Notas de la autora: Perdón por la demora. Aquí les dejo a nuestro lobo y sus sentimientos. Cómo siempre, me ha poseído su corazón melancólico, así que puedo decir que el capítulo ha salido más sentimental de lo esperado. Quería que esta historia fuera fresca y alegre, y lo será, lo juro. Pero me he permitido un pequeño momento de reflexión en este capítulo. Deseo que les guste y hablamos al final. Gracias de nuevo por su paciencia.

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Mi fan número 246

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Capítulo dieciséis

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Cenicienta

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Lancé con rabia el Tokyo Journal y oí el estruendo que causaron los papeles al dispersarse por mi diminuta habitación. Miré a mi alrededor buscando con frenesí algo que calmara mi ira y mis ojos se pararon en un paquete de cigarrillos mentolados que había dejado descuidadamente sobre la mesita de noche. Lo agarré casi con desesperación y gruñí como un animal al comprobar que estaba vacío. Lo tiré con la misma furia de la que había sido víctima el jodido periódico y me senté en la cama, intentando calmar el dolor que empezaba a martillear mi cabeza. Una jaqueca estaba al caer y una vez más, me había olvidado de comprar el maldito medicamento.

- Joder, ni siquiera sé dónde hay una puta farmacia en este pueblucho de mala muerte.

- Bonita fotografía. – giré mi rostro para dedicarle a mi prima una mirada de profundo odio. Había cogido el artículo de la portada y lo miraba con una sonrisa ladeada– El heredero de los Li y su pequeña "cenicienta". Se han pasado un poco con el titular…

- ¿Tu crees? – noté la mirada herida de Mei y me di cuenta de que mi tono había sido más desagradable de lo normal. No quería ser tan brusco, pero en verdad no tenía ánimos para visitas. Aunque fueran de ella. - ¿Qué haces aquí, Mei? ¿Tengo que quitarte la jodida llave?

- No seas tan gruñón. Vine a ver como ibas. Al terminar la gala parecías un puto zombi. Hasta Sakura se dio cuenta y también estaba muy rara. Sé que pasó algo entre ambos. No me lo puedes negar. Así que cuéntame que te ha hecho esta vez nuestra dulce flor.

- Nada. Estoy bien – sus cejas se alzaron y supe que ni siquiera había intentado sonar convincente. – Vale, no lo estoy. Pero no puedes hacer nada por mí.

Miré en dirección a la ventana y dejé que todo el aire de mis pulmones saliera liberado. Al parecer lo había estado reteniendo y no me había dado cuenta. Oí los pasos silenciosos de mi prima y noté como la cama cedía bajo su peso. Se había sentado a mi lado y el aroma de su perfume me distrajo por unos instantes.

- ¿Qué ha pasado Shao? Todo iba bien en la gala… mejor de lo que jamás pensé, en realidad. Ieran ni siquiera insultó a Sakura. Luego te perdí de vista unos instantes y para cuando volviste… estabas totalmente perdido en tu mundo.

- No es nada…

- Shaoran… te irá bien desahogarte con alguien… y ¿sabes? Ahora mismo, sólo estoy yo…

Rodé los ojos para aliviar mi frustración y me llevé las manos al entrecejo. Ahí estaba el dolor de cabeza. Había llegado y tenía algo en contra de mi ceja izquierda, porqué me palpitaba exageradamente. Pero Mei estaba en mi piso para obtener respuestas y no se iría hasta tener todos los putos detalles. Y yo quería que se fuera, necesitaba que se fuera. Aún si tenía que contarle a mi prima el monstruo en el que se había convertido mi madre. Porqué, sí. Ieran Li había demostrado que en su pecho sólo había un órgano que bombeaba sangre al resto del cuerpo. Un corazón funcional, sano y normal en apariencia, pero que no albergaba ni rastro de una jodida alma.

Me recosté en la cama, dejando que mis pensamientos viajaran de nuevo a la maldita gala. Y no pude reprimir una sonrisa, pues ahora que intentaba mirarlo con perspectiva, me daba cuenta de que no todo había sido un infierno. Ni mucho menos. De hecho, de no ser por el puto final de la velada, la noche habría sido de lo más agradable.

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Cuando la vi bajar por la escalera apenas pude reprimir un grito de asombro. Sakura se había esmerado y lucía espectacular. El vestido era sencillo, pero realzaba todos sus puntos fuertes. Jamás pensé que pudiera sentarle tan bien el color negro teniendo en cuenta lo pálida que era su piel. Tragué pesado y me limité a seguir su caminar intentando disimular el efecto que causaba en mí entrepierna. Pero Sakura era… bueno… Sakura. Y trastabilló justo en el último escalón. Mis brazos se movieron por acto reflejo y pronto me vi rodeando su cintura.

El calor se extendió a gran velocidad por todo el cuerpo y me sentí perdido en esos ojos verdes. ¿Siempre habían sido tan brillantes? ¿Tan puros? Eran grandes y vivaces, pero… ¿desde cuando combinaban tan bien con sus diminutos labios? Recordé el sabor esplendoroso de esa boca y mi amigo de la parte baja me hizo su peculiar saludo. Me aparté, azorado y carraspeé inconscientemente. ¡Me estaba comportando como un maldito imbécil hormonado y si ella se daba cuenta moriría de la vergüenza!

- Eres una patosa… ¿lo sabías? – vi su sonrojo y no pude contener una sonrisa fugaz.

- Son estos estúpidos tacones

Entonces me di cuenta de que en verdad lucía más alta. No me mal entienda, seguía siendo un tapón, pero con esos zapatos lo disimulaba increíblemente bien. Y joder… la falda era demasiado corta. Una chica con esas piernas no debería lucir una falda con tan pocos centímetros de tela. Todos se quedarían mirándola, babeando. Y mis celos indiscriminados pasarían una mala noche por su causa. Mis ojos se perdieron en su estrecha cintura y recordé lo bien que se sentía tener mis brazos a su alrededor.

- ¿Estoy… fatal? Es muy corto… lo sé… es que…

- Cállate, Sakura. Estás preciosa. – Y lo estaba. Demasiado en realidad. ¿Cómo iba a controlar mis impulsos ahora? A fin de cuentas, me moría por hacerle de todo. ¿Qué quieren que les diga? ¡Tengo diecisiete años! Pensar en sexo a todas horas es lo normal.

- Hoe… - el sonido infantil que salió de sus labios cortó mis pensamientos y di gracias por ello, porqué no era buena idea estar mirándola como un lobo hambriento cuando su hermano rondaba cerca.

Tras mi desliz mental de pervertido adolescente, Sakura me sacó de su casa a toda prisa. Supuse que fue en un vano intento por protegerme de la ira de su hermano (o cómo ella decía muy acertadamente, "la ira de Troya") Pero lo cierto es que no le tenía ningún miedo. El tipo me causaba cierto desagrado, pero sabía cómo enfrentarme a un gilipollas, celoso y descerebrado como él. A fin de cuentas, muchos me habían acusado de robarles a sus novias, aunque nunca comprendí del todo la causa. Ni siquiera sabía los nombres de las susodichas chicas y en ocasiones, ni recordaba haberlas visto siquiera. Todo estaba en su puta cabeza y yo era la diana perfecta. Era mejor pensar que yo las había seducido a reconocer que los habían dejado por memos. Aunque, para ser totalmente sincero, aún no me había enfrentado a los hermanos. Eso era terreno por descubrir. A fin de cuentas, a pesar de mi fama infundada de casanova, jamás había salido con una chica.

Sakura me arrastró hasta el coche y la oí parlotear con Mei de lo nerviosa que estaba. Quise desconectarme de la conversación y en cuanto el maldito vehículo se puso en marcha, me dediqué a contemplar el paisaje. Pero la voz irritante de mi prima no tardó en sacarme de mi ensoñación.

