El último día de libertad.
Despertó, como todas las mañanas en ese largo y agradable mes, se sentó en su cama y con tranquilidad observó el último bello amanecer de Suna.
Saludó al Kazekage desde la distancia, con una leve sonrisa, agradecida de aquella lejana y constante presencia.
Con ceremoniosa calma, se preparó para el regreso; acomodó su bolso y se vistió.
Se acercó a la puerta y notó la presencia de Sakura del otro lado, así que decidió esperar hasta que la chica se armara de valor para llamar.
- Hinata- la voz de su compañera se dejó oír- ¿podemos hablar?
Abrió y la dejó ingresar.
Con una timidez muy poco propia de la Haruno, se plantó frente a ella y realizó una profunda reverencia.
- Perdóname Hinata- dijo con voz apresurada- lo que hice estuvo mal.
- Sakura, no es necesario.
La voz de Hinata sonaba incómoda, e intentó hacer que Sakura volviera a su posición original.
- Sí lo es, no debí tratarte así- continuó- ni dudar de tu palabra, ni mucho menos golpearte.
- En serio, no es necesario.
- Disculpa también por revelar lo de Naruto.
Hinata, entendiendo que Sakura se sentía mal por todo lo ocurrido decidió calmar la situación; lo menos que quería era tener momentos incómodos con alguien a quien consideraba amiga.
Se acercó, y tomó las manos de la chica con cariño mientras su mirada se volvía suave.
- No hay necesidad de disculpas, Sakura- indicó- de verdad, entiendo. Solo espero que tu me perdones si alguna vez te hice sentir mal con mi amistad con Sasuke.
- ¡Hinata! ¿Cómo podrías? Soy yo la que actuó mal.
- Entonces, no tenemos nada que perdonarnos.
Sakura, efusivamente se acercó a Hinata contenta y la abrazó.
Así, aquel horrible malentendido quedó solucionado en segundos, luego de que ambas sinceraron sus preocupaciones.
Porque esa noche, Sakura comprendió lo que ocurría en el corazón de Sasuke y supo que a veces, amar significa saber dejar ir.
Es que, al escucharlo hablar esa noche, con ella y con los chicos del equipo ocho, Sakura notó que el corazón de Sasuke se mostró libre, por primera vez, a través de las palabras de su compañero; y aun, cuando no le dijo abiertamente que sentía cosas por la Hyuga, Sakura supo ver su mirada, supo leer entre líneas y supo comprender que Sasuke estaba eligiendo su propio camino.
Un camino parecido al suyo, uno en el que, tal vez no sería correspondido.
Salieron juntas de aquella habitación, sonriendo y charlando como siempre había sido, y ahí, al final del pasillo, estaba Sasuke, esperándola.
- Parece que aún te queda una conversación pendiente- le dijo Sakura con una sonrisa y desapareció por el pasillo.
Sasuke se ubicó delante de ella, incómodo y avergonzado; y esta vez fue Hinata quien dio un paso al frente, hacia él, con decisión y habló sin despegar su mirada de la suya.
Porque esta era la forma en que a Sasuke le gustaba hacer las cosas, de frente y directo.
- Disculpa Sasuke- dijo- ayer me excedí, solo tratabas de ayudarme.
- Discúlpame también- contestó- presioné demasiado.
Botó todo el aire que tenía contenido debido al nerviosismo y a aquellos nuevos sentimientos que recién descubría.
Relajó los hombros y ambos sonrieron.
Miro de reojo a su compañera, tranquilo, y con la seguridad de que encontraría alguna manera de sacarla de aquel cruel destino. Aún si ella no pedía su ayuda.
Avanzaron, cerraron aquella pesada puerta de madera, y dejaron atrás aquel mes lleno de sorpresas.
Con sentimientos encontrados, caminaron hacia las puertas de la aldea donde el Kazekage junto a sus hermanos los esperaban para despedirlos.
Fue breve y escueta, característica no solo de Gaara, sino de los habitantes de la aldea; como el sello personal de aquellos que vivían en tan duras condiciones.
Palabras de agradecimiento por aquel mes y el trabajo en equipo realizado, que los llenaron de orgullo y que no lograron describir completamente las buenas experiencias que habían vivido.
Y la mirada de Hinata viajó directamente a la del Kazekage.
Atenta. Ansiosa.
