Naruto © Masashi Kishimoto.
Advertencias: Contenido para mayores, groserías y demás.
Notas antes de leer: Es un semi-AU en el cual no ha ocurrido la masacre Uchiha, por lo que veremos a nuestros queridos ninjas y kunoichis, pero en un mundo diferente. Muchos personajes que probablemente nunca se conocieron en la serie, van a interactuar aquí y viceversa. Por eso quiero aclararles que, si bien habrá parejas, el foco de la historia no será sólo eso: este fic trata del camino que deben recorrer Naruto, Sasuke y sobre todo Sakura para volverse ANBU, de cómo se vuelven leyendas en este mundo diferente al original, y también mostrarles cómo es esta alternativa que he imaginado.
¡Estoy muy entusiasmada con esta idea! De momento, tengan en mente que muchas cosas son diferentes, pero se irán explicando de a poco. En este mundo no ha existido Cuarta Guerra aún, ni tampoco Akatsuki como tal, y de ahí en adelante se desarrolla nuestra historia~. Este primer capítulo es más bien introductorio y algo así como un prólogo larguísimo, ¡pero espero que sea de su agrado!
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( cuando el Sol se eclipsa para desaparecer, se ve mejor su grandeza )
Séneca
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País del Fuego – Konohagakure
10 de octubre de XX02
El suelo tembló una vez más bajo sus pies. Las estatuas Hokage parecían casi endebles ante el poder que se extendía frente al par de ojos que observaba silenciosamente el desolador panorama. Ya se había movilizado a toda la población a un lugar a salvo y los shinobis se reagrupaban en algún punto alejado a la gran figura que ensombrecía toda la aldea, a la espera de órdenes de su líder. Miró con seriedad a la enorme bestia que había estado al interior de Kushina hacía menos de una hora, trazando un rápido plan para terminar el ataque con el menor daño posible.
—Lamento la demora —dijo un ninja al aparecer en medio de una veloz sombra, incorporándose a su lado con una sonrisa apologética—. Tuve un par de problemas.
—¿El Kyūbi liberado es un par de problemas? —resopló quien vigilaba la aldea desde las estatuas Hokage a su recién llegada compañía—. ¿Está todo en orden ahora, Minato?
El Cuarto Hokage soltó una risita ante el gesto reprochador. Sabía que el Kyūbi era una urgencia extrema, pero había contado con el tiempo necesario de salvar a Kushina y Naruto gracias a la gestión del que ahora parecía hastiado de él. Al final, era una buena persona y jamás aceptaría el crédito por eso.
—Sí, sí, Fugaku. Vieras a Naruto, ya es todo un ninja.
—¡¿Te parece que quisiera ver a tu hijo en esta situa-?! —Fugaku se interrumpió a sí mismo en medio de la frase, frotándose el puente de la nariz y recuperando la compostura—. Al menos ahora puedes concentrarte en esto.
—Gracias a ti puedo hacerlo. Has mandado una ayuda muy útil.
Fugaku vio a Minato, el cual tenía el agradecimiento pintado en sus brillantes irises azules y su sosegada sonrisa. No lo diría en voz alta, pero sentía su deber ayudar con todas sus cartas a Minato no porque fuera el Hokage, sino porque era un padre como él.
—A la mejor —concedió Fugaku, con una sutil sonrisa, encendiendo el comunicador—. ¿Cómo van las cosas por allá, Mikoto?
La voz de Fugaku resonó en las paredes de la cueva a un par de kilómetros de las estatuas Hokage, y los presentes dirigieron su mirada a la matriarca Uchiha, el brillo del Sharingan coloreando sus rojizos ojos. Estaba de rodillas, tomando la mano de su querida amiga, y mirando hacia la salida del lugar. Habían preparado el hogar de los Uzumaki para el nacimiento secreto de Naruto, pero habían sido atacados por miembros de una organización misteriosa y desconocida todavía. Minato había activado el plan de emergencia que involucraba a la policía Uchiha, trasladando rápidamente a Kushina y Naruto a una cueva que servía de escondite, donde ya esperaba Mikoto. Un ninja había intentado atacarlos allí también, pero no tardó en ser derrotado por el Sharingan de la mujer.
—Está todo en orden. Yo cuidaré de Naruto y Kushina, no te preocupes.
