Disclaimer: MARVEL & Disney no me pertenecen. Este Universo Alternativo si.
.
.
Lunes, 09:30 am, Oficinas de SHIELD.
Natasha había llegado muy temprano a las oficinas de SHIELD para retomar todos los temas pendientes que le tenía Fury; tenía mucho trabajo acumulado, pero eso no le importaba, porque ahora, tendría por fin una academia para impartir sus clases de ballet que tanto anhelaba por hacer.
Se quedó pensando además en lo que le dijo Steve, sobre abandonar este trabajo. Podría sólo vivir haciendo clases pero...igual un dinero extra no le hacía daño a nadie; lo bueno era, que no tenía que lidiar con el tráfico, ya que se podría ir caminando hacia el taller. Ya lo pensaría mejor.
Llegó a su puesto de trabajo, donde había más o menos una pila mediana de archivos, los cuales ella tendría que revisar y ver cuáles son los que Fury debía firmar y aprobar. Por lo general se trataban de proyectos nuevos y renovaciones de algunos. No era difícil, pero la tarea de separarlos era tedioso.
Suspiró, levantando un mechón rojo de su sien. Debía hacerse el ánimo de ordenar todo eso.
Encendió el ordenador para comenzar a trabajar. Pero antes de eso sucediese, necesitaba una taza de té verde humeante. Era su favorito.
Al llegar a su puesto con aquella bebida humeante, se dio cuenta que encima del escritorio había una rosa de color rojo; arqueo una ceja ante esto ¿por qué?
—Feliz día amiga —se escuchó la voz de María. La aludida no entendía de qué se trataba todo esto. Rodó los ojos ante esto y le respondió—, es el día de la secretaria...
—¿En serio? —se sorprendió ante esto—, lo lamento, no sabía... gracias María, eres muy gentil —Se levantó de su puesto para darle un abrazo.
—No te preocupes, sé que has estado en otras cosas...como salir con ese tal Steve... —mencionó algo molesta, pero divertida—, me has abandonado totalmente.
—Lo sé, soy una persona horrible. Pero ¿te parece que vayamos por un café mientras ordeno estos papeles? Y nos ponemos al día —le dedicó una sonrisa—, yo te invito.
—Ni se te ocurra mujer. Es tu día, te invito yo, así que toma tus cosas y vayamos a la cafetería.
.
.
—Y bien... llevas mucho tiempo con este muchacho. Veo que posiblemente quieras casarte con él —Hill la molestó.
—No sé si para casarme, pero es un buen chico —confesó—. Es atento, respetuoso, divertido...aunque un poco anticuado, pero eso da lo mismo —La pelirroja dejó a un lado su café, para empezar a ordenar aquellos documentos. Hill tomó la mitad de aquella torre para ayudarla.
—¿Anticuado? ¿cuántos años tiene? —preguntó curiosa—, no creo que sea tan viejo.
—No, no lo es. Tiene apenas treinta y cinco años —se encogió de hombros—, pero aún así, es muy lindo conmigo.
—Necesito conocerlo... ¿cuándo me invitarás a tu casa? puedo llevar algo para la cena. Por ejemplo unas buenas cervezas.
—No es una mala idea, nos vendría bien una junta con amigos —timbró un par de papeles—, y además, Steve también tiene un amigo... —de pronto, recordó que él y Steve estaban un poco distanciados por ese día, donde ella tuvo "un viaje de emergencia". No sabía si se habían arreglado.
—¿Ah sí? me encantaría conocerlo... —María notó que su amiga había quedado con la mirada perdida—, ¿Nat?...
—Disculpa... —sacudió su rostro—, si, Steve tiene un amigo...pero recordé que —hizo una pausa—, están distanciados...no sé si han conversado.
—Ah, ya veo... —una mueca de desagrado se dibujó en su rostro—, y yo ya me había hecho la ilusión de conocerlos...
—Pero podrías ir de igual forma. Para que Steve me crea que tengo amigas —se encogió de hombros.
—No se diga más. Hablas con tu hombre, y luego, me avisas para ir a tu casa...¿están viviendo juntos, no?
