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Incandescente | Capítulo 2: Primum non nocere

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11 de octubre
País del Viento – Ubicación desconocida

Una nueva brisa le recordó lo mucho que ansiaba poner agua fría contra sus labios, ya maltrechos por el camino recorrido desde que había despuntado el alba. No conocía esas rutas, pues no eran las típicos por los que estaba permitido que circularan los ninjas, y comprendió en poco que se encontraban en el País del Viento cuando interminables dunas reemplazaron los frondosos bosques de Konoha. Agradecía al menos que el sonrojo sería interpretado como calor, en vez de profunda vergüenza de siquiera intentar mirar a los ojos del Uchiha.

Sakura evitó temblar una vez más, pues la estoica y silenciosa figura de Itachi le daba algo de miedo.

—Descansaremos aquí. —Sakura asintió tan profunda y mecánicamente que sintió que casi se rompía el cuello. Itachi la miró un segundo más de la cuenta, lo que la orilló a preguntarse: «¿Qué diablos me pasa? ¿Cuál será la nueva forma que encontraré de humillarme?»—. Arreglaré el campamento. Puedes ir a asearte.

Sakura pensó con horror: «¿ha sido esa una sutil forma de decirme que apesto?».

Estaba hecha un manejo de nervios e incomodidad que no hallaba cómo desenredar. Hubiera estado nerviosa en una situación normal, pues era la etapa de sobrevivencia de ANBU, nada más ni nada menos, pero ciertas imágenes que preferiría ignorar seguían apareciendo en su mente en destellos indecentes que deseaba no ver. No fue capaz siquiera de emitir palabras claras y se apresuró en dirigirse lo más rápido posible en la dirección contraria a Itachi.

Aún debían estar cerca de la frontera de los países, pensó Sakura, pues habían llegado a una pequeña zona de bosque que gritaba Konoha con todas sus letras. Era un paradero amigable para iniciar, lo cual se lo agradecía internamente, ya que, a partir de ese momento, ella sería la encargada de dar las instrucciones y de guiar a la dupla hacia un lugar seguro. Itachi había sido lo suficientemente amable para designar como primer paradero a un lugar que contaba con una vertiente natural y un río que se veía demasiado apetitoso, tanto para asear su cuerpo ya sobrecalentado por el clima que le recordaba que estaban en Suna, como para beber y abastecerse de agua fresca.

Lo peor, pensó mientras se quitaba la ropa, era que sentía que no deseaba olvidar de todo aquella escena. Había resultado ser el mejor afrodisíaco indeseado; no que se lo fuera a decir a alguien en voz alta (aunque Ino probablemente sería capaz de descubrirlo de inmediato), pero terminaría volviéndose loca si no se lo admitía al menos a sí misma. Cumplió con su baño lo más rápido que le fue posible, pues no deseaba disgustar a Itachi, que estaba siendo claramente el adulto responsable del dúo y quien más madurez había demostrado por la situación; con pesar, miró su reflejo contra el agua y no reconoció a la chiquilla que la miraba de vuelta. Ya no tenía doce ni dieciséis, ya no era genin ni chūnin, ya no permitía que hombres distrajeran su educación, entonces ¿qué era todo ese escándalo que estaba armando?

Con una nueva determinación entre cejas, Sakura inhaló profundamente y se prometió que exhalaría la mayor cantidad de vergüenza posible. Por más breve que hubiera resultado su experiencia en el río, sentirse aseada le daba una cantidad enorme de energía que no esperaba encontrar dentro de sí. Observó sus alrededores y se sintió en casa por un segundo, así que caminó con una sonrisa de vuelta y no pudo evitar abrir la boca de par en par por la rapidez de Itachi en armar tal campamento: un lugar para la fogata con un poco de leña alrededor, dos cómodos sacos de dormir usuales en misiones así y una improvisada tienda sobre ellos, que los protegería de las imprevistas lluvias.

El ocaso resplandecía con un montón de tonos anaranjados y rosados, la brisa estival se sentía fresca y como un respiro del seco aire del desierto por el cual habían caminado por tantas horas. Horas atrás, no parecía haber nada más que mares de arena rodeándolos por mucho tiempo, pero Itachi fue capaz de encontrar aquel oasis sin ningún problema.

—Gracias —dijo con sinceridad Sakura.

Itachi pareció sorprendido por un momento, pero le asintió luego. Sakura quedó un segundo sin palabras, reconociendo tantos gestos de Sasuke en una persona diferente a él que se descolocó un poco, pero luego vio al Uchiha por quien era y por primera vez se permitió observarlo sin el velo de la vergüenza obligándola a desviar la mirada. Era más alto que Sasuke, sus ojos más gentiles pese a estar rodeados de cansancio que les tinturaba la piel de ojeras, y tenía un aura que susurraba lo poderoso que era, principalmente dada por la tranquilidad de cada uno de sus movimientos; era consciente de que contadas personas en ese mundo lleno de asesinos podían hacerle par, lo que le permitía mantenerse sosegado.

—Ahora es tu turno. —Le palmeó el hombro con suavidad, y cuando Sakura se volteó, dio de lleno con su sonrisa amable—. Volveré en un par de minutos.

Sakura lo observó alejarse sumida en el silencio. Era un comentario común en Konoha que la belleza de los Uchiha era legendaria, pues parecían ser portadores de la noche en sus ojos y cabellos, y del demonio en sus Sharingan, y no habían sido pocas las ocasiones cuando compañeras le habían pedido que las acercara a Sasuke. Aun así, Sakura jamás pudo ver a aquel arisco y secretamente llorón Uchiha como algo más allá de un hermano, por lo que se halló descolocada ahora al observar a Itachi con los mismos ojos que los demás pobladores de Konoha, y su corazón se saltó un latido al comprender que se le hacía arrebatador.

Sakura posó su espalda contra el árbol, consciente de que tenía a Uchiha Itachi desnudo a pocos metros.


—Deja de temblar, Rin.

La susodicha paró sus movimientos de súbito, mirando con sorpresa a sus compañeros al notar que, en efecto, la taza entre sus manos generaba pequeñas ondulaciones debido a sus trémulos dedos. No podía atribuirlo falsamente al frío, pues Konoha respiraba una maravillosa primavera y el sol los recibía con gusto en las afueras del edificio Hokage, y ambos hombres sabían de antemano que para ser una médica su pulso debía ser imperturbable, por lo que debió admitir:

—Sakura-chan y el resto me tienen preocupada —suspiró, intentando ocultar sus mejillas arreboladas. No podía dejar de pensar en el Equipo 7 como una suerte de sobrinos pequeños y desordenados que debía proteger, y sabía que aquello era un insulto, por lo que intentó bajarle el perfil al asunto—. Se me pasará, ya verán.