Después de la última noche, de aquella extraña y dulce caricia; olvidar aquellos momentos se volvió imposible.
Fue tímido, sutil, tibio; temeroso, como si ella fuera algo delicado, algo que se pudiera romper. Contradictorio a la naturaleza violenta de ambos, de sus vidas de ninjas.
Así que sus ojos lo buscaron, como un imán, como si pudieran hablar.
Y el Kazekage dejó de ser; fue simplemente Gaara y sus ojos buscaron los de ella, encontrándose con la sorpresa de que esta vez ella lo esperaba.
Ese era el último encuentro.
No más momentos a la distancia, no más caricias robadas con inocencia, ni sesiones nocturnas.
Aquel camino que los había juntado, ahora nuevamente los separaba y esta vez, dejaba un gusto amargo.
Los shinobis de la hoja se giraron para marcharse y Hinata cortó aquel lazo.
- Hinata- llamó, con voz suave.
La sorpresa de sus hermanos fue notoria, la sonrisa de Naruto sospechosa y Sasuke no pudo mas que mirar con atención como se desarrollarían los siguientes momentos.
Naruto, conociendo la incomodidad de ambos chicos, inició una rápida y alegre charla con Kiba y Sakura, desviando la atención.
Hinata caminó con su característica tranquilidad hacia el Kazekage y ambos, se movieron un poco más alejados.
Una vez frente a frente, Gaara estiró su mano empuñada y mostró una diminuta calabaza, como la que el portaba y a su alrededor, un cordón de cuero la sujetaba.
Hinata lo miró con intriga.
- Es para ti- indicó.
Ella, con cuidado, la tomó y la observó.
- Las puertas de Suna siempre estarán abiertas para ti.
Con una sonrisa, colgó su regalo en su cuello e inclinó su cabeza con respeto. Intentado no creer que esas palabras podían significar algo más… Su corazón debía permanecer dormido y sus ilusiones también.
- Muchas gracias por todo, Gaara.
Se levantó con orgullo, le dedicó una última mirada a aquel compañero silencioso y distante y regresó con sus compañeros.
Y en ese momento, en ese instante, Gaara aprendió lo que era extrañar.
El viaje de vuelta fue tranquilo y más rápido de lo que algunos miembros del grupo esperaban.
El violento contraste entre las lisas arenas de Suna y el frondoso verde de Konoha se hizo visible, y el clima fresco se convirtió en el nuevo compañero de viaje.
Como la bienvenida al hogar.
Las puertas de Konoha estaban a la vista, frente a ellos, provocando distintas clases de sentimientos. Este era el último instante de libertad y Hinata, atesoró cada momento en su corazón.
Sasuke quiso acercarse, decir algunas palabras, o simplemente acompañarla; pero Shino apareció a su lado y Kiba en el otro.
Y en ese momento, cualquier otra persona era un extraño.
Susurraron algo a su oído que la hizo sonreír y ambos tomaron su mano por un breve instante, como si fueran niños; hermanos.
Avanzaron por esas puertas, ingresaron en aquella aldea y se perdieron; y Sasuke supo que no era el momento de intervenir.
Ya estaba ahí, frente a esa puerta que sellaría su destino.
Su hogar, aquel que debía ser cálido, al cual debería querer regresar, se alzaba imponente delante de ella.
Respiró hondo, como si fuera el último.
Buscó en sus bolsillos el silbato de Kiba, aquel que él le obligaba a llevar en caso de que necesitara ayuda, y lo apretó entre sus manos para darse fuerza. Y rozo suavemente el Kikaichū de Shino, que él siempre dejaba en sus compañeros para saber que estaban bien; aquella era una extensión de él, como si estuviera a su lado.
Como si sus compañeros estuvieran ahí, con ella, en ese último paso.
Se irguió con orgullo y elegancia, como toda una Hyuga e ingresó; perdiéndose en aquellas claras y frías puertas.
Se presentó, como era debido, inmediatamente al despacho de su padre y Hanabi estaba ahí.
Ambos llevaron aquella mirada tan blanca como la suya y tan diferente a la vez, hacia ella como si molestara y la escucharon dar su pequeño reporte, para luego marcharse.
Siempre era igual.
Siempre quería salir corriendo de aquel asfixiante lugar.
