Notas de la autora: Sí, sí. Estoy más o menos confinada en casa, pero las musas no han estado conmigo y mi hijo no me da tregua. Ahora además de trabajar desde casa, tengo que dar clases de dibujo, plastilina y motricidad fina. Jajajaja. Pero al fin lo terminé. Un capítulo S+S más a la lista… espero que les guste tanto como a mí y les escribo al final. Un beso.

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Mi fan número 246

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Capítulo diecinueve

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Más allá de la fiebre

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Me quité el delantal suspirando de puro agotamiento. Todo Tomoeda parecía estar metido en la cafetería "Ojos de gato" esa mañana. Los estudiantes se arremolinaban en las mesas mientras disfrutaban de sus días de vacaciones y todas las abuelitas gruñonas se habían puesto de acuerdo para acudir a fastidiarme el día. ¿Cuántas maneras distintas había de criticar mi forma de servir el té? Que si demasiado caliente, que si demasiada agua o simplemente, "niña, esto está muy dulce" ¡Señoras, que el azúcar se lo añaden ustedes mismas! Tiré a un lado la libreta de pedidos y abrí mi taquilla. Por suerte, mi turno había acabado y podía irme a casa y dormir toda la santa tarde. Porque no tenía la más mínima intención de hacer otra cosa que no fuera remolonear como una gata perezosa hasta que empezara mi turno al día siguiente.

Cogí mi móvil con la leve esperanza de hallar al fin un mensaje suyo y me desilusioné al ver la bandeja de entrada totalmente bacía. No había tenido señales de Li desde el festival del templo Tsukimine y estaba algo preocupada. No es que Shaoran me escribiera con frecuencia, pero… no era normal semejante "silencio". Menos tras la tarde que habíamos pasado juntos. ¿le habría incomodado con mi llanto? Era más que probable…

Mis dedos empezaron a teclear un mensaje, pero se pararon tras apenas tres segundos. Y es que… ¿qué le decía? "¿Hola Xiao Lang, siento mucho haberte moqueado el Kimono?" Apagué el teléfono sintiéndome frustrada y maldiciéndome por ser tan idiota. Todo este tiempo queriendo que don perfecto Li me dejara en paz, y ahora era yo la que no paraba de buscarle por todos lados. Y es que su presencia era ya parte de mi rutina. Cómo ir al instituto o a trabajar. Recordé la fantástica tarde que pasamos en el templo y lo "pacífica" que había resultado ser. No era para nada habitual tener a Shaoran tan… amable. Y era toda una novedad no tener que fingir a cada instante. Fue… muy agradable… Y yo lo había estropeado con mi estúpido momento de debilidad, moqueando como una cría de primaria por mi amor perdido. Y eso que me había propuesto dejar todas mis penas a un lado mientras estuviera con Li ¡Tonta Sakura!

- Mira que echarme a llorar como una niña malcriada… vaya forma de agradecerle su ayuda, Sakura idiota… con razón ahora no quiere ni verte…

- ¡Sakura! – di un salto sobre mí misma y miré en dirección a la puerta. Sato, una de las chicas que había empezado el turno de tarde, asomaba la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja. Me crucé de brazos apoyando el hombro derecho en la taquilla y puse mi mejor mohín.

- Si ese malnacido de Kurogane quiere que friegue los retretes antes de irme, dile que lo haré con la esponja que utiliza para limpiar su maldita taza de café.

- ¡No seas tonta! No estoy aquí por eso. ¡Un chico súper guapo está preguntando por ti ahí fuera! – ¡Shaoran estaba aquí! Me incorporé como un resorte y mis manos se fueron de forma instintiva a mi cabello. ¡Mierda! Y yo con estas pintas…

- ¿En… en serio? – Casi corrí en dirección a la puerta.

- ¡Espera, espera! – Sato me acomodó la ropa, soltó mi cabello peinándolo entre sus dedos y me sonrío coqueta. – Mejor… aunque no te morirías por maquillarte un poco ¿sabes?

- Yo… no tengo maquillaje aquí y… no es que importe en realidad… Shao me ve todas las mañanas con mis pintas de recién levantada…

- ¿Es tu novio? – asentí en silencio. No es que Shaoran fuera en "verdad" mi novio, pero era lo que tenía que contestar. Y me sorprendió lo natural que se sentía decirlo ahora. – Vaya amiga… que suerte la tuya. Pues anda, corre, corre. Que las clientas de la mesa tres no paran de mirarle. – mi mente buscó en la memoria quién eran las ocupantes de dicha mesa y mis cejas se juntaron al recordarlo.

- Universitarias…

- Mmmm… sí. Muy guapas y perfectamente maquilladas. Yo que tú, me planteaba tus pintas mañaneras con un chico así por novio… – las piernas respondieron antes que mi cabeza y salí a toda prisa oyendo de fondo la risa burlona de Sato. Pero no me importó. Busqué por todo el local su melena despeinada color chocolate, pero ni modo. No lograba localizarle. Así que miré de nuevo en dirección a la barra y unos ojos azules me sonrieron tras unas gafas redondas.

- E… ¿Eriol? – todo mi mundo se vino abajo en cuanto me di cuenta del error. Claro, Sato dijo "chico súper guapo" y mi cabezota idiota se hizo ilusiones. ¡Cómo si Li fuera el único "chico súper guapo" de Tomoeda!

- Vaya… me siento terriblemente ofendido. ¿sabes? Ninguna chica había puesto semejante rostro de decepción al verme… - parpadeé, aun asimilando la confusión y me di cuenta de que era la persona más desconsiderada del mundo.

- Yo… lo siento Eriol… es que pensé…

- ¿Qué venía el lobo? – asentí casi sin darme cuenta de ello - Nah… sólo soy yo. Siento decepcionarte, dulce caperucita. – quise rodar los ojos, pero ni siquiera pude hacerlo. Me sentía vacía, y no comprendía porqué. – Oye… en verdad querías verle ¿eh? – me acerqué lentamente y tomé asiento en la barra, a su lado. Todo el aire que había retenido escapó de mis pulmones y me deshinché como un globo.

- No es eso… es que… creo que la cagué con él este domingo… - vi la curiosidad en sus ojos y pensé que no perdía nada en compartir mi tormento con su mejor amigo. A fin de cuentas, si alguien podía explicar el "silencio" del "dios chino" era él. – yo… es que… no sé…

- Oh, vamos. confiésate con tu amigo Eriol. No puede ser tan malo.

- Pues… es que quise agradecerle que me ayudara con los estudios y todo eso… y le hice un Kimono y lo llevé al festival de invierno del templo Tsukimine. Ya sabes, para darle una sorpresa.

- Lo sé. – alcé la vista y le miré con la boca abierta.

- ¿Te lo ha contado? ¿Cuándo?

- Claro que me lo ha contado. Me llamó esa misma noche. Y deja que te diga que estaba emocionado como un niño pequeño. Jamás le había visto tan parlanchín, me contó hasta el más mínimo detalle. – noté como el sonrojo subía a mis mejillas y agaché la cabeza.

- Ah… ¿sí? – Eriol asintió en silencio y me miró sonriente. – Y… y te contó lo que pasó… ¿al final?

- Oh… ya veo por donde vas, y no debes apenarte por eso… - suspiré, hundida. Se lo había contado todo… claro… la llorona de Sakura… si ya sabía yo que no se podía confiar en los hombres. Y luego dicen que las chicas somos unas chismosas…

- Ya veo… así que sí te lo contó… - Eriol soltó una carcajada y me sentí confusa. ¿Por qué se reía de mi miseria? – Oye, no le veo el chiste…

- ¡Claro que sí! Mira que preguntarle si era virgen… jajajaja. Aún no puedo parar de reír cuando lo recuerdo. Me imagino a ese maldito chino tan engreído, todo rojo. ¡Hasta se cayó de la silla! El muy memo… - abrí los ojos presa de la confusión…

- ¿Eh?

- Sí mujer, en la terraza. Aunque también me contó que habías tomado algún tipo de bebida alcohólica, así que te comprendo. La curiosidad pudo contigo y el alcohol hizo el resto… pero mira que preguntarle eso… pobre lobito… debe estar muerto de la vergüenza ahora mismo… un don juan virgen… lo que hay que soportar… - Tardé unos segundos en bajar de mi nube y aterrizar, pero finalmente cogí el hilo de sus palabras.

- No yo… no me refería a eso… hablaba de… ¡Un momento! ¿crees que…? ¿crees que por eso no me habla? – Eriol dejó de reír y me miró atentamente.

- ¿Cómo que Shaoran no te habla? ¿Por qué?

- ¡Eso quiero saber yo! – me sonrojé, ya que media cafetería se giró a mirarme tras mi grito, y me puse como un tomate. Así que agaché la cabeza y seguí en voz baja - Yo… no es que normalmente Li me envíe muchos mensajes, pero… desde el festival no me ha escrito ni siquiera un "hola" y… bueno… estoy algo…

- ¿Ansiosa? – fruncí el ceño, golpeando ligeramente su hombro como hacía con Shaoran cuando se metía conmigo y vi cómo ese maldito inglés se reía a mi costa.

- Estoy preocupada… creo que… abusé de su confianza…

- ¿Y tú le has escrito para decirle algo? – negué con la cabeza.

- No sé qué puedo decirle… normalmente es él quien me envía mensajes. – Eriol se recostó en la barra y suspiró mientras se rascaba la cabeza casualmente.

- Vaya par de tontos ingenuos… Sakura… estás totalmente equivocada. Estoy seguro de que Shaoran no ha dejado de escribirte porque esté enfadado o molesto. Fijo que no te escribe porque no puede ni con su alma. Esta todo el día en cama, sudando y gimiendo como una vaca. (palabras explicitas de Mei) Seguro que ni se ha dado una puta ducha en al menos tres días.

- ¿Eh? – Justo en ese instante, una de las chicas nos dejó un pedido para llevar sobre la barra y Eriol le pagó mientras aprovechaba la ocasión para coquetear con ella. Miré todo, sintiéndome totalmente aturdida y caí en la cuenta. – Eriol, no será que… ¿Shaoran está… enfermo?

- Al borde de la muerte, según palabras estrictas de su prima. Y deja que te diga, que jamás he visto a Shao coger un maldito resfriado, pero según cuenta Mei, cuando eso pasa, Li se vuelve el maldito demonio. – y toda la culpabilidad me golpeó en la cara.

- ¡El parque pingüino! La lluvia y… oh, mierda… - recordé que no solo se trataba de mi lloriqueo absurdo, también había obligado a Li a quedarse bajo ese tobogán hasta que dejó de llover. ¡Y estaba empapado! – ¡Es culpa mía!

