Hola gente hermosa. Esta historia sera editada y mejorada. Estuvo detenida un largo tiempo por diversas razones, sobre todo personales. Me disculpo por la ausencia, si alguien extrañó la continuación de este relato, espero que pueda leer la edición y comente si le ha gustado. Por otra parte, espero que los nuevos lectores -si los hay -dejen también sus comentarios y sus opiniones; en verdad son muy importantes para mi. Quiero aclarar que esta es una EDICIÓN de la misma historia. La esencia se conserva, sólo hice algunos cambios importantes y corregí escenas y redacción que no cuadraban con la continuación que la historia requiere.
Espero que disfruten la lectura, procuraré cuidar mucho más mis narrativas y continuar con ellas. Voy lento porque estoy pensando constantemente en ellas y en los rumbos que van tomando por sí solas. A veces me parecen fenomenales, pero otras no me convencen. Pero crean cuando les digo que siempre es para presentar algo de calidad y sin torpezas.
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia con fines de entretenimiento.
Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora
I
-¡Policía, Policía!
-¡no, señor, por favor, no llame a la policía, le juro que no lo vuelvo a hacer, pero por favor no llame a la policía, me esperan en casa!
-Eso debiste pensarlo antes, jovencita
-Se lo suplico, por favor, suélteme
-¡Policía!
Bajó del auto y caminó rumbo a la tienda del señor Gustav. Un chico corrió a avisarle que gritaba desde hace varios minutos por un oficial; fue con cierta reticencia. Aquel distrito le pertenecía a otro oficial, pero como estaba enfermo él debía cubrirlo aunque él no era exactamente un policía, sino detective. Cuando llegó miró en la entrada al viejo Gustav sosteniendo con demasiada fuerza a una joven rubia igual de delgada que el bastón que agitaba el dueño de la tienda.
-¡oh, Albert, al fin un verdadero policía!- el detective sacó una pequeña libreta color negro y un lápiz con el que escribió "Otro atraco millonario al señor Gustav" No era la primera vez que el anciano se quejaba con él cada vez que iba de compras a su minisuper. Le decía "hay una ladrona que se lleva mis productos, muchos de ellos" Lo cierto es que no podía creerlo, ese mini súper tenía cámaras de seguridad por todos lados y siempre que esa supuesta ladrona entraba estaban apagadas o fallaban, eso era demasiado sospechoso. Pero ahora que veía a esa pobre niña colgando de las gigantescas manos del señor Gustav, Albert pensó que el anciano seguía exagerando. Por lo delgada que se veía no parecía ser capaz de cargar más de dos litros de leche.
-Dígame, señor Gustav, ¿qué ocurrió?
-¡qué no ves! - zarandeó a la joven que mantenía el rostro escondido bajo su gran cabellera rizada -la atrapé, pretendía llevarse todo eso sin pagar - señaló un gran cartón de cervezas a sus pies. Albert levantó una seca y miró a la joven.
-¿cerveza? - dijo intentando buscar la mirada de la chica, pero ésta rehuía - ¿dígame, qué intentaba hacer con un cartón de cervezas señorita?
-¿cómo que qué? - contestó exasperado el señor Gustav- Es una delincuente y además alcohólica
-¡NO SOY ALCOHÓLICA! - respondió furiosa y mirando con rencor al señor Gustav que la soltó por el susto que se llevó. Aprovechó que estaba libre para correr lo más fuerte que pudo sin tomar descanso o siquiera respirar. No se detuvo hasta que sintió que el señor Gustav y ese policía habían quedado muy lejos. Respiró profundo para recuperar el aire perdido, limpió su frente y caminó despacio, pensando en qué hacer para que no la castigaran al volver a casa con las manos vacías. Dio un par de vueltas para asegurarse de que nadie la siguiera y emprendió el camino a casa, aun pensando en qué decir. Suspiró agobiada. "¡Qué voy a hacer!" dijo suplicante mirando al cielo...
