Disclaimer: MARVEL & Disney no me pertenecen.

Notas de la autora: Creo que hoy no tengo. Pasen de largo a leer su teleserie favorita.

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Los días habían pasado muy tranquilamente. Al parecer, ya no habían vuelto a contactar a Natasha para aquellos trabajos, pero, aun así, ella permanecía en alerta. No sabía en qué momento de su vida, esta noticia explotaría, y la poca felicidad que le quedaba, se iría a la basura. Quería disfrutar al máximo su relación con Steve.

Todas las noches, Natasha sufría de constantes pesadillas que no la dejaban dormir. Claramente, el estrés le estaba jugando una mala pasada. Debía ser fuerte, una vez más. Esta sería la última vez...

Otro tema, era que no había vuelto a ver a Alexei y eso, era muy extraño ¿estaría planeando algo? ¿se habrá escondido en algún lugar después de aquella misión? ¿lo habrían atrapado? La pelirroja no paraba de pensar en teorías; pero ya no había caso darle vueltas al asunto. Si no la contactaron más, quiere decir que sólo era ese trabajo y nada más...sólo eso...

—Nat, ¿estás bien? —una voz masculina la sacó de su trance.

—Lo siento —se disculpó. Detuvo su acción de picar las verduras faltantes—, no, no pasa nada. Debe ser que el trabajo me tiene pensativa. Han pasado muchas cosas y está de locos.

—Imagino que sí —dijo—, pero no hagas del trabajo una preocupación personal. Sabes que es malo...además es fin de semana. Tu deber es relajarte.

—Si, lo sé bien...—suspiró—, bueno no importa. Tienes razón, no debo darle muchas vueltas —le devolvió una sonrisa, para luego seguir picando aquellas zanahorias—, ¿irás al taller hoy?

—¿Quieres acompañarme? —preguntó él—, debo ordenar unas cosas y necesitaré algo de ayuda, sobre todo la tuya —Steve se dio vuelta hacia la cocina, donde tiró las papas picadas a la olla.

—Claro, ¿necesitas decorar algunas cosas? —ahora ella tiraba las zanahorias a la olla.

—Así es, y tú eres buena en eso. Yo soy un desastre —se burló de sí mismo y la pelirroja soltó una pequeña carcajada ante eso.

—Te acompaño entonces. Iríamos después de almuerzo —miró su reloj—, ¿Steve sacaste la carne de la nevera?

—¡Diablos! Lo olvidé...

—Almorzaremos pizza —suspiró quitando un mechón pelirrojo de su rostro. Se dirigió hacia la habitación para tomar sus cosas.

—Lo lamento Nat —volvió a disculparse el rubio con ella—, te juro que lo tenía en mente, es que estaba pensando en otra cosa...

—Y la distraída aquí soy yo ¿eh? —Natasha se burlaba de él ahora— Supongo que hoy sábado, el destino quiere que comamos fuera o comprar comida preparada.

—Bueno... —se quitó el delantal de cocina, dejándolo sobre la mesa—, vayamos entonces...

—Cómo fue tu culpa arruinar el almuerzo de hoy, Steven Grant Rogers... —Natasha comenzó con sus condiciones. Algo normal en ella—decidiré qué tipo de pizza comeremos...

—Espero que no una hawaiana...

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A pesar de ser domingo, James Barnes se encontraba en su habitación, estudiando el caso con el que trabajaba con Wanda. Se trataba de un tema bastante complicado, según leía la documentación.

El departamento estaba investigando no sólo el asesinato que había ocurrido hace un par de semanas atrás en Siberia, sino, que estaban detrás de la famosa KGB, aquella organización la cual se dedicaba a realizar trabajos bastante sucios, que nadie más haría. No tenía idea que seguía vigente.

Pasando a las demás páginas, encontró información acerca de un tal Iván Petrovich, quien había sido líder de la organización por más de quince años; además de entrenar a un sin número de jóvenes, hombres y mujeres, para convertirlos en asesinos letales. Aquellos eran adolescentes que tenían una vida social precaria, por lo general, eran huérfanos y, además, el sujeto buscaba que sus presas debían tener potencial físico, por lo general solían ser gimnastas o bailarines.

—Que terrible, este sujeto estaba loco —dijo en voz alta.

Varios de los agentes que quedaban, o fallecían en las misiones suicidas o algunos lograban escapar del país, ocultando sus identidades. Sólo quedaban algunos con vida.

De pronto, se puso a leer una lista enorme de ex agentes que habían prestado sus servicios. La mayoría estaban desaparecidos o fallecidos. Le dio vuelta a la última página, encontrándose con los últimos nombres:

Elena Belova (Estado: Viva – Inactiva)

Ekaterina Mikhailov (Estado: Desconocido - Desaparecida)

Dmitry Kozlov (Desaparecido hace diez años)

Alexei Shostakov (Fallecido)

Natalia Romanova (Viva - Desaparecida)

—Elena...Belova —anotó en su agenda de apuntes—, es la única activa al parecer...y... Natalia...

De pronto, el timbre sonó. Dejó los papeles dentro de la carpeta, dirigiéndose para abrir. Lo más probable, es que sea la comida china que había pedido.

Olía delicioso. Dejó las bolsas en la barra de la cocina. Ya había sido mucha lectura y su estómago rugía como loco.

Encendió la televisión, mientras, sacaba la comida de las bolsas, cuando de pronto, una noticia en particular le llamó la atención.

«Activista político, Nikolai Petrova fue encontrado fallecido en un hotel en Siberia...»

Se trataba del caso que Wanda le había pasado para trabajar esta semana. No tenía mucha información del sujeto, y ahora dio con que era un político joven muy querido por la gente, que pretendía derrocar muchos grupos contrabandistas, los cuales realizaban lavado de dinero. Era un sujeto que obraba el bien, y claramente, lo mataron por eso. Era un estorbo.

—Se te viene la fiesta fuerte, James Barnes —se dijo a él mismo, bebiendo un trago de soda.

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En alguna cafetería de la ciudad...

—Al menos estás feliz —dijo Sharon, tomando algo de su café—, eso me tiene contenta.

—Eso es raro, casi nunca estás feliz por otra persona —Wanda cogió un frasco con cubos de azúcar, para luego, introducirlos en su bebida caliente, que, al parecer, era un té.

—Piensa lo que quieras de mí...—suspiró, quitando un mechón rubio de su rostro—, estoy concentrada en otras cosas...

—Fuiste a ver a Natasha ¿no? —su amiga dio un respingo ante esa pregunta—, te conozco tanto...ahora qué fue lo que sucedió.

—Nada interesante —recordó que la pelirroja la había cacheteado—...pero para no darte la cátedra... Natasha es la novia de Steve —Wanda casi se atraganta con su té al escuchar esa respuesta.

—¿Me estás jodiendo? —respondió incrédula—, Natasha te quitó a tu hombre, no te lo puedo creer... —dejó la taza en el platillo, tomando ahora una pequeña servilleta—, pero bueno, tú no hiciste nada para evitarlo...sólo ibas a visitar la tienda de cuadros y ya.

—No sé qué tendrá de especial esa "Natasha" —suspiró malhumorada. Luego, recordó algo que tal vez no era de gran importancia, pero sentía la necesidad de hablarlo—, pero sabes...estoy segura, que yo he escuchado su nombre en alguna parte...

—¿Su nombre? ¿A qué te refieres?

—Ya que tú ahora estás llevando el caso... sabes que mi padre, hace muchos años estaba investigando sobre la KGB ¿no? —Wanda asintió— Recuerdo que el tipo quien llevaba la organización, era un tal Iván Petrovich...

—Al grano Sharon, eso ya lo sé.

—El punto es que el sujeto tenía a su hija trabajando como asesina dentro de la organización —Wanda abrió los ojos frente a esto—, ella se llamaba Natalia Alianovna Romanova...

—A ver... me estás diciendo...—volvió a dejar su taza en el platillo— ¿piensas que Natasha es Natalia?

—No lo sé, es un presentimiento. Pero piénsalo: ¿Natalia Romanova a Natasha Romanoff?