- Hinata- llamó con voz alegre Hanabi antes de que esta saliera completamente- mañana debes llevar tu carta de renuncia al Hokage.
Aquello fue como un kunai en el corazón, pero ella estaba preparada, había tenido años de entrenamiento.
Asintió con un leve movimiento de cabeza y se retiró.
Y la noche llegó, vacía, silenciosa y fría.
Durmió para olvidar, para que el día pasara rápido, para que la noche pasara lento, y el resto de su vida continuara como una carrera y no se detuviera hasta el final. Y así, cuando todo terminara, y el ciclo comenzara de nuevo, su vida fuera diferente.
Un lugar donde no existieran los Hyuga.
El golpe suave en su puerta la trajo de vuelta a la realidad. Se levantó lentamente, y caminó con pesar hasta aquella puerta corredera, donde un miembro del Bouke la esperaba.
- Hinata-sama, su padre la espera en el Dojo.
Ella asintió y antes de retirarse, la mano de aquel hombre retuvo su brazo con cuidado, captando toda su atención. Y un leve e imperceptible susurro llegó a sus oídos.
Una advertencia.
Un gesto de hermandad en aquella fría familia.
- Por favor- le dijo- no los deje.
Rápidamente, el hombre la soltó y se giró como si aquello no hubiese ocurrido.
Y Hinata supo que estaba por pasar algo terrible.
Con su banda de Konoha en el cuello, la calabaza y el silbato colgando entre sus ropas, y el pequeño Kikaichū; salió a enfrentar su destino.
Abrió las puertas del Dojo sin anuncios e ingresó. Disimuló la impresión de ver a todos los miembros del Souke y los representantes del Bouke reunidos, y en el medio, su padre acompañado de Hanabi. Esperándola.
Esto no era bueno.
Y como una advertencia, la imagen de su primo, Neji, tomo su mente por un instante.
Caminó con seguridad hacia el centro, alcanzando a quien la había convocado y se detuvo, sin miedo, sin vergüenza de mirarlo directo a los ojos. De todas formas, no había nada que perder.
La mirada de Hiashi se mostró descolocada ante la valentía de Hinata, ante el claro desafío en sus ojos, pero fue el leve movimiento inquieto de Hanabi quien lo devolvió a la realidad.
- Hinata- llamó y su voz llenó el lugar- llegó el momento de que tomes el lugar que te pertenece.
Un pesado y tenso silencio se tomó el lugar, como una inquieta espera hacia lo inevitable, listo para prender con la más pequeña chispa.
Hiashi dio una mirada a Hanabi y la menor sonrió con malicia y dio un paso al frente.
- No sabes cuanto me preparé para este momento- dijo Hanabi.
Sus manos se movieron, rápidas, apenas perceptibles y Hinata supo que estaba ocurriendo.
El sello.
El sello del pájaro enjaulado.
Aquel sello que, a su edad, podría matarla.
Y como un rayo, violento, poderoso, las palabras de Sasuke aparecieron como un pequeño recordatorio.
"¿Ella lo vale?, ¿vale la pena este sacrificio?"
"Es mi hermana, haría lo que fuera"
Ver a su hermana sonreír de esa forma, hablarle con tal desprecio, gozar aquel momento, le reveló aquella verdad que ella se había negado a ver.
Esta era Hanabi.
Esta cruel persona era su hermana, por quien ella había estado dispuesta a todo.
No, no lo valía.
Nunca más.
- ¡Hakke Hyakunijuuhachishou!
Su voz sonó fuerte en aquel silencioso dojo que no esperaba aquella respuesta.
Hanabi recibió de lleno aquel golpe y en un instante todos los miembros de su familia se volvieron enemigos.
Y peleó.
Dio un salto, dejó volar al insecto de Shino y sopló con fuerzas el silbato de Kiba; con desesperación.
No podía ser un pájaro enjaulado.
No.
- ¡Juho Soshiken!
Sus dos leones azules impactaron con fuerza, con ese potencial que llevaba escondido por mucho tiempo.
Uno a uno, atacó; esto era una guerra.
Una cruel guerra que le rompía el corazón y torció su realidad. Hanabi nunca quiso el amor que ella le entregaba.
La adrenalina, la impotencia y la rabia, la dominó.
