7
En el momento en que intenté abrir la puerta y la encontré cerrada con llave, supe que tenía problemas. La nota de mi madre en el mostrador diciéndome que ella y Roger habían ido al cine envió un escalofrío de miedo a través de mí. No quería estar sola en casa. No le había pedido a Andrea que viniera a pasar la noche conmigo, porque había planeado dormir en la cama con mi madre. Entré en mi habitación y escaneé cada centímetro de su cuerpo buscando un cabello largo y rubio. No había señales del alma extraña. Eché un vistazo al cuarto de baño y pensé en cuánto quería una ducha. Entrar allí, encender la ducha y cerrar la cortina me asustaba. Seguía recibiendo visiones de las películas de terror que había visto, donde cosas malas pasan cuando alguien se daba una ducha. Nunca sería capaz de tomar una ducha sin que mamá estuviera en casa. Tal vez ni siquiera entonces. ¡Oh, mierda! ¡Me iba a convertir en una chica increíblemente apestosa! Si trataba de convencer a mi mamá de que entrara al cuarto de baño conmigo, para así poder tomar una ducha, ella pensaría que estoy loca. Me dejé caer en mi cama y dejé escapar un suspiro de derrota.
—¿Qué está mal? —Preguntó una voz desde mi puerta. Me levanté rápidamente, gritando. Sin embargo, esta murió casi de inmediato cuando vi a Kara apoyada en el marco de la puerta, observándome.
—Kara. —Tomé una respiración profunda para calmar mi acelerado corazón. —Lo siento, no me di cuenta de que te sentías tan alterada por esto. — dijo, frunciendo el ceño y entrando en la habitación. Volví a sentarme en mi cama y solté una carcajada profunda.
—Bueno, discúlpame si almas extrañas aparecen en mi casa, hablando conmigo y tocándome y asustándome un poco. —Le lancé una mirada acusadora—. Entonces, te pregunto sobre ello y tú maldices en la oscuridad y te pones toda enojada.
Caminó y se sentó al final de mi cama.
—Lo siento por eso. No debería haberte asustado de esa manera. —No había ninguna duda respecto al tono preocupado de su voz.
—Bueno, ¿Puedes decirme lo que está sucediendo, quién es ella? — Pregunté. Negó con la cabeza e, inmediatamente, dirigió su mirada lejos de mí.
—No, eso es lo único que no puedo hacer por ti. Pídeme cualquier cosa en el mundo, Lena, y me aseguraré de que sea tuyo, pero eso no lo puedo hacer. —Su voz sonaba intensa y dolorosa, al mismo tiempo. Me decepcionó, pero sabía que empujarlo en el tema no tenía sentido.
—¿Por qué estás aquí, entonces? —Le pregunté, recordando cómo, hace menos de una hora atrás, la había dejado en la esquina de una cabina, con Gayle acurrucada contra su costado. Se puso de pie y se acercó a la ventana y miró hacia afuera.
—Hasta que no sepa que todo está bien... hasta que me ocupe de lo que debe hacerse, voy a pasar las noches aquí en tu habitación. —Se volvió hacia mí con una expresión determinada—. Tengo que protegerte. —Hizo un gesto hacia la puerta—. Si quieres tomar esa ducha, me aseguraré de que estés completamente a salvo, mientras lo haces.
Por supuesto que sí, quería esa ducha. Empecé a levantarme y después me senté de nuevo, mirándola.
—¿Puedes leer mi mente? —Esta no era la primera vez que ella sabía lo que pensaba.
Me sonrió con malicia.
—No exactamente. Es más bien como que puedo sentir tus miedos con tanta fuerza que los puedo oír. —Asentí con la cabeza y pensé en la vez en que se había reído entre dientes de la manera que sólo yo podría haberla oído, y fue como si me hubiera escuchado en la cafetería pensando en ella y Gayle. Le devolví la mirada.
—Me oíste en la cafetería cuando seguías con Gayle, no tenía miedo entonces. —Arqueó las cejas ligeramente.
—¿No tenías? —Mi cara se puso caliente y me di vuelta y salí de la habitación antes de que ella pudiera verme sonrojada.
Comencé a cerrar la puerta del baño, pero me volví y miré las paredes sabiendo que un alma podría entrar en cualquier momento.
Devolví la mirada al pasillo, donde Kara descansaba en mi cama. Ella no podría ver si el alma entraba en el cuarto de baño.
Su cabeza se volvió de inmediato hacia mí. Lentamente una sonrisa maliciosa se formó en su boca.
