[Dark-Fic]
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Suϻɪsɪóи
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—Powerpuff Girls & Rowdyruff Boys—
Princesa Morbucks es caprichosa, vanidosa, adinerada y a sus 19 años sigue siendo igual de mimada que antes; sin embargo, no fue hasta que su "nueva adquisición" les pateó los traseros, que las Powerpuff Girls vieron que quizás, el dinero sí podía comprarlo todo.
Advertencias: Violencia gráfica. | Lenguaje fuerte. | Violación. | Muerte de personajes. | Posibles advertencias inesperadas en capítulos posteriores.
Disclaimer:
PowerPuff Girls © Craig McCracken
Sumisión © Adilay Fanficker
Notas:
Este fic fue inspirado en una imagen publicada en el grupo de Facebook "PPG & RRB +18". No la puse como portada, primero, porque el fic NO es 100% parecido a lo que se presenta en la imagen, y segundo, porque me gusta hacer mis portadas así XD.
Pero para quienes deseen ver la imagen en la que me inspiré, visítenme en mi página de Facebook "ADILAY ACKATERY" o en el grupo ya mencionado.
El fic es un tanto crudo, no expondré mucho (o casi nada) de romance, lo digo desde ya. Drama, tragedia, ¿por qué no? XD
Y para quienes deseen ver pasteles, colores o sonrisas cada capítulo, les aviso con pesar que por aquí sólo habrá caras serias o rojas por la ira o la tristeza y no pienso repetirlo. Ojala no se molesten tanto conmigo por eso pero creo que fics acaramelados ya hay demasiados XD
La sorpresa sería ver escenas felices.
Si se lo preguntan, NO tengo planeado un final feliz pero tampoco tengo planeado un final triste o trágico, así que ni yo misma sé qué esperar de todo esto.
¿Listos y listas para seguirme en este oscuro sendero?
Bien, entonces comencemos.
•
CAPÍTULO
I
Advertencia del Desastre
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Aquella tarde del viernes, Blossom Utonio estaba sumamente concentrada. Tecleaba frente al ordenador con mucha rapidez y precisión para no dañar las teclas.
Había aprendido con el tiempo que debía medir su súper fuerza, no sólo cuando golpeaba criminales o picaba la verdura para la cena.
Un par de viejos teclados hechos pedazos, en el basurero, podrían dar testimonio de sus cortas vidas a manos de la heroína. Y no sólo los teclados de computadora habían sido víctimas de sus súper dedos en todos los años de vida de Blossom Utonio; cientos de bombillas, varias tijeras, plumas y lápices, controles de televisor, incluso innumerables cintas para su cabello.
Al cabo de algún tiempo y mucha práctica, la heroína pelirroja ya había encontrado su punto de equilibrio para no dejar de trabajar con objetos frágiles sin tener que parar cada cinco minutos porque algo ya se había hecho añicos entre sus dedos.
Esta tarde, en especial, sus ideas estaban fluyendo como una cascada.
La cabeza de Blossom estaba plasmando sus anotaciones interesantes que, sabía, iban a servirle en un futuro, por lo que necesitaba escribirlas todas en archivos computarizados para luego usarlas cuando fuese el momento.
No sabía anotación que no fuese de importancia después; ella era Blossom, todas sus observaciones y descubrimientos eran valiosos.
Sin embargo, al cabo de un corto rato, su silencio, su soledad, y por ende, su centralización, se vinieron abajo cuando ella escuchó a sus queridas hermanas regresar a casa.
Un azote de puerta la hizo saltar en su sitio.
Y ahí se esfumó toda su inspiración.
«Ay no puede ser» puso los ojos en blanco. Tratando de mantener la calma, Blossom soltó aire (no congelado) hacia su fleco preguntándose por qué sus queridas hermanas no podían sencillamente discutir o descargar sus frustraciones en el bosque o en el Polo Norte; cualquier sitio lejano donde no molestasen a nadie. Mucho menos a ella.
¿Acaso no entendían que a diferencia de ellas, Blossom tenía cosas importantísimas en las cuales prestar toda su valiosa atención?
