Disclaimer: Los personajes de MARVEL & Disney© no me pertenecen. La historia si es creación mía.

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Natasha despertaba poco a poco, gracias a los pequeños rayos de sol que entraban por la ventana. Se incorporó somnolienta, tallando sus ojos para poder ver mejor la hora en su teléfono. Y claro, eran pasadas las ocho de la mañana. Ya no había llegado a la oficina. No le importaba si le descontaban el día o algo por el estilo. Además, le había avisado a María Hill vía mensaje que no asistiría porque se sentía indispuesta, cosas de mujeres.

Aquel sueño, no era sólo un sueño. Fue realmente lo que pasó el día de ayer. Generalmente, la mente guarda ciertos residuos y recuerdos, mostrándolos sin más, casi al momento de despertar. Y no era para menos, volver a hacer el trabajo sucio que había abandonado hace diez años, era prácticamente un retroceso en su vida actual.

Aún no podía creer que Alexei estaba con vida. Era impensable. Aquella explosión había sido un infierno. El hombre no alcanzó a contarle todo. Quizás en otra ocasión pueda preguntarle más detalles de cómo pudo sobrevivir...y quien está ayudándolo.

De lo que sí estaba segura, era que su alma estaba en paz. Finalmente, ella no cometió el asesinato. Sus números en rojo no habían aumentado y eso, la dejaba tranquila. Luego, recordó lo que Alexei le había comentado de ayudarla en sus misiones. De verdad no quería molestarlo con algo así. Estaba dudosa. Pero él, era la única esperanza que tenía, para poder seguir con el plan adelante...no tenía otra alternativa.

Sintió unos cálidos brazos rodearla por la cintura y unos tiernos besos en su cuello. Realmente era un sueño poder amanecer con él todos los días.

—Buenos días... —dijo él, a lo que la pelirroja giró un poco su cabeza, para besarlo tiernamente en su mejilla—, ¿dormiste bien?

—Si, a pesar que no cenamos anoche —suspiró agotada—, ahora si tengo mucha hambre.

—Yo haré el desayuno. Mientras podrías darte una ducha...

—¿No tenías que ir temprano a la tienda? —ella se levantó de la cama, dirigiéndose hacia el armario, donde sacó un par de toallas.

—¿Y tú no tenías que ir a trabajar hoy? —respondió con una pregunta. La muchacha no respondió y por primera vez en años, sintió nervios. Natasha sabía que el tono de voz de Steve no era de enfado, pero claramente, le iba a parecer raro que hoy no fuese a trabajar, ya que es día laboral.

—Si, pero recuerda que tuve un viaje de negocios el fin de semana, Steve —volteó para verlo—, tienen que compensarme los días que no descansé.

A Steve le hacía sentido. No podían hacer trabajar a Natasha si se había ido casi todo el fin de semana de viaje.

—Cierto, que tonto soy —el muchacho se acercó a ella, dándole un abrazo apretado, de esos que dejan a uno sin aire. A Natasha le gustaba mucho esos abrazos de oso que él le daba. Lo encontraba realmente tierno—, entonces, como será nuestro día libre, tomaremos desayuno y nos iremos a pasear en motocicleta ¿te parece?

Había olvidado que Steve se había comprado una motocicleta. Y la idea le parecía genial. Al parecer, el turismo la estaba persiguiendo y tenía que aprovechar.

—Me daré una ducha de cinco minutos —le robó un beso, para dirigirse al cuarto de baño y vuelve a decir algo antes de cerrar la puerta—, pero... creo que podríamos ahorrar tiempo, si te duchas conmigo...

No había necesidad de explicarlo. Esos dos se amaban demasiado.

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09:00 en punto y James Barnes, estaba de punta en blanco, en frente la oficina de Wanda Maximoff, esperando.

Sharon le había dado la noticia, de que sería transferido a la unidad de ella y debía ir mañana mismo hacia allá.

