Disclaimer: Boku no hero academia, de quien sea. Las canciones mencionadas, a sus respectivos dueños.
«Este fic participa en el reto multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras».
Prompts: Pudor y música.
Créditos: El título es idea de la maravillosa Hitzuji. Muchas gracias. Imagen de Parjums, buscad su Tumblr. Gracias, Nea Poulain, por echarme un cable.
Día 1
Izuku se quitó uno de los auriculares, mirándolo frustrado. Habían empezado a entrecortarse a mitad de la tarde, pero uno de ellos había dejado de sonar totalmente y el otro cada vez sonaba peor, siendo imposible seguir cualquier canción y estudiar al mismo tiempo. Suspiró, resignado.
Estaba sentado en una de las mesas de la sala de estudio de los dormitorios de la U. A. Todoroki, enfrente de él, levantó la mirada y le observó en silencio unos segundos antes de volver a concentrarse en sus deberes.
Se ajustó el otro auricular, intentando girar el cable de manera que hiciese algún tipo de contacto y sonase, pero sólo consiguió que enmudeciese por completo.
Apretando los dientes, arrancó el conector del móvil. Había olvidado pausar la reproducción de música y tenía el volumen al máximo, así que los acordes desgarrados de una canción rock llenaron la sala de estudio. Algunos de sus compañeros, que estaban en las otras mesas, le miraron con irritación. Iida le chistó ruidosamente, provocando más miradas indignadas del resto.
Peleó con los botones del teléfono, nervioso, intentando apagar la música, pero los dedos le temblaban tanto que tardó unos segundos en conseguirlo.
—Perdón —dijo en voz alta, sonrojándose avergonzado.
Hizo un revoltijo con el cable de los auriculares inservibles, arrojándolos encima de la mesa y apoyó los codos en el libro, intentando concentrarse a pesar del ruido ambiente.
—¿Te gusta Radwimps?
Levantó la cabeza, parpadeando con sorpresa. Todoroki volvía a mirarle, serio. Se había quitado sus audífonos.
—Radwimps —repitió, en voz baja—. Era lo que sonaba, ¿no?
Izuku miró su teléfono, intentando encontrar ahí la respuesta. Se le había hecho eterno el rato que había sonado, pero no debían haber sido más de cinco o diez segundos.
—¿Cómo has reconocido la canción con un fragmento tan corto? —preguntó, sorprendido.
Todoroki le tendió uno de sus auriculares. Izuku se lo puso, intrigado. Los acordes de Dada, la misma canción que él había estado escuchando cuando sus auriculares murieron, resonaron en su oído. Los disfrutó unos segundos antes de quitárselo y devolvérselo.
—Vale, ya entiendo por qué —sonrió, mirando a su alrededor para asegurarse que nadie los estaba oyendo.
Afortunadamente, todos sus compañeros estudiaban también con audífonos y, salvo un sonido de un altavoz, por pequeño que fuese, a toda potencia, no les prestaban atención. Aun así, bajó la voz todo lo que pudo—. Sí, me gustan mucho.
—¿Has escuchado algo de Flow?
—¡Sí! —exclamó entusiasmado—. ¿Escuchas también rock europeo y americano?
—Sobre todo Queen, The Doors, Soda Stereo, The Rolling Stones…
—Son geniales, ¿verdad? —susurró Izuku.
Todoroki asintió antes de volver a colocarse los auriculares y centrarse de nuevo en el libro. Izuku se quedó unos segundos más mirándolo, con una amplia sonrisa en la cara. Estaba un poco sorprendido, nunca hubiera imaginado que el callado Todoroki escondiese un alma rockera debajo de su fachada.
Todoroki le dirigió una fugaz mirada de reojo e Izuku se dio cuenta que él también debía estudiar y que no era de buena educación quedarse mirando fijamente a la gente. Con un suspiro, se tapó las orejas con las manos, intentando concentrarse.
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Día 2
Levantó los ojos cuando notó movimiento en la mesa. Sorprendido, vio que Todoroki estaba sentándose frente a él, asintiéndole a modo de saludo. Movió la cabeza, correspondiéndole, intentando centrarse de nuevo en la lección que estaba estudiando. Desterró de su cabeza el pensamiento de que, habitualmente, no solía coincidir con nadie en la misma mesa. Aunque algunos, como Bakugou, preferían estudiar en su habitación, en principio no había mesas suficientes para que cada uno tuviese la suya.
El día anterior había sido una rareza en ese sentido. Normalmente, algunos solían sentarse en grupitos y eso hacía que pudiese conseguir una mesa para él sólo. Todoroki también hacía lo mismo, pero el día anterior la mesa más despejada había sido la de él e Izuku había acabado prefiriendo sentarse allí que en otra más concurrida.
La mano de Todoroki apareció en su campo visual, llamándole la atención. Izuku se quitó las manos de los oídos, la única manera que había encontrado de aislarse del ruido.
—¿Sigues sin auriculares? —le preguntó en un susurro.
—Gasté mi asignación semanal de dinero durante el festival cultural. Necesitaré ahorrar un par de semanas para poder comprar unos nuevos. —Izuku apretó los labios, fastidiado.
No le importaba haber gastado el dinero, sobre todo el invertido en dulces para Eri tras la sonrisa radiante de la niña, pero le agobiaba tener que estudiar sin música. Se concentraba mucho mejor. También los echaba de menos en los entrenamientos físicos.
—Lo siento.
