Notas de la autora: Muy buenos días/tardes/noches a todos/as. Jajajaja. Aquí les dejo esta actualización desde el punto de vista de nuestro lobito. Espero sea de su agrado. Verán que avanzamos un poco está vez y empiezan a pasar cositas. En fin… un beso muy muy grande y les doy las gracias de nuevo por su gran apoyo. (pasamos de los 400… joder, que maravilla, jajajaja) Ya ven que soy tan mal hablada como Sak… ¡Un beso!

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Mi fan número 246

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Capítulo catorce

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De la sartén al fuego

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Caí en el pupitre, dejando escapar todo el aire de mis pulmones. El día estaba siendo una completa locura. Sabía que este plan era arriesgado y sumamente agotador para mis nervios, pero pensé que sería por todas las locas del club de fans. Nunca imaginé que me resultaría tan duro estar cerca de Sakura. ¡Pero es que se había tomado demasiado en serio su papel! A penas hacía dos días que sabía que sentía algo por esa chica y no estaba preparado para tenerla todo el día colgada a mi cuello. ¡Joder! Me sentía al borde de la asfixia. Porqué, por una parte, podía disfrutar de su compañía… y era… bueno… ¡Genial! De verdad. Su conversación siempre era amena y sus ojos me hipnotizaban. Pero por otro lado… ¡Todo era una puta mentira! Sus sonrisas, sus abrazos y esos electrizantes gestos cariñosos. Toda una jodida actuación digna de un Oscar. (Mira que cuando apoyaba su mano en mi hombro y se acercaba para decirme alguna tontería en voz baja, se me erizaba hasta el último bello de mi cuerpo. En serio. Esa chica causaba estragos en mi persona). ¿Qué cómo sabía que todo era una patraña? Bueno, como no saberlo tras la conversación que tuvimos en el parque pingüino. Sakura me dijo de todo menos guapo y sin duda se desahogó de lo lindo conmigo. ¡No soy un saco de boxeo!

Apreté los puños de forma inconsciente y me mordí el labio. Cada vez que recordaba esa maldita conversación (si es que se podía llamar así) me sentía la peor mierda del mundo. Había sido como caer del cielo al infierno sin paracaídas. Y es que, unas horas antes, Mei me hacía ver que Sakura era "especial" para mí y al día siguiente ella me confiesa todos los rencores que había reprimido en contra de mi persona. Simplemente un sueño… (si el sarcasmo se acepta en situaciones así y entendemos que sueño equivale a puta pesadilla).

- Pareces un alma en pena. – rodé los ojos sin moverme del sitio y dejé ir otro suspiro desalentado.

- Ya, bueno. Tengo mis motivos – Eriol giró la silla de al lado y se sentó apoyando los brazos en el respaldo.

- Pues no lo entiendo. Deberías estar contento. Sakura está haciendo el papel de su vida y Hatsumomo está que se sube por las paredes. He disfrutado tanto al ver la cara de esa jodida harpía… cómo debe haberle dolido. Seguro que esperaba encontrarse con una cereza asustada y hundida. Y ¿qué se encuentra? A la parejita melosa del año. Ojalá tuviera una ventanita para poder espiarla y ver como se arranca los pelos. No sabía que Sakura pudiera ser tan… femenina. – fruncí el ceño y gruñí girando mi rostro en la otra dirección. No me gustaba que Eriol hablara así de Sak. - Sí, sí… nuestra flor será una buena reina.

- Deja de llamar a Sakura con apodos cursis. ¿quieres? No es nada tuyo.

- ¿El lobo está celoso? – le solté otro gruñido a modo de respuesta y me recosté en la mesa. – Oye… bromas aparte. ¿Qué te está jodiendo la existencia ahora? Por qué esto sólo acaba de empezar y lo sabes. Si no aguantas la presión de los comentarios y de las miradas envidiosas, cuando empiecen a caer niñas tontas a tu alrededor, querrás tirarte de un puto puente.

- No me lo recuerdes.

- Mira tío… sé que soy un idiota a veces.

- Siempre.

- Pero, puedes contar conmigo. ¿Qué te está comiendo la cabeza y te tiene como un zombi?

- No importa. De verdad.

- Macho… vamos. Que somos amigos. – bufé, molesto y me giré para contemplar la ventana. – Sabes qué sino me lo cuentas tú, iré a sonsacarle la información a Meiling…

- Que te jodan.

- Bueno… si ella está dispuesta… yo no me voy a negar. Además, joder, jode muy bien. - me giré cabreado para azotarle un buen puñetazo en el hombro.

- ¡No bromees con eso, cabrón! Es mi prima.

- Y está buena y sabe lo que quiere y cuando lo quiere. Eso es muy raro en una tía… todo un diamante en bruto.

- Imbécil…

- Capullo.

Ambos nos miramos por unos segundos. Yo con el ceño fruncido y él con esa sonrisa de inglés idiota. Pero al final me resigné. En parte, porque necesitaba desahogarme con alguien o explotaría. Así que le conté todo como un perfecto niñato histérico que se pierde por una tía por primera vez. Y cuando digo que le conté todo, me refiero a todo. De principio a fin. Lo que pasó tras la biblioteca, la caída de Sakura y el infarto que me provocó cuando la cogí entre mis brazos y vi su cabeza toda ensangrentada. Los insultos que tuve que soportar del idiota de su hermano. Luego la visita de Yukito y la conversación que tuve con Sakura y también con Tomoyo. Todo. Hasta le conté mi charla con Mei y el discurso hiriente de Sakura en el parque pingüino. Y para mi sorpresa, Eriol lo escuchó todo de cabo a rabo, sin interrumpirme. Tanto rato estuve hablando, que ni siquiera pudo decirme que pensaba al respecto, ya que llegó el profesor y empezó la última clase del día. Inglés. Por eso no me sorprendió que, a mitad de la lección, un papel aterrizara en mi mesa. Levanté los ojos para encontrarme con esa sonrisa astuta que tanto me irritaba, tomé disimuladamente el objeto y lo desplegué sin hacer ruido.

- "Deja de comerte el coco de una puta vez por todo lo que has hecho mal hasta la fecha y dedícate a lo que se te da mejor" – leí el mensaje con una ceja alzada y le miré de nuevo, levantando las manos en señal de incomprensión. Eriol me sonrió y me indicó que diera la vuelta al papel y al hacerlo otra frase apareció. – "Enamora a la chica antes de que lo haga yo" – fruncí el ceño y apreté los dientes. Lo normal sería escribirle una respuesta, pero no estaba de humor para hacerlo. Así que le tiré el papel a la cabeza y al girarse le susurré con más rabia de lo que cabía esperar de mí.

- No te acerques a Sakura.

- Ya sabes lo que dicen, Shao… el primero que llega, clava la bandera. Aunque yo no pienso clavarle eso precisamente… - abrí los ojos sorprendido y sentí el calor subir a mis orejas. ¡Era un hijo de perra degenerado! – ¿Estás rojo por la ira o por la vergüenza? Porqué para ser un puto rompecorazones no follas una mierda, cabrón.

- ¡Eres un gilipollas!

- Puede… pero uno que moja.

- Mira, Sakura es…

- ¡Mister Li! ¿Do you wanna share your opinion of the text to the rest off the class? – maldito profesor entrometido…

- Eh… no, sir. I'm sorry. – Eriol contuvo una risa idiota y le di una patada por debajo de la mesa. Eso llamó su atención de nuevo y lo tuve girado en menos de un segundo para seguir nuestra "interesante" conversación.

- Mira, pequeño lobo. Sé que eres novato en esto del amor. – otra patada salió en su dirección, pero esta vez la esquivó.

- Joder, macho. Amor es una palabra muy cabrona… no sé si lo que siento es tan serio como eso…

- Lo sé. Pero te he oído hablar de tu Sakura por casi una puta media hora y se ve a la legua que te tiene babeando. Y tú no eres de los que se tira a la chica y se va. Es uno de tus grandes defectos… - no sabía qué responder a eso, así que sólo le miré con malas pulgas. – Así que sólo te queda la opción que te he dicho. Enamorar a la flor.

- ¡Que no la llames flor!

- ¡Mr. Li! Another interruption and I send you to the principals's office.

Agaché la cabeza y me disculpé por segunda vez. Jodido profesor. Maldito Hiraguisawa. Pero… aunque odiara admitirlo, tenía razón. Aún no sabía cuan profundos eran mis sentimientos por Sakura, pero debía empezar a descubrirlo. Además, con todo ese estúpido plan, tenía más oportunidades que nunca. Sakura estaría conmigo casi todo el tiempo y podría conocer su verdadera personalidad con calma. Eso, si dejaba de actuar un poco de novia diez y se tranquilizaba para volver a ser la niña irracional, testaruda y bocazas de siempre. La Sakura que me gustaba. Otro papel revotó en mi mesa, pero esta vez no lo enviaba Eriol, sino Takashi. El jodido memo tenía orejas prodigiosas, los sabíamos, pero ¿se había enterado de todo? Mierda, esperaba que nadie más estuviera escuchando… Miré el papel y leí a toda prisa.

- "Eriol no es el único que puede levantarte a la novia. Yue ha estado rondándola cuando te has ido del comedor y creo que Sakura le ha pedido ayuda con el director Clow" – abrí los ojos desmesuradamente y me puse a escribir como loco, para luego tirarle el puto papel.

- "¿Yue lo sabe todo?" – Takashi escribió lentamente (tardó una eternidad el muy hijo de perra) pero finalmente me envió el papel de vuelta.

- "No lo sé. Pero puede que Sakura se lo diga. Es el hijo del director y puede ayudar. ¿no? Pero, si yo fuera tú, vigilaría la competencia. Tú eres muy popular y eso, pero Yue no le ha jodido la vida a Sakura. Así que parte con ventaja. Y es guapo" – y ahí perdí la paciencia para escribir una vez más y de nuevo me puse a susurrar como un capullo.

- Serás marica. Yo soy veinte veces más guapo que ese puto Jack Escarcha.

- Bueno… sobre gustos…

- Además, Sakura no puede contarle nada a ese tío afeminado. ¡Ya lo sabe demasiada gente!

- Mr. Li. ¡Go to the principal's office!

- Pero…

- ¡Now!

Me levanté a regañadientes y salí con las manos en los bolsillos. Maldito profesor estirado. Se notaba su aire inglés. Justo como el imbécil de Eriol. El mundo estaba en mi puta contra estos días. Giré la esquina que llevaba a las oficinas del director Clow y me sorprendió encontrarme con el origen de mis males. Yue Reed.

- Pero mira quien aparece por los dominios de mi viejo. ¿Vienes por algún recado del profesor o es que has vuelto a coger a alguien por el cuello?

- No te importa.

- Lo segundo, entonces. Sakura se llevará una decepción. – sentí crispar mis nervios y como siempre que me dejaba llevar por la ira, hice una idiotez. Le cogí por el cuello de la camisa y lo empotré contra una pared. Y para mi sorpresa, el muy capullo ni siquiera parpadeó. – Sí… definitivamente la segunda opción.

- Mira cabrón, sé que estás colado por mi chica.

- Tu chica… ¿Qué somos? ¿críos de primaria? – le vi rodar los ojos y eso aún me puso de peor humor.

- Sí, mi chica. Así que vamos a dejarnos de tonterías y a poner las cosas claras. No te quiero cerca de Sakura. ¿Comprendes?

- Eso no depende de ti. Es ella quién decide sus amistades y no un imbécil engreído con aires de grandeza. Aun no entiendo que ha visto Sakura en ti… eres un egocéntrico y un ególatra machista. No te pareces en nada a ella. – bien, eso me confirmaba que al menos por el momento, Yue no sabía que nuestro noviazgo era una jodida patraña.

- Di lo que quieras, pero ella esta conmigo y no contigo. Y eso te pone celoso. Sólo me tienes envidia. – dejé ir un poco la presión de mis manos y vi como Yue se relajaba. Aunque seguía con los puños crispados, por si acaso.

- Puede que sí, no te lo voy a negar. Hace años que observo a Sakura desde lejos sin interferir demasiado. Ella es tan inocente… Pero ahora que estábamos en el mismo instituto y ya no éramos unos críos, quería acercarme más a ella. – y el cabrón lo admitía sin tapujos. ¡A mí! - Pero por desgracia nos tocaron clases distintas y tú te me has adelantado.

- Así és. Así que no te quiero cerca. – otra sonrisa confiada que me hirvió la sangre.

- Pero no importa lo que tú quieras o que llegaras antes. Porqué… ¿sabes una cosa Li? Nadie conoce a su media naranja en el instituto. Sólo son caprichos y amores inmaduros. Intensos… sí, pero efímeros. Los amores que duran son los que nacen en la universidad o en el trabajo. Así que…

- ¿Qué jodiendas estás diciendo? – sus manos me empujaron con determinación y le solté al fin, marcando cierta distancia.

- Lo que digo es que, según tengo entendido… tu casa está en Hong Kong. Allí tienes a tus hermanas y tus empresas. Y tus padres no se van a quedar en japón mucho tiempo más. Puede que ni te dejen cursar tercero aquí ahora que sales con una chica sin recursos. – abrí los ojos, totalmente pasmado.

- ¿Y tú como demonios sabes eso?

- Influencias…

- ¿Hatsumomo?

- ¿Te crees que hablaría con la rata que está amargándole la vida a Sakura? Nah… tengo mis fuentes. Pero cómo lo sepa, es cosa mía. Lo importante Li, es que, en menos de dos años tú serás agua pasada y yo seguiré aquí. Con ella. – Yue se alejó unos pasos, pero finalmente se giró para mirarme de nuevo. - ¿Sabes Li? Los dos queremos ser profesores. Ella especializada en educación física y yo en ciencias, pero… iremos a la misma universidad. Y soy terco. Casi tanto como ella. Así que no voy a desaparecer de su vida. Tú lo harás. – Cerré los puños de pura rabia y el rechinar de mis dientes resonó por todo el pasillo. – ¿No irás a pegarme verdad? No soy un tío violento, pero no te recomiendo medirte conmigo.

- No eres el tipo de Sakura… para nada. – tragué pesado, sin poder creerme mis palabras. Y es que había visto a Yukito, y sin duda ese tipejo se parecía mucho más a él que yo. Blanquitos, guapitos de cara y con movimientos suaves y afeminados. Joder, si casi parecían hermanos de sangre. Y eso me irritaba tanto que casi golpeo a la puta pared. ¿Por qué Yamasaki tenía que decirme que ese capullo era peligroso y que estaba coladito por ella? Ahora me sentía completamente amenazado.

- Como he dicho, eso lo decidirá ella. – nos quedamos allí de pie unos segundos. Callados y analizando nuestras opciones. Pero finalmente, ninguno de los dos movió un músculo. No era inteligente causar otro alboroto – En fin… mi padre está en su despacho. Que te vaya bien la charla con él, Li.

- ¡Púdrete!

Le dejé marchar aún con los nervios a flor de piel y aguantando a duras penas la ira que crecía en mi pecho. ¡Y ni sabía por qué estaba tan molesto! Sakura ni siquiera era mi novia de verdad. Cómo debía recordar, era todo fingido y además, yo no podía decir que sabía lo que sentía por ella. Puede que el muy imbécil tuviera razón y fuera un mero encaprichamiento adolescente. Puede que fuera buena idea seguir el puto consejo de Eriol y empezar a vivir la vida de instituto de polvo en polvo. ¡Yo que sé! Lo único que tenía claro de toda esa situación, es que celaba a Sakura casi tanto como su hermano Touya. Eso, y que estaba bien jodido.

- Veo que Sakura tiene unos cuantos pretendientes poderosos. – me giré a toda velocidad, sólo para ver la cara sonriente de Clow Reed. Ese tipo tenía demasiados rasgos de Hiraguisawa. Sin duda se parecía más a él que no a ese Yue o a la tía buena que vino con el idiota de Tsukishiro y que al parecer era su hija. (creo que se llamaba Nakuru)

- ¿Tiene la costumbre de espiar a sus alumnos por los pasillos?

- ¿Y usted de empotrar a cualquiera que le lleve la contraria? – noté subir el sonrojo a mis mejillas y aparté la vista. – No se preocupe, señor Li. Soy consciente de lo mucho que contiene su fuerza. Le he visto entrenar con los chicos de tercero y no tiene rival. Mi hijo sería puré si usted se empleara a fondo.

- Gracias, supongo.

- Pero ya que sabe controlar su fuerza tan bien y consigue no matar a nadie… ¿le parece usar la misma fuerza de voluntad para controlar su mal genio? No puede ir saltando a la más mínima provocación.

- Su hijo no es precisamente un santo.

- Oh, lo sé. Tiene cara de ángel, pero es frío y calculador como yo. Se lo aseguro. – levanté una ceja y me crucé de brazos para no cogerle por el cuello. Director o no, odiaba su petulancia. – ¿Pero dígame, que le trae por aquí? No tiene cita.

- Me envía el profesor de inglés.

- ¿Cuál de los tres?

- No recuerdo su nombre.

- ¿No sabe el nombre de su profesor asignado? – me encogí de hombros mientras entraba al jodido despacho. Clow rodeó su mesa y se sentó en el borde, demasiado cerca de mí para mi gusto. – Entiendo… nunca le ha importado mucho la vida de los demás ¿eh?

- No, la verdad.

- Pero ahora parece muy interesado en la joven Kinomoto. No le envidio. Tendrá mucho trabajo con Touya. – Abrí los ojos, sorprendido. ¿Es que ese hombre era un brujo o algo así?

- ¿Conoce a Touya?

- Claro. Era alumno de este instituto. Y su padre y yo fuimos juntos a la universidad. Era y es, mi mejor amigo. Somos casi hermanos. O lo fuimos…

- Sakura nunca lo ha mencionado…

- Bueno, tras la muerte de su esposa, Fujitaka se centró en su familia y en el trabajo. Así que no socializamos como antes. A penas si nos vemos en los días señalados… – ¿por eso Yue se había fijado en Sakura? ¿Habrían estado juntos de pequeños tanto como parecía? Por qué recordaba que ella me había comentado que apenas tuvieron relación en primaria… tenía que conocer los detalles de esa historia… - Pero no estamos aquí para hablar de mí, señor Li. ¿Qué ha hecho para ser enviado a mis dominios?

