-Aquí termina el capitulo – anuncio Dumbledore – ¿quién quiere leer ahora?
-Yo profesor – dijo Sirius y todos se le quedaron viendo - ¿Qué? Este libro si me gusta, a demás presiento que el siguiente capítulo mi ahijado hará algo muy divertido – termino diciendo con un sonrisa.
-Bueno Sirius como quieras, solo empieza a leer – dijo Remus.
-Ya voy lunático, que desesperado eres – bufo Sirius, buscando la página donde comenzaba el siguiente capítulo – ¡aja! Aquí esta y se llama – cuando vio el titulo se le ilumino el rostro con una sonrisa traviesa - El vidrio que se desvaneció.
Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley sedespertaron y encontraron a su sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive nohabía cambiado en absoluto.
-Siempre está igual – comento Harry.
El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba elnúmero 4 de latón sobre la puerta de los Dursley y avanzaba en su salón, que era casiexactamente el mismo que aquél donde el señor Dursley había oído las ominosasnoticias sobre las lechuzas, una noche de hacía diez años. Sólo las fotos de la repisa dela chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había unagran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros dediferentes colores,
-Jajajajajajaja – se empezaron a reír los chichos del futuro, aunque Hermione hacia esfuerzos monumentales para no soltarse a reír como sus amigos, interrumpiendo la lectura de Canuto.
-¿De qué se ríen? – Pregunto este extrañado y vio a los demás, que también estaban extrañados por la actitud de los chicos.
-Tú solo jaja sigue leyendo jajaja – respondió Neville.
pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño,
-Jajajajajajajajajajajaja – ahora todos en la sala reían (menos ya sabemos quiénes), aunque los profesores y adultos, excepto Hagrid y Ted, trataban de no reír tanto.
-Harry tus descripciones son grandiosas – dijeron los GW y la mayoría en la sala estuvo de acuerdo.
y en aquelmomento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta,en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el ordenador, besado y abrazado porsu madre... La habitación no ofrecía señales de que allí viviera otro niño.
Ron, Hermione y Ginny gruñeron. Los otros Weasley se le quedaron viendo a Harry, pues los GW, Ron y su padre fueron por él para ir a los Mundiales de Quidditch y este al sentir las miradas de sus cuñados, volteo y les sonrió.
-¿Cómo que no había señales de que otro niño estuviera ahí? – dijo Elizabeth – se supone que mi hija te recogió al día siguiente.
-Tranquila abuela, ya saldrá – respondió Harry.
Sin embargo, Harry Potter estaba todavía allí, durmiendo en aquel momento,aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era elprimer ruido del día.
—¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!
-¡Esa no es forma de levantar a un niño! – Gritaron todas las mujeres de la sala, que están furiosas por la forma en cómo Petunia le hablo a Harry.
Este solo suspiro de forma cansada, si solo se ponían así por cómo le hablaba su tía no quería imaginarse como se podrían con lo demás.
Harry se despertó con un sobresalto. Su tía llamó otra vez a la puerta.
—¡Arriba! —chilló de nuevo. Harry oyó sus pasos en dirección a la cocina, ydespués el roce de la sartén contra el fogón.
-¿Harry que tu habitación no estaba en el segundo piso? – pregunto George.
-Cierto, ¿Cómo escuchaste todo eso desde tu habitación? – siguió Fred.
Harry no contesto solo le hizo una seña a Sirius para que continuara.
El niño se dio la vuelta y trató de recordarel sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que volaba. Tenía lacuriosa sensación de que había soñado lo mismo anteriormente.
-¡Recuerdas mi moto! – dijo feliz Canuto y sus amigos empezaron a reír.
-Si padrino la recuerdo.
Su tía volvió a la puerta.
—¿Ya estás levantado? —quiso saber.
—Casi —respondió Harry
—Bueno, date prisa, quiero que vigiles el beicon. Y no te atrevas a dejar que se queme. Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy.
-¡¿TE HACIAN COCINAR?! – gritaron las mujeres - ¡VOY A MATAR A PETUNIA! – siguió Lily, y los que estaban a su alrededor se alejaron un poco, pues se sabía que Lily Evans era de temer cuando se enojaba. Hasta sus padres se asustaron un poco, ya que el pelo de Lily se empezaba a mover y no había viento ahí dentro y sus ojos verdes se oscurecieron.
James reunió todo su valor Gryffindor y se acerco a su novia.
-Lily – hablo despacio, Lily se giro y vio a James parado frente a ella – cariño tranquilízate ¿sí? los Merodeadores y los que quieran les haremos una broma para que aprendan a no meterse con un hijo de los Merodeadores. Pero por favor cálmate, es que estas asustando a todos y más a tu hijo – los dos voltearon a ver a Harry, que tenía los ojos como platos y estaba pálido. Se volvieron a mirar James y Lily, y está en seguida se calmo y su pelo dejo de moverse y sus ojos volvían al mismo tono que tenían.
Todos estaban asombrados nunca habían visto algo como eso, nunca nadie había podido tranquilizar a Lily Evans tan rápido.
-Eso fue… - rompió el silencio John – dios… Lily cariño a veces das miedo – y se volvió a ver a la pareja que estaban juntos abrazados.
-Cierto – dijeron todos, incluso Albus y Minerva estaban asustados.
-Entonces Harry ¿sabes cocinar? – pregunto Ron.
-¡RONALD! – gritaron la Sra. Weasley, Hermione y Ginny . Los merodeadores, los pares de gemelos, Neville, Draco y Harry reían, mientras que Ron se encogía por las miradas de las tres mujeres.
-Si Ron, si se cocinar – respondió Harry.
-Wow – dijeron los que antes se estaba riendo junto con el resto de los hermanos Weasley
– Y ¿cocinas rico? – dijo Draco, que estaba impresionado, pues él nunca había cocinado.
-¡Draco! – dijo Tori.
-Pues la verdad, no sé si cocino rico.
-¿Qué? Yo solo quería saber y así un día de estos cocina para todos – volteo a ver a los demás chicos - ¿Qué dicen? ¿Qué cocine no?
-¡SI! – gritaron a todo pulmón. Harry solo se rio.
-Esta bien, hoy yo hago la cena – acepto Harry y todos empezaron vitorearon a Draco.
Harry gimió.
—¿Qué has dicho? —gritó con ira desde el otro lado de la puerta.
-Pero si no dijo nada – dijo molesta Luna. Neville la abrazo y le dio un beso para que se tranquilizara.
—Nada, nada...
El cumpleaños de Dudley... ¿cómo había podido olvidarlo?
-Créeme ahijado/sobrino/hijo yo también lo hubiera olvidado – dijeron los Merodeadores.
Harry se levantólentamente y comenzó a buscar sus calcetines. Encontró un par debajo de la cama y,después de sacar una araña de uno,
-Harry ¿Por qué eres tan desordenado en tu casa? Si en Hogwarts, en nuestro dormitorio, tú eras el más limpio – pregunto Neville.
-Ya lo sabrás.
