Disclaimer: Marvel & Disney no me pertenecen ni sus personajes. Sólo la trama de esta historia es mía.

Notas de la autora: Lo que empiece y termine con (...) son flashbacks.

ADVERTENCIA

Capítulo para mayores de +18. No me hago responsable de lo demás.


En el capítulo anterior...

—Oh mis modales —Steve se volteó a Natasha, quien estaba tras el—, amor, él es Alyosha —El mencionado estiró su mano, donde Natasha la apretó sin ninguna emoción—, realizaré un cuadro a pedido y pagará muy bien.

—Mucho gusto, Natasha —respondió Alyosha—, es un placer conocerte. Tu novio me habla maravillas de ti... Una gran bailarina por lo que sé.

Natasha estaba congelada. No podía creer lo que veían sus ojos...

¿Qué estaría planeando Alexei?


(...)

Base de entrenamiento de la KGB, lugar desconocido.

Era una pelea cuerpo a cuerpo. Natalia daba duros golpes en el estómago de su entrenadora, haciendo que ésta, cayera derrotada al suelo. El pecho de la muchacha de dieciséis años subía y bajaba con velocidad, agitada por aquella sesión de combate. Tenía además golpes en el rostro y pequeñas cortadas.

—Bien Natalia. Tu entrenamiento el día de hoy ha terminado. —mencionó un hombre grande de cabello negro. Era uno de los guardias de las salas del KGB, quien observaba las luchas de los aprendices.

—¿Tendré cena completa? —preguntó esperanzada.

—Así es. Ve a la cocina y reclama tu premio.

La rubia salió de la habitación como pudo, ya que sentía el cuerpo adolorido después del duro entrenamiento; llegó rápidamente hacia la gran cocina, sacando una bandeja y escoger su comida con postre incluido.

Al sentarse y comenzar con su comida, una muchacha se sentó frente suyo, igualmente, con una bandeja llena de comida.

—Felicidades, Natalia —dijo aquella voz—, te has ganado la cena completa hoy.

—Gracias Yelena —respondió sin más, ya que se dispuso a comer su comida.

Supuso que no quiso seguir la conversación, así que ella también decidió probar bocado. Natalia se percató que a pesar que era la misma bandeja, tenía más comida que ella.

—¿Por qué tienes una ración más que yo? —se preguntó Natalia.

—¿Estás segura que quieres saber qué hice para que me dieran más comida?

—Claro...si es por comer más...—respondió, dando otra cucharada a su puré de patatas.

—Pues...—Yelena dejó el cubierto con el que estaba comiendo para hablarle en voz más baja—, me mandaron a una misión y fue todo un éxito...

—¿Ya te están enviando? eso no lo sabía... —Natalia abrió bien los ojos—, ¿y entonces, te dieron más comida sólo por cumplir una misión?

—Más que eso... di de muerte a toda la gente que había allí —susurró—, así que deberías empezar a matar a algunas personas de acá si quieres reputación... tu padre estaría orgulloso de eso.

—¿Asesinar? ¿Estás loca? —la rubia casi se atraganta con la comida—, jamás haré eso acá...

—Nos entrenan para ser las mejores asesinas de Rusia y tú lo único que quieres es salir de acá. Sabes que eso es imposible, Romanova.

—A mi... Me falta mucho para llegar a eso —dijo nerviosa.

—El KGB funciona así... —Yelena tomó su bandeja de comida, levantándose para irse de ahí—, si no quieres ser la próxima en morir, yo que tú me replanteo eso de nuevo.

Natalia tragó espeso. Ella sabía que era imposible salir por sí sola. Quería irse lo más pronto posible de ese horrible lugar y hacerlo explotar.

—¿Te puedo acompañar? —la muchacha la cual permanecía cabizbaja, levantó la mirada hacia un chico que se puso frente a ella también con una bandeja de comida—, me gané el postre hoy al igual que tú —sonrió.

—¿Quién eres...? ¿eres nuevo? —Natalia se puso a la defensiva inmediatamente.

—Digamos que sí, llegué hace un par de semanas... —amablemente, estiró su mano para saludarle—, me llamo Alexei Shostakov... ¿con quien tengo el gusto?

(...)

Los recuerdos atacaron rápidamente la mente de Natasha, haciéndola flaquear. De un momento a otro, su cuerpo percibió un frío intenso que recorría desde la espalda hasta la punta de sus pies. Era una sensación bastante incómoda, ya que la conversación entre Steve y Alexei la escuchaba de muy lejos.

Steve se asustó al ver a su novia intacta. Además observó sus ojos, los cuales estaban muy abiertos y su piel estaba más pálida que de costumbre.

—¿Nat, te encuentras bien? —preguntó Steve—, estás pálida amor.

La pelirroja reaccionó a tiempo, volviendo su mirada hacia su novio. La sangre poco a poco volvían a sus mejillas, sintiendo un leve calor en ellas.

—Si, discúlpame... creo que me levanté muy rápido de mi asiento y he sufrido un leve mareo... no te preocupes —mintió, porque eso lo sabe hacer muy bien.

