Las piezas de aquella realidad estaban a punto de colapsar.

Un golpe tras otro, el sonido del metal estrellándose y rompiendo el aire, y la estela de polvo tras cada movimiento marcaban el paso de cada uno de sus movimientos.

El baile, interminable, no se detenía; ninguno cedía y lo convertían en un combate feroz.

Y ambas técnicas oculares, milenarias; tormenta y fuego, se encontraron.

Hinata tomó la ventaja de un solo movimiento. Una mirada y el Uchiha estuvo perdido.

De un giro, logró acercarse lo suficiente a Sasuke, quedando a solo centímetros de su rostro al descubrir una falla en su defensa. Y aquella falla fue su perdición.

Como un adolecente cualquiera, olvidó que era un vengador, y se hundió en ese solo instante en que sus miradas conectaron y el espacio personal perdió sentido.

Se sonrojó.

Se distrajo y Hinata, sin saber que ella era esa falla en su defensa, aprovechó el momento y asestó aquel golpe final que enmarcó su victoria.

- Hakke Kuushou- susurró.

Sasuke escuchó con sorpresa aquellas palabras que sonaron más a un secreto y el impacto lo devolvió a la realidad.

Hinata Hyuga era letal.

Y por primera vez, la derrota fue dulce y agradable.

En el suelo, asumiendo su derrota y cansado, Sasuke se dejó caer de espaldas en la arena sonriendo.

Hinata tomó sus botellas de agua y se dirigió a su compañero, estirando su mano para ayudarle a incorporarse y emprender la vuelta a la casa.

Sasuke tomó su botella, y mientras se hidrataba, aquella pregunta que llevaba un tiempo guardada volvió con violencia; pero ya no la contuvo.

- Hinata- llamó.

Ella, entendiendo que él quería su atención antes de comenzar, se giró hacia él.

- No entiendo- comenzó- si eres así de fuerte, ¿porqué no eres la sucesora de tu clan?

Sasuke no pudo evitar observar a su compañera mientras hacía esa pregunta tan personal y difícil. Pero no era descabellado, era de conocimiento general que ella no era la sucesora y los Hyuga nunca lo habían ocultado, así como no ocultaban el desprecio hacia ella.

Su mirada se ensombreció y aquellos ojos especiales prefirieron mirar el suelo antes que a su compañero.

Sasuke, en ese momento, temió haber pasado alguna línea con aquella pregunta, pero ya no podía retractarse. Quería saber.

Quería entenderla.

Y esperó.

Hinata frunció el ceño, como reprendiéndose a si misma y devolvió su mirada con decisión.

- No puedo quitarle aquello a Hanabi - respondió.

- ¿quitarle qué? Tú eres la primera, es tú derecho de nacimiento.

- Sasuke, si hago eso, en ella caerá lo que el destino tiene preparado para mi y yo no podría soportarlo.

Guardó silencio y la miró con insistencia, instándola a continuar, a que terminara aquella revelación. Pero Hinata no dijo una sola palabra más.

Desayunaron en completa tranquilidad, con las ocasionales risas de Naruto, los comentarios de Shikamaru y los regaños de Sakura. Pero la cabeza de Hinata se mantenía en otro lado y Sasuke no dejaba de mirarla con preocupación.

Y aquello no pasó desapercibido para Sakura.

Así que, mientras se alistaban para marcharse cada uno a sus labores, la ninja médico se llevó a Hinata para conversar a solas.

Hinata sintió el brazo de su compañera llevarla a otro lado y supo que aquella no sería una conversación agradable, pero al menos, esperaba que aclarara cosas y dejara a su compañera tranquila.

Una vez fuera del alcance de oídos intrusos, Sakura se mostró nerviosa y avergonzada, con problemas para comenzar aquella incómoda conversación.

- Sakura-san- inició Hinata- ¿Quiere hablarme de algo?

Ella asintió y Hinata esperó a que tomara fuerzas y soltara aquello que la aproblemaba.

- ¿Tú también lo amas? - comenzó- a Sasuke, me refiero a él.

Hinata suavizó su mirada al notar el nerviosismo de su compañera y su expresión cambió a una de comprensión. Ella sabía lo que Sakura estaba pasando y no quería causar aquellos problemas.

Negó.

- ¿Estás segura? - insistió- puedes decirme. Prefiero saber.