Estaba nervioso. Anoche estuvieron bebiendo en el bar y se conocieron ahí mismo. Igual estaba ansioso de empezar en un lugar nuevo y con gente nueva, porque sinceramente, en el departamento donde Sharon estaba, era bastante caótico. Tenía fe de que Wanda haría un mejor trabajo.

Levantó su mirada, ya que escuchó el ruido de unos tacones y entonces: la vio.

Wanda vestía formal, de pantalón, chaqueta de color negro, una blusa blanca y su placa de jefa de policía local colgando sobre el cuello, además de su cabello tomado en una larga coleta.

Un pequeño calor inundaba poco a poco las mejillas del castaño. Se veía hermosa a simple vista. Sus ojos eran de color verde. Ayer en la noche no pudo percatarse de ese detalle. Sus pestañas estaban rizadas y sus labios decorados con un labial rojo brillante...estaba pasmado con la belleza de aquella mujer.

—Buenos días Barnes —dijo ella cordialmente. Él se levantó de inmediato de su lugar, para saludar de mano Maximoff—, que temprano estás por acá. Pensé que vendrías más tarde.

Él entendió que se refería a la salida de anoche. Negó con la cabeza y habló.

—No, claro que no —se defendió—, además, anoche no nos quedamos hasta tan tarde.

—Si, es verdad —notó que ella sacó unas llaves para abrir su oficina—, ven pasa. Te haré un resumen de tus nuevas labores por acá.

Wanda le contó más o menos en lo que su departamento trabaja en la actualidad, que, en pocas palabras, la unidad se encarga de desbaratar bandas delictuales que trabajan en redes muy peligrosas: contrabando de personas y drogas más que misterios sin resolver como Sherlock Holmes. El castaño estaba un poco impactado, jamás pensó que ella sería líder de aquellos casos.

Escuchaba con atención a lo que se dedicaban en términos de papeleos y trabajo administrativo, que es lo más tedioso de realizar. Pero a él le gustaba, hasta le relajaba tener ese tipo de tareas. No le molestaba en lo absoluto.

—¿Por qué elegiste ser abogado James? —preguntó ella desinteresadamente. Lo tomó algo de sorpresa la pregunta. Aquella mujer era bastante directa.

—Bueno, me gustaba desde pequeño —comenzó—, siempre he tenido ese espíritu de justicia, de poder defender a la gente que de verdad lo necesite...

—¿Y has defendido a algún asesino? —cortó ella. El semblante de James cambió a uno más serio. Se sentía a prueba—, sabes que el trabajo del abogado es defender a todos sin distinción de cargos.

—Lo sé —dijo—, lo tengo muy claro, hay que seguir la ética profesional.

Barnes tenía muy presente eso. Algún día, él tendría que defender a algún asesino e intentar bajar la pena de él con argumentos sólidos. Pero mientras ese día no llegue, estaría tranquilo.

Wanda lo miraba seria. Dudaba un poco de él, pero en el fondo, sabía que era un buen muchacho. No sólo porque anoche se habían conocido en aquel bar; ella tenía un sexto sentido, como le llamaba Sharon, de reconocer si la gente hablaba con la verdad y que, por eso, ella era la indicada en tener el cargo de comisaria de esa unidad.

—Te lo pregunto porque...—ella miró unos momentos su laptop, donde buscó un correo electrónico para leerlo y contextualizar a James—, nos llegó un reporte de un asesinato que ocurrió la noche del sábado... —Mencionó ella—, en la región de Siberia.

El corazón de Barnes latió rápidamente. Steve le había mencionado que Natasha estaría en esa región. Era de esperar, que no le haya pasado nada malo a ella, aunque la coincidencia sería demasiada.

—Era una persona importante, del ámbito político. Nikolai Petrova. Nos estaba ayudando en una investigación sobre drogas y tráfico de personas. Lo asesinaron la noche del sábado —Wanda imprimió un par de hojas y se las pasó a James.