—No tienes buena cara. Deberías ir a descansar un momento —habló el susodicho cliente. A Natasha se le revolvía el estómago ¿qué demonios hacía ahí, frente a ella, frente a Steve? ¿que estaba planeando?

—Te acompañaré al sofá que está en mi estudio, Nat. No quiero que te pongas pálida de nuevo —la tomó del brazo y se la llevó, dejando a Alyosha en la entrada.

El rubio la acomodó lentamente en aquel sofá, estirándole las piernas, para que su sangre tuviera mejor circulación; se acercó a ella, colocándole una almohada debajo de su cabeza.

—Te traeré un poco de agua con azúcar, Nat. Vuelvo enseguida.

Natasha se sentía fatal. Todo era un torbellino de emociones. Necesitaba saber por qué Alexei estaba haciendo esto ¿acaso cumpliría lo que él le había dicho semanas atrás? ¿sería capaz de decirle a Steve, la vida oculta de Natasha?

—No se atrevería... —susurró muy despacio, antes de que llegase Steve.

—Aquí está el vaso —ella lo tomó y bebió del contenido—, Nat, me dejaste muy preocupado ¿quieres que veamos un médico? —acarició su frente.

—No, Steve, estoy bien. Quizás... sólo fue una baja de presión, pero ya me siento mejor. Reposaré aquí en este sillón, mientras atiendes a tu cliente. No te preocupes —dijo ella para tranquilizarlo. Steve se veía inseguro aún.

—¿Quieres seguir almorzando? —depositó un tierno beso en su frente.

—Se me quitó el apetito. Tal vez más tarde, Steve, gracias —le dedicó una pequeña sonrisa para no preocuparlo—, anda, ve a atender a tu cliente. Te espero acá.

Steve se retiró de ahí un poco más tranquilo. De verdad se había asustado mucho con la reacción de Natasha.

Volvió donde Alyosha para seguir platicando con él.

—Lo lamento, enseguida retomo en lo que estábamos —se disculpó el rubio.

—No te preocupes, primero la salud de tu novia...—hizo una pausa, para luego preguntar sobre Natasha—, y ¿todo bien con ella?

—Si, debió ser que se mareo un poco, pero solo eso. Gracias por preguntar.

Alexei sabía que había sido más la reacción de verlo ahí de pie, frente a ella y a Steve. Pronto le tendría que decir cuál era su plan y el por qué se había acercado tanto a ellos.

—¿Un embarazo quizás? —mencionó Alyosha, haciendo que Steve se ruborizara ante esto.

—No tenemos planes de formar familia aún —respondió—, pero gracias por preguntar sobre Natasha...

—Tranquilo, no quise incomodarte con eso... —dijo disculpándose—, ¿sabes? tienes talento. De verdad, tu arte es muy bello. Debe de irte muy bien, además —lo elogió él.

—Muchas gracias —dijo—, pues si, me va relativamente bien. Fue difícil, ya que con el idioma, se me dificultó bastante al principio.

—Es un hecho... oye y... ¿por qué Moscú? pudiste haber elegido tal vez otro país donde se hable más inglés —preguntó Alyosha—, es decir, yo ahora te hablo en tu idioma, porque también se hablarlo...

—Pues lo pensé, pero quise aventurarme hacia un lugar desconocido para mí, para comenzar desde cero. Me pareció interesante venir a este lugar...no lo sé —respondió Steve—, y necesitaba inspiración además...

—Oh claro, lo entiendo perfectamente —dijo Alyosha—, pues te felicito. Tus agallas me tienen impresionado. Querer salir de la zona de confort no es nada fácil...sin amigos además...

—Tengo un amigo acá —Alexei levantó las cejas ante esto—, se graduó hace poco de abogado y ahora trabaja en el departamento de policía de Moscú.

—Que bien, Steve. Al menos no estuviste tanto tiempo solo acá...

Natasha podía escuchar perfectamente como Alexei interrogaba a Steve, sin que él se diera cuenta claramente. Conocía bastante a su ex marido. Estaba furiosa. No iba a permitir que le hicieran daño a él.

Shostakov la tenía entre la espada y la pared: El tiempo de Natasha había había terminado.

Oficina Central de Policía de Moscú, 10:00 am

El día pasó rápido, al menos así lo notó James, quien pasó a golpear la puerta de la oficina de su jefa; tocó de nuevo y no había respuesta de ella.

Abrió un poco, dándose cuenta, que estaba de espaldas hablando por teléfono con alguien. Volvió a juntar la puerta para no interrumpirla, pero no pudo evitar escuchar la conversación que ella tenía con aquella persona detrás del teléfono.

—No, Viktor... —se escuchaba su delicada y enfadada voz—, ya te dije que no quiero juntarme contigo, ni hoy ni mañana a conversar...

James dedujo de inmediato que tal vez, ella estaba hablando con su ex novio; tragó saliva, ya que de alguna manera, él estaba preocupado por Wanda, en cómo esto podría afectarle de manera anímica.