—No tiene importancia —dijo Izuku, moviendo la cabeza para quitarle importancia. Suspiró—. Sólo tengo que ahorrar durante unos días.
Todoroki asintió, comprensivo. Izuku volvió a taparse los oídos con las manos, moviendo los labios al ritmo que leía. No había terminado el primer párrafo cuando otro movimiento le hizo volver a levantar la cabeza. Todoroki se había levantado de la mesa. La rodeó, sentándose a su lado.
—Ten —le dijo, ofreciéndole uno de sus auriculares.
—Los necesitas para concentrarte, Todoroki-kun —se negó, mordiéndose el labio.
—No importa. Tú usas el derecho y yo el izquierdo —explicó Todoroki, esbozando media sonrisa intrigante—. Así sólo tendremos que taparnos un oído cada uno.
—No sé…
—Ya estoy acostumbrado a ir mitad y mitad —bromeó Todoroki.
Izuku aceptó el audífono, anonadado. Todoroki volvía a estar serio, pero la broma seguía revoloteando en sus ojos. Se lo puso en el oído, notando cómo restallaba la guitarra eléctrica y los golpes de batería del final de Starway to the Heaven. Sonrió, complacido, pues era una de sus canciones favoritas, antes de taparse el otro oído y seguir estudiando.
Aquel día estudió bastante rato más del acostumbrado, pero se concentró menos. A ratos, estaba más preocupado por intentar adivinar qué grupo o canción sonaría. Fascinado, descubrió que a Todoroki y a él le gustaban prácticamente los mismos grupos y canciones, tanto en rock nacional como internacional. Se atrevió a levantar la vista en una ocasión, cuando sonó una canción que no conocía pero que le atrajo inmediatamente, pero dudó y acabó bajándola de nuevo. Todoroki se estaba tomando bastantes molestias como para, además, interrumpirlo.
Todoroki le acercó el teléfono, señalándole el nombre del grupo y la canción. Reconoció al grupo inmediatamente, porque una de sus canciones estaba en su lista de reproducción, pero nunca había oído más música de ellos. Miró a Todoroki, formando con los labios la palabra gracias. Este sonrió, igual que había hecho antes, tirando de una de las comisuras.
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Día 3
—Ven conmigo —dijo Todoroki en voz baja cuando terminó de estudiar y se levantó de la mesa.
Ese día se había sentado con él directamente, a su lado, ofreciéndole el auricular sin decir nada. Habían estudiado juntos varias horas hasta que la lista de reproducción se había silenciado. Había colocado el teléfono al lado de Izuku y este había comprobado que la lista estaba salpicada de canciones del mismo grupo por el que había preguntado el día anterior, además de otras similares. Las había anotado todas en un trozo de papel, con la esperanza de poder encontrarlas más tarde y añadirlas a su propio reproductor.
Todoroki esperó pacientemente mientras él recogía a toda prisa. Después, le guio hasta su habitación, sosteniéndole la puerta a modo de invitación.
Izuku miró a su alrededor con curiosidad. Había visto la habitación de Todoroki el primer día que había dormido en la U.A., pero no había vuelto a entrar desde entonces. Seguía como la recordaba, totalmente despejada, salvo una cómoda y una mesa baja con una silla. Se quitó las deportivas, imitando a Todoroki, antes de entrar en la habitación, dejando el calzado a la puerta. Incómodo, se quedó de pie en el centro de la habitación, sobre el tatami.
—Puedes sentarte aquí, si quieres —le ofreció Todoroki, apartando la silla de la mesa.
Dejando la mochila a un lado, el otro chico sacó un delgado portátil del armario y se sentó en la mesa, utilizándolo en silencio. Preguntándose qué hacía ahí y por qué lo habría hecho ir Todoroki, Izuku osciló su peso entre un pie y otro, incómodo todavía. Jugueteó con las tiras de la mochila, intentando no mirar fijamente lo que estaba haciendo su compañero.
—He preparado una lista de canciones para pasarte.
—¿Qué? —preguntó, desconcertado. Todoroki se volvió hacia él, con una media sonrisa amable—. ¿Para mí?
—Ayer me di cuenta que no conocías Europe. Es uno de los mejores grupos de rock, pero a veces está un poco eclipsado por ser sueco.
—Sí —admitió, un poco avergonzado por su ignorancia. Rascándose la nuca, confesó—: El nombre del grupo me sonaba, creo que tengo una canción de ellos en mi teléfono.
—Imagino. —Todoroki pulsó un par de teclas y subió el volumen de su ordenador—. Esta.
Izuku asintió nada más escuchó los primeros acordes, muy característicos e inconfundibles.
—¡Sí!
—Espera. —Todoroki buscó un cable que subía por detrás de la mesa, conectándolo al portátil. Inmediatamente, el sonido se incrementó, envolviéndole—. Así se disfruta mejor.
Izuku miró a su alrededor, dándose cuenta de que el cuarto de su compañero tenía varios altavoces colocados en el sitio donde la pared y el techo se unían. Movió la cabeza, aprobadoramente, con un poco de envidia por el equipamiento.
—Se escucha genial —le felicitó, con una sonrisa.
—Puedo aumentar el volumen del subwoofer que tengo bajo la mesa, pero hace que la pared vibre. No sé si Sero y Sato están ya en sus habitaciones y no quiero molestarles.
—¿Tienes un subwoofer? —Todoroki asintió con modestia—. ¡Es estupendo!