- Sakura- respondió con decisión- mi corazón ya está sellado, no debes preocuparte.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de su compañera y botó aquel aire que tenía contenido. Hinata sonrió.

Probablemente Sakura había mal interpretado su respuesta, pensando que ella se refería a Naruto, pero era mejor así.

Era mejor que pensara que ella seguía enamorada de Naruto a que supiera que en realidad estaba bloqueando su corazón, guardándolo bajo miles de llaves para no sufrir con su destino.

Para enfrentar con dignidad aquel matrimonio arreglado.

Un amor no correspondido era una realidad bastante mejor que la verdad y ella quería permitirse aquel gusto por el tiempo que sea necesario. Porque no quería miradas de lástima.

Una de las mejores partes de la jornada, eran aquellas en las que trabajaba en aquel invernadero, en ese pequeño jardín en medio del desierto.

Así que, como todos los días, se encontraba escuchando las instrucciones de su maestra para luego poner manos a la obra.

La tarea del día: plantar y trasplantar.

Los dejó frente a una gran caja de madera, llena de pequeñas plantas, en sus primeras etapas de vida y listas para ser trasvasijadas en sus contenedores finales; y ambos se sometieron en silencio en aquella tarea.

Hincados en el suelo, mangas arremangadas y manos en la tierra, comenzaron.

Con cuidado, sus dedos se perdían en el suelo fértil, tanteaban y buscaban aquellas raíces que debían proteger.

Una a una.

Tranquilos, concentrados en su labor.

Hundió sus dedos con cuidado, aprendiendo de aquel arte; con las manos en aquella fría tierra, tan diferente a su arena.

Y de un momento a otro, lo sintió.

…Un roce…dedos suaves y ajenos…

Fugaz, aleatorio, sin intensión y oculto entre la tierra; en el más completo secretismo.

Otra vez.

Tan tibio, que era imposible no distinguirlo, insoportable resistirse.

De reojo, en completo disimulo, la buscó con su mirada para verificar si ella lo había notado o si había algo de intensión. Pero Hinata no mostró signo alguno.

Ella estaba completamente concentrada en su tarea.

Gaara volvió su mirada a su trabajo, y continuó su labor; buscando aquel contacto oculto como si fuera una pequeña travesura.

Y de un momento a otro, la chica movió su mano con brusquedad y la llevó a su rostro con algo de dolor: una espina.

Luego de examinarla e intentar sacarla usando presión, Gaara intervino.

- Déjame intentarlo.

Estiró su mano izquierda hacia ella, en la más absoluta calma y atemorizado por dentro.

Asustado de ser la primera vez en ofrecer algo, de un rechazo, e incluso, de lo que provocaba aquella extraña kunoichi.

Hinata estiró su mano, mostrándole su dedo y dejándola suavemente sobre la suya. Gaara avanzó, manipuló su fina arena y la sacó.

Y aquella sensación de su mano sujetando la de ella no lo quiso abandonar.

Ella sonrió mientras miraba su mano ya libre de aquel dolor y aplicó un poco de chakra.

- Muchas gracias, Kazekage.

- Gaara- respondió él- solo Gaara.

Lo miró con sorpresa y él mantuvo aquella mirada, decidido.

- Entonces Hinata.

Gaara asintió, complacido.

El día avanzó, la jornada llegó a su fin y los habitantes de la aldea oculta de la arena se guardaron en la calidez de sus hogares.

La tranquilidad reinó en aquel paraíso de arena.

El tejado, como siempre, volvió a ser punto de encuentro para dos personas que buscaban disfrutar de aquella última noche en Suna.

El último resto de libertad.

Constante y puntual, Sasuke se sentó a su lado, disfrutando de aquel ambiente distendido que se formaba entre ellos.

Pero ese día, en particular, el Uchiha no buscaba aquello; quería respuestas.

- Si reclamas el título- comenzó- ¿qué pasará con Hanabi?

Hinata no volvió su mirada hacia él, la mantuvo fija en aquel astro enorme frente a ellos, como si la luna fuera mucho más importante que aquello que diría.

Tal vez lo era, todo dependía de quien lo observara.

Sin miedos, ni indecisiones habló; ella sabía que Sasuke no quedó conforme con la respuesta de la mañana y se había preparado mentalmente para esta conversación.

Al fin y al cabo, nunca había sido un secreto; sino una verdad que ella no quería decir.