Fijó sus ojos con insistencia en la madera de la amplia mesa en la que esperaban a sus invitados necesarios para iniciar la reunión, no queriendo escuchar que no debía preocuparse por aquellos pequeños adultos a los que quería tanto. Recordaba la primera vez que Sakura se le había acercado pidiéndole que le enseñara, sus ojos brillando con preciosa determinación de ser capaz de cuidar a los suyos; no existía mucha gente en el mundo ninja que quisiera poder para proteger y no asesinar, por lo cual le estrujaba el corazón saber que estaba en peligro. Su lado racional sabía que todos eran capaces, lo sabía y no necesitaba recordatorio más que la silenciosa mirada de Kakashi.

Aun así, unas manos cubrieron las suyas, quitándolas de alrededor de la taza y rodeándolas con cariño, haciéndole subir sus marrones ojos para encontrarse con la oscura mirada del Hokage.

—Estarán bien —aseguró Obito, dándole un apretujón—. Yo también me preocupo por ellos, sobre todo considerando lo que parece estar sucediendo, pero es precisamente por eso que debemos enseñarles a cuidarse.

«Sobro aquí», tarareó Kakashi en sus pensamientos, para nada incómodo y dedicándole una suave sonrisa a Rin bajo su máscara. Más tranquila ahora que había verbalizado sus miedos, abrió la boca para darle un gran agradecimiento a Obito, pero se vio interrumpida por el sonido de la puerta abriéndose de par en par. Los tres integrantes del antiguo Equipo Minato miraron hacia ella en silencio un par de segundos, donde se alzaban importantes invitados de una aldea lejana.

—¡Yo, Obito! ¿Interrumpimos algo?

—¡En absoluto! —respondió un poco más chillón de lo planeado, soltando las manos de Rin como si quemaran y luchando con las ganas de sonrojarse al respecto—. Llegan tarde —regañó luego, frunciendo el ceño.

—No eres quién para hablar… —susurró Kakashi.

—¡Tú menos! —rió Rin como respuesta—. Chicos, ¡qué bueno verlos después de tantos meses!

Las tres figuras le ofrecieron una sonrisa, claramente felices de volver a juntarse con el Equipo Minato. Se habían saludado brevemente en el cumpleaños de Naruto, pero todos coincidían en que no habían sido las mejores circunstancias o las más respetables, por lo que considerarían ésta como la primera reunión oficial en meses. Konan dedicó una significativa mirada a sus dos compañeros, excusándose:

—Yahiko y Nagato disfrutan particularmente de sus campos de entrenamiento. Parecen aún no entender que la reunión no es sólo con viejos amigos, sino que con el mismísimo Hokage-sama para asuntos importantes.

Nagato se frotó el cuello con vergüenza mientras tomaba asiento, mientras que Yahiko explotaba en una risotada.

—¡Extrañaba destruir sus campos! Espero que Obito-sama no lo tome como un insulto.

—Oh, por favor, hemos estado en todo tipo de situaciones, Yahiko —apuntó Obito con un semblante que aseguraba que no solamente se refería a misiones, sino que involucraba también momentos alcoholizados de los que ninguno de los presentes se enorgullecía—. Tutéenme.

—Considerando que nuestro viaje debe partir pronto, creo que es prudente que vayamos al meollo del asunto —arguyó Konan.

Desde hacía muchísimos años que los huérfanos de la Lluvia eran parte del estrecho repertorio de aliados de Konoha. Jiraiya no permanecía en la aldea por mucho tiempo y en esos precisos momentos se encontraba en una misión vital para el futuro de todos, de lo contrario, hubiera estado maravillado de ver a sus anteriormente pequeños alumnos de nuevo. La suavidad del tímido Nagato, la etérea belleza de la artista que era Konan y el ígneo espíritu de Yahiko eran queridos por todos quienes lo conocían y sus visitas, aunque esporádicas, alegraban a sus amigos.

Obito asintió. Llevaban tantos años conociéndose que, a veces, les resultaba increíble ver al Uchiha con su traje de Hokage imponer respeto, recordando al mocoso desordenado con el que habían compartido tantas aventuras.

—Pese a que son valiosos aliados desde hace mucho tiempo, sé que comprenden que esta es información delicada para mi aldea y que no sería relevada a ustedes de no ser porque su propio pueblo está involucrado. —Sus ojos ónices pasaron por encima de todos los presentes, los prodigiosos alumnos de Jiraiya que eran sus amigos hacía tanto tiempo—. Los últimos reportes de mis ninjas más cercanos han apuntado a que está ocurriendo actividad misteriosa en todos los países con mucha intensidad hace un par de meses. Supongo que saben cuál fue el día en que paró de súbito toda actividad… el día en que pretendían atacar.

—El cumpleaños de Naruto —afirmó Yahiko con los ojos envueltos en ira.

—Creímos que esto pasaría el próximo año —intervino Nagato con la mirada confundida—, cuando Naruto-kun cumpliera veinte.

—Algo los ha hecho apresurarse, quizás no tuvieran tanto tiempo como creyeron —respondió Rin, claramente preocupada por la situación—. Probablemente quisieron actuar en el cumpleaños de Naruto-kun, pero estuvo rodeado de muchísima gente poderosa.

—Su adición a la lista de invitados fue inteligente —acotó Kakashi.

—Oh, me dañan, chicos. Y yo que creí que Naruto me invitaba porque soy su tío preferido. —Yahiko se llevó una mano al pecho para simular que estaba siendo apuñalado, pero nadie tenía ánimos de reír ese día. Su mirada se volvió triste y pudo sentir el apoyo de Konan cuando ésta buscó su mano bajo la mesa—. Ese pequeño no tiene idea de lo que sucede, ¿no es así? Cuando me saludó, estaba feliz a más no poder y muy orgulloso de haber sido nominado a ANBU.

Obito negó sin ceremonias.

—Y así debe permanecer. Poderosos ninjas han desertado de las aldeas en los últimos años; esta organización está ganando adeptos que son considerados prodigios entre sus filas. Nos estamos enfrentando a los equivalentes de ustedes.

—Si se enfrentaran a nosotros, Konoha quedaría destruida —replicó Yahiko con una sonrisa.

—No creo que consideres tan gracioso lo que viene… —Obito tamborileó sus dedos encima de la mesa, mordiéndose el labio por un segundo. Ya presagiaba lo mal que tomarían la siguiente noticia—. Siguen utilizando el emblema de antes. Se presentan al mundo con su capa de nubes rojas.

Yahiko golpeó con fuerza su puño contra la mesa.

—Esos imbéciles… ¡esa capa tiene un significado especial para nosotros! —gesticuló con ira y señaló a sus queridos compañeros—. ¡Es la sangre que llovía en Ame! No es una capa que deba usarse para el mal. Significaba la búsqueda de justicia.

—Aún no sabemos bien qué buscan, pero tenemos una idea bastante acertada. Están detrás del Kyūbi y de los otros Bijū, igual que hace diecinueve años atrás. Creemos que no saben exactamente quién es el Jinchūriki, así que hemos asignado al mejor guardia que pudiera tener Naruto en este tiempo para mantenerlo a salvo, pues ya lo han intentado utilizar antes. Sin embargo… somos la única aldea que no mantiene encerrado a su Jinchūriki. No hay forma de saber si sus manos ya han llegado a los otros, pues esos son secretos del Estado demasiado importantes como para que siquiera corran rumores al respecto. Mis ANBU están recolectando toda la información al respecto, y debo agradecerles a ustedes también por sus avances en desarrollar perfiles de los posibles miembros de esta organización.

