Notas: Me disculpo por el retraso y por mi ausencia. He tenido mucho trabajo y varias situaciones personales que me han impedido tener tiempo para escribir. No puedo prometer que publique puntualmente hasta finales de año, pero haré lo posible para ir actualizando. Lo que sí les puedo jurar, es que no dejaré esta historia inconclusa. Tarde más o menos, iré publicando hasta que este par de tontos se den cuenta de lo que sienten. Así que, por favor, tengan paciencia y sigan leyendo. Les agradezco su comprensión y les quiero. Un beso.

.

Mi fan número 246

.

Capítulo quince

.

Es un cliché, yo lo sé. No es amor

.

Me apoyé en el marco de la puerta con una sonrisa ladeada mientras contemplaba a mi "novio" dar una clase de artes marciales. Al fin era jueves noche y por suerte para mí, el instituto nos había dado un viernes libre por gestiones administrativas y dos jornadas de puertas abiertas. Así que, Tomoyo, Shaoran y yo habíamos quedado en ir de compras mañana antes de que empezara mi turno en el café. ¿El motivo? La jodida fiesta de gala de los Li. (léase el sarcasmo de mi entusiasmo…) El maldito perro chino se había empeñado en comprarme un vestido digno de su "novia" y Meiling no podía ni quería acompañarme porqué al parecer estaba muy ocupada retozando con Hiraguisawa… así que...

Pero antes de mi tortura a lo Pretty Woman, quedaba otra sesión de estudio con Shaoran y ese era el motivo por el que ahora estaba ahí de pie, viéndole entrenar con cara de boba. Cuántas horas al día ejercitaba para estar… bueno… ya saben… ¿tan cañón? Suspiré dando por perdida mi cordura hormonal de adolescente y di un repaso mental a la semana en un intento por no babear ante semejante espécimen de cuerpo perfecto. (si, vale… en el fondo, era igual que todas esas idiotas cursis que me acosaban… si ya lo sabía yo… la diferencia es que yo me esforzaba por no serlo)

Pero volviendo al tema, Shaoran me había ayudado todas las tardes con las materias más difíciles, y debía admitir, que era útil el muy pendejo. No sólo había avanzado un montón en historia, inglés y química, sino que además parecía que podría aprobar mi primer examen de matemáticas. ¡Todo un logro! Al menos algo bueno iba a salir de esa relación tan extraña que manteníamos. Y es que, desde que decidimos sacar adelante el plan maquiavélico de Tomoyo, Shaoran y yo éramos algo así como uña y carne. Siempre pegados el uno al otro. Y cuando digo "pegados" me refiero en su sentido casi literal. ¡Era agotador! Siempre colgada de su brazo y con una sonrisa falsamente empalagosa que atrofiaba los músculos de mis mejillas. ¡Toda una actuación digna de un Oscar! Perpetuamente condenados a las caricias y los abrazos forzosos… y dejen que les diga que es muy difícil fingir estar contenta cuando eres consciente de que todo ese "amor" no es más que una puta farsa Disney. A ver, no es que quisiera que fuera real, yo amaba a Yukito, pero aun así… tener todas esas… esas… experiencias nuevas con alguien que no siente nada por ti… ¡Y alguien como Shaoran! Guapo y sexy… pues… que es una maldita jodienda, vamos. Un golpe directo a mi estómago que a veces me hacía confundir la mentira con la realidad. ¡Y la adolescencia ya era una etapa muy confusa por sí sola! ¡No era necesario añadir a Shaoran Li a esa maldita ecuación!

Pero en su defensa diré, que no sólo no se había quejado, sino que parecía entregado a la causa. Al menos cinco chicas ya se me habían acercado intentando iniciar una conversación casual y los insultos por los corredores habían desaparecido casi por completo. Aunque el maldito foro seguía echando humo… pero ya ni siquiera me afectaba. Mientras mis amigas siguieran conmigo y el ambiente fuera soportable en el instituto, que dijeran lo que quisieran esas estúpidas locas. A mi me resbalaba todo su odio sin sentido.

- ¿Quieres una clase particular gratis, Sak? – el salto que di fue tan grande, que por poco golpeo mi cabeza contra el marco de la puerta.

- Joder, Shaoran. ¡Te odio cuando apareces así!

- No me culpes a mí, estabas en babia. ¿Estabas pensando en lo que te zamparías en la cena?

- En realidad, estaba pensando que me duelen las mejillas de tanto fingir que soy feliz con un memo por novio.

- Tonta.

- Idiota.

Ambos nos miramos sonrientes y me di cuenta de que, una vez más, me había quedado como una boba babeante por su culpa. ¡Céntrate, Sakura! ¡Por dios! ¡No te gusta Li! Es el idiota, egocéntrico y caprichoso de Li. ¡Sólo es algo físico! ¡Son tus estúpidas hormonas! Carraspeé, incómoda y entré al aula fingiendo total confianza en mí misma. Los alumnos estaban recogiendo sus cosas y no me prestaban atención.

- ¿Colaboras a menudo con estas clases? – Mi voz sonó débil y me maldije por ser tan infantil. Sentí como Shaoran se acercaba de nuevo y mis nervios afloraron sin control. ¿por qué me ponía nerviosa cuando lo tenía cerca?

- A veces. No me disgustan los alumnos y me va bien para mantenerme en forma, así que… - noté su mirada sobre mí, pero no me atreví a devolvérsela.

- Ya veo… no… no lo haces mal…

- ¿Qué no lo hago mal?

- Vale, vale… eres bueno…

- Soy jodidamente bueno. Te recuerdo que soy…

- Tricampeón en artes marciales. Sí, lo sé. – rodé los ojos e hice un gesto con la mano para restarle importancia al asunto. - Es difícil de olvidar si vas repitiéndolo a todas horas… eres un creído.

- Porque puedo. – le vi agacharse para tomar una toalla y tragué bien grueso siguiendo con los ojos todos sus movimientos. El muy cabrón parecía moverse a cámara lenta. El sudor le bajaba por el cuello y se perdía en esa camiseta de tirantes que le marcaba hasta el último músculo de su pecho y sentí el calor inundar mis mejillas. Casi podía oír a Tomoyo gritando un "kawai" de los suyos en mi puta cabeza.

