Disclaimer: MARVEL & Disney no me pertenecen. Este AU si y los personajes que no reconozcan son de mi creación.
Natasha quedó muy pensativa luego del encuentro que tuvo con Alexei hace unos momentos. El tiempo claramente se le estaba viniendo encima. Su corazón de pronto se contrajo al pensar en el final; sin embargo, ella disfrutaría hasta el final su felicidad con Steve, aunque eso signifique perderlo para siempre.
De igual forma, ella estaba convencida que si le explicase a Steve, él entendería... tenía algo de esperanzas. Pero no quería pensar en eso ahora. Iba a esperar a que ese día llegue...
Sus pies la guiaron hasta la academia de Svetlana. De hecho, ni siquiera se había dado cuenta que ya estaba dentro de su despacho esperándola.
—¡Natasha querida! —entró ella dándole un fuerte abrazo a Natasha—, que lástima que tenga que aceptar tu renuncia. Estoy muy triste de verdad.
—Lo lamento tanto... —se disculpó ella—, prometo venir a visitarte.
—No lo lamentes ¡es tu sueño hecho realidad! —la animaba ella—, por cierto ¿harás la celebración el viernes no? llevaré algunos bocadillos y un ponche que me queda espectacular.
—Si claro. Haremos algo ese día. Ya coordiné con Steve —mencionó menos triste—, te espero ese día entonces.
—La verdad estoy ansiosa por conocer a tu chico —mencionó la rubia sin quitar los ojos de los papeles que le había traído Natasha—, debe ser un hombre encantador —dijo pícara.
—Pues lo es... —la pelirroja se ruborizó un poco ante ese comentario, ya que nuevamente los recuerdos de esta mañana atacaron sus pensamientos—, diría que es el hombre de mi vida. No lo cambiaría por nada del mundo.
—¡Que bellos son! —aplaudió emocionada—, me invitarás a la boda ¿verdad?
—Aún no planeamos casarnos...pero quien sabe. Las vueltas de la vida son sorprendentes a veces —Natasha se oía un poco melancólica, pero Svetlana no percibió eso.
—Estoy más que segura que tu novio querrá casarse contigo ¿no han planeado tampoco hijos? —Natasha negó—, bueno, los entiendo. Son muy jóvenes y llenos de sueños. Aún no los tengan —suspiró finalmente acomodando la documentación—, bueno querida, todos los papeles están bien. Lo que quedó de tus vacaciones te lo depositaré durante el día ¿te parece?
—Me parece bien Lana —respondió Natasha—, fue un gusto trabajar contigo. Muchas gracias por darme la oportunidad de enseñar lo que me gusta —se levantó de su silla, donde le tendió la mano a su ex jefa ahora.
—No tienes nada de qué agradecerme. Sabes que eres buena. Y como te lo he dicho. Eres mi mejor maestra que ha pasado por acá —la volvió a elogiar—, y por cualquier cosa, las puertas de mi academia estarán siempre abiertas para tí cariño.
—Eres muy amable, te lo agradezco de verdad.
Salieron juntas del despacho, y al salir, notó que las alumnas le tenían preparado algo especial, junto a las demás profesoras y compañeras de trabajo que tenía acá.
—Miss Romanoff —dijo una de las pequeñas—, le hemos traído este ramo de flores —ella se acercó a la niña y le hizo entrega del ramillete—, le deseamos lo mejor y que no se olvide de nosotras.
Todos en la sala de ensayo comenzaron a aplaudir y Natasha no pudo aguantar su alegría, donde pronto comenzaban a brotar lágrimas por sus ojos. Svetlana le dio un caluroso abrazo para consolarla un poco.
—Gracias —susurró Natasha—, no pensé recibir tanto cariño por parte de ustedes. Prometo visitarlas.
—Tranquila Tasha —habló Ambra, una de sus colegas de la academia de Svetlana—, siempre tendrás un lugar a donde regresar. —Natasha no hablaba mucho con ella, pero Ambra siempre la saludaba siempre que se la encontraba. Era un poco tímida.
Desde un rincón, Sharon Carter observaba dicha escena con algo de recelo. No podía evitar sentir un poco de envidia hacia ella. Pero no quiso ser menos. Se acercó hacia ella con paso decidido.
—Que te vaya bien, Natasha Romanoff —llegó Carter a interrumpir los aplausos y quedar frente a ella—, supongo que estarás en un lugar mejor.
—Sharon, no seas grosera —la regañó Svetlana—, hay que desearle lo mejor a Natasha, ahora que tendrá su propia academia de ballet —Carter abrió los ojos sorprendida ante esta noticia.
