Disclaimer: Los personajes de MARVEL & Disney© no me pertenecen. La historia es creación mía.

Notas de la autora: Diálogos con "comillas" son llamadas telefónicas. —«Diálogos con estas comillas y guion al principio» son pensamientos de los personajes. Los textos con comillas son «mensajes».

.


.

—¿De viaje? —dijo Steve impactado. Eran las nueve de la mañana y se había enterado que su novia había salido fuera de la región—, pero no me habías dicho nada de eso ayer Natasha...

"Lo olvidé por completo. En serio discúlpame Steve" —decía ella por teléfono. Estaba camino al aeropuerto arriba de un taxi—, "es una reunión de negocios. Fury me citó que fuera con él. Es muy importante para la compañía"

—¿Y a donde vas? —preguntó serio pero preocupado. Natasha no solía ser así de despistada, menos con su trabajo. Pero a cualquiera le puede pasar.

"Es en Siberia" —respondió—, "pero no te preocupes, será un par de días, nada del otro mundo."

—Si, no te preocupes, entiendo lo del trabajo —mencionó ya más calmado—, ten cuidado por favor y avísame a penas llegues a tu destino ¿está bien?

"Te avisaré Steve, no te preocupes..." —ella no escuchó nada del otro lado del auricular. Suponía que él estaba algo enfadado y no era para menos. Salió sin avisar de la casa. —"Te amo..." —esto tomó por sorpresa al rubio. Natasha no solía demostrar su cariño hacia él de esa manera, sólo lo hacía cuando estaban juntos. Pero ahora, era justo y necesario.

—También te amo, preciosa...—no podía enfadarse con ella. Por más que lo intentase.

Steve colgó el celular, dejándolo encima del comedor y pensando en lo repentino de este viaje. Dudaba pero no quería hacerlo. Él confiaba en ella. Natasha no era de esas personas que anda en malos pasos. Le preocupaba que la hayan trasladado a Siberia, que queda mas o menos a tres distritos lejos de Moscú. No sabía con exactitud cuando tiempo le tomaría en llegar hacia allá. Suponía que aquel viaje sería en avión.

Quitó esos pensamientos negativos de su cabeza para ponerse manos a la obra en la limpieza de la casa. No era lo suyo estando solo, pero tenía que hacerse. Fue en búsqueda de una escoba para empezar, cuando sonó nuevamente su teléfono.

—¿Y ahora qué? —Steve estaba perdiendo la paciencia, cuando de pronto, la voz familiar del otro lado del auricular le cambió el ánimo—, ¡Sam!

"¿Qué pasa amigo? Ya no te acuerdas de mi al parecer" —dijo el moreno—, "deduzco que el problema se debe a una chica bien guapa..."

—Lo siento, de verdad, estos últimos meses han sido algo locos —respondió Steve—, pero si tengo que confesarte algo, pues... si, estoy con una chica.

"Si lo imaginaba y debe tenerte bien obsesionado, ya ni respondes mis mensajes" —Wilson lo molestaba de vuelta. Steve no tenía donde ocultarse, pero era verdad—, "tranquilo, sólo quería saludarte y recordar cómo era tu voz"

—¿Cómo has estado? Ya ha pasado un buen tiempo —respondió Steve.

"Pues bien, el trabajo sigue y la vida también" —soltó una pequeña carcajada después de aquel comentario—, "¿Ya te estableciste bien?"

—Si, tengo el taller y he vendido mis trabajos. Me ha ido bastante bien, aunque al principio costó —de pronto el rubio cambió drásticamente de tema—, ¿te conté que James vino a Rusia también?

"¿James? ¿Barnes está allá?" —Sam no se lo podía creer—¸ "pero si ese tipo no tenía donde caerse muerto...además de pasar de fiesta en fiesta en la facultad"

—Vamos Sam, por más que digas eso de él, la pasabas bien con nosotros —se escuchaba del otro lado varias quejas de su amigo. Ellos tres habían estudiado en la misma universidad—, es verdad, no lo niegues. Y para que me creas, hasta se tituló de abogado.

