Hola de nuevo. Como les dije estaba pasando ya el primer capitulo, y aquí se los comparto. Si leen Samantha en algun lugar reemplazarlo por Andrea, tuve que elegirla por el bien de la historia. Cualquier otra duda, dejen sus comentarios.

Gracias por leer!

1

No la mires y ella se irá. Cantaba en mi cabeza mientras caminaba hacia mi casillero. Me tomó una enorme cantidad de fuerza de voluntad no mirar sobre mi hombro.

No solo la alertaría, podía ver que era inútil, también sería estúpido. Los pasillos ya se encontraban llenos de estudiantes. Aunque, si ella me hubiese seguido dentro de la escuela, de todos modos la habría visto con bastante facilidad a través de la multitud de personas. Permaneció apartada, justo como todos ellos lo hacían, sin moverse y observando.

-¡Agh! ¿Has visto a James ? Quiero decir, honestamente ¿Puede ser más caliente? Oh si, si que puede - Andrea Rojas, mi mejor amiga desde la escuela primaria, chilló mientras me agarraba del brazo.

- No, no le he visto. El entrenamiento de fútbol debe de haber coincidido con él. - Le contesté con una sonrisa forzada. No me podría importar menos cuan caliente podía lucier James Olsen. Andrea entornó los ojos y abrió el casillero junto al mío.

- En serio, Lena, no puedo entender como puede ser tan inmune a una persona tan intensamente sexy.

Logré una sonrisa genuina y deslicé mi bolso por encima del hombro.

- ¿Sexy? por favor dime que no dijiste sexy -

Andrea se encogió de hombros. - No soy un pozo sin fin con palabras descriptivas, como tu. -

Me atreví a echar un vistazo por encima del hombro. Los pasillos se encontraban llenos de gente normal, gente que vive. Hablaban, reían y leían sus horarios. Todo era muy real. Dejé escapar un suspiro de alivio. Este era el primer día de mi último año. Quería disfrutarlo.

- Entonces, ¿Qué clases tienes primero? - Pregunté, relajándome por primera vez desde que vi a la chica muerta afuera, apoyándose tranquilamente sobre una mesa para el almuerzo mirándome directamente.

- Tengo Algebra Ⅱ. ¡Ahg! disfruté tanto Geometría el año pasado. Odie Álgebra en primer y ya puedo sentir las vibras negativas saliendo de mi libro. - El estilo dramático que Andrea tenía para la vida en general nunca dejaba de hacerme reír.

- Yo tengo Literatura Inglesa -

- Bien todos saben que te encanta eso. Oh mira, mira, mira ahí está él. - Andrea chilló en voz baja, mientras asentía con la cabeza hacia donde James hablaba con otros jugadores de fútbol.

- Odio no poder andar por ahí y disfrutar de Su Alteza contigo, pero esta es mi parada.

Andrea se volvió hacia mi, entorno sus grandes ojos verdes, y me dio un saludo antes de hacer su camino hacia James.

Los salones vacíos eran lugares que usualmente evitaba a toda costa.

Teniendo en cuenta el hecho de que la campana no sonaría hasta cinco minutos más, esta sala, sin duda, permanecería vacía por los próximos cuatro minutos. Si me hubiera quedado en el pasillo, habría sido arrastrada por Andrea a donde James se rodeaba de sus escasos elegidos.

Sabía, sin dudar, que no le interesaba hablar con Andy. Hemos ido con James a la escuela desde que teníamos once. Desde su traslado de algún lugar al norte de la ciudad costera de Breeze, Florida, nunca nos había reconocido, a ninguna. No es como si me importara. No era mi tipo. Caminé hacia la mesa más cercana a la ventana y puse mi bolso en el piso.

Un movimiento, por el rabillo de mi ojo, hizo que los vellos de mis

brazos se erizaran. Sabía que no debía quedarme en esta habitación vacía.

