Notas de la autora: en motivo de los 600 reviews y gracias (o por culpa de) la cuarentena, aquí les dejo el siguiente capítulo. Como ven, ha sido rápido. Espero lo disfruten y nos leemos al final. Muchas gracias por su constante apoyo. No podría seguir sin sus palabras de ánimo. Besos.

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Mi fan número 246

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Capítulo veinte

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Celos, miedos y anhelos

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La luz de la ventana se coló entre mis parpados y gruñí por lo molesto que resultaba. ¿Quién demonios había dejado la persiana levantada? Rodé sobre la cama y estiré todos mis músculos maltratados. La cabeza me martilleaba como un tambor y tenía la boca seca. Extendí mi brazo notando las sabanas y el frío de la mañana y bajé de un golpe al piso. ¡Sakura!

Me incorporé, sintiendo un leve mareo y me sujeté a duras penas en la mesita. Golpeé el vaso sin querer haciendo que saliera despedido y lo cogí al vuelo de puto milagro, evitando que se rompiera.

- Maldita sea… joder…

Miré a mi alrededor. Todo estaba perfectamente ordenado y vacío. El pijama que le había prestado la noche anterior se encontraba plegado en una silla. Al menos, ahora podía asegurar que no había sido una alucinación causada por la fiebre. Lo que significaba… toda la sangre se subió a mi cabeza de un plumazo.

- Por todos los dioses… ¡La besé! ¡Me besó! – oí un ruido al otro lado de la puerta y me tapé la boca por instinto. ¡Sakura seguía en la casa! ¡En mi casa! – caminé de puntillas, intentando no hacer ruido y abrí la puerta con suavidad. La silueta de Sakura se dibujó en el salón y sonreí de lado. – Así que no has salido corriendo ¿eh?… Eso es algo. Supongo…

La observé durante un rato. Caminaba de un lado a otro, con el teléfono en la oreja y susurrando. Parecía muy alterada. ¿Sería por lo que había pasado la noche anterior? Agudicé mis sentidos (que seguían algo embotados por la maldita gripe) y al fin logré escuchar su voz.

- No, no es eso. Es que… tú no lo entiendes, Eriol. Esto se nos va a ir de las manos. – mis ojos se abrieron como platos. ¿Eriol…? ¿Por qué estaba hablando con Eriol…? - ¡Es que no es lo que parece! Y sé que Shaoran lo va a malinterpretar… y nuestra amistad se irá al traste… y yo no quiero que eso pase. No… no es por eso. Puñetas, Eriol. ¡Eres un mal pensado! – mi corazón empezó a latir a toda velocidad. ¿Sakura le había contado a Eriol lo de nuestros besos de la noche anterior? Por… ¿por qué? Y… joder… ¿ha dicho que no era lo que parecía? Cerré el puño con fuerza y me mordí el labio, totalmente frustrado.

- Ya veo… Así que las cosas van por ahí ¿eh Sak…? Te arrepientes…

- ¡Pero es que en verdad no era mi intención que esto pasara! ¡Si no fue nada! ¡Una minucia! Y se va a armar la de dios. Y todo el ambiente entre nosotros se volverá mas bizarro aún…

Sakura se quedó callada unos segundos, oyendo lo que estuviera diciéndole ese maldito inglés traidor desde la otra línea. Me sentía tan… tan… abatido. Esperaba que Sakura se sintiera rara tras lo ocurrido, pero… al parecer la había cagado en mayúsculas. ¡Eso me pasaba por impaciente! Tendría que haber detenido mis impulsos. Debería haber sido el caballero que prometí ser y dejar mi puta boca cerrada. Pero no… tuve que provocarla y llevarla al límite. ¡Jodida fiebre!

Las mariposas volvieron a mi estomago por un momento, confundiendo y arremolinando todos mis sentimientos. Y es que, por una parte, la noche había sido… mágica. Maldita sea… la forma en que se abrazó a mí, el sonido de su corazón contra mi pecho y su lengua cálida y tan… Tragué pesado, porqué solo de recordarlo se me ponía dura. Sí, lo admito. Soy un tío. ¿Qué esperaban? ¿Por cierto? ¿Y mis putos calzoncillos? ¡Esto parece una tienda de campaña! Dios, no importa ahora… porque la realidad volvía a llamar a mi puerta esta mañana, para recordarme dónde estaba mi verdadero lugar. Justo en medio de la estúpida "Friend Zone".

- Oh… ¿en serio? Gracias, gracias. Eres mi salvador. ¡Te debo una muy gorda, Eriol! ¿Tardarás mucho? No… puedo… sí. Vale. Gracias, de verdad. Eres tan bueno conmigo. Y ni siquiera sé porqué… - la oí reírse y sentí la bilis en mi garganta. Me apoyé en la puerta, mirando al techo y sintiéndome la peor mierda del mundo.

Y es que era un puto imbécil. De hecho, si lo pensaba bien, ese capullo de Hiraguisawa hasta tenía un aire a lo Tsukishiro. ¿Y si Sakura dejaba atrás su afecto por ese universitario afeminado y dirigía sus nuevas expectativas amorosas en su dirección? Que… ¿qué haría yo ante algo como eso? ¿Prohibírselo?

La puerta que me hacía de apoyo se abrió y me caí de bruces al suelo, golpeándome la cabeza con fuerza. Cosa que, por cierto, dolió como el puto infierno. Me retorcí sobre mi mismo llevándome ambas manos detrás de la nuca. Me saldría un buen chichón.

- ¡Por dios Shao! ¿Estás bien? – Sakura se agachó a mi lado y nuestros ojos conectaron. Sus mejillas se ruborizaron y me mordí el labio, impotente. Porqué, joder… cuanto la amaba… y ella… ella… Pero debía ser fuerte, debía fingir que no había oído nada.

- ¿Acaso quieres matarme, enfermera con final feliz? – ese mohín que tanto adoraba se formó en sus labios y quise comérmelo a besos. ¿Y si me ponía gafas? Al parecer, era un denominador común en sus gustos románticos.

- Perdona… no sabía que estabas tras la puerta. ¿Qué hacías ahí, por cierto?

- Me he levantado, pero… sigo algo mareado. Así que he tenido que apoyarme. – bien, mi ingenio había vuelto. Menos mal, porqué lo necesitaría para aparentar normalidad. – Yo… tengo hambre…

- ¡Oh! Te he preparado unos cereales y un té con miel. Tu estomago no está para desayunos pesados. – la vi incorporarse a toda pastilla. Huía de mí como si fuera la peste. Joder que sí se arrepentía. ¿y que debía hacer yo ahora? Ella misma lo había dicho… fue una minucia… - Xiao… ¿estás bien? – parpadeé, volviendo al piso y me incorporé con dificultad. En verdad me dolía la cabeza.

- Sí… sólo algo cansado. Creo que la fiebre ha vuelto a la carga. – sus ojos tenían una lucha interna entre mirarme, preocupados, o esquivarme. Así que me hice de tripas corazón y sonreí. No quería ponerla en una situación incómoda. Aunque me doliera el alma y sintiera el corazón caerse a pedazos. – Me tomaré la medicina y listo. Tranquila. Puedes irte a casa, Sak. Tu hermano estará preocupado.

- Oh, por eso no te preocupes. Tomoyo me cubre. – me senté en uno de los taburetes de la barra y la miré, de reojo. Estaba tan roja, que parecía en verdad una cereza. – Yo… eh… toma. – me alargó un par de capsulas y un vaso de agua.