- Será entregada en matrimonio para fortalecer el clan.

Decir que estaba sorprendido era quedarse corto. Porque si bien, esa fue la primera sensación que lo asaltó, una vez que logró procesar la respuesta vino lo peor.

La verdad.

Hinata había renunciado a su título para tomar el lugar de su hermana.

Ella había decidido ser el sacrificio.

Ella se iba a casar, iba a ser entregada en un matrimonio por conveniencia e iba a dejar atrás toda su vida, todos sus logros, para ser la mujer de algún político o jefe de algún otro clan. Como una moneda de cambio.

Como una muñeca sin opinión.

No podía ser.

Hinata merecía estar con alguien que la quisiera.

Quiso hablar, pero ella, sorpresivamente, continuó. Como si en aquel momento estuviera liberando todo.

- Cuando regresemos a Konoha- dijo- iniciarán la búsqueda de un esposo, renunciaré a ser ninja y comenzaré a prepararme para mi nueva vida.

Se giró hacia ella, entendiendo perfectamente lo que le estaba diciendo.

- Así que, está será la última vez que veamos la luna así y hoy fue la última vez que entrenamos- finalizó.

Trago fuerte, y con pesar; sintiendo como cada una de aquellas palabras dichas en completa tranquilidad, lo atravesaban.

Como dolía saber que la verdad estuvo siempre frente a él y no lo supo ver; o no supo preguntar.

Si hubiese sabido antes, tal vez… tal vez podría haber hecho algo.

Odio la idea, odio su clan, odio a Hanabi y a todo aquello relacionado al clan Hyuga.

Y, por sobre todas las cosas, odió no poder compartir de esta manera otra vez.

- ¿Ella lo vale? - preguntó- ¿vale la pena este sacrificio?

- Es mi hermana- respondió con seguridad- haría lo que fuera.

Y Sasuke lo entendió.

Hinata siempre había sido fuerte y había ocultado todo con tal de que su hermana no sufriera.

Había dejado que la miraran por débil, había permitido miradas de lástima, se había dejado humillar a consciencia; porque para ella, lo más importante era su hermana.

Joder.

Ella realmente estaba a otro nivel.

Si tan solo hubiese una forma de liberarla… de hacer esa carga más liviana.

Si tan solo…

- ¿Puedes elegir a tu esposo?

- Solo si califica para los estándares que buscan.

Entonces sí, había algo que podían hacer, si ella se casaba con alguien que la comprendiera, que fuera su amigo, tal vez no tendría que dejar todo atrás.

- ¿Le preguntaste a tus amigos? Ellos estarían dispuestos.

Hinata, por primera vez en toda su conversación, volvió su mirada a él y la clavó de forma dura y segura.

- Por esa misma razón jamás lo haré.

Y él sabía que era una pregunta estúpida, porque su respuesta era obvia. Pero aún así debía preguntar, debía insistir.

- ¿Por qué no? - insistió- es mejor eso a con alguien desconocido.

- Porque no voy a entregarle esa carga a otra persona, este es mi deber y de nadie más.

Sasuke se preguntó porqué ella ni siquiera lo intentaba, porqué no dejaba que otra persona le ayudara, porqué no compartía aquella carga.

Porqué no le preguntaba a él.

Aquella fue su primera revelación.

- Inténtalo- desafió- nunca sabrás si no lo intentas.

Ella se levantó, alterada y molesta.

- No puedo hacer eso- respondió- la pregunta en si es una carga pesada y no quiero que nadie tenga que pasar por eso.

Sasuke se levantó también, ubicándose frente a ella y toda la calma que siempre mantenían se esfumó.

- Hazlo- insistió- pregunta.

Pregúntame.

Hinata suspiró, dio un paso hacia él, apenas invadiendo su espacio personal y llevó sus pálidos ojos hacia los oscuros de él. Decidida a hacerle entender que era lo que quería decir y terminar esa conversación de una vez por todas.

- Está bien – respondió sin dejar la mirada de desafío- esta es la única forma de que lo entiendas.

Sasuke mantuvo su mirada, pero estaba ansioso, expectante y completamente asustado, porque sabía que él había llevado la conversación a este punto.

Él quería escucharla pedírselo. Quería escucharla pedir su ayuda.

Quería que ella lo mirara.

Quería recibir un poco de lo que ella había reservado para Naruto y que su compañero no supo ver.

