Notas de la autora: Lo sé… lo sé… estoy loca. No público en siglos, y ahora me da por publicar dos capítulos seguidos. ¿Qué quieren que les diga? He estado de baja unos días por un catarro descomunal lo que me ha dado el factor "tiempo"… y las musas han bajado a visitarme y… ya saben, no puedo contenerme. Una vez lo tengo escrito, tengo que subirlo. Jajajaja. Además, se han portado tan bien conmigo y me han dejado tantos comentarios hermosos, que me he dicho… ¡Qué demonios! Así que, aquí les dejo este capítulo. Meloso, meloso… jajajajaja. Arigatooo y espero que les guste tanto como a mí. Gracias por sus más de 500 comentarios, soy la persona más afortunada de la tierra por contar con su valioso apoyo.
.
Mi fan número 246
.
Capítulo dieciocho
.
Tres mil millones de latidos
.
Miré en dirección a la multitud con cara hastiada. Por fin habían salido publicados los resultados de los exámenes trimestrales, y todos los alumnos habían corrido en manada a ver sus calificaciones. Sentía tanta curiosidad como cualquiera, pero por el momento, prefería quedarme a unos cuantos metros de todos esos idiotas bulliciosos. Observé sus reacciones por unos minutos, apoyado en la pared de una esquina. Chicas llorando, tipos estrujándose el cabello, niñatas chillando y abrazándose emocionadas… menudo grupo de memos… ¿no sabían tomarse las cosas con calma? Sólo eran los resultados trimestrales. Su vida no cambiaría por eso. Iba a girarme e ignorarles, cuando algo llamó mi atención y no pude evitar sonreír.
Sakura había llegado corriendo y estaba detrás de un grupo de gigantes intentando ver su nombre en la pared. Se ponía de puntillas, bufaba irritada y daba saltitos. Pero nadie se apartaba. Ser tan bajita la hacía adorable, pero también tenía sus desventajas. Me incorporé con toda la intención de ir en su ayuda, cuando mi vena traviesa ganó la partida. ¿Por qué no darle rienda suelta y ver cómo se las apañaba ella sola? Sería todo un espectáculo y podría reírme a su costa un buen rato. Así que me apoyé de nuevo en la pared y decidí observarla sólo un poco más. Ojalá hubiera tenido a mano una coca cola y un gran bol con palomitas saladas.
- Eres malo – ni siquiera la miré. El perfume de Mei era inconfundible, así como su voz gritona.
- ¿A sí?
- ¿No la ves? Toda apurada intentando abrirse paso… Y tú aquí, mirándola con cara de bobo enamorado y sin hacer nada.
- ¿Y qué podría hacer yo?
Mei iba a responderme alguna estupidez absurda, cuando los dos nos quedamos con la boca abierta por el asombro. El capitán del equipo de baloncesto había salido de la nada y como si fuera lo más normal del mundo, levantó a Sakura en brazos. Esta se sorprendió e intentó zafarse al instante, pero en cuanto vio al chico, se dejó ayudar y empezó a buscar su nombre desde las alturas. Noté como mis puños se cerraban de pura rabia.
- Pues… ¿algo como eso? Por cierto… ¿Qué hace Sak intimando con ese tipo? ¿No le rompió la nariz hace unas semanas? – no iba a quedarme para contestarle. Mi instinto salvaje me sacó de allí a toda prisa y pronto me vi al lado de ese par de descarados con cara de querer asesinar a alguien (y todos sabemos a qué "alguien" me refiero)
- ¿Se puede saber que haces cogiendo en brazos a las novias de otros? – Ambos se giraron para verme, sorprendidos y me crucé de brazos al ver que ninguno movía ni un músculo. – Que la sueltes. ¡Ahora! – Y lo hizo. Así que cogí la mano de Sakura y tiré de ella en mi dirección hasta que la sentí aferrada a mi pecho. - ¿Qué cojones pretendes? – esa torre que nuestro equipo de baloncesto tenía por capitán me miró con los ojos abiertos y levantó las manos en señal de inocencia (un gesto nada creíble, me gustaría añadir)
- Eh, tío… relájate ¿vale? Sólo quería ayudar a Kinomoto. Ser una enana tiene sus desventajas.
- ¿Enana? Pero como te atreves a llamarla… - las manos de Sakura en mi cintura me pararon justo a tiempo, o juro por dios que el que le partía la nariz esta vez era yo.
- Eh, eh… Xiao… cariño… no seas así… Iwara sólo está de broma. Es sólo un apodo sin mala intención. No pretende nada conmigo. ¿A que no Shen? - ¿Shen? ¿Esa mocosa tonta le había llamado por su nombre de pila como si fueran los mejores amigos del mundo? ¿Dónde había quedado ese odio que hizo que le partiera la cara?
- Claro hombre, Sakura y yo solo nos estamos haciendo amigos. Ya me largo y os dejo con lo vuestro. – noté que el calor me subía del estomago a las orejas y me contuve a duras penas.
- Gracias. Nos vemos otro rato. - ¿Por qué le hablaba Sakura con esa voz tan dulce?
- Claro, Sakura. Por cierto. ¿Has aprobado?
- Aún no lo sé… no me ha dado tiempo de verlo bien.
- Espera, que miraré por ti – mi puño se estrelló solo contra su pecho y lo aparté con un gran impulso que casi lo hace trastabillar.
- Ya me tiene a mí para eso. Lárgate de una vez, "Shen". – el tipejo me retó con la mirada durante unos segundos, pero pronto se arrepintió y me dedicó una sonrisa de lo más falsa e hipócrita.
- Claro Li… faltaría más. Nos vemos enana… digo, Kinomoto.
- A… adiós… - le seguí con una mirada desafiante hasta que dobló la esquina y por fin pude relajarme un poco. Sakura me golpeó el hombro con fuerza para replicarme algo, pero no quise dejar que abriera esa bocaza traicionera. En vez de eso, me alejé de ella y miré los resultados. Las chicas se apartaron al verme y les sonreí coqueto.
- ¿Así que tú puedes coquetear con todas y yo no puedo hablar con Iwara? Muy justo Li… – bajé el rostro y miré con atención ese par de esmeraldas que últimamente me traían de cabeza. El puchero en sus labios era precioso y se había recogido el flequillo con una horquilla, despejando así su frente.
- La palabra clave es "todas" Sakura… yo no trato a ninguna de un modo especial. Sólo a ti. Cumplo con mi papel de príncipe ¿recuerdas? Pero desde hace unos días, tengo la sensación de que con el único tipo que finges tú, es conmigo. – vi como sus ojos se abrían por la sorpresa y me di cuenta de que había hablado de más. Como siempre. Así que busqué su nombre en la tabla para desviar su atención. Lo último que quería era tener que dar explicaciones de mis celos adolescentes – número cincuenta y seis.
- ¿Eh? ¿Has quedado entre los cien primeros? ¡Fantástico Xiao! – rodé los ojos. ¿Por qué era tan tonta a veces? ¿Tan insignificante era para ella que ni siquiera sabía que era uno de los alumnos mejor clasificados? Mi familia me mataría si bajaba del tercer lugar. La levanté, tal y como había echo ese gorila estúpido segundos atrás y le enseñé mi nombre en la tabla con voz resignada. – Yo soy el segundo, como siempre. Tú eres la cincuenta y seis, niña tonta. – la solté con reticencia, pues tenerla en mis brazos era jodidamente placentero e iba a girarme para irme, cuando sus manos tiraron de mi espalda desequilibrándome. Sakura se había puesto a brincar encima de mí como una niña histérica y gritaba de emoción al puro estilo "Meiling Li". Eso me habría sacado de quicio en el caso de mi prima, pero no pude evitar ponerme rojo cual tomate con ella.
