Disclaimer: MARVEL & Disney no me pertenecen. La historia de este AU si.

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Llegaron finalmente a su destino. De por sí, Rusia tiene muchas plazas populares, pero la más famosa de todas, es la de Moscú, y es la plaza Roja, la cual está situada el pleno centro de la ciudad. No se demoraron tanto en llegar, debido a que el edificio queda relativamente cerca del dentro y, además, ahora andaban en motocicleta, auspiciado por Steve Rogers.

El muchacho se estacionó cerca de ahí, para luego, caminar hacia el centro de la plaza. Todo era una obra impresionante a la vista de los ojos de Rogers. Realmente, era un paisaje sumamente hermoso. Sacaría muchas ideas de qué pintar a futuro y eso lo entusiasmaba bastante.

—La plaza roja no se llama así por el comunismo, como cree la mayor parte de la gente —habló la pelirroja—, sino que deriva de la palabra "Krásnaya", que significa «roja», pero, en ruso antiguo, significa «bonita», ósea-

—Plaza bonita. —respondió Steve, terminando la frase de ella.

—Eres rápido —elogió ella—, vas bien con el ruso.

—Tengo una buena profesora —él la observó elogiándola de vuelta. Natasha no pudo evitar sentir un leve cosquilleo en su pecho con esto. Realmente Steve era un hombre muy tierno. A veces odiaba que fuese tan así, ya que la hacía sentir cosas que jamás había experimentado, pero a la vez, le gustaba demasiado. Sólo que ella, era demasiado orgullosa y no se lo diría directamente.

—Es un lugar hermoso, Natasha —habló nuevamente el rubio.

—Lo es ¿no es así? —dijo orgullosa—, de noche este lugar es espectacular. Es un verdadero cuadro para retratar. Pensé que ya lo habías visitado.

—No, la verdad es que no había tenido el tiempo de venir, ya sabes. El tema del local y otras cosas que se me fueron sumando de a poco...—la pelirroja se acercó a él, entrelazando su mano con la de él.

—Tenemos mucho por ver. No te arrepentirás, Steve —dijo feliz—. Estoy segura que sacarás buenas ideas para inspirarte.

—Creo que tendré pesadillas si llego a ver a Lenin momificado —su novia soltó una pequeña risa por el comentario de Steve.

—¿Te da miedo? —una sonrisa burlona se asomaba por sus labios. Steve sintió sus orejas arder de pronto. Claro que no tenía miedo.

—No, no tengo miedo, pero me sigue pareciendo muy extraño —respondió un poco aliviado—, entiendo que eran otros tiempos. El contexto histórico es lo realmente interesante realmente.

Siguieron caminando por aquel paso peatonal, donde iban paseando más personas, gente del mismo país y extranjeros; mientras Steve observaba el bello paisaje, pasaron por el lado de un grupo de personas, que probablemente, era un tour. El rubio no sabía que este país era muy visitado. Se unieron detrás de ellos, ya que iban al mismo lugar.

Después de hacer una larga fila, entraron con el grupo de personas. En la entrada, había algo escrito en ruso, que él suponía que era el nombre de él.

La tumba de Lenin era impresionante, al menos lo que notaba Steve, era de otro mundo. A lo largo de las paredes de la sala, discurría una cornisa de labradorita negra, con pilastras de pórfido rojo encima de ella.

Aquel hombre descansaba en un sarcófago transparente a simple vista, pero según la infografía que yacía dentro, era a prueba de balas y se encontraba instalado en medio de una plataforma con barandilla de granito rojo.

A pesar de estar embalsamado por muchos años, el cuerpo se encontraba en perfectas condiciones. Lo tenían vestido con un traje oscuro, donde en su parte izquierda lucía un pin de miembro del comité ejecutivo central de en ese entonces, la URSS

Ahí dentro, no se podían tomar fotografías. Lo comprendía totalmente por un tema de respeto; la imagen de él recostado en aquella vitrina transparente, no la olvidaría jamás. Era de esperar, que realmente no tuviese pesadillas o Natasha se burlaría de él por el resto de su vida.

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SHIELD Corporation.

La mañana había transcurrido rápidamente. Hill tecleaba rápidamente, que parecía un hacker profesional. A pesar que Natasha había dejado la mayoría del trabajo listo, le hacía falta una mano. Además de preguntarle sobre su ausencia, ella sabía que su amiga no era así.

—Nick, Stark está esperando en la recepción —habló la mujer—, lo haré pasar al despacho de al lado.

