-Ya se me hacia raro que no pidieras el libro Lunático – se burlo Canuto. Lunático solo lo fulmino con la mirada.
-¿Te gusta leer Remus? – pregunto Dora sonriéndole.
-Sí, me gusta leer – le respondió, regresándole la sonrisa. Se quedaron viendo momento, el color miel y gris se combinaron, hasta que escucharon a alguien aclararse la garganta.
-Vamos Lunático empieza a leer – dijo James – ya cuando termines te le puedes quedar viendo a Tonks todo lo que quieras – le sonrió pícaramente, haciendo sonrojar a Remus y Tonks.
-Yo no me le quede viendo a Tonks – contraataco Lunático.
-Si, como digas Remus – se burlo Frank.
-Bueno, ya voy a empezar – dijo Remus, ignorando los comentarios de sus amigos – el capitulo se llama…
-¡Esperen! – grito Canuto.
-¿Ahora qué Sr. Black? – dijo enojada McGonagall.
-¿Cuándo vamos a comer? Es que ya tengo mucha hambre – los Weasley (menos Molly), Prewett, Hagrid, Ted, Draco, Neville, Frank, John y los Potter asintieron de acuerdo con Sirius.
-No se preocupen señores, después de este capítulo vamos a comer – comento Dumbledore.
-¡Entonces ya vamos a probar la comida de Potter/Harry! – dijeron muy emocionados los 6 Weasley, Neville y Draco, haciendo reír a los demás, menos a las mujeres, que veían mal a los chicos.
-No – respondió Harry divertido de ver a sus amigos emocionados y las mujeres enojadas - , yo dije que iba hacer la cena, no la comida. Así que van a tener que esperar.
-Bueno ya aclarado este punto, Sr. Lupin comience a leer – dijo Sprout.
-Si profesora, bueno el capitulo se llama Las cartas de nadie.
-¡Sí! ¡Por fin Hogwarts! – gritaron los merodeadores, junto con los pares de gemelos.
-Al fin sabremos con lujo de detalles como Hagrid le pone la cola al cerdito de tu primo – murmuro Ron muy emocionado a los otros 3.
-Todavía no Ron, es en el siguiente capítulo – murmuro Harry – a demás ya sabes cómo paso.
-Si ya lo sé, pero sería más divertido saber cómo paso exactamente todo – dijo Ron con una sonrisa.
-Hay Ron – negó Herms divertida, para luego darle un beso a su novio.
-Bueno si ya terminaron de murmurar entre ustedes, podemos empezar la lectura ¿verdad? – dijo Charlus, viendo a los 4 amigos.
-Si Sr. Potter, ya podemos empezar – contesto Gin.
La fuga de la boa constrictor le acarreó a Harry el castigo más largo de su vida.
-¿Cuánto tiempo Harry? – pregunto su madre.
-¿Cuánto tiempo que mamá? – pregunto Harry, haciéndose el que no entendía nada.
-Sabes a que me refiero, así que dime cuanto tiempo – Lily entrecerró los ojos viendo directamente a su hijo. Harry suspiro, no le quedaba de otra más que decir la verdad.
-Un mes.
-¡¿UN MES?! – gritaron todos los de la sala. Harry se hacía como el que no escuchaba.
-¡PETUNIA EVANS! – gritaron los 3 Evans.
-¡ESE CERDO DEJO A MI HIJO ENCERRADO UN MES! ¡PRONTO SABRÁ QUE NADIE SE DEBE DE METER CON LOS HIJOS DE LOS MERODEADORES! – James estaba que echaba humo por las orejas.
-¡Señores Lupin, Black y Potter! – estos se voltearon a ver quien les gritaba y a quien vieron fue a Minerva - ¡hagan la broma más grande e ingeniosa que se le ocurra! ¡Si no es lo suficiente buena, los reprobare en sus EXTASIS! ¡¿Quedo claro?!
Los merodeadores se quedaron en blanco, pues nunca habían visto a la profesora así y mucho menos, ni en sus mejores sueños, que les pidiera que hicieran una broma.
-¡Si Minnie! – dijeron a coro los merodeadores.
-¿Ya podemos seguir? – pregunto Marlene.
Cuando le dieron permiso para salir de su alacena ya habían comenzado las vacaciones de verano y Dudley había roto su nueva filmadora, conseguido que su avión con control remoto se estrellara y, en la primera salida que hizo con su bicicleta de carreras, había atropellado a la anciana señora Figg cuando cruzaba Privet Drive con sus muletas.
-Pero que niño tan mal educado – dijo Elizabeth enojada – no puedo creer que ese niño sea nieto mío.
-Lo sé Lizzie, pero recuerda quien le enseño todo eso – le respondió John.
Harry se alegraba de que el colegio hubiera terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley, que visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcolm y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe. Los demás se sentían muy felices de practicar el deporte favorito de Dudley: cazar a Harry.
-Ya me la pagaran esos idiotas – dijo Percy. Sus hermanos, Harry y Herms voltearon a verlo con los ojos abiertos como platos - ¿Qué?
-Es que… Perce… ¡dijiste una grosería! – respondió Charlie que fue el primero en salir de su shock. Los antes mencionados asintieron.
-Oh vamos, no es nada – dijo Percy restándole importancia.
-Claro que no Perce – negó George.
-Es muy raro oírte decir ese tipo de cosas – siguió Fred.
-Bueno si es verdad, nunca hablo así pero es que… bueno ustedes entienden.
-Jajajajaja hay Perce, bueno hay que continuar, Remus por favor – pidió Bill.
