CAPÍTULO

II

Almas Perdidas


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Luego de tan agitado y muy preocupante día, los rasguños de Bubbles habían desaparecido de su cuerpo; la joven rubia se había dado una ducha mientras pensaba en el asunto de Princesa.

Luego de haberse puesto un atuendo más cómodo, fue hasta la habitación de su hermana.

—¿Buttercup? —tocó la puerta dos veces—, Buttercup… ¿quieres comer? Blossom preparó una deliciosa cena —no oyó respuesta, así que insistió—. Vamos, por favor, sal de ahí.

Bubbles abrió la puerta aún con el peligro de enfrentarse a la furia de su hermana volátil, quién odiaba que entrasen a su habitación sin permiso. Casi al instante, Bubbles deseó ver a Buttercup echada en su cama leyendo una revista deportiva y lista para regañarla.

Pero no había nadie, y Bubbles conocía bien a su hermana como para saber por qué no estaba en su alcoba.

Primero, y sólo para asegurarse, Bubbles corrió al baño y también abrió la puerta sin avisar.

Nada.

Oh, cielos.

—¡Blossom! —alarmada, y con su súper velocidad, Bubbles bajó a encontrarse con su otra hermana, quien estaba en la cocina.

Bubbles no necesitó decirle nada; solo con verle la cara, Blossom comprendió que Buttercup necesitaba un coscorrón en su cabeza para comprender que debía dejar de ser tan impulsiva.

Saliendo rápido de la residencia Utonio, las dos hermanas fueron en busca del miembro faltante de su equipo, y ya sabían dónde encontrarla. Sin embargo, Blossom estaba bastante fastidiada y su cara la delataba.

—Diablos, no puedo creer que me haya esforzado en hacer su platillo favorito por nada ―masculló entre dientes, volado por el cielo oscuro junto con Bubbles.

—Me preocupa que haya ido en busca de Princesa —dijo eso aunque sabía que eso era lo único probable, y por eso estaban dirigiéndose hacia la ubicación de la mencionada—. ¿Crees que en serio haya sido tan imprudente?

Como si Buttercup la hubiese escuchado, una explosión resonó al frente donde se ubicaba la gran Mansión. Blossom apretó los puños y Bubbles puso los ojos en blanco, soltando un suspiro resignado.

—Fue en busca de Princesa —declaró Blossom duramente entrecerrando sus ojos, «Buttercup pagará por esto» pensó molesta.

Y es que Blossom no podía creer hasta dónde llegaba la impulsividad y el temperamento irritable de su hermana de ojos verdes; ahora los planes que tenía la líder de ir lento y atacar por sorpresa se habían ido al cuerno.

No había en el mundo muchas cosas que hicieran enfadar a Blossom más que ver que su propia sangre la traicionara así.

¡Maldición si enfrentarse a uno de los nuevos aliados de Princesa la hizo sangrar así no quería imaginar qué podrían hacerle los tres!

La preocupación y el deseo de estrangular a Buttercup se mezclaron en el interior de Blossom como si su corazón fuese una licuadora.

Ambas chicas fueron rápidamente hasta donde una nube de humo negro se alzaba en el cielo y dos estelas verdes combatían una contra la otra. Un gemido de sorpresa se escapó de las bocas de las dos hermanas, al ver a dichas luces, caer al suelo; a lo lejos.

—¡Blossom! —señaló Bubbles al darse cuenta de lo que esas estelas de luces significaban—. ¡Eso es…!

—¡Sí! —espetó la pelirroja haciendo encajar todas las piezas del rompecabezas—. Ya lo vi.

Los ojos rosados se posaron en la estela verde con el tono profundo. La que brillaba por su tono oscuro sobre el claro.

A diferencia de Blossom, quien permanecía seria y analítica con la situación, Bubbles hizo un gesto preocupado.

—¿Ese no es acaso un…?

—¿Un qué? —preguntó Princesa, burlona, atrás de ellas.

—¡Princesa! —exclamaron ellas girándose para encontrarla donde menos se lo imaginaron.

La sorpresa fue mayúscula cuando la encontraron volando.

El encapuchado de la máscara de payaso y Azrael (Bubbles reconoció la máscara de bebé) se mantenían atrás de Princesa Morbucks, quien poseía su dichoso traje amarillo. Blossom miró esa copia barata para zorras, idéntica a los antiguos (e infantiles) trajes de las chicas, con mucho asco.