- Gracias. – lo cogí en silencio, sin poder dejar de mirarla. Y es que estaba preciosa. Se había recogido el cabello en una cola y lucía alborotado. Pero me gustaba así.

- Yo… esto…

- ¿No trabajas hoy? Creí que te daban turnos extra en vacaciones – vi como daba un brinco sobre sí misma y apartaba la mirada.

- Sí, eso quería comentarte. Mi turno empieza en una hora. Pero Eriol viene de camino. Me sustituirá y cuidará de ti hasta que termine. – apoyé mi cabeza en la palma de mi mano y la miré con seriedad.

- No es necesario que venga Eriol. Llevo cuatro días solo, y no me he muerto.

- De milagro. Deja que te lo diga. Porque cuando llegué aquí, el apartamento parecía una jaula para leones. – chasquee la lengua al recordarlo. Sakura era la última persona sobre la faz de la tierra a la que querría enseñarle esa parte de mí. Eran pocas las veces en las que caía enfermo, y precisamente por eso era tan mal enfermo.

- Supongo que tengo que agradecerte el esfuerzo… debió ser algo desagradable. – Sakura negó con la cabeza, dejando ir una de sus espectaculares sonrisas.

- Para nada… de hecho, es todo un alivio ver que no eres tan perfecto. Ahora me siento más cercana a ti… - abrí los ojos, sorprendido. Pero la magia del momento duró poco, ya que se sintió avergonzada de golpe y corrió en dirección al sofá, fingiendo recoger de nuevo la manta (que había estado perfectamente doblada a un lado) – Yo… tengo que hablar contigo…

Y ahí venía el golpe. Ahora me diría que lo de anoche fue un error y que lo olvidáramos. Y yo tendría que asentir y estar de acuerdo. Pero no quería. Joder, no, no quería. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Callarme y sufrir? ¿Por ella? ¿Por qué? "Porque la quieres y no quieres verla triste" Sí… joder… puta mierda de conciencia.

- No es necesario Sak.

- ¿Eh?

- Eso, que no hay que hablar de ello. ¿vale? – su ceja se levantó y suspiré. Se lo dejaba a huevo para cambiar de tema, y ella se hacía la tonta. Pero se ruborizó de golpe y apartó la mirada, mientras jugaba nerviosa con sus dedos.

- No… no es eso… yo… - me levanté, suspirando y me acerqué a ella. Mi mano cogió vida propia y se apoderó de su mentón, obligándola a mirarme.

- Sak, déjalo. En serio… yo tampoco quiero que nuestra amistad se resienta y… - su mano se posó en mis labios, haciéndome callar.

- ¡Qué no es eso! – La miré, sin comprender nada y ella se apartó de mí, cómo alma camino del purgatorio. Cogió su teléfono y lo hizo rodar entre sus manos con una destreza asombrosa. Sin duda, un don adquirido de sus días de animadora – Yo… antes de que lo veas, quiero que entiendas que no es lo que parece… te lo juro por dios. Sólo fue una tontería. Estaba muy contenta y…

- Sakura… estoy perdido… ¿qué ocurre? - cerró los ojos con fuerza y me alargó su teléfono. Lo tomé con cuidado y miré la pantalla. Mi estomago se encogió y me sentí mareado de nuevo.

- ¡De verdad que no es lo que parece! Esa estúpida de Hatsumomo lo ha sacado de contexto para que parezca algo, pero no fue nada.

Ante mí había una foto de un muy sonriente Eriol en la cafetería "Ojos de gato". Y entre sus brazos, estaba ella. Sakura. Se le colgaba al cuello con fuerza. Mi corazón empezó a latir a toda velocidad y sentí que las piernas me temblaban. No por el abrazo, o porqué Hatsumomo lo hubiera publicado (o cualquiera de sus peones) lo que me jodió más que nada, fue ver la cara de mi mejor amigo. Se le veía… feliz. ¡Estúpidamente feliz! Intenté parecer sereno y desvié la vista al titulo del artículo del blog.

- "De chino a inglés en un dos tres…"

- Sí… la muy zorra es buena con los títulos… - levanté la vista para encararla. Quería parecer tranquilo, pero me dolía el pecho. Demasiado. – Mira, yo…

- Déjalo, Sak. Sé que no fue nada.

- ¿En serio? – asentí, sin creerme de verdad lo que decía. - ¡Oh! Joder, que alivio. Eriol tenía razón y me preocupaba por nada. – otra vez Eriol… - Es que, no lo entiendo. No vi a ninguna chica de nuestro instituto en la cafetería… ¿acaso me siguen?

- Supongo… - tosí, incomodo y le devolví el teléfono. – Me apuesto lo que quieras a que esto es su venganza por lo que les dijiste en el festival. Ya sabes, lo de que nos acostábamos y eso… – Sakura hizo una mueca y giró la cabeza. Vaya… esta vez no se había sonrojado.

- Sí… yo también lo creo… pero meter a Eriol en esto… grrr… malditas arpías…

- No tienes que preocuparte por ese inglés. La fama de mujeriego le viene de antes. Preocúpate por como afectará esto a tu día a día. Te lo van a poner difícil otra vez. – volví al taburete y cogí mi plato de cereales, sintiendo como me seguía con su mirada.

- Yo… lo cierto es que me preocupas más tú… - dejé ir un bufido y me llené la boca. – No… ¿no te molesta que te tilden de cornudo?

- Estoy acostumbrado. No es distinto a cuando abrazaste a Tsukishiro en el festival deportivo, o cuando te fuiste corriendo a ver a Yue vestido de ángel y lo exhibiste ante todas esas chicas… Además, no es la primera vez que abrazas a Eriol y Hatsumomo lo ve. ¿recuerdas? Lo sorprendente es que no lo usara en tu contra antes. A fin de cuentas, parece que eso de dar abrazos a todo el mundo, es lo tuyo últimamente… - se encogió, avergonzada y jugueteó con su cabello sin saber que decir.

- Pero…

- Déjalo. Te dije que tuvieras cuidado, y no lo tuviste. Ahora toca pagar el pato. Se hará y punto. No le des más vueltas – sabía que estaba siendo muy duro con ella, pero me ardía el pecho y la cabeza seguí martilleando.

- Tienes razón… he sido una estúpida. – levanté la vista y vi su rostro afligido, pero no tenía fuerzas para intentar apoyarla en esto. Me sentía tan celoso… - Te… tengo que irme. Mi turno empieza en nada y la cafetería queda lejos. – le gruñí a modo de respuesta y seguí comiendo – Va… vale. Tú… tú tomate todo y vuelve a la cama. Aún estás algo pálido y…

- Kinomoto, como te dije ayer, no soy un niño. Vete ya. – lo sabía, era un imbécil y un cobarde. Pero es que siempre me pasaba lo mismo. Tocaba el puto cielo y en un instante esa… esa… hechicera cruel me enviaba de nuevo al jodido infierno. Y dejen que les diga que no hace calor… oh, no… el infierno es un lugar frío, solitario y desolado. Un lugar donde nadie te tiende una mano y el eco de tus lamentos es tu única compañía. Ese… ese era el verdadero infierno.

