Hola mundo Fanfiction! Les traigo nuevo capítulo de esta su historia! Este capítulo tardó en salir un poquito por algunos asuntos que tuve que atender del trabajo que oficina en casa. Me fue difícil atender mis reportes y completar el capítulo. Pero ya está aquí, espero que eso pueda compensarlo.

Aclaraciones importantes: aquí empieza una nueva etapa de la historia, se viene un tanto de drama, aderezado por la tan esperada relación entre Candy y Albert. Espero sus comentarios.

Segunda aclaración; gracias a quienes se han dado el tiempito de dejar un mensaje o comentario. De verdad es algo que aprecio mucho, no saben lo feliz que me hace ver un nuevo Review. Bueno, sin más, al capítulo...


Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora


Capítulo X


Aquella noche de navidad volvieron tarde a casa. Terry estaba ofuscado porque habían pasado cuatro horas fuera de casa. Susana trató de tranquilizarlo. Es Albert, después de todo, le había dicho. Pero el hombre seguía inquieto y lo estaría hasta que no cruzaran la puerta de la entrada, se decía. Aunque lo cierto era que Albert y Candy habían llegado hace una hora a casa; estaban sentados en el pórtico de la propiedad. Después del beso que la chica le dio, él tomó su mano y empezó a caminar con ella sin decir una palabra hasta que a la distancia Candy reconoció la chimenea de su casa. Le pidió a Albert no entrar todavía, así que sugirió sentarse un momento y eso hicieron. Sin soltarse las manos, estaban sentados uno junto al otro, mirando el cielo estrellado y escuchando las melodías lejanas de los villancicos.

A Candy le pareció una noche hermosa. La mejor navidad de todas, se decía mientras sentía que Albert acariciaba suavemente su mano. Entonces lo escuchó suspirar y se volvió para mirarlo. La observaba embobado, la veía como si no quisiera olvidar ningún rasgo de ella: sus pecas, sus ojos, su nariz, sus labios, sus rizos.

-me siento un torpe – confesó, ella lo miró extrañada –por la mañana había pensado por lo menos en tres argumentos para convencerte de que no soy la mejor opción para ti – prestó atención a la delicada mano entrelazada con la suya –y ahora los he olvidado todos

Ella sonrió – tal vez solo eran excusas

-tal vez – besó su mano – pero también, es posible que esto sea complicado – se sinceró – no hay nada en el mundo que me importe más que tu seguridad y, sobre todo, tu bienestar, Candy…

- y tú representas ambas cosas – lo interrumpió antes de dejarlo armar un "argumento" en contra de lo que podían construir juntos – no voy a aceptar que digas lo contrario, esto que siento es real – le dijo llevando su mano libre al corazón – sólo te pido que le des una oportunidad

-promete – la soltó para sostener su rostro entre las manos – que, si sientes que te presiono para hacer algo inapropiado, siquiera que te llegue a incomodar, no lo vas a tolerar

-sé que jamás harías algo así – le sonrió

-por favor, promételo – insistió y ella lo hizo. Entonces, fue él quien inició el beso esta vez. Se inclinó sobre ella para rozar sus labios y capturarlos de una manera gentil. Cuando el beso terminó, él recargó su frente con la de ella – tendré que hablar con Terry de esto

-podemos hacerlo juntos – ella miró sin separarse

-hablaré con él antes- tomó su mano nuevamente y la aló para caminar a la entrada junto con él. Estuvo a punto de soltarse para buscar la llave entre su abrigo, pero la interrumpió; se estiró hasta alcanzar el timbre. Candy sintió que una ola de adrenalina viajaba desde sus pies hasta la cabeza: seguro Terry abriría y los vería tomados de la mano. Albert parecía estar tranquilo, pero ella empezaba a transpirar.

-tranquila – susurro ates de besar su mejilla – estoy aquí – Candy asintió. El rubio sonrió y pensó que nunca podría cansarse de mirarla. El sonido de la puerta abriéndose lo trajo de regreso y miró al frente con el gesto serio y apretando entre la suya la mano temblorosa de Candy –Tenemos que hablar -dijo mientras veía al castaño bajar la mirada a la unión de sus manos.

-Vamos, Candy – salió Susana tras él – empieza a helar –tomó la mano libre de la chica y la jaló para dejar que los detectives hablaran. La rubia regresó para dar un beso inocente en los labios de Albert, haciendo que se inclinara para responderle. Susana miró con atención la reacción de Terry, pero este permanecía callado. Finalmente, Candy entró sujetando leve y rápidamente el brazo de su tutor.