—La única forma en que puedes dejar esa organización es en un ataúd —comentó Nagato con gesto serio—. Aún no tenemos el número exacto del núcleo que los conforma, pero entre sus filas cuentan con pupilos que los relevarán en caso de que sean eliminados. Están creciendo con demasiada rapidez.

Kakashi miró hacia la puerta con suspicacia, para luego decirle a Nagato con urgencia:

—Amárrate el cabello.

Nagato lo miró con la duda claramente reflejada en el rostro, pero fue demasiado tarde. La puerta se abrió de par en par y los huérfanos de la Lluvia comprendieron que habían cometido un garrafal error al no prever que aquellas personas se harían presentes también en una reunión tan importante como aquella.

—¿Por qué ninguno de ustedes ha venido a saludar a la casa todavía? —Los tres temblaron ante el aura demoníaca de Kushina—. ¡Nagato, te he dicho que despejes tu cara, tienes todo el pelo cubriéndola! ¡Yahiko, deberías haberme saludado hace un día atrás! Y… ¡Konan-chan, estás muy bonita!

—Cariño, hablaremos después con ellos —le susurró Minato, acariciándole el cabello para calmarla. Volviéndose al resto, dijo—: Perdónenla, está estresada desde que Naruto se fue.

Kushina siguió gruñendo como un gato exaltado, pero el toque de su esposo pareció tener un efecto tranquilizador en ella. Al sentarse y cuando los huérfanos de la Lluvia se hubieran disculpado un centenar de veces, Obito pudo proseguir con la reunión:

—Minato-sensei y Kushina-san han hecho un excelente trabajo como Jinchūrikis, pero cada vez se vuelve más inestable el sello. Calculamos que tendríamos un rango de veinte años en que el sello del Kyūbi se mantendría estable, pero nos hemos quedado cortos.

—Mikoto y yo hemos estado buscando más información respecto a mi familia. Nagato no es un candidato por no pertenecer a la aldea como tal, pero hemos encontrado una chica que podría sernos útil.

Los tres integrantes del Equipo Minato miraron con atención el informe de papel que contaba con una foto donde llameaba un cabello igual al de los dos Uzumaki presentes. Luego de que todos hubieran memorizado la imagen, Obito tomó entre sus dedos el papel y de éstos surgieron lenguas de fuego que se encargaron de devorarlo por completo.

—Con esto cerramos la reunión. Tenemos un equipo rindiendo la prueba ANBU bastante cerca a dicha chica, así que me aseguraré de enviarles un mensaje. Kakashi mandará a sus perros inmediatamente.

—Esa persona… —mencionó Konan con un hilo de voz al reconocer el nombre de quien podría ser el captor de aquella muchacha—, ¿realmente sigue viva?

—Ese maldito bastardo es duro de matar —refunfuñó el Hokage—. Ya ha invadido nuestra aldea, por lo que deben tener cuidado con él especialmente.

—Sobre todo tú, Obito. Pareciera tener un fetiche con los tuyos —molestó Yahiko mientras se incorporaba al igual que el resto de sus compañeros.

—Vete de una vez.

Yahiko soltó una gran risotada y Kushina, que ahora lo miraba sin el el enojo nublándole la vista, captó algo diferente en sus suaves ojos cafés, un brillo que sólo podía significar una cosa. Antes de que pudiera soltar alguna palabra inquiriéndole si acaso era lo que creía, Yahiko notó su rostro, dándole una gran sonrisa y parando en la puerta antes de retirarse al fin. Entonces, anunció:

—Por cierto… Konan y yo nos casaremos pronto, así que asegúrense de sobrevivir hasta entonces.

Todos los presentes se quedaron un segundo de piedra, mirándolos boquiabiertos y apenas siendo conscientes de cuando se volteaban para retirarse. La dulce risa de Konan fue lo que trajo de vuelta a la realidad a Kushina, quien gritó:

—Espera… ¿Qué has dicho? ¡Yahiko y Konan vuelvan aquí inmediatamente!

Nagato se disculpó con una sonrisita y en el pasillo entero resonó la carcajada de su amigo, quien buscó la mano de su futura esposa con cariño. Konan sonrió con suavidad al tomar la mano de Yahiko, e hizo que pararan para posar sus brillantes y bellos ojos en sus amigos.

—Cuando nos volvamos a ver y el mundo vuelva a conocer la paz —rectificó Konan—, están invitados a nuestro matrimonio.

Y con aquello como despedida provisoria, pues sabían que Kushina los obligaría a cenar con ella esa tarde, todos se voltearon para dejar el Edificio Hokage de una vez por todas. No obstante, Yahiko no pudo pasar la oportunidad, y gritó desde el corredor con burla:

—¿Cuándo te animarás tú, Hokage solterón y enamorado?


Caía su primera noche entre las garras del inclemente desierto, con cada minuto demostrando que la temperatura era capaz de caer más, y Sakura, que había llegado a sentirse abrumada por la incomodidad de la situación, se esforzó en recoger las mejores ramas y asegurar el perímetro para armar un buen campamento. Tomando un gran suspiro, decidió tener madurez en aquella infortunada situación, pues ambos eran adultos con vidas sexualmente activas y aquello no podía pesar más que el hecho de que estaba aprendiendo de uno de los exponentes más soberbio de la aldea.

Sin embargo, para su sorpresa, no fue ella quien tuvo que iniciar la conversación cuando estuvieron frente al fuego.

—¿Por qué has aceptado la invitación a ANBU? —preguntó Itachi casualmente, ojos negros fijos en las llamas.

Sakura abrió la boca con sorpresa. Ser llamado a ANBU era el honor más grande para cualquier shinobi y negarse generalmente no era una opción, pero desear formar parte del cuerpo más poderoso y selecto de la aldea habitualmente tenía un móvil importante. Poniéndose un dedo en el mentón, comenzó a pensar en voz alta:

—Bueno… Me parece una experiencia de aprendizaje maravillosa, pues seré capaz de no sólo entrenarme con un ninja talentoso, sino también de conocer nuevos países y culturas que van a aportar en mi conocimiento. —Itachi la miró al fin con algo de sorpresa por sus palabras, pero Sakura se mantuvo firme. No intentaría esconder su admiración por su talento jamás. Ladeando la cabeza, inquirió—. ¿Por qué la pregunta?

—Primum non nocere. Estaba en tu archivo, pero lo sé de antes, pues Sasuke me contó que su compañera era médica.

Sakura sonrió con tintes nostálgicos pintándole los labios. Renunciar a su puesto en el hospital momentáneamente no sonaba demasiado propio de ella, menos cuando se tomaba en cuenta de que lo había dejado para volverse una asesina más experta.