- Eh, tranquila. Sólo es una gripe. Se pondrá bien en unos días…

- ¡Pero es mi culpa! Me puse a llorar como una tonta y le obligué a quedarse conmigo a pesar de que estábamos empapados y en pleno mes de Diciembre… ¡Soy tan idiota!

- ¿Llorar? ¿Cómo que llorar? ¿Ese tonto de Li te ha hecho llorar otra vez? Eso no me lo contó… - Le miré de reojo, sin creerle del todo. Pero su mirada era de total sorpresa y por alguna razón, me sentí mejor por dentro. Así que Shaoran sí había sido discreto con mi momento de bajón y no lo había compartido ni con su mejor amigo. Eso… no me lo esperaba de él… Pero no era momento de pensar en esas cosas… debía centrarme.

- Yo… no importa, no fue culpa de Shaoran, son cosas mías. Pero… ¡maldita sea! Tengo que… tengo que… - las manos de Eriol se pusieron sobre mis hombros y me miró con esa cara de "yo sé algo que tú no" que tanto me recordaba a Tomy.

- Eh, Sakura linda, relájate. No sé qué pasó con el lobo, pero seguro que no es culpa tuya ni está molesto. Pero si tan mal te sientes… hay algo que puedes hacer por mí y de paso por tu precioso lobo chino.

- ¡Claro! ¡Lo que sea! – Una risa suave escapó de sus labios y me acercó la bolsa con comida para llevar.

- Es sopa de pollo, para tu querido novio. Al parecer Shaoran le ha pedido a Mei de forma "poco cordial" que le lleve comida y algunas medicinas. Y ella, muy amablemente, me ha cargado el muerto a mí.

- ¿No quiere ir a verle?

- Si bueno, ya conoces a ese par. Mei me ha dicho algo como… "Xiao estará de un humor de perros y no pienso volver a soportar sus desplantes de mocoso mimado". – me reí ligeramente por su imitación de Mei. La clavaba, en verdad. – Como sea, no he pedido los detalles. Pero si Mei no quiere ir, imagino que será grabe… estaba por ir a buscarme una armadura o algo…

- ¡Yo iré! – me sentí como una tonta por mi reacción infantil, pero sentía que era mi responsabilidad. Shaoran estaba enfermo por mi culpa y tenía que actuar en consecuencia. Y no tenía nada que ver con mis ansias por verle… porque… no existían… yo solo estaba preocupada y me sentía responsable. Nada que ver con que echara de menos su voz irritante y su mirada altanera. No… que va…

- Vaya… cuanto entusiasmo… ¿te he dicho ya que estará más gruñón que un ogro?

- No importa. Es culpa mía, a fin de cuentas.

- Está bien. Abusaré de tu equivocado sentido de culpabilidad y te confiaré mi pesada tarea. Así que, nena… todo tuyo. – tomé el paquete entre mis brazos y lo acuné con una sonrisa boba. – Eres tan transparente… - alcé la vista dibujando un interrogante con mis cejas, pero Eriol negó con la cabeza mientras sonreía cariñosamente. Era un chico algo extraño… pero me caía bien. – Te mando la dirección por Whats App y la lista de los medicamentos. ¿Podrás ir tú a la farmacia?

- Sí, sí. Claro.

- Bien. Pues te encargo al lobo feroz. Te explico lo que tienes que hacer. Verás, en la puerta de su casa hay… - le abracé con fuerza, agradecida por la oportunidad que me daba y salté mucho más enérgica que antes. – Vaya… si que estás contenta…

- Sí, sí… ¡Tú mándame lo que necesite por mensaje! ¡Voy tirando!

- Pero es que…

Asentí con vehemencia y ni siquiera le dejé terminar. Salí atropelladamente de la cafetería, casi sin despedirme. El mensaje con los medicamentos me llegó al instante y los compré a toda prisa sin pensar siquiera en el maldito dinero que me costarían. Luego miré el enlace con la dirección de su apartamento y casi tropiezo por la sorpresa. El barrio no era precisamente de los más… lujosos. Tampoco era muy seguro para alguien de su edad. ¿Por qué vivía allí Li? ¿Cómo lo permitían sus acaudalados padres? Recordé entonces el "pacto" que hizo con ellos y no pude evitar asombrarme (otra vez). Shaoran había llegado muy lejos para tener algo de "libertad".

Miré la bolsa con la sopa y también el paquete de la farmacia. ¿Tendría suficiente con eso? A lo mejor tenía la cocina vacía… Puede que llevara días sin hacer la compra… Una tienda de víveres apareció en mi campo de visión y casi no pude evitar sonreír. Podía comprarle unas cuantas cositas básicas de paso ¿No? Nadie lo vería raro. Es lo que se hacía por los amigos.

- ¡Qué demonios! ¡Se lo debo!

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Miré la puerta agrietada y desgastada sin saber exactamente cómo proceder. Según me había dicho Eriol por mensaje, Shaoran había dejado una copia de su llave detrás de una planta para que entrara sin despertarle. Pero no veía ningún organismo vivo en ese maldito lugar. A menos que esa cosa muerta y llena de polvo pudiera llamarse… planta. Miré de nuevo a mí alrededor, esperando no ser atracada por algún ex presidiario drogadicto. La luz parpadeaba por encima de mi cabeza y el viento rugía por entre las rendijas de una escalera deprimente. Todo el pasillo estaba en muy mal estado y lleno de mugre. Nadie en ese bloque limpiaba las zonas comunes, eso seguro. ¿Estaría el piso de Li en esas condiciones? Con lo limpio y pulcro que iba siempre a todas partes… toda esa… suciedad (por así decirlo) no encajaba con su persona para nada… Me agaché sin dejar de vigilar todo a mi alrededor y giré lo que en su día había sido un maceta. Y allí, tras una telaraña y tres arañas disecadas, estaba la dichosa llave.

- Por dios Li… qué asco… ¿No podrías dejarla bajo la alfombra como todo el mundo? – Pero luego me di la vuelta, vi la "alfombra" y me lo pensé mejor… - Sí, vale… en este caso las arañas muertas son mejor opción…

Miré la puerta de nuevo y tragué grueso, armándome de valor para entrar. Eriol me había dicho que no llamara, por si Li estaba durmiendo. Pero me sentía como una ladrona irrumpiendo sin permiso. Así que abrí con mucho cuidado oyendo el chirriar de las bisagras y asomé sólo la cabeza. Y al ver al fin el interior del apartamento, di gracias a todos los dioses que han existido y existirán jamás. Porqué, sí amigos… la opinión que tenía de Li seguiría intacta, pues sólo alguien tan "perfecto" como él, podía lograr que un lugar tan viejo y descuidado luciera maravillosamente limpio y pulcro. Diminuto, sí. Pero digno. ¿Lo habría pintado él mismo? Apostaba a que sí. El chico había resultado ser muy apañado en casi todo.

- Bueno… Gracias al cielo, al menos aquí se puede respirar sin miedo a pillar una infección…

Dejé los zapatos en la entrada y cerré la puerta, intentando no hacer ruido. (cosa más que compleja con la dichosa puertita de las narices, parecía sacada de una de esas películas de miedo que Touya me obligaba a ver cuando era niña) Me giré mucho más animada e hice una reverencia formal a la nada, pidiendo permiso para entrar. Caminé dos pasos, di una vuelta de trescientos sesenta grados sobre mí misma y listo. Ya lo había visto todo. ¡El apartamento era minúsculo! ¡Joder! ¡Pero si había caravanas más amplias que ese lugar!

Y es que, el hogar del nuestro apreciado y popular dios chino consistía en lo siguiente: una sala con un sofá de dos plazas, un mueble-televisor diminuto (eso sí, último modelo y de alta definición) y una mesita con un montón de libros organizados muy pulcramente. Al otro lado, había una barra americana de a penas un metro que conectaba con una cocina de juguete (sí, era tan pequeña, que me recordaba a mi cocinita de madera) Miré la pared, notando que sólo había dos armarios y me llevé las manos a la cabeza. ¿Dónde guardaba Li los utensilios y la comida? ¿En el balcón? ¿Y dónde estaba el balcón? ¡No había ni una sola ventana! Abrí un armario con curiosidad y comprobé que en verdad se había quedado sin suministros. Sólo había agua, cereales y galletas saladas. Suspiré, resignada. Al menos había un microondas, porqué el horno era un lujo que no se podía permitir con tan poco espacio.

Caminé tres pasos siguiendo un diminuto pasillo y me encontré con dos puertas. Una blanca y otra azul. Deduje que una daba acceso al cuarto de Li (dónde al parecer se había confinado) y la otra al baño. Así que abrí la segunda puerta, curiosa y me encontré con un plato de ducha oxidado, un wc con la tapa despintada y un mueble baño del año de matusalén. Casi parecía sacado de un libro de Jean Austen. Un neceser descansaba en la repisa y el cepillo de dientes de Xiao se erguía imponente en su vaso de cristal.

- Por dios… espero que al menos tenga agua caliente… ¿Cuántos años tiene este edificio?

Volví sobre mis pasos y dejé las compras en el suelo, mirando el fregadero con pesar. La sala estaba ordenada e impecablemente limpia, pero la diminuta cocina… era otro cantar. Los vasos se amontonaban en el fregadero y había platos con comida en estado de descomposición esparcidos por toda la barra. Obviamente, Shaoran no tenía fuerzas para ponerse a limpiar lo que consumía. ¿Tendría mucha fiebre? ¿Habría estado postrado en cama todos esos días?

Suspiré, apenada. Uno no se daba cuenta de lo útil que era la familia en ese tipo de situaciones. Y es que, cuando yo enfermaba, tenía a mi padre que me preparaba sopas y postres fáciles de digerir, y a Touya que se ocupaba de los medicamentos y de controlar mi fiebre. Y claro, Tomy me hacía compañía día y noche para aumentar mi dolor de cabeza con su palabrerío. Así los días de fiebre no se hacían tan largos y me sentía acompañada… querida…

Pero Li… no tenía a nadie… ahora no, al menos. Sacudí la cabeza obligándome a dejar esos pensamientos atrás y no me lo pensé dos veces. Si Mei no quería estar con Xiao, yo ocuparía su lugar. No debía olvidar que Shaoran estaba engripado por mi culpa. Claro que… puede que también fuera cosa del Karma. Por todo lo que me había hecho pasar hasta la fecha.

