Ron había lanzado por primera vez bien el hechizo y logró que el troll se golpeara a si mismo con su garrote.
· Cool – dijo el niño al ver caer a la bestia con gran estruendo.
· Crees que está muerto? – preguntó Hermione.
· No, solo aturdido – dijo Harry.
De repente se escuchó el ruido de tres pares de pies corriendo rápidamente hacia el baño, y al momento aparecieron los profesores McGonanall, Snape y Quirrell.
· Uds! Explíquense inmediatamente! – grito la profesora McGonagall.
· Profesora… - empezó titubeante Harry.
· Yo puedo explicarlo profesora – dijo Hermione mirándose los pies – yo vine en busca del troll, he leído mucho sobre ellos y pensé que podía con él…
Ron y Harry no podían creerlo, Hermione Granger diciendo una mentira a un profesor? Esto no tenía precedentes, ambos chicos miraban asombrados la escena.
· Ron y Harry vinieron tras de mí a salvarme, sin ellos estaría muerta – termino la niña muy avergonzada.
· En ese caso – dijo la profesora McGonagall – Srta. Granger eres una tonta, cómo se te pudo ocurrir semejante tontería? Voy a quitar 5 puntos de Gryffindor por tu sería falta de criterio, en cuanto a uds dos – dijo mirando a Harry y a Ron que retrocedieron asustados – Díez puntos para Gryffindor por mera suerte, ahora vuelvan a la sala común, yo debo hablar con la señorita Granger, sígueme por favor.
Hermione siguió a la profesora hasta su oficina, mil pensamientos volaban por su cabeza, ella ya le había quitado puntos a Gryffindor por su fechoría, qué más iba a hacer? Por supuesto que querría retarla en privado y ella la iba a escuchar en silencio, ella jamás se metía en problemas y ahora iba hacia la oficina de un maestro por una mentira para salvar a sus futuros amigos, se preguntó si hacía lo correcto, pero tuvo que reconocer que confesar ahora no traería ningún bien a su situación y a la de sus amigos, más rápido de lo que le hubiese gustado llegaron a la puerta de la oficina y la profesora McGonagall la hizo entrar con un gesto, ella entró temerosa y se quedó de pie sobre la alfombra sin saber que hacer.
· No sabes cuan decepcionada estoy de ti Granger, del último alumno que me esperaba algo así era de ti y aquí estamos con esta situación complicada, qué tienes que decir a tu favor?
· Lo siento mucho profesora McGonagall, fue un error… yo no estaba pensando…
· Por supuesto que no estabas pensando! – se alteró la profesora McGonagall – qué tr hizo pensar que podrías tú sola con un troll completamente crecido?
· Lo siento – repitió Hermione a punto de llorar.
· Yo me asegúrate de que lo sientas de verdad y no vuelvas a hacer algo así Granger – sentenció McGonagall sentándose en un sofá que había en la sala – ven para acá inmediatamente.
Hermione camino hasta ella y se quedó de pie a su lado, no sabía a ciencia cierta que se proponía la profesora, pero sospecho que iba a castigarla físicamente, su madre una vez lo había hecho y pese a que no fue un paliza especialmente fuerte, realmente fue muy suave, su orgullo había sufrido y ella se había prometido a si misma no volver a encontrarse en esa posición nunca más, hasta ahora. En cuanto se acercó a la profesora McGonagall, está metió sus manos bajo su falda y tomo el elástico de su ropa interior para bajarla de un tirón hasta sus rodillas.
· Ahora te acostarás sobre mis rodillas y sabrás cómo trato a las niñas desobedientes de Gryffindor – dijo empujando la espalda baja de la niña y acomodándola en sus rodillas – voy a darte unas buenas nalgadas para que aprendas a no volver a meterte en líos, eres de mis alumnas favoritas, la más inteligente de tu curso y quizás más, no permitiré que te eches a perder por no usar tu cabeza – dijo subiendo la falda de Hermione para dejar al descubierto su pequeño y blanco trasero.
La niña gimió cuando sintió el aire en su trasero desnudo, pero no quedo mucho tiempo para la vergüenza, ya que inmediatamente comenzaron las palmadas, Minerva golpeaba fuerte y distribuía los golpes por todo el trasero, pasados unos treinta golpes ya sentía todo su trasero ardiendo y empezó a patalear.
· Quédate quieta Hermione, aún no acabo contigo – dijo enojada la profesora McGonagall aumentando la intensidad de los golpes.
· Por favor profesora, he aprendido la lección, no lo haré nunca más, por favor no me siga pegando - suplico Hermione con lágrimas en los ojos.
· No pequeña, aún no he terminado, ud se irá a dormir con el trasero ardiendo esta noche y pensará en lo que hizo hasta quedarse dormida – dijo puntualizando con golpes cada palabra.
Finalmente después de lo que pareció una eternidad, McGonagall dejo de golpear el trasero de la niña, le había dado cien palmadas y su trasero estaba totalmente rojo, ella engancho la falda a la cintura de esta e hizo levantar a su alumna que sollozaba profusamente.
· Ya deja de llorar Granger, ya pasó, ahora quiero que te pares frente a la pared y te calmes, dentro de unos minutos te llevaré a tu sala común.
· Sí profesora – asintió ella y se dirigió dónde la mandaban.
Hermione permaneció mirando a la pared muy quieta por 5 minutos, se sentía ridícula de pie ahí con su profesora viendo su trasero recién castigado y expuesto, pero no se atrevió a protestar ni por un minuto, espero pacientemente hasta que la profesora McGonagall la llamo desde su escritorio y se acercó temerosa mirando al suelo, Minerva tomó su ropa interior y la subió suavemente, después le acomodó la falda, todo esto en silencio, luego se levantó cuan alta era y desde arriba la tomo por los hombros y le dijo.
· Volverás a hacer una cosa así Granger?
· Nunca más profesora – susurro la niña sin dejar de mirar el piso.
· Esta bien, porque la próxima vez no usaré solo mi mano y parecerá que este castigo fue apenas una advertencia, me explique bien? – dijo con severidad.
· Sí profesora.
· Mírame a los ojos Hermione – dijo enojada la profesora.
· Lo siento – dijo la niña mirándola con temor.
· Ya no debes mirarme asustada, ya te castigue y estás perdonada, ahora vamos, te dejaré en tu sala común.
· Profesora… creo que puedo encontrarla por mí misma – dijo enrojeciendo hasta el pelo al verse tratada como una niña pequeña.
· Por ningún motivo, aún no me cercioro de que ese monstruo haya abandonado el castillo y quiero que llegues sana y salva a tu dormitorio, así que vamos – dijo abriendo la puerta para conducir a la niña por el pasillo.
Salieron a los pasillos y caminaron juntas hasta el retrato de la dama gorda que miro a la niña con curiosidad, le pareció que había llorado y su uniforme se veía algo desaliñado, pero no hizo preguntas al ver que venía con una profesora, McGonagall la tomó una vez más de los hombros y la giro frente a ella.
· Quiero que te vayas directamente a la cama y no te preocupes, nadie sabrá lo que pasó hoy en mi oficina ni se repetirá si ud no me da motivos en el futuro.
· Sí profesora, buenas noches.
· Buenas noches señorita Granger.
Minerva se quedo mirando el retrato por donde desapareció la niña y sonrió, nunca pensó que tendría que disciplinar a una niña tan inteligente como Hermione Granger, ella no acostumbraba azotar a sus alumnos, pero le tenía especial cariño a la niña y no estaba dispuesta a deja que se desviara del camino, para eso estaba la jefa de casa.
Hermione entró cabizbaja a la sala común, dónde Ron y Harry la esperaban en las butacas de siempre mirándola con gran aprensión, ella solo quería darles las buenas noches y subir a la cama como le había ordenado McGonagall, pero ellos no la dejaron.
· Hermione, qué pasó? Por qué tardaste tanto? – preguntó Ron.
· Si, pensamos que McGonagall te había matado como mínimo – dijo Harry.
· No, ella no me mató, ella simplemente…
· Te pego! – grito Ron – tienes los ojos como si hubieses llorado y no te has sentado – dijo acusadoramente.
· Eso no es posible, por qué McGonagall iba a golpearla Ron? – dijo Harry incrédulo.
· Bueno ella si lo hizo – dijo la niña mirándose los pies – y también me dijo que subiera inmediatamente a la cama, así que creo que iré a dormir.
· Yo… lo siento mucho Hermione, todo es culpa nuestra – dijo avergonzado Harry.
· Yo también, no sabes cuánto, quieres que hablemos con McGonagall? Yo podría confesar – se ofreció Ron.
· Oh no, por favor, eso no tendría ningún sentido, ya me castigo, no voy a esperar que sea indulgente ante la mentira por dios, seguramente me daría otra paliza y uds también estarían en problemas, dejemos las cosas como están.