—Sí... es decir, me mudé a su apartamento —una sonrisa pícara se dibujó en el rostro de Hill.
—Así que la cosa va en serio ¿no? —María tomó de su café, alzando sus cejas.
—No lo sé...es decir... —Natasha se ofuscaba—, no sé cómo decirlo.
—Te ves bien, Nat...
—¿Cómo bien? —arqueó una ceja.
—Feliz... siento que al fin estás bien, tranquila. Disfrutas el día a día junto a tu novio... —dejó el café a un lado, para seguir ayudándole en el papeleo.
—Ah por cierto...no te he contado. Pero pronto abriré mi academia de ballet —dijo emocionada—, solo me falta arreglar algunos detalles y por supuesto el nombre del taller
—¿Es en serio? —dejó lo que estaba haciendo—, ¡felicidades Nat! ¡es lo que siempre has querido hacer!
—Gracias María...y si... poco a poco cumplo pequeños sueños que había tenido —dejó los documentos a un lado, ya que había terminado de separarlos.
—¡Hay que celebrar! cuando ¿el viernes? —Natasha soltó una risotada ante esto—, pero si bien merecida te la tienes.
—No creo que sea para tanto...Además, aún falta para inaugurarla por completa...—dijo excusándose; de pronto recordó su vida secreta y no quería ocasionar meter más gente en su vida personal.
—Sólo será una celebración hogareña, piénsalo. Propónselo a Steve. Estoy segura que dirá que sí. Debe estar más emocionado que todos nosotros...—María quería convencer a su amiga. No se rendiría tan fácil.
—Está bien, se lo plantearé...—Hill celebró—, no puedo contigo ¿verdad?
—Tu sabes que no —guiñó un ojo en respuesta.
.
.
Natasha había terminado su día finalmente en las oficinas. Lo bueno de este trabajo, era que salía después de almuerzo todos los días. Ella ya pensaba en salir de ahí y dirigirse a su nuevo lugar de ensueño, la futura academia de ballet; pero, antes de soñar en color rosa, debía ir al lugar donde ella daba clases, para hablar de su futura estadía. Tenía totalmente claro, que no podía seguir en ese lugar.
Al llegar, estaba Sharon como siempre, realizando la clase que Natasha hacía después de almuerzo. Aquellas clases a las que nunca llegaba a realizar, porque llegaba diez o quince minutos tarde. Pero ya no le importaba en lo más mínimo, porque ahora sería su propia jefa; cruzaron miradas, pero Natasha se fue rápidamente de ahí, ya que debía hablar pronto la situación.
Tocó la puerta, escuchándose desde adentro con un "adelante"; La pelirroja entró y se sentó frente al escritorio de la dueña de la academia.
—Buen día Natasha ¿Qué tal estás? —habló aquella mujer. Era alta, muy rubia y la tez de su piel era casi de porcelana; sus ojos eran tan claros como el agua de un riachuelo provenientes de las montañas. Parecía una muñeca de porcelana.
—Buen día Svetlana —saludó Natasha—, si, bien... —la rubia notaba a su compañera nerviosa—, aunque ahora vengo a hablar contigo acerca de mi estadía como maestra...
—Claro, dime en qué te puedo ayudar. Si necesitas cambiar tus horarios para las clases, no hay problema. Sabes que soy flexible contigo, Nat —dijo mientras acomodaba unos papeles dentro de un cajón.
—Si...bueno, no es eso de lo que precisamente vine a hablar...—Svetlana no entendía a lo que se refería—, es decir... —respiró hondo—, vengo a entregar mi renuncia.
—¿Qué? —el rostro de la rubia se descolocó por completo—, eres la mejor tutora que tengo acá, Natasha... nadie más enseña como tú lo haces.
—Muchas gracias por ese elogio...de verdad lo aprecio mucho. Pero tengo otros planes y necesito irme —mencionó cabizbaja—, a mi también me da mucha tristeza abandonar este lugar, que me acogió desde que fui alumna tuya...