—Primero no hacer daño —tradujo con diligencia, a lo que Itachi asintió lentamente—. No parece concordar demasiado con este trabajo, ¿no es así? Es el principio más importante por el que se rige la medicina, la no maleficencia, incluso más vital que la beneficencia. Entrenarme en asesinar personas no suena muy lógico… pero está también la justicia. Tenemos autonomía como personas, pero es la justicia la que le pone límites: la autonomía de cada persona no puede atentar a la vida, libertad y demás derechos básicos de otras personas. En un mundo como el que vivimos, sólo los fuertes pueden asegurarse de que la justicia exista realmente.

—¿Eso justifica las muertes de las personas para ti? —preguntó Itachi, sin recriminarla, sinceramente interesado en la opinión de Sakura. Sus ojos brillaron en cuanto Sakura había abierto la boca, pareciéndole mucho más atrayente su persona sabiendo que pensaba de maneras tan profundas para alguien tan joven.

—¿Sabes? En un principio, creo que todas las personas que nos interesamos por la medicina odiamos la muerte. Pero… a medida que vas creciendo, comienzas a amarla y a entenderla como parte de esta vida. No hay cosa más bella que una muerte digna —murmuró con una sonrisa—. ¿Es realmente justo que castiguemos con muerte a quienes amenazan la estabilidad?… No estoy segura, pero creo que está justificado eliminar a quienes se interponen en la libertad del resto. ¿Disfruto hacerlo? Generalmente, no. ¿Lo haré de ser necesario? Sin dudar un segundo. —Volviendo su mirada al semblante tranquilo e interesado del Uchiha, no dudo en preguntar—. Y tú, Itachi-san, ¿gustas de ser ANBU?

Itachi parpadeó un par de veces, como sacándose la sorpresa de los ojos antes de responder.

—Es un honor.

—Sí, pero ¿te gusta?

Fue su turno de sonreír. Sakura era de las pocas personas en la vida que le habían hecho esa pregunta. Si bien no era una pregunta segura de hacer en un mundo donde el deber lo dictaba todo, era una interesante que sólo quienes habían reflexionado más sobre su vida sabían responderla.

—No —se sinceró con suavidad, pero sin agregar más, y Sakura no supo cómo ahondar más en el tema sin sonar entrometida.

Les quedaban bastantes días para conocerse, supuso ella, más tranquila con su tutor. Era feroz, estricto, intimidante, pero debajo de todo eso, era de aura inesperadamente pacífica y tranquilizadora. Entendía ahora por qué las personas revoloteaban a su alrededor, su gran poder yacía no en su amenazador Sharingan, sino en su mente. La gente quería seguirlo porque era un gran líder.

Sakura también sintió esa admiración.


12 de octubre
País del Viento – Ubicación desconocida

Caminaban en silencio entre las eternas dunas del lugar, en busca de un nuevo oasis con ella como la líder y encargada de guiarlos. Itachi no emitía ninguna opinión cuando ella señalaba una dirección, siguiéndola con diligencia. En medio de su cansancio, Sakura encontró corazón para pensar en Naruto y Sasuke, preguntándose en qué clase de exóticos parajes estaban ahora. Era verdad que su corazón latía con miedo cada vez que tomaba una decisión, pues las raciones de agua y comida eran escasas y necesitaban llegar a un refugio seguro; apenas era la primera parte de su entrenamiento y ya se le estaba haciendo extenuante, lo cual la ponía nerviosa, ya que en una verdadera misión ANBU esto era lo más básico a realizar.

Pero no olvidaría tampoco quién era, por quiénes había sido entrenada. No sólo enorgullecería a Kakashi, Rin y Tsunade, sino también a sí misma. A Itachi, incluso.

Caminaban en silencio, pero Sakura ya no sentía esa incomodidad de antes. Demoraría una vida entera en olvidar aquellos ojos en Itachi y ni siquiera estaba segura de querer borrarlos de su memoria, ya que quizás les encontraría uso en alguna noche solitaria, pero luego de toda la charla de ayer, lo sentía más humano que nunca. Era extrañísimo verlo como alguien real, considerando la gran leyenda que ya era. Sakura se preguntó si Itachi sabía que sería el siguiente Hokage —no que tuviera alguna noticia oficial, sólo una certeza fuerte en el corazón de que así sería.

A eso de las cuatro de la mañana, divisaron varios caminos comerciales y a camellos transportando sedas y especias en medio de las ardientes arenas del desierto. Sakura comprendió que los había estado guiando por la frontera del país del Fuego y Viento, habiendo llegado a las costas que se encontraban en la zona Este del país. No pudo evitar volverse hacia atrás con una sonrisa maravillada, tal niña que encuentra su juguete favorito bajo el árbol de Navidad, e Itachi la miró con sorpresa un segundo, para luego devolverle la sonrisa.

Sakura era una chica curiosa que había logrado ganarse su cariño de inmediato. Pese a su incómodo accidente, ambos habían sabido dejar de lado aquello y comenzar a trabajar como un equipo. Itachi había tenido varios pupilos desde que había sido nombrado jefe de escuadrón de ANBU, pero ninguno le era tan cercano como Sakura; desde siempre le había tenido una especie de cariño casi etéreo, un agradecimiento por simplemente existir y querer a Sasuke. No la había conocido bien jamás, a diferencia de Naruto, quien generalmente era entrometido y no había dudado ni un segundo en hacerse su amigo desde el principio. Sakura siempre había sido más tímida al respecto, y sólo la conocía como una figura apenas esbozada por las palabras de Sasuke, que siempre dejaba entrever lo mucho que quería a su mejor amiga —y de vez en cuando le pedía directamente que mantuviera a Shisui alejado de ella.

Las personas que llegaban a ANBU siempre eran talentosas y aplicadas, donde la genialidad brotaba de cada persona como si una fuente de agua sagrada se tratara. Era cosa de caminar cerca de esas personas para aprender algo nuevo y maravilloso, y Sakura despedía esa misma aura que quienes ya eran miembros hacía años. Sería un secreto que Itachi se guardaría por algún tiempo, pero mirar la espalda de Sakura le recordaba a la legendaria sannin que también había sido su profesora.

Llegaron al pueblo poco después, Sakura maravillada por la gran cantidad de mercaderes que extendían sus exóticos productos a quienes estuvieran dispuestos a comprar e Itachi mirando con gusto aquel lugar. ANBU tenía más licencias que los rangos más bajos, por lo que conocía de antes aquel poblado, pero ver el brillo de quien saborea una libertad que antes no le había sido permitida era bastante bello.

—Te compré uno también —dijo Sakura con una sonrisa llegando desde uno de los múltiples puestos que los rodeaban—. Sasuke-kun los odia, pero recuerdo que me comentó que te gustan los dulces, Itachi-san.

