Esa misma mañana una rubia bastante extrovertida también comenzaba sus clases en otra escuela; a unos cuantos kilómetros al sur de Tokio.

En Kanagawa, Ameko Lenna entraba a la Secundaria Kaijō.

La chica resopló. Esperaba un día bastante difícil, debía hacer muchas cosas, conocer el lugar, a sus compañeros, hacer amigos, llevarse bien con sus senpais… Y después de clases debía quedarse, porque ya se había anotado en el club de baloncesto. Bueno, la verdad es que le habían causado un contratiempo impresionante.

-¿Acabas de decir que quieres unirte al equipo? –Le había preguntado un senpai. La verdad no tenía idea de su nombre.

-Bueno, sí; estoy bastante segura de que eso dije –le había contestado con una sonrisa, algo que solo empeoró las cosas.

-Mira, voy a explicarte algo: el equipo está derrumbándose. Tres titulares del año pasado eran de tercero y ya no están… Hay muchos jugadores promedio; pero lo que necesitamos es mantener la fuerza de Kaijō; y no creo que logremos hacer eso si tenemos que explicarle a chicas que no tienen nada que hacer cómo jugar.

-Yo sé jugar. Sé muchas cosas, partidos, academias, resultados; pruébame si lo necesitas… de verdad quiero entrar al equipo –contestó Lenna. La verdad no le sorprendía que a su senpai le sorprendiese que alguien con la apariencia de ella pudiese jugar al baloncesto; vamos, que lucía como una chica promedio, que se preocupaba mucho por como vestía y que solo pensaba en chicos, ropa y maquillaje.

El chico le hizo preguntas idiotas que hicieron que Lenna se enojara bastante. Eso no los estaba llevando a ninguna parte, y ambos lo sabían.

-Tsk. Esto no tiene sentido, llena este formulario y ve al gimnasio tres después de clases.

La rubia sonrió. Y escribió su nombre, junto a otros datos que requerían.

Ese día se dedicó a hablar con todos sus nuevos compañeros, hacer amigos, conocer a sus senpais. Y cuando el horario terminó fue al gimnasio que le habían indicado en la mañana.

Llegó cinco minutos antes de lo que se suponía, pero ya había muchas personas allí. Los alumnos de esta escuela se tomaban en serio sus responsabilidades con el deporte que practicaban, y ella no pretendía ser la excepción.

Ya había cambiado su uniforme por ropa y zapatos deportivos; incluso ya había atado su cabello rubio en una cola de caballo. Tenía que probar que sabía jugar. Además, Akya y Naomi seguro ya habían entrado en los equipos de sus escuelas. La chica de ojos castaños sonrió ante la imagen que había creado de sus amigas en su memoria. Hacía más de dos meses que no se veían. Esa había sido la última vez que habían

jugado juntas, en aquel torneo de verano. Lenna estaba decidida a entrar al equipo.

Momentos después, el capitán actual del equipo de Kaijō, Nakamura Shinya– quien era un senpai de tercero que había tomado la responsabilidad del club a petición del mismo Kasamatsu, según había logrado enterarse de sus compañeros. Porque no, no era cotilla, pero le gustaba recopilar información importante-; un chico alto, que rondaba en los 185 centímetros, morocho y de ojos oscuros pero cálidos les llamó la atención a todos los nuevos de primero hacia un lado del gimnasio. Y eso incluía a Lenna, así que fue hacia donde le indicaban. Ya estaba recibiendo miradas poco gratas de parte de sus compañeros. Ella sabía que para ellos no era común, pero ella les demostraría que podía ser muy buena en lo que se dedicaba a hacer.

El entrenador Takeuchi acababa de llegar, y el capitán Nakamura lo presentó a los nuevos.

-Bienvenidos a Kaijō –dijo él-. He estado viendo las hojas de inscripción. Vamos ver que tienen para dar. Vayan a calentar, corran quince vueltas al gimnasio.
Lenna, al igual que sus nuevos compañeros, acató la orden del entrenador. Casi todos los senpais estaban reunidos, pero no tenía idea de que hablaban. Cuando hubo corrido las quince vueltas, oyó como el entrenador los llamaba.

Todos se detuvieron y caminaron hacia él. El capitán los hizo formarse por orden de altura, Y Lenna no se sorprendió de estar en el medio de la fila. Ella sabía perfectamente que era demasiado alta para ser una chica –en realidad, nunca le había gustado medir metro setenta y nueve; pero eran muy útiles al momento de jugar-, pero vamos, que aquello era un club de baloncesto y sin ser por ella, eran todos hombres.