Pero ya me encontraba aquí ahora y salir corriendo lo haría peor. Me volví

para hacer frente a la misma alma que vi afuera, sentada en una silla en la

parte posterior del salón de clases con sus pies apoyados sobre el escritorio

frente a ella y los brazos cruzados casualmente sobre el pecho. ¿Cómo sabía

que podía verla?

No le di ningún indicio. Normalmente, los fantasmas necesitaban una

pequeña pista para darse cuenta que no era tan ciega como el resto del

mundo. Algo era diferente con éste. Bajé la mirada y empecé a voltearme. Tal

vez debería ir con Andrea y el equipo de jockey que se encontraba en el

pasillo. Si actuaba como si no la viera y caminara de regreso al pasillo,

entonces ella podría pensar que había cometido un error y flotar o caminar a

través de una pared o algo así.

—Realmente no quieres someterte a tan inútil compañía, ¿Verdad? —

Una fría y suave voz rompió el silencio.

Agarré la silla de plástico duro a mi lado tan fuerte que mis nudillos se

pusieron blancos. Luché contra un sorpresivo y pequeño llanto—casi un

grito—en la parte de atrás de mi garganta.

¿Debería ignorarla? ¿Debería responderle? Dejarle saber que su

presentimiento era cierto podría no terminar bien. Pero ignorar todo esto iba

a ser imposible. Ella podía hablar. Las almas nunca antes me hablaron. Desde

el momento en que me di cuenta que los extraños que con frecuencia me

miraban o aparecían en mi casa vagando por los pasillos no eran visibles para nadie más que para mí, había comenzado a hacer caso omiso de ellos.

Ver gente muerta no era una cosa nueva en mi vida pero escucharlos

hablarme era definitivamente un nuevo giro.

—Te creía con más agallas. ¿Vas a decepcionarme también? —Su tono

se suavizó. Había un acento familiar en su voz ahora.

—Puedes hablar. —dije, mirándola directamente. Necesitaba que

supiera que no me sentía asustada. Había lidiado antes con almas errantes,

porque eso me ha gustado pensar que son, toda mi vida.

Ellos no me asustaban pero prefería ignorarlos, de ese modo se

marcharían. Si alguna vez pensaran que podía verlos, me perseguirían. Ella

continuó observándome con una expresión divertida en su rostro. Pude

notar que su sonrisa torcida dejaba ver un solo hoyuelo. El hoyuelo no

parecía encajar con su actitud fría y arrogante. Por mucho que su presencia

me molestaba, no podía dejar de admitir que ésta alma sólo podía ser

etiquetada como ridículamente hermosa.

—Sí, hablo. ¿Esperabas que fuera muda?

Apoyé la cadera contra la mesa.

—Sí, de hecho, eres la primera que ha hablado conmigo.

Frunció el ceño. —¿La primera?

Parecía genuinamente sorprendida de no ser la primera persona

muerta que podía ver. Ella era, sin duda, el alma más singular que he visto

nunca. Hacer caso omiso de un alma que podía hablar iba a ser duro. Sin

embargo, tenía que superar su capacidad y deshacerme de ella. Hablar con

amigos invisibles podría dificultar mi vida social.

Acabaría pareciendo una chica loca que hablaba sola.

—Lena Luthor, este debe ser mi día de suerte. —Al escuchar mi

nombre, me giré para ver a Russell Rogers entrando en el salón.

Forcé una sonrisa como si no hubiera estado hablando con una

habitación vacía.

—Creo que lo es. —Incliné mi cabeza de regreso para encontrarme con

sus ojos.

—Continúas creciendo, ¿Cierto?

—Parece que no puedo detenerlo. —Me guiñó el ojo y luego colgó una

de sus largas piernas sobre la silla en frente de la mía antes de sentarse.

—¿Dónde has estado este verano? No te he visto mucho.

Tuve la oportunidad de echar un vistazo atrás, hacia el alma, para

encontrar una silla vacía. Una mezcla de alivio y decepción se apoderó de mí.