- ¿Y bien? ¿Qué ha dicho ese universitario de melena gris de tu vestido? ¿Le ha gustado? – miré de reojo la reacción de "mi novia" y sentí como el corazón se me aceleraba. No quería oír la respuesta. No quería ver como se ruborizaba por ese imbécil afeminado. Ya había tenido suficiente con esa estúpida noche que le trajo la cena y ella se derritió como si fuera malvavisco fundido. La muy estúpida…

- Yo… eh… no lo sé. – ¿Cómo que no lo sabía? ¿No le había hecho todo un pase de modelos antes de que yo fuera a buscarla y se había lucido con sus preciosos sonrojos y esa sonrisa de mil quilates? ¿Ni siquiera le había pedido su opinión? Vi el asombro en el rostro de mi prima y supe que yo debía lucir exactamente igual de pasmado que ella.

- ¿No le has saludado y te has pavoneado frente a él para que se diera cuenta de lo guapa que estás? ¿En serio? – ambos vimos a Sakura negar con la cabeza - No tienes ni idea de cómo flirtear Sakura… - noté como mis labios se curvaban en una sonrisa satisfecha. Claro que no sabía ligar con tipos universitarios. Sakura era demasiado infantil para esas cosas. Puede que ligara bien con los niños de primaria si se lo propusiera… nah, ni siquiera con ellos. Aunque si lo pensaba bien, tampoco le hacía falta. Tenía a Yue babeando por ella… maldito Jack Escarcha…

- Yo no… no lo pensé. Sólo quería salir de allí para que Touya no pegara a Shaoran. – Mi corazón volvió a la carga y tuve que apartar el rostro para que no notaran mi reacción exagerada. ¿había pensado en mí antes que en don universitario? ¿Por qué? El alíen que vivía en mi estomago dio un brinco de pura felicidad.

- Oh… así que protegiendo al lobito… ¿eh?

El sudor empezaba a impregnar mis manos y de repente me di cuenta de que no había sido buena idea ir en el mismo coche que Mei. Mi prima tenía un don por sacar a la luz todas mis partes más vergonzosas. Y conociéndola, estaba a punto de decir algo inapropiado que me pondría en una situación compleja de la que luego tendría que salir solito.

- Mei, deja tu cháchara absurda y métete en tus cosas. ¿Quieres? – sentí como los ojos de Sakura se clavaban en mí y tuve miedo de que pudiera leer mis pensamientos. Y es que ahora mismo mi cabeza sólo podía pensar en ella. Joder, ahora y a todas horas.

- Es sólo que me parece interesante… yo me habría cogido de su brazo y le habría enseñado todo el escote de…

- Mei. Cállate.

La vi sonreír tras mis bruscas palabras, encogiendo sus hombros y al fin el silencio reinó en el maldito coche. Pero de repente me pareció demasiado "silencio" teniendo en cuenta con quién estaba. Así que observé a Sakura de reojo una vez más. Miraba por la ventana y parecía serena, pero ya la conocía demasiado bien para creérmelo. Sabía que tenía la mala costumbre de estrujar sus dedos con fuerza cuando estaba tensa y ahora mismo, sobre ese precioso vestido, sus manos no paraban quietas. Sentí sus ojos sobre mí y le sonreí. Pero eso sólo la puso más nerviosa. (y me encantó que mi sonrisa la pusiera tan tensa)

- ¿Ocurre algo?

- Nada – obviamente no me creí ni una palabra así que solté un suspiro cansado y la taladré con mi mirada inquisidora. Sabía que estaba aterrada. Mi mano se movió sin mi consentimiento y pronto me vi apretando sus dedos con suavidad. El rubor se extendió por sus mejillas y me dije que esa noche debía centrarme sólo en hacer que Sakura se sintiera cómoda. La velada pintaba de pena y ella me necesitaba. No podía estar pensando a cada rato en cuanto deseaba besarla o en sí mis estúpidos sentimientos (aún no definidos del todo) eran correspondidos o no.

- No tengas miedo. No me separaré de ti ni un segundo.

- ¿Lo prometes? – Su voz se escuchó tan pérdida y frágil, que no pude evitar sonreír cariñosamente. Joder, era cómo una niña… una de ojos hermosos, sonrisa suave, piernas de diosa y un culo que… pero… una niña, a fin de cuentas. Y eso despertaba un instinto protector que ni siquiera sabía que tenía. Al final Eriol tendría razón y era un puto pederasta.

- Te lo prometo, Sakura. – dejé que su nombre languideciera en mis labios y por un momento me olvidé de que Mei estaba observándonos. Hasta que la muy idiota soltó su bocaza.

- Kawai…

- Oh, por dios. ¡Cállate Meiling!

No solté su mano en todo el trayecto, ni siquiera cuando llegamos a la puerta principal del maldito "Imperial Hotel Tokio". Miré por la ventana y me di cuenta de que había muchos periodistas revoloteando alrededor de una alfombra en tonos plateados dispuesta para la ocasión. Típico de mi madre… La puerta de la limusina se abrió y sentí como Sakura me soltaba la mano entre temblores.

- ¿Sakura?

- Yo… yo… no quiero salir así.

- Así… ¿cómo? – sus ojos tintinearon avergonzados.

- Ya sabes… cogidos de la mano. Hay un montón de periodistas y no me gusta llamar la atención… - suspiré, agotado.

- Sakura… es un poco tarde para esto ¿no crees?

- Es que… yo sólo… ¿Puedo ir con Mei? – iba a negarme en redondo, cuando la idiota de mi prima se me adelantó abrazándola con una sonrisa de par en par.

- Claro que puedes. ¡Serás mi invitada! – miré a Mei soltando dagas por los ojos, pero luego me fijé en el profundo alivio que se había formado en el rostro de Sakura. Así que me tragué el orgullo y asentí. Sabía que no era algo personal en mi contra, sólo le daba vergüenza. Pero aún así, el maldito rechazo escocía en mi pecho. Sólo Sakura podía hacerme sentir querido y odiado en menos de media hora.

- Hagan lo que quieran.

Salí sin mirar atrás y las luces de los flashes no tardaron en cegarme. Mi madre había vuelto a convocar a todo el puto ejército de paparazzis para que hablaran de la gala benéfica y nos dejaran como putos dioses frente a todo el mundo. Oh, sí. Que generosos eran los Li. Que buenos y dedicados a sus trabajadores y empresas. Pura fachada ¡Cómo odiaba el mundo en el que me había tocado nacer!

- Señor Li, señor Li… ¿es cierto que está estudiando en una institución pública?

- ¿Están usted y la heredera de los Hatsumomo saliendo?

- Por favor, señor Li. Mire a la cámara.

Rodé los ojos por un segundo, pero saqué rápido mi "yo de la prensa". Podía sentir el dolor en las mejillas al fingir semejante sonrisa radiante, pero lo cierto es que ya estaba acostumbrado. Ignoré sus preguntas y me limité a posar para sus estúpidas fotos. Pero pronto la atención se dispersó y todos y cada uno de esos imbéciles se quedó mirando algo a mi espalda. Me giré y me di cuenta del motivo. Sakura había salido del coche y mi prima Mei la llevaba orgullosamente del brazo.

- Señorita Li, ¿Quién es su amiga? ¿Es alguien del instituto Tomoeda?

- Señorita Li, por favor, ¿qué relación tiene con la muchacha? ¿Son amigas o están en una relación lésbica? – casi no pude evitar caerme de espaldas. ¡Malditos entrometidos desvergonzados! Sakura a penas podía esconderse tras mi prima y de ser otra la situación, me habría reído por lo roja que estaba.

- Vale, vale. Por favor, dejen sus preguntas para luego. Hemos venido a apoyar a mi tía en su gala benéfica contra las enfermedades minoritarias. Nada más. – la voz de mi prima resonó con fuerza y admiré su confianza. Le salía natural.

- ¡Señorita Li!

