Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora


Capítulo VIII


Candy quedó sorprendida de que la prima de Thomas trabajara en una casa hogar. Cuando llego a su casa le dijeron que ella no estaba ahí, se había ido a su trabajo, pidió la dirección y tomó otro taxi para llegar pronto. El lugar era un gran edificio que lucía realmente muy viejo, le recordó el orfanato en el que vivó cuando era niña, aunque este era mucho más bonito, tenía jardines y zonas de juegos para los más pequeños. Recordó que una de las líneas de especialización en su universidad era psicología infantil, pensó que tal vez esa rama podría aportarle mucho más al momento de ingresar a la comisaría.

-Buenos días – preguntó una joven con lentes en un tono inseguro - ¿me buscaba?

-Hola, me llamo Candy Marlow – se presentó la rubia con una gran sonrisa – soy compañera de estudios de Thomas Steve en Londres – la joven respondió al saludo

-Mi nombre es Patricia OBrian –dijo – ¿en qué puedo ayudarte?

-Veras Patricia, necesito hablar urgentemente con Thomas, olvidé unos libros importantísimos en mi dormitorio y quisiera pedirle que me los enviara por paquetería

- ¿quieres que le hable? -preguntó ella buscando entre sus cosas su teléfono

- ¡no! – se adelantó –es decir, me gustaría que me dieras su número para hablarle directamente

-Sí, está bien – accedió sin muchos problemas. Candy respiró feliz, sintió que un peso de encima estaba a punto de quitársele. Sacó su libreta y anotó el número que le entregó la joven. Se despidió de ella no sin antes agradecer el favor que le hizo y jurar regresar para comentar con ella sobre algunas cuestiones de la psicología infantil. Resultó que Patricia era la terapeuta que trataba a los niños y jóvenes que ingresaban con antecedentes violentos.

Empezó a marcar el número que Patricia le diera mientras caminaba. Sin percatarse chocó contra el hombro de otra persona, se disculpó aprisa sin ver de quién se trataba. Escuchó una queja, pero la ignoró. Esperó impacientemente a que el tono de entrada terminara y respondiera Thomas.

- ¿diga? – el chico contestó. Candy hizo los saludos de protocolo y pasó directo al objetivo real. Thomas se escuchaba aturdido, no confiaba mucho en lo que Candy le contaba ni tampoco comprendía lo que le pedía exactamente. Pero la chica fue insistente y él terminó por aceptar ayudarle, de todos modos, pensó que eso le daría puntos – entonces, ¿sólo tengo que ir en tu nombre y sacar los anuarios de los Grandchester y los Andrew?

-sí – indicó – te enviaré por fax una carta a mi nombre en la que te autorizo sacar mi anuario, pero una vez que estés en el archivo, necesito que busques a Robert y Terry Grandchester y a Albert William Andrew

- ¿estás segura de que ellos saben de esto?

- ¡por supuesto Thomas! – mintió – es parte de la investigación, solo que me lo encargaron a mí, soy la única con un buen contacto

-Está bien, hoy mismo viajaré a San Pablo y los enviaré desde el aeropuerto – dijo – seguramente llegarán para navidad

-Te debo una Thomas –terminó de agradecer como consideró apropiado y colgó. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que había ido a parar a un parque. La blancura de la nieve les daba un aspecto nostálgico a las ramas desnudas de los árboles, y de repente esa imagen le recordó a Albert recargado contra la pared mirando el techo. La lejanía, la soledad y la dureza de los árboles sin hojas, pero de pie en medio de la nieve eran características que compartían con el detective. Se acercó y posó su mano sobre el tronco de uno. La textura y la frialdad al tacto la hicieron recordar las manos del detective acariciando su rostro. Cerró los ojos un momento y se dejó llevar entre el recuerdo del único contacto real que habían tenido, lejos de las dificultades e ignorantes de la distancia que había entre ellos, no sólo por la edad.

-haré que te des cuenta –susurro – te demostraré que esto que sentimos no es malo

Al llegar a casa notó el ajetreo que había. Cinco oficiales que estaban en la sala la saludaron cuando entró. Busco a Annie o a Susana por la casa hasta que las encontró en el estudio. Hablaban por el altavoz con Terry. Annie le hizo señas para que cercara y prestara atención

-Mamá tengo hambre – Susana le dio a Sophie una galleta para que se mantuviera callada

-…necesito que estén atentas, ninguna de las tres puede salir sin vigilancia de la casa – se escuchaba al otro lado - ¿ya llegó Candy?

-Estoy aquí – contestó cruzándose de brazos –acabo de volver

- bien, Susana y Annie te explicarán – dijo – por favor no seas descuidada, si tienes que salir ve con alguno de los oficiales y avisa en todo momento a dónde y con quién vas ¿de acuerdo?

-Entendido – respondió la chica

- ¿qué pasa con las compras de navidad? - preguntó Annie

- Yo me encargo –retomó Susana – trata de cuidarte también – volvió a Terry - habla con tu madre, dile que es mejor que venga a quedarse con nosotros

-Lo haré, pero no prometo nada, ya la conoces –se despedía Terry – ahora debo volver, cualquier cosa llámenme –colgó. Las tres mujeres guardaron silencio por un tiempo

- ¿cómo salió la visita a tu amiga? –preguntó Susana queriendo romper el silencio

-bien –respondió aun con los brazos cruzados y de pie cerca del teléfono – pero eso no importa ahora, ¿qué sucedió, por qué Terry sonaba tan alarmado?

-Stear, el abogado de Eleonor, les avisó que Albert podría sufrir un atentado – contestó Annie

- ¿QUÉ? –Candy se alarmó –¡no es posible, por qué!

