Notas de la autora: ¡Hola a todos y todas! Como siempre, empiezo agradeciendo sus maravillosos comentarios. Son los/las mejores. De verdad. Me hace súper feliz leerlos. He contestado los que he podido, pero si no han recibido contestación porqué no tienen cuenta abierta en fanfiction, recuerden que los leo todos y les mando mi gratitud ahora, jajaja. Arigatooooooooo. En fin, aquí les dejo una nueva entrega. Empieza un poco depre, pero tranquilos, que ya se anima, jajajaja. Les mando un súper mega abrazo y nos leemos al final.
.
Mi Fan número 246
.
Capitulo veintitrés
.
Y teme el día en el que el sueño termine
.
Un día. Luego fueron dos. Seguidamente pasó un día más y en total sumaron tres. Pero no me di por vencida. Seguí intentándolo una y otra vez. Vi como pasaba el cuarto día sin respuesta alguna. Y también aguanté hasta el quinto repitiéndome que debía ser paciente. El sexto se me clavó en el corazón como una loza de piedra y para cuando llegó el séptimo día… empecé a sentir que ya nada saldría bien. Y el octavo machacó al séptimo y me dejó sin esperanzas. Hoy era ese día. El octavo día sin él. Y mi teléfono descansaba en mi mesa, más muerto que una tumba.
Solté un suspiro afligido, notando una pequeña lágrima que quería escaparse. Pestañeé para impedírselo, pero la muy traicionera logró escabullirse por mi mejilla hasta que su salado sabor terminó en mis labios. Apreté los puños y de nuevo miré ese condenado aparato que no quería ayudarme a contactarlo. ¿Por qué? ¿Cuántos mensajes desesperados hacían falta para que se dignara a contestar?
- ¡Maldito perro chino! – Tiré el cojín con furia y chocó contra una de las fotografías de la estantería. El marco cayó al suelo y pronto los cristales inundaron el piso. Me levanté, arrepentida y tomé la fotografía que se había salido. Un rostro de una mujer sonriente me devolvió la mirada. – Mamá… si estuvieras viva, ¿qué me aconsejarías hacer?
Con el tiempo dejé de mirar fotografías de mi madre. No es que la estuviera olvidando, sólo que el dolor era cada vez más llevadero. Los recuerdos con ella se convirtieron en preciosos tesoros que ya no me hacían el alma añicos, sino que me recordaban lo hermosa y buena que era ella. Ojalá no me la hubieran arrebatado tan rápido. Ojalá hubiera compartido muchos más recuerdos a su lado. Mi primer día en primaria. Cuando aprendí a montar en bicicleta o mi primer campeonato de atletismo. Cómo hubiera deseado vivir cada uno de esos momentos con ella.
Pero eran deseos, anhelos… ya no me dolía el pecho como antes. No. Entonces… ¿era cierto? ¿El tiempo en verdad lo curaba todo? Este vacío tan intenso que sentía ahora… ¿se haría cada vez más llevadero hasta el punto de convertirse en un recuerdo nostálgico? Caminé hasta la ventana y miré el cielo. Las nubes se estaban volviendo oscuras, muy pronto llovería. ¿Y si intentaba llamar de nuevo a Meiling? No… tampoco funcionaba. Rodé los ojos, tomé el teléfono y marqué un número. Sonó dos tonos y finalmente, alguien contestó.
- ¿Has contactado con él? – un suspiro igual de afligido que el mío sonó desde el otro lado.
- No Sakura, nada. He movido algunos hilos y sé que sigue por aquí. No ha cogido ningún avión privado ni comercial. Al menos, por el momento.
- Eso es algo…
- Pero nada más. No está en su apartamento de Tomoeda ni en el piso de Tokyo. Sus hermanas se han vuelto a china y Ieran está en la compañía día y noche.
- ¿Y su padre?
- Ni idea… otra sombra. ¿Aún tienes su moto en el garaje?
- No, vino a recogerla un hombre con una autorización firmada cuando estaba mi padre.
- Ya veo… eso es una putada – fruncí el ceño y solté otra maldición. – Sak… si Xiao Lang no quiere que lo encontremos…
- No. Eso no es una opción. No podemos dejar que vuelva a china sin oír tu versión, Eriol. Tiene que comprenderte. Tiene que hacerlo – el silencio se alargó un rato, pero finalmente el muchacho inglés me contestó.
- No, Sak. No tiene por qué hacerlo. Le comprendo y… no quiero… no quiero presionarlo más.
- ¿Y ya está? ¿Te rindes? – una vez más no recibí respuesta y cansada de pelearme con el mundo, me decidí a colgar.
Si tan solo Xiao Lang no tuviera ese pasado… si pudiera confiar en los demás, aunque sólo fuera un poco… Puede que así, dejara que al menos le contaran los hechos. Los verdaderos hechos. Pero algunas heridas del pasado habían vuelto a abrirse y… no le dejaban pensar con claridad. No, ahora que conocía mejor al heredero de los Li, podía adivinar cómo actuaba cuando se sentía amenazado o traicionado. Y ahora mismo, debía sentir las dos cosas.
Recogí los cristales del suelo y me tiré en la cama pensando en Eriol. Cuando despertó en el hospital parecía muy confuso. Pero poco a poco la realidad de lo sucedido fue llegando a su memoria y vi cómo se oscurecían sus ojos. Sabía lo que había perdido esa noche y también comprendía el porqué. Y para mi sorpresa, decidió abrirse. Y yo lo escuché ávida de más. ¡Necesitaba comprender lo que en verdad había ocurrido!
Hablamos durante horas sobre su vida, su niñez. Me contó cada detalle de su familia y el modo en que conoció a Ieran Li. También relató porqué decidió hacer lo que hizo y el dolor que le había causado y el arrepentimiento que sentía. Y yo, lo perdoné. Porqué no tenía el corazón roto ni mi confianza perdida. Pero Xiao Lang era otro cantar. Y ambos lo sabíamos. Además, no era yo quién debía perdonarle nada… ¿verdad? Era algo entre ellos. Y yo no tenía nada que ver. Entonces… ¿por qué había pagado yo el pato? ¿Por qué Li no quería hablar conmigo? Una vez más, era el daño colateral de las decisiones de otros.
Dos golpes en la puerta de mi cuarto me distrajeron y me incorporé sobre la cama. Tomy asomó la cabeza. Tenía el rostro sombrío y mi corazón empezó a latir.
- ¿Qué?
