Hola! Muchas gracias por el apoyo que han mostrado por la historia, de verdad muchísimas gracias, no tienen idea de cuánto me alegra que muchas hayan retomado y otras permanezcan atentas y vigilantes a las actualizaciones. La verdad me da muchos ánimos y, pues, como les comenté, este drama va caminando de poco; la verdad es que las cosas se van poniendo tensas, pero hay momentos de respiro. En este capítulo Candy va enfrentarse a muchas cosas, sentimientos, emociones, noticias, espero que no lo sientan tan cargado de muchos eventos. En fin, ya no les entretengo más, espero que disfruten la lectura. Y para las que esperan a que los capítulos avancen...aquí va uno más!
Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora
Capítulo VII
La libertad condicional que ganó el abogado de Robert Grandchester fue inesperada para todos. Archibald Cornwell, como fiscal del caso, fue el primero en enterarse. El Estado le asignó la tarea de encontrar algo con lo cual enjuiciarlo de nuevo, aunque esto resultaba ser complicado; fuera del acuerdo de compra-venta al que había llegado con Thompson, no había pruebas lo suficientemente sólidas de algo que se considerara ilícito. Junto con su hermano Stear emprendió un trabajo en conjunto para abarcar dos frentes y poder encontrar algo que les permitiera construir un nuevo caso. No la tenían fácil, pero acordaron abarcar tanto el espacio público como el privado; los contactos de Stear como abogado independiente facilitarían la búsqueda de indicios que pudieran aportar algo a la construcción de un caso. Por otro lado, Archie, desde su posición como fiscal, reclutó a Albert para volver a la evaluación de las pistas reunidas durante el caso Thompson, excluyó a Terry, por el parentesco con el acusado, como es natural y previno la insistencia de Eleonor para participar. Advirtió también de las posibles complicaciones que Candy pudiera tener con la liberación de Robert, Albert se encargó de externarlas con vehemencia. Pero él consideró que la joven no corría peligro porque los nuevos cargos que se le imputaran a Robert serían ajenos a ella; debido al sistema de justicia, no se le podía acusar dos veces por el mismo delito. A todo este escenario se sumaba el acoso de la prensa y las vísperas navideñas.
-La liberación de Robert no podía llegar en peor momento – concluyó mientras acomodaba sus gafas –el abogado fue cauteloso y planificó todo; sabía que por la temporada no podríamos conseguir nada
-Estoy preocupado por Candy – soltó el expediente que estaba leyendo –regresa de Londres y se encuentra con esta noticia
-Terry lo resolverá – replicó el otro –se comprometió a hablar con ella de todos modos, quedará fuera de esto, no podemos armar un caso con ella otra vez, sabes que es imposible
-No me refiero al caso, sino a Robert – peinó con la mano los cabellos rebeldes que se escapaban de su agarre – temo que puedan hacerle algo
- ¿puedan? – miró al rubio con suspicacia
- Robert no está solo en esto – contestó mirando el péndulo que se movía sobre el escritorio de Archie –alguien lo está ayudando, tal vez algunos políticos locales –decía – no lo sé, debemos agotar todas las posibilidades
-Tendremos todo cubierto –intentó tranquilizarlo – Terry y Stear se encargarán de ello –se levantó de su silla - ¿Por qué no vas a casa a descansar? –empezó a guardar algunos documentos en su portafolio –es más – extendió una carpeta que tenía "Auditorias" como rótulo en la portada –lleva esto con Terry, es el archivo de gastos de la embajada, quiero que la revise con cuidado
- ¿es preciso que lo haga él? –preguntó todavía sin tomar la carpeta en sus manos – puedo hacerlo yo
- te necesito activo y libre para volver tras los pasos de Thompson - ordenó el fiscal dejando la carpeta sobre una torre de archivos – si no la llevas hoy, no la olvides en navidad, de todos modos, nos veremos ahí, ¿no?
-No estoy seguro de ir este año – aclaró tomando su abrigo – pero ten por seguro que se la entregaré
- ¿Bromeas? – él también se colocó el abrigo – el año pasado te fuiste antes de que llegaran Candy y Terry del aeropuerto, ¿todo bien?
