Creo que en realidad se entiende, pero lo voy a hacer muy explícito, por las dudas: esta historia se desarrolla el año siguiente a la finalización del anime y no tiene en cuenta los sucesos de "Last Game". Salvo quizás la resolución de la personalidad de Akashi. Gracias


Aquella semana había sido algo atareada. Para todo el mundo.

Akya ya no tenía ganas de seguir haciendo pruebas que evaluaban lo que había aprendido -y recordaba- del año anterior. Lo que era básicamente… nada.

Ya, no le iba espantoso; pero era de las que se sentía feliz aprobando con la ley del mínimo esfuerzo. En cambio, cuando el día escolar terminaba, iba rápidamente a las prácticas. Probablemente era el único lugar al que llegaba puntual.

Además, ya no tenía extraños encuentros en los vestuarios, o iba antes que todos o después que todos; pero en realidad no quería que la suspendieran del club por matar al as. La última vez, Wakamatsu lo había dejado como si no hubiese pasado nada, y ella no volvió a tocar el tema.

Estuvo entrenando un régimen estricto todos los días. No estaba exactamente cansada a causa de eso, pero al llegar el viernes estaba necesitando un buen partido callejero, y ahora tenía nuevo territorio que reconocer. Es decir, en Nagano estaba bien, pero esperaba más de Tokio.

-Oi, Aomine -le llamó la atención, el viernes al salir del entrenamiento. El muchacho se volteó ligeramente, indicando que la escuchaba. En solo una semana, Akya ya sentía confianza respecto al prodigio. Ambos disfrutaban siendo rivales eventuales, aunque sabían que pertenecían al mismo equipo. Y esas mismas peleas los hacía más cercanos; lo cual favorecía mucho su juego. El miércoles por la tarde, en el entrenamiento habían jugado juntos ellos dos; y vaya equipo. Eran prácticamente imparables, como un dúo dinámico. Ambos habían crecido jugando streetball. La agilidad que poseían era impresionante. También, ya se habían acostumbrado a la limitación de Akya: todos sabían que si tiraba más lejos que la mitad de la cancha, fallaría-. Con mis amigas organizamos juntarnos a jugar mañana, te apuntas?

-¿A un juego de chicas? -Aomine rió en broma-. Ni loco. Aunque, sabes… Depende de que tan grandes tengan los pechos.

Akya le tiró un balón a la cabeza, pero el moreno lo esquivo fácilmente.

-Si quieres saber ve y descúbrelo por ti mismo. Además, si no te importa jugar contra mí, tampoco debería importarte hacerlo contra ellas. La defensa de Lenna es prácticamente impasable. Y Naomi… prefiero no adelantarte nada sobre ella.

-Sabes que voy a ir.

-Entonces nos vemos -finalizó, y se fue a su casa.

"Aomine irá al juego mañana" escribió a las otras dos.

Para Lenna tampoco había sido fácil. Llevaba bien toda la parte escolar, y al llegar a los entrenamientos ponía lo mejor de sí; pero no podía evitarlo, estaba cansada,

Ir a entrenar era duro, pero sabía que era necesario. Todos en el equipo dejaban todo en ese gimnasio, para mejorar individualmente y como equipo. Le gustaba Kaijō. Ya estaba haciendo nuevos amigos, en su clase y en las demás. Aparte, el miércoles en el entrenamiento se reintegró el as, Kise Ryōta. Y en esos tres días, los dos rubios habían notado lo sorprendentemente bien que se llevaban, y la gran cantidad de cosas que tenían en común.

Aquellos dos jugadores eran tan malditamente alegres que, no sólo contrastaban, sino que también contagiaban al resto del equipo.

Ameko podía hablar de casi cualquier cosa con Kise. Es decir, luego de que una vez había salido el tema "Kise modelo" en la conversación, habían notado que podían hablar tanto de moda como de deporte, o los chismes de la farándula que rodeaban al prodigio. Por aquello, ella tampoco había tenido problemas para el viernes, durante el entrenamiento, invitarlo a participar del juego amistoso que estaban organizando.

-Kise…

-¿Qué sucede, Amekocchi? -Se volteó el rubio.

-Te voy a hacer una invitación, y no puedes negarte, ¿sí?

-Entonces ya no es una invitación; es más como que me estas obligando -el rubio hizo una mueca.

