Vaya si aquel encuentro había sido divertido para los ojos del Capitán de Rakuzan, que no dejaba de asombrarse de las capacidades de las tres chicas.
Los dos chicos no estaban usando su máximo potencial en la cancha; aquel potencial que ellos exprimían hasta la última gota; para esos momentos cuando ganar lo era todo. Aun así, las chicas tenían un juego en equipo muy dinámico. Aquello era claramente el resultado de jugar juntas toda la vida. La rubia que defendía y detenía casi todos los ataques tanto de Aomine como de Kise; la pelirroja que era como dinamita: podía estar tranquila unos segundos y al siguiente estar clavando en el aro con un pase recibido de procedencia dudosa. O no tan dudosa para Akashi, que ya estaba evaluado a su nueva jugadora. Y estaba Naomi quien, para él, no era ni como Kuroko ni como Mayuzumi. Ella no intentaba encestar a menos que fuese absolutamente necesario, y; con la presencia de Ritsuki allí, eso era prácticamente nunca. Sin embargo, Akashi no dudaba de la capacidad de encestar de la chica, es decir, ya la había visto encestar antes. Veía las puertas a una estrategia de juego que no se le habría ocurrido de no haberlas visto jugar.
Luego de un rato, optó por jugar; pero aquello, era demasiado para las tres chicas; que notaron como el aire cambiaba al entrar Akashi a la cancha. Jugaron unos veinte minutos más, ahora tres contra tres; y aquello fue una victoria bastante aplastante por parte de la generación milagrosa. Entonces, Aomine se tiró al suelo y decidió que debía descansar un rato. A nadie le pareció una mala idea; y Lenna se apresuró a traer botellas de agua para todos.
-Ya se me olvidaba lo agradable que era tenerte cerca –dijo Akya con una sonrisa, agradecida por el gesto de su amiga.
Sentados como estaban –salvo Aomine, que ya hasta parecía que dormía en el suelo- los más habladores conversaban sobre la preparatoria, o el baloncesto o cualquier tema trivial. Aun así, Akya no estaba interesada en hablar y no hacía mucho más que jugar con la pelota entre sus manos.
-Deberíamos hacer otro tipo de equipos –dijo Lenna-. Por ejemplo Kaijō contra Tōō y los de Rakuzan se separan y luego ir rotando, o algo así, ¿no?
-Es una buena idea, en realidad –agrego Kise-. Además, si estoy en el equipo de Amekocchi ya estaría contando como práctica oficial.
-Van a tener una probadita de lo que va a ser Tōō este año, en tal caso –dijo Aomine con una sonrisita autosuficiente, que Akya imitó sin demora. A pesar de estar tirado en el piso casi durmiendo, Daiki prestó atención escuchar que hablaban de ellos. Ella sabía que eran muy buenos juntos, solo les faltaba mucha práctica; para lograr ese vínculo de comunicación corporal que necesitaban para jugar eficientemente.
Akashi no tuvo necesidad de contestar, solo sonrió. Y vaya que aquello les dio más escalofríos que si hubiera contestado. Tiraron una moneda para ver quien elegía. Kise y Lenna ganaron, y eligieron a Naomi. En realidad, Aomine estaba bastante sorprendido, pero no se iba a negar a tener al pelirrojo en su equipo.
Aquello fue más parejo de lo que uno se esperaría. Es decir, teniendo en un mismo equipo dos delanteros por naturaleza, lo normal sería que los otros tres fueran vilmente aplastados. Pero entre la defensa casi absoluta de Lenna, y la copia de Kise, pasar aquello no era del todo sencillo. Aun así, los seis sabían que no estaban entregando su máximo potencial. Los pases de Naomi se hacían un poder valioso a medida que el partido pasaba; pero asimismo, el control perfecto de Akashi no permitía que los otros dos dudaran ni un segundo. Si uno encestaba, los otros se lo devolvían. El partido estuvo empatado durante toda su duración. Unos quince minutos después, pararon para rotar equipos. Ninguno de ellos se esperaba lo que sucedería después. Akya, Aomine y Lenna serían un equipo; Y Akashi, Kise y Naomi el otro. Pero justo cuando iban a comenzar a jugar, un grupo de chicos se acercó a ellos. A lo lejos, nadie notaba quienes eran. Fue Kise el primero en darse cuenta.
-¿Ese no es Seirin? ¿Qué hacen todos juntos un día como hoy? –dijo el rubio.
