Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora


Capítulo XI


Estaban sentados en una banca con vista a un claro vacío. A esa hora Central Park empezaba a verse solitario, no supieron exactamente cómo, pero luego de aventurarse a caminar mientras se respondían preguntas "banales" el ocaso empezó a sentirse en el viento helado que surcaba los árboles sin hojas. En invierno los días eran más cortos y las noches más largas, pensó Albert mientras miraba el cielo teñirse de un color ocre ancestral. Pensó que nunca había sentido tanta paz mientras veía al ocaso llevarse el día.

- ¿Albert?

-Perdón – dio apretón a su mano – ¿cuál fue tu pregunta?

- ¿qué te gusta más el ocaso o la aurora? – se acercó un poco más a él para recargarse en su brazo

- Me gustaría decir que la aurora – respiró – pero sólo me han tocado vivir los ocasos – dijo guardando silencio sepulcral después de eso. Candy se lo quedó mirando, mientras él volvía su vista al cielo. Ella misma no lo había notado, pero justamente el ocaso se cernía sobre ellos. Apretó con fuerza el brazo del rubio provocando que éste la miraba preocupado. La descubrió ocultando su rostro entre los pliegues de su abrigo negro. Desde su posición veía el color dorado de su cabello, el rojo de su abrigo y la espesura negra del suyo. Con la otra mano jugó con sus rizos dándole una caricia confortante.

La sintió temblar contra su cuerpo y supuso que se trata del frio, aunque la realidad era que Candy había ahogado un sollozo de tristeza. Rápidamente secó la lágrima que se había escapado para que Albert no lo notara.

"Yo cuidaré de ti" hizo un juramento silencioso "no volverás a estar solo, ningún ocaso llegará a ti en soledad mientras esté viva" se dijo. Y suspiró largamente como si aquel rumor de su corazón sellara el pacto que secretamente había hecho.

-Volvamos a casa – dijo finalmente el rubio – tal vez Terry nos esté esperando en el pórtico de la casa

- ¡no por favor, no! – contestó a modo de burla la joven que soltaba el brazo del detective para buscar su bolso y ponerse de pie. Él, por su parte, cargó con el bolso donde guardó los documentos que debía revisar, tomó la mano de la joven y empezó a caminar.

-Candy – la llamó – me gustaría poder decirte que nuestra relación será tan normal como cualquiera – tomó aire – pero creo que ya sabes que no será así y yo sólo quiero asegurarme de que…

-no me arrepienta - completó viéndolo asentir – nunca lo haría Albert, nunca me arrepentiría de estar contigo

-Candy, eres joven…

- ¿de qué se trata eso? – se detuvo - ¿pediste permiso a mi tutor para salir conmigo solo un par de citas y ya? ¿me crees tan poco madura para tener una relación conmigo? – su voz se había ensombrecido. Nunca había visto esta faceta de Candy. En realidad, no conocía ninguna faceta de ella si era preciso.

- No se trata de eso – respiró – sólo quiero asegurarte que, cuanto más avance nuestra relación, si llega a existir algo que te incomode, hay una puerta de salida

-¡no necesito ninguna puerta de salida! – empezó a ofuscarse – sólo te pido que nos des una oportunidad

- trato de que estés segura

- ¿no has pensado que una forma de darme seguridad es que nos permitas estar juntos?

Albert respiró – sólo prométeme que si algo te incomoda me lo dirás

-prometido, detective – respondió en tono serio, pero con una sonrisa en el rostro

-casi lo olvidaba – la miró – la audiencia por la libertad condicional de Robert la ganó la fiscalia, nos lo confirmó Archie

-Me siento tranquila – su tono fue sereno –no estaba preocupada porque sé que tú y Terry están aquí con nosotras, pero Robert Grandchester tiene algo que me oscurece el corazón

- tranquila – la abrazó – no permitiré que te haga daño

-lo sé, Albert – respondió al abrazo –me alegro de que por ahora no tengamos que preocuparnos por él – sintió que el rubio reaccionó a sus palabras – Terry habló con nosotras y nos explicó el proceso del caso

Albert asintió y se separó, mantuvo su mano sobre la cintura de la joven para no separarse de ella y la miró con el semblante tranquilo –quiero ser honesto contigo – la sorprendió por su tono apacible – no quisiera ocultarte nada, tal vez Terry no se los dijo, pero el juez negó la libertad condicional porque se encontraron evidencias de que Robert coaccionó su defensa, además de que se le acusa de ser un asesino – Candy sostuvo con fuerza el brazo que la tenía abrazada por la cintura.