—Gracias María —dijo esto levantándose de su puesto—, veo que el café te dio mucha energía.

—Tal vez un poco —respondió un poco avergonzada—, sin Natasha necesito distraerme mientras trabajo.

—Tómate la tarde. Lo necesitas... —alcanzó a decir esto último, mientras se retiraba de la sala.

—¿Es en serio? —lo observó incrédula. El moreno se detuvo antes de cerrar la puerta.

—Hazlo antes de que me arrepienta Hill.

—Eso suena a amenaza —rodó los ojos para luego responderle—, gracias jefe —diciendo esto último, cerró la tapa de su laptop para retirarse a almorzar y tener su merecida tarde libre.

Luego de que María se retirase, un hombre de más o menos 1.70, cabello corto y anteojos de sol tocó la puerta del despacho de Fury. El moreno entonces abrió, encontrándose con Tony Stark.

—Ha pasado un tiempo —Habló Nick Fury, cerrando la puerta de su oficina—, serán unos... ¿ocho años?

—Diez, para ser exactos —ahora, la voz de Tony Stark resonaba en el despacho—, ¿Cómo ha estado la muchacha?

Nicholas Joseph Fury era un ex agente de la CIA retirado y Anthony Stark había sido su alumno de él como detective de la policía federal. Estaban activos aún, pero manteniendo el secretismo de su doble vida como agentes.

El gobierno le otorgó cierto capital a Nick para que fundara una empresa para pasar desapercibido de su real misión de derrumbar al comité de seguridad del estado: El KGB.

—Se adapta bien —el moreno se sentó en su escritorio, seguido del filántropo, que tomó asiento frente a él—, es muy calculadora y eficaz.

—Por algo es ahora tu mano derecha en la empresa. Por cierto ¿Dónde está?

—Se tomó el día libre. Pero mañana debería regresar —arqueó una ceja y continuó hablando—. Y bien. Imagino que la insistencia de querer hablar conmigo, es porque se trata de algo muy importante, así que te escucho claramente —Nick sabía perfectamente la razón del llamado de Stark, pero quería escucharlo de sus propios labios.

—La organización ha vuelto a renacer, Nick —habló finalmente Tony—, y contactaron a tu mano derecha el fin de semana.

—Ya veo —dijo serio—, ahora entiendo la ausencia de ella acá. Pero no la culpo. Debe estar además de agotada, intentando ocultar su otra vida. —suspiró preocupado— Tenemos que detenerlos, pero necesitamos armar un plan. Y uno muy bueno.

—Por eso, es que acudí apenas pude. Alexei tuvo que hacer el trabajo sucio para que no sospecharan. Pero es parte de la estrategia.

—¿Él está bien? ¿No lo descubrieron? —Tony negó—, eso es bueno.

—Debemos hacer que Natasha realice este trabajo por un tiempo, hasta que sepamos desde donde operan estos mal nacidos —escupió Stark sus palabras, llenas de odio—, pero no te preocupes. Tenemos el respaldo del gobierno.

—Y dices que Natasha seguirá asesinando gente Tony, dime ¿Cuántas personas más tienen que morir para poder derrocarlos? ¿Es justo esto? —Fury tenía razón. No podían permitir que más personas murieran. Ésta debía al menos, una de las últimas.

—No deben darse cuenta que estamos investigándolos. Ella debe cumplir con su trabajo. Si no, Alexei podrá ayudar. Él no tiene problemas en reemplazar a Romanoff.

—Tony, estamos hablando de vidas en juego. Vidas que no tienen la culpa que una organización tan nefasta como la KGB siga operando en el siglo veintiuno.

—¿Y cómo lo harías tú? —Tony estaba un poco furioso. Pero Fury sabía que él actuaba así cuando no pensaba con la cabeza fría. Él siempre se iba por el camino más fácil.

— Ya que estamos en calma...aprovechémonos de eso ¿no te parece? —El multimillonario arqueó una ceja en señal de que no entendía por nada del mundo, el plan de Nick Fury.

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Oficina central de policía de Moscú.

Barnes había terminado su primer día en el departamento de policía con su nueva jefa, Wanda Maximoff. Y había sido un buen día. El ambiente laboral era mucho más grato, tenía su oficina propia, y además le quedaba cerca de su apartamento, aproximadamente a unos veinte minutos caminando.

El almuerzo con sus nuevos compañeros había sido muy ameno. Se sintió muy en casa al saber, que varios eran estadounidenses. Había tomado confianza y eso le agradaba bastante.