- Yo… tengo un mensaje de Mei… - casi salto de la cama. Corrí a buscarla y tomé sus manos con impaciencia.
- ¡¿Y?! – los preciosos ojos violeta de Tomy rehuyeron mi mirada y lo supe. Noté el temblor en mis dedos y la lengua se atascó en mi paladar. – No…
- Hace una hora. Los dos. Mei también.
- ¿Se ha ido? – su melena oscura le tapó el rostro y noté la presión de sus manos en las mías. – Pero… ni siquiera he podido…
- Lo siento tanto Sak… te juro que intenté hablar con ambos. Pero ya sabes lo terco que es Li cuando se cierra en banda. Pero aún no está todo perdido, podemos…
- No.
Solté sus manos de forma brusca y corrí escaleras abajo. La oí gritar mi nombre, pero no podía importarme menos. Necesitaba salir de ahí. Ni siquiera cogí alguna chaqueta. Cerré la puerta tras de mí y corrí calle abajo todo lo que me dieron las piernas. La lluvia empezó a caer. Lentamente al principio, pero luego arremetió con fuerza. Sentía las gotas bajar por mi rostro y cómo el jersey empapado se me pegaba al pecho. Me costaba coger aire y sabía que me estaba sobre esforzando. Pero seguí corriendo hasta llegar al parque pingüino. El imponente tobogán dónde nos habíamos refugiado una vez me llamó a gritos y casi me tiré al suelo al llegar al vientre del animal de piedra. Los rayos inundaron el cielo con rebeldía y estallé en lágrimas. ¡Era tan injusto! ¿Por qué se había ido? ¿Por qué no me contestaba las llamadas? ¿Por qué, ahora que mi corazón estaba aceptando que había algo más en esos ojos color miel, todo se desmoronaba? ¿Había hecho algo espeluznante en otra vida y ahora me estaban castigando por ello? Primero mi madre, luego mi sueño de convertirme en una atleta olímpica y ahora… ¿él? ¡Sólo tengo dieciséis años! ¿Por qué me pasa todo esto?
Sentí el frío calar mis huesos y el temblor de mi barbilla se hizo casi insufrible. Me abracé con fuerza, acurrucando las rodillas contra mi pecho y cerré los ojos, respirando con fuerza. El corazón me latía a toda marcha y me sentía débil. Me arrepentí por mi estúpido arranque. Nunca debí haber salido de casa. Iba a coger el teléfono para llamar a Tomy, pero me di cuenta de que me lo había dejado encima de mi escritorio. ¿Y ahora? No me veía con fuerzas de volver a pie. Y no podía llamar a nadie. Dejé descansar la cabeza sobre mis rodillas y volví a llorar. ¿había dejado de hacerlo en algún momento?
Pasaron los minutos y cada vez hacía más frío. Y cuando creí que perdería el conocimiento, una sombra humana me dejó a oscuras. Y luego, nada.
Desperté en mi habitación, con el pijama puesto y un montón de mantas. Un trapo mojado me calentaba la frente y alguien había puesto una bolsa de agua caliente en mis pies congelados. El cambio de temperatura me resultó tan brusco, que casi dolió.
- ¿Monstruo?
- To… Touya…
- Maldita sea, no me des estos sustos. ¿Te crees que puedo vivir así? ¡Te he buscado por todo Tomoeda!
- Lo siento…
- ¡Ya puedes sentirlo! – su voz sonó a regañina, pero se notaba el miedo implícito en cada sílaba. – Mira… comprendo que, a tu edad, todo se vive intensamente. Pero no por ello puedes descuidar tu salud. Y menos por un idiota, estúpido y engreído mocoso de china.
- Has hablado con Tomoyo…
- La he obligado a confesar, más bien. Pero cómo ella también estaba al borde de los nervios, se ha sincerado y me lo ha contado todo. – abrí los ojos, sorprendida.
- ¿Todo?
- Sí, Sak. Sé que ese malnacido te ha dejado aquí plantada y se ha largado a china. Pensé que cuando este momento llegara, te diría un "te lo dije" en letras mayúsculas, mientras bailaba la danza de la victoria. Pero lo cierto, es que no me apetece.
- Ya… - Touya se echó el cabello hacia atrás, en un gesto nervioso y no pude evitar soltar una pequeña risa. Nunca se le había dado bien hablar de temas sentimentales – ¿Y Tomy?
- Es sábado. Está cubriendo tu turno en el café. – cerré los ojos y literalmente lancé una maldición. Esa semana había llegado tarde al gimnasio dos veces y ahora esto. – Tranquila, hemos dicho que estabas enferma. Y visto lo visto… no es una mentira. ¿Algún día aprenderás a cuidarte? Ya no eres una niña, monstruo…
- Ya… pero es que tengo un buen enfermero… - sus ojos me fulminaron y sentí que mi dolor mitigaba.
- Si no estuvieras a treinta y nueve de fiebre, te daba una colleja.
- Sabes que te la devolvería… - ambos nos quedamos en silencio por unos instantes, mirando el techo como si fuera lo más interesante del mundo.
- ¿Y qué excusa te ha dado ese idiota chino para dejarte? ¿No te habrá puesto los cuernos? Puedo coger un vuelo mañana mismo y partirle esa cara de esnob – le miré de reojo, sin saber muy bien cómo debía tomarme su indignación fraternal. Pero entonces caí en la cuenta del significado de sus palabras. Touya seguía pensando que ambos éramos una pareja normal, que había roto por motivos normales.
- Tomoyo no te lo ha contado todo… ¿a qué no?
- ¿A qué te refieres? – Me incorporé en la cama, dejando el trapo sobre la mesita de noche y tosí con incomodidad. La garganta me dolía horrores. Lo que resultaba ridículo, ni siquiera había estado fuera tanto rato.
- Si me traes una taza de leche caliente con miel, te lo cuento. – vi como su ceja se alzaba, pero asintió mientras se ponía en pie.
Su espalda se perdió en la puerta y miré por la ventana. La lluvia seguía cayendo, pero ahora parecía más un lamento. La tormenta arreciaba y sólo los restos quedaban para recordarla. Solté un suspiro y sentí las lágrimas acumularse en mis ojos (sí, otra vez). Pero me hice de tripas corazón. No valía la pena seguir lamentándose. Dejaría que mi espíritu aceptara la perdida y luego pensaría qué hacer y cómo. Li se había ido, pero no es como si hubiera muerto. Aún quedaban opciones. Aún tenía esperanza de poder hacer que esa cabezota suya entrara en razón.
