LA MISIÓN Y EL CALLEJÓN DIAGON.
Hola, me llamo Percy Jackson, y junto Annabeth, que se ha autodenominado mi novia aunque no sienta nada por ella, Nico di Angelo -sombritas por parte de Will Solace-, Hazel y Frank -sí, son romanos, pero están aquí a petición mía para ver el campamento-, Jason y Piper, estamos sentados cerca del mar, hablando de la hermosura del Campamento mestizo.
- Hermoso, sin duda -nos dijo Hazel, sonriendo-. Muy hogareño y agradable. En el Campamento Júpiter, todo es mucho más... serio, siempre dispuestos para la guerra -asentí apoyándola.
- Y tanto -dijo Frank, pasándole un brazo por los hombros a la hija de Plutón.
- ¿Y cómo es la...? -empezó a decir Annabeth, pero entonces Will Solace apareció corriendo.
- Quirón os espera en la Casa Grande. Los quiere allí a todos. Está acompañado por Hécate y la diosa de la juventud-nos miramos extrañados y enfadados. No podía ser una misión, no siete meses después de la guerra, por favor, que no lo sea.
Sin embargo, me estaba engañando a mí mismo, sabía que por supuesto que lo era.
Me resigné a lo peor y me levanté lentamente. Cuando llegamos a la casa grande, vimos a una chica alta, delgada y pelirroja, de ojos marrones. Llevaba el pelo suelto, que le llegaba hasta las rodillas, y vestía una túnica roja con detalles dorados. Hécate, supuse. Al lado suyo estaba una niña de unos once años, baja y delgada, de pelo castaño y ojos azules.
Nos arrodillamos, hasta que Hécate nos sonrió y nos dijo que podíamos levantarnos. Luego Quirón nos explicó la misión: proteger a un niño de unos catorce años, el cual tenía sobre sus hombros una gran responsabilidad, matar a un mago tenebroso. Conocía aquello, era similar a mí. Para cumplir la misión, Hécate nos explicó, antes, que ella bendecía a ciertas personas con el don de la magia, pero no como sus hijos. Aquellas personas empleaban varitas para canalizar su magia. Nos dijo que, para realizar la misión, tendríamos que mezclarnos con los alumnos de un colegio llamado Hogwarts -tras escuchar el nombre, todos soltamos ruidosas carcajadas, porque, ¿a quién se le pudo ocurrir llamar "Verruga de Cerdo" a un colegio?-. Hécate sonrió y nos dio a cada uno una varita. La de Frank pertenecía a Godric Gryffindor, la de Hazel a Slytherin, la de Annabeth a Ravenclaw, la de Piper a Hufflepuff y las otras varitas eran una combinación de los cuatro poderes de los fundadores.
Luego, llegó el turno de Hebe de explicar su parte. Ella nos rejuvenecería para que pareciéramos estudiantes de catorce años y no llamáramos mucho la atención.
- Vendré a buscaros mañana a las nueve para comprar vuestro material escolar.
Todos asentimos y Hebe y Hécate empezaron a brillar,haciéndonos taparnos los ojos.
Me desperté, sobresaltado. Había tenido un sueño algo raro. En él, me hallaba en una mansión. Había seguido a un anciano hasta la parte de arriba, donde había una puerta entornada. Tras esa puerta se oían voces tramando un plan para matar al Elegido. Por desgracia, lo había visto seguirnos . Me volví para preguntarle qué hacía aquí sabiendo que era peligroso, pero me quedé atontado por su belleza: ojos verdes esmeralda detrás de unas gafas redondas, bajo, delgado y esmirriado y de indomable pelo negro azabache. Nuestras miradas hicieron contacto. Antes de que ninguno pudiera hablar, una inmensa serpiente paso por nuestros pies.
- Nagini me ha dicho que el anciano que cuida la casa está detrás de la puerta. Apártate, Colagusano, para que le demos el recibimiento adecuado. ¡Avada Kedavra! -dijo la voz que, aparentemente, salía del respaldo de una butaca. Estaba vuelto hacia nosotros. El anciano quiso escapar, pero del respaldo de la butaca salió una varita y lo apunto. Un rayo de luz verde salió de ella y el hombre se desplomó, muerto, en el suelo.
Ese había sido mi sueño, porque después Annabeth golpeó la puerta de la cabaña de Poseidón para despertarme. Me informo que Écate nos estaba esperando en la Casa Grande.
Llevé mi varita, junto a Anaklusmos, Contracorriente, en el bolsillo. Tenía que acostumbrarme a usarla, a pesar de que me diese la sensación de que pudiese arder con una simple llama o pudiera romperse con la mínima fuerza aplicada.
Écate nos Índico que nos cogiéramos del brazo.
De repente, sentí como si me estuvieran haciendo pasar por un tubo muy estrecho. Mis oídos se taponaron. Cuando por fin todo ceso, sentí náuseas. Ante mis ojos se veía una calle transitada en la que las personas caminaban hacia diferentes destinos. Delante había un bar destartalado, oscuro y sombrío. El Caldero Chorreante, se llamaba. Écate nos hizo entrar, y nos llevó hasta el patio trasero. Allí, golpeó con su varita en un ladrillo, por encima de los cubos de basura. Un agujero empezó a abrirse, hasta ser el paso a una calle adoquinada que serpenteaba hasta más allá de lo que alcanzaba la vista. Había muchas tiendas. la más destacada era un edificio muy grande y alto. Cuando llegamos ahí, pude leer algo como Totgrnigs. Había unas criaturas de dedos y pies largos. Écate le dijo a esa criatura que quería sacar dinero de su cámara. Se fue hacia ella, acompañada por esa criatura..
Cuando salimos de la tienda, nos llevó a comprar libros, y los hechizó para que estuvieran en griego antiguo. Después fuimos a comprar los calderos, y por último compramos las mascotas. A mí no me atrajo ninguna, prefería a Blackjack, pero sabía que, obviamente, no podía llevármelo a Hogwarts.
Sin embargo, aquello cambio al ver a una cría de pegaso no más grande que un gato.
- Tiene varios poderes mágicos. Por ejemplo, crea un poderoso vínculo mental con su dueño. Puede transportar a más de 2 personas cuando recupera su tamaño normal.
- Uau, me lo llevo.
Pagué 7 galleons, metí a la cría en un cesto de mimbre y me reuní con los demás.
Compramos pluma y tinta y nos volvió a coger del brazo para desaparecer y llegar al campamento mestizo. Después, cada uno se fue a su respectiva cabaña. Por mi parte, saque la cría de Pegaso y le dije que por favor recuperar a su tamaño normal. Era cierto, era más grande y robusto que los demás pegasos que había visto. El resto del día lo pase dando grandes paseos con el. Fue un buen día.
