinero y un apellido poderoso. Pero, aunque te cueste creerlo… yo no soy así, Shaoran. Yo no valoro el físico, el poder o el estatus social en las personas. No puedo aceptar todo lo que eres y lo que representas solo por tu cara bonita y claudicar como una tonta más. No puedo olvidar todo el daño que me has hecho y ser tu amiga de repente dejando atrás todas tus faltas.

- Sakura…

- No, tengo un objetivo al que llegar y no quiero despistarme. Deja que termine, por favor. – asintió una vez más y pude comprobar lo pálido que se había puesto. Pero no sabía como detenerme ahora. Estaba en plena explosión de mis sentimientos (otra vez…)

- Pero… a pesar de todo lo malo. De que te burles de mi apariencia infantil y de mis dificultades con las matemáticas… a pesar de tus bromas pesadas, de tus desprecios y enfados… a pesar de que probablemente eres el tío más borde y altivo que conozco… a pesar de todo… creo que Tomy tiene razón y hay un buen chico en ti, Shaoran. Y sé que podemos ser buenos amigos si lo intentamos en serio. Lo sé. Y quiero intentarlo. De verdad que quiero. Pero a mi manera y con mis normas.

Su rostro se ensombreció y le vi apartar la mirada para clavarla en las aguas cristalinas del lago. Estaba turbado y parecía un poco molesto. ¿Cómo no estarlo? Acababa de patearle ese ego tan subido que tenía y lo había echado a los lobos sin piedad. Pero en realidad no era mi intención ofenderle. Aunque si lo pensaba con calma, puede que en realidad sí quisiera que se bajara de ese puto pedestal al que lo habían subido y probara un poco de la dura realidad… pero… ¿Me había pasado? ¿Querer un poco de "justicia" me convertía en mala persona? Joder, yo no era así… nunca había sido así… ¿por qué sólo me salía la vena orgullosa y terca cuando estaba con él?

- Joder Sakura, parece que me estés perdonando la vida… he cometido errores, es cierto, pero no soy el jodido diablo ni tú una santa incapaz de cometer errores. No es necesario que me restriegues por la cara todo el daño que he traído a tu vida, ya lo sé. Y si lo que quieres es devolvérmela y hacerme daño como venganza, pues… - rodé los ojos presa de la desesperación y sentí la frustración subir por mi garganta. ¡Yo no quería vengarme! (no… ¿verdad?)

- Basta Shaoran, esto no es un maldito ataque ni una venganza. ¿No te das cuenta? Sólo intento explicarte como me siento para qué comprendas porqué me cuesta ser "amigable" contigo. Joder, siempre estas a la defensiva y crees que todo es un ataque en tu contra…

- Mira quién fue a hablar… todo lo que digo te ofende – (vale, tenía razón, pero no iba a reconocérselo) bufé y respiré hondo, rogando por un poco de paciencia y lucidez.

- Mira… Yo sólo te estoy dando la oportunidad de ser amigos. ¿no es eso lo que querías? Maldita sea… no quiero discutir más.

Noté su lucha interna (era muy obvia su expresión de turbación). Y es que, por un lado, estaba su orgullo herido que luchaba por explotar y por otro, la voz de la razón, que le decía que yo estaba en lo cierto y que la había cagado a base de bien conmigo. Sabía que se arrepentía y se sentía culpable por todo lo que me había hecho, pero no podía pasar por alto toda la mierda que me había echado encima y seguir como si nada. No quería obviar lo sucedido y ser dulce y comprensiva como todas esas niñas tontas que le miraban embobadas. No esta vez. No con él. Por alguna razón no podía ser así con él. Y me decía a mí misma que alguien debía enseñarle a ese niño engreído que ser influyente y guapo no lo era todo en la vida. Quería que lo entendiera, que lo hiciera de verdad. Por su bien. Porqué… Eso es lo que hacen los amigos ¿no? decir siempre la verdad incluso cuando duele. ¿A qué sí?

- Sé que podría hacer ver que todo está bien y simular que lo he olvidado, pero no me parece justo para ninguno de los dos. Sería una mentira y una amistad no se empieza con mentiras. Además, si quiero asumir ese rol de chica fuerte y confiada, debo empezar conmigo misma. ¿No crees? No voy a actuar de forma sumisa y acceder a todo lo que tú quieras sólo para que me salves el culo que tú mismo echaste a los leones. Ni voy a sentirme inferior a ti sólo porque tú creas que soy una chica del montón, Li. Nunca más. Y tampoco dejaré que vuelvas a insultarme, aunque lo hagas como si fueran solo bromas – Shaoran se llevó las manos a la cabeza y removió de forma "poco amable" su cabellera achocolatada.

- ¿Pero de que estás hablando? ¡Nunca he pensado que fueras inferior o del montón! ¡Ni te he insultado! ¡Estás diciendo puras estupideces! – levanté una ceja y observé su alterada reacción.

- ¿A no? ¿Ni cuando decidiste que era una acosadora? ¿O cuando me empotraste contra una pared y me amenazaste como si yo no fuera nada? ¿Ni siquiera cuando me dijiste que era una bestia? ¿O cuando me decías que parecía una niña de primaria y que debía ir de gnomo de navidad al festival de invierno porqué era el disfraz que mejor me iba? ¿No te sentías superior entonces?

- Lo del disfraz fue una broma, y lo sabes. Y ¿Bestia? ¡¿Cuándo demonios te he llamado yo a ti bestia?!

- ¡Lo dijiste! Me dijiste que era la bestia del puto cuento, no la Bella. – le vi reflexionar por un momento para luego rodar los ojos, exasperado.

- ¿En serio? ¡Lo estás sacando de contexto! Quería decir que eras fuerte. No una princesa desvalida.