En casa, Annie no paraba e hacerle preguntas, ¿de qué hablaron? ¿por qué tardaron tanto? ¿qué harían de ahora en adelante? Preguntas que Candy contestaba medianamente. Lo cierto es que estaba atenta al ruido que la puerta hacia para anunciar la llegada de alguien. Y cuando por fin la escuchó, dejó atrás a Annie con sus preguntas y a Susana con su examen silencioso, pero en la puerta solo estaba Terry quitándose el abrigo para colgarlo en el armario. Candy lo miró expectante, pero él siguió sin hablar, sólo un "es hora de dormir" fue lo que se escuchó cuando pasó a su lado para después preguntarle por Susana y Annie.

-En la cocina – contestó – esperándolos – intentó remarcar el plural para saber dónde estaba Albert

-Me gustaría hablar contigo –dijo – pero es mejor hacerlo mañana, es muy tarde y necesitamos descansar

- ¿Albert, ha vuelto a casa? – preguntó ya que se negaba a aclararlo. Él asintió sin darle explicaciones. Cuando Susana y Annie salieron por fin, Candy se resignó a esperar. Lo que le inquietaba era no saber si volvería a ver a Albert pronto. Así que, con los sentimientos encontrados, optó por despedirse de todos e ir primero a dormir. Annie la siguió y finalmente, Susana y Terry cerraron la puerta de su habitación.

- ¿qué fue lo que hablaste con Albert? – preguntó su esposa alistándose para dormir

-quiere empezar una relación formal con Candy – dijo – eventualmente

- ¿eventualmente? – asomó la cabeza desde la puerta del baño - ¿qué quiere decir con eso?

-quiere tener tiempo para conocerse

- ¿eso estará bien para Candy?

-si le damos nombre a lo que sentimos, tal vez después ella no pueda alejarse si en algún momento siente la necesidad de hacerlo

-hablas como si los sentimientos de Candy fueran sólo un capricho

-prácticamente le doblo la edad, además, después de estos días volverá a Londres; aún le quedan dos años para graduarse de la universidad y muchas cosas pueden ocurrir en dos años

-Candy te ha querido desde hace mucho tiempo – respondió con molestia en su voz - ¿por qué ahora que ha conseguido acercarse a ti se iría en dos años?

-no lo entiendo, fuiste el primero en decirme que pensara bien las cosas con Candy

- ¡cuando ella tenía quince, por todos los cielos, Albert, es una mujer adulta ahora! - tomó aire – escucha, eres mi amigo y te considero mi familia, pero a Candy la veo como una hija, no voy a tolerar que juegues con ella.

- ¿qué quieres que haga? – frunció el ceño - ¿Qué te pida permiso para salir con tu hija?

-No estaría mal –lo miró arrogante

-No puedo creerlo, ¿hablas en serio? – terminó por reír - ¿de verdad me vas a obligar, con mi edad, a pedirte permiso para salir con tu hija de veintidós?

-Te conozco bien, Albert, sé que si en algún momento llegas a sentir que la pones en peligro te alejaras sin darle una explicación y sin pensar que eso podría lastimarla más, así por lo menos puedo buscarte para partirte la cara si es que Candy sufre por ti – dio una palmada a su espalda – ven a comer con nosotros mañana – dijo siendo lo último en hablarse.

El día siguiente fue particularmente sorprendente para Candy, no esperaba la visita de Albert tan pronto, aunque en el fondo estuvo rezando para poder verlo ese mismo día porque pensó que, a pesar de confesarse, el rubio se tomaría tiempo para pensar las cosas y no quería que se tiempo se extendiera hasta que ella tuviera que regresar a Londres. Además, la conversación que tuvo con Terry, detalles que su tutor se negaba a aclarar con ella, la tenía intrigada. Pero todas sus preocupaciones relacionadas con Albert desaparecieron cuando lo vio al otro lado de la puerta con una caja de lo que parecían ser chocolates.

El detective le sonrió y ella sintió que una ola de calor navegaba por sus venas, parecía que la sangre que tenía en el cuerpo se convertía toda en una línea de fuego que iba y venía de su corazón hasta los pies.

- ¿puedo pasar? – habló al notar la mudez de la joven y después de disfrutar, por supuesto, el gesto de sorpresa que tenía en su rostro. Se dijo que podría dedicarse a sorprenderla el resto de su vida, si con eso bastara para sostener una relación como la suya.

- ¡por supuesto! - se hizo a un lado abriendo la puerta para dejarlo entrar – pensaba ir a buscarte – le dijo cerrando la puerta mientras él se volvía para mirarla

-supuse que lo intentarías, por eso decidí venir temprano para evitar cruzarnos – extendió la caja de chocolates – espero que te gusten

-gracias – contestó apenada

- ¡Albert! – Interrumpió Susana – ¡no te esperábamos tan temprano, pasa! – dijo la mujer – ven a desayunar con nosotros

El rubio asintió y fue hasta el comedor seguido de Candy. Ahí se encontró con toda la familia Grandchester, Annie que cargaba a Sophie, Terry sorprendido dejando su lugar para estrechar su mano, incluso Eleonor, quien no esperó que hubiera ido a despedirse antes de partir a Londres.