—Creo que estás viendo demasiadas películas de ciencia ficción amiga —dijo esto, dándole otro sorbo a su té.

—Bueno, como sea —se relajó un poco—, si no encuentro coincidencias, la dejaré en paz.

—Sólo lo estás diciendo porque ahora es novia de Steve. Te conozco demasiado... —Wanda rodó sus ojos.

—No, no es sólo eso —argumentó—, ¿acaso no te das cuenta? Natasha siempre está sola...no tiene amistades...

—Pero... ahora no lo está —Wanda levanta las cejas, haciendo que la rubia perdiera la paciencia.

—No sé qué gano con contarte esto, si vas a empezar a molestarme —Sharon estaba comenzando a fastidiarle la actitud de su amiga.

—Lo siento... de verdad no quise hacerte sentir mal —Wanda se disculpó—, es que imagino que lo haces por reproche. Pero si tienes un instinto, síguelo. Investiga y sal de aquella duda.

—Qué más da... —suspiró— ¿y tú? ¿Qué tal todo con Barnes?

—Muy bien, es muy atento —respondió recordando que la última vez tuvieron un almuerzo juntos en su casa—, me ayudará en un caso que estoy investigando y probaré como es en terreno. Pero hasta el momento es un muy buen muchacho...

—¿Y guapo no te parece? —la rubia esbozó una media sonrisa.

—Si, no puedo negar que lo es... —dijo—, pero es mi aprendiz. Debo entrenarlo. Así que me enfocare en eso para que aprenda mucho.

—Si, claro que sí —Sharon se burló—, ¿sabe usar armas?

—Sharon, es abogado ¿por qué tendría que enseñarle a usar una pistola?

—Porque te conozco. Todos huyen de ti cuando les enseñas maniobras demasiado ortodoxas de cómo atrapar a un asesino —la rubia tenía razón en eso—, pero bueno...por lo que veo, no creo que le enseñes.

—No lo sé... debo estudiarlo mejor —dio otro sorbo a su té—. ¿Sabes?, estaba pensando de pronto... que no sería mala idea una salida los tres ¿te parece? —la rubia cambió su rostro a uno más preocupado—, ¿qué ocurre?

—No creo que él quiera verme...debe estar feliz ahora que no lo persigo para todas partes —Sharon se sentía bastante avergonzada sobre esto.

—No seas tonta, claro que no te evitará, pero tampoco te pegues como lapa —dijo entre risas—, anda, no tiene nada de malo. Además, los tres somos colegas de trabajo, y las salidas así, mejoran el trabajo en equipo.

—Si, en eso tienes razón —suspiró—, ¿y para cuándo sería esa reunión?

—¿Qué tal si lo llamo ahora? —sugirió Wanda, sonriéndole a su amiga.

La castaña lo buscó en su lista de contactos, para luego, marcar su número; cuarto tono y aún no había resultado, hasta que...

"¿Wanda?" —contestó un poco sorprendido—, "¿sucedió algo?" —pudo escuchar una pequeña risa.

—Tranquilo. Te llamaba porque quería hacerte una invitación más formal esta vez —dijo—, ¿te apetece más tarde ir por un trago? estará Sharon también con nosotros —la aludida se sintió apenada de pronto.

"Claro, por mi no hay problema" —confirmó él—, "¿en el mismo bar de la primera vez?"

—Si, ese me agradó bastante. Entonces ¿a las ocho ahí? —miraba sus uñas recién pintadas.

"Seguro que sí. Nos vemos más tarde, Maximoff" —colgó.

—Listo —dejó su teléfono en la mesa—, a las ocho es nuestra cita con James Barnes.

—Que hija de puta eres —Wanda esbozó una sonrisa enorme ante esto.

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Después de almorzar pizza cerca de la tienda, la cual no fue hawaiana, para suerte de Steve, se dirigieron al taller tal y como acordaron, sin antes que ella lo regañase por no haber sacado la carne a tiempo. Steve era un poco despistado con temas del hogar, pero hacía todo lo posible por ser un buen compañero para ella.

El rubio sacó las llaves del estudio, pero, dirigiéndose a una puerta a un lado de la tienda. Natasha no sabía que Steve también había arrendado el local de al lado.