—Y siempre fuiste la mejor de mi clase. Pero qué va, si has tomado aquella decisión es por algo. No te preguntaré las razones...—tomó su botella de agua para tomar un pequeño sorbo y volver a dejarla encima del escritorio—, pero... ¿Si te subo el sueldo, te quedarías?
—No sé qué decirte...pero te agradezco mucho que me tomes tanto en cuenta —Natasha sentía mucha pena. Svetlana la había acogido en este lugar. No quería abandonarla. Pero debía hacerlo—, lo que sucede es que...
—Ya sé, ¿Estás embarazada? —completó la oración. Natasha negó.
—No, nada de eso. Por ahora, lo que menos necesito, son hijos... —tomó aire para hablar después—, abriré mi propia academia de ballet... y ahora pienso dedicarme a impartir clases por mi cuenta... —dijo finalmente, como un desahogo; no sabía cómo se tomaría esta noticia Svetlana. Se sentía nerviosa por dentro, ya que sentía que la estaba traicionando con irse.
—¿Es en serio? —la rubia quedó boquiabierta con aquella noticia. La pelirroja asintió—, ¡muchas felicidades! de verdad, te lo mereces —ella se levantó de su asiento, para abrazarla—, de verdad no me lo esperaba...
—Muchas gracias Lana... Y si, al fin podré tener mi propio emprendimiento en lo que me gusta hacer. Así que ahora debo ponerme a trabajar en ello. Ni siquiera tengo pensado un nombre para el lugar. Pero ya está casi todo listo; la sala de ensayo, los casilleros, baños... la patente también está al día.
—De verdad no me lo puedo creer... estoy muy orgullosa de tí —dijo ella con una gran sonrisa—, me tienes que invitar a la inauguración, no te vayas a olvidar de mi —la apuntó con su dedo índice.
—De hecho estoy pensando en hacer una pequeña fiesta en mi casa...irá gente cercana, por si quieres ir a compartir un par de copas. Aún no lo hablo con mi novio, pero hoy se lo propondré.
—Me parece una excelente idea Nat. Me avisas, y así llevo un par de cosas para el cóctel —respondió emocionada, para luego tomar atención a algo que Natasha había mencionado—, espera... ¿dijiste novio? eso no lo sabía tampoco.
—Pues si, estoy con alguien hace unos cuatro meses. Ahora serán cinco. —se ruborizó un poco.
—Vaya Nat, me has dejado pasmada con tanta noticia buena. De verdad estoy muy feliz por ti —Tomó sus manos—, y estaré ansiosa para cuando hagas aquella fiesta. No te olvides de mi ¿eh?
—Claro que no, estás cordialmente invitada...aunque aún no haya confirmado nada con Steve.
—¿Se llama Steve? suena muy americano...
—Es que lo es, de hecho —se encogió de hombros—, pero ya sabe hablar bien el ruso. No le ha costado mucho la verdad. Como yo hablo también inglés, he podido hacer que entienda mejor el idioma.
—Que bueno... de verdad me alegra demasiado todo esto —volvió a sentarse en su puesto—, bueno...no tengo otra alternativa que dejarte ir, pero sé que te irá muy bien con tu nuevo emprendimiento —suspiró melancólica—, si necesitas ayuda con cualquier cosa, no dudes en avisarme.
—Te lo agradezco mucho, Lana, no sabes cuánto significa para mí esto —Natasha estaba realmente agradecida de Svetlana.
—Haré los papeleos para poder liberarte —bromeó—, ven mañana a retirar todo y lo que te debo proporcional de lo que has trabajado y las vacaciones que tienes pendientes de pago.
—Claro. Estaré mañana acá entonces —Natasha se levantó de su asiento—, muchas gracias por todo.
Se dieron un último abrazo. La pelirroja salió de la oficina ya más tranquila. Había dado el primer paso para independizarse y lo había logrado.
Tenía mucha tristeza el irse de ese lugar. Después de todo, había estado en ese lugar desde que llegó como alumna y llegar a ser profesora de esa academia.
—¿Ya te vas? —una voz detuvo su andar hacia la salida. Natasha volteó para ver.
—Así es, Sharon. Me voy...—respondió sin más.