—Me gusta escuchar música y, si puedo, hacerlo sin cascos. Ven, siéntate aquí —le indicó, señalándole el portátil y tendiéndole un cable.
Comprendiendo, Izuku se arrodilló frente a la mesa, enganchando el teléfono al cable.
—Es la carpeta que he marcado como Europe. No son todas, he escogido una selección entre las que más me gustan a mí —le indicó—. Guárdalas como prefieras.
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Día 4
Llegó a la sala de estudio y se sentó al lado de Todoroki, que levantó la mirada, saludándole con aquella media sonrisa característica suya. En la mesa, entre los dos, ya estaba su auricular, encima del teléfono de Todoroki, que ya estaba reproduciendo una lista de canciones.
El día anterior, después de cenar, Izuku se había tirado encima de la cama, impaciente por escuchar la selección de canciones que había escogido Todoroki. Como tenía que escucharlo sin auriculares, no quiso arriesgarse a esperar y que sus compañeros se fuesen a dormir. De todos modos, había bajado el volumen al mínimo posible, por si acaso.
Con el móvil en el pecho, había dejado que la lista corriese, moviendo la cabeza al ritmo de las canciones que más le gustaban. Memorizó los títulos de estas, añadiéndolas a su lista de reproducción, para poder comentarlas con Todoroki si surgía la oportunidad.
Estudiaron en silencio durante unas horas. Izuku no conocía las canciones que estaba escuchando, pero decidió esperar a que terminasen de estudiar para preguntarle qué bandas eran. Empezó a mover la cabeza al ritmo de la canción cuando sonó una que sí conocía.
—Imaginaba que esta sí la conocerías —murmuró Todoroki a su lado. Izuku le miró, pero Todoroki parecía centrado en su libro.
—I Choose Horses, de Envy. Aunque suena diferente.
—Porque la canción original es de Mogwai, una banda escocesa. —Todoroki observó a su alrededor, deteniéndose cuando localizó a Sero y Sato sentados en las mesas—. ¿Vamos a mi cuarto?
—De acuerdo —asintió Izuku, sintiéndose inexplicablemente contento—. Es rock, pero suena relajante —comentó mientras esperaban el ascensor, refiriéndose a la música que había elegido Todoroki ese día.
—Sabía que te resultaría extraño.
—¿Lo sabías? —preguntó Izuku, sonrojándose.
—Me gustan mucho para estudiar, porque son muy instrumentales y sus temas son largos. Me ayudan a concentrarme.
Entraron en la habitación. Izuku todavía se sentía incómodo a pesar de haber estado allí el día anterior. Todoroki sacó el portátil y lo conectó a los altavoces, pero se sentó en el tatami con las piernas cruzadas, con el ordenador frente a él.
—Puedes sentarte, si quieres —le invitó con voz monocorde. Izuku se apresuró a hacerlo. Utilizando un mando a distancia que no había visto antes, lo apuntó hacia el subwoofer, subiendo el volumen—. ¿Cuál es tu grupo favorito?
—¿Japonés? —Todoroki se encogió de hombros—. Radwimps, supongo. Al menos es lo que más escucho ahora.
—Pondré una de ellos después de esta.
Izuku levantó las rodillas, abrazándoselas y apoyando la barbilla en ellas, disfrutando de la música. Todoroki se echó hacia atrás, apoyando las manos en el suelo y cerrando los ojos. Como le prometió, la siguiente canción fue del grupo que le gustaba a él.
—Ahora viene Led Zeppelin —le informó en voz baja cuando se extinguieron los últimos acordes, incorporándose—. ¿Qué quieres que suene en la siguiente?
—No lo sé.
—No quiero que te aburras si las que yo escojo no te gustan.
—Hasta ahora, me han gustado todas las que has puesto.
—¿Te gustaron las que te pasé ayer?
—¡Sí! —Izuku notó que se entusiasmaba en exceso, y que las orejas se le ponían coloradas por ello—. Las estuve escuchando antes de que todo el mundo se fuese a dormir. Algunas las he puesto en mi lista de reproducción, son geniales.
—Entonces, intentaré seguir acertando. Pero si quieres alguna, pídela.
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Día 5
—Puedes poner tu lista, sí quieres —le ofreció Todoroki.
—No importa, Todoroki-kun, así está bien.
—Shouto —le indicó amablemente.
—De acuerdo —asintió, con un cosquilleo en el estómago.
—Me gustaría oírla —insistió el otro chico, mirándole seriamente.
—¿Qué? —preguntó, desconcertado, intentando pensar por qué Todoroki querría oír su lista de reproducción—. Yo… mi… la mía no es tan variada y completa como la tuya.
—Pero te gusta.
—También la tuya.
—Si no quieres, da igual. Sólo quería escucharla. —Todoroki apretó los labios. A Izuku le pareció que debía sentirse decepcionado, pero le resultaba difícil leer las emociones en el rostro de su compañero.
—Tienes razón, me toca a mí —decidió, observando atentamente la reacción de Todoroki.
Sin pedir permiso, pausó la lista y enganchó los auriculares a su propio teléfono. Seleccionó aquella en la que tenía rock tanto nacional como extranjero y empezó a reproducirla. Todoroki no había levantado la vista de los libros, pero dejó de apretar los labios. Siguió observándole hasta que le vio mirarle de reojo, con su media sonrisa revoloteándole en los labios.