- Yo… eh… supongo que tienes que ir a ducharte y esas cosas… te esperaré fuera para que vayamos a mi casa… ya sabes… a estudiar y eso… - esa sonrisa pillina que tanto me turbaba en nuestros "días de actuación" nació en sus labios y supe que acechaba un comentario fuera de tono.

- ¿Por qué vas a esperar fuera? No me vendría mal un masaje bajo la ducha… tengo los músculos algo agarrotados. Yo te estoy ayudando con las matemáticas ¿no? Sería lo mínimo por tu parte… eso y una buena cena- vale, puede que mi corazón se hubiera disparado y latiera a mil por hora, pero no por eso mi cabeza rebelde y sarcástica había dejado de funcionar. Sabía jugar tan bien como cualquiera (aunque me quemara un poco en el proceso)

- Hecho. Entonces será mejor que te duches en mi casa. No quiero que algún monitor piense lo que no es… ¿Nos vamos? Si tenemos que "limpiarnos mutuamente" antes de estudiar deberíamos darnos prisa.

Disfruté de la ceja que se levantó en su rostro, de verdad que sí. Pero la sorpresa le duró demasiado poco y me di cuenta, de que no estaba preparada para su destreza verbal. No… Shaoran Li era una araña y había tejido muy bien sus hilos. Y yo, confiada e idiota, me había convertido en el insecto que se había servido en bandeja de plata.

- Vaya, vaya… nuestra sesión de estudio será corta… porqué creo que mis músculos necesitan muuuucho mimo.

- Oh, es cierto… tenemos que estudiar… no podemos distraernos con… ya sabes… masajes. Entonces será mejor una ducha rápida aquí… en el gimnasio. Tú sólo. - hasta yo sentí vergüenza de mi mala táctica de huida. – Yo… eh… te esperaré fuera y… - Sus pasos fueron ágiles y rápidos y no pude hacer otra cosa más que quedarme allí de pie, esperando que sus labios se posaran en mi oreja para susurrar mi sentencia con esa voz ronca y sensual que ponía cuando quería alterar mis nervios. (qué últimamente, era siempre)

- Corre, corre cervatillo asustado… que no te atrape el lobo hambriento o serás devorada. – Sus dientes mordieron mi lóbulo y solté un grito agudo que inundó toda la sala. Le empujé con todas mis fuerzas sintiendo mis mejillas arder. Su risa inundó el lugar y fue entonces que noté que al menos diez alumnos seguían allí, observándonos con sonrisas chismosas.

- ¡¿Qué?! ¿No tienen mejores cosas que hacer? ¡La clase terminó! – todos salieron riéndose y cuchicheando y me sentí una idiota. (sí, más aún).

- Oye, no grites a mis alumnos. No tienes autoridad aquí.

- ¡Y tú te vas a la ducha! ¡Ahora! – el muy cabrón se carcajeó con fuerza y me tiró la toalla a la cara. El olor a sudor inundó mis fosas nasales y para mi sorpresa, no me asqueó en absoluto. ¿Es que en verdad era un dios y sudaba colonia el muy gilipollas?

- Tú te lo pierdes, "preciosa"

- ¡No estamos en el instituto! ¡No esperes que finja que estoy loquita por ti aquí! – Le vi dirigirse a la puerta para luego comprobar como salía tan campante y riéndose de mí. – Maldito perro chino narcisista…

- ¡Te he oído!

- ¡Era lo que quería!

Miré a mi alrededor buscando un lugar dónde dejar la toalla que ese idiota me había lanzado, pero no parecía haber ninguno. Así que la tiré al suelo, furiosa y me miré en los espejos del aula. Estaba toda roja por la vergüenza que había pasado y me sentí aún más patética. ¿Por qué me dejaba manipular así? No era una niña tonta… yo no… Puede que llegara a sintir algo parecido al aprecio cuando Shaoran me contó la historia de como llegó a Tomoeda y de su familia. Puede que sintiera curiosidad por cómo era el auténtico Li bajo esa capa egocéntrica y narcisista. Pero debía poner límites a mi "curiosidad" o me acabaría quemando de verdad. Pero es que… era demasiado. No estaba acostumbrada a tratar con chicos. Tenía a mis amigas y algunos conocidos. Puede que jugara al futbol en los descansos (antes, claro. Ahora estaba vetada por culpa de Hatsumomo) pero estaba muy lejos de sentirme cómoda con ellos. Li era mi primer "amigo" íntimo. Y maldecía al destino por ponerlo en mi camino sin estar preparada. Aunque si lo pensaba bien… ¿se podía estar preparada para convivir con alguien así? ¿Para fingir abrazos y caricias con… él?

- Malditas hormonas…

- Las clases han terminado. ¿Te has olvidado de algo? – di un salto sobre mí misma y ahogué un grito.

- ¡Joder! – bueno… puede que no lo ahogara demasiado…

- ¿Eres una alumna nueva o sólo te has apuntado a la clase de hoy porqué estaba el dios chino? Todas sois iguales… niñas estúpidas babeando por una cara bonita… – dos ojos verde oliva se clavaron en mí con desprecio y me sentí frustrada. Un tipejo había entrado en el aula y yo ni siquiera me había dado cuenta. ¿Cuánto llevaba como pasmarote frente al espejo? Y un momento… ¿me había insultado o me lo parecía a mí?

- Yo… eh…

- No te quedes ahí de pie. La clase terminó. Li ya no va a volver, así que deja el aula libre. Seguro que tienes mejores que hacer que ir siguiendo la estela de Li. – Ahora sí que me había cabreado.

- ¡¿Y qué sabrás tú de porqué estoy aquí?! ¡No soy una maldita acosadora! ¿Es que llevo tatuado algo en la frente y aún no me enterado? No soy la perrita faldera de ese idiota engreído. – el tipo parpadeó unas cuantas veces y para mi sorpresa, se echó a reír. Aunque era una sonrisa tosca y nada agradable. No como la sonrisa suave y sensual de Shaoran… ¡Maldita sea Sakura! ¡Deja de pensar eso a todas horas!

- Vale, vale. Perdona. No hace falta ponerse así. Pero… ya sabes lo que dicen… quién se pica…

- ¡No quiero nada con ese perro chino! – oí su risa (otra vez) y me crucé de brazos indignada. - ¿Te vas a reír de mí toda la puta noche?

- ¿Todos los críos de instituto son tan mal hablados como tú? – abrí la boca para protestar, pero no supe que contestar a eso ya que sí, lo éramos. - ¿Eso es un sí?