- Me encargaré de ella – dijo tomando la carpeta entre sus manos –nos vemos mañana – de despidió sin mirarlo a los ojos, tampoco esperó a que saliera de su oficina. Caminó hacia los ascensores. Adentro Archie lo alcanzó. Volvió a preguntarle si todo estaba bien. Él rehusó contestar directamente, eludió la pregunta tocando asuntos sobre el caso y el cansancio que le provocaba, hasta que Archie hizo otra pregunta incómoda para él
- ¿Terminaste con Eliza? – era impropio de Archie hacer preguntas personales – lo pregunto porque Terry insinuó algo sobre tu pesadumbre – emitió un quejido parecido a una sonrisa como respuesta, mientras salía por las puertas que se abrían -nos vemos después, Archie – se despidió levantando la mano
-bueno, esto es todo lo que puedo hacer, Terry
Los ánimos no eran precisamente buenos en casa de los Grandchester, la noticia de la libertad condicional a Robert cayó como balde agua fría en plenas fiestas navideñas. Annie y Susana procuraban esparcir la nube gris sobre sus cabezas, aunque para Terry y Candy era complicado entregarse a la tranquilidad de las fechas. Sin duda, el detective fue uno de los más afectados. Igual que su madre, pensaba que Robert no saldría sólo para disfrutar del sol sin molestar a nadie. Albert ya lo había insinuado, no estaba solo en una jugada como esta. Pero procuró mantener todos estos pensamientos guardados para las reuniones en la comisaría, a las mujeres de su familia les dijo que todo estaba bajo control. A Candy le aseguró que nada de lo que sucediera con Robert le afectaría en su vida. Ella, por su parte, se retraía con facilidad pensando en las posibilidades de que Robert Grandchester volviera, tal vez no sobre ella, sino sobre Annie.
Ahora más que nunca resonaba en su cabeza la dedicatoria en el anuario de Marie Rose Andrew. Después de las vacaciones navideñas, debía regresar a San Pablo, algo en esa nota no la dejaba tranquila. Podrían ser sólo fantasías suyas, pero el comportamiento de Robert Grandchester era, a juicio de Susana, imprevisible, y ella confiaba en la capacidad de análisis del perfil psicológico de Susana.
A pesar de que ahora todo era incierto, sabía que lo más importante era reunir información sobre él.
-seguro que Terry y Albert se encargarán de reunir información para el caso, pero prestarán poca atención a Robert Ggrandchester – maquiló la chica mientras preparaba el chocolate caliente que prometió para la cena
-No me lo tomes a mal, Cady, pero ¿no te parece que por eso son detectives, porque piensan en todas las posibilidades? – contestó Annie sacando cuatro tazas – además, Terry dijo que hay todo un equipo trabajando en el caso
-No dudo de sus capacidades – empezó a servir – pero existen otras opciones que tal vez no hayan visto todavía
-No sé qué locura estés tramando ahora – tomó dos tazas para llevarlas a la mesa - pero recuerda que aún no eres detective, deja que ellos se encarguen y trae los malvaviscos – ordenó. A la rubia no le molestó el comentario de su hermana, tenía razón, aún no era detective, ni siquiera podía decir que era psicóloga, pero lo que había estudiado hasta ahora, le permitía pensar que personas como Robert no toleran las humillaciones o lo que ellos consideren una humillación.
– ah! ¿Candy…?
-Ya tengo los malvaviscos – mostró la bolsa. Annie estaba pálida - ¿qué tienes?
- ¿recuerdas la plática que tuviste con la madre de Terry hace dos días? – la rubia asintió – pues espero que hayas pensado también en las posibilidades sobre eso porque, Albert acaba de llegar
La sorpresa fue tal que dejó caer los malvaviscos. Susana llegó para considerar una taza extra de chocolate para Albert. ¿Viene por lo del caso? Escuchó que Annie preguntaba. Susana lo confirmó.
-Seguramente se quedarán en el estudio un largo rato – preparó el chocolate - ¿Podrías llevarles el chocolate, Candy? – Cargó a la niña –tengo que dormir a Sohpie, es muy tarde para ella.
La joven asintió. Annie le entregó una bandeja. –Suerte – tomó y caminó hasta el estudio. Sentía que el corazón se le salía del pecho. Pensaba tantas cosas, tantos años sin ver a Albert que no podía contener su nerviosismo. El tintineo del cristal contra la plata de las cucharas se escuchaba como campanillas o eso pensó. Pasó frente a uno de los espejos que adornaban la pared y se paralizó al ver la mancha de harina que tenía en la cara. "No puede ser, la harina de las galletas" Se dijo que no podía verlo así, la seguiría pensando como una niña; dejó la bandeja sobre una pequeña mesa y empezó a limpiarse con las manos mientras se veía al espejo. "Cielos, me manche más"
- ¡no puede ser, me veo horrible!