Querer hacerle más preguntas no era exactamente una buena idea, pero no

podía evitarlo. Le preguntaría lo que a otras almas antes, como: "¿Por qué me

estás siguiendo?" o "¿Por qué puedo verte?" y siempre permanecían mudas.

Muchas veces desaparecían cuando comenzaba a hacerles preguntas.

Volviendo mi atención de regreso a Russell, forcé una sonrisa antes de responder.

—Estuve en Carolina del Norte todo el verano en el campo de caballos

de mi tía.

Russell se reclinó en su silla y sacudió la cabeza. —Simplemente no

entiendo por qué la gente querría irse todo el verano, cuando vivimos en una

de las playas más bellas del mundo.

Para mí no había sido una elección en realidad, pero no quería

explicarle el motivo a Russell o a cualquier otra persona. Más estudiantes

comenzaron a entrar en la habitación, seguidos por nuestro profesor de

Literatura Inglesa, el Sr. Brown.

— Russell. ¿Cómo estás, Rogers?—Justin Gregory saludaba mientras se

dirigía hacia nosotros. Dejó caer su bolso sobre la mesa al otro lado de

Russell. Por ahora, la atención de Russell no se dirigía a mí, gracias a la

interrupción de Justin.

Cuando me volví hacia el frente de la clase, mis ojos se volvieron a

encontrar con el alma. Apoyada contra la pared directamente en diagonal a

mi escritorio, estaba de pie, mirándome. Me fulminó con la mirada y pareció

encontrar mi evidente aversión entretenida. Su hoyuelo apareció y odié el

hecho de encontrarlo sexy. No era un ser humano, bueno, ya no lo era. Me

tomó un gran esfuerzo apartar la mirada lejos de ella y enfocar mi atención en

el tablero donde el Sr. Brown había escrito nuestra tarea. Siempre había

ignorado a esas fastidiosas almas antes y habían desaparecido. Tenía que

superar el hecho de que esta podía hablar conmigo. Si no la ignoraba estaría

atrapada, con ella acechándome.

—Lo odio, me refiero a odiar de una forma importante, —se quejaba

Andrea mientras dejaba caer la bandeja del almuerzo en la mesa con un

fuerte estruendo—. Si tengo que sentarme en álgebra y química durante toda

la mañana, uno pensaría que por lo menos podría haber una pequeña

recompensa para la vista en una de mis clases. ¡Pero nooooo! Tengo a

Gretchen con sus incesantes estornudos y a Craig con sus problemas de

gases.

Me atraganté con mi sándwich y agarré mi botella de agua para tomar

un sorbo rápido con el fin de tragar la comida. Una vez que me sentí segura

de que no iba a ahogarme hasta la muerte, levanté la vista hacia la cara

preocupada de Andrea.

—¿Tienes que decir cosas como esas cuando tengo la boca llena de

comida? —Pregunté.

Ella se encogió de hombros. —Lo siento, sólo decía, eso es todo. No era

mi intención que te olvides de masticar la comida. —Me alcanzó con una

mano sobre la mesa y apretó mi brazo—. Ahí va Su Perfección ahora. ¿Crees

que va a salir otra vez con Lucy Lane este año? Me refiero a que realmente tuvo una mala ruptura el año pasado con todo lo del engaño y esas cosas.

Seguramente lo superó.

Di otro bocado a mi sándwich, sin querer contestar su pregunta. No

me importaba con quién saliera James Olsen, pero sí, estaba más que

segura de que volvería con Lucy. Parecían ser "La Pareja de Oro".

Todos sabían esto y lo esperaban. Los de su tipo siempre buscaban

otros a la altura de su nombre.

—Vuelve a meter la lengua dentro de tu boca, Andrea. Te ves como

un perro que está muriendo de sed. —Russell se sentó frente a nosotras,

lanzando una risita por su propia broma mientras Andrea le fruncía el

ceño.

—No tengo mi lengua colgando, muchas gracias.

Russell me guiñó un ojo y se encogió de hombros.