Usualmente, ambas eran muy ruidosas cuando volvían, tanto Bubbles como Buttercup.
Siempre procurando hablar de sus malos momentos, de algún idiota que haya querido propasarse con ellas o sobre Princesa haciendo sus típicos berrinches de mujercilla ricachona. De lo mucho que deseaban comer chucherías el fin de semana o ver una película en el cine. ¡Nada relevante ni mucho menos especial!
Pero… en esta ocasión hubo algo distinto en la conversación.
Tanto así que la chica pelirroja permitió que su burbuja de números y ecuaciones explotara sin llegar a enloquecer (tanto) por eso.
Inhaló profundo otra vez.
Ahora mismo se sentía un tanto ultrajada por el escándalo, más sin embargo con su agudo oído, ella pudo notar que al parecer sus hermanas no habían tenido un buen día.
Estaban muy molestas, y por lo que gritaban, no tardarían en llamarla así que era mejor que subiese con ellas por su propia voluntad.
«¿Ahora qué les hiciste a mis hermanas?» Blossom apretó un poco los dientes, pues Buttercup lanzaba varios insultos contra Princesa Morbucks, lo que debía significar que algo nuevo estaba haciendo ella en contra de las hermanas Utonio.
Ojalá, sea lo que sea, no cause daños irreparables.
De pronto, Blossom alzó la cabeza con el ceño fruncido hacia el techo del primer piso cuando oyó la palabra "zorra" siendo Buttercup quien la había lanzado al aire con enfado.
Oh, oh, esa era la señal de que debía subir rápido.
Blossom guardó el documento en Word y lo cerró antes de apagar la computadora y estirar sus brazos hacia arriba mientras caminaba hacia el exterior del laboratorio que el Profesor le dejaba usar desde hace algún tiempo.
Adiós a su tranquilidad.
Suspiró, tratando de no subir con ellas hecha una furia, como otros días, para gritarle a ese par que se callase.
Lo único que quizás podría aligerar su malhumor era que ya faltaba poco para poder juntar el dinero suficiente y partir a su casa propia alejada de la concurrida y ruidosa ciudad. Y de sus hermanas.
Las amaba a ambas, pero ella necesitaba silencio para trabajar.
—¡Maldita sanguijuela!
—¡Bu-Buttercup… de-déjame revisart…!
—¡Me vengaré! ¡Voy a mandarla al infierno!
La líder pelirroja, posterior a rascar su cabeza, abrió la puerta del laboratorio. Se encontró con sus hermanas en la cocina.
Buttercup comía una barra de chocolate que acababa de sacar del congelador mientras que Bubbles se sentaba en una silla frente a la mesa de madera del centro de la habitación.
—¿A qué se debe este escándalo? —reprendió claramente irritada por la interrupción de sus hermanas.
¿Cuántas veces debía decirles que cuando ella estaba en el laboratorio necesitaba que se callasen? Entendía que a veces sus hermanas quisieran quejarse d cosa, sin embargo, ¿no podían hacerlo sin hacer tanto ruido?
Odiaba tener que repetirles las cosas. Pero más odiaba que éstas no parecía interesarles que Blossom tuviese trabajo que, por supuesto, era más importante que cualquier cosa que hiciera Princesa Morbucks.
Luego de varios años, Blossom ya se sabía el trayecto de sus encuentros, tanto que actualmente le daba pereza de sólo imaginar tener que volver a vivirlo:
La pecosa haría algo muy malo (dependiendo de qué fuese) y ellas sufrirían al principio tratando de averiguar cómo detenerla, pero al final el pequeño lapsus de pesar valdría la pena cuando hayan frustrado su plan, venciéndola y dándole la paliza que se merecía, para posteriormente meterla en una celda de alta seguridad. Fin.
Esto iba a ser una pérdida de tiempo.
Para ser honesta, Blossom ya estaba demasiado harta de tener que lidiar con ella y otros viejos villanos que todavía se rehusaban a retirarse luego de tantos años siendo vencidos por el trío de heroínas.