-Eso me gustaría saber, señorita - una voz varonil la asustó. Reconoció el tono aterciopelado y firme de esa voz, ese...ese era,
-¡El policía!
-¡no! - el la sostuvo del brazo, como lo había hecho el señor Gustav, pero con delicadeza, sólo quería que no se fuera -no huyas, por favor, sólo quiero aclarar algunas cosas contigo- La súplica la sorprendió "No huyas, por favor" era la primera vez en su vida que alguien le decía "por favor" Él notó que estaba más tranquila y que no correría, entonces la soltó.
-Tampoco soy policía - aclaró. Ella lo miró con el ceño fruncido- soy detective en realidad. Vivo a unas cuantas calles del minisuper, por eso me llamaron, además de que el encargado de esta zona es un compañero y yo estoy cubriéndolo
Le pareció que sonaba con mucha naturalidad lo que decía. No entendía por qué se explicaba con una persona como ella, tan...tan, mal vestida, parecía una indigente y seguro aquel hombre tan atractivo lo pensaba. Pero lo cierto es que se equivocaba, Albert no le quitaba la mirada de encima, por otras razones. Apenas vio sus ojos cuando lo miró asustada, lo sorprendió la intensidad y la claridad de su mirada esmeralda. Las pecas en su nariz le daban un aspecto infantil o más bien...tierno, como se dijo a sí mismo. Ciertamente concluyó que las explicaciones no debieron ser tan extensas como las dio, pero sintió que debía hacerlo.
-No quise, no...no soy alcohólica
-Eso es evidente - dijo sin pensarlo. Ella dio un paso adelante irguiendo los hombros para confrontarlo, detective o policía, se defendería lo mejor que pudiera - lo que quiero decir es que sé que no lo es- continuó- tampoco la voy a arrestar, sólo necesito saber ¿por qué pensó en tomar ese cartón de cervezas?
Bajó la mirada avergonzada
-Mi padrastro me envió por él
-Su...padrastro -el semblante de Albert cambió totalmente; adquirió un porte aún más fuerte, como de hierro y su seriedad daba la impresión de ser un hombre impenetrable - su padrastro la maltrata
-No - se apresuró - no siempre
-Por favor, puede confiar en mí, la ayudaré
-Él nos tiene atrapadas a mi hermana y a mi, se queda con nosotras por el dinero de la asistencia social, no nos da nada. No podemos ir a la escuela, no salimos y cuando quiere algo, me envía a mí mientras encierra a Annie y si no vuelvo con lo que pide...- tomó aire
-El qué...señorita, ¿qué hace si no vuelve con lo que pide?
- nos golpea con lo primero que encuentra
-¿Puede decirme su edad?
-La...la mía?
-Claro - él sonrió
-quince años
-y - sacó libreta y lápiz - ¿cuál es su nombre?
-Can..Candy White
-¡Candy, qué lindo nombre para una señorita! -ella bajó la mirada sonrojada
-y su hermana...¿cómo se llama y cuántos años tiene? - dijo anotando todo
-Annie y tiene doce años
-Muy bien, señorita Candy White - dejó de apuntar y le extendió la mano- mi nombre es Albert Andrew, detective de NY, un gusto en conocerla
-¿va a arrestarme por el cartón de cervezas? - preguntó angustiada mientras estrechaba la mano del detective; él por su parte soltó una amplia sonrisa
-No, por supuesto que no - sujetó la mano de la joven con delicadeza - vamos a hacerle una visita a su padrastro...
-¿perdón, qué? - se soltó - ¡no, no puede hacer eso! ¡si usted llega nos matará!
-No, Candy, no les pasará nada, se lo prometo. Yo las protegeré - posó su mano en la espalda de la joven invitándola a seguirlo - además no iremos solos - la llevó hasta su auto y una vez adentro encendió el manos libres y marcó...
-¡Albert, dónde demonios estás, tenemos reunión con el teniente en cuarenta minutos!