- Puede… - ese tipejo camino en mi dirección y recogió la toalla que había tirado para luego estudiarme sin ningún disimulo.

- Bueno… Y sino estás aquí por Li… ¿qué haces mirándote en el espejo y maldiciendo en voz alta? No eres una alumna habitual.

- Yo… eh…

- ¡Que elocuencia! – bufé, molesta y rodé los ojos. Tenía un imán para los tipos idiotas.

- Estoy esperando a alguien… eso es todo…

- ¿A quién? - ¿Y ahora cómo le decía que sí estaba esperando a Li después de mi discurso?

- ¿Y a ti que te importa? Y a todo esto… ¿Quién demonios eres tú?

- ¿Y tú?

- ¡Yo pregunté primero! – el chico se acercó hasta quedar a poca distancia y me extendió la mano con una sonrisa amable que no engañaba a nadie.

- Kaito Nanda. Soy el monitor de artes marciales. Li me ha sustituido hoy. Me había salido un curso importante.

- Oh…

- Y ahora es el momento en el que me estrechas la mano, finges ser amable y me cuentas quién eres y que haces en mis dominios, muñeca. – puse lo ojos en blanco y tomé su mano con toda la fuerza que me permitieron mis dedos. Pero eso sólo le hizo sonreír más.

- Sakura Kinomoto, monitora de natación infantil. Soy la compañera de Li y ni se te ocurra volver a llamarme muñeca. – sus cejas se alzaron y supe que ya se había hecho su propia película, como todos.

- Oh… la famosa Kinomoto. Yuko no deja de hablar de ti. Al parecer, eres la única que ha puesto en vereda a nuestro… ¿cómo le has llamado? ¿Perro chino? – sólo gruñí en respuesta. – Ahora sí que me ha picado el gusanillo de la curiosidad. ¿Sales con él?

- ¡No!

- Bien. Entonces… ¿Sales conmigo? – solté su mano bruscamente y le miré con todo el desprecio que pude.

- ¿Es que parezco una idiota fácil o algo? No salgo con tipos que no conozco.

- Eso no es un problema. Salgo en treinta minutos. ¿Vamos a tomar algo y nos conocemos?

- Estás loco.

- ¿Por querer salir con la niña que ha domado a Li? Ese gilipollas se merece que le quiten por una vez a la chica… ¿no crees? Aunque no sabía que tenía un fetiche por las de tipo infantil… ¿Cuántos años tienes? Aunque tu cuerpo no está nada mal…

Vi sus ojos lujuriosos recorrerme y no me digné a contestar. No es que estuviera acostumbrada a ese trato (más bien era Tomoyo a la que acosaban) pero no quería parecer un pajarillo asustado e indefenso. Además, me estaba provocando a propósito y lo sabía. Al parecer, Li también tenía sus enemigos. Supongo que era pura envidia. Puede que la chica que le gustaba a ese tipo le hubiera dejado por Li. Puede que todas las tías del gimnasio suspiraran por él y que los otros monitores le odiaran por ello. Sí… era lo más seguro. Pero, aunque a mí tampoco me gustaba la "popularidad de mi novio", era de idiotas culparle a él por ello. No era cosa de Shaoran que las chicas le siguieran a todas partes. Eso lo había aprendido ya. Li odiaba toda esa atención femenina tanto como yo. Cogí la toalla de sus manos en un movimiento brusco y me giré para irme, pero el muy capullo me tomó por el hombro. Así que hice lo que toda mujer con entrenamiento haría. Le retorcí el brazo y le miré con desprecio.

- Vuelve a tocarme y te lo rompo.

Pero claro, yo no recordaba que era el jodido monitor de artes marciales. En cuestión de segundos, estaba en el suelo con "don capullo" encima, inmovilizando mis piernas. Respondí de nuevo por inercia, alzando mis nudillos y golpeando su nariz. Pero me esquivó en el último momento y tomó mis muñecas con fuerza colocándolas sobre mi cabeza. ¡Cómo odiaba ser tan pequeña!

- Vaya, vaya… una fierecilla… de no saber lo que me hago, me habrías jodido el brazo… y la nariz.

- ¡Suéltame!

- Sólo si lo pides por favor. – Me removí sobre mí misma, pero sólo conseguí que el dolor de mis muñecas aumentara.

- Me estás haciendo daño… suéltame… - su rostro se acercó para susurrarme algo y vi mi oportunidad. Un golpe a lo "Zidane" frente con frente. Sentí el dolor, pero no me importó, porqué a él le había dolido aún más. Se tiró para atrás sobándose la cara y esta vez fui yo la que lo tiré al suelo con una llave. Quise ponerme encima, pero era imposible que le inmovilizara con mi tamaño. Así que sólo me quedé a un metro en posición de alerta.

- ¡Pero qué demonios haces! ¡Estás loca!

- ¿Yo? ¡Eres tú quién me ha inmovilizado en el puto suelo!

- Sólo estaba jugando… ni que me interesaras de verdad… malditas crías de instituto…

- ¡Eso no era un juego! Vuelve a acercarte a mí y te pateo el culo. ¿Entiendes? – Se irguió frente a mí y comprobé que al menos me sacaba cuarenta centímetros y no pude evitar retroceder levemente.

- ¿Eso es lo que le pone a Li? ¿Tú mal carácter? Porqué no es para nada atractivo en una niña.

- ¡Que te jodan!

- Y encima mal hablada…

- ¿Qué demonios está pasando aquí? – La figura de Shaoran apareció en la puerta y ambos nos giramos. El alivio recorrió mi espina dorsal y sin darme cuenta, corrí en su dirección. Su brazo me rodeó al instante y sentí el aroma de su champú. Tenía el pelo mojado y la piel húmeda. Me escondí en su pecho y sentí como se tensaba. No sabía si por mi abrazo (totalmente fuera de lugar) o por la rabia que sentía por el tipejo - ¿Qué puta mierda estás haciendo Kaito? – oí como ese capullo chascaba la lengua y quise romperle la frente de nuevo.