Dejé pasar a mi prima al frente y poco a poco fui disculpándome con la prensa mientras nos habría paso a los tres. Las puertas del hotel se cerraron tras nosotros y al fin pude respirar, aliviado.

- Dios… ¿a qué ha venido eso? Creí que tu madre pagaba a la prensa para que guardaran el secreto de nuestro instituto. – miré a Mei igual de desconcertado.

- Pues al parecer se ha abierto la veda…

- ¿Crees que es obra de esa imbécil de Hatsumomo? – negué con mi cabeza. No. Eso tenía el sello de mi madre. Sin duda. Sakura miraba a su alrededor fascinada y aterrada a partes iguales. Lo cierto es que mi madre había tenido buen ojo al elegir ese hotel para la dichosa gala. – Sak, deja de revolotear y céntrate. No te alejes de mi ¿quieres?

- S… sí. Claro… perdona Mei…

En seguida un par de camareros de sala vinieron a nuestro encuentro y nos guiaron hasta una habitación privada situada dos pisos más arriba. Mi madre tenía por costumbre reunir a todos sus "socios vip" una hora antes de la gala para "conversar tranquilamente". Pero yo sabía que era una estrategia como cualquier otra para qué ellos se sintieran importantes y así soltaran más a gusto el dinero de sus podridas carteras. Lo triste es que funcionaba increíblemente bien.

Sakura seguía pegada al vestido de Mei y no dejaba de contemplar todo a su alrededor con la boca abierta. Se veía a kilómetros que se hallaba fuera de su elemento y noté como los camareros apenas podían contener la risa. Me habría causado gracia a mí también unos días atrás, pero ahora sólo podía pensar en lo fácil que sería para mi madre despreciarla públicamente sí ese era su propósito. Y me temía, que ese sería exactamente el objetivo de la noche para Ieran Li. Sí mi madre ponía una diana en esa cabecita hueca que tenía por compañera de curro, la destruiría sin contemplación. Y no iba a permitirlo. Así que no me importó lo que esa niña testaruda dijera o pensara, en cuanto llegamos a la gran sala la separé de Mei y tomé su mano con fuerza.

- Shaoran… ¿qué?

- Calla.

Noté los ojos de mi prima sobre mí y supe que quería meterse una vez más dónde no debía. Por suerte, una sola mirada mía le quito las ganas de ser una chismosa de un plumazo.

- ¡Xiao Lang! Al fin llegas, hijo mío. – suspiré aliviado al oír la voz de mi padre. Al menos empezaríamos la velada con el menor de los males. Rodeé con mi brazo la cintura de Sakura sonriendo levemente por su sonrojo y observé a mi alrededor en busca de posibles amenazas tales como esa Hatsuperra que nos perseguía a todos lados. Por suerte, parecía todo despejado. A todo eso… ¿Dónde se había metido mi madre? Siempre se quedaba recibiendo sus invitados "vip". ¿por qué estaba mi padre ocupando su lugar privilegiado? Tosí levemente y me preparé para enfrentar a Hien Li.

- Buenas noches, padre. – hice una reverencia formal, ignorando el asombro de Sakura por el trato distante que le profesaba. Y es que la relación con mis padres era totalmente distinta a la que ella mantenía con su pequeña pero increíble familia - ¿Cómo va la velada por el momento?

- Oh, pues va perfecta. Ya conoces a tu madre, se ha ocupado del más mínimo detalle. Ya verás el salón principal. Ha quedado grandioso.

- Digno de un Li. ¿Verdad?

- Sin duda – mi padre se acercó hasta nosotros con una sonrisa y abrazó a Mei con delicadeza exquisita. A penas pude aguantar la risa. Siempre me sorprendía lo dulce que se volvía Mei cuando "actuaba" para mis padres – Cada día luces mar hermosa Mei.

- Oh, sin duda eres todo un adulador, tío. Pero me lo tomaré como un hermoso cumplido de tu parte.

Mi espalda se tensó en cuanto los ojos dorados de mi padre se fijaron en Sakura. Mi corazón se desbocó y de repente me di cuenta de que no era mi madre la que importaba, sino él. Sabía que mi madre despreciaría a Sakura o a cualquiera que se acercara a mí sin su permiso. Pero mi padre era otro asunto. Él no vería su posición social o sus pobres modales. No… mi padre miraría más allá… ¿y si Hien Li tampoco la aprobaba? No es que fuera a casarme con Sakura o algo así, pero… de repente sentí ansiedad al pensar que él pudiera desaprobarla. Algo en mí se quebraría si mi padre no veía lo mismo que yo en esos preciosos ojos turquesa.

- Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Deduzco que usted es la famosa señorita Kinomoto de la que tanto he oído hablar estos días. – Sakura agachó la cabeza y me sentí un idiota por no haberle dado la información básica del protocolo que debía seguir. ¿En que demonios estaba pensando yo cuando dejé que mi madre me arrastrara a esto?

- Yo… no sé que ha oído de mí, señor Li… pero le aseguro que no tengo nada de famosa… - Mi padre alzó una ceja y vi asomar el hoyuelo que siempre acompañaba a sus sonrisas. Sakura dio un salto sobre sí misma y al fin se atrevió a levantar la vista, avergonzada. – Yo… eh… disculpe mi torpeza. Estoy realmente agradecida por la invitación señor Li. No merezco su cortesía… - Mei y yo nos quedamos literalmente con la boca abierta y mi padre sólo me miró con complicidad. Era cosa mía ¿o me había picado un ojo?

- No me agradezca nada, señorita Kinomoto. Mi flamante esposa es la responsable. Yo sólo me he resignado a sus caprichosos deseos. Ya se ha vuelto toda una costumbre – Mi padre se agachó a su altura y le dedico una sonrisa amable. – Deje que le dé un pequeño consejo, señorita Kinomoto. No se deje intimidar por Ieran. Le gusta lucirse, pero en el fondo, es una persona de corazón amable. Sólo protege a sus hijos cómo una leona. Lo entiende ¿verdad? – Sakura asintió torpemente y mi padre se enderezó de nuevo. – Bien, muy bien. Tu amiga es una buena chica, hijo. Xiao Lang, no dejes sola a la señorita esta noche ¿quieres? Cuento contigo.

- Eso no hay ni que pedirlo, padre.

- Bien. Tengo que volver con los invitados "vip" de tu madre. Ella ha tenido que ir a ocuparse de un problemilla de última hora. Espero que no se tarde mucho. Me encanta mi trabajo, pero en cuanto a las galas y las conversaciones de etiqueta… digamos que no son mi punto fuerte - Comprendía a mi padre a la perfección, porque en ese aspecto yo era igualito a él. – Oh, y una cosa… En una hora bajaremos al salón principal. Allí nos esperan el resto de invitados. – los tres asentimos – Bien. Luego te veo hijo. Encantado de conocerla, señorita Kinomoto.

- Oh, por favor, sólo Sakura. – rodé los ojos hasta que se pusieron en blanco. Con lo bien que iba todo y esa niña ahora se volvía informal de repente. Pero para mi sorpresa, Hien Li sólo sonrío más ampliamente y se alejó levantando su mano a modo de despedida.

- Guarda un baile para este viejo, sólo Sakura.

Los tres nos quedamos observando su figura mientras se alejaba y Mei soltó ruidosamente el aire de sus pulmones.

- Maldita sea, qué tensión. Si ha sido así con tu padre, no quiero ni imaginarme lo mal que voy a pasarlo cuando sea la tía Ieran… - Sakura la miró sin comprender y de repente la preocupación apareció en su rostro.

- Yo… ¿No ha ido bien? Me pareció que…

- No hagas caso a Mei. Has estado magnífica Sak. – Sakura me miró aún con la sombra de la duda reflejada en sus ojos y no pude hacer otra cosa más que apretar su cintura con fuerza. Pero Mei no sabía estar calladita.