Resonó brevemente el No lo hago de Fugaku, la despedida antes de sus respectivas peleas. Mikoto estaba encargada de la protección de la familia de Minato, y si bien ella y el refuerzo de la policía Uchiha era más que suficiente para controlar aquel desastre de proporciones colosales, dos adolescentes preocupados se quisieron adicionar a su batallón, siendo las otras dos personas en la cueva en esos momentos. Los refuerzos vigilaban afuera que no llegara nadie más a atacar al recién nacido y su madre, dándoles privacidad en sus primeros momentos de vida y permitiéndolos estar rodeados de personas queridas.
El Equipo Minato no podría haberse quedado atrás de ninguna manera.
—Mikoto-san es tan genial —murmuró Rin, con estrellas por ojos. Kakashi le dio un asentimiento seco intentando no ser tan efusivo, pero fue incapaz de esconder su admiración. Así que ése era el Sharingan, el Kekkei Genkai de los Uchiha, uno de los ojos que cargaba con él.
Él… ¿algún día sería capaz de llegar a ese nivel?
Nunca había tenido la oportunidad de ver a un Uchiha adulto pelear con el Sharingan, y sin duda era algo aterrador. La suave sonrisa de Mikoto escondía un poder ejemplar que deseaba tener él algún día. Había derrotado a aquel ninja en un par de minutos, resultando sólo con un par de cortes superficiales bajo su uniforme policial que Rin se apresuró en sanar. Kakashi miró con interés el chakra que manaba de las manos de su compañera, quien ya era una prometedora alumna de aquella mujer que había llegado hacía tan poco a la aldea…
—Kakashi… —dijo apenas Kushina, haciéndole abrir los ojos con sorpresa al interrumpir sus pensamientos. Bajó la mirada hacia la improvisada cama donde estaba tendida con su hijo recién nacido. Parecía tan exhausta que había creído que estaba durmiendo—, ¿dónde está…? ¿Dónde está él?
Se acercó con diligencia hacia ella, preocupándose de quedar a la altura de su mirada para que no tuviera que moverse más de la cuenta. Después de todo, suponía que por más monstruosa kunoichi que fuera, cualquier mujer estaría exhausta después del estrés de dar a luz, sumado a un ataque del que no se podía defender por sí sola debido al parto. Kakashi agradeció brevemente no haber nacido mujer, pensando en todo el dolor que debían soportar, pero fijó sus ojos en Naruto, quien parecía pequeño y endeble, pero feliz al lado de su madre. Suponía que todo dolor tenía su recompensa.
—No te preocupes, Kushina-san —tranquilizó con una sonrisa sincera, entendiendo de inmediato a quién se refería la mujer—. Tu alumno preferido está haciendo la tarea más importante.
—¿Qué? ¿Qué está haciendo Obito?
Kushina no tuvo ni energías para replicarle la broma a Kakashi y aclararle que no tenía favorito, aunque él comprendía aquello y también entendía que ella apreciaba que estuvieran acompañándola. Mikoto se incorporó con sus heridas ya sanadas.
—Está cuidando a mis hijos —dijo, sin mirar directamente a Kushina, sino que con sus oscuros ojos fijos en la puerta de la cueva. Nadie se atrevió a preguntar qué pasaba por un largo y estremecedor segundo—. ¿Quién anda ahí?
Rin no pudo evitar soltar un ruidito de miedo cuando alguien emergió de entre las sombras, embebido en una profunda capa de la cual sólo había escuchado rumores, pero con esas decidoras nubes rojas declarándole al mundo que eran una amenaza latente y real. Ninguno de los ninjas presentes se especializaba en rastreo de chakra, pero todos comprendían el alcance del poder que tenía el intruso.
—Mi nombre es Zetsu —se presentó el recién llegado con cortesía—. Me temo que tienen algo que es mío.
—No hay nada aquí para ti —espetó Kushina, intentando incorporarse. Rin miró con urgencia a Kakashi, quien de inmediato puso su mano sobre el hombro de la Uzumaki—. Deja que me levante, ya estoy bien.
—Debes descansar —insistió Kakashi, poniendo un poco más de presión en su hombro—. Minato-sensei se enojaría si supiera que te he dejado pararte.
—¡Minato es muy suave! Déjame pararme y patearle el trasero a este idiota.
Mikoto soltó una risa suave bastante anticlimática para ambos adolescentes desasosegados, pero que logró calmar a Kushina en medio de su irracionalidad.
—No dudo de que podrías con él, Kushina. Nadie lo hace. Sólo te pido que esta vez confíes mí. —Los ojos negros de Mikoto se encontraron con los azules de Kushina, transmitiéndole una paz que siempre lograba con su templanza natural—. ¿No es el deber de las madrinas cuidar de su ahijado cuando la madre no puede?
Kushina sonrió al fin, cediendo a la petición de todos. —Diablos, eres buena.
Mikoto sonrió de vuelta un último segundo, para luego despegar sus miradas y centrarse en la nueva amenaza. Todos los refuerzos de afuera habían sido derrotados en una décima de segundo. ¿Qué clase de poder era aquél? ¿Por qué las defensas de la aldea siquiera permitían que ingresara alguien desconocido? Era un panorama muy extraño que le supo a traición interna.
Pero ese sería problema cuando rompiera el alba, no ahora entre las sombras de la medianoche.
—¿Qué quieres aquí? —inquirió finalmente a Zetsu, quien había esperado con paciencia el fin del intercambio de palabras—. Ya han logrado liberar al Kyūbi.
—Oh, no nos entendemos. El Kyūbi requiere un recipiente, claro.
—Kushina ya…
—No hablo de ella.
Kakashi y Rin se miraron de inmediato, y luego a Naruto. Mikoto les daba la espalda, pero fue claro para todos el ceño fruncido que cargaba y la posición de pelea que había tomado: sus músculos más tensos, sus manos listas para coger un arma en cualquier momento, que contrastaban con el ánimo de tranquilidad que manaba Zetsu, con una sonrisa que congelaba los nervios de la espalda de Kakashi. Se sintió transportado a los campos de guerra de la Tercera Guerra, pero esta vez era un solo hombre quien le infundía tal inquietud.
—¿Qué clase de persona usaría a un bebé como recipiente? —musitó Rin con horror, arrepintiéndose en un segundo.
Kushina se incorporó con los ojos fulgiéndoles en profundo odio y determinación de matar a quien fuera que intentara tocar a su pequeño, siseándole a Zetsu:
—¿Cómo te atreves a…?
—¡Rin! —rugió con potencia Mikoto, sin voltearse.
Rin armó un mohín de tristeza, disculpándose con lágrimas surgiendo de sus ojos:
—Perdón, Kushina-san.
Y le propinó un golpe en la parte lateral del cuello, donde vio los preocupados ojos de Kushina entrelazados con los suyos propios antes de que cayera inconsciente. Kakashi se apresuró a cogerla antes de que tocase el suelo, sintiendo tristeza por haber llegado a ese punto, pero sabiendo que era lo mejor. Las ropas de Kushina se empaparon en sangre en la zona pélvica debido al gran esfuerzo que había puesto sobre su cansado cuerpo.
—No llores, Rin —dijo Kakashi con una suavidad que le supo a consuelo—. Has hecho lo que has debido hacer. Si sigues llorando, no podrás sanarla completamente. Tu maestra se enojaría si eso pasara, ¿no crees?
Rin lo miró con sus ojos como perlas enormes, captando cada palabra y luego sonriendo entre el llanto, asintiendo y asegurando que ella se haría cargo de cuidar de la puérpera.
—Ahora que han quitado todas las distracciones del camino, creo que es prudente que comencemos —dijo Zetsu, sin quitar un segundo su tranquila sonrisa.
Kakashi caminó al lado de la matriarca Uchiha, que lo miró de reojo. El brillo rojizo de nuevo coloreaba sus ojos, dándole el extraño aspecto de un demonio, uno que no hubiese esperando en una mujer tan dulce como ella.
—No te preocupes. Lo detendré —prometió sin un ápice de duda en su tono. Encendiendo el comunicador, se dirigió a Zetsu esta vez—: Sólo debo asegurarme de algo antes. Obito-kun, confío en ti.
A kilómetros de distancia de la cueva donde estaban escondidos, un sobrepasado Obito se apresuró a responder:
—¡No te preocupes, tía Mikoto! ¡Itachi y Sasuke están bien y…! —Paró sus pasos al escuchar que se cortaba la comunicación de súbito, mirando con extrañeza al dispositivo—. ¿Qué diablos? ¿Ha dejado de funcionar ahora?
—Mamá debe estar peleando —dijo Itachi, el pequeño al que le habían encargado y del cual tenía tomada su mano con fuerza, mientras éste cargaba a Sasuke, el ridículo bebé que parecía encontrar posible dormir entre aquel caos—. No debe querer ser molestada.
—Sí, bueno, ¡pues ya sabía eso! —respondió con todo el orgullo posible, determinado a no ser más estúpido que aquel niño. Reanudando el trote, se centró en mantener su respiración lo más apacible posible, pero su corazón no dejaba de latir con demasiada fuerza, incapaz de escuchar algo más que al rítmico órgano.
—Te tiemblan las manos. ¿Estás asustado?
—¡Por supuesto que no estoy-!
—Mira, allí está papá.
Obito paró de súbito. Estaban en las afueras de la aldea ya, cerca del escondite donde debía llevar a los hijos de Mikoto y Fugaku. El bosque los refugiaba, pero las estatuas de los Hokage eran inconfundibles, sobre todo para un Uchiha que cargaban con un Kekkei Genkai de tipo ocular.
—Tienes unos buenos ojos, pequeñajo —dijo con una sonrisa sincera—. Serás un buen Uchiha, ¡como yo!
Itachi correspondió su sonrisa, pero Obito no pudo más que sonrojarse al ver su rostro, sintiéndose muchísimo menos inteligente que él y menos capaz de volverse Hokage ante esa mirada, pese a que fuera tan sosegada y tranquila como una laguna de noche. Obito pensó luego, sonriendo para sus adentros, que aquel chico definitivamente sería un buen Uchiha.
—Vamos, entonces, Itachi. No preocupemos a tus padres, ¿sí?
Itachi asintió diligentemente, dándole una última y larga mirada a la estatua Hokage. Desde allí, Fugaku y Minato afinaban los últimos detalles antes de definir su estrategia de ataque. El Kyūbi rugía, embebido en una ira que parecía no tener límites.
—Es mal momento para que esos tres estén fuera de la aldea —resopló Fugaku.
—Ya sabes cómo son. Jiraiya-sensei los crió para que fueran viajeros —repuso Minato con una sonrisa—. Cuando vuelvan, podrán ayudar a reconstruir, pero nosotros dos somos suficiente para contener al Kyūbi, Fugaku-san.
—Deja de ser tan educado, Minato.
Minato rió ante el hastío que demostraba su contraparte.
—Detendremos al Kyūbi y la aldea estará sana y salva. Después de todo, Naruto y Sasuke tienen que crecer para ser amigos.
Fugaku entornó los ojos.
—Vamos de una maldita vez. Konoha no sucumbirá hoy.
—Es una muy buena combinación la que hacemos. Uchiha y Hokage. —aseguró Minato con una imperturbable sonrisa—. Sin duda, todo saldrá bien.
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INCANDESCENTE
Prólogo: El mundo en el que habían nacido
Para forjar el hierro hay que ponerlo incandescente. Un ANBU siempre debe ser ígneo.
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País del Fuego – Konohagakure
10 de octubre de XX21
Corría el rumor de que hubo una vez, hacía mucho tiempo, en que el clan Uchiha había corrido el mayor de los peligros en toda su historia. Se decía que Danzō, una mítica figura de las eras pasadas, había ordenado al heredero de los Uchiha asesinar al resto de su clan. Muchos contaban que era ridículo siquiera sugerir que algo así había pasado, que eran mitos nada más. Ella misma estaba segura de que eran historias que nunca serían aclaradas, como todas las que surgían alrededor de la mítica figura de Uchiha Itachi, uno de los ninjas más prodigiosos del mundo actual.
Sakura sacudió la cabeza, a sabiendas de que estaba bastante abrumada por la noticia que había recibido, intentando despegar sus pensamientos del hermano mayor de Sasuke. Como todos los ANBU, era una especie de deidad, un mito en sí mismo. Con diecinueve años, contaba ya con cinco años de amistad con Sasuke, pero poco sabía de Itachi, y esa misma mañana había recibido una noticia que le golpeó el pecho con fuerza: él sería su tutor mientras se preparaba para ser ANBU, de todas las opciones posibles. Sabía que Sasuke no podía ser el discípulo de su propio hermano, pero con tantas personas, sentía que le había tocado el más amenazador de todos…
Si bien se dirigía a su jornada laboral usual en el hospital, su cabeza no paraba de darle vueltas a la pregunta de por qué había tenido la genial idea de aceptar el llamado a ANBU que había hecho el Hokage. Sasuke de seguro hubiera podido ingresar muchísimo antes, con ese talento innato, pero no habían llamado a ningún candidato más hasta ahora —en tiempos de estabilidad y paz, Konoha se alzaba como una gran potencia del mundo ninja y rebosaba en talento. Naruto era también un ninja prodigioso, pero dudó muchísimo tiempo antes de aceptar el llamado a un cargo tan duro como era ANBU. Finalmente, se decantó por la idea luego de una larga conversación con el Hokage, convencido de que en aquellos tiempos de paz podría hacer más bien que mal con su talento, intentando parar los pocos conflictos que se alzaban.
El mensaje había llegado a las seis de la mañana diligentemente, entregado por un anónimo miembro de ANBU, que silenciosamente le tendió el sobre (o sentencia…) con el nombre de su tutor y desapareció con la brisa de verano. Sakura había mirado con curiosidad su puerta, pues había sido un parpadeo, y al abrir el sobre se sintió tan abrumada que sólo ahora se daba cuenta de que había elegido sandalias dispares. Agradecía tener algo de ropa guardada en el casillero, pero eso no quitaba que su corazón no dejara de latir con furia…
—Luces como si hubieras visto un fantasma, Sakura. —La susodicha no pudo evitar pegar un respingo ante su inesperado acompañante, intentando derretirlo con la mirada dos segundos después—. Oh, ya has ensayado tu cara que da miedo.
—Basta, Kakashi-sensei —reclamó ella, intentando calmar su corazón acelerado e incapaz de evitar el sonrojo por su exagerada reacción ante la súbita aparición de su antiguo profesor que ojeaba desinteresadamente la nueva edición de Icha Icha—. ¿Por qué no en vez de molestarme a mí, saludas a Naruto por su cumpleaños?
—Oh, ¿es hoy?
—¡Rin-sensei te matará si no le has comprado un regalo! —acusó Sakura, sonriendo con gusto.
—Mm, dudo que Rin haga algo así, a menos que su querida alumna se lo pida. Lo cual no hará, asumo, pues con Obito ya hemos organizado la mejor fiesta que podría tener.
—¿Los ancianos han preparado una fiesta de té?
Kakashi miró con diversión cómo Sakura palidecía tres tonos ante la aparición de una nueva persona de manera tan repentina, casi haciéndola tropezar, pues había surgido justo frente a su rostro, colgado desde una rama hacia abajo.
—¡Sasuke-kun! Oh, Dios, paren de aparecer así.
—Somos shinobis —dijo con simpleza Sasuke, bajándose del árbol para caminar a un lado de su compañera—. Así aparecemos.
—No hoy.
—Sasuke, no seas así con Sakura. Está muerta de miedo.
—¿Por qué? Te ha tocado Itachi de tutor. Es el mejor de todos.
—Obviamente —Sakura no perdió la oportunidad de burlarse, pues tener un flanco abierto en Sasuke era una rara oportunidad—, pues es tu querido hermano mayor.
—Cállate —respondió Sasuke, mirando hacia un lado para disimular su sonrojo. Sakura sonrió con malicia, pensando que Naruto estaría orgulloso de ella ante aquella gran broma. Kakashi sonreía de igual manera ante sus alumnos ridículos, pues eran de los pocos equipos en el mundo ninja que seguían teniendo tanta estima por el otro como para ser amigos hasta muchísimos años después de que se hubiera desintegrado el equipo cuando lograron ser chūnin. Ahora los tres aplicaban a ANBU y Kakashi estaba secretamente enternecido por sus pequeños asesinos—. Digan lo que quieran, es un hecho que Itachi será el siguiente Hokage cuando…
—¿Cuando se retire el vejestorio? —sugirió el recién llegado, haciendo que todos salvo Kakashi se pusieran de piedra.
—¡Obito-sama! —saludó Sakura de manera chillona—. Sasuke-kun no quería decir eso, ¿cierto? —reiteró amenazadoramente. Sí que estaba muerta de miedo por ANBU, pero no por eso perdería su oportunidad por el bocazas de Sasuke, quien al menos tuvo el tino de asentir, aunque no de poner expresión afable.
Obito soltó una risotada sincera, haciendo el gesto de desordenarle el cabello a Sasuke, pero éste corrió la cabeza como un gato arisco, lo que sólo hizo reír más al Hokage.
—Podrán pasar los años, pero sigue siendo gracioso molestarte —dijo Obito con una sonrisa, haciendo que Sasuke frunciera el ceño. Sakura pensó que realmente no tenía idea de lo mucho que la gente respetaba al Hokage; para Sasuke, Obito sería esa especie de tío joven que lo ha molestado desde siempre—. Espero que hayas encontrado satisfactoria la elección de tu tutor en ANBU, Sasuke.