Aquel gran salón lo había dejado para el final, por temas de decoración; consistía en una amplia sala, con un piso bien encerado y que quedaba perfecta para colocar más cuadros en exposición. Pero el rubio tenía otros planes y para eso, necesitaba la ayuda de su novia.

—¿Qué te parece este lugar? —preguntó Steve—, ¿es amplio no te parece?

—Si que lo es —respondió observando todo alrededor—, está perfecto para tus demás obras.

—Sabes... tenía pensado hacer otra cosa con este gran salón. Por eso necesito de tu ayuda —la pelirroja no entendía muy bien a qué se refería. El lugar estaba casi en perfectas condiciones, a excepción por una muralla que llamó su atención.

Steve tomó su mano, acercándola a una de las paredes que permanecía con una tela que la cubría por completo. Luego de eso, la soltó. Rogers podía ver su expresión clara de no comprender absolutamente nada.

—Descúbrelo.

Natasha entonces, tomó con ambas manos aquella sábana, tirándola hacia el suelo, descubriendo que, aquella pared, era un espejo enorme.

—¿Para qué pusiste un gran espejo acá Steve? —Natasha preguntó desconcertada—, ¿harás una exposición especial con esto?

Steve tomó ahora, ambas manos de la pelirroja, acercándose un poco más a ella. Se sentía nervioso, porque no sabía como reaccionaría con la noticia.

—Este salón... —suspiró profundamente, para luego, confesar realmente lo que planeaba—, es para ti.

—¿Qué? —ella soltó su agarre algo nerviosa.

—Sé que amas mucho el ballet, y también sé que ha sido tu sueño el tener tu propia academia. Y además, no tendrías que tener ese segundo trabajo en esa oficina horripilante...

—Ese trabajo igual me ayuda a sustentar mi vida... —no sabía qué más decir—, Steve...—sus ojos se cristalizaron inmediatamente. Simplemente, no podía creerlo—...esto es...

—Quiero verte feliz, Natasha —tomó su rostro con ambas manos—, adelante. Este estudio, ahora es tuyo.

—¿Estás seguro? Es decir... —decía ella entre un poco de llanto y felicidad—, sabes lo mucho que significa esto para mi...

—Claro que lo sé. Y por eso necesitaba tu ayuda para decorarlo. Tu sabes bien cómo corregir este lugar —colocó sus manos en sus caderas—, además hay que pensar en un buen nombre.

—Te amo, tonto —se dieron un profundo abrazo de esos que reconfortan hasta el alma. Steve la acurrucó entre sus brazos y consolándola, ya que estaba sollozando un poco ante esta noticia.

—Al menos soy 'tu tonto' —mencionó manera graciosa, haciendo que Natasha soltara una pequeña risa.

—Claro que lo eres —ahora ella lo observaba a los ojos. No sabía cómo expresar su felicidad, pero Steve sabía que aquellas lágrimas lo eran—, y siempre lo serás...

El corazón de Natasha gozaba de felicidad, tanto así, que aún estaba un poco en shock con la noticia que le tenía Steve, que claramente, no se esperaba algo así de él.

El rubio se acercó al rostro de su novia, besándola con ternura, sellando aquel acontecimiento, que claramente, marcaría un antes y un después.

Se separaron por falta de aire. Steve besó tiernamente su sien, para nuevamente, tenerla entre sus brazos, donde ella respondió el abrazo de la misma manera que él.

—Entonces... —comenzó él—, ¿empezamos a ordenar un poco el salón?

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Siberia, Rusia Oriental.

Alexei se encontraba en una pequeña cabaña al sur de Siberia Oriental. Era un lugar muy acogedor, que tenía una pequeña chimenea para poder calefaccionar; una cocina y una sala de estar, la cual consistía en un sillón y una mesita de comedor. No necesitaba de grandes lujos. Sabía perfectamente cómo sobrevivir con lo mínimo, con todo eso, se sentía más que pagado.

Él sabía que Natasha había armado una vida lejos de la KGB. Había cambiado su identificación por completo; el domicilio, hasta su color de cabello, que antes era un rubio muy platinado a uno muy rojizo. Y que se le veía endemoniadamente bien.