- ¡vamos, siéntate con nosotros! – lo invitó Susana – te serviré un poco de café – dijo

-Gracias Susana, pero no podré quedarme – Candy lo miró dolida. ¿sólo había ido a dejarle chocolates y se iría? Pero no pudo ir más allá en sus pensamientos porque pronto sintió cómo Albert entrelazaba su mano con la de ella. Terry estaba frente a ellos aún.

-Quiero pedir tu permiso – dijo mirándolo a los ojos – para salir con tu hija –A Candy se le fue la respiración –me gustaría invitarla a desayunar, si estás de acuerdo –todos lo miraron en silencio, parecía que el tiempo se hubiera detenido sobre ellos para dejarlos congelados. No se escuchaban sus respiraciones hasta que el sonido de unos cubiertos de plata, probablemente de Annie, chocando contra el piso los trajo de vuelta. Pero fue la risa de Sophie la que provocó que todos tomaran aire nuevamente.

-claro – contestó Terry con nerviosismo – por supuesto – decía sin saber dónde poner las manos – claro… Candy – la miró, tenía las mejillas teñidas de rojo - ¿estás…tu, sabes, estás de acuerdo?

La joven afirmó con un pequeño sonido gutural ante la ausencia del habla.

- ¿por qué no vas por tu abrigo, querida? –le dijo Susana. Albert la soltó y la miro haciendo un gesto afirmativo. Ella desapareció y en menos de cinco minutos estaba de regreso con su abrigo rojo encima y su bolso en el hombro.

- ¿nos vamos? – preguntó volviendo a tomar su mano, ella contestó que sí con un movimiento de su cabeza – que pasen buen día – se despidió de los Grandchester y se fueron dejando a todos aún con la boca abierta y sin poder articular un razonamiento aceptable.

- ¿le dijiste que te pidiera permiso para salir con Candy? – preguntó Susana siendo la primera en hablar

-En realidad, no pensé que lo fuera a hacer- entonces todos soltaron las sonrisas contenidas, incluso Sophie empezó a reír sin comprender muy bien cuál había sido el chiste

No sabía bien hacia dónde mirar, así que de rato en rato pasaba de mirar al frente a mirar por la ventanilla del auto. Llevaba cerca de veinte minutos que salieron de casa y ninguno había dicho una palabra. Ella porque estaba muy nerviosa y gratamente sorprendida por las acciones de Albert al pedirle a Terry su permiso para salir con ella. Aunque le pareció un tanto exagerado porque consideraba que ella era capaz de decidir por sí misma, de verdad apreció la acción del detective. Suponía que era un gesto de buena intención que quería expresarle y eso la hacía muy feliz. Por su parte, Albert permanecía en silencio temeroso de que el permiso que le solicitó a Terry lo hubiera tomado a mal o simplemente anticuado.

-conozco una cafetería que me gusta mucho – rompió el voto de silencio – Grumpy, he ido ahí desde que estudiaba en la universidad, es un lugar tranquilo y podremos conversar

-seguro que me gustará – contestó ella para no quedar en silencio otra vez –la verdad es que conozco pocos lugares aquí – pero su intento se vio frustrado. Albert volvió a concentrarse en el camino y no volvieron a hablar hasta que estuvieron sentados uno frente al otro en una de las mesas de manera dentro del rústico café, y no fue precisamente para iniciar una conversación, sino para ordenar un poco de comida ligera y cada quien una taza de café.

Candy pensó que no debía dejar que se sumieran en el mutismo, pero es que la situación la tenía con el nerviosismo a cien. Habían pasado muchos años de la última vez que hablaron y eso fue un día antes de que entrara a San Pablo; fuera de su precaria situación cuando se conocieron, no habían tenido oportunidad de hablar sobre otros temas menos escabrosos. Suspiró asustada de no poder entablar una conversación con él. ¿Qué podía decirle, además de que se sentía completamente expuesta a su mirada que ni un segundo se había apartado de ella? Ciertamente no quería verse como una adolescente, pero es que Albert la ponía nerviosa y hacía que toda ella temblara como si tuviera frío. Al menos el clima podía ayudar a justificar el escalofrío que sentía, se dijo.

-Lamento si lo que dije en casa te pareció demasiado brusco – empezó él notando que la joven estaba nerviosa por la mirada huidiza que tenía sobre él

-Para serte sincera no me lo esperaba – sonrió

-Terry pensó que sería bueno hacerlo

- ¿Terry te lo pidió? – él se encogió de hombros al ver la sorpresa en el rostro de la chica y asintió divertido por su reacción

-no es algo que tenga costumbre de hacer, tal vez una vez cuando tenía doce años

- ¡No puedo creer que Terry me avergonzara de esa manera frente a ti!