Con sus puños, con su sangre y con renovadas fuerzas, se abrió paso de un solo golpe por las puertas de ese tan odiado Dojo y avanzó hacia el jardín, donde la esperaban más Hyugas.
Avanzó sin mirar atrás; construyó su camino hacia la libertad.
Porque ese era su camino del ninja.
- Juuken.
Pero eran muchos, demasiados y ella una sola. E inevitablemente, el puño suave la alcanzó.
Bloquearon sus puntos de chakra, y la inmovilizaron, pero aún así, aunque fuera con la mirada, pelearía hasta el final.
Fiera, salvaje e indomable.
Y aquella frase que la motivaba, que le daba fuerzas, se repitió en su cabeza: "Este, es mi camino del ninja".
Hanabi se plantó frente a ella, con quince Hyugas reteniendo a Hinata y realizó aquellos malditos sellos.
El odio, la sed de sangre de su hermana brotaba por aquellos ojos que debían ser cálidos, y Hinata, al ver que ya no había esperanzas, pensó en Neji.
En aquel único miembro de la familia que realmente fue su hermano y quien fue capaz de dar su vida por permitirle vivir, cuando ella ya había entregado la suya.
"Neji"
El sacrificio de Neji no podía ser en vano, la vida que él le dio no podía acabar en esto.
Así que tenía que pelear, vivir y seguir; por él y por ella.
Con honor, con decisión y un claro desafío, enfrentó a Hanabi una última vez. Si el sello era su destino, sería de frente, sin miedo y mostrándole que en el fondo esa pequeña hermana menor siempre sería inferior.
Y ocurrió.
Quemó. Dolió.
Una fuerza poderosa la recorrió de pies a cabeza, drenando sus fuerzas, como un veneno que no le permitía mantener la cabeza clara.
Pero no cerró los ojos ni desvió la mirada.
No se permitiría morir.
- ¡Juujin Bunshin!
El grito de Kiba, mientras creaba el clon con Akamaru e irrumpía en aquel pequeño campo de batalla fue suficiente para que los Hyugas se distrajeran y Hinata se soltara para continuar atacando.
Juntó el poco chakra que le quedaba y golpeó con su puño suave a Hanabi que rápidamente se defendió y contraatacó.
Shino cayó a su lado y con sus insectos la protegió de que recibiera más golpes.
- ¡Kage bunshi no jutsu!
Y esa voz inconfundible hizo acto de presencia llenando el espacio de réplicas de Naruto.
Sakura y Sasuke llegaron detrás de él y se ubicaron al lado del equipo ocho
- Hinata está mal- dijo Sakura girándose para tratar a la Hyuga- la trataré rápidamente y luego deben salir de aquí.
Hinata, con la mente nublada, no fue capaz de decir nada y Sakura aprovechó aquel momento para aplicar un poco de Jutsu médico para aliviarla y cerrar aquellas heridas superficiales.
- ¡No pueden interferir! - dijo Hiashi dando un paso a delante- este es un tema interno del clan.
Hanabi, desde su lugar, activó el sello de Hinata y Sakura logró sujetar a la chica antes de que impactara el suelo por el dolor de la sumisión.
Sasuke, al ver lo que la menor hizo, activó su rinnegan y en menos de un segundo, sujetó a Hanabi del cuello, amenazante
- Hinata ya no es parte del clan Hyuga- dijo Naruto- ella pertenece a Suna.
- ¿Qué? - exclamó Hiashi- eso...
- ¿Quieres empezar una guerra? - cuestionó- el Kazekage no tiene piedad con los que atacan su aldea.
Antes de que cualquiera pudiera decir algo, Kiba ya había cargado a Hinata en Akamaru y junto a Shino, salieron de la casa Hyuga.
Naruto se acercó a Sasuke y le alcanzó un pergamino en donde le encomendaba la misión entregada por el Hokage para escoltar a Hinata a su nuevo hogar.
En completo silencio, el equipo ocho y Sasuke, cruzaron las puertas de Konoha, por segunda vez en veinticuatro horas, rumbo a la nación del viento.
En esta oportunidad, la misión era Hinata y el plan de Naruto había resultado.
Él había hablado con Gaara para dejar listo el papeleo necesario en caso de que Hinata tuviera que huir, porque recordaba claramente lo que el clan le hacía a los hermanos y temía que a ella le ocurriera lo mismo. Aunque no logró evitarlo.
