Disclaimer: Los personajes de MARVEL & Disney© no me pertenecen. La historia es creación mía.

Notas de la autora: El capítulo está en pasado completamente. Espero que se entienda o me suicido (?)

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Krasnoyarsk sábado en la noche, el día de la misión.

Las facciones de su rostro eran ensordecedoras. Aún no daba crédito al verlo ahí, más vivo que nunca.

—¿Cómo es posible...que estés con vida? —Preguntó Natasha. Estaba realmente impactada—, en aquella misión, hace diez años atrás...yo te vi entrar al edificio. La bomba explotó sin más... no encontramos tu cuerpo...supusimos que se hizo cenizas con el incendio...

—Lo sé, sé que me viste morir. Bueno, no realmente —Alexei habló de nuevo—, fingí mi muerte. Era la única manera... —Hizo una pausa, observando como las pupilas de la pelirroja se dilataban al escuchar la confesión—. Recibí ayuda de alguien más que quiere terminar con todo esto, y me dio esa opción...

La respuesta a su misión había llegado: Alexei había desertado a la KGB fingiendo su propia muerte ¿Quién sería aquella entidad... que lo estaba ayudando?

— ¿Ayuda de quién? ¿Es...es en serio? —dudaba. A pesar de que habían pasado más de diez años. Dudaba—, ¿quieres acabar...con este maldito infierno?

—Aún no puedo contarte del todo. Sólo te pido que confíes en mí...—suspiró nostálgico—, aún no me olvido de lo que vivimos juntos Natalia. Éramos jóvenes y manipulados por estos tipos...no teníamos salida por ningún lado.

—Lo sé, es por eso que... —su mirada era triste. El muchacho se acercó, quedando frente a ella, sin sobrepasar su espacio personal. La conocía bastante—, decidimos casarnos...o fingir que teníamos algo...

Una sonrisa tímida se dibujó en su rostro. Alexei y Natalia habían contraído matrimonio hace mucho tiempo atrás, para protegerse. No había amor en sí, pero había una gran amistad entre ambos.

El padre de Natalia estaba obsesionado con el poder y la riqueza. Y ella, le había jurado a él, que algún día, desertaría, no le importaba el costo, pero lo haría; hasta que un día, llegó Alexei a su vida como un ángel guardián. La cuidaba con su vida.

La joven Natalia tenía sus dudas sobre sus sentimientos hacia él. Lo quería mucho, siempre estaba preocupada de Alexei, pero nunca llegó a amarlo lo suficiente. Y él, comprendió en un cien por ciento, los sentimientos de su compañera, al contrario de él, que si tenía los suyos a flor de piel. Pero la respetaba.

Al igual que ella, también había sido entrenado como asesino profesional. Tuvieron varias misiones en equipo, ya que la agencia notó una gran cohesión en la pareja; ambos muchachos, notaron que, si trabajaban juntos, las grandes cabezas estarían contentas. Necesitaban ganarse la confianza de todos, y de los jefes más importantes, para que así, ellos pudieran operar desde lo más profundo.

Hasta que ocurrió aquella tragedia, donde Shostakov había perdido la vida. A Natalia ese día, se le derrumbó la vida entera. Ahora estaba sola y vulnerable. No tenía más remedio, que seguir y acatar las órdenes, hasta encontrar alguna salida.

—Debo irme —dijo de pronto Alexei, mirando hacia algunos lados, sacando de sus pensamientos a Natasha—, no pueden descubrir que estoy con vida... —el hombre se acercó más a la pelirroja, tomando sus manos—, te ayudaré con tus misiones —la muchacha abrió sus ojos como platos—, sé que no quieres hacerlo.

—No, no es necesario que hagas esto...yo lo haré...—bajó su mirada—, es sólo que, hace tantos años que no hacía este trabajo.

—Está bien, en serio —afirmó él—, no te preocupes. Además, imagino que tienes tu vida hecha con alguien más... —Natasha pensó en Steve de inmediato. Asintió con su cabeza y él comprendió—, debes hacerlo por él entonces. Déjame ayudarte.