- Pero mira como corre a tus brazos. Sabía que, a pesar de sus palabras e insultos, era otra más detrás de tu cara bonita… aunque me sorprende que a esta le hagas caso, Li. ¿Qué tiene de bueno? Porqué solo veo una niña con buen culo y un par de ojos saltones. Hay tías mucho mejores en el gimnasio. Y menos peleonas… aunque tiene su encanto que se resistan un poco…

Shaoran me apartó con brusquedad y casi trastabillo y me caigo de bruces. En un santiamén se había cruzado toda el aula y ahora estaba justo frente a Kaito. Vi como le temblaban los hombros y me temí lo peor. Li era aún más temperamental que Touya.

- Mira Kaito, solo te lo diré una vez. Puedes jugar con todas las tías del gimnasio y acostarte con cuantas quieras, pero a Sakura la dejas a un lado. ¿Te ha quedado claro? – el muy capullo levantó sus manos a modo de rendición y soltó una risa divertida que me dio ganas de partirle la mandíbula.

- Vale, vale… no te enfurezcas. Yo sólo quería comprenderte tío… todas las tías del gimnasio hablan de tu interés por esa chica. Sólo sentí curiosidad, es todo.

Kaito rodeó a Li sin apartar su mirada de él, aun blandiendo esa sonrisa hipócrita y me tensé cuando pasó a mi lado en dirección a la salida. Se paró sólo un instante y de nuevo mi cuerpo saltó a un metro de distancia por acto reflejo.

- Un placer conocerte, muñeca. Espero verte en otra ocasión. Prometo no volver a ser "malo" contigo. No me desagrada tratar de vez en cuando con niñas inexpertas…

- Piérdete.

Le vi salir por la puerta y mi cuerpo se relajó al instante. Así que volví a mirar a Shaoran. Apretaba los puños y tenía la mandíbula tensa. Sus ojos desprendían puro fuego y supe que se contenía a duras penas. ¿Pero por qué se enfadaba tanto? La ultrajada era yo, no él. Sabía que éramos… bueno… amigos. Pero no era nada suyo para que se lo tomara de un modo tan personal. A fin de cuentas, sabía defenderme sola. Aunque se me hubiera olvidado por unos instantes al ir corriendo como una niña idiota a sus brazos. A todo eso… ¿Qué me había pasado?

- Lo siento.

- ¿Eh?

- Es mi culpa. Kaito me tiene algo de manía… su novia intentó ligar conmigo un par de veces. Yo no le hice ningún caso, pero al parecer eso les hizo romper. – lo que me imaginaba…

- ¿Y por qué te disculpas entonces? Fue ella, no tú.

- Me disculpo contigo, no con ellos. Mi trato especial contigo siempre te pone en problemas. No quería que te afectara también en el gimnasio. – era cierto, mi vida desde que Li apareció había cambiado mucho. Pero no todo era malo. Vi su mochila en el suelo y me agaché para tomarla. No quería seguir dando importancia a esa idiotez. Porqué a pesar de la humillación, eso había sido. Una absoluta y grandísima idiotez causada por celos y envidia. Todo en mi vida giraba entrono a esos dos defectos humanos últimamente y por desgracia, empezaba a acostumbrarme.

- ¿Nos vamos? – le vi parpadear, totalmente confundido.

- Yo… eh… ¿no te enfadas?

- ¿Debería?

- Es que… bueno… no sé que ha pasado exactamente, pero… yo creí…

- Deja de dar cosas por supuestas de una vez y vámonos. Tengo que aprobar ese examen de matemáticas, sea como sea.

Me giré sin mirar atrás y crucé la puerta. No quería más disculpas. No quería más "pobre Sakura" o "yo te protegeré". Estaba cansada de toda esa mierda. Había tomado una decisión. Seguir adelante con todo ese estúpido plan. Y no iba a romper a llorar cada vez que algo saliera mal o alguien se metiera con mi "amistad" con Li. Si el mundo estaba podrido, no era mi puto problema. Noté que Shaoran me seguía en silencio.

- Tu frente… está roja.

- Oh, es normal. Le di un cabezazo en cuanto se acercó a mí. – su mano me paró en seco y no pude evitar soltar el aire de mis pulmones. Otra vez había hablado de más.

- ¿Qué has hecho qué?

- Déjalo. – intente caminar, pero me paró de nuevo y esta vez, era Li el que me tenía acorralada. Solo qué en vez de tirarme al suelo, me había apoyado en la pared dejando sus brazos a ambos lados. Todo un deja vi – Esto se me hace familiar… ¿vas a amenazarme otra vez como cuando pensaste que te acosaba?

- Sakura… ¿Qué ha pasado con Kaito?

- Nada.

- Y una mierda. – Su rostro estaba tan cerca, que podía oler su aliento mentolado. No pude evitar reír y su ceja se levantó en señal de incomprensión. - ¿y de que te estás riendo ahora?

- Es que… hueles a menta. Siempre hueles a menta. ¿Eres adicto a los caramelos?

- No. Fumo mentolados. – Abrí los ojos desmesuradamente.

- Disculpa… ¿qué? ¿Fumas? ¡Tienes dieciséis años!

- Diecisiete. Recuerda que soy mayor que tú.

- Pero… pero… ¡Fumar es malo! – ahora era él el que se reía y me sentí idiota.

- ¿Te crees que no lo sé? Al final parecerás mi novia de verdad, Sak. – sentí el calor subir a mis mejillas y eso aún le hizo reírse más. – Eres adorable… ¿lo sabías?

- Yo no… yo no… sólo… me preocupo porqué… ya sabes. Soy tu amiga.

Su mano apartó un mechón de cabello de mi rostro y me quedé de nuevo allí de pie, anonada con su mirada ámbar. ¿Había dicho ya que los ojos de Li eran como dos mares de oro líquido? Preciosos… Cerré los ojos y me giré intentando centrar mi atención en un diploma que había a un lado. ¿Por qué me trataba así? No era tan atento con ninguna chica más. Lo sabía. La voz de Tomoyo diciendo que yo era "diferente" para Li me vino a la mente y quise morirme allí mismo.

- Me alegro…

- ¿Eh?

- De que al fin digas que somos amigos. – Maldita sea. No servía de nada mirar a otro lado si me hablaba con esa jodida voz sensual y ronca. Maldita Tomoyo y sus comidas de cabeza. Maldito perro chino y su rostro perfecto. ¡Tenía que salir de ahí! Me agaché saliendo a toda prisa de la prisión que había formado con sus brazos y casi corrí en dirección a la salida.

- ¡Vámonos de una maldita vez!

- ¡Sakura!