- Pues no sonó así… ¡Sonó a insulto!

- ¡Por qué me cuesta ser amable! ¿no lo entiendes? No todos nacemos siendo inocentes y dulces. ¡No es fácil para mí ser comprensivo o atento con las personas!

- ¡Pues aprende de una maldita vez!

Una vez más, ambos estábamos tensos y con la respiración acelerada. El vaho salía de nuestras bocas sin control y nuestras miradas parecían la de dos gatos erizados en una pelea. ¿Por qué siempre acababa discutiendo y gritando con él? Parecíamos dos putos críos… Esto no estaba saliendo cómo yo había planeado, ni de lejos. Así que cerré los ojos y conté hasta diez intentando ser la parte madura de esa estúpida relación. Tanta discusión no podía ser buena para mi corazón… ni para el de nadie.

- Mira Shaoran… esto no está saliendo como yo quería y lo siento, no quería ser tan brusca. Pero es que… compréndelo por una vez e intenta ponerte en mi lugar. No puedo pensar con claridad… a penas duermo bien estos días… los exámenes parciales se acercan y no sé por dónde empezar a estudiar. Tengo el trabajo de la cafetería y la semana que viene el gimnasio abre de nuevo. No puedo permitirme más dolores de cabeza. Literales o figurados. Y esta… amistad que quieres que tengamos debe ser algo más fácil de llevar o explotaré ¿lo comprendes? – le vi asentir a duras penas y suspiré. – Puede que no haya sido la mejor manera de decirlo, pero… quiero que sepas que yo sólo quería ser sincera para así poder poner un punto y aparte a lo que ha sido nuestra relación enfermiza hasta ahora. Porque no me negarás… que hasta la fecha no hemos tenido precisamente una comunicación sencilla…

- Más bien no… pero eso no es sólo culpa mía… - oh, dios… que terco era.

- Vale, vale. Lo sé. Yo tampoco he puesto de mi parte y debemos cambiar… AMBOS. Lo pillo… pero yo… sólo quería decir lo que en verdad pienso y desahogarme para no tener nada que reprocharnos a partir de aquí. Creo que necesitaba esto para poder dejar atrás toda está mierda y empezar de cero. Sin rencores. Sin echarnos nada en cara nunca más. Porqué no creo tener espacio en mi corazón para guardar este odio… de verdad que no… - algo se quebró en su mirada y esta vez sí me sentí fatal. Otra vez mi bocota me traicionaba y decía cosas sin filtro.

- ¿Odio? Acaso… me… ¿me odias?

- Bueno…no. Es decir, creo que ya no… o quizá, no sé. – esa vez fui yo la que se revolvió la melena, nerviosa – Vale… puede que… ¿Sólo un poco?… Joder, Shaoran. Compréndelo… no estoy acostumbrada a que me ensucien los zapatos, escriban insultos en la pizarra ni a que me lancen agua por la cabeza. Maldita sea… ¡Me ataron con bridas en el puto baño y me cortaron el cabello que dejé crecer durante años! ¡Tengo que odiar a alguien por ello!

- Joder, lo sé… pero…

- Y sé que debería odiar sólo a Hatsumomo, pero me resulta difícil no estar enfadada contigo. – Li bajó la cabeza y miró a un lado frunciendo el ceño levemente.

- Me culpas de todas las cosas que te han hecho. ¿verdad?

- Yo… sí, es cierto. En el fondo, te culpo. Intento ser más racional… y sé que nunca quisiste esto, de verdad lo sé. Pero es que… las bromas pesadas y los insultos no son lo peor de todo esto, Li… ni siquiera mi nuevo corte de cabello patrocinado por peluquerías Hatusmomo… – Shaoran me miró interrogante y desvié la mirada, cohibida por la intensidad de esos ojos ámbar. Si el chico era intenso cuando estaba de buen humor, con el orgullo herido me perforaba el alma. ¡Y no era justo! Así no había quien se desahogara ni le reprochara nada. Parecía un cachorro abandonado por el mundo. ¡Y no era un chico desvalido ni por asomo! ¡Tenía que repetírmelo o caería en su juego una vez más!

- ¿A no? ¿No ha sido lo peor? Entonces… ¿qué? No me lo digas… lo sé. Lo peor de todo esto ha sido conocerme a mí… ¿verdad? – maldito niño narcisista, siempre pensando que era el puto centro del mundo. Cerré los puños y me contuve para no gritar.

- No, Shaoran. Ni de lejos. Deja de querer ser el centro de atención ¿quieres? Yo… joder. Lo "peor" ha sido mentir a Touya. Lo "peor" ha sido ver los ojos preocupados y tristes de mi padre. Lo "peor" ha sido hablar con el chico del que estoy enamorada sólo para confesarle todas las mentiras que le he contado a la gente qué me importa quedando como una niña infantil e idiota. Eso ha sido "lo peor" de toda esta mierda. Decepcionar y preocupar a la gente que quiero. A mi familia. A Yukito. A mis amigos. A todos. Tú sólo has sido el desencadenante de todos mis problemas Li, pero te guste o no, no eres el centro de mi vida. ¡Lo son ellos! ¡Entiéndelo de una vez!

