Disclaimer: MARVEL & Disney no me pertenecen. Esta historia si.

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En el capítulo anterior...

Sharon salió de la oficina en búsqueda de su jefe y su nuevo compañero de labores. Wanda y James estaban expectantes de qué se trataría todo esto. Además notaban que la rubia estaba demasiado seria con ellos. Y no era para menos, después de que Wanda perdiese el control con ella.

—Buenos días a todos —entró Yuri Kozlov a la oficina seguido de otro muchacho más—, gracias por venir. Hoy les tengo que compartir información muy importante —el mencionado tomó asiento y los demás también lo hicieron. Estaban expectantes—. Lo que nos convoca acá, es que debo informarles que en relación a la investigación del KGB, ustedes serán los únicos agentes que podrán acceder a toda la información necesaria. Ni más ni menos...

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—Pues... era lo que estábamos haciendo hace unos meses, no veo cual es el cambio —dijo James despreocupado y Wanda le dio un codazo—, auch...

—No se preocupe agente Barnes, que esto no es todo —aclaró su garganta—, a su equipo se unirá el aquí presente Alexei Shostakov.

—Un gusto a todos —saludó él inclinando su cabeza ante todos. Los demás lo saludaron de la misma manera.

—Espera un segundo... —James habló de pronto recordando algo—, yo vi el listado de los ex agentes de la KGB y...además él no figuraba como vivo...

—Así es Barnes —respondió Kozlov—, Alexei Shostakov es un ex agente del KGB.

—¡¿Cómo dices?! —Wanda no podía creerlo. Tenían en aquella oficina a un ex asesino. Ella se levantó precipitadamente, sacando su arma de servicio y quitando el seguro—, ¡NO TE MUEVAS!

—¡AGENTE MAXIMOFF, BAJE EL ARMA! —gritó Yuri, pero ella no bajaba la guardia. Alexei se mostraba tranquilo.

Todos en la oficina asomaron sus cabezas hacia aquella puerta donde se podía notar que los ánimos se veían bastante acalorados. Algunos que trabajaban con audífonos se los quitaron para poder escuchar más de qué se trataba todo ese alboroto.

—¡NO LO HARÉ! —argumentó Wanda—, ¡NO TENGO CÓMO CONFIAR QUE ÉL NOS AYUDARÁ EN ESTO!

—Wanda tranquila, el comisario Kozlov tiene sus razones —Sharon se acercó a su amiga quien estaba totalmente aterrada con la noticia—, baja tu arma, entenderás pronto todo esto.

—Wanda... —ahora era James quien se había acercado a ella—, todo estará bien...baja el arma y escuchemos lo que nos tiene que decir.

Maximoff era de armas tomar y no iba a permitir que esto se quedase así ¿Cómo es que un ex agente del KGB estaría ayudando en la investigación si era del mismo bando? no le cabía en su cabeza. Ella finalmente hizo caso, bajando el arma de servicio.

—Está bien... —se disculpó—, espero que tengas buenas razones para esto, Yuri.

—Las tengo, no te preocupes por eso —nuevamente todos tomaron asiento después de aquel incidente—, según los registros, Alexei Shostakov figura como fallecido ¿estamos de acuerdo con esta información? —todos asintieron—, pues, creo que él podría contarles más de qué se trata todo esto...

Los tres agentes de policía miraron a Alexei, el cual ahora si se veía un poco nervioso. E imaginaba que todos querían respuestas. No era de todos los días que alguien desertara para volverse bueno. Pero tenía sus razones claramente.

—Les contaré mi historia... —suspiró profundamente Shostakov—, en serio pueden confiar en mi. —puso sus ojos en Wanda, que aún permanecía en alerta hacia él.

—¿Alguien quiere un café? —soltó James para alivianar el ambiente pero nadie respondió—, iré entonces.

—Voy contigo, necesito despejarme unos minutos —dijo Wanda y salió con él de la oficina.

—No sabía que Maximoff era tan brusca —confesó Yuri—, cuando ella era mi alumna se veía tranquila.