—Me encantaría acompañarte en el baño mientras te duchas, y, si en verdad fuera tan mala como piensas que soy, haría exactamente eso. Sin embargo, puedo sentir a cualquier alma intentar entrar en esta casa incluso antes de que lo haga. Estaría allí antes de que cualquier otra entrara. Estás a salvo conmigo aquí. —Terminó con un guiño. Cerré la puerta con rapidez antes de que dijera otra cosa que me avergonzara.
Me puse un par de pantalones de chándal y una camiseta sin mangas, en lugar de mi vestimenta de noche habitual. Si iba a tener compañía mientras dormía, tenía que usar ropa. Mi corazón se aceleró ante la idea de Kara estando en mi dormitorio, en mi cama y tomé varias respiraciones profundas para calmar mis pensamientos y emociones.
—Lena, cariño ¿Estás en el baño? —Llamó mamá desde el pasillo. Abrí la puerta y miré más allá de ella, a la cama donde Kara todavía descansaba.
—No puede verme ni oírme. Cálmate. —Miré a mi madre, sonriendo en la puerta.
—¿Tuviste un buen rato con James?
—Sí, ganamos el partido y después salimos con Andrea y Russell al Grill. Fue muy agradable. —dije pensando en él besándome y una vez más, mi mente volvió a la increíblemente sexy muchacha no humana en mi habitación, a la que parecía que no podía mantener al margen de mi cabeza.
Mamá se echó a reír.
—Agradable, ¿Eh? Pobre chico, no tiene ni idea de que eres un hueso duro de roer. Ah, bueno, eso es bueno por ahora. Un día, el chico correcto va a llegar y te quedarás fascinada, no serás capaz de ver con claridad. Disfruta de los otros hasta entonces. —Besó mi mejilla y se dirigió hacia su habitación. Internamente me pregunté qué pensaría de mi compañera de cuarto.
Cuando entré en mi habitación, miré lo que parecía ser una durmiente Kara. Cerré la puerta de la habitación con suavidad, no queriendo despertarla. Abrió los ojos y miró hacia mí, sonriendo.
—¿No hay posibilidad de que me dejes dormir en la cama también?
Negué con la cabeza y me reí.
—No, no la hay. —Suspiró y se sentó.
—Ya lo había adivinado, pero esperaba un momento de piedad de la "hueso duro". —Fruncí el ceño, odiando que hubiera oído a mi madre. Realmente no quería que Kara supiera que tenía dudas de estar enamorada de James. Era mejor así. Me fui a mi armario en busca del saco de dormir que había comprado para ir de camping el verano pasado.
—No duermo, Lena, te tomaba el pelo. —Me di la vuelta y fruncí el ceño.
—Bueno, supongo que tiene sentido... para las almas normales. Ellas no tienen cuerpos, pero tú sí, entonces tú no lo haces. Es como si pudieras elegir si quieres ser humana o alma. Eso no es normal, ¿Verdad? —Le pregunté, sin saber nada de cómo funcionaba. Lo único que sabía era que no funcionaba de la manera que siempre me habían enseñado. La Escuela Dominical lo tenía todo mal.
Ella se rió y se sentó en el sofá al lado de mi ventana.
—No soy precisamente un alma. Eso es todo lo que puedes saber. — Tomó la guitarra que no había notado, parada en la esquina detrás de la silla.
—Vete a dormir, Lena. Estás a salvo y necesitas descansar. — Comenzó a tocar la guitarra y me volví a mi cama y saqué la colcha antes de caer en el interior. Las luces se apagaron y miré a Kara.
—No hay necesidad de dormir con las luces encendidas. Puedo ver de cualquier manera. —Explicó. Asentí con la cabeza y me obligué a cerrar los ojos. Quería hacer más preguntas, pero sabía que no iba a responderlas esta noche. El sonido de la música comenzó a calmarme. La voz baja de Kara se unió a la guitarra y me perdí en el sonido y la seguridad de su presencia...
"No estabas destinada para el hielo, no te hicieron para el dolor. El mundo que vive dentro de mí no era el mundo que estabas destinada a contener. Estabas destinada para los castillos y la vida bajo el sol. El frío corriendo a través de mí debería haberte hecho correr.
Sin embargo, te quedas. Aferrándote a mí, sin embargo, te quedas, extendiendo la mano que empujo lejos. El frío no es para ti, sin embargo te quedas, te quedas, te quedas. Cuando yo sé que no es correcto para ti.
