Disclaimer: Los personajes de MARVEL & Disney© no me pertenecen. La historia es creación mía.
Notas de la autora: Capítulo +18 y lenguaje ofensivo. (Si eres menor de edad, no me responsabilizo de los traumas)
Lo que empiece y termine con (...) son flasbacks
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Sábado 23:20 pm, Krasnoyarsk, Siberia.
La misión era sencilla: asesinar lo más limpio posible a Nikolai Petrova. Un activista joven, de partido político donde estaba llevando a cabo, una operación para desbaratar carteles de droga en el país. Alguien de bien, pero para la agencia, este sujeto era peligro inminente, ya que, si desbarataban estas agrupaciones, la nueva y mejorada KGB no podría seguir operando. Recibían dinero de éstos pasa subsistir.
Natasha tenía muchos sentimientos encontrados. Iba a matar a un hombre que hacía un bien mayor, y él podía, de alguna manera, hacer que todo esto saliera a la luz de una vez por todas. Era terrible la decisión que ella debía tomar.
Si lo hacía, sus manos nuevamente, estarían manchadas de sangre. No quería hacerlo.
Pero tenía que...
Se encontraba en la azotea de un edificio. Vestía completamente de negro para pasar desapercibida. En su espalda, sacó un rifle francotirador, el cual colocó encima de un trípode para poder manejarlo; su objetivo se encontraba a 500 metros de ella. El dato que le habían dado del sujeto, era que, a esa hora, estaría saliendo de un hotel, ya que estaba promocionando una charla. Después de eso, se iría a un apartamento cerca de ahí, que imaginaba era su lugar de descanso o su casa, quien sabe.
Miró su reloj. Eran las 23:25. Debería llegar en unos 10 minutos más. Su corazón latía tan fuerte, que podía sentir los latidos en sus oídos. Hasta pensó que le estaba dando alguna alza de presión arterial. Pero ella sabía que eran sólo nervios. Años sin hacer este trabajo...
Pasaron los minutos como segundos y ahí tenía a su blanco, el cual había llegado a la habitación. Podía verlo a través de la mira; no estaba segura de actuar ¿realmente tenía que hacerlo? No había nadie más que lo hiciera.
Se acomodó en frente del rifle, apuntándolo. El sujeto estaba moviéndose demasiado. Así no podía hacer un disparo limpio. Eso la frustraba demasiado ¿estaba bien pensar así? Iba a asesinar a alguien... definitivamente necesitaba de alguna manera, terminar con todo esto.
De pronto, su blanco se estabilizó. Se quedó quieto frente a un espejo. Se estaba quitando la corbata. Este era el momento preciso para realizar aquel disparo.
—«Uno...»
Empezó a contar ella en su cabeza. Natasha intuía que su presión arterial ya bordeaba las 200 pulsaciones por minuto, aunque sabía que era imposible ¿dónde habían quedado sus nervios de acero?
—«Dos...»
Posicionó su dedo en el gatillo, quitó el seguro de su arma...sólo un segundo más...
—«Tres...»
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Domingo, 19:30 pm. Vnukovo (VKO), Aeropuerto de Moscú.
Se sentía nervioso. A pesar que fue por super poco tiempo aquel viaje, tenía muchas ganas de volver a ver su novia.
El vuelo debía llegar a las 20:00pm. Y Steve, como era un poco ansioso, prefirió llegar media hora antes. Lo genial, era que había podido terminar varias de sus obras que tenía pendientes. También logró vender unos tres cuadros extras, así que, por ende, dinero extra.
Y lo mejor de todo, era que hoy volvía Natasha. No podía pedir más a la vida.
Se sentó a esperar otros minutos. Ya no quedaba nada para que el vuelo aterrizase. Se sintió idiota de pronto, ya que volvía a sentir las tontas mariposas en el estómago, como si fuese la primera vez que la hubiera visto. Respiró profundo para tranquilizarse. Sacó su celular para escuchar algo de música mientras esperaba.
Cerró sus ojos de pronto, relajándose con la música de su dispositivo, recordando algunas anécdotas de cuando conoció a Natasha. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Hasta se sentía ridículo, porque reía solo. La gente lo miraba extraño, pero prefería estar de esta manera, como un loco enamorado de su chica.
De pronto salió del trance, ya que su celular vibró con un mensaje de ella.
