Notas de la autora: Lo prometido es deuda, perdón por la espera hermosas, sé que voy con mucho retraso, pero en verdad no quiero escribir esta historia sin inspiración. Me cuesta describir como se sienten nuestros protas llegados a este punto... Pero bueno, no digo más. Agradezco mucho, muchísimo su apoyo y espero que les guste el capítulo. Va por ustedes. Arigatooo
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Mi Fan número 246
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Capitulo veinticuatro
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Asuntos del corazón
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Le aparté el flequillo con cariño y puse una compresa de agua fría en su frente. Sus ojos llevaban cerrados una hora y el médico aún no había llegado. No le culpaba, apenas eran las seis de la mañana. Pero, aun así, no podía evitar estar preocupado. Oí los pasos de cierto bastardo inglés a mis espaldas y le miré de reojo. Su rostro estaba cubierto de manchas amarillas y aún tenía cortes en la ceja y el labio. Una parte de mí se sintió levemente culpable. Pero lo cierto es que, a pesar de todo, se lo había ganado a pulso.
- ¿Quieres dejar de dar vueltas de un lado para otro? Abrirás un boquete en el suelo – sus ojos se abrieron y noté cómo todo su cuerpo se ponía en tensión. No era nada normal en él. Siempre sonreía y se paseaba como si estuviera en la cima del mundo. Eso sólo demostraba lo arrepentido que se sentía. Pero no iba a ponérselo fácil.
- Es que no se ve nada bien… ¿y si la llevamos a un hospital?
- El médico no tardará. Es uno de los mejores de Hong Kong, así que deja de preocuparte.
- ¿Tú no estás preocupado? ¿Y si no es sólo un resfriado? – rodé los ojos y acaricié el cabello de Sakura.
- Está sudando mucho… ¿sabes qué le ha pasado?
- Que va. Ni siquiera supe que estaba enferma hasta que aterrizamos. Supongo que se había tomado alguna medicina… - aparté las cobijas y tomé sus manos.
- Tiene la cabeza ardiendo y las manos congeladas… pero parece sólo un resfriado…
- ¿Y si no lo es?
Le miré seriamente y levanté una ceja. ¿Sabía Eriol algo sobre la afección cardíaca de Sakura? Dos golpes en la puerta nos sacaron de nuestros pensamientos y la figura de un hombre mayor se adentró en mi cuarto. Era el doctor Fang, un hombre muy bajito y corpulento, pero siempre con una sonrisa divertida en su rostro. Había sido mi médico desde que tenía memoria y también era un buen amigo de mi padre. Ambos compartían su mal sentido del humor.
- Espero no tener que tapar un caso de sobredosis de buena mañana, joven Li. – Eriol le miró pasmado, pero yo sólo pude sonreír.
- ¿Por quién me toma, doctor?
- ¿Casa rica, adolescentes y una llamada a las cinco de la mañana? Era eso o un coma etílico… - el hombre entró a la habitación con toda la confianza del mundo y miró a la joven que estaba en la cama. – Al menos está vestida…
- Parece un resfriado, pero ha vomitado y ha perdido el conocimiento. También parece que tiene mucha fiebre – Me levanté con cuidado de no despertarla y le cedí mi lugar para que la examinara.
- ¿Me has sacado de la cama por un poco de fiebre? Te pienso cobrar otro plus en tu factura.
- Es urgente. Ha volado desde Japón y… sufre de problemas cardíacos – miré a Eriol de reojo y vi su genuina sorpresa. Así que deduje que en realidad sí ignoraba ese pequeño detalle. Me miró con una expresión complicada de descifrar y salió del cuarto. Imaginé que necesitaba su espacio para procesarlo con calma. Le comprendía. A mí también me costó lo mío. Claro que yo me enteré por boca de su familia, en un jodido hospital y después de que se abriera la cabeza contra un banco de piedra… Seguro que Eriol se lo tomaría mejor.
- "Problemas cardíacos" es una expresión muy genérica, joven Li. ¿Sabes qué clase de problemas?
- No lo sé exactamente. Es muy cerrada en cuanto a ello. Pero por lo poco que sé, le prohibieron hacer deporte. Si se esfuerza mucho, se marea y puede perder el conocimiento. Cómo ahora.
- Entiendo… ¿es tu novia?
- Yo… - noté el nudo en mi garganta – No. Es sólo una amiga… una buena amiga.
El doctor levantó una ceja, pero pronto me ignoró y empezó a mirar su presión, temperatura y pupilas. Controló su latido y escuchó sus pulmones. Le observé en silencio, sintiendo como los nervios hacían huella en mi persona. Con todo esto, ni siquiera había tenido tiempo de pensar en lo que implicaba que Sakura estuviera en mi casa. Sabía que mi carta la confundiría, pero no esperaba que cogiera un maldito avión para maldecirme en persona. Sin duda, esa niña castaña era única dándome sorpresas. La puerta se abrió de nuevo y Eriol apareció con rostro sombrío. Me miró y se guardó algo en el bolsillo de la chaqueta. Parecía su teléfono.
- No noto nada alarmante… ¿sabes si es alérgica a algún medicamento? – negué con la cabeza. – el doctor Fang se giró y miró a Eriol - ¿Y tú? ¿Sabes algo?
- Que ha pasado mucho estrés estos últimos meses, que ayer salió corriendo bajo la lluvia tras un gran disgusto y que estuvo empapada llorando bajo un tobogán en pleno mes de enero. No es alérgica a ningún medicamento, pero padece de una afección cardiaca congénita que impide que la sangre bombee correctamente cuando su cuerpo se extralimita. Por ahora lo tienen controlado, pero si no se cuida puede derivar en una insuficiencia cardiaca grabe que la lleve a un trasplante de corazón o a la muerte. Le han prohibido el deporte de competición, pero a pesar de ello se niega a llevar una vida pausada. Monta en bicicleta, trabaja en una cafetería y hace clases de natación. Su familia intenta que entre en razón, pero al parecer es una cabezota. Y, oh… toma como mil medicamentos. Ahora me mandan los nombres y su historial clínico por Whats App – Miré a Eriol con el ceño fruncido – ¿Qué? Era urgente. He llamado a Tomoyo y me lo ha contado todo. Le hubiera pasado el teléfono, pero dudo que el doctor aquí presente hable japonés… – El doctor Fang se levantó entonces y le miró con el labio superior arrugado.
- Mi japonés es mucho mejor que tu chino, muchacho. Se te nota la flema británica a kilómetros de distancia…
- Eso ha dolido…
- Pero volviendo a la señorita, por ahora no debéis preocuparos. Está bien. Aun así, será mejor dejarla descansar y cuando se levante le daré la medicación pertinente.
- ¿Pero seguro que no pasa nada? Que haya vomitado…
- Será por las emociones que ha mencionado su estirado amigo inglés – Eriol soltó una carcajada.
- ¿Qué le han hecho a usted los ingleses? - el hombre lo ignoró y siguió como si nada.
- Parece un resfriado agravado por el estrés. Su corazón bombea correctamente por el momento y sus pulmones no están congestionados. Si todo sigue igual, se recuperará rápido.
- Gracias a dios… - El doctor Fang me miró y tapó un bostezo con su mano derecha. Aun parecía medio dormido – Yo… lamento el madrugón, doctor…
- No, has hecho bien en llamarme. Si esta jovencita no tuviera una constitución tan fuerte… seguramente ahora estaría en el hospital con una crisis.
- Hizo mucho deporte antes de enterarse de su enfermedad.