—Ni lo menciones, ha estado muy alterada últimamente, no sé que le pasa —mencionó la rubia—, pero bueno...

—Se ve que son muy buenas amigas —soltó Alexei de pronto—, te preocupas por ella.

—¿Qué? —Sharon aún no se acostumbraba a la presencia de él ahí—, bueno, es mi compañera de labores, claro que debo preocuparme.

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—Definitivamente no sé que traman —Wanda rápidamente sacó un cigarrillo encendiéndolo y dándole una calada.

—Pues es una jugada bastante osada te diré —respondió James. Ella le convidó uno de sus cigarrillos y lo encendió—, ¿será de fiar este tipo? al menos yo dudo igual que tú.

—No lo sé James... —botó el humo del cigarrillo—, es que la noticia fue demasiado de golpe. Aún estoy nerviosa —le mostró su mano izquierda la cual temblaba aún.

—Bueno pero tranquila. Debe haber una buena explicación para todo esto. No pensemos mal —Barnes intentaba alentar a su compañera de labores. Y tenía razón. No podía imaginarse lo peor sin antes haber escuchado lo que pasó anteriormente.

—Bien... entremos a ver que nos tienen que decir... —ambos depositaron la colilla del cigarro en un cenicero que había ahí afuera y volvieron dentro.

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—Entonces... —Wanda ya más tranquila, tomó su libreta para anotar algunas cosas—, eres Alexei Shostakov, ex agente del innombrable servicio de inteligencia llamada KGB ¿no es así?

—Así es, señora —asintió—, no duden en consultarme todo lo que necesiten.

—¿Esto es un interrogatorio oficial? ¿no sería mejor llevarlo hacia alguna sala especial? —sugirió Sharon y tenía razón en cierto aspecto.

—Pues parece que es más una entrevista que un interrogatorio. —dijo James—, pero como soy nuevo en el campo, mejor que acá decidan.

—Sólo será el contexto, para que entiendan bien que es lo que está sucediendo —respondió Yuri.

—Bien, les contaré un poco. De igual forma, tengo un informe escrito por si desean más detalles—suspiro Alexei. Estaba muy nervioso y lamentablemente debía hacerlo. Pensó en Natalia una última vez.

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Ya estaba siendo la hora para la velada que daría Natasha en su apartamento. James Barnes se dirigió hacia su casa para vestirse de forma casual y llevar algo para compartir con sus amigos. Luego de eso, pasó por Wanda a su edificio. La ventaja era que al menos vivían cerca. Tocó el timbre y la puerta se abrió de pronto, encontrándose con aquellos ojos que lo hacían suspirar por dentro.

—Buenas noches —dijo él—, ¿puedo pasar? —Wanda rió un poco y lo dejó entrar.

—¿Qué llevarás a la casa de los chicos? —le preguntó ella—, digo para no llevar lo mismo.

—Pues... —miró la bolsa que traía—, una botella de vodka, una bolsa de papas y otra de nachos.

—Entonces yo llevaré algo dulce... —Wanda se dirigió hacia su despensa—, son unas bolitas de chocolate crocantes, se ven bien.

—Mételo acá entonces. —ella los echó a la bolsa.

—¿Sabes? ... —comenzó él—, quedé muy preocupado por la reunión de esta mañana.

— ¿Por? —preguntó, mientras se dirigía al tocador y James la siguió de vuelta, apoyándose en el marco de la puerta.

—Por lo que nos dijo Alexei... —suspiró—, ósea, es muy loco todo. El tipo se hizo pasar por muerto todos estos años para luego aparecer y vamos a tener que confiar en él —era lo que Alexei les había contado más o menos en la tarde.

—No nos queda otra opción ¿Qué mas pistas tenemos? Además la orden viene de arriba y la misión está dirigida por los dos ex mejores agentes que tiene la CIA de Rusia.

—Y además... —tragó saliva—, le mencionamos a los agentes y ex agentes. Dijo que Yelena Belova estaba activa aún y Natalia Romanova también está viva y que debemos hablar con ella para que nos pueda ayudar.