Se mordió el labio inferior, nervioso, preguntándose qué pensaría de su lista. Dirigió fugaces vistazos en su dirección, pero no logró adivinar qué estaba pensando, aparentemente concentrado en lo que estaba leyendo.
Vagó con la mente, repasando en su cabeza todos los grupos de rock que conocía, que, a la luz de los últimos días, eran muchos menos que los que conocía Todoroki, buscando alguno que pudiera gustarle o, mejor aún, sorprenderle.
Todoroki levantó la vista en su dirección cuando empezó a sonar una de las canciones más instrumentales de Mogwai. Había estado buscando el grupo por la noche, en su habitación, escuchando alguna de sus canciones al mínimo volumen. Finalmente, había acabado descargando varias de ellas, las que más le habían llamado la atención.
—Me gustó mucho —admitió, sonrojándose.
—Es una de mis favoritas también. —Todoroki sonrió de aquella manera suya, torciendo sólo parte de la boca—. Recuérdame que luego te enseñe a The Ocean. No son muy conocidos, pero tienen un toque metal y progresivo muy interesante, con dejes de música clásica. Si Mogwai te ha gustado, ellos seguro que también.
«Dejes de música clásica», pensó Izuku. «Con toques de metal y progresivo. Yo conozco algo así».
Cuando Todoroki se levantó, le siguió, entusiasmado por pasar otro rato con él en su habitación escuchando música. El otro chico le tendió la mano, pidiéndole el teléfono. Se lo dio, gustoso, viendo cómo lo enganchaba en el ordenador, para que pudiese utilizar los altavoces.
—Hoy eliges tú —le indicó.
—¿Seguro? Ya lo he hecho mientras estudiábamos.
—Sólo pon música, Izuku. Lo que quieras.
«Izuku». Saboreó su nombre. Hasta entonces había sido Midoriya para él. Todoroki se tumbó en el tatami, con las manos detrás de la nuca, las piernas estiradas y los pies cruzados. Pulsó en la primera canción, esperando su reacción con ansia.
—¡Ah! Nirvana. Tienes muy buen gusto, Izuku —murmuró levantando el brazo para apuntar con el mando y subir el volumen.
Se mordió el labio, contento de que le gustase una de sus canciones más favoritas del mundo. Todoroki cerró los ojos, de nuevo las manos tras la nuca, disfrutando, pero Izuku se dio cuenta que estaba siguiendo el ritmo del bajo y la batería con los pies, moviéndolos al son de la canción. Deslizó la vista hacia arriba, notando cómo la camiseta se le levantaba unos centímetros de la cintura del pantalón, descubriendo unos pocos centímetros de piel del abdomen.
Turbado, apartó la vista antes de volver a mirar de reojo, asegurándose de que Todoroki seguía con los ojos cerrados.
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Día 8
Ambos habían pasado las tardes del fin de semana fuera de los dormitorios de la U.A., visitando a sus respectivas familias. Izuku había rebuscado en el viejo ordenador de su casa el grupo que había bailado por su mente el último viernes, mientras estudiaban. Había estado seguro de que había por allí una banda de música a la que, en principio, no había prestado mucha atención, pero que se ajustaba a lo que Shouto le gustaba escuchar.
Cuando llegó el lunes, Izuku se descubrió esperando impaciente a que llegase el momento de estudiar, deseando que Shouto le invitase a su cuarto una vez más.
—Estás nervioso. —No era una pregunta. Shouto le miraba con intriga, la cabeza levemente ladeada—. No has dejado de mover la pierna en todo el rato. Nunca lo haces.
—Es… —Izuku se sonrojó, notando calor en las orejas—. Tengo una cosa que quiero enseñarte. —Shouto le miró con interés—. Un grupo de rock que creo que podría gustarte.
—Vamos a mi cuarto —le dijo inmediatamente.
—Apenas hemos estudiado.
—No importa. No es como si no fuéramos de los primeros de la clase.
Izuku se levantó rápidamente, siguiéndole. Apenas le había dado tiempo a dejar la mochila y quitarse las zapatillas, pero Shouto ya estaba colocando el ordenador en el suelo, entre los dos, y tendiéndole el cable.
—Estás sudando —señaló.
—Hace mucho calor hoy —dijo Izuku.
Era cierto, el servicio de meteorología había advertido de varios días calurosos de primavera. Aquel era el primero, todavía subirían más las temperaturas. Sin embargo, no sabía si su calor se debía a la temperatura o, más bien, a los nervios por saber si a Shouto le gustaría lo que le iba a enseñar.
—Lo descubrí hace un par de años, de casualidad —le explicó antes de iniciar la reproducción. Shouto estaba sentado a su lado, a lo indio, muy cerca, atento—. Durante unas semanas, meses, quizá, estuve muy obsesionado con el grupo, pero luego se me olvidó, hasta el otro día. Incluso busqué las traducciones de las letras por internet. Son de España —aclaró.
—No conozco rock español —admitió Shouto. El corazón de Izuku se aceleró al saber que había acertado y podría enseñarle algo que no conocía, como él había hecho los días anteriores.
—Voy a empezar con este disco, que es el primero que escuché. Son varias pistas, pero en realidad es una sola canción. Avísame si no te gusta y las quito.
—Tú ponlas.
Izuku observó detenidamente a Shouto mientras comenzaban a sonar los primeros acordes. Shouto cerró los ojos cuando el cantante empezó a recitar, más que cantar, las primeras frases de la letra.
—Es Dulce introducción al caos —murmuró, creyendo que era un dato necesario.
