Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora
Capítulo III
El sonido de los tacones sobre el mármol del piso dio el aviso de que su esposa había llegado. Cerró el mensaje que unas horas antes le había enviado un periodista, amigo suyo, previniéndole de la catástrofe. "Te acusan de pederasta y explotación sexual infantil" leyó. Recordó el encuentro con aquel viejo hombre y maloliente de Thompson...Tomó un trago de whiskey y se cubrió el rostro con ambas manos. Suponía que Terry ya lo sabía, le extrañó que no fuera él quien le reventara la cara como cuando le llamó "mujer vulgar" a Susana el día de su boda. Respiró fuerte y profundo, esa amistad de su hijo con el hijo menor de los Andrew era de lo menos conveniente...La puerta del estudio se abrió...
-Terry llamó - entró su esposa - quiere saber si ya lo sabes - cruzó la estancia y se sentó en los sillones frente al escritorio de su esposo, lo miró sin expresión en su rostro...
-No sé a qué te refieres - contestó con mesura, sabía que ella conocía los pormenores - ¿cómo está Susana? - preguntó queriendo desviar el tema
- ¡Por favor, Robert deja de tratarme como una mujer tonta, te lo exijo! - increpó ella
-Eleonor...- intentó persuadirla
- sólo quiero saber ¿por qué?
-No entiendo, de qué hablas...sólo pregunto para saber cómo está la esposa de mi hijo - contestó encogiendo sus hombros
- ¡Tú ODIAS a Susana porque su padre no te apoya como todos los políticos falderos con los que te rodeas...- elevó el tono de su voz sin perder el porte gallardo con el que llegó - no seas cínico, Robert
-Terry no puede arrestarme, no a su propio padre; tengo protección, soy diplomático y puedo solicitar la inmunidad diplomática - dijo a borbotones- el rey nos respaldará, lo sé, sólo tengo que hablar con el primer ministro
- ¿Cómo te atreves a condicionar así a mi hijo? - golpeo el escritorio - has arruinado a esta familia...
-Basta, Eleonor - abandonó su lugar y le dio la espalda para mirar por la ventana, reservó para sí la tranquilidad que hasta ese momento reinaba en la casa diplomática porque pronto estaría atestado de reporteros degustando la noticia - tú misma sabes que no se puede escalar ningún escaño ni mantener una relación próspera en este lugar si no se hacen algunas cosas...y has estado al tanto de todas - volvió para mirarla
-Pero esto, Robert - fue su turno en levantarse - has ido demasiado lejos y no voy a ser parte de esto -respiró más para encontrar serenidad y pensar con claridad lo que su hijo le había dicho- Terry no te arrestará - lo miraba, decidió fijar su vista en la foto familiar que estaba sobre el escritorio - lo excluirán del caso, también a Susana. No darán aviso a los medios...
-Al menos uno de ellos ya lo sabe
-El diario de los Brown - afirmó - Albert solicitó que no publicaran nada al respecto
-Vaya, ahora le tengo que agradecer a Andrew que me ahorre la vergüenza de los titulares - ironizó
-Me sorprende que sigas teniendo tanto humor aun sabiendo que estuviste a punto de comprar una niña nada más por congeniar con tus aliados...-esta vez sí lo miró a los ojos - ¡Eres un cerdo! un cínico y un cerdo...
Eleonor había pensado en informar a su esposo todo lo que Terry le dijo que pasaría, desde el arresto hasta el juicio, pero decidió no hacerlo, el hombre que tenía enfrente, tan lleno de odio e hipocresía, no se merecía la molestia. Cuánta razón tuvo la vieja Elroy Andrew sobre la soberbia de Robert cuando le advirtió pensar mejor antes de casarse con él, pero ingenuamente pensó que cambiaría. Si hubo una cosa que su matrimonio no pudo superar, aunque fuera por la llegada del pequeño Terry, fue que Rosemary lo rechazara y prefiriera casarse con Edmund Brown antes que con él.