—Así es. Debemos averiguar donde se esconde esa chica. Según Alexei ayudará si la presionamos... —Wanda se hizo una coleta y llevaba puesta una blusa blanca y unos vaqueros color negros.

—Recuerdo la cara de Sharon cuando él mencionó a Natalia. Es como si hubiese escuchado el nombre de Natasha —se encogió de hombros—, en fin...

—Bueno, preocupémonos de eso la próxima semana. Hoy es viernes y la vamos a pasar bien un rato donde tus amigos —apagó la luz del tocador y se dirigió a su cuarto para buscar su cartera.

—Si, lo siento. Es que me dejó bien pensativo todo la verdad... —sacudió su cabello—, ¿nos vamos entonces?

—Estoy lista —besó sus labios—, ¡en marcha!

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Apartamento Rogers-Romanoff, 21:15pm

El día había pasado rápido extrañamente y Natasha decidió finalmente hacer su velada de inauguración de la academia. La pelirroja por dentro estaba devastada. No sonreía por más que Steve le hiciese caras mientras adornaban el apartamentos con algunos globos. A lo más aparecía una pequeña sonrisa tímida en sus labios, pero nada más.

—Nat ¡sonríe, es tu celebración! —Steve intentaba de nuevo motivarla—, no te preocupes por lo de ayer... ya pasó y no tengo rencor ni nada si es lo que piensas.

Steve creía que Natasha seguía ensimismada por la discusión de ayer en la tarde. Aunque ni siquiera se podría llamar discusión, pero Natasha tenía aún un mar de emociones y cuando esto se destapase quedaría a la deriva. Pero decidió finalmente que disfrutaría el poco tiempo con Steve antes de que todo se desmorone.

—Si, lo siento... —respondió—, voy a pedir la comida china mientras —tomó su celular para realizar el pedido—, sé que vendrá Svetlana, James y Wanda.

—¿Wanda? —Steve se giró hacia ella.

—Ah lo olvidé... —fue hacia él—, ayer en la tarde antes de venir a casa me encontré con James y Wanda. Ella es su compañera de labores y me preguntó si podía invitarla a la velada. Le dije que no habría problemas ¿no te molesta verdad?

—No, claro que no. Dios creo que no he hablado con Buck hace muchas semanas... —se sintió mal de pronto con eso.

—No te preocupes Steve...no creo que James sea rencoroso. Además se veía bastante entusiasmado de venir —Natasha sonrió finalmente. El corazón de Steve se compuso inmediatamente. Se acercó a ella y la besó tiernamente.

—Esa sonrisa extrañaba de ti... —se separó de ella—, por favor, no dejes de hacerlo. —el corazón de Natasha nuevamente se encogía.

—Si Steve... te lo prometo —respondió ella.

De pronto, se escuchó el timbre. Steve se dirigió hacia la puerta para abrir y ver de quien se trataba.

—¡Hola! tú debes ser Steve —era Svetlana. Lo saludó con un abrazo—, mucho gusto, soy Svetlana.

—Mucho gusto, por favor adelante. Aún no terminamos de ordenar las cosas, pero ya estará todo listo —se disculpó Steve mientras cerraba la puerta.

—¡No te preocupes querido! —ella se dirigió hacia la cocina para dejar las bolsas que traía con cosas—, traje algunos bocadillos, un par de refrescos. De pronto se giró y vio a Natasha—, ¡Natasha cómo has estado!

—Bien, Lana —se dieron un caluroso abrazo—, muchas gracias por venir.

—Oh por dios no digas eso. Sabes que lo iba a hacer. Hay que celebrar las buenas nuevas —le dedicó una sonrisa—, ¿me ayudas a preparar los bocadillos? traje una pasta de jamón deliciosa.

—Claro que sí —respondió ella—, ¿Steve? ¿puedes verificar si la comida china está por venir mientras preparo esto?