"¿Me estás jodiendo?" —Steve escuchó una risotada más o menos por parte de su amigo—, "¡es que no te lo creo!"

—Pues así es, yo tampoco me lo creía, pero lo hizo, y ahora tiene trabajo acá.

"Bueno, fuera de broma, me alegro por él" —habló esta vez en serio—, "Ambos sabemos que su vida no fue fácil"

—Lo sé...por eso cuando me dijo su idea de venir, le dije que no tenía problema para quedarse conmigo un tiempo, hasta que encuentre trabajo —Steve siempre había sido un buen chico. Sam lo sabía y no se sorprendía de aquello.

"Imagino que me recibirás si me dejo caer por esos lares"

—Sabes que sí, Sam —dijo sentándose en el sofá un momento—, con Natasha estaremos felices de que vengas.

"Así que así se llama..." —Steve no se percató que había mencionado a su pelirroja. Para él ya era costumbre decir que estaba en pareja—, "Bueno amigo, no sé cuándo, pero prometo ir a visitarlos. Si es que siguen juntos, claro..."

—Sam... —el rubio formó una mueca de desagrado con aquel comentario.

"Te estoy jodiendo... Bueno, hablamos Steve, cuídate mucho. Me alegra que estés bien."

Steve se quedó pensando en cómo estaría su tierra natal de pronto. Extrañaba las calles de Nueva York, pasear en ellas en motocicleta...

.


.

El avión se demoró dos horas en aterrizar en el aeropuerto de Siberia. Si el viaje hubiese sido por tierra, seguiría aun en plena carretera rusa.

La pelirroja miraba su reloj, el cual marcaba las 15:03 de la tarde. Había llegado a una buena hora. A pesar de que arriba del vuelo dieron refrigerios, Natasha tenía su estómago hecho un concierto.

Salió con su pequeña maleta, su cartera de mano camino hacia algún restaurante más cercano y lo encontró. Pidió al mesero y sacó su smartphone para esperar mientras; abrió su WhatsApp para hablarle a Steve. No quería llamarlo por teléfono aún...no estaba segura. O eso era al menos lo que pensaba.

«He llegado... aún no tenemos alojamiento, pero ya encontraremos algo...te extraño»

Escribió finalmente. Aun no enviaba el mensaje... hasta que una voz la desconcentró y su dedo dio con el 'enter' del celular, enviándolo de todas formas.

—A tiempo, como es de costumbre... —dijo una muchacha de melena rubia, con el rostro tapado y anteojos oscuros.

—Supongo que nada ha cambiado ¿verdad? —respondió Natasha—, sigues teniendo la misma voz hipócrita de siempre.

—Me alegra de verte también, Natalia. —la llamó por su nombre— No has cambiado mucho en estos diez años. Te sabes esconder bien. Te cambiabas de domicilio unas tres veces al mes...no poseías ningún medio de comunicación...hasta ahora que te estancaste.

—Algo que haya aprendido de ustedes, no ¿Yelena? —Escupió enfadada. El sólo hecho de escuchar su voz le provocaban náuseas— ve al grano, ¿de qué trata el trabajo esta vez?

—No hablemos de eso acá, ten... —Le pasó una servilleta con una dirección—, ese es tu hotel, es de cuatro estrellas. No nos alcanzó para las cinco, tuvimos que pagarte el pasaje de avión, pero sé que estarás bien ahí. Recibirás instrucciones dentro de cinco horas. Mientras, podrías relajarte...

Natasha leyó la dirección y la memorizó. Lo único que quería, era regresar lo más pronto posible a Moscú y regresar con Steve. Tragó saliva algo nerviosa. No quería pensar en lo que debía hacer.

La pelirroja intentó mirar el rostro de Yelena, pero estaba muy tapado, como si quisiera esconderse de algo.

—Bueno, debo irme... —La rubia tomó su cartera pequeña, levantándose de la silla—, la misión no será tan terrible para ti, eres experta en esto...