-él sólo trata de cuidarte – quiso restarle importancia al hecho, sobre todo porque él mismo se sentía avergonzado. Aunque en el fondo intuía que Terry apeló al permiso sólo para retarlo, y él lo hizo para mostrarle que, en efecto, era capaz de hacerlo – pero me gustaría preguntártelo también

- ¿Qué? –Candy quedó sin palabras, otra vez. Se atragantó con el bocado en su boca

-bueno, tú sabes –continuó –me gustaría preguntarte si estás de acuerdo con llevar una relación conmigo –terminó mientras tomaba un sorbo de café.

-yo, por supuesto –la chica no podía contener la sonrisa que iluminaba su rostro. No sabía si era la felicidad que irradiaba o la luz de la mañana que atravesaba el cristal tras sus espaldas la que le daba un brillo singular a su figura, pero aquella imagen la memorizo para tenerla con él como si fuese una fotografía.

El resto del tiempo pasó entre preguntas y respuestas; el juego lo inició Candy. "Es que, excepto que eres detective, no sé mucho más de ti" se explicó cuando parecía que Albert se veía mortificado por responder en orden todas las preguntas que le hizo. Aunque ninguna fue particularmente inquietante, sí hubo una que lo descolocó

- ¿cómo era tu hermana? – no era un secreto que tenía una hermana que murió hace años, pero eso era algo que nunca había conversado con ella, supuso que parte de la historia, si es que había una a estas alturas, la habría escuchado de Susana o talvez de Terry – perdón si te he incomodado, es sólo que Annie me contó que, hace mucho tiempo, hablaste con ella sobre tu hermana

- ¿Annie?

-fue hace tanto – jugo con su cabello tras la oreja, estaba nerviosa –mientras el juicio iniciaba

-ahora recuerdo – se inclinó sobre la mesa – en realidad, no hablo mucho sobre Marie Rose, era mi hermana mayor, su tiempo fue una época complicada, aún la recuerdo con mucha nostalgia y remordimiento

- ¿remordimiento por qué? – él volvió a echarse hacia atrás

-porque no pude hacer nada por ella – respiró –siempre pensé que había muerto en un accidente de auto, pero…

- ¿te gustaría ir por un helado? –preguntó cambiando abruptamente el tema, dejándolo sorprendido. Era demasiado pronto empezar a hablar de esos temas.

- ¿con este clima, estás segura?

- ¡no hace tanto frío, vamos! – respondió la joven tomando su bolso y dando el último sorbo a su taza de café. Albert fue el que pagó la cuenta, a pesar de que Candy insistiera en que podía poner la mitad. Ciertamente era el dinero de Terry, pero pronto empezaría a trabajar, se prometió agregar la búsqueda de un trabajo a tiempo parcial cuando volviera a Londres.

Salieron del café y una ola de viento helado los cubrió. La chica tembló por el roce del viento contra la piel de su rostro y él rio por el colorete que se le hizo en las mejillas y la nariz. Candy trató de ocultar las evidencias del frío que sentía con sus manos, pero Albert no la dejó; apartó con las suyas las manos que intentaron cubrir su rostro. Juntó su frente contra la suya y rozó su nariz con la de ella, provocando un hormigueo placentero con su contacto.

- ¿te parece que volvamos a casa? – preguntó el sin separarse – el helado puede esperar

-pero…- besó su frente y entrelazó su mano con la de ella para empezar a caminar

-no me gustaría que te resfriaras – dijo – además tengo que ir a la comisaría

-pensé que tendrías el día, Terry siempre lo tiene

-lo tengo, es sólo que necesito ir a revisar algunas cosas, además debo ir a ver a Archie para tener noticias de la audiencia de Robert, tal vez me tome toda la mañana

- ¿está bien si quedamos para comer juntos? –preguntó ella mirando el movimiento de sus pies sobre el asfalto congelado.

-Está bien, puedo pasar…

-yo pasaré por ti –sonrió.

Fue con la promesa de volverse a ver que se despidieron en la puerta de la casa Grandchester. Su mejilla derecha fue acunada por una de sus manos mientras la otra la envolvía por la cintura asiéndola con firmeza mientras en puntas respondía el beso más intenso que hasta el momento Candy había sentido. El colorete de sus mejillas ahora era reemplazado por el fuego que Albert se encargó de compartirle a través del ágil movimiento de sus labios sobre los suyos. Las oleadas de aire helado que los golpeaban, a penas y se sentían, por la llamarada que ahora se quedaba en sus corazones.

-Te estaré esperando – dijo mientras ella aún mantenía sus ojos cerrados – te esperaré, Candy

-yo… te qui…-la besó otra vez rápidamente antes de apartarse y caminar de regreso a su auto. Candy se quedó un momento mirando el auto perderse en la longitud de la calle. Suspiró con la llama encendida en su pecho y con un dejo de desesperanza queriendo apaciguar el fuego que había empezado a crecer en su corazón. Albert todavía no cree que con firmeza que lo quiero en verdad, pensó. ¿por qué otra razón me habría callado así?