-Creo que no te negarás a la propuesta, pero de todas formas no quiero ir sola… ¿Conoces Tokio, verdad? -comenzó a darle vueltas al asunto.

-Sí, he ido millones de veces -admitió Kise-. ¿Para qué quieres ir? Es decir, no me importa acompañarte, pero quiero saber…

-Ya te dije que tengo dos amigas con las que jugaba baloncesto desde que tengo uso de memoria, ¿cierto?

-Eh… si -Kise recordaba haber escuchado algo como eso.

-Bueno, una se llama Akya -el prodigio notó como la chica seguía dándole vueltas al asunto, sin responder la pregunta-, y ella entró en Tōō, en Tokio… Y luego está Naomi, que fue aceptada en Rakuzan, un tanto más lejos…

-¡Ah! Son las escuelas en las que están Aominechi y Akashicchi! -interrumpió el rubio.

- … y vamos a… ¡Déjame terminar de hablar! -cuando Kise le volvió a prestar atención, prosiguió-. Organizamos para juntarnos y festejar, una especie de partido callejero… y aunque te preguntaría si quieres ir, ya te dije que no me puedes decir que no… así que, ¿quieres jugar?

-Claro que juego. Ni siquiera necesitabas preguntarlo -el chico sonrió-. ¿Irán Aominecchi y Akashicchi también?

-Espero que si -contestó ella honestamente-; ambas iban a intentar que aceptaran.

-Aominecchi nunca se niega a un juego -volvió a sonreír, recordando sus tiempos en Teiko, cuando ambos chicos pasaban jugando, ya que el rubio se empeñaba en alcanzarlo. Y superarlo-. Y con Akashicchi… no lo sé; tal vez acepte si sabe que vamos…

-De cualquier manera, tenemos un largo viaje hasta allí, ¿no?

-No tanto, no es un viaje muy largo. Desde Kyoto sin embargo… lleva un par de horas, creo.

Lenna se imaginó la situación: Naomi y el capitán de Rakuzan, sentados dos horas, sin cruzar palabras. Se estremeció.

-No conozco a Akashi, pero me da escalofríos el imaginarlo solamente.

-Suele causar esa reacción en casi todo el mundo… Aunque es de verdad una buena persona.

Continuaron con la práctica sin volver a hablar del tema. Pero al salir, intercambiaron sus celulares para poder coordinar a qué hora debían salir.

"El prodigio de las copias asiste mañana", tipeó ella rápidamente en el grupo.

En Rakuzan, sin embargo; la historia era algo diferente. Naomi estaba provisoriamente entrenando con el segundo equipo; porque al final el partido que se suponía que decidiría su lugar aún no se había efectuado. Por el momento sabía que no se encontraría al capitán del primero hasta que la práctica acabara. Si no intentaba al menos preguntar, Akya y Lenna le dirían cosas como "nosotras los trajimos y tú no"; y aunque nadie se enteraría si ella no le consultaba, prefería hacerlo, puesto que Akya tenía razón, y si él la veía jugar junto a ellas, tal vez ese fuera su boleto al primer equipo. No es que le molestara el segundo, de hecho, había notado que su capitán, Harada Nori, era bastante su tipo de chico. Es decir… el tipo de chico que regularmente le gustaba ver con otros chicos. No sabía cuándo había comenzado con aquel tema; pero un día había notado que no le disgustaba para nada; y siendo que a ella poco le importaba lo que los demás pensasen, no le importo nunca ser vista con sus mangas yaoi.

Al finalizar con el entrenamiento, se duchó rápidamente, para procurar encontrar a Akashi, ya que había prometido que al menos lo intentaría. Según los comentarios de las otras dos, ella era quien lo tenía más difícil; puesto que el compañero de Akya era un obsesionado y el de Lenna era "amigable" según ella.

Ella había salido antes que los demás de los vestuarios, así que esperaba detener un segundo al Capitán; pero notó que aún ni siquiera había entrado a ducharse, seguía entrenando junto a otros del primer equipo. No quería detenerlos, así que esperó pacientemente a que terminaran.