—¿Por qué lo haces Alexei? Por qué te empeñas en ayudarme, si sabes que...—ara ella era difícil decirle que nunca fue correspondido. No quería hacerle daño—, maldita sea...

—No te preocupes por mi —respondió él—, fuiste importante en mi vida. Fue hermoso estar contigo, aunque no sentías lo mismo por mí. Me encantó disfrutar de tu compañía. Y si, lo hago porque tú te mereces una vida allá afuera Natalia. Eres una mujer excepcional, llena de vida y ganas de salir adelante. Estoy seguro que el hombre que está a tu lado, está orgulloso de ti.

—Eso creo... —respondió dubitativa—, pero no puedo seguir mintiéndole. No puedo seguir con esta farsa. Es decir... esta era mi vida anterior Alexei —Su voz empezaba a quebrarse de a poco—, Steve no puede saber esto.

Sin querer, Natasha mencionó el nombre de Steve. Se tapó la boca con ambas manos, aterrada. Pero él no diría nada.

—Está bien Natalia, tu secreto está a salvo conmigo, en serio. —hizo que ella bajara sus manos de su boca—, te prometo que esto terminará pronto, pero debes confiar en mí.

—Nadie puede saber la existencia de Steve —susurró—, la KGB no puede saber que...

—Que estás enamorada, lo sé —terminó su frase. Natasha no podía ocultar sus sentimientos con él. Porque Alexei la leía como un libro abierto—, sé lo que hace la agencia cuando descubren la debilidad de otro —el muchacho miró hacia ambos lados nuevamente. Su tiempo se estaba acabando— Nos vemos Natalia. Cuídate por favor.

Ella vio como el hombre desapareció entre las techumbres. Ahora, una preocupada Natasha Romanoff, había quedado con muchas dudas en su interior. Lo único que tenía claro, era que debía huir también de ahí, antes de que alguien descubra el cadáver y empiecen a cerrar un perímetro para una investigación.

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Llegó a su habitación de hotel. Cansada y con muchas emociones que digerir. Sus pies la guiaron hasta el cuarto de baño. Una ducha caliente le haría bien a su cuerpo.

En lo único que podía pensar, era qué organización estaría metida en este enredo. Ella sabía que, desde años, la policía en conjunto con los departamentos de inteligencia, quería detener las operaciones de la KGB. Una organización como esta, no debería existir en el presente, ya que las guerras y espionaje habían terminado hace años, o eso era al menos lo que pensaba Natasha.

Salió de la ducha, para prender la televisión, que era el único compañero que tenía; se colocó su pijama de dos piezas, para luego, tomar aquella toalla y absorber el agua de su cabello; parecía que vivía en un loop infinito. Pensó de pronto en su teléfono. Si ya estaba intervenido o algo por el estilo, debía cambiarlo por otro. Luego se encargaría de eso.

Entró nuevamente al baño para arreglar su cabello. Si había algo que cuidaba mucho, era eso, además la relajaba bastante.

Mientras desenredaba su cabellera pelirroja, se puso a pensar en Yelena. Cuando la vio, su rostro estaba muy tapado y eso le llamaba mucho la atención. Si era para no llamar la atención, había hecho lo contrario, al menos no con Natasha.

Salió del cuarto de baño para meterse entre las sábanas, ya que era tarde y debía descansar. Programó la televisión en caso de que se quedara dormida, y es que lo más probable era, que eso sucediera. Estaba agotada mentalmente. Era mucha información que procesar en 24 horas; entre la nueva y mejorada KGB, Yelena y ahora Alexei...todo en su cabeza, era un torbellino de preocupaciones; además, que ahora su ex marido estaba con vida y decidiera ayudarla...lo agradecía, claro que sí, pero lo que percibía Natasha, era la punta del iceberg.

—«Esto claramente, no será para nada sencillo»

Y con ese último pensamiento, cerró sus ojos, embarcándose en los brazos de Morfeo y caer en un sueño profundo.