Por esa razón, Harry pasaba tanto tiempo como le resultara posible fuera de la casa, dando vueltas por ahí y pensando en el fin de las vacaciones, cuando podría existir un pequeño rayo de esperanza: en septiembre estudiaría secundaria y, por primera vez en su vida, no iría a la misma clase que su primo.
-Y en eso tenias razón Harry – comento Luna – no terminaste yendo a la misma escuela que tu primo.
Dudley tenía una plaza en el antiguo colegio de tío Vernon, Smelting. Piers Polkiss también iría allí. Harry en cambio, iría a la escuela secundaria Stonewall, de la zona. Dudley encontraba eso muy divertido.
—Allí, en Stonewall, meten las cabezas de la gente en el inodoro el primer día —dijo a Harry—. ¿Quieres venir arriba y ensayar?
-Mejor hay que ensayar con él – dijo Marlene enojada.
—No, gracias —respondió Harry—. Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza y pueden marearse. —Luego salió corriendo antes de que Dudley pudiera entender lo que le había dicho.
-Jajajajajajaja – se empezaron a reír todos en la sala pero los mayores, en especial las madres, trataban de no hacerlo – que buena Harry – lo felicito Bill.
-Bill – lo reto la Sra. Weasley.
-¿Qué? No hizo nada malo, solamente se defendió de la mejor manera – respondió este encogiéndose de hombros.
-Eso es cierto Molly – afirmo James – Harry es descendiente de un Merodeador.
-Tienen razón Molly – siguió diciendo Lily, sorprendiendo a la mayoría, con una sonrisa – Harry no hizo nada malo solo se defendió, y hay que agradecer que no hizo nada más grave porque de ser James, ya hubiera hecho una broma.
Y los amigos de James asintieron dándole la razón.
Un día del mes de julio, tía Petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelting, dejando a Harry en casa de la señora Figg.
-Petunia me va a escuchar cuando regresemos – dijo Lizzie molesta – yo no la eduque de esa forma.
Aquello no resultó tan terrible como de costumbre. La señora Figg se había fracturado la pierna al tropezar con un gato y ya no parecía tan encariñada con ellos como antes. Dejó que Harry viera la televisión y le dio un pedazo de pastel de chocolate que, por el sabor, parecía que había estado guardado desde hacía años.
-Harry eso no se dice – lo regaño Lily.
-Mamá ya habíamos quedado que no lo dije, solo lo pensé – Lily sonrió un poco avergonzada – y segundo si lo hubieras probado dirías lo mismo que yo.
-Pero aun así se agradece – dijo Lizzie.
-Si le agradecí abuela.
Aquella tarde, Dudley desfiló por el salón, ante la familia, con su uniforme nuevo. Los muchachos de Smelting llevaban frac rojo oscuro, pantalones de color naranja y sombrero de paja, rígido y plano. También llevaban bastones con nudos, que utilizaban para pelearse cuando los profesores no los veían.
-¡Y a eso le llaman educación! – grito Minerva – por Merlín, espero que en sus casas no se comporten así.
Y los profesores que estaban presentes asintieron de acuerdo con ella.
Debían de pensar que aquél era un buen entrenamiento para la vida futura.
Mientras miraba a Dudley con sus nuevos pantalones, tío Vernon dijo con voz ronca que aquél era el momento de mayor orgullo de su vida. Tía Petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que aquél fuera su pequeño Dudley, tan apuesto y crecido. Harry no se atrevía a hablar. Creyó que se le iban a romper las costillas del esfuerzo que hacía por no reírse.
-Eso me costó mucho trabajo – dijo Harry riendo.
A la mañana siguiente, cuando Harry fue a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina. Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercó a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris.
—¿Qué es eso? —preguntó a tía Petunia. La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harry se atrevía a preguntar algo.
-Dios Petunia es tu sobrino – se quejo John.
—Tu nuevo uniforme del colegio —dijo.
Harry volvió a mirar en el recipiente.
—Oh —comentó—. No sabía que tenía que estar mojado.
—No seas estúpido —dijo con ira tía Petunia—. Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de Dudley. Cuando termine, quedará igual que los de los demás.
-¡¿IGUAL?! ¡CLARO QUE NO QUEDARA IGUAL!
-Ya tranquila Gin, eso ya paso.
-Pues para ti paso Harry, pero no para mi – le respondió su abuela Lizzie – así que cuando vea a esa niña le dejare en claro unas cuantas cosas.
-Pero abuela no …
-Pero nada jovencito, tu tía debe de tratare igual que a su hijo, no como a un perro callejero.
-¡Hey! – se quejo canuto. Los del pasado lo vieron con caras interrogantes(menos Lily, cornamenta y lunático), y los chicos del futuro tenían sonrisas burlonas.
-Shh canuto – le pego en las costillas Lunático.
-Hay Lunático eso dolió.
-Pues de eso se trataba.
Harry tenía serias dudas de que fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó a la mesa y trató de no imaginarse el aspecto que tendría en su primer día de la escuela secundaria Stonewall. Seguramente parecería que llevaba puestos pedazos de piel de un elefante viejo.
Dudley y tío Vernon entraron, los dos frunciendo la nariz a causa del olor del nuevo uniforme de Harry. Tío Vernon abrió, como siempre, su periódico y Dudley golpeó la mesa con su bastón del colegio, que llevaba a todas partes.
-Ese niño ya me está cansando – dijo Marlene.
-Tranquila este de seguro es el ultimo capitulo que escuchamos sobre él y su familia – trato de animarla Alice.
-No estaría tan seguro mamá – dijo Neville – todavía nos falta otro capítulo donde aparecen ellos.