Además, daba igual si los villanos se retiraban o no, o si salían más o no; con una de las famosísimas Powerpuff Girls, debería bastar para detenerlos a todos.
—Oigan… oigan —se vio ignorada, por lo que alzó la voz—. ¡Oigan!
—¡¿Qué?! —le espetó Buttercup.
—¿Se quieren callar las dos? Necesito concentrarme —les espetó.
—¡Desde hace medio año te dije que te largases a tu casa propia! ¡¿Ya ganas dinero, no?! ¡No me estés jodiendo!
—¡A qué viene eso ahora! —preguntó Blossom cayendo en el juego de la ira de Buttercup.
Para variar, habían cosas que el tiempo no cambiaba y una de ellas era la facilidad con la que Buttercup sacaba a Blossom de su centro de paz interior. Nada lograba sacarla más de sus cabales que Buttercup atreviéndose a ofenderla.
—Y ya que estamos en esas, ¿por qué no te vas tú ya que eres la que menos aporta a los gastos de la casa y la que más vacía la despensa? —contraatacó poniendo sus manos sobre su cintura.
—¡Porque no me da la gana! —enfurecida, tomó del refrigerador una soda de lata y dejó a sus hermanas solas en la cocina.
Fue lo más sensato, si se hubiese quedado, Blossom y ella comenzarían a pelear verbalmente y luego físicamente.
Bubbles, que se había mantenido callada, se acarició las sienes permaneciendo sentada en la mesa y con un codo apoyado en esta mientras resoplaba.
—No tuvimos el mejor día, Blossom.
Claro, y ella había estado jugando Buscaminas en el ordenador desde la madrugada.
—Buttercup nunca tiene buenos días —respondió Blossom sentándose con la rubia encontrando un poco de silencio al fin—, ¿qué ocurrió?
—Princesa…
Justo como lo predijo. Y aquí vamos de nuevo.
Blossom quiso hacer una expresión de total fastidio. ¿Es que acaso sus hermanas no podían lidiar solas con Princesa?
Es decir, todas habían desarrollado nuevos poderes mientras crecían. Se hicieron más fuertes, veloces, ágiles e inteligentes (más Blossom, por supuesto), lo que quería decir que no era fácil siquiera darles un golpe.
Incluso la "Asociación Mundial de Súper Hombres" (AWSM), había reconocido su valor y capacidad, por lo que eran las únicas mujeres aliadas con ellos. Por ejemplo, cada vez que alguno de los héroes tenía problemas, acudía a ellas (o a una) para solicitarles ayuda, lo que por supuesto, ahora que ya eran adultas, les daba ganancias económicas de los gobiernos de cuyos países visitaban para auxiliar y he ahí la razón del por qué Blossom no entendía por qué ninguna de sus hermanas se iba de casa; la única casa que tenía los equipos de laboratorio necesarios que ella y el Profesor estaban autorizados a utilizar en privado.
Blossom todavía no podía creer que Buttercup dijese que no tenía dinero siendo la que más acudía a los llamados de la asociación.
Ya, ya.
Se guardó sus reproches ahora que su hermana morena no estaba.
Para poder ayudar a Bubbles a calmar sus nervios, Blossom hizo un batido de chocolate con el talento nato de una chef profesional y una vez que se sentaron juntas de nuevo, Bubbles narró lo ocurrido.
Resulta que hace 4 horas. Dos antes de irse a casa, Bubbles y Buttercup estaban juntas en la única clase que compartían: Historia Universal, cuando las puertas se abrieron al par.
»¡Powerpuff Girls! —exclamó Princesa Morbucks con la más chillona voz que ambas hermanas hubiesen podido oír en sus vidas.
El sólo recordar ese tono bajo hacía que Blossom tuviese pequeños dolores de cabeza.