- ¡No me lo puedo creer! ¿Es en serio?! ¡Oh por todos los dioses! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! – me abrazó con fuerza, agarrándose a mi cuello y casi nos vamos al piso. Todos nos miraban. Se reían y nos señalaban. Pero me importaba una mierda. Tenía a Sakura entre mis brazos por voluntad propia y eso, no pasaba a menudo… Así que rodeé su cintura y la apreté contra mí, sin importarme un pimiento lo que pudieran decir esos idiotas, ni que me hubiera estado riendo de ellos tan solo unos minutos atrás precisamente por sus actitudes histéricas.
- Yo no he hecho nada… es cosa tuya. Te has esforzado mucho. Bien por ti… – Sakura se separó a la velocidad de la luz y gruñí, decepcionado. Si que había durado poco su momento de locura transitoria…
- ¡Claro que no! Nunca había estado entre las cien primeras. ¡Es por ti! Eres un profesor excelente. De verdad. ¡Ya verás la cara de idiota que se le queda a Touya en cuanto se lo diga! ¡Oh, por dios! Me muero de ganas… – se la veía tan feliz… Su rostro resplandecía luz y el rubor de sus mejillas la hacía ver aún más inocente. Y yo quería besarla a toda costa. Intenté frenar mis impulsos, pero la imagen de ese gorila alzándola en sus brazos se me pasó de nuevo por la cabeza, haciendo que la poca cordura que me quedaba se fuera al caño. (lo cual últimamente pasaba más a menudo de lo que me gustaría admitir) Así que me agaché a su altura y acaricié su mejilla en un gesto suave.
- De nada, mi flor – y la besé. Duró unos segundos y ni siquiera profundicé el gesto. Sólo un leve toque de labios. Y ella no se apartó. Claro, si estábamos rodeados por medio instituto. Por lo que a Sakura se refiere, este era un beso "fingido" de caras a nuestro público fiel. Aún así, cuando me separé y vi su rostro como un semáforo, sólo pude sonreír. – Considéralo una venganza por permitir que ese imbécil te levantara. Por insinuar que votarías por Yue en vez de por mí, y por dejar que fuera Eriol el que te diera consuelo el día del festival en vez de un servidor.
- Yo… eh… - me giré totalmente satisfecho y alcé la mano a modo de despedida mientras empezaba a caminar en dirección al aula. Pero su voz me paró en mi sitio de nuevo.
- ¡Espera Xiao Lang! – sentí sus pasos en mi dirección y me giré para mirarla. Aún no me acostumbraba a que me llamara por mi nombre chino, así que me puse nervioso. Además, ella estaba tan adorable… sonrojada y sin poder mirarme a los ojos. Joder… estaba tan estúpidamente pillado por esa niña tonta… si mi madre supiera lo rápido que me latía el corazón ahora… cuanto se decepcionaría…
- ¿Mmmm? - ni siquiera sabía articular palabra, cretino de mí.
- Yo… eh… ¿haces algo este domingo? – parpadeé, confuso e hice memoria.
- Creo que no… ¿por? – Sakura agachó la cabeza, aún más roja si eso era posible y jugó con sus dedos, como siempre hacía cuando estaba tensa o nerviosa. ¿Existía ser más adorable en el mundo?
- Esto… quiero… quiero agradecerte de algún modo las clases y he pensado… que bueno…
- ¿Vas a decirlo algún día o voy buscándome una silla para esperar sentado? – la oí gruñir con frustración y no pude evitar reírme. – No… no puede ser cierto… ¿Acaso, Sakura Kinomoto quiere invitarme a salir?
- Pues… sí. – ambos dimos un salto sobre nosotros mismos. Yo sorprendido, y ella arrepentida. - Es decir, como agradecimiento. No estoy insinuándome ni nada, yo… sólo… - rodé los ojos sin saber cómo responder a eso. Esa chica era aún más torpe que yo.
- ¿Quieres quedar conmigo en serio o sólo te ves obligada a ello? No necesito falsa gratitud, Sak. Si prefieres…
- ¡Sí que quiero! – ambos nos quedamos callados, mirando el suelo como dos estúpidos. Pero joder, me sentía tan feliz. Era la primera vez que Sakura iniciaba un acercamiento. Y no iba a desaprovechar semejante oportunidad. Antes muerto.
- En ese caso… vale…
- ¡Bien! – dio un salto infantil mientras giraba contenta y quise besarla otra vez. Pero no quería espantarla ahora que al fin ponía de su parte. – Entonces quedamos en mi casa a las cuatro de la tarde. Por la mañana tengo turno en el café, pero creo que me dará tiempo…
- ¿Tiempo? – negó con la cabeza y me miró aún con el rostro arrebolado.
- Es una sorpresa, tú solo… ven ¿vale?
- Claro.
- ¡Perfecto! – salió disparada pasillo arriba sin siquiera despedirse y no pude evitar quedarme como un bobo, observándola. Vi entonces como se paraba en el último momento y volvía corriendo. ¿Qué le pasaría ahora?
- Esto… se me olvidaba… ven a pie. Deja la moto en tu casa. ¿vale?
- Ok…
- Bien. Entonces… vale… yo… me voy.
- Creí que ya te habías ido.
- Esto, sí. Ya me voy. A… adiós. – Sakura arrancó a correr de nuevo, esquivando alumnos y profesores y me sorprendí a mi mismo partiéndome de la risa. Todos me miraron como si estuviera loco, pero no me importó. Me sentía estúpidamente feliz.
- Vaya, vaya… parece que la cereza y el lobo congenian al fin – rodé los ojos y maldije al mundo por poner de testigo a ese idiota de Eriol en mis momentos más embarazosos. - ¿Una cita de domingo? ¿Los dos solos?
- Cállate. – me giré y caminé de vuelta a mi salón, pero obviamente ese inglés entrometido no iba a darme espacio para disfrutar de mi momento de júbilo.
- Deduzco que sigues molesto conmigo por lo del festival… Ya te dije que no estoy interesado en Sakura de ese modo. Solo estaba allí cuando necesitaba un hombro donde llorar. Nada más.
Sólo gruñí en respuesta. No estaba molesto. Es decir, ya no. Confiaba en Eriol para mi total asombro. Él no era el problema, sino ella. Y es que durante semanas me había dicho a mí mismo que el rechazo abierto de Sakura no era sólo cosa mía. Había demostrado desagrado por todo el género masculino hasta la fecha. (a excepción de ese yogur universitario amigo de su hermano… y puede que, del memo de Jack Escarcha, pero eran casos aparte) Por lo que yo sabía, no le gustaba que la tocaran ni que se le acercaran demasiado. Sólo había que ver la reacción exagerada que tuvo con Kaito en el gimnasio. Eso me calmaba un poco cuando me sentía rechazado por ella. Pero últimamente… algo había cambiado. Se había vuelto más… accesible y confiada conmigo. Y eso me hizo muy feliz, hasta que me di cuenta, de que también se había abierto a… más personas. Otros tíos, para ser más concretos.
Dejen que haga memoria… Se puso a gritar como una fan enloquecida cuando vio a Yue con su disfraz de ángel (eso me mantiene despierto aún en las noches) permitió que Eriol la consolara cuando Hatsumomo la hirió con sus memeces y ahora la veía dejándose levantar en brazos por el maldito capitán de baloncesto. Y me gustaría pensar que estaba cumpliendo con su papel y fingiendo sentirse cómoda, pero Sakura no era tan buena mentirosa. Ni en mil años. Y si lo era… ¿dónde me dejaba eso a mí? Estaba claro que los abrazos, los besos en la mejilla y el ir cogidos de la mano era sólo una actuación de caras a la galería. O lo era al menos para Sak. Yo disfrutaba cada instante. Pero… ¿con ellos también actuaba? No lo parecía… era más… espontáneo… más… fácil. ¿Por qué ellos podían tocarla y yo no?