—Si amor, no te preocupes —le respondió él. Tomó el teléfono de la pelirroja y lo dejó con sonido en caso de que llegase alguna notificación.

—Oye, pero que guapo es tu novio Tasha —susurró la rubia—, de verdad quedé sorprendida.

—Pues lo es... —susurró de vuelta—, es el mejor hombre que he conocido...

—¡Felicidades bella! —le dio un codazo—, te has sacado la lotería con ese bon-bon .

Natasha estaba con muchos sentimientos encontrados. Por un lado estaba realmente feliz por haber logrado esto. Tener un chico que la ame por como es... aunque eso no es tan cierto. Sabemos que Steve no conoce la otra vida de ella. Y lo que más teme es que todo esto se vaya a la mierda si se llegase a enterar.

Había tenido la intención de contarle todo la noche anterior, pero desistió como una cobarde. Estaba aterrada y decidió finalmente que prefería disfrutar lo que le quedaba de felicidad con él. Ya se estaba haciendo una idea de cómo tal vez terminaría todo. Suspiró mentalmente y terminó de rellenar los canapés para llevarlos a la mesa.

—¿Lana deseas algo de beber mientras? —ofreció Steve.

—Si, me gustaría algo de jugo. Muchas gracias —respondió.

Steve sacó una de las botellas de jugo de naranja de la nevera para servirle un vaso. Luego de eso se fueron a sentar a la sala, mientras Natasha colocaba algo de música ambiente.

—¿Y hace cuanto llegaste a la madre Rusia? es muy extraño que un americano quiera emprender rumbo en este país. Es decir, me refiero a que aprender ruso es sólo aquí y en ningún otro lugar.

—Si claro, te entiendo perfectamente —dijo él—, pues nada, necesitaba aires nuevos. Había perdido la inspiración de hacer mis obras. No me estaba yendo bien en mi país y pues decidí emprender nuevos rumbos. Fue difícil, porque no sé nada de ruso. Igual me sorprendí que mucha gente de esta ciudad al menos sabe inglés, así que no me costó mucho adaptarme al idioma.

—Y justo te topaste con mi Tasha —dijo ilusionada—, ella es una buena chica Steve, como he dicho, ella fue la mejor alumna y una de mis mejores profesoras de la academia. Tienes a una mujer fuerte.

—No dudo de eso. Natasha es la mujer de mi vida... —al decir esto, Natasha sintió un calor muy fuerte en sus mejillas.

—¡Ustedes hacen una hermosa pareja! —aplaudió—, me encanta su relación. Es tan pura, romántica... —Svetlana estaba en otro mundo.

—Lana no sigas, que me avergüenzas —dijo apenada. Natasha miró su teléfono y la comida que había pedido estaba llegando al apartamento. Se acercó a la puerta esperando el timbre y justo había sonado.

—¡Justo a tiempo! —exclamó Natasha.

Abrió la puerta y era el chico del delivery. Le pasó algo de propina y se escuchó de lejos un "¡gracias que tengan buena velada!". La pelirroja cerró y se dirigió hacia la cocina con las bolsas de comida china.

—Solo faltan James y Wanda —dijo Natasha mientras abría las bolsas con comida.

—Deben estar por llegar —mencionó Steve—, déjame ayudarte con esto —Steve se acercó a Natasha para ayudarle a sacar los recipientes de comida, los cuales estaban calientes; Natasha en cambio estaba sacando algunos platos para colocar algunas empanaditas en ellas.

Se escuchó un segundo "ding dong". Svetlana fue amablemente hacia la puerta para recibir a los invitados que estaban por llegar.

—¡Buenas noches! —saludó Lana a Wanda y James—, adelante pasen. Steve y Natasha están en la cocina ocupados. Mi nombre es Svetlana, pero pueden llamarme Lana de cariño.

—Un gusto Lana —dijo James—, ella es Wanda Maximoff. Vino a acompañarnos esta noche. Tengo el permiso de Natasha.

—¡Pasen chicos, que gusto verlos! —gritó la pelirroja desde la cocina.