-Candy, tranquilízate – intervino Susana

- ¡No! – se soltó del agarre en sus brazos – ¡Albert está en peligro, tenemos que hacer algo!

-Candy, Candy – la volvió a sostener – Albert está y estará bien, él no es realmente el problema

- ¿cómo qué no? – insistió – Annie acaba de decir que lo amenazaron

-No –al fin habló la chica – dije que podría sufrir un atentado

- ¡Annie, por favor! – la miró irritada

-Como sea, Candy, Albert está seguro, él sabe cómo actuar en estos casos – fue severa – el verdadero objetivo está en saber de dónde viene esta amenaza

- ¡qué no es obvio, Susana, de Robert Grandchester! – gritó la rubia desesperada, al parecer Susana se empeñaba en decir cosas no sólo obvias sino tontas.

- no tenemos pruebas y las necesitamos –levantó la voz –el aviso viene de una fuente confiable que tiene Stear en Londres

- ¿por qué en Londres?

- ¡Ay, Candy, basta! –la rubia miró a su hermana con molestia – ¡no eres detective, ni siquiera psicóloga, no te metas en algo que no sabes cómo tratar, deja que ellos se encarguen! – se levantó la chica para cargar a Sophie que estaba confundida con los gritos –nos pidieron tener cuidado y eso vamos a hacer

-Candy, querida – suavizó Susana – Annie tiene razón, si nos metemos podemos entorpecer el trabajo de Archie – Candy gruñó frustrada y salió corriendo para encerrarse en su habitación. Cerró la puerta con la fuerza suficiente como para que fuera escuchada por todos, incluidos los oficiales.

"Necesito ver a Albert" pensó mientras sacaba su cuaderno de notas y añadía "Atentado vs Albert" y lo relacionaba con "Robert Grandchester". Hizo lo propio en su pizarra. Agregó también la palabra "Londres" con un signo de interrogación.

- ¿quién te puede amenazar desde Londres? – preguntó al aire – toda la familia de Terry está aquí – Sacó el anuario de Marie Rose y revisó hoja por hoja, revisaba meticulosamente cada dato. Leyó cientos de veces la dedicatoria que Robert Grandchester hizo en la última página escrita. Trató de poner cuidado a la caligrafía y a la firma, pero por más que lo intentara, de ahí no iba a sacar algo. "ojalá Thomas haya tenido suerte" pensó.

Después de un rato, tocaron a su puerta

-Candy – era Annie que sonaba menos irritada que antes - ¿podemos hablar?

-Pasa, Annie – la vio entrar con la cabeza baja. Se disculpó por gritarle, Candy la convenció de que todo estaba bien y ella también se disculpó. Platicaron de algunas cosas relacionadas con las advertencias de Terry y al final, antes de irse, Annie le entregó un pequeño papel

-Todavía no lo abras – se la quedó viendo –Susana y yo iremos de compras, en dos días es navidad, iremos con unos oficiales

-No creo estar de humor, Annie

-Ya sé, no quiero pedirte que vayas – señaló el papel – es el número personal de Albert – dijo – se lo robé a Susana, por favor sé discreta, invéntate algo convincente – la rubia asintió y esperó a que las tres salieran de casa. Por la ventana las vio subirse al auto, atrás iba el auto camuflado de los oficiales.

Respiró hondo y bajó al estudio. Se aseguró de que los oficiales que se quedaron no estuvieran cerca. Sacó el papel que Annie le entregara y marcó. Sintió que el aire se le iba cuando Albert contestó

- ¿Susana? – se quedó sin habla - ¿Todo bien, sucede algo? – abría y cerraba la boca sin emitir palabra alguna - Susana, contesta, ¿qué sucede?

-Na…nada

- ¿quié…-se escuchó - ¿Candy?

-Lo siento, Albert, yo –de repente todas las palabras salieron disparadas – le robé tu número a Susana, necesitaba hablar contigo, estoy preocupada, Terry nos dijo que posiblemente se presente un atentado en tu contra y…nos pidieron avisar cuando salgamos de casa, un oficial debe acompañarnos a todos lados, yo sólo quería saber si estabas bien – escuchó un ruido como si fuera una sonrisa, lo imaginó torcer sus labios y empezó a respirar con normalidad, soltó un suspiro que Albert recibió con gracia –No quería preocuparte, Albert, lo lamento

-Está bien, Candy –al fin habló –yo… – volvió a reír – debo disculparme contigo otra vez por no ir a buscarte como prometí

-Entiendo, sé que has estado muy ocupado por el caso…

-no – la interrumpió – es decir, sí he estado ocupado con el caso, pero la razón por la que no fui a verte tiene que ver con otra cosa –volvió a quedarse sin palabras –tengo que ser sincero contigo, Candy –"por favor, que no diga que no me quiere, por favor, que no diga que no me quiere" se repetía –pero este no es el momento ni el medio adecuado, me gustaría hablarlo en persona

-Po…pode…podemos …-tartamudeaba- si quieres, podemos vernos y tomar un café, hay uno muy bueno cerca de la comisaria, así podrás volver si algo urgente se presenta – le temblaba la voz, pero se relajó cuando lo escuchó reír otra vez

- ¡ese café no! – dijo entre risas- es el favorito de Eleonor – ella sintió una punzada – es muy frívolo –pero se fue volando – escucha, Candy, nos veremos en navidad, ¿te parece?

- ¿vendrás?