-¿Está ese idiota pelirrojo de Kagami? Podría unirse y hacer las cosas más divertidas –agregó el moreno.
Akya no pudo evitar prestar atención.
-¿Pelirrojo? ¿Kagami? ¿Te refieres a Kagami Taiga? –dijo ella. Vaya si estaba sorprendida. Tenía que ser el, es decir, ¿quién más podía ser?
Ella sabía que había ganado con Seirin la Winter Cup el año anterior. De hecho, se había mudado a Tokio con la simple razón de encontrarlo; pero no esperaba hacerlo tan pronto. Al principio no tenía idea de que había regresado; y cuando vio por televisión aquella final tan reñida; juraba que se le caían lágrimas de los ojos. Estaba feliz por él, pero ni siquiera la había llamado. Se sintió triste un tiempo, y terminó decidiendo inscribirse en Tōō Gakuen, porque su propia rivalidad le impedía intentar entrar en Seirin.
Veía a aquel idiota acercarse y se le aguaban los ojos; pero no quería llorar, quedaría como una idiota frente a todos sus superiores.
-¡Oi, Kagami! ¡Deja de ser tan lento y ven a jugar! –Le gritó Aomine.
-No voy a correr a ti, ¿sabías? –Le gritó el chico en respuesta.
Riko, que caminaba con su equipo, presto atención a la cancha.
-¿Qué clase de encuentro es ese? Quiero decir, aparte de Aomine Daiki, esta Kise y aquel, ¿qué acaso no es Akashi? Kuroko, ¿no te invitaron?
-Yo no tenía idea de que algo en especial pasara hoy –dijo el chico.
Akya estaba segura de que no la había visto aun. Ella ni siquiera miraba las caras de Lenna y Naomi. En aquel momento, solo le importaba aquel grandísimo idiota. Ella sí corrió hacia él, con una mezcla de sentimientos guardados por tantos años, liberándose sin permiso. Al alcanzarlo, le saltó encima con un "Eres un maldito idiota" saliendo de sus labios sin control. Tampoco quería controlarlo. Ambos cayeron al piso, porque Taiga no se esperaba aquello. Akya le pegaba sin mucha fuerza mientras escondía unas lágrimas salvajes que no podía controlar. "Te fuiste y no te despediste, nunca me llamaste, y tampoco me avisaste que volvías". Kagami estuvo en shock al principio. Iba caminando cuando de repente un cuerpo lo tumbó al suelo. Escuchaba lo que le decía, pero su cabeza no entendía nada. Veía un montón de cabello rojo, y no caía en la cuenta de quién era. Sentía unos golpes en el estómago, que más que doler pretendían reprocharle tantas palabras que no se podían decir. A la chica ya no le importaba quien la estuviera viendo, si eran sus senpai o sus amigas; o incluso todo Seirin, los campeones nacionales de preparatoria.
Por primera vez desde que lo había tirado, levanto su mirada a los ojos del chico.
-Taiga, idiota, te extrañé demasiado –le dijo. En aquel momento, al ver los ojos azul celeste de la chica, a Kagami no le cupo ninguna duda. La abrazo lo más fuerte que pudo, y estaba muy seguro de que demoró mucho en soltarla.
-Dudo que me extrañaras más de lo que lo hice yo –le dijo, sonriendo-. Tenemos muchas cosas que hablar, ¿o me equivoco?
Taiga se paró, y levantó a Akya sin esfuerzo, volviendo a abrazarla. Ahora, ella veía las caras de los demás, y no pudo contener la carcajada.
-¿Y estos dos de donde se conocen? –Daiki no entendía nada. Lenna sí, pero no sería ella la que explicara. Estaba con una sonrisa en la cara, feliz por su amiga. Naomi también estaba feliz por ella, pero… eso de demostrar emociones no era su punto fuerte. El resto de los presentes tenían la misma cara de duda.
Cuando se soltaron, Akya vio como todos esperaban una explicación. Miro a Kagami, porque él era el único que los conocía a todos, y era preferible que él explicara.
Hyūga Junpei, de tercer año, capitán de Seirin, fue el primero en hablar.
-Kagami, ¿qué estas esperando para explicar? ¿Es acaso una novia tuya o algo?
-¡CLARO QUE NO! Es decir –Kagami despeinó a Akya, ganándose un puñetazo en el hombro- ella es mi prima.
-Tu ¿QUÉ? –dijeron varios.
-Es que, no nos vemos desde que me fui a América… y de eso ha pasado mucho...