En nombre de la complacencia, le permitió todo...pero esto...había llegado al límite. Ya estaba cruzando el umbral de la puerta cuando la voz de Robert la detuvo
- ¿quién y cuándo vendrá a hacer el arresto?
-Albert - dijo a secas
-deberé hablar con el primer ministro, y con Alistear
-Alistear ya lo sabe.
-Y ¿tomará mi caso?
-No
- ¿entonces para qué lo llamas?
-No lo llamé para defenderte Robert, lo llamé para que no me inmiscuyas en tus idioteces, Alistear será mi abogado, no tuyo
Cuando cerró la puerta escuchó el impacto del cenicero contra la madera. Y a unos metros más se escuchaban los gritos del casi oficial ex diplomático inglés...
La fiscalía estaba lista, el abogado Archibald Cornwell llegaba armado junto con tres asistentes al cubil del juez que presidiría el caso. Una semana antes habló con las menores Candy White y Annie Britter sobre su experiencia de encierro y secuestro. Les pidió paciencia y una disculpa por todo el tormento por el que tendrían que pasar, pero les aseguró, igual que Albert, que esto era el principio del fin. Una vez sentenciados Tompson y Robert Grandchester, el peligro habría pasado para ellas, aunque no lo fuera así para Terry y su madre, incluso para Albert que, en ningún momento, entre los interrogatorios a los que acompañaba a Archie, lograba sentirse realmente cómodo.
Los acontecimientos sucedidos habían sido inesperados, la prensa no se enteró del arresto de Robert Grandchester hasta que anunciaron la fecha del juicio en su contra. Cuando esto sucedió tenía arresto domiciliario, junto con su esposa, quien tuvo que soportar la avalancha de reporteros que se golpeaban incluso entre los árboles de la zona para lograr captar una imagen de ella en lo que los medios llamaron "El basurero Grandhcester". Como Terry lo había advertido, la inmiscuirían en los arreglos de su padre. También le advirtió que a él lo apartarían del caso, igual que a Susana por formar parte de la familia Grandchester. También era seguro que Archibald los llamara como testigos en contra... Jonathan Smith, el abogado defensor, también los llamaría.
Como diplomático le quitarían inmunidad a su padre y a ella, por lo que quedaría expuesta, así que Terry pidió a Albert solicitar seguridad para su madre, algo que él mismo se ofreció a hacer; así que la mayor parte del tiempo, el detective vigilaba la seguridad de Eleonor Grandchester, lo que hizo que dejara de ver a Candy en la última semana en que Archie se reunía con ella. Su ausencia la resintió la joven que siempre preguntaba al fiscal por el detective Andrew, "está atento a la vigilancia de Eleonor Grandchester" contestaban.
Hasta que el fiscal fue a verla supo que el diplomático extranjero que estuvo a punto de comprarla se llamaba Robert Grandchester, y era padre del detective Terry, y hasta que no vio una foto del diplomático junto a su esposa e hijo en una celebración oficial, se percató de que Eleonor era una de las actrices de teatro americanas más importantes del país. Pero lo que más llamó la atención de Candy fue la belleza y madurez que reflejaba.
Entre los números siguientes, fueron apareciendo más fotos de ella, pero esta vez escoltada por el detective Andrew, Candy reconoció una de las fotografías en la entrada de la estación de policía donde trabajaba Alberet. Eleonor Grandchester parecía haber dado un mal paso al subir los escalones y él, en primer plano, le tomaba de la mano para guiarla.
-Qué hermosa es - habló Annie sacándola de su escrutinio a la foto o más bien de su malestar por esas manos enlazadas
-Lo sé - dijo sin mucho entusiasmo
-No sabía que el detective Grandchester tuviera una mamá tan guapa - continuo- hacen bonita pareja
Candy cerró el diario con una rabia incomprensible para Annie e incluso para ella.