- ¿Qué te está jodiendo la cabeza ahora?
- Nada.
- Te tiene cogido por los huevos ¿eh? Te dije que te quemarías… - no le miré siquiera y entré al aula, seguido por su estela. Recé para que todo se quedara en ese punto, pero para mi desgracia, Eriol se sentó en mi mesa con todo el descaro del mundo. - ¿En verdad crees que no tienes opciones con nuestra pequeña flor? Por qué yo no la veo indiferente para nada… creo que si sigues en esta línea y…
- Eriol, déjalo. En serio.
- ¿Te da miedo crearte expectativas? No es propio de ti…
- Nada de lo que hago últimamente es propio de mí. – Eriol se quedó callado unos instantes, analizándome. Y finalmente pareció darse por vencido. Así que cambié de tema. - ¿Has leído los archivos?
- Sí. Y pienso lo mismo que tú… ambas empresas podían ser salvadas con una inyección económica más que razonable. Tus padres han rescatado otras sucursales, aportando mucho más capital y con mayor riesgo. Hay gato encerrado en todo esto. Algo que compensa la mala prensa y los más de dos mil despidos… pero no sé qué puede ser… Además, el que estudia económicas eres tú, no yo. Yo me considero más bien un alma libre…
Me recargué en la silla, soltando un bufido. Desde que mi madre me confesó sus motivos ocultos para invitar a Sakura a la gala, no podía dejar de pensar en las dos sucursales japonesas que habían liquidado. No era el modus operandi de mis padres. Preferían rescatar sus empresas antes que generar mala prensa. Lo sabía mejor que nadie. Por eso le pedí a Eriol que consiguiera los libros anuales de ambas. Yo era menor de edad y no trabajaba en ninguna asesoría, así que no podía ir al registro y solicitar sus números tan campante. Y tampoco podía acudir a mis padres, ni a ninguno de sus socios para ello. Pero el padre de Eriol era poderoso en Inglaterra y tenía contactos en japón. No tardó ni veinticuatro horas en disponer de la información pública y de algunos archivos algo más… internos. No pude evitar preocuparme. Sabía que había corrido un riesgo al implicar a alguien de fuera, pero valía la pena.
- ¿Te ha preguntado tu padre el motivo por el que le pedías este favor?
- Claro. Le he dicho que es para un trabajo. No se lo ha creído, pero es un tipo discreto. Tranquilo. Confía en mí. – sentí una molestia en la boca del estómago y mi pasado amenazó con resurgir, pero me dije a mi mismo que no merecía la pena hurgar más en viejas heridas. No podía vivir mi vida reconcomiéndome por lo que ya estaba hecho. Eriol jamás había demostrado "esas" intenciones. Ni por asomo. Y ya no era un crío ingenuo. Aun así, me sorprendía su actitud.
- ¿No vas a preguntarme nada sobre porque estoy indagando en el tema? – Eriol me miró fijamente y ambos nos quedamos callados por unos segundos más.
- ¿Debería?
- No lo sé… ¿no sientes curiosidad?
- No. Tus asuntos son sólo tuyos. A menos que necesites mi ayuda o que vea que te afectan de algún modo… no me meteré. ¿Te parece mal? – sonreí de lado y el nudo desapareció.
- No… al contrario. Te lo agradezco.
- Pero volviendo a Sakura…
- Maldita sea. ¿No podrías aplicar tu discreción empresarial a todos mis asuntos?
- Claro que no. Tú vida amorosa sí que es de mí total interés.
- No tengo vida amorosa Eriol… ese es el puto problema. – vi como sus ojos se abrían sorprendidos y me mordí la lengua, por bocazas.
- Vaaaaaya… al fin quieres echar un polvo ¿eh?… ¡Bravo por ti amigo! – sentí mis orejas arder y aparté la vista, azorado.
- Capullo.
- Te recomiendo los condones sensitivos. Te permiten…
- ¡Que te calles mamón!
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Miré la puerta de su casa como si jamás hubiera estado allí de pie. La semana había sido la más larga de mi vida. Las vacaciones de invierno habían empezado y el instituto permanecía cerrado. Así que sólo había visto a Sakura en el gimnasio de Yuko. Eso me dejaba con mucho tiempo libre para pensar en nuestra "cita" y de forma inconsciente, me había creado demasiadas expectativas con todo eso. Así que ahora me sentía muy nervioso. Demasiado. Además, la había notado muy distante durante toda la semana. Cuando intentaba conversar con ella en la piscina me rehuía con una excusa tonta o evitaba mirarme a los ojos. Y eso me tenía preocupado. Nunca lo había echo hasta la fecha. Le habría preguntado al idiota de Eriol si eso era buena señal o no. Pero el muy imbécil no hacía más que soltarme estupideces sexuales sin ton ni son. Era un degenerado. Y yo no necesitaba más pensamientos confusos en mi cabeza.
Cogí aire y al fin me atreví a tocar el timbre. Una vez más, el tiempo pareció transcurrir sumamente despacio y empezaba a pensar que me había equivocado de día o de hora. Por suerte para mí, Fujitaka Kinomoto abrió la puerta con una sonrisa afable.
- Buenas tardes joven Li. ¿Cómo te encuentras?
- ¡Señor Kinomoto! Bue… buenas tardes. No sabia que estaría en casa…
- Es domingo. Supongo que es lo normal ¿no? – me maldije por imbécil. Pues claro que lo era. Que mis padres se pasaran el día en la jodida oficina no significaba que fuera lo habitual.
- Yo… eh. Claro. Perdone. – me quedé mirando el suelo sin saber que hacer o que decir. ¿Cuándo me había vuelto tan estúpido?
- Pasa, por favor. Sakura no tardará en llegar. – Abrí los ojos con sorpresa.
- No… ¿no está en casa?
- Está en casa de Rika, con las chicas. Ser puntual no es su fuerte. Pero me dejó una tarea, así que supongo que será mejor así. – levanté una ceja, completamente perdido ante la situación.
- ¿No tenía turno en la cafetería?
- En la mañana, sí. Pero apuntó en el tablón que luego se pasaría por casa de Rika para que la ayudaran. - ¿Ayudarla? ¿En qué? - ¿me acompañas?
- Yo… eh… claro…
Seguí al padre de Sakura hasta el piso de arriba y entré en lo que parecía ser su habitación. Observé el lugar en silencio. Una cama de metro cincuenta en tonos azules. Dos mesitas de noche con sus lámparas a juego y un armario. También había una foto preciosa de la madre de Sakura, un espejo y por lo que yo podía observar, nada más. Se notaba que el señor Kinomoto pasaba muy poco tiempo allí.
- Espero que no te moleste que te asista yo. Obviamente Sakura no es la persona indicada para estas cosas…
- ¿Disculpe?
- Para ayudarte con la ropa. Los kimonos no son mi especialidad, pero espero que entre los dos nos las arreglemos. ¿Nos cambiamos? – miré con profundo asombro como el señor Kinomoto sacaba una caja del armario y me mostraba un precioso kimono en color verde oliva.
- Es… ¿es para mí?
- Claro. Sakura se ha pasado la semana con esto. Es el primero que hace, pero creo que no le ha quedado mal. Tomoyo la ha ayudado con el diseño, pero lo ha cosido todo a mano ella sola. – sentí mi corazón acelerándose a velocidades inhumanas y no pude evitar alargar mi mano para tocar la tela. Era un kimono sencillo, con detalles de hojas en diferentes tonos de verde y algún brillo dorado en puños y cuello.
- Yo no… no lo sabía…
- Bueno, era una sorpresa. ¿Te agrada?
- Es… precioso. Jamás he llevado kimono…
- Siempre hay una primera vez para todo. Vamos, apresurémonos. O llegará Sakura y no estaremos listos.