—...no quiero volver a vivir lo mismo... aunque hayan pasado cinco años —volvió a decir ella. —y era claro. Ella estaba hablando con él. Y ahora sabía como se llama el mencionado: Viktor.—...¿sabes? si me sigues insistiendo, tendré que poner otro recurso de protección. Esto es un acoso por parte tuya ¿qué parte del "no quiero volver a hablarte" no entiendes?

Ahora la voz de ella se escuchaba más agresiva. La estaba sacando de sus casillas al parecer.

—¡Déjame en paz maldita sea! —un gran golpe se escucho dentro de la oficina, lo cual alertó a James quien se asustó, entrando rápidamente a ver cómo se encontraba Wanda.

Al entrar, la muchacha se encontraba en el suelo, llorando y tapándose el rostro. Y aquel ruido había sido su mismo teléfono celular. Lo había lanzado contra la muralla.

—¡Wanda! —se acercó a ella, quitándole sus manos para verle a los ojos—, tranquila, no pasa nada... ¿estás bien? ¿necesitas algo?

—No quiero saber nada de él, James... ¡nada! —se echó a llorar a mares, abrazando a Barnes, mientras él la consolaba muy preocupado—, de verdad no deseo que este tipo vuelva a contactarme. He tenido que cambiar mi número de celular más de cinco veces.

—Pero haz de nuevo la denuncia... —la alentaba—, debes hacerlo. Por tu seguridad física y mental...

—Debería hacerlo... —al parecer, ella dudaba—, pero según los informes médicos, él ya está estable...

—Pero me habías dicho que- —ella lo interrumpió.

—Está sano... accedí a su archivo clínico. Ya no hace terapia hace un año —suspiró pesadamente, separándose de él y secándose las lágrimas—, pero yo no confío en él...

—Y estás en todo tu derecho de no querer volver, Wanda —quitó una de las lágrimas que aún quedaban en una de sus mejillas—, pero... debes hablar con él —el rostro de Wanda se transformó.

—¿Qué?

—Pienso, que si quieres cerrar un ciclo, debes empezar por el diálogo... debes escucharle.

—No puedo creer lo que me dices... —ella negaba—, tú tampoco entiendes.

—Lo sé, me lo has dicho. Pero según lo que me cuentas, ha estado sin terapia ya un año entero, él quiere conversar contigo. Tal vez sea la hora de cerrar su relación definitivamente.

Maximoff ya más calmada, escuchaba con atención las palabras de su compañero de labores. Y tenía razón. No podía hacerse la desentendida. Después de todo, la relación de ambos jamás se terminó de manera formal. Ella se alejó inmediatamente, luego que su ex novio se hospitalizara.

—Es verdad... —un suspiro pesado salió de los labios de ella—, debo hacerlo. Ir y escuchar lo que tenga que decirme. Decirle que no deseo que volvamos y cerrar todo —James asintió.

—¿Ves? no fué tan difícil aceptarlo —dijo él—, además, sea cual sea el problema, cuenta conmigo para lo que necesites —la mirada de Wanda se suavizó ante la respuesta de James.

—Gracias... de verdad no sé como agradecerte —estaba muy apenada—, discúlpame, y además por esto...

—Creo que a quien deberías pedirle disculpas es a tu celular —ella miró hacia donde estaba el aparato, el cual se había roto la pantalla del golpe—, pobre...

—Tendré que comprar uno nuevo o mandar a arreglar ese —río un poco.

Salieron de la estación de policía. James gentilmente quiso acompañar a su jefa hasta su departamento. No quería dejarla sola, menos con aquel episodio que acababa de escuchar.

Llegaron a la morada de Wanda, el cual era un apartamento bastante amplio y muy bien decorado. Constaba de un gran ventanal y una terraza muy bella, que daba hacia la gran ciudad.

—Gracias por acompañarme James...por favor toma asiento ¿Quieres algo para beber?

—Si claro. Dame sólo un vaso de agua.

—¿Seguro? Tengo cerveza o vino si gustas —ofreció ella.

—Una copa de vino sólo si tú tomas una conmigo —era lo que pedía a cambio James. Tomó asiento en el gran sofá que había en el living—, porque si no llego mañana a trabajar por ebrio, tendré pruebas de que me obligaste...

—Eso es chantaje, James Barnes...sólo es un maldito trago.

—Entonces dame sólo agua —la eludida le sirvió su vaso con agua, sentándose a su lado y con una copa de vino.

—De todas formas ibas a beberlo —se burló él.

—Siempre lo hago...llego a mi apartamento, destapo una botella de vino y me bebo una copa...

—El vino es un buen antioxidante —la miró—, o al menos, eso dicen.

—Pues mi doctor dice que una copa al día es lo recomendado —dice ella sonriendo—, y si lo dice la ciencia, pues a darle...

—Te ves mejor —James bebió un poco de su vaso con agua, dejándolo en la mesita de centro—, al menos te noto más tranquila...

—Si...gracias James... de verdad siento que estoy abusando de tí con la confianza —suspiró pesadamente—, podría haberle dicho a Sharon que me acompañase, pero ella es un poco dispersa y no me escucharía...

