Lento, tranquilo y en paz.

Esas eran las tres palabras que Hinata quería que definieran su estadía en Suna, pero con pesar, notaba que ocurría todo lo contrario.

El mes pasaba rápido, más de lo que hubiese esperado y a penas lograba sentarse a pensar sobre su futuro. Como si su reloj de arena, de la dorada arena de Suna, avanzara más rápido al saber que el tiempo lo era todo para ella; y la semana que quedaba se escapaba entre sus dedos.

Solo una semana más.

Y todo esto se transformaría en el último recuerdo de libertad.

Saltó de su balcón, con las primeras luces de la mañana y emprendió camino hacia el campo de entrenamiento.

- ¡Katon: Hōusenka no jutsu!

- ¡Hakke Rokujuuyon shou!

Sudando, cansados y sin ninguna ventaja para ambos, el entrenamiento cerró con un empate al ver que ya era hora de volver.

- Uchiha-san, es…

"Uchiha-san…"

Ella debía ser la única que le trataba con tanta formalidad, marcando tanta distancia; obligándole a tratarla con la misma forma.

Y le molestaba, porque ya habían pasado un par de semanas compartiendo, habían intercambiado algunas palabras y se acompañaban regularmente; eso debía ser suficiente para dejar de ser un extraño.

- Sasuke- interrumpió- solo llámame Sasuke.

Se vio un poco contrariada por su interrupción, llevó su dedo índice a la barbilla como intentando resumir aquello que iba a decir y sonrió.

- Sasuke, es hora de regresar- completó.

Sasuke también sonrió ante la naturalidad con que ella tomó todo y comenzaron a caminar.

- Llámame Hinata.

Usualmente, ambos ingresaban a la casa por las ventanas de sus respectivos dormitorios, como si aquello fuera un acuerdo mutuo de secretismo frente a sus encuentros, pero en esta oportunidad ella prefirió ingresar por la puerta; se sentía demasiado cansada.

Estaba comenzando uno de aquellos días que ella odiaba, esos en los que su mayor debilidad quedaba expuesta; y sus peores recuerdos volvían.

Su corazón.

El constante recuerdo de que su familia la había dejado morir y ella, como toda hierba mala, había persistido con obstinación.

Y hoy, su débil corazón comenzaba a reclamar por un respiro.

- Sasuke-kun.

La voz suave de Sakura la distrajo cuando ingresaron, pero ella pasó de largo a su habitación sin importarle lo que su compañero hablaba con la ninja médico. Estaba cansada, muy cansada.

En su pausado y pesado andar, se cruzó con sus compañeros de equipo antes de ingresar a su habitación, y luego de un breve saludo, los perdió de vista.

Y eso fue todo lo que necesitaron; las palabras y los gestos sobraban.

Ellos simplemente sabían que ella no estaba bien; que era uno de aquellos días. Y Hinata sabía que Kiba y Shino ya lo habían notado.

Ellos tenían una relación que iba más allá del compañerismo y bordeaba la hermandad, un lazo forjado en fuego, a sangre, indestructible; y aquello era lo que les había permitido avanzar y sobrevivir a la guerra. Se conocían en las buenas y en las malas, se acompañaban en todo momento, porque eran aquella familia que a veces, simplemente no existía.

Así que con cautela y completa discreción, Shino habló con Shikamaru mientras Kiba esperaba fuera de su habitación con Akamaru.

- Está comenzando, ¿no? - preguntó Kiba mientras caminaban a la cocina.

- Sí.

El muchacho ofreció su brazo con una enorme sonrisa que contagió a Hinata y ambos avanzaron como si en realidad no ocurriera nada. Él estaba siendo su apoyo y sus fuerzas para caminar.

Llegaron a la cocina y Hinata avanzó para comenzar a cocinar, esa era su labor cuando repartieron las tareas del hogar en ese mes que estarían ahí.

Kiba desapareció por unos momentos junto a Shino y Sasuke tomó esa oportunidad para levantarse y acercarse a su compañera.