Para cuando terminé mi discurso hiriente mi voz era aguda y el sudor descendía de mi frente sin control. Tenía la respiración más agitada de lo habitual y las lágrimas amenazaban con salir en forma de cascada. Así que aparté la vista y busqué algo lejano que pudiera ayudarme a centrarme. Sabía que me había pasado de frenada (tres pueblos, en realidad). Y que mis últimas palabras habían sido para hacerle daño, directas a su orgullo. Y ahora me sentía cómo una mierda por haber sido tan imbécil. ¿En qué me estaba convirtiendo toda esa situación? Al parecer no me sería tan difícil desbancar a Hatsumomo… cada vez me parecía más a ella…

- Está bien. – La voz de Shaoran sonó tan fría como el mismo hielo y me cortó la sangre del mismo modo que lo haría una hoja afilada. Abrí los ojos, sorprendida por su cambio de actitud y le miré sin comprender que era lo que se suponía que estaba bien. Nada estaba bien en todo lo que le había soltado. Había sido cruel, egoísta e irracional. Y le había culpado de todos sus errores, sí, pero también de los míos. De mis estúpidas decisiones y mentiras.

- ¿Está bien?

- Si, Sak. Esta bien. Ya lo has soltado todo, te he escuchado y te he entendido. – Su ceño estaba más fruncido que nunca y había perdido toda la chispa en su mirada. Tragué pesado y quise decirle que lo sentía, pero no encontré las palabras adecuadas – Y ahora que te has desahogado conmigo y me has dicho todo lo que piensas de mí y que soy el último mono de tu jodida lista de conocidos ¿Podemos volver de una vez? Estoy agotado y necesito ir a buscar a Mei para contarle todo el jodido plan de Daidouji. Mañana nos espera un día duro.

- Vale. Pero… - su mano se levantó parando mi discurso y le vi apretar los dientes. Joder… sí que le había hecho daño. Ni siquiera pensé que mis palabras podrían llegar a su corazón. No es como si yo le importara en serio… ¿verdad?

- Te he dicho que ya entendí. No hace falta que te regocijes en ello. Vámonos de una maldita vez. Cómo te he dicho, odio el frío.

Se giró sin mirarme a los ojos ni una vez, y empezó a caminar de vuelta a la casa de Rika con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Yo le seguí en silencio, analizando su mala reacción y odiándome por ser tan idiota. Pero es que… ¡la víctima era yo! Él me había tratado como si no fuera nada durante mucho tiempo y se merecía que lo pusieran en su lugar. ¿verdad? ¿Qué esperaba? ¿Que sólo con que me pidiera ser amigos yo iba a ir corriendo como una perrita faldera y movería la cola loca de alegría? ¿Qué de repente seríamos uña y carne y nos pintaríamos las uñas comiendo palomitas y viendo películas? No… ¡era una locura! ¡Tenía que dejarle claro mi postura! Y lo había hecho. Pero entonces… ¿por qué me sentía tan mal?

- Sakura… - parpadeé confusa, lo justo para salir de mis pensamientos y darme cuenta de que estábamos de nuevo frente al portal de la casa de Rika. Shaoran se había parado en el umbral y cerraba los puños con fuerza.

- Di… Dime.

- Si esto no sale bien… si a pesar de todo Hatsumomo se sale con la suya y no logramos que dejen de molestarte… quiero que sepas que me iré.

- ¿Te irás? ¿Qué quieres decir? – se giró sobre sus pasos y juro por dios que se me paró el corazón al ver su rostro ensombrecido. - ¿Shaoran?

- Me iré a Hong Kong. Volveré a mi estúpida vida y a sus normas y te dejaré en paz a ti y a tu adorada familia.

- ¿Eh?

- A fin de cuentas, tarde o temprano tendré que asumir quién soy y lo que debo hacer con mi vida. Porqué, aunque no me creas, soy algo más que un muñeco Ken chino. Así que no te preocupes. Perderme de vista es cuestión de tiempo.

Me quedé allí de pie tras su marcha, intentando comprender a qué se refería. ¿Li debía volver a china? Bueno… era lógico. Su familia era muy influyente allí y debía tener amistades y familia en la ciudad. Además de un montón de empresas por heredar y muchas responsabilidades. Pero aún así, de algún modo me sentó mal pensar que se iría. Lo cual era absurdo, ya que eso pondría fin a muchos de mis problemas. ¿verdad? Además, seguro que esa Hatsumomo le seguía hasta Hong Kong y me dejaba tranquila al fin. Entonces… ¿por qué me sentía tan vacía? Puede que lo que me estuviera reconcomiendo no fuera su partida, sino el tono abatido con el que lo dijo. Al parecer mis palabras sí le habían llegado, pero no de la forma que yo había planeado. Nunca quise herirle… yo no era así. No era una mala persona… no era rencorosa… ni ponzoñosa… o eso pensaba, hasta ahora.

- ¡Sakura! ¡Te vas a congelar! ¿Quieres entrar de una maldita vez? – oí la voz de Chiharu a lo lejos, pero me costaba centrarme entre tanto sentimiento de culpa. - ¡Sakura!

- Yo… eh… ¡Voy!

.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

.

Mis ojos leyeron por decima vez la última publicación que habían subido esas fans histéricas. Pero cómo más la leía, más terrible me parecía todo lo que decían. Sentía la boca totalmente seca y mis dedos temblaban sobre el teclado del ordenador. Sin duda era como estar dentro de una pesadilla. No sólo era por los comentarios hirientes o los insultos, sino por todas las historias inventadas que empezaban a circular sobre mí. Había tanto material que me mareaba sólo pensar lo que aún me quedaba por descubrir. ¿Cómo iba a volver a ese instituto y encarar tanta rabia? ¡No quería ni imaginar qué me harían!

- Deberías cerrar el maldito ordenador, sólo hará que te ofusques más. – oí la voz de Tomy a mis espaldas y casi muero de un infarto. – Hazme caso, ya nos ocupamos nosotras de leer toda esa basura, Sakura. Tú cierra el ordenador y céntrate en lo que tienes que hacer mañana. De tu actitud dependerá el éxito o fracaso de este plan.