Nakamura, junto al entrenador; se pararon frente a ellos y entonces, Takeuchi habló:

-Supongo que saben que nuestra preparatoria lo dedica todo al deporte. El club de baloncesto no es la excepción, así que espero disciplina y compromiso de parte de todos ustedes. Este equipo en particular, tiene grandes valores a nivel nacional; en ofensa y defensa. Y en particular, un jugador de la generación de los milagros de Teiko.

-Pero… Está lesionado, ¿no? –Lenna escucho a uno de los que estaba formado junto a ella comentarle a otro. Ella lo sabía; Kise Ryōta, el as de Kaijō tenía una lesión fuerte y acumulada en su tobillo.

-Él no podrá volver a jugar hasta dentro de una semana –añadió el entrenador-, ha estado en recuperación desde la semifinal de la Winter Cup.

Lenna pudo ver como el capitán se tensaba, seguramente recordando el partido. Lenna lo había visto desde la sala de su casa, junto con Akya y Naomi, mientras comían algo luego de haber jugado buena parte de la tarde. Seguro era difícil para todo el equipo. Además, como le habian dicho más temprano ese día, los senpais de tercero se habían graduado; y eso era buena parte del primer equipo, además de tres titulares.

-Por eso –habló Nakamura- nuestro equipo tiene que crecer, y ser fuerte; para no depender solo de nuestro as. Kise es un prodigio, y lo sabemos; pero hasta él se lesionó; y no pudimos contar con su presencia por un buen tiempo. Como Capitán, deseo que en nuestro equipo las fuerzas individuales se unan para formar una sola. Independientemente de un jugador en sí; Kaijō es y siempre fue una escuela fuerte a nivel nacional; y no podemos decaer. Y para continuar con ese reconocimiento, necesitamos que los nuevos integrantes cada año se hagan fuertes, para que un día, puedan estar en el primer equipo.

Luego de ese discurso, que dejaba ver lo que pensaba acerca del prodigio del equipo y sus metas para el año, el entrenador volvió a tomar la palabra.

-Ya que son diecinueve los que entran hoy al equipo, jugarán dos partidos simultáneos en cada mitad de la cancha; así nos dedicaremos a clasificarlos y ver su potencial. Nakamura, te dejo a ti el armado de equipos.

-Bien, habrá un equipo de cuatro…-comentó mientras observaba la larga fila-. Suelen jugar, ¿verdad?

Todos respondieron afirmativamente, y Lenna no se sorprendió por ello. Entonces, los agruparon según sus posiciones regulares. Lenna, que jugaba regularmente en su equipo de tres, desempeñaba las funciones de dos posiciones: 1 y 5, base y centro respectivamente. No supo a qué grupo ir; y entonces se lo consultó a su capitán.

-Nakamura-san –dijo para llamar su atención-, yo normalmente juego en un equipo de tres, tanto de base como de centro. ¿A qué equipo debería ir?

El capitán la miró extrañado. Ya le habían ido desde temprano con el chisme de que una chica había llenado la solicitud de ingreso; pero no se imaginaba que estuviera acostumbrada a jugar, y que además jugase en dos posiciones. No es que creyese que no podía hacerlo por ser mujer; pero tampoco era común en los chicos jugar en más de una posición; lo común era dedicarse a una. Si la chica se quedaba en el equipo, luego se lo preguntaría.

-Eres Ameko, ¿verdad? –La chica asintió, y el continuó-. Ya que dices eso, nos ahorras un problema; te quedarás en el equipo que tiene cuatro integrantes.

A Lenna no le preocupaba estar en ese equipo. Ninguno de los 18 se veía particularmente débil, pero tampoco podían ser todos excepcionalmente buenos. Cuando se fue con los otros tres chicos que estarían en su equipo de práctica los saludó.

-¡Hola! Mi nombre es Ameko Lenna y juego tanto de base como de centro –sonrió divertida, porque así era ella.

Los chicos se miraron entre ellos y le correspondieron el saludo, presentándose. Uno se llamaba Daisuke, y jugaba de escolta, luego estaba Akira, que era delantero y por último Kai, que era alero. Básicamente tenían un equipo completo. Eso les dio confianza a los cuatro, aunque los chicos dudaban un poco de la efectividad de la rubia.

