— Vamos Harry, mi papá debe estar en su oficina.

Dos pequeños niños, de 5 años de edad, estaban en los pasillos de Malfoy Manor, iban directo a hablar de un asunto importante con el padre del pequeño rubio.

Harry iba tras él, tímido y no tenía idea de lo que estaba haciendo su mejor amigo.

Ambos llegaron frente a una puerta enorme para su tamaño, el pequeño rubio se paró frente y con una mirada decidida dio unos toques a la puerta, esperando la aprobación del otro lado y pasar.

Esperaron solo segundos hasta que se les permitió pasar.

Lucius Malfoy, un hombre serio, imponente, gran hombre en los negocios, excelente padre, un poco consentidor con su hijo -mucho, diría Narcissa- estaba sentado tras su escritorio.

Observó como su pequeño retoño entraba, la expresión que llevaba era seria que lo sorprendió, y tras su hijo estaba el mini Potter, este entró nervioso, con la mirada fija en el suelo y sus manos jalando las mangas de su suéter y sin entender que estaba pasando.

Draco se plantó frente al escritorio, el cual estaba más alto que él y dejó atrás a Harry.

— ¿Qué pasa, Draco? —preguntó el rubio mayor, enarcando una ceja.

— ¡Me voy a casar con Harry! — Declaró decidido.

Si esperaban que Lucius se desmayara, pues sigan esperando, porque Lucius Malfoy nunca perdía la compostura, era inaudito, si acaso había gente que lo sulfuraba -Potter- ya era un tema aparte. Además Lucius ya tenía la sospecha que a su hijo le gustaba el pequeño de los Potter, ¿cómo no se daría cuenta? si un día su pequeño ángel, llegó del jardín de niños llorando porque no le habían querido vender a Harry. Y ahora en cada semana; o Draco no estaba en casa o Harry estaba por su pasillos jugando con su niño.

Asi que el rubio mayor sólo acertó a soltar un suspiro cansado y acercarse a su hijo. Era una situación que estaba seguro pasaría, es decir, su hijo era un poco... caprichoso. Así que sabia como manejar esta situación.

— Papá dice que no es tiempo de casarte.

Como era de esperarse, Lucius sabía que esa respuesta no sería de agrado para su hijo.

El pequeño rubio frunció el ceño y se cruzó de brazos, listo para replicar.

— Pero papá, nos hemos tomamos de la mano con Harry, podríamos tener un bebé, déjame casarme con él —insistió.

Para la edad que tenía el pequeño rubio de ojos grises, que reflejaban la pureza e inocencia, éste era muy seguro de sí mismo y bastante obstinado. Aunque le surgió otra duda... ¿Quien le dijo que los bebés vienen de tomarse las manos?. Ignorando eso, respondió:

— De acuerdo, esperaremos unos 9 meses para saber si tendrán o no un bebé ¿Si? Y veremos si los casamos.

— ¡No quiero! Me voy a casar con Harry ahora.

A un lado, ignorante de la situación estaba el pequeño castaño, sus orbes verdes esmeralda miraban la situación sin entender muy bien de lo que pasaba.

¿O sea que por tomarse de la mano ya tendría un bebé? Se tocó su estómago, pensando que ahí había un bebé, no sintió nada porque recordó que cuando el esposo de su padrino estuvo embarazado, el bebé se había movido cuando puso sus manos en su estómago- aún dudoso miró el estómago de Draco, ¿será que ahí estaba el bebé?

— ¿Los bebés llegan cuando se toman de la mano? — preguntó a la nada, pero si un poco fuerte para detener el berrinche que hacía su amigo frente a su padre.

Lucius se tensó, explicar de dónde vienen los bebés, era tema a tratar de cada familia.

— ¡Sí Harry! — habló el rubiesito. — Yo sé muy bien comó se hacen —dijo orgulloso por saberlo.

Harry dudó un poco, así no es como le había dicho su madre que hacían los bebés. Así que se decidió decirle a su amigo.

— Mis padres no me dijeron que se lo hacía así...Ellos dijeron que papá trae una semilla y la planta en el estómago de mami y así ella lo cuida dentro hasta que el bebé quiera salir.

Draco fruncio el ceño confundido y Lucius pensó que esa era una buena manera de explicarle cómo se hacían los bebés, al parecer James Potter no era tan tonto como parecía.

