El 1 de septiembre llegó muy rápidamente. Por suerte, había preparado un baúl con mis cosas el día anterior, a las once de la noche o así. También había encerrado a mi pegaso, llamado Jack, reducido al tamaño de un gato en un cesto de mimbre. Hécate nos esperaba a todos en la Casa Grande.
- Os llevaré a King's Cross, en donde tendréis que llegó al andén Nueve y Tres Cuartos. Cogeos de mi brazo, por favor -repetimos la operación del día en el que fuimos a comprar nuestros materiales.
Cuando abrí los ojos, pues los había cerrado, nos vinos en un callejón cercano a la estación. Hécate nos dio los billetes, y llegamos entre los andenes 9 y 10.
- Os he de dejar, tengo mucho que hacer -nos sonrió ella, y se alejó de nosotros.
- Fantástico -dijo Jason-. Ahora falta que nos perdamos aquí, intentando llegar al andén.
- No lo creo -dijo Piper, y señaló una gran familia de pelirrojos, un azabache y una castaña. Dos pelirrojos acababan de echar a correr hacia la barrera entre los andenes.
- Apuesto a que se van a estrellar -dijo Annabeth-, no puedes atravesar una pared así como as...
No pudo terminar, pues el par de pelirrojos atravesó la pared.
- Uau, genial -dijo Frank-. Yo primero -se echó a correr hacia allí. Hazel lo siguió con rapidez. Llegaron a la barrera. Un segundo después, ya estaban al otro lado.
- Vamos, Pipes -dijo Jason, y ella asintió con energía. Los dos echaron a correr. Le siguió Annabeth y Nico, y por último yo.
Antes de que pudiera atravesarla, sin embargo, llegó el chico azabache, saludándome con un gesto de cabeza. Atravesamos juntos la barrera. Entonces, me fijé en mi acompañante. Era el mismo chico que había visto en mi sueño. Nos separamos al ver a nuestros respectivos amigos. El silbato del tren sonó, alertándonos de que salía en cinco minutos, y subimos nuestros baúles y nosotros mismos. Empezamos a buscar un compartimento vacío. Entramos en uno y nos instalamos. Poco después, vimos a dos chicos y una chica pasar buscando sitio. Se volvieron a mirar y yo aproveché para hacerle señas al azabache de la estación. Lo consulté antes con mis amigos, y nme dijeron que no importaba si se sentaban con nosotros.
- Hola, si queréis podéis sentaros, aquí hay sitio.
Los chicos se giraron y nos miraron. El azabache se giró a consultarlo con los otros dos. Al final, abrieron la puerta y se sentaron.
- Hola, yo soy Hermione Granger.
- Yo soy Ron Weasley.
- Harry Potter, un placer, ¿quiénes sois?
- Me llamo Percy Jackson, encantado de conoceros -se fueron presentando todos. Harry se sentó al lado mía, y sus dos amigos enfrente.
- Tenéis acento extraño -dijo Hermione-, y además no os he visto nunca. ¿Venís de intercambio?
- Ajá -respondió Annabeth-, nosotros somos de una escuela de magia de los Estados Unidos.
- ¿Cómo se llama?
- Guardian's School -dijo esta vez Piper.
- Nunca había oído hablar de esa escuela, ¿dónde está exactamente?
- Oh, al igual que Hogwarts, se desconoce su situación exacta -dijo perspicazmente Annabeth-. ¿O acaso sabes dónde está Hogwarts?
- No, "Una Historia de Hogwarts" solo dice que está situado en Escocia.
- Además, no hay ningún documento oficial que testifique que hay dicha escuela, porque hay pocos alumnos aptos para ella.
El tema se cerró ahí. Después, Harry relató el sueño en voz alta, y Herms le dijo que escribiera Sirius, su padrino. A las doce y media, se produjo cierto alboroto. Una bruja que llevaba un carrito de dulces era la causante.
- ¿Tienes algo azul? -le pregunté al ella asomarse para preguntarnos si queríamos algo.
- Por supuesto, cariño -dijo-, tengo muchas cosas.
- Deme un poco de todo lo que sea azul.
Luego, una asiática le pidió algunas cosas. Miró a Harry y sonrió coqueta al ver que él la miraba, pero luego él volvió la vista hacia mí. Tuve una extraña sensación, algo de enfado y celos, pero, ¿por qué? Es libre de estar con cualquiera. Además, nos acabamos de conocer.
Me encogí mentalmente de hombros y abrí uno de los dulces.
Seguimos yendo hacia el norte, y vimos paisajes verdes y agrestes. Fuimos pasando por un puente y en ese momento Herms nos apresuró para cambiarnos. Las chicas se fueron al baño a cambiarse y los chicos nos quedamos en el compartimento. Cinco minutos después, habíamos llegado a Hogwarts.
Cuando salimos del tren, la lluvia nos golpeó fuertemente, como si estuvieran vaciándonos miles y miles de cubos de agua helada sobre la cabeza. Al bajar al andén, vimos a un gigante esperándonos. Estuve a punto de sacar a Contracorriente de mi bolsillo, pues pensé que era agresivo, pero Harry me detuvo.
- No pasa nada, es Hagrid, el guardabosques. Parece agresivo, pero en realidad es amable y cariñoso.
- ¡Los de primer año! -gritaba, tratando de llamarles la atención.
- Como sois nuevos, tenéis que ir con ellos, los de primero suelen ir a través del lago -nos informó Hermione.
- Guay -sonreí, pero Hazel soltó un gruñido.