Touya apareció pasados unos minutos, con una bandeja llena de galletitas de mantequilla y una humeante taza de leche. Bebí la mitad de su contenido con avidez y solté un suspiro. El calor se esparció por mi pecho y me sentí algo más tranquila. Levanté la vista y noté que mi hermano no se había movido de la cama. Sólo estaba ahí, sentado. Esperando a que yo me dignara a dar explicaciones de lo sucedido. Y lo hice. Me costó al principio, pero poco a poco las palabras fluyeron y al cabo de un rato, lloraba a moco tendido en sus brazos mientras le contaba cada detalle. El malentendido, el acoso escolar, el pacto, los problemas de la familia Li, el sentimiento que no comprendía y que me ahogaba cada vez que esos ojos dorados como el fuego me miraban. Joder, hasta le conté lo de Yukito con esa chica y todo lo que pasó después en el piso de Xiao Lang. (bueno, vale, todo no… pero más de lo que sus oídos quisieron escuchar) Y luego solo silencio. Touya me había dejado hablar sin interrupciones, mientras acariciaba mi cabello y despejaba mis lágrimas. Pero ahora, sólo miraba el techo y respiraba pausadamente. Y me sentí aún más nerviosa de lo que había estado antes de empezar. Esperaba gritos, aspavientos y muchos insultos. El silencio… nunca era un buen aliado en estos casos.
- No… ¿no vas a decir nada? – sus ojos me miraron y sentí que el corazón se me paraba. Se veía… dolido. - ¿Touya?
- No me lo contaste… ni tú… ni Tomoyo.
- No quería preocuparte y…
- ¡Soy tu hermano! Joder, Sak. Sabía que algo te estaba pasando, pero me convencí de que era la adolescencia y las hormonas. Y mientras, tú sufrías acoso escolar de todo un puto instituto. ¡Y por culpa de ese imbécil! Debí partirle la cara nada más verle.
- ¡Touya!
- ¿Cómo puedes llorar ahora por ese capullo? ¿Cómo puedes haber caído enamorada de ese mocoso?
- ¿E… enamorada? Yo no… no sé si es algo tan fuerte… yo… - me froté los dedos con nerviosismo, mientras me mordía el labio hasta casi sangrar. – Amor… es una palabra muy fuerte…
- Amor, capricho, lo que sea. No lo entiendo. Sabía que sentías algo por Yuki, no soy idiota. Pero… ¿por ese? ¡Vamos! Ha convertido tu vida en un infierno sólo porqué se creía con derecho a ello. ¡No es una buena persona! ¿No lo ves?
- No digas eso. Es un buen chico… Yo… Sólo fue un error… pensó que lo acosaba, como todas.
- ¿Y eso lo justifica? ¡No hay excusas para lo que te hizo! No fue un accidente. Fue adrede, Sak… ese niñato sabía que te acosarían. Y aún así, lo hizo. No hay perdón para algo cómo eso. Mío, no.
- Yo pensé igual, por mucho tiempo… pero…
- ¡No hay peros! Suerte que ese idiota se ha ido. O sus fans tendrían que ver ese rostro que tanto admiran cubierto de sangre. Las tías son tan idiotas. Ven un rostro bonito acompañado de una buena cartera y se vuelven monstruos egoístas. ¿Cómo pudieron cortarte el pelo? ¿Cómo el director no hizo nada? ¡¿Cómo no le rompiste la nariz también a ese… ese…?!
Touya se despeinó el pelo en un gesto furioso y se levantó para caminar por mi cuarto como si fuera un león enjaulado. No era la mejor de las reacciones, pero al menos ya no estaba sumido en un silencio sepulcral. Kero le miró desde mi cama, con una mueca de aburrimiento. Luego se dio la vuelta sobre sí mismo y se puso a dormir. Un Touya histérico no le amargaría su siesta.
- Simplemente… no puedo… no lo entiendo. Te creía más lista que esto Sak… y sino… pensaba que al menos acudirías a mí. No has confiado en mí.
- No digas eso… yo… - noté el nudo en mi garganta una vez más y me aguanté a duras penas. Si me ponía a llorar de nuevo, solo le daría la razón. Demostraría ser una más de esas niñas débiles y tontas. – Quise decírtelo, de verdad. Pero sabía que te preocuparías y pensé, que podría con ello yo sola. Y he podido ¿Sabes? Ya no hay más acoso escolar. El plan que elaboramos entre todos, funcionó. Tardó lo suyo, pero al final, sí que funcionó. Y ahora tengo muchos más amigos y voy a fiestas y… y…
- ¿Amigos? Eso no son amigos. Es gente que se mueve por interés, nada más.
- No todos… o al menos eso creo…
- Por qué eres una boba confiada.
- ¡Oye!
- Y encima has perdido tu fortaleza y decisión. Has cambiado… mucho. Y lo has hecho por un mocoso idiota.
- Eso no… no es cierto. – Touya levantó una ceja, pero tomó asiento de nuevo. – Yo no he cambiado. O al menos, no lo he hecho por él.
- ¿A no?
- No. Es cierto que ahora veo las cosas de otro modo. Ya no voy a la escuela y me limito a existir. Ahora tengo muchos más líos mentales y muchas fatigas, lo admito. Pero desde que Li entró en mi vida… todo tiene más… más… - una sonrisa se dibujó en mis labios de forma automática y sentí el calor en mis mejillas - Color.
- ¿Color? – Asentí – ¿En serio?
- Si, Touya. Color. No me había dado cuenta de lo gris y aburrida que era mi vida hasta ahora. ¿sabes?
- ¿Aburrida? ¿Cómo puedes decir algo así? Tienes una familia que te quiere y unas buenas amigas. Ibas al cine, hacías deporte. Los fines de semana comíamos todos juntos y pasábamos las tardes jugando a juegos de mesa o viendo películas y comiendo palomitas. Y los domingos hacíamos excursiones en bicicleta o practicábamos artes marciales. Pasábamos mucho tiempo juntos, Sak… ¿Eso era aburrido?
- No hagas eso… no gires mis palabras en mi contra. Esto no va contigo, Touya.
- ¡Ese es el maldito problema! ¡Ya nada va conmigo! Te has alejado de mí, como si fuera un trapo viejo que ha pasado de moda. Ya no me buscas, ya no me cuentas qué haces ni con quién te juntas y ni siquiera me dejas que sea tu tutor.
