Hola gente bonita! Aquí les traigo un capítulo mas que espero les guste. Disfruten la lectura y por favor dejen sus comentarios! Gracias por seguir la historia, por las que leyeron los capitulos anteriores y para tomar el hilo de nuevo y por las nuevas lectoras que se sumen a esta historia que ya empieza su nueva etapa.

Este es un capítulo corto porque no tiene cortes, me quise centrar en una sola cosa, además de que es el punto de inflexión para muchas cosas, sobre el caso perturbador de Marie, sobre la relación entre nuestros protagonistas y sobre algunas cositas que seguro notarán ustedes ahí que empezarán a surgir.

Abrazos a todas!


Los pequeños instantes entre el ocaso y la aurora


Capítulo XV

La forma de lidiar con los momentos difíciles es diferente entre cada persona, eso lo tenía muy claro. Pero Albert llevaba mucho tiempo sin expresar ni un ápice de molestia. Sabía que por dentro el odio y la furia lo estaba carcomiendo como a él ahora mismo, pero se negaba a dejarlo ir. Hizo muchos intentos para que pudiera sacar todo aquello que tuviera adentro, pero Albert era hábil para esquivar una y otra vez los intentos de Terry por abordar su estado.

El caminar de su amigo era lerdo. Se despidió de él con un "nos vemos luego" después de que el forense declarara que la exhumación de los restos de Anthony Brown no podía hacerse porque éstos no pertenecían a él. Lo cierto es que ahora que la verdad sobre Marie había sido descubierta, se cernía sobre ellos, caía como un bloque de concreto tan pesado como inmenso que les impedía ver la luz.

Terry llegó a casa pensando que debería controlarse frente a los cómplices de un crimen monstruoso. Dejó que Annie y Sophie pidieran todo lo que quisieran para la cena, el acuerdo con Albert fue guardar lo que sabían hasta tener todo en manos y evitar que huyan. Y aunque lo había prometido, no lo estaba logrando.

Pero Albert no lo estaba pasando mejor. Desde que había dejado a Terry, no se había podido quitar a Candy de la cabeza. Tenía tanta inseguridad sobre su futuro con ella, no sabía exactamente cómo sentirse. Podría ser que Candy buscara sólo un caso por su deseo de entrar a la comisaría y entonces su relación con él sólo era efecto de los descubrimientos que hizo, tal vez el tiempo que le dedicó a conocer el pasado de Marie hizo que ella se acercara más a él porque lo consideró un pobre sujeto melancólico; tal vez todas esas ideas eran mentira, tal vez no. Y de repente se sintió culpable, un egoísta, como venía sintiéndose desde que hablaran con George.

Cuando entró a su departamento, no hizo más que gritar de frustración. Se sintió derrotado, incluso ahora que podía traer justicia a su hermana, su pensamiento no se alejaba de Candy, ¿será una frivolidad pensar más en ella que en el dolor de Marie? Se dejó caer en la cama y deseó ser más como Terry, expresivo de sus sentimientos. Le hubiese gustado expresar, como él, la furia que sentía, pero no podía y no podía no porque esos sentimientos no fluyeran dentro de él, sino porque no podía sentir a tal modo la traición de la que Terry acusa a Susana, al menos no la sentía por Candy, con la abuela Elroy y Eleonor era distinto.

Dio un largo suspiro al darse cuenta que ya había pasado cerca de una hora pensando todo y de un solo movimiento se levantó de la cama. Empezó a prepararse para la cena de noche vieja. Tomó su abrigo y se lo echó encima con un nudo en la garganta y otro en el corazón. No podía estar seguro cuál pertenecía a quien, pero casi podría asegurar que en ambos había un poco de dolor y culpa para las dos mujeres más importantes en su vida. Antes de salir, cogió su placa y su arma, no podía estar fuera de servicio ni un solo día hasta que conociera toda la verdad sobre Marie.

El camino a la casa de los Grandchester fue más largo de lo que usualmente era. Cuando llegó a la puerta escuchó voces adentro, alcanzó a escuchar la voz de Archie que saludaba y a Sophie que respondía eufóricamente. No hizo el intento ni de sacar las manos del abrigo para tocar, sólo se quedó ahí de pie por un tiempo. No se percató de los pasos que subían las escaleras del pórtico y se detenían atrás de él hasta que sintió la mano ajena sobre su hombro.