- ¡Que nos vamos!

.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

.

El ambiente del comedor estaba demasiado cargado para mi gusto. Li había estado callado desde que habíamos salido del gimnasio y sólo me hacía gestos para indicarme los ejercicios que tenía que practicar y garabateaba en una libreta los fallos que cometía. No es que el silencio fuera un problema para el estudio, pero empezaba a irritarme ver ese ceño fruncido (más de lo habitual) y su rostro huraño (sí, también más de lo habitual). Así que finalmente me desesperé y tiré el lápiz a un lado llamando su atención con el ruido.

- ¿Vas a estar así toda la noche? Tomoyo se ha quedado en casa de Rika para repasar, Touya tiene turno nocturno en la gasolinera y papá está de viaje en una excavación. ¡Hasta Kero parece que se ha ido a cazar ratones! Así que, sólo me quedas tú para entretenerme. Y para eso, es necesario, no sé… ¿hablar? – sus ojos me observaron sin levantar a penas el rostro y tragué pesado. No por miedo o vergüenza. Simplemente porqué era un gesto demasiado "sexy". Hasta para él. - ¡Y no me mires como si fueras a devorarme! – su ceja se alzó y vi como descansaba la cabeza en su mano derecha.

- No te he mirado de ningún modo.

- ¡Bien! ¡Por fin hablas! Y yo pensando que estabas cabreado.

- No estoy cabreado.

- ¡Pues habla!

- No es necesario hablar para estudiar. Así que cállate, concéntrate y deja que yo también repase mi temario. Puede que no lo recuerdes, pero también me examino la semana que viene. – Sentí mis mejillas enrojecer y asentí con la cabeza. Era cierto, Li también tenía que estudiar y yo sólo le robaba tiempo.

- Yo… es verdad. Lo siento. Perdona.

- Estudia. – el silencio nos inundó una vez más y noté que mi pierna no paraba quieta ni un segundo. Mis nervios seguían allí, y tenía que sacarlos de algún modo. Me mordí el labio hasta casi sangrar y retorcí mi cabellera luchando por estar centrada. Pero era imposible.

- Así que… no estás… ¿molesto? – le oí bufar, pero me hice la tonta. Si, era una pesada. ¿Y qué?

- ¿Crees que estoy molesto porqué no quieres contarme lo de Kaito? – asentí con la cabeza esperando su respuesta. – Si, estoy molesto. – volví a tirar el lápiz y le miré alterada.

- ¿Por qué? Soy perfectamente capaz de solventar mis problemas. Puedo con ese idiota y con treinta más de ellos.

- Pues no lo parecía cuando corriste a buscarme para lanzarte a mis brazos. – una vez más mis mejillas se volvieron dos farolillos de navidad y sentí la garganta seca.

- Yo no… no sé… fue un acto reflejo. No le des importancia.

- Ya. No tengo que preocuparme, no tengo que protegerte ni tengo que darle importancia a lo que te pase. Lo pillo. ¿Podemos volver a estudiar ahora? – Su voz de indiferencia me sacó de quicio (más aún) y con todo el descaro del mundo, cogí su libreta y se la cerré en las narices.

- ¡Te comportas como un niño al que le han negado un juguete! No quiero contártelo, porqué sé que harás una montaña de ello. Y no ha sido nada. Así que deja tu mala cara y tu mal humor fuera de esta casa. ¿Quieres?

- No.

- ¿Disculpa?

- Tu no quieres contármelo, yo no quiero estar de buen humor. Todos tenemos lo que queremos. – me llevé las manos a la cabeza conteniendo un grito de frustración y le miré. Sus ojos me observaban sin atisbo de calidez y sus labios formaban una línea recta perfecta en su rostro de adonis. Era la viva imagen de la apatía.

- No sabes cuanto te odio…

- ¿qué me odias?

- Sí. Te odio. No hay quién te niegue nada con esa… esa cara de dios perfecto chino y te aprovechas de ello. – ahora sí logré una reacción en él, y para mi sorpresa, no fue una risa de autosuficiencia o de arrogancia por augmentar su ego. No. Shaoran tuvo el descaro de ruborizarse y eso, joder, hizo que me pusiera yo aún más colorada que él. - ¡No te pongas rojo!

- Yo… eh… es que…

- ¡Sabes que eres guapo! Te lo repiten constantemente. Joder. Me estás haciendo sentir muy incómoda.

- Es que… es distinto cuando lo dices tú… - ambos nos quedamos mirando a un lado, evitando nuestras patéticas y vergonzosas caras. El silencio inundó de nuevo la sala y era más incómodo que antes. ¡Y yo pensaba que eso era imposible! Así que cogí aire, me rendí y me dispuse a hablar mientras jugueteaba con mi bolígrafo preferido.

- Kaito pensó que era una más de tus fans acérrimas. Cómo todos. – noté que sus ojos me miraban de nuevo, pero no quise devolverle el gesto. Mi voz temblaba y me sentía una idiota. – Así que quiso intimidarme. Quise irme… pero me agarró del brazo y le dije que me soltara… aunque no lo hice muy amablemente…

- Dime que no intestaste golpearle la nariz…

- ¡No! – mis mejillas ardieron como el mismo infierno, pero no pude evitar una risita. – Es decir… no al principio.

- Sakura…

- Le inmovilicé el brazo ¿vale? Nada más. No me gusta que me toquen…

- Eso lo he notado. Eres más arisca que un gato.

- Mira quién fue a hablar. – ambos nos miramos y esta vez, sí sonreímos. – En fin… pues eso. Le inmovilicé, el me inmovilizó, intenté golpearle la nariz, lo esquivó y en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, le golpeé en la frente con mi cabeza.

- ¡Pero mira que eres bruta!

- ¡Me tenía inmovilizada en el suelo!

- Es el profesor de artes marciales. Claro que te inmovilizó.

- ¿Vas a ponerte de su parte?

- No es eso… pero no puedes ir bloqueando los brazos de todo aquel que te coge un hombro, Sak…

- ¡Le defiendes!

- Ya te he dicho que no. Pero… eres algo agresiva… tienes que reconocerlo… ¿qué te había hecho para reaccionar así? ¿Te insultó? – intenté recordar que me había dicho, pero me resultó difícil.

- ¡Sí! Es decir… creo… ¡Seguro que sí!