- sí, claro –tomó aire – mientras el día prometido llega, trata de mantenerte a salvo, lo que escuchaste del atentado es una especulación, pero es mejor tomar precauciones –continuo –ya que tienes mi número, guárdalo, estamos en contacto

-Está bien –tragó saliva –cuídate Albert

-Hasta pronto, pequeña – colgó


- ¿Una especulación? – preguntó Terry desde su lugar

-no debe preocuparse más de lo necesario – respondió él

-estoy de acuerdo – intervino Archie –bien dicho – continuó –ahora si volvemos al caso, por la fuente de Stear se puedo confirmar que Neil Leagan fue contratado por alguien cercano a Robert y que se le hizo una transferencia bancaria a su cuenta desde Londres por sus servicios. Aunado a esto, existe una fotografía de una nota que habla de una amenaza en contra de la familia Andrew y sus allegados

Albert sostenía la fotografía en sus manos.

-No está escrita a mano, así que no podemos asegurar nada si no tenemos la original

-la tendremos –advirtió Archie – Stear trabaja en ello

- una vez más ¿por qué no podemos obligar a la fuente de Stear a revelar su identidad? –preguntó Terry

-porque es abogado independiente, necesito algo más sólido para presentarlo al juez y ordenar una ejecución para ello, tardará demasiado, no tenemos tanto tiempo– recalcó con tono cansino- además tú no deberías estar aquí – señaló – puedo echarte de mi oficina cuando quiera –Terry levantó los brazos en señal de derrota –Lo que necesitamos es más información de Neil Leagan –advirtió Archie cuando vio que Terry no volvería a molestarlo para obligar a Stear a revelar su contacto – Albert – el aludido levantó la mirada de la fotografía –necesito que interrogues a Eliza Leagan, saca todo lo que puedas sobre su hermano, quiero saber salió de viaje en las últimas semanas, todo, también busca en e l registro de abogados activos en los tribunales del estado

- ¿estás loco? – advirtió el rubio –Eliza y yo terminamos ¿cómo quieres que la interrogue?

Archie se encogió de hombros - ¿qué se yo? Tú eres el detective, tu deber es proveerme de indicios, pistas y pruebas sólidas para los juicios– se levantó de su lugar mientras guardaba sus cosas. Ambos detectives tomaron sus respectivas cosas y salieron junto con él. En el ascensor se separaron. Archie fue a casa y Albert y Terry regresaron a su piso.


El día siguiente trajo ciertos avances al caso. Terry se mantenía al margen, todo lo que podía, pero era prevenido por Archie o Albert ante cualquier novedad. Eleonor se negó a quedarse en casa de su hijo, dijo que después de navidad regresaría a Londres, tenía asuntos que atender allá. "He estado ausente durante tres meses" se justificó.

Por su parte, Albert se encontraba inseguro, otra vez. Había logrado superar la última pelea con Eliza cuando la encontró en el ascensor de su edificio y ahora tendría que volver a verla. Además, estaba Candy, prometió ser sincero con ella. Se sentía atorado entre los reclamos de Eliza cuando descubrió las fotos de la graduación de San Pablo de Candy entre sus cosas y su compromiso con la investigación. Aunque pudo matizar la rabia de la mujer apelando a que se trataba de la familia de Terry, su mejor amigo, no logró convencerla del todo.

-Mírate, Albert, un hombre como tú guardando la foto de una niña. ¿Cuántos años tiene aquí, veinte? -Aventó contra su pecho la fotografía después de arrugarla con sus manos -Es ella, ¿verdad? Ella es Candy, la que no dejabas de llamar cuando enfermaste – se burló – eres patético, no dejabas de llamarla entre tus delirios

-hablamos de esto en su momento, Eliza – se defendió

- ¡no, no lo hablamos! – gritó - ¡lo sepultaste! – lo encaró - ¡dijiste que era tu pasado, pero ahora tu pasado estaba allá afuera contigo! – tomó su bolsa para salir - ¡Esa maldita!

-DETENTE, ELIZA – la tomó del brazo y la soltó contra el sofá de la sala – no voy a dejar que le hagas daño, ella no sabe de esto

- ¡pues mejor para mí! – se levantó – ¡así sabrá de una buena vez el tipo de cerdo que la persigue!

- ¡CALLATE! – la detuvo otra vez – ¡Soy yo el que tiene que hablar con ella no tú, mantente fuera Eliza! – siguió - ¡Hablamos de esto, me disculpé contigo, fui sincero al decirte que no tengo nada para ti, que me equivoqué, que quise alejarme de mí mismo con tu compañía y no debí hacerlo! – respiró – ¡si alguien te debe algo soy yo, no metas a Candy!

- ¿Y cómo vas a solucionarlo, Albert? – lo increpó - ¿Cómo vas a pagar por el tiempo que te di?

-Eliza, lo estoy pagando, créeme cuando te lo digo

-A mí no me parece que sea suficiente – replicó – pero te voy a conceder que hables con ella primero, ya volveré para verte sufriendo y lo disfrutaré

Necesitaba aclarar su mente. Encontrar un momento para pensar, pero también debía concentrarse en la investigación que poco avanzaba. Sintió que no estaba haciendo bien su trabajo y eso sólo lo frustraba más. Se dio un baño y pidió a Archie que le autorizara viajar. Si la nota de verdad viene de Londres, significa que Neil o alguien cercano a Robert tuvo que ir hasta allá para amenazar a su familia y en la casa Andrew sólo quedaba un miembro. La verdad o falsedad de la nota tendría que confirmarla de alguna manera la tía Elroy.


En casa de los Grandchester, Candy se volvía loca. Thomas le había hablado para decirle que los anuarios deberían estar llegando por la tarde. Solicitó un servicio exprés como ella se lo pidió. Estaba tan ansiosa que se ofreció a decorar la casa junto con Sophie y Annie para pasar el tiempo, pero no lograba serenarse. Susana notó su nerviosismo y le preguntó si algo le preocupaba. La chica se apresuró a decir que no y a seguir con el decorado del árbol de navidad

- ¿hablaste con Albert? – le preguntó Annie cuando Susana fue al estudio a recibir una llamada de Terry

-Si

- ¿y qué te dijo?