—¿Ah sí? —arqueó una ceja cruzándose de brazos—, ¿ y quien te la financió? Imagino que Steve, si tú no tienes tanto dinero que yo sepa.
—Eso no te interesa —Natasha agarraba firmemente el ramo de flores—, lo siento, debo irme ya —se disculpó ante todas—, muchas gracias por este presente. Svetlana, gracias por todo.
—No tienes de qué preocuparte querida —le dio un último abrazo—, eres la mejor, recuerda eso.
Sharon se quedó muda y no quiso decir nada más. Se retiró de ahí rápidamente, pero alguien le tomó la muñeca haciendo que ésta voltease a ver.
—Sharon ¿qué te pasa? —Svetlana la había detenido—, ¿por qué tratas mal a Natasha?¿pasó algo entre ustedes?
—No ha pasado nada, pero gracias por preocuparte querida —ella quiso irse, pero Lana no la dejó.
—No te creo. Jamás había visto que la tratases así... —se cruzó de brazos—, dime, ¿acaso estás celosa? mencionaste a Steve de hecho... —Sharon rodó los ojos ante eso.
—No es eso... simplemente ella no me cae bien. Y me alegra que se vaya de acá. Siempre llegaba tarde y tenía excusas para todo. No sé por qué la proteges tanto. Ahora, si me disculpas, iré a preparar la clase que tu "mejor profesora" acaba de dejar —se soltó de su agarre dirigiéndose hacia los casilleros, dejando a Svetlana perpleja.
Natasha luego de despedirse de sus colegas y alumnas, se dirigió a su casillero para retirar algunas cosas. Abrió su mochila y guardó un par de zapatillas de ballet, listones, un tutú.
—Tasha —ella volteó a ver. Era Lana—, ¿te encuentras bien?
—Si, no te preocupes. Sharon siempre me ha tenido mala sangre, no te preocupes por ella. —respondió—, ahora debe estar más que feliz por mi retiro de acá...
—Esa chica es muy extraña...—dijo.
—¿Y por qué la contrataste?, es decir, imagino que igual la entrevistaste así como lo hiciste conmigo.
—No querida... —Natasha se sorprendió—, ella me pidió que quería estar acá cuando terminó de ser mi alumna. Fue tan insistente que tuve que contratarle. Pero no entiendo su personalidad... —suspiró—, en fin, lamento lo que ella te haya molestado...
—No tienes porqué disculparte, no es tu culpa que ella esté loca —ambas rieron. Luego de eso, Natasha terminó de ordenar sus cosas en su bolso para finalmente despedirse—, muchas gracias por todo Lana. De verdad...
—No tienes nada que agradecerme. Ven a verme cuando puedas ¡ah y cuando tengas lista tu academia debes mostrármela!
—Lo intentaré y claro que sí, me encantaría que la vieras —dice tomando su mochila—, y recuerda lo del viernes. Te estaré esperando.
—¡Ahí estaré, no te preocupes!
La pelirroja salió entonces de su ex trabajo. Quien iba a decirlo. Natasha Romanoff por fin tendría un lugar propio donde enseñaría lo que más le apasiona: el ballet. Claro que aquel comentario de Sharon seguía en su cabeza. Todo esto era igual gracias a Steve. El sabor amargo seguía ahí.
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Oficina Central de Policía de Moscú, 13:05 am aprox.
Wanda estaba muy nerviosa. El día de hoy debía juntarse con su ex novio, Viktor. Y la verdad era que no tenía ninguna intención de volver a hablarle, si no hubiese sido por la intervención de James y convencerla de que así sería mucho mejor solucionar el problema.
Tomó su taza de café y bebió un sorbo. Realmente no tenía idea de cómo poder empezar aquella futura conversación con él.
—Cómo te odio en estos momentos James Barnes... —maldecía por debajo. De pronto, su celular comenzó a sonar. Ni siquiera lo miró y respondió de inmediato, ya que el día anterior lo había lanzado contra la pared y no quedaba casi nada de pantalla—, ¿diga?
—"¡Natasha se ha ido para siempre!" —no había que ser adivina para saber de quién se trataba—, "vino a despedirse y ¿sabes qué? tendrá su propia academia de ballet."
—Oh, eso no lo sabía —realmente Wanda era pésima mintiendo. Pero su amiga jamás se daba cuenta de eso—, pues... me alegro por ella.
—"¿Cómo te vas a alegrar por ella? es una mosca muerta" —bufó—, "pero bueno...de todas maneras, seguiré su pista"
—¿Sharon de verdad? —sonaba incrédula—, ¿puedes dejar tus locuras a un lado? Ya perdiste a Steve. Deja a esa muchacha en paz.