El hielo llena mis venas y no puedo sentir el dolor, sin embargo, estás ahí como el calor que me manda a gritar de miedo. No puedo sentir el calor, necesito sentir el hielo. Quiero tener todo dentro y adormecido hasta que no pueda sentir el cuchillo.
Tu calor amenaza con derretir todo y sé que no puedo soportar el dolor si el hielo se derrite. Así que te empujo lejos y grito tu nombre y sé que no puedo necesitarte sin embargo, me lo das de todos modos y corro, deseando que corrieras también.
Sin embargo, te quedas. Aferrándote a mí, sin embargo, te quedas, extendiendo la mano que empujo lejos. El frío no es para ti, sin embargo te quedas, te quedas, te quedas. Cuando sé que no correcto para ti. La oscuridad es mi escudo. La tiro aún más cerca.
Eres la luz de la que me escondo, la luz que aborrezco. Eres la luz de esta oscuridad y no puedo permitir que te quedes. Necesito la oscuridad a mí alrededor como si necesitara el hielo en mis venas. El frío es mi sanador. El frío es mi lugar seguro. No eres bienvenida con tu calor, no perteneces a mi lado.
Te odio pero me encantas, no te quiero, pero te necesito. La oscuridad siempre será mi capa y tú eres la amenaza para dar a conocer mi dolor, así que vete. Vete y borra los recuerdos.
Tengo que hacer frente a la vida que ha significado para mí. No te quedes y arruines todos mis planes. No puedes tener mi alma, no soy un hombre. El recipiente vacío que habito no tiene la intención de sentir el calor que traes. Te aparto y te rechazo.
Sin embargo, te quedas."
El sonido de mi madre cantando fuera de tono y el olor del tocino me despertó. Me estiré y entrecerré los ojos con el brillo del sol de la mañana. La noche anterior lentamente volvió a mí y me senté en la cama y miré hacia la ahora silla vacía. Eché un vistazo alrededor de la habitación y me di cuenta que me encontraba sola. ¿Me había dejado? Confiaba en ella para mantenerme a salvo. Me levanté, necesitando abrir la puerta y estar cerca de mi madre. Estar sola no figuraba en mi lista de cosas "por hacer". Me volví y vi la guitarra en un rincón, y un poco de desahogo regresó, sabiendo que una parte de ella permanecía aquí. Sin embargo, una guitarra no era ella, así que corrí escaleras abajo.
—Bueno, buenos días, Glory. —dijo mi madre desde la estufa. Puso un trozo de tocino en la parte superior de una toalla de papel.
—Buenos días. —Le dije en una voz áspera por el sueño profundo en el que había estado. El aclarado de una garganta me sorprendió y me volví para ver a Kara sentada en el sofá, mirándome.
—Creíste que me fui. Te dije que no lo haría. —dijo con una sonrisa. Dejé escapar un suspiro de alivio y sonreí débilmente.
—Aquí, cariño, toma un panqueque. Antes de que se enfríen y toma un poco de tocino. El café está fresco si quieres un poco —Se echó a reír—. Parece como si necesitaras recogerme.
Sonrío y fui a tomar yo misma un plato.
—Huele bien. —dijo Kara, desde su lugar en el sofá. Fruncí el ceño, preocupada por ella, por no poder comer.
Se rió entre dientes.
—Está bien, Lena, no necesito de los alimentos. Se trata de un beneficio. —Me serví una taza de café y le eché azúcar y leche antes de dirigirme a la mesa—. Te ves como si hubieras dormido bien. —dijo, evaluando mi apariencia. Me sonrojé pensando en mi pelo sin peinar, que no me había cepillado, debido a la precipitada fuga de mi habitación vacía—. Ni siquiera pienses en cepillarlo. Me gusta, es sexy. —Rodé los ojos y me hundí en la silla, y tomé un mordisco.
—Así que, ¿Cuáles son tus planes esta mañana, cariño? —Preguntó mamá desde la cocina. La miré mientras arreglaba su plato.
—Um, voy a comprar un vestido para el baile de bienvenida con Andrea, Russell y James. —Kara se rió entre dientes.
—Así que, ¿James llevará un vestido? —La miré y luego me volví hacia mi madre cuando se sentó a la mesa frente a mí.
—Oh, así que ¿James te pidió que fueras con él? Eso es emocionante. Puedes llevar la tarjeta visa. Sólo asegúrate de no conseguir nada rojo o amarillo. Esos colores no son buenos con tu cutis. — Asentí con la cabeza y le di otro mordisco.
—Azul, azul suave. —dijo Kara, en voz baja, como si estuviera pensando en ello, más que decirlo. Mantuve los ojos en mi comida.