Sintió la tibia caricia de su mano sobre su mejilla que la reconfortó, aunque el temor que experimento no fue causado tanto por el miedo que tuviera de Robert Grandchester, que sí lo tenía, sino porque Albert y Terry podrían estar más cerca de lo que pensó de descubrir la verdad. Se estremeció de imaginar el momento en que Albert tuviera que enterarse sobre el sufrimiento de su hermana. Quiso decirle en ese momento, quiso contarle todo lo que sabía, tal vez si se enteraba de todo de una vez el dolor no sería tan grande, ahí estaba ella después de todo ¿no? Podría ayudarlo, consolarlo…Fue el roce de sus dedos sobre sus labios la que la trajo de vuelta y el suave contacto de sus bocas la que le confirmó que no podría decirle. No hoy, ni mañana…tal vez nunca podría…no soportaría verlo sufrir.


Era cerca de las nueve de la noche cuando llegó a casa. Susana estaba preparando a Sophie para ir a dormir, mientras que Annie y Terry estaban discutiendo algunos detalles sobre su próximo ingreso a la universidad. El castaño le ofreció ir a la misma universidad que Candy, pero ella lo rechazó. "Me gusta esta ciudad" dijo.

Candy saludo a todos de manera rápida antes de ir a su habitación. Cerró la puerta sin hacer demasiado ruido y sacó su acostumbrado cuaderno de notas. "Primera cita con Albert" escribió en una hoja libre, seguido de la fecha y unos cuantos dibujos en corazones.

- ¡Vaya qué lindo! – la voz de Terry hizo que pegara un brindo soltando el cuaderno de sus manos. Terry estuvo a punto de tomarlo, pero ella se adelantó. No quería que descubriera sus notas sobre el caso de Marie Rose.

-No solo me avergüenzas frente a Albert, sino que también me metes un buen susto

-bueno, Candy, no sería un buen padre si no me ocupo de crear momentos incómodos de vez en cuando – dijo si quitar a vista del cuaderno que la chica terminó por guardar en su bolso - ¿por qué llegaste tan tarde?

- ¿tarde? – lo miró contrariada – llegué antes de las doce, como acordamos – se encogió de hombros

-George vino a buscarte – dijo en un tono menos alegre

- ¿A mí, por qué? – pregunto mostrando curiosidad o al menos trató, si fue a buscarla seguro se trataba de Marie Rose

-bueno, eso venía a preguntarte – contestó el detective restándole importancia a la noticia. Candy sospechó de ese cambio de registro tan abrupto que tuvo su tutor – vino, pero cuando supo que no estabas dijo que te buscaría después

-Qué extraño – empezó a buscar su pijama entre los cajones – tal vez sea por las clases de cocina

Terry la miró atento – es posible, en fin – se dirigió a la puerta – he cumplido con darte el mensaje

-Gracias, Terry – dijo ella volviéndose para mirarlo – y gracias también por lo de este día – él levantó la mano restándole importancia y cerró la puerta antes de irse.

Candy dejó escapar el aire que había estado reteniendo cuando escuchó que nombraron al señor George. "Sospecha algo" pensó mientras se cambiaba la ropa. Antes de dormir sacó el cuaderno de notas de su bolso y anotó "buscar a George Brown"


Albert se encontraba revisando cuidadosamente los documentos que apenas conformaban un ralo expediente sobre el caso de Marie Rose. Terry le había entregado una copia oculta entre las carpetas del nuevo caso que debía retomar. Aunque no pudiera intervenir, acordaron compartir información por mínima que fuera; eso era un rasgo característico de ellos, así trabajan. Desde que fueron asignados como equipo asumieron tácitamente que la única regla que no podía romperse era la sinceridad entre ellos. Ese acuerdo transcendió la relación laboral a su propia vida. Su amistad se había forjado sobre momentos difíciles y complicados, pero también sobre momentos felices y gratos.