En silencio, como todo aquello que hacían, comenzó a preparar el té y el café mientras se ubicaba a la derecha de la chica y recogía los restos de las cosas que ella iba desechando para botar.

Hinata lo miró con curiosidad, ellos nunca interactuaban abiertamente en la casa, como si fuera un acuerdo implícito que Sasuke había decidido romper, por motivación propia.

Y todo acto tenía consecuencias, como aquella mirada intensa de Sakura que la atravesaba y no necesitaba su Byakugan para notarlo.

Incómoda con sus propios problemas y ahora con la atención no deseada de su compañera, intentó tomar cartas en el asunto.

- Sasuke- habló deteniéndose y llevando su mirada clara a la de él- esta es mi tarea, puedo hacerlo sola.

Sasuke, como muy pocas veces lo hacía, sonrió devolviendo la mirada de forma relajada.

- Lo sé, pero puedo ayudar.

Podía ayudar, quería ayudar y buscaba una excusa para seguir cerca, porque ya no tenía que seguir escondiendo que disfrutaba su compañía y del ambiente relajado que se formaba entre ellos. No tenía porqué ocultar que tenía una pequeña amistad con la Hyuga.

De hecho, jamás había tenido motivos para esconderlo así que cuando logró que Hinata le llamara por su nombre, supo que era libre para mantenerse cerca; ellos ya no eran simples conocidos.

La pequeña sonrisa de Sasuke descolocó a Hinata por la soltura con la que la portaba y por lo relajado de sus facciones. El chico se veía tranquilo y ella no tuvo el corazón de expresarle su preocupación por los sentimientos de Sakura.

Y como si fuera un enviado del cielo, Kiba apareció junto a Shino, inundando de alegría el lugar.

- ¡Hey!, ¡Hina! - le llamó- por hoy, nosotros nos encargamos.

- Pero, es mi tarea.

Shino dio un paso al frente y se acomodó las gafas, quedando a menos de un metro de su amiga.

- Hinata.

Bastó la sola mención de su nombre por parte de Shino para que ella dejara las cosas a un lado y en su cara apareciera un pequeño puchero.

Kiba sonrió y Sasuke miró la situación con sorpresa; probablemente Shino era el único que tenía aquel poder sobre sus amigos. Y probablemente ella solo mostraba ese adorable lado infantil con su equipo.

El Inuzuka se acercó y le revolvió el cabello con cariño y le dio pequeños empujoncitos para sacarla del lugar.

- ¡Akamaru, asegúrate de que no vuelva!

Mirando de reojo a sus amigos, Hinata abandonó la cocina en compañía del fiel perro ninja.

Se sentó, incómoda ante la mirada de Sakura, y enfocó su atención en Akamaru que estaba acomodado a sus pies con la cabeza apoyada en sus piernas.

No notó que Sasuke se sentó a su lado hasta que Sakura habló y tomó el asiento frente a él.

- Ne, Hina-chan- comenzó Sakura- ¿Qué hacías tan temprano?

Hinata llevó su mirada a Sakura y vio que la falsa sonrisa no llegaba a los ojos; la hermosa sonrisa de su compañera estaba siendo opacada por sus miedos.

Esa no era la clase de sonrisa que la chica debía llevar, no era la que irradiaba aquella luz que a Hinata tanto le gustaba.

Sakura estaba dolida.

Y esto era precisamente lo que no buscaba; romper el corazón de su compañera.

Porque ella también había estado enamorada y sabía lo que era ver a su amor con otra persona antes que tu.

Así que se armó de valor, miró a la chica a los ojos y respondió para quitarle todos sus miedos.

- Estaba entrenando.

- ¿Con Sasuke?

- Sí. ¿Te gustaría venir mañana?

Sasuke la miró con horror, sin poder ocultar la mirada de sorpresa ante la repentina petición.

No podía permitir aquello. Ese espacio era suyo y de Hinata.

Pero sabía muy bien porque ella estaba haciendo aquello, porque estaba incluyendo a Sakura en ese espacio tan personal y no le gustó; se sintió herido de saber que estaba siendo entregado tan fácilmente.