Ambos pasaron y fueron a saludar a Natasha y Steve. James abrazó a su amigo calurosamente. No sea veían hace mucho tiempo.

—No sé cuanto tiempo ha pasado, pero es como si hubiese sido casi un año entero —James se separó de su amigo, dándole unas últimas palmadas en la espalda.

—Creo que fueron casi seis meses —mencionó Natasha—, eso es medio año, que de igual forma es bastante tiempo.

—Hola mucho gusto —Wanda se acercó a Steve y él amablemente la saludó.

—Tú debes ser Wanda —ella asintió—, James tu novia es muy hermosa.

—No es mi-, es decir... bueno, estamos saliendo —respondió nervioso—, aunque hace bastante tiempo nos conocemos en el trabajo. —Wanda no decía nada. Permanecía callada, ya que no conocía a nadie. Solo a Steve por parte de Sharon y debía admitir que era muy guapo.

—Bueno, no se queden ahí parados. Vayamos a comer —dijo Natasha—, adelante.

Todos tomaron asiento en la mesa redonda que tenía la pareja en su hogar. A pesar de no ser una mesa tan grande, todos cabían cómodamente. Steve y Natasha se sentaron de cabeceras de mesa, James y Wanda tomaron asiento juntos y Lana frente a ellos.

—¡Me faltó mi acompañante! —ella hizo un puchero, ya que todos tenían pareja menos ella. Todos rieron con eso.

Estaban por comenzar a comer, cuando el timbre sonó nuevamente. Todos se sorprendieron porque al parecer Natasha no estaba esperando a nadie más.

—Voy enseguida... —se levantó de su puesto y abrió la puerta.

—Hola Nat... —era Maria Hill.

—Que demonios haces acá —susurró—, no le he dicho a Steve que venías.

—Sé que no quieres verme...y tienes tus razones para hacerlo —ella le entregó una bolsa que al parecer dentro tenía un regalo—, cuando me contaste acerca de tu emprendimiento me puse tan feliz, y bueno, sé que no soy bienvenida, pero vine a entregarte este presente —Natasha lo aceptó.

—No tenías por qué... —ella agachó la mirada.

—¿Quién es Nat? —preguntó Steve a lo lejos—, invítalo a pasar, aún queda comida.

—No te preocupes, María ya se iba —respondió ella. Miró fijamente a su ex amiga y ella había entendido que no sería bienvenida.

—¿Cómo se va a ir? No, olvídalo —él se levantó y fue directo hacia donde estaba Natasha, abriendo más la puerta—, bienvenida María. Nat me ha contado mucho de ti. Adelante, estás en tu casa.

—Pero... —Hill miró a Natasha y no tuvo otra opción que entrar.

Maria sabía que no debía estar ahí. No después de que su amiga se había enterado de la verdad que escondía aquella empresa. Hill consideraba a Natasha como su mejor amiga, pero después de esto era claro que la pelirroja no estaba en condiciones de perdonarle.

Al entrar, vio a Wanda Maximoff. La conocía porque sabía el nombre de todos los comisarios y jefes de zona de cada departamento de policía. Pero al muchacho que estaba al lado de ella no lo había visto jamás.

Se sentó al lado de Svetlana. Sólo Natasha y ella entendían la tensión entre sí mismas.

—¿Quieres arroz chaufa? —preguntó Steve que ya le estaba sirviendo en un plato.

—Muchas gracias. —ella recibió entonces la porción que Steve le había puesto.

—Por favor sírvete, estás en tu casa. —volvió a hablar el hombre y ella asintió.

A decir verdad la velada estaba algo tensa. Natasha no decía absolutamente nada y esto llamó un poco la atención de Steve, pero él no quiso preguntar nada más. James y Wanda también comían en silencio, ya que la tensión estaba en el aire.

—¿Ustedes son novios? —preguntó Lana para matar el silencio incómodo de la cena—, digo, es que se ven muy monos los dos —soltó una pequeña risa.