Se conocieron gracias a la amistad que Elroy había entablado con Eleonor. Fue un periodo particularmente difícil para él, sobre todo porque Marie se había alejado de casa durante dos años, la compañía del pequeño Terry ayudó a mantenerlo sereno, pero no fue hasta su reencuentro en la comisaría que empezaron a forjar un vínculo más cercano. El camino en común que han mantenido ha sido un soporte para Albert en días oscuros, sobre todo cuando murió Marie Rose.

Suspiró cansado y agobiado por los recuerdos que le traía leer las escuetas anotaciones que componían el caso. Presionó su frente tratando de alejar los recuerdos que le fueran especialmente sensibles para evitar que su juicio y deducción se nublara.

"¿Qué te hicieron Marie?" preguntaba mientras se echaba para atrás sobre la silla "¿qué fue lo que te hicieron hermana?" La noche fue difícil, no pudo dormir y cuando menos lo notó, los primeros rayos de luz se colaban por la ventana. No supo exactamente qué fue lo que lo impulsó, pero tomó su abrigo sin pensarlo dos veces y salió encaminándose hacia la casa de los Grandchester.


Los golpes contra la puerta la despertaron. Annie entró sin esperar a que Candy se despertara, apenas se sentó sobre la cama ella se tiró a los pies de esta para disparar todas las preguntas que se había guardado durante la noche. La joven no supo cómo lo hizo, pero fue contestando una a una mientras recordaba su tarde junto a Albert en Central Park, tratando de dejar los detalles y las sensaciones embriagadoras sólo para sus recuerdos.

Después del informe que prácticamente le obligó a entregar sobre su cita con el detective, decidió preguntar por la visita de George.

-en realidad ni siquiera lo sabía – contestó Annie sorprendida por la noticia –Susana y yo estuvimos fuera de casa toda la tarde – se encogió de hombros –fuimos a hacer algunas compras para la noche vieja

-tal vez debamos preguntarle a Susana

- ¿es tan extraño que venga el señor George a la casa? – inquirió Annie – Terry y Susana lo consideran parte de la familia, ¿no?

-lo raro es que haya preguntado por mí – debatió la rubia – y precisamente a Terry –suspiró – pienso que puede sospechar algo

-yo creo que le pudo parecer extraño, pero de ahí a que te relacione con el caso de Marie Rose Andrew hay una breca muy grande, Candy

-de cualquier forma, le preguntaré a Susana, sólo para estar segura

-como quieras – dijo dejando el tema de lado – ¿vamos a desayunar? Tengo hambre


En Londres, Eleonor llegaba a casa cuando el servicio le notificó de la visita del señor Neal Leagan. Tomo aire y ordenó que lo hicieran pasar al estudio. Decidió tomarse un poco de tiempo antes de enfrentar las amenazas del abogado. Estaba segura de que Robert había dado órdenes para intimidarla. Se repuso todo lo que pudo del largo viaje desde América y se encaminó al estudio recordando las conversaciones que mantuvo con Elroy antes de partir. "Recuerda que Robert sólo sabe la mitad de la verdad, si queremos proteger tanto a Terry como a Albert, no debemos revelar más delo debido" Esas había sido las palabras que la cabeza de los Andrew había soltado. Y con esto saludó cordialmente al hombre que se encontraba sentado con un aire de confianza excesiva en uno de los sillones del estudio.

-Un gusto conocerla señora Grandchester

-Por el contrario- tomó asiento frente a él – permítame ofrecerle un café o una taza de té

-Café está bien para mí – Ella ordenó la taza al servicio

-asumo que me trae noticias de Robert

-así es – sacó varios documentos de su portafolio – son los documentos de divorcio

- ¿divorcio? – preguntó sorprendida – creí que eso había quedado resuelto con mi abogado Stear Cornwell

-Así es, pero esto es una apelación – le hizo saber – debido a que usted no pertenece a ninguna familia noble, la petición de quedarse con la mitad de los bienes de Robert Grandchester no podrá ser posible.

- ¿Esta bromeando, no es así?