Draco se giró hasta que estuvo frente a su padre, tenía la expresión confundida y Lucius estaba seguro que le preguntaría cuál era la verdad. Anticipando a la pregunta el rubio mayor respondió:

— Dragón ¿Quien te dijo que los bebés se hacían de esa manera?

— Un niño de la escuela.

Claro, ¿quien más lo sería?

— Papá, ¿si quiero tener un bebé con Harry tengo que conseguir una semilla de bebé y ponerlo dentro de Harry? —preguntó el de ojos grises.

— ¿Yo? P-pero porqué no puedes ser tú quien tenga al bebé? — preguntó el de ojos verdes.

— ¡Alto niños! — les paró cuando parecía que discutían por tener al bebé — Los bebés solo vienen cuando ustedes ya sean adultos, aún son niños y no deben tener bebés... ¿y si mejor van a jugar? Les daré mis pergaminos para que puedan dibujar.

Los niños dudaron un poco, pero al final asintieron; pidieron a Lucius un pergamino y pluma y salieron de la oficina directo a la sala.

Lucius respiró tranquilo, bueno, ya tuvieron la charla, ese tema talvez no será problema hasta que el rubio menor tenga 10 años, una vez llegado ese tiempo en la escuela ya le enseñarán ese tema. Era un excelente padre, eso sí. Asintió y siguió con su trabajo.

En la sala los niños dibujan con total concentración hasta que la chimenea sonó avisando la llegada de una persona a la Mansión.

Narcissa salió limpiándose una pelusa inexistente en su hombro, hasta que vio a su querido Dragón y el pequeño de los Potter sentados, con pergaminos llenos de lo que parecían dibujos.

— ¡Mamá! —chilló emocionado su hijo— ¡Mira, hice este dibujo!

— Señora Narcissa — habló Harry.

— Harry, te he dicho que puedes llamarme Cissy.

— S-sí —respondió

Draco, mostró el dibujo que hacía a su madre, muy orgulloso.

— Mi amor, que hermoso.

— ¡Sí! Aquí está, mamá y papá, y estamos Harry y yo.

Narcissa vio que Harry y Draco estaban bajo una carpa y tomados de la mano.

— ¿Y qué están haciendo Harry y tú?

— ¡Nos estamos casando!

— ¿Qué? — balbuceo Cissy.

— Ajá, cuando seamos grandes nos vamos a casar y papá dijo que podremos tener un bebé.

— ¿Eso dijo? — el rubio asintió, feliz. — ¿Y tu que hiciste Harry?

El pequeño le dio su hoja.

— Vaya, es muy hermoso, ¿son Draco y tú? —el castaño asintió sonrojado— ¿y que es lo que tienen en brazos?

Draco se estiró a verlo y chilló emocionado, abrazó a Harry a la vez que besaba su mejilla a un más que sonrojado Harry.

— E-es nuestro bebé.

Narcissa abrió los ojos asombrada y luego soltó un suspiro.

— ¿Se van a casar y tener un bebé cuando sean adultos?

— ¡Sí! —gritaron emocionados los niños.

Narcissa río discretamente.

— Bueno Harry, bienvenido a la familia. ¿Por qué no vamos a mostrarle el dibujo a Lucius, sí?

Los niños asintieron emocionados, recogiendo sus pergaminos.

— ¡Vamos Harry! —dijo el rubio tomando su dibujo, el castaño asintió tomando su hijo y corriendo junto a Draco tomados de la mano. Tras ellos iba Narcissa, esperando ver la reacción de su esposo.

Apenas llegaron a la oficina, Draco fue hasta el regazo de su padre, mostrándole emocionado su dibujo, mientras Harry se detuvo a un lado de la silla, con su dibujo en manos.

Lucius mostró un brillo en sus ojos, cuando Draco relataba cómo sería su boda, y ocultó fatalmente la lágrima que escapó de sus ojos cuando vio lo que hizo Harry. Cargó a los dos niños en sus brazos y les dio un beso a cada uno en la mejilla.

Se acercó con ellos a Narcissa, quién se mantuvo en el marco de la puerta, observando todo feliz.

— Nuestro hijo se consiguió al mejor yerno que pude pedir — murmuró dejando un tierno beso en los labios de su esposa.

— ¿Aún si es Potter? — picó Narcissa.

Lucius río y vio al niño que tenía en brazos, sus ojitos esmeraldas brillaban emocionados mientras veía a Draco.

Lucius asintió y dijo.

— Aún si es un Potter.

Fin.

Geeenteee, espero les haya gustado la historia.

Bai c: