Disclaimer: Los personajes de MARVEL y DISNEY © no me pertenecen. La historia es creación mía, no tengo fines de lucro, salvo entretenerlos.
Notas de la autora: Diálogos en estas «comillas» son pensamientos del personaje.
.
.
Sábado en la mañana.
Steve se había levantado temprano, ya que debía ir al local donde tendría su futuro trabajo. Debía tener todo listo para la apertura, que sería el lunes. Había pensado en el martes en caso de que no alcanzase a terminar todo, pero los chicos que contrató de albañilería habían terminado justo hoy. Eso lo alegró mucho. Ya quería ir a ver cómo estaba todo.
Se dio una ducha rápida de cinco minutos y se puso ropa más cómoda. Un pantalón y una chamarra deportiva. A pesar de que no hacía deporte muy seguido, se mantenía bien físicamente.
Caminó hacia la cocina donde ahí estaban los trastes a medio lavar de anoche. Había olvidado la pequeña discusión con su amigo James. Soltó un largo suspiro, suponiendo que debía terminar la tarea de Bucky. Tomó el delantal de cocina, se lo puso alrededor de la cintura para no mojarse y comenzó a lavar los platos.
De pronto vino a su mente la imagen de Natasha anoche. Quería decirle que se veía más que espectacular, deslumbrante. Pero para variar, con aquella personalidad lenta, no le salían las palabras. Pero se lo había propuesto mentalmente de que haría un cambio. Esa mujer lo tenía vuelto loco e iba a hacer algo. Lo que Steve no sabía, era que él ya con su físico y su talento artístico, le estaba provocando cosas a Natasha. Sólo era cuestión de tiempo.
Terminó su labor, dejando la loza secando a un lado del lavaplatos y comenzó a preparar desayuno.
―Buenos días. ―escuchó Steve. Volteó para ver a Bucky que había despertado hace poco― ¿Cómo dormiste?
Al rubio le parecía extraño que James actuara tan natural, después de que ayer el mismo lo había tratado pésimo. Bueno, era una de las cualidades de su amigo. Se enoja un poco y al rato se le pasa. Algo que admiraba de él.
―Buenos días Buck ―contestó el rubio―, bien gracias... ¿y tú?
―Mas o menos. ―el muchacho se acercó al refrigerador abriéndolo y sacando una botella de leche― Tuve pesadillas, así que no dormí muy bien. Tal vez la cena fue un poco tarde.
―Quien habla de comer tarde, si te la pasabas metido en fiestas. ―dijo Steve en tono gracioso. Ya se le había quitado el enfado de anoche― Oye Buck, yo-
―Tranquilo Steve, no pasa nada. Me disculpo yo, me comporté como un idiota. ―lo interrumpió― Se nota que te interesa mucho esa chica, y por lo que veo, ella también tiene interés en ti. ―el rubio terminó de servirse una taza de café y se sentó en la silla de la barra de la cocina.
―¿Tú crees? ―James asintió―, es que Natasha es...
―¿Especial? ¿Guapa? ¿Hermosa y pelirroja? Claro, todas las anteriores. ―Bucky veía como el ceño de Steve se fruncía de a poco. Tomó un sorbo de su vaso de leche y continuó― Pero si es la verdad. Si la quieres, gánatela. Conquístala hombre. Tienes todo de tu parte y no lo usas.
―Sabes bien que no he tenido mucha chance con mujeres... Y ella...siento como si fuera inalcanzable. ―Bucky se atoró con un poco de leche al escuchar ese comentario por parte de su amigo.
―Steve ―se aclaró la garganta―, no seas idiota. ―dejó el vaso en la mesa y Steve miraba su taza de café aún― Conversa con ella y bésala.
―¿Qué? ―el rubio artista salió de su trance y por fin lo miró a los ojos.
―Bésala y sabrás si ella quiere algo más que ser sólo tu guapa vecina del frente. ―se encogió de hombros― A las mujeres hay que presionarlas, pero no tanto. A veces un shock hace más efecto que invitarlas todos los fines de semana a una cita y a ver si pasa algo. Al menos yo lo encuentro aburrido.