«Aterrizó el avión...estoy ansiosa por verte»
Steve gira su mirada hacia la pantalla, donde mostraba el vuelo de Natasha, que mostraba el mensaje de "SIB-735 Arrived".
Natasha le había dicho que no se preocupara por ella, que no era necesario que él la fuera a encontrar al aeropuerto. Pediría un taxi y listo. Pero Steve era demasiado servicial. No iba a permitir que ella se devolviese sola.
Se dirigió hacia donde salen los pasajeros de desembarques nacionales. Salía mucha gente, familias, adultos, adolescentes, adultos mayores. Pero aún no podía divisar a su pelirroja.
De pronto, alguien le toca el hombro. Asustado, voltea a ver quién era.
—¿Viste un fantasma, Rogers? —Natasha se quitó los anteojos de sol—, te comieron la lengua los ratones.
Steve estaba un poco en shock. Pensaba que ella saldría por esta sección. Y bueno, a pesar de que él siempre la sorprendía con cosas, era él, quien se sentía realmente sorprendido por ella.
—Estamos en el aeropuerto de Moscú, Steve —volvió a hablar ella—, tiene dos salidas de pasajeros. El de Sheremetyevo tiene una sola —rectificó—, supongo que te confundiste...
—Tienes razón —al fin había articulado palabra—, soy un idiota.
—Si, es verdad —Steve la observó un poco ofendido, sus ojos de cachorro lo delataban. Ella no podía resistirse a su mirada—, pero el idiota que más extrañé estando fuera...
Ella se acercó rápidamente, donde el rubio la atrapó en un abrazo profundo, hundiendo su rostro en el fino cuello de ella; Natasha lo abrazaba fuertemente, acariciando el cabello de éste. Dios, como extrañaba su perfume.
Habían sido solo dos días de ausencia, donde ambos se habían extrañado mucho. Ahora, era de esperar, que los "viajes" repentinos no sean tan seguidos. Eso esperaba Natasha al menos, ya que tenía que arreglar todo este albedrío de una vez por todas.
La pelirroja se separó de él un momento, para finalmente, besar aquellos labios, que eran de su propiedad; Steve rodeó la cintura de ella, acercándola más a su cuerpo, sin detener aquel beso, que demostraba amor puro; luego de otros segundos, se separaron por falta de aire.
—Bienvenida a casa... —dijo en un susurro, mientras pegaba su frente con la de ella.
—Gracias Steve... —Natasha sonreía. Estaba feliz de volver.
Salieron para tomar uno de los taxis tipo transfer que se estacionaban afuera para tomar pasajeros. Steve, como era de esperarse, tomó la maleta de su novia, guardándolo en la parte de atrás, donde debe ir el equipaje. Ella se subió, seguido de él, cerrando la puerta de corredera. Ahora, camino a casa.
—¿Pudiste terminar las obras que tenías pendiente?
—Si, las terminé justo a tiempo. Las vinieron a buscar hoy en la tarde —tomó su mano entrelazando sus dedos con los de ella—, además, fue mucha más gente al local, además de realizar muchos más encargos. Así que tenemos un poco más de ingresos este mes.
—Me alegro mucho Steve, eres un buen artista. Todos aman tus obras —Ella lo miró a los ojos y él, sólo se dedicó a responderle con una sonrisa tan cálida, que derretía su corazón. —continuó ella— ¿Cuál es la sorpresa que me dijiste que tenías? —Natasha sacó de sus pensamientos a Steve—, recuerdo que me escribiste eso.
—Señorita Romanoff, usted es una persona muy ansiosa.
—¿No me vas a contar ni siquiera de qué se trata? —Steve soltó una pequeña carcajada. Natasha parecía una niña pequeña preguntando tantas veces—, Steve...
—Tranquila, ya verás —respondió él con toda la calma que sólo él podía entregarle.
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El transfer los dejó a fuera del edificio. Steve cerró la puerta y agradeció al conductor, pagándole la tarifa. Como era fin de semana, subía un poco, pero menos mal, tenía dinero de sobra para eso.
Natasha se dio cuenta de inmediato cuál había sido la sorpresa que Steve le había dicho. No había que adivinar tanto. Él permanecía callado, esperando alguna reacción de ella.
—Así que... —dijo ella—, finalmente la compraste.
—Si, no pude evitarlo. Pero sé que te encantará pasear en ella.