- Eso…
- Y encima has arrastrado a Tomoyo contigo. Me enfadé tanto con ella, tanto… sabía que estaba metida en esto contigo. Sabía que me estaba ocultando algo importante. Pero… jamás pensé que fuera todo por… por… una estúpida mentira. ¡Y Yuki también! Todos lo sabían. Todos. Menos yo. – Quería contestar algo inteligente, pero tenía la mente embotada. Así que solté la primera tontería que salió de mi cabeza.
- Papá tampoco lo sabe…
Noté su mirada de desaprobación y la furia que crecía entre sus cejas. Avecinaba una buena bronca, y no podría soportarla. Así que me lancé a sus brazos y le pedí perdón. Una, dos y tres veces. Y luego le solté todos mis miedos. Le dije que no quería decepcionarles. Que no quería que pensara que era débil y tonta. Le dije que todo se había salido de mi control y para cuando me di cuenta, la mentira era tan grande que hasta a mí me consumía.
- Hasta yo me lo llegué a creer ¿sabes? Al final, creí que Xiao Lang sentía algo por mí. Pensé, que quizá… no sé…
- Nunca hubiera funcionado, Sak… aunque ese memo se hubiera enamorado de ti. ¡Es el maldito heredero de industrias Li! Su vida está a otro nivel.
- ¿Por qué?
- ¿Cómo?
- ¿Por qué no soy suficiente? ¿por qué su nivel está por encima del mío? – Touya volvió a levantarse y le vi estrujarse el coco hasta que casi se quitó la sien.
- Eres tan tonta. ¡No es eso! ¡Tú eres mil veces mejor que él! Es él el que no te merece. La familia Li, no te merece. Ellos no entienden lo que es llevar una vida sencilla y dar valor a lo que realmente importa. No al dinero o al poder. Ellos no ven que la familia, el amor, la verdad… son valores mucho más importantes. Sakura… jamás serás feliz en ese mundo. No seas terca y piensa con esa cabecita tuya. Es todo un sueño que te han vendido. Ni él es tan perfecto ni tiene una vida soñada. Es un mocoso que ha nacido entre sabanas de seda. Nada más. Otro déspota que abrirá y cerrará empresas solo por beneficio y egoísmo. Sin importarle a quién pisa en el proceso ni cuantos trabajadores deja en la calle porqué quiere comprarse un maldito hipódromo.
- No sabes nada de él.
- ¿Que no sé nada?
- No. Él no es así. Yo también me negué a verlo. Maldita sea, me amargó la vida sólo por un malentendido. Pensé que no valía la pena perder mi tiempo con un niño de papá. Pero luego le conocí.
- ¡Y te creíste su papel de niño bien! ¡Cuánto daño ha hecho ese maldito libro de las cincuenta sombras de yo que demonios sé! ¡Ese mocoso es un tipo estúpido, no es el hombre perfecto que tú quieres creer! – se me escapó una risa aguda y Touya me miró como si estuviera loca.
- Claro que no es perfecto. Para nada. Es cabezota, impertinente, autoritario, egocéntrico y se cree que su rostro ha sido esculpido por los ángeles. No escucha a nadie y siempre saca conclusiones precipitadas. Nunca espera nada bueno de la gente y guzga a las personas antes de darles una oportunidad siquiera. Y esa risa altanera y jocosa que tiene a veces… ¡Es tan molesta que lo zurraría a golpes al menos diez veces al día! – Touya me miró con los ojos como platos y levantó los brazos, totalmente perdido. – Y también… es generoso, cálido y atento. Sobreprotector, dulce e intenso. Es muy inteligente y tiene unas ocurrencias que siempre me sacan una sonrisa. A pesar de la vida que ha llevado y de su fría familia, es cariñoso y sincero. No da valor a las cosas costosas y busca desesperadamente que alguien lo aprecie por quién es… no por lo que tiene. Y cuando sonríe… cuando lo hace de verdad… le entregarías el mundo sin preguntar siquiera… Y yo… yo….
Los ojos se me nublaron por cuarta vez ese día y me di cuenta al fin, de que ya no valía la pena luchar más con mis sentimientos. Ya no estaba confusa. Ni aturdida ni era una adolescente hormonada. Lo que sentí por Yukito palidecía al dolor que la pérdida de Li me estaba causando… Ese desasosiego en mi pecho, el miedo y la frustración. El anhelo de una sola caricia y el pánico de haberle perdido para siempre. Todo era real. Demasiado real. Y me ardía.
- Sak…
- Se ha ido Touya… realmente ya no está…
Sentí sus brazos a mi alrededor y rompí a llorar hasta que no me quedó una sola gota de agua en el cuerpo. Y mi hermano estuvo allí, callado y atento. Aguantando mis gimoteos y palabras sin sentido. No volvió a regañarme, ni tampoco pidió que le olvidara. Sólo me dio consuelo y espero a que me quedara dormida. Sólo fue el hermano comedido que siempre había sido. El Touya que yo quería.
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Desperté pasadas unas horas sin ser consciente si quiera de en qué momento había caído dormida. Mi hermano se había ido y sólo el ronroneo de Kero cubría el silencio de mi habitación. Miré a mi alrededor, buscando entre las sombras algo que me indicara si era de día o de noche. Y vi un sobre encima de la mesa. El corazón me empezó a palpitar y tragué grueso sintiendo astillas perforarme la garganta. ¡Joder! ¡Sólo había salido bajo la lluvia unos minutos! ¡¿Cómo había caído enferma tan rápido?! Me levanté con dificultad, notando el mareo en mi sien y caminé con desacierto hasta mi escritorio. Efectivamente, era un sobre. Y yo no lo había dejado allí. Un post-it de color amarillo estaba enganchado encima. Encendí la luz que utilizaba para estudiar y lo tomé entre mis dedos. Era la letra de Touya.
"No quería darte esta carta. Estuve tentado a quemarla, la verdad. Pero no sería justo. Eres tú la que debe decidir si quiere leerla. Y Sakura…¡Tomate la medicina!"
Ahora sí que estaba nerviosa. Sólo podía haber un motivo para que Touya no quisiera darme esa carta. La giré casi con desesperación y rompí el sobre para sacar a toda prisa su contenido. Reconocía la caligrafía. Había estudiado con Li lo suficiente para saber que tenía una hermosa letra. Me senté en la silla aguantando la respiración y dejé que mis ojos engulleran todas las palabras.
.