-entonces ya no interrumpan para ya no escucharlos más – dijo Lía también ya harta de escuchar sobre esos muggles.
Todos oyeron el ruido en el buzón y las cartas que caían sobre el felpudo.
—Trae la correspondencia, Dudley —dijo tío Vernon, detrás de su periódico.
—Que vaya Harry.
—Trae las cartas, Harry.
—Que lo haga Dudley.
—Pégale con tu bastón, Dudley.
-Si quiere nosotros lo golpeamos – dijeron los merodeadores con los 6 hermanos Weasley.
Harry esquivó el golpe y fue a buscar la correspondencia.
-Lo bueno es que tienes buenos reflejos Potter – dijo Draco divertido.
-Si, porque gracias a esos reflejos me salve de muchas cosas que me quería hacer Dudley.
-¿Cómo que cosas? – pregunto Lily.
-Cosas sin importancia
-Harry si tú no le cuentas lo haremos nosotros – dijeron Herms, Ginny y Ron. Harry suspiro derrotado, sabía que sus amigos y novia no mentían.
-Esta bien luego te cuento mamá solo hay que seguir leyendo.
-De acuerdo.
Había tres cartas en el felpudo: una postal de Marge, la hermana de tío Vernon, que estaba de vacaciones en la isla de Wight; un sobre color marrón, que parecía una factura, y una carta para Harry.
Harry la recogió y la miró fijamente, con el corazón vibrando como una gigantesca banda elástica. Nadie, nunca, en toda su vida, le había escrito a él. ¿Quién podía ser? No tenía amigos ni otros parientes. Ni siquiera era socio de la biblioteca, así que nunca había recibido notas que le reclamaran la devolución de libros. Sin embargo, allí estaba, una carta dirigida a él de una manera tan clara que no había equivocación posible.
Señor H. Potter
Alacena Debajo de la Escalera
Privet Drive, 4 Little
Whinging Surrey
-¡Si por fin la carta! – gritaron todos los chicos. Los profesores y adultos los veían divertidos.
El sobre era grueso y pesado, hecho de pergamino amarillento, y la dirección estaba escrita con tinta verde esmeralda. No tenía sello.
Con las manos temblorosas, Harry le dio la vuelta al sobre y vio un sello de lacre púrpura con un escudo de armas: un león, un águila, un tejón y una serpiente, que rodeaban una gran letra H.
—¡Date prisa, chico! —exclamó tío Vernon desde la cocina—. ¿Qué estás haciendo, comprobando si hay cartas-bomba? —Se rió de su propio chiste.
Los bromistas tenían caras de horror, ¿eso era un chiste? ¡Por Merlín, es el peor chiste que han escuchado en su vida!
-Ese tipo no tiene sentido del humor – exclamo Cornamenta todavía sorprendido por semejante cosa.
Harry volvió a la cocina, todavía contemplando su carta. Entregó a tío Vernon lapostal y la factura, se sentó y lentamente comenzó a abrir el sobre amarillo.
-Hay Harry – se lamento Xeno.
-¿Qué pasa Xeno? – pregunto Frank.
-Ahorita te enteraras – le respondió Lía, pues entendió perfectamente a su novio.
Tío Vernon rompió el sobre de la factura, resopló disgustado y echó una mirada ala postal.
—Marge está enferma —informó a tía Petunia—. Al parecer comió algo en malestado.
-Espero que le haya dolido – exclamaron madre e hijo, para luego sonreírse.
-Lilian/ Harry – regañaron Lizzie y Dorea. Los amigos de estos dos se empezaron a reír.
-¿Qué? es la verdad – volvieron a decir los dos al mismo tiempo – a demás mamá a ti también te cae mal Marge – termino de decir Lily. Lizzie ya no dijo nada pues era verdad – ya ves, es verdad.
—¡Papá! —dijo de pronto Dudley—. ¡Papá, Harry ha recibido algo!
Harry estaba a punto de desdoblar su carta, que estaba escrita en el mismopergamino que el sobre, cuando tío Vernon se la arrancó de la mano.
—¡Es mía! —dijo Harry; tratando de recuperarla.
-Uhh Harry sacaste el carácter de Cornamenta/ Lily – dijeron Lía, Alice, Marlene, Frank y los 2 Merodeadores. Los mencionados se voltearon a ver frunciendo la nariz – que no de Lily/ Cornamenta – los seis se iban a parar a discutir pero James y Lily se pararon para tranquilizarlos.
-Ya chicos tranquilos, de seguro saco el carácter de ambos o ¿no Harry? – pregunto James.
-Pues la verdad no estoy seguro, algunos me dicen que saque el tuyo y otros me dicen que saque el de mamá.
-Bueno que les parece si esperamos a conocer un poco mejor a Harry y ya luego vemos de quien saco el carácter, ¿Qué les parece? – dijo Luna.
-Buena idea hija – sonrió Xeno – ahora que ya arreglamos esto hay que seguir leyendo.
—¿Quién te va a escribir a ti? —dijo con tono despectivo tío Vernon, abriendo lacarta con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde con lamisma velocidad que las luces del semáforo. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirióel blanco grisáceo de un plato de avena cocida reseca.
—¡Pe... Pe... Petunia! —bufó.
Dudley trató de coger la carta para leerla, pero tío Vernon la mantenía muy alta,fuera de su alcance. Tía Petunia la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejó escapar un gemido.
—¡Vernon! ¡Oh, Dios mío... Vernon!
-¡Por favor! Que no sean tan exagerados, es una simple carta – dijo enojada Andrómeda.
-Lo sabemos Dromeda pero esos muggles no son normales – le aclaro Ted.