- Ya, bueno… una vida sana y ejercitar el cuerpo con moderación es la clave para este tipo de afecciones. Aunque fue muy estúpido por su parte salir bajo la lluvia en pleno invierno… - Agaché la cabeza y me mordí el labio. Eso sin duda era culpa mía… - Prepara algo de fruta para ella y algunos complementos con vitaminas. También le daremos muchos líquidos y tengo un par de medicamentos que pueden ayudar, aunque sin saber aun lo que le han recetado sus médicos puede ser peligroso… ¿saben si toma anticonceptivos orales? Normalmente lo desaconsejan con afecciones de este tipo, pero…
- No los toma – La risa ladeada de Eriol me molestó tanto que a penas sí sentí vergüenza.
- ¿Y cómo sabes eso, Xiao? ¿Acaso has tenido que comprar preservativos recientemente?
- Vete a la mierda.
- Veo, señor Li, que no hay que ser novios para hacer según qué cosas… - pero las palabras del médico sí me hicieron adquirir un bonito color tomate maduro - ¿Puedo bajar a por un café de esos pijos que tenéis aquí y hacer unas llamadas? Esperaremos media hora a ver si se despierta por sí sola.
- Si, claro. Wei le acompañará. Gracias por todo doctor Fang.
- Sí, sí. Dímelo cuando pagues la factura. Que alguno de los dos se quede con ella, por si pasa algo.
- ¡¿Algo cómo qué?! – los dos hablamos a la vez y el doctor sólo rodó los ojos ante nuestro histerismo y se fue.
Eriol y yo nos miramos algo incómodos, pero luego decidimos que era buena idea seguir ambos allí, en silencio. Yo me senté a los pies de la cama, sujetando su mano y oyendo su respiración pausada. Mientras que ese mentiroso tipejo inglés prefirió quedarse apoyado en el marco de la puerta, con la mirada baja y el pie repicando en el parqué. El sonido era continuado y molesto, por lo que me desquicié muy pronto.
- Para de una vez… no es propio de ti estar tan nervioso.
- ¿Cómo pudiste hacerle eso sí sabias que tenía una insuficiencia cardíaca? ¿Acaso no has visto "siete almas"? – levanté la vista y le dediqué una de mis miradas más severas.
- ¿Disculpa?
- Esa película de Will Smith que… - rodé los ojos y me levanté. ¡Era tan odioso el muy cabrón!
- ¡Sé qué película es! Lo que no entiendo es que demonios me quieres decir con…
- ¡Sakura salió bajo la lluvia por tu culpa! ¿Sabes lo loca que estaba buscándote? ¡Te llamó mil veces! Fue a tu piso, al apartamento de Tokio de tu familia. Llamó a tu prima y se presentó en su maldita casa. Fue al despacho de ese idiota de director y preguntó si habías pedido un traslado. Y nada. ¡Estaba histérica! ¿Eres consciente de cuánto estrés ha pasado Sakura desde que te conoce?
- ¿Tú vas a reñirme? ¿A mí? – los dos nos miramos con furia contenida, pero finalmente fui yo el qué apartó la mirada. No porqué él muy capullo tuviera razón, sino porque no quería discutir más – Ella siempre me dijo que lo del corazón no era nada serio y yo… supongo que quise pensar que así era.
- ¿No indagaste? ¿Tú que siempre quieres controlarlo todo? – negué con la cabeza.
- Creí que no merecía que invadiera su intimidad de esa forma. Ya había causado suficientes estragos en su vida.
- Lo cierto es que en eso te doy la razón – Fruncí el ceño y le di la espalda.
- Cuando decidí irme sin despedirme, yo… no imaginé que lo pasaría tan mal... Pensé que estaría cabreada conmigo por todo lo que le dije el día de la maldita fiesta. Y a pesar de nuestra extraña relación, creí que se resignaría, me odiaría y lo superaría. No éramos novios ni nada y ella… siempre estuvo colada por ese yogurcito universitario.
- ¿Tsukishiro? – Asentí en silencio.
- Creí que era mejor así… que debía cerrar esa parte de nuestra vida y dejar que ella siguiera con la suya. No quería cruzar la línea y empeorar aún más las cosas.
- ¿Qué no querías cruzar la línea? ¡Eres un capullo y un idiota! ¿Acaso no la cruzaste el día que le escribiste esa carta para decirle que la querías?
- ¿Te ha contado lo de la carta?
- ¡Me llamó nada más leerla, Shaoran! ¿Qué esperabas? ¿Creías que podías confesarte y largarte? Sabía que eras un idiota, pero no un puto cobarde – rodé los ojos y me giré de nuevo para encararle.
- No tengo que soportar semejantes insultos de ti. Ya no somos amigos.
- ¡Habla por ti! Puede que tú no quieras saber nada de mí, pero tú si eres mi amigo y te sermonearé todo lo que me dé la gana – bufé, molesto por su arrogancia – Y tú vas a escucharme, por el bien de Sakura.
- Qué sabrás tú de Sakura…
- Sé que… que me escuchó cuando más lo necesitaba. No dudó de mí ni me pidió que cambiara. Me… me apoyó y me confortó a pesar de que te fuiste de japón por mi culpa. Y me ha traído aquí a rastras porqué espera que al menos podamos tener un segundo para hablarlo. Y sé que no lo hizo por ella, ni por mí. Lo hizo por ti… porqué quiere que seas feliz y sabe que no lo serás así. Nunca.
Le miré con los ojos como platos. Jamás había visto a Eriol tan nervioso. Su respiración era acelerada y sus manos temblaban levemente. ¿Y era yo o el muy capullo estaba tartamudeando? Agachó la cabeza y empezó a caminar hacia atrás, como si se hubiera dado cuenta de que se había acercado demasiado a mí y temiera por su integridad física.
- Yo… no voy a pedirte que entiendas porqué lo hice ni que me dejes explicarte mis motivos. Pero si te pido que hables con ella y encontréis una solución a lo vuestro.
- ¿Y a ti que demonios te importa lo que pase con nosotros?
- Claro que me importa. Tú me importas.
- Eres un puto bastardo hipócrita – Me senté de nuevo en la cama y miré el rostro durmiente de Sakura. Solté un suspiro cansado y acaricié su brazo por encima de la sabana. Estaba cálida y sus mejillas empezaban a tener mejor color – Dime Eriol… ¿Siempre has sido tan engreído?
- ¿Eh?
- ¿Te crees que me fui de Japón por ti?
- Yo…
- Para ser el tipo encargado de espiarme, te has perdido muchas cosas de mi vida últimamente… - el silencio fue mi única respuesta, así que levanté la vista y le miré, mucho más calmado ahora – Te diré algo más que al parecer desconoces. Tu padre ha venido a Hong Kong. Estuvo aquí hace dos días.
- ¿Pa.. papá? – Asentí con la cabeza. – ¿Por qué vendría él aquí?
- Dímelo tú. Creo que le llamaste hace unos días y te pusiste a confesar y a lloriquear como una niña – le vi sonrojarse y no pude evitar sonreír. Eso sí que era inaudito, Eriol avergonzado – Vino a confesar sus pecados. Lo mismo que pareces querer hacer tú.
- ¿Qué te dijo?
- Todo, supongo. Me contó que su empresa fue víctima de su mal juicio hace un par de años y que estuvo al borde de la bancarrota.