- Hablar en clase.

- Oh. Eso no me parece tan grabe.

- Ni a mí. Pero ese profesor es una jodienda. – le vi reírse y casi me sentí cómodo por un momento.

- Bueno, bastará con decirle que no se puede hablar en clase. ¿Le parece?

- Perfecto. – me levanté rápidamente y quise irme, pero la voz cantarina de ese hombre hizo que volviera a tomar asiento, resignado.

- Pero ya que está aquí… hablemos un poco.

- ¿De qué?

- De todo lo que les está pasando a usted y a su dulce novia. No creo que Sakura lleve muy bien los comentarios celosos e hirientes de su club de fans. Si emplearan esa imaginación en la revista, estaríamos dentro de los premios de periodismo escolar. – esta vez sí que me levanté, cabreado.

- ¡Sabe que es un club de fans encubierto! Se lo dije y me contestó que no podía cerrarlo. ¡Que era un club de periodismo legal!

- No soy idiota, señor Li. Sé sumar dos más dos. Pero no puedo cerrar un club sin una base ni pruebas. Según los papeles que se presentan, Hatsumomo usa el club de periodismo correctamente. Tienen la revista del instituto al día y perfectamente dirigida. Y además tenemos una cuantiosa subvención gracias al número de miembros internos y externos y a las influencias de su familia. Hatsumomo es una alumna brillante, incluso con sus intrigas.

- Genial. Todo lo mueve el puto dinero, como siempre. ¿No le da vergüenza no hacer nada? ¿No ha leído todos los comentarios?

- Los he leído. Yue estaba aquí precisamente para explicarme todo lo que estaba pasando. Pero ya lo sabía. Ha sido un fin de semana entretenido… he de admitirlo.

- ¿Y qué va a hacer al respecto?

- ¿Yo? ¿Tengo que hacer algo? – ahora sí que tuve que contenerme para no matarlo allí mismo.

- ¡Es usted el director!

- Sí, lo soy. Y le diré lo mismo que le he dicho a mi hijo. Aunque entiendo la situación y el daño que le están haciendo a la pobre Sakura, yo no puedo hacer nada sin pruebas o nombres. El foro que usan es privado y está encriptado. Sólo hay un montón de aire y humo. Puedo advertir a todo el instituto y pedir que lo cierren y amenazarles con un castigo si conseguimos relacionarlos con el tema. Pero eso sólo haría que su odio fuera a más y que aquellos que no lo saben entren a mirarlo agravando la situación.

- Y ya está… se queda aquí sentado, dejando que el acoso escolar siga viento en popa.

- Mire, señor Li. Tengo cámaras por todo el instituto, y no he visto ningún acoso en las últimas semanas. Puedo concienciar al alumnado, pero no es tan sencillo como usted se cree.

- ¡Si no ve acoso físico por esas jodidas cámaras es porqué Hatsumomo sabe perfectamente dónde están! ¿Sabe que ataron a Sakura con bridas y le cortaron el cabello en los putos baños? – por primera vez, vi algo parecido a la sorpresa en esos ojos siempre pacíficos.

- ¿Cómo ha dicho?

- Sí, señor Clow. En sus putas instalaciones.

- Contenga su lengua, señor Li… ya se lo he dicho.

- ¡Es mi novia! No quiero que siga sufriendo sólo porqué sale conmigo.

- Entonces, deje de salir con ella.

- ¡Y una mierda! – me di cuenta de que estaba hiperventilando, así que fui calmándome poco a poco y aguanté las ganas de patearle el trasero a ese individuo inútil. – No pienso dejarla porque… porque…

- Muy bien…comprendo. Entonces luche por ella. Creo que pueden llevar esta situación de forma mucho más astuta.

- ¡En eso estamos! Pero…

- Bien, pues. Háganlo. Yo les vigilaré de cerca y mi hijo me contará lo demás.

- ¿Y de que va a servir? Si nunca hace nada.

- No me subestime, señor Li. Yo siempre tengo un plan.

- ¿Y cual es? – su sonrisa me heló la sangre y tragué pesado, porqué algo en él me daba cierto repelús.

- Eso es cosa mía y sólo mía. Sí Sakura no pone una denuncia contra las chicas que le cortaron el cabello, no puedo hacer nada por ahora.

- ¡Ella jamás haría algo así! Además, sería peor…

- En ese caso… creo que estamos de acuerdo en todo. Buenas tardes, señor Li. Ya sabe el camino de regreso a su aula.

Cerré la puerta con más fuerza de lo que cabía esperar y el porrazo resonó por los pasillos asustando a una alumna que dejó caer unos papeles al suelo de la impresión. Al girarse la reconocí. Iba con muletas y era notoria su dificultad para desenvolverse con ellas. Sus ojos me evitaron y casi sentí el pavor correr por sus venas. De todas las personas a las que podía encontrarse, yo era de las menos gratas en esos momentos (y sabía por qué) Pero no iba a dejarla escapar. El destino parecía estar mostrando todas sus piezas hoy, y no iba a desperdiciar una oportunidad así. Además… ¿no dijo Tomoyo que debía buscar aliadas para Sakura? Esa chica seguramente era un peón de Hatsumomo… pero nada impedía que se cambiara de equipo. ¿verdad? Me acerqué con cuidado y recogí los documentos que se habían extraviado. Eran papeleo médico y algunos justificantes de excedencias. Lógico, dado el trompazo que se había causado a sí misma en plena exhibición de animadoras.

- ¿Cómo te encuentras Matsuo? – casi no pude evitar reírme por el asombro que se dibujó en sus ojos. Vi como agachaba la cabeza, totalmente sonrojada y la oí tartamudear como una niña de primaria.

- Sa.. sa.. no sabía que… bueno…

- ¿Qué sabía tu nombre? – asintió enérgicamente, cogiendo los papeles de mi mano de forma tímida. – Claro. Eres amiga de Mei. Y te he visto entrenar con el equipo en varias ocasiones.

- ¿Has… has visto los entrenamientos?

- Sólo estas últimas semanas. Iba a ver a Sakura. – no era difícil adivinar lo que pensaba esa chica en todo momento, y en cuanto mencioné a "mi novia" su rostro se tensó como la piel de un tambor.

- Ah…

- Por eso me sorprendió tanto tu caída… vi los entrenamientos y ese movimiento siempre salía perfecto… así que me preguntaba… ¿Qué te pasó? ¿Por qué saltaste a la derecha en vez de a la izquierda? ¿Te mareaste? – Matsuo casi se cae del susto. No se esperaba un interrogatorio y era obvio que estaba aterrada. Además, era la primera vez que hablaba con ella. De hecho, era la primera vez que hablaba con una chica de ese instituto por voluntad propia. (menos con Sakura y Daidouji, claro)

- Yo… eh… yo no…

- ¿No lo sabes? – ella asintió en silencio y yo bufé, cansado por las mentiras. Pero no podía acusarla si quería tenerla de mi lado. Todo lo contrario. – Comprendo… supongo que hay mucha presión en el equipo. Mei se vuelve loca cuando hay competición. Pero tranquila. Estaba preocupada por ti, no enfadada.

- Mei… ¿Mei se preocupa por mí? – No, claro que no. Estaba furiosa. No sólo por perder, sino por qué sabia (al igual que yo) que todo había sido orquestado por Hatsumomo. Pero tenía que seguir con mi papel de príncipe comprensivo.

- Claro que se preocupa. Quería ir a verte al hospital, pero con todo lo que pasó con Sakura… - Matsuo apartó la mirada, avergonzada, y jugó con sus manos intentando disimular lo nerviosa que estaba.

- Sí… lo he oído…

- Para no hacerlo. Todo el puto instituto habla de ello. Y dicen tantas mentiras… Sakura está destrozada. Y yo también. Ella es demasiado buena para hacer nada, pero yo no estoy tan seguro de aguantar más… cotillas de mierda… Y deberías leer las historias que la culpan de tu caída en internet… son tan absurdas… ¿es que soy el único que estaba mirando la exhibición?

- ¡Yo nunca la he culpado de mí caída! – analicé su reacción nerviosa y me obligué a sonreír. Puse mi mano en su hombro y disfruté con su actuación perfecta de niña de primaria. Toda rojita y asustada.

- Lo sé. Tú eres una buena chica. Mei me lo dijo.

- Ah… ¿A sí?

- Sí. Así que tranquila. No te culpo por esto. En fin… sólo quería ver como estabas y… bueno, decirte que Sakura también está preocupada. Habla con ella cuando te recuperes un poco. Le hará bien. Es tan inocente, que hasta ella se culpa ya del accidente.

- No… no fue culpa de Kinomoto.

- Lo sé. Pero le gustará oírte decirlo… En fin. Nos vemos luego ¿te parece? – me giré, satisfecho por la culpabilidad que se había instalado en sus ojos castaños y no me sorprendió oír su voz, llamándome.

- ¡Li! – me giré con una sonrisa de oreja a oreja y la encaré de nuevo. Dispuesto a poner la guinda en el pastel.

- Dime.

- Yo… eh… ¿puedes decirle a Sakura que siento lo de su caída? Sé que se hizo un buen corte en la cabeza. Lo mío es una tontería comparado con lo que le pasó a ella…

- Oh, podría decírselo. ¿Pero porqué no lo haces tú misma? Seguro que le hará ilusión y creo que pueden ser buenas amigas. Ven a sentarte con nosotros mañana en el comedor. ¿vale?