Se miraron como si hubieran olvidado que Harry y Dudley todavía estaban allí.Dudley no estaba acostumbrado a que no le hicieran caso. Golpeó a su padre en lacabeza con el bastón de Smelting.
—Quiero leer esa carta —dijo a gritos.
—Yo soy quien quiere leerla —dijo Harry con rabia—. Es mía.
-Lo dicho – volvieron a exclamar los 6 anteriores.
-Ya cállense no dejan leer – grito Alastor cansado de que interrumpan la lectura, él ya quería llegar a una parte interesante.
—Fuera de aquí, los dos —graznó tío Vernon, metiendo la carta en el sobre.
Harry no se movió.
—¡QUIERO MI CARTA! —gritó.
-Uy Harry ya se enojo – dijo un Ron un tanto pálido y con cara de susto.
-Hay por favor Ron yo no me enojo tan feo – dijo Harry.
-Claro que si lo haces cariño.
-¿Tu también Gin? Son unos exagerados la que peor se enoja es Ginny, sin ofender cariño pero tienes carácter fuerte.
-No importa amor. Pero eso no es totalmente cierto ¿verdad Herms?
-Estoy de acuerdo con ellos Harry. Si no pregúntales a los demás.
-¿Si es cierto? ¿Me enojo peor que Ginny? – y los chicos del futuro asintieron y con una sonrisa de perdón.
-Lo sentimos Harry, pero es la verdad – empezó a decir George.
-Tienes un carácter que hasta a mi madre le daría miedo y eso ya es decir mucho – le siguió Fred.
-Nosotros nunca te hemos visto enojado – comento Charlie.
-Pero por lo que nos contaron Ron, Herms y Ginny – prosiguió Perce.
-Si das mucho miedo y la verdad nunca quisiera verte así – dijo Bill – si el carácter de la enana y mamá me da miedo, imagínate el tuyo que es peor que el de Ginny y mamá.
-jajajajaja no puedo creer que me tengan miedo por mi carácter.
-No es de risa Potter, de verdad que das más miedo que el mismo Voldemort - comento Draco. Snape y Lucius arrugaron la nariz enojados y Narcissa solo abrió los ojos como platos, su hijo dijo el nombre del Señor Tenebroso como si nada.
-¡Draco, ten más respeto al Señor Tenebroso! – grito Lucius enojado, pero Draco no le hizo caso.
-Ya que todos acabaron con la discusión sobre el carácter del joven Potter podemos continuar por favor – dijo Augusta.
—¡Déjame verla! —exigió Dudley.
—¡FUERA! —gritó tío Vernon y, cogiendo a Harry y a Dudley por el cogote, losarrojó al recibidor y cerró la puerta de la cocina. Harry y Dudley iniciaron una lucha,furiosa pero callada, para ver quién espiaba por el ojo de la cerradura. Ganó Dudley,
-Obviamente – dijo Kingsley, los merodeadores lo vieron un poco mal – no me miren así, ese niño es muy gordo y lógicamente le iba a ganar a Harry por la diferencia de tamaños.
-Oh lo sentimos – dijeron los Merodeadores.
así que Harry, con las gafas colgando de una oreja, se tiró al suelo para escuchar por la rendija que había entre la puerta y el suelo.
—Vernon —decía tía Petunia, con voz temblorosa—, mira el sobre. ¿Cómo esposible que sepan dónde duerme él? No estarán vigilando la casa, ¿verdad?
—Vigilando, espiando... Hasta pueden estar siguiéndonos —murmuró tío Vernon,agitado.
-Merlín estos muggles si que exageran – comento Arthur.
—Pero ¿qué podemos hacer, Vernon? ¿Les contestamos? Les decimos que noqueremos...
Harry pudo ver los zapatos negros brillantes de tío Vernon yendo y viniendo por lacocina.
—No —dijo finalmente—. No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta...Sí, eso es lo mejor... No haremos nada...
—Pero...
Los Sres. Evans, Lily y Harry pusieron cara sorprendida, ¿acaso Petunia quería que Harry fuera a Hogwarts?
—¡No pienso tener a uno de ellos en la casa, Petunia! ¿No lo juramos cuandorecibimos y destruimos aquella peligrosa tontería?
Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su alacena.
-Debió de ser un honor tenerlo hay – dijo Perce sarcásticamente.
-Jajajajaja buena esa Perce – dijeron los pares de gemelos.
—¿Dónde está mi carta? —dijo Harry, en el momento en que tío Vernon pasabacon dificultad por la puerta—. ¿Quién me escribió?
—Nadie. Estaba dirigida a ti por error —dijo tío Vernon con tono cortante—. Laquemé.
—No era un error —dijo Harry enfadado—. Estaba mi alacena en el sobre.
—¡SILENCIO! —gritó el tío Vernon, y unas arañas cayeron del techo. Respiróprofundamente y luego sonrió, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor.—Ah, sí, Harry, en lo que se refiere a la alacena... Tu tía y yo estuvimos pensando... Realmente ya eres muy mayor para esto... Pensamos que estaría bien que temudes al segundo dormitorio de Dudley.
—¿Por qué? —dijo Harry
—¡No hagas preguntas! —exclamó—. Lleva tus cosas arriba ahora mismo.
-Ese cerdo ya me esta cansando – dijo Hagrid molesto.