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Domingo en la mañana, Krasnoyarsk.

09:00 am marcaba el despertador en la mesita de noche. La pelirroja lo tomó para apagarlo. De todas formas, ella estaba despierta hace aproximadamente una hora, sólo que quería disfrutar un poco más de las sábanas, las cuales eran muy suaves.

Debía estar en el aeropuerto a eso de las 4 de la tarde, ya que la hora de embarque era a las 5pm. Así que, rápidamente comenzó a empacar sus pertenencias, las cuales no eran tanto tampoco, sólo había sido un viaje express. Y como en todo hotel debía hacer el check out antes de mediodía, pero prefirió hacerlo antes, para salir a conocer un poco de la ciudad, almorzar algo y sacar algunas fotografías.

La maleta era pequeña, así que no se le haría tan difícil transportarla; salió del hotel con su tenida deportiva, algo cómodo para un día como hoy.

—La ciudad de Krasnoyarsk se destaca entre otras ciudades siberianas por sus paisajes únicos, montañas, bosque espeso siberiano y el conocido parque nacional "Estolbi" —hablaba en voz alta, mientras leía la información en su celular.

Rusia es un país enorme, que tiene muchos rincones hermosos por conocer. Ni los mismos habitantes conocen su país por completo. Eso pasa casi en todas partes del mundo. Natasha estaba encantada de poder explorar, aunque sea por un día. Disfrutar del aire fresco y sus bellas estructuras; además, la ciudad está situada a orillas de un río llamado "Yeniséi".

Se fue directamente a conocer aquel río y caminar por su orilla. Tomó un taxi y pidió que la dejara en aquel lugar.

El taxi se fue, dejando a una Natasha Romanoff en frente del río, que era precioso. Tan bien cuidado y muy natural. Le alegraba que la gente de esta ciudad, cuide mucho lo suyo; tomó su pequeña maleta con una mano y bajó las escaleras para recorrer un poco el paisaje.

Vio una pequeña banca que estaba por ahí y se sentó sólo para contemplar la vista, y sacar algunas fotografías para llevarlas de recuerdo. Quien sabe, tal vez vuelva por estos lares con su enamorado...

—«Steve...»

Lo extrañaba. Sentía la presión de terminar con todo eso lo más rápido posible. Pero de pronto pensó ¿tendría que contarle todo? Es decir ¿Qué ella había sido una ex asesina de una agencia que no la dejaba en paz, y que seguían operando hasta hoy en día, pero que ya todo se acabó? ¿Qué es lo que realmente tendría que decirle? Todo eso, era aún muy confuso.

Sacó su teléfono para sacar un par de fotos al río, ya que unos patos estaban nadando en él, cuando de repente, vio en su pantalla una llamada entrante. Era Barton. Le arruinó la fotografía claramente. Respondió finalmente un poco agobiada.

—Hola Clint...

— "Pero qué ánimo..." —respondió cómicamente, pero luego notó que aquella voz era de preocupación—, "¿Pasó algo malo?" —volvió a preguntar más serio. Natasha no estaba segura de contarle lo sucedido. Pero Clint, era el único que sabía su secreto.

—He vuelto Clint. Me han encontrado —dijo ella y un pequeño silencio de unos diez segundos que se hizo notar—, estoy en Siberia.

—"Cielos Nat" —él sabía a lo que la pelirroja se refería—, "Te dije que te vinieras conmigo cuando te lo ofrecí... —reclamó enfadado—, ¿Y... tuviste que..."

—No del todo —dijo—, alguien más lo hizo por mi —ella se refería a su misión—, no puedo contarte mucho, ya sabes... —suspiró y cambió el tema—¸ ¿Cómo estás tú?

Clint se preocupaba mucho por ella. Si fuera por él, estaría viviendo en el mismo país para protegerla, pero no podía. Barton intentó varias veces convencerla, de que trabajase con donde él, con su caravana del circo, pero Natasha era una mujer testaruda. Y a pesar de las circunstancias, ella amaba su tierra.