- Yo… lo siento… soy una pesada. Ya… ya me voy. Volveré por la tarde a ver como estás y…

- No es necesario. Nos veremos en clase cuando terminen las vacaciones de invierno – Noté el dolor en sus ojos, lo juro, y quise levantarme y pedirle perdón mil veces por ser un idiota egoísta y cruel. Pero no pude. Lo intenté, pero mi culo estaba postrado en ese jodido taburete, y mi mano insistía en seguir llenando mi boca de putos cereales.

- B… bien… cuídate… Li.

- Sí.

Tomó sus cosas en silencio y salió por la puerta. Esperaba un portazo, pero no. Sólo cerró con cuidado y desapareció sin hacer ruido. Cómo había llegado. Solté la dichosa cuchara y me llevé las manos a la cabeza. Quería morirme. Quería cerrar los ojos y desaparecer.

- Joder… ¡Maldita sea! ¡Eres el mayor imbécil del mundo!

Me pasé la hora siguiente tumbado en el sofá, mirando a la nada e intentando calmar mis sentimientos. Pero era imposible. Me sentía confuso. Traicionado, decepcionado, dolido, culpable y pequeño. Muy pequeño. Yo, el gran heredero del imperio Li, me sentía como un niñato estúpido. Sólo me había sentido así una vez. Y no dolía ni la mitad que esto. Dos golpes en la puerta hicieron que bajara de mi nube tormentosa y caminé con desgana hasta el recibidor. Miré por la mirilla y una sonrisa inglesa muy estúpida ocupó todo mi campo de visión. ¡Lo que faltaba! Abrí la puerta y le dejé entrar, con fastidio.

- No necesito a Mary Poppins.

- Soy inglés, pero no una niñera. Así que cierra el pico. Y por cierto, luces fatal.

- Grrr…

- No me gruñas lobo. Que ya se que no soy caperucita, pero me ha pedido que cuide de ti lo mejor que sepa.

- Pues no tenía porqué pedirte nada. Si quiere hablar contigo, puede buscarse otra puta excusa y dejarme a mí en paz. – me tiré de nuevo en el sofá y me llevé los dedos a la sien. ¿Por qué no se me iba el puto dolor de cabeza? Había tomado las jodidas medicinas. Eriol se agachó a mi lado y me miró seriamente. Cosa extremadamente rara en él, debo añadir.

- ¿Qué película te estás montando en esa cabeza de chorlito, Xiao?

- No es nada…

- Ya, y yo soy un sapo.

- Pues ahora que lo dices… - solté una risa y le encaré. No podía enfadarme con él, y ni siquiera entendía porqué.

- Me abrazó porqué estaba muy contenta.

- ¿Y eso debería hacerme sentir mejor?

- Pues sí. Porqué estaba así de contenta por tu causa. – abrí los ojos y le miré esperanzado. Necesitaba algo a lo que agarrarme, de verdad. Eriol suspiró y tomó asiento en la alfombra. – Mei me llamó para que te trajera la comida. Y yo pensé que era una buena excusa para ir a ver a tu flor. Con suerte, podría liarla para que viniera aquí y daros un momento a solas.

- Pues podías haber avisado, tenía el apartamento echo una mierda y hacía tres días que no me duchaba.

- ¿Vas a dejarme terminar? – gruñí otra vez, pero asentí. – Salió corriendo del vestuario. Tendrías que haberla visto, con el pelo echo un desastre y el rostro todo brillante. – me mordí el labio, sintiéndome peor que antes. ¿Qué pretendía ese imbécil? ¿Restregarme por la cara lo feliz que se ponía Sakura al verle? – Y luego me vio y puso la cara de decepción más grande que jamás había visto. En serio, me dio una patada en mi ego.

- ¿Eh?

- ¿No lo entiendes? – negué con la cabeza. – Caperucita pensaba que era el lobo el que había ido a verla. – Mi corazón empezó a latir a toda marcha – Estaba muerta de la preocupación porqué no tenía noticias tuyas desde el festival y pensaba que estabas enfadado con ella por alguna estupidez. Algo de que se puso a llorar a moco tendido, que abusó de tu confianza o yo que sé… – Ahora sí que estaba a cuadros.

- Yo no… no estaba enfadado.

- Eso le dije. Y menuda cara de alivio se le quedó. Pero luego se puso súper nerviosa cuando le conté que estabas enfermo. Se la veía tan preocupada y se sentía tan culpable la pobre… así pues, le pedí que ocupara mi lugar (que siempre fue mi intención) Y aceptó encantada. Por eso me abrazó.

- ¿Eh?

- Hoy estás muy espeso…

- Eriol, por dios. Ten piedad. Me duele la puta cabeza. – le vi reírse.

- Ay… mi cachorrito. Sakura estaba feliz porqué no estabas enfadado con ella y porqué podría verte. Joder, dio un brinco, me abrazó toda histérica y salió a toda prisa de la cafetería. Casi dejó una estela de humo como si fuera un dibujo animado. – no pude evitar reírme al imaginarla.

- ¿De verdad?

- Que me parta un rayo y me mate ahora mismo si miento – ambos miramos el techo de forma inconsciente, y nos pusimos a reír. El peso que me tenía atado al suelo empezaba a desaparecer. Pero entonces, había sido aún más injusto con ella de lo que ya pensaba. Me llevé las manos a la cabeza y solté un grito ahogado.

- Joder… oh, mierda…

- Vale… ¿qué han hecho tus impulsos de celoso empedernido esta vez?

- Soy imbécil.

- Ahora dime algo que no sepa. – me levanté, caminando por el cuarto como un león enjaulado.

- No, en serio Eriol. Ella se pasó la tarde limpiando, cuidando de mí y luego… luego vimos una peli y yo… paso todo eso que fue tan… tan… y por la mañana… ¡oh, joder!

- Sí, es definitivo. Has perdido la cabeza. Tantos días aislado te han dejado tarumba.

- ¡Tú no lo entiendes, Eriol!

- Ni lo haré si no te explicas mejor… - le oí reírse y no pude evitar añadirme a su buen humor. Porqué era tan absurdo…

Tomé aire, respiré y me dispuse a contárselo todo. Y cuando digo todo, es todo. Necesitaba desahogarme con alguien y también quería que supiera que la quería. Que en verdad lo hacía. Aunque mi cabeza me decía que Eriol no me traicionaría, mi corazón seguía muerto de los celos. Y es que lo había visto con un montón de chicas antes. Joder, era un puto ligón empedernido y se acostaba con cualquiera que tuviera un buen culo o tetas grandes. ¡Incluida mi prima! Pero… la forma en que veía a Sakura… era… distinta. ¿Sentiría algo por ella y estaría conteniéndolo por mi? Y de ser así… ¿por qué sentía la necesidad de marcar territorio como un puto perro? ¿Por qué le contaba hasta el más nimio detalle?

- Vaya… mi pequeño cachorro esta creciendo… claro que de ser yo, no me habría quedado sólo en un par de besos…

- ¡No fueron un par de besos! Fue… fue… mucho más…

- Sí, fue mágico. Lo sé. Me lo has dicho. Eres un calzonazos, que lo sepas, mamón. – me encogí de hombros y miré la luz del techo. - Pero entiendo como te sientes. Sakura no es una chica con la que puedas ir al grano y sin rodeos. Y si me dices que estaba colgada de un universitario… pues aún menos. Sí, toda una palomita asustadiza…

- Ni que lo jures…

- Pero tus huevos deben estar al borde de la explosión. ¿Tienes crema hidratante o voy a por ella?

- ¿Crema?