Steve había comprado una motocicleta. Él le había comentado que le gustaría tener una. Así podrían salir a pasear a muchos lugares juntos. A Natasha le fascinaba la idea. Así que, lo felicitó con un tierno beso en los labios.
—Felicidades Steve, está preciosa. —sonrió ella. Para Steve, la motocicleta había pasado a segundo plano. Sólo la necesitaba a ella para ser feliz.
Subieron las escaleras, hasta el quinto piso, que era donde vivían. Natasha de pronto miró hacia al frente. Era la puerta de su antiguo apartamento. Como ella se había cambiado, ahora estaba en renta. Y al parecer, aún no llegaba nadie a vivir ahí. Dio un suspiro de nostalgia y se giró hacia su actual hogar: junto a Steve.
—Estoy agotada... —se tiró en el sofá—, extrañaba tanto volver. Las reuniones son aburridas —ella sabía de antemano que mentía, pero debía hacerlo, hasta solucionar toda su vida como ex agente. Se quitó los zapatos de tacón que llevaba puestos dejándolos a un lado.
—Ya lo creo —Steve cerró la puerta del apartamento, dejando la maleta de la pelirroja a un lado—, ¿quieres comer algo?
—¿Y si pedimos algo? —sugirió— además, es tarde para cocinar.
—Es una buena idea —Natasha sonrió ante esa afirmación. El rubio sacó el teléfono de su bolsillo—, ¿puedes traerme aquellos folletos? Hay números para llamar.
—Steve, ¿sabes que existen aplicaciones donde puedes pedir la comida, verdad? —arqueó una ceja. El rubio no era muy tecnológico al parecer.
—Si, tienes razón. Lo siento, no suelo usar esas cosas. Soy más tradicional.
—Lo sé, me he dado cuenta. —Se levantó del sofá, acercándose hacia él. El rubio no pudo esconder el pequeño rubor de sus mejillas. Más por tenerla tan cerca de sus narices, era por lo anticuado— Eres como un anciano encerrado en un cuerpo de adulto joven...
—Si, tal vez deba modernizarme un poco...
La tomó por la cintura, acercándola hacia él y depositando un pequeño beso en la comisura de sus labios. Algo tierno por su parte.
De pronto, Natasha tomó su rostro, acercándolo al suyo para besarlo con fuerza, a lo que Steve respondió de la misma forma. Y esta vez, el rubio se atrevió un poco más, en tomar con sus manos, el trasero de ella, gesto que pudo traducir a una sola cosa...
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Domingo por la noche y James Barnes estaba en el bar, sólo. Él no solía ser así, al contrario. Pero el día de hoy no quería tener compañía de nadie.
Estaba un poco enfadado con Steve y su actitud. Jamás lo había visto tan embobado con una chica. Y es que él, desconfió de inmediato en el actuar de Natasha, donde repentinamente tuvo un viaje de negocios. Pero no había que culparlo demasiado. Él era así con casi todo el mundo. Dudoso.
Quizás se debía, a que, en su infancia y adolescencia, las personas con las que se rodeó no fueron muy gentiles con él, a excepción claro, de Steve y Sam. Y por eso, tiene ese mecanismo de defensa. Él sabe de antemano, que era una debilidad que debía cambiar. Juzgar a las personas por un simple actuar no significa nada. Debía trabajar en aquello.
Se bebió el último sorbo de cerveza. Le pidió al barman que le sirviera otro vaso; claramente no se emborracharía, ya que mañana debía trabajar. Pero siempre hay ganas para más de una cerveza ¿verdad?
Sharon estaba esperando a su amiga Wanda. Casi siempre los domingos se juntaban antes de empezar la semana laboral; de pronto la vio entrar al bar. La rubia levantó la mano para que la ubicase. La saludó con un abrazo y luego se sentó en frente de ella.
—Pedí por ti —mencionó Sharon—, cerveza negra ¿o querías otra cosa?
—Gracias Sharon, oh no, está bien—respondió para luego continuar—, así que... ¿Cuándo irás a la casa de ese Steve? Ya me contaste que por casualidad trabaja en aquella tienda de arte.
—No creo que sea necesario ir a su apartamento Wanda —dijo. De pronto, llegó el muchacho con el pedido de bebidas, dejándolas encima de la mesa—, si ya sé donde trabaja, puedo ir a verlo las veces que yo quiera.
—Tienes razón —tomó su vaso para beber un poco—, de verdad tengo mucha curiosidad de conocerlo. Debe ser muy guapo como para que sigas aún pensando en él. Y sólo lo has visto un par de veces.
