La noche había caído, el verano había decidido no hacerse notar. Draco se encontraba en el pasillo que llevaba a su habitación. Su madre había ingresado hacía ya dos horas pero cada vez que él se acercaba desde adentro le gritaban que por favor no entrara. Los nervios y la situación lo tenían al borde de un ataque de histeria. Ya todo estaba dicho y lo que se tenía que hacer estaba hecho, no había nada más. Había llegado el triste y doloroso final. Narcissa salió de la habitación de su hijo y nuera. Caminó hacía Draco y le regaló una sonrisa cargada de tristeza.

"Ella ya está lista hijo" acarició su mejilla con ternura. "Está esperando por ti. Dijo que le prometiste algo."

"Yo no estoy listo, madre." dijo con los ojos colmados de lágrimas que batallaban por salir. "No estoy listo para dejar que se vaya de mi vida."

"Nunca estamos listos para estas cosas, cariño. Créeme que te entiendo y que sé cómo te sietes pero, ponte en su lugar. Astoria está cansada de sufrir, solo quiere descansar y cree que llegó la hora de hacerlo."

"No puedo ver como se marcha."

"Prometiste acompañarla, le juraste que estarías allí hasta la última instancia y sé que quisieras evitar todo eso pero no puedes, Draco."

"¿Qué voy a hacer sin ella madre?" se separó de Narcissa y se recostó por la pared más cercana. "¿Cómo cuidaré de Scorpius? Soy un inútil como padre, no puedo hablar más de diez minutos con mi hijo sin discutir. Solo ella hace que las cosas entre nosotros estén bien."

"No eres un inútil como padre, Scorpius te ama. Y todo lo que ahora no sepas hacer o manejar lo aprenderás. Harás un excelente trabajo y lograras enorgullecerla."

"Sé que ella sufre pero, me gustaría sacar mi lado más egoísta y hacer que se quede junto a mí un tiempo más." su voz se quebró sin que é pudiera evitarlo. Llevó las manos a su rostro y limpió las lágrimas que habían escapado. Narcissa suspiró y se acercó para abrazarlo en un vano intento por infundirle confort.

"Lo sé cariño, lo sé pero, no es momento para que pienses en ti." obligó a Draco a que la viera a los ojos. "Debes entrar, ella no lo hará hasta que estés allí y cumplas lo que prometiste. Ambas sabemos que eres un hombre de palabra." Narcissa limpió las lágrimas de su hijo con el pulgar y le dio una pequeña sonrisa. "Ve, llámame cuando... cuando ocurra."

Draco asintió y se alejó de ella lentamente en dirección a su habitación. Cada paso que daba era más difícil. Todo su cuerpo temblaba. No quería estar allí, no quería hacerlo pero se lo había prometido y no la iba a dejar ir en soledad. Estiró su mano y tomó el picaporte. El metal estaba realmente frío. Varios segundos su cerebro y cuerpo no reaccionaron dejándolo en aquella posición con la mano extendida en contacto con el picaporte y la mirada fija en la puerta blanca frente a él. Inhaló profundamente y giró la perilla.

Solo cuando la puerta volvió a cerrarse Narcissa se recostó por la pared y lloró. No podía hacerlo frente a su hijo, ella también había dado su palabra.

Draco caminó despacio hacía la cama, Astoria estaba sentada allí con un hermoso vestido verde esmeralda el cual en su momento le hubiera quedado al cuerpo pero que hoy, parecía ser varios talles más grandes. Llevaba su cabello castaño suelto decorado con un pequeño broche de strass que sostenía su flequillo hacia un costado. Al parecer su madre la había maquillado delicadamente. Un suave rubor rosa realzaba sus mejillas acompañada de un labial del mismo tono. Ella le sonrió y Draco no pudo evitar llorar. Se arrodilló frente a ella y le tomó las manos.

"Estás preciosa, Tori." su voz se quebró con cada palabra. "Realmente preciosa."

"Quería verme linda para ti, cielo." le dijo con una sonrisa mientras acunaba su rostro entre sus delgadas manos.

"Siempre te ves linda para mí." respondió mientras se sentía un poco reconfortado por el contacto.

"¿Incluso con mis enormes ojeras y hematomas?"

"Sí..." su voz tembló y se obligó a cerrar los ojos.