—Tengo una cita con el ordenador hoy día. Mi último manuscrito está casi terminado. Estoy emocionada acerca de esto más de lo que he estado con todos los demás. —Su voz había adquirido el tono alegre que sólo tenía cuando hablaba de su escritura.
—O, mejor aún, de un rosa muy pálido. —dijo Kara y me puse rígida. Sus palabras se sentían como una caricia y tomaba todas mis fuerzas para no temblar. Se rió, y luego se levantó y caminó hacia la puerta. Quise preguntarle a dónde iba, pero no pude con mi madre sentada aquí.
—Finalmente, podemos ir a por comida. Muero de hambre. —Russell dejó escapar un suspiro de alivio con el bolso del vestido de Andrea colgando encima de su hombro.
—Como sea, no fue tan malo. Quiero decir que nos las arreglamos para encontrar los vestidos perfectos en menos de cuatro horas. Diría que fue bastante impresionante. —Andrea sonrió con aire de suficiencia.
Russell se rió entre dientes.
—No, tú tomaste cuatro horas. Lena tenía el suyo elegido después de una hora. James ya ha tenido tiempo para llevarlo al coche y obtener para sí mismo un taco mientras esperábamos por ti.
James levantó las dos manos.
—Déjame fuera de ésta. —Él deslizó un brazo alrededor de mi cintura y se inclinó para besar la parte superior de mi cabeza. Estar con él era tan fácil.
—Vamos a alimentarte Russell, por todo tu duro trabajo. —dije en broma y Andrea se rió.
—¿Qué fue todo su duro trabajo? Sentarse en una silla diciendo: "Ese es magnífico, consíguelo" ¿A cada vestido que me probé?
Me eché a reír y Russell se encogió de hombros.
—¿Qué? ¿No puedo pensar que eres hermosa, sin importar lo que te pones? —Andrea sonrió hacia él y deslizó su brazo alrededor de su cintura.
—Te amo. —dijo sin ninguna vacilación. Me sentí un poco incómoda en los brazos de James. Tenía la esperanza de que no se hiciera ilusiones, porque esas no eran palabras que yo estaba dispuesta a utilizar en cualquier forma. —Yo te amo más. —dijo Russell, devolviéndole la sonrisa.
—Consigan una habitación. —dijo James en tono de broma y alivió mi tensión. Parecía ser siempre capaz de hacer eso por mí. Vi cómo un alma caminó alrededor, estudiando a la gente como si estuviera perdida. Eso sucedía demasiado, a veces. Siempre me he preguntado si se trata de nuevas almas, confundidas en cuanto a lo que les había sucedido. Siempre me ponía triste. El alma me miró y le di una pequeña sonrisa, pero rápidamente me di la vuelta. No quería que viniera hacia mí y me hablara. No me sentía de humor para hablar con almas en este momento.
—Por lo tanto, Lena ¿Dónde quieres comer? —Preguntó James y miré a Russell que pronunciaba, "mexicana" para mí.
Sonreí y me volví hacia James.
—Tacos suenan bien. —James se rió entre dientes—. ¿Estás segura?, puedo ver y leer labios, también, a pesar de que Russell parece pensar que no puedo. —No, en serio, quiero comida mexicana. Salsa y chips suenan bien.
—Mexicana entonces.
Todos dimos la vuelta y nos dirigimos hacia el restaurante mexicano situado en el interior del centro comercial. La sensación de hormigueo, de que alguien me observaba, me hizo mirar hacia atrás. El alma que había notado antes nos había seguido y se quedó a varios metros de distancia, mirándome. Me di cuenta por su expresión perdida, que era un alma normal. Del tipo con las que había tratado toda mi vida. Me di la vuelta como si no la hubiera visto. Ignorarla, era lo mejor. De esa manera iba a continuar, en lugar de perder el tiempo conmigo. No había nada que pudiera hacer por ella ahora.
Por favor, que esté en mi habitación, por favor que esté en mi habitación. Cantaba en mi cabeza mientras caminaba hacia arriba pasando el cuarto de mi madre donde la oí escribir con fuerza en su computadora. Entré y casi suelto un suspiro de alivio al ver a una muy divertida Kara descansando cómodamente en mi cama.
—Te dije que estaría aquí ¿Por qué dudas de mí? —Me encogí de hombros y pensé en el hecho de que no había estado conmigo en todo el día.