- Yo…
- Calla. Por una vez en tu puta vida, solo… escucha – le vi asentir y tomé la mano de Sakura para darme fuerzas – Tu padre me contó que acudió a empresas Li para cerrar un contrato que habían pre acordado y qué mi madre se lo negó al comprobar sus finanzas. Según parece, pactar con industrias Li era su última oportunidad de salvar el negocio y a los quinientos trabajadores que dependían de él. – Hice una pausa para ver si Eriol se sorprendía, pero por su rostro supe que toda esa información ya la conocía. - También sé que volvió al día siguiente, para intentar convencer a Ieran y que ella le propuso un trato al verlo tan desesperado. Un trato que tenía que ver conmigo ¿Te suena?
- Claro…
- Ya, cómo no te iba a sonar. A fin de cuentas, tú y yo éramos parte de ese desesperado trato. Claro que a ti te lo contaron todo y aceptaste, mientras que yo no tenía ni idea de nada…
- Shaoran, deja que…
- He dicho que te calles – le miré con ira contenida, pero luego relajé mis puños. Sabía que estaba preocupado y que sólo quería explicarse, pero como yo era la víctima, que se jodiera y me escuchara - Yo había discutido con ellos esa misma semana y había convencido a mi padre para que me dejara estudiar en Tomoeda. Sin institutos caros, ni lujos. Una vida de estudiante normal en el anonimato. Y claro… eso puso en alerta a la controladora de mi madre, que enseguida buscó la forma de tenerme bajo su ojo de halcón. Tú y yo nos conocimos brevemente de niños, pero confiaba en que no me acordaría. Así que pensó que sería buena idea meterte en Tomoeda, conmigo. Tú le pasarías un parte semanal y harías todo lo que ella te pidiera. Y a cambio, tu padre tendría su contrato y un nuevo socio muy poderoso que atraería a muchos más clientes.
- ¿Puedo hablar ahora? - le miré reprobadoramente y se calló.
- Obviamente, tú padre tenía un dilema moral. Pero su preocupación era mayor que su decencia, así que te lo contó y esperó que estuvieras de acuerdo. Y tú te negaste… o al menos lo hiciste al principio – pensé que me interrumpiría, pero al ver que no era así continué – Anna Hiraguisawa… tu madre… era una mujer con tendencia a la depresión. Eso ya lo sabía, me lo habías dicho un millón de veces. Y también me contaste una vez, que intentó suicidarse cuando tú sólo tenías seis años. No fue difícil para mí imaginar qué, o quién te hizo cambiar de opinión.
- Lo siento…
- ¿Por qué? Quieres a tu madre y tuviste miedo por ella. Si tu familia lo perdía todo… el dinero, la casa, los amigos… ¿qué impediría que intentara suicidarse de nuevo? Aún seguía medicada y estaba inestable – Eriol apretó los puños y se mordió el labio. Era consciente de que también había sido víctima de mi madre, pero necesitaba ver hasta qué punto se arrepentía por ello. Así que me levanté y fui caminando hasta él, para encararle – Aceptaste.
- Lo hice…
- Y te fuiste a Tomoeda a hacer el papel de tu vida. Y yo me lo tragué tan fácilmente… estaba deseoso de confiar en alguien… de vivir una vida nueva. Y tú te aprovechaste de eso.
- Lo hice – vi como miraba el suelo y contenía las ganas de replicarme. Le sonreí en secreto.
- Llamaste meses más tarde a tu padre, para decirle que no querías continuar. Que la culpa te estaba consumiendo y que me lo contarías todo. Le dijiste… que te caía bien…
- Y no mentía.
- Lo sé. Pero tu padre te recordó lo que pasaría si rompías el trato ahora. Y también te recordó a tu madre, a los trabajadores de vuestra casa y vuestras empresas. Y te diste cuenta, de que no podías simplemente confesar y esperar que otros arreglaran el marrón por ti.
Le vi asentir en silencio y suspiré. Los métodos de mi madre eran efectivos, pero poco originales. A fin de cuentas, era exactamente lo mismo que hacía ahora conmigo. Utilizar el buen corazón de las personas en su contra.
- Yo… intenté ser más listo que Ieran. Empecé a enviarle información falsa y oculté aquello que creía que podía perjudicarte. Pero…
- Pero llegó Hatsumomo, el segundo topo.
- Supongo que no lo hice tan bien como pensé…
- Y más tarde conocí a Sakura. Y te puse en una situación aún más complicada. Decidiste que, si le contabas que tenía una novia, volvería a confiar en ti. Claro que eludiste el hecho de que todo era una farsa. Por eso la estúpida gala. Quería ver nuestra relación con sus propios ojos y de paso sacar tajada y vender nuestra historia a la prensa.
- Yo no supe lo de la estúpida gala hasta que ya fue tarde. Esa mujer es…
- Y cuando empecé a enamorarme de Sakura… tuviste miedo de que fuera a por ella y a por mí. Así que le mentiste diciendo que me había aburrido de Sakura y que me la tiraba sólo por diversión. Me quedé pasmado al leer ese e-mail en concreto… ¿Cómo lo dijiste? "¿Sakura sólo es un agujero suave donde meterla? ¿No vale nada y su hijo lo sabe?"
- Sabes que yo jamás…
- Y claro, Hatsumomo le decía lo mismo, por supuesto. Era lo que ella quería pensar. Que Sakura era una diversión para mí. Alguien insignificante.
- Quería protegerte a ti, y a ella.
- Lo entiendo. Pero tu mentira no fue suficiente. Me conoce muy bien… le faltó sólo un minuto de vernos juntos y supo que me había quedado prendado de la niña de pueblo. Ya no podía confiar en ti, ni en Hatsumomo. Pero tampoco es que le hiciera falta… ya no… Mi madre tenía su plan en marcha. Uno que serviría para atarme en corto y hundir a mi padre. Dos pájaros de un tiro.
- Tienes que comprender que… - le miré con enfado y engrosé la voz.
- ¡Yo no tengo que comprender nada!
- Shaoran…
Mi puño se fue directo a su rostro y le vi cerrar los ojos. El muy capullo no se iba a apartar. Se dejaría golpear por mí, otra vez. Así que paré en seco y le vi reaccionar con lentitud. Abrió los ojos aún sin comprender lo que estaba pasando y le sonreí. Era divertido tener el control de la situación por una maldita vez. Ese inglés solía embromarme a todas horas, pero ahora era yo el que podía aprovecharme de él. Víctima o no, me había mentido. Así que podía divertirme a su costa un rato. ¿no?
- ¿Eh?
- No voy a golpearte, mamón. Aunque te lo mereces. Podías habérmelo contado, no hubiera dicho nada y te habría ayudado a mentir a mi madre.
- Ya… ¿Igual que supiste ocultarle tus sentimientos por Sakura? – solté un gruñido y le vi sonreír, pero no iba a ceder tan fácilmente.
- Sé que querías ayudarme. A mí, y a Sakura… Pero no entiendo porqué pierdes los papeles así ahora. Tú, que siempre estás tan serio y tienes todo bajo control. Pero vienes aquí, para intentar… ¿Qué? ¿Qué haga lo que tú no pudiste? Mi madre también utiliza todo lo que me importa en mi contra, Eriol. ¿Por qué puedo yo enviarlo todo a tomar viento cuando tú no pudiste? ¿Crees que soy un egoísta?
- No… claro que no. Pero tu caso es distinto. Tú no le debes nada a tú familia. Ieran usó el amor que siento por mi madre en mi contra. ¿Pero qué te importa a ti lo que les pase a tus padres o a tus hermanas? Son un atajo de egoístas… ¡Que les jodan! Tú nunca has querido el dinero de tú familia de todos modos…
- No, nunca lo quise… Pero sabes que no es tan sencillo. Hay demasiadas personas implicadas y no puedo darles la espalda y esperar que mi madre no cumpla con sus amenazas. No sería feliz así. Ni Sakura tampoco.