-Arañas, como odio las arañas – gimió Ron. Hermione le apretó la mano y Fred solamente agacho la cabeza, pues fue culpa suya que Ron le tuviera miedo a las arañas.
se los puso. Harry estaba acostumbrado a las arañas, porque
Sirius dejo de leer y leyó como 4 veces en silencio la última línea, volteo a ver a Harry y este se le quedo viendo a su padrino y con solo verlo a los ojos Sirius supo que todo eso era verdad.
-Canuto – dijo James, pero este no le hacía caso solo veía a los ojos a su ahijado – Canuto – volvió a intentar - ¡Sirius! – grito James desesperado.
Canuto despego la vista de Harry y se concentro en ver a James.
-¿Sirius que pasa? ¿Por qué no sigues leyendo? – pregunto Remus, pero con un deje de nerviosismo, pues algo le decía que lo que venía enseguida no le iba a gustar nada. Pero Sirius no respondió.
-Padrino…
Y eso fue suficiente para que Sirius reaccionara. Este se levanto de golpe, dejando el libro en la mesa y se volteo a una pared de su lado derecho, no sabía cómo, pero ahí estaban colgados tres cuadros. Uno de Petunia, otro de Vernon y el ultimo de Dudley. Saco su varita y empezó a lanzar hechizos, estaba furioso, nunca nadie lo había visto así de enojado, mucho menos James o Remus, que se la pasaban con él. Remus y James se miraron preocupados, solo una cosa muy fuerte tenía que haber hecho que Sirius se pusiera así.
Harry nunca había visto así a su padrino, ni siquiera cuando se peleaba con la Sra. Weasley. Se paro y fue a donde estaba Canuto, se pudo atrás de él y le toco el hombro, Sirius se volvió bruscamente, pues quería gritarle a la persona que lo había tocado que lo dejara en paz, pero vio a su ahijado frente de él. Harry le sonrió un poco y sin previo aviso Sirius lo abrazo y empezó a llorar.
-Oh Harry… lo sien… siento – Ginny, Hermione y Ron veían todo muy triste, y las chicas estaban llorando, mientras que los demás no entendían nada – perdóname… yo debí… debí haber…
-No Sirius, no podías – trato de tranquilizarlo – a demás yo no tengo nada que perdonarte – después de un rato se separan, Sirius se limpio las lagrimas y se dispuso a leer otra vez. Harry se sentó un su lugar, abrazo a Ginny para que dejara de llorar, la beso en los labios y le sonrió – tranquila amor, no llores ¿sí?
-Es que Harry…
-Es que nada Ginny – la corto Harry – hay que seguir escuchando la lectura. Sirius por favor.
porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y allí era donde dormía.
Nadie decía nada, todo estaba absolutamente callado. Si alguien hubiera entrado en ese momento a la sala vería estatuas humanas, como si alguien hubiera petrificado a todas esas personas.
Harry veía de un lado al otro, suplicándole a Merlín que nadie hiciera una locura en ese preciso instante, pero para su mala suerte (como siempre), su madre se paro y a pleno pulmón grito:
-¡EN UNA ALACENA! – su pelo empezó a moverse - ¡PETUNIA! ¡ TE VOY A MATAR!
Y eso fue suficiente para que se hiciera un pandemónium.
-¡PETUNIA EVANS! ¡UNA ALACENA! ¡A TU PROPIO SOBRINO! – gritaron igualmente Elizabeth y John
-¡ESE CERDO BOLA DE GRASA! ¡¿QUÉ LE HIZO A MI NIENTO?! – gritaron los Potter.
-¡VOY A MATAR AL HIPOPOTAMO Y A LA JIRFA CARA DE CABALLO! – dijeron/gritaron los Merodeadores, los GP, los hermanos Weasley, Hagrid, Dromeda, Ted, Dora, Frank, Alice, Marlene, Lía, Xeno, Neville, Luna, Tori, Draco.
-¡ESOS MUGGLES! ¡ YA VERAN LO QUE LES PASA A QUIENES SE METEN CON UN MAGO! – siguieron gritando Minerva, Sprout, Binns, Flitwick, Augusta, Arthur, Molly, Dromeda, Alastor, Kingsley y Narcissa.
Snape seguía en estado de shock. El hijo de Potter, lo maltrataron como a él, nunca lo hubiera creído. Ese mocoso que tenía los ojos de su amada Lily lo maltrataban, su propia tía, hermana de Lily. Nunca se le hubiera cruzado por la cabeza que Petunia fuera a hacer semejante cosa, si sabía que odiaba a Lily, pero no pensaba que su odio fuera tanto.
Los únicos que no decían nada eran Lucius, Albus, Ron, Hermione, Ginny y Harry. El primero porque le daba igual. Albus no podía creer lo que acaba de escuchar, ese pobre niño, Harry, sufrió mucho en su infancia. Todo esto le hacía recordar a su pequeña hermana Ariana, a ella también los muggles la trataron muy mal y por su culpa su hermana nunca pudo controlar su magia y tuvieron que protegerla de todo y de todos. Ron, Hermione y Ginny estaban igual de enojados como Lily, aunque ya lo sabían, pero eso no les quitaba el enojo que tenían.
Harry veía todo lo que estaba sucediendo en la sala, no sabía cómo hacer para calmarlos a todos. Hasta que se oyó una gran explosión y todos dejaron de gritar. Dirigió su mirada donde estaba el humo y vio a su madre parada frente a la pared, donde se suponía que estaban los cuadros, pero ahora solo había una mancha negra grande. Se fijo en su madre, que todavía estaba furiosa, su pelo seguía moviéndose solo y sus ojos verdes estaban muy oscuros, respiraba agitadamente y no dejaba de ver la pared. Harry se paro y fue a donde su madre, la volteo para poder ver su rostro.
Lily no podía creerlo, su hijo, su pequeño, sufrió mucho de pequeño cuando estaba con Petunia, pero aun así sonreía y hacia pequeñas bromas con sus amigos y familiares. No sabía cómo le hacía, ella ya se hubiera derrumbado, no podría soportar solamente la idea de estar sola, sin sus padres o sin James. Vio sus ojos y noto una tristeza y dolor enormes pero también cariño, amor y felicidad.
No pudo más y empezó a llorar, estaba triste y con un dolor enorme, su hermana, su propia sangre la odia y peor aún le hace la vida imposible a su hijo, ese niño que no tenía nada que ver.
-Ya mamá, tranquila no pasa nada – le decía Harry, abrazándola – ya verás cómo estará bien y todos seremos felices, pero tienes que ser fuerte, papá te necesita.
-Pero… es que… no es justo – decía su madre.
-Yo lo sé mamá, en esta vida nada es justo, pero aun así tienes que ser fuerte, todos nosotros. Y ya verás que pronto todo se pondrá en su lugar solo hay que esperar ¿sí?
-Está bien
-Ahora todos, por favor siéntense y relájense…
-¡¿Qué nos relajemos?! – grito su padre - ¡¿Cómo nos vamos a relajar?! ¡Es inhumano…
-¡Ya basta papá! – grito Harry, y todos guardaron silencio, pues otra vez estaban empezando a gritar, suspiro y trato de relajarse – se que están furiosos y quieren ir a hacerle cosas a mis tíos y primo – todos bufaron, menos Lucius y Severus – pero ahora no se puede, tienen que aguantar esto porque hay 7 libros y esto es lo más ligero que tuve que soportar, tanto de mi familia como de la escuela. Así que por favor todos siéntense, relájense y traten de no hacer una estupidez. Son muchas cosas las que pasaran y les recomiendo que se vayan mentalizando para todo lo que viene.
