Disclaimer: Los personajes de MARVEL & Disney© no me pertenecen. La historia es creación mía.
Notas de la autora: Letra cursiva y "en comillas" son llamadas telefónicas. Los diálogos «con estas comillas» son pensamientos del personaje.
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4 meses después...
Habían pasado un par meses en Rusia. El trabajo en la oficina y las clases de ballet que Natasha impartía seguía igual, como todos los días... pero había algo en su interior que la hacía muy feliz, y esa razón, era porque Steve Rogers había llegado a su vida inesperadamente.
Se habían mudado al apartamento de él, ya que era un poco más espacioso. Y con respecto a James, afortunadamente había encontrado trabajo y decidió irse para no seguir donde Steve y claramente, para que él tuviera más privacidad.
Rogers necesitaba tener además de un taller, un cuarto donde guardar material para realizar sus pinturas. A Natasha le encantaba que un muchacho como él se dedicara al arte.
Había días, donde él madrugaba pensando qué poder pintar, o simplemente, trazaba ideas, mediante bosquejos en croqueras. Y digamos que no tenía solo una. A Natasha todas le parecían estupendas ideas. Pero como a todo artista, el bloqueo siempre llega y es difícil salir de ahí, hasta que la inspiración vuelve a atacar repentinamente.
Pero tampoco es que Steve pasaba de largo todos los días. Eran aquellos días donde él sabía que tenía la idea y sólo debía concentrarse más en encontrarla; cuando eso pasaba, Natasha se levantaba a las 3 de la madrugada y le preparaba chocolate caliente; a Steve no le gustaba que ella hiciera eso. Pero terminó acostumbrándose a los mimos de ella.
Al igual que él, la pelirroja también pasaba de largo confeccionando sus clases para sus alumnas, aunque a veces también traía papeleo de su segundo empleo. Fury era un buen jefe, y a veces Natasha trabajaba a deshoras porque recibía buena paga. Hacía, además, horas extras en la oficina, llegando tarde, a veces, a las 11 de la noche; como buen compañero, él le servía la cena, además de tener la tina para un baño caliente después de una larga jornada laboral.
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La atracción entre ellos dos era demasiado fuerte. Sólo bastaba un tierno beso en los labios, para que ambos terminaran despojándose de sus ropas y deseándose una y otra vez.
Aquella habitación quedaba inundada de gemidos, que sólo compartían entre los dos.
Steve besaba su cuello delicadamente al terminar aquella ardua tarea y ella, sólo se dejaba amar por aquel hombre, que la hacía inmensamente feliz.
Claramente, el amor entre los dos era recíproco.
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—¿Has sabido algo de James? —Natasha rompió el silencio de pronto. Ambos estaban en el parque, disfrutando de una hermosa tarde de primavera. Menos mal, las bajas temperaturas habían ido desapareciendo poco a poco—, me contaste que había encontrado alquiler, y por eso estamos viviendo en tu apartamento... pero nada más...
—Cierto, había olvidado decirte —recordó él—, hace un par de días me llamó por teléfono. Me contó que está trabajando.
—Al fin —dijo ella entre risas—, no en serio, de verdad me alegro por él.
—Fue difícil, y eso que él tiene una profesión establecida —refiriéndose a su profesión de Abogado—, quizás era porque aún no sabía hablar bien el ruso. Pero tú le enseñaste bastante.
James Barnes pasaba todos los martes y jueves por la tarde, día en que Natasha no tenía que hacer clases de ballet, al apartamento. Natasha amablemente, le ofreció ayudarlo con unas cuantas clases. Para suerte de él, aprendió muy rápido frases y conjugaciones varias. Era realmente, una persona brillante.
—Es muy inteligente. Sólo debía aprender un poco de ruso. Un pequeño trampolín —respondió ella.
A Steve le encantaba contemplarla cada vez que ella hablaba. Además, que, aquel vestido tipo primaveral, su cabello pelirrojo ondulado, que caía por uno de sus hombros, la hacían ver demasiado hermosa.
—¿Steve? —llamó ella. Al parecer, el chico estaba embobado mirándola. Ella se daba cuenta de eso y lo encontraba hasta muy tierno.
—Si, claro que sí. Es un chico inteligente...de hecho, está trabajando en el departamento de policía internacional ¿te había contado?
Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de la pelirroja. No es que se haya alarmado, pero si, aquella noticia la había dejado en alerta. Claramente porque ella tenía un secreto muy oculto y que no debía enterarse nadie, menos James; aunque no debía preocuparse mucho. Hace como cinco años que ya no tenía 'ese' tipo de trabajos. Se había escondido bien y nadie de aquella agencia la buscaba. Debía respirar tranquila... por ahora.