Le agradeció con cierta sorpresa por aquella consideración, mirando a su alrededor. Los ANBU no dormían noches completas jamás, así que pese a que el sol a duras penas se esbozaba en el horizonte, su jornada había iniciado horas atrás; siempre en la oscuridad, siempre en silencio, siempre como fantasmas. Así era ANBU. Sakura había cumplido sin quejas y los había guiado con habilidad a un lugar seguro donde podrían abastecerse para continuar su camino de manera más expedita.

Itachi se sintió reconfortado por la visión de aquellas casas de colores arcilla y el puerto en el que los pescadores y comerciantes ya iniciaban su jornada laboral, pese a que el reloj marcaba recién las seis. El mercado estaba abriendo de igual modo, y las personas comenzaban a despertar. La vida de simples pobladores no era más fácil que la que llevaban los shinobis.

—¿Podemos…? —comenzó Sakura insegura, con sus titubeantes ojos rehuyendo la mirada de Itachi, sintiendo que quizás su sugerencia era demasiado cómoda y muy poco propia de una kunoichi postulante a ANBU—, ¿sería muy poco profesional sugerir descansar esta noche en una posada?

—Los ANBU también tenemos derecho a descansar bien alguna noche —respondió Itachi con una sonrisa, sacándole una risita nerviosa a Sakura, quien se encontraba agradecida por no haber sonado como una niñata ricachona que extrañaba su colchón y no entendía la seriedad de las misiones—. ¿Podrías mencionarme qué es importante a la hora de ingresar en una ciudad?

—Siempre dormir en la misma habitación —dijo Sakura con diligencia y un dedo levantado, recitando el manual que se sabía de memoria. Lo que siguió fue un silencio incómodo para ambos en cuanto Sakura comprendió que Itachi no se refería a eso, rectificando con rapidez—: Jamás dejarnos ver con el uniforme de nuestra aldea. Somos simples viajeros.

Itachi le dedicó un asentimiento de aprobación.

—Vamos a dormir, Sakura-san. Hemos llegado antes de lo planeado, así que tenemos un rango de descanso. Buen trabajo.

Sakura hizo todo lo posible para esconder su emoción ante el cumplido del genio Uchiha, caminando a su lado en silencio por un buen rato hasta dar con una posada. Al ingresar, llamó la atención de ambos el ambiente fúnebre y la acalorada discusión que tenía el dueño con alguien que se retiraba del hospedaje.

—Pronto será su cumpleaños —rezongó el dueño—. De estar aquí, Chiyo-sama sabría que hacer.

Sakura fue lo suficientemente prudente para no mirar a Itachi ante aquellas palabras, pues sería demasiado sospechoso. Conocía ese nombre, ya que era distinguido incluso en libros de historia; una misteriosa y poderosa titiritera que había luchado con su maestra en antaño. Tsunade le había contado del talento de los ninjas de la arena con los venenos. Itachi dejó que conversaran antes de registrarse, no había mejor fuente que alguien enojado que creía estar frente a dos inocentes aldeanos.

—Si tan solo Konoha no siguiera impune… —repuso el otro con ira—. Esperemos que le llegue su castigo divino por el genocidio que cometieron contra los nuestros.

Sakura tragó duro y las miradas cayeron súbitamente en ambos ninjas disfrazados de civiles. Rápidamente, Itachi fingió una risa y pasó un brazo sobre su hombro sobre la chica.

—Están asustando a mi esposa con sus palabras.

—Perdón, perdón… es sólo que el 15 celebramos a Chiyo-sama, pues era su cumpleaños antes de ser asesinada. —El dueño de la posada pasó sus ojos por Sakura con sorpresa, pues ella fue lo suficientemente inteligente de fingir un escalofrío, de manera que creyera que realmente estaba asustada como le había hecho saber su falso esposo, haciéndolo cambiar de tema—. ¿Tomarán una habitación ahora?

—Calculamos mal las horas y llegamos mucho antes de tiempo, hemos viajado con los mercaderes. Son unos trabajólicos —dijo Itachi, ganándose la simpatía del dueño ante eso.

Le pagaron la mitad de su estadía como abono y fueron guiados hacia su habitación, Itachi siempre cumpliendo su papel como un experto. Las mejillas de Sakura se encendieron contra el pecho de Itachi al descubrir lo cálido y agradable que era estar allí, y se sintió secretamente decepcionada al separarse de aquel lugar que se le antojaba tan seguro.

—Descansen, si es que eso desean. Las parejas siempre son alocadas —bromeó el dueño con una sonora risa al cerrar la puerta tras de sí.

Itachi y Sakura se vieron un segundo luego del cierre de puertas. No demoró en dejarse caer en la amplia cama, pero después miró a Itachi con cierta duda, no del todo segura si era prudente mostrarle lo dispuesta que estaba a desfallecer en aquel colchón.

—No te preocupes, duerme —dijo él con una sonrisa—. Aún puedes descansar antes de que inicie nuestro viaje nuevamente.


Gruñó una vez más dado el esfuerzo, removiéndose desesperada entre las copas de los altos árboles. Sentía aquella presencia maldita persiguiéndola, acercándose cada vez más, como diciéndole que podría atraparla en un segundo si se lo propusiera, pero que aprovecharía de jugar con ella mientras. Era una presa pequeña y temblorosa para un ninja como él, lo sabía, aunque eso no haría que parara de correr, pues cargaba en su espalda con Sasuke, quien estaba inconsciente y envuelto en un delirium febril que lo hacía inútil ante el enemigo.

«Le ha inyectado algo… —pensó Sakura, tratando de no temblar cuando su amigo se retorcía de dolor en su espalda—. No llores, no llores. Eres una kunoichi, ¡no puedes llorar!». No tardó en comprender que aquella persona que la perseguía no tenía por qué estar en aquel lugar, pues claramente tenía un rango superior a un genin. Un gélido escalofrío recorrió toda la médula de Sakura al detallar a ese ninja en su cabeza nuevamente, pues lo primero que había venido a su mente al conocerlo y sentir aquella abrumadora presión de su chakra, era que estaba, como mínimo, a nivel de Rin y Kakashi.

Naruto… —murmuró, pero su voz fue una copia deslavada de lo que era en realidad, terriblemente trémula y baja. ¡Naruto! —intentó de nuevo, aunque fue inútil. Naruto había hecho de distracción para el ninja, y ahora sentía la presencia de aquel enemigo pisándole los talones; era imposible que su amigo estuviera bien—. Naruto… —pidió finalmente, más para ella que otra cosa.

Sakura… —logró formular Sasuke, pero sin dejar de sudar profusamente—, déjame… déjame atrás. Corre lejos tú. Encontrarás ayuda en la salida.

No logró espetarle que no pensaba hacer eso, menos luego de la insistencia de Naruto de que lo dejaran y que ahora no apareciera por ningún lado. Al volver a dirigir su mirada al frente, paró de súbito su huida al notar aquella figura a contraluz que interrumpía la ruta más corta hacia los sensei que vigilaban el examen. Sasuke sintió el miedo de Sakura, pero fue incapaz de decir palabra alguna para confortarla y prometerle que todo estaría bien; estaban atrapados, Naruto desaparecido, él incapacitado y Sakura apenas había comenzado su entrenamiento con Rin. Incluso de estar los tres en plena forma, no serían capaces de enfrentarse a aquella persona.