-Pues no nos importa si son pareja - contestó la rubia queriendo olvidarse del tema -además, ella es la mamá de su compañero de trabajo, seguro se llevan muchos años de diferencia
- ¿Te parece? - preguntó Annie sosteniendo el diario que Candy había aventado - a mí me parece que no se nota, además sería bueno que el detective fuera feliz, me parece un hombre muy triste...y luego lo de su hermana
- ¿triste? - Candy estaba confundida - ¿qué hermana? ¿de qué hablas?
-La última vez que vino aquí con el fiscal y el abogado Cornwell pidió hablar contigo a solas, el detective me llevó a comprar un helado.
-y...¿qué te dijo? - preguntó con insistencia.
Annie la miró extrañada, sabía que a Candy le gustaba el detective y a ella también, pero siempre pensó que era de ese amor platónico o de agradecimiento por lo bien que se ha portado con ellas, pero la joven parecía haber generado un tipo de sentimiento distinto hacia el detective que realmente podía salir mal...
-Candy, el detective es mucho mayor que tú
- ¡Tú no lo sabes, no sabes su edad, no lo conoces!
-Sí sé su edad, él me la dijo - reprochó la pequeña
-ah sí, ¿cuántos tiene?
-No te lo voy a decir - se cruzó de brazos la niña
-Annie, por favor - insistió Candy moderándose más - dime cuántos años tiene y qué te dijo sobre su hermana
La niña hizo una mueca, signo de que lo estaba considerando...hasta que cedió...
-Tiene 33 años - contestó. Candy sintió que su alma había abandonado su cuerpo y caía sin detenerse en un pozo sin fondo. La sensación de vértigo la invadió y generó un impacto en todo su cuerpo, parecía que se estaba vaciando...de repente dejó de escuchar el relato de Annie que le contaba sobre la hermana del detective...se obligó a volver a la realidad, pero no podía, no quería. No quería volver a la realidad que siempre había tenido, en la que siempre quedaba al margen de todos y para todos. Se resistía otra vez a no tener nada. Pensó que el detective tendría unos 25 o 26 años, pensó que seguro él estaba interesado en ella por la manera en que la miraba, con tanta intensidad que ella siempre se terminaba ruborizando. Pero ahora comprendía que no era ese tipo de cariño con el que la miraba, sino otro...Había soñado que Albert podría esperar a que ella cumpliera la mayoría de edad y hasta entonces saldrían como amigos...como...
Hermanos...éramos unos hermanos muy cercanos, ella era tres años más grande que yo y me tenía mucha paciencia.
-Tres años, como Candy y como yo, también nos llevamos tres años
Exacto, Annie, solo que yo era infinitamente más travieso que tu
-Bueno, Candy me regaña mucho, me pide actuar como un adulto, últimamente se ha obsesionado con eso, con querer madurar, todo el tiempo anda diciendo, "ya no podemos actuar como unas niñas Annie, ya no" - decía arremedando la dulce voz de la rubia provocando la risa del detective
Entiendo tu disgusto, y la entiendo a ella
- ¿A Candy?
Sí, me recuerda a mi hermana cuando era joven, son casi idénticas, excepto que mi hermana tenía los ojos azules
- ¿tenía?
Murió hace varios años, ella y su pequeño hijo murieron en un accidente de auto
-Lo lamento
Tenía mucha fe en mí, siempre me cuidaba y me aconsejaba, decía lo mismo que Candy, "pronto la infancia se nos acabará Albert y debemos asumir nuestros deberes" decía siempre que hacía alguna travesura en casa
-La querías mucho, ¿verdad detective?
Siempre fue una mujer muy humanitaria, ayudaba al más necesitado, en su honor me volví detective, para ayudar a la gente como ella lo hacía, fue una decisión que mi familia no aprobó, pero ella siempre tuvo razón...la infancia pronto se me terminó.
-Candy también es muy buena, ayudó siempre que pudo a mi madre, a las chicas enfermas y a mí
Lo sé, Annie, Candy me recuerda tanto a mi hermana...pero me confunde...