Pero Sasuke era inteligente y antes de sacar cualquier conclusión, miró a su compañera y notó una leve, fugaz, y casi imperceptible mirada que no necesitó de explicaciones, que dijo más que cualquier palabra y que lo calmó.

Hinata no estaba renunciando a su compañía, simplemente estaba tranquilizando a Sakura. Y con la cabeza más fría, notó que ella no dijo nada con respecto a sus encuentros nocturnos, ni la compañía tranquila. Sonrió.

- ¿Quieres reemplazarme por Sakura? – respondió

Pero antes de que pudieran continuar esa conversación, Shino y Kiba llegaron con el desayuno.

La comida fluyó y la conversación nació como siempre lo hacía en esa alegre mesa; esta vez, con Sasuke participando de la conversación que ella mantenía con su equipo, mientras Shikamaru, Naruto y Sakura seguían charlando por su lado.

Al cabo de una hora, ya estaban todos listos para comenzar el día y el Nara habló para dar las instrucciones, como líder de la delegación.

- Hinata, hoy irás con Naruto a la academia, Sasuke irá conmigo a trabajar con Gaara.

La mirada de Hinata viajó desde Shino, con quien conversaba, hacia Naruto, con una pequeña sonrisa, provocando que algo al interior del Uchiha se revolviera. No le gustó; no quería a Naruto cerca de la Hyuga, a pesar de que ese era el objetivo principal de su misión a comienzos de ese mes.

- Yo puedo ir con Hinata- interrumpió Sasuke- y así, Naruto puede ir contigo donde Gaara.

- ¡Nada de eso!, ¡iremos con Hinata-chan a la academia!

Sin decir una palabra más, tomó el brazo de Hinata y salió con ella corriendo con entusiasmo.

Dejando a Sasuke con la mirada perdida y en su cabeza, el último comentario que Sakura lanzó con dulzura.

- Lucen bien juntos- dijo- tal vez ahora, Naruto la mire.

Tal vez…

No.

El día pasó, nuevamente rápido.

El trabajo en la academia, con Naruto, había sido liviano y sabía que era obra de Shino que Shikamaru le hubiese asignado aquella tarea ese día. También sabía que Naruto estaba al tanto y por eso no le había permitido hacer tareas pesadas.

Esa era una de las mejores cualidades de Naruto: que a pesar de lo que todos dijeran el nunca olvidaba y siempre se preocupaba.

Como ahora, que no decía nada al respecto e intentaba ayudarla para sobrellevar mejor aquello.

Porque él jamás había olvidado el examen Chunin, ni las secuelas con las que había quedado; así como tampoco había olvidado los sacrificios que ella había hecho por él.

Así que hizo como que no veía cuando ella tosía sangre e intentaba ocultarlo, pero dejaba una botella con agua y pañuelos a su alcance; tampoco dijo algo cuando ella necesitó sentarse para recuperar el aliento, y se acomodó a su lado conversando de cualquier cosa.

Este era Naruto, aquel que ella amó por tanto tiempo, y aquel que dejó ir.

Y aquel que Sakura se negaba a ver.

Antes de volver y cerrar el día, Hinata pasó por la casa de su maestra para avisar que no asistiría al día siguiente; ella sabía como eran aquellas crisis.

- ¿Quieres que te acompañe? - le preguntó Naruto al ver que la señora le había entregado un pequeño paquete para Gaara.

- No es necesario, por hoy haz hecho mucho- respondió.

Se despidieron a la entrada de la torre del Kazekage y Naruto se perdió por las calles de Suna.

Con cansancio, y las extremidades más pesadas de lo normal, subió aquellas escaleras que la llevaron a la oficina del Kage, pensando que luego de esto estaría en su cama durmiendo hasta el otro día.

Los guardias anunciaron su llegada y fue recibida inmediatamente.

Ingresó a la oficina, aquella en la que había estado solo un par de semanas atrás y encontró al Kage sentado en su escritorio, oculto por un alto de papeles, masajeándose la cabeza con un evidente malestar. Gaara no había reparado que era Hinata quien había ingresado.