La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia,otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon), en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél. En un solo viaje Harry trasladó todo lo que le pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio. Se sentó en la cama y miró alrededor. Allí casi todo estaba roto. La filmadora estaba sobre un carro de combate que una vez Dudley hizo andar sobre el perro del vecino, y en un rincón estaba el primer televisor de Dudley, al que dio una patada cuando dejaron de emitir su programa favorito. También había una gran jaulaque alguna vez tuvo dentro un loro, pero Dudley lo cambió en el colegio por un rifle deaire comprimido, que en aquel momento estaba en un estante con la punta torcida,porque Dudley se había sentado encima. El resto de las estanterías estaban llenas de libros. Era lo único que parecía que nunca había sido tocado.
Desde abajo llegaba el sonido de los gritos de Dudley a su madre.
—No quiero que esté allí... Necesito esa habitación... Échalo...
-Ese niño se parece tanto a ti Potter – exclamo Snape, matando casi con la mirada a James. Los 2 Merodeadores querían decir algo pero James los detuvo con una mirada.
-Severus – dijo Lily enojada y Snape se quedo callado. Harry también quería decir algo pero vio el intercambio de su padre con sus tíos, así que mejor se quedo callado, pero aun así fulmino con la mirada a Snape.
Harry suspiró y se estiró en la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa porestar en aquella habitación. Pero en aquel momento prefería volver a su alacena con lacarta a estar allí sin ella.
-Todos querríamos lo mismo – aseguro Charlus.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley sehallaba en estado de conmoción. Había gritado, había pegado a su padre con el bastónde Smelting, se había puesto malo a propósito, le había dado una patada a su madre,arrojado la tortuga por el techo del invernadero, y seguía sin conseguir que ledevolvieran su habitación.Harry estaba pensando en el día anterior, y con amargura, pensó que ojalá hubiera abierto la carta en el vestíbulo. Tío Vernon y Tía Petunia se miraban misteriosamente.
Cuando llegó el correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con Harry, hizo que fuera Dudley. Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó.
—¡Hay otra más! Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4...
Nadie comentaba nada pues querían terminar de leer ese capítulo.
Con un grito ahogado, Tío Vernon se levantó de su asiente y corrió hacia el vestíbulo, con Harry siguiéndolo. Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello. Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón, tío Vernon se enderezó con la carta de Harry arrugada en su mano, jadeando para recuperar la respiración.
—Vete a tu alacena, quiero decir a tu dormitorio —dijo a Harry sin dejar dejadear—. Y Dudley.. Vete... Vete de aquí.
Harry paseó en círculos por su nueva habitación. Alguien sabía que se había ido desu alacena y también parecía saber que no había recibido su primera carta. ¿Esosignificaría que lo intentarían de nuevo? Pues la próxima vez se aseguraría de que no fallaran. Tenía un plan.
-Oh no – lamentaron Herms, Ron, Ginny, Alice, Marlene y Lía.
-¿Ahora qué pasa? – se quejaron Alastor, Minerva, Augusta y Andrómeda.
-Es que a Harry/Lily siempre le salen mal los planes – dijeron los 6 al mismo tiempo.
-Hey, que no siempre es así – dijeron los mencionados.
-Pero si la mayoría de las veces – contraatacaron de nuevo los 6 – pero qué bueno que eres excelente improvisando Harry – termino de decir Herms, Ginny y Ron asintieron de acuerdo.
-Igual a Cornamenta – dijeron divertidos Lunático y Canuto.
-¿Y porque es bueno? – pregunto Lily.
-Am bueno… es que…
-Ronald respóndele a la Sra. Potter – dijo Molly.
Lily se sonrojo por cómo le dijo Molly y James sonreía de oreja a oreja. Los amigos y padres de la pareja rieron por lo bajo al ver las caras de sus amigos. El único que parecía molesto era Snape.
-Eso ya luego lo descubrirán mamá – respondió Harry con una sonrisa pero mandándole una mirada de advertencia a Herms.
El reloj despertador arreglado sonó a las seis de la mañana siguiente. Harry lo apagó rápidamente y se vistió en silencio: no debía despertar a los Dursley. Se deslizó por la escalera sin encender ninguna luz.
Esperaría al cartero en la esquina de Privet Drive y recogería las cartas para el número 4 antes de que su tío pudiera encontrarlas. El corazón le latía aceleradamente mientras atravesaba el recibidor oscuro hacia la puerta.
—¡AAAUUUGGG!
Ginny Ron y Herms negaron divertidos.
Harry saltó en el aire. Había tropezado con algo grande y fofo que estaba en el felpudo... ¡Algo vivo!
Las luces se encendieron y, horrorizado, Harry se dio cuenta de que aquella cosa fofa y grande era la cara de su tío.
-Cosa fofa jajajajajaja – reían los chicos, aunque algunos adultos trataban de no hacerlo pero fallaban – bien hecho Harry – felicito Tonks.
Tío Vernon estaba acostado en la puerta, en un saco de dormir, evidentemente para asegurarse de que Harry no hiciera exactamente lo que intentaba hacer. Gritó a Harry durante media hora y luego le dijo que preparara una taza de té. Harry se marchó arrastrando los pies y, cuando regresó de la cocina, el correo había llegado directamente al regazo de tío Vernon. Harry pudo ver tres cartas escritas en tinta verde.
—Quiero... —comenzó, pero tío Vernon estaba rompiendo las cartas en pedacitos ante sus ojos.
Las señoras estaban que echaban fuego por los ojos.
Aquel día, tío Vernon no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.
—¿Te das cuenta? —explicó a tía Petunia, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.
—No estoy segura de que esto resulte, Vernon.
—Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia, ellos no son como tú y yo —dijo tío Vernon, tratando de dar golpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que tía Petunia le acababa de llevar.
-Gracias a Merlín – dijo Flitwick.
-Si porque la gente normal como nosotros…
-No utilizamos un pastel de frutas para clavar un clavo – dijeron los gemelos divertidos.