- Oh… yo… no sé… me da cosa… no quiero molestar… - me acerqué con cuidado y me agaché hasta que tuve sus ojos a mi altura. Estaba tan roja, que casi me dio lástima estar jugando con sus sentimientos. Casi.

- Nada malo te pasará, te lo prometo. Y sería un paso en la buena dirección… ¿no crees? – vi como sus ojos se abrían por la sorpresa y le sonreí de lado. – Hatsumomo da miedo y es de armas tomar, pero créeme cuando te digo que no es una buena idea subestimarme a mí. Pero si acudes a nosotros, te protegeremos. Te lo prometo. Y siempre cumplo mis promesas.

- Yo… yo no sé a qué te refieres… Hatsumomo no… - chasqué la lengua, pero de nuevo me obligué a sonreír.

- Bueno, no soy yo el que tengo la pierna rota por dos sitios… pero, me caes bien. Así que… la decisión es tuya. Aunque espero verte mañana… de verdad. Hasta luego, Matsuo.

- Yo… eh… sí. A… adiós, Li.

Pude sentir sus ojos sobre mí todo el camino y también los de Clow Reed. El muy cabrón nos había estado observando descaradamente desde la puerta de su despacho, y ni siquiera había intentado disimular que estaba ocupado haciendo cualquier estupidez. ¿En verdad estaría tramando algún plan para ayudarnos? Nah… no era precisamente un director devoto. Hacía bien su trabajo a nivel administrativo y estaba claro que sabía recaudar fondos para el colegio. Pero nada más. Otro burócrata interesado. No me extrañaría que mi madre lo tuviera en nómina.

Llegué al aula y me paré en la puerta solo unos segundos para tomar un poco de aire. El día estaba por finalizar (gracias a los cielos) y tenía que llevar a Sakura a casa. Le contaría lo que había hablado con Matsuo y también hablaría con Mei esa noche. Las necesitaba coordinadas conmigo y atentas con la chica. Por qué estaba convencido de que mañana la veríamos sentada a nuestra mesa. Oh, sí. Como que me llamaba Shaoran Li.

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Aparqué mi moto en la entrada de la casa de los Kinomoto. Era lunes, por lo que Sakura no tenía trabajo. El gimnasio abriría el jueves y la cafetería donde ella curraba estaba algo tranquila esos días, así que hasta el miércoles éramos dos adolescentes ociosos. O a medias, ya que los exámenes parciales empezaban a asomar la cabeza. Sakura descendió apoyándose en mi espalda y la sensación me erizó la piel. Era habitual que la gente hiciera eso al bajarse de una moto, pero aún así se sentía diferente cuando eran sus manos las que hacían contacto conmigo.

- Bueno, el día no ha sido tan malo. ¿verdad? Casi asusta ver lo calmado que ha estado todo en la tarde. – contemplé sus ojos y vi que su comentario era totalmente forzado. Sakura había pasado un día horrible, como yo. Puede que nadie hiciera un ataque directo contra ella, pero la tensión era palpable. Y el cuchicheo estaba a la orden del día. Todos hablaban a sus espaldas y callaban en cuanto la veían. Yo estaba más o menos acostumbrado, pero para ella… era un mundo nuevo. Uno que no le gustaba. Y la comprendía.

- Tomoyo y Eriol trazaron un buen plan. Pero será difícil habituarse a esta rutina tan tensa…

- Es cierto. Pero sí que es un plan muy bueno y saldrá bien. Además, tú también has puesto de tu parte. Matsuo puede ser una buena aliada… ¿con qué la tendrá amenazada esa loca para que decidiera que era mejor partirse una pierna?

- No lo sé. Pero puede ser un paso acertado para que las demás vean que es sencillo entrar en nuestro grupo. Aunque debemos tener en cuenta la posibilidad de que sea una infiltrada de Hatsumomo. Hay que tener cuidado con ella. – vi como Sakura bufaba intranquila y mis manos tomaron vida propia al apoderarse de las suyas. – Todo irá bien, Sak. Ya lo verás. Pronto tendremos la balanza de nuestro lado. Sólo confía en nosotros.

- No es que no confíe en ustedes… es sólo que temo a esa Hatsumomo. Es algo irracional. Nunca me había sentido tan… tan…

- ¿Indefensa?

Sakura asintió en silencio y se mordió el labio inferior con cautela. No quería admitir en voz alta lo que ese gesto causó en mí. Pero joder, mi amigo de la parte baja estaba demasiado emocionado esa tarde. Así que me obligué a parecer sereno, descendí de la moto y levanté su mentón con delicadeza. Tenía unos ojos muy hermosos, pero desde que era consciente de mis sentimientos (bueno, más o menos) esas esmeraldas se me antojaban irresistibles.

- Siento haber estado… enfadado contigo. Me merecía todo lo que me dijiste, lo sé… pero… me dolió oírlo.

- ¿Así que admites haber estado enfadado? – gruñí a modo de respuesta y ella contuvo una risa divertida - Lo sé. Y lo siento. Fui muy brusca – no pude evitar reírme a carcajada batiente y me gustó ver la confusión en su mirada.

- No es nada. Es sólo que me gusta ver que hemos pasado de los gritos a las disculpas. Supongo que algo es algo… ¿no? – Sakura chascó la lengua, pero se unió a mi buen humor con una de sus dulces sonrisas y tuve que usar todo mi autocontrol para no abrazarla. Porqué llevaba todo el día soportando esas sonrisas falsas en su rostro y ver una de verdad en esos preciosos labios, me hizo sentir algo cálido en el pecho. Pero ahora no teníamos espectadores, y no podía usar la actuación como excusa para hacer lo que en verdad me apetecía. Besarla.

- Yo… tengo que estudiar. El jueves abre de nuevo el gimnasio y el viernes trabajo en la cafetería, así que…

- Lo sé. ¿Matemáticas?

- Y lengua, ciencias, historia… voy retrasada en prácticamente todas las materias. Y sino apruebo y quedo al menos dentro de la media… tendré que dejar el gimnasio. ¡Y me gusta ese lugar!

- Claro que te gusta. Tienes un compañero de trabajo estupendo. – me reí por su cara de asco fingido y acaricié su corta melena como si fuera una niña de primaria. (en mi defensa, lo parecía, aunque una muy mona) – Sabes… si me lo pides bien, puedo ayudarte. A fin de cuentas, soy un alumno destacado.

- No quiero ser una molestia.

- Tú nunca lo eres. – Esa frase me salió más melosa de lo acostumbrado y vi cómo se debatía internamente. Por un lado, estar conmigo le resultaba incómodo y era más que obvio su rechazo. (se había apartado de un salto en cuanto toqué su cabecita) Pero, por otra parte, Sakura sabía que yo era un alumno destacado y que mi intelecto le iría a las mil maravillas. Así que decidí ayudarla en su lucha interna. (a fin de cuentas, yo quería quedarme con ella el mayor tiempo posible, así de tonto me tenía esa niña). – vamos, por el bien de tus notas y por el mío propio. Ahora que me he acostumbrado a tenerte de compañera en el curro, no quiero tener que prescindir de ti y buscar sustituto. A saber a quién escoge Yuko esta vez…

- ¿Eso ha sido un cumplido, oh gran Li?

- Bueno… ya sabes lo que dicen. Más vale malo conocido…

- Idiota…

- Venga, reconoce que en el fondo me adoras. – levantó una ceja y caminó en dirección al portal con resolución. Y yo me quedé como un idiota, sin saber si debía seguirla o salir pitando con mi moto antes de que volviera a soltar un discurso hiriente en contra de mi persona.

- ¿Entras o no? – seguro que se me quedó cara de panoli embobado, porqué hasta Sakura pareció cohibida y se sonrojó. - ¿Shaoran? ¿Estás bien? Dijiste que querías darme clases… ¿o era sólo una forma de hablar?

- Yo… eh… sí. Claro que quiero. Sólo cojo mis cosas y aseguro la moto. Entra tú, ahora te sigo.

- Vale…

La vi abrir la puerta y entrar a su hogar y pude soltar todo el maldito aire que había retenido. En verdad era asfixiante estar con ella. Me quedaba tenso e idiotizado y mis frases parecían sacadas de una película romántica para adolescentes. ¡Y tartamudeaba! ¿Cuan patético podía llegar a mostrarme frente a la chica que me gustaba? Joder… sí, sí. Sakura me tenía atontado y Eriol estaba en lo cierto. Yo no era de los que me tiraba a la chica y me iba. Así que, si me lanzaba a por Sakura, no tendría vuelta atrás. O me enamoraba perdidamente de ella, o le rompía el corazón. Claro que eso era muy arrogante por mi parte, puede que esta vez yo fuera el rechazado. Joder, en realidad con Sakura esa era la opción más probable. A fin de cuentas, estaba enamorada de ese estúpido universitario afeminado. Pero cómo decía Eriol, enamorar a las chicas era mi especialidad. (y eso que jamás quise atraer a ninguna) ¿Me arriesgaría con ella? ¿Intentaría ser alguien especial para Sak? En verdad me gustaba la idea de estar con ella "de esa forma". Pero… ¿Y luego qué? Yo tenía una vida en Hong Kong y ella en Tomoeda. No era como si pudiéramos salir juntos y tener un futuro. Fuera lo que fuera… sería algo temporal. ¿Me arriesgaría a sufrir? ¿Y ella? ¿Intentaría enamorarla sabiendo que en un par de años o menos yo estaría en china y ella aquí con ese… ese Yue? Joder, el muy cabrón se había salido con la suya y me había comido la puta cabeza.