—"Estuve averiguando cosas de esa chica, Wanda" —el tono de voz de Sharon cambió a uno más serio—, "figura que no tiene familia..."
—Sharon, cualquier persona puede ser huérfana, eso no me dice absolutamente nada —la castaña se levantó de su silla para mirar por el ventanal de su oficina.
—"¿Pero sabes lo extraño de todo esto? es que ella tiene identificación como 'Natasha Romanoff,'cuando esta organización se dio por sepultada hace aproximadamente diez años.
Wanda no supo bien que responder. Era una buena pista, pero era demasiada la coincidencia que Sharon había encontrado.
—Creo que que hay que indagar más —dijo—, es decir, cualquiera pudo haber registrado identificaciones ese año ¿o no?
—"Si claro, pero justamente el nombre de Natasha Romanoff figura como nuevo" —Sharon creía fervientemente en su hipótesis—, "seguiré esa línea investigativa de todos modos..."
—Está bien. Me avisas si encuentras cualquier cosa. Ahora debo dejarte. Tengo que salir a almorzar —no estaba segura de contarle sobre su ex novio a Sharon.
—"Hablamos amiga, ¡cuidate mucho!"
Ella colgó el teléfono aún pensativa. Debía salir pronto a ver a Viktor o se le haría tarde, hasta que pronto, alguien irrumpió en su oficina.
—¡Wanda! —entró James—, te traje el informe completo de balística del asesinato de Nikolai Petrova. Acaba de llegar.
—¡Barnes! me tomaste por sorpresa —dijo dando un respingo—, ¿de verdad? —ahora le había tomado más atención al muchacho— ¿y qué dice?
—Pues la balística interior dice que el arma fue de alto alcance. Ya que prácticamente, la víctima se encontraba en su habitación en el momento que le llegó el disparo.
—Eso quiere decir, que fue un francotirador...—puso su mano en su barbilla—, porque el asesinato fue muy limpio.
—El que lo hizo debe tener mucha experiencia y tal vez, lo haya estado haciendo por muchos años...—suspiró—, por cierto, tengo algunos nombres de espías que trabajaron para el KGB hace diez años. Tal vez podemos empezar por ahí —James le pasó otro documento con su informe que había estado redactando el fin de semana pasado.
—Gracias Barnes —lo recibió—, pero ¿sabes? tengo la cabeza en otro lado ahora...
James sabía que ella refería a Viktor. No quiso decir nada al respecto. Así que sólo guardó silencio
—Tenemos mucho que investigar...—la mirada de Wanda de pronto se apagó—, además, debo salir ahora para hablar con Viktor...
—Tranquila. Cuando regreses si quieres, comenzamos la línea investigativa —dijo tomando los documentos guardándolos nuevamente en su carpeta. Se levantó del puesto para retirarse.
—¿Y si me acompañas a hablar con él? —susurró en un hilo, pero James la escuchó de todas maneras.
—¿Cómo? —Volteó.
—O sea no directamente...
—Wanda... no puedo acompañarte, es imposible —volvió a tomar asiento frente a ella y tomó sus manos—, ve a hablar con él y dile lo que piensas y sientes.
—Pero aún no me has escuchado como quiero que me acompañes... —Wanda puso ojos de cachorro y James no podía evitar sentirse embelesado y atraído por aquellas largas pestañas que se le veían endemoniadamente bien.
—Está bien, te escucho —suspiró—, ¿cuál es tu plan?
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Natasha salió de la academia con un gusto amargo. Por un lado estaba feliz por su nuevo comienzo; y por el otro, estaba triste por dejar la academia que la albergó por tantos años. Eran sentimientos encontrados y no sabía exactamente si lo que estaba haciendo era lo correcto.
Pero si quería avanzar, debía dejar su zona de confort para probar nuevas experiencias, sobretodo ahora que tendría su propio emprendimiento y daría por fin clases. Aunque lo que más la preocupaba en estos momentos, era sobre Alexei y el KGB. El tema la tenía con los nervios de punta. No estaba segura si ya sabían su ubicación. Aquello lo aterraba completamente. Tal vez, si debía contarle la verdad a Steve para que él entendiera todo. No podía seguir dilatando el problema. Pero no, era muy pronto. Tal vez en otra ocasión.
A lo lejos pudo divisar a un chico rubio con chaqueta de mezclilla sentado en una banca cerca del parque, el cual veía su celular. No había mucho que deducir de quién se trataba.
Natasha se acercó lentamente por la espalda y le tapó los ojos. Steve detectó de inmediato que aquel aroma frutal era de su novia. Esbozó una sonrisa inmediatamente al sentir su tacto.
—¿Contraseña? —dijo ella.
—Eres la mujer más hermosa que existe en este mundo.