Ni siquiera me dio vergüenza desvestirme frente al señor Kinomoto. Mi cabeza no podía dejar de pensar en lo precioso del detalle. Sakura no tenía porqué hacer nada por mí. Ni siquiera esperaba que me diera las gracias. Joder, había sido maravilloso pasar tiempo con ella, aunque fuera estudiando. Y ahora hacía algo como esto. No dejaba de sorprenderme.
- Te queda como un guante. Suerte que Tomoyo tenía tus medidas del festival. Ahí tienes un espejo. – caminé en silencio y me miré con vergüenza.
- Es perfecto… - me quedé como una estatua, mirando mi reflejo y tocando con mis dedos la suave tela. Hasta que la voz de Sakura gritando desde la escalera me hizo brincar.
- ¡He llegado!
- Vaya… aquí la tenemos ¿Bajamos?
- Cla… claro.
Me miré una última vez y seguí al señor Kinomoto escaleras abajo. Me sentía muy confuso y casi perdido. No era la primera vez que alguien me regalaba algo, claro. Galletas, bombones, carteras e incluso alguna polera, pero… jamás alguien había tenido un detalle así. Nunca.
- ¡Pero que lindo! ¡Maravilloso! ¡Te queda perfecto! ¡Que alegría! - miré abajo y en cuanto el señor Kinomoto se apartó a un lado, me quedé sin aliento. - ¿Te… te ha gustado? No soy muy buena cosiendo, pero le he puesto muchas ganas… – Joder si me había gustado, pero… ahora había algo que me gustaba aún más.
- Lle… tu también llevas uno…
- Pues sí. Me lo ha diseñado Tomy y me han ayudado a vestirme las chicas. No me queda tan bien como a ellas esto de llevar ropa tradicional, pero… ¿me veo muy rara?
- Estas increíblemente hermosa… - vi cómo se ruborizaba y tosí, incómodo. Pero es que… en verdad lo estaba. La tela que había elegido Daidouji para la prenda era totalmente blanca y la decoraban preciosos pétalos de cerezo que recorrían con gracia todo el kimono. Era como si fueran acunados por el viento y se arremolinaran alrededor de su cintura, brazos y piernas. También había algo distinto en el obi que llevaba atado. Seguro que por culpa de esa loca de Tomoyo. La tela estrechaba su cintura (ya de por sí muy diminuta) y se cruzaba en la espalda en un hermoso lazo, dejando caer una cinta vaporosa hasta casi tocar el suelo y causando un efecto similar al de una cascada rosada. Todo un regalo para la vista. Y luego estaba su tocado. Llevaba el cabello recogido con flores de Sakura y algunos mechones le acariciaban el rostro como en un sueño de verano. Simplemente hermosa… Bajé un par de escalones totalmente embobado, y me di cuenta de que también estaba maquillada. De forma muy fresca y sutil. Realzando sus ojos y ese rubor natural que le nacía en las mejillas. – Adorable…
- Gra… gracias. Tú también te ves bien… aunque no debería ser yo la que te lo dijera…
- Gracias.
- Un placer.
- No, de verdad. Gracias. Jamás nadie había… bueno… nadie me había hecho un regalo así… - Sakura abrió los ojos a la vez que se ruborizaba de la cabeza a los pies y tuve que recordarme a mí mismo que no estábamos solos.
- Yo… Tomoyo me ha ayudado, no te creas…
- Es prefecto. De verdad. – nos quedamos callados, ambos perdidos en los ojos del otro hasta que la voz de Fujitaka nos devolvió al piso.
- Bueno, apúrense. Los fuegos artificiales no son hasta las siete, pero hay mucho por ver. Además, si llega Touya te atará a la silla y adiós festival.
- ¡Es cierto! ¡Corre Xiao Lang! O mi hermano es capaz de seguirnos y arruinarnos la tarde. – vi como Sakura le daba un beso en la mejilla a su padre y sentí envidia. Eran una familia muy unida, y sólo había que ver los ojos del señor Kinomoto para leer el profundo amor que sentía por su hija.
- Espero que se lo pasen bien. Aquí tienen sus abrigos tradicionales. – Sakura se puso sobre los hombros una pequeña torera de pelo blanco y su padre me entrego una chaqueta que complementaba perfectamente con el Kimono.- Gracias por cuidar de mi pequeña, joven Li.
- Oh, yo… no hago nada especial.
- Claro que sí. Jamás había visto a Sakura esforzarse tanto en los estudios, ni pasarse noches en vela para hacer un regalo a alguien. Es obvio lo que siente por ti. Y me alegro mucho por ambos. – Quise que la tierra me tragara en ese mismo instante, porque joder… me sentía terriblemente descolocado.
- Pa… papá… no digas esas cosas…
- No, es cierto. Me tenías muy preocupado estos días, pero… me alegra ver que no ha sido nada y que ambos han salido adelante, juntos. Ya sabes que tu madre tuvo muchos problemas cuando empezó a salir conmigo… su familia siempre me rechazó por ser mayor que ella y…. al ser el joven Li hijo de una familia tan poderosa… me asusté. No quería que pasaras tú también por eso. Gracias a los dioses, no ha sido así. Y me alegra verte feliz. – y la culpa estalló en mi pecho. Y pude notar a la legua, que también ella se sentía tremendamente desdichada por estar engañando a su familia. Pero… ¿cómo contar la verdad ahora?
- Sakura… será mejor ir tirando…
- Cla… claro…
- Vayan con cuidado. Te he puesto unas tiritas en el bolso, por si luego te duelen los pies.
- Gracias papá.
El señor Kinomoto nos despidió con una sonrisa afable en la entrada y ambos caminamos varios minutos en silencio. Toda la magia del momento se había esfumado por las palabras de su padre y no sabía como volver al instante en el que me sentía tremendamente feliz. Así que suspiré y me atreví a tomar su mano. La sentí brincar, pero no intentó soltarse.
- Lo lamento… esto se ha vuelto una autentica locura… quiero que sepas que yo jamás…
- Basta Xiao. No puedo soportar más disculpas… de verdad. Dijimos que lo dejaríamos atrás y que intentaríamos ser amigos ¿no? No podemos estar siempre pensando en lo que hicimos mal. ¿vale?
- Pero…
- ¿Te gusta el algodón de azúcar? Por qué a mi me encanta. Sobretodo el que hacen en el templo Tsukimine. Ya verás, hay un montón de paradas con bolitas de pulpo, yakitori, takoyaki… se me hace la boca agua sólo de pensarlo. Tendré que traerle algo a Kero…
- ¿A tú gato?
- Sí. O lo tendré maullando toda la noche de pura agonía. No sé como lo hace, pero sabe cuando voy a comer fuera y se cobra venganza si no le traigo nada.
- ¿Es que no come latas de atún como un felino normal?
- Te reto a intentarlo. Ese glotón no tocaría un plato de comida para gato ni muerto. – me atreví a reír, y Sakura me siguió, mucho más relajada.
- Eres tan… diferente.
- ¿Yo? – asentí en silencio, sin soltar su mano ni por un instante. Se sentía demasiado bien tenerla así. Sólo los dos, paseando y sin miradas curiosas. Sin fingir – Y eso es… ¿malo?
- Para nada… me encanta eso de ti… - la vi agachar la cabeza y desvié mi atención al cielo. Las nubes habían empezado a ocuparlo y por un momento, tuve miedo del clima. No quería que se pusiera a llover y tuviéramos que volver a casa. Hoy no.
- Tranquilo. He mirado la previsión del tiempo. No lloverá hasta pasada la media noche.
- Bien. No quiero perderme nada.
- Hoy estás muy… amable. ¿En verdad te ha gustado el Kimono? Tomoyo pensó que era mejor hacerlo en tonos negros y dorados, ya sabes, por el color de tus ojos. Pero… pensé que tu color favorito sería una mejor idea…
- ¿Sabes cual es mi color favorito?