- Mi tío es el plato suave, Sakura. Seguro que le ha gustado tu torpeza y candidez. Mira nada más, pareces una muñequita de porcelana envuelta en un traje de seda. Hasta se enamoraría de ti si fuera más joven… Pero con Ieran… bueno… sólo intenta no hablar y ya.

- ¿Por qué no te callas de una vez Mei? Sólo la pones más nerviosa. Ha estado muy correcta. Deja de buscar inconvenientes a todo.

- Es que… ¿Sólo Sakura? Vamos… tú madre va a trincharla como al jodido pavo de navidad. – noté el temblor de sus dedos y quise ahorcar a la idiota que tenía por prima. Pero no podía hacerlo en público. Me di cuenta entonces de que algunos de los invitados hacían el ademán de acercarse, muy pronto no podría hablar con Sakura a solas. Así que tenía que ser rápido en mi lección de modales básicos para sobrevivir a una fiesta de los Li.

- Sakura, escúchame. En unos instantes todos y cada uno de los invitados irán pasando a saludar. Sentirán curiosidad por tu presencia, sobre todo porqué te tengo cogida de la cintura.

- Por eso te dije que no…

- No pienso soltarte. Hatsumomo anda por aquí y estará buscando la oportunidad de destrozarte. Así que calla y escucha. A pesar de que se morirán de ganas por saber qué relación tienes conmigo, no se atreverán a preguntar. Así que tú sólo sonríe y si te preguntan algo, sé tú misma y di siempre la verdad. No tenemos nada que ocultar y a la mayoría de esta gente tu origen les importa un pimiento.

- Entonces… ¿les digo que estamos fingiendo para que la loca de Hatsumomo no me mate? – su sonrisa bromista no me hizo la menor gracia y debió notarlo, porqué se puso seria al instante. – Vale, vale. Ser yo misma y decir la verdad siempre que sea posible.

- Y habla con frases cortas y sin dar información extra.

- Eso puedo hacerlo. – levanté una ceja para nada convencido y vi el precioso mohín de indignación que se dibujó en esos labios que ahora mismo me parecían jodidamente apetecibles. - ¡Oye! No soy una parlanchina boba que va diciendo idioteces por ahí sin ton ni son.

- Ya… bueno. Tú sólo intenta estar lo más tranquila posible. Todos serán amables por defecto porqué saben que estas con nosotros, aunque no comprendan aún el porqué. – Sakura asintió en silencio y vi un ligero temblor en sus ojos. Así que levanté su mentón y la obligué a mirarme. – No flaquees ni un segundo. Confía en ti. Eres mejor que todos estos idiotas estirados. Que nadie te diga lo contrario. – Sus dedos presionaron los míos, pero asintió agradecida por mis palabras. Sé que pensaba que hablaba por hablar, pero en verdad era lo que pensaba. Joder que si lo pensaba.

- Y… ¿Y con tu madre? ¿Cómo me comporto con ella?

- Bueno… no le digas que te llame Sakura. – su puño golpeó mi hombro y no pude evitar reírme. Claro que luego se dio cuenta de que todos nos miraban asombrados y se ruborizó de la cabeza a los pies. – Oh sí… eso será mejor que tampoco lo hagas…

- Idiota.

- Tonta… - miré a mi alrededor y vi como todos empezaban a movilizarse. Era el momento de rendir culto al heredero de los Li. – Allá vamos…

Y fue bien. Para mi sorpresa, muy pero que muy bien. Algunos de los amigos íntimos de mis padres eran unos imbéciles, pero no lo mostraban en público. Así que fueron correctos y hasta aduladores con Sakura. Sabía que sólo lo hacían por educación y también por miedo. No era buena idea ofender a un Li, por joven que fuera. Menos aún, si era el futuro heredero. Y tras una media hora que se me hizo como medio año, al fin tuvimos un pequeño respiro. Mei hablaba con unos parientes de Florida y mi padre seguía en la entrada, saludando a los invitados que habían llegado algo rezagados.

- Me va a dar un ataque… - miré a Sakura y le sonreí genuinamente. El ligero maquillaje que le había aplicado Tomoyo la hacía parecer un poco más madura y se obligaba a estar más quieta de lo habitual y su esfuerzo me tenía fascinado. Mei tenía razón. Parecía una muñequita de porcelana. Aunque echaba de menos sus pecas. Con la ligera capa de maquillaje quedaban ocultas y su naricita quedaba libre de esas peculiares manchitas adorables.

- Lo estás haciendo muy bien. Hasta pareces una señorita. – me miró con desdén y le sonreí de vuelta. – No has comido nada. ¿Te traigo algo?

- Me aterra comer en público. Temo abrir mucho la boca, o hacer ruido al masticar o que se me manche el maldito vestido. – No pude aguantar la carcajada y algunos invitados se giraron alarmados. – Shhhh… no te rías…

- Lo siento… es que es tan… tú.

- ¿Qué quieres decir con eso? – un camarero pasó entonces por mi lado y le paré para coger un par de vasitos de crema de marisco. Se lo extendí a Sakura con una sonrisa y ella me miró desconfiada.

- Oh, vamos. Es un poco de crema. Ni siquiera tienes que masticar. – su mano tomó el pequeño vasito con temor y la vi dudar. Así que me tomé la mía de un solo sorbo. Eso la animó e hizo lo mismo a toda prisa, como si alguien fuera a reírse de ella si la veía. – Oh por dios, es cierto.

- ¿Eh? ¿Qué pasa?

- Haces un ruido tremendo cuando tragas, Sakura. Ni se te ocurra volver a comer nada en toda la noche. – sus mejillas se pusieron al rojo vivo y de nuevo solté una carcajada que hizo voltear a media sala. Mi padre nos observaba de lejos, con una sonrisa que no le había visto nunca.

- Eres imbécil ¿Lo sabías? Yo me esfuerzo por no parecer una paleta estúpida y tú te ríes de mí… - Sakura se giró e iba a alejarse cuando se dio cuenta que no tenía a donde ir. Mei estaba ocupada y no conocía a nadie en la sala. – Mierda…

- ¿Qué pasa mi flor? ¿No encuentras el excusado? – se giró con esa expresión de ira contenida que tanto me hacía reír y sin pensarlo, me golpeó en un hombro. Ahora sí que todos nos miraban. Lo supe en cuanto la vi palidecer. – Vale, vale. Basta de bromas. Aún te detendrán por agredir a un Li. – sus ojos me observaron y la chispa llameante que tanto adoraba en ella se apagó por unos segundos. Parecía preocupada.

- No paras de decir tu apellido esta noche… como si en vez de algo positivo, fuera una maldición. – Sakura no tenía la menor idea de lo cerca que estaban sus palabras a la verdad. Pero no quería ahondar ahora en ese tema. Puede que más adelante, cuando lograra algo más que un puñetazo en mi hombro de ella. Así que miré al fondo de la sala y me hice el tonto.

- ¿En serio? No me había dado cuenta.

Sus preciosos ojos me analizaron con cautela y me sentí desnudo. Puede que fuera despistada por lo general, pero de algún modo, a mí me tenía calado. Iba a distraerla con algún chiste malo, pero su expresión cambió al puro pánico en tan solo un segundo. Y supe que mi madre había entrado en escena. Me giré y la encaré con determinación. Puede que de pequeño temiera a mi madre, pero ahora sólo la veía como lo que era. Una mujer de alta cuna con un gran apego a su apellido y un enorme desprecio por todo aquel que no lo tuviera.

- ¿Es tu madre?

- La que viste y calza.

- Hay por díos… es tan… tan…

- ¿Estirada? ¿Fría? ¿Intimidante? ¿Monstruosa?

- Hermosa… - miré a Sakura con la boca abierta y noté la presencia imponente de mi madre a un lado. El momento que tanto temía estaba aquí. Me di cuenta de que Hatsumomo también había llegado, y ahora nos observaba con una risa mal intencionada. Pero no iba a dejar que esa imbécil se saliera con la suya.