- ¿Crees? Sakura…

- Deja de llamarme por mi nombre de ese modo. No soy una niña.

- Lo sé. – otra vez el calor me inundó el rostro y me levanté como un resorte, porqué no aguantaba más estar a solas con Li.

- Dejemos el tema. Voy a… voy a preparar ya la cena. Supongo que te quedas… creo que tengo comida para los dos.

- ¿Estas invitándome a cenar?

- Bueno… dijiste que era lo mínimo ¿no? Por… ya sabes… Ayudarme en matemáticas. – Shaoran se levantó y cruzó los brazos mientras caminaba en mi dirección cual felino.

- Estas algo rara…

- No es cierto. – estiró el brazo para coger mi mano y casi me caigo de culo al esquivarle. Sus ojos se me antojaron dolidos, y me di cuenta de que en verdad había sido algo histérica al rechazarle así. – Yo… eh…

- Lo sé. No te gusta que te toquen y ahora no estamos actuando ante todos nuestros compañeros de instituto. Vale.

El timbre sonó en ese instante y sentí un alivio inmediato. Así que dije alguna estupidez a modo de disculpa y salí a toda prisa en dirección a la puerta. Por primera vez en mucho tiempo los dioses se habían puesto de mi parte y me daban una salida a don perfecto Li. Necesitaba calmarme y ser de nuevo yo misma. Tanto abrazo y caricia fingida con Shaoran me tenía confundida. Sólo era eso. "Eso" y su físico. No era nada más. Un cliché. Abrí la puerta con energía y no pude evitar sonrojarme de la cabeza a los pies mientras sonreía como boba colegiala. ¡Perfecto! Ahora era una idiota completa.

- ¡Yukito!

- Buenas noches, pequeña Sakura. - oímos los pasos detrás de nosotros y ambos miramos la escalera. Li estaba apoyado en la barandilla con una cara más hosca de lo habitual. – Li…

- Tsukishiro. – no había que ser muy despierta para notar el mal ambiente, así que carraspeé y miré al hombre de mis sueños. (hablo de Yukito… no del perro chino, mal pensadas…)

- No te esperaba. Pasa, pasa… no te quedes en la puerta. – le vi pasar intentando calmar los latidos de mi corazón y aparentando toda la serenidad que podía en esos momentos. – Touya no está.

- Lo sé. He venido a verte a ti. Touya me ha dicho que la semana que viene tienes exámenes y que te está costando.

- Oh, no te preocupes por eso. Shaoran me está ayudando con los estudios. Por eso está aquí, conmigo.

- Ya veo… - una vez más el silencio inundó la sala y mis nervios no me permitían pensar cómo salir de esa situación. ¿Dónde se metía mi padre cuando más le necesitaba? – Bueno… entonces les dejo.

- Pero… ¿Por qué? ¿Qué querías?

- Eres tonta Sakura. Ha venido a ayudarte. ¿no lo ves? Todos saben que eres un cero a la izquierda en matemáticas. – me giré a toda velocidad y le dirigí a Li la mirada de odio más profunda del mundo mundial.

- ¡No soy un cero a la izquierda!

- Lo eres. Te lo digo yo, que he sido tu profesor. Tienes la cabeza muy dura, Sak…

- ¡Serás…! Yo no…

- Vale, vale… - Yukito tomó mis hombros con una sonrisa amable y me derretí como un helado en verano. Su rostro se acercó y pude oler su colonia. – No te dejes provocar, pequeña. Lo hace porqué te dejas.

- Lo sé… - mi corazón se puso a mil por hora cuando su mano acarició suavemente mi cabeza. Sabía que era un gesto de hermano mayor, pero aún así me dejaba anonada cada vez que lo hacía.

- Bien. Pues me voy. Pero les dejo la cena. – una bolsa de comida china se puso frente a mis ojos y sonreí de oreja a oreja. Yukito sabía que adoraba los tallarines de la "gran muralla". ¡Era tan maravilloso!

- ¡Gracias Yukito! Mis preferidos. Pero por favor, quédate a comer con nosotros. – Oí el gruñido de Li a mis espaldas y decidí ignorarlo. Era mi casa, e invitaba a quién quería.

- No, no. No quiero hacer mal tercio. Además, deben seguir estudiando. – Sus labios besaron mi cabeza y sentí todo el mundo rodar. Hacía muchos años que no me besaba en la cabeza. De hecho, hacía tanto que casi había olvidado que solía hacerlo cuando era una niña. – Buenas noches, pequeña Sakura.

- Yo… eh… vale.

- Li…

- Sí, sí. Lo que sea.

Le acompañé hasta el portal y me despedí entusiasmada. Yukito me había besado en la cabeza y me había traído la cena. De no ser por Li, ahora estaríamos cenando los dos juntos. Había pensado en mí… era tan… tan… Despejé mi cabeza agitándola con fuerza y me golpeé las mejillas. Debía entrar y volver con Shaoran. No podía quedarme ahí parada, fantaseando. Aún me quedaba mucho por estudiar. Así que salté los escalones del porche con una sonrisa idiotizada y entré a mi casa. Pero Shaoran seguía de pie en la escalera con cara de muy pocos amigos.

- ¡¿Qué?!

- Eres patética…

- ¿Disculpa?

- Ni siquiera disimulas. Es vergonzoso. Si ese universitario afeminado no se ha dado cuenta de tus sentimientos es porqué es idiota. O gay.

- ¡Yukito no es gay!

- Yo no me jugaría nada… sólo date cuenta de cómo te ha tratado. Cómo si en vez de una chica, fueras su mascota. Dices que odias que te toquen, pero mírate… toda embobada con ese tipo. Lo que decía… patético. – oh, no. Eso sí que no iba a tolerarlo. No iba a pedir disculpas por estar enamorada de Yukito. Si Shaoran era un memo sin sentimientos, era cosa suya. Pero no tenía que avergonzarme por ser humana.

- Mira Li, puedes meterte con mi cabeza hueca o mis arranques de loca peleona. Pero no voy a…

- Déjalo. No estoy de humor para discursos. Voy a por mis cosas.

Y así, sin más. Subió la escalera. Así que caminé, furiosa hasta la cocina y empecé a sacar los platos. Maldito lobo chino y su humor de perros. No comprendía sus cambios de ánimo. Se mostraba amable y distante. Alegre y huraño. Serio y sonriente. Y todo en menos de una hora. La vajilla resonó en la mesa y me di cuenta de que estaba empleando toda mi energía en mi tarea. ¡Y es que estaba cabreada! Sabía que mis cables se cruzaban cuando veía a Yukito, vale, pero eso no le daba derecho a meterse conmigo.