Shouto no contestó. Se echó hacia atrás, apoyándose en las palmas de las manos, respirando profundamente. Se movió para subir el volumen. Lo hizo dos veces más en los primeros minutos de canción, logrando que el sonido reverberase por toda la habitación. Nunca había puesto una canción tan alta.
—¿Qué dice exactamente?
—No me la sé de memoria. Puedo buscarla, si quieres.
—Por favor.
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Día 9
El día anterior no habían escuchado ninguna otra cosa. Cuando el disco acabó, una hora después, Shouto le pidió que volviese a ponerlo.
—Es una sinfonía —murmuró la segunda vez, cuando el segundo movimiento entró.
—A mí también me lo recordó. Pensé en lo que dijiste de metal, música clásica… Esto es… —dudó, mirando en internet—. Rock transgresivo.
—Mola un montón.
Shouto puso la mano sobre su rodilla, parándola. Llevaban estudiando un par de horas. Shouto había vuelto a colocar su móvil, eligiendo la música que ambos compartían. Izuku había identificado los acordes característicos de la banda española que habían estado escuchando el día anterior. Incluso, habían sonado partes del álbum que habían escuchado ayer.
—¿Vamos? —le preguntó al cabo de un rato.
Una vez en la habitación, Shouto siguió reproduciendo las canciones de ese grupo.
—Te ha gustado mucho —constató.
—Me ha gustado como hacía tiempo que no me gustaba un grupo de rock. No entiendo por qué no son más famosos.
—Supongo que no son muy conocidos fuera de su país.
—Tiene sentido. Escucha esta. Es una obra de arte. —Shouto fue traduciéndole qué decía el poema que el cantante recitaba al principio, durante los primeros acordes—. Ahora empieza la canción.
—Es impresionante que te hayas aprendido qué dice.
—Lo busqué en internet. Es una balada de amor preciosa.
—¿Qué dice? —preguntó con curiosidad.
Shouto se solía mostrar tan inexpresivo, que le fascinaba ver cómo la música hacía que mostrase sentimientos, aunque fuese a través de un pie que marcaba el ritmo, o el brillo de los ojos. Pero nunca le había visto tan… emocionado.
—Sueña que sueña con ella y si en el infierno le espera. Quiero fundirme en tu fuego como si fuese de cera —salmodió con los ojos cerrados.
—No parece tener sentido.
—Sueña con su melena y viene el viento y se la lleva. Y desde entonces su cabeza sólo quiere alzar el vuelo. Bebe rubia la cerveza para acordarse de su pelo —continuó—. Es un chico esperando a su amada, admirándola de lejos, sin atreverse a acercarse. Hay mucha connotación sexual, el chico está caliente. Cuando dice lo de fundirse en su fuego, realmente está hablando de acostarse con ella.
Izuku se sonrojó y bajó la cabeza. No estaba acostumbrado a hablar de ese tema con nadie, mucho menos con otros chicos de su edad. Sí, sabía que el resto hablaba de sexo continuamente. Él mismo se masturbaba por las noches, o en la ducha, pero era algo que hacía en la intimidad, por intuición.
—¿He dicho algo malo? —preguntó Shouto, mirándole con preocupación. Izuku negó rápidamente, negándose a admitir que solo estaba avergonzado por la mención de la palabra «sexual»—. Puedo poner otra cosa si no te gusta.
—¡No! Quiero decir, sí me gusta. Sobre todo cuando me lo explicas. Yo apenas escuché canciones suyas y no recuerdo nada de las letras.
—Es poesía romántica. Cantada de una forma desgarrada, cruel y amarga. También tratan el tema del amor desde las adicciones, el sexo…
—¿Sexo? —Izuku tragó saliva, intentando parecer natural.
—Sí. Lo mencionan constantemente. El cantante está obsesionado con él —rio Shouto por lo bajo.
Izuku notó que se sofocaba y las orejas se le calentaban.
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Día 10
Aquella tarde Shouto había regresado a una lista de reproducción más variada. Izuku volvía a estar sofocado. Hacía tanto calor en la sala de estudio que notaba cómo se le pegaba la camiseta al pecho y a la espalda, mojada, y le resbalaban gruesas gotas por la frente. Frustrado, incapaz de concentrarse, decidió que no quería seguir estudiando. Shouto, a su lado, lo miró desconcertado, pero se apresuró a levantarse con él.
Caminaron juntos hasta los ascensores. Izuku inicialmente había pensado en ir a su habitación y cambiarse de ropa, quitarse la camiseta o incluso darse una ducha que lo refrescase, pero Shouto pulsó el botón de su piso sin preguntar, así que le siguió, una vez más hasta su cuarto.
—Este calor es agobiante —musitó Shouto, que se quitó la camiseta nada más entrar en el cuarto, al mismo tiempo que se descalzaba. La dobló con un gesto hábil, dejándola dentro de un pequeño cesto con tapadera que Izuku supuso que utilizaba para dejar la ropa utilizada hasta llevarla a la lavandería—. ¿No crees?
—Pensaba que tú… —señaló, titubeando.
Se había descalzado, pero no se había movido, más ocupado en apartar la mirada para no mirar fijamente el torso desnudo de Shouto. En otros contextos solía ser mucho más natural con ese tema. En el fragor del entrenamiento o en la piscina no solía importarle tanto, pero estando ellos dos solos en la habitación, sintió que la temperatura de su cuerpo aumentaba.