-¿no piensas tocar? – preguntó el extraño cuando acaparó toda la atención del detective

-Stear – saludó después de reconocerlo – sí, por supuesto – concluyó aun sin sacar las manos del abrigo y sin moverse de su lugar

-¿te parece si lo hago yo? –preguntó el joven abogado estirando la mano hacia la puerta esperando su respuesta. El rubio se vio sorprendido por la pregunta y asintió moviendo su cabeza. Stear tocó la puerta y se colocó junto a Albert, él por su cuenta, sacó las manos de las bolsas y respiró profundo. Su corazón empezó a bombear sangre a toda velocidad, pidió al cielo con una mirada que la persona que abriera la puerta no fuera Candy. Y como si de un genio en la lámpara se tratara, el cielo se lo concedió

-¡Terry! – saludo animado Stear -¡pero qué cara, amigo! – estrechó al detective en un abrazo fraterno -¿estás bien? Parece que hubieras visto un fantasma

-Estoy bien – respondió el abrazo y estrechó la mano de Albert – es solo que las niñas se hicieron cargo de la cena esta vez

-¿Candy y Annie? – preguntó Stear mientras Terry los guiaba

-no, Annie y Sophie

-Esta cena será memorable, amigo – sentenció Stear desconociendo que aquello bien podría ser una profecía. Albert, que caminaba atrás, permaneció callado hasta que llegaron al salón. Ahí sólo estaba Archie, Annie y Sophie. Saludo a todos y con la mirada empezó a buscarla. Miró a Terry perderse rumbo al estudio y a Stear caminar a la cocina dando un grito de sorpresa por el descubrimiento de la cena esa noche, Archie se levantó de su lugar y se reunió con Stear junto con Sophie; él mientras tanto, seguía ahí, buscando.

-Candy y Susana no han llegado – dijo Annie respondiendo una pregunta no hecha. Albert la miró desconcertado –por si te preguntabas dónde están

-Claro – contestó nervioso - ¿siguen en la comisaría?

-No lo sé, Albert, para serte sincera en esta casa pasan cosas extrañas; Terry ha estado encerrado en el estudio durante días; él y Susana no se hablan y para colmo Candy se unió al equipo; esta mañana salió diciendo que tenía cosas que hacer sin decir más y mira, va siendo la hora que ninguna de las dos ha regresado, Sophie y yo tuvimos que hacernos cargo de la cena –soltó los brazos al terminar de hablar quedándose casi sin aire

-Eso he escuchado – contestó sin agregar nada más

-¿por qué no te quitas el abrigo? – aconsejó la chica observando sus torpes movimientos

-por supuesto, lo lamento, lo olvidé – reaccionó. Metió el abrigo al armario y regresó sólo para señalar con el dedo el camino hacia el estudio –iré a ver a Terry – dijo perdiéndose entre la oscuridad del pasillo.

Al entrar descubrió a un Terry furibundo que caminaba de un lado a otro con el teléfono pegado a la cara gritando "contesta". Desistió cuando escuchó el tono de voz que anunciaba el buzón.

-Susana no ha vuelto de la comisaría y ahora no me responde

-creí que habías hablado con ella

-no desde que acordamos lo de trabajar juntos – aclaró – pensé que me la encontraría aquí

-Tenemos que hablar con ella antes de que lleguen la abuela y Eleonor

-¡no sé dónde diablos puede estar metida y para colmo esas malditas deben estar en camino!

-¡Terry!

-¡No, Albert, no me pidas mesura, aquí no! –

Albert suspiró antes de contestar -intentaré llamarla yo, ¿por qué no sales y atiendes a Archie y a Stear?

-¡te juro que quisiera echar a todos de mi casa! Pero está bien, si te contesta, dile que…-la frase no la pudo terminar porque tocaron la puerta e inmediatamente se abrió para dar paso a una Susana que llegaba corriendo

-Cuando Annie me dijo que estabas aquí, vine corriendo – aclaró. Terry la miró con el ceño fruncido, Albert estaba tenso, casi se le escapa preguntar por Candy, pero se contuvo cuando Terry corrió a reclamarle que le había estado llamando sin que respondiera

-lo lamento, me quedé sin batería – se explicó -¿tienen los resultados?