—¿Por qué no lo haces tú? —la rubia volteó a verla—, digo, eras la favorita de papá después de mi...

—Créeme que no te hubiera contactado...pero actualmente, no puedo. Han pasado muchas cosas después del fallecimiento de tu padre... en fin... —Natasha arqueó una ceja no entendiendo bien aquella respuesta, pero lo dejó pasar—, nos vemos.

La mujer se retiró, dejando a una Natasha confundida. Le picó la curiosidad de saber que es lo que le pasó. Quizás en algún momento lo averigüe, mientras tanto, debía estar concentrada en esta misión para irse pronto a casa.

—Su pedido —llegó el mesero con un sándwich de pollo con un vaso de agua que ella había pedido hace unos momentos atrás—, que tenga buen provecho.

—Muchas gracias, —respondió en ruso.

El apetito le había vuelto al ver el platillo. Decidió comérselo, además que se veía delicioso. Le dio una pequeña mordida al pan, cuando siente de pronto su celular. Su corazón volvió a latir fuerte. Sacó el dispositivo del bolsillo y su alma volvió al cuerpo.

«Me alegro mucho que hayas llegado bien, espero que termines pronto tus reuniones por allá. No ha pasado un día completo y ya te extraño...»

Se le hizo un nudo en la garganta leer aquello. Steve era muy atento con ella, de eso no había duda alguna. De pronto, un par de lágrimas caían por sus mejillas y no tenía idea del por qué de esa reacción. Deseaba con todas sus fuerzas, que esto terminase para siempre.

Natasha se prometió a sí misma que le daría un final. Todo sea, por seguir en el corazón de su ahora novio.

—«Lo haré por ti, Steve... no más mentiras, a partir de hoy...»

.


.

James Barnes despertó en la cama, pero no de su apartamento y casi le da un infarto al no reconocer la recámara. Había olvidado que estaba donde Steve. Los chicos le insistieron que se quedara a dormir, que no tenían problemas, ya que había una habitación disponible.

Abrió la puerta de la habitación y vio a Steve en la cocina, quién se encontraba lavando algunos platos y copas por la cena de anoche. Dio un largo bostezo, haciendo que el rubio volteara para mirar.

—Buenos días James —dijo Steve sin voltearse a verle— ¿quieres café?, como en los viejos tiempos, cuando vivíamos juntos.

Bucky tomó una silla, sentándose en el pequeño comedor matutino y otro bostezo salió de su boca. Se dio cuenta de algo que hacía falta...y claramente hacía falta.

—¿Y Natasha? —preguntó—, ¿sigue durmiendo?

—Se fue de viaje, por dos días —su amigo abrió los ojos, despertando en totalidad con esa noticia—, lo olvidó por completo, me pidió disculpas y todo.

—Vaya, eso si no me lo esperé, ella no suele ser tan despistada ¿o sí? —dijo esto tomando la cafetera y sirviéndose en una taza aquella bebida humeante.

—No, casi nunca —se volteó a verlo, mientras se secaba las manos con un paño de cocina—, por eso se me hace extraño. Pero confío en ella. Entiendo que se le haya olvidado, a todos nos puede pasar algo así.

James frunció el ceño. Se le hacía demasiado repentino lo que Natasha acababa de hacer. Y no quería hacer sentir mal a Steve, pero debía decirle lo que pensaba de la situación, porque eso hacen los amigos.

—¿De verdad... no piensas que puede estar engañándote? —preguntó serio su amigo. Steve lo escuchó sin poder creerlo—, es decir, de la noche a la mañana te dice que tuvo un viaje urgente que hacer...

—James...

—Lo sé, sé que confías en ella. Es solo que se me hace todo muy extraño...

—Como sea... —dejó aquel paño encima de la baranda de cocina. Bucky pudo notar en el tono de voz y la molestia de su amigo—, me acaba de avisar que aterrizó su vuelo. Está en Siberia —Mencionó él abandonando la cocina—, te dejé un poco de pan además...

Steve entró a la habitación rápidamente. Claramente, aquel comentario lo tomó de muy mal gusto.

.


.

Siberia.

Tomó un taxi que la llevó a la dirección escrita en esa servilleta. Los nervios la carcomían por dentro a pesar de que ya había realizado estos trabajos en el pasado.

Quería librarse de esta realidad, pero era un círculo vicioso del cual había estado huyendo por más de diez años.

Debía encontrar la manera de poder salir de todo este embrollo. El problema era, que varias de las cabezas pensantes de esta organización son políticos importantes, con mucho poder y dinero. Nadie le creería a ella: una ex asesina y ex espía de la KGB.

«Claramente, nadie confiaría en mí...»

Natasha había llegado a la habitación de su hotel, que no estaba para nada mal. Era amplia, con un gran balcón y el cual tenía una vista enorme de la ciudad.

Dejó su mini maleta a un lado y su neceser en el baño.

Se miró en el espejo. Su rostro denotaba cansancio, claramente por el viaje. Pero no sólo era eso...aquel cansancio demostraba todo el esfuerzo que había realizado por salir de esta realidad. De una doble vida, que ya no quería seguir en ella.

De pronto, Steve apareció en sus pensamientos. No quería perderlo por nada del mundo. Él era un chico muy bueno, que la amaba y que además la consentía en todo.

El problema radicaba explícitamente en su doble vida desde la adolescencia ¿Steve aceptaría algo así? Claramente, no lo haría.

Steve se alejaría, además de odiarla de por vida. Estos eran algunos de los pensamientos de la pelirroja. Estaba totalmente devastada. Realmente lo amaba. Estaba decidida a pasar toda su vida con él.

Empezó a ver su silueta en el espejo algo nublado, ya que lágrimas estaban brotando con intensidad desde sus ojos. Ella no lloraba, casi nunca lo hacía. Por primera vez en su vida, sintió vulnerabilidad. Ellos no debían enterarse de que Natasha estaba enamorada ni menos, que conozcan a la persona o investigarla. Debía ser cautelosa, no demostrar ningún sentimiento que la pueda delatar: Debía esconder a Steve en su corazón cueste lo que cueste.

Se dio una ducha caliente para relajarse. Sus músculos estaban demasiado tensos con este viaje. Al salir encendió la televisión para amenizar un poco el ambiente. Sólo era un par de días. Después de eso, vería la manera de poder acabar con esta pesadilla viviente.

Se sentó en la orilla de la cama quitándose la toalla que llevaba en el cabello para poder secarlo mejor.

Un pequeño ruido se escuchó desde la puerta. Volteó rápidamente un poco asustada, pero en alerta. Alguien había dejado una carta debajo de la puerta. Fue lentamente hacia allá, la recogió del suelo para abrirla: Era el trabajo que debía cumplir.

.


.

Taller de Steve, Moscú.

Steve había salido camino a su taller. Seguía un poco enfadado por los comentarios de Bucky acerca de Natasha. Realmente lo odió por unos momentos. Su opinión era válida, cualquiera pensaría algo así. Pero Steve no era de esas personas. Él confiaba ciegamente en su chica. Ella no le mentiría ni engañaría...ni en sus peores pesadillas.

De todas formas, Steve debía abrir el local. Los fines de semana era donde más se llenaba de gente y ganaba el doble de dinero que los días normales.

Entró y colocó el letrero de "abierto", para pasar al fondo, donde estaba su taller de pinturas. Se dirigió a la repisa donde tenía sus brochas y su ropa que utilizaba para pintar. Se cambió rápidamente, ya que debía terminar algunas obras el día de hoy. Los clientes quedaron en venir a buscarlas hoy mismo.

Colocó en frente uno de los cuadros que estaba terminando. Sólo debía corregir algunos detalles para dejarlo perfecto.