-Necesito refuerzos, Terry
-¿qué, para qué, dónde estás?
-Cerca de casa, necesito un par de hombres, estoy frente a un caso de explotación y maltrato infantil
-De acuerdo, envíame tu ubicación y mandaré a dos oficiales
-¿qué nos pasará a mi hermana y a mí? - preguntó Candy cuando cortó la llamada
-Estarán mejor, se los prometo...
Lo miraba conducir mientras iba mostrando el camino. Estaba nerviosa, no dejaba de jugar con sus manos, su pierna temblaba. Cuando llegaron estaba echa un manojo de nervios. El detective volvió a prometer que todo estaría bien. Esperaron a que los dos oficiales llegaran y cuando lo hicieron, Albert le pidió quedarse en el auto, le aseguró él mismo sacaría a su hermana de esa casa. Ella asintió y esperó. Habían aparcado a media calle. El edificio podía verse desde donde estaba, aunque no podía distinguir bien lo que sucedía, miró la cortina rosada de su cuarto ondear y al cabo de unos minutos, que a ella le parecieron horas, miró salir a los primeros oficiales. Traían a su padrastro esposado. Tuvo miedo de salir del auto, hasta que vio al detective guiando a Annie a media calle hasta un lugar seguro. En ese momento corrió a abrazar a su hermana.
Albert sabía que debía pedir más explicaciones a Candy, especialmente por la apariencia de su hermana. Era claro que no eran hermanas consanguíneas, Annie tenía el cabello azabache y liso, mientas que Candy era rubia y de rizos. Además, por lo que vio en la casa, había más fotos de otras niñas de la edad de Annie. Eso no parecía ser un simple caso de maltrato infantil como pensaba. Necesitaba interrogar a Candy, pero lo haría después, primero se aseguraría de resguardarlas.
La estación de policía era un hervidero de gente. Nunca había estado en un lugar así, aunque siempre había considerado denunciar a su padrastro. Si Annie no estuviera de por medio, lo habría hecho hace tiempo, pero debía cuidarla, siempre fue una niña frágil y desde lo ocurrido con su madre, temía por su estado. Suspiró inquieta, los policías y los agentes iban y venían, el detective Albert dijo que lo esperaran, que no tardaría, pero hace más de una hora que estaban había dejado en su oficina, un espacio pequeño para ser de un detective importante, como se veía que era. Todos lo conocían y lo saludaban respetuosamente, incluso el detective que llevó oficiales de apoyo que parecía tan arrogante le hablaba con respeto.
Miró el desorden que había en el escritorio, no había nada que no fueran papeles, archivos, libros, revistas y lápices en un bote de café ya viejo. No había fotos, como en los escritorios de otros agentes, fotos de sus familias o novias. Él parecía ser diferente, parecía...
-Un príncipe
-¡Annie!- la reprendió cuando cogió un pedazo de papel de un cesto que más que cesto de basura parecía un archivero por la cantidad de papeles que tenía. -deja de estar rondando por ahí, el detective puede venir en cualquier momento
-Mira, Candy -dijo la niña planchando con sus manos la fotografía arrugada - es todo un príncipe, mira la foto
Annie le entregó el trozo de papel que sujetó para mirar. En la imagen se le veía diferente, vestía diferente, con un atuendo militar cubierto de medallas y una espada en la cintura. El pie de foto decía: Heredero de la familia Andrew, Albert William Andrew.
-¡Heredero! -dijo sorprendida
-Lo ves, te lo dije, es un príncipe.
-Me pregunto cómo habrá terminado aquí
-Seguro se cansó de ser príncipe y quiso ser una persona normal...como nosotras
-él jamás será como nosotras, Annie-dijo antes de que la puerta se abriera de golpe permitiendo entrar al detective y a su compañero de trabajo, el mismo que quiso interrogarla a ella y a Annie pero Albert no lo permitió. Dijo que él se encargaría de hablar con ellas, cosa que agradeció en silencio, no se sentía preparada para hablar de su familia, por ahora.