Estaba preocupado, sobretodo, porque la muchacha se había enamorado. Claro que él estaba muy feliz por ella. Pudo salir adelante, encontrar un buen chico que la quiera y tener la vida que siempre quiso... ambos sabían, que eso era un arma de doble filo.

Alexei sentía que debía protegerla a como dé lugar. El problema era, que Steve no tenía idea sobre la doble vida que Natasha llevaba a sus espaldas. Y ella claramente, no se lo ha mencionado. Ya pensaría en algo para ayudarle...

El ruido de la tetera empezó a hacerse notar, sacando del trance al muchacho; se dirigió para quitarla de la cocinilla, volviendo al pequeño comedor, sirviéndose una taza humeante de café.

Yelena Belova, después de un fatídico accidente en una de tantas misiones a las cuales ella iba sin dudar, había salido muy mal herida. Alrededor del setenta por ciento de su cuerpo quemado. Su vida no fue la misma después de eso; era claro que no podía cumplir con las misiones en aquel estado. Fue entonces, que decidió contactar a Romanova. Era la única que quedaba y sabía de antemano, que estaba con vida. Sólo debía buscarla en la inmensa Rusia, hasta dar con su paradero.

Debía pensar bien sus siguientes pasos. Y eso era, interceptar las misiones que Yelena le encomiende a Natasha; y también, que la agencia no descubra que él sigue con vida.

Luego de ese pequeño recuerdo en la mente, Alexei tomó su dispositivo móvil, el cual claramente era uno desechable, para posibles intervenciones; se sentía intranquilo. Así que decidió realizar una llamada telefónica. Marcó un número y éste, comenzaba a marcar tono, hasta que alguien respondió.

"¿Si?" —se escuchó una voz con mucha naturalidad desde el otro lado.

—Sabes que deberías cambiar el teléfono ¿no es así?

"Lo sé, pero no he tenido tiempo" —la voz de Natasha se oía un poco tensa. Alexei sabía que Steve estaba cerca y ella, de alguna manera, debía pasar desapercibida.

—Seré breve... —dijo él armándose de valor—, debes contarle a Steve sobre tu doble vida.

"¿Estás loco?, no puedo hacer eso" —susurró fuerte ante esa petición, a lo que la voz de Steve se pronunció también y Alexei pudo escuchar un «¿sucede algo?»"¡No, todo está bien, Steve. Es sobre el trabajo!"

—Admiro tu actuación. —decía él, mientras que desde el otro lado, Natasha salía a hablar en otro lugar con más privacidad. Steve entendía ese tipo de cosas, así que no volvió a preguntar.

"Dime por qué debería hacer esa semejante barbaridad"

—Belova sabe tu paradero. Te buscará a toda costa para que cumplas todas las misiones. Y si no lo haces... ya sabes quién pagará las consecuencias... —claramente, esta referencia era hacia Steve. Un gélido escalofrío recorrió la espalda de Natasha.

"Lo sé, ya dieron conmigo pero..." —su tono bajó un poco—, "lo que me estás pidiendo es imposible... —volvió a bajarlo aún más—, "Steve me odiará por siempre...jamás entenderá todo este embrollo"

—Entonces... —tomó aire para volver a hablar—, deberás salir del país. Ella sabe que estás en Rusia, Nat...la policía ya está investigando sobre la muerte de Nikolai Petrova, ha salido en todas partes...

La pelirroja lo meditó un par de segundos. Alexei tenía razón. Si ya pudieron contactarla, lo harán cada vez más seguido. Y si se llegasen a enterar sobre su ubicación...estaría perdida; además, la policía claramente había abierto un caso de investigación con respecto al asesinato de Petrova.

—Nat...hazme caso... —Alexei insistía—, al menos, piénsalo bien. Haré tu trabajo mientras pueda...pero no debes demorarte demasiado. No podemos permitir que más gente inocente muera...