Sonreí de lado y me reprendí mentalmente. No era momento de regodearme en cosas como el karma o el destino. Esa cocinita necesitaba mi ayuda con urgencia. Así que, me remangué, me recogí la corta melena en una cola maltrecha y me puse manos a la obra. A fin de cuentas, no sería peor que limpiar los malditos baños de la cafetería.

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Y el tiempo se me pasó volando. En menos de una hora, había fregado los platos, limpiado la cocina, preparado los medicamentos, calentado la sopa y cortado unas raciones de manzana en forma de conejitos. (puede que quedara infantil y cursi, pero mi padre me lo hacía cuando estaba enferma y siempre me sacaba una sonrisa). Lo había puesto todo en una bandeja y me disponía a hacer lo más difícil. Despertar al ogro. Un escalofrío me recorrió la espalda sólo de pensar en ello.

¿Estaría de tan mal humor como decía Mei? A ver… no es que Li me diera miedo… pero su lengua podía ser muy afilada en sus días más comunes, no quería ni imaginar como se volvería su agrío ingenio con una gripe a cuestas. Tragué pesado, conté hasta tres y abrí la puerta de par en par. Sí tenía que pelear con dragones, al menos lo haría de un tirón.

Pero sólo me recibió la oscuridad, junto con un tremendo olor a tigre muerto. Arrugué la nariz, asqueada y sintiendo nauseas. ¡Dios! Los hombres eran lo peor. ¡Que peste! Achiqué los ojos, buscando entre la bruma tóxica que parecía circular libremente por el cuarto. Pero no podía distinguir nada. Todo estaba demasiado oscuro.

- Esto... ¿Xiao…? ¿Estas despierto?

El silencio fue mi única respuesta, así que me arriesgué con la linterna del móvil. Distinguí la cama a un lado y a un bulto deforme entre las mantas. ¡Oh! Así que sí que estaba ahí. ¿Estaría muerto? Porqué por la peste que se extendía a su alrededor, muy vivo no parecía.

Entré al cuarto aguantándome las ganas de toser. Puede que Li fuera un chico atractivo y sexy, pero sudaba igual que todos los demás, podía garantizarlo. Esa diminuta habitación era toda una leonera. Tenía que dejar entrar algo de aire y luz en ese maldito cuarto o Li mutaría de dios a orco. ¿Acaso no había ventilado esa habitación en un mes?

Busqué una ventana a tientas y di un salto de alegría al encontrarla. ¡Al menos ese cuarto tenía luz natural! Abrí un poco la persiana y la luz entró a duras penas. Pero al menos ya podía distinguir el cuarto. Era tan pequeño como el resto del piso y, al igual que la cocina, todo estaba hecho un puto desastre. ¡Cómo lamentaba no haber comprado mascarilla y guantes en la dichosa tienda de víveres! ¡Eso era una plaga de gérmenes!

- ¿Xiao? ¿Estás bien?

Nada, seguía sin contestar. Me acerqué lentamente evitando pisar pañuelos y ropa sucia y me armé de valor. Tenía que despertar a la bestia y obligarle a tomarse las medicinas y la sopa. ¡Y tampoco le vendría mal una buena ducha! Al menos había comprobado que tenía agua caliente al limpiar los platos, así que no tenía excusa alguna. Joder…

Mi mano se posó en lo que parecía ser su hombro e intenté zarandearle un poco. Su cuerpo se movió bajo el nórdico y un gruñido salió de su garganta, seguido de un ataque de tos. Vale, seguía vivo. Corrí a buscar un vaso de agua y entré de nuevo, encontrándome con una imagen que se me quedaría grabada de por vida.

Shaoran se había incorporado quedando sentado en la cama y se rascaba la barriga con muy poca finura mientras bostezaba con la boca abierta de par en par. Nuestros ojos se encontraron entonces y juro por dios que intenté no reírme, de verdad de la buena. Pero no pude contenerme, y a pesar de que era consciente de que Li estaba en ese deplorable estado por mi culpa, me eché a reír como si fuera una maldita hiena del zoo.

- ¡Jajajajajajaja! – Li dio un salto sobre si mismo y me miró aterrado.

- Sa… ¿Sakura? – otro ataque de tos le sacudió entero y me acerqué, apiadándome del pobre muchacho. Aunque seguía muerta de la risa.

- Por dios Xiao… pero que pintas me llevas. Parece que en verdad estés al borde de la muerte… si quieres que todas tus fans te dejen en paz, te hago una foto y la cuelgo en Instagram. A la mierda tu impecable reputación.

- ¡Ni se te ocurra! – tomó el vaso como si la vida le fuera en ello y bebió todo el contenido de golpe. Luego, sus ojos se clavaron en mí y me sentí terriblemente mal al ver que estaban opacos. Todo el fuego de su traviesa mirada se había extinguido y ahora parecía un chico casi… normal. Parpadeé un par de veces y solté una risa suave que lo desconcertó aún más.

- ¿Te hace gracia mi miseria?

- No es eso… es que… me he dado cuenta de que eres humano, a fin de cuentas… mírate, con las mejillas rojas y todo pegajoso y sudado… - se puso aún más rojo (si eso era posible) y se tapó hasta la nariz con las sabanas.

- Cómo… es decir… ¿qué…? ¿de dónde…? ¿Qué demonios haces tú aquí?

- Tranquilo tigre... Eriol me avisó de que estarías gruñón, pero no dijo nada de que perdieras tu elocuencia. ¿hoy no hay ninguna broma para mí o tu ingenio está también al borde del colapso?

- Maldita sea. ¿Quieres contestarme? ¿Qué demonios haces tú aquí Kinomoto? ¿Dónde está Mei? – sentí un dolor en el pecho ante la mención de mi apellido. Pero me lo guardé para mí misma. No debía tomarlo como algo personal, sería cosa de la fiebre…

- Al parecer tiene miedo de tu mal humor, así que le ha pasado el muerto a Eriol, que luego me lo ha pasado a mí. Y aquí me tienes, en tus dominios. Que son muy particulares, todo hay que decirlo…

- Pero… pero… ¡Tú no puedes estar aquí!

- Oh, basta de quejas. He visto cosas peores, créeme. Y tengo una resistencia inhumana a los gérmenes. Así que, manos a la obra. Por lo que a ti respecta, soy desde ya tu enfermera particular. Lo que significa, que ahora mando yo. Así que levanta ese culito, dúchate, cámbiate ese pijama mohoso y ve al sofá. Te he preparado un tazón de sopa, algunos medicamentos y te he cortado unos cuantos trocitos de manzana. De mientras, abro estas ventanas y dejo que este cuarto respire un poco antes de que me ponga mala yo también.

- Pero…

- Vamos, vamos. Corre. – le cogí la mano, aguantando a duras penas la risa que nacía en mi garganta y le ayudé a levantarse. Estaba tan atónito por mi presencia, que ni siquiera protestó cuando tiré de él. Pero mi nariz no estaba tan sumisa como su carácter – Oh, por dios. Apestas como un puto muerto, Li. ¿Cuánto hace que no te duchas? – su rostro llegó al borde de la ebullición, y salió corriendo en dirección al baño causándome otro ataque de risa. Al parecer había reunido algo de fuerzas de golpe.

- ¡Ten cuidado no resbales! ¡Y avisa si necesitas ayuda con la esponja! Se me da muy bien frotar espaldas.

- ¡No me tientes que no respondo!

Vale, estaba siendo muy mala. Pero es que no podía parar de reírme de la situación. Era refrescante que el dios chino estuviera en desventaja por una vez. Con ese pijama arrugado, el pelo sucio y greñudo y apestando a perro chino mojado. Todo un cuadro.

Abrí las ventanas de par en par, respirando un poco de aire fresco y no pude evitar sorprenderme otra vez. Al menos ese lugar disponía de una terraza bastante amplia, algo era algo… El problema eran las vistas. Una pared llena de pintadas y grafitis jocosos. Eso era todo lo que se veía desde ese cuarto diminuto, desordenado y mal oliente. Sí amigos, decir que Li vivía de forma humilde, era quedarse muy corto. Si su sequito de fans lo supiera… pero yo no sería la que iba a irles con el cuento… una cosa más de Li que yo conocía y ellas no. ¡Que les fueran dando mucho por….! ¡Grrrrrr! … Basta Sakura… eres una dama.

Me recosté sobre la barandilla y miré el cuarto suspirando con resignación.

- Vaaaale, Sakura… tú puedes hacerlo… considera que son trabajos de ayuda a la comunidad…

Me remangué otra vez, armándome de valor y paciencia y me pasé los siguientes diez minutos descontaminando el lugar. Tiré todos los pañuelos usados que Li había dejado desperdigados por ahí con una mueca de puro asco. Luego limpié la mesita de noche, quité las sabanas sustituyéndolas por unas limpias y recogí toda la ropa que había tirada por el suelo. Puse una lavadora (mi gran descubrimiento del día) y me dispuse a calentar la sopa en el microondas (por segunda vez) tatareando una canción.

- Esto… Sakura… - me giré con una sonrisa y un chiste en la punta de la lengua, pero me quedé muda al instante. La visión de Li con sólo una toalla en su cintura me hizo sonrojarme de la cabeza a los pies. El muy cabrón se había duchado y tenía el descaro de salir casi en pelotas. ¡Y joder que bien le sentaba el pelo mojado!

- ¡Xiao Lang Li! ¿Es que no tienes vergüenza alguna? – El rubor cubrió sus mejillas y apartó la mirada, con el ceño fruncido.

- No me jodas, eres tú la que me ha echado del maldito cuarto sin mi ropa, y ahora lo has dejado abierto de par en par. Si entro ahí desnudo, sólo voy a ponerme peor. ¿es que no sabes que estamos en pleno mes de diciembre? ¡Menuda cuidadora! – ahora era yo la avergonzada.

- Es verdad. Lo siento. Pero podrías haberme llamado desde el baño ¿sabes? Ahora te traigo algo de ropa. Entra de nuevo y espera allí. No te vayas a poner peor…

Para mi sorpresa asintió, sumiso y se encerró de nuevo. Así que corrí a buscar algo de ropa limpia. Abrí el armario y me dejó atónita lo vacío que estaba. A penas sí había un par de jeans azules, unas camisetas, tres o cuatro sudaderas y un chándal. Busqué un pijama, pero no encontré ninguno, así que me decidí por los pantalones de deporte, una camiseta y una sudadera. Luego fui a su mesita y cerré los ojos para coger unos calzoncillos y unos calcetines. No es que no estuviera acostumbrada a ver ropa interior masculina (vivía con Touya, a fin de cuentas) pero por alguna razón, me daba vergüenza saber que llevaba Li debajo de sus pantalones. Negué con la cabeza, ahuyentando esos pensamientos peligrosos y corrí de nuevo en su busca. Llamé a la puerta y esperé.