-Muy bien, señoritas - Candy guardó el trozo de papel entre las bolsas de su vestido azul ya bastante gastado, mientras Annie volvía a sentarse junto a ella -Lamentamos hacerlas esperar de este modo - dijo el detective con todo galante que hizo ruborizar a Candy y sonreír a Annie - ¿dígame señorita Annie, la comida estuvo buena? - preguntó con una sonrisa. Había ordenado a su secretaria que consiguieran algo de comer para ellas.
-¡Delicioso, señor! - contestó Annie animada. Candy la reprendió por tanta euforia. Albert río por la escena y después agregó
-Albert, por favor, llámenme Albert -dijo mirándolas y una pequeña llama empezó a encenderse dentro de Candy volviendo el ambiente más cálido.
-Bien, bien...a lo que venimos, Albert - intervino el joven detective que había entrado y había tomado un lugar apartado. Albert asintió y lo presentó como su compañero de trabajo, el detective Terry Grandchester. El azul de sus ojos brilló con bastante intensidad por causa de los rayos del sol que entraban por la ventana dándole un aspecto un tanto diabólico. Annie tembló un poco del miedo, Candy lo miró intrigada, lucía como un tipo muy duro, no era amable como el detective Albert.
-niñas -dijo Terry a modo de saludo.
-Él y yo estaremos trabajando en su caso...-completó Albert con cautela
-¿qué caso? -pregunto ingenuamente Annie, aunque Candy ya sabía a qué se refería. No pudo evitar empuñar sus manos sobre el vestido azul arrugándolo todavía más, si eso era posible. Albert notó la tensión en ella y quiso aligerar la carga.
-Bueno, tu papá no las trataba lo suficientemente bien que digamos...-intentó aclarar
-él no es nuestro papá
-Annie, basta -la sujeto Candy con fuerza, la niña chilló por el dolor en su brazo, la rubia después se disculpó. Terry las miró intrigado y luego miró a Albert con preocupación. Con un movimiento de su cabeza lo autorizó para preguntar.
-¿Su padrastro? -preguntó con las manos en la cintura, pero Annie no contestó, guardó silencio. Entonces Albert pidió a Candy que contestara a la pregunta de Terry, "Queremos ayudarlas, pero para hacerlo necesito que por favor respondas a la pregunta" dijo. Candy se sintió hipnotizada por el aterciopelado tono de su voz. Luego de unos segundos, suspiró con pesadez, agachó la mirada avergonzada y dijo:
-Es mi esposo...
Albert y Terry quedaron sorprendidos. La inesperada confesión los dejó congelados, Terry estaba helado y a Albert lo atravesó por entero un rayo que él supo que era ira. Sostuvo con violencia el lápiz con el que escribía hasta partirlo en dos.
Por unos momentos fue el único ruido que se escuchó en toda la habitación, hasta que la joven empezó a sollozar. Hasta ese momento, el detective fue consciente de lo que debía estar padeciendo. Annie sostuvo su mano con fuerza. Candy no dejaba de llorar. Terry extendió un pañuelo para secar sus lágrimas, pero ella no lo tomó. Fue Annie quien lo sostuvo.
Alberto no dejaba de pasar la mano sobre su cabello, estaba furioso, nervioso y sorprendido, lo mismo que Terry, su pose de hombre conocedor y retador se desvaneció, dejo caer las manos a los lados sin mucho ánimo. Ninguno de los dos atinaba a concretar algo qué decir hasta que la misma Candy rompió el silencio.
-Decimos que es nuestro padrastro para disimular y evitar a la policía, si nos llegan a descubrir nos va muy mal
-¿peor que denunciar a ese cerdo? -gritó Terry ofuscado -¿qué puede ser peor que venir aquí y denunciarlo?
-¡Morir! -gritó también Candy -¡morir puede ser peor y yo no me puedo permitir eso!