Tragué pesado mientras me centraba en dejar bien sujeta la motocicleta y cogí mi cartera con todos los libros que me había llevado. Gracias a los dioses, iba muy avanzado con las materias y podía permitirme unos días para enseñar a Sakura. Puede que estar a solas con ella, sin la presión de toda esa actuación melosa, me dijera un poco más sobre mis sentimientos y ahuyentara los fantasmas que me tenían aterrado.

Subí las escaleras que daban acceso al porche y me sentí agotado. Como si en vez de tres putos escalones, fuera la escalinata del monte Niesen en los malditos Alpes suizos. Pero es que estaba tan nervioso… parecía que me dirigía al patíbulo. Sakura había dejado la puerta entreabierta y me quedé allí de pie. Mirandola como si fuera la entrada al mismísimo purgatorio y mi destino estuviera a punto de ser decidido por una deidad sin escrúpulos ni compasión. Iba a dar un paso cuando el móvil sonó en mi bolsillo y casi di gracias por la pequeña pausa que se me concedía. Claro que al ver la persona que me llamaba, el nudo en mis entrañas se intensificó. Y es que mi madre nunca llamaba para nada bueno. ¿Con qué idiotez me saldría ahora?

- Buenas tardes, madre.

- "Hola Xiao Lang. ¿Cómo has estado? No hemos tenido noticias tuyas en varios días" – era cierto, con todo lo que había pasado, ni siquiera había caído en ello. Una de las condiciones de mi "libertad" era mantener contacto constante.

- Lo siento madre, he estado algo liado.

- "Pues no será con el gimnasio. Tu padre me informó de la inundación. ¿Esa incompetente de Yuko ha abierto al fin?" – fruncí el ceño algo molesto por su tono. Yuko nunca había sido del agrado de mi madre (no quería preguntar el motivo, la verdad) pero no por ello iba a dejar que la menospreciara frente a mí.

- El jueves. Y lo cierto, madre. Es que subestimas sus capacidades. Es una gerente muy competente y con una gran visión de empresa. – el resoplido que soltó me sentó como una patada directa a mi estómago, pero ya estaba acostumbrado a sus desplantes.

- "Es obvio que aún te queda mucho camino por recorrer, hijo mío, si crees que esa… mujer… es un ejemplo de empresaria del mes. Pero no tengo ánimos para discutir" – en eso estábamos de acuerdo. Discutir con mis padres era lo último que podía permitirme en mi situación.

- Entonces, ¿a qué debo su llamada?

- "Este fin de semana organizamos una gala benéfica en una de nuestras sedes de Tokio. Obviamente se espera tú asistencia"

- ¿Formal?

- "Muy formal. Vendrán inversores de Hong Kong, Taiwán, Corea y algunos socios americanos que no son de mi agrado, pero que invierten generosamente en nuestros negocios"

- Entiendo.

- "Te mandaré un e-mail con los detalles"

- Perfecto. Te confirmaré que lo he recibido.

- "Y Xiao Lang…"

- ¿Sí?

- "Trae a la señorita Kinomoto contigo" – casi se me cae el móvil al suelo de la impresión. ¿Cómo demonios sabía mi madre lo de Sakura? ¡Maldita Hatsumomo! Tragué saliva con brusquedad y miré la puerta que daba acceso a la casa de los Kinomoto con aún más miedo que antes.

- Está bien, madre. Hablaré con ella. Pero cómo comprenderá, no puedo obligarla. Sakura no está acostumbrada a estos ambientes.

- "Procura que asista, Shaoran. O tomaré medidas que hace tiempo estoy posponiendo. Recuerda que tu libertad es algo temporal y revocable y no me gusta enterarme por terceros de que mi único hijo varón sale con una... chica" – fruncí el ceño.

- Lo entiendo.

- "Bien. Me alegro de que estemos de acuerdo. Hasta el sábado, hijo"

- Si, madre. Buenas tardes.

Colgué el teléfono sintiéndome al borde de un ataque de nervios. ¡Mi jodida madre quería conocer a Sakura! Mierda, mierda y re mierda. ¿A caso no podían darnos un respiro? ¿Y a qué venia esa amenaza de revocar mi "libertad"? Estaba cumpliendo todo el puto acuerdo. Notas ejemplares, llamadas constantes y asistencia total a sus estúpidas reuniones del club de campo. Joder, si hasta había asistido a un par de reuniones corporativas en las que yo no pintaba una mierda.

- ¿Shaoran? – di un salto sobre mí mismo al oír la voz de Sakura y me giré, alterado.

- ¡Sakura! Yo… eh… disculpa. Estaba al teléfono.

- Lo sé… perdona. La puerta estaba abierta y oí un poco de la conversación – estoy convencido de que palidecí al instante. ¿Qué habría oído?

- Ah… ¿a sí?

- No quería ser maleducada…

- ¡No! Para nada. Sólo me has sorprendido. ¿Y qué… qué has oído? – Sakura movió las manos frenéticamente y negó con la cabeza totalmente sonrojada.

- Nada, en serio. Sólo palabras sueltas… aunque me pareció un trato muy formal… no sé… hablabas con tu madre… ¿verdad? – suspiré y dejé mi cartera a un lado. Los malditos libros iban a dislocarme el hombro.

- Sí… bueno. No somos una familia normal y corriente. ¿sabes? El trato con mis padres es siempre así de distante.

- Eso suena solitario…

- No, bueno. Para mí es lo normal. Bienvenida a la familia Li… ya te acostumbrarás - noté como el rojo de sus mejillas se intensificaba aún más y me di cuenta del significado de mis palabras. – Yo…eh… me refiero a qué, bueno… en teoría eres mi novia. ¿no?

- Ya… bueno… no es cómo si fueras a presentarme a tus padres ¿verdad? – ay, mi madre… - Pero entiendo lo que quieres decir. – vi el alivio en sus ojos y sentí el mundo quebrarse bajo mis pies. ¿Cómo demonios le decía yo a Sakura que en realidad tenía que asistir conmigo a esa jodida gala benéfica? En esas ocasiones me daba cuenta de cuanto necesitaba a Mei - ¿Vas a entrar o pretendes estudiar aquí fuera en los escalones?

- Pues me parece bien. El frío ayudará a nuestra concentración. ¿Traes un par de sillas? – Sakura rodó los ojos y abrió la puerta de par en par.

- Entra de una vez o te hago pasar a punta pies.

- Sakura, eres la novia más dulce del mundo. ¿lo sabías?

- Las palabras dulces me las guardo para aquellos que se las merecen, perro chino. – hice una mueca de dolor fingido y me acerqué hasta que noté que se tensaba. ¡Era tan inocente! Al menos tenía eso a mi favor… sabía que mi presencia la ponía nerviosa y me aprovecharía de ello.

- Bueno, como perrito adiestrado que soy, supongo que merezco unas cuantas caricias de mi dueña a modo de recompensa. ¿No crees? – cogí su mano con una sonrisa ladina y la llevé sobre mi cabeza. – El punto que más me gusta está justo detrás de mis orejas. Para que lo sepas. Un par de caricias en esta zona y aúllo de placer. – si antes estaba sonrojada, ahora parecía una tetera al borde de la ebullición. Se apartó como si yo fuera un chicle pegado en su pupitre y me miró de forma crítica.

- ¡Eres un cretino desvergonzado!

- Sí, bueno… Eriol es mi maestro. La vida es más fácil si la ves con sus ojos despreocupados. O eso espero…

- ¡Pues no te tomes tantas confianzas conmigo!

- Y lo dice la que se ha colgado de mi cuello todo el día, ha palmeado mi trasero desvergonzadamente y me ha robado un beso frente a todo el instituto. – vale, quería parecer confiado, pero debo admitir que hasta yo sentí arder mis mejillas. Porqué, aunque sólo fue un leve roce de labios, me sentí en una puta nube.

- ¡Eso es distinto! Estaba actuando. – Sí… eso lo tenía claro. Y me jodía más de lo que quería admitir.

- Ya, bueno. Y yo sólo bromeo. Así que deja de ser tan virginal y remilgada. No pega con tu edad. ¿sabes?

- ¡Yo no soy remilgada!

- ¿Entonces admites que sí eres virginal?

- Oh, eres… eres… – me reí por su expresión de apuro y finalmente me decidí a entrar. El calor del hogar me envolvió como una manta y suspiré mucho más relajado. Embromar a Sakura seguía siendo un pasatiempo agradable.

- Ya, ya. Cálmate, preciosa. ¿Vamos a tu cuarto?

- ¡Claro que no! He… he preparado el comedor. – me encaminé al lugar y tomé asiento con confianza, empezando a hojear sus libros. Tomé el de historia con una sonrisa y la miré de nuevo. Sakura se había quedado en la puerta sin saber que hacer o qué decir.