- ¿Candy? – escuchó a su espalda el murmullo de Annie – entra ya, que estoy cansada de espiarte por la mirilla

- ¿Qué tú qué?


Cuando llegó a la estación no esperó encontrarse con Terry metido en su cubículo. Aseguró que había ido porque se olvidó de algunas cosas que eran importantes para el caso nuevo que tenían, pero el rubio sabía que fue para cerciorarse de que no se hubiera escapado con Candy por ahí.

Y aunque Terry estaba bastante intrigado por la cita que tuvo con Candy, se reservó las preguntas que tenía, ya había sido suficiente con haber puesto a Albert en una situación incómoda como si fuese un adolescente. La conversación que había comenzado con ponerse al día en el nuevo caso, pasó por la espera de noticias sobre la audiencia de Archie para el caso de Robert y finalmente cayó en la muerte de Marie Rose. No habían tocado el tema, pero ambos lo habían estado rodeando en sus cabezas; Terry porque sabía que el rubio investigaría y Albert porque intuía que trataría de evitar que indagar por su cuenta.

El ambiente en la conversación fue tenso en todo momento. Empezaron por expresar sus opiniones, pero terminaron por discutir abiertamente.

- ¿cuál es el problema en que quiera saber qué pasó con ella?

- ¿has pensado lo que harás si resulta que no fue un accidente?

-buscaré al que lo provocó

-no estás listo para afrontarlo

-¡vaya, gracias! – extendió los brazos dejando su lugar – pero, ¿qué crees? Eso lo decido yo – contestó irritado

-En realidad, yo lo decidiré – sentenció ganándose la fría mirada de su amigo – abriré el caso con ayuda de Susana

- ¡no te atrevas! – amenazó golpeando el escritorio - ¡no puedes dejarme fuera de esto, sabes que investigaré por mi cuenta!

-no si yo lo hago – fue su turno para levantarse – llevaré el caso, Susana me ayudará a revisar algunas cosas y cuando haya reunido suficientes pruebas, lo hablaré con Archie

- ¿y cómo se supone que llevarás el caso aquí si el accidente ocurrió en Londres?

-A través de mi padre, a él lo pondré como principal sospechoso

- ¡estás loco, eso ni siquiera es un indicio!

-Es lo suficientemente creíble como para abrir el caso aquí

-Escucha Terry, sé que eres mi amigo, pero no voy a dejar que te tomes estas libertades

-no te lo notifico como amigo, Albert, sino como colega

-No me voy a quedar fuera

-No esperaba menos de ti –permaneció firme – pero viendo las cosas como están y conociéndote, tal vez tu única posibilidad de saber la verdad, fuera de la comisaria, es hablando directamente con Elroy y sé que no irás- el rubio frunció el ceño – te pedirá volver como siempre lo hace y sé que no lo harás

-No te tomes libertades que no te corresponden, colega– tomó los expedientes que le tocaba revisar y salió azotando la puerta de cristal. Terry terminó por dejarse caer en la silla sin ánimo de continuar con la revisión a más documentos. Resulto tan tenso como Susana se lo previno, pero él consideraba que era necesario, no importaba que terminara odiándolo, sabía de la sensibilidad del rubio lo hacía susceptible para cualquier mala noticia que tuviera que ver con su familia y más tratándose de Mari Rose.

Por su parte, Albert aventaba los expedientes que caraba sobre el resto de papeles que se apilaban en su escritorio. Trató de respirar profundamente para no estallar contra Terry. En el fondo sabía que lo intentaba ayudar, pero esta vez, sólo esta vez, parecía no darse cuenta que no necesitaba ayuda, sólo saber qué sucedió. La culpabilidad estaba ahí, con él, antes de enterarse que la muerte de Marie podría haber sido provocada, se sentiría un miserable si siquiera pudiera ayudar a su hermana a revelar la verdad de sus últimos momentos.

- ¿ocupado?

- ¡Eliza! – estaba recargada sobre el marco de la puerta mirándolo, al parecer, desde hace un rato - ¿qué haces aquí?

-necesitamos hablar – dijo enderezando su postura - ¿vamos al bar?

-lo siento, Eliza, no puedo – recogió los expedientes tendidos incluso en el piso – tengo trabajo que hacer

-sé que hoy tienes el día libre – recordó – no te quitaré mucho tiempo, es importante para mí

El rubio se lo pensó y terminó por aceptar. Le pidió que lo esperara en la sala de recepción e iría a buscarla después. La mujer salió del cubículo y camino a la recepción mientras él desviaba el camino rumbo a la oficina del fiscal, pero no tuvo suerte de encontrarlo; la asistente le dijo que aún no regresaba de la audiencia. Albert se despidió avisando que saldría por un par de horas y estaría de regreso, quería conocer el veredicto final de la audiencia para darle la noticia a Candy cuando llegara, después de eso fue a buscar a Eliza. En los pasillos se topó con la mirada interrogante de Terry, él le hizo saber que regresaría pronto "Eliza quiere que hablemos" le dijo en voz baja, "buena suerte" contestó el castaño. En cierto modo, aquella palmada que le había dado en el hombro fue un símbolo implícito de reconciliación que ambos aceptaron de buena gana.