- Kazekage- llamo la chica- me encargaron traerle esto.

Llevó su mirada con un brusco movimiento de cabeza que le proporcionó aún más dolor y asintió indicándole que dejara el pequeño cactus en el escritorio.

- Es de la herbolista.

- Sí, dijo que es un regalo.

Ella se iba a despedir, luego de haber completado su encargo, cuando la voz del chico volvió a llenar el lugar.

- ¿Sabes de algún medicamento para el dolor de cabeza?

Esta vez no se sorprendió de haber hablado con tanta soltura sobre algo que le ocurriera, porque fue consciente de dos cosas: ella sabía de medicina y no quería que se fuera.

Y esa última, aún seguía sorprendiéndolo; era la primera vez que admitía algo como eso.

Hinata lo miró un poco indecisa antes de responder.

- No sé de alguna medicina, pero sí de una técnica que puede ayudar- indicó- si me lo permite, puedo intentarla.

Él asintió y llevó sus llamativos y únicos ojos hacia los de ella, esperando alguna indicación.

Hinata, con la calma y elegancia que la caracterizaba, caminó hacia él y se ubicó en frente, mientras la mirada del Kazekage la seguía atento desde su asiento.

- Debo presionar algunos lugares de su cabeza y usar un poco de chakra, no dolerá.

Gaara volvió a su posición, liberándola de su mirada y ella comprendió que tenía su permiso.

Se ubicó a su espalda, de pie, con completo acceso a su roja cabellera y comenzó.

Su fragancia suave a lavanda inundó sus sentidos de manera agradable y pequeños toques comenzaron a sentirse por toda su cabeza. Suaves y delicados, sus dedos se movieron con precisión, como un lento masaje con sutiles pulsos de calor, que no hicieron más que relajarlo.

Como una caricia, de aquellas que él jamás había sentido; de las que había sido privado.

Quiso más.

Esas nuevas sensaciones lo abrumaron, lo despertaron de un largo letargo que no sabía que llevaba y un anhelo surgió: quería tocarla.

Sentir aquellos dedos, rozarlos, saber como sería sujetarlos.

Pero antes de que su cabeza continuara, el sueño, aquel que parecía nunca querer visitarlo, llegó y la Hyuga se detuvo; alejándose.

- ¿Cómo?

- Es una técnica de mi clan- respondió- el uso constante de nuestros ojos produce dolor de cabeza.

Asintió, intentando mantenerse despierto.

- Si lo necesita, no dude en llamarme.

Gaara no dudo que lo haría.

La primera señal de que algo no andaba bien fue la ausencia de la chica en su saludo matutino. La segunda, fue la inasistencia a la sesión con su maestra donde Shino apareció justificándola.

Indudablemente, la situación despertó su curiosidad y se vio tentado a preguntarle al Aburame que ocurría, pero se aguantó, ese día almorzaría con Naruto y probablemente él mencionaría algo.

Naruto llegó a la cita acompañado de Sasuke, pero no tocó el tema; habló de cualquier otra cosa, menos lo que él esperaba saber.

Y la curiosidad lo mataba, y sus deseos de verla también, pero al parecer, debería resignarse.

Fue ahí, cuando iban saliendo del restaurant, que los seres divinos iluminaron su camino y Kiba montado sobre Akamaru y con Hinata a su lado, hicieron acto de presencia.

La chica se veía pálida y decaída, evidentemente cansada mientras hablaba con su compañero y este le ayudaba a sujetarse mejor y continuaban el camino, perdiéndose por las calles de la aldea.

Naruto suspiró con pesar y fue Sasuke quien preguntó.

- Dobe, ¿Sabes lo que le ocurre a Hinata?

El rubio asintió y su rostro se mostró decaído mientras su mirada continuaba perdida por el camino que ambos chicos habían tomado.

- Está con una crisis.

- ¿De que hablas?

El rostro de Naruto se tornó duro, casi como un reproche.

- Del examen Chunin- indicó- Neji hirió su corazón y su familia la dejó a su suerte en el hospital. Hinata casi murió y quedó con secuelas.