- Te invitaría a entrar, pero es tu casa. ¿Te vas a quedar en la puerta o nos ponemos a ello?

- No sabes cuánto te odio…

- Oh, sí lo sé… créeme… pero ya sabes lo que dicen. Del odio al amor…

- ¡Ni se te ocurra terminar esa frase!

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*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

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Miré el reloj sintiendo mis hombros tensos. Llevábamos dos horas seguidas estudiando la segunda guerra mundial y cómo afectó a la política japonesa actual. No era una temática aburrida, siempre me había gustado la historia bélica asiática, pero aún así, empezaba a ver borroso. Además, tenía que abordar varios temas con Sakura. Más peliagudos que el ataque Japonés a Pearl Harbor. Miré de reojo a mi compañera de estudio y suspiré. El flequillo le caía con gracia sobre la frente y mordía un bolígrafo rojo con fruición.

- ¿Qué te ha hecho el pobre bolígrafo? – disfruté de su confusión y el parpadeo de sus ojos y luego le sonreí ladinamente. – Si sigues mordiéndolo así, vas a llenar la mesa de tinta roja.

- Siempre lo muerdo cuando estoy concentrada. Antes me mordía las uñas, así que pensé que mordisquear un boli era el mal menor.

Sakura dejó a un lado sus libros y se estiró como una gatita remolona. Ese gesto me enterneció y a su vez, me secó la garganta. Y es que Sakura había dejado entrever un poco su abdomen y era sorprendentemente plano y atlético. La había visto con bañador y con ese diminuto traje de animadora. Pero ahora que la tenía tan cera, era aún más obvia su buena figura. Delgada y poco generosa en curvas, pero jodidamente atlética y esbelta. Aunque era un tapón, eso sí. ¿Qué mediría? ¿Metro cincuenta? Le sacaba al menos treinta centímetros.

- Esto… ¿Y Tomoyo?

- Hoy se ha quedado en la biblioteca. Quería estudiar también. – levanté una ceja, sorprendido.

- ¿Y por qué no te has quedado con ella? Daidouji es una buena estudiante (o al menos eso me dijo Eriol) podría ayudarte con tus estudios. Joder, van a la misma clase. Lo lógico sería que se ayudaran mutuamente – Sakura hizo una mueca divertida y cerró el libro de un golpe.

- Puede que Tomy sea un cerebrito, pero deja que te diga que es pésima enseñando. Además, cuando estamos juntas nos distraemos por cualquier cosa y Tomy acaba contándome todos los cotilleos. Nuestras notas bajan en picado. Está comprobado.

- Es curioso… no parece del tipo cotilla… contigo sí, porqué eres algo así como su hermana. Pero nunca me ha contado nada de nadie más…

- Ya, bueno… eres un tío… sólo ves lo que quieres ver. – me crucé de brazos y me recosté en la silla con una sonrisa torcida.

- ¿Y ese comentario amargo?

- No es amargo… es la verdad. Pero lo entiendo. Tomy es dulce, guapa y atenta. Siempre sabe que decir y además es muy femenina… es normal que te fijes sólo en eso. Todos lo hacen… aunque ella pasa de los tíos… o al menos de los de nuestro instituto… hasta creí que podía ser de la otra acera… - vi como Sakura se quedaba callada, pensando en sus propias palabras y me dije a mí mismo que no era el momento de hablar de Daidouji. Estaba claro que alguna espina tenía clavada la chica con su "casi hermana" y no iba a ser yo el que sacara ese tema a relucir. Menos ahora, que debía decirle sobre la gala.

- Bueno, no sé lo que pensaran los demás, pero a mí no me interesa Daidouji. Las tías "prototipo" no me van…

- ¿Prototipo?

- Es igual…

- No, no. ¿Qué quieres decir con tías prototipo? - ¿Por qué siempre me metía en camisa de once varas?

- Ya sabes… la chica que todos esperan. Guapa, femenina y sexy. De las que cuando pasan a tu lado pestañean coquetamente y te dejan un aroma a colonia cara. Ese tipo de chicas. No me van. Parecen fabricadas en serie. – vi como Sakura giraba la cabeza y levantaba una ceja y casi pude leer sus pensamientos. - ¿Qué? ¿No me crees?

- Para nada…

- ¿A caso estoy saliendo con alguna?

- No. Pero pensé que era porqué eres un amargado antisocial. No porqué no te gustaran las chicas guapas y sexys. ¿Tienes algún fetiche enfermizo que deba saber? – rodé los ojos. ¿Cómo habíamos acabado hablando de mis gustos por las mujeres?

- ¿Importa?

- No… supongo que no… Pero sentía curiosidad.

- ¿Y la metiche es Tomoyo? ¿Te pregunto yo por tus fetiches por los tipos afeminados y blanquitos que van a la universidad? – Sakura bufó, irritada y se levantó a la velocidad del rayo.

- Voy a preparar un par de tazas de chocolate caliente. ¿Te parece? – mis ojos chispearon de pura ilusión y Sakura se rio, haciendo que mi estómago diera un vuelco. ¡Malditas hormonas! Pero al menos habíamos dejado atrás esa incómoda conversación. – Veo que te apetece… ¿Sabes? Para llegar a tu corazón, creo que una chica sólo debe bañarse en chocolate…

- ¿Te estas ofreciendo para hacer cosas indecentes? – el sonrojo que cubrió sus mejillas me pareció exquisito y no pude evitar sonreír como un idiota. – Era broma Sak. Eres tan inocente…

- Ca… cállate… que tú te acuestes con todo lo que se mueve no implica que sea lo normal.

- Hablas sin saber, Sak. – me levanté lentamente, saboreando lo tensa que se había puesto por mi cercanía y me acerqué hasta que su oído quedó a tan solo unos pocos centímetros. - ¿No lo has dicho tú misma? Soy un amargado antisocial. No me interesa ir por ahí tirándome a cualquier chica. Claro que contigo… puedo hacer una excepción… - Sakura me apartó de un manotazo, con el rostro al rojo vivo y la boca temblando.

- No hagas ese tipo de bromas… demonios Li...

- Oh… ya vuelvo a ser Li… que poco ha durado el trato informal – rodó los ojos y salió en dirección a la cocina. Miré la mesa, plagada de apuntes, y me dije que yo también quería salir de allí. Así que la seguí en silencio y me quedé en el marco de la puerta, observando como preparaba un par de tazas y sacaba algunos postres de la nevera. Ella supo en todo momento que yo estaba ahí, pero no me dijo que me fuera, así que…

- ¿Te gustan las tartaletas de manzana?

- No especialmente… pero estarán bien. Tengo hambre canina – caminé en dirección a la mesa y me senté apoyando los codos. - ¿Las has preparado tú?

- No, mi padre.

- Oh, entonces sin duda las probaré ahora que ya no hay peligro de envenenamiento – Sakura dejó las tazas sobre la mesa con un golpe sordo y se cruzó de brazos chistosamente.

- ¿Nunca vas a dejar de meterte conmigo?

- No.

- ¡Qué paciencia!

- Si, tengo mucha. Pero tranquila, no eres tan insoportable… - la oí gritar algún insulto incomprensible y vi mi oportunidad. El ambiente entre nosotros volvía a la normalidad (es decir, yo la embromaba y ella se frustraba) y yo necesitaba soltar la bomba.

- Esto… Sakura… tengo que decirte algo… - sus ojos verdes se posaron en mi persona y de repente me sentí tenso. ¡Mierda! No debí hablar tan formalmente.

- ¿Qué ocurre ahora?

- Yo… eh… ¿haces algo este fin de semana?

- Trabajar y estudiar. ¿Por? ¿Tienes pensado algún plan contra Hatsumomo?

- No exactamente… o puede que sí. Siempre podemos matar dos pájaros de un tiro…

- ¡Suéltalo ya, Shaoran! Me pones nerviosa…

- Es que… este fin de semana una de las empresas de mi familia organiza una gala benéfica y tengo que asistir.

- Oh, bueno. ¿Y?

- Pues… mi madre me ha pedido que no asista solo.

- ¿Me estás pidiendo permiso para ir con una chica? No creo que sea necesario, sabes que todo es de mentira. Mientras Hatsumomo no se entere, a mí me da igual. – eso dolió más de lo que me esperaba.

- No es eso. Mi madre ha pedido específicamente tu asistencia. – la cuchara con tartaleta que se estaba llevando a la boca cayó al plato, manchando la mesa con compota de manzana.

- ¿Eh?

- Al parecer los rumores de que tengo novia ya han llegado a sus oídos y quiere conocerte. Y mi madre no pide las cosas. Ordena y espera obediencia…

- Disculpa… debo tener problemas de oído… ¡¿Qué?!

- Para eso me ha llamado antes… yo le he dicho que no podía obligarte, pero no sabes como de insistente puede ser mi madre… además, me ha amenazado…

- ¡No! No, claro que no. ¡Yo no soy tu novia! No puedo… no sabría ni siquiera qué hacer o qué decir…

- Sakura. Oficialmente eres mi pareja. Hatsumomo debe tener al día a mi madre de todo lo que pasa en ese jodido instituto y juega con ventaja. Además, me apuesto lo que quieras a qué esa harpía también asistirá.