El uniforme del prestigioso Colegio para Señoritas de Saltadilla era bastante elegante, consistía en un vestido negro de mangas ¾ (cuya falda estaba poco más arriba de las rodillas), un chaleco azul marino, un suéter del mismo color con el escudo del colegio y unas medias oscuras de licra que cubrían en su mayoría, más allá de la rodilla o un poco menos; un par de zapatillas negras con poco tacón y en sí, toda la tela usada para la confección del uniforme era cómoda.
Pero Princesa, siendo la pretenciosa hambrienta de atención que era, creía que ese atuendo era para las campesinas así que ella vestía el uniforme con un suéter dorado, un vestido rosa cuya falda era más corta de lo permitido y unas zapatillas negras de tacón alto. Su pelo naranja alborotado estaba siendo adornado con una tiara de oro y rubís mientras que sus manos finas y delicadas estaban sobre sus pronunciadas caderas.
Blossom pudo imaginarla sin problemas gritándole al director del colegio que le permitiese hacer esos cambios a su uniforme.
En lo personal, la líder de las PPG pensaba que Princesa cada vez se vestía más como una prostituta que como una princesa real.
Bubbles siguió contándole.
»¡Princesa! —exclamó el profesor en turno—, ¿a qué se debe este retraso? Estamos en medio de un ensayo.
»Oh, perdone profesor, pero el asunto no es con usted —y sin ser invitada, Princesa se adentró al aula ante la atenta mirada de las 20 señoritas que miraban con interés cómo la pelirroja se paraba justo enfrente de las dos hermanas que estaban juntas en los asientos frente al pizarrón—. Se los advierto, chicas ―sonrió maliciosa―, esta es su última oportunidad de aceptarme como su nueva y más importante integrante.
Había cosas que el tiempo no cambiaba ni un poco. Otra de esas cosas, por supuesto, era la obsesión de Princesa por ser parte de las Powerpuff Girls, o matar a sus integrantes por no ser aceptada.
»Vete al infierno ―se quejó Buttercup sin dejar de escribir los apuntes del pizarrón en una libreta en su pupitre.
Bubbles se habría reído de no ser porque la sonrisa de Princesa la había dejado pensando en el plan que seguramente tendría si es que lucía tan confiada.
»Oh no… ustedes, ustedes se irán al infierno.
Sin perder el hilo de la historia, Blossom negó con la cabeza, intuyendo lo que pasó luego.
Ella misma había enfrentado a Buttercup luego de que ésta fuese provocada, y debía decir, que los moretones que sufría luego no se le quitaban al cabo de unos días.
Su predicción sobre los acontecimientos posteriores a la aparición de Princesa fue casi correcta… de no ser por algunos pequeños detalles que la hicieron prestar todo su interés a su hermana y no hacia sus importantes notas que no había logrado poner en el computador.
…
4 horas antes
…
—Oh no… ustedes, ustedes se irán al infierno.
Ante esas arrogantes palabras, los ojos verdes de Buttercup se desviaron lentamente hacia Princesa en señal de amenaza.
Si la pecosa perra no se quitaba de en medio realmente iba a extrañar algunos dientes y su horrible cabellera. Al ver que esa estúpida sonrisa no abandonaba ese feo rostro visiblemente operado, Buttercup se levantó dando un resoplido.
Varias chicas soltaron suspiros de miedo, levantándose de sus propios asientos para rejuntarse hacia atrás del aula. Ni siquiera el profesor, quien conocía bastante bien la tensa relación de las tres chicas que tenía en su aula, se atrevió a interrumpir.
Buttercup a diferencia de sus compañeras y hermana rubia, usaba el chaleco y no el suéter del colegio, además de que usaba unas medias oscuras que cubrían toda la piel de sus piernas. Sus zapatos, completamente destaconados resonaron un poco hasta que la morena llegó a posarse frente a Princesa. Buttercup era una chica muy alta, de hecho era 4cm más alta que Blossom y casi 10cm más alta que Bubbles. Por otro lado, debido a su intenso entrenamiento para superar en fuerza a sus hermanas, le habían hecho ganar más músculo que ellas, lo que por supuesto no la hacía poco femenina, pero sí aterradora para quienes se enfrentaban a sus puños.