Habían entrenado media hora más que el resto, a pesar de que estaban en el primer equipo. Akashi lo prefería así. De cualquier manera, sabía que Naomi estaba allí, esperando. No sabía por qué, puesto que podría haberse ido junto a los demás del segundo y tercer equipo. Al terminar, y encestar la pelota en el canasto donde las guardaban regularmente, Akashi no demoró más que cinco minutos en ducharse y cambiarse.

-Sigues aquí, Asahina -le dijo al verla allí-. Sucede algo?

-Akashi-san, tal vez sea raro pero… anteriormente dijiste que necesitabas verme en un partido real para juzgar mis habilidades debidamente; y resulta que mañana organizamos junto a mis otras dos amigas un partido… ¿Irías?

Eso era, probablemente, la primera vez que Naomi había dicho tantas palabras juntas. En su vida.

El chico la miró, aún sin responderle. Ella todavía tenía algo para decir, puesto que había estado leyendo los mensajes mientras esperaba que el equipo terminara su entrenamiento.

-Además, irán Aomine-san y Kise-san, quienes tengo entendido son ex-compañeros de tu equipo.

-Iré. ¿En dónde y cuándo será?

-Mañana por la tarde, en Tokio. En alguna cancha callejera

-¿En Tokio? Bien, hay un viaje hasta allí, saldré temprano -contestó él, dándose la vuelta, añadió:- Hasta mañana entonces, Asahina.

-Nos vemos, Akashi-san -repuso quedamente mientras se retiraba del gimnasio, su chofer la esperaba afuera de la preparatoria.

"Akashi-san irá." Informó Naomi a las otras dos chicas

"TENEMOS A LOS TRES PRODIGIOS" Lenna se leía tan exaltada como realmente estaba.

"Uh, sí. Creo que llegaré antes de tiempo, para calentar contra algún idiota que se me cruce en el camino" comunicó Akya.

"Yo voy con Kise, no sé a qué hora llegaremos, en realidad." Dijo Lenna.

"En lo posible, lleguen antes de que anochezca." Respondió Naomi.

"Tú eres la que tiene el viaje largo, enana". Naomi no necesitaba leer quien había enviado ese mensaje.

A la mañana siguiente, Lenna se levantó temprano, y tomó un bolso suficientemente grande como para poder guardar todas las cosas que debía llevar. Procuró no olvidarse de nada, y de llevar un balón extra, a pesar de saber que seguramente habría más de uno. Había guardado ropa para cambiarse, ropa para jugar, algo de maquillaje y zapatos deportivos. Tenía su celular cargado y un par de revistas para leer si el viaje se hacía aburrido. Aunque estaba bastante segura de que no se haría aburrido.

Era mediodía cuando partió hacia la estación, y cuando estaba llegando Kise le avisó que ya estaba allí. Se encontraron en la puerta, y después de tener los boletos, se dirigieron a las vías. Faltaban unos diez minutos para que saliera el tren, por lo que comenzaron a abordar los pasajeros. Los rubios ocuparon sus asientos, sin parar de hablar ni por un segundo. De haber estado ahí, Akya los mandaría callar de una buena vez, pero como no había nadie para detenerlos, ellos siguieron con su "interesante" conversación.

Iban ya unos veinte minutos de viaje, cuando Lenna notó que las chicas que tenían detrás hablaban de su compañero de equipo, y no pudo evitar hacerlo callar para escuchar mejor lo que ellas decían.

-No puedo creer que te guste, es solo una cara bonita…

-Cállate, Kise-sama es absolutamente perfecto. Además no solo modela como el mejor; también juega baloncesto entre los mejores.

Lenna tuvo que esforzarse para no reír al escuchar "Kise-sama", aunque el rubio parecía estar acostumbrado; a pesar de que la tarde en la que se conocieron, y ella le llamó "Kise-san" por ser su superior, él le había pedido que lo llamara simplemente Kise.

-Me pregunto si será cierto eso que dicen que puede reproducir a la perfección cualquier movimiento que ve.

Lenna prefirió dejar de entrometerse, de todas maneras no era necesario que la chica se diera cuenta de que Kise realmente estaba frente a ella.

Eventualmente, Lenna olvido el hecho; y al discutir sobre el último partido de la selección nacional, se "enojó" con él por pensar que la actuación del 10 había sido mejor; cuando -según ella- el mejor sin dudas había sido el 7.

-¡Kise! ¿Es que acaso estabas ciego? No puedes discutirme esto, tengo razón!