Kagami miró a la chica, sintiéndose muy nostálgico. Era casi de su altura, vaya que había crecido.
-Sabes, nos veremos seguido ahora –dijo ella sonriendo.
-Claro que sí –respondió en seguida.- Pero yo tengo una duda… ¿Qué haces aquí? Siempre imaginé que estarías en Nagano.
-Alguien que volvió a Japón hace un año y no fue a su ciudad para ver a su prima no tiene derecho a preguntarse eso. Aunque de todas formas vas a saberlo, así que mejor te lo digo yo…
Akya fue interrumpida, cuando un moreno de más de metro noventa se acercó y apoyó un brazo en su hombro. No abrazándola, más bien usándola de posa brazos.
-Ella está en Tōō –dijo sonriendo. Luego se ganó un golpe, también. ¿Quién se creía para usar a la pelirroja de posa brazos? La cara de Taiga era un poema.
-¿DE VERDAD TE METISTE CON ÉL? ¿POR QUÉ NO ENTRASTE EN SEIRIN MALDITA TONTA?
-Mejor ni preguntar quién merece el premio al tonto aquí, pero solo voy a decir –comenzó Ritsuki, sonriendo- que este año, nosotros nos llevamos la victoria.
-¿Es por "eso"? Entonces, encantado. –Taiga también sonrió.
Akya sintió a alguien acercarse a ella, luego escucho una voz.
-Hola. Soy Kuroko Tetsuya –dijo.
-Lo sé –contesto ella-. Mi nombre es Ritsuki Akya.
Hyūga quedo impactado.
-¿Por qué no te asustaste si es la primera vez que lo ves? ¿Acaso puedes sentirlo?
-Hola –una voz hablo cerca de Hyūga y el resto de Seirin, provocando que se exaltaran -. Asahina Naomi, de Rakuzan, amiga de Akya.
-¿Otra más que hace esto? Voy a llorar –Furihata ya sentía los problemas del año corriente.
-No es exactamente como Kuroko o Mayuzumi –interrumpió Akashi-. Pero no es como si les fuera a decir algo.
-A ese tipo de verdad le gustan esos jugadores, ¿o no? –Riko esperó que no la escucharan. Estaba, de todas formas, muy emocionada. Tal parecía que este año habría rivales interesantes.
-Todos se presentaron menos yo –dijo cierta rubia, incapaz de contenerse-. Mi nombre es Ameko Lenna, y estoy inscripta en Kaijō. ¡Encantada de conocerlos!
-Bueno, bueno, esto ya fue mucha charla –dijo Aomine, bostezando-… Acepte venir a jugar, no a un encuentro familiar.
-Estábamos a punto de jugar un tres contra tres, ¿alguien se quiere sumar? –dijo Kise.
-Venimos de un partido de práctica, yo paso –comentó Hyūga.
-Por supuesto que juego –dijo Kagami, mientras saludaba a Lenna y Naomi, que hacía igualmente mucho tiempo que no las veía.
-Yo también quiero jugar –se sumó Kuroko.
-Los equipos estaban formados, pero que Kurokocchi no esté en el mismo que Asahina –pidió Kise.
-Entonces Ritsuki, Akashi y Tetsu van conmigo, y Kise, Kagami, Ameko y Asahina son el otro equipo –dijo Aomine, ya apurado por jugar.
Riko, observando desde afuera no podía predecir qué equipo ganaría eso. La verdad es que cualquier cosa podía pasar. Ella había accedido a hacer de árbitro, porque además sería bueno para evaluar.

Akya estaba más que complacida con su equipo, y según ella, tenían muchas posibilidades. De todos modos, admitía que los otros también.
Habían decidido que lo mejor era que saltara Aomine, puesto que era casi obvio que el otro equipo escogería a Kagami.
-¿Ya estás cansado Kagami? Tal vez dos partidos son mucho para tí –dijo el moreno, al ganarle en altura de salto y obteniendo así el balón para su equipo.
-Cállate idiota, ya vas a ver que estoy perfectamente –le respondió el pelirrojo, un poco enfadado consigo mismo.
Akya rió por lo bajo. Taiga era el mismo idiota de siempre, y muy a su pesar, ella tuvo que concentrarse porque cuando Akashi recibió el balón, el ambiente en la cancha cambió drásticamente. Era impresionante como ese chico que sólo tenía un año más que ella ejercía esa presión sobre todos ellos. Ella sabía que de todas formas no tenía tiempo para pensar en esas cosas en medio de un juego, tenía mejores cosas que hacer. Y quería demostrarle a su primo todo lo que había mejorado, quería demostrarle que había crecido y que quería seguir siendo su rival; justo como cuando eran niños.

Lenna y su equipo tomaron una posición defensiva. Todos ellos sabían que no iba a ser fácil para ninguno, y era por ese mismo hecho que todos estaban actuando con cuidado. Kagami marcaba a Aomine, lo cual era muy sensato de su parte, ya que nunca iba a ser una buena idea dejar que anduviese a sus anchas por el lugar. La rubia intentaba predecir cómo se movería el equipo enemigo para plantear una jugada acorde. Conocía a Naomi perfectamente, y aunque hubiese visto a Kise por primera vez hacía sólo una semana, ya habían entrenado juntos y se entendían bastante bien. Y al primo de Akya, hacía tantísimo tiempo que no lo veía… Pero también sabía que era un jugador excelente y no le costaría trabajo adaptarse al juego. Si había algo en lo que tenían ventaja, era en el trabajo en equipo que pudiesen llegar a ejecutar. A su entender, su mayor problema ahora mismo eran Akashi y su control de juego.
Él se acercaba driblando hacia ella mientras los otros jugadores avanzaban intentando conseguir una posición ventajosa. A este punto, ella normalmente ya habría pensado en un plan; pero la realidad era que frente a ese chico no se le ocurría ni una sola idea. Lenna sonrió, lejos de desanimarla, aquel reto sólo lograba motivarla más. Kise marcaba a Akya, pero ella logró librarse de él con un giro, haciendo que Akashi viese una apertura. A Lenna le extrañó cuando notó que la pelota no iba hacia Akya, pero también sabía qué esperar… Después de todo, estaba acostumbrada a Naomi, y Kuroko no era tan diferente. El chico le hizo llegar el pase a la pelirroja, que estaba decidida a entrar a clavarla, pero no contaba con la rápida reacción de Kise. El chico se movió de una manera que le resultaba un poco demasiado familiar.
-Oh, el prodigio de las copias, ¿eh? –Akya sonreía-. ¡Es como jugar contra aquel idiota!
-¿A quién llamas idiota? –gritaba Aomine desde el otro lado de la cancha.
-Oi Akya, ya le ganaste a Aomine, ¿verdad? –preguntaba Kagami. De verdad tenía curiosidad. No tenía ni idea del nivel de su prima actualmente, pero confiaba en que era buena. Siempre lo había sido, y si había ido hasta Tokio por aquella promesa, seguro era porque se sentía capaz de cumplirla.

-¡Compruébalo por ti mismo, Taiga! –Le respondía alegre la pelirroja, mientras se centraba en el rubio que tenía delante. Sus movimientos de verdad eran como los de Aomine. Era una lástima para Kise que ella ya hubiera jugado uno a uno contra el moreno hasta estar agotados. Dribleó mientras analizaba la postura de Kise y sus posibilidades. No dudó ni un segundo en reaccionar cuando lo decidió. Amagó hacia la izquierda, haciéndole un crossover hacia la derecha, el rubio no se lo esperaba y ella lo sabía. Girando sobre sus talones, aprovechó la pantalla de Akashi sobre Lenna para una vistosa clavada. Entendía perfectamente que si Akashi no hubiese hecho eso en ese preciso momento, las cosas hubieran sido distintas. Le asustó un poco el nivel de comprensión del juego que tenía ese chico. "Pero claro, ya lo sabía", se dijo. Después de todo, Akashi Seijūrō era el capitán de la Generación de los Milagros, y ella sabía muy bien qué esperar de él, a pesar de ser la primera vez que lo veía en persona.
-Eso fue bastante impresionante, Ritsuki –le dijo Kise algo pasmado. Lenna no le había contado absolutamente nada y tenía que descubrirlo todo por sí mismo. Hasta ahora, la chica solo había hecho unos cuantos tiros de tres y sus jugadas dentro del área si bien estaban perfectamente ejecutadas, tampoco habían sido tan asombrosas. Y lo asombroso en realidad no era la clavada, aquello a Kise ya no le impresionaba… pero ese juego de pies, el crossover que le hizo… Si no hubiera estado atento, probablemente hubiese perdido el equilibrio ¿Acaso en los juegos anteriores se estaba conteniendo a propósito? A Kise le interesaba mucho poder conocer hasta donde podía llegar aquella chica. Era muy distinta de lo que había visto de Lenna, claramente. La rubia evaluaba mucho mejor la situación y pensaba en el mejor plan, pero cuando esta otra chica se decidía, ejecutaba sus jugadas con una precisión asombrosa.