—¿Nat? —ahora él la llamaba—, ¿estás bien?
—Si, disculpa... —retomó el diálogo—, me alegro bastante por Barnes. Realmente necesitaba el trabajo.
—Es verdad...
—Podrías invitarlo a cenar... para platicar con él —sugirió Natasha. A Steve le pareció una muy buena idea.
—Lo llamaré y le preguntaré... mejor le enviaré un mensaje —tomó su teléfono y comenzó a tipear. Bucky le respondió de inmediato y confirmó su ida a la casa para hoy en la noche.
Él le sonrió de vuelta y la pelirroja no podía desbordar más felicidad. Porque él era el causante de aquella mirada embobada; el rubio tomó su mejilla, acercando su rostro hacia él, sellando sus labios en un beso. Era delicado y profundo a la vez. Al se pararse por falta de oxígeno, Rogers preguntó.
—¿Vamos? —dijo ofreciéndole su mano para caminar—, sé que quieres un helado, mas allá hay un carrito que los vende.
—Steve, si querías tomar un helado me hubieras dicho, sabes que no me gustan mucho las cosas dulces —respondió molestándolo de vuelta.
—Lo sé, pero... ¿quieres uno?
La pelirroja soltó una risa y asintió. A Steve le gustaban mucho las cosas dulces.
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Las semanas iban pasando. James se acostumbraba muy bien al trabajo. Era un área que claramente conocía, pero que le dificultaba un poco por el tema del idioma.
Era viernes, y como de costumbre, siempre salía a beber algo con sus compañeros de trabajo, pero esta vez dijo que no. Tenía otros planes.
Estaba ordenando algunos papeles en su escritorio, claramente, el orden y esas cosas fue aprendido porque Steve era bien meticuloso.
Miró la hora en el reloj que estaba sobre la mesa. Marcaba las 20:30 pm. Se le había hecho algo tarde.
—¿Ya te vas? —escuchó una voz que provenía del marco de la puerta.
—Si, me iré temprano hoy —le respondió James a la rubia. Sharon sabía que Barnes era muy esquivo con ella.
—Ah, es que quería invitarte a beber algo. Digo, porque casi siempre sales con los muchachos de la otra sección.
—Me encantaría ir, pero, voy a otra parte. Quizás en otra ocasión —la detective se sintió muy pasada a llevar, además de que él ni siquiera la estaba mirando. Sólo se preocupaba de ordenar su bolso para irse.
—Que bien, no sabía que tenías amigos acá en Rusia —Jame seguía sin mirarla—, ¿puedo ir contigo?
A veces, James no quería sonar mal educado, pero la actitud de Sharon a veces lo hacía sacar de quicio. Intentaba contar hasta diez mentalmente, para no quedar mal con ella. Se detuvo en lo que estaba haciendo y decidió responderle.
—Sharon... —acomodó su bolso y pensando bien lo que iba a decir, habló—, iré a visitar a unos parientes —mintió. Él no sabía mentir bien. Pero en esta ocasión al parecer le había resultado.
—Bueno...—suspiró resignada— no perdí nada con preguntártelo —acomodó sus manos dentro de los bolsillos de sus pantalones—, que la pases bien. Nos vemos el lunes Barnes.
Dijo esto y se retiró. Realmente, ella la ahogaba, y para mas remate, era su jefa. Así que debía ser muy cauteloso.
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La rubia salió de la estación de policía cabizbaja. De verdad quería invitarlo a tomar unas copas, ya que lo encontraba bastante interesante. Ella quería conocer gente nueva. Quizás debía cambiar algo...
Su celular sonó, indicando que había recibido un mensaje. Guardó el teléfono en su bolso y se dirigió al lugar que le decía aquel mensaje de su amiga.
Entró a un bar y ahí la encontró, en una de las mesas de la intemperie, tipeando en su celular. Se sentó en frente y la escuchó decir.
—¿Pudiste convencerlo?
—No... no quiso acompañarme —apoyó sus codos sobre la mesa, descansando su mentón en ambas palmas de sus manos. Se veía muy desanimada—, tal vez... ni siquiera le caigo bien Wanda.
Wanda Maximoff dejó de escribir un momento para ponerle atención a las palabras.
—No seas ridícula mujer. Ningún hombre te ha rechazado —le mencionó seria—, eres guapa, inteligente...