"¿qué...qué...qué es lo que lo confunde?" quiso preguntar Candy al detective Andrew cuando éste la saludó con un abrazo cálido al entrar a la sala de la corte. Pero cuando el tartamudeo la empezaba a abandonar, Eleonor Grandchester llegó a extenderle la mano...
-Un gusto, Candy - le ofreció una mano que a la joven le pareció la más delicada y hermosa de todas las manos femeninas - Albert me ha hablado mucho de ti -la rubia respondió al saludo - no imagino lo que debes estar pasando, pero ...cuentas con mi apoyo, no permitiré que mi esposo salga ileso de esto.
Candy no supo contestar, se quedó callada. Terry también llegó junto a ellos. Discutió algunas cosas con Albert de quien Candy no quitaba la vista, gesto que Eleonor no pasó inadvertido. El fiscal le pidió a Candy acompañarlo, Albert le preguntó si debía ir también, la joven quiso gritar que sí, que no se separara de ella, pero en vez de eso, de su boca salió...
- ¿qué pasará con Annie, ¿quién cuidará de ella?
-Me quedaré a su lado, Candy, Terry y yo nos quedaremos con ella, nos sacaron del caso- contestó Susana que ya había llegado, la joven se tranquilizó - Albert estará tras de ti, todo el tiempo -completó
Candy sintió que el corazón se le iba a salir del pecho
-Lo lamento, pero no -interrumpió el fiscal - necesito a Albert con Eleonor, ya ha tenido varias amenazas y muestras de agresión contra ella- el rubio asintió
y a Candy, terminó de salírsele el corazón, se había quedado sin él y se lo dieron a la actriz americana. El juez llamó al jurado, las puertas adjuntas estaban a punto de abrirse y tras ellas estaba Candy esperando junto al Fiscal. Tragó saliva cuando escuchó que el seguro de la puerta se soltaba. Al otro lado la recibieron flashes de cámaras que la descoloraron más de lo que ya estaba. Reconoció a Thompson y a Robert Grandchester a un costado de la sala. Miró al juez en lo alto de la palestra. El fiscal Cornwell le indicó dónde sentarse. Vio a Eleonor Grandchester entrar a la sala y a Albert asistiéndole para buscar lugar...otra vez sus manos...
Candy el detective es mucho mayor que tú
Se abre el presente juicio en contra de...
Candy el detective es mucho mayor que tú
...frente a las víctimas Annie Britter de 12 años...
Qué hermosa es
y Candy White de 15 años...
Hacen bonita pareja
-¡Señorita White! - la despertó el golpe del martillo del juez
-Sí, señoría -levantó la mano - aquí estoy
-No parecía, señorita, White, ¿se encuentra bien o necesita salir?
-Yo... - miró a su al rededor, buscaba su mirada hasta que la encontró -estoy bien -esa mirada no puede no significar algo...-gracias - bajó la mirada y el juez consintió en continuar...el fiscal abrió la sesión...Candy se sentó, como todos, excepto Albert que quedó a la periferia de la sala mirando los rizos de la joven.
- ¿por qué te confunde detective?
por sus ojos...el brillo de sus ojos
- ¿de verdad? son bonitos, ¿no le parece?
por supuesto que sí.
La gran puerta de madera se abrió de par en par dando paso al fiscal Cornwell que caminaba junto a la señorita Candy White. Los flashes de las cámaras la aturdían tanto que en un momento resbaló. Un abrazo firme en su cintura la sostuvo y evitó que cayera. Pudo reconocer los ojos azules del detective Andrew sobre sus hombros. Se preguntó cómo había llegado hasta ella si él se había quedado junto a Eleonor Grandchester cuando las puertas se abrieron. Quiso agradecerle, pero así como Albert la sostuvo para evitar su caída, la soltó. A la joven no le dio tiempo de agradecerle si quiera. Cuando volvió la vista para buscarlo él ya estaba guiando a Eleonor para salir ilesa del ataque de las cámaras y micrófonos que los rodeaban.