- ¿Xiao? - su mano salió graciosamente y aguanté la respiración.

- ¿Me vas a dar la puta ropa o qué? – solté una carcajada que le hizo gruñir de frustración y me sentí tentada de jugarle una mala pasada. Pero estaba enfermo y tenía que ser buena. Así que finalmente cedí y se la di. Su mano la agarró con fuerza y cerró la puerta de un portazo, entre gruñidos e insultos inteligibles.

- Por dios Xiao… deberías estar enfermo más a menudo… te vuelves de lo más elocuente…

- ¡Oh, por todos los demonios! ¡Cállate! – pues sí, Mei tenía razón, Shaoran era un ogro cuando estaba enfermo. Pero uno muy mono. – volví a mis tareas y encontré una manta en un rincón del sofá, así que la tendí sobra la tela y dispuse la comida en la mesita. Y finalmente me senté, esperando que Shaoran se dignara a aparecer. Pero pasados unos minutos, no había señales de él. Así que empecé a preocuparme. Caminé en dirección al baño y di tres golpecitos suaves.

- ¿Xiao Lang? – no hubo respuesta. Me alarmé al instante y abrí la puerta de golpe, sin importarme lo que me encontraría al otro lado. Shaoran estaba sentado en el wc, con solo sus pantalones puestos y el rostro pálido. - ¡Xiao!

- Deja de gritar como una loca, por dios… sólo estoy mareado… - me agaché a su lado y puse mi mano en su frente. Estaba ardiendo, pero aún así se veía tremendamente pálido.

- ¿Cuándo te tomaste la medicina por última vez? – sólo me respondió con un gruñido. - ¿Xiao?

- No he tomado nada… no tenía medicinas… - abrí los ojos, presa de la sorpresa y juro por dios que quise ahorcarle allí mismo.

- ¡¿Qué no has tomado ninguna medicina?! ¿Estas loco? – se tapó los oídos con desgana y me miró de nuevo, soltando un bufido.

- Joder, Sak… deja de gritar. Por si no lo has notado, me duele la puta cabeza… - me tapé la boca con las manos de forma inconsciente y le vi reírse, pero eso sólo le provocó otro ataque de tos. Acaricié su espalda hasta que se relajó y me permití observarle. Ya no era la peste andante. Ahora olía a jabón y volvía a tener un poco de brillo en sus preciosos ojos dorados. Pero seguía más blanco que el papel, y sus labios, siempre carnosos, se veían secos y agrietados. - ¿Vas a mirarme fijamente todo el tiempo? Cuando te has unido a mi club de fans en serio… Kinotonta… - el corazón se me hizo un puño y mi mano dejó de tocarle como si de repente su piel quemara. (bueno, estaba ardiendo, pero ya entienden lo que quiero decir…) - ¿Y ahora qué te pasa?

- No… no me llames así… - abrió los ojos un poco, y pareció pensar en lo que había dicho.

- ¿Cómo te he llamado?

- Kinotonta… - se llevó los dedos a la barbilla e hizo un gesto de incomodidad.

- ¿A sí?

- Sí… y no me gusta. Es como me llama Hatsumomo… - debí parecer un alma en pena, porqué de repente su mal humor se esfumó y su mano me acarició la mejilla. Sólo fue un roce, pero hizo que me estremeciera de la cabeza a los pies.

- Perdona Sak… no lo decía en mal sentido… era más bien un apodo cariñoso… o eso me pareció. Lo siento… - nuestros ojos se encontraron y sentí que el rostro me hervía. No era para nada común que Li se disculpara tan sinceramente… y tan rápido – Estás toda roja… y ardiendo… - sus ojos se abrieron presa de la preocupación - Oh, joder… ¿Tú también tienes fiebre? Estuviste bajo la lluvia tanto como yo… no estarás enferma ¿verdad? Intenté cubrirte todo lo que pude y darte calor… Pero puede que no fuera suficiente… maldita sea… lo siento tanto Sakura… – Ahora sí que parecía un farolillo de navidad. Y es que prefería lidiar con el ogro maloliente que con el dios chino amable y tierno. (en las pocas ocasiones que eso ocurría…)

- No yo… estoy perfecta. Sana como una roca. ¿ves? - Me levanté a toda velocidad, chocando mi cabeza con una estantería mal puesta y grité de dolor. - ¡Joder, mierda! ¡Este baño es diminuto! ¡Todo el apartamento parece hecho para un maldito hobbit! ¿Cómo demonios permiten tus padres que vivas aquí? – me sobé la cabeza con poca gracia y me sentí aliviada, al verle sonreír afablemente.

- No está tan mal… además, soy un tipo ordenado y no tengo muchas cosas. Mi cocina es vieja, pero está siempre impecable y… - sus ojos se abrieron como dos pelotas de tenis y se levantó alarmado, perdiendo el equilibrio en el proceso. Así que no me quedó otra que sujetarle. – Joder, Sak… ni se te ocurra entrar en la cocina… está hecha un desastre…

- Tarde. He visto todos y cada uno de los restos de comida putrefacta. Y sí… también los miles de pañuelos moqueados de tu cuarto. Y ¡oh! Sí, tus calcetines con moho se llevan el primer premio. Casi caminaban solos – intentó rodar los ojos, pero al parecer no tenía fuerzas para ello. – Pero tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo, oh gran Li.

- Maldita sea… mataré a Mei y Eriol por esto… - Quiso apartarse y caminar por su cuenta, pero todo su cuerpo se resintió. Así que, me tragué mi vergüenza (a fin de cuentas, no llevaba camiseta) y le ayudé sin aceptar un no por respuesta. Su brazo rodeó mis hombros y el aliento caliente de sus labios me acarició la nariz. Menta. Sonreí inconscientemente. Ese olor iba asociado a su persona. Siempre que preparaba un té de menta poleo, me venía su rostro a la cabeza. Pero… un momento… ¡Menta!

- Por dios, Xiao ¿en serio? ¿Estas fumando con gripe? ¿Quieres morirte?

- ¿De que hablas?

- ¡Tu boca huele a menta! ¡No soy imbécil! ¿sabes? ¡Vas a pillar una neumonía! Con razón tienes tanta tos… eres un inconsciente…

- Sakura…

- No. Nada de "Sakura" ¿Dónde los guardas? Pienso tirar el puto paquete ahora mismo.

- Sak…

- ¿Dónde? – ahora si rodó los ojos y me señaló la estantería que había debajo del espejo del baño. - ¿Fumas en el puto baño?

- Joder Sak, mira. – Y lo hice. Y no vi el dichoso paquete por ninguna parte. Sólo su cepillo de dientes y la pasta de…

- Oh… te… te has lavado los dientes.

- Ajá…

- Con pasta mentolada…

- Pues sí. – sentí mis orejas arder y quise que la tierra me tragara. Así que tosí, disimulando mi metedura de pata y cambié totalmente de tema. – Yo… eh… vamos… te llevaré hasta el sofá y te ayudaré con el resto de la ropa.

- Buen cambio de tema, pero puedo solo.

- Estás que te caes.

- Joder, que no soy un niño pequeño…

- Oh, eso lo tengo claro. Ningún niño sería tan insufrible. – tiré de él con fuerza, pero a penas pude moverle unos centímetros. - Y deja que te diga que, para ser tan atlético, pesas una tonelada… - oí su risa ronca en mi oreja, y esta vez la mareada fui yo.

- Nena… es todo músculo…

- Ni que lo digas. ¿de dónde sacas el tiempo para hacer ejercicio? Porque nadie tiene una puta tableta de chocolate por estomago sin entrenar al menos dos horas al día. Lo sé por experiencia propia.

Me ruboricé nada más soltar esas palabras de niña tonta, pero Li ni siquiera si inmutó por el comentario. Lo que significaba, que en verdad estaba pasándolo mal. Y entonces me fijé. Respiraba con dificultad y le costaba mantenerse en pie. No estaba jugando conmigo para que le rodeara con mis brazos y luego burlarse. No… en verdad estaba agotado. La ducha había acabado con la poca energía que le quedaba. Así que le acompañé poco a poco, velando para que no perdiera el equilibrio de nuevo y de algún modo, logramos llegar al sofá (ahora agradecía que el dichoso apartamento fuera tan pequeño)

- Vale… hemos llegado. Intenta sentarte poco a poco y…

Pero ni siquiera pude terminar la frase. Li se desplomó en el sofá, arrastrándome a mí por el camino. Sentí vértigo, un golpe sordo y luego solo piel. Mi cara se había estampado contra su pecho, aun desnudo y mis manos habían agarrado su cintura en un intento por no morir. Noté su corazón latiendo acompasadamente y el suave olor del jabón que había usado y quise morirme de la puta vergüenza. Intenté incorporarme, pero para hacerlo tenía que apoyarme aún más en él. Así que nos quedamos ahí parados, con el rostro sonrojado (él por la fiebre y yo por mis hormonas adolescentes) y con a penas unos centímetros de distancia entre nuestros labios.

- Vaya… veo que el servicio de enfermera viene con final feliz… - sentí como las orejas me ardían. Puede que estuviera muriéndose, pero Li seguía con su picardía intacta (o al menos, se le despertaba de vez en vez) Le empujé con fuerza, olvidando que era un maldito enfermo. Me levanté (aunque me costó más de lo que me gustaría) y cogí de mala gana la bandeja con la comida.

- Come. – Me miró con la ceja alzada y suspiró.

- Sigo medio desnudo… por si no lo has notado. – Le analicé de arriba a bajo y me di cuenta, que tenía razón. Y le odié por ello. Así que corrí al baño, cogí la sudadera y sus calzoncillos y me giré para irme cuando me di cuenta. Tenía sus calzoncillos, en mi mano… por lo que…

- No lleva puestos sus… - ¿Cuántos sonrojos podía aguantar una persona antes de desmayarse por exceso de sangre en la cabeza?

- ¿Vas a tardar mucho? Me estoy congelando… - le oí toser de nuevo y puse los ojos en blanco, cogiendo aire (y paciencia)

- Al menos… lleva los pantalones. - Dejé la prenda del diablo sobre el baño y volví con la dichosa camiseta y la sudadera. – Le… levanta los brazos… - su risa traviesa había vuelto, pero obedeció en silencio.