"Hola, Sakura.
Debo admitir, que mi mano está temblando. Tengo mucho miedo y no sé si sabré expresar lo que quiero decirte o si me quedaré por el camino. Pero sí sé, que este es el mejor modo de hacerlo. Puede parecer un acto cobarde, pero no lo es. Lo hago de este modo, porqué si te veo… si siento tu voz… sé que no podré irme. Y tengo que irme.
Ahora mismo debes estar tan enfadada conmigo… Te asusté, te grité y te culpé de cosas que no tenían nada que ver contigo. Y he estado omitiendo tus llamadas y evitándote adrede. Debes odiarme… o puede que no lo hagas. Eres una gritona insoportable, pero tienes un hermoso corazón. Lo sé, porqué lo he visto. Aunque también es cierto que no lo usas mucho conmigo. A ver si aprendes a tratar mejor a los playboys chinos…"
.
Una pequeña risa lacrimógena salió de mi garganta. Maldito Li… incluso en una situación como esta, me hacía reír.
.
"Ahora en serio… lo siento. No quería hacerte daño. Verte, conocerte, estar contigo... ¡besarte y sentirte! Joder, todo fue mágico… contigo todo siempre es intenso, alocado y jodidamente divertido. Me vuelves loco y hago cosas que no son para nada típicas de mí. Y por eso te he evitado hasta ahora. Por eso me he ido… sin verte. Porqué si veo tus ojos una sola vez más… bueno... creo que ese punto ya ha quedado claro.
Te pido que no me odies por ello. Ya lo hago yo por ti. (Y Mei también, está muy pesada…) Y quiero decirte que te quiero. Sé que ahora mismo sólo son palabras vacías para ti, pero es cierto. Eres la primera persona a la que he querido. Y hubiera deseado que fueras la primera en todo… pero no puedo pasar por eso. No puedo soñar ni siquiera con tenerte y luego renunciar a ti.
Sé que tu cabeza ahora está pensando que es por ti, que no eres suficiente ni merecedora del apellido Li. Y yo te digo ¡Eres una idiota! Soy yo el que no te merece. No puedo hacerte feliz Sak… nunca pude. Sabes cómo es mi vida. Responsabilidades, trabajo, prensa y una familia fría y déspota que sólo piensa en el dinero y el poder. Quiero alejarme de esta vida y ser alguien más. Alguien mejor. Pero eso no se logra en un día, ni en un mes, ni siquiera en un año. Harán falta muchos inviernos para que pueda empezar a pensar en quién quiero ser y en cómo conseguirlo sin hacer daño a las personas que dependen de mí. Pero tú sí sabes quién eres… tú lo sabes. Joder, lo tienes tan claro…
Puedo ver como será tu vida, Sakura Kinomoto. Serás una profesora de educación física fantástica. Los niños te adorarán. Lo sé. Y tú te sentirás realizada, porqué ver sus sonrisas te llena más que tu propia felicidad. Eres así de generosa. Y no te sentirás vacía, nunca. Porqué algún cabrón con suerte se habrá ganado ese corazón tan grande y lo cuidará como su mayor tesoro. Alguien cercano a ti, con ideas similares y mucha paciencia para soportarte cuando te pones cabezona… alguien que sabrá ver en ti, lo mismo que yo. Alguien con la capacidad de amar y estar ahí. (preferiría que no fuera ese Jack Escarcha, ahí lo dejo…) Y tendrás a tu familia muy cerca, puede que hasta te compres una casa en el mismo barrio para poder visitarlos cada día. Tendrás un par de críos porqué es lo que siempre has querido (lo sé, aunque nunca me lo dijeras) y serás… serás jodidamente feliz. Sólo puede ser de ese modo.
Por eso, no puedo pedirte que me esperes. No puedo decirte que volveré. Que habré cambiado mi vida y seré el hombre de tus sueños. No puedo ser tan egoísta.
Pero, Sak… mi cabezota, alocada y preciosa Sakura… quiero irme sabiendo que fui el primero en llegar de verdad a tu corazón. No ese Yogurcito afeminado, yo. Sea verdad o no… eso me llevaré conmigo. Eso y todos los segundos, minutos y horas que pasé contigo. Tomoeda ha sido un sueño y ha terminado. Pero no lo olvidaré. No te olvidaré. Porqué te quiero y… siempre… siempre te querré.
No me odies… de nuevo te lo pido. Por favor… irme ha sido lo más duro que he hecho hasta ahora. No podría soportar que además me odiaras.
Me cuesta hasta dejar de escribir porqué en cuanto lo haga… enviaré esta carta y cogeré un avión. Y ya no podré verte, ni arrepentirme. Ya no respiraremos el mismo aire ni veremos la misma gente. Y duele… duele tanto que no sé cómo lo haré a partir de ahora. ¡Joder, que cursi me he vuelto Sak! Pero… pero… guárdame en tu corazón. Por favor. Llévame contigo… puede que así, no me sienta tan solo…
Siempre tuyo… tu estúpido perro chino"
.
Para cuando terminé de leer, ya ni siquiera podía ver bien las letras. Volvía a tener los ojos abnegados en lágrimas. Pero duró poco, porqué la ira sustituyó a la tristeza y mi determinación apareció abofeteándome la cara por estúpida. ¡Era una idiota por estar ahí parada sin hacer nada! ¡Había sido una mema todo ese maldito tiempo al no remover cielo y tierra hasta encontrarle! ¡Idiota! ¡Era una idiota! Pero ya no lo sería nunca más. Haría una locura. ¿No decía Li que estaba loca? ¡Pues a demostrarlo! Cogí mi teléfono y llamé a la única persona que cometería semejante locura conmigo.
- Hola, Sakura. Tomoyo me ha llamado. Yo…
- ¡Cállate! No quiero oír nada. Te necesito y vas a hacer lo que te diga ahora mismo. No pienso aceptar un maldito "no" por respuesta o juro que te repateo ese estúpido culo inglés.
- Eh… ¿vale?
- Bien. Saca dos billetes para Honk Kong. Para esta noche o mañana por la mañana. Lo que puedas. Lo haría yo misma, pero esto es culpa tuya, así que te toca pagar tu parte.
- Sakura… estás muy nerviosa y…
- ¡Eriol! No estoy bromeando. Usa tus malditos contactos y consigue dos billetes de ida. ¡Ahora!
- El lunes tenemos clase…
- ¡Me da igual!