-Eso nunca - El timbre de esa voz – déjame ayudarte – era él, acercándose, se veía impresionantemente alto, delgado, bello. Estaba hipnotizada por el color tan profundo de sus ojos. Esos dos luceros marinos encerraran una tormenta que la llamaba, parecían gritar su nombre "Candy, Candy" decían y no dejaba de escucharlos. Sintió que el piso bajo sus pies de movió de pronto, miró para cerciorarse de que la alfombra estuviera en su lugar, pero en vez del color opaco del tapete había olas embravecidas que golpeaban rocas blancas en una costa. De repente no estaba en casa, sino en un lugar lejano, aislado de todos, flotando con Albert frente a ella sosteniendo sus manos. Movía sus labios, pero ella sólo miraba sus ojos. "Candy, Candy" llamaban.
- ¡Candy! – el frío tacto de la mano sobre su mejilla la trajo de regreso - ¿estás bien? – sostenía con ambas manos su rostro - ¿estás enferma? – el mar embravecido de repente se convirtió en un oleaje apacible
-no – y de repente recordó los últimos siete años de su vida, tiempo en el que soñaba con el reencuentro –estoy bien, no te preocupes – posó su mano sobre la de Albert – quiero decir, ahora estoy bien –y no pudo evitar soltar una lagrima, no sabía si de tristeza, alegría, conmoción o si se trataba de las tres emociones juntas, pero lo único cierto era que él estaba ahí y ella podía verlo y además sentirlo
- Candy no llores – le dijo secando las pequeñas lágrimas que salían. Ella sonrió recargando su rostro sobre la fría piel de sus manos – por favor, no llores – la abrazó, la llevo cerca de su pecho y la abrazó con cuidado, temeroso por la calidez que sintió al tenerla cerca, por primera vez, cerca desde que la conoció. El vértigo que venía sintiendo desde hace años se esfumó en el mismo instante en que respiraba el aroma floral de sus rizos. La suavidad de su cabello y el calor que emanaba su cuerpo le resultaron reconfortantes. Los malestares del insomnio y las ideas volando por su cabeza se vieron expulsadas, una nueva energía le llenaba el cuerpo de vida nueva.
-yo …-lo rodeó con sus brazos respirando el aroma tan reconfortante que tenía – estoy feliz de que estés aquí – quería decirle que sabía de sus visitas a Londres, que supo de los cumpleaños en San Pablo, de los cuadernos y de los libros, quería decirle tantas cosas que al final decidió guardar silencio para memorizar los latidos de su corazón
Eran ajenos al mundo en ese momento, ajenos también a las miradas que los descubrían en medio de la oscuridad del pasillo. Susana pensó en intervenir; pidió a Annie que cuidara de Sophie mientras asistía en el caso con Albert y Terry, pero al doblar la esquina se topó con los dos rubios abrazados en medio del pasillo. Terry, que estaba de pie en la puerta del estudio le hizo una señal para no interrumpir. Se llevó ambas manos a la cabeza y respiró profundo. Se sintió aliviado y un poco miserable.
-se aman –susurró antes de volver a entrar y cerrar con cautela la puerta del estudio – pero todavía no era tiempo-decidió empezar a revisar esos archivos que Archie le había mandado, la noche iba a ser larga.
Afuera, Albert y Candy seguían hechizados por el encuentro, pero fue él quien se separó para volver a mirarla. Dio un tímido beso a su mejilla y tomó distancia. Aunque a Candy no le gustó esa sensación de lejanía, supo que venía lo realmente complicado, hablar. Ella tenía tantas cosas que decirle y agradecerle, supuso que él también tenía intenciones de hablar; y así era, pero ninguno sabía cómo empezar.
El rubio guardó las manos en sus bolsillos, ahí estarían quietas –lamento tardar tanto en llegar a tu encuentro, Candy –empezó –es sólo que pensé que la distancia te…- se corrigió –pensé que la distancia me haría bien –ella lo escuchaba – yo… -se llevó una mano a la cabeza –he estado inquieto todo este tiempo, pensando en cómo disculparme contigo…-
-no, Albert –lo interrumpió – yo entiendo, no tienes que disculparte
-sí tengo, Candy – recargó su espalda sobre la pared y levantó la vista al techo tratando de buscar las palabras adecuadas –leí cada una de las cartas que enviaste– escuchó que su respiración se hizo más pesada, pero aun así no la miró si lo hacía correría a abrazarla otra vez y necesitaba terminar de disculparse–quise responder, pero no sabía qué decir –miró la pared del otro lado – yo procuraba estar bien al cerciorarme de que eras feliz y Terry – la vio moverse junto a él –Terry se encargaba de hacerme saber que lo eras
El silencio se impuso por unos minutos. Se extendió por toda la casa. Si Terry trabajaba en el caso, no lo parecía, el estudio y las demás habitaciones y pasillos de la casa se encontraban ausentes de sonido o movimiento.