La campanita de la tienda sonó, haciendo notar que un cliente había entrado. Sacudió sus manos un poco para estar presentable y se dirigió a la entrada para atender.

—Hola, buenas tardes, busco algunas pinturas para decoración...

—Si claro... —respondió Steve en el mismo idioma. Ella aún no lo miraba, pero la reconoció: era Sharon Carter. Y si hacía memoria, era la compañera de trabajo en la academia donde Natasha imparte clases y además, la jefa de James. Vaya que todo era un pañuelo. —Veo que te agradan las pinturas americanas... Sharon.

La rubia levantó la vista sin poder creer lo que veía delante. Steve Rogers estaba en la tienda. Estaba confundida, ya que lo veía con ropa manchada de pintura.

—¿Steve? ¿trabajas acá? —ella respondió impresionada.

—Si —respondió sacudiendo sus manos en la ropa—, aquí trabajo ¿quieres que te muestre alguna pintura en especial?

Carter estaba impactada. No podía creer que Steve estuvo cerca de ella todo este tiempo. Se dio un golpe mental para volver a la realidad.

— Si, de hecho había pasado por fuera en varias oportunidades, pero por tiempo no había podido entrar para ver... quería comprar un cuadro para mi padre. Estará de cumpleaños pronto —respondió la rubia un poco nerviosa. Ahora que estaba sólo con él, pudo observarlo con mas detalle. Era realmente guapo.

—Tengo una galería con algunos cuadros que quizás podrían gustarte, ven, pasa por acá —dijo amablemente, caminando hacia otro sector de la tienda, seguido de Sharon—, estos cuadros están un poco más baratos porque llevan tiempo. Elige con tranquilidad. Estaré al fondo por si necesitas algo.

—Si claro...muchas gracias Steve... —el rubio estaba por abandonar aquella sala, hasta que...—, disculpa... —el muchacho se detuvo para ponerle atención—¿tú eres el autor de todos estos cuadros?

—Así es —afirmó—, todos los cuadros son obras mías —la detective quedó impresionada con el talento de él. Probablemente lo imaginaba en algún trabajo siendo modelo o algo por el estilo, pero pintor, eso sí que no se lo esperó.

—Es maravilloso, realmente tienes mucho talento —dijo acercándose a una de las pinturas, la cual, era un paisaje de un atardecer—, jamás pensé que este local era tu lugar de trabajo...

—El mundo es muy pequeño —respondió el rubio, dedicándole una pequeña sonrisa, a lo que ella de igual manera, le contestó, asomándose tímidamente por sus labios—, bueno te dejo. Iré a terminar algunas cosas. Me avisas si te gustó algo.

El muchacho se retiró, dejándola sola en aquel salón.

Simplemente, no podía concentrarse en elegir alguno de los cuadros. Si fuera por ella, elegiría cualquiera. Pero debía escoger bien, ya que realmente era el cumpleaños de su padre.

Sharon sabía algo de pintura. Y pudo ver en varios cuadros, que Steve se iba mucho por el lado del impresionismo y realismo. Una mezcla de ambos estilos, que utilizaba bastante bien.

Paró en un cuadro que se encontraba al medio de otros dos, el cual le pareció hermoso. Era sencillo. Una calle común y corriente con algunas viviendas. En aquella calle, se dibujaba una persona, la cual miraba hacia el cielo nocturno. Se notaba que era invierno, ya que las ramas de los árboles no tenían hojas y, el cuadro era iluminado por una hermosa luna llena. Un cuadro perfectamente pintado.

Era el cuadro perfecto.

Sharon volvió hacia donde Steve estaba y lo vio trabajar un poco. Se veía muy concentrado. Hasta le daba un poco de pena molestarlo. Se aclaró la garganta y ahí, el rubio se percató de su presencia.

—Discúlpame —dijo él, dejando una de las brochas—, ¿decidiste algo?

—Si, a eso venía. Me llevaré un cuadro —respondió—, el del paisaje nocturno, está hermoso.