—Nuevamente llegas tarde a esta clase. Si sigues así, te despedirán ¿Sabes? —la rubia quería ganar esta batalla—, pero no te preocupes. Estoy haciendo tu trabajo mejor que tú, por lo que puedo notar.
—Gracias y te lo agradezco, Sharon...porque no volveré más a este lugar —la aludida no comprendía bien a qué se refería, arqueando una ceja.
—¿Disculpa? —Preguntó—, ¿no volverás más?
—Todas las clases que hacía yo, podrás hacerlas tú, querida. Eres libre...—Natasha tomó el pomo de la puerta, pero Sharon la detuvo.
—Explícame bien...no entiendo a lo que te refieres.
—Lo que escuchaste —Natasha se mantenía seria—, le entregué mi renuncia a Svetlana —Sharon se quedó sin palabras—, ¿me puedes dejar ir ahora?
Natasha soltó su agarre, saliendo finalmente de la academia y dejando a una Sharon Carter anonadada ante tal noticia; se quedó pensando el por qué esta decisión de ella. Simplemente, no lo comprendía.
.
.
Oficina de Policía Central de Moscú.
—Buenos días.
Wanda Maximoff tocó suavemente la puerta, saludando a su compañero James. Ella entró con dos cafés, sentándose frente a su escritorio.
—¿Cómo estás hoy? —volvió a hablar.
—Buen día Wanda...—tomó su café—, muchas gracias, eres muy atenta.
—No me dicen la mejor jefa por nada —se auto elogió, haciendo que James riera ante esto—, ¿qué tal estuvo tu fin de semana? ¿descansaste?
—Sí, es decir... no salí a ningún lado. Sólo me dediqué a estar en mi casa y estudiar un poco del caso en el que estamos investigando... —pasó una mano por su cabello—, es realmente fuerte saber que aún existe ésta organización espía...
—Es verdad...pero nuestra labor es intentar derrotarlos por completo, James. No podemos permitir que gente inocente siga siendo asesinada. Estos tipos deben pagar todo lo que han hecho...
—Haremos todo lo que esté a nuestro alcance —dijo firme—, cuenta conmigo para lo que sea.
—Gracias, James... —Él notó su mirada algo apagada después de eso; así que no tardó en preguntar.
—¿Pasa algo? digo, si me quieres contar claro está...
—¿Por qué? —se hizo la desentendida.
—Vamos Wanda...viniste acá sólo para compartir un café conmigo... Sé que te pasa algo. Llevo poco tiempo acá, pero ya sé leerte...
Al parecer, Maximoff no pudo ocultar sus sentimientos. Cuando algo le preocupaba, se reflejaba muy bien en su mirada. Eso fue lo que James pudo percibir inmediatamente.
—No, tranquilo... —comenzó—, pues tengo un par de problemas y... —suspiró. No sabía si contarle un poco más de su vida privada. James volvió a notar a su compañera incómoda. Prefirió detenerla ahí. No quería tal vez, recordarle alguna herida.
—No te preocupes. No tienes que contarme... —se giró sobre su silla, encendiendo su laptop—, bueno... supongo que ponernos a trabajar nos ayudará a olvidarnos un poco del tema —le dedicó una sonrisa, la cual, ella respondió tímidamente.
—Lo siento...—volvió a suspirar muy pesadamente—, lo que sucede, es que mi ex novio volvió a comunicarse conmigo y pues...es complicado.
James se congeló ante esta confesión de su jefa. No se esperó tanta sinceridad por parte de ella; se preocupó un poco por eso.
—Y...¿por qué tienes problemas con él? Acaso es...
—¿Agresivo? Pues sí...lo es —dijo—, había pasado un tiempo donde yo lo denuncié por acoso. Ya han pasado cinco años...
—Lamento todo eso, Wanda...—James no sabía bien qué palabras usar, pero trataría de ser lo más respetuoso posible—, ¿te hizo daño?
—¿Físico? No por suerte —Bajó su voz—, pero qué va...espero que esté sano.
—¿Sano?