-Yo he estado bien –su voz se escuchaba como un eco. Escondió sus manos en la espalda apenada por el tono, no esperaba que resultara tan infantil. Albert la miró sonriendo –todo este tiempo he estado bien, Albert, pero no era feliz – lo vio inquieto – yo pensé que no querías saber nada de mí o que tal vez me habías olvidado
-Oh, Candy – le tomó el rostro otra vez - ¿cómo podría si cada día y cada noche me pregunto cómo estás? – ella sujetó sus manos
-ahora lo sé, Albert, sé que has sido tú –quitó las manos, descolocándola un poco, pero antes de que se fuera las volvió a sostener – sé que eres tú el que me regala los cuadernos de piel – quiso zafarse–también sé que fuiste al colegio San Pablo el día de mi graduación
-suéltame, Candy –exigió –no quise acosarte
-Está bien, Albert, no pasa nada –no lo dejaba ir –no me has acosado
- ¡que me sueltes, te digo! – gritó
- ¡Albert! – salió Terry, pero el rubio ya se había soltado - ¿todo bien? –preguntó empujando a Candy para atrás con un brazo
– Todo bien, Terry, por favor déjanos solos – empujó al castaño que le impedía acercarse a Albert
- ¡no! – pero él la detuvo con una mano –tengo que irme – Terry la sostuvo.
-Déjalo, Candy, necesita pensar – ella se soltó
-necesita escucharme – lo miró desafiante antes de salir tras Albert
- ¡Maldita sea, Candy, todavía no es el momento! –fue tras ella. Se encontró con Susana y con Annie que preguntaron por lo que había sucedido. Pidió a Annie acompañarlo después de coger el abrigo de Albert y otro para Candy; mientras que a Susana le pidió ir por el auto. No pensó que hubieran ido tan lejos, pero los terminó encontrando fuera de la casa, Albert caminaba sin rumbo preciso a mitad de la calle mientras Candy gritaba su nombre y corría para alcanzarlo
- ¡por favor, Albert, habla conmigo! – rogó cuando logró detenerlo
-Candy, necesito irme
-Regresemos adentro, ¿sí? – pidió sin soltarlo del brazo – hace frío y mira –levantó la vista – está nevando –miró lo rojas que estaban sus mejillas y nariz, y se sintió culpable
-lo siento, Candy – pero ella lo callo con una mano en sus labios. Volvió a tomarlo de la mano tratando de sujetarlo con firmeza y empezó a caminar con él siguiéndola.
-Mira, es Terry – lo miró sonriendo. Él siguió el soplo de calor que expulso su boca hasta perderse en el aire –seguro viene por nosotros – lo sintió soltarse. Entró en pánico, pero estaba lista para correr otra vez si era necesario. Él se quitó el suéter negro que traía puesto y se lo entregó. Candy lo tomó mostrándose agradecida. Cuando Terry los alcanzó ella ya estaba entrando en calor por la suave tela. Candy se puso junto a Albert tratando de dar aviso a Terry de que no dejaría que se fuera tan pronto.
-En verdad, tengo que irme Candy – se dirigió a ella con un dejo de tristeza
- ¡no, Albert…-Annie la interrumpió cuando llegó corriendo con los abrigos en sus manos. Terry tomo el de su amigo y se lo extendió. El rubio se soltó del agarre de la joven.
-Toma, Candy, póntelo – se lo dio Annie
-Te llevamos a casa – Dijo Terry mirando también a Candy
-no es necesario
-Susana vendrá con el auto, Candy y yo te llevaremos – insistió– sé que vienes a pie – Pasó una mano por su cabello y terminó asintiendo en silencio. Candy sonrió. Miró a Terry agradeciendo el gesto, mientras éste rogaba haber hecho lo correcto.