La chica del asiento de atrás saltó como resorte.

-¿Acabas de llamar a Kise? ¿Te refieres a Kise Ryōta?

Lenna miró a Kise sin saber qué responder. En parte se lamentaba, en parte no.

Soltó una risita, y al ver que el modelo no hacía nada para detenerla, se volteó para encarar a la chica, y asentir. Aquello provocó que la chica -que ahora que la veía, era bastante bonita; tenía ojos grandes y oscuros, al igual que su cabello ondeado que pasaba sus hombros-, mirase hacia el asiento al lado de la rubia; encontrándose con la cabellera del prodigio, que estaba segura de poder reconocer en cualquier lugar y situación. Al parecer, la desconocida entró en estado de shock, porque no pestañaba, no se movía… Los rubios se miraron como preguntándose si incluso la pobre muchacha estaba respirando. Entonces, Ryōta sintió algo sobre su cabello, la mano de la chica, seguido por un corto grito que hizo que todos los pasajeros volteasen a ver el escándalo. Lenna no quería conocer la sensación de pasar por eso muy a menudo, debía ser horrible que te detuviesen en todas partes cada cinco minutos porque eres alguien famoso. La fan buscó en su bolso algo con qué anotar y un cuaderno, una libreta ¡Lo que fuera! Hasta un pedazo de hoja era suficiente; cuando por fin encontró lo que necesitaba, se puso de pie en el pasillo, junto a Kise, extendiéndole una libreta y un lápiz.

-¡Kise-sama! -Dijo, enérgicamente, con la cabeza baja- ¡¿Me podría dar su autógrafo?!

El rubio le sonrió cálidamente y tomó los objetos. Cuando preguntó cómo se llamaba, Lenna pensó que la chica comenzaría a convulsionar o colapsaría ahí mismo, pero al cabo de unos largos segundos, dijo su nombre y con qué kanjis se escribía. Luego le pidió una foto, pero estaba tan nerviosa y le temblaba tanto la mano que Lenna se ofreció a ser quien la sacase.

Luego de tener la foto, la chica observo a Lenna, y un poco avergonzada, le preguntó:

- Disculpa que lo pregunte, pero ¿eres su novia? -Sin dejarla responder, prosiguió-: Es que no te he visto antes y si me enterase antes que la prensa y mis amigas, sería genial…

-No, para nada -Lenna rió-. Voy a su preparatoria, y estoy en el equipo de baloncesto. Ahora vamos en camino a jugar un partido...

-¡Ah! Ya veo, siento preguntar eso -respondió la chica, algo avergonzada-. Suerte -ella dudó.

-Ameko Lenna es mi nombre -le dijo, volviendo a sonreír.

-Entonces suerte, Ameko-san, Kise-sama, ¡den lo mejor!

Luego de eso, volvió a su asiento.

Kise había sido amable con ella, pero Lenna no podía imaginar lo tedioso que debía ser para él.

El prodigio de alguna manera intuyó lo que la chica de primero pensaba.

-En Tokio es peor; hay muchísima más gente…

-Yo no lo soportaría, pero en realidad es genial, Kise…

Después de eso, la chica volvió a su asiento, y Lenna ya no se entrometió en lo que hablaba con su amiga.

El resto del viaje, los dos rubios de Kaijō hablaron del partido que se les acercaba. Lenna no le quiso revelar mucha información acerca de sus amigas, era preferible que lo descubriese él mismo. Antes de que pudieran darse cuenta, ya estaban en Tokio, y Lenna miraba por la ventana, casi maravillada.

-No es para tanto -comentó Kise-. Pero nos tenemos que bajar ya…

-Lo sé, lo sé -dijo Lenna, levantándose del asiento, mientras se estiraba un poco. Ambos tomaron sus bolsos y se bajaron en la siguiente estación. Supuestamente, Kise sabía dónde quedaba la cancha, y por esa razón él guió la caminata.

Llegaron luego de unos minutos a una cancha, cercada y en maravilloso estado; al menos, era así para los ojos de Lenna; quien no pudo evitar gritar eufórica al ver una figura familiar y de cabello rojo jugando en ella.

-¡Akya!