-El cuerpo en la tumba de Anthony no era el de él – contestó Albert

-¡lo sabía!

-¡ahora vas a tener que contarnos todo lo que sabes y no ocultes nada! -exigió Terry

-¿Ahora, aquí mismo? ¿en este momento?

-Susana tiene razón, Terry, ahora no hay tiempo –intervino Albert – Archie no sabe nada de esto, tampoco mi abuela ni Eleonor – la detective asintió –queremos que esto quede sólo entre nosotros tres

-Y Candy – agregó Susana mirando el gesto de agonía que hacía Albert– ella fue quien inició esta investigación y todo a partir de una mirada

-¡no me importa a partir de qué maldita mirada, Susana! –sentenció Terry – Candy queda fuera de esto

-No podemos prescindir de su esfuerzo, además ella no se alejaría tan fácilmente – miró a Albert – a menos que hables con ella

-¡Ah, no puede ser! – Terry levantó ambos brazos -¡ahí está, quieres que Albert vaya a buscarla, lo conseguiste, celestina!

-¡Terry! ¿qué te sucede? –lo encaró – ¡estás hablando con tu esposa!

-¿Qué me sucede? – rebatió – ¡me sucede que esto no es un juego de niños, Susana, esta investigación no está a condición de los amores adolescentes de esa niña!

-Pero, Terry…

-Hablaré con ella Susana, hablaré con Candy esta noche, pero no porque me lo pidas, sino porque tengo varias cosas que aclarar con ella –respiró –pero a pesar de ello, Candy queda fuera de esto, ¿está bien? – Susana asintió en silencio.

-lo que vamos a hacer ahora es sacar la mayor información posible de Elroy y Eleonor esta noche, cualquier indicio sacado de una plática común y corriente. Yo hablaré con George en cuanto pueda- decía Terry - ¿cuándo pueden hacer el rastreo de ADN?

-mañana

-Hablaremos de eso mañana mismo, por ahora nos concentraremos en Elroy y Eleonor –Susana y Albert asintieron. Cuando se aclaró el trabajo de cada quien, Susana se retiró primero. Abrió la puerta y sujetó con sus manos a Candy que estuvo a punto de caer.

-no quiero quedarme fuera – la miró suplicante

-dejemos que todo camine como está ahora – explicó Susana –nuestro plan sigue en pie, tú y George conseguirán la muestra, trata de no mencionarlo cuando hables con Albert

-pero, ¿y si lo descubre? ¿si descubre después que le oculté que conocí a Anthony?

-Candy, por favor, piensa con claridad, dejé que George fuera porque fue insistente, pero si Albert llega a ir y si la muestra resultara negativa, sería devastador para él, más de lo que está siendo ahora, además, si quieres continuar con el caso, esta será la única forma.

La joven terminó por aceptar las nuevas condiciones que Terry les había impuesto. Se alejó junto con Susana del estudio. Cada una fue a cambiarse la ropa, aunque esto no les tomó mucho tiempo. Ambas usaron un atuendo invernal sencillo, ambas recogieron su cabello lo más simple posible y evitaron el maquillaje. Candy usó un poco de colorete para evitar que Archie o Eleonor mencionaran algo sobre su poco entusiasmo por su arreglo cuando en otro tiempo se esforzaría más. Bajaron juntas cuando el timbre de la casa sonaba una vez más. Fue Terry, nuevamente quien abrió la puerta. Él y Albert estaban en el salón con todos tratando de convivir lo más normal posible. Candy sintió un vértigo apropiarse de todo su cuerpo cuando el rubio le dirigió una mirada.

Sus ojos gritaban por ella. Ven le decían, acércate. Sintió que su corazón se le salía del pecho, sintió también que sus piernas se tensaban porque ellas solas querían moverse, caminar cerca de él, pero el furor y el terror en su corazón se lo impedían. ¡Qué era esa mirada que la llamaba pero al mismo tiempo parecía que la empujaba lejos!