· Lo sentimos mucho Hermione, de verdad – repitió Harry.
· Gracias Harry, me voy a dormir, nos vemos mañana, buenas noches.
· Buenas noches – dijeron ambos niños.
Hermione subió la escalera hasta su dormitorio, cerró sus cortinas con dosel y se empezó a quitar el uniforme, se miró el trasero y vio que aún estaba bastante rojo, seguramente tendría que dormir boca abajo pensó, pero en el fondo se sentía feliz, ahora tenía dos amigos nuevos y una profesora a la cual le importaba tanto como para ponerla en sus rodillas y enseñarle el buen camino, eso no podía estar tan mal.
Era cerca de medianoche y Harry y Hermione iban con una jaula con un dragón hacia la torre de astronomía bajo la capa invisible, nadie podía verlos, pero sabían que Malfoy sabía lo que harían, así que ninguno hablaba de los nervios hasta que oyeron algo que los hizo congelarse en el acto.
· Nada explica que se pasee por los corredores de Hogwarts a esas horas jovencito – decía la profesora McGonagall sujetando firmemente la oreja de Draco Malfoy.
· Pero profesora déjeme explicarle, Harry Potter vendrá con un dragón está noche, tiene que creerme.
· Ya escuché suficiente, 20 puntos menos para Slytherin y lo llevaré con el jefe de su casa inmediatamente.
Nos salvamos, pensaron ambos chicos y reanudaron su tarea, llegaron a la torre en el momento justo que llegaba Charlie y sus amigos, quieren engancharon la jaula a un arnés y suspendieron al dragón en cuestión se minutos, el alivio que les produjo ver a aquel dragón alejarse en la noche los hizo olvidar la capa invisible y bajar sin preocupaciones por la escalera encontrándose nada menos que con Argus Filch al pie de ésta, ambos se quedaron de piedra.
· Veo que estamos en grandes problemas – dijo el conserje con la felicidad marcado en sus mezquinos ojos – síganme.
Filch los condujo hasta la oficina de la profesora McGonagall y golpeó la puerta con entusiasmo casi indecente.
· Buenas noches profesora, disculpe que la moleste a estas horas, pero encontré a estos dos Gryffindors en la torre de astronomía, ud me dirá que castigo quiere que les de – dijo radiante de felicidad con los dos niños parados mirándose los pies.
· Gracias Argus, yo me encargo desde aquí – dijo mirando con reprobación a sus dos estudiantes.
· Pero profesora.
· Suficiente señor Filch, buenas noches, uds dos, pasen.
Ambos niños entraron como quien entra en el corredor de la muerte, sobre todo Hermione que estaba recordando vívidamente los acontecimientos sucedidos la noche del troll y ya sentía su trasero arder, ambos temblaban ligeramente aunque no había frío y en la oficina de la profesora McGonagall había un alegre fuego en la chimenea.
· Bueno, estoy esperando una explicación – dijo ella con la mirada más severa que ambos habían visto en su cara.
· Profesora nosotros solamente salimos a dar un paseo – se aventuró Harry sin mucho convicción.
· Un paseo? Uds creen que yo soy tonta? A estas horas de la noche? Saben perfectamente que no hay excusas para pasearse por los pasillos a estas horas y que serán debidamente castigados, pero no me explico lo del señor Malfoy, claramente uds le tendieron una trampa para hacerlo salir de la cama también y meterse en problemas, ese era su plan?
· Si profesora – reconoció Harry mirándose los pies, Hermione no era capaz de articular una palabra por si misma.
· Bien, ahora sabrán las consecuencias de sus actos, cincuenta puntos menos para Gryffindor.
· Cincuenta? – se escandalizó Harry.
· Cada uno – siguió la profesora – además voy a castigarlos esta noche y ambos recibirán detenciones junto al señor Malfoy.
Ambos niños quedaron impactados ante estas declaraciones, no solo acababan de perder cien puntos para su casa, además serian castigados y ambos sabían a qué tipo de castigo se refería la profesora McGonagall y el miedo lo tenía congelados sobre la alfombra,
· Cómo no quiero que ninguno vea el castigo del otro, la señorita Granger me esperara en mi habitación mientras me ocupo del señor Potter – dijo sacando un libro de la estantería tras ella y activando una puerta secreta, tomo a Hermione con brusquedad y se metió con ella ahí – siéntate y espérame aquí – le dijo sentándola en un sillón.
· Si profesora – dijo sumisamente ella.
La profesora volvió a la oficina y se sentó en el sillón desde donde llamo a Harry, una vez que lo tuvo cerca le desabrochó los pantalones y los bajo hasta sus rodillas junto con sus calzoncillos, el niño tirito de susto y se dejó llevar por aquellas manos que lo colocaron sobre las rodillas de la profesora McGonagall y espero los golpes que no se hicieron esperar, ella lo golpeaba sin piedad, repartiendo los golpes por todo el trasero y a una intensidad constante, le tomo 10 minutos darle cien palmadas y luego lo levanto en un movimiento, le ordenó subirse los pantalones y le dijo.
· Bueno has tomado bien tu castigo – dijo al ver que el chico no había llorado – espero no tener que repetir está experiencia y que en el futuro pienses mejor antes de actuar, aún tendrás la detención junto a tus compañeros y quiero que ahora vayas directamente a la torre de Gryffindor y te acuestes, nada de esperar a Hermione, me has entendido?
· Si profesora – dijo el chico feliz de poder irse – buenas noches.
Minerva se tomó unos minutos de descanso después de ver salir al chico presuroso de su oficina, aún le tocaba lidiar con la señorita Granger y esto requería más de su fuerza de carácter, le había prometido a la chica una paliza más fuerte que la que le había dado después del incidente con el troll y así lo haría, pero en el fondo le dolía tener que castigar tan duramente a su alumna favorita, sabía que ella estaba comiéndose las uñas de los nervios en la otra habitación y esto la hacía sentir poderosa, controladora total de la situación, era un sentimiento que siempre le había gustado de ser profesora, pero aún no así no podía evitar sentir pena por la chica.
Finalmente decidió poner fin a la espera y con un suspiro se acercó al estante de dónde saco nuevamente el libro secreto y paso por la puerta recién formada, casi no pudo evitar sonreír al ver saltar a Hermione en su asiento ante su presencia.
· Bueno señorita Granger, creo que recuerda tan bien como yo nuestra conversación de hace unos meses atrás.
· Si profesora – respondió está mirándose los pies.
· Creo haberte advertido como sería tu castigo si te volvía a encontrar rompiendo las reglas y creo que llegó la hora de cumplir aquella promesa, ponte de pie y retira su ropa interior y tu falda, puedes dejar ambas sobre el sillón, no las necesitarás en un rato.
Hermione temblaba y se sentía a punto de llorar, tenía miedo de cómo seria la su castigo, pero también se sentía mal de haber decepcionado a su profesora favorita y la culpa la impulso a seguir la instrucción de inmediato, de todas maneras la profesora ya la había visto desnuda, el miedo podía más que la vergüenza y pronto estuvo desnuda de la cintura para abajo, McGonagall se sentó con elegancia en el sofá y la llamo con un gesto, nuevamente se encontraba indefensa sobre las rodillas de su profesora esperando las palmadas que no se hicieron esperar, al igual que la vez anterior, estás no fueron suaves y pronto sentía arder todo su trasero, la profesora no la retaba como la vez anterior, sino que abocaba toda su atención en dejar una verdadera impresión en las nalgas de la chica, cuando completo los cien azotes la levanto bruscamente y la mando a la pared, Hermione feliz de que hubiese acabado se dirigió presurosa a donde le indicaban.
· Recuerdo haberte dicho que la próxima vez no usaría solo mi mano para castigarte Granger, así que esto es solo una pausa, vamos a probar si la correa te hace pensar mejor las cosas.
· Una correa profesora? No por favor – dijo Hermione dándose vuelta.
· Te di permiso para cuestionarme? – dijo McGonagall acompañando esto con una fuerte palmada – recibirás los correazos sin quejas, ahora ponte sobre el escritorio.
La niña obedeció sollozando y se inclinó frente al escritorio esperando la segunda parte de su castigo, la profesora McGonagall no se hizo esperar y sacó una correa gruesa de uno de sus cajones, la doblo en dos y se dirigió al escritorio, levanto la correa y la dejo caer con fuerza sobre el trasero de la niña, dejando una marca más roja donde había impactado, Hermione salto con el golpe, pero no lloro, por lo tanto siguió adelante y siguió azotando aquellas nalgas que ya estabas rojas y pasaron a estar además marcadas con franjas rojas dónde caía la correa, le dio veinte correazos y la dejo llorar sobre su escritorio unos momentos, no se arrepentía de haberla castigado, pero no podía evitar sentir pena por su pequeña alumna llorando con el trasero en llamas, se acercó a ella sin saber muy bien que hacer.