-No claro que no utilizan un pastel de frutas – intervino Tonks divertida.
-Más bien utilizan una cacerola de mamá – termino de decir Charlie. Y todos empezaron a reír. Remus no reía tanto ya que estaba furioso, cada vez que Charlie y Tonks hacían algo juntos Lunático gruñía y le venían ideas de cómo torturar a Charlie Weasley por estar tan unido con Dora.
-¡FRED Y GEORGE! ¡¿CÓMO QUE UNA CASEROLA?! – grito una enojadísima Molly Weasley.
-¡Charlie/ Tonks! – gritaron los gemelos – Ma… mamá eso toda... todavía no ocurre – trato de explicar Fred.
-Si mamá tranqui… tranquila, eso todavía no ocurre – dijo George – eso creo – le dijo a su hermano en el oído.
-Harry ayúdanos – susurraron los gemelos. Para todos los Weasley y los otros chicos del futuro, quedaba claro que Harry era el único que podía tranquilizar a Molly Weasley sin que le grite o lo regañe. Harry suspiro y negó con la cabeza divertido.
-Señora Weasley tranquila – Molly vio a Harry y se relajo notablemente, la mayoría se sorprendió, pero el más sorprendido fue Arthur, a veces a él se le hacía difícil tranquilizar a su esposa – que le parece si terminamos de leer y cuando terminemos vemos si alguna de sus cacerolas tienen ese daño y si la tiene la arreglamos ¿le parece?
-Esta bien querido – le sonrió y Harry le devolvió la sonrisa.
-Sigo sin entender como haces eso Harry – comento Lunático.
-Créenos, nosotros tampoco lo sabemos – dijeron todos sus amigos. Harry solo sonrió divertido y le dijo a Remus que siguiera leyendo.
El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las podían echar en el buzón, las habían pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo.
Tío Vernon se quedó en casa otra vez. Después de quemar todas las cartas, salió con el martillo y los clavos para asegurar la puerta de atrás y la de delante, para que nadie pudiera salir. Mientras trabajaba, tarareaba De puntillas entre los tulipanes y se sobresaltaba con cualquier ruido.
El sábado, las cosas comenzaron a descontrolarse.
-¡Todavía más de lo que ya están! ¡Merlín, que horror ¡ - dijo Tori con cara asustada.
Veinticuatro cartas para Harry entraron en la casa, escondidas entre dos docenas de huevos, que un muy desconcertado lechero entregó a tía Petunia, a través de la ventana del salón. Mientras tío Vernon llamaba a la oficina de correos y a la lechería, tratando de encontrar a alguien para quejarse, tía Petunia trituraba las cartas en la picadora.
—¿Se puede saber quién tiene tanto interés en comunicarse contigo? —preguntaba Dudley a Harry, con asombro.
La mañana del domingo, tío Vernon estaba sentado ante la mesa del desayuno, con aspecto de cansado y casi enfermo, pero feliz.
—No hay correo los domingos —les recordó alegremente, mientras poníamermelada en su periódico—. Hoy no llegarán las malditas cartas...
-Eso es cierto – aseguro Lizzie.
-Claro que si llegaran – dijo Augusta muy segura.
-Pero el corre…
-Es que en el mundo de los magos es diferente como llega el correo mamá, ya verás – le explico Lily.
Algo llegó zumbando por la chimenea de la cocina mientras él hablaba y le golpeó con fuerza en la nuca. Al momento siguiente, treinta o cuarenta cartas cayeron de la chimenea como balas. Los Dursley se agacharon, pero Harry saltó en el aire, tratando de atrapar una.
-Ya ve señora Evans, en nuestro mundo llegan todos los días las cartas – dijo Augusta. Lizzie y John estaban asombrados.
-con razón eres b… - trato de decir Ron pero Ginny le dio un codazo para que se callara, no debían de adelantarse.
-¿Qué eres que Harry? – dijo su padre curioso.
-Ya luego sabrás papá – James iba a insistir pero Harry lo corto – es en este libro donde te enteraras y es todo lo que diré.
James solo se cruzo de brazos como niño pequeño.
—¡Fuera! ¡FUERA!
Tío Vernon cogió a Harry por la cintura y lo arrojó al recibidor. Cuando tía Petuniay Dudley salieron corriendo, cubriéndose la cara con las manos, tío Vernon cerró lapuerta con fuerza. Podían oír el ruido de las cartas, que seguían cayendo en lahabitación, golpeando contra las paredes y el suelo.
—Ya está —dijo tío Vernon, tratando de hablar con calma, pero arrancándose, almismo tiempo, parte del bigote—. Quiero que estéis aquí dentro de cinco minutos, listospara irnos. Nos vamos. Coged alguna ropa. ¡Sin discutir!
Parecía tan peligroso, con la mitad de su bigote arrancado, que nadie se atrevió acontradecirlo. Diez minutos después se habían abierto camino a través de las puertastapiadas y estaban en el coche, avanzando velozmente hacia la autopista. Dudleylloriqueaba en el asiento trasero, pues su padre le había pegado en la cabeza cuando lopilló tratando de guardar el televisor, el vídeo y el ordenador en la bolsa.
-Dudley es un idiota
-Hermione – se sorprendieron todos los chicos del futuro, menos Ron, Harry y Ginny que reían a carcajadas.
-Buena esa Herms – Ron le dio un beso a su novia.
-Ronald – dijo Molly.
Los cuatro amigos ya no dijeron nada pero seguían, más disimuladamente, riendo por lo que dijo Mione.