Aún sin tacones Buttercup pudo mirar frente a frente a Princesa quien sí los usaba, y estúpidamente no se intimidó ni pidió disculpas por su interrupción a la llamada Bestia Jade, por los sobrevivientes a su poder.
—Déjate de ñoñerías, perra. ¿Qué es lo que quieres ahora? —se cruzó de brazos impaciente.
—Quiero la revancha —dijo con simpleza, chasqueando los dedos con una sonrisa.
Entonces por la puerta entraron 3 grandes (altos y fornidos) encapuchados oscuros con máscaras de goma raídas.
Un payaso. Cara blanca, ojos pintados de morado, labios y nariz de color rojo.
Un cerdo. Un tanto tétrico ya que los ojos al otro lado de la máscara no se veían por lo que las cuencas de la máscara permanecían negras.
Y un bebé. Como el cerdo, este era bastante difícil de mirar sin desear voltear la cara; una aterradora máscara en todo su esplendor ya que esta mostraba una sonrisa maliciosa y las cuencas de los ojos tampoco no se notaban por la capucha.
—Dahaka —llamó Princesa con una confianza ciega y malsana en su victoria—, elimínala.
El encapuchado con la máscara del cerdo dio un paso enfrente.
Todavía no creyendo que harían esto otra vez, Buttercup suspiró burlándose.
—Ya deberías saber cómo funciona esto, Princesa, y en qué va a terminar —obvio, en Buttercup golpeando la cara de la pelirroja—. ¿Ahora qué tipo de robot le pediste a Mojo que te fabricara? Porque lo destruiré como hice con el otro y esta vez haré que te lo com…
¡PUM!
Sin que nadie lo viese venir (ni siquiera la propia Buttercup), la chica salió disparada por la ventana mientras que en su lugar reposaba el encapuchado con el puño enfrente. Éste acababa de golpear a Buttercup a una velocidad tremenda.
Toda el aula se quedó en completo silencio.
¿Ya se mencionó que Buttercup rara vez podía ser golpeada y todavía más raro aún era que dicho golpe la moviese siquiera un poco?
Lo único que hizo que todos los espectadores despertaran fueron las carcajadas descontroladas de la pelirroja.
—¡Trágate esa! —exclamó Princesa dichosa, destornillándose de la risa—. ¡¿Te ha dolido?! ¡Espero que sí!
Entonces cuando menos la chica pecosa se dio cuenta, el encapuchado con la máscara del bebé detuvo el puño de Bubbles antes de que pudiese tocarle la cara.
A tan solo 4 centímetros, Princesa musitó entre furiosa y desubicada:
—Azrael.
Con una velocidad anormal, incluso para las PPG, Bubbles fue arrojada por Azrael por la ventana.
Ambos encapuchados salieron disparados por los agujeros creados por las chicas al ser repelidas con suma facilidad.
Entonces, fue el profesor quien reaccionó por el resto de sus perturbadas alumnas.
—¡Princesa, exijo una explicación de este acto tan violen…!
El encapuchado de la máscara de payaso se paró enfrente del profesor con una velocidad que hizo que el hombre diese un paso atrás cuando vio los ojos ennegrecidos del sujeto.
—Leraye, no le hagas daño al profesor, ¿no ves que quiere vivir un día más para poder aprobarme este año? —dijo Princesa riendo mientras se retiraba a paso lento siendo seguida por su acompañante en dirección al pasillo.
El salón se quedó frío.
¿Qué había traído Princesa consigo ahora?
¿Qué sería de Saltadilla y el mundo si esta vez las chicas no podrían detenerla?
Afuera del edificio del instituto, las chicas no se hacían esas importantes preguntas. Todavía no.
—¡Bubbles! —exclamó Buttercup atrapando a Bubbles cuando ésta bajó en picada al piso; los pies de la morena se deslizaron hacia atrás debido a la fuerza mientras ayuda a incorporar a su hermana, de pie, en el suelo―. ¿Te hizo daño?