-que vendrá en navidad para hablar conmigo

- ¿por eso estás así? – señaló el nudo que ya había hecho en las luces navideñas

-no – miró el adorno como no recordara haberlo tomado – bueno sí, en parte

-no entiendo

- Es que estoy esperando correspondencia de Londres

- ¿qué cosa, reprobaste una asignatura?

-No – dijo previniendo que ni Susana ni los oficiales fueran a escucharla –mandé a pedir los anuarios de los Grandchester y los Andrew de San Pablo

- ¿QUÉ?

- ¡Baja la voz!

- ¡Nos vas a meter en un problema, todavía no regresas el que robaste hace tres años y robas más!

-Annie, por favor, te pueden escuchar

-Es que, Candy – soltó las esferas – ¿Qué pasa si en San Pablo se dan cuenta? ¿qué no ves que me gradúo este verano?

-Annie, tengo todo controlado

- ¡no sabes ni qué estás buscando, no puedes tener nada controlado!

- Yo sé que parece una locura, pero te aseguro que esos anuarios tienen más respuestas de lo que uno se imagina

- ¿si quiera sabes cuál es la pregunta? – miró para cerciorarse de que Susana siguiera en el estudio y jaló a Annie hacia el árbol para alejarse de los oídos de los oficiales

-Creo que Robert Grandchester es un violador – Annie a miró horrorizada

- ¿Te hizo algo?

- No, no, a mí no

-Entonces ¿a qui…- se llevó las manos a la boca – ¿la hermana de Albert?

- la dedicatoria en su anuario no puede ser aislada, tú misma lo intuiste – Annie terminó por quitarle las luces de las manos y dárselas a Sophie – si pregunta mamá, dile que estamos eligiendo ropa para navidad – tomó a Candy de la mano y la llevó a su cuarto. Se aseguró de cerrar bien la puerta y puso música para evitar escuchas

- ¿sabes que no puedes hacer una acusación como esa sin estar completamente segura verdad? – la miró severa– Esto lastimará a más de una persona, Candy, es serio

-Soy consciente – rebatió – por eso no se lo he dicho a nadie, eres la primera persona con la que comparto esto

- ¿Cómo fue que lo pensaste? – relajó el gesto- digo, además de la dedicatoria en el anuario

-Bueno –recordó la mirada de Terry cuando se despidió de ellas en una de sus visitas a San Pablo, su mirada y la de ella…- hasta ahora sólo tengo el anuario – Annie entornó los ojos –por eso necesito los de los Grandchester

- ¡No puedes especular así nada más! – la reprimió - ¡una cosa es que quieras conquistar a Albert, pero otra muy diferente es que se te ocurra revictimizar a su hermana, así no, Candy!

- Yo jamás haría algo para dañar a Albert – aclaró – sé que es delicado, también sé que nada podría salir a la luz sin tener pruebas o por lo menos estar medianamente segura de algo; pero esto, Annie, lo hago por nosotras

- ¡Candy!

- ¡Ese hombre será libre después de navidad y no estaremos seguras, lo sé! – la tomó de las manos - ¡no puedo dejarle toda la carga de esto a Albert o a Terry, no me importa que digas que es su trabajo! – continuó - ¡nos dieron una familia, volvimos a tener navidades, vacaciones, ilusiones, ahora nos necesitan, ellos también están en peligro!

- ¿Qué vas a hacer si todo resulta ser verdad? – preguntó - ¿cómo se lo dirás a Albert?

- Por eso necesito hablar con él, hacerle ver que no está solo, que nos tenemos el uno al otro; sé que sufre, Annie, lo veo en sus ojos, pero – respiró – no he podido acercarme a él como me gustaría

- entonces, ¿qué hacemos?

-por lo pronto, esperar los anuarios

Escucharon a Susana llamarlas y bajaron sin dilación. Les dio la noticia de que Terry y Albert viajarían a Londres con la intención de interrogar a Elroy Andrew

- ¿cuándo?

-Hoy – contestó Susana – así que chicas, necesitamos adaptarnos, nuestra cena de navidad será muy sencilla este año

–yo puedo encargarme de ella –apoyó Candy. Susana las vio sonriendo

– Terry me encargó ir a recoger algunos expedientes de su escritorio, así que tendré que ir a la comisaría, por favor cuiden de Sophie – fue en busca de su bolso

- ¿no quieres que te acompañemos? –preguntó Candy –Annie puede acompañarte, yo me quedaré con Sophie –Annie la miró intrigada. Susana dudó un momento, pero la más joven recalcó la ayuda y terminó aceptando.

- Necesito que busques las notificaciones del caso Gandchester y las traigas a casa- susurró Candy mientras Susana recogía su abrigo

- ¿cómo crees que voy a buscar eso? – preguntó Candy - ¿qué tal si sólo fueron avisos que Albert le dio a Terry como quien da la hora?

-Tiene que haber algún documento

- ¿Lista Annie? – la chica sintió y se fueron. Candy se quedó en casa con la pequeña en sus brazos preguntándole qué era un documento.

-sólo papeles, Sophie

-Candy, quiero una galleta

-es muy temprano para comerse el postre – le dijo – ¿por qué no me ayudas a planear la cena de navidad? – la animó – este año podemos hacerla las dos - la niña saltó de alegría y corrió a coger papel y colores para empezar a diseñar su cena de navidad. Mientras esto hacía, el timbre de la casa sonó. Uno de los oficiales pidió que se mantuviera alejada mientras preguntaba quién era. Candy obedeció las instrucciones y gritó desde una ventana.