- He leído tu biografía. – solté una risa alegre y agarré su nariz con confianza.
- Pues nadie lo diría. Mira que pensar que podía haber quedado en el puesto cincuenta y seis… una mente prodigiosa cómo la mía…
- Oh, cállate. No tiene nada que ver contigo. Sólo que jamás imaginé que pudiera quedar entre las cien primeras. Es un sueño…
- Qué simple eres. – noté su ademán por pegarme y la esquivé fácilmente, disfrutando del mohín que se dibujaba en su rostro.
- Oye, que para mí es importante. Gracias a eso puedo seguir trabajando en el gimnasio y seguir saliendo contigo. – me paré en mi sitió. ¿Había oído bien?
- ¿Sa… saliendo? – Sakura se ruborizó y apartó la vista, pero mi corazón era el peor parado en todo esto.
- Cla… claro. Touya me amenazó durante días. ¡O sacas buenas notas o juro por dios que te alejo de ese mocoso chino y de todos tus amigos! ¡Ese niñato sólo va a traerte problemas Sakura! ¡Te voy a tener encerrada hasta la universidad cómo bajes la media un solo decimal! ¡Es tan insoportable…!
- Ah… tenías miedo de que te atara en corto y no te dejara salir de casa… por un momento creí… - vi como se le alzaba una ceja a modo de pregunta y negué con la cabeza. – Nada, es que a veces malinterpreto tus palabras.
- ¿Y qué habías entendido? – quise contestarle que me había emocionado pensando que en verdad quería ser mi novia y salir conmigo, pero obviamente esa no era una buena idea. Me echaría de allí a patadas. Puede que hasta me quitara el Kimono y me dejara desnudo en pleno invierno.
- No importa. ¿Y dónde esta ese templo con comida deliciosa para gato?
- Imbécil…
Caminamos durante un buen rato, aunque para mí no fue suficiente. Hablando del instituto, de las clases y de los idiotas de nuestros compañeros. También nos contamos algunos detalles de nuestros gustos y compartimos series y películas que habíamos visto el último mes. Sakura se sorprendió al comprobar que nuestros gustos cinematográficos no eran tan distintos y me sentí tentado a invitarla al cine. Pero luego pensé que era abusar de mi buena suerte. Puede que otro día… cuando mi cerebro volviera a recibir el oxígeno de forma correcta. Era una de esas pocas ocasiones en las que Sakura y yo no discutíamos y eso era como ver una estrella fugaz. Y no haría nada que pudiera estropearlo.
- ¡Aquí está! El templo Tsukimine. – nos paramos frente a un Torii muy discreto. Había visto fotos de algunos, pero nunca ninguno tan pequeño. El rojo se había desteñido con el paso de los años y nadie se había molestado en restaurarlo. Así que me sorprendí gratamente cuando Sakura tiró de mí y me encontré frente a un montón de paradas a lo largo de un inmenso camino de piedra.
- Vaya… este sitio es enorme…
- ¡Lo sé! Kaho está al cargo del lugar y le dedica todo su tiempo y esfuerzo.
- ¿Kaho?
- Oh, fue mi niñera de pequeña. Antes y después del accidente de mis padres. – la voz se le quebró por un momento, pero se recuperó a la velocidad de la luz. - ¡Ya te la presentaré! Es una mujer preciosa y muy dulce. Siempre tiene una sonrisa para mí. Aunque siempre he pensado que mi hermano Touya es su preferido…
- ¿Celosa? – me reí con su reacción infantil y ella se puso nerviosa.
- Cla… claro que no.
- Lo que tu digas… Bueno. ¿Y que plato vamos a probar primero? Yo invito.
- ¡Por supuesto que no! Hoy pago yo. Como recompensa por los exámenes.
- Sak… ya has hecho mucho más de lo que debías. No es necesario que…
- Insisto. Además… antes de la gala, Tomoyo y yo usamos tu tarjeta para algo más que ir de compras y… me siento culpable. – me crucé de brazos fingiendo estar ofendido.
- Oh, ¿te refieres a unas entradas de cine, palomitas y una cena en un Fast Food del centro?
- ¡Lo sabias!
- Contabilizo todos mis gastos, Sakura. A fin de cuentas, ahora que estoy en Tomoeda tengo que mantenerme con mi sueldo y una paga mínima de mis padres.
- ¡¿Qué?! Yo creí… ¿tú me compraste el vestido con tu dinero?
- Claro.
- Pensé… pensé…
- ¿Qué lo pagaban mis acaudalados padres? – asintió con vehemencia y sonreí.
- Lógico. Pero no. Ya te conté que hice algunos "tratos" con ellos para poder gozar de esta libertad durante unos años. No puedo pedirles más de lo que recibo. Así que controlo mis caprichos.
- ¡Lo siento tanto! ¡Te pagaré el cine y lo demás! – me reí mientras ambos caminábamos entre todo el tumulto de visitantes y volví a cogerla de la mano.
- No seas tonta. Estamos hablando de una hamburguesa y cuatro palomitas. Ni que hubieras ido a un restaurante de lujo.
- Pero… - apreté su mano notando que empezaba a estar fría y le sonreí.
- Insisto. – el rubor que cubrió sus mejillas me dejó indefenso, así que me dispuse a centrarme en otra cosa, o no respondía de mis instintos. – Me apetece algo de chocolate…
El tempo se llenó de gente, hasta el punto de que a penas sí podíamos caminar a paso normal. Pero eso sólo me sirvió de excusa para mantenerla cerca y cogida de mi mano. (menudo tormento ¿eh? De repente los sitios abarrotados ya no me parecían tan mala cosa) Y el reloj volvió a demostrar que era un objeto cruel, pues para cuando quise darme cuenta eran más de las seis de la tarde. Pronto los fuegos artificiales empezarían y yo tendría que irme a casa… sin ella. Y no quería.
- ¿Vamos a buscar un sitio para ver los fuegos? – Sakura me sonrío traviesa y sentí vértigo. No me mires así… por todos los dioses.
- Oh, eso es para los simples mortales, joven Li. Pero estás conmigo. Tengo mis contactos… - me sentí tentado a chincharla, pero en vez de eso decidí que era mejor dejarse llevar.
- Vale… has picado mi curiosidad ¿entonces? ¿A dónde me llevará la "señorita contactos"?
- ¡Sígueme! – ambos nos colamos como dos colegiales corriendo entre la multitud y por un segundo pensé que perdería su mano. Pero Sakura se giró a mirarme, reforzando el agarre y sonriendo como un puto ángel. – No te sueltes, o todas las chicas se te tiraran al cuello. Lo único que evita que no te estén acosando es que estás conmigo. ¿no fue lo que me dijiste?
- Tranquila… no me voy a ninguna parte… - noté como tiraba de mí una vez más y casi floté a su ritmo. ¿Estaba en un sueño y no me había enterado?
- ¡Li! – No, claro que no. Si esto fuera un sueño, la estúpida mejor amiga de Hatsumomo no habría aparecido. Mucho menos acompañada de todo su sequito - ¡Pero si estás aquí! Mírate… vestido con un Kimono. Ya verás cuando se lo cuente a Hatsu… No ha podido venir me temo… pero ¡eh! Tengo que hacerte una foto. – ambos nos paramos muy a mi pesar. Quise ser un borde e ignorarla. Pero Sakura no era tan mala persona como yo. – Oh, Kinomoto. No te había visto. Ese Kimono es… atrevido. ¿Cosas de tu amiga Daidouji? No entiendo la forma del obi que llevas…
- Es que Tomy siempre guarda sus mejores obras para mí. Es lógico que no estés al día con algo tan… novedoso.
- Ya veo… pero deja que nos hagamos una foto Li, o Hatsumomo me matará. – la muy descarada le dio el móvil a Sakura y se puso a mi lado con confianza. Iba a apartarme de ella, cuando vi que Sakura negaba con la cabeza.