Rogers se quitó el delantal que llevaba puesto para luego, ir a buscar aquel cuadro que la rubia había escogido. Era de tamaño mediano, así que el rubio sacó una bolsa de papel para meter la pintura dentro.

—Y... —siguió ella—, ¿sigues viviendo donde mismo? Es decir, cuando te vi venías con Natasha, me contaste que eras su vecino.

—Si, donde mismo... —Steve seguía concentrado en su tarea de envolver bien aquel cuadro. Al mencionar a Natasha, sus pulsaciones se aceleraron un poco. La extrañaba demasiado—, aquí tienes. Listo para regalo y son... —Steve estaba sacando la cuenta en un pequeño cuaderno donde tenía anotados los precios de sus cuadros—, ₽1.990 rublos.

La rubia le pasó el dinero a él, guardándola en una cajita. Luego de eso, tomó la bolsa con el cuadro comprado.

—Gracias Steve, pasaré mas seguido a ver tus obras. Además de pasar la voz a mis colegas para que tengas más ventas.

—No me va tan mal, aunque no lo parezca...pero gracias por eso. —agradeció. Steve se percató que Sharon se había quedado perdida en sus pensamientos, así que la interrumpió— ¿Estás bien?

—Si, ya me marcho. Muchas gracias y un gusto verte de nuevo, Steve —ella tendió su mano para despedirse a lo cual, él respondió de la misma manera. Cerró la puerta de la tienda, haciendo sonar la campanita.

Steve miró su reloj, eran aun las 16:30. Tenía mucho tiempo para terminar sus trabajos pendientes y avanzar en algunos pedidos.

Pero había uno en especial, que estaba en uno de sus tantos blocks de dibujo. Aún no sabía que técnica aplicaría en la tela. Primero lo terminaría de plasmar.

Sharon aún tenía sus pulsaciones al máximo. Jamás pensó encontrarse con Steve Rogers en aquella tienda, y menos imaginar que él mismo era dueño y autor de todos aquellos cuadros. Le parecía fenomenal el talento del muchacho.

Rápidamente, sacó su celular para escribirle un mensaje a Wanda y comentarle aquella noticia.

.


.

Siberia.

Natasha se estaba preparando para salir a su misión. Sería de noche, como la mayoría de todas las que había hecho en el pasado. Sería muy fácil realizar aquello para ella.

Se recostó en la amplia cama de la habitación y puso música para relajarse. Aún le quedaba tiempo para llegar a la hora acordada y el lugar.

Extrañaba mucho a Steve. Su voz, su sonrisa, sus abrazos...realmente lo necesitaba a su lado. No se había percatado de la importancia que él había ocasionado en su actual vida.

Tomó su celular, pero no podía llamarlo. Podrían interceptar la llamada y enterarse de que ella tiene una relación amorosa. Aunque enviando mensajes de texto, era menos probable que sucediera; volvió a tomar su teléfono y empezó a escribir, pero ¿qué le diría?

«...Steve, espero estés bien. Ya tenemos alojamiento, es un hotel muy acogedor, tengo una cama para mi sola, sin tus ronquidos... te extraño...»

Suspiró melancólica. A pesar de que ella amaba y quería mucho a Steve, se sentía sola. Odiaba esta maldita vida. Estar en las sombras y ocultarse. Ahora que al fin había encontrado algo de felicidad, volvía a caer en el mismo círculo.

Pero algo haría para desbaratar todo esto...lo tenía más que decidido, pero temía el salir trasquilada de esto, pero era tal vez era un precio que pagar...

Su celular vibró. Inmediatamente lo tomó para ver de qué se trataba...una pequeña sonrisa se asomaba lentamente en la comisura de sus labios...

«...Eso me tiene muy tranquilo... Ya queda muy poco para vernos, ten paciencia. También te he extrañado muchísimo Nat. Cuando vuelvas, te tendré una sorpresa que espero te guste...»

¿Acaso podía ser mas perfecto? Pues para ella, lo era en todo aspecto.

.


.

[Continuará...]