Como recompensa de primer día, Wanda le dijo a James que podía retirarse después del almuerzo y que mañana, empezarían de lleno con el trabajo. Eso si no se lo esperó. Después de la cafetera de regalo, el día había sido demasiado bueno para ser verdad.

Recogió sus cosas, tomando su maletín, saliendo de la oficina hacia el paradero más cercano. Sacó su celular para revisarlo. Casi nunca lo hacía, pero ya que estaba solo, lo había tomado como costumbre.

Mientras esperaba ahí el bus, vio pasar a su jefa, quien iba con audífonos escuchando música a su parecer. Pensó que se subiría a algún auto, pero seguía caminando. Tal vez vivía cerca de la oficina. Decidió ir tras ella y tras alcanzarla, tomó levemente su brazo para no asustarla, pero fue todo lo contrario. Ella se giró y su rostro mostraba impacto, ya que había pensado, que la iban a asaltar o algo por el estilo.

—¡Barnes! ¡No vuelvas a hacer eso, me acabas de matar de un susto! —exclamó ella, quitándose los audífonos.

—Lo lamento, no pretendía asustarte —se disculpó— es que te vi pasar y...

—Está bien, sólo no lo vuelvas a hacer —dijo ella ya mas tranquila— ¿vas a tu casa?

—Si, estaba esperando el autobús, pero cambié de parecer cuando te vi—el castaño esbozó una pequeña sonrisa, la cual Wanda pudo apreciar mejor.

—Así veo —respondió de la misma manera—, ¿me quieres acompañar? Vivo cerca de acá.

—Por supuesto.

Se dispusieron a caminar juntos y el silencio estaba reinando entre ellos. No era la idea claramente. Maximoff se sentía un poco incómoda, pero la razón era, que no sabía bien qué preguntarle sin sonar invasiva. Hasta que de pronto, su mente hizo clic.

—Recordé de pronto... cuando estuvimos en el bar junto a Sharon ¿entonces eres amigo de Steve Rogers?

—Si, somos amigos. Estudiamos en la misma universidad. Carreras diferentes claro, pero eso da lo mismo. Nos conocimos por amigos de los amigos en una fiesta de mi facultad y pues...aquí estamos —respondió—, y, ahora entiendo el por qué de la sorpresa de Sharon al enterarse sobre eso. El mundo es un pañuelo.

—Pues sí. Nunca imaginamos que lo conocerías —dijo—, Sharon ha estado un poco obsesionada con ese tal Steve, ni siquiera lo conozco, además.

—¿Sabes? ahora entiendo por qué insistía tanto... —Wanda arqueó una ceja cuando escuchó esto. Pero él no mentía. Sharon más de una vez le contó, que él era muy esquivo con ella—, quizás quería olvidarle, saliendo conmigo —ambos muchachos se miraron serios y de pronto, risas invadían aquella conversación. Al parecer, estaban entrando un poco más en confianza.

—Mi amiga está loca, de eso lo sé muy bien —respondió entre risas—¸así que no te culpo que también lo hayas pensado.

—Yo no he dicho nada —Barnes se excusaba—, además...tiene buen gusto tu amiga, de querer haberme visto de esa manera —James se auto elogió, cosa que sabía hacer bien, para que la otra persona tome confianza en seguir preguntando.

—Bueno, eres apuesto —y no sabía cómo, pero le había confesado que ella pensaba acerca de él. James claramente estaba sorprendido con aquella respuesta de su jefa.

—¿Tu piensas eso? ¿De verdad?

Ella asintió. Para James, escucharle decir eso, valía oro puro. Tampoco quería parecer un psicópata obsesionado como Sharon. Pero este sentimiento que percibía ahora, era otro, comparado cuando había salido con otras chicas. Desde aquella noche en el bar, él no le había quitado los ojos de encima. Le pareció una mujer muy interesante de conocer y no quería perder la oportunidad de estar cerca de ella.

—No me esperaba esa respuesta. Muchas gracias —él se detuvo de pronto y ella también lo hizo, y fue, cuando entonces, James tomó delicadamente su mano, depositando un tierno beso. Las mejillas de Wanda se ruborizaron inmediatamente, cuando él la soltó.

—¿Qué fue eso? —alcanzó a decir ella.

— Un beso en tu mano —respondió, continuando el paso—, ¿me sobrepasé?

—Ridículo —dijo ella, riendo ante el comentario del castaño. Realmente era agradable hablar con él.