Verla portando algo así…

Algo que las involucraba a ellas, pero al mismo tiempo lucía como un babydoll barato sacado de la peor revista para adultos…

Siendo usado con orgullo por la enemiga de las heroínas que, de cualquier modo buscaba, lo que ellas tenían desde el nacimiento; fue un gran insulto al honor de la hermandad.

Blossom se sentía ofendida en muchos sentidos.

—¿Cómo es que puedes volar? —cuestionó Blossom ya no tan sorprendida de verla levitando.

Si tan solo Princesa no fuese bien conocida por ser una Cajita de Sorpresas, Blossom realmente habría caído en terror, pero no dudaba ni por un segundo que la villana hubiese logrado encontrar otro modo de conseguir poderes.

—El dinero puede hacer que cualquiera pueda volar.

Manteniéndose callada, Bubbles entrecerró sus ojos sobre su adversaria.

Maldita sea el momento en el que las hermanas creyeron que Princesa iba a ser suprimida después de que el alcalde dictase la amenaza de demandar, en nombre de toda Saltadilla, al magnate Morbucks si su hija volvía a atacar dicha ciudad. Era claro que sólo había una forma de deshacerse de Princesa.

—Mientes, el dinero no lo consigue todo —dijo Blossom con seriedad—, pero… —los ojos rosas hicieron un recorrido por los 2 que estaban junto con la pelirroja—. Aunque así fuese, esos dos no son robots que hayas comprado en un supermercado, ¿o sí?

—Eso es evidente ahora en medio de la oscuridad —dijo maliciosa, refiriéndose a la luz verde, ajena a la de Buttercup, que las hermanas ya habían visto y señalado como punto clave para reconocer a quienes se estaban enfrentando—. Me sorprendería que no se hubiesen dado cuenta ya. Aunque admito que no esperaba que Buttercup viniese por cuenta propia hacia mí, es una lástima, me ha arruinado el plan que tenía para ustedes.

Alzando una ceja, Blossom se cruzó de brazos. Así que Buttercup le había arruinado el plan de la pecosa… bueno, sólo por eso le perdonaría que le haya ruinado el suyo.

La líder suspiró.

—Ya no somos unas niñas. Seamos civilizadas, Princesa. Estás a un sólo paso de ser demandada por todo el dinero que tiene tu padre (o quizás más) si no paras con esto, ¿de verdad estás dispuesta a hacer algo tan estúpido como intentar vencernos estando en Saltadilla y aún peor, en territorio americano?

Evidenciando lo pobre que seguía siendo, en cuanto a su sentido común, Princesa se rio de ella. Sea cual sea su plan actual, Blossom prometió que la vería caer como siempre.

Y mientras más rápido, mejor.

—No, no lo hago —dijo entre risas—, y realmente no creo que esa amenaza te sirva de mucho ahora.

—¿A qué te refieres?

—¿Tú crees que haría esto sin tener un plan? —la sonrisa de Princesa fue suplantada por una mueca de enfado—. ¡No me subestimes! —alzó una mano y exclamó como si fuese una emperatriz del antiguo mundo, dando órdenes a sus soldados—: ¡Destrúyanlas!

Los 2 hombres que estaban ahí, flotando junto a Princesa, se movieron rápidamente para interceptar a las chicas.

Tan rápida como fuerte, Blossom pudo atraparle las manos al sujeto de la máscara de payaso mientras que Bubbles apenas pudo protegerse la cara mientras Azrael, con una brutal tacleada, la alejaba del cielo y de su hermana, para llevarla en picada contra los pinos que rodeaban la Mansión Morbucks.

Una nube de tierra se alzó cuando ambos cayeron.

—¡Bubbles!

—¡No te preocupes por ella! ¡Preocúpate por ti! —gritó Princesa, degustando de llevar la delantera—. ¡Qué esperas, Leraye! ¡Mátala!

«¿En serio busca matarnos?» sintiendo un mal presagio, Blossom se enfocó en no dejarse vencer de ninguna manera.

Princesa en el pasado siempre buscó formas de destruirlas, pero hasta hoy, no había usado la palabra matar con tanta euforia, y eso le dio a entender a Blossom que, quizás, por el bien de Saltadilla, esta tendría que ser la última vez que lidiasen con ella.

Tenían que vencerla, a ella, y a sus aliados.