-¿qué hay de sus padres? -preguntó con más serenidad Albert -¿dónde están?
-Yo soy huérfana, la casa hogar en la que vivía se incendió, yo fui parte de los cuatro sobrevivientes -volvió a suspirar
-Vivió con nosotras -interrumpió Annie - con mi madre y conmigo, rentábamos un cuarto, pero mi madre murió al poco tiempo que Candy llegó. Hemos estado juntas desde entonces
-¿cómo y cuándo entra en la historia...-Albert se removió con asco nada más pensar en su nombre-Henry Thompson?
-cuando Sophie, la mamá de Annie, murió yo me hice responsable del alquiler, pero no pude pagarlo, trabajaba en una tienda de conveniencia, no ganaba lo suficiente...
La mente de Albert viaja a todas direcciones, pensando cargos, armando mapas, recordando imágenes de la casa donde rescató a Annie, quería armar un caso, de hecho tenía uno. Un hombre de cuarenta años no puede casarse con una menor de edad, eso era un delito. Daba vueltas de un lado para otro en el cuarto de interrogatorios. Después de la declaración de Candy, no hizo más que guardar silencio y salir sin mencionar nada. Terry entró a la habitación con dos vasos de café, uno se lo quedó y otro lo extendió a Albert. El rubio agradeció el gesto y le dio un trago, puso el café sobre la mesa para olvidarse de él el resto de la tarde.
-¿Quieres sentarte y decirme qué demonios estás pensando hacer?-preguntó Terry levantando el brazo para señalar la silla junto a Albert -No sé, pero presiento que tienes la intención de adueñarte del caso -tomó un sorbo de su café
-Pues piensas bien, ese caso debe ser nuestro Terry - dijo sin sentarse todavía, caminaba con las manos en la cintura
-¿debe? - inquirió para después continuar -¿por qué debe? olvidas que esto no es un caso de homicidio sino un delito sexual, no nos corresponde, seguro se lo darán a Susana
-Pues debes hacer algo para que Susana nos permita asistir en el caso
-¡Debo! - Terry se levantó para mirar con curiosidad y tal vez un poco de preocupación por las órdenes de su compañero y amigo - Vamos, Andrew, cálmate un poco, yo sé que la confesión de la niña es de terror, pero debemos tener la cabeza fría si de verdad queremos ayudarlas, porque eso quieres, ¿no?
-Claro que eso quiero, pero...
-Pero te han conmovido más de lo que esperabas
-Es tan sólo una niña, Terry
-y crecerán y superarán todo esto - dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo. Empezaba a intuir algo oculto en el comportamiento de Albert, él mismo ya tenía una idea clara de lo que era, sólo que el rubio no parecía darse cuenta.
-¡No se trata de crecer, Terry, se trata de que ese desgraciado le ha arruinado la vida!
-Parece que te has encariñado con ellas
-¡Cómo se te ocurre decir eso, Terry! No me he encariñado con Candy, sólo me enfurece que exista gente como ese tal Thompson, me enferma de saber que anduvo rondando por ahí a unas calles de mi casa y yo sin darme cuenta. ¡Imagina cuántas veces pudo haber ido a robar al mismo minisuper al que voy a comprar el desayuno y yo sin percatarme!
-Está bien, Albert, te entiendo, esto enfurece - Terry volvió a coger su vaso de café - pero no creo que podamos quedarnos con el caso, te lo dije, será para Susana y...-levantó la mano para no dejarse interrumpir-hablaré con ella para que solicite nuestra asistencia.
Albert asintió y agradeció, Terry por su parte agregó:
-Y sabes, cuando del cariño, me refería a ellas y no sólo a Candy -abrió la puerta -quien la nombró has sido tú -cerró la puerta y desapareció tras ella dejando a un Albert aún más ofuscado y confundido. Resopló y salió siguiendo a Terry. Posiblemente asignarían una casa segura para Candy y Annie, él tenía que averiguar dónde.
CONTINUARÁ...