Los siguientes segundos fueron los más largos de mi vida. Cuando bromeé con lo difícil que era vestirle teniendo la espalda tan musculosa, no pensé que en unos días tendría que lidiar con ello de verdad. Pero el muy cabrito, parecía disfrutar con mi desdicha.

- Podrías colaborar un poco ¿no crees? – sus ojos me miraron divertidos.

- ¿Para qué? Es muy gracioso ver como te esfuerzas… ¡Ay! No seas bruta – tiré de la camiseta con fuerza y luego le puse la sudadera de malas maneras, alborotando aún más su pelo.

- Voy a por el secador. No puedes andar por ahí con el pelo mojado. Mientras, come.

- Pero mira que eres mandona… - le lancé una mirada fulminante, pero eso sólo le hizo más gracia. Claro que volvió a toser por ello.

- Sí… sin duda es el Karma – me miró sin comprender y negué con la cabeza. - ¿Qué te he dicho? ¡Come! - Me fui de vuelta al baño y abrí el único armario del lugar, pero ni rastro del secador. ¿Estaría en su habitación? – Oye perro chino… ¿dónde guardas el secador de pelo?

- En china. – Me apoyé en el marco de la puerta con mi mejor cara de indignación.

- Memo…

- No, en serio. No tengo secador. – mi boca se fue al piso.

- ¿Qué no tienes…? ¿Qué?

- No lo necesito. Mi cabello se seca rápido.

- ¡Con razón llevas siempre el pelo a lo loco! ¡Dime que al menos tienes un peine! – me acerqué de nuevo, justo a tiempo para verle negar con la cabeza. - ¡Por dios, Li!

- ¿Qué? Nadie se ha quejado antes de mi cabello. Es más, a las tías las vuelve locas. – rodé los ojos y me dejé caer en la alfombra. A diferencia de la que había en la entrada, la de la sala estaba impecable y parecía cómoda. - ¿no te sientas en el sofá?

- No hay espacio para los tres.

- ¿Los tres?

- Si. Tú, yo y tu gran ego. – levantó una ceja, pero dejó escapar una risa traviesa.

- Oye, no seas mezquina. Mi ego no tiene nada que ver en esto. Es culpa tuya por tener el culo tan gordo. Deberías dejar de comer donuts – abrí los ojos, indignada y le lancé un cojín con fuerza, olvidando que tenía un plato de sopa entre sus manos. Por suerte, fallé. O de lo contrario Li habría necesitado otra ducha. - ¡eh! Que la sopa esta caliente y tengo hambre. No la desperdicies tirándomela encima.

- Te lo mereces, por idiota. – se encogió de hombros y siguió comiendo en silencio, aunque parecía costarle un poco mantenerse despierto. – de… de verdad tengo el culo… ¿gordo? – Xiao se atragantó con la sopa y corrí a quitarle el plato antes de que en verdad se lo echara por encima. - ¡Voy a por la medicina! Tu tos empeora por momentos… - cogí el antigripal y el antitérmico y se los di, junto con un vaso de agua. - ¿mejor?

- Tu eres tonta, Sakura… - ahora sí que no comprendía nada.

- ¡Oye! ¿A qué viene eso? ¡Encima que voy a la farmacia y hago la compra para ti!

- No hablo de eso.

- ¿Y por que me llamas tonta?

- ¡Por tu culo! – me sonrojé de la cabeza a los pies, pero seguía igual de confusa – Es decir, quiero decir…. Yo intentaba…

- Hay que ver lo elocuente que estás hoy…

- ¡Por tu estúpida pregunta! ¿Qué si tienes el culo gordo? ¿Me lo preguntas en serio? – aparté la mirada, sintiéndome en verdad una tonta. Es cierto… sabía que no tenía el culo gordo. Pero por alguna razón, quería que fuera él el que me lo dijera.

- Eres tú quién lo ha dicho…

- ¡Era una broma y lo sabes! – otro ataque de tos. Pero esta vez cogió el vaso él mismo y se lo terminó de un trago.

- Iré a buscarte un poco más de agua. – pero su mano impidió que me levantara al tomar mi muñeca. - ¿Xiao?

- No, Sakura. Pues claro que no tienes el culo gordo. De hecho, creo que tienes el culo más perfecto que jamás he visto. - ¡ay por dios! - Y no me hagas hablar de tus piernas… porqué no respondo de mi mismo… - lo normal sería estar muerta de la vergüenza, pero lo cierto es que me sentí halagada. Que él me dijera algo como eso (aunque fuera un delirio por la fiebre) me hacía sentir mejor… especial.

- ¿Qué les pasa a mis piernas? ¿Demasiado largas? - ¿por qué seguía con ese juego tan peligroso? ¿Por qué le daba cuerda a su lengua mordaz? ¿Era masoquista? ¿O era sólo que no tenía sentido del peligro? Mi falta de autoestima estaba jugándome una mala pasada… Xiao se dejó caer a mi lado sin soltarme y me clavó una mirada intensa. Esa llama que alimentaba sus pupilas había vuelto y estaba dispuesta a quemarme.

- Sí… demasiado largas… y jodidamente torneadas y tersas… - la mano que tenía libre empezó a subir por mis pantalones dejando suaves caricias que me atontaron el alma – podría recorrerlas así todo el día… y seguir maravillándome a cada instante por sus curvas… - ¿Cuándo se había acercado tanto? – Y tus ojos… son… son… tan jodidamente grandes… parecen dos canicas. – Estaba por morirme allí mismo… pero… ¡Un momento! ¿Había comparado mis ojos con dos canicas? - ¿Sabes? De pequeño jugaba mucho a las canicas… tenía de todos los colores y tamaños… mi madre decía que era un juego idiota, pero a mí me gustaban… y tenía una de color turquesa con brillos y purpurina plateada. Cuando miras algo y te entusiasmas como una niña pequeña dando esos saltitos tan monos… pienso en esa canica… no sé porqué… - bufé de puro alivio al darme cuenta de lo que estaba pasando. Pero también me decepcioné un poco…

- Por todos los dioses… estas delirando Xiao… - Negó efusivamente y dejó caer su cabeza en mi hombro.

- No estoy delirando. En verdad me recuerdas a mis canicas… no eran caras ni ostentosas. Sólo eran pelotitas de cristal con dibujitos y colores. Nada en comparación con una consola último modelo o un puto Quad. Pero, no sé… me sentía bien cuando jugaba con ellas… era todo tan sencillo y agradable… tan… normal. – su mano busco entrelazarse con la mía y me sentí como un flan de nuevo. Pero no iba a dejar que se diera cuenta de lo nerviosa que me ponía su cercanía.

- ¿Me estas llamando simple?

- Sí.

- Oh, gracias Xiao… siempre tan amable…

- Eres simple. ¿Y que? Eso me encanta de ti. Estoy cansado de gente complicada y pretenciosa Sak… tú eres más real. No te pasas el día maquillándote ni colgando fotos en Facebook o Instagram. Ni miras cuantos likes tienes a cada instante. Joder, si eres de las que se sienta a comer y habla con la gente que tiene a su alrededor en vez de estar escribiendo constantemente mensajitos en tu blog. Tú eres… sólo tú. – me reí suavemente. La situación era tan bizarra, que casi parecía sacada de un manga para chicas. Li había soltado su lengua y no decía más que locuras.

- Joder Xiao… si te pones filosófico con un antitérmico, debo darte alcohol algún día. A ver que pasa – le oí chascar la lengua y me reí aún más fuerte.

- Te tomo la palabra. Un día de estos, saldremos a cenar tu y yo. Compraremos seis cervezas y nos sentaremos a filosofar sobre la vida en un banco del parque pingüino. Pero en primavera, cuando no haga frío. No quiero pillar otra pulmonía…

- Sólo tienes la gripe.

- ¡Pues se siente como el fin del mundo! – solté otra risa tonta y apoyé mi cabeza en la suya. Cualquiera que nos viera así, sentados en el suelo, con las manos entrelazadas y prácticamente abrazados, pensaría que éramos una pareja de verdad. Pero a la mierda. Me sentía mucho más tranquila ahora que sabía que no estaba molesto conmigo. – Oye Sak…

- Mmmm…

- Hay algo que quiero preguntarte… - sentí que mi corazón se aceleraba peligrosamente.

- ¿A sí? El… ¿El qué? – su mano me soltó de repente y señaló la mesita con los restos de comida.

- ¿A que viene lo de cortar las manzanas como si fueran putos conejitos? ¿Te crees que tengo cinco años? – vale, debía admitirlo. Li era un experto en romper la magia. Lo aparté con brusquedad y me levanté soltando una maldición. – oye… no me empujes, que estoy convaleciente.

- ¡Vete a la cama otra vez, perro chino!

- Vale… vale… lo que diga la señorita enfermera con final feliz… - quise pegarle, en serio. Pero me contuve, porqué recordé que estaba enfermo por mi culpa.

- No sé si será feliz o no, pero te juro que como sigas con tus groserías, si será tu final. – soltó una risa gruesa y caminó en dirección a su cuarto. O se arrastró, más bien. Iba a desaparecer por la puerta, cuando de repente se giró para mirarme. Y no había rastro de risa o burla. Sólo una mirada suave que volvió a acelerarme el pulso.

- Oye, Sak…

- ¿Sí?

- ¿Estarás aquí cuando despierte? – casi me caigo al suelo de la impresión.

- ¿Eh?

- No… no te irás ¿verdad? Me gusta que estés aquí… conmigo. - ¡Ay mi madre! ¿Quería que me quedara? Pero… ¿por qué?

- No… claro. Me quedaré si quieres. – sus labios se curvaron en una sonrisa preciosa que me dejó sin aliento. Volvió sobre sus pasos y se inclinó para besar mi mejilla con una naturalidad pasmosa.

- Te besaría en los labios, pero no quiero contagiarte… - mis mejillas ardieron en respuesta y se le escapó la risa – serás tonta…

- ¡Oh! ¡Deja de tomarme el pelo perro idiota! ¡Vete a la cama de una vez o te mando de una patada!

Se fue entre risas y ataques de tos y cerró la puerta, dejándome totalmente sola en ese salón diminuto. Pero ahora que se había ido, el silencio ocupó todo el espacio haciendo que pareciera mucho más grande y solitario. Me senté en el sofá, soltando un suspiro y mirando los trocitos de manzana con orejitas de conejo. Alargué mi mano para llevarme uno a la boca y disfruté de su sabor dulce.