—"Bien, hemos tenido mucho éxito. Tuvieron que abrir más shows para más días, así que no me iré de acá en un buen tiempo" —respondió. Quería preguntarle sobre Steve y si él sabía acerca de esto. Intuía que no claramente—, "Creo que llamé en un mal momento. Discúlpame Nat.

—No, está bien. Que yo sepa no eres vidente como para saber cómo me encuentro —bromeó—, pero si, a veces pienso que si tienes poderes. —Clint echó una carcajada a través del teléfono.

—"Que graciosa eres Tasha... pero sí, siempre que te llamo, estás en algún problema" —ella escuchó el suspiro por parte de él en el auricular del teléfono—, "espero que logres salir de esto. Sé que esta vez lo harás..."

—Eso espero...—al escuchar eso, pensó inmediatamente en Alexei. Clint no sabía acerca de él. Y no le contaría. Ya era suficiente que él le guardase el secreto de su vida pasada.

—"Nat" —habló serio. Ella tragó saliva al escuchar ese tono de voz— "yo sólo quiero que seas feliz" —Natasha estaba un poco sensible, ya que una lágrima cayó repentinamente por su mejilla, la cual secó rápidamente, como si él la estuviese mirando—, "sabes que, si necesitas cualquier cosa, lo que sea, estaré ahí para ayudar. Sé que te puedes cuidar sola, solo te digo esto para que lo sepas..."

—Lo sé, tonto —una sonrisa apareció en la comisura de sus labios—, pero trataré de hacerlo sola. No quiero meterte en esto. Pero sé que cuento con tu ayuda...

—"Eso es lo que necesito que entiendas...—suspiró, para luego continuar—, "te dejo...estamos hablando y, cuídate por favor.

—Lo haré...

Ella colgó el teléfono preocupada de su situación. No quería pensar en aquello, ya llegaría el momento para preocuparse. Ahora debía ser lo más cautelosa posible, para poder desenmarañar esto desde las sombras.

Decidió ir partiendo hacia el aeropuerto, más que mal, debía esperar mucho tiempo y no se iba a ir sin el estómago vacío.

Al menos, alcanzó a sacar algunas fotografías del paisaje. Pensó en Steve, ya que él a veces, necesita algo de inspiración para sus obras; el rubio siempre ocupaba sus más íntimos pensamientos.

Llegó al lugar, dirigiéndose hacia el mismo restaurante de ayer donde comió algo. Prefería almorzar en un lugar conocido que por conocer; pidió un té caliente y un sándwich de pollo, que eran bastante buenos y contundentes.

Su pedido llegó, y sintió de pronto, que esto ya lo había vivido. Y no era para menos, el día de ayer fue casi el mismo itinerario. Hasta estaba esperando que Yelena se apareciera a decirle algo. De todos modos, Natasha estaría atenta.

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Domingo en la Noche, Moscú, en algún bar. 20:30pm

—Así que... —empezó Wanda—, ¿esta rubia histérica es tu jefa? —James soltó una carcajada por ese comentario. La aludida solo dijo un "oye".

—Así es —respondió llevando un sorbo de su vaso de cerveza hacia su boca, saboreando el amargo sabor de la cebada—, empecé hace un par de meses en el departamento de policía local con Sharon.

—Hablas muy bien el ruso para ser americano —lo elogió la castaña. Instintivamente, James esbozó una sonrisa en la orilla de sus labios. Wanda de inmediato se disculpó—, no lo decía de mala manera —comentó un poco asustada.

—Tranquila, no lo tomé a mal. —respondió él calmadamente. Wanda no sabía si estaba encantada con su tono de voz o su manera de ser tan tierna. Debía ser efecto de la cerveza—, muchas gracias, tomé unas clases cuando llegué acá. Había pocos lugares en Moscú donde aceptaban a extranjeros con sólo inglés y quise hacer ese plus.