- Es fácil decirlo… pero no puedo evitar entrar a los foros cada vez que mi puto móvil vibra… hay tanto odio Tomy… de tanta gente…

- Lo sé.

- ¿Por qué? ¿Qué les he hecho yo? – Luché con todas mis fuerzas para evitar las lágrimas, pero una bajó rebelde por mi mejilla. Tomoyo se sentó en mi cama soltando un hondo suspiro y me miró con ojos maternales.

- No es culpa tuya. Tú no has hecho nada. Es pura envidia, Sak. Uno de los siete pecados capitales. ¿recuerdas? – rodé los ojos y aparté mis lágrimas mientras bufaba presa de la frustración. ¡Esa niña no tenía remedio!

- ¿Ya estas con tus novelas sobrenaturales? Esto es la vida real, Tomy, no una aventura de los estúpidos Sam y Dean Winchester.

- ¡Oye! ¡Estar dolida no te da derecho para meterte con mi Sammy! – Se cruzó de brazos fingiendo un berrinche y no pude evitar soltar una risita contenida. – No te rías. Siempre que tengo algún problema, me pregunto "¿Qué harían Sam y Dean?" – ahora sí que me reí a gusto.

- Vale, vale. Ilústrame. – casi vi el brillo de fanática en esos ojos violetas. ¡Era una friki de la novela fantástica!

- Pues verás, hay un capítulo en el que se habla de los siete pecados capitales. ¿Los conoces? – asentí con la cabeza, rezando porqué su desvarío no fuera excesivamente largo. – Pues en su mundo, son siete demonios y la envidia es uno de los peores. Mucho más peligroso que la gula. Puede hasta causar ansias de matar. Y si le sumas la codicia y la lujuria de un montón de niñatas hormonadas, tienes un "combo de pecado" – me reí por la voz que puso de ultratumba, y rodé los ojos. ¡Era todo un espectáculo cuando quería!

- Eso no me consuela demasiado y sigo sin comprender a dónde quieres llegar con todo esto…

- A lo que voy, es a que no es algo que has hecho tú o Shaoran. Es un defecto humano. Un pecado que existe desde que el ser humano camina por la tierra.

- Sí. ¿Y qué? ¿Ahora me dirás que recibirán su merecido y arderán en el infierno por sus pecados? Sabes que soy atea.

- Claro que no, tontita… aunque me gustaría, no tenemos a mi precioso Lucifer para castigarlas. – otra referencia más a sus locuras televisivas de Netflix. Debería dejar de ver tantas series de ángeles y demonios o acabaría con mi paciencia - No… lo que digo es que no puedes hacer nada contra los defectos humanos. No se puede luchar contra esos demonios, a menos que seas mi adorado Sammy, claro. – me recosté en la silla totalmente vencida, Tomoyo estaba loca de atar, pero siempre me hacía sonreír.

- Sigo sin comprender a donde quieres ir a parar con todo esto… a parte de a la Comic Con de San Diego… - la oí reírse y la seguí sin darme cuenta.

- Pues a qué debemos utilizar sus demonios contra ellas. Ese es el plan ¿no? Utilizaremos su avaricia y su soberbia para atraerlas a nuestro juego y luego las neutralizaremos utilizándolas contra Hatsumomo, como ella está haciendo contigo.

- Jugar con ellas…

- Sí. Derrotarlas en su juego. Darles su merecido sin qué ni siquiera se den cuenta de que son nuestros títeres.

- Jugar con las personas y sus sentimientos. Eso es horrible Tomy… y no nos hace mejores que ellas. ¿No crees? ¿En qué clase de demonio nos convierte eso a nosotras?

- ¡¿Pero qué dices?! ¡Nada de demonios! Nosotras somos diosas. ¿Qué te crees? – me reí por lo tonto de la conversación y comprendí cuales habían sido sus intenciones desde el inicio.

- Sólo intentas animarme y quitarle leña al fuego sacando tu vena friki… ¿a qué sí? - asintió con una sonrisa de oreja a oreja y me resigné. Tomoyo nunca cambiaría. Aunque me encantaba que fuera así.

- ¿Y funciona?

- Puede que un poco. – Tomoyo se levantó y me abrazó con fuerza.

- Todo va a salir bien. Es un buen plan y tú una gran actriz. Serás la novia perfecta y la mejor reina del instituto. Yo te ayudaré. Todos lo haremos.

- Lo sé. Espero estar a la altura.

Permanecimos abrazadas un buen rato, en silencio. Pero Tomoyo no era conocida por ser paciente o por dejar espacio a las personas. Su faceta metiche era aún mayor que su vena friki (y eso era decir mucho…) y estaba por salir a la luz de forma explosiva. Así que cuando tomó asiento en mi mesa y clavó sus ojos violetas en mi persona, me resigné al interrogatorio que se avecinaba.

- Te mueres de ganas por preguntar… así que no te cortes.

- ¿Yo?

- Sí, tú.

- No sé de qué me hablas. – giré sobre la silla y apagué el condenado ordenador. No más foros ni artículos insultantes por esa noche.

- Oh, entonces iré al comedor a ver un capítulo de Arrow. Salen super héroes con mallas en vez de ángeles y demonios, pero ya sabes que eso es lo que a mí me gusta. (sí, lo admito, yo también tengo mi vena friki) – no había dado ni dos pasos en dirección a la puerta que ya la tenía encima.

- ¡Espera! – me crucé de brazos con una sonrisa ladeada y la vi juguetear con un pie, de forma coqueta.

- Es sólo que… Shaoran a penas a hablado después de vuestro "paseo" y tu parecías muy apagada. Yo sólo… me preguntaba que le habías dicho para dejarlo así de triste. Parecía muy abatido…

- ¿Abatido?