—No te preocupes... para eso están los amigos —bebió otro sorbo—, cuando necesites hablar, solo dime y estaré aquí.

De pronto, el quebrado smartphone de Wanda comenzaba a vibrar nuevamente. Era Viktor. La muchacha no quería responder. James se percató de esto e insistía en que contestase el teléfono.

—Wanda... sólo hazlo.

Le hizo caso y respondió el teléfono. Su mano temblaba sólo de nervios.

—¿Diga?...

James la vio levantarse de su puesto para hablar mejor. Caminaba de un lado a otro. Se notaba demasiado que ella no quería transar nada con él. Pero Wanda le había hecho caso y decidió finalmente, terminar todo en buenos términos.

—Mañana nos vemos en la cafetería ¿te parece después de las 6:00 de la tarde?, bien, nos vemos ahí —colgó.

—No fue tan difícil, ya estás dominando tus miedos —el castaño la elogió.

—No sé qué decirle James...sólo... es complicado revivir el pasado, cuando lo pasaste muy mal...

—Imagino que no fue todo color de rosa. Pero entiéndelo a él. Creo que al igual que tú, quiere dejar el pasado atrás, pero sin ninguna tranca emocional. Además, le hará bien a Viktor...

—¿Cómo sabes que se llama así? —Wanda arqueó una ceja.

—Por si no lo recuerdas, lanzaste tu teléfono contra la pared y antes de entrar a verte, escuché su nombre. Supongo que se llama así —se encogió de hombros.

—Ah sí, tienes razón, que idiota soy —colocó sus dedos en las sienes de su cabeza—, lo siento, hoy no ha sido mi día.

—Está bien... —James miró la hora en su reloj. Se estaba haciendo un poco tarde—, lamento no poder acompañarte más, pero serán las nueve de la noche y...

—¿Por qué no te quedas a dormir acá? tengo una pieza extra —a James no le parecía mala idea...pero...

—Si, y me encantaría... pero no voy a ir con esta misma ropa mañana y tampoco tengo para cambiarme ropa interior —esto último lo dijo algo avergonzado, donde sus mejillas se ruborizaron un poco—, quizás para otra ocasión... tal vez en alguna maratón de películas.

—Tienes razón... que despistada soy —dijo ella—, nos vemos mañana entonces...

—Buenas noches, Wanda. Descansa... —se despidió de ella, saliendo por la puerta del apartamento.

El corazón de la jefa de policía latía a mil por hora. No podía estar enamorándose de James, si apenas lo conocía. Pero debía admitir, que el poco tiempo de conocerlo, ya la había cautivado en cierta manera.

El problema era, que debía cerrar de una vez por todas aquella relación con su ex novio. Lo vería mañana como había acordado por teléfono. No quería, pero debía hacerlo.

Suspiró, tomando la botella de vino nuevamente, para servirse una última copa antes de irse a dormir, hasta que su teléfono volvió a sonar. Wanda apretó lo poco que quedaba de la pantalla para hablar en alta voz.

"¿Wanda? ¡por qué rayos no me has respondido en todo el día!"

—Lo siento Sharon, no tuve un buen día y quise aislarme un poco —respondió a su amiga.

"Está bien... sé que haces eso para no matar a todo el mundo" —dijo ella graciosa—, "pero si quieres, te llamo mañana... no quiero molestar..."

—No me molestas amiga. Dime que pasa. Aún es temprano y tengo una botella abierta de vino para escucharte —decía esto, mientras sacaba un pocillo donde tenía algunas aceitunas y queso picado para acompañar su vino.

"Natasha renunció al trabajo en la academia ¿puedes creerlo?" —Wanda quiso sonar sorprendida, pero ya sabía sobre esto, ya que James la había invitado el viernes a aquella fiesta de celebración. Y no sabía que responderle.

—¿De verdad? —no era buena mintiendo, pero Sharon se creía la mayoría de sus cosas—, ¿y eso por qué? ¿te dijo algo?

"No, no me dijo nada..." —bufó molesta—, "se me hace extraño... pero bueno. No puedo hacer mucho al respecto."

—Bueno amiga, debes aceptar que has perdido la batalla contra ella...y con eso, me refiero a Steve...

"Lo sé... Aunque no me imagino a ella estando en otro lado...¿qué más podría hacer de bueno?"

— ¿Aún crees en esa teoría de que ella puede ser una de las espías activas de la KGB? —Wanda preguntó burlona.

"Las posibilidades son infinitas, Wanda. Pero bueno, ya que mencionaste el trabajo, hablaré de eso también..."

—¿Encontraste algo? —preguntó interesada.

"Nada interesante... a veces pienso que esa organización no existe...¿quien puede estar creando asesinos en serie en este siglo?"

—Fuimos parte de la unión soviética, Sharon. Puede que haya algún tipo u organización que quiera revivir los fantasmas del pasado... para ser rubia, a veces se te van los enanitos al bosque... —la molestó un poco.