—Mi lado frío es más fresco, sí. Mira. —Le cogió la mano con su derecha. Izuku tragó saliva, abochornado por el contacto, pero asintió, confirmando que se daba cuenta de la diferencia de temperatura—. Pero mi lado izquierdo es mucho más cálido y resulta sofocante si no lo equilibro bien.
—¿Qué vamos a escuchar hoy? —preguntó, con la intención de cambiar de tema, sentándose e intentando mantener la mirada apartada del torso del otro chico.
—Puedes ponerte cómodo también si quieres —le propuso Shouto—. Pareces un poco agobiado.
—No, no —se apresuró a contestar—. Estoy bien, gracias.
—Anoche estuve pensando en las canciones de Extremoduro. El grupo español —le aclaró—. ¿Has escuchado a Sex –virgin killer- alguna vez? Son japoneses.
Izuku negó, notando que se ponía más colorado.
—Verlos en directo era un show, tengo entendido. Se hicieron famosos por una demo limitada, llamada Vagina Fucker.
Fue a encender el reproductor, pero la música no sonó. Levantó los ojos, atreviéndose a mirar de reojo. El dedo de Shouto estaba sobre el ordenador, sin llegar a tocarlo. Sentado a su lado, le miraba fijamente.
—¿He hecho algo que te haya molestado, Izuku? —le preguntó en voz baja.
—¡No! ¿Por qué dices eso?
—Estás raro. Ni siquiera me has mirado desde que hemos entrado en la habitación.
—Yo… —dudó. Levantó la vista, descubriendo que los ojos de Shouto brillaban con algo similar a la tristeza mezclada con preocupación. Decidiendo ser sincero, continuó—: Lo siento, me sentía violento mirándote medio desnudo.
—¿Medio desnudo? —preguntó Shouto antes de caer en la cuenta y abrir los ojos con sorpresa—. ¿Por eso no te quieres quitar la camiseta a pesar de estar empapada de sudor?
Izuku se encogió de hombros, avergonzado. En voz alta sonaba todavía más absurdo. El resto de los chicos siempre estaban quitándose la camiseta, sobre todo delante de las chicas.
—En la piscina estuviste en bañador —recordó Shouto.
—Supongo que era diferente. Todos estábamos igual, nadie miraba a nadie. Pero aquí estamos solos. Se siente… se siente más…
—Intimo —comprendió Shouto. Izuku asintió.
—Voy a enfriarme el lado izquierdo con un poco de hielo y a ponerme una camiseta —decidió Shouto.
—¡No! No quiero que hagas algo que no harías sólo porque esté yo. Quiero decir, podrías haberlo hecho así antes, pero te quitaste la camiseta. No quiero que hagas algo diferente por mi culpa.
—Normalmente me enfrío, Izuku —le indicó Shouto amablemente. Izuku levantó la vista, sorprendido—. Pensé que… bueno… que era interesante estar así contigo. Se sentía bien. Pero no quería hacerte sentir incómodo. Lo siento.
Izuku bajó la mirada, impresionado. No entendía por qué Shouto se había comportado con él como hacían algunos de los otros chicos en las áreas comunes, intentando impresionar a las chicas. No parecía muy propio de él.
—Supuse que si a Sero le funciona para llamar la atención de las chicas, a mí también. Lo siento de veras, no tengo mucha habilidad para estas cosas.
—Espera —le indicó, parándole cuando vio que sacaba una camiseta limpia de uno de los cajones. Respiró profundamente, levantando la vista—. ¿A ti no te importa si te miro estando así? —Shouto negó con la cabeza, entrecerrando los ojos, con la camiseta en la mano—. ¿Y a ti te gusta?
—Sí. —Hizo una pausa, dudando—. Es… excitante.
«Excitante». Izuku paladeó la palabra, pensándolo detenidamente. Sí, a él también le había resultado excitante cuando había mirado a Shouto, fijándose en que la camiseta se le había subido unos centímetros.
—Quédate así —le pidió—. Por favor.
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Día 11
La tarde anterior, al final, Shouto le había ofrecido prestarle una camiseta limpia para que pudiese estar cómodo. A pesar de que Izuku le había pedido que no lo hiciese, Shouto se había dado media vuelta casualmente mientras se la cambiaba. Después, habían seguido escuchando música. Izuku, ya más seguro, había mirado a Shouto, aunque había intentado que no ser demasiado obvio. Sin embargo, la media sonrisa complacida de Shouto le había animado a no avergonzarse.
—Gracias, Shouto —le dijo, tendiéndole de vuelta la camiseta que le había prestado, ya limpia.
—Quédatela hoy también, si quieres. Así podrás cambiarte y estar cómodo.
Shouto le señaló la marca de sudor que se extendía por el pecho de su camiseta, empapándolo. Ese día volvía a hacer mucho calor, juntándose con una alta humedad. Afortunadamente, los meteorólogos coincidían que ese día sería el pico más alto de calor y que el bochorno acabaría desembocando en lluvias que se extenderían hasta la semana siguiente y ayudarían a disminuir drásticamente la temperatura.
—Anoche estuve pensando —negó Izuku, dejando la prenda limpia a un lado. Shouto le miró intrigado. Respirando profundamente, Izuku se quitó la camiseta en un movimiento fluido—. Sólo quiero probar.
—¿Estás seguro?