Rogers meditó la propuesta que le estaba haciendo su amigo. Tenía algo de sentido. Natasha se veía que era una mujer de armas tomar o más independiente. Sólo que a él le faltaba ese pequeño empujón para poder hacerlo. Tenía miedo a tomar la iniciativa.
.
.
Natasha terminó de realizar su rutina en el parque: trotar para calentar, un par de ejercicios como sentadillas, abdominales y volver a trotar. Le gustaba mucho ejercitarse y además estaba ansiosa de que llegara el lunes y poder hacer clases en la academia de ballet, que era su pasión.
Se fue caminando a su casa. Podría haber tomado el autobús, pero le gustaba observar siempre el paisaje, escuchando música e irse en un viaje que ella sentía que duraba horas.
Pasó por el local donde Steve tiene su estudio de trabajo y se detuvo. Ya podía verse que estaba casi listo para la apertura, faltaba limpiar algunos vidrios y barrer un poco el piso. Se sentía emocionada, ya que él la había invitado para el día de la inauguración. Iba a ir sí o sí. Quería estar ahí con él. Esbozó una sonrisa al recordar la primera vez que ella lo vio y había tropezado torpemente bajando las escaleras. No había sido el mejor encuentro entre los dos, pero eso quedaría en su memoria para siempre.
Sin querer, ya había llegado a su pequeño edificio de cuatro pisos. Miró la hora. Su reloj marcaba las 12:45 pm y su estómago ya le estaba reclamando algo de comida. No tenía ganas de cocinar, así que pediría algo para almorzar.
Subió rápidamente a su piso y como siempre: las llaves. Casi siempre o, mejor dicho, siempre se le perdían o se le olvidaba dónde las había guardado. Hasta que, por fin, las tenía en uno de sus bolsillos del pantalón. Solía extraviarlas porque su llave era muy pequeña.
―«Debo comprar un llavero...»
Entró finalmente a su casa, quitándose la ropa deportiva, tarareando alguna que otra canción que había escuchado desde su celular y encendió la ducha.
Sus músculos se relajaron en contacto con el agua tibia y se sentía bien. Tomó la botella de shampoo, colocándose un poco en su cabello húmedo y comenzó a masajearlo lentamente.
Cerró los ojos, meditando todas las cosas que han pasado en este último mes. Jamás pensó en su vida que podría volver a sentir cosas por una persona. Sí, anteriormente Natasha se había enamorado de alguien hace muchos años. Pero no resultó como ella esperaba. Decidió dar un pie atrás. Y desde ese entonces, que Natasha Romanoff no habría querido intentar algo con nadie más. Por lo demás, eran otros tiempos que eran mejor olvidar.
Pensó que, tal vez podría invitar a Steve a la salida con María y presentárselo. Pero luego desistió de esa idea. Sabía que Rogers estaba muy interesado en ella, Natasha quería estar segura de dar el siguiente paso. No quería arruinar las cosas como en el pasado. Todo a su tiempo.
―«Tal vez... en otra ocasión...» ―se respondió en sus pensamientos, esbozando una pequeña sonrisa. Le agradaba pensar en él.
.
.
Taller de Steve.
Steve Rogers se encontraba en su taller pensando en lo último que le había dicho su amigo Bucky con respecto a Natasha:
―Conversa con ella y bésala. ―susurraba Steve mientras observaba el lugar detenidamente, para fijarse en si existía algún tipo de imperfección, pero no, todo estaba perfecto. ―¿Qué tan difícil puede ser Rogers?
Se preguntaba así mismo. Botó un poco de aire para tranquilizarse. Estaba estresándose demasiado por la situación. Sólo debía ser él mismo. No iba a besarla, él no era de aquellos hombres que besaba porque se le antojase.
No podía ser como James, aunque él sabía a la perfección que había dejado ir a muchas mujeres por ser tan reservado. Y a aquella pelirroja simplemente no podía dejarla ir.