Esquivó un par de golpes, usualmente Leraye podía golpear su abdomen y vientre, cosa que debilitaba la resistencia de Blossom; pero ella no daba marcha atrás, lo golpeaba en la cara, en los costados y a veces en las rodillas y antebrazos. Lo sorprendente era que a pesar de que muchos de sus golpes conectaban, la líder notaba que él no mostraba dolor o siquiera la mínima muestra de interés en eso. Golpeaba con fuerza, peleaba con una maestría tal que por un segundo Blossom se sintió en una posible desventaja.

«Esto es malo» le dio una patada que lo apartó de ella, lo vio flotar sin verse o escucharse agitado, «¡mis golpes no le hacen daño!»

Luego, Blossom echó una mirada rápida a la cabeza de todo este embrollo. Desde su postura, Princesa sonreía en su dirección.

Ella estaba segura de que iba a ganarles.

Esto era muy malo.

Bubbles se quitó de encima a Azrael con un rodillazo en el abdomen. Se levantó de un salto y se posó sobre la tierra mientras lo veía. Permanecía ahí, en cuclillas con las puntas de los dedos rozando la tierra y sus ojos fijos en ella.

Esa máscara le daba terror y más por cómo se veía portándola. Como si la analizara. Como si pudiese saborear su miedo.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Bubbles con el corazón latiéndole fuerte—, ¿acaso se han aliado con Princesa? ¡Desde cuándo es su estilo! —le cuestionó, viendo, cómo su atacante se incorporaba, casi con elegancia.

Permanecieron ahí hasta que un destello carmesí iluminara en cielo.

—¡Blossom! —exclamó alzando la mirada.

Grave error.

Porque al momento en el que lo hizo, una mano sujetó su cuello y para cuando Bubbles sintió el agarre, el puño de Azrael conectó bestialmente contra su estómago. Bubbles pudo haber salido disparada por la fuerza, pero no lo hizo ya que el sujeto la sostuvo del cuello fuertemente antes de dar el golpe.

A punto de perder la noción del tiempo y de sí misma, Bubbles, sin quererlo, escupió sangre sobre la máscara.

Después fue alzada como si fuese nada, y azotada contra la fría tierra negra.

Más sangre salió de su boca.

Si hubiese sido humana, ese golpe le habría separado el torso de la cabeza, seguramente.

Ella intentó quitárselo de nuevo, pero antes de siquiera poder pensarlo, Azrael dio un fuerte puntapié en su pecho. Gritó por el dolor mientras se enterraba 20cm más en la tierra.

Tosió más sangre, se sostuvo el abdomen como pudo y sin verlo venir, una ráfaga de rayos eléctricos azules la tomaron.

Blossom se recuperó de ese gran resplandor que la cegó por un par de segundos dándole la oportunidad a su oponente de darle un puñetazo en la cara. No voló demasiado lejos cuando se detuvo y repeló un nuevo ataque usando una patada al estómago que lo alejó de ella. Podían dejarla casi ciega, pero ella era muy buena sintiendo las presencias de sus enemigos aun cuando no tuviese los ojos abiertos.

De ese modo, Leraye y ella intercambiaron un par de golpes en el aire hasta que el suelo se iluminó de azul y el ambiente tranquilo fue interrumpido por el grito sónico de Bubbles.

No te distraigas; ellas estarán bien.

Pero su mente no pudo contra su corazón, ese que imploraba que sus hermanas pudiesen contra estos nuevos enemigos.

¿Cómo diablos es que esos dos se habían vuelto tan fuertes? Es decir, en el pasado lo habían sido; llegando a ser de sus enemigos más letales, sin embargo, parecía que sus poderes se habían multiplicado.

Sólo bastó un segundo de distracción para que el sujeto la tomase del cuello con la mano izquierda y de ella irradiara un profundo calor que nunca había sentido antes. Leraye acercó a la cara de Blossom la mano que tenía libre, entonces se encontró con el peor todo de rojo que alguna vez vería en los ojos de alguien.

Blossom un acto de desesperación y falta de aire, le daba rodillazos a las costillas sin el éxito deseado. Y para cuando la líder se dio cuenta de lo que tenía enfrente, el fuego que se originó desde la mano que tenía sobre la cara alcanzó su cuerpo. Un fuego con una mayor intensidad del propio sol que la hizo gritar.

—¡Sí, sí! —exclamaba Princesa viendo el espectáculo.

Buttercup voló hasta donde se encontraban sus hermanas, ya había obtenido lo que deseaba.

Si había que ser sincera, ella nunca pensó que sus hermanas la seguirían; pues no sabían de su plan. Porque a diferencia de lo que muchos creían, Blossom no era la única de las 3 que sabía usar el cerebro.