Condujeron. Y siguieron avanzando. Ni siquiera tía Petunia se atrevía a preguntarle a dónde iban. De vez en cuando, tío Vernon daba la vuelta y conducía un rato en sentido contrario.
—Quitárnoslos de encima... perderlos de vista... —murmuraba cada vez que lo hacia
No se detuvieron en todo el día para comer o beber. Al llegar la noche Dudleyaullaba. Nunca había pasado un día tan malo en su vida. Tenía hambre, se había perdido cinco programas de televisión que quería ver y nunca había pasado tanto tiempo sin hacer estallar un monstruo en su juego de ordenador.
Tío Vernon se detuvo finalmente ante un hotel de aspecto lúgubre, en las afueras deuna gran ciudad. Dudley y Harry compartieron una habitación con camas gemelas ysábanas húmedas y gastadas. Dudley roncaba, pero Harry permaneció despierto, sentado en el borde de la ventana, contemplando las luces de los coches que pasaban y deseando saber...
Al día siguiente, comieron para el desayuno copos de trigo, tostadas y tomates delata. Estaban a punto de terminar, cuando la dueña del hotel se acercó a la mesa.
—Perdonen, ¿alguno de ustedes es el señor H. Potter? Tengo como cien de éstas enel mostrador de entrada.
Extendió una carta para que pudieran leer la dirección en tinta verde:
Señor H. Potter
Habitación 17
Hotel Railview
Cokeworth
Harry fue a coger la carta, pero tío Vernon le pegó en la mano. La mujer los miróasombrada.
-Y como no sorprenderse – dijo Dromeda cada vez más enojada.
—Yo las recogeré —dijo tío Vernon, poniéndose de pie rápidamente y siguiéndola.
—¿No sería mejor volver a casa, querido? —sugirió tía Petunia tímidamente, unas horas más tarde, pero tío Vernon no pareció oírla. Qué era lo que buscaba exactamente, nadie lo sabía. Los llevó al centro del bosque, salió, miró alrededor, negó con la cabeza volvió al coche y otra vez lo puso en marcha. Lo mismo sucedió en medio de un campo arado, en mitad de un puente colgante y en la parte más alta de un aparcamiento de coches.
—Papá se ha vuelto loco, ¿verdad? —preguntó Dudley a tía Petunia aquella tarde.
-Al fin algo con inteligencia que dice esa pequeña ballena – exclamo Sirius levantando sus brazos. Los del futuro y los amigos de Canuto solo reían por lo bajo, mientras Minerva y Dorea negaban con la cabeza derrotadas
Tío Vernon había aparcado en la costa, los había encerrado y había desaparecido.
Comenzó a llover. Gruesas gotas golpeaban el techo del coche. Dudley gimoteaba.
—Es lunes —dijo a su madre—. Mi programa favorito es esta noche. Quiero ir aalgún lugar donde haya un televisor.
Lunes. Eso hizo que Harry se acordara de algo. Si era lunes (y habitualmente sepodía confiar en que Dudley supiera el día de la semana, por los programas de latelevisión), entonces, al día siguiente, martes, era el cumpleaños número once de Harry.
-El más importante de todos – comento Luna.
Claro que sus cumpleaños nunca habían sido exactamente divertidos: el año anterior,por ejemplo, los Dursley le regalaron una percha y un par de calcetines viejos de TíoVernon.
Sin embargo, no se cumplían once años todos los días.
-Exacto – dijo Neville con una sonrisa enorme.
Los padres, abuelos , tío y padrino de Harry estaban tristes, pues se suponía que ellos deberían de festejar en grande al pequeño Harry. Pero por desgracia le toco ese tipo de vida.
Tío Vernon regresó sonriente. Llevaba un paquete largo y delgado y no contestó aTía Petunia cuando le preguntó qué había comprado.
—¡He encontrado el lugar perfecto! —dijo—. ¡Vamos! ¡Todos fuera!
Hacía mucho frío cuando bajaron del coche. Tío Vernon señalaba lo que parecíauna gran roca en el mar. Y, encima de ella, se veía la más miserable choza que uno sepudiera imaginar. Una cosa era segura, allí no había televisión.
—¡Han anunciado tormenta para esta noche! —anunció alegremente tío Vernon,aplaudiendo—. ¡Y este caballero aceptó gentilmente alquilarnos su bote!
Un viejo desdentado se acercó a ellos, señalando un viejo bote que se balanceabaen el agua grisácea.
-¡¿CÓMO SE LE OCURRE HACER ESO?! – gritaron la mayoría de la sala - ¡A LOS NIÑOS LES PODRÍA PASAR ALGO PELIGROSO! – siguieron gritando las mujeres.
—Ya he conseguido algo de comida —dijo tío Vernon—. ¡Así que todos a bordo!
En el bote hacía un frío terrible. El mar congelado los salpicaba, la lluvia les golpeaba la cabeza y un viento gélido les azotaba el rostro. Después de lo que pareció una eternidad, llegaron al peñasco, donde tío Vernon los condujo hasta la desvencijada casa.
El interior era horrible: había un fuerte olor a algas, el viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera y la chimenea estaba vacía y húmeda. Sólo había dos habitaciones.
La comida de tío Vernon resultó ser cuatro plátanos y un paquete de patatas fritas para cada uno. Trató de encender el fuego con las bolsas vacías, pero sólo salió humo.
Todas las mujeres gruñeron. Esa no era una buena alimentación para un niño.
—Ahora podríamos utilizar una de esas cartas, ¿no? —dijo alegremente.
Estaba de muy buen humor. Era evidente que creía que nadie se iba a atrever abuscarlos allí, con una tormenta a punto de estallar. En privado, Harry estaba deacuerdo, aunque el pensamiento no lo alegraba.