- ¿O eres de los que tira del jabón? También puedes usar un lubricante, pero… - sentí mis orejas arder y le di un sonoro puñetazo en el hombro. - ¡Oye! ¡Qué eso duele capullo!

- Eso espero, degenerado. – se sobó el brazo con fruición y me miró ceñudo. Pero luego se le escapó la risa.

- Yo solo me preocupo por tu salud. No es bueno dejarlos cargados tanto tiempo… te lo digo por experiencia. – rodé los ojos. Ese imbécil no tenía remedio. – Pero volviendo a nuestra dulce flor de cerezo…

- ¡Te he dicho un millón de veces que odio que la llames así! – se rio otra vez, recargando todo su peso en el sofá.

- Nuestra Sa-ku-ra… debe estar ahora mismo echa una mierda… se sentía súper culpable esta mañana por la dichosa foto. No quería que esto te afectara más de la cuenta. Ni siquiera se preocupó por ella, sólo tenía miedo de que por su descuido tu fueras tildado de cornudo. Joder… ahora que lo pienso, ni siquiera se preocupó por mi. Soy yo el que será tratado como un puto traidor…

- Venga ya, sabes que nadie te dirá nada. Eres un casanova que va de flor en flor, eso lo saben todos.

- Sí, pero… tú eres mi mejor amigo. Incluso para un degenerado como yo, robarle la novia a su hermano de juergas sería… imperdonable. ¿Es que no has visto Pearl Harbor? – le miré de reojo, dejando caer mi cabeza para atrás y apoyándome en el sofá como hacía él.

- Sí, lo sería… así que no lo hagas- se giró para mirarme y vi la sorpresa reflejada en sus ojos. - ¿Te gusta?

- ¿Eh?

- No te hagas el idiota ahora. Sakura… ¿te gusta? – agachó la cabeza, con una sonrisa triste y las manos tensas.

- Sí… me gusta – sentí que el corazón se me paraba. – Es sincera, divertida y torpe. Como una niña en todos los aspectos. Pura e inocente. Nada que ver conmigo. – las mariposas volvían a la carga y empezaba a sudar frío – Si tuviera una hermanita, me gustaría que fuera como Sakura, sin duda.

- ¿Her… hermanita? – asintió, volviendo a sonreír con esa puta picardía que me ponía de los nervios. – eres un mamón…

- Venga capullo, está vetada desde el momento en que te vi sonreírle. Sólo hay que verte babear por ella para que se te quiten todas las ganas. – me sonrojé como un puto colegial y miré al piso - ¿ves? Sois los dos tan transparentes…

- ¿Los dos?

- Sí, tío. Porqué tú aún no lo ves… es normal, te toca demasiado cerca, pero… Te lo dice un tipo que cala a las tías al instante. Sakura esta tocada. Le has llegado y… como has dicho, está confundida. Pero en el fondo, ya tiene su respuesta. Sólo tiene que digerirla un poco y admitírselo a sí misma. El resto vendrá sólo.

- Eriol… no tengo ni idea de qué demonios hablas… - se levantó con una sonrisa y cogió su chaqueta.

- Porque eres igual a ella… pero ya aterrizaran los dos. Algún día… Puede que necesiten algo de ayuda de un servidor o de la dulce y explosiva Tomoyin… pero será… ¿cómo lo llamaste? Oh, sí. Mágico. – rodé los ojos, muerto de la vergüenza. - Y yo estaré allí para verlo en primera fila. Con palomitas y un paquete de condones de recambio, por si se te olvida – me quedé callado, mirando como se abrigaba con su bufanda azul cielo y no pude ni levantarme. Volvía a sentirme mareado. – Le mandaré un mensaje a Sakura para decirle que he tenido que irme. Así me aseguro de que venga luego.

- No lo hará… la he largado de muy malas maneras…

- Oh, lo hará. Confía en mí. – me hizo un gesto con la mano, dejó algo sobre la barra de la cocina y se largó. Tal cual había llegado. Y el silencio ocupó la estancia otra vez. Pero me sentía un poco mejor. Ahora sólo tenía que buscar el modo de disculparme con Sakura… sí, lo sabía. Me pasaba el día disculpándome…

- Eso es porqué solo sabes meter la pata…

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Miré el reloj por milésima vez ese día. Eran ya las cuatro de la tarde. Sabía que el turno de la cafetería terminaba a las dos, por lo que Sakura llevaba ya dos horas libre. No me había llamado, ni me había escrito un mensaje. Lo que sólo podía significar una cosa. Estaba cabreada. O dolida. O peor aún… decepcionada.

Me levanté para caminar por el apartamento. Había puesto una película estúpida de fondo, y ni siquiera seguí el argumento más de diez minutos. Me sentía nervioso e impaciente. La fiebre había remitido al fin y mi cabeza parecía darme una tregua. Pero aún así… no podía descansar. Sólo podía pensar en ella. En su sonrisa, en esos ojos tímidos y avergonzados. En lo bien que se sintió que fuera ella la que me besara a mí por una puta vez y… joder, en el calor que desprendía su cuerpo entre mis putas sabanas. Claro que quería más, mucho más. Quería desnudarla, besar todos y cada uno de los rincones de su piel y comerme sus labios a mordiscos. Pero… no podía. ¡Claro que no podía! Si ni siquiera había superado sus sentimientos por ese puto universitario afeminando. Y luego pasaba todo esto y yo… la cagaba con mis celos. ¡Pero tenía motivos! Ella había dicho que lo de anoche fue una minucia. ¡Una minucia! Yo me sentí en el puto edén, y ella lo llamaba "minucia"

- Maldita niña desconsiderada e insensible…

Oí tres golpes suaves en la puerta y casi corrí hasta ella. La abrí de un tirón y sentí como todo mi cuerpo se relajaba. ¡Estaba ahí! ¡Había venido a pesar de que la había mandado al carajo! Sakura dio un salto sobre sí misma por mi brusquedad al abrir, pero no me importó. Tenía que disculparme ya.

- ¡Lo siento!

- ¿Eh?

- Por lo de esta mañana, yo… fui un capullo. Sé que no tuviste la culpa de esa foto y yo te traté fatal… pero es que estaba dolido y…

- Eh, eh… frena… no quiero que te disculpes por nada. Fue culpa mía. – Sakura entró, suspirando y dejó sus cosas en la barra. – Oh, esto está impecable. Temía volver a encontrarme la alfombra llena de pañuelos. – me sonrojé de la cabeza a los pies y eso la hizo sonreír. – Soy yo la que te pide perdón. Por todo. No he… no he sido una buena amiga. - ¿Pero que estaba diciendo ahora?

- Sakura…

- No, deja que termine. – se sentó en un taburete y cogió aire. Al parecer, tenía el discurso preparado. – Sé que no empezamos con buen pie. Tú me amenazaste, yo te insulté, tú me lanzaste a todas las locas del insti y yo te grité… tú quisiste ayudarme y yo no te dejé… y así podríamos seguir por horas, pero… de un tiempo a esta parte, nuestra… relación ha cambiado y… me… me gusta lo que tenemos ahora. ¿a ti no? – sentía cómo mi corazón se aceleraba por momentos y casi tuve que agarrarme el pecho para que no saliera corriendo y se lanzara encima de ella.

- S… sssí…

- Bien, porqué… no quiero arriesgar esta amistad por un momento de debilidad…

- Minucia.

- ¿Eh?

- Esta mañana, te oí hablando con Eriol. Lo llamaste minucia. – Sakura se sonrojó y apartó la mirada, mientras colocaba un mechón de pelo tras su oreja.