Su ropa estaba casi desgarrada, su cara ensangrentada y su resistencia estaba a un paso de caer ante el cansancio y el dolor en sus articulaciones y músculos.

Pero al menos había obtenido algunas respuestas. Y esperaba que fuesen de utilidad.

—Maldita sea —masculló viendo a Blossom envuelta en fuego y al encapuchado sosteniéndola para evitar que escapase.

Y abajo estaba lo peor: Bubbles neutralizada en el suelo con el otro encima de ella, quién sosteniendo la rubia cabellera, azotaba una y otra vez la cabeza de la chica contra el piso.

Hace unos minutos escuchó el gritó sónico de su hermana, pero al parecer ese maldito logró someterla.

Debía ayudar a una, ¿pero a quién?

El sonido de algo quebrándose despejó al segundo toda duda de Buttercup quién voló en picada contra el oponente de Bubbles alejándolo de ella.

El mencionado salió disparado contra los pinos; Buttercup tomó a Bubbles entre sus brazos y usó su visión de rayos láser para distraer apenas al oponente de Blossom dándole la oportunidad a ella de usar su aliento de hielo, alejando tanto al encapuchado como a Princesa.

Acomodándose el esponjoso cabello, la chica Morbucks ordenó a sus aliados que se detuvieran, cuando los vio moverse en dirección a las chicas que huían.

—Huyen como cobardes. No hay necesidad de seguir a unas cobardes —se llevó una mano a los labios sintiendo el dulce sabor de la victoria—. Al parecer las cosas en Saltadilla no estarán bajo control durante un largo tiempo —se burló riéndose ruidosamente antes de agregar excitada—: vamos a casa, es hora de celebrar.

Temblando, Azrael alzó las manos para verlas mirándolas fijamente, por la máscara, Princesa no cayó en cuenta de esa acción. Pero él no estaba para ella.

Azrael sintió sus manos más frías de lo usual; las vio ensangrentadas, enlodadas, y con algunos cabellos dorados alrededor de sus dedos, los cuales movió sintiéndose… extraño.

Un par de ojos azules se asomaron bajo la máscara por breves instantes…

¡Azrael!

Pero la voz de Princesa hizo que el azul fuese opacado por el rojo oscuro otra vez.

Los 2 siguieron fielmente a Princesa hasta la mansión, donde los esperaba el tercer encapuchado, sentado en la fuente encendida con una pierna sobre la otra.

Princesa se mordió el labio al verlo.

—Espero que el chef prepare un delicioso banquete hoy —musitaba Princesa masajeándose los pechos de forma descarada mientras caminaba enfrente de sus 3 secuaces—. Tengo tanta hambre.

—¡Detenla! —exclamó Blossom poniendo a Bubbles sobre una camilla metálica, la cual se bañó en sangre.

La pequeña rubia mecía los brazos y se retorcía como una lombriz bajo la sal. En sus actuales condiciones las hermanas tuvieron problemas en transportarla y más en intentar curar sus heridas.

—¡Eso hago! ¡Basta, Bubbles! ¡Somos nosotras!

Sin embargo, no importaba lo mucho que le llamasen, el cuerpo de Bubbles, desconectada de su mente, aún reaccionaba como si siguiese peleando contra su adversario.

Dejando a Buttercup a cargo de la rubita, Blossom fue rápido por el botiquín de primeros auxilios. Lo abrió y tomó lo necesario para estabilizar a su hermana. Con el cráneo quebrado como un huevo y con las heridas sobre el resto de su cuerpo, ahora más que nunca las chicas podían agradecer el hecho de no ser humanas.

El Profesor les había dado tácticas de supervivencia, así como también las había enviado a cursos de enfermería y auxilio, y con esos conocimientos las había armado para enfrentarse a situaciones difíciles como esta.

Nunca, hasta esa noche, habían necesitado de dichos conocimientos.

Incluso necesitaron un poco de Sustancia X que inyectaron con ayuda de una aguja en el torrente sanguíneo de Bubbles antes de usar anestesia y suero.

Las dos hermanas también estaban heridas, Blossom tenía quemaduras de segundo grado en la cara y pecho (desnudo por la desintegración de la ropa) y estaba segura de que tenía un par de costillas rotas.