—Pero no le llamo la atención, lo he intentado mil veces y no hay caso...
—Okey, necesitas algo fuerte —en ese momento, justo iba pasando un mesero—, me traes dos whiskeys en las rocas por favor... —el muchacho asintió y se retiró—, ¡gracias!
—No lo sé... es que...
—Ya, admítelo. Estás totalmente atraída por ese tal "Steve" —dijo ella marcando las comillas con ambas manos—, ni si quiera lo conozco ¿tan maravilloso es?
—Es guapo —el muchacho les había llevado los tragos. Sharon tomó el suyo, dándole un sorbo—, deberías verlo.
—¿Y no sabes dónde vive? —Wanda también tomó de su vaso.
—Claro que lo sé... —respondió. La castaña le iba a reclamar, pero ella habló primero—, pero no es sencillo...
—¡Cómo que no es sencillo! ¡Sólo tienes que ir a buscarlo! Por dios mujer, me extraña... —sacó un cigarro para encenderlo, escupiéndole el humo en el rostro.
—No es fácil Wanda... —tomó otro sorbo del whiskey—, es vecino de Romanoff...—Wanda abrió los ojos sin creer lo que ella decía.
—Pues... más fácil aún. Sigue a la mosca muerta de Natasha —sugirió ella—, no sé cómo no se te había ocurrido antes.
—Tengo cosas más importantes...se abrieron casos de nuevos asesinatos. Creo que dejaré de impartir clases en la academia de ballet —dijo esto con aire de tristeza—, además, quien sabe, quizás Barnes un día de estos si me tome atención —la castaña soltó una risotada burlona, a lo que el semblante de Sharon cambió a uno más serio—, ¿qué es lo gracioso?
—Por favor... según lo que me cuentas, ese tal James ni siquiera piensa en dirigirte la palabra si no es de trabajo. Lo asustas, aunque quien no con tu carácter.
—No es mi culpa que mi padre me haya criado de esta manera pero si, tienes razón. Creo que he sido muy dura con él las últimas semanas.
—¿Por qué no lo envías a mi unidad? —sugirió Wanda—, quizás pueda amaestrarlo mejor que tú. Te lo devolveré, no te preocupes.
—Apenas lleva dos meses trabajando, pero... —Sharon estuvo dubitativa un momento. Quizás no era mala idea—, ¿por cuánto tiempo planeas entrenarlo?
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10 de la noche y James era una persona muy puntual. Tocó el timbre del departamento de su amigo, encontrándose con Natasha. De pronto, recordó aquella vez cuando tuvo que ayudar a Steve a prepara una cena para ella y él, la había recibido. No había que preguntar nada, era más que claro, que ellos dos estaban viviendo juntos.
—Tanto tiempo James —dijo ella feliz, recibiéndolo con un abrazo. Él lo correspondió. Natasha era una mujer muy amable.
—Gracias Nat y si, han pasado sus meses... pero, heme aquí —respondió contento—, y traje algo —Bucky pasó una bolsa con algunas cosas, entre ellas un vino.
—No te hubieras molestado, si nosotros te invitamos —dijo recibiendo aquella bolsa—. Adelanta, pasa. Steve se está arreglando, para variar tarde... —Bucky cerró la puerta y claramente pudo notar, que había un toque femenino en el apartamento de su amigo. Varias cosas estaban más ordenadas y cambiadas de lugar.
—No te preocupes, es viernes, así que se puede demorar todo el tiempo que quiera, espero que no tanto —dijo él, mientras tomaba asiento en uno de los sofás del living.
—¿Quieres una cerveza? —preguntó ella desde la cocina.
—Si, me encantaría, gracias.
Steve salió de la habitación ya vestido. Vio a su amigo y fue, para darle un caluroso abrazo.
—Me alegra mucho verte Buck —dijo Steve—, hace mucho tiempo que no nos vemos, pero te entiendo. El trabajo debe tenerte agobiado.
—Si... aunque en realidad, más que el trabajo, es el ambiente ¿sabes? —Natasha volvió, entregándole una lata de cerveza a James— gracias...
—Debe ser muy duro trabajar para el departamento de policía local... —habló ahora Natasha, pasándole ahora una de las latas a Steve. Ambos se acomodaron en el futón y James volvió a tomar asiento donde estaba.
—Mi jefa es una loca —abrió la lata de cerveza—, además de fastidiosa...