- Pues yo creo que son graciosos… estúpido lobo… - di varias vueltas a uno de los animalitos con mis dedos y resoplé, decepcionada. – Él sólo estaba bromeando todo el rato… así que deja de creer que eres especial, Sakura… ¿no lo has oído? Eres una canica… una estúpida y tonta canica.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

El sonido del móvil me despertó. Por un momento me desconcerté, pues no reconocía donde estaba. Y fue entonces que caí en la cuenta. ¡Ese era el apartamento de Li! Salté sobre mi misma y corrí en busca de mi bolso. La melodía se oía cada vez más fuerte y tuve miedo de despertar a Xiao Lang. Cuando al fin logré agarrar el maldito aparato lo apagué de un manotazo. Miré a mi alrededor esperando que la puerta de su cuarto se abriera, pero por fortuna, el dragón seguía dormido. Suspiré de puro alivio, pero fui demasiado optimista. El maldito teléfono sonó de nuevo, más estridente si eso era posible. Así que contesté entre susurros y maldiciones.

- ¿Qué?

- Hola a ti también, Sakura.

- ¿Qué pasa Tomy?

- ¿Qué que pasa? ¿Sabes la hora que es? – miré mi reloj de muñeca y por poco me da un infarto.

- ¡Mierda! No llego antes del toque de queda… y joder… le prometí que me quedaría…

- ¿Qué le prometiste qué a quién?

- A Li. Está enfermo y he venido a su casa para traerle la cena y unas medicinas – el silencio se hizo en la línea y me di cuenta de lo extraño que era todo aquello – ya te lo contaré. Tú solo…. ¿puedes cubrirme? No sé… dile a papá que me he quedado en casa de Rika o algo.

- ¿Vas a quedarte a dormir en casa de Shaoran? – me sonrojé de nuevo.

- No es lo que parece… es que no tiene a nadie y tiene mucha fiebre y… se enfermó por mi culpa.

- Sakura, no entiendo nada de nada.

- Tú sólo… sólo cúbreme. ¿vale? – otro silencio abrumador

- Vale. Pero mañana le cuentas tú a Rika porqué "te estás quedando en su casa"

- Gracias. Gracias. Te debo una.

- Me debes más de una… pero ya me las cobraré todas de golpe. Y será épico amiga… - un golpe abrupto en el cuarto de Li me hizo voltear.

- Sí, sí. Lo que tú digas. Te dejo.

- Oye… ¡espera!

Tiré el teléfono a un lado y caminé en dirección a la puerta. No sabía si sería correcto entrar sin saber exactamente qué había sido ese golpe. Así que puse mi oreja en la puerta, intentando oír algo que me diera una pista de lo que había ocurrido, cuando la puerta se abrió dándome un susto de muerte.

- ¡Por dios! ¡Que susto! – Shaoran levantó una ceja y me miró con burla contenida.

- ¿Espiándome?

- He oído un golpe.

- Ya… claro… su mano me apartó con brusquedad y se hizo paso hasta el baño.

- ¿Se puede saber a dónde vas?

- A mear. ¿Puedo o tengo que pedirte permiso enfermera con final feliz? – me crucé de brazos fingiendo indignación, pero lo cierto es que la situación me causaba risa. Me quedé observando la puerta del baño hasta que Xiao Lang volvió a salir por ella. - ¿Aún aquí? ¿No tienes casa? – abrí los ojos de par en par.

- ¡Tú me has pedido que me quede!

- Nah, yo no he hecho tal cosa. Seguro. - ¡Cómo odiaba a ese maldito perro chino!

- Es que… te juro que… si no estuvieras enfermo te partía esa puta cara perfecta a golpes. – tomé mi chaqueta, la bolsa y el móvil y le dirigí la mirada más dura que pude. - ¡Que te cuiden las arañas muertas del maldito pasillo!

- Sak…

- ¡¿Que?!

- ¿A dónde te crees que vas?

- ¡A casa! – sus cejas se alzaron y vi como se cruzaba de brazos mientras negaba con resignación.

- Tontita Sakura… son más de las diez. Este barrio es peligroso de noche.

- ¡Pediré un taxi!

- No seas estúpida. Anda, deja tus cosas y ven al sofá. Pondré una peli que te gustará. ¿Te parece? – le miré con la boca abierta de par en par y sin poder emitir palabra alguna. - ¿O vas a verla ahí de pie?

- ¡Es que no te entiendo!

- Pues no soy un tipo complicado

- ¡Y una mierda que no! – dejé todos mis trastos en la barra y caminé mostrando mi furia hasta el dichoso sofá. Quería parecer indignada, pero solo le hice reír.

- ¿Vas a estar enfadada toda la noche?

- Puedes apostar a qué sí. – se sentó a mi lado y quise apartarme en cuanto sentí su brazo rozar con el mío. Pero el sofá era demasiado pequeño para lograr la distancia que yo necesitaba en esos momentos.

- Pues vaya enfermera me ha tocado… ¿no puedes intentar ser dulce y agradable por un rato? – puse los ojos en blanco.

- Serás… primero me dices que me quede, luego me preguntas que demonios hago en tu casa y me echas y ahora me dices que me quede otra vez ¿y encima te quejas de mi carácter? Quien te entienda, que te compre. – Su brazo me rodeó los hombros y me tensé.

- Perdona… sólo quería jugar un poco contigo…

- ¿En… entonces admites que fuiste tú el que me pidió que me quedara? – me apartó un mechón de pelo con suavidad y me clavó esa mirada fogosa y penetrante. Su temperatura había bajado y el oro liquido de sus pupilas había vuelto.

- No lo sé… tengo todo muy borroso en la cabeza, pero si fue así, me alegro de haberlo hecho…

- A… ¿a sí? – Intenté alejarme de nuevo, pero ni modo. Ese maldito lobo no me dejaría hacerlo.

- Pues sí… cuatro días aquí, solo y aislado… estaba perdiendo la cabeza.

- Doy fe de ello. Hasta me has comparado con tus canicas. – frunció el ceño, extrañado, pero volvió a sonreír.

- Estás loca.

- ¡Tú eres el que está loco! ¿Vemos la dichosa peli? – dejó escapar una risa suave y se levantó, mucho más estable que antes.

- A sus ordenes, enfermera con…

- ¡Ni se te ocurra seguir por ahí! ¡Tú solo te acuerdas de lo que te interesa!

Para mi total asombro, Xiao puso Avatar. Le había comentado en el festival que quería volver a verla, pero que estaba carísima en Apple. Y mira tu por donde, él la tenía en su filmoteca. No era algo tan raro, lo sorprendente es que se acordara de ello. Ahora que lo pensaba detenidamente, Xiao parecía tener una memoria prodigiosa. Por suerte, estaba tan agotado y drogado, que a penas sí dijo dos palabras durante toda la película. Pero mantuvo su brazo rodeándome todo el rato. Cómo si quisiera provocar una reacción de protesta en mi persona. Pero no le iba a dar ese placer. No señor. Aguanté el tipo como toda una reina. (eso sí, lograr calmar los latidos de mi corazón era otro tema muy distinto)

Para cuando los humanos atacaron "árbol madre" Xiao ya se había quedado totalmente frito con la cabeza apoyada en mi hombro. Tenía todo mi lado izquierdo adormecido, pero no me atrevía a moverme. ¿Y si le despertaba? Así que aguanté erguida como un maldito palo hasta que Jake se convirtió en Turuk Makto. Para ese entonces, ya no podía con mi alma. Así que me aparté muy despacio, acompañando su peso con mis brazos y dejándole acurrucado en el sofá. Y sonreí como una niña tonta. ¡Pero es que lucía tan adorable! Sus labios estaban ligeramente abiertos y respiraba acompasadamente (por suerte, su congestión había mejorado mucho) El flequillo le acariciaba la nariz haciéndole cosquillas y la arrugaba graciosamente de vez en cuando.

- Mírale… si hasta parece inofensivo…

Me senté en la alfombra después de taparle con una manta y seguí mirando la película. Pero no lograba concentrarme. Se me iban los ojos cada vez que le oía moverse. Era una situación tan extraña… jamás pensé que pasaría una noche junto a Shaoran Li. Aunque fuera viendo una película. Pero de un tiempo a esta parte, había empezado a sentirme a gusto con el chico. Tenía que ser sincera conmigo misma y admitir que le había juzgado mal. No era tan egocéntrico, ni tan egoísta ni tan odioso como había pensado. Sólo era… juguetón. Sí, esa palabra le quedaba. Y estúpidamente atractivo.

Bostecé un par de veces y noté que mis párpados empezaban a ceder. Pero no recuerdo el momento exacto en el que me quedé dormida. Lo que sí recuerdo con exactitud es sentir el aroma dulzón del suavizante de su sudadera y del momento en el que me di cuenta de que flotaba en sus brazos. ¡Xiao me estaba llevando en volandas! ¿Pero por qué?

Por alguna razón, me quede quieta como una piedra, negándome a despertar. ¿Li me estaba llevando a su habitación en brazos? ¡Mierda! Pero si no podía ni con su alma. ¿cómo se atrevía a cargarme estando enfermo? Debería haberme movido para decirle que estaba despierta, pero una parte egoísta de mi persona se negó a ello. Sin saber porqué, seguí fingiendo estar dormida incluso cuando me depositó con suavidad en su cama y me tapó con el nórdico. Su mano me apartó el flequillo con suavidad y quise morirme allí mismo.

- Menuda enfermera estás hecha… Sak… - su voz sonó jodidamente dulce y parpadeé inconscientemente, incapaz de seguir impasible ante tanta dulzura. ¿Estaba soñando? – vaya… estás despierta.

- Yo… lo siento. Me he quedado dormida…

- Sí, como una sopa – tomó asiento en la cama y me sonrío cariñosamente. – Pero estabas súper mona. Hasta hacías pompas con la nariz. Y la baba que te caía por la barbilla era tan adorable que… - le golpeé el hombro, indignada y me fascinó su risa. Así que tragué pesado, notando las cosquillas en mi estómago. ¿Desde cuando era tan… tan…? Joder, ni siquiera sabía como describirlo.

- Tú también te habías quedado frito. Para que lo sepas.

- Lo sé. Gracias por taparme con la manta. – noté el calor subir a mis mejillas y agaché la cabeza, avergonzada.

- No ha sido nada… - entrecerró los ojos y me acomodó una vez más el nórdico.

- Duerme, tranquila. Yo me quedaré en el sofá – me incorporé de golpe, chocando mi cabeza con su barbilla. - ¡Joder Sak!