-Prepárate - advirtió el fiscal que aún caminaba junto a ella - al salir te esperan más reporteros, los que no pudieron entrar, te preguntarán muchas cosas -le decía mientras la invitaba a caminar - ignóralos, Terry y Susana te llevarán a casa
-¿casa, cual casa? - preguntaba ella confundida.
A lo lejos miró a Terry y a Susana que esperaban con Annie sobre un pasillo lateral para poder salir con ella
-A la casa segura, ellos te informarán qué sigue - volvió a decirle- te buscaré en próximos días
-Y...¿qué sigue?
- volver a empezar
La chica miró a sus espaldas, quería saber si él venía tras ella. Pero Albert y Eleonor se perdieron en el cruce de unas escaleras que llevaban a una salida trasera. Candy alcanzó a mirar el rubio cabello del detective y sintió un hondo vacío en su interior. Volvería a empezar, como siempre empezaba, sola.
Cuando llegaron hasta Terry, él y Susana la recibieron con un abrazo. La joven embarazada la felicitó por su valentía. Annie también la abrazó.
-A partir de ahora, podrás dejar de sentir miedo - le dijo Terry - ni mi padre ni nadie más te hará daño - concluyó
La chica no sabía cómo asimilar esas palabras. Sólo atinó a asentir con la cabeza en silencio. Terry y Susana supusieron que era por el proceso que había atravesado, pero lo cierto era que Candy se moría de ganas por preguntarles por Albert. Sólo Annie pareció entenderla, pero ni ella dijo nada. Todo había sucedido tan rápido.
Los abogados defensores en el juicio fueron temerarios con ellos. El juicio duró varias semanas en las que tanto Candy como el fiscal se vieron acosados con preguntas directas y despiadadas. Las explicaciones tan detalladas que los abogados defensores aturdían a la joven, que a cada cuestionamiento buscaba la mirada de apoyo del detective Andrew. El azul de aquellos ojos la hacía sentir más tranquila cuando debía soportar indirectas o peor aún las preguntas de reporteros.
Ahora que el juicio había terminado, esa mirada se había ido. Se perdió entre la multitud de gente embotada a su al rededor. Susana la conducía a un auto color negro, atrás de ellas venían Annie y Terry cerrando el paso a los periodistas.
Todo parecía moverse tan rápido. Candy entro al auto y ocupó una plaza junto a la ventana, luego entró Annie y al final fue Susana la que cerró la puerta. Ella y Terry ocuparon los lugares adelante. Annie se abrazó con fuerza a la joven rubia. "Lo lograste Candy" le decía, pero ella sentía que la escuchaba demasiado lejos a pesar de tenerla tan cerca. En su rostro se formó una media sonrisa que intentó reconfortar a la niña, no sabía si lo había conseguido. Por el apretón que Annie dio en su abrazo, Candy intuyó que no.
Acarició con ternura los cabellos castaños de la pequeña y miró a través del cristal de la ventana cómo los periodistas eran dejados en el camino. El auto ya estaba andando, pero la cantidad de periodistas era tal que iban algo lento. Terry y Susana comentaban algo entre ellos "Ojalá todo vaya bien.." también los escuchó hablar de su madre, "Tal vez sea bueno que regrese a Londres" decía Susana, Terry estuvo de acuerdo...A Candy, por otro lado, se le formó un nudo en la garganta. ¡No! quiso gritar desde el asiento trasero, "Que no se vaya..." pensaba, "porque si se va, él también lo hará"
Terry rodeó el recinto para tomar avenidas alternas. Quería evitar el tráfico de la zona, para lo que tuvieron que pasar por una calle lateral a la corte. Dejaron atrás a medio mundo periodístico y se cruzaron con Eleonor Grandchester, quien abordaba otro auto, asediada también por un pequeño grupo de reporteros con cámaras.