- ¿Personas? ¿Qué personas? ¿Los Kinomoto? ¿Mis padres?
- No importa… eso es cosa mía…
Ambos miramos el suelo y dejamos que nuestros corazones se calmaran. Estábamos en una encrucijada y ambos éramos aún demasiado jóvenes e insignificantes para poder salir de ella sin ayuda. Oí sus pasos acercarse a mí en un intento de conciliación, pero me aparté. Le había perdonado incluso antes de conocer la verdadera historia, pero aún no estaba listo para volver a confiar ni ser el mismo que antes. No con él, al menos.
- ¿Y ahora… qué? – suspiré, miré a Sakura y caminé de nuevo en dirección a la cama hasta que la tuve al alcance de mi mano.
- Ahora hablaré con ella y le diré que se terminó. Le diré… que no puedo volver…
- ¿Y ya está? ¿Te quedarás aquí y cumplirás con tu deber de heredero?
- No te equivoques, no lo hago sólo por mi familia o por aquellos a los que afectaría que yo renunciara a todo. También lo hago por mí. Me debo a mí mismo el demostrarles que soy mejor persona.
- ¿Qué gilipolleces son esas? ¡Tienes la misma edad que yo, capullo! Me sueltas palabras maduras como si fueras un puto adulto y ni siquiera eres consciente de lo que implica aceptar un trato con esa harpía que tienes por madre.
Cerré los ojos y pedí a los dioses que me dieran paciencia. Era cierto, no sabía nada. Era un estúpido niñato ingenuo al que su madre utilizaba como si fuera un mero muñeco. Y por eso debía meterme de cabeza en industrias Li. Si quería salir de una vida preconcebida, primero tendría que ver a qué me enfrentaba. Y eso sólo podía hacerlo desde dentro. Noté que Sakura empezaba a moverse, así que dejé de pensar en todos mis putos dolores de cabeza y me senté de nuevo a su lado.
- Xiao… ¿Xiao Lang?
- Hola Sakura… ¿Cómo te encuentras?
- No lo sé… ¿Están haciendo obras en tu casa?
- No… ¿Por qué?
- Sólo quería saber si el puto martillo que me está taladrando la sien era cosa mía o tuya…- no pude evitar reírme y ella me siguió con una mueca cansada. Acaricié sus cabellos y le di un beso en la frente.
- No te muevas, llamaré al médico.
- No, iré yo – Eriol salió a toda prisa y miré como la puerta se cerraba sintiendo mi corazón latir a toda marcha. Enfrentar a ese gilipollas inglés había sido la parte fácil. Decir adiós a Sakura en cambio… sería casi imposible…
- Dime que no he arruinado la moqueta… - Puse mi mano en su frente y suspiré. Aún estaba muy caliente. Pero intenté bromear.
- Nada que una de mis muuuuchas sirvientas no pueda arreglar… - Sakura chascó la lengua con gracia.
- Oh, es verdad… había olvidado que estoy con un perro chino muy rico. Con mil sirvientas y un mayordomo… ¡Un puto mayordomo!
- En realidad, son cuatro lacayos, un jefe de personal y tres mayordomos - vi como ponía los ojos en blanco y me concedí el capricho de besar sus labios. Ella cedió, pero parecía que le costaba respirar. Así que me aparté y me senté en la cama - ¿Te duele el pecho? – sus mejillas se colorearon al instante.
- No… ¿por?
- Has sufrido un desmayo y tenía miedo de que… afectara a tu…
- ¿A mi corazón? – Asentí con la cabeza, sabía que era un tema muy delicado para ella – Estoy bien… aunque creo que me he saltado un par de tomas de mi medicación… ¿Sabes dónde está mi mochila?
- No, pero en cuanto venga el médico iré a buscarla.
- ¿De verdad has llamado a un médico?
- Te ha visitado mientras dormías. Dice que parece sólo un resfriado, pero quiere asegurarse.
- Siento tantas molestias… te diría que pagaré los gastos… pero siendo un perro chino rico…
- Sabes que no necesitas disculparte y por supuesto no me tienes que pagar nada. Soy yo el que debe pedirte perdón y… no te preocupes por los billetes de avión. Te devolveré lo que te han costado.
- Los ha pagado Eriol – hice una mueca y arrugué la nariz.
- Entonces no, que le jodan. – Sakura soltó una sonrisa cansada, pero luego fue volviendo a su semblante serio.
- Tienes que escucharle…
- Sakura… no quiero discutir eso ahora, menos contigo.
- Pues me da igual. Tienes que oírle, me lo debes – intentó incorporarse y la detuve con mis manos. - Sé que te hicieron daño de niño y que te da miedo confiar en la gente, pero…
- Sak…
- ¡No me interrumpas, Xiao! – me sorprendí por su grito desafinado y apenas pude contener una carcajada. Puse mi mejor cara de póker y me callé para que me reprendiera a gusto. En una cosa tenía razón, se lo debía – Mira… yo sé sus motivos. Hice que me lo contara todo y puedo asegurarte, que él no quería traicionarte. Eres su mejor amigo. Te aprecia como un hermano y lo está pasando muy mal.
- ¿Eriol? ¿Pasarlo mal?
- ¡Sí! Es un idiota, vale. Y un cínico y un creído.
- Sí…
- ¡Pero tú también eres un capullo!
- Oh, gracias Sak… ahora me siento más inclinado a ser bueno y comprensivo…
- ¿Y qué esperabas? ¡Te fuiste sin siquiera hablar conmigo! ¡Me enviaste una carta diciéndome como sería mi vida! Me cabreé tanto contigo… sabía que eras un estúpido niño malcriado que se creía un dios… pero jamás imaginé que pudieras ser tan arrogante… ¿Mi futuro? ¿Cómo demonios vas a saber tú como será mi vida?
- Oye, reduce la artillería ¿Quieres? ¿No hablábamos de ese capullo inglés?
- ¡Sí! – noté que su respiración se aceleraba y me puse nervioso. No era el mejor momento para divertirme a su costa.
- Sak, cálmate… que estás enferma…
- ¡Pues habla con él y me calmaré! – le dediqué una sonrisa suave e hice que nuestras frentes hicieran contacto. Su respiración se fue calmando poco a poco y vi desde muy cerca como se humedecía los labios con la lengua. Joder, cómo quería besarla… Me separé lo justo para poder centrarme y tosí con incomodidad. - ¿Hablarás con él?
- Ya sé todo y … ya le he perdonado.
- ¿Eh? ¿Habéis hablado?
- No mucho. Pero me lo contó alguien más.
- ¿Cómo? ¿Quién?
- No importa quién. La cuestión es que ya lo sé todo y lo he dejado atrás… más o menos.
- Yo… creí que jamás querrías perdonarle… ¡Le pegaste una paliza!
- Lo sé, lo sé. Y lo siento. Se me fue la cabeza… Habían pasado muchas cosas ese día y ya llevaba una semana de lo más horrible y… ¡Yo que sé! se me hizo como una bola aquí y estallé. ¡Me había estado mintiendo durante más de un año!
- Pero podrías haberle matado – me levanté y empecé a caminar por toda la habitación como si fuera un animal enjaulado.
- Claro que no, no iba a…
- ¡Estuvo dos días hospitalizado! – puse los ojos en blanco y me paré en mi sitio mientras levantaba los hombros. Pero mira que podía llegar a ser dramática…
- Pues yo le veo muy bien…
- ¡Xiao!