—Te esmeraste esta vez. —destapó sus ojos. Él se levantó del puesto para darle un enorme beso.
— Lo seguiré haciendo por ti, cariño. —acarició su mejilla— ¿Vamos a comprar las cosas para el viernes?
—Vayamos —ella entrelazo su mano con la de él.
Emprendieron su camino al supermercado más cercano de ahí. Al llegar, Steve tomó un carrito para echar las cosas.
—No creo que llevemos tantas cosas, será algo tranquilo. Nada del otro mundo —decía ella.
—Por último pedimos algo para comer, comida china o algo así, —sugirió él — podríamos llevar algunas cosas para esperar la cena ¿te parece?
—Me gusta. —aceptó el trato— iré por el pasillo de las papas, mientras ¿puedes ir por los bebestibles?
—Como diga mi señora.
Ambos se separaron, quedando Steve con el carrito dirigiéndose al pasillo de los refrescos. Ahora que lo pensaba, hace tiempo no se bebía una buena cerveza. Retrocedió un poco, encontrando un pack de doce que estaba a buen precio. La echó al carro y siguió buscando jugos o agua mineral. Su novia bebía, pero prefería el agua ante todo si quería mantener aquel cuerpo curvilíneo y lleno de vida.
Al sacar las botellas de agua, vio a Natasha en el pasillo sucesor. Al parecer estaba muy concentrada buscando los snacks. Se quedó un tiempo mirándola, y no podía evitar sentirse plenamente enamorado de ella. Su corazón latía a mil por hora cada vez que la veía y no podía creer que ella lo hubiese elegido para que fuese su compañero. Era como un sueño hecho realidad.
Luego de perderse en ella, volvió al pasillo para ir a buscarla.
—¿Encontraste lo que te pedí? —preguntó mientras veía una bolsa de papitas fritas.
—Sí, traje un par de botellas de agua y jugos naturales —respondió Steve— ¿algo más que nos falte?
—Pues no, es decir ¿pediremos algo para cenar no?, —dijo ella pensativa— no quiero cocinar.
—Pediremos comida china, es rica, es abundante y no es tan cara.
—Me gusta esa idea, —se acercó a él y depositó un tierno beso en sus labios. Steve disfrutaba cada momento con su pelirroja— vayamos a pagar entonces.
Fueron a la caja y pagaron sus cosas, saliendo con bolsas cargadas obviamente por Steve, ya que era más grande y soportaba más peso. Tampoco eran muchas cosas, pero a él no le gustaba que su novia llevase cosas, lo hacía netamente por amabilidad. Él sabe que Natasha es independiente.
A Steve le carcomía la mente una pregunta que quería hacerle a Natasha hace mucho tiempo porque lo había decidido: le pediría matrimonio.
Tal vez ella diría que no, que es muy pronto. O tal vez le responderá que sí. Pero eso nunca lo sabrá si no se lo pregunta.
Rogers no era mucho de armas tomar, pero ahora estaba dispuesto a hacerlo. Lo había aprendido de ella.
—¿Nat? —a pesar que su voz sonaba relajado, sus piernas flaqueaban como la gelatina.
—¿Si? —ella puso atención.
—¿Eres feliz conmigo? —el corazón de Natasha se encogió de amor. No entendía bien la pregunta, pero la respuesta era obvia. Ella se detuvo y Steve también hizo lo mismo.
—Te amo amor mío... sabes que sí —lo abrazó y Steve depositó un tierno beso en su cabeza. Cerró los ojos y se armó de valor para pregunta.
—Entonces... lo que pasa es que... —el rubio titubeó un poco y Natasha estaba perdiendo un poco la paciencia.
—Te estás dando demasiadas vueltas Rogers. Ya dime de una vez qué es lo que te acompleja. —Steve sentía presión por su novia, pero ya no había vuelta atrás. Ya había lanzado la piedra, así que no tenía escapatoria.
—¿Quieres ser mi esposa?
Un silencio de más o menos cinco segundos los inundó. Natasha quedó perpleja con la pregunta y Steve se lo comía la ansiedad por dentro. Al ver que su novia no articulaba palabra, retomó el diálogo.
—No tienes que responderme ahora, es que tenía ganas de preguntarte —dijo entre nervios. Levantó las bolsas para comenzar nuevamente a caminar, pero la pelirroja lo detuvo.
—Sí quiero... —respondió finalmente. El corazón de Steve latía a mil por hora.
—¿Hablas en serio? —sonaba incrédulo. Ella asintió.
—Claro que sí. De hecho, estos últimos días me lo había estado pensando...en el sentido de cómo sería dar un paso más allá contigo, —le confesó— y si me lo preguntas ahora, es un sí. Me gustaría casarme contigo, Steve.