- Sí… cómo un alma en pena. – me llevé las manos a la cabeza y dejé ir un grito ahogado. ¿Ahora Tomoyo quería hacerme sentir culpable? Joder, no hacía falta. Ya me sentía bastante mal por mi misma.

- ¿Qué pasa? ¿La culpa es también un jodido demonio que quieres que me aceche?

- Pues no. Pero si te sientes culpable, es por algo.

- Yo no me siento culpable, es decir, sentía… joder. ¡Eres tú la que quiere que me sienta culpable!

- Sak, yo sólo quiero saber que ha pasado. Porqué creo que las dos hemos hecho daño al pequeño lobo y puede que esta vez no se lo mereciera. – parpadeé confusa y me crucé de brazos.

- ¿Las dos? ¿A qué te refieres?

- Bueno… supongo que en el hospital tampoco fui muy amable con nuestro pobre Shao y no tuve en cuenta sus sentimientos… creo que está algo molesto conmigo también…

- ¿Qué le dijiste?

- Si tú me lo cuentas, yo te lo cuento. – otro grito de desesperación nació de mi garganta y me resigné a tomar asiento en la cama. Mi serie favorita tendría que esperar un poco.

- No le dije nada nuevo, en realidad. ¿Te acuerdas de que me pidió ser amigos en el hospital?

- Claramente. El primer paso para el amor… - dios… es que querían provocarme un ataque de ansiedad.

- Sí, lo que tu digas. Pues le dije que podíamos empezar a ser amigos si quería, pero que no podía olvidar todo el daño que me había hecho. Que intentaría ser su amiga y seguir adelante, pero que necesitaba espacio y tiempo para dejar atrás los rencores que le guardo. O algo así…

- ¿Algo así?

- Bueno, eso es lo que quería decirle. Pero creo que se me fue un poco la cabeza… y dije de más. ¡Es la jodida medicación! ¡Me suelta la lengua aún más de lo habitual y al parecer me hace mezquina!

- ¿Y qué le soltaste? Porqué tiemblo sólo de pensarlo…

- ¡Yo que sé! Le recordé todo lo que me habían hecho esas idiotas por su culpa. Le dije que odiaba que me tratara como una niña tonta y que me hiciera sentir inferior. Y le dije que no iba a permitir más insultos ni bromas. Que no le dejaría tratarme como a una mierda de nuevo. Y puede que dijera que no iba a perdonarle todo sólo por su cara bonita. O algo así… y quizá le insinué que mi familia y mis amigos eran lo primero y que él… bueno…

- ¿Era el último mono de la fila? – asentí gruñendo y maldiciendo en voz baja y Tomoyo rodó los ojos. - Joder Sak… eso no esta bien. Y no es nada típico de ti.

- ¿Tú crees?

- Pues sí… le has dado un golpe a su ego y lo sabes. Y además… parece que no ha sido de forma inconsciente… querías herirle. ¿Verdad? Herir su orgullo. Y ambas sabemos que, si algo tiene Shaoran Li, es orgullo.

- Pero es que… se lo merece.

- Puede, pero tú tampoco eres perfecta. También has cometido errores.

- Eso es justamente lo que me ha dicho él…

- Pues le doy la razón en eso. No todo lo malo de tu vida es culpa suya, Sak… has sido muy dura con él. ¿No crees?

- ¿Otra vez vas a ponerte de su parte? – Tomy levantó las manos a modo de rendición y soltó el aire que había acumulado en sus pulmones.

- No estoy de parte de nadie. Sólo miro las cosas objetivamente.

- ¡Ya, claro!

- Lo hago. Entiendo tu enfado, pero también sus errores. No le disculpo, pero le entiendo. Se precipitó y actúo dolido y enfadado. El resultado fue nefasto y nos tiene en un enorme problema… no te lo discuto. Pero sólo hay que mirarle a la cara para ver cuánto se arrepiente y que nunca quiso que pasara todo esto. Le importas… en verdad creo que siente algo por ti Sak…

- Eso no lo sabes. Además, no puede actuar como le dé la gana, arrepentirse y listo, le perdonamos todo. Por su cara bonita.

- No por su cara bonita… aunque es todo un bombón y cuesta decirle que no a nada cuando te mira con esos ojos de…

- ¡Tomoyo! – la oír reírse y me sentí indignada. Nadie se tomaba nada en serio ¿o qué?

- Como he dicho, no sólo debes perdonarle por su cara bonita… sino porqué está en nuestras manos hacerlo, Sak. Tú siempre has perdonado a todo el mundo, incluso a los que no se lo merecían. Me sorprende que con él…

- ¡Es que no ha sido un error sin importancia! ¡Tan sólo mira todo lo que dicen de mí esas harpías! ¡Mira todo el jodido plan que hemos tenido que elaborar sólo por un puto beso de ese idiota! ¡Debería ser consciente de sus putas influencias! – el corazón me iba a mil y el dolor de cabeza volvía a las andadas, así que intenté respirar y volver a centrarme. – No sólo es que todo se salga de madre, Tomy. Es que ese tonto ni siquiera se da cuenta de que esto va mucho más allá de él y su ego. Pide perdón, pero no sabe porqué lo hace. Me dice que lo siente, pero se enfada porqué doy más importancia a mi familia que a él. Siempre quiere ser el centro del universo y ni siquiera es amigo mío.

- Pero puede serlo… puede ser mucho más que un buen amigo, si le dejas.

- ¡Pero es que no quiero! ¡Es egoísta, orgulloso, egocéntrico, narcisista y mil adjetivos negativos más! ¿Por qué iba a querer a alguien así en mi vida? ¿Quién en su sano juicio lo querría?