Sin más Harry se sentó y Ginny empezó a hacerle mimos para que se relajara. Los demás obedecieron, a regañadientes pero lo hicieron, tomaron asiento y esperaron a que Sirius empezara a leer.
Cuando estuvo vestido salió al recibidor y entró en la cocina. La mesa estaba casicubierta por los regalos de cumpleaños de Dudley. Parecía que éste había conseguido el ordenador nuevo que quería, por no mencionar el segundo televisor y la bicicleta decarreras.
-¿Qué es un orde…
-Arthur querido, ahora no – regaño suavemente Molly a su esposo. Sus hijos se rieron por lo bajo.
-Al final le explico todo Sr. Weasley – dijo Hermione. Este asintió.
La razón exacta por la que Dudley podía querer una bicicleta era un misteriopara Harry, ya que Dudley estaba muy gordo y aborrecía el ejercicio, excepto si conllevaba pegar a alguien, por supuesto. El saco de boxeo favorito de Dudley era Harry,
-Maldito cerdito – dijeron los 7 Weasley
pero no podía atraparlo muy a menudo. Aunque no lo parecía, Harry era muy rápido.
-Cierto – afirmaron los chicos del futuro
-Yo no entiendo cómo es que eres tan rápido – dijo extrañado Draco.
-Pues si te soy sincero, yo tampoco jajajaja – respondió Harry.
Los del futuro rieron, menos los Tonks, pues realmente les parecía extraño como Harry podía ser tan rápido. Los del pasado y los Tonks veían a los chicos extrañados.
-¿En serio Harry es rápido? – pregunto Remus.
-Rápido se le queda corto, pero sí lo es – respondió Neville.
Tal vez tenía algo que ver con eso de vivir en una oscura alacena, pero Harry había sido siempre flaco y muy bajo para su edad.
-Oh no hijo, eso es herencia de la familia Potter – dijo Charlus.
Además, parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era, porque toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de Dudley, y su primo era cuatro veces más grande que él. Harry tenía un rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante.
-Tus ojos Lils – dijo James muy contento, viendo embobado a su novia.
-Hey enamorados, presten atención - dijo Canuto con una risa perruna.
-Cállate Black – regaño Lily. Sirius para no morir joven siguió leyendo.
Llevaba gafas redondas
-Y tu ceguera cariño – se burlo Lily.
-¡Hey! no tenemos una vista tan fea – se quejaron los 3 Potter
-Claro que si – dijeron Dorea, Lily, los 7 Weasley, Hermione, los 2 Merodeadores, Frank Alice, Lía, Marlene, Neville, Luna, Draco, los GP y Hagrid.
-Pff amigos – se quejaron los Potter.
siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que Dudley le había pegado en la nariz. La única cosa que a Harry le gustaba de su apariencia era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un relámpago. La tenía desde que podía acordarse, y lo primero que recordaba haber preguntado a su tía Petunia era cómo se la había hecho.
—En el accidente de coche donde tus padres murieron
-¡¿En un accidente de coche?! – gritaron los del pasado y los Tonks, excepto Severus, Narcissa y Lucius.
- ¡Yo ni siquiera sé que es un coche! – grito enojado James.
-Tranquilo amor – dijo Lily dándole un beso.
-Black sigue leyendo – dijo Marlene.
—había dicho—. Y no hagas preguntas.
-¿Qué no haga preguntas? – Molly estaba furiosa – pero si un niño tiene curiosidad tiene que hacer preguntas – y todas las madres y las profesoras estuvieron de acuerdo con ella.
«No hagas preguntas»: ésa era la primera regla que se debía observar si se quería vivir una vida tranquila con los Dursley.
Tío Vernon entró a la cocina cuando Harry estaba dando la vuelta al tocino.
—¡Péinate! —bramó como saludo matinal.
-Ni lo intentes Harry – dijeron los Potter, Lily, Frank, Lía, Marlene, Alice, los Merodeadores, los GP, Hermione, Neville y los 7 Weasley.
Una vez por semana, tío Vernon miraba por encima de su periódico y gritaba que Harry necesitaba un corte de pelo. A Harry le habían cortado más veces el pelo que al resto de los niños de su clase todos juntos, pero no servía para nada, pues su pelo seguía creciendo de aquella manera, por todos lados.
-Todo un Potter – dijo orgulloso James y Lily lo veía entre divertida y exasperada.
Harry estaba friendo los huevos cuando Dudley llegó a la cocina con su madre. Dudley se parecía mucho a tío Vernon. Tenía una cara grande y rosada, poco cuello, ojos pequeños de un tono azul acuoso, y abundante pelo rubio que cubría su cabeza gorda. Tía Petunia decía a menudo que Dudley parecía un angelito. Harry decía a menudo que Dudley parecía un cerdo con peluca.
-Jajajajajajajaja – todos estallaron en sonoras carcajadas.
-Harry eso estuvo genial – dijeron los bromistas, junto con Ron, Ginny, Neville, Draco, Tori y Luna.
-Todo un Merodeador – dijeron James, Sirius y Remus.
-¡James! – grito Lily y Dorea – no lo alientes – termino de decir Lily.
-oh vamos pelirroja, no te enojes, solo fue una simple bromita no hizo nada malo – a Lily no le quedo de otra que guardar silencio, pues era cierto su hijo todavía no hacía nada malo.
Harry puso sobre la mesa los platos con huevos y beicon, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.
—Treinta y seis —dijo, mirando a su madre y a su padre—. Dos menos que el año pasado.
-¡¿Treinta y seis y se queja?! – dijo Draco – a mi ni siquiera me daban tantos regalos.
-¿entonces cuantos te daban hurón? – pregunto Ron y todos se extrañaron por cómo le dijo, pero no preguntaron ya que sabían que no les iban a responder.
-Solo me daban 6
—Querido, no has contado el regalo de tía Marge. Mira, está debajo de este grande de mamá y papá.
—Muy bien, treinta y siete entonces —dijo Dudley, poniéndose rojo.
Harry; que podía ver venir un gran berrinche de Dudley, comenzó a comerse el beicon lo más rápido posible, por si volcaba la mesa.
Tía Petunia también sintió el peligro, porque dijo rápidamente:
—Y vamos a comprarte dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo bien?
-Pichoncito jajajaja – dijo Canuto – pelirroja tu hermana sí que se volvió loca – volteo a ver a los Sres. Evans – sin ofender Sres. Evans.
-A demás yo creo que le quedaría mejor el de cerdito – dijo Tonks.
-Jajajajajajajaja – todos los jóvenes rieron, Lily y Hermione trataban de no reírse pero fallaron al igual que los adultos.
-¡Nymphadora! - Grito Dromeda tratando de sonar enojada pero no pudo, ya que también reía.
Dudley pensó durante un momento. Parecía un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente.
—Entonces tendré treinta y… treinta y…
-ni siquiera sabe contar – exclamo Elizabeth horrorizada.