En casa de los Grandchester, Candy, Susana y Annie planeaban la forma en que el caso de Marie rose sería tratado. La supuesta confesión que había hecho Elroy Andrew sirvió de pretexto para poder traer el caso. Susana ofreció su ayuda a Terry para revisar con cuidado las autopsias que se habían hecho, incluso la confesión grabada y transcrita de Elroy durante la audiencia.

-En cuanto Archie salga de la audiencia, Terry retomará el caso – dijo Susana – me dijo que la fiscalía está segura de que negarán la libertad condicional a Robert y podremos empezar la investigación con las ventajas que nos da la comisaría y sin ponernos en riesgo

-entonces, Candy trabajará desde Londres cuando regrese a la universidad, Susana junto a Terry, seguro Albert hará sus propias indagatorias y…-dijo Annie - ¿Qué se supone que haga yo?

-Aún eres la editora del periódico escolar, ¿verdad? – preguntó Candy

-Sí

-Necesitaré que hagas una crónica sobre el caso, si bien podemos darle justicia a Marie Rose, Robert Grandchester merece el castigo público también –continuó – además, sólo a través de la crónica periodística es que podremos retomar el caso Thompson, no podemos dejar la gente de olvide de ese mundo cruel – Annie asintió y se comprometió a realizar la crónica en cuanto el caso empezara a esclarecerse todavía más

Pero incluso con las precauciones y acuerdos que tomaron, faltaban asuntos que resolver.

- ¿qué pasará cuando Terry y Albert se enteren de la verdad? – preguntó Annie – están de acuerdo que ninguna de las dos podrá evitar que lo sepan, ¿cierto?

-me gustaría evitar que Albert se enterara mientras investiga el caso – contestó Candy – tampoco quisiera que Terry sufriera por saber de su origen, pero

-él es más fuerte ahora – terminó por decir Susana – sólo por ahora – miró a la rubia – amo a Terry, tanto como tú puedes querer a Albert, Candy, y también voy a hacer lo posible por protegerlo

-no pueden protegerlos de conocer la verdad, eso es definitivo – sentenció Annie

-al menos retrasar el conocerla, ganar tiempo – habló Candy ya con la garganta seca –la única ventaja que tenemos para evitar un poco el sufrimiento, es que nosotras sabemos la verdad, sólo necesitamos reunir las pruebas suficientes para llegar al juicio y conseguir una condena. Para entonces, podremos hablar con ambos

-ese panorama tuyo es demasiado ideal, Candy – volvió contradijo su hermana – no va a funcionar

-aun así, tenemos que intentar

- ¿por qué no hablan con la señora Elroy? – sugirió entonces Annie

- ¿Susana? – consultó Candy

-no creo que sea buena idea – pensó – es el principal testigo de Terry, dio una confesión a cuenta gotas, lo necesario para evitar la libertad condicional, si vamos a ella sabrá que conocemos la verdad

-Tengo un amigo en Londres que puede ayudarnos – Candy pensó en Thomas. No eran ciertamente amigos, pero se llevaban bien. Recordó que en una de sus pláticas le dijo que conocía mucho más de los Grandchester que de los Andrew, así que podría sacar algo de información de ahí. A estas alturas se trataba de la misma familia.


Era el tercer vaso de cerveza que pedía Eliza aún sin hablar de manera directa sobre un tema en específico. Albert se sintió sofocado. Tomó un trago de su vaso del que pronto se dio cuenta que la cerveza estaba tibia, lo que indicaba que había pasado más tiempo de lo necesario en una conversación que no llegaba a ninguna parte. Recuerdos de citas pasadas, comidas favoritas, primeras impresiones, aislamiento, soledades, nada que no hubieran discutido antes. Terminó por perder la paciencia y apresuró a Eliza a decir lo que había ido a soltar. Dos horas de ausencia en la comisaría habían sido más que suficientes.

- ¡por favor no me dejes! – atrapó su mano entre las suyas tomándolo por sorpresa – sé que dije cosas horribles, pero me arrepiento de todas ellas, tienes razón, no sucedió nada que no me hubieras dicho ya – intentó soltarse, pero lo tomó con ambas manos cayendo de lleno sobre la mesa – me lo dijiste cuando nos conocimos, lo he recordado "esto que haremos no terminará bien porque lo hago pensando en otra" – se aferró – eso dijiste, ¿lo recuerdas? Bien, pues lo acepto, no me importa en cuantas pienses, lo puedo aceptar, pero no me dejes

-Eliza – la sostuvo con firmeza de uno de sus brazos y se inclinó para hablar también – necesito que me sueltes para poder hablar apropiadamente

- ¡no! – el gritó hizo que las personas alrededor voltearan a verlos - ¡si te suelto de irás! – empezó a llorar - ¡tienes que prometerme que no me dejarás!