- ¿A parte de trescientas no se cuantas tías del club de fans? – le gruñí a modo de respuesta y Tomoyo levantó los hombros ladeando las cejas.

- No sé qué motivos tienes para querer ser su amiga, o algo más… - otro gruñido por mi parte - Pero quieres. Sé que quieres. Tus acciones traicionan a tus palabras, Sak.

- ¿Qué quieres decir? – Tomy se acercó hasta poder susurrar en mi oído y casi pude sentir la sonrisa de satisfacción que se le dibujaba en el rostro.

- A que ese beso húmedo que te dio Li frente a todo el instituto te puso a mil por hora. – sentí toda la sangre subiendo a mis mejillas y la aparté de un manotazo mientras la oía reírse.

- ¡Estás loca!

- Sí, sí… niégalo si quieres… pero menudo beso te dio el lobo… te derretiste enterita…

- ¡Fue a la fuerza!

- No te vi apartarte.

- ¡No podía! ¡Para todo el maldito instituto estamos saliendo!

- Ajá… será por eso…

- ¡Es por eso!

- Vale. Lo que tú digas. Si no quieres admitir que le tratas de forma distinta a todos los demás es cosa tuya. Y si quieres seguir así de gruñona y rencorosa con el pobre lobo yo no diré nada más. Allá tú y tu conciencia. Es tarde y quiero ver un capítulo de Teen Wolf antes de dormir. Así que dejemos esta conversación aquí para que reflexiones con la almohada. Hasta mañana Sak, que sueñes con lobitos…

- ¡Espera! ¿A dónde te crees que vas? ¡La tele es mía!

- ¿A sí? A ver quién llega antes.

Lo último que vi antes de sentarme cómodamente en mi sofá, fue a Tomoyo mordiendo el polvo. Aún no comprendía porqué me retaba, si siempre la ganaba. O puede que, en el fondo, quisiera que yo me saliera con la mía. Quién sabe… era difícil comprender a esa chiflada que tenía por mejor amiga y hermana. Pero joder, cuanto la quería de todas formas. Aunque… ¡Un momento!

- ¡Tomoyo! Maldita metiche astuta… ¡No me has contado que le dijiste a Li en el hospital!

.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

.

Shaoran había permanecido callado todo el trayecto en moto. No es que eso fuera raro, pero tras nuestra conversación se hacía muy incómodo. Y si le sumábamos a su cara larga los nervios que llevaba encima por el día que me esperaba, el futuro no pintaba demasiado bien para mí. Vi la esquina que daba acceso al instituto y no pude evitar apretar mis dedos en su cintura de forma nerviosa. Pero él ni siquiera se inmutó, aunque sí aceleró un poco, haciendo que lo que más temía en el mundo sucediera aún más rápido.

Sí, habíamos llegado al "instituto pesadilla" y de nuevo podía sentir todas las miradas en mí persona. Y no eran precisamente de admiración. No quería quitarme el casco y dejarles ver a todos la venda que cubría mi frente y darles aún más motivos de cotilleo, pero no me quedaba otra. Y ya saben lo que dicen, es mejor sacarse la tirita de golpe. Así que bajé de la moto sin ayuda de Li y me quité el maldito casco a la velocidad de la luz. De hecho, lo hice tan rápido que casi me saco la jodida venda de cuajo. Iba a mirarme en el espejo retrovisor para alisar mi locura de cabello, cuando sentí las manos de Li sobre mi corta melena. Me giró con cuidado y puso lentamente todos y cada uno de mis mechones en su sitio. Sus dedos eran suaves y cálidos… y de nuevo me perdí en esa mirada. Sí… me quedé como una boba, observándole. ¿Por qué demonios tenía que ser tan guapo el muy cabrón?

- Ya está. Perfecta. – su sonrisa fingida me dolió en el alma. Por muy bien que actuara, yo sabía lo ofuscado que se sentía. Le observé en silencio, mientras ponía el candado a la moto y guardaba ambos cascos. Y solté las palabras que me había prometido no volver a decirle jamás.

- Lo siento. – le vi girarse, sorprendido, pero luego me volvió a sonreír con esa mueca tan falsa.

- ¿El qué?

- Lo que te dije ayer. Nunca fue mi intención hacerte daño.

- Lo sé. No me lo hiciste, así que deja de importunarme con tus disculpas – tomó mi mano como si estuviéramos hablando de cualquier tontería y tiró de mí para que entráramos.

- Pues no parece que esté todo como siempre. Pareces enfadado conmigo.

- No lo estoy. – tiré de su mano y le obligué a pararse. Oí el suspiro frustrado que salió de su boca y me molestó que fuera siempre tan idiota. Yo estaba disculpándome cómo una tonta y tragándome mi puto orgullo y él encima se mostraba molesto.

- Estás cabreado. Y debería pasar de todo esto y decirte que te aguantas, porqué lo que te dije es lo que pienso y es lo que hay. Pero lo cierto es que no quiero verte triste o que me sonrías con esa falsedad. ¡Es irritante y nada sano para nuestra nueva relación! Así que dime que es lo que te molestó tanto, te pido perdón por ello y dejas de parecer un alma en pena.

- Ya te he dicho que no estoy molesto.

- ¡Vete a la mierda Li! – varios rostros se giraron a mirarnos y me tape la boca de forma inconsciente.

- Muy bonito Kinomoto… ¿por qué no te delatas más? – sentí una punzada de dolor en el pecho. Hacía mucho que Li no me llamaba por mi apellido y por alguna razón no me gustó en absoluto.

- ¿Desde cuándo me llamas Kinomoto de nuevo?

- ¿Desde cuándo me llamas Li?

- Dios, eres exasperante.