-Me gustaría poder decirle que sí, pero no señora Grandchester – continuó el abogado – el dinero y las propiedades de Robert Granchester, así como sus títulos, serán sólo de él y a usted se le entregará la posesión de este castillo o alguna otra casa que desee

- ¿qué es lo que pretende Robert, dejar en la calle a su hijo?

-hasta donde tengo entendido, el señor Terrence Grandchester se hizo de sus propios bienes

-No discutiré esto con usted, mi abogado necesita estar presente

-por supuesto – dijo él reclinándose sobre el sillón y cruzando las piernas – puede llamarlo

-él no está aquí, sino en América

-bueno, es una pena – dijo él volviendo a recoger los documentos –no podré esperarlo, tengo poco tiempo antes de volver – extendió los papeles – pero dese por enterada, señora Grandchester, esto se toma como un notificación recibida, dígale a su abogado que tiene siete días para responder, de no asistir a la citación el día indicado – señaló uno de los documentos – entonces se dará por hecho que está de acuerdo con las condiciones expresadas y tendrá que desalojar las propiedades que se mencionan, así como dejar de usar el apellido Grandchester con todos los beneficios y privilegios monetarios que éste conlleva – justo cuando el abogado terminó de hablar el servicio llegaba con las tazas de café que había pedido. Neal Leagan tomó un sorbo y tomó su portafolio para irse sin despedirse más que con el gesto de la mano.

En el instante en que salió del estudio, Eleonor llamó a Stear para informarle lo que había sucedido, y tal como se temía; Robert estaba empezando a jugar sucio con su propia familia. "Los está castigando, Eleonor" dijo Stear. A ella por no apoyarlo y a Terry por defraudarlo. Ella estaba en clara desventaja, era sólo una actriz neoyorquina que se enamoró de un cerdo y aceptó quedarse con él para evitar que un niño sufriera.

- ¿qué podemos hacer?

- ciertamente, ahora no lo sé – confesó Stear al otro lado de la línea – El abogado de Robert se está moviendo en terrenos muy extraños. Si consigue la aprobación de la casa real entonces no habrá nada que hacer, tendrás que abandonarlo todo y dado que Terry es mayor de edad con un trabajo estable, es posible que incluso a él le quite los títulos que por derecho le corresponden.

-Dudo mucho que esto le importe a Terry – tomo aire – pero no permitiré que lo trate de esta manera. Es su hijo y no puede jugar así con él

-trataré de pensar cómo responder – escuchó a Stear – estaré allá en un día, te tendré una solución para entonces

-por favor, no se lo digas a Terry – pidió y después de recibir su aprobación colgó. Robert Grandchester jugaba con ellos sólo porque podía. Pero alguien debía ponerle un alto. Nadie le iba a quitar el título a su hijo, nadie.


Llevaba cerca de diez minutos mirando la casa Grandchester desde su auto. Muy tarde había reaccionado al impulso que tuvo de ir a buscar a Candy porque una oleada de inseguridad y desasosiego lo invadió cuando leía las notas sobre el caso de Marie Rose. Traer de vuelta la imagen de su hermana sentada en el alfeizar de su ventana mientras miraba melancólica y solitaria los jardines de rosas, le había provocado un sentimiento de culpa. Culpa por no haber notado antes la tristeza, tal vez desde entonces, ella sabía que algo malo le ocurriría.

Suspiró largo y profundamente antes de salir del auto y preguntarse "¿Por qué vienes a verla?"

-porque quiero verla – dijo caminado a la puerta

No

"Porque la necesitas"

Este pensamiento lo detuvo milímetros antes de tocar el timbre. Un temblor frío y prolongado lo invadió de pies a cabeza. ¿Qué fue eso? ¿de dónde veía exigencia de verla, aunque sea unos segundos? Era una sensación que empezaba dominarlo sin darle tiempo de resolver si estaba bien sentirla o no.

La respiración empezó a faltarle y optó, finalmente por irse. No podía presentarse frente a ella en ese estado. La asustaría. Llevó ambas manos a su cabeza para tratar de sujetarla con fuerza y obligarse a razonar apropiadamente. Caminó torpemente de regreso a su auto y como pudo tomó aire para serenarse y volver a casa.

Adentro, fue Annie la que pregunto si aquel hombre que cruzaba la calle de una manera tan extraña no era Albert. Candy terminaba de vestirse para asomarse también y confirmar que se trataba del detective que tenía puestas ambas manos sobre su cabeza y parecía hablar a la nada.