Candy la miró andar con sus zapatos altos y su figura de mujer madura perfecta. La piel pálida, labios rojos y el peinado perfecto. Se vio por el reflejo de la ventaja contrario y odió sus rizos alborotados, sus labios apenas rosados y las pecas escurridas por toda la cara.
¿por qué no podía ser bella y sofisticada? ¿por qué tenía aún ese cuerpo infantil? Quería que Albert se fijara en ella, que la escoltara y la protegiera como lo hacía con Eleonor Grandchester...quería...
-¿Candy? - levantó la mirada hacia Susana
-Disculpe, me distraje - contestó apenada por la clara ausencia
-Está bien, sólo preguntaba ¿qué tenías en mente? - preguntó - es decir, sé que es demasiado pronto y ustedes aún son muy jóvenes, pero Terry y yo hemos pensado que tal vez puedan quedarse con nosotros.
-¿quedarnos? - preguntó Candy confusa
-¡nos adoptarán!- intervino emocionada Annie.
Susana miró con una cálida sonrisa a ambas chicas y luego miró a Terry, quien respiró profundo y habló con ellas mirándolas por el espejo retrovisor.
-Sólo si están de acuerdo - dijo -creo que podríamos intentarlo. Pronto seremos padres y ustedes podrían quedarse con nosotros...
-¿y si no estamos de acuerdo? - preguntó
-Cómo dices eso, Candy, yo sí estoy de acuerdo - El auto se había detenido a causa de un alto, provocando una tensión poco usual.
-Bueno, entiendo que tengas desconfianza Candy -Contestó Terry reanudando la marcha - pero si no llegaran a estar de acuerdo -dijo esto mirándola por el espejo - podríamos fungir simplemente como Tutores legales.
Candy no contestó, fue sólo Annie quien se dedicó a preguntar por la diferencia entre la adopción y la tutoría. Susana le aclaraba las dudas explicando su situación de una manera consecuente con su edad. Terry, por otro lado, miraba atento el perfil silencioso de Candy que, desde hace un rato, no apartaba la mirada del camino y recordó una de sus charlas con Albert mientras el juicio acontecía. "Puedo ser su tutor legal" había dicho su amigo, de ahí sacó la idea cuando Candy le dijo que no estaba de acuerdo en ser adoptada por él y Susana.
-¿ Su tutor? - preguntó ingenuo - ¿ y qué vas a hacer con dos niñas, Albert? vives en una ciudad peligrosa y ruidosa, no tendrías tiempo para educarlas
Las puedo llevar a la casa de mi familia
-Bueno, si las llevas con Elroy no sólo deberás ser su tutor, sabes que a ella le gustan las cosas derechas, o les das tu apellido o dejas que alguien más las ayude.
Estoy seguro de que entenderá. No es que no le quiera dar mi apellido, es sólo que...
-¿le quieras dar?
Es decir, les quiera dar, a ambas...
-Albert, ¿qué sucede?
No sé de qué hablas ...sólo la quiero...las quiero ayudar
-Es menor de edad ...
¿Por quién me tomas, Terrence?
-Por mi amigo, Albert, por eso te lo recuerdo. Tiene quince años y estuvo a punto de ser vendida.
No tienes que recordármelo
-Pues parece que sí tengo que hacerlo, ¿qué te sucede?
No lo sé, Terry, no lo sé, no puedo dejar de mirarla. Sus ojos, su boca, su cabello, todo me recuerda a Rose...todo me recuerda a ella y pienso que podría ser ella, pero...pero
-Pero?
Pero luego algo dentro de mi se enciende, como una pequeña flama de una vela que apenas tiene vida y va creciendo con forme sonríe...diablos, Terry sé que es una niña y me siento un monstruo, pensé que...