-Es el mensajero – dijo volviéndose con los oficiales quienes le autorizaron a abrir. Puso a Sophie a planear la cena, mientras ella revisaba, cuidando de que la niña no prestara atención a los anuarios, las dedicatorias en el libro de Robert. Grande fue sorpresa al darse cuenta que sólo había una dedicatoria y era de GB. "No te le acerques" decía. Volvió a mirar el anuario de Marie Rose, tratando de buscar entre las siete dedicatorias la firma de GB, pero sólo había una que firmaba George, sin apellidos y sin nada más. "Nunca dejes de sonreír".

Buscó entre los otros anuarios, en el de Anthony Brown, hijo de Marie Rose. La foto del chico delataba la genética de los Andrew, excepto por los ojos. Comparó su fotografía con la de George y encontró que eran idénticos, excepto que el chico era rubio como su madre. Sabía que Marie Rose y su hijo murieron en un accidente de auto, pero nunca conoció al esposo de ella. Recordó que en una de sus visitas por navidad Terry le preguntaba a Albert por George, pero nunca prestó tanta atención al tema.

"Es posible que el esposo de Marie Rose sea el mismo George que firma en su anuario, además el apellido de Anthony coincide con las iniciales con las que firman la dedicatoria en el anuario de Robert Grandchester"

-necesito encontrar y hablar con George Brown

- ¿El tío George?

- ¿lo conoces?

- Sí –contestó Sophie despegando la vista del su dibujo – vive en la casa del parque

- ¿crees que puedas llevarme con él?

-Sí, ¿puede ayudarnos a preparar la cena de navidad también?

- ¡Por supuesto! – contestó la rubia – ven, vamos por unos abrigos y dejemos una nota para Susana

La chica y la niña se prepararon para salir. Dos oficiales fueron con ellas. Candy cargó en brazos a Sophie para llegar pronto, las indicaciones de la niña fueron muy claras y fácil de seguir. Llegaron a una pequeña casa frente a un parque. Era una casa muy pintoresca, la única entre dos edificios altos. Tocaron el timbre y esperaron a ser recibidas por un hombre alto, castaño y de ojos avellana. "El padre de Anthony"


- ¿Sophie? – preguntó el hombre extrañado de ver a la niña en sus brazos

- ¡Tío George, es mi hermana Candy! – dijo abrazando a la joven. Candy sonrió y se presentó formalmente como Candy Marlow. Desconocía si estaba al tanto de su relación con Susana y con Terry, por lo que intentó explicarse

-Está bien – la interrumpió con amabilidad – conocí tu caso – extendió la mano – un gusto conocerte Candy

-Igualmente

-Pasen, llegaron en un buen momento, pensaba comer un poco de pastel de chocolate ¿apetecen?

- ¡Sí! -Candy bajó a la pequeña y corrió adentro de la casa. Candy explicó la presencia de los oficiales que venían con ellas. George le restó importancia –Tío George queremos que nos ayudes a planear la cena de navidad – dijo Sophie empezando la plática alrededor de la mesa

-Seguro que Terry y Susana le habrán enviado la invitación para navidad – se aventuró la rubia – las cosas se han complicado y este año Sophie y yo somos las encargadas

-Vaya – contestó – cada año soy invitado, pero cada año declino – comió un pedazo de pastel – parece que esta vez no tengo opción

Candy sonrió con mayor tranquilidad. No estaba tan mal al suponer que George Brown también era invitado a la cena en casa de los Grandchester.

-pero, dime Candy – la miró - ¿qué se te ofrece, además de mi ayuda para la cena de navidad?

Quedó sorprendida. ¿Era posible que sospechara? La chica terminó de pasar el trozo de pastel que tenía en la boca y empezó a hablar con George. Se fue con cautela, pensó en la advertencia de Annie, no quería revivir malos recuerdos y tampoco quería acusar ni revictimizar a nadie, pero no pudo saber si George se lo estaba tomando a mal porque mantenía una expresión seria. Comía cada tanto un poco de pastel de su plato sin quitarle la atención. Sus movimientos no reflejaban su opinión o emociones. Cuando terminó de hablar, guardó silencio total y esperó. Durante varios minutos sólo se escuchaba el tintineo de las cucharas sobre los platos y de vez en cuando a Shopie contando alguna aventura escolar. George la veía mostrando atención, pero Candy intuía que estaba asimilando todo lo que le contó. Omitió algunas cosas que pudieran resultar demasiado violentas, pero dejó en claro que sospechaba que Robert Grandchester había hecho un gran daño a Marie Rose.

-Tengo dos obsequios para ti esta navidad, Sophie- al fin hablaba, la pequeña lo miró emocionada – uno de ellos está en mi estudio ¿por qué no vas a verlo? – la niña no esperó a que se lo dijeran dos veces y cogió su trozo de pastel para ir por su regalo. Candy la vio salir de la cocina –Tienes razón en sospechar de Robert Grandchester – se volvió para encontrarse con la ensombrecida mirada de George – él la violentó en más de un modo durante muchos años, él no sólo la acosó…


Albert y Terry acababan de llegar al aeropuerto cuando recibieron una llamada de Archie, fue el castaño el que atendió mientras el rubio se adelantaba a buscar su puerta de salida. No había planeado ir acompañado, pero el fiscal armó un guion para conseguir el permiso. Tuvo que hacer una acusación contra Neil Leagan por hacer tratos fraudulentos. Si lograban comprobar la veracidad de la nota, tendrían doble juicio para empezar el año y si no, sólo desestimarían las pruebas. Por esta ocasión, Terry iba en calidad de detective y Albert quedaba fuera de sus funciones para interrogar a Elroy Andrew. Pero al final, no tuvieron que viajar

-tú tía está aquí -dijo después de cortar la llamada – está en casa de mi madre – agregó

-entonces, vamos para allá – tiró a la basura el vaso de café que había comprado y se encaminó a buscar la salida.