El equipo de Lenna tenía ahora la posesión del balón. Fue Nao quien sacó para asegurarle el pase a Lenna, quién driblaba rápidamente para pasar la mitad de la cancha mientras observaba las posibilidades. Sabía que no tendría oportunidad en cuanto Akashi la marcase, así que se aseguró de que Nao le hiciera llegar el balón a Kagami. El chico al parecer se había emocionado un poco de más y no notó cuando Kuroko le robó el balón de sus propias manos.
-¡Kuroko, maldito! –se enfadó.
-Lo siento, Kagami-kun, hacía mucho que quería hacer eso pero siempre estábamos en el mismo equipo –se disculpó algo inocente el de cabellos celeste. Eso incitó algunas risas en el lugar. Además, el resto de Seirin estaba a la sombra mirando atentamente aquel encuentro.
El pase, que iba dirigido a Aomine, y que este tomó sin problemas, desapareció de repente de sus manos.
-Yo también puedo hacer eso, Kuroko-san –dijo Naomi, con su cara indiferente que poco concordaba con la imagen que llevaba, con esas coletas a los lados de su cabeza. Akashi sonrió de lado mientras la miraba bastante interesado.
Naomi dirigió su pase hacia Kise, quién no dudó ni un segundo en volver a enfrentar a Akya, quien lo marcaba personalmente. Ella también sabía que la defensa de Akya no era su punto fuerte, así que esperaba que el prodigio rubio no tuviera mayores problemas para anotar. Mientras Kagami se ocupara de Aomine, y Lenna y ella de Akashi, no podía representar ningún problema.
Nadie se sorprendió cuando Kise encestaba realizando exactamente la misma jugada que había hecho Akya anteriormente.
-Maldita sea, ¡no me devuelvas mis jugadas! –le decía Akya, un tanto frustrada. Ya lo sabía, sabía exactamente qué hacía cada uno de ellos, y aun así no dejaban de sorprenderla. "Esto es mucho mejor de lo que esperaba", se dijo sonriendo. Kagami la vio, y supo exactamente lo que pensaba, porque él había pasado exactamente igual hacía un año atrás.
Akashi los hizo cambiar de marcas, y si bien a Aomine le molestó un poco, claramente no lo entendía. Mientras Kagami lo marcase y Asahina estuviese cerca, no podría jugar tranquilamente. Ese cambio era, fundamentalmente, para usarlo a él como ataque principal. Ahora que Taiga enfrentaba a su prima, para el moreno debía ser un poco más fácil traspasar la defensa enemiga.

"O no"… Lenna pensaba y actuaba atentamente al ver los cambios que hacía el base rival. Entender los motivos al instante lo era todo. Pasó por al lado de Kise para susurrarle algo, que sólo él escuchó.
Kuroko le hizo llegar el balón al delantero con un pase de media cancha, y aunque Daiki creía que le iba a costar un poco más de trabajo pasar a Kise, le resultó demasiado fácil. Más de lo normal… ¿Se había dejado pasar a propósito? Kise se movió rápidamente para impedir que Akashi se reposicionara. Para cuando quiso entender lo que sucedía, tenía a una chica rubia delante de él. "¿Un uno a uno contra ella? Me está retando" entendió el moreno. Kise sí se había dejado pasar para impedir que él hiciera un pase. "Como si me fuese a negar a un duelo" pensó, mientras sonreía de lado. Aun así, Daiki no creía que la chica pusiese detenerlo. Es decir, lo había hecho cuando recién llegó, pero había sido suerte, ¿no? Él fue quién se descuidó esa vez. Akya tampoco había podido detenerlo antes, y si bien no la subestimaba, esperaba que fuese como la pelirroja. Pensar de esa manera fue un gran error.