—Estoy bien ―contestó Bubbles sacudiendo un poco su cabeza, recuperando la noción del tiempo.
Ambas hermanas se mantuvieron juntas y miraron con seriedad el sexto piso del edificio, justamente donde se alojaba los agujeros de las ventanas. Ambos encapuchados permanecían volando allá arriba, afuera de ellos.
Estaban sin hacer nada; como si la esperasen a ellas… o nuevas órdenes.
—Lo admito, me confié —dijo Buttercup entre dientes—, no volveré a hacerlo.
—No son robots, pero, si lo son, no serán fáciles de destruir… aunque insisto, no lo parecen —analizó Bubbles sin dejar de mirar a sus nuevos enemigos—. ¿Qué crees que sean realmente?
—Robots o no los derrotaré.
—¡Espera, Buttercup, no podemos subestimarlos!
—No lo hago —gruñó enojada.
Para cuando Bubbles miró preocupada a su hermana, notó que de la comisura del labio de Buttercup bajaba lentamente un hilo de sangre.
—Estás sangrando.
—Imposible, nadie puede hacerme sangrar —dijo entre dientes teniendo conocimiento pleno de la realidad.
La risa de Princesa resonó en la cancha polvorienta de carreras del colegio.
—Estás sangrando —aseguró feliz—, y sangrarás más.
Chasqueó los dedos una vez más y Dahaka voló en picada contra Buttercup quién lo recibió con una patada para repelerlo por un par de segundos.
Como si no le hubiese dolido ni un poco, el encapuchado dio un giro maestro y ágil, cayó de rodillas y con las puntas de los pies se impulsó nuevamente para encestar un golpe firme en el estómago de la Powerpuff verde. Haciendo un sonido ahogado, esta no se movió de su lugar aunque sus pies hayan sido arrastrados 3 centímetros hacia atrás. El golpe sí le dolió bastante, aunque eso no evitó que, furiosa, respondiese al contrataque con un gancho derecho a la sien del sujeto.
Buttercup fue por él, atraída por su deseo de victoria.
—Será mejor que te detengas, Princesa —le dijo Bubbles a Princesa aún con la mirada puesta sobre el sujeto de la máscara de bebé—. Recuerda que el derecho de tu padre por mantener sus bienes puede irse abajo si continuas haciendo destrozos por la ciudad.
—La fortuna Morbucks es infinita ahora —le dijo con suma superioridad—, y construir un par de veces esta ciudad de cuarta no es problema alguno para mí. Además, papá puede comprar la vida que quiera; y de hecho —su mirada se hizo más perversa que nunca—, ha comprado las vidas que quiero y me sirven para lo que deseo… y un poco más.
Bubbles frunció el ceño. ¿Comprar vidas? Eso sonaba demasiado horrible incluso para Princesa.
—¿De qué estás hablando?
Princesa sonrió arrogante chasqueando los dedos de nuevo. El sujeto de la máscara de bebé bajó del cielo justamente enfrente de Princesa dándole la espalda a Bubbles, ésta (seguramente) alzó la máscara, puso las manos sobre los hombros del encapuchado, le guiñó un ojo a la rubia antes de besar al sujeto tras la máscara.
¿Cómo lo supo Bubbles? Por los sonidos que Princesa se esmeraba en hacer mientras besaba a quien fuese que estuviese tras la capa; menos mal que no estaba viendo el espectáculo en todo su esplendor.
La rubia hizo una mueca.
—Qué asco.
Princesa se rio.
—Para mí no lo es —dijo lamiéndose los labios ya con poco lápiz labial rojo.
Tan solo verla haciendo eso fue más que suficiente para que Bubbles quisiera vomitar ahí mismo, pero lo contuvo.
—¿A qué te refieres con comprar vidas?
—No seas tan impaciente. Muy pronto lo sabrás… tú y tus hermanas —el hombre de la máscara de bebé se giró sobre sí mismo cuando estuvo cubierto de nuevo, Princesa chasqueó de nuevo los dedos llamando al sujeto llamado Dahaka—. Vámonos.