—Lo estoy —afirmó, tragando saliva. No las tenía todas consigo, pero durante la noche había pensado en ello. Verbalizar su pudor en voz alta le había hecho darse cuenta de que era absurdo comportarse como si eso fuese algo malo—. No puede ser malo algo que se siente bien, ¿no?
—Desde luego.
—¿Qué vamos a escuchar hoy?
—No lo sé. Había pensado en cargar todas las canciones y darle al modo aleatorio.
—Me parece una buena idea —aprobó.
No sabía muy bien qué hacer con las manos. Normalmente, cuando estaba con Shouto y algo le avergonzaba o le ponía nervioso, se agarraba la camiseta, así que ahora que se había quedado sin ese recurso, era consciente de la existencia de sus manos.
—¿Puedo sentarme a tu lado?
—Claro, siempre lo haces.
—Ya. Preguntaba para no hacerte sentir incómodo, me siento un poco culpable por lo de ayer.
—No eres culpable de nada.
—Me refería a si me puedo sentar a tu lado. Cerca de ti.
Izuku abrió los ojos enormemente. Una gota de sudor le cosquilleó al deslizarse por la espalda.
—Sí —respondió rápidamente, antes de que Shouto pudiese creer que no estaba seguro—. Sí —repitió, dándose cuenta de que sonaba ansioso.
Shouto se colocó a su derecha como hacia siempre. Trasteó en el ordenador durante unos minutos, subiendo el volumen con el mando cuando empezó a sonar la música. Izuku le miró, dudando de si había malinterpretado las palabras de Shouto, pues estaban sentados igual que siempre.
—Cámbiame el sitio —le pidió Shouto, levantándose. Izuku obedeció rápidamente. Shouto se sentó a su izquierda—. Estarás más fresco.
Se quitó la camiseta, dejándola descuidadamente a su lado, antes de apoyar las manos en el suelo para impulsarse, quedando más cerca de él. Sintió la piel fresca del lado derecho de Shouto, que estaba en contacto con su brazo. Levantó las rodillas, abrazándoselas, intentando tener las manos ocupadas. Miraba de reojo a Shouto, pero este, con las manos en el regazo, sentado a lo indio, parecía totalmente relajado, mirando al frente.
Sus miradas se cruzaron durante medio segundo, cuando Shouto giró la cabeza para mirarlo. Izuku se sonrojó, pero no apartó los ojos. Shouto sonrió. Izuku le devolvió la sonrisa de manera instintiva, pues era la primera vez que le veía sonreír tan ampliamente.
—Tienes una sonrisa preciosa, Izuku —murmuró Shouto, casi inaudible con el ruido de la música.
·
Día 12
—Este fin de semana podrás comprarte tus propios auriculares de nuevo —dijo Shouto cuando se sentaron, de nuevo, hombro con hombro, en su cuarto.
—Sí, mi madre prometió que me daría el dinero que me faltase, aunque fuese más que mi paga semanal.
Ambos habían vuelto a quitarse las camisetas, a pesar de que, como habían predicho, las temperaturas estaban bajando. Sin embargo, Shouto le había preguntado con una mirada interrogante cuando estuvieron dentro de la habitación e Izuku había asentido. El día anterior se había sentido muy a gusto estar así con su compañero. Amigo.
—¿Qué somos, Shouto? —preguntó, dándose cuenta de que no sabía cómo definirlos—. Tú y yo.
Shouto se sentó a su lado, como el día anterior, hombro con hombro. Jugueteó unos segundos con el mando del altavoz en la mano izquierda. Izuku sintió que se ponía nervioso ante la ausencia inmediata de respuesta y, a falta de camiseta, empezó a estrujar la tela de los pantalones con sus dedos.
—Sueña que sueña con ella y si en el infierno le espera —murmuró Shouto, bajando la cabeza—. Quiero fundirme en tu fuego como si fuese de cera.
—¿Qué? —preguntó sorprendido, antes de recordar que era la letra que le había recitado unos días atrás.
—Sueña con su melena y viene el viento y se la lleva —continuó, con más firmeza. Levantó la vista, mirándole a los ojos—. Y desde entonces su cabeza sólo quiere alzar el vuelo. Bebe rubia la cerveza para acordarse de su pelo.
—Creo… yo… también me siento así contigo —confesó Izuku, emocionado porque Shouto hubiese escogido una canción de alguien que él le había descubierto.
—Somos dos chicos que escuchan música juntos.
—Sin camiseta —resopló Izuku, divertido.
Shouto extendió su mano derecha y, uno a uno, le hizo relajar los dedos de la mano izquierda con los que estaba arrugando el pantalón. Dándole la vuelta para dejarle la palma hacia arriba, se la cogió, entrelazando sus dedos con los de él.
—Dos chicos que se dan la mano mientras escuchan música juntos sin camiseta —repitió Shouto con aire de satisfacción. Con la mano que tenía libre, buscó una canción en el ordenador. Sonaron los acordes de la banda española y Shouto empezó a traducirle—. Se le nota en la voz, por dentro es de colores y le sobra el valor que le falta a mis noches. Y se juega la vida siempre en causas perdidas. Ojalá que me la encuentre ya entre tantas flores. Ojalá que se llame Amapola, que me coja la mano y me diga que sola no comprende la vida, no. Y que me pida más, más, más, más, dame más.
—Guau… —susurró Izuku, impresionado por la cascada de sentimientos que transmitía la voz de Shouto, entonando suavemente, mucho más musical que la canción anterior.