- Sí, ya me lo has dicho cómo mil veces... te gusta reprochármelo todo.

- ¿Ves cómo estás molesto?

- ¿Vamos a dentro o vas a continuar paranoica? – sentí la sangre hervir en mi interior. No le soportaba. No podía con su voz arrogante y su superioridad. Es que simplemente no podía…

- ¡Haz lo que quieras! ¡Cómo siempre! – empecé a caminar decidida, pero su mano me paró de nuevo y esta vez sí vi ese brillo arrepentido en su mirada.

- Mira… lo siento. Es cierto… no me gustó lo que me dijiste ayer… pero no quiero estar así contigo. No quiero que te alejes más de mí. Además, debemos estar unidos, felices y sonrientes. Y no quiero más mierda encima de todo esto ¿vale? Así que… ¿Podemos simplemente actuar cómo dos putos adultos y llevarnos bien? ¿Aunque sea fingiendo? – le miré por unos segundos, analizando sus palabras y la verdad oculta en ellas. Pero sinceramente ya estaba cansada de estudiarlo todo. Estar con ese chico era agotador.

- Vale Li… es decir, Shaoran. Vamos a centrarnos en nuestro papel y a olvidar la conversación que tuvimos ayer. Por el bien del plan y de mi salud mental.

- Vale.

- Pues eso. Vale.

.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

.

La mañana pasó entre cuchicheos y miradas de soslayo. De tanto en tanto oía alguna risa boba, o notaba que alguna niña estúpida me señalaba. Pero me obligué a no hacer caso. Aunque era una tarea muy difícil. Mirase dónde mirase, me daba la sensación de ser criticada a cada instante. El ambiente se me hacía pesado y la clase de historia contemporánea, eterna. Así que cuando sonó el timbre que indicaba la hora del almuerzo, salí disparada. Pero Tomy me cogió de la mano, justo cuando iba a cruzar la puerta.

- ¿A dónde te crees que vas? Debes esperar a Shaoran. Quedamos que vendría a buscarte para ir todos a comer al comedor y empezar el plan.

- ¡Mierda! Odio esto.

- Sakura…

- Lo sé, lo sé. Pero es que Li está muy raro conmigo. Más de lo habitual.

- ¿Y qué esperabas tras todo lo que le dijiste?

- Yo… yo… arghhh… odio cuando tienes razón.

- Pues debes estar odiándome siempre…

- ¡Cállate Tomy!

A medida que mis "compañeros" iban saliendo, me sentía más y más tensa. Li no aparecía, y todos me miraban antes de salir mientras susurraban cosas por lo bajo. Quería gritarles que se metieran en sus putos asuntos, pero como siempre, tenía que aguatarme, portarme bien y obedecer como una imbécil. Sentí como mis manos empezaban a sudar y el cuello de la camisa cada vez me parecía más estrecho hasta el punto de que me estrangulaba.

- Esto no va a salir bien…

- Con esa actitud derrotista, seguro que no. – iba a protestar cuando el "dios chino" hizo acto de presencia. Los cuatro alumnos que aún quedaban en la clase dieron un respingo y abrieron sus estúpidas bocotas. Maldito Li y sus feromonas que atontaban a todo el mundo.

- ¿Listas, chicas? Tengo hambre de lobo. – entró como pepe por su casa y pasó su brazo por encima de mis hombros para luego besarme en la mejilla de forma despreocupada. Sentí toda la sangre subiendo a mi cabeza y tragué saliva. Un diez de actuación para el señor Li.

- Cla… claro.

- ¿Estas bien princesa? Pareces algo nerviosa. ¿Te duele la cabeza? – podía sentir a todo el mundo mirándome, pero era una idiotez, ya que a penas sí quedaba alguien en esa clase.

- Yo… no… es decir, sólo un poco. – Shaoran se apartó un poco y entrelazó sus largos dedos con los míos mientras me sonreía. ¡Qué bien actuaba el hijo de perra! Para no saber ser "amigable" con las personas, hacía el papel de novio cariñoso a la perfección.

- Bueno, luego te hago un par de carantoñas y verás como te sientes mejor. – y de nuevo el sonrojo inundó mi rostro.

- No digas esas cosas tan despreocupadamente… me da vergüenza… - Tomoyo se reía a un lado y la miré con más odio del habitual.

- Vamos tortolitos, que nos quedaremos sin postres. Aunque ustedes no los necesiten con tanto dulce… - Shaoran tiró de mi, cogiéndome de la cintura y le sonrío alegre.

- Es cierto. Hoy tomaré cereza de postre.

- ¿No lo haces todos los días? – ¡¿Por qué demonios no se callaban ese par?! Iba a morir de la puta vergüenza.

Si el trayecto hasta el comedor me pareció un infierno, todos los rostros pasmados al entrar me dejaron sin aire. Shaoran apretó sus dedos en mi cintura y me sonrío, pero yo empezaba a sentirme mareada. ¿Y si me caía de bruces? ¿Y si todos empezaban a insultarme o a gritarme? ¿Y si Hatsumomo me tiraba el jodido granizado a la cabeza delante de todo el mundo? Me paré en seco y todo a mi alrededor empezó a dar vueltas. Notaba las miradas de odio y el cuchicheo y empezaban a causarme una terrible jaqueca. Sin darme cuenta había empezado a hiperventilar. Li tomó mis brazos con sus manos y se agachó para mirarme con preocupación.

- ¿Sakura?

- No puedo hacer esto Shaoran… es demasiado… tengo mucho miedo. – sus manos tomaron mis mejillas y me acercó hasta él lo suficiente para que sólo yo pudiera oírle. Una vez más me perdí en esos ojos ámbar y me obligué a coger aire. Aspiré y expiré un par de veces, notando el oxigeno recorrer mis venas. Estaba al borde de un ataque de pánico y empeoraba al pensar que todos se darían cuenta.