-¿Pero qué clase de educación le dieron a ese niño? – pregunto Minerva.
—Treinta y nueve, dulzura —dijo tía Petunia.
—Oh —Dudley se dejó caer pesadamente en su silla y cogió el regalo más cercano—. Entonces está bien.
Tío Vernon rió entre dientes.
—El pequeño tunante quiere que le den lo que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! —dijo, y revolvió el pelo de su hijo.
En aquel momento sonó el teléfono y tía Petunia fue a cogerlo, mientras Harry y tío Vernon miraban a Dudley, que estaba desembalando la bicicleta de carreras, la filmadora, el avión con control remoto, dieciséis juegos nuevos para el ordenador y un vídeo. Estaba rompiendo el envoltorio de un reloj de oro, cuando tía Petunia volvió, enfadada y preocupada ala vez.
—Malas noticias, Vernon —dijo—. La señora Figg se ha fracturado una pierna. No puede cuidarlo. —Volvió la cabeza en dirección a Harry.
-Arg – gruño Ginny. Todos alcanzaron a oírla y sus hermanos por precaución se alejaron un poco, al igual que sus otros amigos, pues era de armas tomar y era mejor estar lejos cuando estaba enojada. El único que no se alejo fue Harry y eso sorprendió a los del pasado y los Tonks.
-Ya tranquila preciosa, no me importa cómo me hayan tratado – le susurro Harry al oído, haciendo que Ginny se calmara y se estremeciera un poco.
-¿Cómo… como hiciste eso? – pregunto canuto, pues él también se asusto un poco.
-¿Hacer qué? – pregunto Harry confundido.
-Calmar a la pelirroja y a demás ni siquiera te alejaste o te asustaste cuando ella gruño, sin ofender, pero yo me hubiera alejado – dijo Lunático, pues también estaba sorprendido de la acción de su sobrino, y la mayoría le dio la razón ante su comentario.
-Pues la verdad – Harry vio a Ginny a los ojos – no lo sé, simplemente cuando ella se enoja a mi me parece sumamente adorable y con solo decirle palabras tranquilizadoras y tiernas ella se calma – Ginny levanto una ceja y se le quedo viendo, se veía que tenía una duda y Harry lo entendió – no Ginny, no lo hago para que no me regañes, simplemente no me gusta que te enojes por algo que paso – Harry le regalo una sonrisa a Ginny y esta se la devolvió.
-Wuau – dijo James – si que la conoces y hasta sabes que piensa con solo verla a os ojos. A mí se me hace muy difícil hacer eso con Lily, sin ofender cariño pero si tu hubieras hecho lo mismo que Ginny la verdad yo si e alejaría un poco – dijo con temor James.
Lily lo vio y sonrió, pues sabía que si daba un poco de miedo cuando ella se enojaba.
-No te preocupes cariño – y le dio un beso en los labios. Canuto puso cara de asco, lo que valió risitas de varios, y mejor se puso a leer.
La boca de Dudley se abrió con horror, pero el corazón de Harry dio un salto. Cada año, el día del cumpleaños de Dudley, sus padres lo llevaban con un amigo a pasar el día a un parque de atracciones, a comer hamburguesas o al cine. Cada año, Harry se quedaba con la señora Figg, una anciana loca que vivía a dos manzanas. Harry no podía soportar ir allí. Toda la casa olía a repollo y la señora Figg le hacía mirar las fotos de todos los gatos que había tenido.
Harry arrugo la nariz y sus amigos se rieron.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó tía Petunia, mirando con ira a Harry como si él lo hubiera planeado todo. Harry sabía que debería sentir pena por la pierna de la señora Figg, pero no era fácil cuando recordaba que pasaría un año antes de tener que ver otra vez a Tibbles, Snowy, el Señor Paws o Tufty.
—Podemos llamar a Marge —sugirió tío Vernon.
-Claro si desea volver a volar – susurro Harry a sus amigos y novia.
Los cuatr empezaron a reír, los demas solo los observaban. James y Lily voltearon a ver a los demas chicos del futuro para que les dijeran de que estaban riendo los cuatro amigos.
-No lo sabemos – respondió Luna – ellos son así desde que los conozco, bueno solo Harry, Ron y Hermione, que son el trío dorado, Ginny se unió a ellos después de ser novia de Harry. Siempre tienen secretos entre ellos o hablan de algo que nadie más sabe.
-Claro que no – exclamaron los 4 amigos – y ¿Qué es eso del "Trío dorado"? – pregunto Harry pues nunca había escuchado eso.
-Pues es como les pusieron en la escuela – respondió Draco – siempre estaban ustedes resolviendo y haciendo cosas que los demás no sabían.
Los tres amigos se vieron entre ellos y se rieron.
-Esto es simplemente genial – dijo Harry con sarcasmo, después de parar de reír – otro sobre nombre, ¡¿Merlín que acaso no puedo ser solamente normal?! – exclamo Harry poniendo las manos hacia arriba y con voz cansada. Los bromistas y amigos empezaron a reír, mientras Lily, Dorea, Elizabeth y Minerva negaban con la cabeza.
-Hay pobre de mí – dijo Minerva, pero tratando de ocultar una sonrisa, pues el chico se veía que no era tan problemático como su padre.
-Ya Minerva, deja que el señor Black continúe – dijo Dumbledore con una sonrisa. Albus veía a Harry como el muchacho que él nunca pudo ser, solo por su ambición de esos objetos tan valiosos.
—No seas tonto, Vernon, ella no aguanta al chico.
Los Dursley hablaban a menudo sobre Harry de aquella manera, como si no estuviera allí, o más bien como si pensaran que era tan tonto que no podía entenderlos, algo así como un gusano.
—¿Y qué me dices de... tu amiga... cómo se llama... Yvonne?
—Está de vacaciones en Mallorca —respondió enfadada tía Petunia.
—Podéis dejarme aquí —sugirió esperanzado Harry. Podría ver lo que quisiera en la televisión, para variar, y tal vez incluso hasta jugaría con el ordenador de Dudley.
Tía Petunia lo miró como si se hubiera tragado un limón.
—¿Y volver y encontrar la casa en ruinas? —rezongó.
-¡No va a quemar la casa! – gritaron James, Lily y Ginny. Harry se les quedo viendo y sonrió un poco.
—No voy a quemar la casa —dijo Harry, pero no le escucharon.
Los antes mencionados se impresionaron y le sonrieron a Harry.
—Supongo que podemos llevarlo al zoológico —dijo en voz baja tía Petunia—... y dejarlo en el coche...
—El coche es nuevo, no se quedará allí solo...
-Arg – gruño James mientras se ponia escribir junto con los Merodeadores.
Dudley comenzó a llorar a gritos. En realidad no lloraba, hacía años que no lloraba de verdad, pero sabía que, si retorcía la cara y gritaba, su madre le daría cualquier cosa que quisiera.
—Mi pequeñito Dudley no llores, mamá no dejará que él te estropee tu día especial —exclamó, abrazándolo.
—¡Yo... no... quiero... que... él venga! —exclamó Dudley entre fingidos sollozos—. ¡Siempre lo estropea todo! —Le hizo una mueca burlona a Harry, desde los brazos de su madre.