—¿Balística? —recibió los documentos y vio la foto del sujeto asesinado.

—Aún no nos llega —respondió—, pero a penas lo tenga, te lo pasaré para que veas el caso conmigo —mencionó luego y James, quedó boquiabierto— Bienvenido Barnes —ella le dedicó una sonrisa de medio lado—, espero que te acomodes bien a esta oficina.

—¿Las preguntas anteriores... eran una prueba? —preguntó un poco asustado. Wanda soltó una pequeña risa y asintió.

—Digamos que sí. Sólo... quería conocer un poco tu actitud frente a aquella pregunta —el nombrado asintió con la cabeza—, espero que tu estadía acá sea por mucho tiempo.

Le tendió la mano, donde él, accedió cordialmente; James empezó a observarla mejor, sus facciones del rostro, sobre todo, sus ojos. La encontraba muy interesante. No estaba enamorado, no, pero percibía algo de misterio en ella que le llamaba la atención. Wanda sintió de inmediato aquel scanner que su nuevo pupilo estaba haciendo con ella. Soltó abruptamente la mano para volver a hablar.

—Bueno, entonces... —siguió ella— ¿estabas trabajando con Sharon? ¿en qué? —volteó a darle la espalda, mientras buscaba unas carpetas. James asomó una pequeña sonrisa, bajando su mirada. Ella estaba nerviosa. Podía detectar ese pequeño signo.

—Si... como ya sabes, trabajaba con tu amiga y por lo que veo, conoce a Steve, aún recuerdo su expresión.

Wanda soltó una pequeña risa con ese último comentario. Y bueno, ella también había quedado impactada con la noticia, pero no era algo que le importase mucho la verdad. Si lo hacía, era sólo para empatizar con su amiga.

Luego de eso, Barnes respondió su pregunta

—Y pues, nada de lo otro mundo. Papeleo vario con respecto a los casos, que eran bastante sencillos. Denuncias ciudadanas, laborales, etc.

—Ya veo... —sus ojos hicieron contacto directo con los de él y dios, ahora se fijó mejor en su semblante y sí que se veía más guapo que la noche anterior; sacudió su mente, quitando esos pensamientos para concentrarse—, entonces —aclaró su garganta—, acá tendrás un poco más de acción al parecer.

—Pues me encanta la acción...

James no estaba coqueteando, él era así por naturaleza, pero Wanda percibía todo lo contrario. No quería hacerse aquella idea. Pero tampoco podía obviar lo guapo que era él. Se levantó de su silla y habló finalmente.

—Acompáñame, te llevaré a tu oficina.

James siguió a la despampanante Wanda Maximoff, haciendo sonar sus tacones con autoridad; no era un pasillo muy largo, quedaba a tres puertas de la oficina de ella.

—Se ve bastante acogedor. —dijo James conforme, con ambas manos en sus bolsillos, asintiendo de manera positiva.

La oficina era bastante amplia y muy bonita; tenía un gran ventanal, el cual le llegaba la luz del día; un escritorio amplio para trabajar, con su respectiva lámpara de lectura nocturna, un mueble grande de dos puertas para guardar sus pertenencias.

—En invierno es algo fresco. Te recomiendo que enciendas la calefacción. —ella apunta al calefactor que estaba detrás de la silla del escritorio y tu regalo aun no llega...—Wanda sacó su smartphone de pronto.

—¿Regalo? —dijo él mirándola, cuando de pronto, alguien golpea y entra.

—Lo siento Srta. Maximoff. —entró uno de los trabajadores de la oficina, con una caja mediana. La dejó encima del escritorio y le entregó unas facturas, que ella amablemente firmó.

—Gracias Willy —agradeció ella. El hombre antes de irse, saludó de mano a James.

—Bienvenido, este regalo lo hacemos a todos los que llegan a trabajar acá, espero que la disfrutes, y la cuides... ¡nos vemos!