Trató de colocar uno que otro cuadro en ciertos puntos fijos de las paredes, pero necesitaba algo más, algo que sea hecho en Rusia. Algo que impacte a la gente de aquí, originario de esta ciudad que lo estaba acogiendo actualmente. De pronto, su mirada se dirigió a su izquierda, donde había un lienzo en blanco. Lo tenía ahí desde que llegó al local. Lo tomó y se lo llevó a la sala de trabajo. Lo acomodó y botó un poco de aire. Sabía que debía crear algo nuevo.
―Algo nuevo... ―susurró nuevamente, dirigiendo su mirada al gran vidrio. Observó a la gente que pasaba caminando, en autos o en bicicletas. Tratando de acorarse de algo que a él particularmente lo habría cautivado.
«Natasha...»
Salió del local, cerrándolo con candado. Tendría que salir a las calles para buscar aquella pieza que falta. Y a pesar que era hora de almuerzo, no tenía muchas ganas de comer. Porque cuando a Steve Rogers se le mete algo en mente, no existe nada ni nadie que pueda sacárselo.
.
.
Academia de ballet.
Había terminado de almorzar en su casa la fabulosa pizza que había pedido. Fue tanta que la tuvo que guardar en la nevera para que no se echase a perder. Quizás invitaría a los chicos para comer lo que quedaba.
Al entrar al salón de ensayo, le vinieron muchos recuerdos de lo mucho que deseaba hacer esto algún día. Quizás se trataba de un cliché el seguir los sueños. Pero realmente no le importaba, esto era lo que realmente la hacía feliz de verdad. A menos que...
Sin más que pensar, se dirigió a uno de los camerinos y sacó su bolso deportivo, colocándolo en una de las bancas de ahí, donde sacó su ropa para ensayar.
Ya vestida con su malla de color negra, sus zapatillas color crema y su cabello lo armó en un tomate. Estaba lista para un pre-calentamiento antes de comenzar.
De pronto, se vio en aquel espejo gigante que estaba en frente. Se miró unos minutos y se quedó pensando, si realmente valía la pena seguir con todo esto. Nuevamente la atormentaban sus miedos, el pasado. Era normal acobardarse, pero había luchado tanto tiempo, que era ridículo querer retroceder.
Dejó esos pensamientos de lado y se enfocó en realizar un estiramiento de piernas, más específicamente en los tendones. Se sentó en el suelo con las piernas extendidas frente a ella, para tocarse la punta de los pies. Luego de repetir eso al menos unas tres veces, se levantó para realizar otro tipo de estiramiento. Levantó la pierna derecha, posicionándola encima de la barra, para inclinarse encima unos segundos con la espalda recta. Lo último que realizó, fue un Split, estirando su pierna izquierda hacia el frente y la pierna derecha hacia atrás, estirándose lo más que podía. Se enderezó lentamente para volver a iniciar un par de veces más.
Ya estaba lista para empezar a bailar. Se dirigió a la pequeña mesa donde estaba la radio, a la cual le insertó un pequeño MP3 donde tenía las pistas. Lo puso en modo USB y empezó a buscar la canción.
De pronto, empezó a sonar "Romeo & Julieta", por Sergei Prokofiev, la cual está basada en la clásica obra de William Shakespeare. Esta obra era de sus favoritas. Un baile dividido en tres actos. Camino con paso firme hasta ponerse al medio de la sala, empezando a levantar la punta de los pies poco a poco...
.
.
Steve tenía la mente entre ocupada y distorsionada. Y el motivo lo sabía, lo tenía claro. La necesitaba en su vida. No tenía idea como iba a quedar con ella, de verdad no le importaba en lo absoluto. Lo único que necesitaba ahora, era verla y hablarle ¿de qué? Ni el mismo sabía. Recordó de pronto el consejo de Bucky: lo haría, la besaría y esperaría una respuesta.
Rogers jamás hace caso a estos impulsos, pero, el verla a ella cerca de su amigo, le carcomían los celos. Muy amigo suyo era, pero esta vez no lo iba a dejar ganar esta conquista.
Sus pasos eran apresurados, se dejaba guiar por sus pies, camino al apartamento de ella. Se puso a pensar rápidamente sobre qué pasaría si Natasha reaccionaba mal y lo terminaba golpeando. Y lo meditó porque, cuando Bucky llegó, ella no fue muy amable con él. No, ella no haría algo así, estaba totalmente seguro. Y era extraño, ya que, por lo general, Steve Rogers no era una persona confiada de sí mismo con este tipo de situaciones. Así que, por primera vez, se dejaría llevar por su corazón.