· Ya esta terminado señorita Granger, se acabó, ponte de pie – dijo la profesora agarrando con delicadeza la cintura de la niña.
Hermione no podía más, se arrojó a los brazos de la profesora y la abrazo desesperada por un poco de cariño, lloraba de manera angustiosa y se aferró con fuerza a ella.
· Señorita Granger… - dije Minerva desconcertada.
· Lo siento mucho profesora, yo… yo no quería decepcionarla una vez más, de verdad que no quería, perdóneme por favor.
· Estas perdonada Granger, ya pasó – dijo ella acariciando la espalda de la niña que se aferraba a su túnica.
· Le prometo que será la última vez.
· No digas eso, tengo la sensación que no será la última vez que tenga que lidiar con uds – dijo ella sonriendo – ahora quiero que vayas al baño y te laves la cara con agua tibia y vuelvas aquí.
Hermione obedeció y entró al baño, se mojó la cara y se lavo pausadamente esperando borrar los rastros de que había llorado, una vez que se secó no pudo resistir la tentación y se descubrió el trasero para verlo en el espejo, encontrándose con la sorpresa de que además del rojo brillante, se podían ver algunos moretones pequeños donde había impactado la correa.
· Esta todo bien Granger? – preguntó la profesora McGonagall a través de la puerta.
· Si profesora, ya salgo.
Al salir del baño encontró a la profesora McGonagall tomando te en el sofá, había otra taza sobre la mesa y una bandeja con galletas de jengibre, ella se acercó cautelosa y la profesora la tomo de la mano y la sentó en sus rodillas, ella se dejó caer sobre el pecho de la mujer mayor y volvió a sollozar un rato, el contacto de su trasero con las rodillas de la profesora le dolía mucho, pero decidió no haber comentarios, la profesora la levanto suavemente y la sentó a su lado.
· Tómate el te Hermione y come una galleta – ordeno la profesora.
· No tengo hambre.
· No era una pregunta – dijo nuevamente severa ella.
· Sí profesora.
Al obedecer descubrió que ambas cosas le habían dado un sueño terrible y se dejó caer sobre el sofá, Minerva sonrió y tomo en brazos a la niña, la llevo hasta su cama y la desvistió con un movimiento de la varita, para luego colocarle un camisón y meterla en su cama, aquella noche no la dejaría ir sola a la sala común, la dejaría dormir con ella para asegurarse que estuviera bien en la mañana, al tenerla dormida y tapada no pudo evitar sentir ternura por aquella niña, le dio un beso en la frente y fue al baño para prepararse para la cama ella también, una vez que se cambió de acostó junto a la niña y se durmió junto a ella.
A la mañana siguiente Hermione despertó desorientada, no recordaba haberse acostado en absoluto, solo una culpa inmensa cayó sobre ella al recordar los eventos de la noche anterior y se sorprendió al notar que tenía puesto un camisón y que no estaba sola en aquella cama ajena y grande, no supo que hacer, si debería levantarse y volver a la torre de Gryffindor o permanecer ahí hasta que su profesora despertara, por suerte Minerva despertó en ese momento y le evito seguir con aquella encrucijada.
· Buenos días Hermione, cómo dormiste?
· Bu… buenos días profesora… bien, y ud?
· Muy bien gracias, seguramente te preguntarás qué haces aquí, anoche quedaste muy sensible después de tu castigo, no quería enviarte a tu dormitorio sola, es por esto que puse un hechizo en el té y las galletas para hacerte dormir sin sueños y sin dolor, pero no había manera de llevarte en brazos hasta tu cama, se me acusaría de favoritismos si fuera a acostar a una alumna a su cama.
· Y dejar dormir una en la suya no? – preguntó Hermione sin pensar.
· Bueno, la verdad es que si, pero dudo que le cuentes a alguien que dormiste conmigo, como tampoco hablaras de tu castigo.
· Es verdad – dijo ella bajando la vista y escondiéndose entre las mantas.
· No es necesario sentir vergüenza, si te castigo así es por el cariño que te tengo, eres una estudiante excepcional y como te dije la última vez, no dejaré que te eches a perder.
· Gracias profesora, por preocuparse por mi.
· Siempre me preocuparé por ti Hermione.
Harry y Ron llegaron corriendo al baño de Mirtle la llorona, traían grandes noticias que compartir con su amiga.
· Hermione! Sal! Tenemos muchas cosas que contarte.
· Si! Cosas muy importantes – añadió Ron.
· Váyanse, no puedo salir así – chillo Hermione desde su cubículo.
· No seas ridícula Hermione, qué pasó? Te quedo la nariz de Eloise? – preguntó Ron.
· Sal Hermione por favor – insistió Harry.
· No puedo – repitió la chica.
· Oh ya lo verán, es horrible – dijo sonriendo ampliamente Mirtle.
Finalmente la chica abrió la puerta y dejó ver su figura distorsionada por unas grandes orejas, mucho pelo, bigotes y cola de gato, aunque conservada la posición bípeda y su voz.
· Mírenme, estoy cubierta de pelo.
· Mira tú cola! – gritó Ron divertido.
· Oh Dios mío Hermione, tenemos que llevarte rápidamente a la enfermería, madame Pomfrey te curará – dijo Harry preocupado.
Después de cambiarse al uniforme de Gryffindor nuevamente, ambos chicos acompañaron a su amiga hasta la enfermería por los pasadizos secretos que conocían, esto sumado a lo tarde que era permitió que llegarán sin ser vistos hasta allá, Harry corrió hacia la oficina de la enfermera y la llevó dónde Hermione.
· Oh por dios, que le fue a pasar?
· Un experimento que salió mal madame Pomfrey – dijo nervioso Harry.
· Si, terriblemente mal – corroboro Ron.
· Esto no parece un accidente, explíquense – dijo sería madame Pomfrey.
· Ehh…. Este – comenzó Ron dubitativo.
· Ok, sino me lo quieren contar a mí, estoy segura de que hablaran con el director o con la profesora McGonagall.
· No! Por favor no le diga nada a la profesora McGonagall – se angustio Hermione.
· Es mi obligación notificar esto señorita Granger.
· Pero madame Pomfrey… - insistió la niña.
· No hay excusas, uds dos vayan a sus dormitorios, ya es tarde para que anden en los pasillos y ud señorita venga conmigo – dijo conduciendo a Hermione hacia una de las camas.
Los chicos abandonaron la enfermería a regañadientes, reacios a dejar sola Hermione durante el interrogatorio que seguramente le esperaba, pero no tenía opción y así lo hicieron, madame Pomfrey acostó a la niña sobre la cama y comenzó a murmurar hechizos para evaluar la magnitud del problema, ante su imposibilidad de averiguar que estaba pasando se dirigió a la chimenea y brusco en la caja de polvos flu, añadió una pizca de éste al fuego dijo.
· Albus, te necesito a ti, a Severus y a Minerva en la enfermería por favor.
A los minutos el director apareció girando sobre sí mismo entre llamas verdes, lo siguieron prontamente los profesores McGonanall y Snape,
· Cómo podrán ver, nuestra querida señorita Granger decidió junto a sus amigos experimentar magia fuera de su alcance y termino convertida en un gato – dijo señalando la cama donde yacía la niña tiritando de miedo ante ver rodeada de profesores.
· Así veo Popy, la señorita Granger no nos ha dicho que fue lo que estaban probando? Un hechizo? Una poción quizás?
· Yo… profesor Dumbledore… - tartamudeo la chica sin saber que decir.
· Habla inmediatamente Granger o las consecuencias serán peores – dijo la profesora McGonagall con los labios muy delgados y una expresión severa en el rostro.
· Si me permite señor director, yo diría que se trata de poción multijugos mal aplicada, aunque no me explico cómo unos alumnos de segundo año lograrían prepararla o conseguir los ingredientes siquiera, aunque tratándose de Potter me espero cualquier cosa, no ha hecho más que romper reglas desde que llegó al colegio… - comenzó su discurso Snape.
· Gracias Severus – dijo el director – ciertamente parecen los efectos de la poción multijugos mal aplicada, es esto así señorita Granger?
· Contesta la pregunta Granger – dijo la profesora McGonagall perdiendo la paciencia al ver que la niña no respondía.
· Si señor director – reconoció ella con un hilo de voz.
· Bien, eso simplifica las cosas – reconoció el director – Severus, puedes preparar el antídoto?
· Si, claro que sí, pero tomara tiempo.
· Bueno durante este tiempo la señorita Granger permanecerá aquí para que no sea vista por el resto del colegio, en el intertanto te ruego que trates los síntomas Popy y me mantengas informado por favor, ahora creo que deberíamos dejar que Minerva hablé con su alumna en privado – dirigiéndose a todos, Hermione trago saliva.