Pero aún estaban lejos de estar a salvo, porque el clan no se rendiría tan fácilmente.
El suave y grueso pelaje de Akamaru, acunó por un rato a Hinata, que aún mantenía la cabeza nublada por el efecto del sello.
La voz de Kiba y Shino, que corrían a su lado, produjo un efecto de seguridad que le permitió abrir los ojos y volver a la realidad.
Estaban huyendo, y no sabía donde, y para peor, había involucrado a sus preciados amigos; a su única familia.
Tragó sus lágrimas de frustración, de pena, de rabia y de traición; y con todo el esfuerzo que le provocaba el moverse por aquel sello, se sentó erguida y sacó la voz.
- Por favor, déjenme aquí- indicó- puedo seguir sola.
Shino, que no era de muchas palabras, fue quien respondió; teniendo claro que era lo que pasaba por la cabeza de su compañera.
- Somos un equipo y no te vamos a dejar sola.
- Pero Shino- replicó- ya hicieron suficiente y no quiero que salgan perjudicados.
Y Sasuke, se acercó a aquel grupo y respondió con seguridad.
- Hinata, por una vez, déjanos ayudar.
La sorpresa fue evidente en el rostro cansado y herido de Hinata, y su garganta se apretó con fuerza, con dolor, y emoción.
- Naruto ya habló con el Kazekage- comentó Kiba con una sonrisa- eres un ninja de Suna y estamos en una misión escolta.
Ella asintió y por primera vez en su vida, dejó que sus amigos la protegieran, le ayudaran.
Suna sería su hogar. Su futuro.
Antes de que pudieran relajarse, y tal vez, contemplar aquel hogar por última vez, los insectos de Shino reaccionaron.
Estaban siendo seguidos.
Shino fue el primero en detenerse y antes de que los demás se prepararan para combatir, indicó que él los retendría y que luego los alcanzaba.
Continuaron.
Saltaron de rama en rama. Sin detenerse, sin mirar atrás y sin remordimientos.
Y antes de llegar a la frontera, al desierto, Kiba fue quien sintió que más Hyugas los perseguían.
Con un efusivo abrazo, dejó a su salvaje compañero y su perro, con la promesa de que la alcanzarían y avanzó.
Ella confiaba en ellos, y no tenía duda de que al final de ese viaje, se volverían a ver.
Estaba cansada, sus piernas dolían y seguramente sus heridas internas estaban gritando por un descanso, por ser tratadas. Pero aún no. Aun no llegaba a Suna.
Sus pies se hundieron en la arena al dar el primer paso en el país del viento; aquel lugar que le daría la libertad al pájaro enjaulado que ahora era.
Quiso sonreír, reír, gritar, llorar.
Aquel lugar que había dejado atrás con sentimientos encontrados, ahora la recibiría para toda su vida.
Pero solo debía llegar.
Un paso más.
El sol, inclemente, golpeaba sus cuerpos mientras caminaban en silencio, atentos, alertas y Sasuke encabezaba aquella pequeña delegación de dos personas.
- ¡Byakugan!
Susurró para sorpresa de Sasuke, que se giró inmediatamente hacia ella mientras escaneaba el lugar.
- Están a dos kilómetros- indicó- llegarán en cualquier momento.
Sasuke actuó, había llegado el momento.
Tomó su mano con decisión, dándose fuerzas porque esto lo haría por ella; por la única persona que le había importado después de Itachi.
Por la única persona que despertaba un lado desconocido para él.
Porque Hinata, sin siquiera proponérselo, sanaba su corazón con su presencia, con su compañía, y por ella, él despejaría el camino.
- Los retendré y cuando veas un espacio, huye- dijo.
- Pero…
- Te alcanzaré.
Los enemigos llegaron, rodeándolos y reclamando aquella nueva bouke, sin importarle los tratados; ni mucho menos si volvía con vida.
Era un tema de orgullo.
Hinata sabía que querían sus ojos, aún cuando estuvieran sellados.
Espalda con espalda, volvió a combatir; cansada, sin fuerzas, pero con su espíritu y con pura voluntad dio un golpe tras otro.
Y Sasuke abrió el camino, y Hinata lo tomó sin dudar.
Corrió.
Corrió sin mirar atrás.