- Y el miércoles tienes que dar clase en el gimnasio. Sin Li, no puedes irte. Les dejarías colgados.
- El miércoles ya estaremos de vuelta. – el silencio se oyó en la línea y rodé los ojos, exasperada - ¡Qué los compres! Y prepara tu maleta. Te vienes conmigo.
Colgué el teléfono sin darle oportunidad a protestar y cogí mi bolsa de deporte. Ni siquiera pensé mucho en lo que hacía. Tomé un par de mudas, ropa de abrigo y algunos artículos básicos de higiene. Me vestí igual de rápido y bajé las escaleras tirando la bolsa a un lado. Borré todo el contenido de la pizarra que teníamos colgada en la nevera y dejé una nota muy simple para Touya y Tomoyo. Por suerte, papá estaba en otra excavación. Eso me daría tiempo para pensar una buena excusa. O al menos, una verdad que no me dejara castigada todo un año.
Tras el escueto mensaje, cogí la bolsa, pedí un taxi y salí en dirección a la casa de Hiraguisawa. Notaba que la cabeza me palpitaba y la fiebre estaba subiendo de nuevo, así que me tomé una de las aspirinas que Touya me había dejado. El coche aparcó frente a la casa de Eriol y miré a través de la oscuridad de la noche. El agua había dejado un delicioso aroma a tierra mojada. Eso era una buena señal para mí, si podía oler el césped de la gran casa de ese inglés, es que no estaba tan enferma. ¿Verdad? Vi una sombra y supe que era él. Hiraguisawa me estaba esperando en la puerta con una maleta en su mano. Subió al vehículo y pidió que nos llevaran al aeropuerto.
- ¿Sabes Sakura? Estás loca…
- Sí, me lo dicen mucho…
- No te equivoques, me gusta… pero me sales muy cara. ¿Dos billetes para hoy mismo? He movido cielo y tierra y me han costado un ojo de la cara. He tenido que llamar a dos de las secretarias de mi padre y…
- Oh, que pena me das. ¿Tienes los billetes o no? – su mano se alzó y vi una carpeta con varios documentos de embarque. Los cogí a toda prisa y revisé la hora de salida del vuelo. En dos horas cogería mi primer avión. Sí, un poco loca sí estaba. Había que reconocerlo.
- Supongo que Li no sabe que vamos… - me recosté en mi asiento y negué con la cabeza.
- ¿Podrás colarnos en la casa de los Li?
- ¿Casa? Mansión, más bien. Y, sí. Claro. Conozco a su mayordomo. – le miré con los ojos como platos.
- ¿Aún existen los mayordomos? – una pequeña risa se formó en sus labios. Tenía el rostro de color amarillo por los moratones que se estaban empezando a curar, pero aún así, el muy desgraciado seguía siendo atractivo – Un mayordomo… mundo de locos… - permanecimos en silencio unos minutos, sólo con el sonido del motor y las luces de los otros coches de distracción.
- ¿Qué ha pasado para que hayas perdido aún más el juicio? Te ves decidida a todo. ¿Te ha llamado?
- No. Me ha dejado una carta.
- Mmm… entiendo. Siempre se le dio mejor expresar sus sentimientos por escrito…
- Joder, lo sé. – le oí reír otra vez. – pero si quería que le dejara en paz con esa carta, no lo ha logrado. Más bien me han venido ganas de partirle esta cara estúpidamente atractiva que tiene. ¡Es engreído hasta para despedirse! "Sé cómo será tu vida, Sak…" ¡Qué vas a saber tú, perro chino idiota! – Oí la melodiosa risa de mi acompañante y suspiré. La garganta dolía un poco, pero el medicamento empezaba a hacer efecto. Sentí mis músculos más relajados y me entró sueño.
- Entiendo que quieras golpear a Li, de verdad. Causa ese efecto a veces… pero… ¿Porqué vengo yo? Sería mejor que estuvierais los dos solos. ¿No crees? Además, yo fui la causa de que Li saliera corriendo, para empezar.
- Tú eres la única persona que conoce dónde y cómo vive. Además, no fuiste sólo tú el que le jodió la vida en Tomoeda. Esa noche había algo más… no parecía él… algo le había pasado antes de venir a buscarme. Seguramente con su familia. Estaba distinto… dolido. Me dijo que no era feliz…
- ¿A sí? ¿Eso te dijo? No es nada típico de él… suele guardarse sus pensamientos– asentí con un golpe de cabeza y miré la bruma que dejaban las luces de los coches al pasar. Había mucho trafico y aún caían algunas gotas de lluvia.
- Es un terco y un memo. Pero necesita saber la verdad, Eriol. No puede pensar que todos quieren aprovecharse de él. Tiene que saber lo que sientes y lo que siento. Yo te escuché, él también lo hará. – vi como sus ojos temblaban levemente y una vez más me convenció su gesto. En verdad Xiao Lang era alguien importante para él. Un buen amigo. Puede que el único y verdadero amigo. Yo podía verlo claramente. Xiao también lo vería. Sólo necesitaba un empujón. ¡Y yo se lo daría! ¡Literal!
- No sé si querrá comprenderlo… Sak. No es la primera vez que lo traicionan. ¿Sabes?
- Algo sé…
- Aún tengo amoratada la cara, por si no te has dado cuenta. No será fácil lograr que me escuche. Y aunque lo haga… puede que no lo comprenda. Es demasiado integro… demasiado…
- Cabezota – Eriol asintió con una risa apagada y recosté mi rostro en su hombro. Él dejó caer su cabeza sobre la mía y suspiro.
- Bueno, en eso os parecéis.
- Sí, lo sé.
.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
.
Al fin habíamos aterrizado. El dolor de cabeza había aumentado durante el vuelo y ahora sentía como martilleaba mi sien. No era la primera vez que tenía una jaqueca, pero jamás había ido acompañada de mareos y nauseas. Eriol me tomó de la mano, mientras esperábamos el equipaje.
- No te ves bien… - su mano se posó en mi frente y noté que sus ojos se abrían. – Joder Sakura, tienes fiebre… ¿estabas enferma antes de salir?
- No es nada. – le oí gruñir y no pude evitar reírme. - ¿Tú también gruñes?
- Maldita sea, Sakura. Tendrías que habérmelo dicho.
- No me hubieras dejado venir.
- ¡Claro que no! – tomó nuestras maletas y me pasó un brazo alrededor de la cintura para ayudarme a caminar.
- No estoy invalida.