-Sé que la mayoría de los chicos no juegan con chicas por diferentes razones; pero déjenme demostrarles que puedo hacerlo. Soy base y aunque no parezca tengo buena percepción de la cancha, y aunque siempre juego en un equipo de tres, sé que puedo hacer que funcionemos perfectamente.

-Yo creo que puedes hacerlo –dijo Kai con una sonrisa. Era alto, y tenía el cabello color castaño claro y los ojos oscuros-. La verdad no estoy de acuerdo con todo el tema de "no puedes jugar porque eres una chica"

-Pienso igual –dijo Daisuke. En cambio, él tenía el cabello casi completamente negro y largo, se lo ataba en una cola de caballo en su nuca para que no le molestara al jugar, cosa que sorprendió bastante a Lenna-. Ya que eres base y se supone que nos conozcas, soy un asco defendiendo; ténganlo en cuenta porque sé que debo mejorar; pero de momento, doy asco.

Akira iba a hablar, pero entonces el entrenador anunció que todos los equipos estaban armados y que iban a jugar solo dos cuartos, y entonces los ganadores jugarían un cuarto más.

Ellos asintieron, y los equipos se separaron en las dos medias canchas que habian a lo largo de la real.

El equipo de Lenna era el número 4 y recibieron unas bandas de color azul, ya que jugarían contra el 3, de color rojo, para empezar. Cuando se posicionaron en la cancha, ella escucho claramente el comentario de uno de ellos, que decía: "No solo vamos contra el equipo de 4, además tienen a la chica, será una victoria aplastante."

Ella hizo una mueca y miro a sus compañeros, que le hicieron señas para que no le diese importancia. Sonrió ante ese gesto, porque de verdad lo apreciaba.

Lenna era la que estaba más cerca de su aro -el que debía defender-, y fue Kai quien saltó, porque con su 1,88 les llevaba unos cuantos centímetros a todos ellos. La chica sonrió cuando consiguió el balón y automáticamente se lo pasaron, como si la conocieran y confiaran en ella. Comenzó a driblear con calma, analizando la situación; porque contaban con la desventaja del número. Uno de los chicos del equipo rojo, venia hacia ella buscando un robo. Kai tenía doble marca, y Daisuke y Akira también estaban marcados.

"Esto es lo malo de ser menos" pensó Lenna "qué bueno que estoy acostumbrada" sonrió, mientras con una finta hacia la izquierda, cambiando en balón de mano con un pique entre sus piernas, avanzó hacia la derecha. Se quitó al chico de enfrente, y simultáneamente Akira se liberó de su marca; por lo cual con un pase muy bien dirigido, encestó en bandeja.

El equipo rojo tenía el balón, y Lenna supo que tenía que actuar en su posición de centro cuando el chico que había comentado aquello antes de comenzar a jugar había pasado fácilmente a Daisuke. No estaba particularmente cerca del aro a defender, pero no estaba siendo marcada; así que aceleró de cero al máximo, pero aun así, el otro chico ya había tirado. "Esa trayectoria…" pensó Lenna sin dejar de correr "¡REBOTE!". Y saltó consiguiendo el rebote del chico que tan confiado estaba.

De nuevo, consideró las opciones en cancha. Daisuke ya no tenía doble marca, y con un cruce de miradas entre ellos, se liberó hasta la línea de tres puntos; recibiendo el pase de pecho que le había enviado la chica base, anotando una canasta limpia.

Pocos minutos habían pasado; y los del equipo rojo volvían a poseer el balón. A Akira, que estaba defendiendo le hicieron una pantalla, permitiéndole al otro entrar al área. Pero ese era el lugar de Lenna. Su zona de confort.

Se paró con posición de defensa frente al chico, que no tenía idea de su nombre, pero le caía bastante mal por lo que había dicho al principio. Según parecía, la mayoría de los pases del equipo rojo se dirigían a él.

-Acabo de pasar a alguien que te lleva como diez centímetros, no puedes ser muy difícil –murmuró, pero Lenna lo escuchó claramente. El chico era de su altura, y lo que acababa de decir solo la enojaba.

-Sabes, vengo de Nagano –le dijo-. Y en las canchas de streetball de por allí tengo cierta fama. Tienes que ser realmente muy bueno para pasar mi defensa.

El chico no le contestó, al tiempo que ella estudiaba en décimas de segundo sus movimientos. Akira, Daisuke y Kai mantenían a los otros a raya, por lo cual era entre ella y él.