- Me ha salido algo para mañana. Mejor ve a comprar con Tomoyo. Te he dejado mi tarjeta en la mesa de tu cuarto. Puedes usarla. La contraseña está en un post it. – le miré con los ojos como platos. Se había puesto su chaqueta y llevaba la cartera colgada en su hombro derecho.

- ¿Te vas?

- Estoy cansado.

- Pero… pero… hay comida suficiente y…

- Sakura. No me apetece. Nos vemos en la fiesta del sábado.

- ¿Qué? Pero… la cena…

- No seas pesada. Yo también tengo que estudiar. ¿vale? Y no me dejas concentrarme con tus niñerías. Llama a Tsukishiro y que coma él contigo. Seguro que te apetece un millón de veces más.

- Yo no…

- Adiós.

Le vi desaparecer por la puerta aún demasiado aturdida como para reaccionar. ¿Qué demonios le pasaba ahora a ese imbécil? Y un segundo… ¿había dicho que mañana no vendría con nosotras a comprar el maldito vestido?

- Será idiota…

.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

.

Di la vuelta sobre mi misma una vez más sin saber que hacer ni que decir. El vestido que Tomoyo había elegido para mí, era hermoso. Pero seguía sin sentirme cómoda con él. Al final, Shaoran no pudo acompañarnos. Le salió una reunión con sus padres y nos dejo tiradas. O eso me dijo por mensaje cuando le recriminé que me dejara sola en casa con la mesa puesta y comida china para dos. Me sentí traicionada, y por eso había cogido su tarjeta de crédito sin contemplaciones y me había dedicado a cuidar mi imagen y mi estómago. Tomoyo y yo habíamos pasado un viernes feriado la mar de feliz a su costa. Ropa, comida y película con un montón de palomitas. Sí, todo a cargo de don perfecto Li. Y no me importaba que entrara en cólera cuando lo viera en su extracto bancario. Le estaba bien empleado, por idiota. Era lo mínimo por obligarme a ir a esa estúpida gala y por dejarme sola con la elección del vestido. Porqué eso era lo peor de todo. El maldito vestido. ¿Y si era demasiado elegante? ¿Y si lo era demasiado poco? ¿Y si había que llevar un vestido largo y no ese tan corto?

- Deja de poner esa cara de asco. Estás preciosa. Shaoran va a babear en cuanto te vea. Lo que me recuerda… ¿Cuándo viene?

- En diez minutos.

- Perfecto.

- ¿No es muy corto? – Sentí la mirada de Tomoyo sobre mi persona y la vi asentir. Me puse a cien - ¡Lo elegiste tú!

- Lo sé, lo sé. Es que te quedaba tan bien… pero es cierto. Puede que sea algo corto para la ocasión. Pero con el fular que te he comprado nadie mirará tus piernas. Es divino.

- ¡Tomoyo! – la vi reírse despreocupadamente y quise estrangularla.

- Ya déjalo, Sak. Es perfecto. Realza tu figura y pareces más alta.

- ¡Es por los tacones! Voy a torcerme el tobillo, seguro.

- Pero si no son tan altos…

- ¿Qué no? ¡Miden diez centímetros!

- Es que eres tan bajita…

- ¡Tomoyo!

- Vale, vale. Puede que sean altos y puede que el vestido sea corto. ¿Y qué? No eres su novia de verdad ni te importa la opinión de sus padres. Te pasaste todo el viernes repitiéndolo como un loro. Así que deja de preocuparte por si quedas mal.

- ¡No me importa la opinión de sus padres! Pero… - miré mi reflejo una vez más y suspiré. – Pero no quiero quedar en ridículo frente a todo el mundo…

- Di más bien que no quieres quedar en ridículo frente a tu perrito chino. – rodé los ojos una vez más y solté todo el aire acumulado en mis pulmones. – Sakura… estás preciosa. Esa Hatsuperra se va a morir de la envidia y tu serás la cenicienta de la gala. Así que deja de preocuparte.

- Es que… no puedo. No sé nada de fiestas ni galas. ¡hasta me he bajado un curso de buenos modales por internet! – oí la risa de mi mejor amiga y no pude evitar seguirla esta vez. – Estoy nerviosa Tomy… no soy… no estoy…

- Calla. – la voz suave y maternal de Tomoyo me inundó por completo y me abracé a ella con fuerza.

- Tengo miedo…

- Lo sé. Pero sólo es una estúpida gala. Y Shaoran y Meiling estarán contigo. No van a dejar que nada malo te pase.

- Vale…

- Y ahora deja de apretujarme así. Puede que a ti no te importe arrugar tu vestido, pero yo tengo una apariencia impecable por mantener.

- ¡Mierda! ¿Se ha arrugado? – oí su risa una vez más y por fin el timbre de la puerta resonó por la casa. – Oh… dios… es Shaoran.

- Debe ser…

- No estoy preparada. – sentí las manos de Tomoyo en mi rostro y ambas nos obligamos a respirar hasta calmarnos.

- Shaoran cuidará de ti. ¿Sabes por qué?

- ¿Por qué sino vas a cortarlo en pedacitos y a repartirlos por correo ordinario por todo el continente? – ambas soltamos unas risas y nos miramos más calmadas.

- Por eso… y porqué le importas.

- Tomoyo…

- Le importas, Sak.

- Si ni siquiera me acompañó a comprar el jodido vestido para la estúpida gala… está todo en tu cabeza…

- El tiempo me dará la razón. Ya lo verás. Y ahora, apresúrate o Touya le cortará la cabeza.

- ¿Está Touya en casa? ¿No tenía turno?

- Lo ha cambiado para amenazar a tu pareja de baile.

- ¡Mierda!

Salí escaleras abajo y casi me mato al llegar al último escalón. Los tacones eran demasiado altos para mi equilibrio y yo ya era una patosa de por sí. Pero unos brazos fuertes y cálidos impidieron mi caída. Así que levanté la vista y casi pierdo la respiración al ver sus ojos. Era imposible no sentir nada al mirarlos. Fuego y oro. Caí en la cuenta de lo guapo que se veía y lo tonta que era yo.