Susana no tardó en llegar. Terry y Albert subieron adelante y Candy los siguió en los asientos traseros. El viaje fue silencioso, ninguno de los tres hablaba, ella intentaba estar atenta al camino, sería la primera vez que iría a la casa de Albert, los dos hombres, por su parte, se encontraban en un dilema cada uno. El rubio estaba inquieto, aún con la sensación cálida por la presencia de Candy y por la súbita caída a la realidad, temía haberse vuelto un Thompson o un Robert más. Tal vez Candy no se percataba aún, pero visto de una manera racional no había forma de que su comportamiento se calificara como amor sino como acoso, vil acoso. Terry, por otra parte, se reprochaba por haber alimentado la existencia de esta brecha tan…innecesaria entre ambos. Si hubiera ayudado a Albert a descubrir cuáles eran sus sentimientos por la joven en vez de incitarlo a salir en citas que le conseguía, tal vez ninguno tendría que estar sumido en ese silencio atroz.
Cuando llegaron, Candy se vio sorprendida al reconocer el barrio donde vivió mientras ella y Annie eran rehenes de Thopmson. Esto la sacó de su centro por un momento y no pasó desapercibido por los detectives.
-Es normal – le dijo a Albert dándole una palmada en la espalda para animarlo a caminar –vamos, Candy – la llamó y después echó una mirada alrededor. La joven reaccionó tardíamente
-No es necesario que salga – dijo devolviéndole la palmada –llévatela
- ¡No! –salió del auto - ¡por favor, dejen de tomar decisiones por mí! – cerró la puerta del auto –soy una mujer adulta ahora – los miró desafiante – me gustaría hablar contigo, Albert
-Candy –intervino Terry –No creo que Albert esté en condiciones de hablar ahora
-Entonces, vendré a verte mañana –insistió
-No –aclaró el rubio –iré a casa a buscarte, hablemos mañana – la chica aceptó con un poco de reticencia. Acordaron verse mañana después de que terminará de revisar algunos asuntos del caso con Archie. Ella se acercó y besó su mejilla para despedirse. Por favor, duerme bien, le dijo y entró al auto esperando por Terry.
- Sácala de ahí – dijo el castaño mientras caminaban hasta la entrada del edificio – creí que habían terminado – el rubio suspiró, mirando la ventana del quinto piso
-lo hicimos – volvió a despedirse y entró sin esperar a que Terry respondiera. Hubiese querido mirar otra vez a Candy, pero tenía ya muchas cosas que arreglar. Caminó con pesadez hasta el viejo ascensor – Eliza – estaba en medio esperando por él y parecía que desde hace bastante tiempo.
En Londres las fiestas navideñas se vivían con poca emoción. De toda la familia ya sólo ella y William eran los únicos que pasaban juntos esa fecha, aunque cada año parecían tolerarse menos. A veces eran los Cornwell quienes visitaban la mansión, parientes legados por los vínculos familiares en la historia de los Andrew, pero esto no ocurría con frecuencia. El silencio parecía apoderarse cada vez más de la vieja casa.
-Llegará el día en que todo se lo comerá – se dijo mientras tomaba su bastón para caminar
-señora – llamó Sil, su asistente de mayor confianza – el abogado Leagan la busca - agradeció el anuncio y salió a recibirlo ella misma.
-señor Leagan – llamó al distraído joven – bienvenido
-señora Andrew – tendió la mano con una ligera inclinación que a ella le resultó irritante
- ¿qué noticias me tiene? – entró en materia invitándolo a seguirla hasta la estancia
-el señor Robert Grandchester saldrá libre un día después de navidad, pero me temo que no podrá salir del país mientras se encuentre en libertad condicional
- pensé que eso podría arreglarse- ambos se sentaron en los sillones del salón
-el fiscal es muy bueno, señora – ella pensó que así era, conocía a los Cornwell desde hace mucho –consiguió retenerlo, ni siquiera el alegato de la salud del señor fue aceptado
-bueno, entonces debemos tomar otras medidas –pensó – Robert Grandchester no puede estar cerca de mi sobrino, es inaceptable
-Es posible que el señor pueda vivir en otra ciudad, pero no podrá salir del país
-bien, arregle su traslado a la ciudad más lejana
-lo intentaría, señora – dijo el abogado – pero…
-parece que no conoce otras palabras, señor Leagan, ¿cuántos peros más habrá?
- lo lamento, el señor Robert me entregó esta carta para usted – extendió una hoja doblada por la mitad. Ella la tomó, era más bien una nota que leyó y arrugó para arrojarla lejos
- ¿usted conoce el asunto de la carta?
-el señor mismo me la dictó
- ¿le contó lo sucedido?
- cada detalle, señora
- ¿entonces a qué demonios viene?