Los adultos fueron saliendo uno a uno y la enfermera se dirigió hacia su oficina para darles privacidad, todos sabían que Minerva era inflexible a la hora de disciplinar y no querían humillar más a la chica permaneciendo en la habitación.
· Bueno Granger, nuevamente se encuentra en problemas, me puedes explicar por qué diablos elaboraron esa poción y cómo es que terminaste así?
· Profesora… yo… lo siento mucho, estaba experimentando, ud sabe que me gusta la magia avanzada y estaba…
· No insultes mi inteligencia Hermione, sabes tan bien como yo que nadie prepara poción multijugos para experimentar solamente, está poción requiere de un mes de cocción y de ingredientes que claramente no se encontraban en el armario de los estudiantes así que comienza a hablar.
· Pero profesora, tiene que creerme, Ayyy! – dijo ella a sentir una fuerte cachetada.
· Última vez que mientes Hermione, es una advertencia.
· Lo siento profesora – dijo comenzando a sollozar la niña – yo, yo quería saber qué hacía Malfoy profesora, nosotros pensamos que era el heredero de Slytherin y que estaba tras todos esos ataques.
· Así que en vez de venir a hablar conmigo, prefirieron tomar el asunto por su cuenta y preparar una poción prohibida en Hogwarts?
· Si… - dijo incapaz de dirigirle la mirada.
· Esta bien, me alegra que hayas confesado, quiero que sepas que tu y los señores Wesley y Potter están en grandes problemas, debería castigarte aquí mismo, pero estoy demasiado enojada y podría terminar haciéndote daño de verdad, además tienes cola y no podría azotarte bien, así que lo dejaremos para cuando estés mejor.
· Pero profesora, no puede castigarme ahora? La espera me matará.
· Considéralo parte del castigo Granger, ahora me retiro para madame Pomfrey pueda hace su trabajo, buenas noches.
· Buenas noches profesora.
Hermione se quedó en la cama con la mano en la cara donde había impactado la bofetada, nunca se espero que la profesora McGonagall la golpeara en la cara, pero sabía que había tentado su suerte, cómo había podido salir tan mal el plan? Y aún le esperaba un castigo por delante, que seguramente sería muy severo y sus amigos también estaban en problemas. Madame Pomfrey llegó al poco rato con un par de pociones que hizo beber a la chica para que pudiera dormir, no hizo ningún comentario por la cara roja de Hermione y ella lo agradeció.
A otro día la profesora McGonagall llamo a Harry y a Ron después de transformaciones para darles un discurso sobre lo que pensaba de sus acciones de la noche anterior y los envío a ambos con el director junto con una carta para que él se hiciera cargo de su castigo, no se sentía capaz de lidiar con los niños además de con Hermione y decidió que una figura masculina tendría un impacto mayor en ellos, por otro lado se sentía mal por haber golpeado a la niña en la cara, no había planeado hacerlo, pero verla mentir descaradamente la hizo perder el control y agradeció al menos no haberla azotado en la enfermería, sin embargo aún quedaba el castigo pendiente y no podía dar pie atrás.
Pasados dos días Snape finalmente encontró el antídoto y pudo llevarlo hasta la enfermería, se lo dio a madame Pomfrey y está se lo administro a la chica, quién volvió a tener la cantidad de pelo correcta y pudo despedirse de las orejas y la cola de gato, estaba muy feliz con ello y tuvo la esperanza de ser castigada por Dumbledore en vez de McGonagall, a los chicos les había dado una semana de detención, nada de azotes, pero en el fondo sospechaba que no sería así. Sus sospechas fueron confirmadas cuando madame Pomfrey termino de examinarla y determinó que estaba en condiciones de abandonar la enfermería, pero antes de eso le ordenó pasar por la oficina de la jefa de su casa.
Una vez más Hermione se vio caminando hacia su condena, sentía los pies pesados y el miedo se le atascada en la garganta, pero se obligó a seguir adelante, le daba pánico pensar en lo que pasaría si se negaba a ir a la oficina de McGonagall, seguramente iría por ella a la sala común y verse arrastrada por una oreja no le llamaba la atención en absoluto, una vez allí golpeó insegura la puerta esperando de todo corazón que ésta no se abriera, pero a los segundos se encontraba frente a la profesora y se asustó al ver lo alta que parecía.
· Te estaba esperando señorita Granger, madame Pomfrey me informó que salió de la enfermería hace unos momentos.
Maldita enfermera, no había confiado en ella y había avisado a McGonagall que la había dado de alta pensó Hermione, pero bueno, era mejor acabar de una vez y entró a la habitación conocida tras el gesto de la profesora McGonagall, sintiendo que estaba sellando su destino.
· Toma asiento Granger, veo que al fin recuperaste su aspecto habitual y me alegro mucho.
· Gracias profesora.
· Ahora bien, antes de proceder con tu merecido castigo quería disculparme.
· Qué? Ud? Disculparse? - dijo la chica asombrada.
· No me interrumpas Granger, como decía, quería disculparme por la bofetada que le di la otra noche, no me gusta golpear a mis alumnos en la cara, creo que es denigrante y que hay mejores maneras de disciplinar, pero me estabas mintiendo a la cara y eso me hizo enojar muchísimo, no te voy a permitir nunca que hagas eso, pero creo que debí expresarme de otra manera, en fin, ahora tenemos pendiente un castigo por su pequeña aventura, cómo sabrás tus amigos, el señor Potter y el señor Wesley ya han sido castigados por el director, quién opinaba que ud debería someterse al mismo castigo, pero llegamos al acuerdo de que yo me haría cargo de ti, creo que unos días de detención no harán gran efecto en comparación con una buena paliza.
Demonios pensó Hermione, ella había pedido poder castigarla personalmente, eso quería decir que tenía muchas ganas de hacerlo y que ella y su trasero se acordarían de esta conversación unos días.
· Ahora quiero que te pongas de pie, iremos a mí habitación privada, no quiero que nadie nos interrumpa.
· Profesora… ud… - titubeó Hermione mientras la seguía a través de la puerta secreta.
· Dime Granger.
· Nada profesora, discúlpeme.
· Di lo que ibas a decir.
· Este… quería saber si ud usará la correa nuevamente – preguntó sonrojándose hasta la raíz del pelo.
· Si señorita Granger – dijo sorprendida la profesora – usaremos la correa para reafirmar la lección que te quiero enseñar.
Hermione prefirió no hacer comentarios y entró a la habitación privada, siguió a la profesora McGonagall que se sentó en el mismo sillón de siempre y se acercó a ella resignada.
· Quítate la falda y la ropa interior Granger.
· Sí profesora – dijo la niña obedeciendo.
· Sinceramente pensé que a una niña tan inteligente no tendría que castigarla nunca y aquí estamos ya en su segundo año contigo sobre mis rodillas para recibir nuevamente una paliza, no puedo creer lo que hicieron – dijo mientras acomodaba a la niña sobre sus rodillas.
Hermione había crecido y ya tenía un cuerpo más grande, costaba un poco más acomodarla en su regazo, esto le hizo preguntarse hasta que año tendría que azotarla para que aprendiera a comportarse como es debido.
· Esperaba más de ti señorita Granger – dijo McGonagall antes de iniciar las palmadas.
· Lo siento mucho profesora.
· Y más lo vas a sentir cuando acabe contigo – siguió golpeando con fuerza el trasero de la niña – el año pasado prometiste que no volverías a meterte en problemas después de tu pequeña escapada con Potter a la torre de astronomía, pero veo que lo olvidaste.
Hermione comenzó a llorar, sentía arder sus nalgas y realmente sentía haber vuelto a esta posición, en qué momento accedió a preparar esa poción? Se preguntó, debió mantenerse fuera de problemas, pero no, ahí estaba tendida en las rodillas de su profesora nuevamente con el trasero rojo.
McGonagall golpeó las nalgas de la niña hasta que quedaron bien rojas, incluyendo la parte alta de los muslos, le sería difícil sentarse por un rato pensó, la niña había empezado a llorar hace rato, así que la puso de pie y la mando a la pared, los sollozos que venían desde aquel rincón le rompían el alma, realmente no quería usar la correa en ella, pero se había portado tan mal, además ya le había dicho cómo sería su castigo y no quería dar la impresión de ser blanda, es por esta razón que la dejo más tiempo de lo planeado en el rincón pensando que hacer.
Finalmente saco la correa del cajón y llamo a Hermione que se dio vuelta temblando intentando controlar sus sollozos, se veía tan pequeña y vulnerable que solo quería abrazarla, pero se contuvo.
· En el escritorio señorita Granger – le indico a la niña – realmente no quisiera tener que hacer esto Hermione, aunque no lo crea me duele más a mí que a ti.