"Cielo, quiero que me veas." pidió Astoria dulcemente. "Quiero que sepas que eres junto a Scorpius lo mejor de mi vida. Estoy agradecida contigo por todos nuestros años juntos, por todo el amor que brindas. Quiero que seas feliz, de verdad."

"Solo soy feliz contigo y nuestro hijo, amor." la congoja no podía ocultarse en su voz y ya no se empeñaba en disimular su llanto.

"Cielo, quiero que busques la forma de serlo sin mí, sé que lo vas a lograr." ella también lloraba ahora. "Debes ser feliz, porque lo mereces y Scorpius merece tener un padre feliz."

"No voy a poder."

"Por favor inténtalo." acarició con ternura el cabello de su esposo. "No te caigas, cielo, ni permitas a Scorp caer."

"Lo voy a cuidar mucho."

"Sé que lo harás pero, cuida de ti también."

Las palabras dejaron de resonar en la habitación por varios minutos. Solo los sollozos rompían el silencio del lugar. Draco seguía arrodillado frente a Astoria. Había colocado su cabeza en el regazo de ella mientras abrazaba sus piernas. La tristeza era palpable en el lugar. Ninguno de los dos lograba consolar al otro. El corazón de ambos estaba roto y sabían bien que eso no iba a cambiar pronto.

"Es hora, cielo." susurró Astoria haciendo que el llanto de Draco se intensificara. Ella estiró su brazo y aprovechando que su esposo no la veía bebió la poción que estaba en su mesa de noche, aquella que haría todo más suave. "Draco, amor, recuerdas que hace unos años me prometiste algo. Quiero que lo hagamos ahora, no me quiero ir sin eso."

Draco no respondió. Muy lentamente soltó las piernas de su esposa y se alejó de ella para mirarla a los ojos. Despacio comenzó a ponerse de pie, tomó su varita y apuntando al regaló que Hermione Granger les había enviado hizo que la música comenzara a sonar. La canción que habían tocado en su boda, para su primer baile como marido y mujer llenó la habitación. Desde la cama Astoria lo veía con los ojos aun brillosos.

"Debes ayudarme, no puedo pararme sola." dijo con una sonrisa.

Draco la tomó por la cintura y la alzó. Su cuerpo estaba tan delgado, no pesaba nada para él. No fue ningún problema cargarla hasta el centro de la habitación. La luz tenue de la luna llena que ingresaba por la ventana los bañó. Ambos acercaron sus rostros lo suficiente como para poder rozar sus frentes. Draco inclinó la cabeza y le dio un dulce beso en los labios, el cual le hubiera gustado que fuera eterno, mientras las lágrimas de ambos rodaban por sus mejillas. Cuando se separaron Astoria le regaló la sonrisa más hermosa de todas y luego apoyó la cabeza en su pecho.

Una de sus manos se entrelazó con la de Draco mientras la otra se aferraba a su hombro. Ambos se balancearon al son de la dulce melodía que los envolvía. El momento era casi perfecto.

"Dile a Scorpius que lo amo con todo mi ser, dile que no podríamos tener un hijo mejor que él. Dile que ame, que ame con todo su corazón a quién quiera. Apóyalo en todo lo que se proponga." dijo con voz extremadamente suave y calma.

"Lo haré, amor. Lo acompañaré siempre, en todo." respondió Draco mientras colocaba su barbilla sobre la cabeza de Astoria.

"Pídele ayuda a Daph y Herms, no seas terco. Ellas siempre estarán dispuestas a ayudarte."

"Lo haré. También cuidaré a Daphne, te lo prometo." Draco giró con el coro de la canción.

"Draco, eres un hombre maravilloso, deja que la gente vea eso." él no respondió.

Ambos siguieron balanceándose por un largo rato, sumidos en su burbuja. Pasaron varias canciones y el silencio los acompañaba. Casi todas las palabras sobraban. Draco sintió a Astoria suspirar profundamente.

"Gracias por mi último baile. Te amo, Draco, y lo voy a hacer eternamente." cada palabra salió menos firme que la anterior.

"También te amo, Tori, y va a hacer así incluso cuando mi corazón deje de latir."

En el preciso instante en el que Draco concluyó la oración la mano de Astoria que reposaba en su hombro cayó. El pesó en los brazos de él se hizo más notorio y su corazón se rompió al saber que lo que tenía que pasar acababa de suceder.

Draco abrazó el cuerpo de su esposa y se sentó en el suelo mientras lloraba. Ella se había ido como siempre había querido, bailando con él una última vez.