El chico se mantenía a un par de metros de ella, que no lo intimidaba para nada, a pesar de haber bloqueado uno de sus tiros. Decidió que la pasaría por la derecha, puesto que tenía más espacio para maniobrar. Claramente, su ingenio no era el mayor, puesto que Lenna dejaba ese espacio a propósito; a sabiendas de que los jugadores más instintivos irían hacia ese lado, y los más estratégicos hacia el otro. Lo dejó pasar, por medio segundo, para robarle el balón mientras dribleaba.

-¡Eso es! –escuchó a Daisuke.

-¡Estoy libre! –se hizo escuchar Kai. Lenna le pasó la pelota, por simple reacción; y no pudo notar que otro chico del equipo azul la había robado en el proceso. "Diablos, aquí me falta Nao", gruñó ella internamente, mientras volvía a enfocarse en defender. Akira se liberó de su marca para ayudarla, robando el balón del oponente desde un lado. El robo fue a parar a las manos de la chica, quien por sus sólidos fundamentos técnicos y sus años de experiencia en streetball, con facilidad y destreza avanzó media cancha con la posesión de la pelota; hasta que tuvo una doble marca sobre ella.

-Al fin me toman en serio –dijo, y no tuvo más opción que pasarle el balón a Kai, que hacía acto de aparición a su lado.

En un juego de rápidos pases, la pelota termino en manos de Daisuke, que hizo un tiro desde fuera. Aunque el arco era normal y bastante correcto, por alguna razón la pelota hizo un rebote en el aro de la canasta.

Lenna estaba acostumbrada a jugar con minoría de jugadores; muchos de los partidos que tenía en las canchas eran de tres contra cinco. Pero claro, el nivel de una cancha callejera no era el mismo de los que querían entrar al equipo del Instituto Kaijō.

Debido a esto, su reacción natural fue estar debajo del aro contrario, preparada para buscar un rebote, que consiguió y encestó antes de volver al piso.

Sonó un silbato que indicaba que el cuarto había finalizado, y fueron a sentarse a una banca.

-Oi, eres buena –dijo Akira-. Sinceramente esperaba menos…

-Es más que buena, seguro entra al primer equipo –dijo Daisuke con una mueca-. Yo en cambio, aun tengo mucho que trabajar…

-Sabía que podíamos confiar en ti –agregó Kai-. Por alguna razón, te ves confiable…

Lenna estaba feliz. Casi como si jugase con sus amigas, que conocía desde que tenía uso de razón.

-No podría hacerlo sola –dijo sonriendo-. Demos lo mejor, si ganamos tal vez podamos entrar los cuatro al primer equipo.

-Sí, tienes razón –afirmó Akira. Lenna no lo había observado mucho antes. Era apenas más alto que ella; tenía ojos verdes y el cabello rubio-rojizo. Se desempeñaba muy bien como delantero; en pocos minutos había anotado varios puntos.

Y así transcurrió el segundo y último cuarto. Idas y venidas; estrategia, rápidos cambios defensa-ofensa.

Y ganaron.

A pesar de que eran menos.

A pesar de que había una chica.

El marcador había acabado 41-10, a favor del equipo azul.

El entrenador y el Capitán Nakamura estaban impresionados. Los resultados del otro partido, entre los equipo eran 38-49 respectivamente. Lo que dejaba con los ojos abiertos era la poca cantidad de puntos que había logado convertir el equipo 3.

Sin mucho preámbulo, más que unos cinco minutos de receso; el otro cuarto, entre los equipo comenzó.

Lenna entendía la forma de jugar de sus tres compañeros, y a medida que pasaba el tiempo se manejaba mejor. Contaba con Akira para la defensa y para entrar a canasta sin dificultades; era un muy buen jugador. Daisuke tenía buena puntería, pero la precisión le fallaba una buena parte del total de las veces que tiraba; dejando lugar a muchos rebotes, de los cuales ella misma encestó la mayoría. Otros los pasaba a Kai o Akira, y el resto los perdía; puesto que quien estaba de centro en el otro equipo era un chico bastante más corpulento que ella. Kai era un jugador promedio. No era malo, pero tampoco un experto.