—¿De verdad quieres que esté a lo largo de toda tu cita? —Preguntó y sonreí y negué con la cabeza—. No lo creía. Además, te encontrabas entre amigos y en público. Todo está bien. Me aseguraba de eso. —Habló en un tono casual, como si no estuviéramos hablando de seres sobrenaturales. Asintió con la cabeza hacia el vestido colgando en mi armario—. De color rosa pálido. Me gusta.
Me sonrojé, pensando en el hecho de que sólo me había probado vestidos de color rosa pálido. La forma en que me había sentido cuando sugirió rosa pálido se fue repitiendo en mi mente y no podía pensar en cualquier otro color para probarme. Agaché la cabeza y fui a buscar mi ropa para dormir.
—Gayle estará vestida de rojo. —dijo con sencillez y un súbito estallido de celos me sobresaltó. ¡Maldita sea! ¿Por qué me importa? ¿Y por qué tiene que decirme lo que llevaría puesto? Gayle era la última persona en la tierra de la que yo quería oír hablar. Ella podía oír o sentir mis pensamientos. Conseguir una cerradura para mis emociones sería muy bueno ahora.
—Eso es genial. Estoy segura de que estará impresionante. —Me las arreglé para decirlo con sólo una pequeña cantidad de veneno goteando mis palabras.
—Odio el color rojo, casi tanto como las animadoras. —dijo con un tono divertido. Empecé a responder, pero me contuve. No le creía, pero ¿Cuál era el punto de decirle? No era como si no pudiera verlas, a ella y a Gayle, juntas, todo el día, todos los días. Era como si constantemente apuntaba con un puño a través de mi estómago cada vez que la tocaba o le susurraba al oído. Me volví, de espaldas a ella, y me acerqué a mi cofre para encontrar las joyas a juego. Era mejor que pensar en Gayle en un vestido rojo con las manos de Kara por todos lados.
El calor apretaba contra mi espalda causando que un escalofrío corriese por mi cuerpo. Llegué a la orilla de la cómoda para no perder el equilibrio y caer al suelo. Sabía que Kara se encontraba detrás de mí. A pesar de que no lo entendía, sabía que sólo su contacto podría causar esta reacción fuerte. Dejé que mi cabeza cayera de nuevo en el calor sólido de su pecho. —Ella no significa nada para mí. —La voz de Kara envió un hormigueo por mi cuello y en mi pecho—. Nunca te mentiría, Lena. —dijo, con urgencia, contra mi oreja. Abrí los ojos para mirar hacia ella, con ganas de ver el azul de sus ojos. Sus labios rozaron la punta de mi oreja e hizo un sendero hasta mi cara. Ambas manos se apoderaron de mi cintura tirando de mí con fuerza, contra su cuerpo—. Tú me tientas. No puedo caer en la tentación. No estoy hecha para ser tentada pero, Lena Luthor, me tientas. Desde el momento en que vine por ti me atrajiste. Todo acerca de ti... —Una de sus manos que se posaba en la parte izquierda de mi cintura, se trasladó hasta acariciar suavemente mi brazo—. Tú me vuelves loca de necesidad. De deseo. No lo entendía al principio. Pero ahora lo sé. Es tu alma llamándome. Las almas no significan nada para mí. No se supone que deban. Pero la tuya se ha convertido en mi obsesión. —Bajó la cabeza a mi hombro y me besó en la curva de mi cuello. Su mano se movió por debajo de mi camisa y el calor de la palma de su mano descansaba sobre mi vientre desnudo. Un pulso de calor se apoderó de mí y me apretó fuertemente contra ella para que no me cayera—. Quiero matar a ese chico cada vez que veo sus manos sobre ti. —Besó el camino hasta mi cuello y arqueé mi cuello en respuesta a darle un mejor acceso. Nada se había sentido así. Su tacto era como una droga—. Quiero arrancar los brazos de su cuerpo para que no te pueda tocar de nuevo. —Un gruñido bajo, familiar vibraba en mi espalda—. Pero no puedo tenerte, Lena. No estás hecha para mí. —Su voz sonaba torturada. Quería consolarla. Ella me reclamó también. De alguna manera, había entrado en mi mundo y se había convertido en el centro del mismo. Era todo lo que quería. Comencé a decirle lo mucho que significaba para mí cuando me levantó y me puso con cuidado sobre la cama, cerniéndose sobre mí. Llegué a ella deseando sentir su cuerpo contra el mío de nuevo pero ella se alejó.
—Por favor. —Susurré
Kara cerró los ojos con fuerza como si estuviera dolorida.
—No puedo, Lena. Nos destruiría a las dos. —Y entonces ella se había ido.