· Entonces no lo haga profesora, por favor, ya aprendí la lección.
· Nada de eso señorita, lo que hizo es grave y no quiero que se vuelva a repetir.
· Pero profesora, me duele mucho, me pegó muy fuerte, tiene la mano muy pesada – lo intentó nuevamente la niña.
· Suficiente Hermione, prepárete para tu castigo – dijo dejando caer la correa por primera vez – voy a hacer de ti una alumna responsable y obediente – dijo puntualizando cada palabra con un correazo.
· Le juro que me portare bien profesora, Ay! Nunca más Ay! – dijo la niña entre llantos.
· De eso me aseguraré yo, después de esta paliza no le quedarán ganas de portarse mal.
· Por favor su profesora, ay, no me siga ay pegando aaayyy – gritaba la niña que no pudo más al décimo correazo y arrancó del escritorio.
· Vuelve a su posición Granger, no te dije que podías levantarte sin mi permiso – dijo la profesora arrastrando de una oreja a la chica de vuelta al escritorio.
· No más por favor, me arde tanto el trasero, no siga Ayyy profesora por favor ayy, le prometo ud ayy nunca más ayy lo juro!.
Minerva le dio 20 correazos en total a la niña y fue a guardar la correa, Hermione lloraba sobre el escritorio angustiosamente y la dejo seguir unos momentos para que se calmara.
· Granger, puedes levantarse – dijo parándose al lado de la niña.
· Yo… lo siento mucho profesora – dijo respirando con más normalidad la niña al ponerse de pie.
· Ya estas perdonada Hermione – dijo Minerva abriendo los brazos para recibir a la pequeña niña.
Hermione se aferró a la túnica de su profesora favorita, al fin había terminado de castigarla y ahora solamente la iba a consolar, no había nada que temer, siguió llorando mientras sentía que Minerva le acariciaba la nuca y la espalda, cuando estuvo más tranquila la profesora la separó con delicadeza del abrazo y le ordenó vestirse, ella fue presurosa donde había dejado su falda y su ropa interior, de repente había tomado conciencia de su desnudez y eso lo hizo sentir incómoda, lamentablemente el roce de su ropa interior con su trasero le dolía muchísimo.
· Lávate la cara con agua tibia Hermione y vuelva aquí.
· Si profesora.
La niña fue al baño a hacer lo que le mandaron y volvió a la habitación más tranquila, Minerva tenía un plato con galletas y dos tazas de té en la mesita esperándola.
· Tómate el té Hermione.
· Pero profesora…. No me dormiré como la última vez? – preguntó temerosa.
· No, esta vez es sólo té.
· Muchas gracias.
· Es muy temprano para dormirte, son apenas las 9 de la mañana y te queda un largo día de clases por delante y a mí también.
· Creo que sufriré sentada en clases – pensó en voz alta la niña.
· Si, seguramente vas a sentir la paliza que te di durante el día, qué clase tienes primero?
· Transformaciones con ud profesora.
· Verdad, bueno será mejor que nos apuremos.
Ambas terminaron su taza de té y se encaminaron hacia el aula de transformaciones, Hermione busco rápidamente a sus amigos y se fue a sentar entre ellos que le habían guardado un puesto y además le prestaron pergamino y pluma, ya que ella no había logrado ir a la sala común por su mochila. Ninguno de los dos niños preguntó, pero era obvio que notaron su incomodidad estando sentada.
Ron y Harry llegaron a encantamientos sin Hermione.
· Dónde se metió Hermione? – preguntó Ron.
· No sé – dijo Harry buscando en la puerta.
· Venía justo detrás de nosotros – dijo Ron buscando a la chica con la mirada – has notado que últimamente desaparece continuamente, nos está ocultando algo.
· Silencio chicos, hoy vamos a comenzar con los hechizos regocijante – dijo el pequeño profesor Flitwick.
Fue una clase diferente, cuando salieron del aula una hora más tarde todos parecían relajados y los chicos lamentaron que Hermione se la haya perdido y se volvieron a preguntar dónde estaría metida la chica. Al llegar a la sala común la encontraron durmiendo en una butaca junto al fuego, ambos chicos se sentaron a su lado, Harry tocó a la niña en el brazo y dijo.
· Hermione, te perdiste encantamientos.
· Qué?! No lo puedo creer?
· Cómo es que te quedaste dormida? Venías justo detrás de nosotros – preguntó Ron.
· No lo sé Ron – dijo Hermione evasiva – yo creo que iré a hablar con el profesor Flitwick, iré a disculparme por no asistir a su clase.
· Pero Hermione – dijo Ron.
· Ahora no Ron, nos vemos más tarde.
Hermione salió rauda por el retrato hacia la sala de profesores, no podía creer que se hubiese quedado dormida y hubiese perdido la noción del tiempo de esa manera.
Al llegar a la sala de profesores encontró al profesor Flitwick leyendo en una butaca, este no la cuestionó mayormente por faltar a clases, sabía cuántas asignaturas estaba tomando la chica, pero si le insinuó que los hechizos regocijantes podrían aparecer en el examen justo cuando venía entrando a la sala la profesora McGonagall.
· Señorita Granger, qué haces acá?
· Vino a explicarme porque no llego a mi clase hoy – respondió el profesor Flitwick.
· Ya veo, creo que sí has terminado con ella Filius me gustaría tener una pequeña charla en privado con ella.
· Si, ya está todo arreglado, pero no seas tan dura con la chica Minerva, no lo hizo intencionalmente como si lo hacen muchos alumnos.
· Yo veré qué tan dura soy con ella, por algo soy la jefa de su casa, vamos a mí oficina señorita Granger.
· Si profesora – dijo la niña siguiéndola.
Una vez en la oficina de McGonagall, ésta hizo sentar a la chica frente a ella en su escritorio y la miro severamente.
· Qué pasó Hermione?
· Profesora, fue un descuido, estaba tan cansada que olvide usar el giratiempo y me dormí, le juro que no fue a propósito.
· Dudo que fueras capaz de hacer algo así a propósito Hermione.
· Profesora no me castigue por favor – dijo asustada la niña.
· No voy a castigarte Granger, deja de llorar como una niña por favor.
· En serio profesora? – dijo sorprendida la chica.
· No soy un monstruo, solo quiero saber cómo estás, si esas sobrellevando bien el año con tantas asignaturas y sobre todo quiero saber si quieres abandonar alguna.
· Por ningún motivo profesora, solo fue un descuido, no volverá ocurrir.
· Eso espero señorita Granger, solo no quiero que termine agotada, tiene ojeras y la he visto con esa misma cara de cansada toda la semana, quiero que seas responsable y me avises si la situación te supera, para poder hacer los arreglos correspondientes.
· No será necesario profesora, procuraré dormir más, lo prometo.
· Esta bien señorita Granger, confiaré en ud, pero quiero que me prometas que me dirás si te siente superada.
· Lo prometo.
· Esta bien, tome una galleta del tarro y vaya a su sala común y por favor vaya a la cama temprano y duerma.
· Sí señora.
Hermione camino hacia la sala común comiendo el tritón de jengibre que le había dado la profesora McGonagall, no podía creer su suerte, en cuanto cruzó la puerta de la oficina pensó que estaba muerta, pero había salido con una galleta en vez de una paliza y ella obedecería las indicaciones de la jefa de su casa.
Pasados unos días volvió a olvidar dormir, pero no olvidó asistir a ninguna de sus clases, pero sucedió algo que nuevamente hizo tentar su paciencia y su suerte, la profesora de adivinación volvía a hablar del Grim y como éste vaticinaba una muerte prematura y trágica para Harry, Hermione no pudo más y enfrentó a la profesora delante de toda la clase, crítico su asignatura y abandono el aula de manera violenta botando una bolsa de cristal a su paso.
La chica bajaba enojada por la trampilla del aula de adivinación, estaba feliz de abandonar aquella asignatura estúpida y liberar un poco su horario, pero por otro lado sabía que no había sido la mejor manera de hacerlo y se preguntó si llegaría a oídos de la profesora McGonagall, descartó la idea pensando que esta era ridícula y se dirigió rápidamente a la biblioteca dispuesta a ocupar aquel tiempo libre que le caía del cielo, estuvo estudiando hasta tarde hasta que le dio hambre y bajo a cenar, encontró rápidamente a Ron y a Harry y se sentó con ellos, se sirvió grandes cantidades de pastel de carne y riñones con papas y comenzó a comer cuando la profesora McGonagall se acercó a la mesa.
· Supe lo que ocurrió esta tarde en adivinación Granger.
· Profesora… yo puedo explicarlo – dijo nerviosa la niña.
· Y lo harás, te espero en mi oficina después de cenar – dijo retirándose con una expresión muy seria en el rostro.
· Dios mío, ahora sí que me la gané, me va a matar – dijo Hermione dejando los cubiertos de golpe, se le había pasado el hambre.