Y se sintió un estúpido por darse cuenta en ese preciso instante que sentía cosas más allá de la amistad por la ex heredera Hyuga.

La quería.

- Sasuke, ¿Te casarías conmigo?

Supo en ese instante que Hinata tenía razón.

Esa pregunta era fuerte, complicada y muy difícil; que, para cualquiera, negarse debía ser complejo. Pero para él, la respuesta estaba clara y simple, y le hubiese gritado en la cara lo que quería si no fuera porque esta era una maldita prueba.

Porque ella no tenía intenciones de que él respondiera con la verdad.

Aunque, tal vez…

Hinata frunció el ceño y en un rápido movimiento, giró, esquivando un puño que despidió más fuerza de la normal.

Sakura.

Sakura estaba ahí.

- ¡Mentirosa! - gritó con furia.

Llenó sus puños de chakra y volvió a atacar a la Hyuga.

- ¡Traidora!

Hinata se detuvo de golpe, dolida por lo que acaba de escuchar y apenada con el malentendido que se había ocasionado. Decidida a recibir aquel golpe lleno de furia.

Sasuke intervino a tiempo, deteniendo el puño de su compañera y causando aún más rabia y dolor en Sakura.

- ¡Detente! - le dijo Sasuke con voz contenida.

- ¡Estás enamorada de Naruto! - gritó Sakura, descontrolada- ¿Porqué me haces esto?

Y eso fue todo.

Hinata no necesitaba escuchar nada más, ni ver el corazón roto de su compañera. Ella no se lo merecía, Sakura no lo merecía.

Dejó su posición de defensa, y Sakura retrocedió, soltándose del agarre de Sasuke para volver a atacar a su rival.

Pasó por delante de Sasuke y se ubicó frente a Sakura. Preparada para aquello que sin duda merecía.

La enfrentó, esto era lo único que podía hacer.

- Lo siento- dijo Hinata.

Sakura, desconcertada, traicionada y dolida cortó la distancia que faltaba y plantó aquella bofetada antes de que Sasuke lograra tomar su mano para detenerla.

El silencio se volvió pesado y desagradable. Y ese agradable lugar, perdió su encanto.

Con parsimonia, Hinata llevó su mirada a la de Sasuke y pronunció aquellas palabras que fueron la primera advertencia de ella, cuando comenzaron aquellos encuentros.

- No quería estos problemas, Uchiha-san.

Y aquella, fue la mirada más dura que Sasuke recibió de parte de ella.

Hinata se giró y se perdió por las calles de Suna.

La vida era injusta y cruel, y una vez más, Sasuke lo comprobó.

No acababa de terminar de descubrir sus sentimientos cuando fue aplastado antes de lograr hacer algo. Detenido por aquella mochila que no lograba quitarse, por sentimientos que él no correspondía.

Quiso correr, ir tras de ella, decirle que Sakura no tenía ningún poder sobre él; que era libre.

Porque eso no podía terminar así. Simplemente no podía.

Dio un paso, dispuesto a seguirla, y un rayo naranjo con amarillo pasó por su lado a toda velocidad, perdiéndose en las calles de la aldea.

Naruto.

No.

No, no. No él.

Por favor, no él.

Sakura lo retuvo del brazo y Shino y Kiba se pusieron en su camino.

- Arregla tu malentendido, Uchiha.

Y desde lejos, desde aquella solitaria torre, Gaara contemplo todo el desastre.

Tomó su calabaza y desapareció.

Encontrarla no fue una tarea difícil, Hinata era muy parecida a Gaara, y, por lo tanto, los lugares que podría frecuentar debían ser los mismos.

Así que, frente a él, en una solitaria duna a las afueras de la aldea, divisó aquella inconfundible silueta.

Caminó tranquilo y seguro, en silencio y consciente de que ella ya había notado su presencia. Se sentó a su lado y esperó.

Hinata hablaría cuando se sintiera preparada para hacerlo.

- Lo escuchaste- le dijo con su característica voz suave.

- Sí- respondió mirándola de reojo- ¿estás enamorada de mi?

Ella volvió su mirada hacia él, con una suave sonrisa y le reveló la verdad.

- Lo estuve, y te dejé ir cuando supe que era imposible.

Naruto sonrió, soltando toda aquella tensión y se relajó.

Y como siempre ocurría, Hinata terminó contándole toda la verdad.