Buttercup por otro lado tenía el hueso de una pierna dislocado, la cual (solo después de neutralizar a Bubbles) acomodó de un solo golpe, el grito lo ahogó entre sus labios. Y sin más remedio se tragó el dolor inmenso en su espada y cuello. La sangre aún no dejaba de salir de su brazo izquierdo debido a un largo corte vertical que escalaba desde su codo hasta su hombro.

Nada más estabilizar a Bubbles y dejándola dormir bajo la anestesia junto al suero al lado de la cama, las dos hermanas se pusieron a trabajar en sus propias heridas.

—¿No me dirás nada? —preguntó Buttercup enyesándose la pierna.

Para mañana estaría mejor, pero por el momento debía hacer esto. Ya había vendado su brazo y lavado su boca.

—¿Qué quieres que te diga? —respondió Blossom untándose una mezcla viscosa y verdosa de hierbas y otras sustancias en la cara, pecho, brazos y abdomen; toda zona que, al tener contacto hasta con el aire, quemaba como el infierno.

Pero la furia almacenada en Blossom era mayor al dolor.

Y mientras estaba ahí, con los ojos cerrados y con la mezcla haciendo su efecto casi instantáneo, Blossom juró romperle la dentadura a Princesa la próxima vez que la viese.

Una cosa era quemarla a ella hasta los huesos, otra muy diferente era amenazar de ese modo la vida de sus hermanas; aunque ahora mismo deseaba darle un puñetazo a Buttercup. Eso sin contar que toda la ciudad también estaba en futuros problemas como no detuviesen a esos cuatro.

—No lo sé —resopló Buttercup.

—Idiota —masculló Blossom, por el único motivo por el cual no quiso ponerse a gritar era porque Bubbles necesitaba descanso y porque esa zona subterránea en el laboratorio era el único sitio en el cual podrían tratarse sus heridas sin causar desastres innecesarios en las habitaciones, la sala o la cocina.

Buttercup chasqueó la lengua, buscando defenderse y no sentirse tan responsable.

—No les pedí que me siguieran.

—Eso es evidente, ¿qué hubiese pasado si no hubiésemos estado ahí?

—Cierto, pero no puedes culparme de todo esto.

—¿No? —gruñó la pelirroja—, ¿qué no? No me vengas con eso, imbécil.

Los ojos verdes se conectaron con los rosados; la líder estaba irradiando furia y frustración. Buttercup se preparó para un sermón de 10 horas sobre el por qué esto había sido su culpa, y para peor iba a tener que tragárselo entero.

Y mientras las chicas se preparaban para una larga recuperación, en la Mansión Morbucks se hallaba un espectáculo morboso lleno de lujuria y satisfacción por una victoria aplastante.

Claro, solamente por un lado.

—No… pu-puedo… cre-creer… qué… mí… plan… ¡aahh!… haya… fu-funcionaaaado —gemía la pelirroja sobre un joven de cabellos negros y ojos color rojo oscuro, cuya expresión era nula.

El calor, el deseo y la larga resistencia de Princesa pudieron con la opaca pasión de su compañero, el cual culminó sin decir ni media palabra. Princesa echó la cabeza hacia atrás sintiéndolo en su interior.

—Sí, esto me gusta —meció un par de veces sus caderas sobre las de su amante y cayó rendida hacia atrás, de espaldas y con el cuerpo desnudo sobre la cama.

Se durmió apenas recuperó el aliento.

Por otro lado, el moreno de melena larga hasta los hombros se sentó y como si todo movimiento fuese una cadena de acciones marcadas por un reloj, le echó una sábana encima a la pelirroja, se puso la raída ropa oscura junto con la capa y la máscara, y se marchó de la alcoba cubierta de objetos color rosa y muchas joyas.

Dicha sombra arrastró los pies por el pasillo encontrándose con muchos sirvientes que esperaban una sola llamada de la joven Princesa para entrar en acción, y sin prestarles atención tomó el elevador que ascendía y descendía únicamente del corredor a la habitación de la pelirroja hasta otro pasillo enorme y oscuro que guiaba a muchas puertas metálicas.

Al llegar a la puerta principal del fondo al final del pasillo, el chico la abrió lentamente encontrándose con los otros 2 que se mantenían sentados, arrinconados en las paredes lejos el uno del otro, encerrados en sus propios mundos y con las miradas perdidas.

El moreno cayó de rodillas y después de cara contra el suelo.

Nadie dijo nada.

Y es que a estas alturas ya no había nada que decir.

Salvo…

—¿Hasta cuándo soportaremos esto? —preguntó el chico apegado a una esquina al fondo, quitándose la máscara de bebé.