- Vale, vale. Ya he dicho que lo siento.
- No me lo digas a mí, sino a él – hice una mueca extraña y negué mientras soltaba un raro sonido.
- Lo haré. Puede que en un año o dos – ahora fue su turno para poner cara de resignación
- Tal para cual. Dos putos críos…
La puerta se abrió entonces y el doctor Fang entró acompañado del sujeto de nuestra conversación. Eriol dejó una mochila azul con alas en el suelo y le sonrío. Deduje que era la mochila de Sakura. Sería mejor dejarla a solas para que pudiera hablar con el médico y tomarse su medicación. Me aparté y dejé que nuestro buen doctor la atendiera. Por suerte, el señor Fang hablaba un japonés fluido, así que podía dejarles y tomarme un minuto para reflexionar cómo iba a llevar todo aquello.
Saqué a Eriol fuera y ambos esperamos en el pasillo en absoluto silencio. Se sentía un ambiente menos pesado que antes, pero aun así quería darle un puñetazo y largarlo de allí a patadas. No por lo de los e-mails ni por sus mentiras, sino por su "estrecha relación" con Sakura. Ella le defendía a capa y espada y no me gustaba. Nada. ¿Acaso habían estado juntos toda esa semana mientras me buscaban? ¿Habría sido ella su enfermera particular en el jodido hospital? Por alguna razón, que yo estuviera en china y él en japón, con ella… me irritaba más que su traición. La voz del doctor se oyó a través de la puerta y ambos dedujimos que ya podíamos entrar. Sakura estaba bebiendo un vaso de agua y tenía los ojos cansados. Pero parecía mucho más entera.
- Vale, joven Li. Su "buena amiga" se pondrá bien, pero le he aconsejado reposo durante una semana.
- Ya le he dicho que no puedo. Tengo que coger un avión mañana… - sentí cómo se rompía mi estúpido corazón.
- ¿Ma… mañana? – Sakura me miró con tristeza y asintió suavemente.
- No puedo dejar las clases y Yuko cuenta conmigo en el gimnasio. Además, tengo turnos en la cafetería… Tomoyo ya me ha sustituido demasiadas veces – apreté los puños y me contuve. Yo era la última persona del mundo con derecho a reñirla. Por suerte, mi buen doctor estaba allí para interceder por mí.
- Es mucho trabajo para usted. Su amiga nos ha pasado el historial de su enfermedad y no es para tomárselo a la ligera. Si gusta, puedo enviarle el teléfono de un par de cardiólogos en Tokio que pueden…
- No será necesario – Los tres la miramos, sorprendidos. – Ya sé todo lo que tengo que saber de mi corazón – El doctor Fang se cruzó de brazos y levantó el mentón.
- ¿Y no tiene miedo de que pueda sufrir una crisis?
- ¿Habla de un infarto de miocardio?
- Por ejemplo… - Sakura dejó el vaso a un lado y se incorporó lo justo para quedar sentada.
- Mire, doctor…
- Fang.
- Doctor Fang. Esta discusión ya la he tenido mil veces con mis médicos y también con mi padre y el pesado de mi hermano. No voy a quedarme en casa y ver las horas pasar. Esa no es una vida para mí.
- No hablo de eso. Pero sí que debería limitarse a ir al colegio y estudiar. El exceso de trabajo es…
- ¡Médicos! Se creen que lo saben todo. Pero lo cierto es, que no tienen ni idea de lo que mi corazón puede o no puede soportar.
Los tres nos quedamos sorprendidos cuando su voz le interrumpió. Por primera vez en mucho tiempo, noté frialdad y desprecio en su tono. Y no me gustó. Me recordaba a cómo era ella conmigo al principio. Antes de conocer su dulce carácter y sus sonrisas. Estaba a la defensiva y eso nunca era algo bueno. Sakura tomó aire y desvió la vista. El sol había empezado a salir por el horizonte y dejaba pasar sus rayos a través de la ventana.
- Mis padres sufrieron un accidente cuando yo tenía tres años. Iban con dos amigos. Ellos murieron al instante, ya que el camión golpeó la parte trasera del coche y prácticamente lo dejó como un acordeón… pero mis padres no recibieron un impacto tan severo. Aun así, mi madre murió cinco minutos más tarde por culpa de su débil cuerpo.
- Ya veo. Heredó su dolencia de ella.
- Sí… siempre fue delicada y enfermiza por culpa de su corazón. Y por eso se pasó su infancia recluida, siendo vigilada constantemente por mi abuelo. No tenía muchos amigos porqué estudió en casa hasta los quince años. Así que pasaba sus horas leyendo, fantaseando e imaginando cómo era la vida de una niña normal. Hasta que fue obligatorio asistir al instituto y mi abuelo no tuvo más remedio que dejarla salir de su estúpida burbuja de cristal – Sakura se apartó disimuladamente unas lágrimas rebeldes que se habían escapado de sus ojos y apretó las cobijas entre sus dedos - En… en cuanto salió al mundo se enamoró de mi padre y huyó de todo. De su vida en prisión, de su familia y de sus restricciones médicas. Vivió sus años libre, con amor y sin arrepentimientos. Y fue feliz. Sé que fue feliz porqué cada mañana veo sus fotografías. Una sonrisa radiante iluminaba su rostro. Jamás vi esa sonrisa en sus fotos de niñez… en ninguna… Por mucho que mi abuelo la amara y quisiera protegerla… no supo hacerla feliz.
El silencio reinó en el cuarto unos segundos, mientras todos intentábamos asumir sus palabras. Era la primera vez que la oía hablar de su madre y del accidente. Lo había oído todo de Tomoyo y Fujitaka, pero ver el dolor en sus ojos… era algo totalmente distinto.
- Pero murió joven. – Fue la voz del doctor la que nos sacó a todos de nuestras reflexiones.
- Sí, por un accidente.
- Si dice que fue una niña enfermiza, su afección debía ser más grave que la que usted padece ahora. Seguramente la habría llevado a enfermar de nuevo. Con el tiempo.
- ¿Qué tiempo? No lo tuvo. Puede que yo tampoco lo tenga. No lo sé. Nadie sabe lo que le pasará en el futuro. Pero sí sé, que se arrepentía de haber estado encerrada tanto tiempo, sumisa a los deseos de su familia y los médicos. Siempre decía que su mundo empezó a girar cuando conoció a mi padre. Y luego tuvo a Touya… y más tarde nací yo. Sobrevivió a ambos partos sin problema alguno y siguió viviendo. Ya no se mareaba tanto, ni tenía el cuerpo tan cansado. Y no tuvo ni un solo infarto hasta el maldito accidente. Se fortaleció y luchó contra todo pronóstico. Y lo hizo por ella misma.
- Señorita Kinomoto, son palabras hermosas, dignas de un cuento de hadas. Pero…
- No es ningún cuento de hadas, doctor. Mi madre fue muy real. Y yo haré lo mismo que hizo ella. Viviré según mis reglas. No pienso llevar una vida suave y tranquila rezando para que esta supuesta enfermedad no se agrave. He renunciado a las competiciones deportivas, a mis hobbies y a mis sueños olímpicos. Pero no pienso ceder en nada más. ¿De qué sirve vivir cien años si no los has vivido realmente? – el hombre me miró con ojos afables, pero luego soltó un suspiro.
- Juventud, divino tesoro…
- Cree que soy una niña estúpida e ingenua. Cómo todos.
- No, señorita Kinomoto. Sólo quiero que sea consciente de que, en esta vida, no todo es blanco o negro. Seguro que existe un gris en el que usted y sus médicos se sientan más cómodos…
- Dejar las competiciones. Ese es mi tono gris.