"Extrañaba tus sarcasmos..." —la voz de ella era de enfado, pero claramente no con ella, sino con el comentario. Sharon estaba acostumbrada a ese trato—, "...bueno...y ¿cómo te ha ido con James?", no me has contado casi nada estos últimos días..."

—Pues...qué decirte... es muy buen trabajador y es muy lindo... —Sharon escuchó decirle eso y de inmediato iba a decir algo, pero Wanda la paró antes—, linda persona...eso quise decir.

"No nací ayer, Maximoff. James te tiene enamorada. Acéptalo. Así de paso, te quitas de la cabeza a Viktor que tanto mal te hizo en el pasado... Barnes es un buen chico...y pienso que es ideal para tí..."

—Vaya...nunca nadie se había preocupado tanto por mí —soltó una risotada ante esto, donde Sharon, gritaba molesta—, ya va, discúlpame...creo que no me había reído así en mucho tiempo...

"¿Ya ves? ¡por eso nunca te puedo contar nada! Wanda...hablo en serio" —sólo podía escuchar a Wanda parar de reirse.

—Es que es raro, Sharon. Tú nunca te has preocupado por alguien...mucho menos por mí, que soy tu amiga...por eso se me hace tan extraño que me digas eso... es como ¿de verdad es la verdadera Sharon Carter la que me acaba de decir esto?...

"Lo siento... —se disculpó apenada—, "sé que soy una pésima amiga... sólo pienso en mí.."

—Que lo hayas aceptado, es un paso...—respondió—, está bien, no te preocupes...—Wanda se dirigió al sofá, con su copa de vino y sus bocadillos.

"No quiero perderte, Wanda... —confesó la rubia—, "eres una de las únicas amigas a la que le cuento todas mis penas y alegrías, y me gustaría... que sintieras lo mismo hacia mí..."

—Sharon... —comenzó ella—, de un día para otro, te volviste muy arisca y fría conmigo...y desde que conociste a ese Steve que literalmente, me tenías a un lado... —bebió un sorbo de su copa de vino—, pero lo importante, es que recapacitaste...—esbozó una pequeña sonrisa.

"Lo lamento, de verdad" —ella seguía apenada—, "¿te parece si nos juntamos el viernes? ni siquiera ir a un bar, nos juntamos en tu casa o en la mía. Armamos unos bocadillos y..." —la rubia se detuvo en hablar, ya que escuchaba a Wanda titubear—, "¿pasa algo?"

—No...sí, es decir —Wanda no sabía mentir y Sharon lo notó de inmediato—, tengo planes el viernes...

"Déjame adivinar... ¿James Barnes?" —Sharon arqueó una ceja ante esto—, "no te culpo... "

—Pues si... saldré con Barnes este viernes... ¿me disculpas? —¿acaso no le contaría que iría a una fiesta en casa de Steve?

—"Está bien amiga...además, hace mucho tiempo no tienes una cita. Debes distraerte y tener tiempo para ti"

—En serio, es tan extraño que te preocupes...—comenzó a reírse nuevamente.

"¡Wanda!"

.


.

Después de aquel encuentro, donde Alexei se apareció en el local, Natasha estaba demasiado intranquila. No paraba de pensar cuál era la estrategia de este sujeto. Si quería jugar el juego, quería saber exactamente todas las reglas, además de saber que tiene poco tiempo.

Recordó que aquel teléfono, donde la contactó por última vez Yelena, no había vuelto a sonar. E igual estaba atenta a esto. Tampoco podía decirle a la rubia ¿puedes avisarme con tres días de anticipación si debo matar a alguien? ya que ahora Natasha había renunciado al trabajo en la academia de Svetlana ¿que excusa tendría ahora?. Al menos, el trabajo en las oficinas de SHIELD lo seguía teniendo...

—¿Nat? ¿estás bien? —Steve interrumpió sus pensamientos. Le sirvió una taza de café junto con un plato de tostadas con mermelada.

—Si...lo siento, —bebió un poco de la taza—, ¿y tú que tal?¿pudiste dormir después?

—Siempre duermo bien a tu lado... —esbozó una sonrisa, haciendo que su hermosa pelirroja se ruborizara—, pero sí, debo decirte que anoche estabas muy intranquila amor... —ella se atragantó con un poco de café. Steve le pasó una servilleta.

—Gracias...—limpió su boca—, bueno, he estado un poco nerviosa...ya sabes. Acabo de renunciar a la academia... tener que decirle adiós a Svetlana fue difícil...

—Los cambios son buenos... te lo dice un americano que se adentró a tierras rusas y con un idioma totalmente diferente, además...—tomó sus manos, acariciándolas—, te conocí a ...

Natasha se derritió por dentro al escuchar aquellas palabras. Ella se aferró más al agarre de Steve con sus manos. Realmente le agradecía al destino tal vez, de haber conocido a un hombre tan amable y buena persona como él. No quería perderlo por nada del mundo. La hacía tan feliz, que el simple hecho de pensar que todo podría irse a la mierda, la carcomía lentamente por dentro.