- a notificarle que mi relación con usted ha terminado – extendió un contrato sellado – este papel lo demuestra, presté mis servicios para conseguir la libertad condicional de Robert Grandchester y he cumplido con mi palabra, de ahora en adelante, seré el abogado del señor en exclusividad – continuo una vez que se puso de pie – formalmente le notifico que de no cumplir con las demandas de mi cliente, nos veremos en la penosa necesidad de revelar la verdad respecto a la muerte de Marie Rose Andrew y su hijo al señor Brown y al señor William Andrew, lo que generaría algunos inconvenientes legales para su familia.
Elroy soltó una carcajada malévola que hizo trastabillar al abogado - ¿demandan? – lo miró levantando la quijada – dígale a su cliente, señor Leagan, que siempre me ha resultado tan hilarante - continúo poniéndose de pie para confrontar al abogado – notifíquele, también, que no es el único que ha tomado precauciones – tomó su bastón – tal vez quiera enviar alguna tarjeta por las fiestas a su familia, dígale que yo puedo entregársela, junto con otros mensajes
La señora de la casa abandonó el salón dejando al abogado con la palabra en la boca. Estaba furiosa, especialmente por la habilidad de Robert Grandchester por ponerla entre la espada y la pared. Si no fuera por la terquedad de su sobrino al negarse a quedar al frente de los negocios de la familia, ella tendría mayor ventaja para hacer desaparecer al maldito Grandchester. Después estaba el asunto de los hermanos Leagan, se arrepintió de haber solicitado los servicios de Neil. No pensó que resultara ingenuo y ambicioso. Al menos ya no tendría que soportar su presencia, tampoco de la aprovechada de Eliza, afortunadamente William había terminado su relación con ella. El verdadero problema radicaba en pensar cómo responder a las amenazas de Robert, no podía permitir que William se enterara de la humillación a la que estuvieron a punto de someter a su familia.
-señora – la sorprendieron
- ¿qué sucede Sil?
-la señora Eleonor Grandchester está al teléfono
-Tomaré la llamada en mi habitación – sonrió – gracias
Tres días pasaron después de que Albert prometiera buscarla y no haber ido. Estuvo esperando todo el día por él. Annie trató de convencerla de que algo ajeno a su voluntad había ocurrido para no ir. Incluso Terry no tenía una respuesta concreta, pues él mismo había dicho que Albert tenía días sin aparecerse en su cubículo. Trabajaba con Archie en el caso de su padre ya que él no podía participar más que asistiendo en cosas pequeñas.
Intentó saber algo por medio de Susana. La psicóloga se comprometió a indagar sobre el rubio, pero tampoco consiguió darle una respuesta positiva. El área de delitos sexuales tenía poca o nula interacción con la de Albert; lo único que pudo averiguar era que tanto él como el fiscal trabajaban día y noche sobre el caso, incluso Albert volvía sobre los pasos de Thopmson para encontrar algún rastro de Robert. Todo esto lo supo Susana porque llegó una notificación a su departamento para liberar los expedientes de Thompson. No era mucha información, pero le daba algunas ideas por donde buscar.
- ¿cuáles ideas? – pregunto Annie mirando las notas que la rubia hizo en la pizarra de su cuarto–sólo son datos sueltos
-no, Annie – señaló las notas – algo sucede, puede estar relacionado con el caso, esa es una posibilidad – encerró con un círculo el nombre "Robert Grandchester"- pero cuando Terry y yo fuimos a dejarlo a su departamento, sucedió algo – señaló, también con un círculo "Casa de Albert" – ahí pasaba algo, no quiso que Terry y yo llegásemos hasta su departamento
-Tal vez solo no quería compañía – se encogió de hombros
-no, su mirada, su angustia, sus ojos decían otra cosa – se quedó mirando la pizarra – tengo que verlo y hablar con él
- ¿por qué no sólo esperas a que se vuelva a dar el momento?
- porque puede que pasen años otra vez y no lo voy a permitir – respiró – Albert piensa que me ha estado acosando; por los viajes mensuales a Londres, sus regalos, las fiestas, él cree que…se siente como si fuera
-Thompson
-o peor, Robert Grandchester
-debe ser terrible para él
-debo convencerlo de que lo que siente no es algo malo – se metió a la cama junto con Annie – tengo que decirle que yo me siento igual, que su confusión y cariño son correspondidos
-por dios, Candy –la miró seria – en verdad lo amas
-Llevo toda una vida sintiéndome aislada de mis propios sentimientos, pero ahí están, Annie, son persistentes, ni siquiera el paso de los años los han aminorado
- Seguro que Albert leyó la dedicatoria de Robert en el anuario de su hermana y se sintió asqueado, por eso no quiere ser igual
- ¡Dios mío, Annie! – saltó de la cama para correr a su armario
- ¿Qué diablos te pasa? – la reprendió - ¿por qué en el mundo gritas así de repente? Vas a despertar a todos
-Casi lo olvidaba –regresó con el anuario de Marie Rose para botarlo a la cama. Annie quedó impactada.