No lo podía creer. Realmente Natasha había aceptado su propuesta. Y la verdad era que en su cabeza no tenía una respuesta para el si aceptase.
—¿Steve? —ella volvió a hablar—, ¿te sientes bien?
—Si, estoy bien amor. Es que, me pillaste desprevenido. No pensé que quisieras aceptar una propuesta tan comprometedora.
—Lo sé. Yo también estoy sorprendida de mi misma de hecho —admitió—, pero lo he decidido. Quiero seguir a tu lado y caminar contigo —ella entrelazó su mano con la de él.
—Seré tu compañero nuevo en este camino...no te defraudaré.
Steve soltó una de las bolsas para tener su agarre y mirarla a los ojos. Quizás no era vidente, pero sentía que ella estaba siendo muy sincera con él. Cada día estaba más seguro de querer dar un paso más adelante con ella: era la mujer indicada.
Se dieron un tierno beso y siguieron caminando hacia su hogar, sin soltar sus manos.
Llegando al apartamento, Steve dejó las bolsas de las compras encima del mesón de la cocina para empezar a guardar en la nevera; por su parte Natasha, se fue directo a la ducha, ya que Nick Fury le había enviado un mensaje preguntándole si podía asistir hoy por un par de horas. Y claro que se las iba a pagar, hoy era su día de descanso. Steve entendía el trabajo de su amada. No le hizo problemas para eso, total, volvería en el mismo día.
—Llegaré a la hora de la cena —dijo Natasha mientras se colocaba sus aretes. Llevaba el cabello tomado en una coleta. Vestía casual con unos vaqueros negros y una blusa blanca—, prepara algo delicioso.
—Hay unas latas de atún. No sé si pueda hacer mucho con eso. No hemos realizado la compra de mercadería —suspiró mirando la nevera, haciendo que un mechón de su cabello bailara.
—Sé que se te ocurrirá algo, eres un hombre con mucha creatividad —le guiñó un ojo.
—Pero para la comida no lo soy y lo sabes —se estaba quejando.
—No te preocupes. Sabes que comeré cualquier cosa que me prepares. Sólo te estaba molestando un poco —dijo ella acercándose para darle un beso en su mejilla— ¡vuelvo pronto!
Natasha cerró la puerta del apartamento, donde sonaban sus tacones alejándose del lugar.
Steve se cruzó de brazos y se quedó pensando en qué haría para comer más tarde.
—A veces te odio, Romanoff...
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Wanda había llegado al restaurante donde se juntaría con su ex novio. Se sentó en la parte que da al aire libre y pidió un café expresso con un par de galletas. Sacó un cigarrillo y lo prendió algo apresurada. Si, estaba algo nerviosa, no podía evitarlo. Es que ¿quién no lo estaría? Volver a ver a tu ex novio después de cinco años y sobretodo, si la relación había sido tormentosa. Claramente, Wanda estaba recordando todo el calvario que pasó hace tiempo.
—"Ya deja de mover ese pie mujer. Todo estará bien" —decía una voz por su auricular. Ella se acomodó el audífono para escuchar mejor.
—Lo sé...pero no puedo evitar sentir ansiedad —respondió en voz baja. Wanda escondió un poco más el micrófono en su blusa para que no se notase tanto.
James Barnes estaba sentado unas mesas alejadas, pero no perdía de vista a la castaña.
Al principio la idea le había parecido descabellada. Pero comprendiendo los temores de Wanda accedió finalmente a acompañarla aunque sea, vigilar la situación desde lejos.
—"No sé cómo pude acceder a esto, supongo que es porque quiero verte tranquila..." —soltó un suspiro—, "aunque esto parecer más como una misión ultra secreta de espionaje, me agrada"
—Te aumentaré el sueldo, lo prometo.
—"No te he pedido nada, así que tranquila. Si algo se sale mal, saldré a ayudarte, te lo prometo" —la voz de Barnes la calmaba de cierta manera.
—Lo sé, pero igual, gracias por acompañarme de esta manera —botó el humo del cigarro.
—"¿A qué hora iba a llegar este sujeto? ya me dio hambre"
—Debería estar por llegar. Quedamos a almorzar, aunque con los nervios que tengo, no me entra ni siquiera un vaso de agua, —le dio otra calada al cigarro— pero pide almuerzo, te lo reembolsaré.
—"Eso me agrada", —dijo bromeando— "entonces, ¿puedo pedir un filete?"
—Claro, mientras me acompañes acá, pide lo que quieras —apagó el cigarrillo en el cenicero.