—Si, estamos saliendo —confesó Maximoff—, nos conocíamos hace unos meses, pero decidimos comenzar a salir para ver que salía de esto.

—Hacen una bella pareja —dijo ella—, felicidades por salir. Lo que es yo, sigo sin encontrar a mi príncipe azul —suspiró.

—Eres una mujer muy enamoradiza por lo que veo —le respondió Hill. Ella observó de vuelta un poco sonrojada.

—Bueno, digamos que no me ha ido bien en el amor... —Lana dejó los palillos chinos a un lado—, así que espero que llegue alguien a mi vida que me haga sentir mejor.

—Siempre llega Lana, en algún momento la persona indicada siempre llegará a ti —Natasha miró a Steve y acomodó su rostro en el hombro de éste.

—Pero las cosas no duran para siempre... —dijo Hill de pronto y nuevamente la tensión se podía cortar con un cuchillo. Ambas parejas se quedaron calladas sin saber qué decir—, bueno, las cosas materiales obviamente, los sentimientos van cambiando igual...

—Eso lo dices porque estás sola, María —Natasha le respondió algo golpeado—, pero cuando encuentres a esa persona especial dirás otra cosa.

—Tú sabes bien que las cosas tienen su tiempo de caducidad —se llevó un bocado de arroz para luego volver a hablar—, y no necesito de nadie en estos momentos...

—No puedes ser tan cerrada —rebatió Svetlana a María—, ahora es muy diferente si quieres estar por siempre sola, que también es una decisión válida —la rubia volvió a mirar a María, pero esta vez no intercambió mirada con ella.

—No me cierro, sólo que en estos momentos tengo otras preocupaciones que buscar pareja —María suspiró pesadamente—, y creo que es mejor que me vaya. Gracias por la cena Steve. Yo sólo venía a dejarle un presente a tu novia por la buena nueva de su academia.

—Está bien, no te preocupes —Steve se levantó de su puesto, seguido de Natasha también.

—Gracias por venir María. Nos vemos... —se despidió Natasha dándole un abrazo que parecía fraternal, cuando en realidad no lo era.

—Felicidades por tu sueño hecho realidad —aceptó el abrazo—, espero verte pronto en la oficina.

Natasha no dijo nada y cerró la puerta rápidamente para ir a sentarse. Steve ahora si notó la tensión que había entre ella y su amiga. Pero no le preguntaría ahora, no con invitados aún en la mesa. Esperaría a estar a solas para tal vez incitarla a que le diga que sucedió con María.

—Esta comida está muy buena —habló James ahora—, ¿harán despacho hacia mi casa?

—Yo creo que sí, está dentro del sector —respondió Steve a la pregunta.

—Por cierto Natasha, no sé si James te dijo, pero yo trabajé un tiempo con Sharon —Natasha se sorprendió un poco ante esto—, pero tranquila, no estoy loca como ella. Yo también lo creo, no te preocupes.

—Si, sabemos que está bien de patio ¿verdad? —le siguió James a su novia—, recuerdo cuando recién llegué a trabajar ella fue mi jefa y era de lo peor.

—Lo sé...menos mal que ya no le veré la cara a esa mujer —habló Natasha mientras se servía un poco de vodka—, ¿me acompañan a brindar?

—No se diga más —bromeó James pasando los vasos de ambas féminas.

—Bueno yo quería tomar la palabra si me lo permites Nat —dijo Steve y Natasha asintió—, quiero que sepas que estoy muy feliz de estar a tu lado, y me alegra formar parte de tus metas. Estoy seguro que serás una gran maestra en tu nueva academia, te mereces esto y mucho más amor.

—¡Salud! —dijo James y todos chocaron sus vasos. Luego de eso aplaudieron y Steve le dio un pequeño beso a su novia. Estaba muy orgulloso de ella.

—¡Felicidades querida! es lo mejor que te pudo haber pasado. Los sueños se cumplen siempre, ahora a seguir adelante con todo.

—Muchas gracias Lana —respondió Natasha.