- Calla. Iremos a buscar un hotel y… - me aparté con brusquedad y negué con la cabeza sintiendo el mundo girar bajo mis pies. - ¡No puedes ir a ver a Li así! Además, aun es de noche.
- Mejor, así estará en casa.
- Sakura… - le dediqué una de esas miradas que no admite discusión y finalmente cedió. Tomamos otro taxi y me reí al oírle hablar en chino. - ¿Te ríes de mi acento?
- Ni siquiera sé si tienes acento. No sé nada de chino… - el coche se puso en marcha y decidí que era un buen momento para hacer otra cabezadita. Me recosté en su hombro y noté que su brazo me rodeaba de forma protectora. Estaba adormecida y entumecida. Pero aún así, me reconfortó. – Estás calentito…
- Ya, no le digamos esto a Li. O me dejará la cara de color azul otra vez. – mis dedos juguetearon con la cremallera de su chaqueta y sentí que mis parpados se iban cerrando lentamente.
- No te defendiste… eres bueno en todo. Baloncesto, futbol, natación… me niego a pensar que no has hecho artes marciales. – su risa repicó por las paredes acolchadas del taxi y no pude evitar seguirle. El dolor de mi garganta me detuvo en el acto. ¡Maldito resfriado absurdo!
- No sé artes marciales. Hice esgrima. Pero no tenía un florete para defenderme.
- Aún así, no intentaste protegerte.
- Me pilló por sorpresa.
- No, te dejaste. Porqué creías que lo merecías – el silencio se hizo eco entre nosotros y suspire. – No te merecías esa paliza.
- ¿No?
- No. Puede que un par de cachetadas… pero no "esa" paliza.
- Gracias…
El auto siguió su camino entre centenares de luces y poco a poco sentí que todo a mi alrededor se iba oscureciendo. Dejé que el cansancio y el calor de Eriol me acompañaran hasta el mundo de Morfeo y me perdí en un sueño inquieto. Para cuando desperté, no recordaba a dónde me habían llevado mis sueños, pero tenía la frente perlada en sudor y respiraba con dificultad.
- ¿Hemos llegado?
- Sí. He avisado a Wei por teléfono. Ahora nos abrirá y nos conducirá hasta Li. – sentí cómo el corazón empezaba a latir a toda marcha y me incorporé con pesadez. Tenía la boca tan seca como el esparto y miles de agujas bailaban la conga en mi garganta. Los ojos me escocían y la fiebre empezaba a atontarme. – Estas ardiendo y tienes el rostro tan pálido como el de una muerta. ¿Lo sabes?
- ¿Parezco un fantasma?
- Sí.
- Genial, así lo asusto y no nos hecha de casa. Seguro que le doy pena – oí otra vez su risa, pero se controló.
- ¿No tienes ninguna medicina?
- En la bolsa… creo…
- Voy a buscarla – tomé su mano, impidiendo que se levantara y negué con la cabeza.
- No. Luego. Ahora entremos.
- Sak…
Iba a replicar, pero no me dio tiempo. La verja de esa gran mansión se abrió y el taxi se adentró con facilidad. Miré por la ventana. Las luces de las farolas me dejaban ver un camino de piedra, rodeado de arbustos y cipreses. El sol empezaba a asomar, pero aún era difícil ver con claridad. Tras varios minutos de trayecto, al fin llegamos a una gran casa cubierta de yedra. Bajamos del coche y miré con asombro el hogar del chico que me había llevado de cabeza desde el inicio del curso.
- Joder…
- Sí, lo sé.
- No sabía que había casas así en Hong Kong…
- No las hay. Estamos a las afueras y todo es importado. Ieran quería una mansión al estilo europeo. Así conoció a mi padre. Su empresa importó casi todos los artículos de diseño y decoración de esta casa.
- Joder…
- Sí, sí. Lo sé. Deja de soltar barbaridades. Te lavaré esa boquita con jabón.
Un hombre de mediana edad apareció en el portón que daba acceso a la casa. Tenía el rostro lleno de arrugas, pero lucía una mirada muy afable. Bajó las escaleras y nos hizo una pequeña inclinación de cabeza. Hice lo mismo a toda prisa y noté como un pequeño mareo me dejaba aturdida. Eriol me rodeó de nuevo la cintura.
- Hola Wei, es un gusto verte.
- Igualmente, señor Hiraguisawa. Lamento que sea en estas circunstancias. – vi la sonrisa amarga de mi compañero y me sentí mal por él.
- ¿Te lo ha contado?
- Poca cosa. Pero a pesar de la poca luz, puedo ver sus cardenales. No soy muy culto, pero sé atar cabos.
- Ya veo… - hubo una pequeña pausa que se me hizo eterna, así que intervine.
- Yo… Hola… esto… mi nombre es Sakura Kinomoto.
- Lo sé, señorita. Un gusto conocerla.
- Yo… eh… me gustaría ver a Xia… a Li. Me gustaría ver a Li. ¿Podría ser?
- Para eso estoy aquí, señorita. Les guiaré hasta su habitación. Aún está dormido, así que no tendrá tiempo de reaccionar. Podrán usar esa ventaja. – abrí los ojos por la sorpresa. ¿Ese hombre nos iba a colar en su mismísimo cuarto? Cogí su brazo por instinto y le miré, anonada.
- ¿No tendrá problemas por esto? – su boca se curvó en una sonrisa paternal y me sentí cómo en casa. Me recordaba a mi padre.
- El señorito Li jamás me haría nada. No se preocupe. – Asentí, no muy convencida. Y le seguí.
Eriol me seguía de cerca, atento a mis pasos vacilantes. Era consciente de lo nervioso que debía sentirse, pero aún así no dejaba de preocuparse por mí. Se lo agradecí por dentro. Era un buen chico. Se le notaba tanto… ¿cómo podía haber reaccionado Xiao Lang así? Le conocía desde hacía tiempo. Era su mejor amigo… y ni siquiera le dejó hablar. Le golpeó con fuerza, sin dudar, sin… sentirse culpable por ello. Si no le hubiera parado… ¿qué habría pasado? No… Li no era así. Sólo perdió la cabeza unos segundos. Nada más. Miré su semblante y Eriol me sonrió.
- ¿Ahora te preocupas por mí integridad física? Es un poco tarde…
- No te… no te volverá a golpear… ¿verdad? – le vi levantar los hombros a modo de respuesta.
- Si lo hace, no te preocupes. Esta vez me defenderé.