- Esta bien cariño, no me importa.
- Claro que no le importa. Kinomoto sabe que jamás pisaría terreno de otra. ¿verdad? No todas somos de "esas". – rodé los ojos, pero decidí ignorarla. No se merecía mi atención. Sakura nos sacó una foto rápida y le entregó la cámara con una sonrisa cínica.
- Has quedado perfecto amor. Aunque creo que tus ojos han quedado algo entrecerrados eh… perdona, no me acuerdo de tu nombre…
- Takeuchi.
- Oh, claro. Que despistada soy. – Sakura se colgó de mi brazo y me sentí orgulloso. Puede que se achicara con Hatsumomo (aún no sabía porqué) Pero cuando quería, era toda una fierecilla.
- Bueno, no os quito más tiempo que los fuegos artificiales estarán por empezar. Le daré recuerdos de tu parte a Hatsu. ¡Oh! Pero espera. – esa idiota se me acercó de nuevo y me movió el cuello del Kimono con demasiada confianza. Le aparté las manos con un gesto suave, reprimiendo a duras penas las ganas de escupir algún insulto. – Oh, lo siento. Es que parecía que tenías el cuello torcido… pero puede que esté algo desnivelado y… ¿eso que veo es un hilo? No me digas que… ¿está hecho a mano? – Vi como Sakura se sonrojaba y maldije a esa niña idiota. - ¿Es cosa de Kinomoto? ¡pero que mono eres Li! Esforzándote por llevar un Kimono echo por una principiante… aunque esté a penas aceptable… tan dulce. ¿No son monos chicas? – iba a abrir la boca para enviarla al puto infierno, cuando Sakura se recargó en mi brazo con coquetería.
- Pues sí, es un amor. Aunque no te creas. Creo que me equivoqué con la medida de los hombros. Me ha costado sudor y lagrimas subírselo y luego abrochar el obi. Casi tiene que venir sólo con sus bóxer negros el pobre… no quiero ni pensar lo que sería pasearse así por aquí. ¿Verdad amor? – las chicas se miraron entre sí, totalmente desquiciadas por sus palabras y yo casi me hecho a reír como un poseso - Es que está taaaaaan musculado por sus entrenamientos, que es difícil hacerle una camiseta sin equivocarse. Aunque no me quejo… claro. No sabes lo bien que sienta que tu pareja de cama sea tan atlético y ágil…
- ¡Eres una descarada!
- Oh ¿de veras? Es que ya sabes… yo sí soy de "esas". Ahora saca tus manos de arpía de mi novio y vete a dar una vuelta ¿quieres? A ver si se te enfría un poco esa cabeza, no vayas a sangrar por la nariz al imaginarte a "mi amante" en paños menores.
- Yo… ¿cómo te atreves? ¿vas a dejar que esta me trate así, Li? – me encogí de hombros y apreté más a Sakura contra mí cuerpo.
- ¿Qué quieres que te diga? Soy un lobo felizmente amaestrado. Además, me pone cachondo cuando "esta" saca sus garras. – Sakura a penas pudo contener la risa a mi lado y me sentí feliz.
- Me decepcionas… vámonos chicas.
- ¡No olvides contarle esto también a tu Hatsuperra! Hay, perdón… es que a veces me equivoco con los nombres. - Ambos nos partimos de risa mientras las veíamos irse entre cuchicheos indignados.
- Que las jodan. Has estado de miedo, Sak. – Sakura miró en dirección al templo y negó con un golpe seco de cabeza.
- Hasta yo tengo mi limite. Si todo el mundo está dispuesto a pensar que soy una zorra desvergonzada que se aprovecha de ti… ¿de que sirve ir en su contra? Que se mueran de la envidia. Ellas en mi situación se pasarían el día gimiendo entre tus piernas.
- ¡Sakura! ¿Qué llevaba ese vaso de ama-zake que te has tomado hace un rato? – me quedé boquiabierto y muerto de la risa a partes iguales.
- ¿Qué? Sólo cito a mi querida mejor amiga. El alcohol no tiene nada que ver. – alcé una ceja, sin creerme que en verdad esa cosa llevara alcohol. Suerte que no quise probarlo - Lo sé, lo sé. Son palabras muy fuertes… pero es culpa de Tomoyo. No la pagues conmigo. No veas la semana que llevo aguantando sus subidas de tono.
- Si te consuela, Eriol está en las mismas. Casi me mete una caja de preservativos en la chaqueta. Por suerte no le dejé. No quiero ni imaginar la cara que hubiera puesto tu padre si los hubiera visto cuando me ayudaba con el Kimono.
- ¿Eriol cree que… nos acostamos? - ¿Por qué me preguntaba eso? ¿A caso le preocupaba lo que pensara Eriol?
- Que va. Pero se muere de ganas porque así sea. Esta dispuesto a todo con tal de que salga con alguien y deje de ser un "amargado". "Hecha un polvo pequeño lobo, eres joven y estás sano. Serás más feliz" Es un idiota hormonado. – Sakura se sonrojó a un lado y me di cuenta de que la "conversación" se nos había ido de las manos – Yo… perdona, no quería incomodarte. Son cosas de Eriol, es un salido. Sabes que yo no quiero…
- Sí, tranquilo. Eso lo sé de sobra. – alcé una ceja e iba a preguntar a qué se refería cuando tomó mi mano de nuevo. – Vamos, o no llegamos.
- Cla… claro.
De nuevo correteamos por el festival como dos locos que perdían el tren. Y tras varios minutos esquivando paradas, niños con globos y vendedores de amuletos, llegamos a una puerta lateral del templo. Estaba cerrada con llave y ponía "acceso restringido"
- A ver. ¿Ahora hay que llamar a la puerta tres veces y decir una contraseña ridícula?
- Oh ¿cómo lo sabes? – la miré con una ceja alzada y disfruté de su buen humor. Puede que tuviera que darle alcohol más a menudo – Tengo la llave, so memo.
- Pues abre de una vez. Se me está congelando el culo aquí abajo. Tendría que haber cogido mi abrigo de esquí… - Sakura se apoyó en la puerta y me miró con una sonrisa suave.
- Tranquilo, no vas a necesitarla… tengo lo que necesitas para entrar en calor - noté mis mejillas arder y ella brincó sobre si misma. – Es decir… me refiero a que tengo un par de mantas allí arriba.
- ¿A… arriba?
- Ya verás. Vamos.
Y nuestra carrera siguió su curso, solo que esta vez no estábamos esquivando una multitud, sino que subíamos por una inmensa escalera de caracol. Otra puerta se puso frente a nosotros, pero Sakura la abrió con la misma facilidad que la anterior. Luego se hizo a un lado y me dejó pasar a mí primero.
- La madre que…
- Lo sé…
- Esto es…
- Sí, sí. Es cosa de Kaho y de Tomy. Aquí no he participado para nada – una terraza llena de hiedra y luces de navidad se abrió ante nosotros y una mesa de hierro cubierta con un mantel blanco esperaba para que la ocupáramos. Cada silla tenía una manta y en el centro se erguía un termo acompañado de dos tazas vacías.
- No me digas que es…
- ¡Chocolate caliente! Tomoyo lo ha subido hace unos minutos. Me ha mandado un mensaje para decirme que todo estaba listo.
- Pero, esto es… demasiado…
- Ni de lejos… ¡Gracias por todo Xiao Lang! De todo corazón. Y bueno… no te creas que esto es sólo para agradecerte… es también un soborno para que sigas siendo mi profesor… ya sabes. Es que jamás había sacado tan buenas notas y…
- Sakura…
- ¿Qué?
- Ya me tenías con el hola. – la vi sonrojarse otra vez y ambos nos pusimos a reír.