- ¿Por qué trajiste esta cosa aquí? – le gritó mientras la chica hacía un espacio en la pizarra para anotar con rojo "Marie Rose Andrew" – debiste regresarlo al archivo hace tres años, ¿estás loca?
- Tranquila, Annie, te gradúas el próximo verano de San Pablo, ese día regresaré el anuario – dijo buscando entre sus páginas las dedicatorias que escribían a Marie Rose – solo hay siente dedicatorias, no hay rastros de la firma de Albert
- ¿y? – preguntó extrañada la castaña
-que Albert no sabía de la dedicatoria de Robert Grandchester
- bueno, pero algo tuvo que saber ¿no? – parecía obvio para Annie – ese mensaje da miedo y no creo que haya sido lo único que le haya dicho
-buen punto – la miró fijamente, la joven se sintió satisfecha – creo que tienes razón – unió con una línea las tres pautas que debía resolver mientras trataba de conquistar a Albert: 1. Robert Grandchester, el caso seguramente mantenía al vilo a Albert y a ella también le preocupaba, sobre todo por la seguridad de Annie, pronto entraría a la universidad, pero no sería junto a ella, en Londres, además desconocían las intenciones del señor Grandchester, era un hombre que aún contaba con una buena fortuna aunque no con poder como antes. 2. La Casa de Albert, notó al rubio bastante nervioso e insistente en no hablar con ella esa noche en su departamento. Tal vez solo fueran fantasías suyas y Annie tuviera razón, él sólo no quería compañía, pero tenía un mal presentimiento, posiblemente fuera algo relacionado con el caso, tal vez Albert descubrió algo que no quería decirle a Terry por ser hijo de Robert y podría estar en peligro y 3. Marie Rose Andrew, el indicio que completaba el triángulo. Aunque fuera sólo una intuición, el anuario de la hermana de Albert revelaba más de un rasgo de la personalidad del señor Grandchester, seguro que si investigaba mejor podría encontrar una pista que ayude a tener una acusación contra él.
Cuando terminó de hacer sus notas se percató que Annie había caído rendida en un lado de su cama. Decidió dormir también, quería ir a buscar a Albert a la comisaría, pero antes debía ocuparse del anuario de Maerie Rose, ideó un plan para obtener más información y aprovechar la ocasión para ir a buscarlo.
-Terry dijo que lo liberarían un día después de Navidad, faltan tres días para eso …
-Candy, ya duérmete
La mañana siguiente llegó tarde para las hermanas. No despertaron hasta pasadas las diez. Candy fue la primera en reaccionar y maldecirse por la hora. "Debí despertar antes, tengo que hablar con Thomas" corrió al baño para ducharse y cambiarse lo más rápido posible. Annie la miraba con una sonrisa burlona
-definitivamente tienes mucha prisa – apenas se desperezaba – mira que usar calentadores rosas con un suéter negro que además te queda enorme – el suéter es especial y hace frío
- ¿a dónde vas de todos modos?
-Hoy es el último día de Thomas en Londres – dijo la chica buscando su abrigo rojo – quiero pedirle un favor antes de que vaya a la casa de su familia – contestó sin prestar más atención a lo que Annie le decía – tiene una prima que vive aquí, se llama Patricia O'Brian, necesito buscarla para que me dé su número y hablar con él - Apenas tuvo tiempo de meter su cuaderno y el anuario de Marie Rose a su bolso y salir corriendo del cuarto.
Escuchó que Susana seguía en la cocina, fue para saludar a la pequeña Sophie e irse, pero no estaba con su mamá. Candy hizo algunas señas a Susana para avisar que saldría porque estaba al teléfono, pero ella cubrió la bocina y le pidió esperar, "es importante" le dijo. No tuvo más opción que esperar, con ansiedad, a que colgara.