Justo entonces, sonó el timbre de la puerta.
—¡Oh, Dios, ya están aquí! —dijo tía Petunia en tono desesperado y, un momento más tarde, el mejor amigo de Dudley, Piers Polkiss, entró con su madre. Piers era un chico flacucho con cara de rata. Era el que, habitualmente, sujetaba los brazos de los chicos detrás de la espalda mientras Dudley les pegaba. Dudley suspendió su fingido llanto de inmediato.
-Idiota – dijeron los Merodeadores, ganándose una mirada severa de minerva, Dorea, Lily y Molly.
Media hora más tarde, Harry, que no podía creer en su suerte, estaba sentado en la parte de atrás del coche de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en su vida.
Todos, menos Snape y Lucius, vieron a Harry con pena, pues el trato que le daban sus tíos al niño era horrible.
A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se llevó aparte a Harry.
—Te lo advierto —dijo, acercando su rostro grande y rojo al de Harry—. Te estoy avisando ahora, chico: cualquier cosa rara, lo que sea, y te quedarás en la alacena hasta la Navidad.
-¡Le tocas un pelo a mi hijo y…! – pero James no termino su frase pues estaba muy enojado y a demás no necesitaba terminar de decirla, ya que sus ojos tenían un brillo asesino.
—No voy a hacer nada —dijo Harry—. De verdad...
Pero tío Vernon no le creía. Nadie lo hacía.
El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harry y no conseguía nada con decir a los Dursley que él no las causaba.
-Magia accidental – dijo Sprout.
En una ocasión, tía Petunia, cansada de que Harry volviera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió unas tijeras de la cocina y le cortó el pelo casi al rape, exceptuando el flequillo, que le dejó «para ocultar la horrible cicatriz».
-¡Petunia! – gritaron las dos Evans, John y James se alejaron un poco.
Dudley se rió como un tonto, burlándose de Harry, que pasó la noche sin dormir imaginando lo que pasaría en el colegio al día siguiente, donde ya se reían de su ropa holgada y sus gafas remendadas. Sin embargo, a la mañana siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba exactamente igual que antes de que su tía lo cortara. Como castigo, lo encerraron en la alacena durante una semana, aunque intentó decirles que no podía explicar cómo le había crecido tan deprisa el pelo.
-¡Esa maldita morsa me las pagara! – gritaron los Potter.
Otra vez, tía Petunia había tratado de meterlo dentro de un repugnante jersey viejo de Dudley (marrón, con manchas anaranjadas).
-Siempre a la moda no Harry – rieron los 6 hermanos Weasley, Neville y Draco. Pero Luna, Tori, Hermione y Ginny les mandaron miradas asesinas y con eso los chicos callaron.
-¿Decían? Jajajaja – rio Harry.
Cuanto más intentaba pasárselo por la cabeza, más pequeña se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado como un guante a una muñeca, pero no a Harry. Tía Petunia creyó que debía de haberse encogido al lavarlo y, para su gran alivio, Harry no fue castigado.
-Por lo menos – dijeron su madre, abuelas, Molly y McGonagall.
Por otra parte, había tenido un problema terrible cuando lo encontraron en el techo de la cocina del colegio.
-¿al techo? – pregunto Charlus.
El grupo de Dudley lo perseguía como de costumbre cuando, tanto para sorpresa de Harry como de los demás, se encontró sentado en la chimenea.
-Wou – dijeron casi todos los de la Sala y con los ojos como platos.
-¿Cómo hiciste eso ahijado? ¿Volaste? O ¿Te apareciste? – pregunto Sirius.
-La verdad no me acuerdo
-Pues Lily hacia eso de pequeña – dijo Severus. Todos se le quedaron viendo, pues en toda la lectura no había dicho casi nada.
-Es cierto – continuo Elizabeth – pero ella más bien saltaba un metro, a lo mucho dos, y luego caía delicadamente.
-Aunque yo hubiera hecho eso, no creo que se compare con lo de Harry, una escuela mide más de alto y llego a la chimenea debió emplear mucha magia – agrego Lily.
-Estoy de acuerdo con la Srta. Evans, para que Harry llegara a esa altura, ya sea volando o apareciendo, es una magia muy poderosa – dijo Albus sonriendo. Harry solo se ruborizaba por todo lo que decían.
-En ese caso mi ahijado/ hijo/ sobrino es genial – dijeron los Merodeadores.
Los Dursley recibieron una carta amenazadora de la directora del colegio, diciéndoles que Harry andaba trepando por los techos del colegio. Pero lo único que trataba de hacer (como le gritó a tío Vernon a través de la puerta cerrada de la alacena) fue saltar los grandes cubos que estaban detrás de la puerta de la cocina. Harry suponía que el viento lo había levantado en medio de su salto.
-Ni que estuvieras tan flaco – comento Ron risueño.
-Es que no me conociste en ese tiempo Ron, créeme que estaba más flaco que cuando me conociste – aseguro Harry.
-¡MÁS FLACO! – dijeron/gritaron Molly, Lily, Dorea y los jóvenes del futuro.
-Tranquilos, eso ya paso, mejor hay que continuar la lectura.
-Pero Harry…
-Pero nada Gin, luego hablamos de esto, hay que continuar – Ginny ya no dijo más y se volteo a ver a Sirius para que siguiera leyendo.
Pero aquel día nada iba a salir mal. Incluso estaba bien pasar el día con Dudley y Piers si eso significaba no tener que estar en el colegio, en su alacena, o en el salón de la señora Figg, con su olor a repollo.
-Harry no seas grosero – lo reto su madre.
-Mamá trata de quedarte dos días en su casa y si después de eso no me crees que su casa huele a repollo, me regañas todo lo que quieras.
Lily ya no dijo más, pues su hijo tenía razón. Todos los del pasado se impresionaron, pues nadie podía dejar a Lily así y eso era decir mucho.
Mientras conducía, tío Vernon se quejaba a tía Petunia. Le gustaba quejarse de muchas cosas. Harry, el ayuntamiento, Harry, el banco y Harry eran algunos de sus temas favoritos. Aquella mañana le tocó a los motoristas.
-Morsa idiota – gruñeron casi todos los de la sala.
—... haciendo ruido como locos esos gamberros —dijo, mientras una moto los adelantaba.
—Tuve un sueño sobre una moto —dijo Harry recordando de pronto—. Estaba volando.
-Hay Harry – se lamentaron algunos. Este por respuesta, solamente sonrió.
-¿Mi moto vuela? – los del futuro asintieron – ¡que genial! – Dorea, Lily, Marlene, Dromeda, Sprout, Minerva y Molly negaron con la cabeza, Sirius nunca iba a cambiar.
Tío Vernon casi chocó con el coche que iba delante del suyo. Se dio la vuelta en el asiento y gritó a Harry:
—¡LAS MOTOS NO VUELAN!
Su rostro era como una gigantesca remolacha con bigotes.
Dudley y Piers se rieron disimuladamente.
-Esos dos me recuerdan a Crabbe y Goyle – comento Neville – igual de idiotas. – los del futuro asintieron.
-Neville – regaño su madre y abuela.