- Pero… - tomé sus manos y la miré conteniendo mis propios nervios.

- Mira… no me importa demasiado lo que opine mi madre de ti o de nosotros. Pero… sí debes asistir. Yo estaré contigo en todo momento y no dejaré que se pase de frenada contigo.

- ¿Qué se pase de frenada?

- Sí.

- ¿Por qué iba a pasarse? No me conoce… - rodé los ojos. Era tan pura y casta…

- Digamos que mi madre no aprobará a ninguna chica que se me acerque… menos si… bueno… - noté como la ira crecía en sus ojos y supe que la había cagado de lleno (otra vez)

- ¿Sí qué?

- Bueno… si no es adinerada. Tiene la idea preconcebida de que toda chica que se me acerca es por puro interés económico. Y hasta la fecha, por desgracia, le doy la razón.

- ¡Pues dile la verdad! ¡Qué todo es una farsa por tu metedura de pata!

- No puedo hacer eso. Hatsumomo se enteraría y mi madre estallaría en llamas. Odia la mentira casi tanto como a la gente de clase media… No. Me haría volver a Hong Kong cogido por una oreja. Por el momento, prefiero que piense que eres un amor de instituto. Algo pasajero… curiosidad hormonal, ya sabes. - la ira que brillaba en esos ojos jade se apagó lentamente y me dije que debía encontrar mejores formas de expresarme con ella. Era un completo patán. – Sakura… no digo que lo seas… sólo digo que es mejor que ella lo piense así. Si le doy mucha importancia a lo nuestro, nos caerán las siete plagas y seguro que intenta sobornarte para que te vayas a vivir a Yemen.

- Ya… bueno, depende de la cantidad… hasta puede que me lo piense. Seguro que me tratan mejor allí… - ambos nos quedamos en silencio unos segundos, pero el ambiente se rompió con un suspiro de Sakura. – Tampoco es que importe mucho ¿no? Es decir… eso es lo que piensan todos, que sólo soy tu juguete. Así que supongo que una persona más no importa. Aunque sea tu propia madre. ¿Verdad? Tengo que soportar las miradas de un montón de chicas cada día, preguntándose que demonios has visto en alguien como yo. ¿Qué importa que tu madre también se lo pregunte?

- Sakura… - intenté que me mirara, pero se levantó marcando distancias y soltando mis manos. Una vez más, le hacía daño a ella y su orgullo. ¡Idiota Li!

- Pero… aunque por algún loco motivo me decidiera a asistir… yo no he ido nunca a una gala. Ni siquiera tengo algo decente para llevar puesto… y no puedo gastarme mucho dinero. Todo lo que gano, lo ahorro para la universidad. Daría la nota y sería peor…

- No te preocupes por eso. Espera, ya verás. Ahora mismo solucionamos ese tema. – No dejé que siguiera con sus excusas y saqué el teléfono de mi bolsillo y marqué el número de mi prima sin siquiera pensármelo dos veces.

- "¿Moshi moshi?"

- Hola Mei.

- "Pero si es mi primo favorito… ¿cómo llevas tu nuevo descubrimiento? Nuestra chica ya…"

- ¡Mei! Estas en el manos libres y Sakura está conmigo. – se hizo el silencio en la línea y observé la ceja alzada en el rostro de la castaña. Era ingenua, pero obviamente se había dado cuenta de que Mei estaba por decir algo de ella.

- "¡Hola Sak! ¿Aún con el lobo? Ya no están en el instituto ¿saben?… empezaré a pensar que les gusta estar juntitos… ¿la farsa se convertirá en realidad? ¿Es esto un cuento de Disney con un fueron felices y comieron perdices?" – rodé los ojos, molesto con la bocota de mi prima.

- Mei… eres insufrible…

- Será cosa de familia. – miré a Sakura tras su broma y esta me devolvió una risa de nariz arrugada. Pero tenía que ir al grano, así que seguí hablando.

- Mei. Te llamo porqué este fin de semana hay una gala benéfica en empresas Li.

- "Lo sé. Mi madre me obliga a asistir. ¿vendrás a buscarme?"

- Claro, pero no te llamaba por eso. Hatsumomo se fue de la lengua con mi madre, y quiere conocer a Sakura.

- "¡Hija de puta! Tú madre se la comerá viva. Sak, tienes que buscar una excusa para saltarte esa endemoniada fiesta a la de ya." – fruncí el ceño y vi palidecer el rostro de Sakura.

- Mei… no estás ayudando…

- "¿Qué? Sakura es una chica demasiado "real" para que tu madre la acepte y lo sabes. Aunque tu padre, por otro lado, la adorará… lo que enfurecerá aún más a tu madre…"

- ¿Qué soy una chica demasiado real? ¿Qué demonios significa eso Mei?

- "Nada malo Sak. Pero para Ieran Li, si no tienes una cuenta bancaria con más de ocho cifras, no eres nadie."

- Vale, vale. Deja de asustar a la pobre Sak. Mi madre no me ha dado opción. Sakura tiene que acudir o mis derechos serán… revocados. – vi la confusión en el rostro de la castaña, pero le quité importancia con la mano. – a lo que iba. ¿Puedes ir con Sakura a comprar algo adecuado? Te daré mi tarjeta.

- "Pues no" – ambos fruncimos el ceño y juro por dios que quise estrangular a la idiota que tenía por prima. – "¿Qué? Tenemos los exámenes a la vuelta de la esquina y dos competiciones de animadoras. Por cierto, Sak. Debes continuar con nosotras hasta que Matsuo se recupere"

- Maldita sea…

- "Así que no, no tengo tiempo. He de preparar las coreografías y asistir a dos reuniones con el maldito consejo estudiantil. Pero te pasaré una lista de mis tiendas favoritas y la puedes acompañar tú. Tienes un gusto exquisito para vestir. ¿no? Además… está comprobado que os gusta estar juntitos… - ambos permanecimos en silencio, sin saber que contestar a eso. - Y ahora si me lo permitís, os dejo. Tengo a mi madre tocándome las pelotas con no se qué maldito problema con la alfombra. ¡Nos vemos mañana! Y Sakura… respira hondo y coge fuerzas. Si Hatsumomo te ha amargado la vida, Ieran Li no lo pondrá mejor… es un grano en el puto culo"

- Estás hablando de mi madre Mei…

- "Cómo si tú no pensaras lo mismo" – oímos un ruido de fondo y una voz masculina que me pareció muy familiar. Así que fruncí el ceño aún más (si eso era posible) y tosí, molesto.

- ¿Ese que he oído es Eriol? Mei… si te estás acostando con él otra vez…

- "¡Tengo que dejaros!" – el teléfono se colgó en ese momento, dejando el pitido de la línea tras de sí. Me revolví el pelo intentando calmar mi ataque de ira y empecé a lanzar maldiciones contra cierto tipo inglés.

- ¿Mei y Eriol… son pareja?

- ¡Que va! Sólo que el muy cabrón moja el churro dónde no le toca. Mira que tirarse a mi prima… ¡Y en mis putas narices! Pero claro, como es un puto hijo de aristócrata, mi familia no pone pegas a eso… por fresca e indecente que sea Mei, mientras el chico que se la beneficie sea rico se hace la vista gorda… grrr… Odio su maldita hipocresía. – Sakura se llevó la mano derecha a la boca y abrió los ojos hasta límites desmesurados. - ¿Qué?

- Yo… creí que a tu amigo le gustaba Tomy.

- Oh, y le gusta. Es un mujeriego. Mei y él sólo juegan a los médicos. Pero dile a tu amiga barra hermana del alma, que ni se acerque a ese galán. Por su propio bien. – me levanté para despejarme un poco y caminé hasta la barra. La cocina era una de las zonas más amplias de la casa, lo que significaba que su padre pasaba muchas horas en ella.

- Tú… ¿Tú también te acuestas ahora con alguien? – casi me disloqué el cuello por la puta pregunta. Y mi cara pasó de pálida al jodido rojo granadina.

- ¿A qué demonios viene esa pregunta? – noté como los nervios se apoderaban de ella y muy pronto empezaba a tartamudear como una niña chica.

- Yo sólo… no me malinterpretes. ¡No me importa tu vida amorosa! Es que con todo lo que está pasando… si además se esparce el rumor de que me pones los cuernos… no sé si podré aguantarlo…

- No tienes qué preocuparte por eso.

- ¿Por qué eres discreto?

- ¡Por qué no me acuesto con nadie! Estoy harto de ese concepto que tienes de mí. Yo no soy como Eriol. No me acuesto con las tías que voy conociendo por ahí. Punto.

- Va… vale… no quería ser una entrometida… - el silencio se apoderó de la sala y vi cómo Sakura jugaba nerviosamente con la tartaleta de manzana. Yo ni siquiera la había probado, así que volví a la mesa y me senté a comer. Un solo bocado me deshizo por dentro. ¿Por qué los Kinomoto no eran pasteleros? Madre mía…

- Está muy buena. No soy mucho de postres de manzana, pero tu padre cocina muy bien. Si quiere financiación para abrir una pastelería, que me llame. – Sakura se ruborizó hasta las cejas y no comprendí su reacción. - ¿Qué he dicho ahora?