- Oh… no hablaba del abrazo con él ahora… me refería al… al beso… a "los besos"… porqué no llevé la cuenta, pero fueron más de uno… eso seguro.

- Si, yo también me refería a… "eso". ¿No le dijiste a Eriol que no querías perder nuestra amistad por una minucia?

- ¿Eh? Yo no le he contado lo de anoche a Eriol… ¿tú sí? – moví la cabeza, alterado. Intentando recordar sus palabras exactas.

- Pero yo… no entiendo… esta mañana le decías algo así como qué no fue nada, una minucia y que no querías que nuestra amistad se resintiera por ello… - Sakura dejó escapar una risa suave.

- Te estás confundiendo Xiao… Hablaba de la foto. Cuando decía que fue una minucia me refería al abrazo con Eriol. Yo no… no le he dicho que anoche… ya sabes… - me dejé caer en el sofá con una sonrisa idiota. ¡Hablaba del puto abrazo! Toda la conversación que yo había malinterpretado era a causa de la dichosa foto – Acaso lo de anoche… fue… ¿una minucia para ti?

- ¿Eh? – Sakura enrojeció exageradamente y levantó las manos, agitándolas a toda velocidad.

- Yo… no es que te culpe ni nada de eso… sé que para ti debió ser una tontería y no quiero que pienses que voy a enamorarme de ti sólo por un par de besos… ni tampoco que creas que estaré babeando como una de tus estúpidas fans, pero… - Sakura balbuceaba nerviosa y me enterneció tanto que tuve que agarrarme al sofá para no ir corriendo a abrazarla. – Es sólo que… no quiero recordarlo como algo… que estuvo mal.

- Yo tampoco. – sus ojos me buscaron tímidamente y le sonreí con cariño en respuesta. Pero eso sólo la puso más nerviosa.

- Va… vale… entonces… podemos seguir siendo amigos y hablando normal ¿verdad? Por qué hablo en serio cuando digo que me caes bien, a pesar de todos tus defectos y… - me reí, mucho más aliviado ahora que todo parecía estar arreglado y me levanté, juguetón.

- ¿Defectos? Te recuerdo, enfermera con final feliz, que me llamaste "dios".

- ¡Quería decir que volvías a estar normal! ¡Son las otras que te llaman dios chino! ¡No yo!

- Oh, es cierto. Tú me llamas perro chino.

- ¡Porqué eres un perro chino! Mira sino cómo olías ayer, apestabas a perro mojado. – sentí mis orejas arder, pero no pude evitar reírme. ¡Joder, que bien me sentía! Estábamos como siempre. Amigos… si… pero… ¿quién dice que los amigos no pueden ser con derecho a roce? No quería contenerme más. No… cómo había dicho ese estúpido inglés, no era bueno para mi salud.

- Vale, vale… tregua. ¿Vas… vas a quedarte o tienes que ir a tu casa? ¿Touya está histérico? – Sakura miró el sofá con algo de inquietud.

- Tiene exámenes y se pasa día y noche en la universidad. Es su último año y tiene que sacar buenas notas… así que, por el momento, el monstruo está distraído.

- Creí que el monstruo eras tú… - Sakura me sacó la lengua y la adoré por ello. – Entonces… ¿te quedas?

- Bueno… ayer vi que tenías una buena filmoteca… ¿crees que tu estómago podrá digerir unas palomitas saladas? – me reí por dentro y aguanté las ganas de salir corriendo a besarla.

- No tengo palomitas… - ella dio un saltito alegre, levantando la bolsa que llevaba en la mano.

- Oh… ahora sí que tienes.

- Lo tenías todo planeado ¿eh? Granujilla… - se giró con naturalidad (aunque sabía que estaba aguantándose la vergüenza) y abrió la bolsa de palomitas para el microondas. Lo puso en marcha y se apoyó en la barra. – Gracias Sak…

- ¿Por?

- Por cuidar de mí.

- Es lo menos que puedo hacer por mi querido "novio" ¿No crees? – ahora fui yo el que se sintió morir, pero su risa me devolvió el alma. – Sabes… no sé porqué, pero llamarte así se ha vuelto algo natural. Al final, voy a creerme nuestra propia mentira. – el corazón volvió a la carga y tuve que frenar mi loca imaginación. Sakura no se me estaba insinuando, por dios. Ni siquiera sabía hacerlo. Solo era estúpidamente sincera, como siempre.

- Anda, ven al sofá y escoge una buena peli, mi querida y alocada "novia".

- Si, mi amor.

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*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

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Para mi sorpresa, Sak había elegido una película romántica. Según me había contado, era fan de las películas de acción y fantasía. Ya saben, Harry Potter, el señor de los anillos, Alita, Ready player one… pero por alguna razón, estábamos viendo Jearry McGuire.

- Oh, me encanta esta parte…

- A todo el mundo le encanta esta parte, Sakura…

- Es que está tan loco. ¡Enséñame la pasta! – la vi carcajearse y sonreí de lado. – Estuve al menos dos años diciéndole esa frase a mi padre cuando le pedía dinero para ir al cine con Tomoyo.

- Oh, por dios… casi te estoy viendo… Dime que llevabas dos coletas y un corrector dental…

- ¡Nunca he necesitado corrector dental! Mi boca es perfecta.

- Ni que lo jures… - Sakura se giró con una ceja alzada y yo tosí, incómodo por mi desliz. – Oye… ¿tienes sed?

- Pues lo cierto es que sí. Espera, voy a buscar algo.

- Puedo hacerlo yo… - Pero sus manos tiraron de mí, impidiendo que me levantara. Corrió despedida a la nevera y tomó un par de refrescos.

- Oye Xiao, ¿dónde guardas el abridor? – me llevé un par de palomitas saladas a la boca y le señalé una cestita de mimbre que había encima de la barra. – oh, perfecto. - Miré la película por un rato, pero al ver que Sakura no volvía, desvié la vista para atrás, curioso.

- ¿No lo encuentras? – Fruncí el ceño al ver sus mejillas totalmente arreboladas. - ¿Sak?

- Yo… eh… sí, tranquilo.

- ¿Qué pasa?

- Na… nada. – Pero no me la creí. Vamos, ni de lejos. Así que me levanté y miré que era eso que le había llamado tanto la atención y que la había dejado avergonzada. – No es nada, en serio. Sólo me ha sorprendido. Supongo que es normal que los tengas y que no significa nada… a ver, tú mismo me dijiste que no habías llegado nunca a… eso.

- Sakura… no tengo la menor idea de lo que… - pero me callé en cuanto vi el objeto causante de su perturbación. – Hijo de puta…

- ¿Eh? – cogí el maldito paquete de condones que había en la cesta y lo lancé a la basura de un golpe.

- ¡Eriol!

- Oh… - para mi sorpresa, Sakura se llevó las manos a la boca y empezó a reírse.

- ¿Y tú de que te ríes? Los ha puesto aquí también por ti, que lo sepas. – Sakura se carcajeó aún más y pronto me vi riendo a su lado. Si ella supiera lo que en verdad pensaba ahora de ese paquetito y sus usos…

- Oye, pero no los tires. Siempre los puedes llenar de agua y hacer una pelea de globos en el parque. Los niños lo adorarán.