—Lo parecía para mí. ¿Qué piensas Lena, se babeaba o qué?

Llené mi boca con otro bocado. No pensaba estar en el medio de esto.

Russell se echó a reír cuando le señalé mi boca repleta. Andrea me dio un

codazo en el costado.

—No te pongas de su lado. Él solo es malvado.

Con un largo sorbo de agua tragué mi comida, y luego miré fijamente a

Andrea.

—Ustedes pueden discutir todo lo que quieran pero yo no voy a

meterme. Desde que decidieron llevar esto un paso más allá de la amistad el

año pasado y se vino abajo a su alrededor, todo lo que quieren hacer es

darse golpes bajos el uno al otro. No es mi pelea. Déjenme en paz. —

Rápidamente di otro bocado a mi sándwich así no podía ser incitada a decir

nada más.

Cuando ambos se dieran cuenta que se encontraban locos el uno al

otro porque ninguno ha podido superar la ruptura, harían mi vida más fácil.

Pero entonces, sería la única soltera, una vez más. Mi novio, Jack Spheer, se

mudó hace meses y no había hablado con él, incluso desde antes de ir a ver

a mi tía este verano.

—¡No se trata de eso! No puede importarme menos que no pudiera

mantener su lengua fuera de la garganta de Katie cuando no lo miraba. —

dijo Andrea con enojo.

—No tenía mi lengua en la garganta de nadie, excepto la tuya,

Andrea, pero no me crees y estoy cansado de defenderme. —Russell se

levantó y tiró de su bandeja de comida sin tocar antes de alejarse.

—Imbécil. —murmuró, mirando como él se cambiaba de mesa.

Odiaba verlos así. Los tres habíamos sido amigos desde el tercer grado.

En aquel entonces, Russell había sido todo brazos y piernas. Ahora, se alzaba

por encima de todos con un cuerpo largo y musculoso. Andrea no había

sido inmune a sus repentinas cualidades el año pasado. Ahora, no lo

soportaba.

—Escucha, Andy, pensaba, que tal vez si los dos hablaran sobre lo

que pasó sin que lo acuses, las cosas podrían funcionar. —Había intentado

esto antes y ella siempre me ignoraba.

Efectivamente, comenzó a sacudir su cabeza haciendo que su cabello

castaño se moviera adelante y atrás

—Sé lo que pasó, Lena. No quiero hablarlo con él. Es un gran

mentiroso, un traidor. —Dio un mordisco violento a su manzana Granny

Smith y siguió mirando en dirección a Russell—. Míralo, actuando como si

encajara más en esa mesa. Quiero decir, realmente, ¿Quién se cree que es?

Seguí su mirada. Russell estaba recostado en una silla, riéndose de algo

que otro jugador de baloncesto decía.

Todos parecían encantados de tener a Russell en su presencia.

Normalmente, se sentaba con nosotras. Este año las cosas serían

diferentes.

Suspiré, deseando no tener que ser la que señalara lo obvio a Andrea.

—Él es el único en esta escuela que tiene cazatalentos universitarios

que vienen a verlo jugar baloncesto. Eso es lo que es. James puede ser el pez

gordo en el campo de fútbol, pero no veo ningún cazatalentos universitarios

llamando a su puerta. Puedes estar enojada con Russell, pero él pertenece a

esa mesa más que nadie.

Andrea volvió su mirada sobre mí y al instante se transformó en una

mueca. —Bueno, él puede ir a la universidad con una beca de baloncesto y

engañar a todas esas animadoras, entonces. Debo advertirles. —Su voz

había adquirido un tono de derrota mientras se ponía de pie y se dirigía

hacia los cubos de basura. La miré, deseando poder encontrar una manera

de arreglar esto entre ellos.

Alguien se sentó a mi lado en la silla que Andrea acababa de

abandonar. Me volví en mi asiento, casi esperando ver al alma. Imagina mi

sorpresa cuando noté que no era el alma no deseada, pero sí el deportista

arrogante.