—Muchas felicidades por tu nuevo logro —Wanda chocó el vaso con ella—, tu academia será un éxito, estoy segura.

—¿No te gustaría aprender ballet? —preguntó Natasha—, tienes el cuerpo perfecto para este arte.

—Oh no, pero me encantaría. Tengo demasiado trabajo por ahora, pero gracias por la invitación —sonrió de vuelta.

Las conversaciones siguieron. La velada había sido muy amena para todos, pero Natasha en el fondo sabía que todo esto se destaparía en algún momento. Su sueño cada día se estaba apagando...

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Oficina local de policía de Moscú. 23:45pm

Sharon se había quedado un poco más tarde en la oficina, ya que estaba de pleno estudiando cada perfil de los ex agentes. Sobretodo el de Alexei Shostakov. Al igual que Wanda, Sharon no confiaba plenamente en él. Tener de aliado a un ex KGB era un arma de doble filo y debía ser cautelosa.

De pronto entre tantos archivos que iba leyendo, encontró uno donde se hablaba del ex líder de la organización: Ivan Petrovich. Abrió el archivo y comenzó a leerlo. Había sido escrito por el mismo Alexei.

"Ivan Petrovich, líder de la KGB (1940 - 1991). Su objetivo era realizar trabajos que nadie más haría. Entrenaba a jóvenes de entre 13 y 19 años de edad. Se dedicaba a reclutarlos desde orfanatos. Se preocupaba que no tuviesen padres o mentores, para así él tener el control de todos los adolescentes. Obligó a su hija, Natalia Romanova y esposa Melina Romanova a realizar los mismos entrenamientos y misiones suicidas.

Falleció producto de un incendio el cual hasta el día de hoy no se sabe si fue intencional o un accidente..."

—Demonios, esto es muy fuerte... obligar a tu familia a realizar asesinatos a sangre fría a cambio de dinero... esto es asqueroso —cerró la laptop un momento y poder digerir lo que acababa de leer—, sé que mi padre estaba investigando a este sujeto, por eso su nombre se me hacía muy familiar...

Se levantó de su puesto y se dirigió a la cafetera. Necesitaba una bebida caliente y con cafeína si quería seguir leyendo. Se preparó la taza y siguió con el informe.

"...luego de aquel fatídico incendio. Su hija Natalia no dejó rastro alguno. Se cree desaparecida. No se ha encontrado su cadáver o restos de ella, haciendo alusión a que siga con vida en alguna parte del mundo. Se debe buscar a la brevedad, ya que ella conoce mucho más a fondo a los líderes de la organización que yo.

Para protegerla de cualquier tipo de abuso, le pedí matrimonio y nos casamos. Sólo así se podría sobrevivir, ya que en plena guerra fría se veía muy bien que existiese el vínculo entre un hombre y una mujer, formar familia y ese pequeño crecería también como una futura arma letal..."

—No puedo creerlo. Alexei es casado con esa tal Natalia... —tapó su boca sorprendida—, debo averiguar bien donde está esa mujer... —continuó leyendo.

"...Natalia sabía que si debíamos derrocar a esta nefasta organización, uno de los dos debía sacrificarse para hacerlo. Y decidí hacerlo yo. No quería que Natalia estuviese como un fantasma en el mundo. Así que un día, en una de las misiones... acabé con 'mi vida'. Debía parecer real. Tenía un profundo dolor dejar a mi Natalia sola, pero sabía que ella de alguna manera se escabulliría y no sería encontrada en años...y así fue hasta ahora..."

—¿Cómo? —Sharon se detuvo un momento.

"...porque finalmente la he encontrado en la ciudad de Moscú con otro nombre, un cambio en el color de su cabello y hasta había borrado una de sus cicatrices características de su brazos derecho, el cual yo conocía, ya que se había hecho daño mientras combatía en una de tantas misiones que tuvimos juntos..."

Sharon Carter siguió hacia la página siguiente, donde Alexei había adjuntado una fotografía de Natalia Romanova de hace diez años atrás aproximadamente.


[Continuará...]

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