-¿Qué? Si es la verdad – dijo con una sonrisa inocente y sus amigos rieron.
—Ya sé que no lo hacen —dijo Harry—. Fue sólo un sueño.
Pero deseó no haber dicho nada. Si había algo que desagradaba a los Dursley aún más que las preguntas que Harry hacía, era que hablara de cualquier cosa que se comportara de forma indebida, no importa que fuera un sueño o un dibujo animado. Parecían pensar que podía llegar a tener ideas peligrosas.
-¿Ideas peligrosas? – preguntaron todos extrañados – estos muggles parece que vienen de otro siglo – continuo Binns.
Era un sábado muy soleado y el zoológico estaba repleto de familias. Los Dursley compraron a Dudley y a Piers unos grandes helados de chocolate en la entrada, y luego como la sonriente señora del puesto preguntó a Harry qué quería antes de que pudieran alejarse, le compraron un polo de limón, que era más barato.
-Mmmm, polo de limón – saborearon Harry, Ginny, James, Dorea, Dora y Charlie.
-Y yo que pensaba enojarme por eso, pero resulta que tanto mi hijo, como mi suegra y novio les encanta el polo de limón – comento risueña la pelirroja.
-Que te puedo decir mamá, es mi favorito – dijo Harry con una gran sonrisa. Y los fanáticos al polo, asintieron dándole la razón.
-Tonks – la llamo Charlie, esta volteo a verlo. Remus al escuchar que el pelirrojo dijo el nombre de la chica, se movió incomodo en su asiento y Lunático gruño – ¿te acuerdas del polo de limón que compramos en un parque muggle?
-¡Sí! Fue el mejor polo de limón que he probado – dijo con una mirada soñadora. El pelirrojo y castaño se le quedaron viendo con grandes sonrisas. Simplemente se veía tan linda así.
-¿Qué te parece si vamos por uno cuando termine todo esto?
-Claro, tengo mucho tiempo sin probar ese polo
Remus cada vez se sentía más enojado, no le gustaba nada la simple idea de que ellos dos compartieran el gusto por una simple cosa, como el polo de limón. Frunció la nariz y se volteo a ver a Sirius, este lo veía con una sonrisa picara, para indicarle que continuara.
Aquello tampoco estaba mal, pensó Harry, chupándolo mientras observaban a un gorila que se rascaba la cabeza y se parecía notablemente a Dudley, salvo que no era rubio.
-Jajajajajajaja – comenzaron a reír todos, menos Dorea, Molly, Minerva, Dromeda, Narcissa, Elizabeth, Augusta y Sprout.
-¡Harry! – lo regañaron sus abuelas – eso no se dice jovencito.
-Bueno en primera, no lo dije lo pensé – y sus abuelas se sonrojaron por la equivocación – segunda, si hubiera hecho algo malo mi madre ya me hubiera regañado – Lily asintió – y tercera, deben admitir que fue gracioso – termino con una sonrisa de niño bueno.
-Se nota que eres hijo de Lily/James – dijeron ambas, para luego sonreírse - ¿Por qué se parece a James/Lily? – volvieron a preguntar.
-Porque Lily respondería lógicamente, como lo acaba de decir Harry- respondió James.
-Y James diría lo mismo que dijo al último Harry y hasta con la misma sonrisa de "niño bueno" – continuo Lily. Los dos se sonrieron y se dieron un pequeño beso.
-Ya que se respondieron las dudas, hay que seguir leyendo – dijo Dumbledore.
Fue la mejor mañana que Harry había pasado en mucho tiempo. Tuvo cuidado de andar un poco alejado de los Dursley, para que Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales cuando se acercaba la hora de comer, no empezaran a practicar su deporte favorito, que era pegarle a él.
Los que querían a Harry gruñeron, pues no les gustaba nada lo que tuvo que pasar. Él es una persona maravillosa y no era justo que su familia lo tratara de esa manera.
-Harry – le hablaron los GW - ¿nos dejas golpear al cerdito cuando regresemos?
-No chicos – estos resoplaron, se olvidaron que Harry era muy buena persona con todos, aunque esa persona le hubiera hecho algo malo. Los del pasado y los Tonks se sorprendieron, pues no conocían muy bien a Harry, y pensaron que se volvió loco.
-No se para que te preguntamos…
-Si ya sabíamos tu respuesta…
-De todas maneras iremos a golpearlo – terminaron de decir los GW, con sonrisas maliciosas. Harry solo negó con la cabeza, sabía que ellos lo harían aunque él les dijera que no.
-Harry porque… - empezó a decir su padre, pero Ginny lo interrumpió.
-¿Por qué Harry se negó a que golpearan al cerdo? – los del pasado y Tonks asintieron – porque él es así, tiene un gran corazón, no importa que le hayan hecho las otras personas, él no les hace ni dice nada por venganza. Solo dice o hace algo en contra de ellos cuando se meten con alguien que él aprecia.
Harry se ruborizo un poco, pues su Ginny sí que lo conocía. Los antes mencionados se quedaron impresionados, ese chico sí que era especial y un poco raro, ya que la mayoría haría algo en contra de alguien que les hiciera algo.
Comieron en el restaurante del zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente grande, tío Vernon le compró otro y Harry tuvo permiso para terminar el primero.
Otra ronda de gruñidos.
Más tarde, Harry pensó que debía haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar.
-Eso es parte de tu buena suerte compañero – dijo Ron sarcásticamente.
-¡Hey! – se quejo el azabache – que no es mi culpa que me pasen tantas cosas malas – los Merodeadores, Potter, Evans, Weasley, Tonks, profesores y los del futuro se estremecieron un poco.
-¿Cómo que cosas malas? – preguntaron sus padres pálidos.
-He… mejor hay que leer, ya se enteraran – respondió una nerviosa Hermione, pues ella también está involucrada en esas cosas malas.
Después de comer fueron a ver los reptiles. Estaba oscuro y hacía frío, y había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande.
Neville, Ron, Hermione, Draco, y Harry se estremecieron y se pusieron un poco pálidos.
-¿Están bien? – pregunto Remus, pues los 5 se pusieron pálidos cuando Canuto leyó esa parte. Estos asintieron, pero todavía pálidos.
-¿Seguros? No se ven bien – siguió preguntando Narcissa, pues su hijo se puso mal y le preocupaba.
-Sí, no te preocupes mamá
-Continuemos – dijo Luna que consolaba a Neville.
Podía haber envuelto el coche de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.
Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vidrio, contemplando el brillo de su piel.
—Haz que se mueva —le exigió a su padre.
-Maleducado – dijeron todas las mujeres.
Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió.
—Hazlo de nuevo —ordenó Dudley.
-Argh – gruñeron todas.
Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal siguió dormitando.
—Esto es aburrido —se quejó Dudley. Se alejó arrastrando los pies.
Harry se movió frente al vidrio y miró intensamente a la serpiente. Si él hubiera estado allí dentro, sin duda se habría muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de gente estúpida golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener por dormitorio una alacena donde la única visitante era tía Petunia, llamando a la puerta para despertarlo: al menos, él podía recorrer el resto de la casa.
De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry.
Guiñó un ojo.