Ni él mismo lo sabía. Verla ahí de pie bajo el umbral del salón iluminada por las luces de colores que mal colgaban en las paredes la hacían verse tan hermosa, liviana, etérea. Los rizos rebeldes que flotaban por el aire por el movimiento de su cuerpo, el vestido de terciopelo verde que brillaba gentilmente sobre su piel. Toda ella era una visión de la que quería apropiarse, guardarse para sí mismo. Pero después recordaba a Marie. Pensaba en ella, en los días de navidad en la casa Andrew. En su mirada apagada y en su esfuerzo por mantener siempre una sonrisa para él. ¡Qué había sido de su hermana en esos momentos! Habrá sentido ella desolación. Habrá tenido las manos recogidas y angustiadas como ahora las tenía Candy. Lo habrá mirado en algún momento como Candy lo miraba ahora tratando de saber si poder acercarse o no. Se habría preguntado si su hermano podría ayudarla. ¿Tenía el derecho de querer estar junto a Candy después de haber sido tan ajeno al dolor de su hermana?

Estas tormentas crecían dentro de ellos cuando un abismo aún más grande al que intentaban no atarse llegaba al salón. Elroy y Eleonor entraban seguidas por George, quien las encontró en la puerta. El ambiente se volvió tenso. Stear fue el único ajeno a las circunstancias que pudo notarlo. Miró cómo Terry evitó estrechar a su madre como lo hiciera en otras ocasiones. Albert no se movió de su sitio incluso cuando Elroy le dirigió un reclamo abierto sobre la poca atención que tuvo al no contestar ninguna de sus llamadas. "estaba ocupado en la comisaría, lo siento" había dicho. Pero le faltó el "abuela". No tuvo que adivinarlo, supo casi de inmediato que Albert y Terry sabrían -si no todo - una parte de lo que a Marie Rose le había pasado. Suspiró largamente y pensó que tal vez el diario que tanto había guardado desde que lo descubrió en la habitación de su tía, debía regresar a su familia más cercana.

-!Stear!

-Annie -se vio interrumpido -no tienes que gritar te escucho perfectamente

-pues no parece - sujetó el brazo del hombre -necesito tu ayuda, ¿me acompañas por unas botellas de vino al sótano? – él asintió y siguió a la chica

En el salón, Candy a penas se había movido de donde estaba. Trataba de prestar atención a la palabrería de Eleonor sobre haber repetido el vestido del año pasado, pero la figura de Albert en el salón mirándola todo el tiempo no le permitía contestar con la suficiente confianza como para quitarse de encima el interrogatorio que le estaban haciendo hasta que Terry la sacó del remolino en el que estaba metida. La sujetó del brazo con mucha más fuerza de la necesaria. La chica torció la boca por el dolor y más por la sorpresa al sentirse empujada por Terry hacia uno de los pasillos fuera del salón. Se escuchó la voz de Terry excusar la acción con un "es mi hija, sólo yo puedo cuestionarla" dijo antes de desaparecer. El resto los miró extrañados. Susana se encargó de minimizar el comportamiento de su esposo. Albert, por otra parte, se levantó de su lugar por impulso para alcanzar a Terry y a Candy.

-¿todo bien? – escuchó la voz de Eleonor antes de dejar de escuchar el murmullo de las conversaciones en el salón. Posiblemente alcanzara a escuchar la voz de Susana intentando intervenir para iniciar un nuevo tema con los invitados, pero todo quedó a tras cuando encontró a Terry aún sosteniendo el brazo de Candy con bastante fuerza.

Su primera reacción fue quitar esa mano del brazo de la chicha. No tuvo idea de cuán agresivo y retador fue mientras empujaba a Terry lejos de Candy. La joven lo miró sorprendida, incluido Terry. De repente tenía la mirada de ambos sobre él sin que prestara atención sino a la mano de Candy que tenia entre la suya y trataba de no soltarla.

-Acordamos que no se involucraría – dijo Terry tratando de excusar la razón por la que Albert lo había empujado

-Y no lo hará – aseveró el rubio -sólo no la toques – Terry hizo una mueca llegando a comprender, por lo menos medianamente, el lío interno al que se enfrentaba Albert. Pensó que si querían saber qué fue lo que sucedió realmente con Marie Rose, tendrían que tener la cabeza fría, lo más posible y en ese momento entendió que Candy sólo lo perturbaría. Tratando de seguir el hilo de sus pensamientos, sacó entre los bolsillos de su saco la orden para la muestra de ADN que Susana le había entregado.