-No puedo prometerte eso, Eliza

-puedo cambiar el color de mi cabello – dijo torciendo la boca – puedo ser rubia si quieres

- ¡Basta, Eliza, no digas tonterías! – aprovechó el susto que le dio por el tono que uso y apartó con brusquedad su mano

- No puedes dejarme Albert, eres lo único que me queda

-Tienes a tu hermano –dijo sacando su cartera para pagar la cuenta e irse

-tener a mi Neal es como no tener a nadie alrededor – dijo sin hacer el intento por levantar la vista –es abogado de criminales

- lo sé – fue seco

-a pesar de que mis padres fueron víctimas de unos, se volvió defensor de criminales – sollozó - ¿y quieres dejarme sola con él?

-Eliza tu y yo ya no somos nada, puedo ofrecerte protección judicial, tal vez pueda hablar con Archie si te sientes insegura por el caso, pero fuera de eso no puedo hacer nada más – se marchó antes de que ideara otra respuesta absurda o chantajista para retenerlo. Justo al salir, recibió un mensaje de Terry "Negaron la libertad condicional a Robert, Archie nos quiere ver en su oficina". Sonrió y apresuró el paso. Faltaba poco para que se encontrar con Candy y darle la buena noticia.


Cuando llegó a la oficina de Archie, Terry y Stear estaban ahí. El rubio se disculpó por la demora y se dispuso a escuchar de la reunión. Archie confirmó que el fallo del juez fue favorable para la fiscalía. Mientras ellos hablaban, Neal Leagan debería estar dándole la noticia a Robert sobre la nulidad de la apelación por la libertad condicional.

-debido a que se usó la confesión de Elroy Andrew, el caso de Robert Grandchester permanecerá en nuestra jurisdicción – dijo el fiscal – lo que significa que Terry podrá empezar a investigar el accidente de Marie Rose Andrew

Albert se tensó por la mención, quiso rebatirlo, pero lo evitó; cualquier esfuerzo por solicitar participar en el caso sería nulo, Archie era implacable. Terry asintió y dejó que continuara, hablaría al final de las instrucciones.

-Todo esto nos deja con un tiempo realmente corto – seguía hablando Archie – tenemos un par de meses para presentar pruebas antes de la nueva apelación de la defensa. Hablé con el capitán y Terry está a cargo; Albert, por obvias razones quedas fuera del caso y Stear, gracias por el apoyo para audiencia

-un placer – contestó el abogado recargado sobre una de las repisas repletas de libros

- creo que de aquí en adelante no requeriremos de tu ayuda – continuó el fiscal – pero te llamaré de ser necesario

-De hecho – intervino Terry – sí es necesario – giró para mirarlo – sobre todo por tu fuente

-Lo lamento, Terry, pero eso no lo puedo revelar

-No hay que darle tantas vueltas para saber que tu fuente es Eleonor – respondió Albert desde su lugar.

- ¿cómo? - Stear reaccionó sorprendido

Archie se encogió de hombros – no por nada son los mejores detectives

-me estás tomando el pelo, ¿cierto? – se ofuscó por la facilidad con que descubrieron la identidad de su fuente, pero intento no evidenciar su nerviosismo. Si pudieron deducirlo rápidamente, entonces no tardarán mucho en descubrir la verdad. Se recordó que debía hablar seriamente con Eleonor y la señora Elroy. Suspiró agotado por los nuevos escudos que debía blandir para proteger la integridad legal de su clienta y se despidió.

Archie ya había resuelto que lo buscarían en caso de necesitar algo de él y por cómo veía las circunstancias en que se suscitó la audiencia, supuso que no requerían de él, por ahora.

Durante el resto de la reunión terminaron por concretar la forma en que trabajarían el caso. Albert quedando oficialmente fuera, se encargaría de un caso nuevo. Su intervención en el caso de Marie Rose sería en función de lo que Terry necesitara como parte del trabajo de campo. Archie le advirtió al rubio que se reservara los impulsos de involucrarse

-si la fiscalía llega a perder este caso tú serás el único responsable y me encargaré de hacerte pagar por ello

Albert asintió y con esto la reunión concluyó. Los detectives salieron de la oficina del fiscal y se dispusieron reunir los documentos necesarios para empezar a unir el expediente del caso. Terry precisó de su ayuda y el rubio aceptó. Sabía que en realidad no la necesitaba, aquello era un gesto de cortesía que le entregaba para mantenerlo al tanto del caso. En silencio agradeció la amabilidad del castaño.