Sakura parpadeó con sorpresa, recordando que quería justamente preguntarle eso a su compañero, y antes de que pudiera hacerlo, él captó su gesto y respondió:
—Neji.
—¡Eso es maravilloso, Neji es un genio! —se emocionó Sakura, aunque luego pensó en cómo serían los entrenamientos entre dos personas de carácter tan similar y seco. Además, Neji había sido elegido sobre Sasuke en la última selección del Hokage, siendo el único llamado. Este año, habían seis llamados, pero de seguro aún le pesaba en el ego a Sasuke—. Sólo… sólo intenta conversar y ser simpático, ¿vale?
Sasuke la fulminó con la mirada brevemente, ¿acaso insinuaba que no era capaz de ser simpático con su tutor? Probablemente aquello era verdad, pero de todos modos lo ofendía.
—A todo esto, ¿cómo sabes que Itachi-san es mi tutor? ¿No que esto es confidencial?
Sasuke miró a Sakura con la clara expresión de que se callase, pero Obito y Kakashi la miraron con interés. Kakashi sonrió, diciendo:
—Sí, Sasuke, ¿cómo has sabido eso?
—Puede que me lo haya comentado… —susurró lo más bajo posible para no meter en problemas a su hermano—. ¿Y quién es el tutor del dobe?
Obito y Kakashi se miraron, haciendo que el Hokage se partiera de la risa sin necesidad de palabra alguna. Sakura se acercó a Sasuke, susurrándole:
—Siento que este llamado ha sido más por su diversión que por su necesidad…
Sasuke asintió, mirando con igual extrañeza a ambos vejestorios, como los denominaba siempre que podía. No tenía idea de por qué Kakashi sabía cosas de ANBU, pero suponía que no podía pedirle menos al mejor amigo y consejero del Hokage.
—Uchiha Shisui —respondió finalmente Obito—. Él será tutor de Naruto.
La mirada jade y ónice de ambos jóvenes se cruzó por un breve segundo donde supieron en seguida lo que estaban pensando: aquella mezcla ha de ser la más desastrosa que ha ocurrido en el planeta. Antes de que Sakura pudiera comentar más, ojeó el reloj que cargaba en la muñeca, poniendo una mueca de urgencia.
—¡Dios, es demasiado tarde! Rin-sensei me matará.
—Dudo eso —corearon todos al unísono, pero eso no impidió que Sakura saliera corriendo de igual forma.
—¡No olvides la fiesta de hoy, Sakura! —gritó Obito con una sonrisa, claramente emocionado por lo que habían logrado con Kakashi. Sakura asintió y se despidió con cariño de todos, habiendo olvidado su nerviosismo por un par de segundos. La mirada del Hokage se posó en el Uchiha menor—. Tú tampoco te olvides de la fiesta, Sasuke.
—¿Por qué? ¿Será el día donde finalmente te le declares a Rin?
Kakashi cubrió su boca con su Icha Icha, ahogando su risa en una tos incómoda que casi lo dejó sin aire, y Obito frunció profundamente su ceño ante la mirada astuta de Sasuke.
—¿Tienes idea de con quién hablas, pequeñajo? —inquirió, encolerizado por no poder golpear en la cabeza a un miembro que él mismo había escogido para ANBU, pero recuperando la compostura al darse cuenta de que había una forma de voltear la situación—. ¿O le pido a tía Mikoto que te lo recuerde?
Sasuke fue lo suficientemente prudente para guardarse el Vete al diablo que tenía bailando en la punta de la lengua. Realmente le interesaba ser ANBU, y no por el idiota que tenían de Hokage, sino que toda esa experiencia lo haría el mejor ninja jamás habido y por haber, así que valía la pena morderse la lengua alguna vez.
—Como sea —respondió, sin guardarse eso sí el desdén—. Espero que su fiesta de té no me haga perder mucho el tiempo.
Y desapareció en una nube de humo, pues su único interés allí había sido encontrar a Sakura para conversar sobre que Itachi sería su tutor y contarle del suyo propio, y ya no tenía más que hacer. Obito miró un par de segundos mientras se dispersaba el humo, finalmente soltando una ligera risa.
—Vaya, Kakashi, ya somos considerados viejos…
—No hables de eso, o aparecerá Gai a contradecirte —previno Kakashi. Sin embargo, sus ojos se posaron en las estatuas Hokage, donde cinco caras miraban a la pacífica Aldea Escondida entre las Hojas, con un sensei y un compañero esculpidos por siempre allí arriba—. Pero supongo que sí, somos viejos. Cuando adolescente, nunca imaginé que viviríamos un tiempo de paz como este.