Ahora, en el otro equipo habían otros dos jugadores que merecían atención. Un alero muy destacado, esquivaba con facilidad y destreza a sus oponentes, hasta que se encontraba con Lenna. En los 10 minutos que jugaron, se enfrentaron seis veces. Lenna lo detuvo cuatro de ellas. Pero, el tirador que tenían también era muy bueno. A pesar de todo, no pudo detener todos los tiros de tres de ese chico. Sin embargo, la defensa del equipo no era nada buena. Por eso tanto los chicos como ella se lucieron bastante anotando.

Sí que ganaron, pero había sido mucho más reñido: 25 a 19.

-¡Lo hicimos! –exclamó Lenna, eufórica al escuchar el silbato que anunciaba la conclusión del encuentro.

Takeuchi reunió a todos los de primero nuevamente en fila luego de diez minutos en los cuales, entre él, el Capitán y algunos senpais deliberaban y clasificaban a los chicos en el primer o segundo equipo. Claro que el segundo equipo era mucho más grande que el primero.

Entonces dijo:

-Ya los hemos clasificado. Primero de todo, estar en el segundo equipo no significa absolutamente nada; pueden subir en cualquier momento, cuando estén aptos. Es solo para trabajar más personalmente con cada uno. De los diecinueve nuevos, cinco entraron al primer equipo. Den un paso al frente cuando los nombre.

Entonces los nombró de a uno, incluyendo el equipo en el que habían jugado.

-Del equipo uno: Okubo Hayato. Del equipo dos: Koyama Mizuki y Shiba Jin. Y del equipo cuatro: Hisakawa Akira y Ameko Lenna.

Antes de ponerse feliz por ella; Lenna miró preocupada a Kai y Daisuke, quienes no habían entrado. Kai, que estaba a su lado, le dijo:

-No te preocupes –con una mano revolvió su cabello con confianza, aunque ella no le molestó-, subiremos de equipo y volveremos a jugar; en un partido oficial.

-Sé que lo harán –sonrió.

Luego de eso, el entrenador dijo que podían irse, puesto que había sido suficiente. Aunque Nakamura advirtió que al día siguiente tendrían las cosas mucho más complicadas.

-Ameko –llamó el Capitán. A ella. Inesperadamente.

Lenna se volteó al instante y se acercó a él.

-¿Qué sucede, Nakamura-san?

-Nada en particular, solo supuse que querrías bañarte y sinceramente tienes dos opciones, considerando que somos todos varones… puedes esperar a que todos terminen y ser la última, porque algunos ya están en las duchas; o intentar ir al gimnasio de al lado, donde se supone que están las chicas de volley.

-¡Ah! Gracias por su consideración; iré a preguntar entonces.

Con eso, Lenna fue al gimnasio que le habían indicado, notando que estaba todo cerrado. "Parece que no somos los únicos que terminaron temprano" se dijo, y volvió al gimnasio de donde venía. Estaba desierto. Es decir; todos estaban en las duchas. Decidió que como no tenía más opción que esperar, al menos seguiría entrenando. Tomó una pelota, y se dedicó a hacer tiros libres, bandejas, un par de clavadas. A veces pensaba que debería mejorar sus tiros, pero luego recordaba que esa no era toda su función en el equipo; y que no podía acaparar todo para ella. Así que, en vez de practicar tiros, volvió a los fundamentos básicos que, a pesar de tenerlos claros, no podía estar de más repasar.

-Practicar sola no tiene mucha gracia -se dijo en voz alta.

-Si quieres te ayudo…-habló una voz que no conocía entrando al gimnasio-. ¿Dónde está todo el mundo?

Cuando entró, Lenna pudo percatarse de quien era. Por un momento dudó como llamarlo, pero era su superior, así que le respondió:

-Todos están en las duchas, Kise-san.

El chico se sorprendió por un segundo, porque en realidad era normal que las chicas lo reconocieran. Lo extraño era que una chica que lo reconocía, estuviese con ropa deportiva y pinta de haber estado jugando un rato bastante largo en el gimnasio de su equipo. Es decir, para él, las chicas que iban ahí siempre buscaban su autógrafo o algo por el estilo.

-¿Ya terminaron con el entrenamiento? Me voy un par de meses y ya no los hacen sufrir como me hacían a mí –el chico puso cara triste y Lenna sonrió.

-Entramos 19 de primero al equipo –Lenna hizo énfasis en el plural, porque la incluía a ella-. Nos separaron en el primer y segundo equipo, solamente jugamos tres cuartos…-le explicó.

-Ya veo… ¿Cuántos lograron entrar al primero? –Le preguntó el rubio, interesado.

-Cinco. Un delantero, un alero, un escolta, dos bases y un centro.