—Si... —hizo una pausa antes de continuar. Realmente era muy difícil para ella hablar de eso—, tiene bipolaridad...—los ojos de Barnes se abrieron de impresión—, estuvo un tiempo en tratamiento...íbamos a casarnos de hecho...
—Wanda...—la detuvo ahí—, esto que me estás contando es muy fuerte. Y de verdad pienso que es mejor hablarlo en otro momento, donde estemos más relajados.
—Es algo que no me deja dormir sinceramente. Disculpa si te moleste con esto...no debería...—la castaña pasó ambas manos por su rostro. Realmente estaba muy acomplejada con el tema.
—Descuida...estamos en confianza ¿no?
—Me la diste...por eso te conté esto que es...muy personal.
—No sé qué decirte...pero te agradezco que confíes en mí...—respondió, buscando su mirada. Ella levantó la suya para perderse en sus ojos —¿Almorzamos juntos? —Preguntó, para cambiar un poco el tema y relajar el ambiente.
—Claro. Si es que el papeleo no me absorbe lo suficiente —ella rió—, ¿te parece bien a la una y media?
—Iré a esa hora entonces a tocar tu puerta. Ten un buen día... —dijo James, viendo como ella se levantaba del asiento, donde se retiró finalmente.
Le preocupaba el ánimo de Wanda, siendo que, a pesar del poco tiempo que la conocía, era una mujer muy alegre; tenía curiosidad por saber un poco más, pero tampoco quería ahogarla con preguntas sobre su vida privada.
Además, aún estaba en periodo de prueba. Debía concentrarse en su investigación.
Dejando de lado aquella disyuntiva, empezó su trabajo de investigación sobre el KGB aún activo.
Tenía la lista de agentes aún con vida. La pregunta era ¿podría encontrar a alguno de ellos?
Repasó nuevamente el listado de nombres
—Elena Belova...está viva y su estado inactiva ¿será que sigue dentro del KGB? —Pensaba en voz alta, donde redactaba su informe para presentarlo a Wanda.
Luego, escribió el nombre de Iván Petrovich, que a pesar de que se encontraba fallecido, era clave para la investigación; era claro que alguien más estaba moviendo unos hilos muy delicados para pasar desapercibidos.
—Natalia Romanova...
Tecleo su nombre también. Era la única con vida de ese listado. La gran pregunta era ¿estaría dentro del país? Y si estaba con vida ¿habría desertado? ¿por qué lo habría hecho? Eran las grandes interrogantes que pasaban por la mente de James Barnes.
.
.
Luego de aquel encuentro con Sharon, Natasha se dirigió hasta el local de Steve. Llevaba bolsas con comida, ya que pretendía almorzar con él en su estudio.
Entró, haciendo sonar aquella campanita avisando que un cliente llegaba.
—En seguida voy. —se escuchó la voz de su novio a lo lejos.
—Soy yo Steve ¿Estás ocupado?
—Un poco... pero sabes que siempre estoy para tí —la muchacha se acercó a él para besarlo.
—Has tenido una buena racha, hay que aprovecharla al máximo —dijo mientras acomodaba un par de bolsas encima de una mesita—, compré almuerzo.
—Ya me estaba rugiendo el estómago, muchas gracias Nat —besó su mejilla— ¿comemos entonces?
Rápidamente, Steve sacó un mantel para cubrir aquella pequeña mesa, mientras Natasha traía consigo un par de sillas.
—Tenía mucha hambre —sirvió un poco de refresco en los vasos de cada uno—, ¿comida thai? que saludable.
—La verdad quería comer hamburguesas, pero este local está a un paso de mi oficina, y además tenían el menú en oferta —pasó los palillos que venían dentro de la bolsa para comer.
—Bueno... sabe delicioso. —Steve saboreó la comida.
—¿Steve? —la voz de Natasha se escuchó.
—Dime preciosa. —estaba muy concentrado en su comida, pero le prestaba atención igual.
—Una amiga del trabajo quiere organizar una fiesta...por la inauguración de mi nuevo emprendimiento...y...
—Diablos, ¿Cómo no lo pensé antes? —exclamó él—, claro que hay que celebrar, Nat.