Pasaron cinco minutos y el maldito no hacía acto de presencia ¿y si se había arrepentido de llegar? eso era lo que esperaba Wanda.
—Creo que no vendrá —dijo—, esperaré otros cinco minutos, sino me iré de acá.
—"Veo alguien entrando" —James alertó a Wanda—, "y va hacia ti"
Un muchacho se acercó a la mesa de Wanda. Vestía unos vaqueros y una chaqueta de cuero. Se quitó los anteojos de sol y le tendió la mano para saludarla.
—Hola, Wanda... ha pasado un buen tiempo ¿no lo crees? —ella no estaba segura si darle la mano a Viktor. Tímidamente se la pasó, saludándolo finalmente. Lo miraba con desconfianza—, tranquila. Como te he insistido, sólo quiero hablar contigo.
—Si, lo sé. —dijo sin más— Hablemos entonces.
James podía percibir la tensión que había entre ellos dos. Sólo esperaba que esto terminase de buena manera.
Su estómago comenzaba a pedirle nuevamente comida, justo pasó un camarero y le pidió un menú almuerzo, que constaba de jugo, plato principal, una sopa, ensalada, café y postre.
Pidió entonces su comida y se acomodó mejor el audífono con micrófono que llevaba escondido en su camisa.
—¿Cómo has estado? —Viktor tomó el menú para revisarlo—¿que ha sido de tu vida? —a Wanda le llamó la atención que aún no hacía contacto visual con ella.
—Bien... ¿qué tal tú? —hizo lo mismo de tomar el menú.
—Recuperado totalmente —finalmente bajó el menú para mirarla a los ojos. Wanda se sintió escaneada por él—, tranquila. No pasa nada. Es sólo que... hace tantos años que no nos vemos...
La aludida tragó saliva algo nerviosa e intentando mantener la calma.
— ...estás hermosa, Wanda.
—"¡Ese hijo de -...!" —la castaña escuchó a James refunfuñar y ella tosió un poco, acomodándose el audífono.
—Gracias por ese cumplido, Viktor, ¿ordenamos? —Rápidamente llegó un mesero para atenderlos llevándose las cartas.
—¿Estás como jefa de policía federal no? como pasa el tiempo...
—Si. Me ascendieron hace un tiempo. Bueno, desde que tuvimos nuestros problemas... y todo eso...—Wanda sacó otro cigarro para encenderlo— y antes de que lo digas, no. No he dejado de fumar y sé que lo detestas.
—No iba a decir nada, de todas maneras, estamos al aire libre y puedes hacerlo.
Ella sabía mediante el expediente de que se encontraba estable en su condición. Que estaba medicado además. Pero no podía evitar sentir miedo ante su mirada.
El mesero de pronto llegó con la orden de almuerzo. Ella apagó inmediatamente el cigarrillo para recibir su plato: un filete a término medio con puré de papas; en cambio, Viktor pidió una ensalada césar. La castaña arqueó una ceja ante el platillo de su ex novio.
—¿Desde cuándo eres tan saludable?
—Mis medicamentos son un poco fuertes. Me recomendaron seguir una dieta a base de vegetales que de carne. Puedo comerlo, pero no tan seguido como se me apetece.
—¿Te restringieron las carnes rojas? —él asintió—, vaya, yo no podría dejar de comer carne. Me encanta.
—Lo sé —dijo Viktor—, recuerdo cuando salíamos a cenar y siempre pedías el filete más grande de la carta. Eso no ha cambiado nada.
La aludida sintió sus mejillas arder de repente. Sintió de pronto una conexión inmediata con él, recordando viejos recuerdos.
—"Wanda, no te distraigas" —habló su colega tras el audífono.
—Si, lo sé —dijo eso respondiendo a ambos chicos—, y bueno ¿por qué querías hablar conmigo?
Viktor dejó los cubiertos sobre la mesa y entrelazo sus manos.
—Sinceramente no sé cómo empezar, Wanda —suspiró profundo—, pero créeme, que después de nuestro rompimiento... —su voz era un poco temblorosa—, no me recuperé muy bien que digamos. Sé que me comporté como un idiota y me disculpo por eso.
—¿Cómo un idiota? casi me matas ¿o acaso se te olvida? —Viktor bajó la mirada—, tu enfermedad nos estaba asesinando a ambos.
James Barnes se atragantó con su almuerzo al escuchar aquello. Era muy fuerte escucharle decir eso. Rápidamente bebió un buen sorbo de agua para seguir escuchandolos.
—Pero he cambiado. Ya estoy mejor que hace cinco años... —él intentó tomar las manos de la castaña, pero ella las quitó inmediatamente—, Wanda...