—Si, es verdad —Sharon también le da un pequeño sorbo a su bebida—, debo estar un poco obsesionada. Es que ¿sabes?, no puedo creer que sea vecino de Natasha —Wanda arqueó una ceja—, es decir, ella siempre se ve malhumorada o muy seria. No es para nada simpática y ese día, él la estaba ayudando a cargar unas cosas...
—Pero que fuerte esos celos amiga, relájate —dijo humorísticamente. Sharon frunció un poco el ceño ante esa respuesta—, pero tranquila. Si sabes que ella no es competencia para ti, deberías dejar de pensar en aquello ¿no te parece?
—Lo sé, pero debo tener precaución de todas formas...
Sharon de verdad deseaba saber más sobre la vida de Steve. Como alguien de tan lejos, haya venido a vivir a este país, y donde el único lugar del mundo donde se habla ruso, es en este lugar.
Al darle otro sorbo a su vaso de cerveza, se percató de algo. Más bien, de alguien en particular.
Su mirada se dirigió hacia la barra. Un poco más allá estaba James Barnes, tomando al parecer sin compañía. Eso era extraño, ya que él solía estar siempre acompañado, con algunos compañeros de trabajo.
—¿Sabes? Podríamos invitar a alguien a la mesa, digo para que la tarde sea más interesante —Dijo Sharon de pronto. Wanda parpadeó rápido, sin comprender lo que su amiga había dicho.
—¿De qué hablas?
La castaña vio como Sharon se levantaba de su puesto, sin perderle la mirada, dirigiéndose hacia la barra. Ella no comprendía absolutamente nada. Salvo, que ahora la observaba hablando con un tipo ¿acaso su amiga lo conocía? Sin más, volteó para beber otro sorbo de su cerveza, que estaba bastante deliciosa, hasta que...
—Hola...
Wanda escuchó detrás de sí. Al voltear, se trataba de aquel muchacho con quien Sharon estaba hablando hace unos momentos atrás. Realmente no entendía que estaba tramando su colega. No podía ver con claridad su semblante, pero su mirada la había cautivado por completo, y aquella chaqueta de cuero hacía que se viera bien provocador. O al menos eso era lo que pasaba por su mente.
—Hola ¿y tú eres...? —Maximoff abrió los ojos, mirando a la rubia. Ella no respondió y volvió a sentarse en su puesto.
—Soy James Barnes... —extendió su mano. Ella respondió el saludo de igual forma—, tu amiga es mi jefa.
Y así fue como Wanda Maximoff conoció al famoso James Barnes del que tanto hablaba Sharon; el castaño se percató que la muchacha no respondía, así que volvió a hablar.
—¿Las molesto con un poco de compañía señoritas?
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Ni siquiera habían pasado dos días. En total fue un día y medio que Natasha tuvo aquel viaje de negocios fuera de Moscú, pero para Steve, le pareció una eternidad.
Él confiaba en ella ciegamente. Sabía que su pelirroja era una mujer muy esforzada y trabajadora. Y esa era una de las tantas cualidades que amaba de ella. De aquella mujer que llegó un día y le robó el corazón de una forma que jamás había pensado que lo haría.
Una pequeña risa salió de los labios de Natasha, cuando Steve, mordió delicadamente su cuello. Y es que a él le encantaba realizar aquellos toques en ella. Ambos se habían despojado de sus prendas en un abrir y cerrar de ojos. Sólo las sábanas tapaban la mitad de sus cuerpos; la muchacha rodeó la cintura de su amado con sus piernas, sintiendo de inmediato la hombría de Steve encima de ella. El calor que emanaba era bastante notorio.
El rubio por su parte, no pudo evitar soltar un gemido grave, a causa de aquel acercamiento. Se sintió un poco idiota, ya que aún no estaban en pleno acto y ya sentía la necesidad de sentirla dentro.
Natasha sabía que su enamorado era algo vergonzoso en la intimidad. Ella siempre lo guiaba al principio del camino, pero él debía pavimentar el resto. El trabajo en equipo funciona en todas las áreas de la vida.
Siguieron besándose por unos minutos más, y es que Steve era adicto a la piel de la pelirroja, que era tan suave y blanca como la porcelana; ella simplemente se colocaba a disposición de su novio, que claramente, a ella no le importaba seguir sus pasos. Amaba cuando Steve tomaba la iniciativa. Hasta sentía que eso la extasiaba mucho más que cualquier otra cosa.