Ahora, ya hacía como una hora que estaban jugando entre ellos. Y si bien se estaban divirtiendo mucho, también se estaban probando, y eso los motivaba a todos. Lenna se no dejaba de prestar atención al modo de juego del moreno. No podía negar lo mucho que le llamaba la atención aquel chico. Le recordaba un poco a Akya, pero la verdad es que era muy distinto. Aomine Daiki estaba en un nivel completamente diferente para ella. Era todo un desafío proponerse detenerlo, pero ella amaba los desafíos. Era un jugador impredecible. Si bien sabía exactamente en todo lo que era bueno, nunca podría predecir qué se le iba a pasar por la cabeza hacer; para él, era instintivo, y ella lo notaba perfectamente. Y decidió que la mejor manera de enfrentar ese instinto casi animal, era poniéndose a la par, pero no en instinto, sino en estrategia. Lenna sabía que si antes había tenido una posibilidad en diez de detenerlo, ahora tendría tal vez una en veinte o en treinta. Alejó esos pensamientos de su cabeza, porque eran lo último que necesitaba en ese momento. La mirada de Aomine conectó con la suya por unos segundos, que le habrían parecido horas de no ser porque el chico ya se estaba moviendo y ella se obligó a reaccionar. Su velocidad era una locura. El de ojos azules ya la había pasado por un paso, y eso fue todo lo que necesitó para despertar de ese momento de admiración absoluta que había sentido. Admiración y ganas de superarlo, cabe decir. Él, que creía que ya se había librado de ella, hizo un tiro sin mucha gracia para darse cuenta que la rubia le estaba pisando los talones y había tocado el balón luego de que él lo había soltado; cambiando su trayectoria un poco y evitando que anotase.
Aomine, impresionado, rió.
-Oi, Oi… Al final parece que este año sí va a ser interesante –anunció, volteándose para dedicarle una sonrisa a la rubia-. Y parece que tú no eres sólo una cara bonita…

Riko veía todo aquello y no lo creía. Pero después de todas las cosas que había visto el año anterior… ¿por qué se sorprendía? Luego regañaría a Kagami por no hacer que aquella chica pelirroja entrase en Seirin. Ellos no habían tenido chicas que quisieran entrar al equipo, y ya se había enterado del rumor de que varias preparatorias tenían chicas de primer año en los clubes de baloncesto a causa de su padre. "Tal vez es una locura… pero ¿podría ser? Que una generación extraña apareciera de la nada, como la leyenda de Teiko…" Apartó el pensamiento, aunque no lo descartó. Esperaba ansiosa por próximos enfrentamientos, sabiendo que como ganadores de la Winter Cup, no les sería difícil concretar partidos de práctica contra otras escuelas. Los chicos jugaron como por media hora más y luego cayeron rendidos. Todos estaban exhaustos. El equipo de Akashi había terminado por ganar, pero no por mucha diferencia, lo cual era verdaderamente impresionante, siendo que en realidad no acostumbraba jugar con ninguno de ellos, a pesar de que ya conocía a Kuroko y Aomine.
Ya se estaba haciendo bastante tarde, y al hablar con Hyūga, decidieron que el equipo debía seguir su camino. Todo Seirin estaba hablando del partido que acababan de ver. Si pretendían hablar del partido de práctica que habían tenido esa tarde, ahora era historia; porque aquello no era tan buen tema de conversación como aquel enfrentamiento de prodigios que habían presenciado recientemente.
-¡Kuroko-kun, Kagami-kun! Vamos, debemos regresar –los llamó la entrenadora. Los chicos se despidieron, pero antes de que pudieran alcanzar al equipo, se escuchó un grito.
-¡TAIGA! ¡Espero que ni se te ocurra irte de aquí sin dejarme al menos tu número, maldito! –Akya le gritaba aún tendida en la cancha. Realmente estaba cansada. Habían jugado mucho, y contra todos esos prodigios. En todo lo que podía pensar era en llegar a tomar una ducha y comer hasta no poder más para después irse a dormir.
Kagami rió, y volvió hacia donde ella estaba con su teléfono en la mano. Se lo tendió para que ella misma se guardara como contacto, y cuando ella extendió su brazo para devolverlo, no desaprovechó la oportunidad de levantarla de un tirón a sus brazos.
-No quiero que nos volvamos a alejar –le susurró-. Te extrañé de verdad.
Kagami no solía decir cosas como esa, pero era un caso especial. Ella lo abrazó fuerte y le dijo que no dijera esas cosas tan vergonzosas, sin recordar que la primera en decirlas fue ella al verlo. Ambos rieron y prometieron encontrarse seguido, después de todo, ahora ambos vivían en Tokio.

Los chicos de Seirin siguieron con su camino, y el resto de ellos seguía allí, aunque ya habían recuperado las energías como para ponerse en marcha. Ya estaba oscureciendo, así que era mejor que se despidieran… Sobre todo para los chicos de Rakuzan que tenían un viaje bastante largo que hacer.