- Buenas noches, madre.

- Xiao Lang… veo que has cumplido tu acuerdo. – Sakura se tensó tanto que temí por su espalda. Lucía extremadamente nerviosa y no quedaba rastro de rubor en sus mejillas. Casi parecía un fantasma.

- Madre, le presento a la señorita Kinomoto. Sakura… ella es Ieran Li. – los ojos fríos de mi madre la recorrieron por entera, pero para mi total asombro Sakura no se achicó esta vez. Tampoco desvió la mirada ni estrujó sus dedos con fuerza como si la vida le fuera en ello.

- Es un placer conocerla, señora Li. Le agradezco la invitación. Es una fiesta preciosa. Jamás había asistido a un evento así.

- Lo imagino… - Noté el desprecio en su voz y quise asesinar a mi madre allí mismo. Aunque no hubiera quedado bien cómo titular en la prensa – Pero no nos perdamos en las formalidades, señorita Kinomoto. A fin de cuentas, es la primera chica que sale con mi hijo. Y me siento abrumada por la curiosidad… - ahí iba el interrogatorio… - ¿cómo se conocieron?

Tragué pesado. Sabía que iría a por Sakura, pero no imaginaba que fuera a indagar en nuestra relación. Fui a contestar por ella, pero Ieran me paró con una de sus miradas fulminantes. Sí… lo reconozco. En eso me parecía a ella más de lo que quería… Sakura me miró de reojo, esperando una pista o algo, pero tuve que contenerme. Así que solo tomé su mano y le sonreí animándola a contestar.

- Yo… eh… en el trabajo, supongo… - una de las cejas de mi madre se alzó y supe que esa información era nueva para ella. Lógico, Hatsumomo no sabía nada de mi trabajo, mucho menos que Sakura estaba de monitora conmigo.

- ¿Estas trabajando en el gimnasio de esa mujer?

- De Yuko. Sí, señora. Y deje que le diga que es una mujer estupenda. Muy vivaz y… - carraspeé y tiré de ella para rodearla con un brazo.

- Sak, no es necesario dar tantos detalles… mi madre ya conoce a Yuko.

- ¿A sí? – Dios, Sakura sí que era despistada. ¿A caso no había visto la cara de asco que había puesto mi madre con sólo mencionar su nombre? – Oh… no lo sabía.

- No se preocupe, señorita Kinomoto. Es normal que no relacione a esa mujer con nosotros. Digamos que pertenecemos a mundos muy distintos. ¿O no es cierto, Xiao Lang? – nuestros ojos se encontraron y vi la malicia en ellos. Y fue ahí cuando me di cuenta, que jamás debí traer a Sakura a la fiesta. Mi libertad no merecía que ella pasara por esto. – Pero como bien habéis demostrado, a veces no importa nuestro origen ni la clase social. ¿verdad?

La mano de mi madre se extendió hasta el mentón de Sakura y quise apartarla de un manotazo. Pero obviamente no podía hacer nada. Todo el jodido salón nos estaba mirando. Así que sólo pude rezar pidiendo un puto milagro. Y es que Sakura se veía tan pequeña al lado de Ieran… hasta con esos tacones, mi madre le sacaba al menos quince centímetros.

- Tienes unos ojos muy hermosos, Sakura… - me quedé congelado al instante y puedo asegurar que mi quijada golpeó el piso. - ¿Puedo llamarte así?

- Cla… claro, señora Li. – una sonrisa apareció entonces en el rostro de ambas y el ruido de una copa al colapsar contra el suelo nos hizo voltear. Mei había derramado el champán haciendo un gran estruendo.

- Yo… eh… ¿lo siento? – gracias a los dioses mi madre se alejó al fin para mirar reprobadoramente a Mei.

- Siempre tienes que dar tu toque a las fiestas. ¿Verdad sobrina?

- Hola, tía.

- "Buenas noches" sería un saludo más apropiado para alguien de tu estatus social, querida… no quiero decirle a tu madre que estás adoptando costumbres inapropiadas de tus compañeros de instituto. ¿No os enseñan modales en Tomoeda?

- Lo siento, tía. – Sakura se encogió a mi lado y sin darme cuenta la acuné en mi pecho. Grabe error, pues mi madre reparó en ello y de nuevo su vista de águila se había posado en su presa. Pero me sorprendió con una sonrisa amable. Ni siquiera sabía que Ieran pudiera sonreír así.

- Bien. En unos instantes bajaremos a la sala principal dónde nos esperan todos los invitados. Shaoran, espero que ayudes a… Sakura. La pobre debe de sentirse muy perdida en esta clase de eventos… a fin de cuentas, no son muy comunes en los barrios bajos de Tomoeda. ¿verdad querida?

- Por dios, no… me siento como un pato fuera del agua… creo que voy a cometer un error en cualquier momento y me van a crucificar por ello... - Mei la miró con la boca de par en par y yo quise que la tierra nos tragara. ¡Sakura había sacado su parte confiada en el peor de los momentos! ¿Cómo podía hablar tan casualmente a mi madre? Ni siquiera Mei cruzaba esa línea. ¿y acaso no había notado la referencia despectiva que había usado Ieran contra su ciudad? Esa niña tonta… Pero de nuevo vimos como mi madre pasaba su descuido por alto, y le sonreía. Aunque ahora ya no me parecía una sonrisa sincera, para nada.

- Claro que sí… lo comprendo. Cómo muy bien has dicho antes, es tu primer evento de etiqueta. Pero no te preocupes, niña. Mi hijo te escoltará. Parece más que dispuesto por el modo en el que te protege de mí. ¿Tienes miedo a que caperucita sea devorada por los lobos? – apreté a Sakura aún con más fuerza de forma inconsciente y asentí en silencio.

- No dejaré que eso pase. Me ocuparé de que se sienta bien recibida, madre. – Su cabeza se alzó por encima de las nuestras y sólo arrugó levemente la nariz. Un gesto imperceptible para la mayoría, pero para mí, era un grito claro y nítido que expresaba el profundo desprecio que sentía por Sakura.

- No me cabe duda… Xiao Lang… no me cabe duda. El papel de príncipe te va como anillo al dedo. Nos veremos más tarde. Buenas noches, Sakura. – los tres la vimos partir conteniendo el aliento. Pero fue Sakura la primera en salir del estupor.

- ¡Tu madre es hermosa! Tan elegante… tan… tan… - rodé los ojos. ¡Era tan ingenua la pobre!

- Sakura…

- Y ha sido súper amable conmigo. Nada que ver con lo que me dijiste, Mei. ¿Estabas gastándome una broma? Porqué mira que estaba nerviosa y…

- Sakura – mi voz detuvo su perorata y al mirar sus ojos alegres me sentí como un montón de mierda. ¿De qué serviría decirle que todo había sido un numerito? Que mi madre no la aprobaba ni lo haría nunca. De nada. – Lo has hecho muy bien.

- ¿De verdad? ¿Tú crees?

- Claro. Y ahora vamos, bajemos a la sala principal.

- Vale. – tomé su mano fingiendo una sonrisa y miré a Mei de reojo. Parecía preocupada, pero no dijo nada. Sólo nos siguió en silencio.

El resto de la velada lo pasamos perdidos entre la multitud. Los invitados nos saludaban y algunos se detenían para mantener una conversación cordial conmigo, pero por suerte estaban más ocupados con el discurso y la exposición que había organizado mi "adorada" madre. Hatsumomo también parecía mantener las distancias y lo agradecí enormemente. Así que, pasada la media noche, me tomé la libertad de secuestrar a Sakura. La pobre lucía agotada y necesitaba aire fresco tanto o más que yo. Recorrimos el hall del hotel a escondidas, evitando la prensa y nos colamos por una puerta trasera a uno de los balcones del jardín. El aire frío típico de estas fechas nos golpeó el rostro devolviéndonos a la vida por unos instantes. Claro que la magia del momento desapareció rápidamente al oír rechinar los dientes de Sakura. Me quité la chaqueta del traje y se la puse sobre los hombros cómo haría todo un caballero. Sus ojos me miraron, agradecidos y estuve a punto de morirme allí mismo en cuanto dibujó una sonrisa.