- En realidad… las he preparado yo. Pero no quería que dijeras algún comentario desagradable. – sonreí de lado, tomando otra cucharada.

- Pues está deliciosa. En serio. Eres una diosa de la repostería.

- Gra… gracias. – una vez más el silencio se apoderó de la sala y me sentí muy incómodo. Así que, tomé un trago del chocolate caliente y volví a centrarme en nuestro actual problema. Iba a abrir la boca, cuando fui interrumpido por ella. – Oye… ¿qué querías decir antes con lo de que tu madre podía revocarte tus derechos?

Fije mis ojos en los suyos y me pregunté hasta que punto quería que supiera mi situación. Me gustaba que me tratara como un chico más. Sin ser consciente de lo importante que era mi apellido. Pero llegados a este punto, quería comprobar si ella aceptaba bien esa parte de mí. Aunque me arriesgara a perder ese trato tan informal. A fin de cuentas, si quería "intimar" con la chica, debíamos saber más cosas el uno del otro. ¿No? Yo ya conocía muy bien a Sak. Tomoyo me había puesto en antecedentes. ¿Pero qué sabía Sak sobre mí? Nada. Apoyé todo mi peso en el respaldo de la silla y dejé ir todo el aire de mis pulmones. Le había contado algo de mi vida a Tomy… pero con Sakura se sentía muy distinto.

- Cuando me vine a Japón quise ir a un instituto público en vez de a uno privado. Estaba cansado de tantos niños de papá y de sonrisas falsas y amistades por intereses. Quería ser un chico normal. Así que le pedí a mis padres que me dejaran asistir al instituto de Tomoeda. Al principio se negaron, pero luego me dieron una oportunidad a cambio de ciertas… condiciones. Una de esas condiciones, era estar entre los primeros del curso, hacer clases extras y pagar la mitad de mis costes de mi propio bolsillo.

- Ahora entiendo porqué trabajas…

- Sí. Creí que sería un latazo, pero lo cierto es que me gusta. – Sakura dejó ir una risita alegre y me sentí a gusto hablando cotidianamente con ella. Lo cierto es que la chica sabía escuchar cuando quería. – También tengo que ocuparme de mí mismo y hacer la limpieza de la casa sin Wei.

- ¿Wei?

- Mi mayordomo – sus ojos se abrieron de nuevo y no pude evitar reírme. – Sí, Sak. Tenía mayordomo. Y dos niñeras y dos tutores particulares. Y mi familia posee dos mansiones en Hong Kong y varias decenas de propiedades por diferentes capitales del mundo. Entre ellas Nueva York, Londres, Barcelona, Tokio y Dubái. Aunque yo prefiero Austria…

- Dios mío… ahora sí que lo tengo claro. No pienso asistir a esa gala…

- Oh, sí lo harás. ¿No decías que debías empezar a sentir más confianza en ti misma? No tendrás oportunidad mejor que esta. Además, mi padre no es tan "estricto" con la procedencia de las personas. Y eso lleva de calle a mi madre, por cierto…

- Pero… yo le voy a parecer una hormiga. ¿Y Hatsumomo estará ahí? ¿Y tiene tanto dinero como tú? ¿Qué demonios hace en nuestro instituto?

- Pues, deduzco que es cosa de mi madre… desde que éramos unos críos, quiere que la familia de Hatsumomo y la nuestra se unan. Y un matrimonio entre los dos herederos, sería una forma más que válida. Aunque suene anticuado y estúpido… - tomé el último sorbo de mi chocolate y me dediqué a observar a Sakura. Parecía una niña perdida. - ¿Qué?

- Yo… es sólo que… no imaginé que tuvieras tanta presión. Un matrimonio concertado, un montón de empresas familiares… Pero, tienes hermanas ¿no?

- Cuatro.

- ¿Y ellas no son herederas?

- Tienen sus asignaciones. Pero no. Mi familia sigue las tradiciones antiguas chinas. Sólo un varón puede heredar las empresas.

- ¿Todas?

- Todas. – casi noté como el peso de mi realidad caía sobre ella y sentí compasión por la chica. – Ya te dije, que no sabías nada de mí, Sak.

- Yo… lo… lo siento. – me levanté, dándome el lujo de sentarme en la silla que estaba a su lado y tomé de nuevo su mano entre las mías.

- ¿Por qué? Por eso me vine a Tomoeda en vez de quedarme en Tokio con mis padres. Para tener trato con personas como tú, Sak. Que no conocieran mi fortuna ni mi apellido. Claro que no contaba con Hatsumomo y su club de fans. Creí que se iría todo a la mierda en cuanto la vi allí… mi madre tiene muy mal sentido del humor…

- ¿Fue tu madre la que envió a Hatsumomo a nuestro instituto?

- Eso creo. O al menos, lleva su firma. En verdad quise salir huyendo en cuanto vi que todo el mundo sabía sobre mi familia y mi posición. Pero sabía que eso era exactamente lo que había querido mi madre con esa estrategia retorcida y además… conocí a ese par de imbéciles que tengo por mejores amigos y decidí quedarme. Son unos capullos, pero no encontraras tíos más sinceros y desinteresados en el mundo entero. Me dieron confianza, no sé. – Sakura me sonrío de una forma muy maternal y por un momento, sentí como si tuviera centenares de gusanitos bailando en mi estómago. Era eso normal cuando se estaba… bueno… ¿enamorado? Tragué saliva y me removí el cabello, buscando algo de serenidad.

- Pero dices… que Eriol también es adinerado… ¿no es cómo los chicos que iban a esas instituciones privadas?

- Para nada. No es tan adinerado como mi familia o la de Hatsumomo. Y lo cierto es que es un caso aparte, vive a su modo. En realidad, él también se reveló y castigó a su madre asistiendo a este instituto. Pero en el fondo es un niño de papá y sigue con su paga intacta. Así que ahora mismo, tiene más efectivo que yo.

- Ya… no parece un tío estirado… pero no me acaba de caer del todo bien… - solté una carcajada y me apoyé en la mesa, mucho más confiado.

- Pues ahora ya lo sabes. Este es mi mundo. Al menos durante los próximos dos años. – Sakura jugó con sus manos y noté que tenía miles de preguntas en esa cabecita, pero no quería seguir hablando de mí y de mis múltiples propiedades y empresas. No con ella. - Mira Sakura, no tienes porqué conocer los detalles de mi familia o mi vida… a menos que así lo quieras. Mientras me trates igual que hasta ahora, todo estará bien entre nosotros. Prefiero ser el capullo de Li que te tiró a los lobos a Li el millonario con el que hay que tener cuidado porqué sino su familia te hundirá la vida.

- No pensaba cambiar mi modo de tratarte… además, no has necesitado a tu familia para hundirme la mía… - fruncí el ceño y sentí una punzada en el corazón. Otro reproche más a la lista… aunque Sakura debió notar el cambio en mi rostro, porqué enseguida tomó mi mano y me sonrío, causando estragos en mi interior. - Era una broma. Hoy has sido casi soportable… Shaoran. – sentí el calor subir a mis mejillas y aparté la mirada como un jodido cobarde.

- Yo… eh… supongo que, viniendo de ti, eso es un cumplido. - vi su sonrisa tímida y quise volver al ambiente en el qué ambos nos sentíamos cómodos. Me solté a regañadientes y puse mi mejor sonrisa traviesa – Aunque… ser un poco más agradable conmigo tampoco te haría daño… así para mí también serías casi soportable - su puño golpeó mi hombro con suavidad y me sentí a gusto de nuevo.

- Nah… a los perros hay que tratarlos con disciplina. Aunque sean mascotas de la realeza china.

- Tonta…

- Idiota…

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Continuará…

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Notas de la autora: Dios, dios, dios. ¿les gusta? Al final me ha salido kilométrico, pero a mí me encanta este desarrollo tan shojo... Claro que cuando creo que algo ha salido bien, la mayoría de las veces me dan con un puño en las narices, así que diré… bueno… podría estar mejor… jajajaja. Ya dije que sería un fic de tópicos. Jajajaja. Un beso a todas y todos y gracias de nuevo por su gran apoyo. Les dejo respuesta a sus reviews sin login.

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Guest (Aug 21): No sabes cuanto me alegra que te guste y de que la coloques entre tus historias favoritas. Espero que esta actualización también sea de tu agrado y que sigas leyendo y comentando. ¡Un beso super grande y nos leemos por aquí!

Ksakura Rostran: Pues sí, nuestro lobo esta coladito, coladito. Me encanta ponerlo todo nervioso y sonrojado. Jajajaja. A ver como llevan ahora lo de Ieran. ¿Y que hará ahora Hatsumomo? Mmmm… más en breve. Jejejeje. Espero que te gustara la actualización y de nuevo te doy las gracias por seguir leyendo y comentando mis historias cursis y locas, jajajaja. Un besote.

Guadalupe-fan de Luci (jajajaja): Lucifer es un amor, jajajaja. (y guapo… para qué negarlo… jajajaja) Me alegra que te gustara el capítulo, incluido el desahogo de Sak, jajajaja. Como ves esta actualización no es muy melosa, pero si tiene su gran avance. ¿No? A ver como llevan esto de actuar de novios melosos y la gala con Ieran Li… bufff… miedito me da. Un beso y gracias por leer y comentar amiga. Hasta pronto.