- ¿Te gustó Jerry Maguire? Eres toda una caja de sorpresas Xiao…
- No soy yo el que ha preparado todo esto… ¿Estas tratando de seducirme?
- Eso díselo a Tomoyo. Yo soy incapaz de preparar algo así.
- Pero no te has sorprendido al verlo…
- Es que me ha mandado una foto hace unos minutos, seguida de un icono nada sutil…
- Oh – Sakura jugó con sus manos, nerviosa, pero corrió a sentarse con una sonrisa y enrolló todo su cuerpo en esa manta.
- Corre, hace frío. – Miré su rostro sonrojado y el cielo que empezaba a oscurecer. Tendríamos las mejores vistas, sin duda.
- ¿Traes aquí a todos tus ligues? – Me senté despacio, disfrutando de cada detalle y seguí su ejemplo enrollando la tela en mis hombros. – Joder, que bien… empezaba a tener miedo por mi salud. Me pongo malísimo cuando cojo un resfriado.
- Como todos, tonto… - como adoraba que me llamara así… ¿Estaba loco? ¿Era todo un sueño a fin de cuentas? Por qué… no era… nada típico de ella todo esto. ¿verdad? ¿Estaba intentando ligar conmigo de verdad? No… todo este escenario tenía la firma de Daidouji. Sakura jamás habría preparado semejante escena para mí - Lo cierto es que sí había venido antes, pero con mi familia. Eres la primera persona ajena a la que hago subir esa escalera.
- Vaya… me siento honrado.
- Deberías. Porqué mira que tengo a un montón de chicos haciendo cola… - sabía que estaba intentando ser sarcástica, pero lo cierto es que podía imaginar un par de tipos que vendrían encantados.
- Ja, que se joda Jack Escarcha y Míster torre humana– Sakura me miró con el ceño fruncido y de nuevo me mordí la lengua, por idiota. – Vamos, sirve ese chocolate caliente.
- Oh, claro.
El silencio que se creó a nuestro alrededor fue de lo más natural. Son pocas las personas con las que me siento cómodo sin decir o hacer nada. Eriol, mi prima (aunque no era común que la muy tonta se callara) y quizá mi padre. Y ahora, sabía que con Sakura era todo perfecto. Sus bromas, sus risas. Joder, incluso cuando discutíamos era algo mágico. Y me di cuenta una vez más, esta vez sin temor a equivocarme, de que me había enamorado de ella. Joder que sí.
- ¿Sabes? No pensé… bueno, no creí que pudiéramos estar más de quince minutos sin discutir. – Oí su voz tranquila y miré el cielo sintiéndome jodidamente afortunado. Yo tampoco lo creí, pero aquí estábamos.
- Es porque me contengo. – la oí reír y me atreví a mirarla – Ahora en serio, no sé porqué has hecho todo esto, pero… gracias. Nunca nadie había tenido un detalle así conmigo…
- ¡Anda ya! Con la de chicas que tienes tras tu estela, seguro que esto es un detalle pobre en comparación. Hiraguisawa me dijo que una chica de Hong Kong te vino a buscar en helicóptero. – mataría a Eriol y su bocota de idiota. Eso fue una loca que quiso quedar conmigo a pesar de que me negué en redondo una decena de veces. Y obviamente, no subí al puto helicóptero. Pero eso no era lo que más me molestaba.
- Tú y Eriol… parecen llevarse bien desde el festival de invierno. ¿no? – sus ojos me observaron y me sentí pequeño y estúpido. Pero no podía evitar ponerme celoso. Aún podía recordar perfectamente lo que sentí al verlos en ese rincón, cogidos de las manos. No desconfié ni por un segundo (bueno, puede que por un par de segundos sí quisiera matar a Eriol) pero… aún así, me dolía que confiara en alguien que no fuera yo. Sakura no me contaba nunca sus problemas. ¿Por qué a él sí? Si a penas se conocían.
- Pues lo cierto es que sí me llevo bien con él… no sé por qué, pero me resulta fácil hablar con Hiraguisawa. Quizá es porqué me recuerda a Tomy… - era cierto, ese par se parecían. – Además, me ayuda a conocerte mejor. Tú nunca me cuentas nada de ti. Me resulta difícil comprenderte… - la taza de chocolate casi se me resbala de las manos por el susto.
- ¿Quie… quieres conocerme?
- Pues claro. Somos amigos. ¿No?
Amigos, por supuesto. Serás idiota. Deja que tu cabeza baje a la tierra. Puede que lo del Kimono fuera cosa de Sakura, pero las luces, la mesa y las mantas eran obra de Daidouji. Ella jamás crearía una atmosfera romántica a propósito. Me recosté en la silla, soltando todo el aire de mis pulmones y viendo cómo el vaho se formaba a mi alrededor. Con la noche, había llegado el frío.
- Sólo tienes que preguntar…
- ¿De verdad? – asentí con la cabeza. Tras eso pasamos unos segundos callados, y para cuando pensé que de nuevo íbamos a sumirnos en un silencio cómodo, ella habló.
- No eres… virgen ¿o sí? – ahora sí que me caí de la silla. Literal. Y Sakura se levantó a toda prisa para ayudarme.
- ¡Ah por dios! ¿Te has hecho daño? – Me incorporé muerto de la vergüenza, evitando su ayuda y la miré atónito.
- ¿A qué demonios viene la pregunta? – Sakura se ruborizó a más no poder y se apartó como si yo quemara.
- ¡Perdona! Es que… por los comentarios que hace Hiraguisawa… tú insistiéndome en que odias el género femenino y que no eres un casanova como todos piensan y… otras cosas…. ¡Yo sólo sentí curiosidad! ¡Pero no es necesario que me respondas! – cogí la silla evitando sus ojos a toda costa y me senté de nuevo, con el corazón al borde de un infarto.
- Joder… cuando le dices a alguien que puede preguntarte cosas sobre él, lo normal es que se interese por tu color favorito.
- Es que yo ya sé cual es…
- ¡Pues yo no tengo ni idea del tuyo! – Sakura se rio suavemente y me sentí un estúpido.
- El blanco.
- Oh… vale. Ahora ya lo sé.
- Bien.
- Bien. – otro silencio que Sakura aprovechó para tomar asiento a mi lado y servirme un poco más de chocolate caliente.
- Y vas a decirme si…
- ¡Sí joder, lo soy! ¡¿Y qué?! – Sakura parpadeó un par de veces y abrió la boca.
- Yo… iba a preguntarte si te había gustado el chocolate… - sentí mis mejillas arder de nuevo y me giré para maldecir a todos los putos dioses. ¡Bocazas idiota! - ¿De verdad lo eres? – Asentí lentamente. – Vaya… ahora sí que tengo mejor opinión de ti. – la miré de reojo y vi que me sonreía afablemente. – ¿No vas a preguntármelo a mí? ¿Aunque sólo sea para vengarte?
- Venga ya, Sak. Si tiemblas como una hoja cuando te beso y te enfureces cada vez que alguien toca el tema. Es obvio. Aunque hoy no has tenido problema en airear a todos los vientos nuestra "supuesta" vida sexual.
- ¡Es que me han sacado de quicio! – una vez más, por arte de magia, el buen ambiente había vuelto. Estaba pensando cómo continuar con la conversación, cuando una preciosa palmera de fuego iluminó el cielo. - ¡Han empezado los fuegos!
Los fuegos duraron varios minutos. Fueron discretos y nada ostentosos. Mi familia montaba espectáculos pirotécnicos mucho más elaborados en sus fiestas. Pero aún así, no podía recordar unos fuegos mejores. El momento perfecto, el lugar idóneo y la mejor compañía. Por mí, como si el mundo se acababa en ese instante. ¿Era ese el momento para ser sinceros? ¿Le decía a esa chica tonta, infantil y gritona lo loco que me tenía?