Sakura cayó de rodillas y sintió cómo gruesas lágrimas se deslizaban por su rostro, abrumada por la desesperación de no hallar salida. La matarían, matarían a Sasuke e incluso se preguntaba si acaso ése no había sido el destino de Naruto. No registró demasiado de esa persona que simplemente sonreía en silencio, sabedor de su victoria desde un principio, pero sus retinas se fijaron en aquella capa embebida en un profundo negro y salpicada de nubes igual de rojas que la sangre. Buscó la mano de Sasuke en silencio y lo encontró igual de asustado que ella, e iba a pedirle disculpas por su inutilidad y aquel final tan intrascendente y ridículo, pero se vio interrumpida por una nueva persona que se erguía entre ellos y el enemigo.

Sus ojos verdes brillaron al alzar la mirada y descubrir en la espalda del ninja el emblemático abanico Uchiha.

Perdón la demora, pequeños. Han de estar asustados. ¿No te has hecho en los pantalones aún, Sasuke? ¡Estoy orgulloso!

Sakura miró con sorpresa a su compañero y luego al recién llegado. Era el primo del que siempre reclamaba el Uchiha, lo intuyó porque, pese a no haberlo visto de cerca antes, Sasuke le había contado que tenía pelo ondulado para que supieran a quién odiar con él.

Mi nombre es Shisui —se presentó con Sakura, dándole una sonrisa tranquilizadora. Tenía los mismos ojos oscuros e hipnóticos de todos los Uchiha, pero al abrirlos nuevamente, brillaban del color de la sangre—. Lamento tener que hacer esto, pero es por su bien.

Y entonces todo fue negro.

—Sakura-san. ¡Sakura-san!

Abrió ambos ojos de par en par, exaltada por el súbito despertar y confundida al encontrarse en una humilde habitación de una posada y no en el Bosque de la Muerte, y comprendiendo de inmediato que estaba en su presente y no en aquel fatídico año donde habían dado muerte al Tercer Hokage en su propia aldea.

Sakura se llevó una mano a su ojo, observando impasible la lágrima que había capturado al deslizar su dedo por su mejilla. «Un sueño, ¿huh?», pensó, aún no del todo despierta. Su cabeza dolía y tenía la sensación de no haber descansado en absoluto, y su cuerpo parecía recordar el cansancio de aquel día hacía tantos años, en los primeros exámenes chūnin que había tomado junto con su equipo. «Un recuerdo», rectificó entonces con su mano yendo a parar a su acelerado pecho, intentando tranquilizarse y desperezarse de una vez por todas, pues aquella memoria tenía más sabor a presagio que azar.

Alzó la mirada aún sin exhibir semblante alguno, sorprendiéndose por la cercanía de los profundos y preocupados ojos negros de Itachi.

—¿Estás bien? No quería despertarte, pero parecía que estabas teniendo un mal rato.

Las mejillas de Sakura se encendieron como farolillo al captar que, detrás de la cortina, brillaba con fuerza el sol. Aquello sumado a las gotas que aún recorrían el largo cabello azabache le hacían pensar que probablemente había dormido de más. «Agh, qué vergüenza», pensó con ira al ponerse de pie.

—¿Qué hora es? Perdón, no quise dormir tanto. No sé qué pasó, pero me ducharé en treinta segundos y entrenaré hasta que se esconda el sol para compensarlo, de ser necesario haré…

—Sakura-san… —interrumpió Itachi, poniéndole una mano al hombro para detener su camino a la ducha donde no pudiera alcanzarla. La chica se sintió inmediatamente culpable al ver la preocupación pintada en sus ojos—, no parabas de llamar a Sasuke y Naruto-kun.

—No te preocupes, no es como si pueda ver dónde están. —Itachi vio cómo los hombros de la chica se hundían por un segundo, y también el cambio de actitud al percatarse de que estaba siendo observada, componiendo rápidamente una sonrisa que resultó incómodamente falsa—. ¡Pero no es nada! —Ninguno de los dos pareció convencido, así que Sakura decidió sincerarse—. Es sólo que… he tenido esta mala sensación desde antes de iniciar todo, y no parezco ser capaz de sacármela de mi cabeza. Perdón, sé que es poco profesional de mi parte. No habrá más menciones de mi parte de mis antiguos compañeros.

—No debes guardar esos sentimientos, eso perjudicará tu misión más que decirlos.

Le dio una sonrisa repleta de agradecimiento. Quizás Sasuke sí tenía razón e Itachi era el mejor tutor posible del universo, tuvo que reconocer para sus adentros mientras se dirigía al baño.

«¡Las nubes rojas!», recordó de pronto Sakura bajo el agua de la ducha, sorprendida por no haber sido consciente en un principio de haber recordado aquello. Si bien aún encontraba borroso el rostro de la persona cubierta por aquella gabardina imponente de la que no entendía aún el significado, jamás había tenido tan claro ese recuerdo como en aquel momento. Sabía que Shisui los había salvado de un encontrón con un ninja infiltrado que no correspondía a ninguno de los inscritos en los exámenes, pero aquello era debido al informe que el Cuarto Hokage les había presentado, no porque recordara de primera mano el momento.

Shisui luego la había mirado con aquellos irises rojizos y una sonrisa serena, volviendo todo negro y evitando que recordara aquello hasta ahora. Probablemente había realizado un genjutsu sencillo que la mandara a dormir mientras peleaba, y aquello sumado al trauma del momento había bloqueado ese curioso símbolo de su mente. Ahora que recordaba, tenía la certeza de que esas nubes eran importantes para su futuro. Si realmente existían ninjas como aquél todavía en ese mundo… debía ser la más fuerte de todos. Invencible, implacable, indestructible. Era una kunoichi de la Hoja y no olvidaría que en su corazón ardía la voluntad de Fuego, por lo que se centraría al cien por ciento para que Itachi le diera absolutamente todo lo que tenía por ofrecerle.

Sin embargo, estaba tan concentrada en mantener su disfraz de recién casados, que cuando le tendió el dinero al dueño de la posada y éste le soltó una broma respecto a la agotadora mañana que debieron haber tenido para que la novia tuviera aquellas enormes ojeras, respondió con una mecánica risa:

—¡Sí, duró mucho! ¡No dormí en absoluto!

Lo que siguió fue un espeso e incómodo silencio para todos los presentes.


El crepúsculo ya se cernía sobre el cielo, marcando el fin de un nuevo día. Disfrutaba en aquella banca del pacífico sonido de las poderosas olas rompiendo contra la costa a un par de metros, con la brisa acariciando su rostro; Itachi se permitió cerrar los ojos y despegarse un segundo de todo el caos que parecía reinar en esos tiempos. ¿Serían sus manos suficientes para proteger a todas las personas que quería?