- Gracias. ¿Sabes? Creí que odiabas el frío…

- Puedo soportarlo. Pero con lo que no puedo es con el ruido que hacen tus dientes castañeantes. Eres tan molesta… - fui a esquivar su golpe de rigor, pero en vez de un puñetazo en mi hombro, recibí otra de sus preciosas sonrisas.

- Ladra todo lo que quieras Xiao Lang. Ya sé que, en el fondo, tienes buen corazón. – todo el frío se fue de mi cuerpo y sentí como mis orejas ardían. - ¿Qué?

- Yo… has dicho mi nombre en chino… - Sakura puso sus manos en los bolsillos de mi chaqueta y miró el cielo estrellado mientras soltaba un suspiro. El vaho se alejó de sus labios como una invitación tentadora y me mordí la mejilla aguantando a duras penas mis instintos más salvajes. Si ella supiera lo que quería hacerle en ese jodido instante…

- ¿Ha sonado raro? Me gusta tú verdadero nombre. Suena casi melodioso… Pero no voy a decirlo más si te incomoda.

- No, no. No me incomoda. Es más bien lo contrario… es reconfortante oírlo aquí, en Japón. – sus ojos me miraron inquisidores y me pregunté porqué alguien tan ingenuo afinaba sus sentidos solo conmigo. ¿Podía tener esperanzas al pensar que al menos despertaba su curiosidad? Puede que me despreciara por todo lo que le había hecho, pero aún así mi presencia causaba "algo" en ella. Lo notaba en ocasiones, justo como ahora. - ¿Qué? - La vi negar suavemente con la cabeza.

- Nada… sólo intentaba comprenderte… me resultas todo un enigma.

- ¿Yo?

- Sí. – me sentí incómodo aguantándole la mirada, así que desvié la vista y dejé que se perdiera en las hermosas luces de Tokyo. - ¿Sabes? Eres muy parecido a tu madre. – Sus palabras se clavaron en mí como una estocada. Todo el mundo me decía lo mismo y lo odiaba con todo mi ser. Yo no era como mi madre. No era frío, ni calculador ni cruel. Y que Sakura me mirara y viera lo mismo que todos esos idiotas a los que mis padres llamaban amigos… me había sentado como una patada en los huevos.

- No digas eso. Tú no. No me parezco en nada a ella… - la voz me salió tan amarga que casi me envenenó por dentro. Pero Sakura ignoró mi tono y sonrío volviendo su vista a las estrellas.

- Sí que te pareces. Al menos físicamente hablando. Su porte elegante, esa belleza etérea que hace que todo el mundo se gire cuando entra en una habitación y la mirada penetrante que parece entrar en tu cabeza para sonsacarte tus más oscuros secretos… sí, te pareces a ella. – La miré entre abrumado y avergonzado. Pues sólo había mencionado las cualidades buenas de mi madre, obviando aquellas tan horribles con las que más me comparaban.

- Bueno yo… es que siempre me han dicho que soy tan frío e implacable como ella… algunos hasta comentaron que sería un gran empresario porqué era tan retorcido y calculador como Ieran Li - Sakura negó con la cabeza y se recostó en la barandilla mirándome.

- No conozco a tu madre ni sé si en verdad es tal y como la describes ahora, pero… puedo decir que, a mi parecer, te pareces más a tu padre en eso. – Ahí si me perdí en un mundo de confusión.

- ¿Eh? – Sakura sonrío dulcemente y se giró sobre sí misma con esa gracia natural que la hacía parecer una niña encantadora.

- Eres atractivo como tu madre, pero cuando te miro a los ojos no veo ese frío que dices. Intentas parecer calculador y distante, pero a mí ya no me engañas "oh gran Li". Puedes meterte conmigo y fingir que no te importo nada. Pero he visto los ojos cálidos de tu padre esta noche mientras bailábamos y ahora sé porqué me resulta tan difícil odiarte a pesar de lo mucho que te esfuerzas para que lo haga. ¿sabes?

- Ah… ¿sí? – la voz me tembló como si fuera un niño estúpido y sentí el sudor acumulándose de nuevo en mis manos.

- Sí. Porqué ahora sé quién eres un poco más. – tragué pesado y me revolví, nervioso.

- ¿Y quién soy?

- Bueno… a pesar de haber nacido en un mundo dónde todos a tu alrededor te tratan como si fueras un maldito dios, no te has dejado llevar por tu apellido o estatus social. Y eso te honra. Puede que no se aprecie a simple vista, pero yo lo sé. No te importa mi apellido ni si mi cuenta bancaria esta en números rojos. Miras más allá y buscas lo mejor en las personas. Cómo con Hiraguisawa y Yamasaki. He visto como se tratan entre ustedes y puedo ver cuanto los aprecias. Y no es algo que se pueda fingir. Tú madre ha sido muy educada y atenta, pero no soy idiota. No me aprueba en lo más mínimo. Soy una mosca en su parabrisas. Una piedra en el zapato. Cree que no soy digna de ti. – abrí los ojos asombrado. Así que sí se había dado cuenta…

- Eso no…

- No me importa. De verdad. Por qué sé que tú no eres así. Tú no te regocijas en tu buen nombre ni en tu dinero. Al contrario… sólo quieres que los demás vean más allá de eso… quieres que te conozcan a ti… al verdadero "Xiao Lang". Y lamento no haberme dado cuenta antes.

El corazón se me iba a salir del pecho. Latía tan a lo loco que a penas sí podía oír algo más allá del martilleo apresurado de sus latidos. Y Sakura seguía con su discurso sin darse cuenta lo que me hacía sentir. Joder… quería que siguiera, porque por primera vez en mi vida me sentía comprendido… pero… a la vez deseaba que parara de una maldita vez, porqué no estaba seguro de poder contenerme más. Mis manos temblaron y tuve que agarrarme a la barandilla para no abrazarla con todas mis fuerzas.

- ¿Estas bien?

- ¿Eh?

- Lo siento… me he pasado de entrometida. Es que parecías molesto cuando te he comparado con la señora Li… sé que no tenemos tanta confianza como para que te hable de ese modo y puede que ahora mismo estés pensando que soy idiota, pero… ya me conoces. Cuando me pongo nerviosa solo suelto todo lo que pienso y…

- Sakura…

- Dios, ya lo hago de nuevo. Perdona. Es que… - mis dedos se posaron sobre sus labios callándola al instante y me deleité con la suavidad de su piel.

- Eres tan jodidamente molesta…

El mohín apareció de nuevo en su mejilla derecha y esta vez sí que no me contuve. Bajé mi rostro y tomé sus labios con suavidad, saboreando cada rincón de su boca. Pensé que me abofetearía y me apartaría de un empujón, pero para mi deleite se dejó llevar por el momento y pronto me vi atrapado en un nido de sensaciones que jamás había experimentado. ¡La estaba besando! Un beso de verdad. ¡Y ella me correspondía! Quería saltar de felicidad, pero las mariposas de mi estómago me lo impedían. Y ahí lo acepté. Estaba profundamente enamorado de esa niña boba, parlanchina y testaruda. Mis manos tomaron sus mejillas y sentí la suavidad de su cabello al enredarlo entre mis dedos. Un suspiro escapó de su boca y aumenté la intensidad sintiendo el ardor del deseo nacer en mi abdomen. ¿Estaba permitido sentirse tan jodidamente feliz?