—Entonces...¿es un si? —preguntó esperanzada y algo apenada.
—Claro que sí. Te lo mereces —se acercó a ella, tomándola de sus mejillas y depositando un tierno beso en su frente—, el viernes estaría estupendo.
—Le diré a María entonces —respondió besando sus labios—, vendrá ella y Lana a la casa.
—No hay problema. Hoy compraré algunas cosas en el supermercado. Odio ir a última hora —sonrió.
Natasha se percató que ni siquiera mencionó a Bucky. Sabía que habían discutido acerca de su viaje; Steve le contó que James había desconfiado de ella. Y ella entendía sus motivos. Tener un viaje precipitado de la nada, daba para dudar.
—¿No invitarás a James? —dijo siendo cuidadosa en sus palabras. Y el silencio otorgó—, no has hablado con él...
—La verdad ni siquiera había pensado en Buck —Respondió algo dolido—, he estado tan metido en mis trabajos...
—Bueno, alguien tiene que dar el primer paso —Natasha levantó las cejas y Steve rodó los ojos ante esto.
—No voy a ceder, Nat. Él fue muy grosero conmigo y contigo. Y si han pasado semanas, es porque no le importamos en lo absoluto. —se metió otra cucharada de comida a la boca.
—¿Quieres que hable con él? —Steve se negó—, al menos déjame intentarlo.
—No tienes por qué hacerlo. Él fue quien se alejó de nosotros.
A Natasha no le gustaba verlos peleados. Pero si, Steve tenía razón. Si James no se había acercado a él para conversar, ni siquiera una llamada telefónica, no había para qué intentarlo.
De pronto, el celular de Steve comenzó a vibrar. Era una llamada entrante de "James Barnes"; El rostro del rubio se desfiguró al notar aquello y Natasha reía por lo bajo.
—Mira tú. Lo acabamos de invocar —vio que Steve no tenía ganas de tomar el teléfono—, anda, contéstale.
De mala gana, Steve tomó el aparato, respondiendo el celular y escuchando por primera vez la voz de su amigo
—"¿Steve...?" —el mencionado aún no le respondía. Su orgullo era más grande al parecer. Natasha le pegó con el pie por debajo de la pequeña mesa para que hablase—, "¿Estás ahí?"
—Si, Buck. Aquí estoy...
—"Bueno...sé que no hemos hablado durante un tiempo..." —Steve lo escuchaba atentamente—, "y pues...quería disculparme contigo sobre la otra vez...ya sabes"
—Buck, han pasado semanas... ¿y recién ahora vienes a hablar conmigo?—Steve se levantó de su asiento para conversar mejor.
—"Lo sé, fui un idiota...no tengo excusas" —respondió el castaño apenado—, "el trabajo también me ha mantenido en otro mundo, pero sé que eso no basta..."
—Lo del trabajo puedo entenderlo, sé que lo tuyo es complicado pero... bueno...no puedo seguir enfadado contigo... —Natasha esbozó una sonrisa al escuchar eso de su novio—, no te preocupes. Todo está bien.
—"¿De verdad?" —Bucky no podía creer lo que escuchaba—, "es decir, de verdad, discúlpame por lo de esa vez. Se me pasó la mano..."
—Está bien... No te preocupes —volteó, encontrándose con la mirada de Natasha, quien sonreía ampliamente—, sabes...El viernes haremos una pequeña fiesta de inauguración. Natasha abrirá su academia de ballet pronto y queremos celebrar.
—"¿Hablas en serio?, claro, encantado iré entonces" —el tono de su voz ya había cambiado a uno más animado—, "¿como a qué hora quieres que esté por allá el viernes?"
—Tipo ocho de la tarde estaría bien —Miró a Natasha, donde ella asintió.
—"Bien, llevaré algo para comer y compartir con ustedes...
—Claro...nos vemos este viernes entonces amigo —dijo Steve ya más compuesto.
—"¡Nos vemos chicos!" —Steve había puesto eso último en alta voz, para que Natasha escuchase.
—¡Te espero James! —alcanzó a decir Natasha.