Kise contó con los dedos.

-Pero dijiste seis…

Lenna rió.

-Yo soy tanto base como centro, por eso –notó como Kise la miraba sorprendido.

-Entraste al primer equipo… ¿Cuál es tu nombre?

-Ameko Lenna –le dijo.

-Entonces, entrenas para esperar que todos salgan de las duchas, ¿verdad?

-Adivinaste –Lenna tenía expresión aburrida, mientras rodaba la pelota entre sus piernas, detrás de su cintura, dribleaba, entre otras cosas. Básicamente, solo estaba matando el tiempo.

-¿Juegas conmigo? –Le preguntó el prodigio.

-No. Me encantaría, pero no. Estás lesionado.

Kise hizo una mueca.

-Prometo que no me sobre esforzaré… Además, ya estoy recuperado. Se supone que vuelva a jugar pasado mañana. Un uno a uno hoy no me hará daño.

Lenna lo pensó y terminó por aceptar.

-Está bien, pero con mis reglas. Intenta pasarme diez veces. Si te detengo más de cinco, gano.

Ella sabía que su fuerte era la defensa. Si iba a ir contra el prodigio, eso era lo mejor. El modelo rió.

-De acuerdo. Espero que no sea tan difícil, puesto que todavía no puedo usar la Perfect Copy de nuevo.

Ninguno de ellos lo sabía, pero algunos ya habían salido de las duchas, y los observaban desde lejos, donde el par en la cancha no podía verlos. Entre ellos, Nakamura, el Capitán, y algunos de los nuevos.

Lenna le pasó el balón a Kise, y se puso en posición de defensa, estudiando los movimientos del otro. No tenía pensado detenerlo el primer tiro, y aunque hubiese querido; le habría resultado muy difícil. La pasó tan veloz que casi no pudo verlo… o eso pareció creer. Apenas la había pasado ella ya había corrido hacia atrás, al aro. El prodigio iba a saltar, lo veía claramente. Cuando saltó, cambió el baló de mano, y tiró con una sola desde un ángulo para nada normal. El tiro parecía uno de los de Akya. Eran casi imparables… Si no estuviera acostumbrada a ellos. Movió su mano todo lo rápido que sus sentidos le permitieron, rozando la pelota con la yema de los dedos. Observó el destino de ese tiro con ojos impacientes desde abajo, puesto que parecía que el balón hacía equilibrio sobre el aro, aunque terminó por entrar.

-Maldición –murmuró-. De nuevo –Le dijo a Kise, pasándole la pelota.

Lo volvieron a hacer. Esa vez, Kise hizo uno de tres, que Lenna no esperaba para nada. Además, tenía un arco ridículamente alto.

-Qué bueno que dijiste que no utilizarías la Perfect Copy, ¿verdad? Ese tiro es de Midorima-san.

-No lo hago… Todo mi juego es copia de otros –le contestó con una sonrisa.

-Lo sé –dijo pasándole de nuevo la pelota-, y es genial, porque si te detengo a ti; los puedo detener a ellos.

De los siguientes ocho tiros, Kise sólo logro encestar tres. Al cuarto tiro; la rubia ya se había acostumbrado a la forma de moverse del prodigio, casi que a la forma de pensar que tenía. Podía deducir hacia donde iría simplemente basándose en sus jugadas anteriores.

-Eso… lo convierte en un empate, ¿verdad? –Dijo Lenna, animada y sonriente.

-Amekocchi, ¡Eres muy buena! ¡Bloqueaste la mitad de mis tiros!

El resto de los chicos ya se habían duchado, y observaban a los dos rubios sin poder creer lo que sucedía.

Lenna sonrió de nuevo y le dijo que mejoraría el resultado. Seguido de eso, todos los chicos se dejaron ver.

-¿Por qué nos observaban en secreto? –Preguntó Kise.

-Simplemente no queríamos arruinar el ambiente –dijo Nakamura-. Por otro lado, Ameko, eso fue particularmente impresionante.

-Capitán, ¿por qué no simplemente dice que eso acaba de ser un pase directo a ser titular? –Escuchó intervenir a Akira, que al parecer también había visto el duelo.

-Lo diría, pero hay un problema: tengo entendido que las ligas como la Inter High o la Winter Cup son únicamente masculinas.

-Maldita sea -susurró Lenna. Porque sí, las chicas lindas también maldicen. Aunque solo Kise la escuchó.