- Bien… sólo espero que no se arrepienta a sus treinta.
- Eso no pasará… cómo le he dicho, ustedes los médicos no lo saben todo.
- Los niños tampoco – la mano de mi doctor se posó en su hombro y le dio un par de palmaditas suaves – Cuídese, señorita Kinomoto. Hágame el favor.
- Lo haré, a mi modo – el doctor Fang soltó una carcajada y se alejó cruzándose conmigo en la puerta.
- Esta niña siempre tiene la última palabra ¿Eh, joven Li? No sabía que tenías predilección por las fierecillas…
- No se hace usted idea…
- Bueno, al menos dicen que son mejores en la cama. Pero eso ya es cosa tuya.
Me sonrojé como un maldito semáforo y le vi salir entre risas tontas. Eriol también me dedicó una sonrisa ladeada, pero bajo su rostro aparentemente travieso… parecía preocupado. Toda esa información lo había dejado tocado. Y para ser sinceros, a mí también. Creí que era una afección leve. Nada que pusiera en peligro su longevidad en un futuro. Imaginé que siempre podría volver a Tomoeda y ver su sonrisa… ¿Sakura podía morir joven? No quería ni pensarlo. Puede que ella no llamara a esos doctores, pero yo sí consultaría unos cuantos especialistas, aunque luego Sak me odiara por ello.
- No lo harás, Xiao Lang – abrí mis ojos y toqué mis labios. ¿Había hablado en voz alta? – No, no lo has dicho en voz alta.
- ¿Acaso ahora lees el pensamiento? – Eriol puso su mano en mi hombro, aunque la apartó en cuanto nuestros ojos se encontraron. Fue un acto reflejo del que se arrepintió al instante.
- Tío, eres transparente…
- Gracias por tu sabia aportación, Hiraguisawa.
- ¡Ya déjalo ahí, no seas malo con Eriol! – los tres nos quedamos callados unos segundos (rutina habitual, al parecer) pero finalmente el estúpido inglés salió y nos dejó a solas de nuevo. Así que caminé en su dirección y tomé asiento a su lado por ¿quinta vez? Ya ni lo sabía… - Quita esa cara… ya sabías que tenía una afección cardíaca. La bocazas de Tomoyo te lo soltó tras el festival.
- En realidad, fue tu padre. Pero no sabía que era algo tan… grave.
- No lo es.
- Ahora…
- Ni mañana.
- Pero dentro de unos años…
- No pasará – le di un beso suave en la nariz y aparté con mis dedos algunas lágrimas que sobrevivían en sus ojos.
- No sabía que tu madre había estado enferma de niña…
- Ya… no hablo de mi madre. La gente siente pena por mí y lo odio.
- Te entiendo…
- Yo, lo siento, no quería explotar así… son demasiadas emociones para un solo día y…
- Sakura… ya te he dicho que te entiendo, tranquila. De hecho, me alegro de saber esa parte de ti también. Además… yo te llevo ventaja en eso de perder los papeles y explotar. Sólo tienes que ver la cara amoratada de ese estúpido inglés – La oí sonreír por lo bajo y me deleité con su expresión, ahora relajada. Acaricié sus mejillas y dejé que mis dedos se entrelazaran en su corta melena.
- Te ha crecido un poco… ¿vas a dejarte el cabello largo otra vez? ¿Por tu madre?
- No lo sé… últimamente he tenido tantos líos mentales que ni siquiera he pensado en mi apariencia… - fruncí el ceño, sintiéndome culpable. – Oh, no… no quería decir… - vi como su mirada se endurecía y sus labios se fruncieron. – Qué diablos, sí. ¡Todo es culpa tuya! ¡He venido a gritarte, no a perdonarte!
- Entonces grita todo lo que quieras… me lo merezco – sus ojos pasaron del enfado a la ternura y casi se me escapa una sonrisa.
- Si accedes tan sumiso, no tiene gracia.
- Lo siento.
- Y deja de disculparte… me saca de quicio – me reí de buena gana y le pedí que se apartara para tumbarme a su lado. La rodeé con mis brazos y me ocupé de que estuviera bien acurrucada en mi pecho. Su respiración era pausada y podía oír el latido de su corazón. Normalmente eso me tranquilizaría, pero ahora que ella había contado la verdad detrás de su dolencia, me causaba cierto desasosiego.
- ¿Por qué has venido Sak? No creo que sea sólo para reñirme, y desde luego no es por el estúpido de Eriol – levantó la cabeza con lentitud y nuestros ojos conectaron lo justo para que nos derritiéramos. Así que agaché la cabeza y la besé. Muy lentamente al principio. Sólo saboreando sus labios y sintiendo su aliento. Pero poco a poco el roce de su lengua me perturbó y el calor de su cuerpo avivó el mío propio. Así que me aparté y dejé que mi mentón reposara en su cabeza mientras intentaba calmarme. – Joder, Sak…
- ¿Qué?
- No… no debería besarte así, estás enferma…
- ¿Tienes miedo de mis gérmenes? – la apreté contra mí con fuerza y negué con la cabeza.
- Me cuesta controlarme ¿sabes? Eres una tentación… toda calentita y con las mejillas arreboladas… - Sakura estornudó con fuerza y me reí – Vale… eso no ha sido tan mono…
- Idiota…
- Tonta…
Nos quedamos allí callados, sintiendo nuestra respiración y nuestros latidos. Ambos teníamos mucho que decir, pero ninguno quería hacerlo. Porqué sabíamos de antemano cómo acabaría la conversación. Pero si sólo teníamos veinticuatro horas, era mejor dejar las cosas claras y disfrutar de nuestro tiempo juntos. Por poco que fuera.
- Te quiero… muchísimo… - noté como su cuerpo se tensaba en mis brazos y no la dejé moverse. Ahora necesitaba que estuviera quieta, callada y sobre todo, que ese par de ojos jade no me mirasen. Porqué me moriría de la vergüenza. – Eres, sin duda, lo mejor que me ha pasado hasta la fecha y… si fuera por mí, pondría un cerrojo en esa puerta y te haría mi cautiva para el resto de tus días. Te cuidaría, te mimaría y no te dejaría respirar el mismo aire que nadie más. Serías, mía. Sólo mía. Para siempre. Quien sabe, puede que consiga una recomendación de los médicos para que me autoricen a ello…
- Xiao…
- Shhhh… tú sólo escucha por un momento – su cabeza castaña asintió en mi pecho y suspiré cogiendo fuerzas.
- ¿Recuerdas que te dije que, si no fuera un Li, me permitiría enamorarme de ti? – volvió a asentir – Te mentí… Soy un Li y ya estoy enamorado de ti. Y… quiero, deseo vivir todas esas experiencias tontas de las películas románticas contigo. Ya sabes… navidad, san Valentín, la cita del cine, la excursión al parque de atracciones con el beso en la noria… todo el paquete completo.
- No sabía que eras un cursi romántico…
- Ni yo. Pero…
Sakura se apartó con fuerza y me miró de frente. Tenía los ojos rojos y las mejillas totalmente arreboladas. Su cabello se había despeinado y sus labios estaban húmedos y cálidos. ¡Era tan tentadora! Por todos los dioses habidos y por haber… ¿qué me impedía tomarla aquí y ahora?
- No quiero oír un "pero". Sólo hazlo. Vive esos momentos conmigo. Vuelve a japón… - suspiré mientras me incorporaba un poco con el codo. Acaricié sus mejillas con mis dedos y le sonreí suavemente.