—Te dejaré para que te acomodes. Salimos alrededor de las 13:30 a almorzar para que te integres —dijo ella amablemente y él asintió—, nos vemos Barnes.

Ella abandonó la oficina, dejando un aroma a rosas, el cual deducía, era el perfume de ella. Dulce y cítrico a la vez, que embriagaba los sentidos de Barnes. Le parecía exquisito...

¿Qué diablos le estaba pasando? Realmente, se sentía embobado por su nueva jefa. No había que ser idiota para no darse cuenta de lo bella que era; regresó a la realidad, viendo aquella caja encima de su escritorio y decidió abrir de qué se trataba: Una cafetera de grano.

—Que buen detalle... —dijo él feliz. Al parecer, este cambio traería muchas cosas nuevas.

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Steve era precavido, y había comprado un casco para Natasha. Sabía que tarde o temprano, saldrían de paseo. El rubio se sentía ansioso, no sólo por llevar a su novia en motocicleta, sino volver a manejar en una.

Natasha por su parte, también sentía emoción. Ya había conducido motocicletas, pero nunca había sido copiloto y menos que alguien la llevase; la pelirroja guardó en su pequeña mochila un par de refrigerios y una botella de jugo para el camino. Tenía más o menos un panorama para el día. Se había puesto su tenida deportiva, que consistía en zapatillas cómodas, unos pants negros, su camiseta gris holgada y un polerón de un gris más oscuro.

—Steve —dijo ella de pronto desde la cocina—, ¿has visitado el Mavzoléi Lénina?

—Desde que llegué acá, no he salido a ninguna parte como para visitar. —mencionó él desde la habitación. Se estaba vistiendo con unos vaqueros y una camiseta mientras—, me intriga mucho visitarlo. Serás mi guía turística el día de hoy —le dedicó una sonrisa, la cual, ella respondió de la misma manera.

El mausoleo de Lenin o conocido también como la Tumba de Lenin, es uno de los lugares históricos más impresionantes que ver en Moscú.

—Bueno, será tu primera vez de ver a Lenin embalsamado —dijo ella y la cara de Steve se transformó, no creyendo lo que le decía su novia.

—¿Es en serio? —preguntó, mientras salía de la habitación con la chaqueta en su mano—, ¿tienen el cuerpo de Lenin embalsamado ahí?

—Así es —afirmó Natasha—, fue levantado durante el gobierno soviético. Y según dicen, el arquitecto de ese entonces fue comisionado para que construya el mausoleo en sólo tres días —Steve estaba boquiabierto—, que loco ¿no te parece?

—Rusia tiene muchos lugares interesantes, además de la historia que trae consigo. —respondió él. Luego, tuvo un poco de cuidado en sus palabras—, y también, de aquel accidente nuclear...

No era necesario tal vez hacer una introducción. Todo el mundo sabía sobre aquel accidente fatal ocurrido en la ciudad de Chernóbil, a causa de la explosión de uno de los reactores nucleares de la planta.

A Natasha se le erizaba la piel de sólo pensar en lo ocurrido ahí, donde miles de personas y familias, tuvieron que evacuar la ciudad. Gente que desarrolló cáncer en poco tiempo y que fallecieron antes de los cuarenta años; bebés que nacían y no duraban ni tres días con vida, ya que ellos absorbían la mayoría de la radiación; además, se debía controlar la propagación de animales. Soldados soviéticos de esa época, salían a realizar su ronda hacia la ciudad para ir en búsqueda de mascotas, puerta a puerta, para luego, sacrificarlos. Había que hacerlo rápido y que no sintieran dolor. No los dejaban moribundos, al menos, en ese sentido, eran bastante conscientes.

Steve notó que su pelirroja se había callado varios segundos, tal vez, recordando algunas cosas con respecto a ese accidente, que había sido terrible tanto para la ciudad, Europa y el mundo entero.