-Tengo que ir a verlo – dijo y salió corriendo de su habitación atropellando en el camino a Terry que le gritó alguna que otra represalia. Pero a pesar de haber apurado el paso, no alcanzo al rubio. Corrió media calle tras el auto sin poder ser vista o reconocida por el detective que terminó por perderse en el horizonte.

Sintió que su corazón se contrajo produciendo un dolor agudo, como el de una punzada, aunque de corta duración, dolorosa. "tengo que verlo" volvió a repetirse. Fue de regreso a la casa y tomó su abrigo rojo del armario, hurgó entre sus bolsas para encontrarse con un poco de dinero, el suficiente para llegar hasta su casa y salir.

- ¿a dónde va, si quiera lleva llaves? – preguntó Terry consternado por la reacción de la chica

-a ver a una amiga suya –se adelantó Annie antes de que fuera a detenerla – ya sabes, esa chica Patricia

- ¿tiene una amiga que se llama Patricia?

- ¡ay, Terry, por favor! – lo recriminó la joven – debes prestar más atención tu familia

Terry se sorprendió por el repentino reclamo de la joven – ¡mocosa irrespetuosa! – le gritó antes de volverse al estudio para continuar con su trabajo. Por su parte Annie suspiró agradeciendo al cielo que Terry no preguntara más. Después fue en busca de Susana para hablar sobre la visita de George. Encontró a su tutora enseñando las primeras letras a la pequeña Sophie, aunque el ejercicio no duró mucho. La rubia decidió que irían a visitar a George.

-!vamos por el tío George!

-no cariño, no vamos con el tío George, vamos al parque - aclaro Susana presionando la pequeña nariz de su hija.

-¿qué hacemos con Terry?

-descuida, coge tu abrigo y ve con Sophie al auto, yo me encargo de Terry - la chica obedeció a Susana. Cargó a Sophie con algunos juguetes y esperaron a Susana en el auto. Ella llegó unos minutos después. Traía consigo una lista de los encargos que le solicitaba Terry que le entregó a Annie. Antes de partir, llamó a la casa de George y le pidió verse en un punto medio.

-¿dónde exactamente?

- ¿conoces alguna cava cerca de tu casa?

-¿vino?

-la cena de noche vieja se acerca, George, pensé que podrías ayudarnos a escoger el mejor; Cady y yo te lo agradeceríamos -la mención de la chica fue suficiente para que George entendiera que se equivocó al nombrarla frente a Terry. Aceptó la reunión con Susana.

Quien llegó primero fue él, levantó el brazo para que lo pudieran ver cuando las reconoció entrando al café. Se saludaron con afecto y dejaron de lado los protocolos de preguntas sociales. Susana quiso entrar de lleno al tema.

-Terry no se puede enterar, tampoco Albert - dijo - fue un acuerdo que tuvimos -dijo aludiendo a las charlas que ha tenido junto con Candy y Annie

-para ser sincero desconocía que lo supieras - habló - pero me tranquiliza saber que participaras en el caso

-ayer buscó a Candy, señor George -intervino Annie - ¿es sobre el caso? - al hombre asintió.

-me enteré que Terry abrió una investigación por homicidio sobre la muerte de Marie

-¿cómo es posible? - preguntó Susana - le asignaron el caso recientemente

-Neal Leagan habló por teléfono conmigo

-¿qué, cómo supo de ti?

-supongo que Robert debió decírselo

-¿lo amenazó señor George?

-Nada de lo que diga podrá afectarme ahora, excepto que juegue con la memoria de Marie

-¿qué fue lo que te dijo?

-que lo ayudara a salir libre o revelaría la verdad sobre Marie

-¿la verdad? ¡ese bastardo apenas conoce la verdad!- respondió Annie con frustración

-Annie dijo una grosería mamá!

-Lo siento Sophie

-Tranquila, cariño, la castigaremos luego - retomó Susana - ¿cuál es esa verdad?

-que Marie fue su amante y que Anthony era su hijo

-!cómo se atreve!