—Debió haber sido un muy buen profesor. —se escuchó de pronto, la voz de la rubia Carter—, tienes el tono con el que hablamos acá.

Natasha vino a su mente rápidamente. Recordó las clases que la pelirroja le había impartido. Y realmente era una muy buena profesora. Le agradecía bastante ese detalle. De pronto, su enfado hacia ella había desaparecido; claramente, era un error pensar mal de una persona sin conocerla en profundidad. Si Steve estaba seguro que ella era la mujer de su vida, tenía que creerle.

—Si, lo es —dijo él—, aunque ya sabía un poco la base. Había estudiado un poco antes de venir acá. Tenía que perfeccionarlo.

Sharon notó de inmediato la conexión de Wanda con James y se sentía celosa ¿y de qué? Si no eran nada más que compañeros de trabajo. Quitó ese pensamiento malicioso, tomando un sorbo de su trago; pensó luego, que quizás con su actitud, jamás llegaría a conocer a alguien... se sentía perdida. Tal vez, Barnes no era el hombre ideal para ella. Eso quería pensar, y también, en la felicidad de su amiga Wanda. Había estado sola por mucho tiempo, pero había sido por decisión estar sin compañía; de pronto le pareció genial la idea de ser su chaperona.

—¿Y por qué quisiste venir a Moscú? Digo, es muy arriesgado de tu parte emprender en un país con un idioma donde sólo se habla en este continente —Wanda preguntó.

—Tengo un amigo que vive acá, que vino a emprender —comentó—, vino a buscar nuevos rumbos. Así que le dije que, si terminaba mis estudios, vendría a trabajar acá también.

—¿De verdad? —dijo Sharon—, que interesante que vengan hasta esta parte del planeta a probar suerte, son muy aventurados. No me habías contado eso, Barnes.

—Porque no me lo habías preguntado... —su mirada se clavó en la de Wanda y ella, sintió escalofríos—, por lo general, se te ocurre hablar de trabajo después de la hora de salida.

Eso fue un golpe bajo para ella. Maximoff miró divertida a su amiga, y ella, quería que la tierra se la tragara, porque era verdad. Cuando ella se retiraba de la oficina, sólo intercambiaba frases del papeleo; James parecía haberlo dicho sin culpa, de todas maneras, no estaban en la oficina y ahí Sharon, no era su jefa. Para amenizar el ambiente, Wanda volvió a hablar.

—James —lo llamó por primera vez por su nombre—, disculpa a Sharon, ella de verdad es una buena chica, lo que pasa, es que el trabajo la obsesiona cuando no tiene con quien distraerse.

—Gracias amiga. —respondió Carter con voz molesta. A veces, odiaba que Wanda actuara así. Pero no podía culparla de mucho, la mayor parte de lo que ella decía, era cierto.

—¿Y a qué se dedica tu amigo? ¿También es abogado? —llegó el garzón a retirar los vasos de los tres ahí sentados—, ¿puedes traernos otra ronda? —aprovechó la castaña de decirle. El muchacho asintió y se retiró.

—No, no es abogado. Es artista —ambas mujeres levantaron las cejas—, pinta unos cuadros hermosos. Deberían ver sus obras.

¿Artista? ¿Cuadros? Sharon no quería creer que quizás, conocían a la misma persona; el garzón llegó con los vasos de cerveza, sirviéndolos en la mesa para retirarse después.

Wanda tenía la intuición a flor de piel... ¿acaso James conocía a...?

—Hace poco, se abrió una tienda nueva de cuadros en el centro de la ciudad —mencionó Carter—, compré un cuadro para mi padre, ya que estaba de cumpleaños.

La rubia sacó su smartphone y mostró una foto de ella con su padre, y el cuadro de fondo, el cual había sido el obsequio de cumpleaños. James reconoció de inmediato aquella obra.

—Si, esos cuadros los pinta Steve —Barnes se llevó un par de papas fritas a la boca y luego notó, que ninguna articuló palabra—, ¿pasa algo?

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[Continuará...]