—¿Eso importa? —inquirió el de la máscara de payaso, quitándosela también, apegado a la esquina un poco alejado de la puerta.

Los ojos azules, y rojos de tono un poco más claro que el anterior, se encontraron antes de bajar las miradas al suelo.

—Quién sabe —musitó el moreno aún con la cara contra el suelo—, pero sigo diciéndolo, tener que fornicar con ella es espantoso.

Y vaya que los otros 2 lo sabían. Menos mal que en esta ocasión sólo había escogido a uno de ellos… y no a los 3.

¿Por qué menos mal?

Porque Princesa tenía la insana y repulsiva costumbre de hacerlos besarse y tocarse entre ellos.

Curiosamente la excitaba más verlos a ellos, que unírseles, cosa que los hacía retorcerse y vomitar (si es que tenían el lujo de comer algo) nada más alejarse de la atenta mirada de ella.

Pero, después de años así… uno comenzaba a dejarse llevar, a aceptar su destino sin rechistar, y a bajar la cabeza mansamente ante las órdenes, por muy vomitivas que estas fuesen.

—¿Cómo me llamo? —cuestionó el rubio, con una voz apagada.

—¿Butch? —inquirió el moreno.

—¿Y ese no es el tuyo, idiota? —masculló el pelirrojo.

El mencionado arqueó una ceja.

—¿Entonces… Brick?

El pelirrojo se quedó pensativo.

—¿El mío cuál es?

—¿Acaso no te llamabas Boomer? —susurró el rubio a su hermano… y no muy reciente, obligado amante.

¿Cuántos años llevaban ahí?

¿Cuánto tiempo tendrían que vivir así?

¿Cuándo serían libres nuevamente?

Ninguno de ellos lo sabía, lo único que sabían, era que odiaban tener sexo entre ellos.

Era demasiado repulsivo, como doloroso. Era una de las peores cosas que podría pasarle por encima al hígado de cualquier hombre heterosexual y además de alguien que veía a sus hermanos como lo que eran. Y que aunque en la actualidad les costaba verse a las caras después de la primera vez, ya hace mucho tiempo desde aquello, y que ahora poco o nada les importaba si ahora mismo Princesa les pedía un nuevo espectáculo.

Después de quedar en silencio nuevamente, el moreno miró de reojo al chico rubio, el cual se estremeció cuando éste observó bien la sangre seca que se había quedado en la máscara y sus dedos.

«Espero no haberme equivocado contigo» pensó este, cerrando levemente sus ojos verdes, recordando su último encuentro con esa chica.

Y el nombre de ésta, un nombre que en silencio juró atesorarlo en el más profundo de los secretos, también lo tuvo bien claro en su cabeza.

Definitivamente, si había hecho la elección correcta, tanto él como sus hermanos tendrían una oportunidad de ser libres; de haberse equivocado, entonces bien podrían seguirse retorciendo en el averno por unos cuantos años más hasta morir.

—FIN DE CAPÍTULO—


Nota antigua:

Ajajá.

Miren nada más esa calidad de edición papus. Jajajaja, perdonen, tenía que decirlo.

Ok. Faltaría un sólo capítulo por editar y retomar esta historia. ¿Alguien más sufre por nuestros queridos chicos? Yo sí, pobrecitos. Princesa realmente ha alcanzado un nuevo nivel de maldad y dudo que sea fácil hacerla caer.

¿Ayuda de quien estará recibiendo? ¡Hagan sus apuestas! 7w7

Gracias por leer nos mantendremos en contacto. Hasta pronto.

JA NE!


Nota actual:

Si alguien se lo pregunta, sí, le cambié el título al capítulo. ¿Por qué? Porque pude jajajaja, y me gustaba más este que el anterior.

Wow, la verdad es que ya no sé cuántas veces voy a seguir corrigiendo este fic. Ojalá esta sea la última y ya pueda seguir hasta terminar la historia.

Verán, me desuní de este fandom por mucho tiempo... mi culpa, lo sé. Pero en serio quiero terminar esta historia, así que le voy a echar ganas para hacerlo.

Si desean pasar a las notas que hay en mi perfil, les muestro los fics con los cuales voy de la mano para concluir; si desean, pueden preguntarme cualquier cosa al respecto. Sólo tengan claro que esta historia es de mis prioridades para concluir entre este año y el siguiente.

Saluditos hasta pronto.


Última fecha de modificación: 20/11/2020.


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