— No Viktor. Esto ya lo hablamos —dijo seria—, no vine acá para volver contigo, sino para cerrar nuestro ciclo.
—Puedes darme otra oportunidad, yo sé que eres una buena chica, Wanda —él insistía con ella.
—"Sé firme con él, no se lo permitas. Tranquila" —decía James por el audífono.
—No voy a cambiar de parecer. Vine hasta acá sólo para dejarte en claro que no quiero saber nada de ti. Que no pienso relacionarme contigo, ni siquiera como amigos. Y lo más importante: no quiero volver contigo, aunque me demuestres con exámenes perfectamente saludables. Simplemente no quiero volver a tener una relación contigo.
Wanda había sido muy dura con él, que hasta James sintió su pequeño corazón estremecerse. Ya sabía de antemano que hacerla enojar no era una opción si quería invitarle a salir más formal.
Viktor estaba destruido. Lo peor era que aún sentía amor por Wanda. No quería dejarla ir por nada del mundo. Ni siquiera lo quería cerca de él, que era lo que más le dolía.
—Viktor —habló ella nuevamente—, perdóname. Pero no puedo mentirme a mi misma, y menos a ti. No puedo estar contigo. Espero lo entiendas bien.
Ella se levantó de la mesa, tomando su cartera para retirarse de ahí, pero él le tomó la muñeca para detenerla.
—Aún no hemos terminado.
—Yo sí terminé de hablar —él mantenía aún su agarre— Viktor suéltame, —susurró— no me hagas armar un escándalo.
—¡Pero yo no he terminado de hablar!
—¡Te he dicho que me sueltes!
Los comensales giraron sus cabezas hacia la pareja que estaba discutiendo con los decibeles un poco altos.
—Aún tienes problemas ¿ves? no es posible que siempre tengas que obligar a la gente a hacer lo que tú quieras ¡estás loco!
—¡Wanda por favor, cálmate, quiero seguir hablándote! —la castaña no podía zafarse del agarre del muchacho.
—Déjala en paz —llegó James donde ellos. Tomó el brazo de Wanda y ella se acurrucó a él un poco asustada.
—No pasa nada —Viktor acortó distancia entre ellos—, sólo no estábamos de acuerdo en algo. Pero no pasa nada ¿sigamos almorzando?
—No tengo nada más que hablar contigo. Lo dejé bien en claro. No quiero volver a verte nunca más —habló ella entre rabia. Sus ojos comenzaban a estar cristalinos.
—Ven, vámonos —Barnes la tomó por los hombros y fueron directo hacia dentro para pagar los platos que claramente no alcanzaron a comer.
Viktor se limpió la boca con una servilleta rápidamente y los siguió hasta dentro del local.
—Tenías razón —le susurró James en el oído a Wanda—, el tipo es muy extraño.
—Y ni te imaginas cómo era cuando estábamos juntos —suspiró agotada.
—Quería disculparme contigo —ella lo miró asombrada—, te obligué a que le hablaras...
—No te preocupes, no sabías como realmente era. Ahora que lo viste, ya sabes por qué no quiero tener contacto con él —la cajera les pasó la boleta y Wanda sacó su tarjeta de crédito.
—Wanda —Viktor llegó donde ellos y le tomó el brazo a ella—, por favor, terminemos de hablar.
—¿Acaso no la escuchaste? —James se dio vuelta para encararlo—, no quiere hablarte más.
—Lo siento, pero a ti no te conozco lo suficiente. Estoy hablando con ella.
—Lo siento —respondió imitándolo—, pero ahora ella está conmigo —el chico arqueó una ceja no entendiendo a qué se refería con aquello.
—¿Qué es lo que me quieres decir? —respondió expectante ante la respuesta de James.
—Es mi novio, Viktor —Barnes la miró sorprendido. Además ella puso palabras en su boca—, le dije cómo era tu comportamiento conmigo, así que vino a cuidarme ¿verdad? —el aludido seguía internamente boquiabierto.
—Así es —afirmó James—, te pediré que por favor nos dejes en paz, Viktor. La conversación con la señorita acaba de terminar.
Viktor quedó sorprendido ante esta revelación. A James le corría la gota de sudor. Estaba nervioso, pero Wanda tomó su mano y la entrelazo con la de ella.
No dijo nada más, salvo que se notaba lleno de ira. Se los quedó mirando unos instantes. Apretó su puño y se retiró de ahí. Uno de los meseros intentó detenerlo, ya que no había pagado la cuenta del almuerzo que había pedido.
—Lo pagaré yo. No hay problema —dice Wanda.
—No pensé que fuese a reaccionar así contigo... —habló James preocupado—, ese tipo debería seguir en terapia —la cajera le devolvió la tarjeta a Wanda y ahora iban saliendo del lugar.