Liberando aquella razón que la mantenía intranquila, que no le dejaba dormir y que, hasta ese día, solo Shino y Kiba sabían.

Naruto escuchó, atento a cada palabra mientras su mente trabajaba a toda velocidad en alguna solución que liberara a Hinata de aquella carga y que no perjudicara a Hanabi.

- Deja Konoha- dijo sorpresivamente- transfórmate en ninja de otra aldea. Podemos hablar con el Hokage y trasladarte.

Ella lo miró con ternura, entendiendo sus intensiones y sabiendo que aquello era imposible. Porque ella misma ya había sopesado aquella idea.

- No puedo

- ¿Porqué?

- Si lo hago, Hanabi deberá tomar aquella responsabilidad también.

Gaara había llegado al lugar, preocupado, pero se mantuvo lejos. Solo contemplando la silueta de aquellas dos personas que se habían vuelto importantes para él.

Este era el momento de ellos y él sabía comprender aquellas cosas.

Así que se mantuvo al margen, vigilante.

Más calmada y tranquila, luego de la conversación con Naruto, se dirigió a la última de las tareas de aquel pesado día.

De su última noche en Suna.

Suspiró con pesar, no quería irse, pero tenía un deber que cumplir.

Como todas las noches, ingresó al despacho del Kazekage y lo encontró esperándola, listo para una nueva sesión.

Caminó con ella hacia el gran sofá, se recostó en silencio y ella se ubicó en el mismo sillón, pero sentada a la cabeza. Y comenzó.

Sus dedos tocaron con suavidad su cabeza, hundiéndose en sus rojos y furiosos cabellos, produciendo agradables sensaciones.

Su oscuro cabello de deslizó por sobre sus hombros y en la posición semi inclinada que tenía, los cubrió; creando una delicada cortina, un pequeño e íntimo espacio.

Gaara llevó su mirada a la de ella, y con la valentía que le entregaba el momento, se atrevió a hablar.

- Vi lo que ocurrió.

Notó como ella dio un leve respingo, avergonzada y rápidamente recuperó la compostura y continuó su trabajo.

- Dejaste que te golpeara- continuó- ¿Porqué?

Hinata, sin despegar la mirada de su labor, respondió.

- Sakura necesitaba descargar su ira antes de despejar su mente para escuchar razones.

Él simplemente la miró, entendiendo a que se refería y enfocó su mirada en la mejilla que había sido afectada.

Y sus dedos comenzaron a sentirse inquietos.

Quería tocarla.

Quería sentirla, pasar sus dedos por su rostro y tal vez, borrar esa mirada de tristeza.

- ¿Puedo tocarte?

La pregunta escapó antes de que si quiera pensara en formularla y con sorpresa, notó que sus manos ya estaban a mitad de camino. En el aire, esperando su autorización.

Ansiosas y temerosas.

Hinata despegó su mirada de su labor y buscó la de él, intentando entender si había escuchado mal y se sonrojó.

No, no había escuchado mal.

Sin entender muy bien de que iba todo aquello, algo más allá de su comprensión le instó a permitirlo.

Asintió.

Libre, y con su permiso, llevó su mano con torpeza al rostro de Hinata. Su mirada jamás la abandonó, y al fin, después de un largo y tortuoso camino, sintió la tibia piel de su mejilla en sus dedos.

Concentrado, exploró aquellas nuevas sensaciones que le dejaba el contacto débil y temeroso. Aquel contacto inexperto, avanzó con deleite y recorrió su mejilla un par de veces. Delineándola, presionando suavemente y no atreviéndose a más.

Pero indudablemente quería más.

Hinata no pudo volver a concentrarse.

Aquel contacto se había vuelto su foco de atención y aquellas pequeñas caricias se apoderaron de sus sentidos.

Solo Kiba y Shino tenían aquella cercanía con ella, y esto era totalmente diferente.

- ¿Duele? - preguntó él en un susurro.

- Un poco- respondió- pero lo trataré más tarde.

Gaara asintió y con pocas ganas, guardó sus manos nuevamente y Hinata retomó aquella última sesión.

Y este fue el último encuentro.

El último encuentro antes de que se desatara la tormenta.

Más tarde, en plena noche Naruto ingresó a la oficina del Kage, se sentó en la ventana y habló con esa voz tan característica suya de cuando había problemas.

- Gaara- comenzó- Necesitamos hablar.