Mientras estaban reuniendo la información necesaria en el cubículo de Terry, un oficial interrumpió sus diligencias para anunciarle a al detective que su hija Candy estaba esperando en recepción.

- ¿Candy?

- Viene por mí, en realidad – ocultó el sonrojo de su rostro entre la lectura de un documento. Terry lo miró levantando una seca

-supongo que la vieron entrar y asumieron que venía a buscarme

-supongo – se encogió de hombros

- ¡Candy, pasa! – Terry la recibió. La chica entraba y saludaba con confianza a su tutor. Percibió la figura de Albert sentado en uno de las sillas frente al escritorio. Sostenía entre sus manos un documento que bajó lentamente para mirarla y sonreír.

-Candy – dijo su nombre para saludarla

-buscabas a Albert, ¿cierto? –se vio sorprendida por la repentina pregunta de Terry. Ella asintió, primero, sin decir nada

-en recepción pensaron que venía a buscarte- río nerviosa – no me dejaron si quiera saludar…

-Descuida – dijo desinteresado y divertido por la atmósfera que se estaba formado –aquí tienes a Albert – los miró, ambos permanecían en silencio mirándose de soslayo - ¡hey! – la volvió a sorprender - ¡qué lindo vestido!

-gracias – contestó apenada

-lo recuerdo, ¿no es ese el que te empeñaste en usar en uno de tus cumpleaños en vez del rosa porque este se veía menos infantil? – soltó despreocupadamente. La risa de Albert fue la que rompió el aura de tensión y timidez que se había formado

- ¡Terry! – pero ella sólo quería que se abriera la tierra bajo sus pies y se la tragara entera

-Iremos a comer juntos – declaró el rubio poniéndose de pie

- ¿comer?

- sí, Terry, a comer – se acercó a Candy para tomarla de la mano mientras que con la otra sostenía los expedientes que debía revisar – hoy es mi día libre, en casa revisaré esto – levantó la mano para mostrar los documentos sobre el caso mientras empezaba a caminar con Candy siguiéndolo

- ¡te recuerdo que es mi hija, Albert! – presionó tratando de ser escuchado, de preferencia por todos en el pasillo

- ¡estará en casa antes de las doce! – respondió Albert con total naturalidad

- ¿por qué hablan de mi como si no estuviera presente? – reclamó la chica mientras buscaba dónde sentarse. Albert la había llevado a su cubículo para ordenar unas cosas antes de irse.

-sólo trata de cuidarte, Candy

-trata de avergonzarme, no lo puedo creer

-Me encanta tu vestido – sonrió de manera sutil, no se trataba de una sonrisa de divertimento, sino de otro tipo, un gesto que la pequeña llama encendida en su pecho empezó a crecer y a inundarle de calor.

-Gracias – contestó jugando con sus risos tras la oreja. Él se acercó para sostener su mano mientras aún estaba en el aire. La soltó con delicadeza y con su propia mano desajustó el rizo que había tratado de meter en cintura

-no lo hagas – le dijo mientras levantaba su mentón terminando por atrapar sus labios en un beso lo suficientemente suave como para llamarlo cálido. Ese fuego que había empezado a expandirse por todo su pecho, fue contenido y se tornó en una luz cálida, abrasadoramente cálida - ¿nos vamos? – preguntó estando aún cerca de sus labios

-Sí – respondió ella levantándose cuando él se alejó para tomar los documentos que había apartado. Extendió la mano para incitarla a caminar. Cerró la puerta de su cubículo y desde ahí se tomó unos segundos para mirarla andar por el pasillo con el vestido de verde terciopelo danzando sobre sus piernas enfundadas en unas largas botas negras. Bastante lejos se estaba quedando esa pequeña Candy de quince años.

Después de coger sus abrigos, salieron de la comisaria y caminaron por largo rato. No tenían sitio a donde ir, Candy no había planeado, él lo sabía, porque su vida ya no estaba en la ciudad sino en Londres y él no pensaba en ningún sitio en concreto; sólo caminaban, se decía que prefería disfrutar del tacto gentil y templado de la mano de Candy entre la suya. Pensó en los años que añoró ese momento, soñando con él cada noche, preguntándose cuán suave sería el tacto de su piel o sobre el verde de sus ojos… ¿cambiarían de tono dependiendo de la luz, la sombras o su estado de ánimo? Todas esas preguntas llegaban a él cada noche y se quedaban sin respuesta. Durante mucho tiempo se contentó con saber que Candy se encontraba segura bajo la tutela de Terry, pero pronto se vio atacado por los remordimientos al pensar en la joven entre sus brazos, besándola, quizás en su casa, quizás en su cama, quizás en su piel. ¿Quién podría haberle convencido que ella misma sería la que expusiera tanto sus sentimientos como los de él y los dejaría a merced de la tentación de darles libertad?

"solo quiero hacerla feliz" se dijo mientras se adentraban a Central Park "sólo quiero ser feliz a su lado"