- Ja, ja. Qué gracia. Dame el refresco y vuelve al sofá. ¿Quieres? O no respondo de mí

- ¿Y que harás, Oh gran Li? ¿Me golpearás? ¿Me tirarás palomitas? ¿O vas a matarme a cosquillas? – levanté las cejas y le lancé una mirada traviesa. – Oh, no… no vas a hacerlo.

- ¿Qué pasa Sak? ¿Tienes cosquillas? – me señaló con un dedo, aguantándose la risa y negó con la cabeza.

- Ni se te ocurra…

- ¿Dónde las tienes? ¿En el estomago? ¿En los pies?

- Xiao… no te atrevas siquiera… - Pero esas palabras fueron una invitación. Me lancé a por ella y salió corriendo cual gacela. Pronto me vi persiguiéndola por mi diminuto pasillo entre carcajadas. ¿Y adivinan donde terminamos? Sí… en la cama. La empujé justo en cuanto entró al cuarto y me puse de cuquillas sobre ella, inmovilizando sus brazos por encima de su cabeza. Ambos respirábamos agitadamente y teníamos el rostro sonrojado.

- Te… te pillé…

Nos miramos unos segundos en silencio. Notaba el latido de mi corazón en la garganta y cómo mi amiguito de la parte baja luchaba por salir. Cosa que no me convenía para nada en la posición que me encontraba. Sakura era despistada, pero no tanto. Así que me aparté, quedando sentado a un lado. Ella se incorporó torpemente y miró en la otra dirección, recogiéndose un mechón de pelo que se había escapado de su cola. Temblaba como una hoja.

- Yo… a lo mejor debería irme ya a casa. Este barrio no es seguro de noche… como dijiste.

- Eh… claro. Yo… gracias de nuevo por todo. No soy fan de los conejitos, pero… la manzana estaba rica.

- Idiota…

- Tonta – se levantó, aún más roja que un semáforo y se giró a mirarme.

- Yo… de verdad que siento lo de la foto…

- Sak, por favor. No es necesario…

- No. Quiero dejar claro que no siento nada por Eriol, de verdad. No es mi tipo ni de lejos. – levanté una ceja como muestra de mi incredulidad. - ¡Qué no!

- Venga ya. Es guapo, misterioso y tiene ese aire intelectual tan parecido al idiota universitario. – Sakura abrió los ojos, sorprendida y negó con convicción.

- ¿Qué dices? Eriol y Yukito no se parecen en nada.

- ¿A no?

- No, claro que no. Para empezar, Yukito jamás iría de flor en flor ni jugaría con las chicas de ese modo.

- Oh, ya veo.

- No. Ni tampoco es inglés ni misterioso. Créeme, Yuki es un libro abierto. Inocente como. Un niño pequeño. Y tendrías que ver como traga. ¡Come al menos tres veces más que Touya! Y… - su voz se apagó de golpe y sabía porqué. A fin de cuentas, era imposible no poner una cara de perros cuando la chica que te gusta se pone a fantasear con su amor perdido.

- ¿Qué? ¿No sigues? Estoy escuchando.

- Yo… eh… no. Perdona – Me incorporé, pasé a su lado y crucé la puerta de vuelta al comedor. La rabia se había vuelto a instalar en mis entrañas y podría decir o hacer algo de lo que me arrepentiría luego. Recogí las palomitas, los vasos y los llevé al fregadero siendo observado en silencio por Sakura.

- ¿Qué pasa Sak?

- Yo… lo siento.

- ¿Por qué te disculpas? Estás enamorada de él. Es normal que babees y hables de ese tipo a todas horas.

- Yo no… ya no…

- ¿A no? – tiré los platos con rabia contenida y la miré sin poder aguantarme los celos que sentía – Venga ya, Sak… dices que lo has superado, que estás mejor, pero no soy idiota. Tienes que ser sincera contigo misma y aceptarlo. ¡No lo has superado! Pasó hace menos de una semana y llevas colada por él desde… ¿Desde cuando? ¿Los ocho, nueve años?

- Más o menos… sí… - claro, toda una vida. Joder, que rabia me daba.

- Pues eso. Al menos sé consciente de ello, por favor. Porqué si te niegas a aceptarlo, jamás podrás continuar y dejar paso a otro. – Sakura agachó la cabeza y se acarició los brazos en busca de calor.

- ¿Y si no quiero?

- ¿Eh?

- Y si no quiero dar paso a… ¿otro? – mi cabeza dio vueltas. ¿Qué me quería decir con eso?

- ¿A qué te refieres? – Sakura suspiró, tristemente y caminó hasta que tomó asiento en uno de los taburetes de la barra.

- ¿Y si no quiero sentirme así nunca más? Supongo que para ti es difícil entenderlo, porqué tienes a todas las chicas loquitas por ti y fijo que no temes al rechazo, pero… yo no creo tener fuerzas ahora mismo para volver a pasar por esto… No sabes lo que duele que no te correspondan. Lo pequeña e insignificante que me sentí…

- ¡Anda hombre! – ahora sí que quería estrangularla. - ¿Qué yo no temo al rechazo? ¿Acaso no me escuchaste anoche? – Sakura pareció pensar en ello unos segundos, pero negó con la cabeza. – Oh, y luego dices que yo tengo memoria selectiva…

- Oh, ¿te refieres a la chica que te atrae y que, según tú, es imposible? – levanté la mano y asentí. – Oh… ya… pero… ¿acaso se lo has preguntado?

- Hay cosas que no hace falta preguntar. ¿o no? Tú sabias que Yukito te veía como una hermana sin necesidad de preguntárselo… - agachó la cabeza (otra vez…) y jugueteó con su cabello.

- Pues también es verdad…

- ¿Lo ves?

- Pero tenía más versiones a parte de la mía. Tomoyo, por ejemplo. Cuando le pregunté sobre Yuki me dijo que opinaba igual que yo. Así que… no eran suposiciones infundadas. ¿Le has preguntado a alguien que opina sobre los sentimientos de esa… chica? – De repente me avergoncé, y tuve que apartar la mirada.

- Pues… sí.

- Ya… ¿Eriol? – asentí - ¿Y que te dijo? – no podía contestarle a eso… - ¿Xiao?

- Dijo que… estaba tocada y que… tarde o temprano, caería. – Sakura sonrío con tristeza y miró la televisión distraídamente.

- ¿Lo ves? Te preocupas por nada… ninguna chica se resiste al "Oh gran Li"… - me acerqué a ella aún sin comprender lo que hacía y me miró a la vez que se mordía el labio inferior con inquietud. Tomé aire y cerré los ojos, porqué ese gesto me hacía perder la cabeza.

- ¿Ninguna?

- Ninguna – mis dedos tomaron su mentón y le levantaron el rostro, mientras me iba acercando peligrosamente. El corazón volvía a martillear en mi garganta y los pulmones iban a salirse disparados por mi boca.

- Entonces… si te beso ahora… ¿no te apartarás? – vi como sus pupilas se movían a gran velocidad de un lado a otro y bajé la vista a sus labios. Temblaban levemente, pero permanecían abiertos. Cómo una invitación.

- ¿Y por que… por qué ibas a besarme? – tragó saliva y seguí el movimiento de su garganta, sediento de ella.