-¿Cómo que te guiño un ojo? – preguntaron Lucius y Severus asombrados. Los demás estaban igual, pero mejor no dijeron nada. Albus solo se le quedaba viendo a Harry a los ojos, trato de usar Oclumancia pero no pudo pasar, había un muro muy fuerte que se lo impedía. Quería saber si sus teorías eran acertadas o no.
-No lo intente profesor – dijo Harry con una sonrisa. Albus se sorprendió, pensó que Harry se iba a enojar. Nadie entendió lo que Harry dijo, solo Mione, Ginny y Ron, que sonrieron divertidos.
-Lo siento Harry, es que me entro curiosidad que es lo que paso – comento un poco avergonzado Dumbledore - . Por cierto muy buena defensa, ¿Quién te enseño?
-Gracias, entre nosotros 4 aprendimos – señalo a Ron, Mione y Ginny. Albus se sorprendió todavía más – Mione solo sabía la teoría y yo un poco de práctica, pero fuimos investigando y así se nos hizo más fácil.
-Harry es el mejor de todos nosotros – comento Ginny – y eso que decía que a él no se le daba.
Entonces los 4 empezaron a reír. Todos estaban confundidos por esa plática, no entendían nada.
-Pero el que me trato de enseñar no era la persona indicada – contraataco Harry, los otros tres tuvieron que darle la razón.
-¿Quién trato de hacerlo? – pregunto Albus.
Harry vio de reojo a Snape, nadie alcanzo a notarlo solo Dumbledore – por ordenes suyas – dijo el ojiverde, entre divertido y molesto. Albus suspiro y negó con la cabeza.
-Una mala idea – los 4 chicos asintieron – Sirius por favor continúa.
-Pero yo quiero saber d…
-Luego te enteraras Canuto – dijo Harry, el ojigris se le quedo viendo, Harry ya sabía que quería preguntar – pero te enteraras hasta el 5to libro.
-No es justo – hizo un puchero de niño chiquito, los 4 amigos solo rieron divertidos – agh, ya que.
Harry la miró fijamente. Luego echó rápidamente un vistazo a su alrededor, para ver si alguien lo observaba. Nadie le prestaba atención. Miró de nuevo a la serpiente y también le guiñó un ojo.
La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una mirada que decía claramente:
—Me pasa esto constantemente.
—Lo sé —murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo—. Debe de ser realmente molesto.
-¿Estás hablando con una serpiente? O sea ¿hablas parsel? – pregunto Dora
-Si
-¿Cómo haces eso? – pregunto curiosa y Harry sonrió de lado, pues sabía que ella no lo preguntaba con mala intención.
-Bueno, eso se explicara luego.
La serpiente asintió vigorosamente.
—A propósito, ¿de dónde vienes? —preguntó Harry La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry miró con curiosidad.
«Boa Constrictor, Brasil.»
—¿Era bonito aquello?
La boa constrictor volvió a señalar con la cola y Harry leyó: «Este espécimen fue criado en el zoológico».
—Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en Brasil?
Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry los hizo saltar.
—¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!
Dudley se acercó contoneándose, lo más rápido que pudo.
—Quita de en medio —dijo, golpeando a Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de cemento.
-Maldito mocoso – gruño Ginny, asustando a varios. Harry solo le dio un beso en su cuello y se tranquilizo al instante. Pero a los hermanos Weasley no les hizo ninguna gracia aquella acción.
Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente saltaron hacia atrás aullando de terror.
Harry se incorporó y se quedó boquiabierto: el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había desaparecido.
-¡¿Desapareció?! – todos estaban sorprendidos, nunca habían escuchado de una magia accidental tan poderosa, hasta Dumbledore estaba sorprendido, y eso era decir mucho.
-Sí, desapareció – dijo Harry, extrañado por la reacción de todos - ¿Qué les pasa? ¿Eso que no es normal en un niño? ¿Qué tenga magia accidental?
-Si es normal Harry – comento Albus – pero nunca se había escuchado o visto, que un niño hiciera una magia accidental tan poderosa. Ni siquiera yo cuando era pequeño hice una magia accidental como la tuya.
-¿Dumby fue un niño? – preguntaron curiosos los pares de gemelos y Merodeadores, haciendo reír a todos. Pero de verdad sentían curiosidad, pues no se lo imaginan de joven – y ¿Qué magia accidental hizo usted?
-Mmm… levitaba cosas pequeñas, como plumas, vasos o alguna prenda. Pero la que mayor logre hacer fue desaparecer un zapato. – dijo divertido. Y así nadie evito reír por lo que dijo el director – pero la magia que Harry hizo de pequeño es muy poderosa.
-Wuau – exclamo – entonces lo que hice cuando tenía 13 años, también fue magia accidental muy poderosa – en eso se empezó a reír, junto con los 7 Weasley y Mione.
-¿De qué…
-Tercer libro – respondieron lo antes mencionados.
La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas.
Mientras la serpiente se deslizaba ante él, Harry habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:
—Brasil, allá voy... Gracias, amigo.
-Por lo menos era educada – dijo Frank divertido y algunos rieron.
-¡Frank! – dijeron Alice y Augusta.
El encargado de los reptiles se encontraba totalmente conmocionado.
—Pero... ¿y el vidrio? —repetía—. ¿Adónde ha ido el vidrio?
-¡Magia! – dijeron los bromistas, de forma teatral, sacando una pequeñas risas.
El director del zoológico en persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry había visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon, Dudley les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers juraba que había intentado estrangularlo.Pero lo peor, para Harry al menos, fue cuando Piers se calmó y pudo decir:
—Harry le estaba hablando. ¿Verdad, Harry?
-Ese… ese idiota – gruño James.
Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con Harry. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.
—Ve... alacena... quédate... no hay comida —pudo decir, antes de desplomarse en una silla. Tía Petunia tuvo que servirle una copa de brandy.
-¡¿SIN COMER?! – gritaron todos, incluso Lucius y Severus pues eso ya era pasarse.
-¡AHORA SI MATO A PETUNIA! – rugió Lily. Nadie quería estar en los zapatos de Petunia, pues la pelirroja tenía una mirada asesina, que ni James se atrevió a calmarla, aparte de que él estaba igual o peor que su novia.
-¡UN NIÑO SIN COMER! – gritaron Dorea, Elizabeth y Molly - ¡ESO ES INHUMANO!
-¡HARRY JAMES POTTER EVANS! – gritaron 3 personas, asiendo callar a las demás, un poco sorprendidos todos se voltearon a ver qué pasaba - ¡¿POR QUÉ NO NOS DIJISTE NADA?! – Ron, Ginny y Mione estaban parados frente a Harry para que les diera una explicación. Harry les había contado pocos días después lo que sufrió con los Dursley, pero una versión más ligera a como era. No quería contarles con muchos detalles, porque sabía que se iban a poner así, a demás de que en cuanto les terminara de decir todo irían directos a golpear a los 3 Dursley.
-No les dije nada porque sabía que se iban a poner así y que al terminar de contarles todo, iban a ir por los Dursley a golpearlos o algo peor – se defendió tranquilamente, a pesar de que los 3 querían matarlo con la mirada. Todos miraban sorprendidos y más los del futuro, ya que ninguno había visto y/o regañado así a Harry. Ellos eran muy unidos, si se peleaban pero eran por cosas insignificantes – ya ven, ni si quiera lo niegan.