El ruido seco de un portazo me bajó de la nube y con un gruñido, me alejé para comprobar que había sido. La figura de una chica alejándose por los pasillos del hall me confundió por un momento.

- Joder Shaoran… ¿hacía falta ser tan intenso? Sabes que no soy buena en estas cosas… puede que esto sea insignificante para ti, pero yo me siento incómoda cada vez que haces algo como esto… ¿Y cómo te has dado cuenta de que Hatsumomo nos observaba? A penas sí me ha dado tiempo de verla antes de que me… bueno… me besaras…

Miré sus ojos avergonzados aún sin comprender del todo lo que estaba pasando. Poco a poco, la información fue entrando en mi mente nublada por el puto deseo y la realidad me golpeó con dureza. Justo antes de ceder a todos mis sentimientos, Sakura había visto a Hatsumomo. Por eso no se apartó cuando la besé como si no hubiera un puto mañana. Por eso no me rechazó. Sakura no estaba devolviéndome el beso… ni por asomo. Sentí el sonido cruel de un corazón roto y supe demasiado tarde que se trataba del mío.

- Será mejor que entremos. Me estoy congelando aquí fuera. – Sakura entró a toda prisa huyendo de mí como corderito asustado. Pero no me sentía con ánimos de seguirla. Algo muy malo se estaba apoderando de mí. Algo tan pegajoso y oscuro como el puto petróleo. Y sentí un calor en la mejilla que desconocía. Así que llevé mis dedos hasta dónde notaba esa sensación cálida y húmeda, descubriendo con pavor de que se trataba.

- ¿Pero qué? – una jodida lágrima. Una puta y maldita lágrima.

- Así que es cierto. – la voz fría de mi madre me golpeó la cabeza y disimulé a toda prisa el dolor que sentía. Por suerte estaba oscuro y ella me observaba dese los jardines, un piso más abajo. - ¿En serio Xiao Lang? Sabía que te parecías a tu padre en tus gustos por las mujeres, pero… ¿Esa niña?

- Se llama Sakura, madre. – la observé mientras subía la escalera que llevaba al balcón. Sus pasos eran tranquilos y elegantes, cómo los de un guepardo antes de saltar a por su comida.

- Claro… la dulce y frágil niña perdida. Huérfana de madre y con una media de seis con ocho en el instituto.

- ¿La has investigado?

- ¿Lo dudabas?

- En realidad, no.

- Al menos pensé que sería una belleza, pero deja que te diga que no tiene nada de especial. Ojos bonitos, sonrisa dulce… poca cosa más. Esperaba que sí te rebajabas a una chica de su clase, sería para disfrutar de los placeres típicos de tu edad. Pero ¿esa niña? Vamos… ni siquiera parece haber salido aún de la cuna. ¿Cómo va a satisfacer tus deseos en la cama?

- Contente, madre. – sus ojos se clavaron en los míos y tuve que aguantarme las ganas de insultarla. No bastaba con el frío que sentía en mi pecho tras descubrir que mi momento de pura felicidad había sido un engaño de mis putas esperanzas. Ahora tenía que enfrentarme al desprecio que sentía mi madre por la chica que acababa de pisotear inconscientemente mi estúpido corazón.

- Vaya, vaya… Te ha dado fuerte… pero ya madurarás y con el tiempo te darás cuenta de lo tonto e ingenuo que fuiste al fijarte en una… una… maldita sea, ni siquiera sé como llamarla...

- No desesperes, madre. Nadie se dará cuenta jamás de lo imbécil que soy. Por suerte para ti, Sakura es una chica tímida que huye de las atenciones que tú tanto valoras. Así que hemos procurado no mostrar afecto en los momentos en los que había prensa. Ningún periódico hablará del penoso gusto que tiene tu hijo con las mujeres. – la risa brotó de su garganta y sentí que algo muy malo estaba por llegar.

- Oh, vamos. No digas eso… claro que se hablará de ello. De hecho, me he ocupado de que todo el mundo se entere, Xiao Lang. – alcé una ceja de puro desconcierto y mi madre dejó ir un suspiro cansado. – Tienes tan poca visión global… ¿no has visto venir mis intenciones ni siquiera un poco? ¿Crees que sólo quería humillar a tu cándida niñita? – puse mi cerebro a trabajar, pero lo cierto es que se negaba a funcionar a esas horas de la noche. Mi madre bufó, decepcionada y miró las luces de la ciudad. - Hace una semana tuvimos que cerrar dos de nuestras empresas de Tokio. Más de dos mil trabajadores han sido despedidos. Cómo comprenderás, la prensa japonesa no está siendo muy amable con nosotros. Nos desprecian por ser mejores que ellos y nos envidian por nuestra vida y nuestro dinero – sentí la bilis subir a mi boca. - Nuestras acciones amenazaban con bajar y tuve que tomar medidas.

- ¿Qué has hecho?

- Ser astuta, hijo. Puede que el individuo sea inteligente, pero no hay nada más jugoso para las estúpidas masas que una historia de amor adolescente entre una chica de pueblo y un gran heredero. Mañana se publicará en todos los periódicos y sólo se hablará de que tú, un chico acaudalado y con el mundo a sus pies, se ha enamorado de la pobre huerfanita sin recursos ni cerebro. Y dejaran los titulares con despidos a un lado para hablar de tu asistencia a una institución pública y de lo asombroso que resulta que alguien con tu poder y estatus se mezcle con el populacho. – todo mi cuerpo temblaba de pura ira. ¿Cómo podía ser esa mi madre? ¿Cómo demonios podía haber salido yo de alguien tan monstruoso y frío? – No me mires así, hijo mío. Algún día lo entenderás y me darás la razón. A fin de cuentas… esa niña no es más que un capricho adolescente. Se te pasará.

- Deja de referirte con ese desprecio. Sakura es mucho mejor persona de lo que tú jamás serás. Y no hables como si me conocieras. No tienes ni idea de quién soy ni de lo que siento. – su risa se volvió macabramente burlona y me aparté con brusquedad cuando intentó tocar mi hombro.

- Oh, vamos… Xiao. Mi dulce e ingenuo niño… En el fondo, te hago un favor. Te estoy dando la oportunidad de conocerte un poco más. Si "Sakura" un capricho, no te importará lo que diga la prensa sobre ella o su patética familia sin recursos. ¿a qué no? Y si en verdad eres tan idiota como para haberte enamorado de alguien tan insignificante… ella tendrá que pasar por esto tarde o temprano de todos modos ¿no? Ahora veremos de que pasta esta hecha esa Kinomoto y sí merece que le dedique unos segundos de mi valioso tiempo.

- ¿Cómo puedes ser tú mi madre?

- Despréciame todo lo que quieras, Xiao. Y finge cuanto puedas. Pero en el fondo, los dos sabemos que te pareces más a mí de lo que te gustaría. – mis puños se cerraron con fuerza y noté el sabor metálico de la sangre en mis labios. Me había mordido sin siquiera darme cuenta.

- No soy como tú… para nada. – sólo me devolvió una mirada de superioridad y chascó la lengua.

- Dejaré que sigas con tu jueguecito de ser "un chico del montón" un poco más, hijo. Pero recuerda que tu estancia en Tomoeda durará lo que yo quiera que dure. Aprovecha estos días con… Sakura. En cuanto las cosas se calmen y tu romance deje de ser conveniente, terminaré con esta idiotez de raíz, aunque tenga que enviarte de vuelta a Hong Kong en el primer avión. ¿Has comprendido?

- ¿Y si me niego? ¿Y si no quiero ser el heredero de vuestras estúpidas empresas? – su quijada se puso rígida por primera vez en toda la puta noche y noté el cambio en su voz. De repente eso ya no era un juego para ella y yo había dejado de ser el niño descarriado que vivía su momento romántico de rebeldía.