El muchacho tomó con suavidad las blancas manos de la pelirroja, cuando de pronto, se percató que los ojos de su chica comenzaban a cristalizarse. Una pequeña lágrima rodó por la mejilla de ésta.

—Siento que estás un poco estresada... —volvió a hablar Steve—, y creo que tal vez ejercí mucha presión con los cambios pero... ¿tan malo fui anoche? —Natasha esbozó una sonrisa frente a este comentario. El sexo entre ellos era diario y necesario para botar tensiones.

—Sabes que no es verdad...—respondió—, cada vez que hacemos el amor, es magia para mi —ambos se sonrojaron—, pero sí, creo que han sido muchas emociones fuertes en pocos días. Pero créeme... —acarició su mejilla tiernamente—, estoy muy feliz a tu lado...

El corazón de Steve se aceleró de un momento a otro al escucharle hablar. Hasta el día de hoy, el rubio no daba por sentado, que tenía a la mejor novia del universo, bueno, en su mente ella lo era.

Steve había tenido varias pretendientes en el pasado, pero ninguna era como Natasha. La amaba desde su cabello hasta la punta de sus pies. Amaba verla bailar, ya que lo dejaba totalmente embelesado con sus movimientos sutiles y suaves; pero lo que más admiraba de ella, era su valentía para afrontar la vida frente a las adversidades. La encontraba una mujer muy independiente a pesar de lo tierna y fogoza que era en la intimidad con él.

Cuando Natasha se mudó con él, no todo fue color de rosa. Tenían roces y la convivencia no era la mejor. Discutían por muchas cosas, ya sea porque Steve era desordenado y dejaba por todo el apartamento sus implementos de pintura; o en el caso de Natasha, que su mayor defecto era tener demasiado orden. Esto a Steve le ocasionaba dolores de cabeza porque nunca encontraba lo que dejaba en algún lugar.

Eran pequeñas cosas que hacían que la relación en un comienzo no fuese tan amena. Pero era algo normal. Todas las parejas pasan por ese periodo de adaptación y tolerancia. El amor entre ellos era tan recíproco, que un día se sentaron a conversar sobre estas cosas, llegando a un acuerdo, donde ambos cambiarían sus hábitos. Desde ese entonces, todo comenzó a fluir entre ellos.

El viaje de una relación contribuye a muchos obstáculos, y da frutos cuando ambas partes desean realizar un cambio. Fue lo que les pasó a Steve y Natasha. Ambos aprendieron de sus errores y trabajaron duro en mejorar.

Natasha es una mujer muy obstinada y muy difícil de llevar a veces, al contrario de Steve, quien siempre prefería el diálogo antes de que todo estallara. La pelirroja aprendió de eso y el rubio, adquirió más coraje al enfrentar a público en general porque que se avergüenza por todo.

—Bueno... —él no sabía qué responder, pero quería ocupar las palabras precisas—, sé que llevamos mucho tiempo juntos y...de verdad siento que eres la mujer que siempre había esperado... —Natasha abrió los ojos ante esto.

—Steve...

—Sé que cuando te digo estas palabras te quedas intacta —le dedicó una sonrisa—, sabes que mis sentimientos hacia ti son verdaderos.

—Nunca lo he dudado, ni un mísero segundo. Sé que es así, Steve —Natasha se secó una de las lágrimas—, y también quiero que sepas, que te amo más que a nada en el mundo... no quiero perderte...—dijo casi en un hilo, pero él logró escucharle.

—No me perderás, siempre estaremos juntos...hasta que seamos unos ancianitos —ambos rieron—, ¿te encuentras mejor después de lo que sucedió ayer?

—Apuesto que piensas que es un embarazo —arqueó una ceja y una risotada.

— Claro que no... bueno —a Natasha le encantaba poner en aprietos a su novio—, quizás lo pensé en algún momento.

—Quédate tranquilo, que no seremos padres, Steve —ella lo miró tiernamente—, sólo me descompensé un poco. Nada de qué preocuparse —miró la hora en el reloj que había en la pared—, ya debo vestirme. Iré a dejar mi carta de renuncia a la academia...

—Verdad —ambos muchachos se levantaron de la mesita—, te quité un poco más de tiempo...

—No te preocupes... gracias por el desayuno —Natasha se acercó al rubio, depositando en su mejilla un tierno beso—, iré a darme una ducha...

—¿Necesitas compañía? —ella volteó a verlo—, por si te pasa algo...—Natasha quiso jugar un poco con eso.

—¿Por qué mejor no me dices que quieres hacerlo en la ducha? —las mejillas de Steve se tornaron más rojas de lo normal—, no te sonrojes... ven conmigo...

—No quise decir eso... lo decía por lo que sucedió a- —la pelirroja lo interrumpió, tomándolo de la mano para guiarle hacia el baño.

—Estás hablando mucho... vamos... —cerró la puerta del baño, donde ambos se despojaron de sus ropas.