"Lo sé...sé que todo esto es muy complicado. Pero dame unos meses más. Abriré mi propia academia de ballet ¿puedes creerlo?" —la voz de la pelirroja era de mucha emoción. El muchacho sabía que tan importante era esto para ella—, "al fin tendré lo que siempre quise, después de muchos años, Alexei..."

—Felicidades... claro que te lo mereces. Era lo que querías lograr desde muy joven...

"¿Lo ves?" —preguntó ella—, "cómo quieres que le confiese a Steve toda mi vida pasada...es difícil"

— Te entiendo perfectamente Nat, pero debes hacerlo. Tarde o temprano, se enteraran de lo que fuiste. De alguna u otra manera...

"Debo colgar..." —Natasha se oía apresurada—, "estamos en contacto".

Tal vez, Alexei estaba tomando las cosas muy apresuradamente. Pero temía por la vida de Natasha.

La KGB ya no era como antes. Los métodos que ocupaban hoy para torturar eran mucho peor. No quería que le sucediera nada a ella, ni a Steve, que a pesar de no conocerlo, era la persona que hoy en día, mantenía la felicidad de ella. Así que debía protegerlo.

Por el momento, se mantendría al tanto de ellos, vigilandolos desde lejos.

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между друзьями Bar (Entre amigos Bar), 20:30 pm

El lugar era amplio, con un patio grande, donde habían muchas mesas y la parte de adentro, que consistía en una enorme barra y varias mesas para cuatro personas. Claramente, nuestros amigos se sentaron en el exterior, ya que era verano y hacía un poco de calor.

A Wanda le encantaba el lugar, ya que en cada mesa, había una pequeña vela encendida. Le parecía hasta romántico.

—Tiempo sin verte —habló James hacia Sharon, quien estaba sentada al frente suyo—, ¿me extrañas? —el aludido vestía casual, como suele serlo. Unos vaqueros, camiseta color azul oscuro y su chaqueta negra de cuero.

—La verdad es que no tanto querido...siempre puedo recrear la vista en otro lado —respondió un poco arisca. Bucky sabía cómo molestarla.

—Calmen sus pasiones... estamos bebiendo en paz. —paró Wanda a ambos—, ¿fumas? —Preguntó, ofreciéndole un cigarrillo al hombre.

—Claro, muchas gracias. —sacó un cigarrillo, donde ella, amablemente, lo encendió otorgándole fuego. Sharon arqueó una ceja ante esto.

—En la oficina no fumabas. —Sharon también sacó uno para encenderlo.

—No suelo fumar donde trabajo. Salvo si estoy bebiendo unas copas. —se excusó y Sharon no le creyó del todo. Podrá ser rubia, pero no tonta. No señor.

—¿Y has salido a conocer un poco más la ciudad? —preguntó Wanda ahora para calmar los ánimos. Sharon siempre metía la pata socializando.

—No del todo...pero si se ofrecen para ser mis guías turísticas, yo encantado de salir más —Bebió un sorbo de su Whisky, dejando el trago encima del posavasos.

Diablos, Wanda no se había percatado de lo guapo que lucía de esa manera. Intentó no darle vuelta al asunto, bebiendo su martini.

—Bueno, podríamos ir a la costa —propuso la rubia—, ¿te gusta la playa? —James asintió—, excelente entonces. Podríamos ir al Beach Club.

—¿No crees que es muy costoso? —dijo Wanda, dándole una calada a su cigarrillo.

—Si vamos los tres, no creo que lo sea tanto —habló Barnes—, me parece una buena idea —Sharon respondió con una sonrisa que se asomaba tímidamente.

—Bien, entonces lo agendaré para que no se me olvide. Bueno, si no tenemos demasiado trabajo, no habría problemas.

—Tan trabajólica mujer —se quejó la rubia— , disfruta la vida aunque sea un fin de semana...no te va a matar, créeme.

—Esta vez estoy de acuerdo contigo —James tomó su trago en señal de brindis, y ella chocó el suyo con el de él.

—Lo sé, lo sé —había terminado de fumar el cigarro, apagándolo dentro del cenicero. Los demás hicieron lo mismo—, estoy un poco estresada ¿se nota, no?