Esquivando un golpe de Buttercup, Dahaka dio un salto hacia atrás posicionándose a un lado de Princesa.
Sabiendo que esto podría volverse un problema si no actuaban con cautela, Bubbles detuvo a Buttercup cuando ésta intentó arremeter una vez más contra la chica pecosa, que riéndose prometiendo volver a verlas, se retiró campante del sitio.
Con cuidado, ignorando los reclamos y jaloneos de su hermana mayor, y con su súper visión de rayos x, Bubbles miró cómo Princesa llegaba al estacionamiento de la escuela, se adentraba a su limosina y los otros 3 también la seguían.
Hizo una mueca de asco otra vez cuando la vio llamar a uno de ellos con la mano para arrancarle la máscara y besarlo en una postura vulgar: con él arrodillado entre sus piernas y ella agachando la cabeza para tomarlo de los (aparentemente) largos cabellos.
—Maldita ricachona de mierda —escuchó decir a Buttercup, ésta estaba despeinada y con mucha tierra encima que iba sacudiéndose muestras despotricaba contra Princesa y sus muertos ancestros—. Hay algunos tipos ricos como Batman o Iron Man que usan sus millones y habilidades para hacer cosas positivas por sus ciudades, pero no —escupió sangre al piso—. A nosotros tenía que tocarnos Lex Luthor con un montón de cabello, casi nada de cerebro y un montón de tiempo para derrocharlo en estas idioteces. Me pregunto por qué rayos su padre jamás la ha detenido, castigándola de vez en cuando por cada vez que destruye la ciudad. Mira nada más con lo que nosotras debemos aguantar por su incapacidad como padre para controlar a la perra ambiciosa que tiene como hija.
La rubia soltó a su hermana cuando la notó rendida. Para su mal augurio Princesa en una cosa sí tuvo razón:
Buttercup estaba sangrando más.
Lo que sólo quería decir que la chica morena, en cualquier momento, iba a ir en busca de la redonda cabeza de esa pretenciosa, de una forma u otra, cuando ni ella o Blossom pudiesen detenerla. Si en algo Buttercup se había especializado, era en cobrarse sus venganzas sin que sus hermanas interviniesen o siquiera lo viesen venir.
…
Blossom ya tenía toda su atención puesta sobre el tema.
Así que Princesa se había hecho de aliados poderosos que le cubrían las espaldas y aparentemente uno de ellos era su amante.
¿Acaso ganarían dinero o como Bubbles lo había predicho antes, eran robots muy bien fabricados?
Sea como sea, esta pintaba para ser una de esas ocasiones en las que las tres iban a tener que investigar y luego contraatacar para vencer. Iba a tomarles tiempo, pero no iba a ser imposible vencer a Princesa. La prioridad era la estabilidad de la ciudad y sus habitantes.
Blossom en serio no quería llevarse mucho de su tiempo en esto. Tenía demasiado trabajo propio por hacer.
—En el tiempo restante de clase, Buttercup no me dijo nada más —agregó Bubbles—, sólo se lavó la cara en el baño y después fuimos al Ayuntamiento para informar al Alcalde que Princesa podría estar intentando algo. Miss Bellum dijo que por el momento era mejor mantener vigilada a Princesa ya que el señor Morbucks no estaba en el país, aparentemente ahora se encuentra en un viaje de negocios en Inglaterra y no regresará hasta dentro de dos semanas —terminó de narrar.
Maravilloso, dos semanas para que el tipo gordo haga "nada". De no ser porque no era tan fácil para ellas invadir otros países con el fin de llevarse en custodia al señor Morbucks, sólo porque su hija estaba haciendo de las suyas otra vez, Blossom ya había salido a dar una vuelta a Inglaterra.
Soltando un suspiro, Blossom se tocó los labios, pensativa.
—Dices que ese tal… Dahaka… hizo sangrar a Buttercup; eso nadie había podido hacerlo hasta hoy. Bueno, sólo uno que otro monstruo, pero nada que fuese de su tamaño.