Gaara y Sasuke guardaron silencio, cada uno pensando en las palabras del chico.

- Los Hyuga querían que Hinata muriera para dejarle el camino libre a Hanabi- continuó- pero no contaban con que ella era fuerte y sobrevivió. ¡Ja! ¡Hinata-chan es increíble!

Eso fue todo lo que Naruto necesitó para que Gaara recordara con claridad aquel combate; aquella débil kunoichi que peleó hasta no poder más.

El día pasó, la noche llegó.

Caminó por las calles de su aldea con tranquilidad, pero con la mente perdida en aquellas imágenes de la Hyuga en el examen, en sus entrenamientos nocturnos, en sus pequeños saludos, en sus clases y en todas aquellas veces en que se habían encontrado.

Intentó dilucidar quien era ella y porqué le llamaba tanto la atención; porque le atraía de aquella manera. Pero no llegaba a nada concreto, solo un montón de pensamientos y sentimientos difíciles de descifrar. Y de repente, una idea, una frase englobó todo e hizo sentido: Hinata era una luchadora, una sobreviviente.

Hinata era como él.

Ambos eran rechazados, abandonados en un mundo donde los demás habían decidido todo por ellos, sin preguntar opiniones.

Donde quienes más deberían quererte son aquellos que más te odian.

Quiso verla. Ahora.

Necesitaba mirar a los ojos a aquella persona que tal vez lo comprendía.

Ahora.

Necesitaba saber que no estaba solo.

Y ahí, sentada en aquella duna, estaba ella.

Avanzó.

Hinata se levantó para saludarlo y él le pidió que se quedara sentada mientras le preguntaba si podía acompañarla y guardaron silencio, en aquella noche estrellada. Compartiendo como tantas otras noches lo habían hecho a distancia, pero entendiendo que esta vez era diferente, especial.

- ¿estás mejor?

- Sí, mañana podré volver a la rutina.

Guardaron silencio un momento más, de esos silencios tranquilos, livianos y cómodos. Porque como siempre había sido entre ellos, no había necesidad de palabras, solo compañía.

y una frase se apoderó de su mente, una simple idea que se transformó en deseo y pudo más que cualquier razón lógica; y que la verdad, Gaara no quiso cuestionar. Simplemente lo quería.

- Extenderé la estadía una semana más.

Gaara despegó su mirada del cielo y la llevó hacia ella mientras decía aquellas palabras con seguridad, buscando absorber cada pequeño detalle de sus gestos, sus reacciones.

Hinata llevó sus ojos claros con sorpresa a los de él y la pregunta escapó de sus labios.

- ¿Porqué?

- Necesitas terminar tus estudios en el invernadero y yo quiero más sesiones, como la de ayer.

La mirada de ella se volvió intensa, como si estuviera mirándolo con su línea sucesoria activada, mientras intentaba descubrir algo que era desconocido para él. Pero respondió de igual manera, quieto y decidido.

Era Gaara del desierto quien tomaba esa decisión, no el Kazekage de Suna, pero Hinata no tenía porque saberlo.

Ella asintió y emitió una leve pero significativa sonrisa.

- Gracias.

Caminó con ella a paso lento por las calles desiertas de Suna, acompañándola a su hogar y sumergidos en una pequeña plática sobre lo aprendido en el invernadero. Nada muy complejo, ni profundo, simplemente era una conversación ligera y de compañía.

Llegaron a la puerta y desde el techo Sasuke los vio llegar.

Cayó con gracia al lado de su compañera, extrañándole la presencia del Kazekage, pero evitando hacer algún comentario.

Gaara simplemente lo saludó con un leve movimiento de cabeza que él supo responder y luego se dirigió a Hinata.

- Te espero mañana, a la hora acordada.

Ella sonrió, sin despegar la mirada y asintió.

Esto era el inicio de aquella rueda que comenzaba a girar y que ya nadie iba a detener. Y Gaara del desierto era quien le había dado el impulso.

No sabía en qué terminaría todo aquello, pero estaba seguro, totalmente seguro de que iba a continuar. Hasta el final.