- Sé que incluso Elroy no dejaría que esto pase, pero no puedo arriesgarme

-No, George -insistió Susana - déjanos trabajar, esto apenas comienza, no nos dejes solas ahora - tomó su mano - sé que esto debe dolerte mucho y créeme que no imagino cuánto debe costar volver a esos recuerdos, pero piensa en lo que dijo Candy; Marie merece justicia y que se le recuerde dignamente, no como una amante o una pobre mujer accidentada, sino como una mujer con voz propia.

-Susana, no quiero que Robert siga jugando con ella, ni con su nombre, ni con su imagen, ni con su recuerdo y mucho menos con mi hijo

-y eso es justo lo que haremos, evitar que siga haciendo eso -insistió - sólo necesitamos conseguir pruebas George

el hombre suspiró agotado y dolido

-Elroy tiene una parte de ellas - confesó - consigan esas pruebas y yo les daré el resto, no voy a hacer nada hasta no saber que esa justicia de la que tanto hablas de verdad alcance el nombre de Marie

-le aseguramos que así será señor George


El desasosiego del que fue víctima en casa de los Grandchester no se iba todavía. Parecía que se trataba de un sentimiento nuevo que buscó caminos más profundos en su pecho. Quiso clavarse una navaja en medio para abrir y sacar esas agujas que no dejaban de clavarse en su interior. Entro en un estado de alerta y miedo poco comunes en él, al menos desde el funeral de Marie que no se sentía de esta manera.

¿Qué pasa conmigo? Preguntaba a su consciencia que decidió quedarse callada largo rato, provocando la desesperación del rubio. Momentos atrás había sido ella la que habló desde el interior de sí mismo, sus palabras seguían haciendo eco en su cabeza.

La necesitas

La necesitas

La necesitas

Entonces, el timbre sonó y el sonido metálico y corrosivo de esas palabras se silenciaron, su eco se perdió en el interior de su conciencia, esperando a despertar otra vez. Respiró hondo. Se hecho el cabello hacia atrás antes de abrir y descubrir al epicentro de su deseo.

-Candy – sintió que su voz fue más un temblor que empezaba a sacudir la sangre de sus venas

-te vi por la ventana – se explicó – no sabía si estarías aquí, pero … - la fuerza con que la atrajo hacia su cuerpo la sorprendió dejando sus palabras suspendidas entre sus labios. Respondió al abrazo necesitado que buscaba el rubio sin mediar palabra. Se dedicó a encerrarlo entre sus brazos mientras sentía sus manos aferrarse a su cintura y su rostro enterrarse entre su cuello. Lo escuchó respirar profundamente y quedarse quieto durante largo tiempo hasta que lo escuchó soltar el aire como si fuera el único oxígeno que le quedara de vida.

-¿pasó algo? – fue cautelosa al preguntar. Él se separó de ella apenas unos centímetros para mirarla antes de besarla.

La suavidad del tacto pronto se volvió una caricia ávida sobre sus labios que la perturbó por no saber cómo responder. Su lengua invadió su boca sin esperar permiso, la joven sintió que la llama encendida en su pecho crecía conforme él jugaba con sus labios. Repentinamente se vio sujetar con fuerza la camisa del rubio hasta arrugarla por temor a no mantenerse de pie. Él dejó escapar jadeo anhelante de su boca dándole un segundo de descanso sólo para mirarla otra vez y acaparar sus labios nuevamente. Esta vez sus manos danzaron entre su cintura y su espalda procurando pegarla más hacia su cuerpo. Ella gimió en respuesta por el impulso y continuó moviendo sus labios conforme los de él se lo ordenaban.

Una de sus manos bajó hasta el muslo de ella que acarició sobre la tela del vestido de lana que traía puesto; fue un poco más abajo y levantó su pierna para acomodarla sobre su cadera. Ella volvió a gemir en respuesta. Las olas flameantes que la invadían goleaban como marea salvaje en sus entrañas. Sintió que su vientre se calentaba como una olla de presión esperando el punto de ebullición para estallar sin ninguna medida. Cada caricia que Albert le entregaba era un soplo que volvía su llama interna cada vez más grande hasta que él dejó escapar su mano por debajo de su falta y sintió la piel tersa y cálida de ella contra la frialdad de su palma.