- ¿qué sucede? – la presionó una vez que colgó
-Era Terry – dijo – solicitó protección para ti y para Annie, además de una orden de restricción para evitar que Robert busque a la familia
- ¿por qué hizo eso? – de repente la ansiedad desapareció – creí que su liberación no nos afectaría
-Albert y Archie encontraron un indicio con el que van a intentar construir un caso – reveló –pero aún no hay nada concreto – se apresuró aclarar cuando vio a la joven ponerse nerviosa
- ¿qué encontraron?
-Ni yo lo sé, no soy parte del caso, de hecho, Terry tampoco debió enterarse, pero Albert se lo contó esta mañana
- ¿Están en la comisaría?
-Candy, por ahora lo mejor es que los dejes trabajar, no creo que sea buena idea que vayas
-No – confió – no voy a ir, tengo otra cosa que hacer, debo visitar a una amiga
-tampoco puedes salir –advirtió –no ahora, debes esperar a que los oficiales estén aquí, uno se encargará de estar cerca de ti – un escalofrío la tomó desprevenida, de repente se sintió otra vez de quince años, atormentada por la vigilancia a la que la sometieron durante el juicio.
-No puedo esperar – se recompuso – se me hace tarde, volveré antes de la comida, lo juro – salió sin responder a los gritos y advertencias de Susana. Cruzó la puerta y alcanzó a ver las luces de los oficiales que se acercaban desde la calle de enfrente. Pero ella corrió hacia el otro lado, para buscar un taxi. "Tengo que darme prisa, el club de ajedrez cerraba sesión en tres horas y no sé si Thomas vaya a quedarse más tiempo en el campus"
Mientras el conductor tomaba las calles menos transitadas que le habían indicado, ella miraba las notas que había hecho. Agregó la solicitud de "protección y restricción" que hizo Terry junto al nombre de Robert Grandchester. "¿Qué habrán encontrado?" se preguntó "ahora entiendo por qué Albert no fue a buscarme" pensó mirando sus notas otra vez sin estar segura de tachar "Casa de Albert" todavía.
En la comisaría Terry lucía enojado, uno de los oficiales llamó para avisarle que Candy había salido de casa antes de que ellos llegaran.
- ¡Esa mocosa! – colgó no sin antes reprochar la lentitud de sus compañeros. Pidió que la esperaran y que estuvieran al tanto del movimiento alrededor de la casa.
- ¿pasó algo? – preguntó Albert entrando a su cubículo con dos americanos
- Candy salió antes de que los oficiales llegaran – contestó tomando su vaso de café –pero tranquilo fue a visitar a una amiga, no te me vayas a poner tenso – aclaró cuando lo vio palidecer
-Que Robert no haya sido liberado todavía me deja un poco tranquilo – dijo el rubio sentándose en uno de los sillones frente al escritorio – pero saber que era un cliente frecuente de la red de trata me perturba bastante, debe tener contactos en varias partes de la ciudad
- ¡ese hombre me da asco! – se reclinó hacia atrás – no tienes idea de cuánto deseo verlo otra vez en prisión…
-pero… –lo miró
- pero mi padre no era tan poderoso, conocía y se vinculaba con varios políticos aquí, pero no gozaba de una fuerte influencia, al menos no como la de los Andrew
-Con influencia o no, es sospechoso que su defensa venga de un solo abogado y no de una firma –tomó de su café
– aún estoy sorprendido de saber que Neil Leagan es hermano de Eliza, no me lo esperé
-Para serte honesto, nunca la conocí nada más allá de su nombre de pila y que le gustan los restaurantes caros –resopló cansado por las largas noches que ha tenido – te agradezco que no le dijeras nada a Candy, todavía
-Se enterará, Albert, queramos o no, lo hará – se apoyó en el escritorio –más si Archie quiere abrir un caso por tráfico sexual, entiendes que no es lo mismo acusarlo de pederasta que de padrote, ¿verdad? – continuo – la llamarán a testificar
-iré tras Leagan y descubriré quién le pagó para defender a Robert – fue severo – sólo trata de que Candy esté a salvo
-No quedará tranquila hasta que no hable contigo – replicó el castaño ya un poco rebasado por la situación – al menos, envía un mensaje
-Nos veremos en navidad
- ¿irás esta vez?
- ¿acaso ya no estoy invitado?
-siempre eres bienvenido – encogió los hombros – sólo trata de que Eliza no te siga, aquí podemos arrestarla por escandalosa, pero si llega a gritar a mi casa…
-he hablado con ella…
-Detectives – era Stear el que interrumpía. Ambos quedaron atentos y alerta – los veo en la oficina de Archie, traigo noticias de Londres