Steve empezó a bajar por su cuello, pasando por sus hombros, besando cada uno de sus pechos delicadamente. Ante ese tacto, la muchacha arqueó su espalda, mientras con sus manos, revoloteaba el cabello de su amado. Su respiración aumentaba en cada huella que él dejaba en su piel, que era realmente majestuoso.
Y claro que las clases de Natasha habían servido un poco. Esta vez fue más audaz y con sus manos, empezaba a bajar la ropa interior de su amada, depositando fogosos besos y pequeñas succiones cerca de su intimidad. Eso claramente, la pelirroja no se lo esperó por ningún motivo. Pero le encantaba sentir aquellos labios sobre su piel; de pronto, sin que ella lo notase, Steve la había dejado completamente desnuda frente a sus ojos; había retirado su ropa interior y ella, en un impulso, terminó de rodear la cintura de Steve con sus piernas, invitándolo. Steve claramente entendía aquel lenguaje.
—¿No crees... que es muy pronto? —preguntó él, mientras seguía besando su cuello y escuchaba a su amante jadear por aquellas caricias. Ella soltó una pequeña risa con una última mordida que él realizó en el lóbulo de su oreja.
—Pienso que no... —tomó su rostro con ambas manos, donde sus ojos se toparon con aquellos océanos que tanto le gustaba mirar y perderse en ellos—, tú sólo sigue adelante...yo te sigo...
La sangre comenzaba a hervirle en aquella zona, gracias a la voz lujuriosa de Natasha. Ella siempre lograba ese efecto en él. Y no podía decirle que no. Él acataba sus órdenes y estaba encantado de cumplirlos.
Natasha ahogó un gemido en el hombro de Steve. Cerró sus ojos, sintiendo con placer, el miembro de Steve que se movía lentamente dentro de ella. Rayos, se sentía demasiado bien para ser cierto; rodeó nuevamente sus piernas en la cintura de su amado para que ambos estén mucho más cómodos.
Steve estaba aumentando el vaivén un poco más, y las respiraciones se hacían más entre cortadas. La pelirroja arqueó su espalda con una entrada de Steve, que no era fuerte, pero el placer la estaba inundado cada vez más. Y de pronto, un gemido un poco más sonoro salió de sus labios, lo que, para Steve, era música para sus oídos; él abrió los ojos sorprendido, ya que Natasha había puesto sus manos en el pecho de éste para que se detuviera unos momentos, empujándolo, cayendo de espaldas en la cama, y ella, delicadamente, se acomodó arriba de él, entrando nuevamente y sintiendo como palpitaba la hombría de Steve dentro de ella, que no dejaba de ser majestuoso.
—Me toca a mi tener un poco el control... tuviste demasiada diversión...
—No me molesta... soy todo tuyo.
Ella también se extasiaba al escucharlo respirar rápido o que él la llamase por su nombre en cada entrada que hacía. Al parecer, se trata de un gusto adquirido cuando se tiene sexo; Steve se dejaba manipular por las caricias de su novia, no le importaba absolutamente nada, ya que era bastante placentero; la pelirroja sintió unas traviesas manos que acariciaban su trasero cuando ella bajaba y se sentía endemoniadamente bien, y sólo la estaba tocando; luego, esas manos empezaban a recorrer su cintura y sus caderas...llegando a sus pechos, donde él comenzaba a masajearlos delicadamente. Su piel se volvió de gallina cuando llegó a esa parte y...
—¡Mierda...! —Natasha no se pudo aguantar al decir una grosería, mordiéndose el labio inferior mientras se movía. Era muy extraño que lo hiciera, pero no podía controlarse. Estaba demasiado extasiada...
—Romanoff, está mal decir esas palabras ¿lo sabías? —Steve bromeó con eso, haciendo que ella inclinase su cabeza hacia atrás, tragándose las otras palabras que tal vez pensaba decir. Volvió a mirarlo, su rostro estaba lleno de gotas de sudor.
—Cállate Rogers... —respondió ella, también por su apellido—, me desconcentras...
Las manos juguetonas de Steve seguían acariciando aquel esvelto cuerpo de la pelirroja. Él notaba que aquellos toques hacían que su chica sintiera más placer. Eso era bueno y, además, prefería que ella disfrutase más que él. Y qué decir de las entradas y salidas de Natasha estando arriba, el rubio sentía que eran mucho más placenteras, no se quejaba.