-entonces que no se involucre – soltó la frase dejando la orden en las manos de Albert antes de regresar al salón. Casi al momento de desaparecer Terry, la soltó como si se hubiera dado cuenta recién que su contacto quemaba más de lo que imaginaba. Miró la orden en sus manos y miró también a Candy tratando de decir una palabra por lo menos desde que Terry la hubiera sacado del salón tan abruptamente. Pero ninguna palabra le llegaba a la cabeza, nada podía decir. Estaba congelada, parecía una bella estatua de mármol.

Fue entonces que Albert intervino. Soltó un suspiro mientras caminaba unos pasos para alejarse del dulce aroma de la chica – Así que la muestra la tomarás tú -volvió a mirarla – Asistente personal de la Detective Susana Marlow – leyó de la orden que extendió para regresarla a su dueña -Terry debió encontrarla en tu cuarto – volvió a hablar – debiste dejarla en un lugar visible y no lo pudo evitar o no quiso, él es así – concluyó.

Después de permanecer callados durante unos segundos, Albert decidió volver al salón intentando no detener la mirada sobre la joven, ésta lo llamó con una voz temblorosa y llena de temor. Él detuvo su andar, pero no la miró. Esperó, dándole la espalda, a que ella hablara.

-Sólo quiero que sepas que te quiero, Albert, sobre todas las cosas…incluso…

-hablaremos después – la interrumpió – hablaremos sobre el caso…y nada más

- Albert, por favor – corrió hacia él para terminar abrazándolo por la espalda – tienes que escucharme

- lo voy a hacer Candy, pero no será ahora – contestó tensando sus manos, haciéndolas dos puños tan fuertes como una roca que la joven notó la tensión en su cuerpo – suéltame

Ella cedió no sin antes soltar de inmediato:

-¿De verdad ha sido tan malo? ¿He cometido el peor de los errores como para que me eches de tu lado?

-Ahora no

-Ahora no sobre nosotros, sino después, pero después hablaremos sobre Marie no de nosotros -dijo dejando escapar las lágrimas que ya no podía contener. Hasta ese momento, él volvió sobre sus pasos para verla. El nombre de su hermana en los labios de Candy se sentía a hiel, él no había querido nombrarla ni escuchar su nombre en boca de nadie porque aún no sabía cómo exactamente ayudar a la hermana que siempre amó, pero a la que nunca tendió la mano. El problema era él, por supuesto, pero no podía evitar sentir la necesidad de echar un poco de su culpa a otro lado, que no fuera tanta la que lo hundiera, de otro modo ¿cómo podría mantenerse a flote?

-Albert, por favor, tienes que escucharme y tienes que confiar en mí

La chica hablaba y él la escuchaba. Te quiero, decía, desde que tengo quince años, recordaba. Y él volvió al día que la conoció, aquel día en que ella suplicaba que no la arrestara. Recordó su mirada, apagada, sin vida…melancólica, pidiendo ayuda a gritos…

-Marie – dijo con la voz grave, ahogando un suspiro – Marie, la vi a ella en ti – Candy dejó de hablar – la primera vez que te vi

Candy intentaba entender, volver a ese recuerdo al que se refería el rubio

-La vi eras ella en ese momento

-No, Albert – se acercó la joven para tomarlo del rostro y obligarlo a mirarla a los ojos – no era ella y no soy ella, no eres culpable de su sufrimiento, no lo sabías y ella no quiso contarte tampoco pero no porque no confiara en ti, sino por cuidarte y cuidar a su familia

-¿por qué? – preguntó mirándola ardientemente

Ella supo que la pregunta se refería a otros motivos, a otra cosa…a ella concretamente. Sintió que su corazón latía todavía más fuerte que cuando lo vio sentado en el salón, tomó aire y sin apartar la mirada de él contestó:

-porque nunca pensé llegar a descubrir algo así, sabía que sufrirías

-Te quiero fuera del caso, Candy – tomó sus manos y las apartó de él de la manera más gentil sin soltarla del todo – no quiero que lo investigues más

-Albert - la cayó con una mano sobre sus labios

-Demuéstrame que no te has acercado a mí por todo lo que has descubierto, alejándote del caso

-¡No Albert, yo jamás habría hecho algo así!

-Entonces aléjate del caso

-¿esa es la condición que me pones porque piensas que me acerqué a ti por Marie?

-Lo creo

-¿tan inmadura y cruel me vez, Albert, que me crees capaz de actuar así? – lo cuestionó - aceptar alejarme del caso, sería confirmar que me acerqué a ti sólo por la investigación, seria alentar tu inseguridad y dejarte desprotegido!