Mientras se acercaba, Lenna identificó al otro en la cancha como Aomine Daiki, el as de Tōō. Habría gritado de nuevo, si no la conociera. Es decir, si ella estaba jugando, no la escucharía ni aunque usara un megáfono; siendo Lenna externa al juego, claro. Es decir, cuando jugaban juntas se escuchaban, es más; hasta estaban acostumbradas a sus movimientos, a causa de tanto tiempo juntas. La rubia, que se había cambiado a su ropa deportiva en el baño público; estaba más que lista para jugar, y contra ese rival, no pediría permiso. Dejó el bolso en el piso mientras Kise la miraba con una ceja levantada, porque ella estaba atando su cabello.

-¿Amekocchi?

Lenna le hizo una seña para que le restara importancia, y en tanto terminó, se dirigió hacia Akya, estando la pelirroja de espaldas. El prodigio tenía el balón, y Akya de veras que intentaba detenerlo, pero Lenna sabía perfectamente que ella no era del todo buena en eso. Sonrió de lado, porque podía notar la fuerza de su oponente. Se dijo que debía detenerlo a la primera. Tenía una oportunidad en diez de hacerlo, sin haberlo visto personalmente antes. Sabía cómo jugaba, y de qué manera se movía, pero no podía compararse a jugar contra él realmente. Sentía la obligación de tomar esa posibilidad y hacer que fuese posible, para dar una buena impresión. Por eso, obligó a sus sentidos a concentrarse en el objetivo frente a ella: robar el balón antes de que encestara. Y aquella no era una tarea fácil. Pero tenía un punto a favor, Aomine no sabía que ella de repente iba a jugar, no la conocía. Cuando el chico pasó con facilidad a Akya, ella notó como por un segundo, estaba sorprendido de ver otra chica allí. Sin embargo, Aomine no dudó en detenerse. No la subestimaba, y Lenna se alegró por ello; porque la tomaba en serio.

Cuando Aomine había pasado a la pelirroja de su equipo, no esperaba encontrarse con otro obstáculo en su camino a la canasta. No tenía idea de quién era, pero, como a veces pensaba, supuso que era una de las amigas de Ritsuki. No se imaginó que le supondría un problema grande, así que siguió como estaba, atento a cualquier movimiento que la chica rubia que tenía en frente hiciese. Notó como ella concentraba su atención. No veía ni oía nada más que a él.

De alguna manera, Lenna sabía perfectamente que no debía contenerse, así que se dejó ser. Sintió adrenalina correr por sus venas, y al aproximarse cada vez más su objetivo, supo reaccionar. El chico quiso hacerle una finta, pero ella, si bien no la predijo, contaba con la velocidad de sus reflejos, aquellos que había ganado con el paso de los años. Eso llevó a que tanto él como ella estuvieran durante un largo minuto intentando salirse con la suya, con todo lo que aquello conllevaba. Idas y vueltas, ninguno de los dos podía librarse del otro. Hasta que por alguna razón, Aomine se distrajo por un segundo; y la rubia no necesito más que eso para hacerse con el balón, saliendo victoriosa del enfrentamiento. Escuchó a su amiga, que pedía el balón desde el otro lado de la cancha, y ella se lo habría pasado, pero contaba con el hecho de que Aomine era muy rápido. Así que sin soltar la pelota, y procurando mantener al chico en su rango de visión se acercó hasta una posición segura para pasarla a Akya, que procedió a encestar.

-¡Para que tengas una probadita, Aomine! -Le gritó Akya desde donde estaba.

-Calla, Ritsuki -bufó, prestándole atención a la recién llegada. Akya había soltado el balón para acercarse a saludar a su amiga, y aunque la pelirroja pretendía saludarla como si se hubiesen visto ayer, la efusiva rubia se le colgó al cuello en un abrazo que estuvo obligada a responder.

-Te extrañé, idiota. -Expresó Lenna sin soltar a su amiga.

-Yo no… -Respondió la pelirroja, que no tardó en recibir un golpe de la rubia en cuanto se separaron-. Ya, ya, también te extrañaba -aceptó.

Aomine no lo hacía del todo conscientemente, pero no podía dejar de mirar…

-¡Aominecchi!

A la mierda si no sabía de quién era esa voz. ¿Qué otra maldita persona en el mundo le llamaba así, con esa voz de marica?

-¡Oi, Kise! Ya deberías dejar de decirme así, ¿sabes?