Al caer la noche, la tormenta prometida estalló sobre ellos. La espuma de las altasolas chocaba contra las paredes de la cabaña y el feroz viento golpeaba contra losvidrios de las ventanas. Tía Petunia encontró unas pocas mantas en la otra habitación ypreparó una cama para Dudley en el sofá. Ella y tío Vernon se acostaron en una camacerca de la puerta, y Harry tuvo que contentarse con un trozo de suelo y taparse con lamanta más delgada.
-¡AHORA SÍ QUE LO MATO! – gritaron la familia de Harry y sus amigos.
-¡¿CANUTO, LUNÁTICO COMO VAMOS CON LA LISTA?! – pregunto James echando fuego por sus ojos.
-No te preocupes Cornamenta es la mejor broma que hemos hecho desde que entramos al colegio – dijo Canuto con una sonrisa psicótica. Los del pasado se asustaron de ver a Sirius con esa cara, nunca había reaccionado así, hasta a Snape le dio miedo ver esa sonrisa. Pero los Weasley Harry y Mione si que conocía esa sonrisa, es la que tenía desde que salió de Azkaban.
-Tu tranquilo Cornamenta, esta vez planee algo impresionante – comento Lunático casi con la misma sonrisa como Sirius.
-Perfecto, ahora sí que esa ballena humana se prepare, nadie lastima a mi familia y menos a mi hijo.
-Oigan no quiero ser aguafiestas pero ya vieron a Lily – menciono Marlene. Todos voltearon a ver a la pelirroja, el pelo se movía mucho y estaba como inclinada sobre una mesa, en su mano traía una pluma y escribía rápidamente en un pergamino. James se acerco con cuidado.
-Lily, amor ¿Qué haces?
-Escribo mi venganza para Petunia y su esposo.
-Pero Li…
-Nada papá, ya tuve suficiente, yo nunca haría algo así con su hijo y nunca lo he hecho con ella, más bien todo lo contrario la trato bien, le llevo cosas de este mundo para que ella conozca pero yo creo que por más que me esfuerce más me odia y ya me canse si quiere olvidar que tiene hermana está bien, pero no permitiré semejante cosa que le hace o hizo a mi hijo.
Sus padres se miraron y asintieron derrotados, cuando a Lily se le ocurría algo a la cabeza nadie lograba convencerla de lo contrario.
La tormenta aumentó su ferocidad durante la noche. Harry no podía dormir. Se estremecía y daba vueltas, tratando de ponerse cómodo, con el estómago rugiendo de hambre.
Los Weasley gruñeron, ellos nunca pasaron por algo así. Si son/eran pobres pero aun así comían todos y ninguno se quejaba porque no comiera bien. Mientras que Harry sufría viviendo con esos monstruos.
Los ronquidos de Dudley quedaron amortiguados por los truenos que estallaron cerca de la medianoche. El reloj luminoso de Dudley, colgando de su gorda muñeca, informó a Harry de que tendría once años en diez minutos. Esperaba acostado a que llegara la hora de su cumpleaños, pensando si los Dursley se acordarían y preguntándose dónde estaría en aquel momento el escritor de cartas.
-Muy cerca – murmuro Harry divertido a sus amigos y novia. Estos rieron divertidos.
-Ya casi llega la parte del cerdo – comento Ron divertido y con los ojos brillándole de emoción.
-¡Hey! Ya dejen de murmurar, nosotros también queremos saber – se quejo Lía como niña chiquita.
-Nunca podrás saber de qué hablan mamá, créeme ya lo intente – dijo Luna con una sonrisa por ver a su madre comportándose de esa manera.
-Ya cállense, tenemos horas tratando de terminar este capítulo y nomás no podemos por sus interrupciones – dijo Binns enojado.
-Señor Lupin por favor – pidió Albus.
Cinco minutos. Harry oyó algo que crujía afuera. Esperó que no fuera a caerse el techo, aunque tal vez hiciera más calor si eso ocurría. Cuatro minutos. Tal vez la casa de Privet Drive estaría tan llena de cartas, cuando regresaran, que podría robar una.
Tres minutos para la hora. ¿Por qué el mar chocaría con tanta fuerza contra las rocas? Y (faltaban dos minutos) ¿qué era aquel ruido tan raro? ¿Las rocas se estaban desplomando en el mar?
-No era otra cosa – pensó Harry viendo de reojo a Hagrid.
Un minuto y tendría once años. Treinta segundos... veinte... diez... nueve... tal vezdespertara a Dudley, sólo para molestarlo... tres... dos... uno...
BUM.
-¿BUM? Remus lee en serio
-Es en serio Tonks mira – le mostro el libro y ella se sonrojo.
-Perdón.
-No te preocupes – le sonrió y esta le devolvió la sonrisa.
Toda la cabaña se estremeció y Harry se enderezó, mirando fijamente a la puerta. Alguien estaba fuera, llamando.
-Termine – Remus dejo el libro encima de la mesa.
-Bueno hay que ir a comer y estirarnos un poco para luego continuar ¿qué les parece? – dijo Albus.
-¡Si! ¡Comida! – gritaron a mayoría de los hombres y los demás solo negaron con la cabeza.
Hola a todos una disculpa grande por no actualizar en estos 2 meses, pero créanme que valió la pena porque: ¡TENGO LISTO UN CAPÍTULO SOBRE SIRIUS Y MARLENE!
Bueno esta vez no tengo nada que aclarar así que comenten y si en algo estoy mal, tienen algún consejo o alguna cosa ya saben donde encontrarme.
Bye (n.n)/