—¿Has decidido nuestro próximo destino? —Una voz suave y un delicioso aroma que la seguía de cerca hicieron que despegara sus irises del bello atardecer. Al volverse, dio con Sakura que le ofrecía un dulce de la gran feria que se extendía en los alrededores del puerto, con más energía que nunca ahora que la noche se acercaba—. Tengo entendido que te corresponde decidir qué clase de territorios son los siguientes, y yo me encargaré de demostrarte que sé sobrevivir.

Itachi dio un asentimiento como agradecimiento, aceptando su dulce e incorporándose en amago de recorrer los pequeños puestos donde se respiraba una celebración. Contrario a lo que la mayoría pudiera pensar, siempre eran los simples pueblerinos los que daban las pistas más jugosas de información, ya que su lengua hablaba con soltura con tal de vender sus productos, ajenos a los embrollos del mundo ninja que muchos despreciaban.

—Partiremos en un par de horas, allí te haré saber nuestro próximo destino —respondió.

Sakura dio un mordisco a su comida para evitar sonreír de la emoción. Sabía que aún no estaban ni cerca de terminar su camino en el desierto, pero la perspectiva de recorrer tres climas diferentes e igual de inclementes la hacía temblar de excitación. Eran momentos como aquellos los que le recordaban la interminable gracia de ser kunoichi.

—De ser así, ¿está bien que visite algunas tiendas? —tanteó la chica, mirando el perfil del Uchiha con curiosidad—. Suna siempre ha sido un buen lugar para conocer de hierbas medicinales que nos son extrañas, pues tenían un gran ejército de profesionales en el área. Además, se respira el resentimiento que le tienen a Konoha, creo que es importante averiguar más al respecto.

—Es una decisión adecuada —concedió Itachi, secretamente orgulloso por descubrir que Sakura tenía una mente afilada que iba más allá de lo evidente.

Sakura no tuvo vergüenza en recorrer las calles de aquel pequeño poblado con franca curiosidad por los secretos que tuviera por ofrecerle. El mejor disfraz era el sincero, por lo que no despertó ninguna duda entre los pobladores al hacer un montón de preguntas en diversas tiendas, emitiendo opiniones acordes al contexto de festival y dándoles la razón con vehemencia cuando hacían algún comentario despectivo hacia Konoha, acompañándolos de algunas pequeñas preguntas que abrían más la conversación y le permitían deducir el porqué del odio hacia su aldea natal.

Itachi observaba en silencio, pero sonreía al ver cómo manejaba a la gente. Sakura no deseaba hacerle mal a ninguno de los presentes, pero entendía que era necesario recurrir a la mentira para descubrir la fuente de su odio, pues nada puede arrancarse sin conocerse su raíz.

Le contó lo que los aldeanos percibían, pero de manera inteligente para no ser sospechosa: se hizo pasar por una aldeana más que se descargaba contra Konoha y sus crímenes, lo cual incluso logró que un par de personas se acercara para añadir más leña al fuego. Itachi le asintió en un momento en medio de la conversación y Sakura entendió de inmediato su significado, callando y disculpándose con las personas que la rodeaban:

—Perdón —murmuró, abrazándole el brazo al Uchiha con toda naturalidad—, con mi esposo estamos agotados por el viaje.

Itachi les sonrió con educación, poniendo su mano sobre una de las de Sakura que lo rodeaban con un estudiado ademán posesivo:

—Así es. Mi linda esposa requiere mi atención. Muchas gracias por la conversación.

Todos se despidieron convencidos de que la supuesta pareja de recién casados era el más impetuoso enemigo de la Hoja, dejándolos en su soledad y permitiéndoles caminar en direcciones menos transitadas. Cuando estuvieron lejos de los ojos de todos, Sakura lo soltó como si quemara y miró con obcecación el piso, enfocada en no permitir que Itachi viera a través del velo de su cabello y descubriera que su tacto había tenido un efecto en ella. Por más que quisiera olvidarlo, recordaba en momentos indebidos lo incitador que Itachi se veía en posiciones más comprometedoras, y casi recurrió a un golpe físico para volver a centrarse en algo que no fuera el fantasma del calor de la mano del Uchiha en su brazo, pero el brillo de algo captó su atención por el rabillo del ojo.

Volteándose con sorpresa, Sakura miró boquiabierta aquella pequeña tienda oculta en un pasaje poco concurrido, detrás de la cual se exhibían delicadas muñecas de diversos tamaños. Caminó lo más cerca posible, con solo el vidrio del escaparate separándola de aquellos objetos, reposando su mano sobre éste; las miró con más detalle, con aquellos ojos que reservaba para el mundo ninja, encontrando que sólo un artista sería capaz de crear tal magnificencia.

—Son demasiado bellas para ser inocentes —musitó Sakura, buscando los ojos de Itachi para recibir la afirmación de entrar.

El Uchiha ya examinaba fijamente aquel lugar desde antes que ella, por lo cual había permanecido en un mutismo adrede para ver si Sakura era capaz de reconocer las amenazas que parecían inocuas a primera vista. Ambos asintieron con determinación pintada en sus ojos y en los oídos de Itachi resonaron las palabras de su hermano menor que creía con enojo que estaba mirando en menos a su amiga: «Sakura te sorprenderá».

Antes de que ingresara en la tienda, Itachi se apresuró en tomar su mano. Sakura lo miró con asombro y el Uchiha se sorprendió a sí mismo pensando en que le agradaba el cálido tono que habían adquirido sus mejillas ante el súbito gesto que los escasos transeúntes interpretarían como afecto entre dos amantes.

—Espera, cariño —dijo significativamente—, no pelees conmigo. ¿Qué pensará la gente?

Sakura parpadeó, apretujando la mano de Itachi en respuesta y dándole a entender que había descifrado el significado de sus palabras. Aunque pareciera que nadie los veía, siempre debían mantener el disfraz para no levantar sospechas. Las manos de Sakura eran inesperadamente ásperas, lo que Itachi dedujo que tenía bastante sentido por todas las veces que debía haberlas lavado en su corta vida; se preguntó por un momento cuántas vidas habían salvado aquellas manos que resultaban agradables de tomar. Le abrió la puerta y Sakura le dio una sonrisa:

—Tienes razón, amor, no hay que pelear. ¿No te parece una tienda hermosa?

«Fíjate en los detalles, se parecen mucho a las usadas por ninjas», le susurraban los ojos verdes de la chica.

—Lo es. ¿Dónde está el dueño para pedirle alguna?

«No pareciera haber nadie…», analizaron los profundos ónices del Uchiha, con la expectación a flor de piel. La tienda de por sí ya era bastante sospechosa como para encima estar así de descuidada y plenamente abierta, sin nadie que acudiera ante el llamado de la campanilla que anunciaba la apertura de la puerta y nuevos clientes. «Es aquí, sin duda alguna», ratificó el Uchiha, dedicándole una corta mirada a su compañía, quien parecía bastante abstraída por lo que veía.