- déjamelo a mí – lo detuvo Terry

-El interrogatorio es tuyo, el caso es mío – aclaró. El castaño no tuvo otra opción más que seguirlo pues no le dio tiempo de responder. No tardaron en llegar a la casa de su madre. Ahí Eleonor los recibió alegando ignorar la intención de la visita. Pero lo cierto era que los detectives llegaban con algunas cosas pensadas previamente a su llegada. Al castaño le resultó particularmente sorprendente que Elroy visitara a su madre tan de repente y a un día de celebrarse navidad. Ella nunca salía de la casa Andrew en Londres hasta la víspera de año nuevo. Bien podría justificar su visita alegando la soledad en que viviría las fiestas, pero eso nunca significó mucho problema para ella. Terry sugirió que posiblemente su madre fuera la informante de Stear, Albert no alimentó esa sospecha, pero tampoco la descartó, si era o no la fuente de Stear, le advirtió a Terry que la dejaría fuera del caso, en su informe a Archie sólo entregaría que las evidencias de la transferencia y la carta llegaron a la comisaría de manera anónima. Terry agradeció la protección que Albert le brindaba a su madre mientras ambos esperaban en la sala a que ella y Elroy aparecieran.

- Es una lástima que este sea el único modo en que podemos vernos, William

-Lamento que esta sea la circunstancia, tía Elroy, pero es mi trabajo – saludó el rubio a la mujer que se había sentado frente a él – hemos discutido esto muchas veces ya

-Y nunca terminaré de acostumbrarme – mostró molestia – tú no tienes la necesidad de dedicarte a este trabajo, lo sabes bien

-por favor no discutamos asuntos personales

¿qué otras cosas pueden discutir una tía y su sobrino-nieto?

-Esta vez son asuntos delicados, Elroy – Terry cortó la conversación familiar – me gustaría hablar contigo – mostró su placa – en privado

-Usen el estudio, querida – ofreció Eleonor – Albert y yo esperaremos aquí – Elroy fue la primera en levantarse y dirigirse al estudio seguida de Terry, mientras Eleonor se volvía para mirar al rubio para intentar conversar mientras su hijo y la señora Andrew terminaban de "conversas"

- ¿cómo está Candy? – la pregunta le cayó de sorpresa

- está bien – contestó – la última vez que la vi se encontraba con buena salud

- ¿significa que no la has visto desde entonces?

- sí – seguía contrariado – tal vez un par de veces – contestó evitando revelar más detalles de los necesarios

-Esa chica te admira mucho Albert – comentó ella – deberías pasar más tiempo con ella, tiene pláticas interesantes, la última vez que hablé con ella estaba entusiasmada por ingresar a la comisaria cuando terminara la universidad

- lo sé – trataba de no mostrar interés en lo que le contaba – aunque es pronto para que tome una decisión, es joven

- la edad no puede ser una razón para desestimarla ¿no te parece? –lo miró - ¿sabías que está haciendo una especialización técnica en psicología forense independientemente de sus asignaciones?

- ¿qué? - eso sí lo sorprendió

- tal vez debas pasar más tiempo con ella, Albert, un par de veces no es suficiente

- ¿ella te …te lo dijo?

- claro, querido, ¿de qué otra manera podría haberme enterado, leyendo su currículum?

Pero a Albert no le dio tiempo de reaccionar. Terry llegó a la sala dándole una señal para irse. Tomó las manos de su madre entre las suyas y la abrazó recordándole la hora de la cena para mañana. "Mantente cerca de ella" le dijo en voz baja mientras le daba un beso en la mejilla. En el auto Albert le preguntó por lo que había pasado.

-Estuvieron adentro apenas cinco minutos – estaba insistente

-fue ella

- ¿qué?

- ella pagó a Neil para que defendiera a mi padre

- ¿qué demonios, por qué?

-La amenazó

- ¿con mi vida?

- con dañar el orgullo e imagen de los Andrew, pero por supuesto, tu vida va incluida

-no entiendo, la tía Elroy jamás ha cedido a presiones semejantes, a menos que haya ocurrido algo realmente grave

-parece que ocurrió, ella asegura que mi padre siempre estuvo resentimiento porque tu hermana lo aceptó y provocó el accidente de auto en el que murieron ella y tu sobrino

- ¿qué, ella lo supo todo este tiempo?

- No te lo puedo asegurar, Albert, la conoces mejor que yo, pero declaró que no se enteró de ello hasta que la carta de mi…de ese bastardo llegó a su casa

- ¿Conseguiste la original?

-Y la otra parte también, ahí aparece la supuesta confesión del accidente y una mención hacia ti

- Todo esto me parece tan surreal – estaba consternado – sigo sin comprender por qué la tía Elroy cayó en las amenazas de Robert

Las indagaciones de Terry parecían demasiado convenientes para el caso. El rubio pensó que algo no estaba bien. Resulta que ahora sólo tenían que generar una orden para exhumar los restos de su hermana y demostrar que el accidente fue planeado. Si este era el nuevo camino a seguir, la acusación contra Robert, sería por homicidio. Tal vez el mayor agravante sería la muerte de Anthony. Aunque esto facilitara las cosas para evitar la liberación de Robert, Albert intuía que algo no estaba bien y estaba seguro de que Terry tampoco confiaba en que la declaración de su tía Elroy fuera cien por ciento como ella lo expresara. Pero seguro que Archie les pediría concentrarse en la nueva dirección del caso. Si el presentaba las pruebas suficientes, tal vez Robert ni siquiera pueda salir el día acordado. Esta noche sería la más larga de todas.