- Mi lugar está aquí… en china. En esta casa.
- ¿Por qué? ¿Por qué no puedes estudiar en cualquier parte del mundo? ¡No estás dirigiendo las empresas! ¡Eres menor de edad! No es necesario que vivas aquí para ser el heredero de esta casa. ¡Puedes estudiar en Tomoeda y graduarte allí!
- No, ya no. Es una condición contractual que puso mi madre cuando acepté que fuera mi tutora hasta los 21 años. Debo estudiar y vivir en china hasta entonces. Lo que haga más tarde con empresas Li, ya es cosa mía.
- ¿Qué? Por… ¿Por qué aceptaste algo como eso? – me levanté con cuidado de no alterarla y caminé hasta la cómoda de mi cuarto. Había una jarra con agua. Me serví un vaso y tragué su contenido de un solo golpe.
- Han pasado muchas cosas Sakura… mi madre siempre ha sabido manejar todo y a todos.
- Te ha chantajeado… ¿Con qué? ¿Conmigo?
- Basta… Podemos pasarnos todo el día discutiendo y puedo contarte los detalles, pero… ¿Para qué? Nada cambiará… He tomado una decisión y voy a cumplir con mi palabra. Es lo que hago siempre. Es lo que quiero que me defina como persona.
- ¿Y qué hay de mí? ¿No prometiste que no dejarías que me hicieran daño? – su expresión llorosa había ido desapareciendo y estaba empezando a notar como el enojo empezaba a ganar la batalla. – Dices que me quieres, pero no es cierto. Si lo hicieras, no me dejarías tirada como si fuera un trapo sucio.
- Sabes que eso no es cierto, sólo estás cabreada.
- ¡Claro que estoy cabreada! Mi… mi vida era muy fácil hasta que tu llegaste. Iba al colegio, estudiaba, salía con mis amigas, trabajaba y vuelta a empezar. Mi familia era mi mundo y todo era… era…
- ¿Perfecto?
- Aburrido… simple… rutinario.
- Sak…
- No me mal intérpretes. Una vida segura, estable y feliz es lo que muchos buscan, pero… yo nunca quise una vida así. La vida que tu describiste… vivir en Tomoeda, cerca de mi familia, casada con un hombre bueno y ejerciendo de maestra… es… una buena vida. Y sí, esperaba que la mía fuera así… o al menos, lo esperé cuando perdí mis sueños.
Recordé una conversación que tuve con Mei tras la gala de mi familia en el hotel. Meiling me dijo que la gente se conformaba con casarse, tener hijos y vivir una vida rutinaria. Dijo que pensaban que eso les haría felices y que luego descubrían demasiado tarde que no era así. Solté una pequeña sonrisa al recordar como los acusó de cincuentones idiotas que se compraban una moto para olvidar sus malas decisiones y disfrazar sus penas. Sakura parecía querer llegar al mismo punto. Miré su rostro. Sin duda tenía una batalla consigo misma. Fuera lo que fuera lo que quería decirme, le estaba costando horrores.
Caminé hasta ella y tomé asiento a su lado. Sus manos temblaban levemente y podía ver que estaba muy nerviosa. Quería darle calor y apoyarla, pero sólo le causaría más dolor. Por eso no quería ir a despedirme, por eso no quería estar más tiempo a solas con ella ni cruzar esa línea que tanto quería cruzar. Porqué el dolor… sería mayor. Mucho mayor. Y ahora ya me parecía casi insoportable.
- Te… ¿te contó mi padre como supe que tenía problemas cardiacos?
- Me dijo que te desmayaste en una competición. ¿Por qué?
- No era una competición cualquiera… eran unas pruebas de aptitud para acudir a Wooden Hight school, en Londres.
- Lo conozco. Es una institución privada muy reputada. La matrícula es carísima y tiene un cribado de admisión muy duro.
- Ya veo… ¿Así que crees que era imposible para mí llegar a entrar?
- No, yo… no quería decir… - vi su sonrisa traviesa, y supe que, a pesar de la seriedad del asunto, me tomaba el pelo. – Tonta…
- Son muy buenos a nivel académico. Pero también tienen el mejor equipo universitario de atletismo del mundo. Cada año envían a los mejores a las olimpiadas y siempre suben al podio. Si quieres una medalla olímpica en la categoría de los cien metros lisos, es tu instituto. Sólo si estudias allí puedes acceder a su universidad y a las becas completas.
- Vaya…
- Fui recomendada por un juez que me vio correr en varias ocasiones. Y accedieron a una prueba a pesar de mi corta edad. Querían que me instalara en la primaria adjunta para adaptarme a su nivel académico y al idioma. El inglés no es lo mío…
- Es todo un honor… debías ser…
- ¿Asombrosa? – Asentí con la cabeza. – Lo era… yo… no sabes cuánto me esforcé. Entrené durante semanas. Dedicaba todas mis horas libres a ello. Gané tres quilos en músculo y fui al gimnasio para fortalecer al máximo mis piernas. Estaba totalmente preparada. Iba a lograrlo. Nunca estuve en mejor forma… pero justo cuando llegaba a la meta y estaba por superar mi propio récord… mi mundo se volvió negro y el corazón me golpeó el pecho. Caí como un peso muerto. Tenía catorce años.
- Joder…
- Papá se volvió loco… Touya… jamás le había viso así… parecía un fantasma. La única que podía sonreírme era Tomoyo. Y aun así veía el rastro de las lágrimas en sus mejillas. Y tras meses de pruebas, resonancias y mil idioteces más… me dijeron que mi corazón era defectuoso. Acababa de cumplir los quince años – la miré, sin saber cómo debía reaccionar a eso – Bueno, obviamente no lo dijeron con esas palabras. Usaron mil jergas y presentaron decenas de informes, pero, en resumen, era eso. No podría competir ni hacer deporte. Nunca más.
- No quiero ni imaginar cómo te sentiste…
- Fue cómo perder a mi madre de nuevo. Cuando un niño pierde a uno de sus padres es… devastador. Ellos representan todo tu mundo. Son tus héroes. Te protegen de los fantasmas y de la lluvia y siempre crees que estarán ahí para abrazarte… Son lo más parecido a un dios. Obviamente daría lo que fuera por verla una vez más… pero…
- El atletismo fue tu refugio. El modo de dejar tu dolor atrás… - asintió con una sonrisa triste. Hablaba de su vida con tranquilidad, a pesar de lo mucho que debía costarle recordarlo. – Y también te lo arrebataron.
- Justo cuando creí estar en la cima de mundo. Sí.
- Lo siento Sak…
- Y yo. Lo sentí durante meses. Me encerré en mí misma y lloré para toda una vida. Pero luego me levanté. No tenía sentido seguir lamentando algo que no tenía solución. En vez de eso, recordé lo que me había dicho mi padre poco después del diagnóstico. Entonces no estaba preparada para oírlo.
- ¿Qué te dijo?
- Que hay más sueños que noches. Que no me limitara a pensar en lo que había perdido y que buscara la felicidad en las muchas cosas buenas que me rodeaban. No estaba muerta, y mientras viviera, podría seguir soñando…
- Es un gran consejo. Ojalá tu padre hubiera estado conmigo hace unos años… - noté su mano en la mía y le sonreí. – Perdona, no estamos hablando de mí.
- En realidad, sí, hablamos de ti y de mí. De nosotros…
- Sakura…
- Deja que continúe, parece que me voy por las ramas, pero en realidad todo tiene un sentido.
- Claro… continua. – nuestras manos se entrelazaron y cerré los ojos, para seguir oyendo su voz.