Steve la mayor parte del tiempo parecía estar en una encrucijada. Porque no había que ser adivinos: amaba a su novia. Y tal vez el hecho de pedir "sexo" sonaba un poco dominante por parte de él. Pero no podía ocultar su ganas de hacerla suya en todo momento. Era realmente placentero. Le encantaba, y si ella daba el paso, Steve iba más seguro. Nunca la obligaría a hacer algo que ella no quisiese. En ese sentido, siempre respetaba su palabra.

Natasha al sentir el miembro duro y húmedo de Steve penetrarla soltó un gemido fuerte, cerrando sus puños mientras se afirmaba contra la pared. El rubio la tomó por las caderas para sostenerla de mejor manera y comenzar con el vaivén, que rápidamente se transformó en embestidas. El agua caliente de la ducha los excitaba de sobremanera. Al parecer, tomarían esta terapia con mayor frecuencia.

—Dios...

Alcanzó a decir Steve, cerrando sus ojos. El placer lo inundaba en cada entrada que daba dentro de Natasha. La pelirroja subió un poco más su trasero, para poder sentir un poco más el miembro de Steve, el cual se estaba dilatando cada vez más y las vibraciones de su cuerpo estaban aumentando. Al hacer esto, el rubio soltó un gruñido, haciendo que el sexo de Natasha subiera la temperatura a mil. Inmediatamente, ella introdujo un par de sus dedos para masturbarse. Ya no podía con tanto placer.

—No te detengas... —suspiraba.

—No pensaba... detenerme... —respondió como pudo.

Steve estaba al borde del placer, percibiendo como cada célula de su cuerpo vibraba y los gemidos de Natasha aumentaban la excitación en él. Al parecer, estaba llegando a su punto máximo, donde quería depositar toda su hombría dentro de ella.

Natasha percibió inmediatamente, que su novio se iba a ir pronto dentro, así que se detuvo abruptamente para girarse y quedar frente a él. El agua de la ducha seguía corriendo y empapando sus cuerpos.

—Te quiero.. ahora.—suspiró extasiada, donde Steve rápidamente la tomó en brazos, dirigiéndose ahora a la cama para culminar aquel acto de placer carnal. Claro que antes de irse a revolcarse, cerraron la llave de agua. Estarán calientes, pero cuidar el medio ambiente siempre es primero que todo.

Acostó a su amada en la cama y comenzaron con unos fogosos besos. Sus lenguas competían entre sí, para ver quien era el ganador. Ninguno de los dos quería ceder, hasta que Natasha pegó un mordisco en los carnosos labios de su amante, haciendo que éste bajase la guardia. Ella rápidamente bajó hasta su miembro. Lo tomó con sus manos y empezó a acariciar su miembro de arriba hacia abajo lentamente. Los roncos gemidos de Steve eran música para sus oídos. El sexo de la pelirroja rápidamente comenzaba a humedecerse por el placer que le ocasionaba.

—Mierda...—escupió Natasha, mientras seguía moviendo su mano, sintiendo como el miembro de Steve se ponía cada vez más duro. Cerró los ojos para sentir a su hombre jadear.

—Creo que...anoche no fui tan bueno...si quedaste con tanta energía...—como podía, Steve le hablaba a su novia.

—Siempre tengo energía...—esbozó una sonrisa maliciosa y llena de lujuria.

Luego de terminar de masturbarlo, ella se puso en posición de cuatro. Steve inmediatamente entendió que ella quería hacerlo en esa posición. La tomó por ambos glúteos y entró en ella jadeando de placer. Steve sintió como el cuerpo de su amada se estremecía cuando salía y volvía a entrar.

Eran embestidas suaves al principio, pero ella quería más rápido. Y como él era un hombre muy obediente, comenzó a entrar cada vez más rápido, haciendo que Natasha gritara un poco más fuerte.

—¡MIERDA STEVE...OH MIERDA...!

El rubio se sentía en el placer máximo. Y ahora que lo pensaba, jamás lo habían hecho por ese lado. El sexo anal al parecer, había sido una de las cosas más excitantes que habían probado los dos.

—No te vayas a ir todavía... —la voz de Natasha lo sacó de sus pensamientos.

—Créeme que intento aguantarme... pero ahora me toca a mi...

Steve salió de ella lentamente. Luego de eso hizo que Natasha quedase frente suyo, y rápidamente, se dirigió hacia su sexo, para comenzar a besarle lentamente. La pelirroja sintió un escalofrío fenomenal ante este acto, acariciando la rubia cabellera de su amante e incitándolo a que pruebe más.

—Oh dios... —decía entre jadeos.

Steve succionaba su clítoris y a la vez, metía y sacaba su lengua, como si fuese una penetración. La sentía demasiado húmeda y él quería entrar ahora, pero escuchar los gemidos de ella lo detenían, ya que quería escucharle más y más. Su miembro estaba hinchado de sangre por la excitación. Estaba a punto de estallar.

Ella arqueaba su espalda en cada entrada que él le hacía con su juguetona lengua. Le encantaba y deseaba que no se detuviese jamás. Pero ella como buena ex espía, sabía que el rubio ya no podía con tanta presión junta.