- Sakura… yo…
- ¡Mierda! – di un salto sobre mi mismo y la miré, atónito. – ¡No hemos comprado nada para Kero! – rodé los ojos y me hundí en la silla. No… decididamente no era el momento.
- Anda, vamos a por un par de bolitas de pulpo para ese saco de pulgas antes de que diga una estupidez de la que luego me arrepienta...
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Miré el camino de vuelta a casa con fastidio. La tarde de domingo había quedado atrás y era el momento de volver a la realidad. Y no quería. Casi parecía un estúpido niñato adolescente en su primera cita. Pero… es que… me daba la sensación de que de vuelta al instituto todas las aguas volverían a su cauce. Abrazos fingidos, broncas absurdas y toda esa jauría de niñatos pendientes de nosotros. Miré a Sakura. Tatareaba una canción de ACDC mientras balanceaba la bolsa con la comida para su estúpido gato. Hasta sus gustos musicales eran peculiares, y desafinaba como un loro bajo un chorro de agua fría. Pero se la veía… relajada. No quería dejarla en casa. Ni de coña, vamos.
- Sakura… si quieres podemos…
Un rayo cruzó el cielo y la vi saltar en mi dirección. Poco a poco fueron cayendo gotas. Muy lentamente al principio, pero en cuestión de segundos estábamos corriendo bajo la lluvia totalmente empapados. Su mano tiró de mí con fuerza y me hizo girar en dirección al parque. El cielo no paraba de iluminarse y pronto me vi arrastrado hasta un enorme tobogán en forma de pingüino. Al parecer tenía un enorme agujero en la barriga y Sakura pensó que era un buen lugar dónde buscar cobijo. El problema era, que no estaba diseñado para chicos de nuestra edad. Así que nos encontrábamos en una situación algo… estrecha.
- Oye… si querías arrumacos, sólo tenías que pedirlos. – mi intento por aligerar la tensión no funcionó en lo más mínimo. La sentí temblar a mi lado y me lancé a la piscina. ¡Qué demonios! No iba a dejar que se muriera de frío. - Ven aquí. – Sakura se dejó abrazar para mi sorpresa y sentí su aliento en mi cuello. Mi amiguito de la parte baja ya llevaba un tiempo luchando por añadirse a la fiesta y sabía que no podría impedírselo por mucho rato más si la tenía tan cerca.
- Estas tan calentito… cómo una bolsita de agua caliente - vale, esos comentarios no ayudaban para nada. ¿Cómo demonios me soltaba algo como eso y se quedaba tan ancha? ¿No tenía sentido del peligro?
- Creo que te ha subido la fiebre Sak… - oí su risa suave y de nuevo el corazón empezó a bombearme como loco.
- Tu corazón… late muy deprisa…
- Es porque hemos corrido mucho… - joder, menos mal que había sido rápido de reflejos.
- Oh… claro… - Sus brazos me apretaron con más fuerza y poco a poco sentí como su respiración se iba acompasando. Y pensé que esto no era bueno para alguien que sufría del corazón. Por muy sutil que fuera su dolencia. Aún llevábamos las mantas que nos había dejado Tomoyo en esa terraza, pero no era suficiente. Estábamos empapados en pleno mes de diciembre. Tenía que llevarla a su casa para que se quitara esa ropa mojada de encima.
- Sak… iré a buscar algo para cubrirnos y te llevaré a casa. Tú espérame aquí. – Sakura se aferró a mí con más fuerza y de nuevo el corazón se me disparó.
- No, por favor. No me dejes sola, Xiao… - sentí algo húmedo y caliente en mi cuello, y supe que no era por la lluvia. Sakura estaba llorando. Así que me alarmé.
- Eh… tranquila… ¿Qué ocurre Sak? – Quise apartarla un poco para ver su rostro, pero ella no me dejó. Me quedé a su lado, sólo abrazándola. - Sabes qué puedes contarme lo que sea… ¿verdad? – Ella asintió en silencio, pero no añadió nada más. - ¿Y por qué no lo intentas ahora? ¿Aunque sólo sea un poco? – iba a darme por vencido, cuando su voz quebrada me hizo reaccionar.
- Ayer vi a Yukito cerca de la cafetería… estaba… con una chica. – Vale, no sabía como sentirme ante eso. Por una parte, me moría por dentro, pues una vez más me restregaba en los morros su amor por ese idiota afeminado. Pero mi parte egoísta, saltaba de alegría por su desilusión amorosa.
- Ya veo…
- Iban… iban cogidos de la mano y… ella… se puso de puntillas y le… le… - sus hipidos pasaron a ser llanto y la apreté aún más fuerte contra mí. – Sabía… sabía que Yuki me veía sólo como una hermana, pero… pero…
- Shhh… lo entiendo. La esperanza es una amiga muy cabrona…
- Sí… - la mecí como si fuera una niña pequeña y apoyé mi cabeza en la suya, buscando fuerzas entre mi propio dolor. No era agradable que la chica que te gusta, llore por otro.
- Desahógate todo lo que quieras… no me iré de aquí.
- Gra… gracias Xiao… has demostrado ser alguien muy distinto a lo que yo pensaba…
- Claro tonta… y tú que te metías conmigo por prejuzgarte. – la oí reír y me sentí aliviado.
- Ya… supongo que he sido algo dura contigo…
- Bueno… en vistas de lo mucho que la cagué yo, no te lo voy a tener en cuenta. – ambos sonreímos mucho más tranquilos y vi de reojo como el cielo volvía a iluminarse. La tormenta no daba señales de querer aminorar – ¿Sabes algo Sakura?
- Mmm…
- Ese yogurcito no sabe lo que se pierde… nadie en el mundo le podría querer más que tú… - sentí como se movía para mirarme y nuestros ojos se encontraron en la oscuridad. Esas esmeraldas brillaban como estrellas por las lágrimas y tenía el rostro sonrojado por el esfuerzo. Una mano traicionera acarició su mejilla haciéndola suspirar y su aliento jugueteó con mi rostro. – Además… tus labios saben a cerezas y canela… todo un manjar… yo soy testigo de eso… - Sakura se tensó en mi pecho y sonreí, fingiendo estar de broma. Aunque yo sabía, que jamás había hablado más en serio.
- Tonto Li…
- Xiao Lang… - Sakura me sonrío cariñosamente y de nuevo me quise morir. ¿Sería un idiota si la besaba ahora?
- Sí… es verdad… ya siempre serás para mí Xiao Lang…
Se acurrucó de nuevo en mi pecho y me mordí el labio hasta que sangró. No, debía contenerme. Ella estaba llorando por otro tipo entre mis brazos. No podía cagarla ahora, por mucho que quisiera saborear sus labios y deleitarme en su aroma a flores. Sería aprovecharme de la situación. Además… después de todo lo que había echo por mí ese día… ¿no podía sentirme un poco más optimista con lo que fuera que estuviera pasando entre nosotros? Sí…amigos. Sí. La esperanza era una amiga muy cabrona…
.
Continuará…
.
Notas de la autora: Sí, todos esperaban una escena de celos por lo de Eriol. Pero ya saben, me gusta dejarlas con cara de "what?" jajajaja. No saben lo que me costó refrenar mis impulsos en este capítulo. Quería que Shao la besara a cada instante. Dios… como me ha gustado escribir esta parte… creo que es tan… tan clamp… jajajajaja. Sé que es un UA y que no tiene que compartir el pasado de Card Captor Sakura, pero no podía obviar todos los momentos que hacen de esta pareja algo tan especial. Así que he versionado estos preciosos instantes, a mi modo, está claro. Aunque no podía faltar mi toque sexy con las preguntitas fuera de tono… jajajajaja. En fin. Les deseo lo mejor y espero que haya sido de su total agrado. Un beso super super grande y como siempre, las quiero. No olviden dejarme sus opiniones. Me hace muy feliz leerlas… Arigtoooooo