—Quizás un poco —dijo Barnes observándola un poco más. No podía quitar su mirada de ella. Se veía hermosa con el cabello suelto semi ondulado, cayendo por sus hombros; de pronto se dio cuenta que se había quedado pegado mirándola, y apartó su vista hacia otro lado, antes de que ella se diese cuenta.

—James...—ahora Sharon hacía acto de presencia con su voz. Tenía muchas ganas de preguntarle esto, así que no contuvo más las ganas—, ¿y has sabido algo de tu amigo Steve? —Preguntó sin más. El castaño soltó un suspiro, intentando poder hablar y recordar, que la última vez que se vieron, habían discutido.

—Pues la verdad no... —hizo una mueca de desagrado—, tuvimos una pequeña discusión y no he vuelto a hablarle...

—¿Y qué fue lo que sucedió? digo, si se puede saber claro —Wanda tomó lo último que le quedaba de su martini.

James no estaba seguro de querer contarles la razón. Era algo personal entre él y Steve. Además, estaba Natasha de por medio; recordó que habían tenido un desacuerdo por aquel viaje que ella había realizado de la noche a la mañana sin avisar. Ahora que lo pensaba, había sido demasiado idiota.

—No fue nada...sólo diferencias de opinión —dijo él, bebiendo de su vaso de whisky—, no he sabido de él.

—¿Y de Natasha? —Barnes la miró sorprendido ¿Cómo la conocía?— ya sé que son novios, si es lo que te sorprende. El otro día vi a Steve dejándola en la academia de ballet donde imparto clases.

—Pues tampoco he sabido de Natasha...pero que va. No vinimos acá precisamente de ellos ¿o si? —el muchacho estaba perdiendo un poco la paciencia.

—Ella te enseñó ruso —Wanda afirmó—, bastante predecible —James asintió ante esto. Sharon rodó los ojos en señal de desagrado.

—Yo quiero saber algo, ¿por qué no te agrada Natasha? —Bucky no era detective, pero no había que ser adivino.

—No es que me desagrade... es sólo que-

—Confiésalo de una vez —la interrumpió Wanda—. La odias porque ella es más bonita que tú y tiene a tu hombre como novio —dijo, haciendo que Bucky riera ante esto. Las mejillas de la rubia cambiaron radicalmente de color.

—Eso no me lo esperé —dijo el hombre entre pequeñas risas—, ahora entiendo por qué querías salir conmigo.

—¡No fue sólo por eso! ¡por dios, como fastidian ustedes dos! —Sharon estaba realmente molesta. James y Wanda chocaron sus vasos ante esto.

—Ya va. Demasiado bullying para Carter el día de hoy —James dijo, tomándose lo que le quedaba de su trago. Wanda hizo lo mismo después.

—Lo siento amiga. Pero debes dar por terminada esa batalla. Steve está con Natasha y debes aceptarlo.

—Ya sabes lo que opino de esa mujer, Wanda. No me da confianza...

A Barnes le llamó la atención aquello, ya que él también había desconfiado de Natasha por aquel viaje extraño de negocios; sabía que el ser pre-juicioso no lo llevaría a ninguna parte, pero si la rubia decía algo así de ella, debía tener sus razones.

—Nunca había tenido novio por ejemplo. Estaba casi siempre sola, al menos cuando la conocí en la academia de ballet y llegó como aprendiz. Tampoco se le conocían amistades cercanas...es una rara —Continuó Carter.

—¿Y eso te hace dudar de ella? —el muchacho aún no comprendía su punto—, no todas las personas aprenden a socializar en la adolescencia, sino que lo aprenden en la adultez.

James comenzó a defenderla, como buen abogado. A pesar del poco tiempo de conocerla, tenía su corazonada a flor de piel, porque además es la novia de su mejor amigo. Y confiaba en él.

Sharon dejó su vaso de cerveza a un lado. No estaba segura de querer contarle realmente las razones de la molestia con la pelirroja; quizás no era el lugar apropiado para decirlo.

—Claro que sí... ¿a ti no te parece raro? —cuestionó ahora la rubia—, esa mujer siempre ha estado sola.