- Sakura, mírame. Tienes que calmarte. Todo va a salir bien. Sé que puedes hacerlo. Yo estoy contigo y no te dejaré sola bajo ningún concepto. ¿vale? Por una vez en tu vida, confía en mí. ¿Quieres? No voy a dejar que nadie te haga nada. Nadie.– busqué algo en sus pupilas que me hiciera desconfiar, pero sólo vi a un Shaoran comprensivo y atento. Sólo vi un chico preocupado por mí. Y esta vez, quise creer que sus sentimientos eran reales y no una jodida actuación. Por mi bien, y porqué necesitaba confiar en él de una maldita vez. Y si me daba de bruces, pues a la mierda. Cerré los ojos y me dije a mí misma que sólo tenía que actuar y fingir un papel. Y eso, sabía hacerlo. Joder si sabía.

- Está bien… sí, está bien. – cogí sus manos y las separé de mi rostro para luego entrelazarlas con las mías. Tomé aire una última vez y sonreí entrando al fin en la farsa. La sonrisa fingida más dulce que pude ofrecer con lo nerviosa que me sentía. Pero no tuve que disimular mucho más, pues la cara de sorpresa de Shaoran me hizo sonreír de verdad. Al parecer le había dejado pasmado, y era maravilloso causar ese efecto en don perfecto Li. Eso me enardeció y me dio la confianza que necesitaba. - ¿Qué? ¿Te crees que eres el único que sabe actuar? Fui príncipe durante tres años seguidos en las representaciones de la preparatoria.

- Querrás decir princesa…

- No, que va. El profesor pensó que mis dotes con la esgrima y las artes marciales iban mejor con el papel de príncipe. Ya sabes, no soy una buena damisela en apuros. ¡Y menudas acrobacias me obligaba a hacer, el muy rufián! Una vez casi le clavo la espada de atrezo a Rika en pleno salto

Le oí reírse melodiosamente y de algún modo el ambiente entre ambos se relajó. Miré a mi alrededor, consciente de que todos tenían sus ojos puestos en nosotros y mis dotes de actriz salieron solos. Ni siquiera lo pensé. Me dejé llevar y me puse de puntillas para darle un suave beso en los labios. Un beso sin importancia, sólo un roce que duró un instante. Pero hizo que todo el maldito comedor se quedara en silencio. Joder, hasta Shaoran se quedó de piedra. Casi titubeé un poco al darme cuenta de lo desvergonzada que estaba siendo, pero me dije que ese era mi papel de abeja reina confiada, y lo llevaría a cabo a la perfección. No era como si ese beso significara nada…

- ¿Vamos?

- Yo… eh… - tiré de él cariñosamente, sintiendo toda la confianza nacer al fin en mis venas y miré a mi mejor amiga que sonreía feliz a un lado mientras levantaba un pulgar a modo de aprobación.

- Mira Tomy, finalmente he domado al lobo. Y se ve guapo cuando está callado…

- Ya lo veo…

- ¡A mí nadie me ha domado! – el sonrojo que nació en sus mejillas me pareció adorable y ambas nos pusimos a reír alegres. Algo bueno iba a salir de toda esta mierda, y es que al menos podría embromar al dios chino mientras hacía mi papel. Oh, sí. Le mostraría a ese arrogante lo mala que podía ser cuando me lo proponía. Le tendría en la palma de mí mano en menos de un mes. ¿No querían que fuera confiada y astuta? Pues que se prepararan para mi actuación de oro. ¡Joder! ¡Me iban a dar el puto Oscar!

- Kawai… - oí la voz de Tomy con su expresión shojo de siempre y me abracé aún más a Li. Todos estaban mirándonos y esta vez no era mi imaginación. Éramos el espectáculo principal. Me giré para ver a todos nuestros amigos sentados en la mesa central y les saludé efusivamente. Hiraguisawa y Yamasaki me devolvieron el saludo la mar de alegres y me sentí en mi salsa. Shaoran miró en dirección a la mesa, y luego a mí con una sonrisa ladina.

- Parece que estás empezando a creerte tú papel. Ahora me das algo de miedo… No te aprovecharas de la situación para abusar de mí ¿verdad?

- Bueno, hay algo que debes saber de mí, Shaoran.

- ¿A sí? ¿Qué? – le di una palmada en ese culo escultural y salí a la carrera disfrutando de su cara de tonto.

- ¡No hago nada a medias! Prepárate, cariño, porqué tu novia está en pie de guerra.

.

Continuará…

.

Notas de la autora: Bien, aquí está. Mucho dialogo, muchos sentimientos y mi vena Friki a tope. Para su información, soy una fan de todo lo fantástico, del mundo Marvel y DC y obviamente, del manga shojo, jajajaja. No sé si les gustará, pero muchas me pidieron que Sakura no fuera tonta y le perdonara todo a Shao. Pues bien, como ven, a nuestro lobo le va a costar enamorar al cerezo. Jajajaja. Me encanta ponerles hormonas adolescentes y cabezas confundidas… jajajaja. Un besote y espero que sea de su agrado. Recuerden que en el siguiente, narra Li. Y algo me dice que tendrá muchos sentimientos encontrados.

No puedo responder a todos sus reviews esta vez… lo siento mucho pero salgo pitando a recoger a mi niño. Aún así les digo que los leo todos, me encantan y prometo contestar esta vez a todos los que pueda… de verdad, de verdad. Muchas gracias por su apoyo incondicional y nos leemos tan pronto como sea posible. ¡No olviden que les quiero!