No era un local espacioso, sin embargo, tenía en exhibición varios tamaños desde pequeños a medianos, aunque ninguna tenía precio. Las paredes y un mueble en el medio del lugar rebosaban de diversas muñecas, que el ojo más crítico sabía distinguir como marionetas bien disfrazadas de inocentes juguetes, y detrás de un mostrador sencillo, una puerta se extendía frente a ellos. Ambos se miraron en silencio ante el descubrimiento y Sakura no tardó en soltar la mano de Itachi y abrirla de sopetón. No había nadie, salvo un amplio estudio mucho mayor a la tienda de en frente, con muchísimas marionetas hechas y varios planes por hacer, notando de inmediato la inexistencia de una puerta trasera. Sakura se dio cuenta de que había un armario guardado para depositar materiales, bastante amplio y espacioso, que al abrir despedía un suave olor que sentía reconocer, pero al cual no podía asignarle nombre aún.

Todo aquello parecía sacado de un cuento antiguo, pensaba Sakura mientras observaba en silencio, pues era bien sabido lo que Konoha había hecho con los sublimes marionetistas y expertos en veneno de Suna en la guerra anterior, y todo allí le recordaba a eso que, en teoría, estaba extinto. De reojo captó al silencioso Itachi que estiraba su mano hacia una de las tantas marionetas a medio hacer, con la idea de explorarla más de cerca.

Los engranajes giraron en el cerebro de Sakura en cuanto él enredó sus dedos en la marioneta.

—¡Espera, no recojas eso! —le gritó, recordando aquel olor almendrado luego de una gran excursión en la biblioteca de su mente.

Itachi la miró con extrañeza, pero soltó de inmediato el objeto como le había ordenado la chica. Apenas un segundo después comenzó a sentir un escozor en su mano que se transformó sin dificultad en un gran ardor que se extendía por todo la piel que había tenido contacto con la pieza de madera. Sakura sacó sus guantes de sus bolsillos, protegiendo sus manos al tomar las de Itachi y obligarle a mostrar los daños que había ocasionado el ínfimo contacto: quemaduras superficiales.

Sakura miró con la boca abierta al Uchiha, que apenas torcía el gesto por el dolor. ¿Qué era aquello? Había rememorado el olor como un conocido veneno, pero ¿encima tenían alguna sustancia corrosiva encima para cuidarlas de manos indiscretas?

Pese al reclamo de Itachi, la tomó entre sus manos enguantadas sin un ápice de duda.

—Es una marioneta parecida a una ninja… —musitó con admiración por el delicado trabajo en una pieza tan pequeña, y que encima servía para transportar una clase de ácido que corroía la piel en segundos. El cerebro de un genio sin par, pensó Sakura, y la piel se le erizó al notar que lo más probable es que estuviera rondando por ahí. No era tiempo para admirar a ese peligro, sino de correr—. Creo… creo que deberíamos irnos, Itachi-san. Ahora mismo.

No era seguro luchar con un usuario de venenos sin conocer su repertorio con anticipación, lo más prudente era observar de lejos, sustraer aquel títere pequeño y permitirle estudiar los componentes. Pero captó lo tenso que estaba el cuerpo del Uchiha, quien miraba con insistencia hacia un punto donde se removían las sombras desde la tienda. La campana no había sonado, pero Itachi comprendió que servía para alertar al dueño de intrusos y no al revés.

Sin duda, un anfitrión venía a recibir a los invitados.

—Es demasiado tarde, Sakura-san. Ajusta bien tu máscara, al parecer tu primera misión en ANBU comienza ahora.


[...]
¡Continuará!


respuesta a reviews:
¡Muchísimas gracias por su apoyo, me inspiran demasiado a seguir escribiendo! Manu, aún no veo Miraculous y sí vi Road to Ninja, que me gustó muchísimo; y no veo Boruto, siento que arruinó todo lo que planteó Naruto y me genera rechazo. Eso sí, no puedo negar que cuando sale algún momento SasuSaku, lo busco. McKeef, tus palabras me alegran mucho, porque pienso igual: fue horrible para ambos xD pero no es el fin del mundo, hay cosas más importantes. Por ejemplo, la guerra y el amor fraternal del Equipo 7.

Sinceramente, creí que me preguntarían quién era la chica con la que estaba Itachi. Me alegro de que no lo hicieran porque no es relevante en la historia jajaja es alguien random, Itachi lo hizo principalmente porque Shisui le dijo que tenía que dejarse llevar más, y Shisui nunca llegó a saber de esa locura porque al día siguiente se fueron de misión xD En consecuencia, Itachi lamenta un poco haberle hecho caso a Shisui, pues eso resultó en el «momento incómodo de la semana™».

Bipo habla:
Les dije que los dos primeros capítulos eran la calma antes de la tormenta, ¿no? Pues la tormenta ha llegado. ¿Quién será, quién será? ¿Qué personaje conocido nos agracia con su presencia? Ya estamos esbozando un poco sobre cómo es Akatsuki en este mundo, intentando darle algo de sentido al menos jajaja lo que les puedo adelantar es que no sólo verán a los principales, sino que ellos también tienen aprendices que están en prueba, lo mismo que con ANBU.

No tengo idea de CÓMO llegó a ser tan eterno este capítulo (8.500 palabras sin notas de autora), pero espero que no se haya hecho muy engorroso y aburrido y que hayan disfrutado con los brevísimos toques que Itachi y Sakura comienzan a darse. Sinceramente, no creo que les cueste hacerse amigos, se unen gracias al amor por Sasuke (?) En este fic, Sakura nunca gustó de Sasuke, aunque Naruto sí de Sakura, pero se le pasó pronto y el pequeñín aún no tiene un amor. Alguien me comentó que le gustaría que Sasuke quedara soltero, la verdad es que probablemente pase eso, no le veo chispa con nadie que no sea Sakura o como mínimo Naruto, y ninguna de las dos pasará en el fic.

El próximo capítulo comenzará a ser más desesperado. De momento, que tengan claro de que Akatsuki cree que Naruto puede ser el Jinchūriki, pero en realidad son sus queridos padres (pasó toda la escena del anime, pero no murieron jajaja Tsunade estaba allí para evitarlo), aunque el sello es inestable porque se hizo mal y a la rápida, así que buscan alguien más compatible. En todas las aldeas tienen encerrados a sus Jinchūrikis para protegerlos, y Konoha está viendo la posibilidad de hacer lo mismo cuando encuentren a dicha chica~.

¿Qué les ha parecido el capítulo? Muero por saber sus opiniones y dudas al respecto. Como siempre, en mi página de FB Mrs Bipolar pueden saber cuándo actualizaré (como nota, estoy muy cerca de los 100 likes y eso hace que quiera llorar de agradecimiento, quizás les regale un one-shot cuando lleguemos a esa cifra), porque es un poco incierto, ya que no tengo nada escrito de antemano. Es su deber motivarme (?) jajaja no, pero lo digo en serio, tienen que empujarme o esto morirá, me conozco xD Interactuar y responder sus dudas me ayuda a inspirarme~.

¡Abrazos y que estén bien!