—Lo lamento, no quise traerte algún mal recuerdo. —de pronto ella salió de su pequeño trance y volvió a mirar al rubio que estaba preocupado.

—No, tranquilo —hizo un gesto con la mano, que todo estaba bien—, sólo recordé algunas cosas de los noticiarios en aquella época, yo era muy pequeña cuando eso ocurrió. Pero si, ese accidente, fue terrible para todos —tomó su pequeña mochila, colocándosela detrás de la espalda y, por último, tomó las llaves del departamento—, ¿vamos?, hay que aprovechar el día.

—¿No harás tus clases hoy? —preguntó Steve—, tus alumnas deben extrañarte demasiado...

Era verdad. Natasha había dejado de lado un poco sus clases en la academia de ballet. Tenía que volver y ver a sus pequeñas. Ya no le importaba si Sharon estaba o no, ella iría y realizaría sus clases sin importarle su presencia. Debía estar tranquila.

—Iré esta tarde a la academia, si no te molesta Steve —él negó con su cabeza—, entonces vayamos para que no se nos haga tarde.

Ambos se subieron a la motocicleta y partieron rumbo al atracción turística que Natasha había mencionado. El rubio estaba ansioso por conocer el lugar y tomar fotografías. Tal vez le serviría de inspiración para nuevas obras...

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SHIELD Corporation, 09:30 am

SHIELD es una empresa del rubro de las tecnologías de la información, más específicamente en el área de desarrollo de aplicaciones para diferentes plataformas. Como todas las empresas, había empezado como una pequeña, realizando diferentes consultorías, y ahora, eran líderes en muchos desarrollos de software de punta. Natasha y María eran la mano derecha de Fury, ayudándolo a cerrar nuevos negocios.

—¿Y Natasha? —Preguntó un Nick Fury sentado en su escritorio, revisando algunos documentos. De fondo se escuchaba el ruido del tecleo rápido de María Hill en frente suyo—, debería haber llegado hace mucho.

—Me avisó en la mañana que no podría asistir hoy señor —dijo ella sin despegar la vista de su laptop, respondiendo algunos correos—, amaneció un poco indispuesta.

—Entiendo. Espero que se recupere pronto —siguió leyendo y luego continuó—, dile que se tome esta semana si es necesario. La documentación que nos dejó está al día —Movió los papeles.

—Le diré señor —Hill exhaló un largo suspiro. Nick la observó—, este tipo realmente no tiene paciencia con nada —reclamaba ella, mirando el correo con el ceño fruncido—, le he dicho en tres ocasiones, que nuestra empresa ya cerró contrato con otro proveedor.

—Que insistentes ¿quieren ser partners con nosotros? —María asintió. El moreno suspiró, mientras terminaba firmar los documentos que había leído anteriormente—, ¿Quién es su representante?

—Déjame ver... —empezó a bajar con la rueda del mouse la información que buscaba, hasta que la encontró finalmente—, es Anthony Stark, pero no te preocupes, le enviaré otra respuesta diciéndole que-

—Cítalo entonces. —mencionó él y María arqueó las cejas sorprendida—, tal vez si sea una buena oferta para la empresa.

—Pero Nick, las postulaciones ya cerraron.

—Sólo será una reunión...nada del otro mundo —el CEO se levantó de su puesto—, iré por un café ¿quieres que te traiga uno?

—Está bien... —resopló levantando un mechón de su cabello—, ¿puede ser con crema?

—Claro, vuelvo en unos minutos.

Anthony Stark...años sin escuchar su nombre. Nick se preguntaba, ¿qué es lo que estaría tramando ahora? Algo bueno podría ser, pero dudaba. Por eso, era mejor preguntarle cara a cara el regreso y para Fury, esto se le complicaría un poco. Pero el momento había llegado: La KGB tenía los días contados.

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[Continuará...]