Obito miró también la estatua, desde donde lo recibía su propia cara. Recordó hacía diecinueve años atrás, en el ataque del Kyūbi, mientras veía a la lejanía las estatuas Hokage donde dos hombres organizaban un plan exitoso para mantener a salvo Konoha.
—Siempre quise que nunca conocieran la guerra —musitó Obito—. Y ahora…
—No te preocupes. Hemos tomado las precauciones necesarias y estamos preparados. Konoha estará a salvo.
—Sí, pero ellos no —dijo Obito con una sonrisa triste.
Kakashi, sabiendo de sobremanera a quiénes se refería, no pudo sino enseriar el rostro.
—Ha sido la decisión adecuada recomendarlos a ANBU. Y, además, mis alumnos no son tan débiles.
El Hokage lo miró con sorpresa, para luego terminar por asentir, desapareciendo un segundo aquel sentimiento de amargura del pecho. Los había echado a la boca del lobo, pero tenía a los mejores para guiarlos en la oscuridad.
—Sakura, deja de temblar.
La susodicha tragó duro, consciente de que era absolutamente verdad lo que le hizo ver Sasuke, pero incapaz de controlar sus nervios. Estaban ingresando juntos al establecimiento donde habían sido citados, probablemente donde tendría lugar la ceremonia de asignación oficial con sus tutores, y estaba hecha un manojo de nervios. Había estado todo el turno muy concentrada en su trabajo, pero a medida que pasaban las horas y se acercaban las seis en punto, su ansiedad había comenzado a subir.
—Oh, Sasuke-kun, he cometido un error terrible —bisbiseó de vuelta, éste la miró por el rabillo del ojo—. No debería estar aquí en absoluto.
—No hables idioteces —espetó, pero en tono muy bajo. No quería que ningún ANBU escuchara que una nominada estaba arrepintiéndose en el momento de la verdad—. Ya has pasado las dos pruebas anteriores, Obito confía en ti y no paraste de hablar de lo mucho que querías esto. Ni se te ocurra acobardarte ahora.
Sakura tragó duro una última vez, tomándole el sentido a las palabras de su amigo. Era verdad que estuvo muy segura de querer dar ese paso al principio y que dudaba solamente porque cada vez parecía más real, pero suponía que debía tener un poco más de calma, como Naruto, que ya estaba tarde en su primer día. Tomó la muñeca de Sasuke y le dio un apretón como agradecimiento, a lo cual él asintió. Caminaron en silencio por los oscuros pasillos de lo que parecía un almacén abandonado, de seguro un lugar aleatorio que habían acondicionado para la entrega de máscaras, pues sólo los ANBU como tal conocían el lugar donde estaba su centro.
Llegaron a un espacio amplio que contaba con una galería pegada a una pared, como si fuese un gimnasio. El lugar estaba repleto de figuras ostentosas cubiertas en máscaras, que infundían demasiado respeto como para siquiera hablar, e incluso Naruto, que llegó un minuto antes de que cerraran las puertas, fue impulsado a disculparse en voz baja y ni Sasuke ni Sakura se atrevieron a desafiar el absoluto silencio como para saludarlo por su cumpleaños. Eran seis candidatos los llamados de ese año: Yamanaka Ino con sus excelentes habilidades para interrogación, Aburame Shino con su gran capacidad de recolección de información, Nara Shikamaru quien había decidido pasar de la oferta por pereza, y el Equipo 7. Sakura se sintió más aliviada cuando Ino deslizó la mano a su lado, captando su nerviosismo, lo cual la hizo sentir un gran cariño por su amiga.
Uno de los enmascarados caminó hacia el centro del lugar. Todos reconocieron su voz y a Sakura se le cortó un poco la respiración, pues era tanta la admiración que la aldea tenía por aquella persona que se sentía pequeña en su presencia. Uchiha Shisui era el encargado de dar el discurso de apertura.