- ¿alguien más sabe de esto? – preguntó Candy

-sospecho que Elroy sabrá algo – respiró – ella nunca deja que nada escape a su conocimiento

- ¿y no hizo nada?

- Creo que entre los planes de Marie había un poco de las ideas de ella

-Si esto sale a la luz

-No puedes – la detuvo – no tengo pruebas que ofrecerte más que mi testimonio y no estoy dispuesto a hablar

- ¿ni siquiera porque Marie Rose merece justicia?

-No la escucharon en su momento, ¿por qué les interesará ahora?

-Estoy segura que Albert será uno de los muchos que aboguen por su memoria y la justicia que se merece

-Ella nunca quiso involucrar a su hermano y voy a cumplir la promesa que le hice

- ahora no puedo hacerlo, George – lo miró a los ojos – porque tampoco tengo pruebas sólidas y no soy parte de la comisaría – se puso de pie – pero le prometo que trabajaré duro, terminaré la universidad y me dedicaré en cuerpo y alma a revivir el caso de Marie Rose

-Eres muy idealista – dijo él – y también muy ingenua

-Le aseguro, George, que no descansaré hasta conseguir la justifica que Marie Rose se merece

-Estaré muy atento a todo lo que hagas, Candy Marlow

Con esta promesa Candy y Sophie se despidieron y regresaron a casa, antes de que Susana volviera. Tuvieron suerte de que no las llamara, eso significa que tal vez se ocupó de algunas otras cosas en la comisaría.

Mientras caminaba, pensó en Albert, en las terribles circunstancias que una persona desalmada generó para terminar privándolo de compartir sus días con su familia. El relato que George le contó la dejó temblando, aún sentía que los brazos no terminaban por controlarse. Sintió un gran alivio que la pequeña tuviera puesto un abrigo bastante grueso para que no se percatara de que el temblor en su cuerpo no se había ido desde que terminó de escuchar la historia de horror que Marie Rose tuvo que soportar para no perjudicar a su familia.

También pensó en la pregunta que Annie le hiciera "¿Qué vas a hacer si todo resulta ser verdad? ¿Cómo se lo dirás a Albert?" Suspiró atrapada. No tenía idea de qué hacer. Si quería trabajar el caso no sólo debía graduarse sino contar con pruebas y ahora no tenía nada. Sabía la verdad, tenía el testimonio de George, pero no era suficiente. Necesitaba probar sólidamente que Robert Grandchester aterrorizó a Marie Rose Andrew hasta terminar violándola repetidas veces amenazándola con destruir a su hermano menor.

Pensó en trabajar en el caso mientras terminada su última temporada en la universidad, pero ¿cómo podría aprovechar que Susana y Terry, incluso Albert, estaban en la comisaría para poder acceder a laboratorios como laboratorios y registros sin tener que decirles algo al respecto? Definitivamente no podría. A menos que…

- ¿Candy? – Susana las vio llegar caminando por un lado de la calle mientras ella y Annie descargaban el auto con tres bolsas de documentos - ¿fueron a algún lado? – miró a los dos oficiales que caminaban tras ellas a una distancia prudencial

- ¡Fuimos a invitar al tío George para que nos ayude a hacer la cena de navidad, mamá!

- ¿a George? – miró a Candy confundida

-Necesito hablar contigo, Susana – la aludida y Annie también la miraron preocupadas. El rostro de Candy parecía particularmente sombrío – de hecho, quiero hablar con las dos


- ¿Le dijiste la verdad?

- le dije la verdad que necesitaba escuchar

- ¿te creyó?

- No

- ¿entonces?

- Terrence y Albert son lo suficientemente listos como para armar un caso con lo que declaré, independientemente si me creen o no

- ¿No te preocupa que indaguen?

-Aunque lo hagan, llegarán a un callejón sin salida

-No me gustaría perder a mi hijo, Elroy

-nunca fue tuyo

- ¡lo críe y lo amé como mío, no puedes quitarme su cariño!

-No es mi intención hacerlo Eleonor y tampoco nos conviene, pero si no nos hacemos cargo de Robert, entonces tendré que hablar con más claridad – dijo – mejor asegúrate de que Stear no vaya a abrir la boca

-Descuida, es mi abogado de cabecera, nunca diría nada


Sophie juega su piscina de pelotas en el jardín. La blanca nieve cubre en su totalidad la superficie, cada salto que da es como si estuviera sobre suaves nubes. La imagen no sólo refleja felicidad por su sonrisa y sus mejillas rosadas, sino ingenuidad y auténtica inocencia. Un alma feliz y segura del amor y protección que su familia le ofrece, ignorante de las terribles cosas que se esconden allá afuera y si no está atenta pueden arrancarla de la tranquilidad en la que ahora vive. Un alma feliz y segura del amor de los suyos.

-Así era Marie Rose Andrew – dijo mirando el juego infantil a través del ventanal – así la describió George Brown

-No puedo creerlo …-Susana miraba el anuario sobre la mesa de centro, también las notas que Candy hizo en su cuaderno, incluso la pizarra que arrancó de la pared de su cuarto - ¡no puedo creer que alguien sea capaz de tanta…

-porquería – Annie terminó la frase

-por eso necesito de su ayuda – se volvió para mirarlas aún con lágrimas en los ojos – para limpiar toda la porquería que ese sujeto dejó sobre ella; merece justicia, merece que el mundo sepa que el bastardo de Robert Grandchester abusaba de ella, que planeó y luego la mató junto con el hijo que pensó que era de él

-tenemos que decírselo a Albert y a Terry- advirtió Susana

- ¡no! - miraron a Candy con sorpresa – Al menos no todavía, sabemos la verdad, pero necesitamos reunir toda la información necesaria para que al contar la verdad nada ni nadie sea capaz ni se atreva a negarla

- ¿no te parece que Terry tiene derecho a saber que su madre es en realidad Marie Rose? - preguntó Susana

-Así como Albert de saber que atormentaban, amenazaban y abusaban de su hermana – rebatió Candy – pero eso ahora sólo les traerá dolor

- si la señora Elroy y la señora Eleonor lo sabían, ¿por qué no dijeron nada?