- ¿Y por qué no iba a hacerlo? Te lo dije esa noche, en el parque pingüino. ¿no? Tus labios saben a cerezas y miel…

- Eso… eso no iba en serio…

- Ah ¿no? ¡Joder Sakura! Que demonios sabrás tú…

- Yo…

Pero no la dejé seguir. En vez de eso, acorté la distancia entre ambos y la besé otra vez. Igual que la noche anterior, sólo que sin medicamentos de por medio. Ahora no podría poner una puta excusa, pero me daba igual. Su espalda se curvó en respuesta y desvié mi mano hasta la parte posterior de su nuca, profundizando el beso. Abrió la boca para mí y juro por dios que la devoré entera. ¡Estaba en el maldito cielo! La apreté contra mí pecho en un impulso y perdió el equilibrio, resbalándose del taburete en el que estaba subida. La tomé al vuelo y su cara golpeó mi hombro. Ambos nos quedamos abrazados, sintiendo el desbocado latir de nuestros corazones.

- Tranquila… te tengo. – Asintió en silencio y suspiré. – Perdona… a veces me dejo llevar. No quería…

- Ah… ¿No? ¿No querías? – la aparté con cuidado para mirar sus ojos y me quedé maravillado con el rubor que adornaba sus preciosas pecas. Pero sus ojos miraban al suelo, incapaces de aguantarme la mirada.

- Sak… mírame. – negó con fuerza, haciéndome sonreír. – Sak… - sus ojos se alzaron lentamente y poco a poco conectaron con los míos. Brillaban más que de costumbre (que era decir mucho) y se veía a la legua la confusión escrita en ellos. – Quería.

- ¿Se… seguro?

- Y quiero – se le cortó el aliento y noté como su corazón latía de nuevo a toda marcha. Joder, el mío estaba igual. ¿Significaba eso que tenía alguna posibilidad? ¿Podía albergar esperanzas de que algún día fuera… más…?

- ¿Por… por qué?

- ¿Importa? – asintió, sin poder añadir palabra y suspiré. Era el momento de lanzarse a la piscina. No podía resguardarme de nuevo en mis miedos e inseguridades. Ya la había besado, dos veces. Y no podía alegar actuación alguna, porqué estábamos en mi apartamento. Totalmente solos. – Me… me gusta besarte.

- ¿A… a sí?

- Pues sí. – dejó escapar una risa suave y puso un mechón de cabello tras su oreja, nerviosa. Me encantó lo femenino de ese gesto.

- A… a mí también me gusta besarte. – vale, ahora sí que no podía contener a mi otro cerebro. – Pue… puede que sea la inexperiencia o… o por que eres muy bueno haciéndolo… pero… me… me gusta. No puedo negarlo. – solté una risita idiota al oírla tartamudear. Joder… que ganas tenía de que fuera toda mía. Pero debía ir poco a poco. Ser… ¿cómo lo llamó ella? Ah, sí. Juguetón.

- Ah, comprendo. Despierto tu curiosidad – otra risa y más sonrojos. – Y tambén está eso que dijiste. Lo de que te tengo confundida…

- ¡Muy confundida! – solté una carcajada y acaricié su mejilla.

- ¿Y que vamos a hacer ahora, Sak? A ti te gusta que te bese, a mi me gusta confundirte… ¿dónde nos deja todo esto? – se mordió el labio de nuevo y suspiré, rodando los ojos de pura frustración. – ¿Quieres dejar de morderte el labio? Es una invitación que no voy a poder ignorar mucho más…

- ¿Invitación?

- Si, Sak. Cada vez que te muerdes el labio y me miras roja como un farolillo de navidad, pierdo el norte.

- ¿A sí?

- Sí – se mordió el labio de nuevo de forma inconsciente (o no) y la miré con el ceño fruncido.

- Hazlo otra vez, y seré yo el que te lo muerda – su rostro entró en ebullición, pero se le escapó una pequeña risa.

- No te atreverías…

- Hazlo y lo sabrás. – nos miramos por unos segundos, con el rostro acalorado y todos nuestros sentidos a flor de piel. Y lo vi a cámara lenta. Sus dientes superiores bajaron suavemente hasta que presionaron su labio de un modo tan sensual, que casi no parecía posible que viniera de ella. – Joder Sak… luego no digas que no te avisé.

Cogí su glorioso trasero con fuerza y la levanté hasta que la dejé sentada en la barra. Soltó un grito ahogado que sólo me excitó más y la besé con hambre lobuna. Sus brazos me rodearon y me acomodé entre sus piernas. Por suerte, al estar en la barra sus piernas quedaban a la altura de mi cintura y no podía notar lo animado que estaba mi amigo de la parte baja. Pero aún así, temblaba como una hoja entre mis brazos.

Disfruté de cada rincón de sus labios y me atreví a ir un poco más allá, dibujando pequeños besos a lo largo de su mandíbula para luego bajar jodidamente despacio lamiendo su cuello. Soltó un suspiro que se me antojó como un gemido y me dije, que debía parar. O lo siguiente sería sacar ese paquetito del maldito cubo de la basura y llevarla a mi cuarto. Y a dios pongo por testigo cuando les digo, que ninguno de los dos estaba preparado para eso.

Volví a subir lentamente, dejando ligeras caricias por todo su rostro y la besé una vez más, saciando a duras penas mis deseos. Luego apoyé mi frente en la suya y suspiré.

- Que sepas… que ha sido culpa tuya.

- Yo no… no he hecho nada… - me reí con suavidad y ella me siguió.

- Deberías irte ahora, Sak. – se tensó entre mis brazos y me dije a mi mismo, que debía aprender a elegir mejor mis palabras. – No es lo que crees, si fuera por mí, te quedarías en mi cama esta noche. – ahora su rostro entró en ebullición por centésima vez ese día y de nuevo me reí. Le di un beso suave en su preciosa nariz y la bajé de la barra. – Este viernes se celebra el año nuevo en el templo Tsukimine. ¿cierto? – asintió lentamente, aún con las mejillas arreboladas. - ¿Vas a ir con tu familia?

- Algo así… mi padre estará fuera en una de sus excavaciones y Touya estudiando. Pensé que sería buena idea ir con Tomy.

- Oh…

- ¡Pero puedes venir! – me reí por lo alta y aguda que había sonado su voz – es decir… si quieres.

- ¿No molestaré? – negó efusivamente y casi me la como de nuevo. Era tan dulce e infantil Y como me gustaba que lo fuera. – Entonces, si no te importa, vendré.

- Va… vale.

- ¿Llevarás tu Kimono?

- No. Nunca lo llevo en año nuevo. Además, el domingo pasé mucho frío.

- ¡Y yo! – nos reímos como dos tontos y de repente me sentí muy nervioso. Sakura jugueteó con su cabello y miró a un lado con pena.

- Pues… para el próximo festival, te haré una bufanda.

- Oh, eso estaría bien. Aunque no tienes porqué molestarte. – el silencio se apoderó de nosotros y el ambiente se enrareció. Y no quería eso. – Bueno pues… ¿Paso por ti a las cuatro?

- Claro.

- Bien.

- Sí…. Bien…

- Oh, y por Tomoyo, claro. No nos olvidemos de Tomoyo.

- No, claro que no… jajaja - nos quedamos mirando unos instantes y finalmente dio un saltito sobre sí misma. – Oh, ya me voy.

- Espera, te acompañaré abajo.

- ¡No! Es decir… aún no estás curado del todo y podrías empeorar. Y entonces no podrías venir este viernes…

- Ya…

- Tranquilo. Llamaré a un taxi y me quedaré dentro del edificio hasta que llegue.

- Puedes esperarlo aquí, si quieres…

- Oh, no es necesario.