-amparándola legalmente esta idea se te iba a ir, pero Elroy no te dejará, así que te volverás su tutor y la mandarás lejos a un internado, para ver si así se te va la idea y si no, bueno, no hay problema porque alejaste la tentación y cuando termine la escuela será mayor de edad y podrás tirártela, no?
¡No, no, no, no! Así no, no estoy pensando apartarla para mi...
-Entonces? porque eso es justo como comprarla, sabes
¡No vuelvas a decir semejante estupidez!
-Puedes amenazarme y arrugarme las camisas que quieras Albert, pero eres mi amigo y no dejaré que cometas una tontería. Lo que tu sientes es afecto por ella, uno inigualable porque te recuerda a tu hermana y la quieres proteger dando tu vida entera. Pero ella no es Rose.
¿qué hago entonces?
-Deja que yo la adopte, déjame a mí darle mi tutoría
¿qué?
-Y si esta sensación tuya de protección dura lo suficiente como para que sepas distinguirla entre lo filial o no, entonces llévala con Elroy, pero no para adoptarla.
El auto aparcó cerca de la residencia Grandchester. Eleonor supuso que un grupo no moderado de periodistas la estarían esperando en las puertas de su casa, por lo que Albert decidió dejar el auto unas calles antes y caminar hacia los jardines traseros de la casa. No era algo que a Eleonor le agradara, pero aceptó. Ya había notado cierta ansiedad en el joven cuando miró pasar el auto de Terry rumbo al oriente de la ciudad. El rubio no quitó la mirada del auto hasta que éste se perdió entre el tráfico.
Conocía a Albert desde que era niño y sabía que los sentimientos del joven eran ingenuos y puros, no dudaba que en su interior crecía una sensación de incertidumbre y desconcierto por lo que sentía. Notó de inmediato que la jovencita de rubios rizos y verdes ojos despertaba en el detective algo más que instinto fraterno de protección. Y no lo culpaba, sabía que en su interior luchaba contra todo intento de abuso, entendía lo contrariado que debía sentirse. Por ningún motivo sospechaba de mala manera de Albert, pero también sabía que no debía dejarse llevar y tomar a la ligera el abismo de edad que existe entre ellos.
Ella no era particularmente una persona moralista, pero entendía que existe un momento para todo. Y luego de lo que Candy había pasado, ea momento de que ella encontrara un poco de paz y felicidad para ella, y experimentara lo que una adolescente sana debería disfrutar. Tener amigos, salir de compras, pijamadas. Todo eso era algo que Candy se había privado por madurar tan rápido.
-Uno siempre piensa que es lo suficientemente maduro para hacerse responsable de ciertas cosas, pero nunca podemos estar seguros, ¿no te parece? - preguntó ella de repente cuando Albert ya había empezado la marcha
-lo siento, no entiendo Eleonor
-Solo digo que Candy ha sido una jovencita muy valiente, obligada a madurar más pronto de lo que la mayoría lo hace...
-Sí, es una joven muy madura, pero eso no significa que no siga siendo una...niña -contestó él con un tono más bien entristecido
-Una niña que se convertirá en una mujercita esplendorosa, de grandes virtudes y una belleza inigualable
-¿cuál es el punto, Eleonor?
-No hagas cosas buenas que parezcan malas, querido - tomó un aire serio -esa niña te adora, se le nubla el juicio cuando te ve, es claro - dijo encogiéndose de hombros
Él rió nervioso - no puede ser que estés diciendo estas cosas luego del juicio -rebatió
- No se puede negar lo evidente, tú lo sabes- insistió -te buscó todo el tiempo, te llamaba su mirada y respondías, no digo que esté mal ...
-Pero no es aceptable, lo sé, le doblo la edad, no soy ni quiero ser un monstruo
Eleonor sonrió con este último comentario. Albert la miró con el entrecejo fruncido. No comprendía cuál era la gracia.
-No pienso que lo seas, Albert.