Cruzó la calle apresurado, cuando pasó un automóvil y le tocó la bocina. Ni siquiera se había percatado que venía algo, su mente claramente no estaba aquí. Cuando pisó la acera del otro lado, de pronto, se fijó que, en esa calle, había una academia de baile, y más específicamente de ballet. Sin pensarlo, Natasha vino a sus pensamientos de manera automática. Dios, empezaba a tener miedo de sus sentimientos. Tal vez se trataba de una obsesión, que varias veces se había puesto a pensar. Pero se negaba.
Se podía oír que salía algo de música, pero el letrero decía claramente "закрыто" (Cerrado) en ruso. Pero eso no fue impedimento para poder entrar. Empujó un poco la puerta y puso un pie dentro, cerrándola tras de sí. Puso atención un momento y podía escuchar una melodía a lo lejos que provenía de la sala de ensayo. Se dirigió hacia allá, con paso silente y se acercó al marco de la puerta sin asomarse por completo: Y la vio.
Natasha estaba bailando muy concentradamente. Daba unos giros casi infinitos, para luego, dar un salto hacia el otro lado de la sala. Levantó sus brazos, formando así, un arco bajo su cabeza, para terminar en el suelo con ambas piernas estiradas de forma sutil y delicada. Se volvió a poner de pie, colocando sus pies en punta muy lentamente. Ella cerraba los ojos y notaba que su respiración estaba agitada, su pecho subía y bajaba rápidamente.
Steve estaba embelesado con sus movimientos; era un sueño verla bailar, como si fuera de otro planeta. Nunca imaginó verla en esta faceta, y era lo que necesitaba para inspirarse aún más ¿pero se trataba del baile o de ella? Quizás nunca lo sabremos.
La pelirroja detuvo su baile y se dirigió a la radio para poner fin a la pista. Su oído se agudizó y sintió a alguien, dándose media vuelta y no encontrar a nadie en la entrada de la sala. Pero estaba segura que alguien la estaba observando. Natasha frunció el ceño y volvió su mirada a la radio.
―Eres muy buena. ―su voz se escuchó como eco en toda la sala de ensayo y ella volteó nerviosamente a verlo.
―¿Hace cuánto estás aquí? ―preguntó un poco asustada y algo enfadada.
―¿Eso importa?
―Por supuesto. Me siento invadida. ―Natasha respondió seria. Steve notó que ella estaba molesta por el simple hecho de haberla visto bailar a escondidas― No debiste verme... ―la pelirroja se estaba retirando de ahí, cuando Steve la toma por el brazo algo fuerte pero delicado.
―Nat
―No Steve, déjame, no quiero verte hoy. ―la rusa trató de zafarse del agarre, pero no pudo.
―Escúchame un momento...
―¡No quiero, déjame sola!
La muchacha abrió sus ojos como platos, porque Steve Rogers la estaba besando. Y endemoniadamente bien. Era un beso desesperado y temeroso, ella lo pudo notar. No tuvo opción. Se dejó llevar por el suave movimiento de sus labios con los de ella.
La pelirroja notó que el rubio se relajó y puso sus manos alrededor de su cintura, acercándola más a él, ya que estaba en puntillas. Natasha pasó sus brazos alrededor de su cuello para disfrutar más aquel beso.
Era toda una tormenta de sensaciones besar aquellos labios, para ambos.
Steve por su parte, estaba asumiendo que nada malo le iba a pasar, al no recibir un golpe, cachetada o algo por el estilo. Debía admitir que su amigo James tenía razón, nada mejor que un beso para aclarar sentimientos.
.
.
[Continuará...]
.
.
Finalmente se besaron :D
Otra cosa: No sé de ballet. De hecho tuve que leer mucho para poder colocar ciertos términos, los giros, etc. Me ha gustado sinceramente porque me gusta aprender cosas nuevas, al igual que de Rusia.