—Hablas como si fuese una bruja ¿tan terrible es? —Steve no se creía que alguien fuese tan estricto en un trabajo. Pero era de esperar, ya que él era su propio jefe y manejaba su negocio. Nunca ha trabajado de manera dependiente.
—Las mujeres somos brujas, pero hay algunas que se pasan —Apoyó Natasha a la sentencia de James. Los tres rieron a carcajadas—, es decir, sé que debo apoyar a mi género, pero no se puede justificar lo injustificable.
—Natasha ¿quieres ser mi jefa? —le dijo Barnes en tono de broma.
—¿Y cómo se llama tu jefa? Quizás sabiendo su nombre sepamos por qué tiene esa forma de ser contigo —Steve le dio otro sorbo a su lata de cerveza.
—No creo que el nombre sea un gatillante de su carácter, pero esa Sharon Carter, es un horror... pero, mejor no hablemos de trabajo —Y él tenía razón, era viernes por la noche—, háblenme de ustedes...
Natasha sospechaba de algún modo, que se trataba de ella. La habían ascendido a jefa de policía local y ya no iba tan seguido a hacer clases a la academia de ballet. Además, que Steve le había comentado sobre el trabajo que había encontrado James, así que no había mucho que sospechar.
Pero debía estar alerta a cualquier movimiento...solo por si acaso.
—Bueno chicos ¿pasemos a cenar?, las brochetas están casi listas —habló ella, haciendo que Steve y Bucky se levantaran de sus asientos, dirigiéndose al pequeño comedor.
La cena había transcurrido tranquilamente. Risas y varias historias rondaban el apartamento de ambos chicos.
Steve abrió la botella de vino que Bucky había llevado, sirvió las copas, entregándoselas a cada uno.
—Y ¿Cuándo se casan? —preguntó James. El rubio no sabía qué decir, quizás para no incomodar a su chica Así que Natasha, fue en su auxilio.
—Tan pronto como tú encuentres novia —eso había sido un golpe directo. Luego de eso, Natasha bebió de la copa de vino.
Steve sintió latir su corazón de pronto... aquella frase lo había dejado dando vueltas. Pero sabía de ante mano que era sólo por contra atacar. Pero siendo sinceros, ¿ella aceptaría una propuesta así? Al menos él, nunca se le pasó por la mente. Pero no podía pensar así, era demasiado pronto para eso.
—Si, tienes razón —James le dio la razón a ella—, pero, sin trabajo no podía conseguir novia, así que, vamos de a poco.
—Te dejaré ganar esta vez Barnes...
Steve escuchaba a lo lejos las voces de James y Natasha... porque de pronto, sintió la necesidad de ponerse a pensar, si en algún momento de la vida, Romanoff daría un paso así con él... era muy pronto claramente, a penas llevaban unos meses viviendo juntos.
—Disculpen, debo atender —sacó su celular, dirigiéndose al balcón para poder hablar con más privacidad—, ¿Sí diga?
Era el típico sonido achicharrado, sin señal.
—¿Diga? —insistía la pelirroja. No se escuchaba nada hacia el otro lado, hasta que de pronto...
—"Координаты 55°45′21″N 37°37′04″E... Координаты 55°45′21″N 37°37′04″E"
Se escuchó del otro lado del auricular. Natasha no comprendía bien el mensaje, aunque si se ponía a analizar a la rápida, eran coordenadas. Hasta pensó que se trataba de esas típicas bromas por celular. Colgó, guardando su celular en el bolsillo, regresando con los muchachos.
—¿Pasó algo? —Steve le preguntó a su novia. Ella negó.
—Era número equivocado, nada de qué preocuparse —respondió de vuelta.
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Habían bebido demasiado, tanto así, que Steve cayó en un sueño profundo. Lo extraño era, que del tiempo que Natasha llevaba viviendo con él, jamás lo había escuchado roncar.
La pelirroja en cambio, no podía conciliar el sueño, y eso que se bebió casi toda la botella de Vodka; aquella llamada la tenía demasiado preocupada. Quería pensar que sólo se trataba de una mala broma...pero su sentido de alerta era más fuerte.
—«Tranquila Natasha, no era nada...» —repetía en su cabeza.
De pronto, notó que Steve se movió en la cama y la abrazó por la espalda. Eso de algún modo, la tranquilizó.
Finalmente, Natasha pudo conciliar el sueño gracias a Steve; el teléfono de ella estaba en silencio, encima de la mesita de noche, pero de igual modo, recibió un último mensaje del mismo remitente que decía:
«two days... "56°01′00″N 92°52′00″E»
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[Continuará...]
