Capítulo 2

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Ahhh~…Traer niños al mundo. Una tarea en definitiva…¡aterradora!

Es que de verdad que esta decisión fue, ¿cómo describirlo? Ah, sí, uno de sus tantos caprichos al principio. Debió haber pensado mejor las cosas. Aguarden, no se arrepentía se haber tenido sexo con Hirotaka, claro que no, si eso fue demasiado bueno, es solo que ahora que el bebé estaba en camino, digamos que las cosas no eran como se imaginó al conversar con Hana-chan.

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Durante la reunión donde la noticia fue revelada, un silencio abrumador se formó en la habitación. Ella estaba asustada, temblando con la prueba en su mano, Hirotaka la miraba pálido, Nao solo tenía un gesto de sorpresa y Kou, la chica sudaba la gota gorda, en mal momento asistió a una reunión familiar si ella claramente era un extraño.

Después del minuto eterno, Hirotaka reaccionó. La tomó de la mano y la arrastró hasta su habitación con el fin de tener algo de privacidad. Dentro, la atrajo hacia sí mismo y la envolvió en un tierno abrazo. Narumi temblaba, estaba asustada, él también lo estaba, pero ya era hora de que actuara como el hombre de treinta años que era y el cual también era consiente de lo que implicaba estar con la pelirosa.

-Narumi…lo siento. Si estás pasando un mal momento, lo siento. Yo…estoy muy feliz…pero, respetaré cualquiera que sea tu decisión.

-S-Si me abrazas de esa forma…cuál crees que será mi decisión, Hirobaka. -Le contestó ella suavemente mientras sus mejillas se sonrojaban. – Oye Hirotaka, vamos a tener un bebé.

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Luego de los sucesos, vinieron otros cuantos, como, por ejemplo, las felicitaciones de Nao y Kou. El rubio estaba que no cabía de la felicidad, su querido hermano estaba al fin con el amor de su vida, con una chica a la que él también quería como si de su propia familia se tratara y ahora, un sobrino o sobrina en camino.

Fue la primera vez en que Naoya abrazó efusivamente a su hermano en público.

El segundo momento, fue con sus amigos. Igualmente hubo felicitaciones de por medio, incluso Hana-chan mencionó que una vez los bebés nacieran serían amigos dado lo contemporáneos que eran.

Un dato importante, era que a la peliverde se le llenó el pecho de orgullo al saber que su plan había sido efectivo.

El tercer momento, fue con los respectivos suegros. Los padres de Narumi se alegraron en demasía, al fin su hija sentaba cabeza con un jovencito decente como Hirotaka. Siempre lo consideraron un buen chico, quizá un poco huraño, pero se notaba a leguas que apreciaba a su querida hija.

Los vecinos de la familia Momose, es decir, la familia Nifuji, más específicamente, los padres de Hirotaka, fueron la cara de la otra moneda. A pesar de estar contentos por la llegada de un nieto o nieta, el señor Nifuji no dudó en reprender a su hijo mayor por estar concibiendo niños sin estar casado aún, por mucho que la madre fuese Narumi. Durante varias horas, mencionó en repetidas ocasiones que ese no fue el ejemplo que le dio a sus hijos, ¡incluso llamó a Nao para advertirle!

En fin, una total odisea para los futuros padres.

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Decidieron vender sus respectivos apartamentos y naturalmente, comprar una casa para ellos y el bebé.

Fue complicado, en especial porque no tenía idea de cómo decorar la habitación del bebé adecuadamente, afortunadamente, uno de los tantos consejos que la familia Kabakura les dio, fue, el esperar a saber el sexo del bebé, así sabrían mejor qué hacer.

Justo aquí, es donde la verdadera fiesta comienza y volvemos al principio.

¡Estaba harta! Lo admitía, no se soportaba ni a ella misma. Odiaba todo, cualquier comida deliciosa se le hacía asquerosa y lo peor, lo que se le antojaba era cosas que harían vomitar a cualquiera.

Hirotaka sufría claramente, levantarse en horas de la madrugada no le hacía mucha gracia, especialmente porque no se le pasaba por la cabeza un lugar donde vendieran caldo de ramen con helado y fresas. Definitivamente, ese bebé era el final boss más difícil que ha enfrentado.

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Ese día en especial, asistieron a la cita de ultrasonido para saber el sexo del bebé. El vientre de la pelirosa estaba muchísimo más hinchado, pues contaba ya con seis meses de gestación. En ese punto en particular, Hirotaka se sentía el hombre más afortunado del planeta. Narumi era naturalmente hermosa, pero embarazada era lo más bello que ha conocido, simplemente no podía dejar de idolatrarla y de enamorarse cada vez más si podía.