- Sí. Hazlo…
Seguimos y seguimos durante lo que parecieron años. Subimos una escalera de mármol y nos recibió otro largo pasillo lleno de puertas de roble. El suelo estaba tapizado en colores oscuros y decenas de cuadros decoraban las eternas paredes. Si no fuera por los nervios y el insoportable dolor que me machacaba la sien, hasta me habría parado a contemplarlos. Me sentía como en un museo. O en una mansión victoriana. Las historias que me contaba Touya sobre fantasmas me vinieron a la mente y sentí un escalofrío. ¿Por qué hacía tanto frío en esa casa? Se suponía que Hong Kong era más caluroso. Wei se paró entonces y casi me golpeo contra su espalda.
- Oh, lo siento.
- Es aquí. – iba a agradecerle su ayuda, cuando sus nudillos golpearon la puerta. Luego nos sonrió y se fue a toda velocidad. Me quedé pasmada, observando su figura perderse en una esquina.
- ¿A dónde va? Yo…
- Creo que nos ha dejado solos con el marrón.
- ¿Marrón? – un golpe se oyó tras la puerta y la voz de Li resonó maldiciendo su suerte. – Oh, mierda…
- Sí, hemos despertado al lobo. - Sentí mi corazón a toda máquina y mis pies dieron dos pasos hacia atrás de forma inconsciente. Pero mi espalda chocó contra el pecho de Eriol. Levanté la cabeza y esos ojos color mar me miraron, traviesos. – Oh, no… no te acobardes ahora.
Era cierto, no debía acobardarme. No. Era Xiao Lang el que tenía que sentir miedo. Porqué estaba cabreada. Oh, sí. Furiosa. ¡Y enferma! Una mala combinación. Apreté mis puños con fuerza y miré la pulcra madera que nos separaba de nuestro objetivo. Los pasos vacilantes de Li se oían en el interior y ambos supimos que la puerta estaba a punto de abrirse. Cogí aire y me preparé mentalmente. ¡Le diría de todo a ese engreído idiota!
Y la puerta se abrió y nuestros ojos se encontraron. Estaba ahí de pie. Despeinado, sorprendido y confuso. Primero me miró a mi, luego a Eriol y finalmente de nuevo a mí. Su boca se abría y se cerraba, sin poder pronunciar palabra alguna y casi le abofeteo ahí mismo. ¡Estúpido Li! Mis ojos empezaron a arderme y sentí como una vez más las lagrimas se acumulaban entre mis parpados. No quería llorar. No se merecía que llorara.
- Sakura… ¿qué…?
- ¡Te odio! - mis manos le empujaron por inercia y le vi trastabillar. Esta vez sí que lo había pillado fuera de juego y no tuvo tiempo de esquivarme. Mis puños golpearon su pecho de forma infantil y me puse a maldecirle como una cría de dos años que no ha logrado que le compraran una muñeca. – Te odio, te odio y te odio. ¿¡Cómo te atreves a irte así?! ¡¿Cómo te atreves a decidir por los dos?! ¡¿Quién te crees que eres para decidir lo que más me conviene?! Eres un arrogante, un idiota, un… un…
Sentí como el mundo empezaba a darme vueltas de nuevo y poco a poco la cabeza me explotaba. Trastabillé sobre mi misma y los brazos de Xiao Lang me cogieron al vuelo. Noté su aroma y su calor y ya no pude contenerme más. ¡Le había echado tanto de menos!
- Yo sólo… sólo quería decirte que me he dado cuenta… nada más…
- ¿Cuenta? ¿Cuenta de qué? ¿Sak? – los parpados me pesaban y el estomago se me removia inquieto. - Por dios, estás ardiendo. – sus ojos se volvieron llamas en contra de mi acompañante. - ¡¿La has dejado venir enferma?!
- Cómo si alguien pudiera detenerla… - miré sus cejas y me reí entre lágrimas. Había echado de menos su rostro huraño – Y ahora se ríe… ya desvaría.
- ¡Cállate idiota! ¡Esto es culpa tuya!
- Claro, todo es culpa mía ahora… - Xiao Lang puso los ojos en blanco, pero mi mano en su pecho llamó su atención de nuevo. –
- No discutáis, por favor…
- Sak… eh, Sak… ¿qué te pasa? – Eriol se agachó hasta que nuestros ojos se encontraron, y le sonreí un poco. No quería que él también se culpara por mi salud.
- Será mejor que la llevemos a tu cama. Ha dormitado todo el camino, pero cada vez estaba más pálida. Necesita descansar y un poco de medicina.
- Joder… ¡llamaré a Wei! – me alarmé, así que de nuevo llamé su atención, esta vez girándole el rostro con mis dedos.
- No, no hace falta Xaio... Estoy bien…
- ¿Que estás bien? ¡Pareces un fantasma!
- Eso mismo le he dicho yo… - Eriol parecía querer romper la tensión con su humor negro, pero no tenía el efecto esperado. Xiao volvió a gruñirle.
- Mira idiota, te voy a…
- Te quiero… - ambos me miraron asombrados y sonreí de lado. – Al fin lo he dicho.
Y tras mi primera confesión de amor de mi vida, me giré, me tiré al suelo apartándome de ambos y vomité. Sí… así de patética era. Por suerte no había comido mucho, aunque eso no me quitaba del apuro. Intenté levantarme, entre avergonzada y agotada. Y noté los dedos del chico que quería apartando algunos mechones de mi cabello. Sus ojos color ámbar me miraron llenos de preocupación y me desplomé. Lo último que captó mi mente fue la voz de Eriol y el tranquilizante sonido del palpitar de un corazón. El corazón de mi estúpido perro chino.
- Bueno Xiao… sólo tengo una pregunta para ti
- ¿¡Qué, Eriol!? ¡¿Qué?!
- ¿Tienes una fregona?
Continuará…
Notas de la autora: ¡Sí! ¡Sakura esta en Hong Kong! Jajajaja. El siguiente capitulo será de la mano de nuestro lobo. A ver si me posee de nuevo, jajaja. Espero que les haya agradado el capítulo. Hay drama, lo sé. Pero ahora vuelvo a la carga con el buen rollo y el amor, y el humor. Me he cansado de drama en este fic, los días de este 2020 ya son suficientemente amargos. ¿Verdad? Espero que les guste lo que se viene. Un beso y nos leemos pronto. Gracias de nuevo por llegar hasta aquí y ser pacientes conmigo. ¡Les quiero! Arigatoooooooo