Las embestidas de ella aumentaban cada vez más de velocidad, y no había que ser adivino para notar que ella estaba llegando a su clímax. La ayudó en eso, embistiendo de vuelta, donde Natasha soltó un gemido un poco más subido de tono que los anteriores, pero significaba que ya había liberado toda la tensión sobre él; El rubio la recibió en su pecho para que descansara, abrazándola o ordenando un poco su cabello.
—Eso fue...intenso... —habló finalmente Steve—, ¿Qué nos pasó?
—Supongo que... nos extrañamos mucho estos días...
Con los ojos cerrados y aún con la respiración entre cortada, le respondió. Él asintió dándole la razón a su novia. Steve tomó lo que quedaba de las mantas para taparse a ambos. La muchacha se acurrucó de inmediato en los brazos del rubio, mientras él la abrazaba cálidamente, depositando un pequeño beso en su frente.
—Eres todo lo que necesito Nat —Susurró en su oído—, gracias por estar conmigo...
Romanoff no dijo absolutamente nada y se limitó en abrazar a su amado con mucha fuerza. Steve no quiso preguntar su reacción. Sólo aceptó aquel acto de amor, acunándola y dándole tranquilidad como él solía hacerlo.
Claramente, Natasha sentía mucho miedo. Miedo, de que Steve se enterase de lo que ella en realidad fue a hacer a Siberia, que no era una simple reunión de negocios...estaba aterrada de sólo pensar que sucedería en el futuro.
—Steve... —mencionó ella algo tímida— prométeme algo... —su voz era algo temblorosa, algo que Rogers no quiso preguntar. Tal vez era porque hacía un poco de frío en la habitación...
—Claro preciosa —él acomodó un mechón pelirrojo detrás de su oreja—, dime...
—Prométeme, que pase lo que pase... siempre estaremos juntos. —su mirada se encuentra con la de Steve. Sus ojos eran tan puros y cálidos. Natasha se sentía culpable por mentirle. Pero ella se había jurado a sí misma, que terminaría con todo.
—Claro que lo haré... —entrelazó sus dedos con los de ella y luego, depositó un beso en ambas manos—, te amo Natasha...de eso no tienes por qué dudar...
Un par de lágrimas cayeron por las mejillas de la pelirroja, las cuales, Steve retiró tiernamente con su mano; luego, la volvió a abrazar, atesorándola en sus brazos.
Definitivamente ella iba a luchar por él. Por este hombre que, por primera vez, tocó su corazón, llegando hasta su alma.
(...)
—«Tres...»
Y no podía creer lo que había sucedido después...
Su misión había terminado. El sujeto estaba muerto, pero Natasha estaba muy confundida con lo sucedido.
— No entiendo... —Dijo sorprendida y en voz alta. Sus ojos estaban muy abiertos por la impresión—, no puede ser...
El blanco de Natasha yacía en el suelo. Alguien le había disparado antes que ella y era muy extraño. Ella no había alcanzado a presionar el gatillo. Eso significaba, que alguien más estaba ahí con ella y no se había percatado en lo absoluto...
Tomó su arma que poseía en el lado derecho de su pierna; lentamente, le quitó el seguro y comenzó a apuntar hacia el lado contrario a ella, buscando al autor del asesinato que ella debía hacer.
— Al parecer, los años no pasan en ti —Ella volteó de nuevo, queriendo encontrar el dueño de aquella voz—, estás hermosa...
— ¡¿Quién eres?! ¡¿Por qué disparaste a mi blanco?! —Empezó a interrogar ella. El sujeto aún no se dejaba ver.
— Porque sabía que no querías asesinarlo... —Respondió nuevamente aquella voz. De pronto, la pelirroja voltea hacia el otro lado, apuntando firmemente con su arma, hasta que apareció...—, aún dudas cuando asesinas, Natalia.
— No puede ser... —Lentamente, Natasha bajó su arma sin poder creer lo que estaba viendo sus ojos—, estás vivo... ¿cómo es posible...? —Su rostro mostraba mucho desconcierto e impresión.
Alexei Shostakov, estaba con vida. Algo que Natasha creía desde que le perdió el rastro en una misión hace varios años. Y lo tenía ahí, frente a ella...su ex esposo estaba vivo.
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[Continuará...]