Sin miedos y a la vez, con pura desesperación; su cuerpo ya no estaba respondiendo, su vista se estaba nublando y casi no tenía chakra.
Las puertas de la aldea oculta de la arena aparecieron, diminutas, lejanas, casi como un espejismo.
Con renovadas fuerzas, se obligó a continuar; pero el destino no quería que volara tan fácilmente.
Tres Hyugas aparecieron frente a ella, rodeándola y con la respiración entre cortada, tomó su posición de ataque. Digna.
Activó su Byakugan, y movió sus manos a una velocidad antinatural, pero demasiado lenta para los miembros de su clan. Dejando en evidencia su mal estado.
Atacó, y cuando iba a recibir el impacto del puño suave, de aquel elegante ataque que no podría esquivar, un pequeño escudo de arena apareció y la defendió de todos los golpes de aquella técnica.
El collar, aquella calabaza llevaba arena del Kazekage y había reaccionado como un escudo para defenderla.
Sin dejar que la sorpresa le quitara la oportunidad, llevó toda su fuerza a sus piernas y avanzó, Suna estaba ahí, cerca.
El ataque de los tres ninjas la obligó a detenerse nuevamente y recibir el impacto; se levantó y respondio, aún cuando ellos fueron más rápidos y atacaron nuevamente.
Y aquel impacto nunca llegó.
Una poderosa, enorme y dorada pared de arena se emergió del suelo, como un gran escudo e inmediatamente después, veinte ninjas de la arena aparecieron delante.
El Kazekage avanzó, imponente, furioso; con aquella terrible calma que lo caracterizaba cuando estaba en modo de combate, y se ubicó delante de ella, junto a sus ninjas.
- Esto es una violación al acuerdo- dijo con voz seria cuando su pared de disolvió.
Los Hyugas se pararon imponentes, sin miedo ante la enorme desventaja que tenían; enojados de aquella intromisión.
- Hinata Hyuga debe volver y recibir su castigo.
Gaara se giró hacia ella, que luchaba para mantenerse en pie, y sin perder su posición de defensa absoluta. Y aquella visión fue algo que el Kazekage nunca más quiso contemplar, ni jamás podría olvidar.
La sangre adornaba sus facciones, heridas profundas y dolorosas atravesaban su piel, sus ojos apenas se mantenían abiertos; y sus manos, aquellas con las que tantas veces lo trató, aquellas que él anhelaba tomar, sentir, estaban heridas brutalmente.
Y en su frente, aquel sello maldito, aquel tatuaje que la definía, que la atrapaba. Como aquel Kanji en su frente que a él lo marcaba.
Dio un paso hacia ella, mientras la veía asustada, abatida; y la rabia, inexplicable, inundó sus sentidos.
Elevó su mano en dirección hacia los ninjas de la hoja y los envolvió en su ataúd de arena, dejando solo libre sus rostros y pronunció palabras que deberían quedar marcadas en la mente de todos los Hyugas.
- Hinata es un ninja de la arena, tóquenla una sola vez más y responderé.
Soltó a los Hyugas, y estos, ahora atemorizados retrocedieron.
Hinata al ver lo que sucedía, dejó su guardia y relajó un poco su mirada intentando dar un paso por el camino desde donde venía; sus compañeros aún no volvían.
- Kiba, Shino y Sasuke, ellos… ellos…
- Mandaré a buscarlos.
Matsuri se acercó inmediatamente y Gaara dio la orden para que fueran por el resto y escoltaran a los Hyugas fuera del territorio.
Hinata suspiró, botando toda aquella tensión, y sintiendo como su cabeza se mareaba y nublaba.
Ya estaba ahí.
Su hogar, su nuevo hogar.
Gaara dio un paso hacia ella, y sin temor, quizás, inundado por todas aquellas emociones que le provocaba ver a la chica de esa forma. Por el miedo extraño que había sentido al notar como aquella arena que había dejado en su regalo se había activado y le avisó del arribo de Hinata; se acercó.
Llevó sus manos con decisión al rostro de Hinata y lo acunó con ternura, suavizando su mirada, sin intensión de hacerlo; observando aquel rostro, aquella presencia que había extrañado.
- Perteneces al desierto.
Hinata, al borde de perder el conocimiento, asintió casi sin estar presente y se dejó tomar por la oscuridad. Ya no había nada que temer.
Ahora pertenecía al desierto.