· Por favor Hermione, no creo que sea tan grave, eres su favorita, seguro solo te da un discurso sobre responsabilidad – dijo Ron poniendo los ojos en blanco.
· No lo creo Ron, cuando falte a encantamientos me advirtió lo pasaría si volvía a romper las reglas este año, ay dios mío, porqué no controle mi genio.
· Vamos Hermione, come algo, no puede ser tan malo – insistió Harry.
· Uds dos no entienden nada, McGonagall va a azotarme dentro de un rato y me es imposible tragar algo sabiendo eso – dijo angustiada la niña alejando el plato de sí.
· Dudo que deje de castigarte porque te estás matando de hambre – dijo Ron encogiéndose de hombros.
La niña solo lo observó con los brazos cruzados y los labios tan delgados como McGonagall hace unos momentos, espero el rato que le hubiese tomado comer su cena, tomó sus cosas y se dirigió a la oficina de la profesora, allí suspiro profundamente y golpeó la puerta tímidamente.
· Adelante – se escuchó desde el interior.
· Buenas noches profesora, me llamo ud a su oficina.
· Si Granger, toma asiento por favor – dijo indicándole la silla frente a su escritorio – me imagino que sabes porque estás aquí.
· Sospecho que tiene que ver con mi exabrupto en adivinación – dijo mirándose los pies.
· Exactamente, quiero saber exactamente qué pasó para que abandonaras al aula de adivinación de esa manera.
· Profesora, lo que pasa es que la profesora Trelawney siempre está viendo al maldito Grim y prediciendo la muerte de Harry.
· Primero que todo no uses esa palabra en esta oficina, no te he dado permiso y segundo es lo que hace ella todas las clases, no? Cual es el problema entonces?
· Disculpe profesora, es que ya no quiero asistir a una clase con ese nivel de incompetencia, dónde debo fingir que veo cosas…
· No esta dentro de tus atribuciones opinar sobre la competencia de un profesor de Hogwarts Granger.
· Lo sé, lo siento profesora, pero es que la profesora Trelawney…
· Voy a detenerte aquí mismo Granger antes de que sigas metiendo la pata, no te llamé para discutir el proceder del Sybill Trelawney como docente de este colegio, sino para hablar de tu conducta y las consecuencias de esta.
· Pero profesora, eso no es justo.
· No me interrumpas Granger.
· Pero no puede castigarme por esto.
· Soy la jefa de tu casa y yo veré porque debo castigarte y porque no, te advertí que si estabas agobiada vinieras a hablar conmigo cuando faltaste a encantamientos y veo que te entró por un oído y te salió por el otro, ahora enfrentarás las consecuencias, tendremos que recurrir nuevamente a los castigos, ya que las palabras no significan nada para ti, pensé que los trece años ya podríamos discutir con palabras y no tener que llegar a esta situación, pero veo que estaba equivocada.
· Tengo catorce – murmuró Hermione.
· Peor para tu caso, ahora ponte de pie y sígueme, vamos a mí habitación privada.
· No! No profesora por favor, siempre que entró ahí ud me castiga y después no soy capaz de sentarme – dijo avergonzada la niña.
· Es un poco la idea señorita Granger.
· Pero profesora.
· Obedece Granger.
· No quiero – dijo Hermione sentada con los brazos cruzados – Ayyy! No profesora por favor! – gritó al verse arrastrada por una oreja hacia la puerta secreta.
· No me gusta lo desobediente que estás, pero ya corregiremos esto, entra ahí – dijo soltando su oreja para darle una fuerte palmada en el trasero empujándola a entrar a la habitación.
Una vez dentro Hermione sabía que no tenía escapatoria, pero aún así sentía rabia de verse nuevamente en esta situación por culpa de adivinación ni más ni menos, no quería que McGonagall la azotara, pero no había manera de convencerla una vez que ya había tomado una decisión.
· Retira tu ropa interior y tu falda señorita Granger.
· No! Porque no es justo! – gritó Hermione.
· Señorita Granger! – dijo McGonagall levantando la mano para abofetear a la niña, pero esta de encogió de miedo y no pudo hacerlo – hazme caso si no quieres que yo misma te desnude.
· Pero profesora.
· Ven aquí – dijo tomándola por la cintura y desnudándola rápidamente.
No esperaba toda esta resistencia de parte de su alumna, así que después de quitarle la ropa, la tomo de la mano y la llevó al sofá antes de que siguiera peleando, dónde la acostó sobre sus rodillas y comenzó a azotarla con fuerza.
· Ay! Ay! Pare profesora! Por favor! Ay!
· Silencio señorita Granger, tu te lo buscaste y ahora aguantaras tu castigo en silencio.
· Ay! Por favor profesora, ay! – siguió gritando Hermione mientras su trasero se iba poniendo cada vez más rojo.
· Te dije que si se veía superada recurrieras a mí, no?
· Si profesora, lo siento mucho Ayyy!
· Entonces? Por qué esperaste hasta esto?
· No lo sé, simplemente pensé que podía manejarlo.
· Claramente estabas equivocada, estoy en lo correcto o no?
· Si profesora, ayy!, Lo siento ay! Por favor pare.
· Esta bien, puedes descansar en la pared pensando en lo que hiciste.
· Gracias profesora.
La niña se puso presurosa frente a la pared feliz de arrancar de las manos de la profesora, quién estaba particularmente enojada, nunca le había pegado tan fuerte, sentía arder su trasero y sospechaba que aún le quedaba castigo por delante, porqué se le había ocurrido resistirse? Había sido para peor, al parecer últimamente solo tomaba malas decisiones, cavilaba la niña quieta en su rincón.
Mientras tanto McGonagall se sentó en su escritorio a intentar serenarse, le dolía la palma de la mano y el brazo de lo fuerte que había golpeado a la niña, podía ver el color escarlata que había quedado en su trasero, pero se lo merecía, se había puesto demasiado rebelde esta vez, nunca había pasado esto, lo atribuyó a la edad, ella sabía que las niñas eran más dóciles que las adolescentes y este era el cambio, sea como fuese, ella no permitiría que Hermione le faltará el respeto e intentara arrancar de su castigo, sobre todo si le había dado una advertencia tan clara hace tan poco, definitivamente tenía que ser firme con la niña para que siguiera respetándola, pensó que haría a continuación, ya le había dado las cien nalgadas de siempre, lo lógico sería seguir con la correa como las veces anteriores, pero pensó que necesitaba una impresión mayor, también podría usar un cepillo o una paleta, un instrumento más duro dolería más y reforzaría la lección que quería enseñarle a la chica, si, definitivamente tenía que cambiar de instrumento, conjuro un cepillo de madera grande y ovalado, bastante pesado para dejar marcas en la piel y de fácil manejo, espero unos minutos y fue a sentarse al sillón nuevamente, desde ahí llamo a la chica.
· Hermione ven, vamos a seguir con la segunda parte de tu castigo.
· No me va a pegar con la correa profesora – dijo la niña esperanzada al ver que la esperaba en el sofá y no en el escritorio.
· No, hoy no usaremos la correa, hoy vas a probar el cepillo y te aseguro que extrañaras la correa.
· Profesora, perdóneme por favor – suplico la chica con los ojos cargados de miedo.
· Después de tu castigo serás perdonada como siempre, pero primero debes ponerte en mis rodillas y aguantarlo.
· Pero profesora… - dijo la niña poniéndose a llorar.
· Quieres que te vuelva a poner en mis rodillas de una oreja?
· No, lo siento – dijo acercándose tímidamente.
· Eso está mejor, voy a darte 30 cepillazos, no quiero que intentes arrancar ni ninguna tontería, está claro?
· Si profesora – dijo entre lágrimas la niña.
McGonagall tomo el cepillo y levanto el brazo para dejarlo caer con fuerza sobre el centro del trasero de la niña, está aulló con el primer golpe que dejó tras de sí una marca roja y ovalada, a este le siguieron más golpes repartidos por todo el trasero, los gritos de la chica no disminuyeron en intensidad y Minerva agradeció no haber usado su oficina exterior, ya que cualquiera podría haber oído la paliza desde el pasillo, llevaba doce golpes cuando la niña intento arrancar, Minerva pensó que debería agregarle más golpes, pero le dio pena hacerlo, ya que las nalgas de la chica ya estaban rojo brillante y aún no llegaba ni a la mitad de los cepillazos.
· Hermione si no paras de moverte e intentar arrancar, tendré que hechizarte y aumentar tu castigo, así que contrólate.
· Pero profesora, no por favor, me portare bien, lo siento.
· Esta bien, confiaré en ti, pero quédate quieta y aguanta tu castigo.
· Ay! Lo haré ay! – gritó Hermione con la reanudación de los golpes.
· Sólo quedan 10.