—Han sido elegidas y elegidos por el mismísimo Hokage para desempeñar la labor. Es él quien los recomienda, pero somos nosotros los que nos encargamos de perfeccionarlos. Es requisito ser jōnin para ser recomendado a ANBU, así que no nos centraremos en las cosas que ya deben saber. Han pasado las dos primeras pruebas y están listos para la última etapa: entrenamiento personalizado. Nuestro entrenamiento tiene tres pilares. Supervivencia, infiltración y confrontación. —Sakura tragó duro, era la primera vez que oía de eso, pero suponía que no se esperaba otra cosa que algo de trabajo en terreno—. Ser recomendado es una cosa, ser un ANBU es otra. Pasarán el siguiente mes con sus tutores ya asignados, aprendiendo de ellos y siendo constantemente evaluados. Irán en misiones de categoría A y eventualmente S. Pero, recuerden, su tutor no es su profesor, es un igual, y no irá en su ayuda si meten la pata. Sobrevivir es su deber. Llegar a tener el nivel de sus tutores es su deber. Servir a su Hokage es su deber, y si desean cumplir ese honor, darán lo máximo de ustedes para lograrlo. —Hubo un prolongado silencio luego de eso, que Shisui dejó adrede para que calara profundo en las personas presentes, pues no era cualquiera la decisión que estaban tomando. Viendo que nadie se arrepentía a último momento, continuó—: Eso es todo. Los siguientes treinta días de entrenamiento parten mañana. Están libres por hoy.
Fue quizás por inercia, pero todos los presentes se acercaron a sus tutores para conversar sobre los planes del día siguiente. Partirían con la unidad de Supervivencia, así que suponía que todos querrían saber para qué clase de misión preparase, y ella no era la excepción. Buscando entre el mar de máscaras, dio de lleno con una conocida. Sakura no pudo evitar sentirse brutalmente mareada mientras se aproximaba a Itachi.
Itachi le dio un asentimiento, entregándole un rollo de papel con las instrucciones. Sakura no fue capaz de abrirlo porque estaba segura de que Itachi se daría cuenta de lo mucho que le temblaban las manos, pero su suave voz interrumpió sus pensamientos:
—Bienvenida a ANBU, Sakura-san. Confío en que nos llevaremos bien.
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el que lucha con monstruos debe tener cuidado para no resultar él un monstruo
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༄Bipo habla:
¿Cómo explicar la emoción que me da subir esta historia? Esto partió porque quería un fic largo que fuera ItaSaku, y originalmente la primera parte no estaba (la del Kyūbi), pero luego comencé a pensar en las posibilidades que podría tener este mundo y sentí que era una mina de oro. Esto principalmente luego de que vi el arte de surfacage en Tumblr (la imagen de Mikoto con el Sharingan gatilló toda esa primera escena y adoro haberla agregado). Siento que ya tienen retazos de algunos personajes que irán apareciendo, algunos claros y otros guiños que espero hayan captado desde ya ;) Esto trata principalmente del camino que recorre el Equipo 7 en el plazo de un mes para convertirse en ANBU en un mundo donde todo es diferente al original. Y si bien habla de cómo comienzan a convertirse en leyendas y a marcar su nombre, también veremos que tienen diecinueve apenas y pueden ser muy tontos a veces jajaja
Entonces, verán:
1) muuucho de la amistad del Equipo 7, porque la amo~ y dejar en claro que Sasuke es un poco más suave porque creció con su familia, aunque sigue siendo bastante él para sus cosas jajaj
2) si bien amo las peleas, esto también va de cómo se encuentran y entrelazan los personajes que ya conocemos en este nuevo mundo. Falta que varios aparezcan.
3) Y sí se hablará de lo sombrío que es ANBU y de ahí viene la frase de cierre de este capítulo.
Siento que hay muchas cosas que no están claras ahora, pero se trabajarán más adelante. Por ejemplo, ¿cómo vencieron finalmente al Kyūbi y quien es su Jinchūriki?, ¿existe Akatsuki en este mundo?, ¿quiénes han sido los profesores de quién en este universo? Y así~. ¿Qué dudas tienen ustedes? Sería genial que me las compartieran, para asegurarme de responderlas en la historia. La verdad, he comenzado esta historia decidiendo hacerla con las ideas más locas que se me ocurrieran. No sé bien dónde vamos, pero estoy emocionada, ¡así que acompáñenme en este viaje!
Los invito a visitar mi página de Facebook Mrs Bipolar (link en mi perfil), pues allí estaré comentando algunas cosas y avisando de actualizaciones :) También, por favor, tengan respeto por todo el trabajo que ha resultado ser este capítulo y comenten si es que les ha gustado, ¡eso me da las energías e inspiración para continuar escribiendo! Sus favoritos y follows son geniales, no obstante, son los comentarios los que logran mantener a los fickers activos; háganme saber que no estoy hablando sola y si les gustaría que siguiera esta historia.
¡Muchos besitos acaramelados!