—«¿Dónde vamos tan de prisa?», me pregunta su sonrisa. Si tú quieres, tengo el plan. —siguió cantando.
Izuku se sintió feliz estando de esa manera con Shouto. Le miró, descubriendo que este no tenía los ojos cerrados, sino que le miraba a él con la misma atención y una sonrisa complacida en el rostro.
Cuando la canción terminó unos minutos después, Shouto extendió el brazo del mando, dejando que el volumen de la música invadiese suavemente el dormitorio, lo suficientemente baja como para poder charlar tranquilamente. Comenzó a sonar una balada en inglés.
—Podría no comprarlos.
—¿Por qué?
—Para seguir escuchando música contigo.
—Ya lo he pensado. Hay unos adaptadores, he comprado uno. Para enganchar los auriculares de ambos en el mismo teléfono.
—¿Eso has hecho?
—Me gusta escuchar música contigo —dijo este quitándole importancia con un encogimiento de hombros—. Es mucho mejor que hacerlo solo.
—Gracias por pensar en ello.
—No tiene importancia.
Siguieron escuchando durante un rato más. El peso de sus manos entrelazadas sobre su rodilla le resultaba reconfortante.
—¿Está bien para ti? —preguntó Shouto.
—¿El qué?
—Esto. Lo que estamos haciendo. No quiero ir demasiado deprisa y asustarte otra vez.
—No me asustaste, sólo era timidez.
—¿Ahora sientes vergüenza? —Deku negó, preguntándose dónde quería llegar Shouto—. ¿Puedo abrazarte?
—¿Quieres abrazarme? —Shouto asintió, muy serio—. Hazlo.
Shouto subió el volumen de la música antes de soltarle la mano.
Se separó de él antes de girarse, indicándole que hiciese lo mismo y se acercase. Izuku obedeció, con una sensación de cosquilleo en el estómago que le resultaba muy excitante.
—No te muevas —le indicó.
Se movió, situándose detrás de él antes de rodearle con las piernas, que estiró paralelas a las suyas. Se acercó más, hasta que su pecho chocó con la espalda de Izuku, que se estremeció por el contacto. Podía notar claramente la diferencia de temperatura entre el lado izquierdo y el derecho del chico. No era demasiado grande, así que imaginó que Shouto debía nivelarla conscientemente, pero estaba ahí.
Suspiró suavemente cuando los brazos de Shouto le rodearon la cintura, aprisionándole dentro de ellos, estrechándole con suavidad contra su pecho.
—¿Está bien para ti, Izuku? —repitió, hablándole al oído.
—Podría estar así el resto de mi vida —respondió, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás hasta apoyarla en su hombro, rozando con su mejilla la de Shouto, que le correspondió, complacido.
NdA. Como podéis imaginar, Los grupos y canciones han salido de mi lista de reproducción. Me encanta la música en general, pero si tuviera que elegir, me quedaría con el rock, de cualquier tipo. Incluso por encima de la música clásica y soy muy fan de la música clásica. Obviamente, escribí esto mientras escuchaba estos grupos y canciones. La idea que vertebra el fic y, por tanto, su final, viene motivada por la última canción de las que listaré a continuación.
Por si os resulta de interés, os dejo las canciones mencionadas que no se especifican directamente en la narración, así como algunas curiosidades:
- De Radwimps menciono Dada, pero, además, son los autores del OST de Kimi no na wa. Muy recomendable, sobre todo Nandemonaiya, que es la canción que Todoroki pone el capítulo cuatro.
- Starway to the Heaven es de Led Zeppelin. Es, obviamente, la misma canción que suena cuando Todoroki menciona que su canción es la que sigue en el reproductor.
- La canción que no reconoce Deku en el segundo capítulo es Open Your Heart, de Europe. La que sí conoce, que aparece en el siguiente capítulo, porque es internacionalísima de narices, es The Final Countdown, por supuesto.
- I Choose Horses es, como dice Todoroki, una canción de Mogwai, grupo escocés, que la banda japonesa Envy versionó. Por eso la conoce.
- La canción de Nirvana que suena en el día 5 es Smell Like Teen Spirit.
- Dulce introducción al caos, de Extremoduro, pertenece al álbum La ley innata, el mejor disco de rock español que se haya producido jamás. Es una sinfonía en clave de rock, con una coda flamenca en el cierre, con un poema precioso. Extremoduro tocó techo con este disco... hasta Si te vas.
- La siguiente canción de Extremoduro que le pone Todoroki a Deku es Stand by. El poema inicial al que hace referencia, suena al principio de la canción, pero no pertenece a esta, es un poema de Ortega Palomares. La letra que canta Todoroki sí es de la canción, que, como balada, es rara, pero me funcionaba.
- La canción final, también de Extremoduro, es Si te vas (no podía ser de otra manera, Rober volvió a tocar techo con ella). Ya he hecho una obra de teatro (un musical de Sueño de una noche de verano, de Shakespeare) y un fic con esa canción. Me pregunto dónde seré capaz de meterla ahora.
Para terminar... se quedaron fuera Bonnie Tyler (Total Eclipse of the Heart) y Stevie Nicks (Riannon), así que asumid, por favor, que en algún momento la han escuchado ambos personajes, ya sea en el dormitorio o durante la hora de estudio. No podía alargarlo más y sólo con Tyler habría sido demasiado obvio para que Izuku se diese cuenta. Y creo recordar haber leído un Drarry donde esa canción sonaba, así que preferí tirar del producto nacional.
