Hermione estaba sentada en el sofá frente a él. Tenía en su mano una taza de café frío a medio tomar. Los ojos estaban clavados en los suyos a espera de que por fin se dignara a articular alguna palabra.
Llevaban horas en aquella posición, las piernas de ambos se estaban acalambrando producto de la mala posición en la que estaban sentados.
La castaña suspiró profundamente y se limpió una lágrima traviesa que había alcanzado a escapar de sus ojos. Dejó la taza sobre la pequeña mesa entre ellos y decidió romper aquel silencio.
"Vine a escucharte, a estar contigo y a abrazarte pero para hacer eso tú tienes que soltarte."
El viento mecía las ramas del jazmín que se encontraba junto al ventanal haciendo que éste sea golpeado repetidamente. La tormenta era fuerte, el cielo no era gris, era mucho más oscuro y tortuoso.
Draco observó la borra de té que estaba al fondo de su taza. Parecía no decir nada. Levanto su vista para ver a su amiga a los ojos, esperando que de momento pudiera ocultar el dolor y mentir con la mirada.
Pero no fue así.
"Tienes que hablar, Draco..." dijo Hermione con la voz algo quebrada. Se puso de pie y se sentó sobre la mesa pequeña cuidando de no arrojar nada al suelo. Tomó sus manos en las de ella y lo miro a los ojos. Draco supo en ese instante que su amiga había elegido, lo había elegido a él y no podía no darle lo que pedía.
Con un nudo en la garganta, lágrimas luchando por escapar de sus ojos y el pecho doliendo soltó la primera frase.
"Duele, me duele. Me duele tanto." Soltó mientras su voz se iba rompiendo. Hermione apretó sus manos y con el pulgar realizó unos círculos para confortarlo.
"Tranquilo, solo di lo que sientes, dime lo que te duele, dilo."
"Él. Él me duele. Harry James Potter me duele. Me usó, tanto, que al final creí que ya no lo hacía." su voz seguía sin quebrarse a pesar de que las lagrimas habían logrado escaparse. "Me prometió que jamás me iba a lastimar. Me dijo que no podría amar a alguien que no fuera yo, me dijo que yo no era el error. Dijo que Ginny era una obligación y que yo era elección pero nunca fue así."
Hermione lo veía y escuchaba atentamente mientras que su cabeza generaba una recopilación de las veces que el día anterior Harry había declarado una y mil veces como Draco era un desahogo, un poco de aire fresco pero nada más que entretenimiento.
"Nunca fui su primer opción, ni siquiera podía competir con Cho y ambos lo sabíamos, pero yo fingía al igual que él. Yo quería serlo todo para él. Quería que me viera, que me quisiera pero, que lo hiciera de verdad." la angustia en su voz era palpable, aún así no se le quebraba la voz. "Lo esperé muchas noches. Lo esperé para cenar, para salir a dar un paseo por los jardines incluso lo esperé solo para hablar pero, yo no era para eso. Yo era la persona en la que descargaba su frustración" y en ese momento no aguanto la congoja. "Yo hubiera deseado ser lo suficientemente bueno como para que él no se fuera minutos después de haber acabado. Dejándome solo en la cama y sintiéndome abandonado."
Draco se arrojó a los brazos de Hermione y finalmente lloró. Él había creído que aquella noche la pasaría solo. Siendo conocedor de que el día anterior Harry se había casado con Ginevra, siendo conocedor de que finalmente todos, o casi todos, tenían lo que querían para ser felices, se creyó completamente abandonado en la vida.
Hermione había sido la única persona que sabía del amorío de Harry con Draco. Ella tenía conocimiento de que en la época escolar el niño que vivió había estado completamente flechado por el rubio y creyó que aún lo estaba, pero se equivocó.
Cuando el azabache soltó un discurso frente a ella sobre como se había desquitado, usado y desahogado con Draco ella entendió que el niño ya no estaba allí, que el rencor se había apoderado de un hombre al que desconocía.
Draco era su amigo, quizás no lo era tanto como Harry, pero lo era y ella lo había elegido. Desapareció de la Madriguera sin dejar rastro, no había nada que la uniera con ellos hace mucho precisamente desde que Ron se había casado con otra mujer, y fue directamente a Malfoy Manor.
Draco estaba solo, era capaz de cualquier cosa y ella era su amiga, tenía y quería estar allí para él.
Hermione acarició su cabello, mientras el rubio se refugiaba en el primer abrazo que le daban en mucho tiempo y lloraba todo lo que había callado.
"Realmente me hubiera gustado ser suficientemente bueno para él." soltó mientras tomaba aire tratando de calmarse pero, sin conseguirlo.
"Tú no tienes que ser suficientemente bueno para nadie más que para ti, Draco."
"Gracias por venir" Draco se separó de ella y limpió las lágrimas de su rostro.
"No me tienes que agradecer." hizo lo mismo que Draco y procedió a ponerse de pie. Bajo la atenta mirada del chico camino hacia la entrada donde estaba su bolso de cuentas violeta. Tomó de ella un pequeño paquete y volvió junto a Draco.
"¿Qué es?"
"Chocolate. Siempre nos hace bien y este este es tu favorito, tiene nuez."
Draco sonrió por primera vez aquella semana. El dolor estaba, ambos lo sabían pero ahora, estaban en compañía. Aprendiendo que son lo suficientemente buenos para ellos mismos.