Natasha separó a Steve de ahí, indicándole que ya era momento de culminar aquel acto tan pasional que atacó a ambos de la nada.

El rubio tomó ambas piernas de su pelirroja, separándolas. Entró lento pero apresurado, sintiendo todo el calor húmedo de su amada. Natasha volvió a soltar otro gemido bastante fuerte, pero poco le importaba ya. Daría lo que fuera por entregarse a ese hombre mil veces si era necesario. Ella le clavaba sus uñas en la trabajada espalda por cada empujón que él le daba con su grueso y caliente miembro. Sus cuerpos estaban empapados de sudor y no era para menos claro está.

Ambos estaban por llegar al clímax, ya que las embestidas y el movimiento de ellos era cada vez más rápido. Steve gruñó fuertemente y como respuesta, Natasha gimió hasta más nunca poder, ya que sentía su hombría dentro de ella, indicando que se había acabado todo.

Llegar al orgasmo era el paraíso para ellos. Explicarlo tal vez sea un poco complicado, pero en pocas palabras, es una sensación de escalofrío que recorre todas las células de tu cuerpo, y cuando culminas, deseas que no se acabe nunca, porque el placer cega por completo.

Steve descansaba en el regazo de la pelirroja. Los dos respiraban agitadamente después de aquella sesión de sexo y ganas de desquitarse el uno con el otro.

—Creo que... voy a preferir que hagamos esto... por las mañanas —Steve decía entre cortado.

—Nos tendremos que dar una duchar de nuevo... —se levantó lentamente de la cama, para tomar una toalla del armario y caminar hacia el baño—, pero voy yo primero...

—Me quedaré acá, tranquila... —dijo Steve riendo con la poca energía que le quedaba.

Natasha iba ya camino donde Svetlana con su documento de renuncia timbrado para terminar el papeleo pronto.

Aún estaba en las nubes por lo de esta mañana. Hasta percibía que no había sido real, pero lo fue. Quizás cuántas veces más ocurriría algo así entre ellos...

Se detuvo en una esquina, esperando el cambio de semáforo para peatones. Aprovechó entonces de sacar su teléfono para hacer tiempo y responder algunos mensajes de sus colegas de la academia, quienes se enteraron por Lana la partida de Natasha.

El semáforo cambió a verde. Guardó el teléfono en su pequeño bolso para cruzar la calle. Había un pequeño charco de agua, que lo saltó sin problemas. Era lo bueno de andar siempre con tenida deportiva.

Estaba más o menos a un par de cuadras de llegar a la academia, cuando de pronto, su mirada se quedó fijada en alguien. Aquella persona se acercó a Natasha para hablarle.

—¿No te rindes, verdad? —dijo aquel hombre, el cual vestía con una chaqueta de cuero color negra y unos jeans casuales.

—¿Qué quieres ahora? —respondió a Alexei—, ¿no te bastó con el numerito de ayer?

—Tranquila...no fue mi intención hacerte sentir mal con eso...pero hey, tu novio tiene mucho talento, en serio —a Natasha se le desfiguró el rostro de rabia.

—¿Por qué me espías? Qué es lo que tramas esta vez...ya te dije que pronto le diré a Steve de todo esto...

—¿Cuándo? —se apresuró él—, tienes tiempo, Natalia...

—Lo sé...sólo, dame un poco más.

—Se te está acabando. Sólo te estoy avisando —Alexei se dio media vuelta para retirarse.

—¿Qué harás cuando eso pase? —ella siempre era directa, no le temía a nada. Alexei se volteó para verla.

—Tendremos que irrumpir en tu hogar.

—¿Qué? —su expresión era de no entender del todo—, ¿eres policía? no puedes hacer eso...

—Lo que escuchaste... —dijo firme—, no te demores tanto Natalia...en serio.

—Está bien... —respondió de mala gana—, por cierto ¿la KGB se sigue moviendo?

—¿Te han llamado? —ella negó—, entonces están sin movimientos.

—No quiero ir de nuevo a otra misión, Alexei... me prometí a mi misma, que no volvería.

—Lo sé...y te entiendo —respondió de vuelta—, pero si quieres acabar con todo esto, debes derrocarlos y acabar con cada uno de ellos. Bastan un par de semanas más para que Yelena sepa exactamente donde vives...y no querrás saber cómo podría terminar eso...—Alexei notó como la mirada de Natasha cambiaba a una de pánico—, sabes que hará cualquier cosa contra ti...

Alexei se fue, dejando a una Natasha Romanoff totalmente descolocada ¿acaso él sabría más información? aún recordaba aquella frase sobre alguien que lo estaba ayudando...lamentablemente, no alcanzó a preguntarle sobre eso. Pero lo que haría después, sería cambiar el número telefónico. No quería saber nada más de la KGB por ahora. Si Alexei no le daba tiempo, ella misma de lo daría.

¿Es que acaso, la felicidad posee fecha de expiración? porque si venía con esas condiciones, hubiese preferido tal vez, seguir trabajando para la KGB.

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[Continuará...]