Narumi también estaba impresionada. Hirotaka seguía siendo Hirotaka, pero a la vez había cambiado. ¿Cómo describirlo? Se volvió completamente un hombre de familia. Era dedicado a sus necesidades y las del bebé, trabajaba duro por los dos – ella también continuó trabajando, pero no jornada completa- se dedicaba a la mayor parte de tareas domésticas e incluso – algo que la entristeció- fue que dejó de lado sus videojuegos por una alta temporada.

Una sonrisa se formó en su rostro al recordar las palabras del varón:

"-Claro que extraño los videojuegos Narumi, pero ahora no son ellos quienes me necesitan, sino tú y el bebé. Además, te amo más a ti y al bebé."

Esa fue una de las pocas veces en las que él le dijo abiertamente que la amaba. Generalmente lo hizo cuando intimaban, pero en esa ocasión, un calor intenso en su pecho la invadió y no dudó en corresponder.

"-También te amamos Hirotaka!

-Mmm…muy bien, empezaremos justo ahora, señora Nifuji- mencionó la doctora.

¡Ah, sí! Se casaron a la semana siguiente que el padre Hirotaka los regañó. Fue sencillo, pero al mismo tiempo bello. Solo estaban ellos dos, sus amigos y padres.

-Colóquese esto por favor. El padre debe esperar por aquí a que ella se cambie.

Una vez acatada las indicaciones de la enfermera, la doctora a cargo procedió a echarle un gel en el vientre de Narumi y con un aparato empezó a esparcirlo.

-Iniciaré buscando sus latidos. Entendí que es el primer ultrasonido al que vienen, ¿cierto?

-Así es- respondió la pareja al unísono. No los culpen, todo había pasado tan rápido que lo había olvidado completamente.

-Bueno, debo decir que están de suerte. Ambos están en perfecto estado.

Silencio…

-¡¿A-Ambos?!- preguntó la pelirosa con una cercana crisis nerviosa.

-Así es. Como pueden ver aquí – dijo mientras señalaba el monitor- hay dos latidos. Eso significa que son dos bebés. Ahora, respecto del sexo…todo parece indicar que son dos niñas. ¡Muchas felicidades!

-Serán…gemelas…- la voz masculina interrumpió la habitación.

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En la habitación 24 A del hospital se escuchaba, en esa hermosa tarde de primavera, los estridente gritos y maldiciones de la pelirroja.

-¡Aghhhh! ¡Duele demasiado! ¡Maldición! – una histérica Narumi apretaba fuertemente la mano de su esposo. Hirotaka estaba concentrado en vigilar que Narumi y sus hijas estuvieran bien, era lo único que deseaba.

Fuera de la habitación, los presenten estaban tensos. Hanako se encontraba en una silla cargando un pequeño bulto, mientras que el pelinaranja la acompañaba. Los Momose miraban atentos la habitación al igual que los Nifuji y Nao, Nao tomó la mano de Kou en un intento de controlar sus nervios, pero aumentando los de la castaña que no se imaginaba qué hacía ella ahí en – repito – un momento familia, pero bueno.

Al final, la primera ronda de gemidos fue interrumpida por un potente llanto. La primera mini Nifuji había llegado al mundo. Todo alrededor de Hirotaka se detuvo cuando observó por primera vez a una de sus hijas. Era tan pequeña…tan indefensa.

Cuando la segunda mini Nifuji llegó, ambos padres se sintieron en paz. Ambas estaban bien, ambas estaban ahí junto a ellos, dormían una al lado de otra, en completa paz en el pecho de su madre y sosteniendo la mano de su padre.

Para Hirotaka, Narumi era la heroína más grande del mundo. Peleó como la mejor guerrera para que las niñas llegaran al mundo, dio todo de sí por ellas, de ahí que ahora era su turno de dar todo de él.

Ahhh~…traer niños al mundo era complicado, implicaba mucha madurez y responsabilidad, pero ahora, ambos estaban aún más completos.

-H-Hirotaka – lo llamó la pelirosa débilmente – gracias a mí, acabas de romper la maldición Nifuji de solo tener hijos varones.

La sonrisa de ella así, sudorosa, sonrojada, despeinada, juguetona, agitada y con sus pequeñas, simplemente eran su universo, venció a ese par de final boss, aunque estaba seguro de que el vencido era él. No podría negarle nada a sus tres chicas.

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Fin.

Bueno, ya pueden llorar, gritar y vomitar arcoíris tal como yo lo hice. Espero que lo disfruten muchísimo. ¡Besos y nos leemos!