- Eres una patosa… ¿lo sabías? – me aparté bruscamente y miré a un lado intentando disimular mi sonrojo. ¡Era demasiado guapo el muy cabrón! Casi había olvidado por un segundo que me había dejado tirada.

- Son estos estúpidos tacones. – sentí su mirada recorriéndome por entero y quise esconderme tras el maldito sofá. - ¿Estoy… fatal? Es muy corto… lo sé… es que…

- Cállate, Sakura. Estás preciosa. – sus labios formaron una perfecta sonrisa y sentí que las piernas me fallaban de nuevo. Y está vez no eran los tacones. Era una idiota boba…

- Hoe…

- ¿Eh?

- Nada… yo… no es nada. ¿Y Touya? – Shaoran miró a un lado y me señaló con su mano el comedor. En la puerta, mi hermano nos contemplaba con cara de pocos amigos. Pero para mi fortuna no estaba solo. Yukito se había quedado con él para calmarle. Y funcionaba. – Yo… eh… vámonos antes de que entre en cólera.

- No podría estar más de acuerdo. – tomé su brazo con fuerza y me despedí a toda prisa sin mirar atrás. El coche nos esperaba en la puerta con una sonriente Meiling ataviada de rojo y al fin me relajé un poco. Su vestido era tan corto cómo el mío y tenía un escote mucho más pronunciado.

- ¡Mei! Gracias a los dioses… estoy tan nerviosa. – no me atrevía a soltar a Li por miedo a trastabillar, así que casi lo arrastré hasta ella. Sólo oí su risa burlona y me obligué a ignorarla. No podría soportar eso toda la noche. Su voz, su rostro perfecto y el olor dulzón de su colonia. Malditos casanovas ricachones. Joder, si hasta Mei parecía sacada de una revista. Seguro que todos pensarían que era su hermana pequeña en cuanto llegara a la jodida fiesta.

- Estás preciosa Sakura.

- Pero que dices… tú estás preciosa. Yo parezco una mona vestida de seda…

- Por como te mira mi primo, no lo creo…

- Mei…

- Lo sé, lo sé. ¿Nos vamos? – miré en dirección a la puerta y tragué grueso. Mi hermano, Tomoyo y Yukito me despedían en la puerta. Bueno, Touya gruñía y fulminaba a Li con la mirada, pero era su forma de decirme que me quería. Me despedí con la mano y dejé que Shaoran me ayudara a entrar al coche (o más bien limusina).

- Parece que vamos al baile de graduación… ¿siempre vais en limusina a las galas? – Mei me sonrío y tuve que hacerme a un lado en cuanto Shaoran se sentó. El aroma de su colonia inundó de nuevo mis fosas nasales y no pude evitar sonrojarme por su cercanía causando una sonrisa en Mei.

- Ya te acostumbrarás…

- No lo haré… nunca. – Vi la sonrisa picarona pintada en esos ojos rojos y me temí lo peor. - ¿Qué?

- ¿Y bien?

- Y bien ¿qué?

- ¿Qué ha dicho ese universitario de melena gris de tu vestido? ¿Le ha gustado?

Abrí los ojos por la pregunta y me di cuenta, de que ni siquiera me había preocupado por eso. Sólo podía pensar en lo guapo que se veía Shaoran y en que quería salir de allí a toda prisa para que Touya no le hiciera nada. Ni siquiera pensé en que estaba arreglada y vestida para la fiesta ni en si Yukito pensaría que estaba guapa.

- Yo… eh… no lo sé…

- ¿No le has saludado y te has pavoneado frente a él para que se diera cuenta de lo guapa que estás? ¿En serio? No tienes ni idea de cómo flirtear Sakura… - eso era cierto, pero… no fue eso. Simplemente, ni lo pensé.

- Yo no… no lo pensé. Sólo quería salir de allí para que Touya no pegara a Shaoran.

- Oh… así que protegiendo al lobito…

- Mei, deja tu cháchara absurda y métete en tus cosas. ¿Quieres? – miré a Li tras sus palabras y sentí el ardor en mis mejillas. Menuda noche me esperaba…

- Es sólo que me parece interesante… yo me habría cogido de su brazo y le habría enseñado todo el escote de…

- Mei. Cállate.

Miré por la ventana intentando parecer concentrada en el paisaje. Pero sólo quería huir de la conversación. Las luces de la ciudad pasaban a toda prisa y me concentré en ello. No servía de nada comerme la cabeza con todo lo que estaba pasando en mi vida los últimos días. No quería pensar más en Shaoran y lo absurdo de todo lo que traía fingir ser su novia. Ni siquiera podía pensar en algo coherente así vestida, camino a una maldita gala de lujo en la que conocería a sus padres. No estaba preparada para asumirlo. Ni quería hacerlo. Era una niña de dieciséis años normal y corriente, enamorada del mejor amigo de su hermano. Nada más. Li no estaba en mis planes ni en mi vida. Sólo era algo… temporal. Pasajero. Le miré por el rabillo del ojo y sentí el calor en mis mejillas. Su cabello lucía como siempre. Pero sus ojos se me antojaron más brillantes que nunca. Se giró para mirarme y di un salto sobre mí misma.

- ¿Ocurre algo?

- Nada. – le vi suspirar y pronto sentí como me tomaba de la mano para apretarla con fuerza.

- No tengas miedo. No me separaré de ti ni un segundo.

- ¿Lo prometes? – y me sonrío. Una sonrisa de verdad. Cálida y amable.

- Te lo prometo, Sakura. – y me quedé ahí, sentada y embobada. Maldito Li, maldito cliché… ni que esto fuera amor.

- Kawai…

- Oh, por dios. ¡Cállate Meiling!

.

Continuará…

.

Notas de la autora: Bien. Hasta aquí hemos llegado. Cómo ven, todo un S+S y muchos sentimientos confusos por parte de Sakura. Es un capítulo algo corto y lo siento porqué sé que han esperado mucho. Sólo deseo que les guste y no me tengan en cuenta la espera. En verdad voy muy atareada y sólo espero que la cosa se normalice lo antes posible. No puedo prometer contestar a sus reviews puntualmente, pero intentaré hacerlo cuando pueda. De nuevo gracias por su tiempo y su paciencia y les deseo lo mejor. Un beso muy muy grande. Nos vemos en el siguiente. ¡La gala!