-entonces, ¿cuál es el punto? No hagas cosas buenas que parezcan malas - continuo exasperado - ¿no era eso lo que quisiste decir? Que no me acerque y que no le de ideas equivocadas a Candy
-Lo que trato de decirte es que le des la oportunidad de vivir la vida que siempre debió tener. De convivir con chicos de su edad, de estudiar, de soñar y de vivir lo que le toque vivir. Ella no te olvidará Albert...
-Terry te contó, cierto?
-Bueno, comentó un poco, pero hay actitudes que parecen más que evidentes
-No quiero ser su tutor para tenerla conmigo, no soy ningún aprovechado o un hombre al acecho como para conservarla hasta que cumpla la mayoría de edad
-Jamás he dicho eso - replicó
-Hablas como si así fuera - sentenció deteniendo el auto.
En casa, Terry y Susana hablaban sobre los trámites de tutoria. Conservarían sus respectivos apellidos, pero estarían legalmente a cargo de ellas. Para fines legales, Terry y Susana proveerían las necesidades que su manutención y educación exijan. Annie estaba más que emocionada, Candy trataba de mostrarse interesada e ilusionada, pero en el fondo sentía miedo. Algo le decía que todo aquello significaba ir lejos, a otro lugar para poder vivir, dejar de ver al detective Andrew.
Había tenido la esperanza de volver a buscarlo al terminar el juicio. Pensó que podría buscarse un trabajo bien pagado, tal vez con ayuda de los detectives, y que ella y Annie seguirían viviendo juntas, pero en un mejor departamento, por lo menos en una zona menos peligrosa. Así podría frecuentar al detective, saludarlo y agradecerle por rescatarla. Pero todo parecía indicar que así no iba a poder ser. Lo que Terry y Susana decían le daba a entender que las cosas funcionaban diferente.
El mundo para ella, siempre había funcionado diferente.
Quiso rehusarse, pero no pudo. No iba a hacerlo. Annie estaba de por medio. También debía pensar en ella. Cuando los trámites de la tutoría estaban avanzados y las dos niñas estaban preparándose para abandonar la casa deseó con toda sus fuerzas ver por última vez al detective Andrew y tener la oportunidad de pedirle que no se olvidara de ella. Hubiera deseado verlo, pero él nunca iba, sólo Terry y Susana. De vez en cuando Eleonor, a quien Candy no dejó de resistir y celar su belleza, a pesar de lo amable y accesible que era.
Pero un buen día, como deseo de cumpleaños, cuando Annie abrió la puerta, esperando encontrarse con Terry para cambiar de residencia, Albert entraba con su porte elegante y el resplandor de sus ojos azules a iluminar su partida con una sonrisa sincera.
-He venido a ayudar con la mudanza - dijo feliz
-No tenemos tantas cosas- contestó Candy sin quitarle la dulce mirada de encima -pero muchas gracias por venir
-Siempre que sea necesario, Candy - contestó el sosteniendo en sus manos la pequeña maleta que hasta entonces cargaba la joven -espero que esta nueva vida sea como la esperaban...sé que Terry y Susana las cuidarán bien
-Pero no viviremos con ellos - dijo Annie- Iremos a una escuela
-Al Colegio San Pablo - completó Candy sonrojada - aún pienso que es demasiado
-No digas eso Candy, disfrútenlo, todo lo que puedan, Terry y yo estudiamos en el mismo colegio
-Eso nos dijo, y también nos contó que los castigaban mucho
-Annie, no seas impertinente
Albert rió -Está bien, la verdad es que sí fuimos un poco rebeldes -entonces la miró -por favor sé feliz y cuando necesites algo, puedes llamarme
Candy asintió. Se había quedado sin palabras, hasta que recordó su deseo de pedirle no olvidarla...
-Por favor, detective...
-Albert, Candy, -dijo él- llámame Albert
-Sólo quería decirle que estamos muy agradecidas por su ayuda...- se sonrojó
-Ojalá nunca se olvide de nosotras - Albert sonrió
-No Annie, eso nunca -prometió.