- Oh, por dios. Perdona… - acaricié su mentón con mis dedos y levanté la vista, encontrándome con esos preciosos orbes ambarinos. – vaya… vuelves a ser un dios… - levantó las cejas en señal de asombro y noté que el rubor de mis mejillas aumentaba (sí, todavía más…) Quiero decir… que estás mejor…

- Sí, sí… tú disimula ahora… pero no olvidaré que me has comparado con un dios. – hice un mohín con mis labios y esperaba que se riera, pero en vez de eso, noté que sus ojos se quedaban fijos en mi boca. ¿Por qué me miraba así?

- Yo… eh… iré yo al sofá. Eres tú el que está enfermo. – mis palabras parecieron devolverle a la realidad y negó con la cabeza.

- Ni hablar. Es cómodo, pero muy pequeño.

- Por eso mismo. Yo soy bajita y tú una jirafa. Yo me quedo el sofá. – Intenté salir de la cama, pero sus manos me pararon en seco.

- He dicho que no, Sak. Tú te quedas en la cama. Yo estoy mucho mejor. Ya ni siquiera tengo fiebre y gracias a tus conejitos, ahora me siento mucho más fuerte.

- ¿Te has comido mis conejitos?

- Los que quedaban. Al parecer te has zampado unos cuantos – sus dedos volvieron a apartar un par de mechones de mi cabello y me sentí morir – hablas de mis pelos de loco, pero deberías ver tu cabello ahora mismo – mis manos se fueron de forma inconsciente a mi cola maltrecha, pero una vez más su mano me detuvo. – Quieta… yo lo hago.

Estaba tan cerca, que me mareaba. Pero le dejé hacer sin poder apartar mi mirada de su rostro. Sus dedos se deslizaron por mi cabeza, alejando la goma que sujetaba mi melena. La dejó sobre la mesita de noche y volvió a entrelazar sus manos en mi cabello, peinándolo con suavidad. Y me perdí en ese mar de oro liquido que tenía por ojos. Tintineaban como llamas en la oscuridad y sí, suspiré como una niña boba. ¡pero es que estaba jugando sucio! ¿cómo podía tratarme así? Nadie, ni siquiera Touya, me había tratado con ese… mimo.

- ¿Por qué lo haces?

- ¿Qué hago?

- Confundirme… - sus ojos parpadearon levemente y esa endiablada sonrisa volvió a adornar su rostro.

- ¿Te confundo? ¿Cómo? – me aparté tapándome con las sabanas y giré la vista, sintiendo mis mejillas arder.

- Con tu amabilidad. Eres tan… tan… exasperante.

- ¿Yo?

- Sí, tú. Cambias de humor como de camisa. En un momento estás bromeando, al otro enfadado y en un abrir y cerrar de ojos te pones en este… este… plan. – otra vez más esa sonrisa suave – ¡Y esas sonrisas! No puedo con ellas. ¿las prácticas en el espejo?

- Puede…

- Oh, basta ya. Deja de embromarme… no soy de piedra y me… me…

- ¿confundes?

- ¡Sí! – y otra carcajada jodidamente sexy. - ¡Qué pares de una vez! – levantó sus manos en señal de paz y siguió riéndose.

- Pero si no hago nada.

- Grrrr, me voy al sofá. – otra vez sus manos en mis hombros y esa mirada.

- No seas cabezota.

- Tú eres el cabezota. – el silencio se hizo entre nosotros y nos quedamos simplemente allí parados. Mirándonos con intensidad y sintiendo el latir de mi corazón (latía tan alto, que estaba convencida que ese malnacido podía oírlo).

- Vale… sólo veo una solución a esto. Pero no te va a gustar, mi pequeña enfermera… - alcé las cejas y le dejé continuar. – siempre podemos dormir los dos en la cama.

- ¡Estás loco! – esta vez sí me levanté, roja como el mismo infierno.

- El piso es enano, pero la cama es de metro cincuenta Sak. Cabemos los dos. Y prometo no hacer nada que tú no quieras… - sus cejas se movieron juguetonas y llegué a mi limite.

- Yo… yo…

- ¿Entonces me quedo el sofá?

- ¡Que te he dicho que no! – le vi carcajearse y solté todo el aire de mis pulmones – Si… si digo que sí… prometes ser… ¿un caballero?

- Me he dejado mi armadura en el otro pijama, pero… sí. Seré un buen perrito chino. – no pude evitar reírme con su broma. – Entonces… ¿los dos en la cama? – lo decía con tanta naturalidad, que casi me pareció lo más normal del mundo.

- Ss…s.. sí. – la voz me temblaba y sentía mis piernas desfallecer. Le vi entrar en el nórdico con calma y me quedé embobada, sin poder mover un solo músculo. Pero luego le oí toser, y me alarmé. – ¿Te has tomado la medicina? – negó suavemente e hizo el ademán de incorporarse otra vez. – No, no te levantes. Yo te la traigo.

- Oh… que atenta…

- Ca… cállate…

Di gracias a los dioses por darme un respiro y me tomé mi tiempo. Llené dos vasos con agua (uno para el perro chino y otro para mí) y me leí el prospecto por tercera vez en el día. No quería causarle una sobredosis o algo. Miré la puerta como si fuera a enfrentarme a la pena capital y suspiré.

- Vamos Sakura… no puede ser tan malo… has dormido más de una vez con Touya – pero mi cabeza me repetía que Li no era mi hermano. Ni de lejos. – me erguí con determinación, cogí los medicamentos y el vaso de Xiao y entré lo más serena que pude. Claro que se fue todo a la mierda en cuanto lo vi allí tumbado, con los brazos por encima de su cabeza y los ojos fijos en la luz del techo. Era tan guapo… Sacudí la cabeza con fuerza - Recuerda su cara de recién levantado y la peste a perro muerto… recuerda su…

- ¿Qué estas murmurando ahí de pie? – el vaso de agua tembló en mi mano y tragué saliva. Estaba cómo un puto flan.

- Yo… eh… nada. – me acerqué para darle el agua antes de que se me cayera y le di las capsulas.

- Espero que no me mates de una sobredosis… - me reí, porqué ese mismo pensamiento había estado en mi cabeza hacía solo unos segundos. - ¿Qué?

- Nada… es qué estaba tentada… - levantó una ceja, pero se tomó los medicamentos sin dudar – Y así termina la vida y desmadre del dios chino Li…

- Si sigues llamándome así, voy a creer que si eres una fan… mi fan número 246… - abrí los ojos con sorpresa.

- ¿246?

- Es el número que pone en tu carné.

- ¿Te acuerdas?

- Yo me acuerdo de todo, Sak… - las piernas me fallaron y tuve que apoyarme en la pared. - ¿No vienes?

- Eh… sí.

- ¿Estarás cómoda con esa ropa? – miré mis tejanos negros y el jersey de lana. No… no sería muy cómodo. Pero no iba a meterme en ropa interior. Eso seguro.

- Me las apañaré. – Li se levantó entonces y abrió el armario sacando una pequeña caja que había en lo alto. ¡Con razón no la había visto! Li era demasiado alto para mí. Cogió un pijama color verde y me lo acercó.

- Es mío y seguro que te va grande, pero estarás más cómoda.

- Gra… gracias.

Fui al baño entre una bruma de confusión y me apoyé en la puerta. Todo lo que estaba pasando esa noche era demasiado irreal. Li estaba amable, yo confusa y el maldito apartamento había pasado de ser una caja de zapatos a un cálido hogar. En verdad me sentía como si fuera la pareja de Li. Y eso… no era bueno para mi corazón. Olí el pijama y mis ojos viajaron en dirección al techo.

- Esto no me puede estar pasando a mi…

Recé para que Xiao se hubiera quedado dormido, pero ni por asomo. En vez de eso, estaba recostado de lado, esperándome.

- Te has tomado tu tiempo… - me remangué el enorme pijama mientras desviaba la vista, avergonzada.

- Yo… no me sentía muy cómoda… no me siento nada cómoda a decir verdad…

- Pues es mi mejor pijama – puse los ojos en blanco y le miré hastiada.

- ¡No hablo del maldito pijama! Es por la estúpida situación. ¡Vamos a dormir en la misma cama!

- Ya te he dicho que seré un buen perrito.

- ¡Deja de tomarme el pelo! – Xiao se levantó con dificultad y me asusté. - ¿estas mareado?

- Estoy bien – llegó a mi lado y cogió mi mano con suavidad, haciéndome temblar. – Sakura… si digo que no haré nada, es que no lo haré… ¿vale?

- Vale… perdona… ya sé que no… conmigo no… - me sentí triste de repente, pero me obligué a sonreír. – Pues ala… a dormir. – Xiao me siguió con la mirada, pero intenté fingir que no me daba cuenta mientras entraba en la cama y me tapaba hasta la nariz. Oí sus pasos y noté como su peso se hacía espacio a mi lado. El calor de su piel inundó el nórdico y tuve que contar hasta diez.

- ¿Qué has querido decir?

- ¿Eh?

- "conmigo no" ¿a qué te refieres?

- Eh… yo… a que… bueno… ya sabes.

- No, no lo sé.

- ¡Que no soy tu tipo de chica!

- Y tú que sabrás… - me giré alterada, pero me arrepentí en cuanto vi sus ojos brillantes tan de cerca. Estaba recostado de lado en mi dirección y me miraba fijamente. – No tienes ni idea de las chicas que me gustan Sak…

- Claro que sí… - suspiró, desinflado y me miró.

- No, no lo sabes. Pero yo sí sé el tipo de chico que te gusta a ti.

- Sorpréndeme. - ¿Por qué le seguía el juego?

- Mayores, afeminados y estúpidamente gentiles.

- Eso no es cierto – levantó una ceja incrédula y me sentí como una mentirosa. – Yukito no es… el único tipo de chico que me atrae…

- ¿A no?

- No. – se movió en la cama, apoyando su cabeza en la palma de su mano.

- Ilústrame.

- Pues… me… me gustan los chicos auténticos… sinceros y juguetones… que sepan apreciar a las personas por lo que son y no por lo que aparentan, con los pies en la tierra y… y…

- ¿Y?

- Y con ojos dulces… - le oír reírse y me puse como un tomate por milésima vez esa noche.

- Tomo nota…

- Y… ¿y tu tipo de chica perfecta?

- ¿En verdad quieres saberlo? – asentí en silencio mientras ponía mi mano derecha sobre mi pecho, intentando acompasar mi respiración nerviosa. – Pues tiene que recordarme a una canica. – Y ahí estaba otra vez su humor negro.

- ¡Te acordabas! ¡Serás idiota! – le removí el cabello y ambos nos pusimos a reír como críos. Pero su mano me cogió la muñeca y me miró totalmente serio.