-Tal vez tengas razón Harry – hablo Mione – pero se supone que somos tus mejores amigos y pensamos que nos contabas todo – dijo un poco dolida Hermione. Harry al verlos que los tres tenían la misma mirada que Hermione, se sintió mal de no haberles contado todo, pero es que si lo hacia ellos irían a hacer una locura.
-Claro que les cuento todo Mione – dijo Harry con una sonrisa de lado – no tengo secretos con ustedes, solamente no les conté con lujo de detalles porque se de lo que son capaces e iban a terminar por haciendo una locura – los tres se voltearon a ver y supieron que Harry tenía razón, así que se sentaron y esperaron a que continuara la lectura.
Canuto tomo el libro y se dispuso a leer, aunque todavía estaba un poco sorprendido por lo que acababa de pasar.
Mucho más tarde, Harry estaba acostado en su alacena oscura, deseando tener un reloj. No sabía qué hora era y no podía estar seguro de que los Dursley estuvieran dormidos. Hasta que lo estuvieran, no podía arriesgarse a ir a la cocina a buscar algo de comer.
-Suena como si fueras un ladrón – gruño molesto Charlus. Ningún familiar suyo tuvo que pasar semejantes atrocidades, pero su nieto si y eso nunca se lo perdonaría nunca a los Dursley.
Había vivido con los Dursley casi diez años, diez años desgraciados, hasta donde podía acordarse, desde que era un niño pequeño y sus padres habían muerto en un accidente de coche. No podía recordar haber estado en el coche cuando sus padres murieron. Algunas veces, cuando forzaba su memoria durante las largas horas en su alacena, tenía una extraña visión, un relámpago cegador de luz verde y un dolor como el de una quemadura en su frente.
-La maldicion – exclamo Moody.
Todos contuvieron el aliento. Esa luz verde era la maldicion asesina y un pequeño (en ese entonces) recordaba algo tan horrible. Las mujeres mayores empezaron a llorar, pues era terrible todo lo que un niño sufrió, las mas jóvenes trataban de no llorar pero se les hacia dificil. Todas eran abrazadas por sus novios o amigos o a alguien que tuvieran a lado.
Lily y James se pararon y fueron a abrazar a Harry, Ginny se fue con los GW paa darle privacidad a su novio con sus padres. Los tres lloraban y se decían palabras consoladoras o tiernas para tranquilizarse entre ellos. Terminaron de abrazarse y se sonrieron entre ellos. Hasta que Lily le pregunto:
-¿Te acuerdas de algo más? – Harry no se esperaba aquello, no sabia si decirle la verdad o quedarse callado y que lo leyeran. Volteo a ver a sus amigos y estos asintieron.
-Me… me acuerdo de todo lo que paso el dí… el día que… de ese día – algunos soltaron grititos asustados, si ver la maldicion era horrible, no querían ni imaginarse como se sentiria recordar todo lo que sucedió.
-¿Cuándo lo mencionan? – preguntaron los Merodeadores.
-Una parte en el tercer libro – otros grititos se escucharon – y en el ultimo libro aparece todo lo que paso ese día.
-Hay que seguir leyendo – dijo Lía.
Aquello debía de ser el choque, suponía, aunque no podía imaginar de dónde procedía la luz verde.Y no podía recordar nada de sus padres. Sus tíos nunca hablaban de ellos y, por supuesto, tenía prohibido hacer preguntas. Tampoco había fotos de ellos en la casa.
-Hay Petunia – negaron tristemente los Evans. Nunca se imaginaron que su hija fuera a cambiar tanto.
Cuando era más pequeño, Harry soñaba una y otra vez que algún pariente desconocido iba a buscarlo para llevárselo, pero eso nunca sucedió: los Dursley eran su única familia.
-Harry yo lo sien… - empezó Remus.
-Tranquilo Remus, se porque no pudiste ir por mi y no te culpo – le dijo Harry con una sonrisa para tranquilizarlo – y Sirius – continuo Harry, viendo que Sirius iba a hablar – no podías hacer nada tampoco, en el tercer libro lo mencionan.
-Esta bien – aceptaron los dos. Aunque les mandaron miradas avergonzadas a sus amigos, estos negaron con la cabeza y sonrieron.
-No se preocupen, Harry dice que por razones de fuerza mayor no pudieron, así que no tienen porque ponerse así – trato de tranquilizarlos James.
-Si chicos, ya sabremos que fue lo que paso – y Lily fue a abrazarlos.
-Gracias chicos – sonrieron los 2 Merodeadores.
Pero a veces pensaba (tal vez era más bien que lo deseaba) que había personas desconocidas que se comportaban como si lo conocieran. Eran desconocidos muy extraños. Un hombrecito con un sombrero violeta lo había saludado, cuando estaba de compras con tía Petunia y Dudley Después de preguntarle con ira si conocía al hombre, tía Petunia se los había llevado de la tienda, sin comprar nada. Una mujer anciana con aspecto estrafalario, toda vestida de verde, también lo había saludado alegremente en un autobús. Un hombre calvo, con un abrigo largo, color púrpura, le había estrechado la mano en la calle y se había alejado sin decir una palabra. Lo más raro de toda aquella gente era la forma en que parecían desaparecer en el momento en que Harry trataba de acercarse.
-Eran magos cariño – dijo Dorea, sonriendole con cariño.
-Lo se abuela – le correspondio con otra sonrisa. Como les gustaba cuando Harry les decía: papá, mamá, abuelo/a, tío o padrino, sentían algun cosquilleo en su pecho.
En el colegio, Harry no tenía amigos. Todos sabían que el grupo de Dudley odiaba a aquel extraño Harry Potter, con su ropa vieja y holgada y sus gafas rotas, y a nadie le gustaba estar en contra de la banda de Dudley.
-Niños tontos – dijeron casi todos los jóvenes de la sala.
-A demás no los necesitas – aseguro Ron.
-Cierto nos tienes a nosotros – continuo Neville y todos los chicos del futuro asintieron. Harry les sonrió a todos, nunca se imagino que su vida hubiera cambiado tanto desde que supo que era un mago.
-Aquí termina
-Pásamelo canuto, yo quiero leer – dijo Lunático.
Lamento no haber podido actualizar antes, es que he tenido muchos problemas familiares y luego fui de vacaciones.
Ahora hablando sobre la historia:
Primero: he estado un poco bloqueada y más con respecto a las conversaciones que se harán entre las parejas, por eso he tardado más de lo normal.
Segundo: lo de traer a Teddy con alguien, si lo hare, había pensado en traerlo en el cuarto libro, pero lo traeré mucho antes más o menos como al final del primer libro o a principios del segundo.
Tercero: habrá algunos detalles pequeños que yo cambiare, como que Harry todavía haba parsel o que el trio sabe Oclumancia y Legermancia (ya se e 3 meses son pocos para aprender la Oclumancia y Legermancia pero no importa, jajajaja siempre me magine que Harry, Rn, Herms Ginny serian buenos en esa materia) y cosas como esas.