· No tan ay! Fuertes! Ay! Por favor!
· Yo veo la intensidad señorita Granger.
· Pero profesora ay! Por favor!!
· Ya terminamos, ya pasó.
McGonagall no movió a la chica por unos momentos y tampoco ella hizo el intento, se quedó boca abajo sobre las rodillas de la jefa de su casa llorando amargamente, cuando estuvo más tranquila se incorporó y se abrazó a la túnica de la profesora, quién la sentó en sus piernas y la consoló dándole golpecitos suaves en la espalda y acariciándole el pelo, sentía el peso de la chica y noto que estaba más grande, ya podía apoyarse en su hombro en vez de su pecho mientras la tenía en sus piernas, ya no era la niña pequeña de primer año, su cuerpo estaba tomando la forma de una mujer y ahí estaba sollozando abrazada a ella como una niña pequeña, Minerva no quiso apresurarla y la dejo llorar hasta que se cansó y comenzó una respiración más regular y pausada, entonces le hablo.
· Más tranquila? – le pregunto con voz suave y maternal.
· Si… - respondió Hermione en un hilo de voz.
· Entiendes por qué te castigue?
· Si.
· Por qué?
· Porque desobedecí, abandoné adivinación de la peor manera.
· Y qué más?
· Le falte el respeto a la profesora Trelawney.
· Si, también, pero estás olvidando lo más importante, mírame a los ojos Hermione.
· No le dije antes que iba a abandonar adivinación.
· No Hermione, no es eso lo más importante.
· Realmente no sé a qué se refiere profesora.
· Entonces quizás deberíamos repasar la lección nuevamente – dijo McGonagall juguetonamente.
· No! Por favor no! No me siga pegando profesora por favor! – dijo la niña entrando en pánico y poniéndose a llorar.
· No seas tonta, ya te castigue, solo quiero que sepas que lo más grave que hiciste fue ocultarme que estaba cansada y sobrepasada, recuerda que yo te di ese giratiempo y yo misma te lo puedo quitar, así que espero que no tengamos esta conversación nuevamente.
· No señora, le juro que aprendí esta vez.
· Me parece muy bien, porque ya te estás haciendo grande para esto, no quisiera que llegaras a séptimo y tuviera que poner una muchacha de 17 años sobre mis rodillas aún.
· No, yo también espero que no sea necesario – dijo la niña enrojeciendo mientras imaginaba ser ya una mujer y seguir siendo castigada por su profesora cómo una niña traviesa.
· Entonces, ya que estamos ambas de acuerdo me prometerás contarme la próxima vez que te veas agobiada, esta bien?
· Si profesora McGonagall, se lo prometo.
· Ahora come una galleta – dijo conjurando el tarro sobre la mesa.
· Son de las que dan sueño o de las de jengibre? – preguntó desconfiada la niña.
· Curiosamente, ambas tienes jengibre señorita Granger – le sonrió la profesora – ahora tome una y descanse, mañana dolerá menos.
La niña tomo la galleta y se durmió al primer mordisco, Minerva aprovecho que seguía sentada en sus rodillas y la tomo en brazos, ella era una mujer alta y fuerte y pudo sostenerla con facilidad, la llevo a su dormitorio y le cambió la ropa mediante un hechizo, luego la metió a la cama y salió a la sala a corregir ensayos, pasadas un par de horas, había avanzado bastante, pero no lograba sentir sueño por la culpa de haber golpeado tan fuerte a su alumna, había visto sus nalgas y tenía moretones grandes y marcas hasta la parte alta de los muslos, sentía que se le había pasado la mano, pero no había vuelta atrás y así estaba, tan atrapada en sus pensamientos que no noto que había alguien con ella en la oficina, Hermione la observaba desde la puerta del dormitorio, con la camisa de dormir blanca que le había puesto y descalza.
· Señorita Granger qué haces ahí parada? Te vas a resfriar – dijo Minerva sorprendida al ver a la chica ahí.
· Desperté y estaba sola – dijo mirándose los pies.
· Estaba corrigiendo ensayos, es increíble la cantidad de tonteras que pueden escribir algunos de tus compañeros.
· Profesora.
· Si?
· No se va a acostar conmigo?
· Quieres que me acueste contigo? – preguntó Minerva incrédula - Después de la paliza que te di?
· Si… me siento segura con ud y entiendo que si me pega es porque se preocupa.
· Eres realmente increíble Hermione, vete a la cama, iré enseguida, no quiero que te resfríes ahí.
La niña corrió presurosa a la cama y Minerva la siguió, entró al baño a cambiarse ropa y se metió a su lado en la cama, la niña en cuanto la vio acomodarse, se acercó mucho a ella y se abrazó como un koala, la profesora no sabía bien que hacer, no se lo esperaba y acarició mecánicamente el cabello de la muchacha.
· Gracias por preocuparse por mi profesora.
· Es mi trabajo y lo hago con gusto, quizás no azotarla, pero si preocuparme por ud.
· Lo sé, muchas gracias.
· De nada pequeña – dijo ella besando su frente.
Hermione estaba en la enfermería con Harry, habían vuelto recién de su viaje con el giratiempo y aun estaban cansados por todo lo que tuvieron que correr para llegar a tiempo.
· Cómo les fue? – preguntó el profesor Dumbledore.
· Bien profesor, Sirius es libre, huyó con Buckbeak el hipogrifo.
· Muy bien entonces.
Ambos niños sonrieron y fueron a sus camas, habían terminado de acostarse cuando alguien interrumpió se manera violenta en la enfermería.
· Potter tiene que ver con todo esto señor ministro.
· Potter? Harry Potter? Que tiene que ver el muchacho por dios Severus.
· Algo hizo para liberar a Black, estoy seguro.
· Profesor Dumbledore, ministro, puedo preguntar por favor que es este escándalo en mi enfermería? – preguntó madame Pomfrey saliendo de su oficina al tiempo que el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall entraban tras Snape y el ministro de magia.
· Mi querida Poppy, perdone la intromisión, pero el señor ministro tiene la impresión errada de que el señor Potter tuvo algo que ver con la huida de un prisionero.
· Perdón señor ministro, pero estos niños han estado a mí cuidado todo el tiempo.
McGonagall miro de soslayo a Hermione y tuvo una sospecha, miro fijo a la niña para salir de dudas y vio la culpa en sus ojos y con eso le bastó, pero eso lo averiguaría más tarde.
· Bueno señor ministro, madame Pomfrey ya respondió su duda, estos niños necesitan cuidados y dormir adecuadamente.
· Si por supuesto Minerva – dijo Fudge colocándose su sombrero de hongo y saliendo con Snape muy enojado tras de él.
· Poppy te podría pedir unos minutos a solas con mis alumnos y el profesor Dumbledore?
· Por supuesto Minerva, avísame si necesitan algo.
· Bien, me gustaría saber qué ocurrió aquí?
· Nada Minerva, los niños no han salido de la enfermería como dijo Poppy.
· No me trates como si fuera tonta Albus, Hermione, explícame inmediatamente que sucedió – dijo mirando severamente a la niña.
· Yo… profesora…
· Minerva no hay necesidad de poner nerviosa a la señorita Granger, yo te explicaré todo en mi despacho si me acompañas – dijo amablemente Dumbledore.
· No Albus, necesito saber si Granger ha estado usando mal el giratiempo que le conseguí porque ella sabe lo que pasará si lo hizo.
· Profesora por favor, puedo explicarlo, no se enoje conmigo – dijo desesperada la chica.
· Minerva por dios, mira como asustaste a la niña, claro que usaron el giratiempo, pero por orden mía.
· En ese caso tengo una conversación pendiente con Hermione.
· No Minerva, no permitiré que castigues a la chica por algo que yo le pedí que hiciera, no sería justo.
· Esta bien Albus, pero de todos modos tendrá que devolver el giratiempo.
· Eso me parece justo profesora – dijo una vocecita desde una de las camas.
· Pero señorita Granger – dijo Dumbledore asombrado.
· Disculpe profesor, pero la profesora McGonagall tiene razón, no le he dado un buen uso, además no podría con otro año como este, dejaré estudios muggles y volveré a tener un año normal en cuarto.
· Me parece muy sensato se tu parte Granger, no esperaba menos de ti – dijo McGonagall con orgullo.
· Bien, cómo parece que todo está bien ahora, los dejaremos para que descansen.
· Profesora, tome – dijo la chica sacándose el giratiempo del cuello.
· Gracias Hermione.