- Pero… - negó con fuerza y cogió a toda velocidad sus cosas. Corrió en dirección a la puerta y la abrió con decisión, pero luego se quedó parada en el umbral.

- Yo… gra… gracias por la película y las palomitas.

- Sak… tú has traído las palomitas – otra vez se sonrojaba divinamente.

- Es verdad – caminé lentamente hasta su posición y la obligué a mirarme.

- No vas a cambiar tu forma de tratarme por… todo esto… ¿verdad?

- ¡No! Cla… claro.

- Bien. Porqué me gusta mucho como nos llevamos ahora… es mejor que discutir a todas horas. ¿no crees? – la vi asentir con fuerza y me reí. – Tontita Sakura…

La besé una vez más. Lentamente y sin prisas. Saboreando su lengua y sintiendo su aliento. Era más adictiva que la puta cocaína. Luego la vi marcharse a toda prisa por el corredor de mi edificio y me recargué en la puerta.

- Joder Eriol, no sabes lo tentado que he estado de coger el maldito paquete…

Mi teléfono sonó sobre la mesita y lo ignoré. Necesitaba un momento para digerir tanta dulzura. Casi parecía imposible el salto que había dado mi relación con ella. No esperaba que de repente olvidara a ese imbécil universitario… pero confundirla y tener ese "derecho a roce" con Sakura… era lo que yo necesitaba para ir entrando en ese corazón tan grande que guardaba para los demás. Y quién sabe… puede que de fingir a ser…

Abrí la basura y cogí la cajita que había provocado todo el juego. Y sí, lo siento, guardé los benditos condones en un cajón. Era humano y me sentía esperanzado en el día de hoy. ¿Qué quieren que les diga?

El teléfono sonó una vez más, y le gruñí desde la barra. Seguro que era Mei. Caminé hasta la mesita y leí su nombre en la pantalla. La muy loca me había dejado cinco mensajes. Pero pasaba, ya la llamaría en un rato. Me senté en el sofá y me estiré como un gato. Me sentía feliz y renovado.

El maldito teléfono volvió a sonar y lo cogí maldiciendo en voz alta. Esa prima pesada e histérica era un incordio.

- Joder Mei, no me he muerto. Deja de llamar.

- Oh… yo, lo siento Xiao Lang. No soy Mei. – aparté el teléfono de mi oreja y vi un número desconocido en la pantalla.

- ¿Y quién eres?

- Vaya… ¿acaso no reconoces mi voz? – abrí los ojos y miré de nuevo el número. No podía. Ser…

- ¿Hatsumomo?

- La misma – estuve tentado a colgar, de verdad. Pero la curiosidad pudo conmigo.

- A ver… ¿Y para que demonios me llamas? Si es por esa estúpida foto de Sakura y Eriol, que sepas que no te va a funcionar…

- ¿Qué foto de Sakura? – rodé los ojos, porqué su voz de falsa inocencia no coló para nada. – Da igual, yo… sólo quería saber como estabas. Sé que debe ser duro para ti todo lo que se está diciendo en las noticias… a fin de cuentas, es tu familia… Aunque no creo que sea verdad.

- ¿De que demonios estás hablando Hatsumomo? – se hizo un silencio en la línea y me armé de paciencia.

- ¿No has visto la tele? ¿Ni has leído la prensa?

- No, he estado muy ocupado retozando con mi novia. – supe que le había molestado en cuanto la línea se quedó muda, y me apunté un tanto.

- Ya… pues… será mejor que abras la tele. Canal cinco.

Caminé con desgana y puse el canal. No quería caer en su juego, pero tampoco podía ignorarla. Estaban emitiendo uno de esos programas de salseo idiota. Cómo los odiaba… iba a colgarle el teléfono (tras decirle un par de insultos bien merecidos) cuando lo vi. Una foto de mi padre besándose con una mujer. Una mujer… que no era mi madre. Me senté en el sofá, llevándome a la boca mi mano libre. La periodista hablaba con una sonrisa estúpidamente falsa.

- El gran magnate de Industrias Li ha sido pillado infraganti con Mina Akino. Mujer originaria de Japón, propietaria de varias empresas y diez años más joven que nuestro hombre de oro. Seguro que la señora Li, tan estirada y firme como una tabla de planchar, le estará esperando en casa con la vara. Ui, ui, Hien, querido… yo que tú, me quedaba a dormir en ese hotelito que te sirve para retozar con la rubia…

Apagué el televisor y colgué a Hatsumomo. No es que me sorprendiera, en realidad. Mis padres no eran felices desde hacía años. Pero el escándalo nunca era algo bueno, menos en mi familia. Además… el maldito nombre de esa mujer rubia con la que se había dejado pillar, me sonaba. ¿De qué me sonaba? Mi teléfono empezó a vibrar de nuevo y esta vez, sí verifiqué que fuera Mei.

- ¡Xiao! ¡¿Por qué demonios no coges tu teléfono?!

- No grites Mei…

- ¡Pero es que tú no sabes la que se ha armado!

- Sí. Lo sé… Hatsumomo se ha ocupado de ponerme al día.

- ¿Esa harpía? Claro… como no… pero… ¿estás bien? ¿Quieres que vaya?

- No Mei, no soy un niño. Además, no es algo que me pille por sorpresa.

- Pues a mi me ha dejado muerta. Tu madre estará histérica. – solté una risa sarcástica.

- Mi madre ¿histérica? Que poco la conoces Mei…

- Bueno, ya me entiendes. Puede que no esté gritando, pero… debe estar maquinando alguna de las suyas. – Eso seguro que sí. Si algo tenía mi madre, era una mente fría. Cómo cuando decidió exponer a Sakura para distraer a la gente de las dos empresas que habían dejado morir y de los más de dos mil despidos… ¡Un momento!

- Mei, tengo que dejarte.

- Pero…

No la dejé terminar. Corrí a mi cuarto, abrí el armario y saqué los informes de las dos empresas fallidas que había logrado el padre de Eriol. Mi teléfono seguía sonando como histérico en el comedor, pero yo sólo podía buscar un nombre. Y lo encontré.

"Presidenta ejecutiva de industrias Torada – grupo de empresas Li: Minako Akino"

- Mina Akino… - dejé los papeles en la cama y me senté, aguantando el aliento. Ahora cobraba sentido. El porqué mi madre decidió dejar morir esas empresas en vez de rescatarlas. Ella ya lo sabía… ella conocía de antes el romance de mi padre con esa… esa… mujer. – Y le hundió el negocio… por venganza… dos mil trabajadores sin empleo… por… ¿venganza? Joder… ¡Joder!

.

Continuará…

.

Notas de la autora: Sí, lo sé, lo sé. Es más cortito, pero fue tan… tan… ¡Jajajaja! Está mal que yo lo diga, pero me encanta cuando redacta nuestro lobo… el chico se apodera de mí y hasta yo me pongo tensa cuando escribo. Jajajaja. Puedo fingir que soy Sakura y que me derrito como una adolescente pava e insegura. Recuerdo los días de instituto y la montaña rusa de sentimientos. Confusión, inseguridad, miedo… todo tan nuevo y a la vez tan jodidamente raro… jajajaja. ¿Les pasó? Para mí el bachillerato fue época de descubrimientos. Jajajaja. En fin, no las aburro más con mis historias. Espero que les haya gustado este capítulo y la tónica que va tomando la historia. Pronto habrá otro giro argumental, así que estén preparadas. Un beso muy muy grande y las leo pronto. Cuídense.