—En realidad él era más alto que ella —informó Bubbles con cierto nerviosismo. Blossom entrecerró sus ojos sobre ella.
—Bubbles.
—Ya sé. Ese no es el punto.
La pelirroja se rascó la cabeza terminando de beber su batido.
―Bubbles, ¿recuerdas los nombres de los encapuchados?
―Ehm… recuerdo dos solamente. Dahaka y Az… Azrael… —hizo una cómica mueca que reflejaba su duda—, o algo así, era un nombre raro. El otro no lo conozco, pero si por algo Princesa no lo presentó seguramente fue porque ese lo guarda para ti.
Los ojos de Blossom se agrandaron por la sorpresa.
―¿Qué te hace pensar eso?
―Porque… qué coincidencia que sean tres enemigos, que haya directamente hacia nosotras, y que ese tal Dahaka haya podido hacer lo que ningún otro enemigo había podido hasta hoy. —Blossom asintió, captando la idea.
―Hacer sangrar a Buttercup.
―¿Crees que haya sido todo parte de un plan?
―O la primera parte de uno. Demasiado elaborado para que sea de Princesa.
―Recibió ayuda, ¿cierto?
―Pero, ¿de quién? —Blossom asentía.
―¿Mojo?
―Lo dudo, desde aquella última ocasión dudo que Mojo vuelva a confiar en Princesa.
Se refirió a cuando la niña, teniendo 6 años, hizo un pacto con el simio para darle poderes a ella y revocarles a las chicas los suyos. Resultado: el láser que iba a arruinar a las chicas interceptó a Princesa, ella perdió sus poderes, Mojo su libertad (de nuevo) y aparentemente la insoportable chica jamás aprendió de esa lección.
―¿Him?
―No creo que sea su estilo, él suele gustarle hacer las cosas por sí mismo, manipular a otros y dejarse ver desde el primer momento; no es de aquellos que se oculta todo el tiempo disfrutando de la diversión desde lo lejos. Le encanta estar en la primera fila.
Bubbles concordó.
―¿Fuzzy? ―Blossom alzó las cejas, divertida; Bubbles se rio―, olvídalo. ¿Pero entonces quién?
―Se acaban las opciones y no llegamos a nada. Creo que será mejor aplicar el consejo de Miss Bellum y no caer en los juegos de Princesa, mantenerla vigilada a ella y a sus nuevos secuaces.
―Espero que Buttercup no haga nada arriesgado.
―Sólo por no decir "estúpido".
―Hermana, ya sabes que no uso ese lenguaje tan vulgar.
Blossom se rio de Bubbles.
Lo que ninguna de las chicas sabía era que mientras ellas reían, tratando de olvidarse de Princesa por un par de horas, Buttercup había escapado por la ventana de su habitación con dirección a la Mansión Morbucks.
―FIN DE CAPÍTULO―
Bueno, sé que no es el GRAN cambio pero hice lo que pude. Actualmente tengo algunas ideas para este fic y quisiera llevarlas a cabo.
Para quienes me leen en otros fics de otros fandoms quiero aclararles que no pienso dejar ninguno de mis proyectos. Sin embargo mi inspiración se inclinó hacia esta historia y quisiera aprovecharla al máximo. Gracias por seguirme.
Ahora, ¿qué rumbo llevará especialmente este fic? Sencillo. Princesa va a demostrarles a las chicas y a todos quienes la subestiman que es más peligrosa de lo que creen. ¿Veremos a Him o Mojo? Indudablemente; varios villanos se unirán a la fiesta (o así lo tengo planeado) pero aún no sé quienes. Pero de que Mojo y Him están asegurados lo están.
¿Escribiré algunas escenas yaoi? No lo creo. No soy nada buena en este campo y lamentablemente deberé decirles que todos los personajes acá son heterosexuales. ¿Para qué aclarar eso? Bueno eso también es sencillo. Lo descubrirán hasta el capítulo 3.
Gracias por leer nos mantendremos en contacto. Gracias.
Última fecha de modificación: 17/11/2020.
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