—Ya no me interesa saber de él —encendió otro cigarrillo. Se encontraba muy nerviosa—, es de esperar que no me siga llamando, aunque lo dudo. Cambiaré mi número y además debo ver un aparato nuevo —acomodó su pequeña cartera a su lado derecho—, por cierto, muchas gracias por acompañarme.
—Lo iba hacer igual aunque no me lo hubieses pedido.
—¿Ah sí? es bueno saber que tengo un buen amigo a mi lado —le dio una calada a su cigarro.
—Así es —empezaron a caminar. James se metió las manos a sus bolsillos y tenía curiosidad sobre lo que ella mencionó hace un momento—, así que... —ella lo miró expectante—, ¿somos novios?
—¿Qué? —ella se sonroja de repente y recuerda el por qué lo dijo—, ah si, es que era la única manera de alejar a Viktor de nosotros. Discúlpame si te incomodé.
—No, claro que no me incomodaste. Fue la actuación de nuestras vidas. Deberían darnos un oscar a los dos —río haciendo que se contagiara Wanda también—, aunque si quieres, puedo seguir fingiendo que soy tu novio de mentiras.
Wanda sintió su sangre hervir en sus mejillas. Realmente si estaba en plan de conquistarla lo estaba logrando con una amplia mayoría: porque ella ya había caído.
Soltó una risa nerviosa y James tomó su mano delicadamente. Aclaró su garganta y su tono de voz cambió a una más seria.
— ...pero como no me gusta fingir, mejor te lo propongo de verdad.
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SHIELD Corporation.
Natasha había llegado tal cual a la hora le había pedido Nick Fury a la oficina. Ni siquiera sabía de qué se trataba. Pero ella no dudaba de él. Era derecho con ella con temas de trabajo.
De pronto se le vinieron a la mente aquellas palabras de Sharon con respecto a lo de su nuevo emprendimiento. Y si lo pensaba bien, todo era gracias a Steve lo que había logrado. Se sintió como una idiota, ya que la rubia de alguna manera tenía razón. Ella no había hecho nada para lograrlo.
Su ánimo decayó considerablemente, pero no podía demostrar eso en el trabajo.
Dejó su bolso a un lado de su escritorio y se dirigió rápidamente al despacho de Fury. Lo vio de espaldas y al parecer estaba perdido en sus pensamientos, ya que su mirada divisaba la ciudad desde el gran ventanal.
—Hola Nick —la voz de Natasha lo sacó de sus pensamientos. Él volteó para verla—, sabes que cobraré un poco más caras estas horas, ya que ni siquiera es día laboral para mí —dijo en tono burlón. Y aunque fuese broma, él le pagaría de igual forma estas horas.
—Natasha, toma asiento y si, lo tengo más que claro. Sabes que la paga estará si o si —la pelirroja se sentó y se acomodó para escribir en su agenda de apuntes como buena secretaria—, ¿quieres un café?
—Sí, claro —respondió.
Pasaron al menos unos diez minutos, cuando Maria Hill entró con cuatro cafés, dejándolos encima del gran escritorio de Fury. La pelirroja se acercó llamándole la atención el tercer café.
—¿Esperamos a alguien más? —tomó uno de ellos y bebió un sorbo. Él asintió.
—Si, deben estar por llegar —miró su smartwatch—, tiende a retrasarse un poco, pero me dice que está a cinco minutos.
—¿Puedo saber quien es? —preguntó desinteresada.
—Un compañero nuevo de labores —dijo sin más—, quiero presentártelo formalmente.
Ella asintió dirigiéndose a uno de los sofás de la oficina, dejando su café encima de una mesita de centro. Sacó su celular para distraerse mientras esperaban a esa supuesta nueva persona.
—Nick —golpeó Hill de pronto el despacho—, ya llegaron.
Por la puerta entraron dos hombres, uno de ellos era Tony Stark. Saludó a Nick y se abrió paso para saludar a Natasha.
—Es un placer —Stark tomó delicadamente la mano de Romanoff en forma de saludo—, mi nombre es Anthony Stark.
—Natasha Romanoff, un gusto —dijo muy seria sin despegarle la vista.
—Natasha —interrumpió Nick—, te presento a tu nuevo colega. Espero que se lleven muy bien.
La pelirroja soltó el celular, cayendo al suelo en cuestión de segundos.
—¡¿Alexei?!
—Hola Natalia, tanto tiempo...
Alexei Shostakov saludó como si nada a Natasha. El rostro de la mencionada se desfiguró por completo. No entendía absolutamente nada y necesitaba respuestas aquí y ahora con estos tres sujetos.
[Continuará...]
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