- Pensé en aquello que me hacía feliz y una vez más me comparé con mamá. Viviría mi vida fortaleciendo mi cuerpo y buscaría formar una familia que me diera calidez, comprensión y amor. Ese sería mi sueño. La vida que tú describiste en esa carta, era la vida que yo quería.
- Lo sé… y no hay nada de malo.
- ¡Claro que hay algo malo! Estaba equivocada. No comprendí el verdadero significado de las palabras de papá. Me limité a vivir la vida de otro. Una vida sin retos, emociones y aventuras. Me dije a mi misma que eso me haría feliz porqué mi madre lo fue así, pero yo no soy mi madre Xiao... no me parezco en nada a ella. – Aparté un mechón de cabello que se había escapado de su oreja y le sonreí con tristeza - Antes de que tú aparecieras en mi vida yo… no sabía lo que era ser estúpidamente feliz, porqué ya ni siquiera me acordaba de lo que sentía cuando competía. Correr, sentir el viento en mis mejillas, volar… era mi vida… me extasiaba y todo parecía más real entonces, era yo misma. La "yo" que siempre quise ser.
- Lo sé… te he visto correr…
- Y cuando estoy contigo… me… ¡Me vuelves loca! Cuando me enfado, lo hago a lo grande. Cuando me río, siento que se me parten las costillas y cuando me besas… yo dejo de pensar y…
- También lo sé… me pasa lo mismo – la abracé con fuerza y aguante a duras penas las ganas de gritar. Había esperado tanto que ella me dijera que me quería. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? Joder…
- No quiero perder esto también, Xiao Lang… no puedo volver atrás… estoy cansada de perder todo y a todos los que me importan…
- No digas eso… tu familia…
- ¡Sé que tengo a mi familia! Y a mis amigas y a muchas personas más. ¡Pero también te quiero a ti! ¡Especialmente a ti! Esto que estamos sintiendo no es más que el principio, lo sé… quiero más. ¿Tú no?
- Claro… mucho más – se apartó de mi con una sonrisa y negué con la cabeza – Pero si algo he aprendido, es que da igual lo que yo quiera. Sak… no puedo ir a Tomoeda y ser un "novio" normal… nunca podré serlo. Soy el único heredero de industrias Li. Ya te lo dije.
- Pero…
- Pero tu puedes venirte a china. – vi como sus ojos se abrían y me sentí algo culpable por recurrir a ese truco.
- ¿Eh?
- Ven tú. Yo pagaré tus gastos y me ocuparé de la matriculación. Mi madre se opondrá, claro. Pero no importa. Lucharemos juntos. No creo que se atreva a intentar arruinar a tu familia… así que sólo tendrás que acostumbrarte al idioma y vivir en una residencia de estudiantes. Yo siempre estaré ocupado, pero buscaré todos los ratos que pueda para escaparme e ir a verte. Y harás nuevos amigos, no tan buenos como los que ya tienes, pero seguro que alguno consigues cuando hables chino.
- Yo, eso… ¿qué? Eso es imposible… Tardaría años en hablar bien el idioma y no podría seguir las clases… y mi familia… yo no puedo… - levanté su mentón con mi dedo y le sonreí tristemente.
- Claro que no puedes. Lo sé, por eso no te lo pediría. Nunca. Por favor, no lo hagas tú…
- Eso no es justo… tú ya has vivido allí, tienes casa y amigos ¡Y lo adoras!
- Mi vida está aquí… la tuya allí. Y nada cambiará. No en mucho tiempo, al menos.
- Pero…
- Basta, por favor… es muy duro para mí también… yo… joder, Sak. Por eso no quería pasar por esto – me aparté de ella y me senté en la cama llevándome ambas manos a la cabeza. Mi cabello lucía siempre despeinado, pero estaba seguro de que ahora mismo era todo un nido de pájaros. – Sé que la culpa es mía, no debí dejar que esto llegara tan lejos. No debí meterte en mis problemas y no debí…. enamorarme de ti. Mucho menos desear tan desesperadamente que tú también lo hicieras.
- No es culpa tuya…
- No, yo… quería ser feliz al menos una puta vez. Y me mentí a mí mismo y te arrastré conmigo. Y lo siento.
- Yo no lo siento. Este medio año ha sido el más loco, el más absurdo, agobiante, alucinante y más asombroso de toda mi vida…
- Joder, sí que lo ha sido… ¿verdad? – noté sus brazos rodeando mi cintura desde la espalda y su calor me hizo temblar de nuevo.
- Por eso no puedo imaginar que termine así… ni siquiera hemos tenido una relación normal… yo…
- Sakura… no sigas…
- Pero…
- No me hagas esto… por favor… - oí un gemido escapar de sus labios y me sentí la peor mierda del mundo.
- Esta bien. Te entiendo. Pero te voy a pedir sólo una última cosa. Luego me iré y te dejaré en paz.
- No digas eso… sabes que, si fuera por mí, estarías aquí conmigo toda una vida, pero…
- Sí, sí. Me lo has dejado claro. No puedes. Eres un Li…
- Yo…
- Tú sólo di que lo harás.
- No puedo prometerte nada sin saber antes que… - su cuerpo se abrazó con fuerza a mi espalda y me quedé sin respiración.
- Sólo, di que lo harás. – Suspiré, resignado y asentí. – Dilo.
- Lo haré.
- Bien – se levantó de la cama y se puso justo frente a mí. No quería mirarla, pero me obligó a hacerlo, así que me limité a fingir una sonrisa tranquila, aunque me estaba muriendo por dentro.
- ¿A qué me he comprometido exactamente?
- Oh, no es nada. ¿Recuerdas el viaje de invierno? ¿El que tenemos que hacer en dos semanas? Esquí, aguas termales…
- ¿El viaje a Honshu? – ella asintió y tragué grueso… - No, yo… mi madre jamás…
- Vendrás. Lo has prometido. Considéralo tu despedida. La última cana al aire.
- Sak… me encantaría, de verdad, pero…
- Vendrás – vi sus ojos rojos casi al borde del llanto. Estaba esforzándose mucho por no flaquear y romper a llorar. Y no se lo estaba facilitando para nada. Joder, a la mierda. Claro que iría. Una semana con ella y con mis amigos. Mi madre no podía negarme eso. Ya no. Ya había logrado lo que quería.
- Sí, Sak. Vendré… claro que vendré… - una lágrima traicionera bajó por su mejilla y se la apartó con una brillante sonrisa que no me engañó para nada.
- Y serás mi novio durante toda la semana.
- ¿No lo hemos sido todo este tiempo?
- Lo serás de verdad. Nada de actuaciones, ni verdades a medias. – levantó su dedo meñique y frunció el ceño. Seguía roja por la fiebre y tenía el cabello revuelto, pero aún así seguía estando preciosa. Me rendí totalmente a ella y entrelacé su meñique con el mío.
- Te lo prometo… Sak
- Bien. Pues trato hecho.
.
Continuará…
Notas de la autora: Vale, me habría gustado darle unas cuantas vueltas más al capítulo, pero prometí publicar... jajajaja. Espero que les haya gustado. ¡Es todo tan injusto! ¡Maldita Ieran Li! A ver cómo sobrevive a esto S+S... porqué yo no veo cómo puede salir esto bien... ¿o sí? jajajaja. Un beso a todas y nos leemos en el siguiente. Punto de vista de Sakura y un viaje escolar. ¿Qué hará Sakura para intentar atar en corto al lobo? ¿O solo quiere un recuerdo más antes del olvido? mmmm... no sé no sé... un beso preciosas!