- Entonces no habrá herederos y todas nuestras empresas saldrán a la venta. Las compraran y despedazarán hasta que no quede nada de ellas. Miles de familias humildes como las de tu adorada Kinomoto perderán su sustento y tus hermanas tendrán que sobrevivir con lo que tú padre y yo decidamos dejarles. – y pasó algo que jamás creí que fuera posible. La odié todavía más… - Veo por tu expresión, qué lo has comprendido. Buenas noches, hijo. Vuelve con tu… cenicienta. Mientras puedas…

- ¡Madre! – se giró una vez más y me miró con cierta curiosidad insana – Ella no… Sakura no ha hecho nada malo. Ni siquiera siente lo mismo que yo… por favor… no le hagas nada a Sakura o a su familia… - la sonrisa que se formó en su rostro fue tan retorcida que sentí arcadas.

- Querido hijo… ¿por quién me tomas? Jamás haría algo tan despreciable…

No recuerdo mucho tras aquello. El resto de la velada pasó entre una bruma de asombro, dolor y decepción. Los pocos recuerdos de mi infancia con mis padres parecían producto de un sueño lejano y ya ni siquiera recordaba la última vez me mi madre se tomó la molestia de arroparme. Joder, ni siquiera sabía si alguna vez me había acostado ella misma. Recordaba a Wei y a mi padre. Pero ni un solo momento dulce con esa mujer que me dio la vida. ¿Cómo no me había dado cuenta antes de que sólo era un instrumento para Ieran Li?

Sakura me habló un par de veces más durante el evento y vi lo incómoda que se sentía al mirarme. Lo que para mí había sido un beso nacido de todos los sentimientos que había reprimido hasta la fecha, no era más que una jodida actuación frente a Hatsumomo para ella. Y al parecer, una muy desagradable. ¿Habría sentido miedo cuando me dejé llevar? ¿Se sintió acosada? Puede que incluso pensara que estaba jugando con ella. Ya ni siquiera recordaba todas sus palabras amables ni el sentido que habían tenido para mí. Todo había quedado colapsado por el dolor que sentí cuando comprendí lo que en verdad estaba pasando.

Mei estuvo con ella casi todo el tiempo y me limité a seguir respirando. Las acompañé a casa y me encerré en mi cuarto muerto por dentro hasta que oí que dejaban el periódico en la puerta. Me obligué a levantarme aún sabiendo que no me gustaría lo que encontraría. Y el rostro sonriente de Sakura me miró a través del papel y casi sentí quebrarse mi pecho de nuevo. Ella sólo había sido amable. Una amiga… joder, puede que ni eso. Sólo estaba a mi lado porqué no tenía más remedio. Tiré el maldito trozo de papel que blandía con tanto descaro su sonrisa y allí fue cuando llegó Mei. Y por eso estaba aquí, ahora…. Recordando la maldita noche una vez más.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

- Maldita bruja de ojos grises. ¡Es una manipuladora! Si no fuera mi tía, te juro que…

- Basta Mei. Ambos sabemos que no sirve de nada enfurecerse con mi madre.

- Pero…

- No importa. Sé lo que significa ser quién soy… sé que esto que siento es temporal y que Sakura no es más que un sueño fugaz que se disipará con los años.

- Xiao…

- Pero aún así… aún así no quiero perder este tiempo con ella, Mei. Quiero que se enamore de mí. Quiero ver sus ojos brillar cuando entro en la habitación justo cómo lo hacen cuando ve a ese estúpido universitario afeminado. Quiero sentirla temblar por mi culpa y que me desee tanto como yo la deseo a ella. – los ojos carmesí de mi prima me miraron asombrados y me sentí avergonzado.

- Joder primo… en verdad te has enamorado…

- Puede que no Mei… si la quisiera de verdad, me alejaría de ella. Sólo puedo causarle daño… no he hecho otra cosa desde que la conozco… Sakura era una persona feliz y alegre hasta que tuvo la mala suerte de toparse en mi camino.

- Eso no es verdad.

- ¿Ah no? No estaba siendo acosada, ni tenía a la puta prensa tras ella. Era una chica de dieciséis años que sólo se preocupaba de estudiar, trabajar y enamorarse de universitarios afeminados.

- No veo que tiene de especial eso… es aburrido.

- ¡Era feliz!

- Y una mierda. Se limitaba a seguir la corriente. Mucha gente se conforma con eso. Van del trabajo a casa y de casa al trabajo. Se casan y tienen hijos porqué es lo que la sociedad les dice que deben hacer. Son robots prefabricados que se engañan a sí mismos. Por eso son infieles a sus parejas y se compran una maldita motocicleta a los cincuenta y viajan a países exóticos en busca de la felicidad perdida. ¿Es eso lo que quieres para Sakura? – una risa se escapó de mis labios y al fin sentí un poco de calidez.

- Estás como una cabra Mei…

- Lo sé. Vivo el momento sin importarme el puto mañana. ¿Por qué te crees que soy capitana de las animadoras y me acuesto con don guaperas Eriol? Me divierte y me hace feliz. Sé que soy una Li y que tendré que casarme con un tipo estirado y tener tantos hijos como sea posible para transmitir nuestro apellido. Lo sé. Y lo acepto, justo como lo haces tú. Es la carga familiar. Pero eso no me va a impedir ser feliz aquí y ahora. Y a ti tampoco debería.

- Gracias Mei… por escucharme.

- Ay primo – sus brazos me rodearon y apoyé la cabeza en su hombro sintiendo como el peso que cargaba se aligeraba levemente. – Te has vuelto un blando… necesitas tirarte a Sakura pronto, o acabaras en el manicomio. – La empujé sobre la cama y la oí reír con fuerza. Pero luego se incorporó un poco y me miró con esa sonrisa suya que tanto me reconfortaba. – Te quiero primo.

- Y yo a ti, Mei. – sus ojos se abrieron como dos platos y me reí por dentro. Mierda, sí que me había vuelto un jodido blandengue.

- Repite eso…

- Ni de coña.

- ¡Xiao Lang Li! ¡Repite eso ahora mismo!

- Nop.

La mañana se pasó más ligera con Mei correteando por la casa y cuando aparqué mi moto frente a la casa de Sakura al día siguiente, ya casi había recuperado mis fuerzas. Claro que se fueron en cuanto la vi bajar los escalones de la entrada. Sólo Sakura lograba hacer que mis piernas temblaran de pura emoción. Me miró con vergüenza y susurró un "buenos días" que a penas llegó a mis oídos, pero supe tan solo con una mirada que merecía la pena luchar por ella. No importaba si sólo eran días o meses. Atesoraría cada instante a su lado y aceptaría todo lo que la vida pudiera darme. No más quejas ni más rencor hacía mi familia o el puto destino. No sentiría lástima de mi mismo nunca más. Por qué… ¿saben? Perder mi tiempo y mi energía en el odio, no merecía la pena…

- ¿Nos vamos? – sonreí con sinceridad y disfruté del sonrojo en sus mejillas. El maquillaje había desaparecido y podía ver de nuevo sus preciosas pecas. No me importaba lo que dijeran los demás, para mí ella era preciosa. Y no la dejaría escapar.

- Sí, Sakura. Nos vamos.

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Continuará…

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Notas de la autora: Buenos días/tardes/noches. Jajajaja. He disfrutado mucho escribiendo este capítulo y espero que se note un poco. A pesar de que no dispongo de tiempo a penas y de que mi vida se resume en trabajo, mi peque y un marido al que tengo olvidado… me ayuda mucho soltar mis pensamientos, ideas y sueños en estas historias. Espero que sigan comentando y que no me guarden rencor por no poder contestar sus maravillosos reviews como antes. Las quiero igual o más aún y les deseo una muy feliz Navidad. No soy creyente… pero aún así les deseo que "dios" esté con ustedes y con aquellos que quieren. Un abrazo enorme y nos leemos el año que viene. Sean felices. És lo único que importa. J