—Bueno, me gustaría hablar más contigo, pero debo dejarte, Wanda —la sonrisa de la castaña se fue apagando de a poco.

—¿Por qué? —ella no entendía, hasta que él, empezó a caminar hacia un edificio y cayó en cuenta, que habían llegado primero, al apartamento de él—, vivimos relativamente cerca entonces.

—Así parece ser —se encogió de hombros—, y yo como buen samaritano, quería dejarte en la puerta de tu casa.

—Pues, no sería mala idea que lo hicieras igual —ella empezó a caminar, dejándolo ahí.

—¿Me estás invitando a tu casa? —comenzó a seguirla—, ¿me invitarás a almorzar?

—No te he dicho eso James. —Negó.

—Te puedo cocinar —dijo él quedando frente a ella. A James le fascinaba observar esos ojos, no se cansaba en lo absoluto—, no te arrepentirás, Wanda.

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Después del paseo por la Plaza Roja, que había sido fenomenal, Steve fue a dejar a Natasha hasta la academia, tal y como se lo había prometido. Él sabía que la pasión de su pelirroja, era enseñar y bailar ballet.

Ella se bajó de la motocicleta, pasándole el casco a Steve, y donde él, aprovechó de atrapar sus labios con los de él.

—Te veo a la hora de la cena, ¿quieres comer estofado? —mencionó él, aun sin soltarla desde su cintura.

—No sé si queda para hacer estofado. Recuerdo que había unos trozos de pollo en la nevera —Respondió.

—Entonces pasaré a comprar, aprovechando la motocicleta —el rubio se acomoda el casco para partir.

—Me parece una estupenda idea —sonrió— ¿Puedes comprar vodka?

—Que sería de Natasha sin su vodka ¿eh? —le robó un último beso, para acelerar e irse de ahí.

La sonrisa que poseía la pelirroja era imborrable. Se sentía muy feliz. Agradecía poder tener a alguien así en su vida. No sólo era su pareja, sino que también era su confidente, su amigo, su amante...era todo para ella.

De vuelta a la realidad, giró sobre sus talones para entrar a la academia de ballet. Miró la hora en su banda deportiva. Estaba a quince minutos de que empezara la siguiente clase.

Entró y saludó a sus alumnas, quienes estaban calentando y elongando antes de comenzar. Algunas de ellas, se acercaron rápidamente donde Natasha, para abrazarle y darle la bienvenida.

—¡Nos alegra que haya regresado, la extrañábamos! —exclamó una de las pequeñas.

—Si, queríamos verla de regreso para que volviera a enseñarnos —dijo otra. Natasha abrazó a ambas y no pudo evitar derramar unas pequeñas lágrimas de emoción.

—Ya volví pequeñas —se separó de ellas para dedicarles una sonrisa—, ahora mismo me prepararé para que comencemos pronto.

Natasha se dirigió hacia los camerinos para cambiarse y vestirse con sus mallas de color negras y zapatillas.

Ya se encontraba lista para enseñar, pero debía tomarse el cabello en un tomate bailarina. Cerró la puerta de su casillero y con quien menos quería encontrarse, era con ella...

—Hola Natasha, veo que has regresado —habló Sharon— ¿Qué tal estuvo tu semana?

—Bien. Ahora si me permites, necesito hacer mis clases —la pelirroja pasó por su lado sin siquiera mirarla, cosa que molestó a la rubia.

—Veo que tu humor sigue igual que siempre —dijo—, tan antipática y antisocial —Natasha se giró para mirarla ¿acaso quería comenzar una discusión sin importancia? ¿y para qué? Tomó aire para hablarle de vuelta.

—¿Se te ofrece algo? —dijo y luego, miró su reloj—, tienes cinco minutos.

—¿Desde cuando estás saliendo con Steve? —fue directo al grano—, te vi cuando llegaste. Vino a dejarte acá en motocicleta.

—¿Es en serio? ¿Tengo que responderte esa pregunta? —la pelirroja la miraba incrédula. Claramente, a Sharon le hacía falta algo de sentido común.

—Sólo quiero saber... es decir, tú no tienes a nadie, ni parientes que yo conozca... —dijo esto mientras se acercaba a ella de brazos cruzados.

De pronto la mejilla de la rubia ardía como la mierda. Natasha la había golpeado con una cachetada. Una reacción que jamás esperó de ella.

—No vuelvas a meterte en mi vida —susurró con ira.

Diciendo esto último, se retiró de ahí, dejando a una Sharon Carter anonadada.


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[Continuará...]