-Entonces, alejémonos – propuso él – alejémonos un tiempo, lo necesito

Ella empezó a llorar nuevamente. Quería decirle que no, que no se alejara. Ya había sufrido suficiente la frialdad y la distancia que él mismo impuso sobre ellos, pero no se sentía segura de pedírselo. Pensó que no tenía derecho a sugerirlo si quiera. Y terminó por aceptarlo. Él pasó frente a ella para cruzar el pasillo y volver al salón. Rozó sutilmente su mano hasta sujetarla por unos segundos antes de soltarla y perderse en los umbrales de la casa. Aceleró el paso hasta llegar al salón, no se detuvo hasta que tomó lugar junto a un Archie que no paraba de discutir cuestiones políticas con Elroy…ni siquiera volvió la mirada hacia el pasillo donde se había quedado Candy, tenía miedo de no resistirlo más, de verla y correr hacia ella como lo había hecho antes. Quería retirar lo dicho, quería volver y decirle a Candy que ella no era el problema, que ella no cometió el peor de los errores, que toda la sensación de culpa y remordimiento sólo eran de él…de él y nadie más, pero no podía, algo dentro de él lo impulsaban a repartir la culpa ¿o era que necesitaba castigarse a él mismo por no haber estado ahí cuando Marie más lo necesitaba? ¿Era una forma de penitencia que se auto imponía, no ver a Candy, no estar cerca de ella, ese era su castigo?

El pasillo en donde aún esperaba la joven seguía iluminado por la luz de una lámpara encendida por Annie cuando ella y Stear fueron al sótano. La joven rubia no se percató de aquel hecho y no lo notaría hasta que escuchara la puerta cerrarse a unos metros de donde estaba. La visión de la rubia abrazándose a sí misma mientras lloraba en silencio, despertó en Stear un ánimo de protección repentino que lo perturbó demasiado. Annie le dejó las botellas que ella traía en manos para correr a abrazar a su hermana.

Él sin decir una sola palabra, se mantuvo en el mismo sitio. Mientras estaban subiendo para volver, Annie escuchó los gritos de Terry. Detuvo a Stear que se quedó estupefacto de escuchar todo lo que Candy y Albert hablaban. Lo sabían todo…o casi todo. Se pensó que tendría que hablar con Albert antes de que la bomba estallara. Pero cuando Annie abrió la puerta y la vio ahí, de pie parecía una ninfa, con su vestido verde, su cabello recogido y las lágrimas cristalinas surcando sus mejillas. Sintió un profundo rencor por Albert. Èl en su lugar habría reaccionado de otras formas. Entonces se dijo que antes tendría que hablar con Susana. Por lo que había escuchado, esa dichosa muestra debe estar relacionada con Marie…una exhumación tal vez, y si la hicieron o la van a hacer, significa que…

-¿Candy? – la voz de Susana los sacó a todos del silencio reverenciador al llanto de la chica que había estado gobernando durante unos minutos- ¡querida!

La detective abrazó a la rubia cuando Annie se apartó de ella – Terry lo encontró, me lo ha dicho él mismo – acariciaba su cabeza como lo hiciera con Sophie cuando la niña llora – me temo que no podrás tomar tú la muestra, Terry insiste en que te alejes del caso y esta vez no creo poder convencerlo

-Hablé con Albert – dijo sin apartarse del abrazo – seguiré en el caso a cambio de separarnos un tiempo - el silencio volvió a instalarse por unos segundos

-Yo sé que lo quieres, Candy – se separaron – pero entiende, ahora es complicado, sé que todo se arreglará, el tiempo puede ser nuestro mejor aliado -Candy asintió en silencio. Fue entonces cuando las tres mujeres miraron a Stear, que aún tenía las botellas de vino entre sus brazos.

-¿te parece si hablamos en tu cubículo mañana a primera hora? – preguntó dirigiéndose a Susana, quien asintió y agradeció el silencio del abogado.

-Nos espera una larga noche, hijas – dijo Susana tomando de la mano tanto a Annie como a Candy mientras caminaban juntas de regreso al salón. Atrás Stear las veía curioso y visiblemente sonrojado.

-¿cuándo fue que creciste tanto, Candy?


CONTINUARÁ...