- ¿No podemos ir con vosotros? -se quejó-. Los barcos no me agradan, me mareo.
- No, lo siento -sonrió tristemente Ron-, pero luego la vista es buena.
- Interesante -dijo Annabeth.
Nos fuimos con los pequeños y nos colocamos cerca del guardabosques.
- Vosotros sois los nuevos alumnos que Dumbledore me dijo que habría, ¿verdad?
- Así es. Soy Jason Grace, un placer.
- Bien, encantado, luego tendremos tiempo para presentaciones, pero ahora... -alzó la voz-. ¡Seguidme, los de primer año! ¿Ya estáis todos? Cuidado por donde pisáis, el camino resbala un poco.
Lo seguimos a tientas. Nos indicó que en la siguiente curva veríamos Hogwarts. Era una vista hermosa, un castillo lleno de ventanas, y muchas torres y torreones.
- ¡Ooooooohhh! -exclamamos todos excepto Annabeth, Jason y Frank, que dijeron: "¡Uau!".
Llegamos al borde del lago, que era negro y liso como el cristal. En el agua, nos esperaban una flota de botes. Todos eran iguales excepto uno, que era más grande.
- Cuatro por bote -nos informó Hagrid-, excepto vosotros -nos señaló-, que iréis juntos en el más grande.
Nos metimos todos, y con un "Adelante", la flota de botecillos empezó a moverse.
A mitad de camino, vi que un pequeño niño se había caído al agua. Me disponía a saltar para ayudarlo cuando un tentáculo salió del agua y lo puso suavemente de vuelta en la barca.
"Buenas tardes, señor", me dijo mentalmente. "¿En qué puedo ayudarle?"
"En nada, gracias, y por favor, no me llames señor".
"Sí, señor, perdón, señor. Adiós, señor".
Suspiré resignado y me dediqué a contemplar el hermoso castillo que había ante mí. Llegamos a un muelle subterráneo, que llegaba hasta el castillo.
Una profesora llamada McGonagall nos dijo un discurso, solo para explicarnos que había cuatro casas, que el sombrero nos seleccionaba para cada una de ellas y que si quebrantabas las reglas o las cumples ganas o pierdes puntos. Luego, nos llevó hacia un hermoso comedor. Todo era demasiado bello como para describirlo.
McGonagall puso ante nosotros un sombrero, que cantó una canción, y empezó a nombrar por orden alfabético.
- Y ahora, seleccionaremos a algunos alumnos que al principio vinieron de intercambio pero, por algunos motivos, se quedarán a terminar sus estudios aquí. Adelante, profesora McGonagall.
- Chase, Annabeth -dijo ella. La nombrada se adelantó.
- ¡Ravenclaw! -gritó el sombrero tras una pausa.
- Di Angelo, Nico.
- ¡Slytherin!
- Grace, Jason.
- ¡Gryffindor!
- Jackson, Percy -me adelanté al escuchar mi nombre. Capté la mirada de Harry, quien me levantó los pulgares sonriendo.
- Mmm, lo mismo que los otros tres, tenéis algunos secretos que ocultáis. Hijo de Poseidón, ¿eh? Tranquilo, no diré nada. Bueno, veamos... Muchísima lealtad, pero hay más valor, así que... ya sé... ¡Gryffindor!
Los de la mesa roja y dorada me aplaudieron, y mi uniforme se hizo igual al de ellos. Harry me hizo espacio a su lado y me golpeó la espalda.
- ¡Felicidades! -susurró, mientras Hazel era seleccionada para Gryffindor. Le siguió Piper, que fue seleccionada para Hufflepuff, y por último Frank, otro nuevo Gryffindor.
Dumbledore se levantó únicamente para decir "A comer", a lo que Harry y Ron gritaron un "¡Obedecemos!", haciéndome reír. Sin embargo, teníamos que realizar la ofrenda a los dioses.
Miré a Dumbledore en el preciso momento que sus ojos se dirigían hacia nosotros. Parecía como si pudiera leer la mente. Agitó su varita y un brasero con fuego apareció cerca nuestra. Nos levantamos y fuimos desfilando en el pasillo, vertiendo la mejor parte de nuestra comida. Cuando llegó mi turno, eché una salchicha y un filete, ofreciéndoselos a Écate y Poseidón respectivamente.
- ¿Pogué bo de da cobida? -preguntó Ron.?
- Ron, ¿sabes que eso es asqueroso, ¿verdad? -le preguntó Herms con una mueca en su rostro.
- Perdón -dijo él-. ¿Por qué lo de la comida?
- ¿No hay nada azul? -pregunté, desviando el tema, y sirviéndome algunas cosas. Vi un colorante azul cerca y le eché a la comida.
- Hola, me llamo Lavender Brown, encantada. Una cosa, ¿por qué lo comes todo azul? -preguntó una chica.
- Mi madre y mi antiguo padrastro tuvieron una discusión -contesté tras haber vaciado mi boca-. Él decía que no existía la comida azul, y, para demostrarle que sí, mi madre cocina comida de ese color.
Algunos rieron. El banquete prosiguió, con charlas animadas por todos lados. Tras haberme saciado un poco, aparecieron los postres. Agarré todo lo azul y, cuando terminé, Dumbledore se levantó y explicó que en Hogwarts se celebraría el torneo de los tres magos.
Luego, nuestros amigos se despidieron de nosotros y los que estábamos en la misma casa nos fuimos a la sala común. Por suerte, a Fran, a Jason y a mí nos tocó con Harry y Ron en la misma habitación. En cuanto toqué la almohada me quedé profundamente dormido.