- Me gustan las chicas diferentes… torpes y jodidamente exasperantes. Con el cabello suave y brillante. Ojos claros y sinceros y manos suaves y cálidas. – mi corazón volvió a la carga y sentí que se acercaba a mí, muy lentamente - Pero sobretodo… quiero que tenga un montón de pecas en su naricita, tan claras, que sólo yo pueda verlas justo antes… de atreverme a besarla.

- Eso es… es…

- ¿Muy explicito? – asentí, perdida en sus ojos. – Me preguntó por qué será… - se tumbó de nuevo en la cama, mirando el techo y cogiendo aire. Parecía perturbado – ¿Estás mejor?

- ¿Eh?

- El domingo parecías… rota. – parpadeé algo decepcionada por su lejanía y por el sorpresivo cambio de tema, pero me recosté como él. Mirando la luz amarillenta del techo.

- Estoy bien. Gracias por escucharme y tener paciencia… sé que abusé de tu confianza. Y gracias por no… contárselo a nadie…

- De nada.

- Ya… - el silencio ocupó todo el cuarto y me sentí morir. Porqué si Li estaba callado, sería consciente de lo fuerte que me latía el corazón. Joder, si casi martilleaba en mi sien.

- ¿Y que ha dicho Tomoyo?

- ¿Eh? ¿Tomy?

- De… de lo de Yukito…

- Ah, yo no… no se lo he contado. – oí como se giraba para mirarme, pero me obligué a seguir con la vista fija en el techo. – sólo… sólo lo sabes tú.

- Joder… eso no… no me lo esperaba. Pero, se lo contarás. ¿no?

- Sí… cuando me sienta con fuerzas.

- Creí… que estabas mejor.

- ¡Y lo estoy! Pero… decirlo en voz alta es algo así cómo aceptar que ya jamás podrá ser ¿sabes? – el silencio fue mi única respuesta, y me di cuenta de que abusaba de su confianza una vez más – Perdona… ya estoy de nuevo con mis tonterías.

- No, no es eso. Es solo que no me gusta oírte hablar de Yukito… - ahora sí me giré, perdiéndome en él. Mi cuerpo se acercó por instinto y noté algo que jamás en la vida había sentido antes. Un cosquilleo más abajo de mi vientre. Algo tan extraño, como excitante. Pero estaba mal, muy mal. Si Yukito era inaccesible para mí, ni modo podía sentir esto por Xiao. Era algo primario y yo estaba por encima del deseo físico. ¿verdad?

- Por… ¿por qué? – sus dedos acariciaron mi cabello otra vez y cerré los ojos, suspirando. – No hagas eso… dijiste que te portarías como un perrito bueno… - intenté cambiar el ambiente, porqué me sentía asfixiada, pero no funcionó.

- Dime que no te gusta, y pararé… - pero me gustaba, demasiad en realidad. Sentí como se acercaba un poco más y puse mis manos en su pecho. No para apartarle, sólo necesitaba apoyarme en algo. Pero no fue buena idea. Su pecho era demasiado fuerte y atrayente. Incluso con el pijama puesto.

- Aún sigo sin comprender de dónde sacas el tiempo para hacer ejercicio – dejó escapar una risa de boca cerrada y me quedé mirando sus labios con fascinación.

- No lo hagas

- ¿El qué?

- Mirar así mis labios. Voy a pensar que deseas que te bese… - temblé de arriba abajo, y él lo notó. – Es eso ¿Sak? ¿Quieres que te bese? – negué fervientemente y se carcajeó. – Ah… estaba empezando a dudarlo…

- ¡Más te gustaría!

- Si… es cierto. Me gustaría. – abrí los ojos de par en par y esperé que se riera, pero en vez de eso me miró seriamente. – Sólo espero… que te sientas mejor pronto y superes ese amor infantil de una vez.

- ¿Infantil?

- Sí. Infantil.

- ¿Y cómo sabes tú que es infantil?

- Tú misma me lo dijiste.

- ¿Yo? ¿Cuándo?

- Cuando me dijiste que no sentías deseo por él. – otra vez sentí ese cosquilleo incómodo y quise morirme de vergüenza. ¿Qué me estaba pasando?

- Eso no quiere decir nada… sólo sabía que sería imposible… me ve como a una hermana…

- Que sepas que alguien es imposible, no impide que te mueras de ganas por besarle. Te lo digo yo. – sentí algo en mi pecho. ¿celos quizá?

- Hay alguien que… ¿te atraiga?

- Aja…

- ¿Y es… alguien imposible?

- Eso creo…

- Pues no puedo imaginarme a una chica capaz de resistirse a tus encantos. – esta vez sí se rio, y yo le seguí.

- ¿A parte de las presentes?

- A parte de mí, claro. – su mano siguió jugueteando con mi cabello y cerré los ojos, otra vez.

- Pues ahora no pareces tan indiferente a mis encantos…

- Es porqué me confundes…

- Me gusta confundirte… - me reí suavemente, atreviéndome a abrir los ojos otra vez. Pero lo lamenté al instante. ¿Por qué dios había creado a un chico tan guapo y lo había puesto en mi jodido camino? ¿para reírse de mi?

- Porqué eres un perro chino muy juguetón.

- Sólo contigo. – y mi corazón volvió a la carga. - ¿Te encuentras bien?

- Ya te he dicho que sí.

- Es que… tu corazón late muy rápido. – mierda, sabía que podía oírlo.

- ¡Es por tu culpa! – vi como se sonrojaba y me maldije por no saber tener la puta boca cerrada.

- Así que… no te soy tan indiferente…

- ¡Cómo si pudiera estar indiferente teniéndote tan cerca!

- Es cierto, y además… te confundo…

- Y además eso… - su mano se desplazó hasta mi nuca y me retraje como una niña asustada.

- Joder Sak… quiero… confundirte más…

- Yo… no…

- Dime que puedo…

- ¿Qué puedes… que puedes qué?

- Confundirte más… quiero ser el único que pueda hacerlo…

- Yo… yo… - mis ojos se fueron a sus labios. Estaban entreabiertos y temblaban con suavidad. Eran tan tentadores…

- Ya te he dicho que no me mires así… o te besaré. – pero eso sólo hizo que los mirara más. – Joder Sak ¡A la mierda!

Su mano tiró de mí hasta que nuestros labios se juntaron y el cosquilleo se expandió de mi estomago a todo el puto cuerpo. No fue un beso suave, ni inocente. Xiao abrió mi boca como un lobo hambriento y tomó todo de mí. Su lengua jugueteó con la mía y mis brazos le rodearon con sumisión. Todo mi cuerpo dejó de funcionar y sólo podía temblar de puro miedo y excitación. Jamás me había sentido así. Jamás.

Xiao se separó lentamente, aún con los ojos cerrados y dejó salir el aliento sobre mi nariz. Le miré, entre aturdida y deseosa.

- ¿Ves? Es tu culpa… tú haces que quiera confundirte… tú y tus malditas pecas…

- Yo no tengo pecas…

- Sí que las tienes… son claras y casi pasan desapercibidas, pero yo las veo. – me sonrojé divinamente y le vi sonreír. – adoro cuando te sonrojas…

- Para, por favor… ahora no… no hay nadie… no tienes que seguir con esto ni jugar conmigo porqué… yo no… no estoy acostumbrada a esto y me siento…

- ¿Abrumada? – asentí en silencio. Pero aunque mis palabras le pedían que parara, mi cuerpo me traicionaba al apretarse aún más a él. – Deja de pensar por un momento Sakura. No pienses en tus miedos o inseguridades. Sólo haz aquello que te apetece, sin miedo al mañana. Por una vez deja…

Pero no le dejé terminar la frase. Tomé sus labios con fuerza y lo apreté contra mí. Y él respondió con la misma entrega. Y mi cabeza se alejó dejando paso al corazón y joder… como latía. Nos besamos durante lo que me parecieron horas, o puede que segundos. No podía comprender el tiempo cuando su lengua recorría mi cuello o sus suspiros me llenaban la boca.

- Mierda… - se paró un instante y me miró.

- ¿Qué ocurre Sak?

- Vas a pegarme el resfriado… - su risa fue tan hermosa y seductora que quise morirme allí mismo. – Por eso me estás besando ¿a qué sí? Sólo quieres putearme con tus gérmenes…

- Puedes apostar tu culito perfecto, mi pequeña flor de cerezo… - me besó otra vez, mordiendo mi labio inferior y llevándome al cielo. – Pero no te preocupes, que soy mejor enfermero que tu… cuidaré bien de ti… - le di una colleja sin dejar de responder a sus caricias y noté su risa sobre mis labios.

- Mañana me arrepentiré de esto… ¿a qué sí?

- Pues hagamos que tengas mucho de lo que arrepentirte... cariño…

No recuerdo cuando me quedé dormida, ni si sus manos recorrieron en verdad todo mi cuerpo. Pero cuando desperté al día siguiente, sólo podía notar el palpitar de mi corazón en mi cuello. Xiao dormía a un lado, plácidamente. ¿había sido real? ¿Nos habíamos besado toda la puta noche? Miré la mesita sintiendo mis manos temblar de puro miedo. Había aún el vaso de agua y la caja de medicamentos.

- Oh, madre mía… ¿y si no se acuerda? O peor… ¿y si se acuerda y se arrepiente tanto que no me habla más? – Me levanté casi al borde de la histeria y los pantalones del pijama cayeron al suelo. Me iban enormes. Así que me agaché y me senté en la alfombrita. - ¿Pero que demonios te pasa Sakura?

Mi teléfono sonó a un lado y lo tomé con la esperanza de distraer mis pensamientos pesimistas. Pero los ojos se me salieron de mis orbitas al ver la foto que iluminaba la pantalla.

- ¡Oh, mierda! ¡Ahora sí estoy jodida!

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Continuará…

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Notas de la autora: Buffff, me ha costado horrores… sólo espero que les guste. Ya les dije que la tónica de esos dos iba a cambiar, jajajaja. ¿Se lo esperaban? Yo no… pero me salió así. Tenía planeado este "cliché" de la fiebre desde hace mucho. Pero mira tú por dónde, ha coincidido con todo lo que está pasando. Así que quiero aclarar que no es mi intención ser irrespetuosa ni frívola. En verdad era lo que tocaba en la historia (por eso los puse bajo la lluvia en el episodio anterior). Mi corazón está con todos aquellos que están enfermos y les deseo la mejor de las recuperaciones. Un abrazo para todos y por favor, cuídense mucho y dejen sus comentarios. Intentaré contestarles a todas esta vez. Las quiero.