-No lo haré, Aominecchi. Por otro lado, acaban de ganarte~

El rubio sabía que no debía, pero no se resistió a molestarlo. El moreno bufó.

-Podrías haber entrado y les habríamos dado su merecido.

-No va a pasar mucho tiempo para que eso suceda; también viene Akashicchi.

-¿Viene Akashi? ¡Ritsuki no me dijo nada!

Kise solo asintió, y las dos chicas se estaban acercando.

-Naomi aviso que estaba llegando, debería estar aquí en unos cinco o diez minutos -avisó Lenna. El moreno, volvió a posar su mirada en ella, ahora que la tenía más cerca. Midiendo a ojo, era unos doce o quince centímetros más baja que él. No es que fuese baja en realidad. No pudo evitar bajar más su mirada. Además, si lo había hecho con Ritsuki, nada le impedía hacerlo con su amiga. "Momento, momento. ¿Son más grandes que las de Ritsuki?" Estaba muy seguro de que sus ojos medían bastante bien. Algo le decía que si la pelirroja se enteraba de lo que estaba pensando recibiría más golpes. Tal vez porque sentía su mirada asesina clavada en él.

-Aomine -comenzó ella-. Exactamente qué crees que estás…

El chico cruzó sus manos por detrás de su nuca.

-Tsk, no estoy haciendo nada. -Se defendió-¿Vamos a jugar o qué?

-Hola. Siento llegar tarde.

A los dos chicos los recorrió un escalofrío mientras buscaban de dónde provenía la voz.

-¡Nao! -La rubia también la abrazo a ella, aunque le quedaba algo incómodo debido a la notable diferencia de altura.

Los dos chicos se miraron.

-Es como Tetsu -dijo Aomine. Mirándola desde arriba.

-Es como Kurokocchi -coreó Kise.

-Yo no diría que es exactamente igual; Kise, Aomine -un pelirrojo aparecía desde el otro lado de la cancha.

-¡Hola! -Saludó Kise, sonriente.

-Akashi -dijo Aomine, a modo de saludo-. Ahora estamos todos, ¿verdad? ¿Podemos jugar ya?

-Pero aun ni nos hemos presentado -dijo Kise, para luego sentir la puñalada que Aomine le clavó con la mirada.

-Kise tiene razón -intervino Akashi-. Mi nombre es Akashi Seijūrō.

-Ritsuki Akya -Habló la pelirroja, apenas después.

-Aomine Daiki -dijo el moreno, sin muchas ganas de hablar.

-Ameko Lenna, un gusto. -Agregó cierta rubia.

-Kise Ryōta -dijo el modelo sonriendo.

-Asahina Naomi -solo dijo su nombre, no había nada más que decir.

Luego de eso un silencio incomodo se hizo lugar entre los seis.

Aomine miró a Akya, y sin pensarlo le dijo:

-¿Vamos a seguir? -No tuvo que esperar nada para conocer la respuesta, porque la pelirroja, que tenía el balón debajo del brazo, no dudó en driblear hasta el centro de la cancha, para volver a comenzar con su uno a uno pendiente; ya que antes había sido interrumpido con la llegada de Lenna y Kise.

-Yo me uno -dijo Lenna, trotando a su posición habitual.

Kise también quería jugar, así que se apresuró hacia el lado de Aomine. En silencio, Naomi ocupó su lugar habitual.

-Akashicchi, ¿también vas a jugar? -le pregunto el rubio.

-Prefiero observarlos primero -respondió enseguida. Akashi quería evaluar a las tres chicas, no solo a Asahina. Tal como iban las cosas, esas chicas eran rivales potenciales en las ligas de este año. Porque sí, ya era bastante claro que todas iban a estar en los campeonatos. A los directores y organizadores de las copas les había resultado altamente extraño recibir el pedido de aceptar mujeres, pero cuando ese pedido llego de seis escuelas diferentes, tuvieron que aceptar. Eso, y la llamada del entrenador de Rakuzan, ya que Shirogane era un hombre bastante poderoso en lo que a baloncesto se refería. Además, todas las escuelas que lo solicitaban eran regulares tanto en la Inter High como en la Winter Cup. Sin mencionar que sería interesante ver equipos mixtos compitiendo. Así que por esa razón Akashi prefirió observarlas desde fuera para asegurarse de su potencial.