Fue ese contraste que terminó por clavarle una daga en la cabeza para quebrar el deseo que había estado a punto de dejar libre. Y entonces se apartó. La soltó como si la calidez de su piel le quemara las manos, dejando a Candy con el deseo irresoluto y con el corazón a punto de estallar.

-Albert – quiso acercarse, pero él lo evitó dándole la espalda

-lo lamento – dijo después de varios segundos de tratar de recomponer su respiración – no volverá a suceder

-no tienes que disculparte – dijo ella tratando de sonar relajada, aunque su pulso dictara un ritmo distinto – no hiciste nada que yo no quisiera

-apenas te vi me lancé sobre ti como un animal – dijo con enojo – no solo no querías, sino que no lo esperabas, claro que tengo que disculparme

-claro que no me lo esperaba, pero no fue una sorpresa desagradable – intentó acercarse para abrazarlo por la espalda, pero sentir el calor de su cuerpo provocó que su dichosa necesidad intentara resurgir y esto lo asustó más de lo que se imaginó.

Sujetó las manos de la chica y las apartó bruscamente – por favor vete – dijo secamente – vete antes de que no pueda detenerme

-no tienes que detenerte, Albert – insistió sin acercarse, pero trato que su voz sonara segura para transmitirle esa confianza – tenemos una relación ahora y yo ya no soy una niña

-esto que siento va más allá de si eres una niña o no, Candy – la miró a los ojos. Se acercó a ella para tocar con sus dedos los rizos que traía suelto –creo que te necesito …-confesó sin dejar de acariciar el rizado cabello

-aquí estoy para…

- ¡no! – la soltó y volvió a alejarse - ¡no lo digas, si lo haces no voy a poder controlarme! – respiró – no tienes idea de lo que provocas en mí

- ¿te hace daño?

-no lo sé yo, sólo necesito resolverlo – dijo ocultando las manos entre sus bolsillos – no quiero lastimarte

-nunca lo harías

- ¡no vuelvas a decirlo! – la miró con furia provocando que ella reculara unos pasos – no lo sabes, Candy, ni yo tampoco; no tienes idea de cuánto deseo guardo por ti, no puedes pedirme que sólo vaya contigo y lo tome sin más, así no funciona

-está bien – retomó la confianza – está bien, entonces hagámoslo funcionar juntos, ¿te parece?

-creo que lo mejor será que te vayas – resolvió el rubio, pero aquella solución no la iba a aceptar. El comportamiento de Albert no era gratuito, algo debió pasar para dejarlo tan vulnerable a cualquier sensación que provocara sus afectos.

Respiró profundo y lo miro ir y venir a lo largo de su departamento. La oscuridad que reinaba la inquietó, así que decidió abrir las cortinas para permitir la entrada de luz a la habitación. Fue entonces que se percató de que el piso era un loft amplio y poco amueblado. La amplitud de la estancia era suficientemente grande como para que el rubio caminara a grandes zancadas intentando despejar su mente. Miró de soslayo el escritorio metálico inundado de papeles que supuso eran de la comisaría. Después se percató de un trozo de papel con el nombre Marie Rose y Robert escrito y adherida con una pizarra. Miró a Albert dejándose caer sobre el sillón en medio de la estancia: lo comprendió todo.

Albert empezaba a indagar sobre el caso de su hermana y probablemente los recuerdos vinieron a él y como un huracán provocaron un caos que le fue difícil controlar.

-lo siento – lo escuchó decir – no quiero que te vayas

-no me iré – se acercó para sentarse al otro extremo del sillón – me quedaré aquí hasta que te sientas tranquilo – entonces él se dejó caer. Colocó su cabeza sobre las piernas de la chica. Fue quedándose dormido entre los tenues surcos que ella hacía con sus dedos entre su cabello.

Sacar a la luz la verdad sobre Marie Rose iba a ser más difícil de lo que pensó. El comportamiento de Albert era un preámbulo de lo que podría experimentar si se enteraba de la verdad. No lo iba a poder controlar y luego estaba Terry, no estaba segura de cómo reaccionaría, pero al menos tenía a Susana y aunque ella quisiera a Albert con toda su alma, se sentía con poca confianza para darle fuerzas cuando la verdad tuviera que llegar.