Hermione estaba cerca de la sección prohibida de la biblioteca y se moría de ganas de sacar un libro de allí, lo que daría por un permiso especial para explorar esa parte de la biblioteca, era la única que no había podido leer por la estúpida prohibición a los alumnos menores de sexto año y ella recién iba en cuarto, le quedaban dos años enteros, pero por otro lado madame Pince estaba ocupada al otro extremo y ella podría curiosear un rato así es que se deslizó dentro del pasillo y tomo un libro al azar, este comenzó a aullar, literalmente el libro aullaba para dar la alarma de que un alumno sin permiso había entrado a la sección prohibida, madame Pince llegó en segundos y la arrastró de una oreja hasta su despacho dónde la hizo sentar en una dura silla de madera.
· Quédate ahí jovencita y explícame qué hacías sin permiso tomando un libro de la sección prohibida.
· Fue un error madame Pince, lo juro.
· No me mientas mocosa, te vi desde el otro lado del hall como buscabas mi ubicación y te metías a hurtadillas en la sección prohibida, ningún alumno menor a sexto año está autorizado a entrar allí, a excepción de algún permiso especial de un profesor y dudo que tengas uno que hayas decidido no mostrarme antes o me equivoco?
· No, yo… no tengo un permiso – dijo bajando la mirada.
· De esto se enterara la jefa de su casa, tú eres de Gryffindor?
· Si madame Pince – dijo la niña asustada.
· Entonces le escribiré a Minerva una nota y te irás directo a su oficina con ella y créeme, sabré si no lo has hecho y Minerva también.
La niña trago saliva, caminar con aquella nota equivalía a una paliza inmediata, observó como madame Pince se sentaba en un silla frente a un desvencijado escritorio y garabateaba una nota que sello con magia y se la dio a la niña con instrucciones de ir inmediatamente a la oficina de McGonagall, ella asintió con la cabeza y salió al pasillo.
Hermione caminaba cabizbaja por el pasillo sin ningún apuro, no quería llegar a la oficina, pero sabía que debía hacerlo o las consecuencias podían ser peor, pero que tan peor? Y si la bibliotecaria olvidaba comentárselo a la profesora McGonagall? Quizás no había necesidad de molestarla siquiera con este problema, sin quererlo se desvió de su camino a la oficina en el primer piso y se dirigió al séptimo piso al retrato de la dama gorda, una vez allí dio la contraseña y entró a la sala común, se instaló en una mesa con sus libros y comenzó una redacción d aritmancia, eran apenas las cinco de la tarde y aún no terminaban las clases de todos, Harry y Ron debían estar aún en adivinación y los pocos alumnos que habían en la sala común eran de sexto y séptimo, por lo cual nadie le hablo ni la interrumpió en su trabajo, hasta una hora más tarde que entró un grupo de alumnos de cuarto, entre ello Ginny Weasley, quién se acercó rápidamente a ella y se sentó en una silla a su lado.
· McGonagall te envío un mensaje.
· Ay dios mío, qué dijo? – preguntó asustada la chica.
· Dijo que vayas a su oficina a las siete en punto y que no te ocurra desobedecer.
· Ok, gracias Ginny.
· Se puede saber qué pasó y por qué McGonagall te quiere en su oficina?
· Mm… estoy en problemas y creo que a las siete pagaré por ello.
· Pero en qué clase de problemas podrías meterte tú? Digo tu eres perfecta, no me vas a decir que entregaste tu última redacción tarde o algo así.
· No, nada de eso, solo intenté entrar en la sección prohibida de la biblioteca y madame Pince me atrapó, me mandó con un mensaje donde McGonagall y yo pensé que si no iba jamás lo sabría, pero veo que ese viejo buitre me ha acusado y ahora McGonagall estará furiosa.
· Bueno definitivamente estás en grandes problemas, McGonagall va a matarte.
· No me lo digas, ya sé que me azotara y no podré sentarme en un largo rato.
· Te azotara? Por qué dices eso?
· Vamos, tú me entiendes, has estado castigada con McGonagall, no?
· No, la verdad es que no, nunca me han atrapado en nada, en serio McGonagall azota a sus alumnos?
· No si sí a todos, pero a mí me ha azotado varias veces, me lleva a su habitación privada y me castiga severamente cuando cometo alguna falta.
· McGonagall azotando alumnos, no lo puedo creer, y a ti ni más ni menos, la señorita perfecta, pagaría por ver eso.
· No te burles Ginny, ella tiene la mano realmente pesada y ha usado más cosas que su mano, es realmente doloroso que te azoten, a mí mi madre solo me había dado unas palmadas sobre la ropa una vez, pero es totalmente incomparable con los castigos de McGonagall.
· Otras cosas? Cómo qué? – preguntó intrigada la pelirroja.
· Una correa y un cepillo de pelo – dijo Hermione avergonzada.
· Wow, no lo puedo creer, mi madre me ha azotado desde niña con la mano y ha usado en dos ocasiones un cepillo de pelo y fue horroroso, sentía que me quemaba la piel.
· Así es exactamente como se siente, sobre todo al estar desnuda.
· Te quita la ropa antes? Eso está aprobado por el reglamento? No sé si es correcto que un profesor te vea desnuda.
· Ya lo busqué, como ella es mujer no hay problema, además es la jefa de mi casa y está en su derecho de seleccionar el castigo que considere apropiado, al menos no elige la expulsión – dijo con desánimo.
· Claro, pero no te puede expulsar por tan poco, los gemelos han hecho muchas cosas peores y siguen aquí.
· Claro, pero son hombres, no puede castigarlos así, en fin, estoy condenada y aún falta para las 7 que es lo peor.
· Tranquila, será un rato y pasará.
· Así intento verlo.
Hermione intentó sin frutos volver a su trabajo, pero había perdido la concentración y el apetito, así que en vez de bajar a cenar subió a su dormitorio a guardar sus cosas, espero sobre la cama un rato hasta un cuarto para las 7 y bajo camino a la oficina de McGonagall.
Llegó con unos minutos antes de las siete a la puerta y estaba por golpear cuando alguien le hablo desde atrás.
· Que puntual señorita Granger.
· Profesora, buenas tardes, Ginny Weasley me dijo que me había mandado a llamar.
· Así es Granger, tenemos que conversar, pasa – dijo abriendo la puerta de la oficina con un movimiento de su varita – siéntate y pásame la nota que te dio madame Pince.
· Perdón profesora, no la traje – dijo intuyendo que era una pésima manera de empezar.
· Cómo que no la trajiste? O sea que además de no acudir a mí oficina inmediatamente después de recibir la orden de hacerlo, no fuiste capaz de venir con la nota ahora, es eso lo que esas diciendo?
· Perdón profesora, la olvide en mi mochila, estaba nerviosa y la olvide.
· Y le importaría explicarme porque no vino inmediatamente a mí oficina.
· Tenía miedo – dijo Hermione en un susurro.
· Perdón Granger, no le he oído.
· Tenía miedo profesora – dijo un poco más fuerte – sabía que me castigaría y me dio miedo.
McGonagall no estaba segura de cómo seguir, le daba pena que Hermione le tuviera miedo, pero por otro lado era el objetivo de los castigos, así que al menos eso se estaba cumpliendo, decidió que no debía suavizarse por saber que la niña le tenía miedo, sobre todo al saber que no solo había roto las reglas, sino que además había intentado engañarla a ella y a madame Pince.
· Y no te dio miedo haber intentado engañarme escondiendo la nota?
· Mm… no, no lo pensé profesora.
· Bueno eso fue lo que debiste pensar, quizás más temprano podrías haberte ido con una detención, pero ahora te irás con el trasero ardiendo y lo sabes, no?
· Si profesora, lo siento mucho.
· Vamos a mí habitación privada – dijo poniéndose de pie e invitando a la niña a hacer lo mismo.
Una vez en la habitación Minerva se sentó en el sofá de siempre y la niña la siguió obediente, se situó a su lado en silencio y espero su orden para quitarse la falda y la ropa interior, tampoco se quejó cuando le ordenó acostarse en sus rodillas, con 15 años Hermione era prácticamente una mujer y su cuerpo era más curvilíneo, su trasero estaba más grande y redondo, pero seguía igual de blanco, aunque no por mucho tiempo.
· Veo que los castigos contigo no tienen ningún efecto, en cuanto se te ordeno venir a mi oficina debiste venir inmediatamente – dijo apoyando su mano derecha en las nalgas de la niña – yo pensé que con tu inteligencia y sensatez no te tendría tan a menudo sobre mis rodillas y nuevamente me veo en la necesidad de azotarte.
· Lo siento mucho profesora.
· Ahora sí que te daré una razón para tener miedo – dijo comenzando a azotar con las manos el trasero de la niña.
Minerva golpeaba con rabia las nalgas de la chica, haciéndola saltar a rato, a los pocos golpes ya tenía el trasero completamente rojo y la niña se revolvía en sus piernas, aunque no había intentado arrancar, la profesora sentía rabia por qué Hermione había intentado engañarla y estaba decidida a dejar una buena impresión de lo que pasaría si lo volvía a repetir