-Querían proteger a Terry – intercedió Candy

-No creo que para Marie Rose hubiera resultado fácil entregar a su hijo a la esposa de su abusador

-No, Annie, seguro no lo fue – volvió Candy – pero necesitaba proteger su vida y la convencieron de que la boca del lobo podría resultar el lugar más seguro de todos

-De cualquier modo, terminó por tomar la vida de otro inocente

-entonces ¿qué piensas hacer con todo esto, Candy? – preguntó Susana

- Eres parte del departamento de delitos sexuales – advirtió – retoma el caso, encontremos juntas la forma de abrirlo

-Necesito el apoyo del departamento de homicidio –aclaró Susana- Terry y Albert son del departamento

-Sé que con esta información no es suficiente – volvió – sé que el juez verá esto como suposiciones, pero tenemos un testigo

-creí que el señor George te dijo que no iba a dar su testimonio –recordó Annie

-Por ahora – dijo Candy – no me lo dijo de manera explícita, pero me dijo que estaría muy atento a lo que hiciera, sé que si lo convencemos y ve que el caso prospera nos ayudará – respiró – Susana –la miró –Quiero que este sea mi primer caso una vez que termine la universidad

La detective la miró seria. Quiso negarse, pero no se atrevió. Vio una determinación y una templanza que nunca había visto en Candy y que a ella misma la llenó de energía y de coraje. Tal vez el caso fuera difícil, porque, siendo objetivas, abrir un caso desestimando una muerte declarada y confirmada por la propia familia como accidental, era casi imposible de conseguir; aunque la tenacidad que Candy tenía en su mirada y en su voz, podría ser suficiente para emprender el sinuoso camino que representaría, no solo profesionalmente sino emocionalmente también.

-En ese caso – se movió de su sitio – hay una vacante para asistentes, trabaja el caso desde ahí y cuando termines la universidad, solicita ingresar a la policia de Londres, el accidente de Marie Rose ocurrió allá


El día de navidad siempre se caracterizaba por ser un día feliz y lleno de gritos, sobre todo de la más pequeña de la casa y esa mañana no era la excepción. Después de discutir las minucias para establecer comunicación sobre el caso MR como le llamaron, Susana, Candy y Annie terminaron de adornar la casa. Terry las sorprendió haciendo pruebas de las luces navideñas. Les informó que nunca viajaron a Londres, no tuvieron que hacerlo. Contó sobre la confesión de Elroy Andrew y sobre el tiempo que él, Archie y Albert dedicaron para armar el caso con las pruebas suficientes para ser presentadas al juez lo más pronto posible.

Todos esperaban que el alegato de Archie tuviera un efecto positivo en el juez para quitarle la libertad condicional a Robert, pero para saberlo debían esperar unos días. Por lo pronto, podían decir que el caso seguía trabajándose, aunque ahora dependía de las habilidades del fiscal. Candy le agradeció por el esfuerzo que los tres han hecho por ocuparse en el caso.

Esa mañana, Annie se hizo cargo del desayuno, mientras Candy, en su habitación, preparaba su ropa para ese día. No había olvidado que navidad era el día prometido para ver y hablar con Albert. Estaba nerviosa, sobre todo porque no quería que sus emociones la terminaran traicionando y dijera algo que no debía decir o que terminara por confundirlo. Con todo eso en la cabeza no podía pensar bien en qué ponerse, así que decidió que primero debía aclarar sus ideas. Primero y, sobre todo, necesitaba confesar a Albert que estaba enamorada de ella, después necesitaba convencerlo de que no era un capricho adolescente o alguna cosa así. Después necesitaba poder rebatir cualquier argumento que él tuviera sobre las imposibilidades de tener una relación alegando la edad. Suspiró.

-Esta es mi oportunidad, tengo que lograrlo- dijo mientras se miraba al espejo

- ¿qué cosa? - dio un salto al saberse descubierta por alguien. Se volvió hacía la puerta que descubrió abierta y encontró a Terry recargado en el marco comiendo una manzana

-pue…pues yo…-abría y cerraba la boca sin contestar

- ¿conquistar a Albert? – dijo de manera despreocupada. Ella lo miró con una expresión de asombro, pero más al darse cuenta de cuánta similitud había entre su mirada y la de Marie Rose. "Esa fue tu pista, ¿verdad Marie?" pensó - ¿sabes, Candy? – la trajo a la realidad – Hay algo que tienes que saber

Ella escuchó con atención

-Albert es mi amigo y lo aprecio como si fuera mi familia, es como mi hermano – continuó tomando asiento a la orilla de la cama – Él no la ha pasado bien, creo que está demás decirte que tiene sentimientos por ti – respiró – de los cuales no puedo hablar, porque no me corresponde, pero sólo quiero que sepas que si alimenté la distancia entre ustedes fue porque no era el momento para ninguno de los dos

-Terry, yo …

-por favor, déjame terminar –pidió – eras mi responsabilidad, Candy y no pensaba dejarte a la deriva, así como tampoco iba a dejar que mi mejor amigo cometiera una estupidez – tomó aire- creo que lo que trato de decir es que, espero que no sea demasiado tarde

Ella sonrió – No lo es – el detective asintió sin decir una palabra más y salió dejando a Candy con el corazón latiéndole más de lo que su pecho podía soportar creo que está demás decirte que tiene sentimientos por ti – ¡lo sabía!