—No todas las personas que estén solas son extrañas, Sharon —dijo él—, simplemente, hay gente que decide no tener a nadie en su vida. Además ¿sabes que ella tiene otro empleo, no es así?

—No. No lo sabía. Sé que siempre llega tarde a sus clases, y cómo eso le pasa seguido, yo debo suplir su trabajo.

—Creo que deberías conocerla más —un silencio incómodo invadió el ambiente, haciendo que Wanda también se sintiera de esa manera.

La noche de velada continuó, pero quizás, no de la mejor manera...

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Caía la noche y Natasha Romanoff se sentía muy nerviosa. Se encontraba abrazada a Steve, viendo televisión en el cuarto, escuchando las risas que provenían de su boca. Sólo que ella, no prestaba atención al programa que estaban pasando.

Sus pensamientos estaban en otro lado...

Después de la sorpresiva llamada de Alexei, no podía pensar en otra cosa que en lo que él le había dicho por teléfono: contarle la verdad a Steve.

¿Acaso la felicidad ya se había terminado?¿sería el fin de todo? Claro que no quería pensarlo Y tampoco quería saber la fecha de caducidad. Menos ahora, que Steve había podido alquilar el salón del lado, para que ella pudiera realizar sus clases de ballet. Era impagable tal acción.

Estaba consciente que un día así iba a llegar, pero jamás pensó que eso iba a ser tan pronto. Debía contarle, eso era un hecho. Pero no quería saber cómo iba a terminar todo. Nuevamente el miedo se apoderaba de su ser.

Steve era un hombre maravilloso. Natasha lo amaba con todo su corazón. Jamás había tenido sentimientos tan fuertes por alguien. Quería permanecer por siempre con él y tal vez, ser la madre de sus hijos; y por primera vez pensaba en el futuro. Mejor dicho, su futuro.

—¡Que tipo tan idiota! —exclamó Steve—, ¿lo viste, Nat? —el rubio se reía de aquel programa, el cual era de cámaras escondidas.

—Sí, ¿Cómo es que no se dio cuenta que era una serpiente de hule? Es demasiado sobreactuado todo —respondió Natasha apenas tomando atención a la televisión. Algo había alcanzado de ver después de volver de sus pensamientos.

—A esta gente le deben pagar una buena cantidad de dinero para hacer esas pésimas actuaciones de asustarse... Creo que debería postular —Bromeó.

—Le iría bien al programa —depositó un beso en su mejilla—, al menos yo lo pasaría viendo si sales tú.

—...Te amo Nat

—Y yo a ti...—ambos juntaron sus labios en un tierno beso.

—Me alegro mucho de que al fin puedas tener tu espacio para enseñar lo que más te apasiona —Le confesó—, estaba un poco nervioso de saber cómo sería tu reacción ante esto...

—¿Me tienes miedo Rogers? —arqueó una ceja, esbozando una pequeña sonrisa pícara.

—Quizás un poco... —rascó su nuca—, en estas situaciones no sé bien qué esperarme de ti, pero ahora estoy tranquilo de que la sorpresa te gustó.

—Claro que me encantó Steve... de hecho me tomaste por sorpresa. Realmente no esperaba algo así.

—Era la idea —dijo—, los días que estuviste fuera, aproveché para tramitar la patente. Todo salió muy bien. Como ya vieron que tenía el local de pinturas ya establecido, confiaron en mí.

—Además te ha ido muy bien con las ventas de tus cuadros —lo elogió—, eres un buen artista, Steve. El mejor de todos.

—Y tú la mejor bailarina y la más hermosa que he conocido...

Nuevamente sus labios se volvieron a juntar en un beso, un poco más profundo que el anterior; ella se separó para abrazarlo, donde Steve le correspondió de igual forma.

Natasha quería realmente rehacer su vida, pero nunca lo iba a lograr, si la KGB no era desarmada por completo. Y tampoco podía avanzar, si ella no se desligaba de la organización. Ella sólo había sido una víctima más, y no era posible hacer mucho, salvo acatar las órdenes de esa gente.

Todos estos pensamientos la invadían por completo. Jamás había estado tan atormentada.

Lo único que tenía claro...es que nada es para siempre.

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[Continuará...]