Steve colgó el teléfono, volviéndose a sentar frente a Natasha para terminar de almorzar.
.
.
—¿Ves? funcionó —Wanda dijo, viendo como James cortaba la llamada con Steve.
—Lo sé...—suspiró, guardando el celular en su chaqueta. Ya habían salido a almorzar juntos—, te agradezco aquella patada conmovedora.
—Sé lo que es estar peleada con un amigo, es terrible —respondió Wanda—, así que te entiendo. Y además te lo debía por lo de esta mañana, por haberme escuchado...
—Wanda no es necesario, de verdad —sin darse cuenta, él posó sus manos sobre las de ella—, tienes todo mi apoyo como amigo. Si necesitas ayuda o alguien con quien conversar, quiero que sepas, que puedes contar conmigo. Más si ahora tu ex novio está intentando volver a ti y tu no quieras nada con él...
—De verdad te lo agradezco mucho... —ella posó su mirada en aquel acto del castaño—, hace mucho tiempo...que no percibía esta sensación de seguridad...
—¿Sabes? pienso que te hace falta salir y conocer gente nueva —terminó aquel acto de confianza con Wanda, para volver a tomar los cubiertos y cortar la carne con ensalada que tenía de almuerzo—, ¿te gustaría ir el viernes a casa de Steve?
—No lo sé...ellos no me conocen —Dudó—, es decir, sólo conozco a Natasha por como Sharon me habla de ella...
—Pues sería una muy buena oportunidad para que la conozcas. Anda, vamos. La pasaremos bien —quería convencerla.
—No creo que se molesten ¿o si? —seguía dudando. James soltó una risa ante esto.
—Eres un poco insegura en ese aspecto, Wanda. Pero para el trabajo eres una una femme fatale.
—Me lo han dicho, no te preocupes —bebió un pequeño sorbo de su refresco—, pero bueno, aceptaré tu invitación y te acompañaré.
Ambos sonrieron, y siguieron almorzando amenamente.
Wanda no quería aceptarlo, pero la compañía de James la hacía sentir muy bien. No quería pensar que se estaba enamorando. Pero de que le gustaba conversar con él, era un hecho; además, haberle confesado sobre su ex pareja, la hizo sentir un poco más segura acerca de sus sentimientos. Sólo debía darle un poco más de tiempo a su corazón, porque las heridas de su relación pasada seguían ahí.
.
.
—Bueno... —comenzó Steve—, literalmente, invocamos a James...
—Pero ves, había que darle tiempo. Él es un buen chico, Steve...—respaldó ella —, yo al menos confiaba de que algo así sucediera...
—Es verdad...—esbozó una amplia sonrisa, de esas que la pelirroja amaba ver—, hay que preparar la velada entonces.
—Si, ya lo habías dicho antes, señor estresado. Pero si estás tan apurado, podemos ir después de almorzar.
—No puedo ahora, Nat —tomó una servilleta para limpiar su boca—, debo terminar una pintura para este viernes, así que hoy avanzare lo más que pueda en ella ¿te parece mañana?
—Sí claro —respondió la pelirroja—, mañana tengo que entregar mi renuncia a Svetlana y vamos juntos.
De pronto, la campanita de la tienda se escuchó, haciendo notar la presencia de un cliente. Ambos muchachos se limpiaron bien sus bocas para ir.
—Buenas tardes... —dijo el cliente—, ¿interrumpí?
—No, no pasa nada. Estábamos terminando de almorzar —respondió Steve—, con respecto a la pintura, tengo listo los bosquejos ¿te gustaría mirarlos?
—Claro, me encantaría.
—Oh mis modales —Steve se volteó a Natasha, quien estaba tras el—, amor, él es Alyosha —El mencionado estiró su mano, donde Natasha la apretó sin ninguna emoción—, realizaré un cuadro a pedido y pagará muy bien.
—Mucho gusto, Natasha —respondió—, es un placer conocerte. Tu novio me habla maravillas de ti... Una gran bailarina por lo que sé.
Natasha estaba congelada. No podía creer lo que veían sus ojos...
¿Qué estaría planeando Alexei?
.
.
[Continuará...]
